P arte

Fauvismo

EL FAUVISMO

El protagonismo del color.

Henri Matisse y su papel en la pintura del siglo XX.

Dufy, Derain, Vlaminck, Marquet y Kees van Dongen.

La Singularidad de Rouault.

La escultura

Inmaculada Corcho Gómez

ISBN- 84-9714-062-1

 

1. Historia y desarrollo. El Salón de Otoño de 1905 y sus consecuencias.


v    El término Fauvismo tuvo su origen en la palabra francesa fauves, que el crítico Louis Vauxcelles usó por primera vez el 17 de octubre de 1905 en un artículo de la revista Gil Blas, después de haber visitado el Salón de Otoño de aquel mismo año. El contraste que en la sala número VIl del Salón producía la presencia de un busto de marcado estilo clásico, el Retrato de Jean Baignéres (1905) realizado por Albert Marquet, al que rodeaban las exuberantes y coloristas pinturas de Henri Matisse, André Derain, Maurice Vlaminck y Georges Rouault, provocaron en el crítico francés la impresión de haber colocado a "Donatello en una jaula de fieras", como lo describió. El calificativo que le dió sería el que al año siguiente se le volvió a aplicar a la sala donde fueron expuestas las obras de Braque, Camoin, Dufy, Friesz, Manguin, Marinot, Valtat, Marquet, Vlaminck y Matisse. Como a otros movimientos artísticos del siglo XX, el nombre que se asignó fue en origen un califica-tivo peyorativo enunciado por la crítica, asumido por el público e introd.-cido después, ya sin connotaciones despectivas, en la historia del arte.

La presencia de las obras fauvistas en el Salón de Otoño de 1905 estuvo rodeada de controversia. El 18 de octubre de 1905, se abrió la tercera edición de la Sociedad del Salón de Otoño en el Gran Palais de París. El Salón recogía en aquella ocasión una exposición retrospectiva de Ingres y Manet, colgada bajo el tragaluz del Gran Palais, junto con 1.636 pinturas, esculturas y dibujos de artistas contemporáneos de todo el mundo, incluidos los rusos Kandinsky y Jawlensky que habían venido de Munich para la ocasión. El Salón fue fundado y presidido por Frantz Jourdain, bajo el patronato de destacadas figuras de finales de siglo XIX como Eugéne Carrière y Auguste Renoir.

v    El Salón de Otoño tenía como precedente el Salón de los Independientes de aquel mismo año, al que Matisse, Marquet, Derain, Puy, Camoin y otros habían enviado obras y donde se les había calificado de "incoherentes". La presencia de sus cuadros en el Salón de Otoño puso en aprieto a sus directivos, que sin fundamentos para excluir las piezas "incoherentes", que, por otra parte eran defendidas por algunos de los miembros de la dirección como Desvalliéres y Rouault, decidieron agruparlas en una sala aparte. Los comisarios Arman Dayot y Léonce Bénédite eligieron la Sala VIl para confinar el trabajo de aquel grupo de pintores cuyas principales características eran el uso de brillantes y llamativos colores dispersos sobre los lienzos en puntos o manchas amorfas que configuraban escenas y formas grotescas. Estas pinturas fueron colgadas por orden alfabético del autor: Agay, Camoin, Cassis, Derain, Friesz, Manguin, Marquet, Matisse, Puy, Van Dongen, Valtat y Vlaminck. Los comisarios, así mismo, repartieron las esculturas participantes por las diferentes salas del Gran Palais, instalando en el centro de la sala VIl la pieza de Albert Marquet que propició el comentario del crítico Louis Vauxcelles.

La presencia de estas obras llegó a ser tan polémica que Emile Loubet, Presidente de la República, rehusó inaugurar el Salón para no compro-meter su posición ante las posturas más conservadoras e influyentes de la élite cultural francesa. Por su parte y de forma generalizada, los críticos fueron unánimes en condenar tales manifestaciones artísticas. Las alusiones en los periódicos se sucedieron, así en Le Fígaro, Camille Mauclair, citaba a Ruskin con relación a las obras: "Un puchero de pintura ha sido derramado sobre la cabeza del público". En el Journal de Rouen, una tal Nicolle escribió: "Aparte de los materiales usados, lo que aquí se presenta nada tiene que ver con el arte. Puntos de azul, rojo, amarillo, verde puro son colocados unos al lado de otros, aleatoriamente, como los primitivos e ingenuos juegos de unos niños que tratan de poner a prueba la caja de pinturas que se les ha regalado por Navidad".

La respuesta del público tampoco fue tolerante. Algunos visitantes enfurecieron ante la cara verde y amarilla de la Mujer con sombrero (1905) de Matisse, una de las obras más polémicas del Salón, que mostraba un retrato de la mujer del artista en la que los planos de colores chillones se asociaban para potenciar la expresión y la composición. Otros abuchearon la obra, incluso algunos trataron de agredir el lienzo.

Sin embargo, también hubo palabras de aliento para los "incompren didos" artistas, el historiador Elie Faure señaló en el prefacio del catálogo del salón:

"....Afortunadamente, han traído a los jóvenes talentos a quienes el problemático Salón Independiente fue incapaz de presentar de manera coherente. Los guardianes del arte francés establecido no han hecho mayor esfuerzo en los últimos treinta años...". Y añadía: ".... Debemos tener la libertad y el deseo de entender un lenguaje absolutamente nuevo...".

Y André Gide escribió el siguiente comentario en la Gazzette des Beaux-Arts: "Pasé mucho tiempo en la sala. Escuché lo que la gente comentaba y cuando oí a uno de ellos exclamar ante una obra de Matisse -¡Esto es una locura!-, tuve la necesidad de replicar -¡No del todo, al contrario, esto es el resultado de unas teorías!-". Pero aquellos que adoptaron esta opinión fueron pocos y dispersos. Dos años más tarde, Michel Puy, hermano del pintor fauvista Jean Puy, escribió acerca del movimiento: "Nunca vimos lo que realmente nos traían, los aplastamos bajo los parámetros del arte del pasado y la ideología de los tiempos, y la mayoría de los escritores los atacaron sin aviso".

Durante mucho tiempo después de su desaparición, el Fauvismo fue considerado un movimiento fugaz en la historia del arte, aunque para el público que pudo contemplar las obras en 1905 tuvo el efecto de una bomba. Los cuadros allí expuestos fueron tomados como la manifestación artística de unos jóvenes indisciplinados, anárquicos, más que como las creaciones vanguardistas de artistas con unas inquietudes comunes. Como en otros casos de la historia del arte, el reconocimiento de la crítica llegó después que la innovación plástica.

El movimiento se fraguó en torno a Henri Matisse, que se consolidó como líder de un grupo cuyos principales protagonistas fueron Charles Camoin, Henri-Charles Manguin, André Derain, Othon Friesz, Maurice de Vlaminck, Jean Puy, Louis Valtat, Georges Rouault y Kees Van Dongen, a quienes se unieron en 1906, George Braque y Raoul Dufy.

Matisse, Rouault, Camoin, Marquet y Manguin habían estudiado en el estudio de Gustave Moreau, cuyos métodos de enseñanza animaba a los jóvenes artistas a desarrollar sus propias capacidades expresivas y a utilizar subjetivamente el color como reflejo de sus emociones. Moreau les incitaba contándoles que él era el puente que ellos debían superar. Por su parte, Derain y Vlaminck, entre 1900 y 1901, compartieron estudio en Chatou, cerca de París, y allí investigaron las posibilidades expresivas del espacio y la composición, así como los estados mentales mediante el significado del color. Ambos grupos entraron en contacto cuando Matisse y Vlaminck se conocieron a través de Derain, en 1901, con motivo de la exposición de Van Gogh.

El Fauvismo fue un movimiento eminentemente francés y pictórico, que estableció un marco cronológico aproximado entre 1898 y 1907. Ya en 1898 Matisse y Marquet trabajaban en obras que anticipaban la plástica fauvistas antes de la gran revolución que produjo su presencia en el Salón de Otoño de 1905, como se puede ver en la obra de Matisse Estudio de desnudo en azul (1899-1900). Pero el año del florecimiento pleno de Fauvismo fue el 1906, definido principalmente por el triunfo de obras y artistas en el Salón de Otoño, en el que todos los componentes del grupo expusieron.

Se ha venido considerando el Fauvismo como el primer movimiento artístico del siglo XX, sin embargo, a los artistas a los que se les aplicó tal denominación no fue un grupo conscientemente definido, sino un grupo disperso, unidos en algunos casos por relaciones de amistad, y que terminaron aceptando el término por considerarlo coherente con la actitud violenta, subversiva con que se enfrentaron a los convenciona-lismos clásicos del arte de su momento. Reunidos bajo la bandera del Fauvismo estuvieron algunos artistas que ya habían compartido la experiencia de trabajar juntos y cuyos intereses e ideas sobre el arte eran similares, utilizando colores yuxtapuestos con total fuerza para crear espacio y luz, con el fin de expresar sentimientos personales. Estos son los elementos esenciales de la nueva estética, aunque tratados de manera diferente y personal por cada unos de los artistas. Pero sus principios artísticos sólo serían asentados de manera teórica después de haber dado por extinguido el movimiento (Notas de un pintor, que Matisse escribiría en Le Gran Revue del 25 de diciembre de 1908).

Sin embargo, el Fauvismo fue un movimiento breve pese a su intensidad y la importancia que su existencia tuvo en el arte posterior. La exposición retrospectiva que se celebró en memoria de Cézanne, en 1907, dentro del Salón de Otoño, favoreció el arranque del Cubismo e hizo a los fauvistas cuestionarse la viabilidad de un estilo basado solamente en el color saturado y en la línea expresiva. El apasionamiento que los fauvistas desarrollaron entorno a su experimentación cromática fue también parte de su fin, llevándoles a evolucionar hacia un arte más austero y reflexivo

Desde 1908, el Fauvismo deja de existir como estilo y como grupo. La última exposición fauvista importante fue la que tuvo lugar en el Salón de los Independientes en 1907. A partir aquí cada uno de los componentes siguió su propio camino. Pero además de las inquietudes personales de cada uno ellos, la causa principal de la desaparición del movimiento fue el agotamiento, tanta intensidad, tanta entrega como habían derrochado en sus creaciones hizo que pronto carecieran de recursos con los que incidir en el camino artístico que habían abierto:"... Sufría por no poder llamar más fuerte, por haber llegado al máximo de intensidad, limitado por los colores que me vendían ...." (Vlaminck).

Braque, que había sido el último en unirse al grupo fue también el primero en separarse, motivado por el estudio que realizó de la obra de Cézanne y el encuentro que tuvo con Picasso, le hizo dirigir su carrera hacia el establecimiento del cubismo, moderando su paleta y preocupándose por la forma más que por el color. También Matisse continuó desarrollando su arte en relación a la obra de Cézanne, especialmente tras adquirir la obra Tres bañistas, al marchante Ambroise Vollard, adaptando las estructuras de composición cezannianas a su propio sentido de la simplificación. Sin embargo, la creciente armonía y estructuración de las obras de Matisse no disminuyó en ningún caso la viveza de expresión y construcción por medio del color, factor que caracterizaría toda su obra. Su trayectoria artística tendió más a investigar nuevos materiales y nuevos métodos de ejecución que a la alteración de los recursos cromáticos y compositivos.

Una evolución paralela llevó a Dufy a realizar su obra En las flores, que anticiparía las obras que realizara más tarde en Le Havre y Sainte-Andrese, en 1908. Rouault se dejó llevar por sus preferencias temáticas religiosa y el uso restrictivo de una paleta donde el azul y el negro eran los colores preferentes, y se aleja así de la corriente principal del movimiento. Vlaminck también abandonó el uso de colores primarios brillantes. Y lo mismo hizo Derain, quien experimentó brevemente con el Cubismo, para volver en los años 20 a una pintura marcada por el clasicismo y la moderación.


2. Fauvismo versus Expresionismo


La aparición de Fauvismo en Francia en 1905 fue paralela a la que hizo en Alemania el grupo Die Brücke. La historiografía del arte se encargaría en 1911 de calificarlos a los dos de expresionistas para marcar una distinción con el impresionismo, apoyándose en que ambos movimientos marcaron la aparición del poder de la intuición y de lo emocional frente a la expresión plástica basada en el estudio calculado y teórico de la realidad. Pero aunque la estética pudiera parecer coincidente, hay algo que separa de manera destacada a los dos movimientos. A parte de la localización geográfica donde se desarrollan, la gran diferencia reside en el trasfondo filosófico de cada una de las tendencias. Los alemanes hicieron un uso intenso del color y de las formas más contundentes y expresivas para recubrir su inquietud metafísica y social, preocupaciones existenciales que se alejaban de los intereses meramente plásticos que movían a los fauvistas, cuyos temas eran intranscendentes.

El Fauvismo ha sido siempre considerado menos importante que el Expresionismo alemán, del que se supuso fue un insignificante precur- sor. Del mismo modo, el movimiento pareció menor al lado del Cubismo, que asumió la vanguardia a la temprana fecha de 1908.


 

 

3. Características. La estética fauvista y sus fuentes.


El Fauvismo no fue un movimiento teórico, careció de un manifiesto que lo definiera, su espíritu creador se apoyaba en las normas que les dictaba la propia sensibilidad plástica de sus artistas. Tampoco tuvo un estilo común que pudiera describirse racionalmente como pasaría con el Cubismo, por lo que los límites no eran nada nítidos; pero también es cierto, que no toda pintura de intenso colorido que se realizó entre 1904 y 1907 fue fauvista, muchos pintores, entre ellos, Picasso, se sintieron atraídos en esa época por las chillonas manchas de colores puros.

El Fauvismo fue un mosaico de aportaciones en el que cada pintor acometía sus obras como una experiencia personal cargada de espontaneidad y de frescura. La juventud del grupo pone de manifiesto un fuerte antiinformalismo que les hace rechazar las reglas y las normas, así como los métodos racionales establecidos para no encadenarse a ninguna teoría. Ello les hace desarrollar una estética violenta pero armoniosa. Apoyando su experiencia artística en los caminos de libertad que los artistas de finales del siglo XIX habían abierto, se dejaron llevar más por el instinto y la fuerza emocional del momento que por la percepción científica y estudiada de la realidad. Defendieron y practicaron la utilización del color en toda su potencia, construir por medio del color, aunque el Fauvismo no consistió solamente en una simplificación de la pintura. Inicialmente fue un intento de recrear, en una época dominada por la estética simbolista y literaria, una pintura con la misma libertad que había tenido el arte de los impresionistas, contando además con la yuxtaposición de los colores y la concepción subjetiva de la pintura que suponía la herencia post-impresionista.

Los fauvistas tuvieron en cuenta las teorías de Newton y Chevreul sobre los espectros y las propiedades ópticas de los colores, como anteriormente lo hicieron los impresionistas y los neoimpresionistas. La ciencia demostraba la existencia de una interacción recíproca entre ciertos colores colocados unos al lado de otros, de manera que los colores se disuelven y decoloran. Los avances científicos, especialmente aparición de técnicas como la fotografía que copiaban fielmente la realidad, despertaron en los artistas la inquietud por buscar nuevas vías expresivas que potenciaran sobre todo la subjetividad y la espiritualidad. Para los fauvistas, los colores no eran meros estímulos en la retina sino que podían expresar sentimientos. Aunque el Impresionismo defendió la imitación de la impresión visual, quedaron estancados en esta práctica, mientras que el Fauvismo nunca intentó copiar o interpretar la naturaleza, reteniendo del mundo visible sólo lo que les era útil a sus propósitos. Esta idea, aunque queda perfectamente legitimada al contemplarla con una perspectiva histórica fue difícil de aceptar en 1905.

Este pensamiento condicionó el acto físico de pintar, la ejecución de la obra respondía a la idea de transmitir los impulsos internos del artista que aplicaba los materiales en toques gruesos, toscos y sin mezclas, a veces directamente de los tubos de pintura, evitando matizar los colores, todo ello con la intención de expresar sentimientos personales y mostrar su particular visión del mundo. El dibujo era simple, líneas rítmicas, como arabesco decorativo, que el movimiento acompasado de la mano dejaba sobre la tela y que se materializaban en un grueso contorno que modelaba los objetos representados. Al contrario que los impresionistas, que diluían el dibujo hasta hacerlo desaparecer, los fauvistas utilizaban las figuras como elemento estructuradores del cuadro. Pero tanto el uso intenso del color como de la línea violenta e incisiva, respondían a una estructura compositiva que daba sentido a la obra. Pero no se trataba sólo de aglomerar sobre el lienzo los colores, como mantenía Matisse, los colores deben responder a una estructura y organización que revele las emociones del artista. Las creaciones fauvistas respondían a un claro ejercicio de sintetización, utilizando sólo aquellos elementos del lenguaje pictórico que les permitían obtener la máxima intensidad emocional conjugada con la máxima simplificación de elementos. Renunciaban, de este modo, a la utilización de la perspectiva clásica, al modelado de los volúmenes, al claroscuro, a todo aquello que los alejara de la síntesis más estricta. Estos fueron los elementos esenciales de la nueva estética, donde primaba el valor de lo espiritual y se avanzaba hacia la concepción abstracta del arte. Para transmitir este mundo de inquietudes internas eligen los colores primarios: rojos, azules y amarillos, que les acercaban al arte bizantino y a los primitivos franceses e italianos, así como a los artistas venecianos del siglo XVI.

Las fuentes de las que beben los artistas fauves incluían las obras de Manet, Cézanne, Gustave Moreau, Van Gogh y Gauguin, así como las de los neoimpresionistas, sin olvidar las estampas japonesas, los vitrales polícromos y las estatuas del arte africano, creaciones todas ellas que abrieron el camino a una forma de pintura libre de los convencionalismos pictóricos aceptados desde el Renacimiento. Las respuestas a estas influencias variarían, sin embargo, según el temperamento de cada artista.

Van Gogh y Gauguin son las personalidades que más intensamente marcó a este grupo de jóvenes. En 1901, se celebró una gran exposición de Van Gogh en París; en 1903 se pudo contemplar la obra de Gauguin en el Salón de Otoño; y en 1905 pudieron encontrar de nuevo la obra de Van Gogh en una gran retrospectiva celebrada en el Salón de los Independientes. De ambos artistas tomaron la ejecución libre y personal, impulsiva y pasional, a la vez que el uso armónico de los colores planos e intensos. De todos los fauves, Vlaminck fue el más influidos por Van Gogh. En Casa de Chatou (1905-1906) o Árboles rojos (1906-1907), la explosión de color aplicado de manera intensa, violenta, pesadamente trabajada, de golpe empastado y dinámico, reflejaba un temperamento tan desmedidamente apasionado como el de Van Gogh.

En la obra de Gauguin, los fauvistas descubrieron el exotismo de lo primitivo y salvaje que luego encontrarían en los museos y exposiciones de objetos exóticos y etnográficos, así asimilaron la estética de las estatuas y máscaras africanas, el esquematismo simbólico y bárbaro de culturas primitivas y salvajes que el mundo occidental en general contemplaba admirado. La deuda del Fauvismo a Gauguin es evidente en el caso de Matisse y Derain, quienes contemplaron sus obras en la casa del su albacea, Daniel de Monfried. En obras como Mujer en una terraza (1906) de Matisse, la influencia de Gauguin puede verse en el antinaturalismo y en el uso decorativo del color utilizado en campos cromáticos planos contorneados por una línea. El interés que desarrolló Gauguin por el simbolismo de las imágenes y su búsqueda de paraísos perdidos y espacios salvajes eran conceptos que también se descubría en la obra de Matisse. En el caso de Derain, la influencia de Gauguin es apreciable en obras como El puente de Charing Cross (1906), donde se revela la importancia de los valores formales que Gauguin desplegó en Visión después del Sermón (1888); en ambas obras se aprecia esa organización del espacio mediante masas de color que sintetizan las formas, delimitadas y reforzadas por un contundente perfil negro.

Derain y Matisse, aunque influidos por Gauguin como hemos visto, y por Van Gogh en menor medida, enlazaron su creación inicialmente a la de los neoimpresionistas, aunque no estuvieron especialmente interesados en las teorías científicas de la mezcla óptica del color o en la técnica puntillista de Seurat y Signac. Lujo, calma y voluptuosidad (1904-1905), ejecutado en compañía de Signac durante el verano de 1904, es uno de los trabajos más característico de Matisse donde se aprecia el seguimien to que hace de las ideas neoimpresionistas. Este lienzo, que se exhibió en el Salón de los Independientes de 1905, sería el que animara a Dufy a adherirse al grupo de las "fieras".

Pero Derain y Matisse se liberaron del neoimpresionismo y llevaron la exaltación de los colores saturados al extremo en Collioure, durante el verano de 1905. En obras como Collioure (1905) o Vista de Collioure con la iglesia (1905), Derain realizó una derivación de los puntos de color neoimpresionistas uniéndolos en bandas de intenso cromatismo que se disponen sobre el lienzo en una composición planeada cuidadosamente.

El impacto de Moreau, Van Gogh, Gauguin y los neoimpresionistas en las obras fauvistas se vio reforzado por la pintura francesa primitiva del siglo XV. Estas obras habían sido objeto de una exposición, Los primitivos Franceses, en 1904, en el Pabellón de Marsan y la Biblioteca Nacional de París. Una de las piezas más admiradas fue La Piedad de Avignon (1450), adquirida por el Louvre en aquellas fechas. En las obras de los primitivos los Fauvistas encontraron el fundamento histórico en el que apoyarse moralmente para desarrollar su estética, ya que veían como los maestros antiguos trataban el espacio sin recurrir a las perspectivas convencionales, usando planos saturados de color y un dibujo de carácter muy lineal y definidor.

Con estos precedentes y la idea generalizada entre los artistas del grupo de dar rienda suelta a la subjetividad, los pintores fauves establecieron un lenguaje artístico condicionado por el impulso vital que la contemplación de la realidad les inspiraba, con una ejecución de la obra rápida, instintiva, que dio como resultado un sintetismo y un simbolismo como el de las obras de los viejos maestros, además de una contundente fuerza visual, pero con la novedad de utilizar una ejecución y unos materiales más acordes con el tiempo que vivieron. A veces dejando que el lienzo blanco, sin cubrir aporte color y textura a la composición. La composición que tenía como finalidad obtener una imagen global que transmitiera lo que el artista piensa, supeditando a la globalidad el espacio, la perspectiva, la anatomía, los detalles, que quedan esbozados, sintetizados, en muchas ocasiones deformados en pro del ritmo y la armonía general de la obra.

Como ya hemos señalado antes, la carrera de los artistas que formaron el grupo fauvista se extendió antes y después de los años de pleno apogeo del movimiento. Las "fieras" habían empezado a formarse antes de 1900 en tres círculos diferentes; por una parte, Henri Matisse y sus compañeros del estudio de Gustavo Moreau y de la Academia Carrière: Albert Marquet, Henri Manguin, Charles Camoin, Jean Puy, y algo distante de estos, Georges Rouault; por otro, la pareja de Chatou: André Derain y Maurice Vlaminck; a ellos se unieron el grupo de Le Havre: Emile-Othon Friesz, Raoul Dufy y Georges Braque. Y de manera individual lo haría el holandés Kees Van Dongen.  Siguiendo esta agrupación vamos a abordar la carrera de cada uno de estos artistas.


4. Los protagonistas

·        Matisse y sus compañeros del estudio de Moreau: Rouault, Marquet, Camoin, Manguin y Puy.


En la Escuela de Bellas Artes de París, donde se formaron algunos de los integrantes del grupo fauvista, cada clase tenía su especialidad. Los estudiantes que soñaban con representar temas mitológicos, trabajaban bajo las directrices de Bouguereau; los que deseaban adiestrase en los que se venía llamando “grandes máquinas”, se acogían a las enseñanzas de Bonnat; los más intelectuales o los indecisos se inclinaban por atender la clase de Gustave Moreau que se había ganado la fama de ser liberar en sus ideas y amable con los alumnos.

Gustave Moreau incitaba a sus alumnos a que visitaran los museos y colecciones para copiar a los maestros clásicos, que fueran al Louvre para estudiar allí a los venecianos, Tiziano, Tintoretto, Veronés y Giorgione. Y les transmitía la idea de que los creadores debía tener un alto conocimiento del Arte y una fuerte consideración por él. Además animaba a sus discípulos a que transmitieran al lienzo la idea que tenían en su cabeza del objeto a representar: “Debeis buscar el color en vuestra imaginación. Si no tenéis imaginación nunca podréis hacer cuadros hermosos. Copiad vuestra imaginación. Eso es crear Arte”.

 

 

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Fauvismo


 

Henri Matisse

El fauvismo es un movimiento contemporáneo al impresionismo (de 1910 a 1920). El color es el objetivo principal del cuadro, utilizan también la pasta desde el tubo sin necesidad de paleta, se inclinan por los colores vivos en formas de manchas planas. El color se independiza del objeto.

Los fauvistas eran un pequeño grupo de pintores que trabajaba en París a comienzos de siglo. Se les dio este nombre, que significa "animales salvajes", cuando expusieron en el Salón de 1905. El líder del grupo era Henri Matisse, y los demás miembros, entre ellos Derain, Vlaminck, Dufy y Braque, procedían de varios grupos distintos.

Tenían en común el interés por un color brillante y puro. Matisse, convaleciente de una enfermedad, comenzó copiando grabados en color. A partir de entonces se dedicó exclusivamente a estudiar la pintura. Su primera obra, de buena factura, estaba influida por Cézanne, a quien admiraba mucho.

Cuando Matisse suspendió el examen de ingreso en la Escuela de Bellas Artes, Gustave Moreau, un profesor y pintor de gran imaginación, lo acogió en su estudio. Allí el joven Matisse estudió las composiciones de Rafael, los maestros holandeses y Poussin, así como la decoración ondulante de Moreau, basada en el "arabesco", las líneas curvas y entrelazadas de follaje en el arte islámico.

Matisse se convirtió en un maestro de la línea curva. Podemos seguir su proceso en los firmes y sensitivos dibujos que ejecutó hasta la misma década de 1950. Sin embargo, lo que por encima de todo le gustaba era el color, y lo utilizaba para dar placer y no sólo para describir algo.

Matisse había experimentado varios estilos, pero en 1905, influido por la luz clara y el color brillante del paisaje del sur de Francia, encontró ya el suyo propio. Hoy en día nos sorprende que esta pintura fauvista fuese considerada salvaje. El color era brillante, pero la composición estaba muy organizada. Matisse utilizaba el color intenso porque era lo que mayor impacto producía, aunque el color no fuese siempre "correcto".

Cuando pensaba que con un color diferente lograría mejores resultados, lo utilizaba. Para sugerir el espacio, para indicar la luz y a menudo como simple decoración, recurría más al color que al claroscuro. Esta plena utilización del color está muy bien ilustrada en el retrato Madame Matisse  con una franja verde.

El retrato es muy intenso y presenta al mismo tiempo una gran calma, lo cual podría parecer una contradicción. La posición de la cabeza y de los hombros es en la pintura bastante convencional, pero no lo son el modelado ni la formación de los rasgos.

¿Por qué ha pintado una franja verde que desciende por el centro de la cara? Si miramos el cuadro con los ojos medio cerrados e intentamos suprimir la franja verde, el retrato parece incompleto. Parece como si todo el modelado de la cara, las partes hundidas y prominentes de la piel sobre los huesos se hubieran condensado dando esa franja verde que recorre el centro y que equilibra las dos mitades de la cara y los intensos ojos. Sin ella, los ojos oscuros y las cejas destacarían excesivamente. Esta franja une el cabello oscuro al escote verde, y "mantiene" la cara relacionada con el vestido y el cabello. Conecta el rostro con el fondo, con las pinceladas verde y rojo vivo que componen el fondo y que se repiten en el vestido. La oposición de estos dos colores crea una deslumbrante vibración que no permite profundidad alguna; todo está en la superficie.

En esta pintura de tema pasivo suceden muchas cosas, y el efecto se consigue por la calculada utilización del color. El resultado no se debe a una teoría de los colores, como la de Seurat y la de los impresionistas, sino más bien a una afirmación personal de las cualidades vivaces y vitalistas del color. Y esto crea un retrato inolvidable.

Hacia 1908 el fauvismo había alcanzado su punto más alto.

Jóvenes artistas, a quienes quedaba toda una vida de trabajo por delante, habían llevado este movimiento a su límite. Sin duda, Matisse estaba consciente de la obra de los cubistas, y su propia colección de arte primitivo había sido uno de los factores que estimularon el interés de aquéllos por aquel arte; pero la exploración analítica de dichos artistas no se ajustaba a su temperamento, por lo que él continuó su propia trayectoria. Le impresionó enormemente la exposición islámica de Munich de 1910, y a continuación emprendió un viaje a Tánger. La combinación de orden y color del arte oriental ejercieron una gran atracción sobre él; y de nuevo se sintió entusiasmado por la luz intensa y clara del norte de África, como le había sucedido anteriormente en el sur de Francia.

Después, en la década de 1950 (cuando la artritis de sus manos le impedía pintar), hizo unos recortables en los que llevó a cabo su tendencia primera a la simplificación e intensificación, para sugerir las cualidades esenciales de un tema.

Recortaba el papel como un escultor talla directamente su obra. Mezclaba los colores, luego "dibujaba" sobre el papel coloreado utilizando las tijeras como un lápiz. El efecto era intenso e inmediato, a pesar de la simplicidad de medios.

 

Comentarios

Hasta que encuentro información que se puede corroborar, la cual contiene ficha, gracias esto es bueno para la INTERNET. El Camaleón Dorado

pagina es con g no con j ignorante

no esta lo ke necesito pal 7 en la prueba mejoralo

hola ahora si me sirvio esta bien linda lapajina

con el semejant cansanciio visual q tengo esto me va a querer destruir

bue con el semejo camnsancio visual q tengo , noooooo

no esta lo qe qieroooo

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