Vanguardia rusa 1910-1930
(Una mirada sobre la vanguardia rusa)
"El arte debe edificarse sobre las verdaderas leyes de la vida, el espa-cio y el tiempo. Las únicas formas que sirven para la construcción de la vida, deben, por tanto ser las únicas para la construcción del arte".
Paralelamente a la época revolucionaria en Rusia (1905-1918) aparece un cambio de concepto en la expresión artística y en su contenido espi-ritual. A las corrientes eclécticas, modernistas y monumentales de fines del zarismo, se van a sumar dentro del panorama del arte ruso novedo-sas tendencias artísticas: las vanguardias, que parten de una concep-ción distinta a la del naturalismo y realismo propios del arte tradicional. Nuevos puntos de referencia y otras fuentes de inspiración acerca de la perspectiva, el uso del color, la representación y la percepción de la realidad van a ser la base de una nueva forma de expresión. El concep-to de artista y su aporte y papel en la sociedad va a cambiar paulatina-mente, hasta llegar a convertirse y autoconsiderarse como un médium, alguien al servicio del ideario revolucionario y en sintonía con el mundo contemporáneo.
Algunos artistas van a sacrificar su libertad creadora llegando a paran-gonar la obra de arte a un elemento que se fabrica, de forma semejante a como se opera en una cadena de montaje haciendo cualquier otro útil o instrumento. Ellos, los creadores, serán tan sólo un elemento más del proceso de construcción.
Se parte de la idea del objeto de arte como algo a construir, como un fin en sí mismo, como un proceso que, más que ser la expresión de la belleza, ha de ser el vehículo que participe y parta de la génesis de una vida moderna que llegaba a través de los adelantos y planteamientos científicos, lejana y distante de los conceptos y tradiciones anteriores. A partir de elementos propios de la modernidad, el arte ha de disuadir al espectador y ha de predisponerle para la reflexión sobre unos valores éticos que se apoyan en lo que lo moderno posee como algo nuevo y no violado por la historia, puesto que el mundo materialista anterior había barrido todo valor espiritual. «El arte debe edificarse sobre las verdaderas leyes de la vida, el espacio y el tiempo. Las únicas formas que sirven para la construcción de la vida, deben, por tanto ser las únicas para la construcción del arte». «La realización de nuestras percepciones del mundo sobre las formas del espacio y del tiempo, ese es el único objeto del arte plástico. La plomada en la mano, el espíritu tenso como un compás, construimos nuestra propia obra como el ingeniero construye su puente y el matemático sus órbitas».
Orfismo, simultaneísmo, rayonismo, suprematismo y el constructivismo son los principales movimientos de vanguardia en Rusia. Algunos de los artistas más señalados e integrados en estos movimientos van a marchar a París, abriendo e inaugurando nuevas perspectivas basadas en este tipo de concepciones artísticas fuera de sus fronteras, por lo que gracias a la acción de estos, la nueva forma de hacer arte, se verá ampliamente divulgada e integrada en el seno de los movimientos vanguardistas europeos.
El cometido de este arte es estar al servicio del pueblo, ayudarle a em-prender el camino hacia una sociedad ideal y socialista. Los distintos movimientos pictóricos tienen en común la idea de romper con la tradi-ción y configurarse como movimientos nuevos, lo que se eviden-ciará en su forma y en los contenidos del arte que practiquen. Por norma ge-neral van a ser los adelantos tecnológicos, la evolución de las ciencias y de determinados conceptos, como el del tiempo y el espacio, los que permitan sentar las bases de la nueva pintura. De la misma manera que la sociedad había de vertebrarse a partir de nuevas concepciones, co-mo preconizaba el socialismo en su sentido más extenso y puro, el arte también tenía que articular una nueva estética, unos nuevos valores generados del tránsito y de las posibilidades que abrían las ideas y las ciencias, que iban a ser las protagonistas del nuevo mundo. El arte de-bía ser el reflejo de un cambio radical, de un apoyo en otros materiales, sensaciones y códigos derivados de la técnica y la ciencia moderna: el dinamismo, el fin de los materiales escultóricos y pictóricos tradiciona- les, el fin de la obra puramente narrativa... El arte debía ser tanto en su proceso técnico como en su resultado final, un ejemplo más de la revo-lución científico-técnica que permitió el pensar en una nueva sociedad. Ya era hora de dejar de imitar lo natural, es decir de recrear la naturaleza y sus leyes. Ahora se debía recoger los frutos del progreso, de lo que de forma perfecta realizaban las máquinas.
Lo abstracto y lo no figurativo en el arte ruso: claves para el más allá.
Por Anthony Parton
Simbolismo y Revolución
Durante los primeros veinticinco años del siglo XX en Europa las artes visuales experimentaron una revolución radical, suscitada por los debates contemporáneos alrededor de lo abstracto y de lo no figurativo. Aunque París fuera el centro de la experimentación vanguardista en esa época, movimientos significativos se desarrollaban en casi todos los países europeos, ocupando Rusia un lugar nada despreciable. Allí la revolución artística se realizó conjuntamente con las revoluciones políticas que tuvieron lugar en 1905 y 1917, sin dejar de inspirarse también en los conceptos de revolución espiritual, como se puede apreciar en las magnificas series de Composiciones de Kandinsky (1910-1913), basadas en el libro de las Revelaciones; en el trabajo rayonista de Larionov y Goncharova (1912-1914), inspirado en el filósofo Uspenski y finalmente en las pinturas suprematistas creadas por Malevich y sus colegas (1915-1921), las cuales se apoyan en un amplio cuerpo de teorías místicas. El desarrollo del constructivismo a principios de los años veinte hubiera sido impensable sin el ejemplo de estos precursores, pero aunque el constructivismo aspirara a convertirse en una forma artística utilitaria—dotada de un brillante léxico de formas geométricas destinadas a servir el nuevo estado soviético—, sin embargo llevaba en si las mismas tendencias místicas que hablan contribuido al hasta entonces considerable desarrollo del arte y los artistas. El arte ruso habla demostrado su potencial revolucionario en 1863, dos años después de la emancipación de los siervos, cuando un grupo de jóvenes artistas conocidos con el nombre de «Ambulantes. Se apartó brutalmente de la Academia de Arte de San Petersburgo y anunció su misión, que era la de revelar las injusticias sociales de la época mediante el .realismo crítico y llevar su arte al pueblo. Sin embargo, durante la última década del siglo XIX el arte ruso se apasionó por la estética simbolista que se habla desarrollado en Francia y Bélgica y que defendía un enfoque subjetivo de la pintura y de la literatura. Los simbolistas eran también revolucionarios pero, en vez de poner el énfasis en la revolución política, defendían más bien una revolución espiritual, iniciándose en el individuo para luego extenderse a la sociedad entera. El pintor o el poeta eran tenidos como figuras que formaban parte de este proceso. Los artistas eran considerados como clarividentes, capaces de revelar los secretos del más allá. Y de llevar a cabo una transformación espiritual de su público mediante el arte. Cada vez más el interés se focalizó en la cuestión del arte abstracto, pues era considerado como la mejor forma de predisponer al espectador para la reflexión y la meditación sobre los valores espirituales que el mundo materialista de finales del siglo XIX habla barrido. A la vuelta del siglo, el camino del arte ruso lo dictaba principalmente la estética simbolista. Los dos artistas más destacados en este ámbito eran Mijall Vrubel y Viktor Borisov-Musatov. Ambos reaccionaron en contra de la moda del realismo prevaleciente, al que adherían entonces los Ambulantes y en su lugar promovieron escenas alegóricas sacadas de la literatura rusa en el caso de Vrubel, y brumosos paisajes evocadores en cuanto a Borisov-Musatov. Vrubel, que habla estado en la escuela de las tradiciones bizantinas y estaba influido por la pintura de los iconos y frescos de la vieja Rusia, orientó la atención de los jóvenes artistas hacia sus propias fuentes de inspiraci6n nacionales, mientras Borisov-Musatov estudiaba en Francia y volvía a Rusia impregnado por el último manierismo estilístico a su disposici6n: el impresionismo. Aunque se haya podido considerar a Vrubel y Borisov-Musatov como los dos simbolistas rusos por excelencia, su ejemplo hubiera sido menos trascendente de no haberles seguido dos grupos de jóvenes artistas. El .Mundo del Arte (Mir iskusstva), dirigido por Sergio Diághilev promovió la obra de los dos artistas a través de su influyente revista, mientras que la .Rosa Azul (Golubaia rosa), dirigida por Pavel Kuznetsov, poso de relieve el trabajo de Borisov-Musatov y elaboró su propio enfoque especifico simbolista, también en ruptura con las realidades del mundo contemporáneo. En esta atmósfera, la Revolución de 1905 tuvo poco impacto inmediato. Los artistas de la futura vanguardia, tales como Alexandra Exter, Natalia Goncharova, Mijail Larionov y Kasimir Malevich, decidieron responder a los debates intelectuales y estilísticos iniciados por el simbolismo, en vez de comentar y meterse en los asuntos contemporáneos, sociales y políticos, que les rodeaban. Sin embargo, durante el año 1908 la atmósfera artística en Rusia cambió brutalmente. Los críticos llamaron a los simbolistas a que abandonaran sus evocaciones subjetivas del más allá y a que optasen por una pintura más adaptada a la naturaleza de la vida contemporánea, en el mundo sensible. Un critico escribió entonces, entre otras cosas: los límites de la subjetividad se deben romper, debe nacer un enfoque cognitivo y sensible de las cosas, la gente quiere tocar la realidad. Y efectivamente, el lujoso periódico artístico El Vellocino de Oro, que hasta entonces habla dado apoyo incondicional al punto de vista simbolista, empezaba a revelarse y dedicaba sus páginas al arte francés contemporáneo. Fue así como la revista apadrinó una amplia exposición de pintura moderna francesa titulada el Salón del Vellocino de Oro, la cual se presentó en Moscú en 1908. El impacto de esta exposición sobre la vanguardia que estaba emergiendo en Rusia no se debe subestimar. Era la primera vez que muchos artistas rusos velan el trabajo de van Gogh, Gauguin, Cézanne, Matisse y Derain, y la experiencia oblig6 al arte ruso a dar inmediatamente una nueva orientación a su evolución. Más adelante Alejandro Kuprin recordó: Los tiempos habían cambiado, y una nueva orientaci6n se había tomado, una orientación que se volvía hacia los franceses. Aquel verano yo estaba en una clase de dibujo de natural. Dibujaba desnudos masculinos y femeninos de muy clara imitación a Cézanne, Van Gogh, Manet, Derain y los otros... Era una rebelión. El sabor del arte de antaño nos parecía amargo, y era radicalmente rechazado. Los rusos en París Dados los intercambios cada vez más frecuentes entre el Este y el Oeste, numerosos jóvenes artistas rusos sentían la atracción de los centros importantes del modernismo occidental y decidían quedarse allí. Delaunay [ver Delaunay, Sonia], igual que María Vassilief, por ejemplo, se fueron a París en 1905 imponiéndose más tarde como miembros influyentes de su vanguardia. Sonia Delaunay, mediante su matrimonio con el propietario de la galería Wilhelm Uhde, fue introducida en el naciente círculo cubista y presentada a su segundo marido, Robert Delaunay, con quien se casó en 1910. Los Delaunay [ver Delaunay, Robert y Delaunay, Sonia] compartían un estudio en la rue des Grands Augustins, que no tardó en convertirse en lugar de encuentro para pintores y poetas vanguardistas, así como un centro desde donde se difundía su estilo abstracto simultaneista.
Maria Vassillef, por su lado, habla sido alumna de Matisse al principio pero, en 1908, crea su propia academia, sumamente influyente, bautizada la Academia rusa, que un año más tarde, pasa a llamarse Academia Vassilief, convirtiéndose en un lugar de encuentro en boga para los pintores y poetas cubistas. Las sorprendentes composiciones de personajes de Vassilief, en ese periodo, revelan su inquebrantable adhesión al estilo cobista. En efecto, sus estudios de desnudos, sus retratos de fumadores y sus cuadros humorísticos de mujeres fingiendo modestia al meditar sobre el perfume de las flores, son testimonios de su integración personal al inicio del cubismo, tal y como lo practicaban Picasso y Braque. Vassilief tenía también afinidades con el pintor cubista Fernand Léger, que enseñaba en su academia en 1913. Otro grupo de pintores rusos influyentes, algunos de los cuales adoptaron el lenguaje del cubismo y el resto desarrollaron sus propias formas eclécticas de arte abstracto, era el instalado en el laberinto de estudios conocido con el nombre de la Colmena. Allí, por los años inmediatamente anteriores a la guerra, se hablan reunido Archipenko, Chagall, Lipchitz, Suietin y Zadkin. La Colmena estaba siempre abierta y dispuesta a acoger a los artistas de visita y pocos fueron los pintores rusos de peregrinación en París que no aprovecharon la ocasión de trabajar en medio de tan estimulante compañía.
Sin embargo, fue Sonia Delaunay quien se convirtió en la mayor pintora abstracta rusa en París y quien inició, junto con su marido, el simultaneísmo [ver Delaunay, Robert y Delaunay, Sonia]. Su estilo pictórico, inusual, apareció como totalmente subjetivo porque, claramente, tenía como única preocupación la interpretaci6n pictórica de teorías científicas en color, el «contraste simultáneo de los colores, aunque no desprovisto de sentido. El simultaneísmo tenia como postulado una analogía entre la música y la luz, con connotaciones cósmicas. El brillante patch-work de colores en los Estudios de Luces o los Contrastes Simultáneos (1912) presentaban una evocación pictórica de las armonías abstractas en la composición musical, la música de las esferas, y el ritmo de los rayos de luz procedentes del sistema solar. En resumen, Sonia Delaunay intentó introducir la expresión de una armonía universal bajo el aparente caos del mundo material y fue esta interpretación mística la que Apollinaire identificó como orfista. Sobre este punto se puede establecer un paralelismo entre su trabajo y el de Vassily Kandinsky, Mijail Larionov, Kasimir Malevich y Liubov Popova, suponiendo éste una extensión de la estética simbolista, en la medida en que el proceso abstracto había sido llevado a su máximo potencial, para crear un arte sugestivo, un arte de revelación, un arte llamando al verdadero mundo detrás de aquél de la apariencia superficial cotidiana. Tras el impacto del futurismo italiano en 1912, que habla introducido conceptos de dinamismo y movimiento en la pintura moderna, el trabajo de Sonia Delaunay tomó una nueva orientaci6n. Los cuadros inspirados en temas contemporáneos tales como el Baile Bullier (1913) y los Prismas eléctricos) rechazaban claramente la iconografía pasada de moda de los simbolistas. Sin embargo, el motivo abstracto de colores y formas, que evoca el compás sincopado de la música y de la luz, es un elemento más que sugiere una búsqueda de las leyes inmutables, más allá de las sensaciones fugaces que caracterizan a la sensibilidad moderna. No es de extrañar que la utilización sensible del color por Sonia Delaunay [ver Delaunay, Sonia] la haya convertido en una muy destacada artista de decoración. En efecto, en los años anteriores y posteriores a la guerra trabajará como ilustradora de libros, como estilista de moda e incluso contratada para hacer decoración interior de oficinas y pisos. El color sorprendente y el movimiento vibrante inherente al simultaneísmo de Sonia Delaunay, ofrecieron una alternativa exaltante a aquellos artistas modernos que renunciaban a la paleta sobria y al análisis cerebral del cubismo de Picasso y Braque. Aunque los rusos que estaban de visita en Parias—Yakulov, por ejemplo, quien estuvo una temporada en casa de los Delaunay en 1913—defendieron claramente su punto de vista estético; otros intentaron abrirse un camino intermedio, entre los aspectos decorativos, dinámicos y místicos del simultaneísmo por un lado, y los análisis pictóricos rigurosos del cubismo, por otro. Entre los que intentaron hacer la síntesis de los dos estilos, quizás Baranov-Rossine sea el más destacado. Llegado a París en 1910, Baranov Rossine se relacionó con la colonia cubista de la Colmena. Durante los años siguientes, su trabajo se centró en la fragmentación geométrica de la visión cubista, especialmente en sus paisajes urbanos de París. Pero después de su encuentro con los Delaunay, quedó convertido al simultaneísmo y su obra de los años 1913-1914 se llenó de color y de movimiento.
Fuera de París fue en Munich donde los rusos tuvieron el mayor impacto. Fue en esta ciudad donde en 1896-1897 los jóvenes Vassily Kandinsky, Alexei Jawlensky y Maria Verefkina se instalaron para continuar sus respectivas carreras como pintores. Estos tres artistas unieron sus fuerzas en 1908, en el pequeño pueblo de Murnau, donde se convirtieron en la punta de lanza del grupo vanguardista denominado Neue Künstlervereinigung. Fue en Murnau donde Kandinsky empezó su aproximación original al arte abstracto. Mediante muchas Improvisaciones y siete Composiciones monumentales, «veló, progresivamente las representaciones místicas y apocalípticas que eran los temas de sus cuadros, o las convirtió en abstracción, para que fueran totalmente subjetivas. De esta forma Kandinsky no intentó dirigirse al espíritu del espectador sino a su alma, revelando poco a poco el contenido espiritual de su trabajo, mientras que el público meditaba sobre la articulación inteligente de los colores y formas abstractas. Como Kandinsky lo explicó en su tratado teórico esencial uber das Geistige in der Kunst: Por lo general, el color influye directamente sobre el alma.
El color es el teclado, los ojos son los martillos, el alma es el piano de múltiples cuerdas.
El artista es la mano que toca, dando conscientemente a una u otra tecla para aportar las vibraciones del alma.
Kandinsky, al igual que Sonia Delaunay [ver Delaunay, Sonia], se había adherido a la creencia simbolista de que el arte abstracto era el único lenguaje adecuado para la pintura de los reinos espirituales y metafísicos, más allá del mundo material. Por su capacidad para comunicar su punto de vista también por escrito, en libros como Der blaue Reiter y por su muy amplia actividad como pintor que expone, el ejemplo de Kandinsky se convirtió en un punto de referencia crucial para la vanguardia europea durante aquellos años.
El Valet de Diamante y la Unión de la Juventud.
Para los jóvenes artistas rusos que visitan Europa occidental en esa época, las agrupaciones en torno a Sonia Delaunay, María Vassilief, la Colmena y Kandinsky en Munich, fueron espléndidas introducciones a los más recientes e innovadores movimientos del arte moderno europeo. Además, los contactos rusos establecidos en París y Munich favorecían la transmisión rápida de las ideas artísticas innovadoras, contribuyendo considerablemente a una evolución positiva del arte moderno en Rusia durante los años anteriores a la guerra. En ese periodo David y Vladimir Burliuk establecieron estrechos contactos con Kandinsky en Munich; Alexandra Exter viajaba con frecuencia entre París y Moscú; y artistas como Aristarj Lentulov, llya Mashkov y Nathan Altman, viajaron a París como estudiantes y salieron de allí inspirados no sólo en el fauvismo que encontraron, el cual habla alcanzado su madurez, sino también en el cubismo y el simultaneísmo, iniciados por compatriotas como Sonia Delaunay, Maria Vassilief y Baranov-Rossine. Fue gracias al atrevido ejemplo de la vanguardia occidental cómo en 19101os jóvenes rusos rompieron de forma definitiva con el establishment ruso existente y se organizaron deliberadamente en dos grupos vanguardistas, el Valet de Diamante (Bubnovy valet) y la Unión de la Juventud (Soyuz Molodezhi) en San Petersburgo. De éstos el más importante fue el Valet de Diamante, que incluía los brillantes talentos de Larionov, Goncharova, David y Vladimir Burliuk, Lentulov, Masjov, Konchalovski, Falk y Kuprin. El Valet de Diamante operaba principal-mente dentro del perímetro establecido por Matisse y los fauvistas y por los cubistas de los salones de París, especialmente Vassilief, Léger, Le Faulconier, Gleizes, Metzinger y más adelante Sonia Delaunay y su esposo [ver Delaunay, Robert y Delaunay, Sonia].
Ilya Masjov fue uno de los miembros más influyentes del grupo, destacando ante todo por sus magnificas series de retratos fauvistas, que tendrían un considerable impacto sobre la constelación de artistas que gravitaban alrededor del núcleo de miembros del Valet de Diamante Konchalovski era también uno de los miembros inspiradores del movimiento, especializado en brillantes naturalezas muertas, realiza das dentro de un cubismo muy colorista, no muy lejos del de Baranov-Rossine, mientras que Aristarj Lentulov habla adoptado un modo de expresión cercano al de Sonia Delaunay, llenando sus paisajes de arcos de luminoso color. El cubismo habla atraído también a artistas ajenos al Valet de Diamante. Natan Altman, un miembro importante de la Unión de la Juventud», que habla estudiado en París con Vassilief y habla formado parte del núcleo de la Colmena, practicaba habitual-mente también dicho estilo. Al contrario del Valet de Diamante., que se adhería a las teorías estéticas fauvistas y cubistas, la Unión de la Juventud estaba muy abierta a la experimentación.
En 1912 Larionov y Goncharova se separaron del grupo del Valet de Diamante considerando que seguía con demasiada atención los movi-mientos occidentales y que ignoraba totalmente sus propias y especi-ficas tradiciones artísticas. Juntos, formaron un nuevo grupo llamado La Cola de Asno (Osliny jovst), el cual, de 1912 a 1914, estuvo en el centro de la experimentación más tramada de la vanguardia rusa. Este nuevo y agresivo grupo, que había criticado duramente al resto de la vanguar-dia por su esterilidad y falta de innovación, atrajo hacia si a Kasimir Malevich, Vladimir Tatlin, Alexander Shevchenko y Kiril Sdanevich. Los miembros de La Cola de Asno fueron los primeros en decir abiertamen-te que el arte ruso no era el arte occidental y que procedía de bases culturales distintas. Desde entonces La Cola de Asno. promovió una nueva forma de pintar llamada neoprimitivismo, cuyo objetivo consistía en destilar los principios artísticos de una herencia cultural especifica, los cuales, según ellos, estaban vinculados no sólo al arte popular ruso, sino también a la pintura de viejos iconos, al lubok (escritos populares) ruso, a la pintura de letreros provinciales y a los objetos de arte de Escitia.
El neoprimitivismo fue la cuna de una pintura bruta que se puede comparar con el expresionismo alemán. Pero fuertemente orientado hacia las tradiciones visuales rusas. Malévich y Goncharova realizaron cuadros sobre el mundo campesino ruso, al estilo del Lubok y del icono; Shevchenko y Sdanevich crearon obras ejecutadas en el estilo de los letreros, mientras que Larionov conjugaba libremente todas las fuentes de inspiración en sus series de Estaciones, que describían los ritos y creencias paganas de una comunidad campesina.
El neoprimitivismo cristalizó en un programa coherente, en un deseo, muy común en distintos artistas, de retornar a las referencias de sus propias tradiciones culturales. Dicho deseo lo había manifestado Vrubel en su obra pero habla sido agudizado por artistas como Larionov, quien, desde 1909, utilizaba los emblemas estilísticos del arte folclórico ruso. Retrospectivamente se puede decir que numerosos artistas vanguardistas hablan adoptado un enfoque parecido. Pavel Filonov era uno de los dirigentes del neoprimitivismo dentro de la Unión de la Juventud, mientras que David y Vladimir Burliuk fueron los principales artistas moscovitas, fuera del grupo de La Cola de Asno, utilizando dicho estilo.
La revolución rayonista en el arte ruso
A pesar de su retórica anti-occidental, Larionov y Goncharova deseaban seguir los adelantos de los movimientos occidentales. Las condiciones pictóricas innovadoras introducidas por la revolución cubista y a partir de 1912 por el futurismo italiano y el simultaneísmo de Delaunay, eran cuestiones con las que un artista moderno ruso debía confrontarse. La respuesta de Larionov consistió en elaborar su propio estilo de modernismo abstracto, al artística y los creadores vanguardistas de muy variadas corrientes, como Olga Rozanova, estaban afiliados al grupo. En realidad, la limitada concepción del Valet de Diamante y su dependencia de los modelos procedentes del Oeste, pronto se convertirían en cuestiones que acabaron dividiéndolo e incluso la ciencia bajo sus múltiples aspectos... Pero coexiste en todos el mismo deseo de renovar nuestra visión del mundo y llegar por fin a conocer el universo.
Los trabajos de arte luminoso de Larionov y Goncharova pueden reivindicar la opinión de Apollinaire sobre el rayonismo; ve en él una expresión estética, distinta y espiritual del modernismo, que ocupa un lugar especial al lado de los demás movimientos en boga. No sólo se trata de obras hermosas y agradables en sí, sino también de visiones dinámicas y provocadoras que no han perdido nada de su poder expresivo con el tiempo. Son obras de arte muy vivas, que encarnan las aspiraciones estéticas vitales y revolucionarias de toda una generación de artistas y que convierten a Larionov y Goncharova, junto con Sonia Delaunay [ver Delaunay, Sonia] y Kandinsky, en los pioneros esenciales del arte abstracto del siglo XX.
Durante la guerra muchos vanguardistas rusos como Exter, Rozanova, Udaltsova y Popova integraron libremente las especifidades del arte abstracto así como los métodos del cubismo, futurismo, orfismo y arte luminoso en un estilo sintético al que se dio con razón el nombre de cubo-futurismo. Sin embargo, a partir de 1917 la estética cubo futurista perdió vitalidad y quedó suplantada por las obras coloreadas y contrastadas de Malévich, Stepanova, Popova y Udaltsova entre otros. Entre la revolución política de 1905 y la de 1917, el arte ruso había vivido su propia revolución. En el transcurso de unos pocos años la vanguardia rusa, dentro y fuera del país, habla integrado todo lo que occidente tenia para enseñarle, se habla referido a sus propias tradiciones y había llegado a conclusiones únicas en cuanto a la forma de expresar la condición moderna en términos visuales innovadores. Sorprende observar que las figuras clave del modernismo en Rusia desaparecerían antes de que llegara la Revolución de 1917. Vladimir Burlluk se convirtió en estadístico durante la primera guerra mundial. Larionov y Goncharova, quienes se hablan integrado en los Ballets rusos» de Diághilev como decoradores, se quedaron en el Oeste; mientras que otros, como Exter y David Burlluk, emigraron en cuanto se presentó la oportunidad.
Sorprende también que la vanguardia, habiendo dictado los fundamentos del desarrollo del arte ruso en los años veinte, dictara también su testamento. Durante los años veinte, en Rusia a los pintores modernistas y a los constructores. se les calificaba constantemente de .formalistas. Su trabajo, vinculado tal como lo era a problemáticas puramente artísticas y con connotación mística, habla perdido parte de su sentido en la vida contemporánea.
En 1908 se les había pedido a los artistas que bajaran de su torre de marfil del simbolismo para crear un arte moderno y palpitante. Para los que veinte años más tarde levantaron la vista hacia los campanarios del monasterio de Novodevichi, en el que Tatlin construía su planeador proletario pero desprovisto de toda funcionalidad, parecía que la vanguardia habla literal y metafóricamente recuperado su altura original. Quizás nunca la habla abandonado, perpetuándose la estética simbolista a través de nuevas formas pictóricas y nuevos estilos. En un clima político que invitaba al arte a reflejar cada vez más la vida contemporánea, la estética vanguardista no podía aspirar a sobrevivir. La rueda habla dado una vuelta completa y terminado su revolución.
Parton, A., “Lo abstracto y lo no figurativo en el arte ruso: claves para el más allá”, Una mirada sobre la vanguardia rusa (1910-1930), Catálogo 70, Ibercaja, Zaragoza, 1993, pp. 11-23.
La lección del suprematismo y del constructivismo
Por Patricia Railing
Aceptado y reconocido a finales del siglo XX, el arte no figurativo posiblemente está más entendido que el arte figurativo. Visitando un museo, el público ya no se plantea qué sentido puedan tener los colores y las líneas. Pues la línea y el color, el espacio y el movimiento, se han convertido en el tema mismo de la pintura.
A lo largo de este siglo artistas e historiadores lo han descrito, explicado y comentado. No era fácil su tarea: se trataba de transformar la mirada del público para hacerle ver, no ya el objeto sino el arte. Los artistas se hablan fijado tal propósito a principios de siglo. Lo hicieron en Francia hacia 1910. El cubismo acababa de asentar un golpe mortal al arte figurativo tradicional, fragmentando el objeto y enmarañando formas, líneas y colores hasta hacerlo desconocido. Los críticos se escandalizaban y los artistas se pusieron a explicar la significación de su arte y de su contenido, el cual ya no era el objeto, pues el objeto figurado no es más que la envoltura de la realidad que contiene. El arte podía alcanzar dicho contenido valiéndose de sus propios medios: el color y la línea, el espacio, el movimiento, etc., y de esta forma revelar el corazón de la naturaleza y del universo.
Se daba la misma situación en Rusia donde, pasado el asombro inicial, los artistas se dejaron llevar por la audacia y la novedad de la pintura impresionista y post-impresionista, Matisse y los fauves, Picasso y el cubismo. Con raras excepciones, los que iban a formar la vanguardia se adhirieron a su escuela. Aprendieron los contornos atrevidos, coloreados, ligeros, los planos coloreados, el espacio curvo. Entre 1912 y 1915 se agruparon bajo la bandera cubo futurista. El término futurista procedía de la pintura italiana y de la poesía rusa, pero era también una forma original, para estos artistas, de proclamar que eran los «hombres del futuro».
Fueron ellos los que adoptaron la no objetividad en pintura y después de la primera guerra mundial su pintura se diversificó en varias corrientes. Después de la Revolución de 1917 fueron los encargados, con la misión oficial de crear museos de arte vivo (el arte moderno del siglo XX) y de organizar escuelas que se adecuaran a las necesidades de la nueva sociedad. A partir de 1919 empezaron a dibujar objetos para la producción industrial y proyectos de arquitectura para modernizar la vieja Rusia.
El cubo futurismo no era tanto un estilo coherente como una denominación dada a un grupo de creadores de un arte nuevo influido por el arte moderno. (en oposición con el arte clásico). El grupo incluía a Kasimir Malevich, Olga Rozanova, Liubov Popova, Nadiejda Udaltsova, Alexandra Exter, David y Bladimir Burliuk, Iván Pugny, Iván Kllorn, Mijail Menkov, Natalia Goncharova, Mijail Larionov, Vladimir Tatlin, Mijail Matiuchin. Conocemos sus obras gracias a catálogos de «posiciones, fotografías documentales y escritos de los mismos artistas. A partir de 1916 otros artistas se unieron a ellos. Alexander Rodchenko, Varvara Stepanova, Alexander Drevin, El Lisitzki Gustav Klutisis, Nina Kogan Ana Kogan, Nicolai Suietin, Ilia Chasnik, Lázaro Jidekel participaron en las exposiciones del grupo y se convirtieron en compañeros suyos en las escuelas de arte. La reconstrucci6n de la historia de algunas de estas exposiciones y escuelas de arte nos permite entender los estilos y las ideas artísticas. En efecto, en los años que van desde 1915 a principios de los años veinte, los grandes cambios políticos y sociales provocaron una intensa efervescencia artística y los artistas se implicaron de lleno en ello. Los animaba un ideal revolucionario y su idealismo tomó caminos muy variados. Así pues, entre los años 1915 y 1922 hubo varios estilos no objetivos que los artistas denominaron suprematismo, construcción no objetiva, objetivismo y constructivismo. No siempre sus fronteras estaban bien delimitadas, incluso para los artistas, dado que las aficiones cambiaban a menudo y solían depender más de las ideas que del estilo mismo. Más: entre 1920 y 1922 se formaron varios grupos constructivistas cuyas inquietudes estilísticas y el concepto que tenían del papel del arte en la sociedad revolucionaria variaban tremendamente.
Este periodo dinámico y no objetivo del arte ruso de principios del siglo XX tuvo importantes desarrollos tanto estilísticos como teóricos. El arte ruso, lenguaje y contenido, predominó en Occidente durante los años veinte. Le fueron dedicadas exposiciones en Alemania (.Primera Exposición de Arte Ruso en la Galería Van Diemen de Berlín en 1922), Holanda (en el Stedelijk Museum de Amsterdam), Francia (Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas en 1925) y Nueva York (Cubismo y Arte Abstracto en el Museo de Arte Moderno, en 1936). Tuvieron por todas partes, sin excepción alguna, una caluro-sa acogida. Pero tanto en Rusia como en Alemania, la vanguardia fue perseguida y acabaron quitándole toda posibilidad creativa mediante un decreto de 1932. No será hasta principios de los años 1970 cuando vuelva a sorprender a europeos y americanos, artistas y aficionados, por su originalidad y por sus investigaciones rigurosas sobre el lenguaje y el contenido del arte. El color puro, la línea pura, la forma pura, el espacio puro, el movimiento paro, éste es su tema y por ello abrió el camino al arte no objetivo de este siglo.
En diciembre de 1915, La última Exposición Futurista, se abrió en Petrogrado. Casi toda la vanguardia de entonces estaba representada. Diez (+4) artistas exponían sus más recientes obras: X. Boguslavskaia, I. Klian, K. Malévich, M. Menkov, V. Pestel, L. Popova, I. Pugny, O. Rozanova, V. Tatlin, N. Udaltsova (más N. Altman, V. Kamenski, Kirilova y M. Vassilief). Tenían previsto hacer una declaración común, algo como un manifiesto sobre el arte cubo futurista. Pero Malévich acababa de hacer un gran descubrimiento en pintura: la no objetividad total. Junto con Pugny, Boguslavskai, Kliun y Menkov, publicó el Manifiesto suprematista, en el que anunciaban el nacimiento de la nueva pintura.; que el arte ya no dependía de la representación de los objetos de la naturaleza sino que era un fin en si que era puro», que no tenía contenido alguno, siendo sólo forma o color (Menkov). Esto es lo que explica el cero del titulo de la exposici6n: la pintura, después de libe rada de la reproducci6n de la naturaleza (Menkov), crearía, con sus propias cualidades, una realidad totalmente nueva a desarrollar. Dejaría de imitar a la naturaleza y el color y la forma serian el .0. de la pintura, su esencia. .E iremos más allá del cero., escribía Malevich a su amigo Mijail Matiuchin en una carta fechada el 29 de mayo de 1915.
El suprematismo era entonces el más moderno, atrevido e innovador de los nuevos estilos.
Era el último grito del arte y durante los siguientes dieciocho meses varios artistas de «0.10., así como otros cubo futuristas, se unieron a Malevich para formar un grupo que denominaron Supremus. Sociedad de los artistas. Agrupaba a Popova, Rozanova, Udaltsova, Kliun, Alexander Archipenko, Milail Matinchin, el compositor Nikolai Roslavets, el poeta Kruchenij y el joven lingüista Roman Jakobson con el seudó-nimo de Aliagrov.
Otros pintores, como Alexandra Exter, Alexander Archipenko, Vesnin y Alexander Rodchenko, se unieron a ellos cuando su obra a través la fase suprematista. Toda la pintura y la escultura eran entonces no objetivas.
Al igual que el cubo futurismo, que habla reunido a pintores y poetas y que, como grupo, había publicado libros de artistas y presentado funciones teatrales y conferencias, Supremus se convirtió en el punto de encuentro del arte no objetivo. Hasta el verano de 1917 artistas y poetas se reunieron e el taller de Udaltsova en Moscú, el cual se había convertido en su cuartel general donde debatían el suprematismo no objetivo, su contenido y su función. Proyectaron también una revista del mismo estilo que las publicaciones cubo futuristas. Malévich seria el director y Rozanova la secretaria. «Supremus» tenía como programa «el suprematismo en pintura, escultura, arquitectura, música y nuevo teatro., artes aplicadas y poesía. Los artículos a publicar debían ser de índole científica, aristocrático-científica, tal y como lo escribía Rozanova a Matiuchin en una carta fechada el 15 de mayo de 1917. La revista se abría tanto a la ópera de Kruchenij, Venciendo al Sol, como a poemas y grabados de pintores. Malévich diseñó una maqueta y Popova dibujó tapas y logotipos.
Desgraciadamente, nunca se publicó.
Supremus fue el punto de reunión de los suprematistas y no debe infravalorarse la importancia que tuvo. El suprematismo transformó el arte en Rusia, haciéndole pasar de la dependencia del objeto a la no objetividad total. Ya que Malévich lo había inventado al descubrir que el contenido del arte estaba en el color, la forma, el espacio y el movimiento, el suprematismo tenia explicaci6n, podía evolucionar y aplicarse a otras formas de arte. La primitiva concepción del suprematismo, según la cual no era sólo un estilo sino que le daba un contenido capaz de transformar las artes tridimensionales y musicales igual que habla transformado el arte pictórico, influyó considerablemente en cómo evolucionaría el arte después de la Revolución. En efecto, los artistas, poetas y músicos reunidos en Supremus integraron las ideas del suprematismo, e influidos por éstas, en una etapa posterior modificaron la práctica de su arte. Entre 1915 y 1920 pocos fueron los artistas de la vanguardia rusa que quedaron fuera de la influencia del suprematismo.
Definido por Malévich, el contenido del suprematismo era el color y la forma. El color se aplicaba sobre planos geométricos con la pintura (témpera, gouache u óleo). Según el método de la geometría proyectiva no euclidiana, el punto de fuga no se ubicaba en el horizonte sino en el infinito. Las formas se construían sobre un fondo blanco, espacio ilimitado, con tan sólo el borde del lienzo para definir el espacio del plano pictórico. Las ondas luminosas que se desplazan por el espacio a distintas velocidades y que producen los colores del espectro, podían ser captadas en formas que dieran a los espectadores una sensación de movimiento y velocidad. Si los planos se colocaban vertical u horizontalmente, la composición permanecía estática; si en diagonal, la composición resultaba dinámica. Estática y dinámica, resaltadas por el color y por la forma, constituían el contenido de la pintura suprematista.
Como temas de arte, la estática y la velocidad eran los temas del cubismo y del futurismo respectivamente, sobre los cuales los artistas hablan trabajado hasta 1915. El descubrimiento del contenido científico-artístico de la estática y de la velocidad en el color poro y la forma pura, tenía su origen en las nuevas teorías físicas del espacio y del tiempo. Como Roman Jackobson lo recordaría más adelante: era el tiempo como tal y especialmente la teoría de la relatividad, lo que fascinaba a los artistas, y por eso los artistas idearon el suprematismo del arte, cuyo contenido daba un poder creativo al color y a la forma, igual que a la palabra y a la sonoridad musical. El suprematismo era el arte del tiempo y del espacio. De esta forma podía elevar la conciencia del hombre hasta dimensiones superiores, contribuir a su desarrollo interior mediante la evolución de su conciencia. El suprematismo era una visión del mundo.
La pintura de Malevich evolucionó entre 1916 y 1918 en el marco de Supremos y de sus debates. Durante aquellos años Popova y Udaltsova, Pugny y Rozanova, Kliun, Exter, Vesnin y Rodchenko, desarrollaron también las ideas del suprematismo, explorándolas cada uno de ellos dentro de su propio proyecto artístico. Liubov Popova dio el salto del cubo futurismo a la pintura no objetiva en 1916. Durante su estancia en París en 1912 y 1913 habla asistido a clases en la Palette, trabajado con Le Faulconier y Metzinger y habla visitado a Picasso. Esto la habla convertido en una cubista convencida, que dominaba el plano cubista y la estructura espacial, cuyo foco irradia en el centro del lienzo. A éstos añadió la dinámica futurista, de forma que los planos coloreados de la estructura cobista pudieran tomar la apariencia de un movimiento que rebasa el lienzo. El catálogo de la Exposición Póstuma que le fue dedicada en 1924 contiene un texto en el que comenta brevemente el contenido cubista y futurista de su obra: .Después del periodo cubista (problema de la forma), viene el periodo futurista (problema del movimiento y del color); y después del principio de la abstracción de las partes del objeto, viene con una necesidad lógica la abstracción del objeto mismo. Éste es el camino hacia el no objetivo. El problema figurativo queda sustituido por el de la construcción del color y la línea (postcubismo) y del color (suprematismo).
En la Exposición de Estado: Creación no objetiva y suprematismo en 1919, Popova expuso once obras de 1918 y seis grabados sobre linóleo de 1917, todos titulados Arquitect6nica Pictórica. En el catálogo hizo una breve relación de sus componentes: Pintura Arquitectónica
a) Espacio artístico (cubismo).
b) Línea.
c) Color (suprematismo).
d) Energético (futurismo).
e) Factura.
Popova utilizó la expresión Arquitectónica Pictórica para el amplio conjunto de más de cincuenta pinturas, gouaches y grabados que realizó entre los años 1916 y 1918. En sus obras no objetivas se aprecian amplios planos ensamblados, colores ricos e intensos, aplicados sobre un fondo plano. En la descripción de dos de sus obras del año 1918, aísla los tres elementos de éstas: el color, el volumen y la línea. que, dice, van construidos cada uno separadamente y luego .una misma intensidad los une, expresándose en una composición dinámica general.
Aunque la organización de sus obras no es siempre tan compleja, esta descripción permite acceder a la manera de concebir su creación. El término «arquitectónica. remite a las leyes de la construcción arquitectónica y al elegir dicho vocablo, Popova revela por una parte su propio proceso de creación, el cual consiste en una exploración metódica de cada uno de los elementos del arte (color, volumen, línea en el espacio) y por otra, de qué manera las leyes que rigen esos elementos permiten construir una obra. El espacio procede del cubismo, el color del suprematismo, el volumen lo crean las líneas de intersecci6n de los planos y su tensión en el espacio. De estas intersecciones, que son puntos de energía, emanan fuerzas o direcciones (se trata de una técnica tomada del futurismo). Los planos geométricos del suprematismo se superponen en el espacio plano del cubismo y los colores son elegidos según el peso relativo que tienen unos respecto de otros, es decir, por sus cualidades propias, las que los hacen dinámicos. Cada lienzo se construye según las leyes que rigen los distintos aspectos de la pintura. Cada una de las obras de la serie «Arquitectónica Pictórica» es una búsqueda sobre cómo esas leyes pueden llegar a expresarse en el arte pictórico; leyes del color, del volumen o de la línea, las cuales llevan en si la capacidad de crear una sensación artística.
Al igual que Popova, a quien acompañó a París en 1912, Nadiejda Udaltsova había estudiado el cubismo francés en la Palette, con Le Faulconier y Metzinger. Las obras que expuso en 0.10. eran cubo futuristas y su obra suprematista de 1916-1917, las Construcciones Artísticas que recuerdan el estilo y las ideas de Popova, se emparentan con un cubismo no objetivo, donde los planos coloreados suprematistas se yuxtaponen de forma dinámica sobre un fondo blanco y plano. Como lo hiciera Popova (y también como Malévich y Pugny), en 1917 creó modelos suprematistas para Natalia Davidova, quien mandaba bordar a las campesinas ucranianas de Verbovka según sus métodos artesanales. Los cojines, las bolsas, las butandas y los tejidos, se presentaban luego en exposiciones de artes decorativas. Los modelos, unos gouaches o collages puramente suprematistas, eran cercanos al primer suprematismo de Malévich y se pare-cían tanto a trabajos preparatorios para la pintura como a modelos para el bordado. El interés que el suprematismo tenía por la producción antes de la Revolución, merece ser subrayado: es el precursor del programa del constructivismo y del productivismo, que asignaron al arte vanguardista la tarea de facilitar modelos de calidad para la producci6n de objetos destinados al pueblo. Sin embargo, el carácter artesanal de la empresa de Verbovka, no sobrevivirá a la Revolución.
Olga Rozanova habla sido un personaje clave del futurismo y del cubo futurismo a partir de 1911, dedicándose a la ilustraci6n de numerosos libros de artistas y elaborando teorías sobre el contenido del arte nuevo. Las once obras que expuso en 0.10 eran pinturas cubo futuristas casi no objetivas, así como dos paneles de madera, Ciclista y Automóvil. Los paneles tridimensionales constaban de planos geométricos de cartón y de madera, un adoquín, una pelota de caucho y estaban pintados. La colección Costakis ha conservado tres dibujos preparatorios para estos paneles, y en las hojas vienen trazados los bosquejos de otros dos paneles. En una hoja destinada a Automóvil, el otro bosquejo es una copia exacta de un cuadro de Malévich expuesto en «0.10., acompañada de una nota de Rozanova: A Malévich le han gustado estas dos cosas y me las ha pedido para él.9. Todas estas obras son construcciones suprematistas tridimensionales, de las que parece que Malévich no había hecho hasta entonces.
De 1916 hasta 1918 Rozanova intimó mucho con Malévich y se relacionó mucho también con «Supremus». Sin embargo, sus pinturas suprematistas son distintas de las de otros artistas. Su contenido es más dinámico que estático y consigue tal resultado mediante el color.
Tanto para Rozanova como para Popova el suprematismo nace del amor por el color. En el largo articulo que tenia previsto publicar en la revista Supremus, Cubismo, Futurismo y Suprematismo, Rozanova evoca continuamente el dinamismo y el color: según su propio concepto del suprematismo no objetivo, la forma y el color van cada uno por separado y su dinamismo se debe a las leyes que rigen la creación de la forma y a las leyes del color, siendo éstas duración, intensidad y gravedad. Esto lleva al desbordamiento o desplazamiento de los colores. El dinamismo, como tema pictórico, es una realidad no material manifestada, en la superficie pintada, por las relaciones de las formas entre si y por las propiedades de los colores.
A pesar de ser el artista más cercano al suprematismo de Malévich, Iván Kliun dio una orientación personal al suprematismo. Entre sus dieciocho contribuciones a 0.10. se encontraban pinturas futuristas dinámicas y relieves sobre madera. El suprematismo de Kliun era de formas y colores dinámicos, surgiendo del infinito por el espacio blanco de la superficie del cuadro. Desarrolló una teoría de las interrelaciones de la forma con el color y en una abundante producción de gouaches y óleos, exploró la dinámica del color y del espacio en formas proyectadas sobre un plano pictórico.
Las obras suprematistas de Milail Menkov y de Alexander Vesnin, que se encuentran en museos provinciales de Rusia, apenas se conocen. Ambos trabajaron sobre el espacio suprematista, con planos proyec-tados que tiran del espacio y lo estiran mediante la dinámica de sus relaciones.
Iván Pugny, quien se relacionaba con Malévich en tiempos del cubo-futurismo, había organizado las dos exposiciones «futuristas» de 1915, Tramway V y 0.10. Enseguida Pugny entendió las posibilidades tridimen sionales del suprematismo y en .0.10. Expuso varias obras tituladas Esculturas pictóricas. Se trata de construcciones de planos suprema-tistas realizadas con materiales variados: madera pintada, cartón, me-tal, vidrio, e incluso una sierra o una pelota, vestigios de un periodo aló-gico. En los dibujos preparatorios para sus pinturas y esculturas, unos dibujos estrictamente suprematistas ejecutados con la regla y el com-pás, los planos suprematistas están proyectados en dos o tres dimensiones.
De 1908 a 1914 Alexandra Exter hizo muchos viajes de ida y vuelta entre Rusia y Europa occidental. Trabajó con cubistas franceses y con futuristas italianos, con quienes trabó amistad. Su pintura cubo futurista tenia una carácter asentado y su pintura suprematista exploró los proble más del poco color, así como el dinamismo de los grandes planos. Cada una de sus obras iba dedicada a un aspecto de estas cuestiones. En 1917 Exter realizó decoraciones muy suprematistas para Salomé, de Oscar Wilde, y después de la Revolución, diseñó inmensas decoracio-nes suprematistas para los barcos del agit-prop con sus estudiantes de Kiev. Los vestuarios que diseñó en 1920 para Romeo y Julieta venían inspirados en el suprematismo, procediendo sus motivos directamente de las pinturas suprematistas de Malevich.
En las series que realizó con patrón estarcido para las decoraciones de Luz en 1921, utilizó cintas de colores arremolinándose, arrolladas en amplios círculos como lo hacia Sonia Delaunay, pero cuya disposición en un conjunto de planos resulta muy suprematista.
Alexander Rodchenko presentó por primera vez obras no objetivas en la exposición organizada por Tatlin en Moscú, durante los meses de marzo y abril de 1916, titulada .Exposición futurista-Tienda. Eran dibu-jos realizados con tinta negra y trazados con regla y compás sobre un fondo blanco. Bajo la influencia del suprematismo, Rodchenko añadió el color a sus dibujos entre 1916 y 1918 y creó lienzos con formas flotan-do en un espacio suprematista. En los pocos textos de aquel periodo que han llegado hasta nosotros, Rodchenko habla de las funciones del color, así como de las relaciones y la influencia de éste sobre las formas. En 1921, recordando su trayectoria desde 1916 en .La Línea, explica qué sentido había tenido para él el arte no objetivo: «Después de rechazar el objeto y el tema, la pintura sólo se ha preocupado por las cuestiones que le son propias, las cuales, al desarrollarse, sustituyeron en gran parte al objeto y su interpretación, resultando ambos excluidos de la pintura... La no figuración cultivó el color como tal. Procuró resaltarlo, trabajarlo, definir su esencia, es decir, la profundidad, la intensidad, la densidad, el peso, etc.
En sus principios Rodchenko habla escrito sus ideas sobre la pintura en un artículo, Dinamismo del Plano, publicado en Anarjia el 28 de abril de 1918. En él decía que el color no era la única forma para diferenciar los planos y las relaciones que tienen entre si; se puede utilizar igualmente la proyección: Cuando construyo proyecciones en óvalos, círculos, elipses, ocurre a menudo que sólo puedo distinguir los bordes de las proyecciones, por lo que subrayo el valor de las proyecciones y del color, como medio auxiliar, y no como meta. Cuando estudio una proyecci6n en su profundidad, su altura, su anchura, descabro infinitas posibilidades de proyecciones fuera del tiempo. Trabajando de tal forma, a mis últimas obras las titulo "composiciones de movimiento de planos coloreados y proyectados".'
Ya utilizado por Malevich, Rodchenko también utiliza el método de la proyección de los planos sobre un fondo, con idéntico sentido dinámico. Pero mientras que Malévich proyectaba las formas de lo infinito hacia el lienzo, Rodchenko las proyecta desde el lienzo hacia el infinito. El lienzo de Rodchenko adquiría de esta forma más bien el carácter de un objeto (en si) y el de Malévich más bien el carácter de un signo de acontecimientos situados más allá del lienzo. Éste es el aspecto que hizo que Rotchenko se apartara del suprematismo de Malévich en 1919, declarándose pintor no objetivo.
Entre 1915 y 1918 el suprematismo hizo posible que los pintores y escultores que formaban el núcleo de Supremus accedieran a una pintura del color puro y de la forma pura, así como al espacio poro. Estos artistas tendían a interesarse sólo por las leyes y el contenido del color exclusivamente, mientras que para Malévich el color era una forma de distinguir entre los planos para que en la superficie pictórica quedasen resaltados el espacio y el tiempo, la estática y la dinámica. El suprematismo ya no era sólo un arte pictórico ejerciendo su influencia en las obras tridimensionales. Malevich, quien lo habla inventado, no pedía la exclusividad y tampoco intentaba influir en su evolución, sino a través de su propio trabajo. Todos los artistas extractan energía de él, se alimentaban de él, lo desarrollaban y lo transformaban, como los artistas hacen siempre con el estilo. Decían de si mismos, y de sus obras, que eran suprematistas. Pero por incluir el suprematismo un concepto filosófico del mundo en su planteamiento artístico, fue cuestionado cuando la Revolución de octubre obligó a los artistas a plantearse su propia concepción del mundo; al menos su propia concepción sociopolítica. Coincidieron entonces el cuestionamiento de los conceptos artísticos del suprematismo, así como del arte y de su funcionamiento, en una Rusia transformada. Lo que, a partir de 1919, llevó a varios artistas a romper con el contenido no objetivo del suprematismo, aunque conservaran algunos de sus aspectos formales. El suprematismo había liberado al arte.
Railing, P., “La lección del suprematismo y del constructivismo”, Una mirada sobre la vanguardia rusa (1910-1930), Catálogo 70, Ibercaja, Zaragoza, 1993, pp. 25-33.
Ver en "Aula de educación e investigación", apartado "Gabinete de investigación": Railing, P., "1920-1922: el constructivismo"; "El unovis, escuela del arte del suprematismo"; "La lección del suprematismo y del constructivismo"; y Parton, A., "Lo abstracto y lo no figurativo en el arte ruso".
El constructivismo y el suprematismo ruso
Durante la turbulencia de la 1° Guerra y de la Revolución Rusa, en Rusia hubo un florecimiento del arte creativo. Al mismo tiempo que caía el régimen zarista y se precipitaba la guerra civil, daba inicio el proceso que, tiempo después, consolidaría la Revolución en la Unión Soviética. El arte Ruso ejerció una influencia internacional en el diseño gráfico y la tipografía del siglo XX. La década iniciada en el año 1910 con las conferencias de Marinetti en Rusia, vio a los artistas de esa nación absorber las nuevas ideas del cubismo y del futurismo con una rapidez sorprendente para después continuar hacia diferentes innovaciones.
La vanguardia rusa tenía suficientes rasgos comunes con el cubismo y el futurismo para acuñar el término cubo futurismo. La experimentación en la tipografía y el diseño caracterizaron los libros y los periódicos de los artistas futuristas, presentando trabajos por medio de la comunidad artística, visual y literaria. Simbólicamente, los libros futuristas rusos fueron una reacción contra los valores de la Rusia zarista. La utilización de papel rústico de métodos de producción artesanal y de agregados hechos a mano expresaba la pobreza de la sociedad campesina. Kasimir Malevich (1878-1935) fundó un estilo de pintura de formas básicas y de color puro al que llamó suprematismo.
Después de trabajar a la manera del futurismo y del cubismo, Malevich creó una abstracción geométrica elemental que era nueva, no objetiva y pura. Rechazaba tanto la función utilitaria como la representación gráfica, ya que Malevich buscaba "la expresión suprema del senti-miento, sin buscar valores prácticos, ni ideas, ni la tierra prometida". Pensador lógico con un conocimiento lúcido, Malevich se dio cuenta de que la esencia de la experiencia artística es el efecto perceptivo del color. Para demostrarlo, en el año 1913 Malevich expuso un cuadrado negro pintado sobre un fondo blanco. ƒ afirmaba que el sentimiento evocado por este contraste era la esencia del arte.
El movimiento fue acelerado por la Revolución, pues se concedió al arte un rol social que raramente se asignaba. Los artistas revolucionarios se habían opuesto al viejo orden y al arte visual conservador. En el año 1917 pusieron sus energías en la propaganda masiva para poder apoyar a los bolcheviques. Pero para el año 1920, surgió una división ideológica concerniente a la función del artista dentro del nuevo Estado Comunista. Algunos artistas como Malevich y Vassily Kandinsky (1866-1944), suponían que el arte debía permanecer como una actividad de las necesidades utilitarias de la sociedad. El Estado, los sistemas económicos y políticos perecen, las ideas se desmoronan bajo el peso de los años.
La compresión de nuestras percepciones del mundo dentro de las formas del espacio y del tiempo es el único objetivo de nuestro arte plástico y gráfico. Guiados por Tatlin (1885-1953) y por Alexander Rodchenko (1891-1956), en el año 1921, 25 artistas propusieron un punto de vista contrario, cuando renunciaron "al arte por el arte" para consagrarse al diseño industrial, la comunicación visual y las artes aplicadas al servicio de la nueva sociedad comunista. Estos construc-tivistas hicieron un llamado a los artistas para que dejaran de producir cosas inútiles y se volviera hacia el cartel, porque tal trabajo pertenece ahora al deber del artista, como ciudadano de una comunidad que está barriendo el campo de viejos desperdicios, para prepararse para una vida nueva. Tatlin cambió de la escultura al diseño de una estufa que daría el máximo de calor como un mínimo de combustible; Rodchenko abandonó la pintura por el diseño gráfico y el periodismo fotográfico.
Uno de los primeros intentos para formular una ideología constructiva fue el folleto Konstruktivizm del año 1922, de Aleksei Gan (1893-1942). En el, criticaba a los pintores abstractos por ser capaces de romper el cordón umbilical del arte tradicional y se jactaba de que el constructivismo se había trasladado del trabajo de laboratorio a la aplicación práctica. Gan escribió que los tres principios del construí-tivismo son la arquitectura, la textura y la construcción.
La arquitectura representaba la unificación de la ideología comunista con la forma visual. La textura significaba la naturaleza de los materia les y cómo son empleados en la producción industrial. La construcción simboliza el proceso creativo y la búsqueda de leyes de organización visual. Quien mejor llevó a cabo el ideal constructivista fue El (Lazar Markovich) Lissitzky (1890-1941) pintor, arquitecto, diseñador gráfico y fotógrafo. Este visionario de energía y constancia inagotables influyó profundamente en el curso del diseño gráfico. En el año 1919, Marc Chagall, director de la Escuela de Arte en Vitebsk, invitó a Lisstinzky a unirse al cuerpo de profesores.
Malevich daba clases ahí y se convirtió en la influencia más importante para Lisstinzky, quien desarrolló un estilo de pintura al cual denominó PROUNS (abreviatura de "proyectos para el establecimiento –afirma ción- de un arte nuevo"). En contraste con la llanura absoluta del plano pictórico de Malevich, PROUNS introdujo ilusiones tridimensionales que, al mismo tiempo, se alejaban de atrás del plano pictórico y se pro-yectaban hacia delante del plano pictórico (en cuanto a la profundidad positiva). Lissitzky llamaba PROUNS a "un estado de intercambio entre la pintura y la arquitectura". esto describe su síntesis de los conceptos de la arquitectura con la pintura; También muestra que el PROUNS señalaba el camino para la aplicación de los conceptos de la forma y del espacio en la pintura moderna al diseño aplicado. Al rebelarse con-tra las restricciones de la tipografía metálica, Lissitzky utilizaba a me-nudo la construcción con instrumentos de dibujo y maqueta para reali-zar sus diseños. En el año 1925, predijo acertadamente que el sistema de Gutemberg pertenecía al pasado y que los procesos fotomecánicos reemplazarían a los tipos de metal y abrirían nuevos horizontes para el diseño, tal como la radio había reemplazado al telégrafo.
Uno de los diseños gráficos de mayor influencia en los años veinte es el libro "Los istmos del arte 1914-1924", el cual fue editado por Lissitzky junto con el dadaísta Hans Arp. El formato desarrollado por Lissitzky para este libro constituye un paso importante en la creación de un programa visual par ordenar la información. La red de tres columnas utilizada para el texto, la red horizontal de tres columnas empleada para la portada y la estructura a dos columnas de la página de contenido se convirtió en un armazón arquitectónico para organizar las páginas ilustradas. Asimismo, la forma en que la tipografía sans-serif y las barras están tratadas es una expresión temprana del estilo modernista. En 1923, dio comienzo una batalla de 18 años contra la tuberculosis.
Después de regresar a Rusia en el año 1925. Lissitzky pasó la mayor parte del tiempo en grandes proyectos de exposiciones para el gobierno soviético, además de publicaciones, dirección artística y algunos proyectos de diseño arquitectónico. Lissitzky murió en diciembre de 1941, seis meses después de que Alemania invadiera Rusia. Por medio de su responsabilidad social y el compromiso con su pueblo, de su dominio de la tecnología para servir a sus propósitos y de su visión creativa. El Lisstzky estableció una pauta de excelencia para el diseñador. El inicio del fotomontaje en Rusia coincidió con el descubri-miento del montaje en la película cinematográfica y compartió parte de su vocabulario. Mostrar acciones simultáneas; sobreponer imágenes; usar acercamientos extremos e imágenes en perspectiva, a menudo juntos; y la repetición rítmica de una imagen constituyeron algunas de las técnicas comunes a ambos lenguajes. El concepto de la pintura en serie era aplicada por Rodchenko dentro del diseño gráfico en 1924.
Aunque el constructivismo persistió como una influencia en los gráficos soviéticos y el diseño industrial, pintores como Malevich, que no aban-donó el país, fueron arrastrados a la pobreza y la oscuridad. Algunos artistas desaparecieron en el Gulag. Las innovaciones de este florecimiento artístico encontraron su desarrollo ulterior en Occidente. Sin embargo, la naturaleza del espíritu creativo tal, que a pesar de la estricta desaprobación oficial, el diseño gráfico innovador de la tradición constructivista continuó apareciendo de vez en cuando.
La revolución plástica en Rusia antecede a la revolución política. Movimientos como el rayonismo y el simultaneísmo se plantean y desarrollan antes de 1918. El constructivismo nace con el telón de fondo de una Revolución hecha en el nombre del proletariado. En el campo de las artes a partir de los años 20, existen dos tendencias abstractas pero conceptualmente diferentes. La representada por Kandinsky, Malevich, Gabo y Pevsner que defienden lo subjetivo en la obra de arte, el proceso consciente de creación y la encabezada por Rodchenko y Tatlin que propugna la inserción de la persona del artista dentro del proceso constructivo de la obra de arte, como un elemento más, poseyendo la misma importancia que los materiales o cualquier otro agente. A partir de los años veinte, el arte en Rusia se convierte en una edificación, en un producto más. El constructivismo implica que la obra de arte sea una construcción, que se articule como un edificio y se realice siguiendo métodos análogos. Constructivismo, pp. 63-68. «Proclamamos: el espacio y el tiempo han nacido hoy. El espacio y el tiempo: las únicas formas sobre las cuales se edifica la vida, las únicas sobre las que debería edificarse el arte. Los estados, los sistemas políticos y económicos mueren con el paso de los siglos; las ideas se agostan, pero la vida es robusta; crece y no puede ser arrancada, y el tiempo es continuo en su duración real. ¿Quién nos enseñará formas más eficaces? ¿Qué hombre genial nos dará fundamentos más sólidos? ¿Qué genio concebirá para nosotros una leyenda más enervante que ese relato prosaico que se llama vida?
La realización de nuestras percepciones del mundo, bajo las especies de espacio y tiempo, he aquí el único fin de nuestra creación plástica. Y no mediremos nuestras obras con el patrón de la belleza, ni las pesaremos en la balanza de la ternura y del sentimiento. El cable en la mano, la mirada exacta como una regla, el espíritu rígido como un compás, construiremos nuestra obra como el universo construye a la suya, como el ingeniero hace el puente, el matemático sus fórmulas. Sabemos que cada objeto tiene su imagen. Una silla, una mesa, una lámpara, un teléfono, un libro, una casa, un hombre: otros tantos universos completos con sus ritmos propios, sus órbitas particulares. He aquí por qué, cuando presentamos los objetos, les quitamos las marcas de sus propietarios, todo lo accidental y local, dejándoles solamente, para expresar el ritmo de la fuerza que en ellos se encierra, su esencia y su permanencia.
1. Repudiamos el color como elemento pictórico en la pintura. El color es el rostro idealizado y óptico de los objetos. La impresión exterior es superficial. El color es superficial y no tiene nada en común con el contenido interno de los cuerpos.
Proclamamos que el tono interno de los cuerpos, es decir, su sustancia material absorbiendo la luz, es la única realidad pictórica.
2. Rechazamos el valor gráfico de la línea. No hay gráfica real en la vida de dos cuerpos. La línea no es más que un trazo accidental que el hombre deja sobre los objetos. Carece de relación alguna con la vida esencial y la estructura permanente de las cosas. Es un elemento puramente gráfico, ilustrativo, decorativo.
Solamente afirmamos la línea como dirección de las fuerzas estáticas escondidas en los objetos, y en sus ritmos.
3. Renegamos del volumen en tanto que forma plástica del espacio. No se puede medir el espacio en volúmenes de la misma manera que no se puede medir los líquidos en metros. Considerad nuestro espacio real: ¿Qué es sino profundidad continua?
Proclamamos la profundidad como única forma plástica del espacio.
4. En escultura, renegamos de la masa en tanto que elemento escul-tórico. Ningún ingeniero ignora que las fuerzas estáticas de los sólidos, su resistencia material, no está en función de su masa. Ejemplo: el raíl, el contrafuerte, la viga, etc. Pero vosotros, escultores de todas la ten-dencias, os encasillasteis siempre en el prejuicio secular que considera imposible separar el volumen de la masa (...)
5. Repudiamos el error milenario heredado del arte egipcio que ve en los ritmos estáticos los únicos elementos de la creación plástica.
Proclamamos un elemento nuevo en las artes pláticas: los ritmos cinéticos, formas esenciales de nuestra percepción del tiempo real.
Estilo artístico que se perfila hacia 1910. Tenía como fin una única preo cupación: el empleo en pintura de las teorías científicas del color, con-cretamente la referida al contraste simultáneo de los colores. El movi-miento partía de un postulado: la idea de que la música y la luz se com-portaban análogamente, y que tenían relación con el funcionamiento del cosmos.
Dos de sus más importantes cultivadores, el matrimonio compuesto por Sonia y Robert Delaunay, en algunos de sus cuadros de 1910 ya presentan evocaciones pictóricas de las armonías abstractas en la composición musical y el ritmo de los rayos de luz procedentes del sistema solar. Apollinaire identificó este estilo como "orfismo", lo que suponía una extensión de la estética simbolista, en la medida en la que el arte abstracto había sido llevado a su máximo potencial, para crear un arte sugestivo, un arte de revelación, un arte llamado al verdadero mundo que se encuentra tras la apariencia de la superficie cotidiana. Tras el impacto del futurismo italiano, que en 1912 había introducido conceptos de dinamismo y movimiento en la pintura moderna, Sonia Delaunay tomó una nueva orientación. Sus cuadros a partir de este año rechazan claramente la iconografía pasada de moda de los simbolistas. Sin embargo, el motivo abstracto de colores y formas, que evoca el compás sincopado de la música y de la luz, es un elemento más que sugiere una búsqueda de las leyes inmutables, más allá de las sensaciones fugaces que caracterizan la sensibilidad moderna. El color sorprendente y el movimiento vibrante inherente a Sonia Delaunay, supuso una alternativa para aquellos artistas modernos que renun-ciaban a una sobria paleta y al análisis cerebral del estilo cubista de Picasso y de Braque.
Se apoya en la teoría de los rayos entrecruzados que rompen formas y objetos. A partir de 1913, las profundas investigaciones sobre la radiación llevadas a cabo por Larionov, al que se considera padre del movimiento, hacen que el mundo de lo pictórico se descomponga en un intenso e incesante drama de rayos. Los cuales para el ruso son la única realidad de todas las cosas y la unidad de las mismas. Al igual que Kandinsky entendió que al minimizar las funciones descriptivas de la pintura, se podía concentrar la atención sobre el método en sí. Para Larionov, la obra de arte se podía construir a partir de los elementos puramente pictóricos que la componen. De esta forma Larionov trazaba el camino hacia la el desarrollo del constructivismo en Rusia.
Fue un movimiento artístico de vanguardia fundado en Rusia. Dicho término lo utilizó por primera vez en 1913 el crítico N. Punin a propósito de los relieves de Tatlin. Según A. Gan, el movimiento como tal “surgió en 1920 en el marco de los pintores de izquierdas y de los ideólogos de la acción de masas”. En dicho marco se sitúa el Manifiesto realista de N. Gabo y A. Pevsner y las tesis productivistas enunciadas por Vesnin, Popova, Ekster, Rodchenko y Stephsnova en el catalogo de la muestra “5x5=25”. En gran parte, los presupuestos figurativos del constructivis-mo eran análogos a los de movimientos contemporáneos como el cubis mo, el dadaísmo y, en particular, el futurismo. Al igual que este último, el constructivismo manifestaba su rechazo al arte burgués y descubría el proyecto de un nuevo lenguaje en las “propuestas” de la tecnología y la mecánica industriales. Sin embargo, la peculiar situación sociopolítica de la época caracterizó y distinguió el constructivismo.
Los artistas del movimiento vieron en los caminos abiertos por la revolución de Octubre, la posibilidad concreta de romper el aislamiento entre el arte y las masas y construir un nuevo arte para una nueva sociedad. De 1920, data el proyecto de Tatlin, con motivo de la III Internacional de una arquitectura escultura constituida por una espiral de hierro que se expande en diagonal, encerrada por paredes de vidrio de una altura superior a la de la torre Eiffel. En 1923, el proyecto de los hermanos Vesnin para el Palacio del Trabajo, un volumen claro, estereométrico, compuesto por delgadas barras metálicas constituyó el primer intento de expresar con una nueva forma una nueva dimensión social. En 1924, nace otro proyecto de los hermanos Vesnin para el edificio del periódico “Pravda” de Leningrado, un edificio de vidrio, hierro y cemento armado. En 1925, Melnikov construye el pabellón soviético de la Exposición de París: un rectángulo estereométrico de estructura de madera con colores puros, cortado en diagonal por la escalera.
Este periodo de intensa experimentación durara hasta 1933 y sólo en algunos casos serán algo más que proyectos: tipologías de edificación, nuevos centros comunitarios (los llamados “condensadores sociales”), nuevas fabricas, nuevas hipótesis urbanísticas. Sin embargo, paulatina-mente, y debido al choque con los problemas reales planteados por la construcción del socialismo, en el movimiento surge una escisión entre el ala “formalista” (Leonidov) y el ala “productivista” (Tatlin, Ginzburg). Ello constituirá el preludio del fin del movimiento que se producirá a par-tir de 1933 al prevalecer en la organización estatal soviética una ideolo-gía burocrático-académica imputable, en el fondo, al retraso tecnológico de la URSS de esa época, respecto del cual las hipótesis formales del constructivismo resultaban desfasadas y sustancialmente inutilizables.
VV.AA. Enciclopedia de arte.
Garzanti-Ediciones B. Barcelona, 1991. Págs. 218-219
Ante todo una concepción de la estructuración del espacio, incluso cuando se lleva a cabo en la pintura; la obra de arte está en comunicación con el espacio que la circunda y penetra, cuya estructura invisible se materializa en ella; se abre por todas partes hacia el espacio y consta, especialmente en la fase última del constructivismo de elementos, frecuentemente transparentes, de formas geométricas, lineales y planas. En tanto que principio de creación el modelo figurativo se sustituye por el "culto del material" que en los relieves de Vladimir Tatlin (1885-1953) se refiere al contraste táctil de materiales y en su fase más tardía a la elasticidad y relaciones de peso y tensión dentro de la construcción. Del mismo modo que los futuristas, los constructivistas rusos se fijaban como meta una «reconstrucción» de la sociedad, lo que les condujo a un interés por la arquitectura, el diseño utilitario y la escenografía. A Tatlin se unieron Aleksandr Rodtschenko (1891-1956), El Lissitzky (1890-1941), Naum Gabo (1890), Antoine Pevsner (1886-1962) entre otros. Por lo que se sabe, el nombre constructivismo fue utilizado por primera vez en 1921, e indica que los artistas consideraban su trabajo del mismo modo que la actividad de los ingenieros, como un «construir» de objetos utilitarios, aunque frecuentemente ésos tuviesen que crear su propia «finalidad». En seguida (y todavía hoy) se utilizó como denominación imprecisa de construcciones geométricas y pictóricas. Esto se debe, en parte, a que la concepción del espacio constructivista no se encuentra exclusiva mente en este grupo ruso, era característica ya del espacio pictórico de los cubistas, futuristas y rayonistas, y fue ya realizada por Balla en su Complesi plastici (1914). En De Stijl se encuentra particularmente en van Doesburg. En Polonia, Hungría, Alemania y Checoslovaquia se formaron grupos que se llamaron, o se les llamó posteriormente, cons tructivistas y que tenían generalmente en común con el constructivismo y el suprematismo ruso una parte del lenguaje formal y de las ideas sociales. Revistas: Lief (Ossip Brik, Boris Arvatov, entre otros, Moscú, 1923), Wjeschtsch-ObjetGegenstand (El Lissitzky e Ilja Ehrenburg, Berlín, 1922), Má Lajos Kassak, Budapest y Viena, 1916-1927), Disk (Checoslovaquia, 1923), G (Hans Richter, 192324); en Polonia: Zwrotnica (Tadeusz Peiper, 1922-1927), Blok (1924-26), Praesens (1926).
1913/14 Tatlin: primeros relieves pintados.
1915 Tatlin: Relieves situados en un ángulo (relación entre construcción y espacio determinada previamente).
1917 Decoración del Café Pittoresque en Moscú por Tatlin y Rodtchenko.
Cor Blok.- Hª del arte abstracto.
Cátedra. Madrid- 1987. Págs. 219-239
El constructivismo ruso
Si bien en un principio el Constructivismo con Tatlin su fundador, a la cabeza, se hallaba en clara conexión con las vanguardias rusas iniciales como el Suprematismo, más tarde, en 1920, se produjo la escisión. Vladimir Tatlin conocía desde hacía tiempo a Malevich, pero los planteamientos suprematistas eran muy distantes de las concepciones constructivistas. La postura de Tatlin estaba marcada por la tendencia a buscar la renovación artística, pero siempre en función de movilizar a las masas.
De este modo, en el año 1920 Tatlin y sus seguidores propugnaron la validez del diseño industrial, oponiéndolo a la creación artística, considerada como una mera consecuencia de la estética burguesa. Los constructivistas pensaban que los artistas debían dedicarse a las actividades que fueran verdaderamente útiles para la sociedad, como pudieran ser la arquitectura, la producción industrial, el diseño publicitario, la tipografía, etc. A pesar de esas metas, aparentemente homogéneas, no puede decirse que el Constructivismo ofrezca demasiadas características encaminadas a lograr un estilo unitario. Quizá contribuye a ello el hecho de que se considere dentro de esta corriente a artistas tan dispares como pudieran ser el propio Tatlin, El Lissitzky, Gabo o Pevsner.
Lo que sí es cierto es que el Constructivismo influyó de modo determinante en la evolución artística y arquitectónica de los años veinte, hasta el punto de que se crearon numerosas asociaciones, como: VCHUTEMAS (Taller Artístico Técnico Superior), que fue el principal centro de experimentación en Rusia; ASNOVA (Asociación de Nuevos Arquitectos); y OSA (Sociedad de Arquitectos Contemporáneos), entre otras. Aparte de los diseños gráficos, para los numerosos carteles de propaganda política, efectuados por los constructivistas, debe señalarse que el principal ámbito donde éstos destacaron fue el escultórico. Vladimir Tatlin había realizado ya en 1919 su famoso Proyecto para el Monumento de la Tercera Internacional que tanto puede considerarse una obra arquitectónica como una pieza escultórica. Se trata de una composición, basada en la conjugación de dos cilindros en espiral inclinados que poseen muchos elementos en común con la concepción escultórica del Futurismo italiano. Nunca debe olvidarse que los contactos entre artistas futuristas y artistas de vanguardia rusos fue un hecho, a partir del viaje realizado por Marinetti en 1910 a Rusia.
Otro artista que, además de pintor y diseñador, fue un escritor importante es Alexander Rodtchenko. Sus primeras esculturas son piezas abstractas, constituidas por aros metálicos, conectados entre si por medio de ejes oblicuos.
La renovación profunda se debió a los hermanos Pevsner, Antoine y Naum que, más tarde, adoptó el apellido Gabo. Estos dos artistas mantuvieron contacto continuado con el arte del resto de Europa, Naum Gabo estudió en Munich junto a los pintores de Der Blaue Reiter, para después pasar a Paris. Sus primeros trabajos están fechados en 1915 y son construcciones a base de materiales diferentes. Tras instalarse de nuevo en Rusia, en 1920, publicó con su hermano Antoine el Manifiesto Realista en el que aparecen claramente reflejados los principios de su escultura. Existe una preferencia en ella por las formas abstractas, por la valoración simultánea del espacio, el tiempo y la luz. Ateniéndose a dichos fundamentos, creó en 1920 la primera obra escultórica considerada cinética, pues se trataba de una lámina de acero, que vibraba gracias a un pequeño motor eléctrico, creando un volumen de carácter virtual.
La trayectoria de Antoine Pevsner comienza algo más tarde que la de su hermano, pero, tras la redacción del manifiesto citado, adquiere ya unas características bastante claras. Si bien su obra de los años veinte no es abstracta, la posterior sí lo es y demuestra además cuán inventivo llegó a ser su autor. Configuraciones helicoidales de superficies constituidas por finísimas varillas de bronce oxidado son sus piezas más relevantes. Tanto en el caso de Gabo como en el de Pevsner ha de tenerse presente que su máxima aportación a la escultura del siglo XX se basa en la concepción aérea de sus obras.
Lourdes Cirlot.- Las claves de las vanguardias artísticas en el Siglo XX.
Ed. Arín. Barcelona, 1988 págs. 61-64
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El minimalismo es una corriente estética derivada de la reacción al pop art. Frente al colorismo, a la importancia de los medios de comunicación de masas, frente al fenómeno de lo comercial y de un arte que se basa-ba en la apariencia, el minimalismo barajó conceptos diametralmente opuestos. El sentido de la individualidad de la obra de arte, la privacidad, una conversación conceptual entre el artista, el espacio circundante y el espectador. Así como la importancia del entorno como algo esencial para la comprensión y la vida de la obra. Los creadores minimalistas reducen al máximo los elementos propios del arte, los volúmenes y formas en escultura. De forma análoga proceden en la arquitectura o en la pintura. Intentan condensar en escasos elementos sus principios artísticos y reflexiones.
Este movimiento surge a mediados de los 60 como una reacción contra el subjetivismo y emocionalismo del Expresionismo Abstracto con su én-fasis en la improvisación y la espontaneidad, proponiendo en su lugar un arte totalmente preconcebido, de ejecución anónima y de gran clari-dad, rigor conceptual y simplicidad. Sus principales características son: máxima inmediatez subrayando la importancia del todo sobre las partes- superficies inmaculadas, colores puros, formas simples y geométricas realizadas con precisión mecánica, y la utilización de materiales industriales de la manera más neutral posible de modo que no se alteren sus calidades visuales.
Para algunos autores las más tempranas fuentes del Minimalismo se en-cuentran en las obras suprematistas de Kasimir Malevich y en algunos trabajos de Vladimir Tatlin y Piet Mondrian; y también en los "ready-mades" de Marcel Duchamp en cuanto a su minimización de la maestría artística. Entre sus más inmediatos predecesores se mencionan los pintores Ad Reinhardt, Josef Albers, Barnett Newman y Mark Rothko, citándose al arquitecto mexicano Mathias Goeritz como su más tempra-no teórico y exponente. Entre los más destacados artistas minimalistas figuran: Ellsworth Kelly, Frank Stella, Donald Judd, Jules Olitski, Kenneth Nolan, Jack Youngerman, Dan Flavin, Carl André, Robert Morris, Tony Smith, Larry Bell, John McKracken, Sol Lewit, Larry Poons, Ald Held y Morris Louis.
….Pero los pioneros del arte abstracto rendían culto al espiritualismo y a la revolución social de su época, mientras que los minimalistas afirmaban que la obra "sólo es lo que es", sin simbolismos ni sentidos ocultos.
La geometría del Minimal Art es estricta y está basada en el orden, la simplicidad y la claridad, la literalidad y la apariencia industrial. No quedan dudas sobre el espíritu radicalmente reduccionista que inspira a la corriente. Por ello, la afirmación de que "menos es más" no deja de ser una clave importante para su comprensión. Los minimalistas crearon preferentemente objetos tridimensionales, ubicados en el espacio real del espectador. Para su construcción emplearon, por lo general, mate-riales industriales sin modificar su identidad específica: hierro galvaniza-do, acero laminado, aluminio, etcétera.
La estética minimalista no se manifestó sólo en las artes visuales, sino también en la música, en la danza y en la literatura. Philip Glass y Steve Reich compusieron música de estructura modular sobre la base de la repetición. Yvonne Rainer utilizó en sus coreografías movimientos banales (como estar de pie, caminar y correr) ejecutados de manera neutral e inexpresiva….
En Colombia el Minimalismo empieza a manifestarse a finales de los años sesenta a través de las pinturas impecables, rigurosas y severas de Carlos Rojas, Manolo Vellojín y Fanny Sanín, a las que se unirían poco después durante algún tiempo las obras de Ana Mercedes Hoyos y Hernando del Villar, y más tarde las de Rafael Echeverri y Camilo Velásquez. El Minimalismo además, aporta una desacostumbrada fuerza a la escultura en el país, especialmente con las obras controladas y contundentes de John Castles, Alberto Uribe y Ronny Vayda. Algunas piezas recientes de Eduardo Ramírez Villamizar así como algunos trabajos de artistas jóvenes como Mónica Negret y Consuelo Gómez también acusan claras relaciones con los principios de este movimiento…
Tomado del libro: Arte y Artistas de Colombia - Impresión: O.P. Gráficas Ltda. - Publicación: Compañía Central de Seguros – 1986
Pues hasta donde yo sé, se trata de una corriente de diseño que propugna la relación entre textura, color y forma, dejando de lado todo adorno, jugando con superficies lo más limpias posibles. La composición es una de las mayores preocupaciones de los minimalistas. En ese sentido, son como los neoplasticistas: buscan combinaciones de elementos puros.
ARQUITECTURA MINIMALISTA
El término minimalismo nació para un arte que no quería ser ni pintura ni escultura y ha terminado siendo de todo. El crítico británico Richard Wollheim lo empleó por primera vez en 1965 para referirse a la radical reducción racionalista promovida por las nuevas tendencias del arte.
Desde entonces este término ha crecido y ha mudado hasta instalarse por doquier empezando por la arquitectura.
Características de la arquitectura minimalista:
Conceptos como reducción, síntesis, depuración, austeridad, orden, repetición, desnudez ornamental o pureza material parecen haber dejado de llamarse racionalistas, para ser definitivamente identificadas como minimalistas. El minimalismo puede considerarse como la corriente artística contemporánea que utiliza la geometría elemental de las formas. Las formas son las que establecen una estrecha relación con el espacio que las rodea. Para ello el artista se fija sólo en el objeto y aleja toda connotación posible.
Características:
.- Abstracción
2.- Economía de lenguaje y medios
3.- Producción y estandarización industrial
4.- Uso literal de los materiales
5.- Austeridad con ausencia de ornamentos
6.- Purismo estructural y funcional
7.- Orden
8.- Geometría elemental rectilínea
9.- Precisión en los acabados
10.- Reducción y síntesis
11.- Sencillez
12.- Concentración
13.- Protagonismo de las fachadas
14.- Desmaterialización
Teorías sobre el origen del minimalismo
Hay quienes consideran que el minimalismo es una versión corregida y extremada del racionalismo y de la abstracción con que las artes responden a la aparición revolucionaria de la industria a finales del s. XIX. En este momento, el arte y la arquitectura modernos adoptaron la máquina como modelo de obra autosuficiente reducida a su pura esencia y en pos de una autonomía. La nueva arquitectura rechazaba la tradición de estilos que habían constituido durante siglos su repertorio constructivo, en un intento de evitar todo simbolismo y subjetivismo...
Varios piensan que Mies fue el precursor del minimalismo, pues él fue el que dijo eso de "menos es más".
El minimalismo es poder decir con menos más.
Un buen representante del minimalismo es Donald Judd, un aritsta, o Sol Le Witt. En arquitectura hay que revisar a John Pawson y a Dominique Perrault.
También mucha de la "arquitctura teórica" del momento termina siendo "minimalista", pero es porque a ellos les importa más el edificio como tal, lo que debe ser, que los detalles de éste. Aunque a veces parten de un detalle pa' resolver el resto del edificio. Un caso de esto es Koolhaas. Él dijo una vez que sus proyectos no tenían detalle porque el dinero no alcanzaba para ello.
"El arte tiene que vivir al margen de las preocupaciones sociales"
El arquitecto británico John Pawson (1949).
El término minimalismo se ha incorporado ya al lenguaje cotidiano, asimilado a lo sobrio o a lo desnudo, a lo monocromo e incluso a lo pequeño. Este arquitecto británico, defensor del minimalismo arquitectónico, ha pasado de diseñar galerías y boutiques a proyectar un monasterio.
Texto: ANATXU ZABALBEASCOA
Como ocurre con algunos términos de la historia del arte, la palabra minimalismo ha pasado de nombrar un movimiento a convertirse en adjetivo. De la misma manera que lo barroco y lo rococó se convirtieron en voces sinónimas de lo cargado y lo sobrecargado, lo minimal designa hoy aquello que es sobrio y contenido. John Pawson es, para muchos, el gurú de la arquitectura minimalista. Autor del libro Minimum -que recoge en imágenes su ideario estético-, este británico asegura responder con su obra y su vida al concepto que desprecia lo irrelevante como camino para enfatizar lo importante. Su ropa, sus muebles y su estudio de Londres transmiten aparente austeridad que ha llevado a Pawson a rediseñar no sólo tiendas para Calvin Klein, galerías de arte, viviendas y hasta un monasterio cisterciense en la República Checa -"llevé a los monjes a mi casa y me preguntaron si no sería demasiado austero para ellos"-, sino también mantas, mesas, bandejas y, últimamente, un libro sobre cocina, también minimalista, naturalmente.
Muchos edificios son hoy minimalistas y, sin embargo, muy pocos arquitectos admiten esa etiqueta.
A la gente le molesta las etiquetas porque todos tenemos conciencia de nuestra individualidad. La palabra ha cuajado en la cultura popular y, tal vez por eso, algunos se muestran reticentes ante ella. Los arquitectos aprenden de estructuras, de diseño, pero no sienten, necesariamente, implicaciones emocionales con lo que están haciendo. Para mí, la arquitectura forma parte de las preguntas que me hago como individuo. En la vida trato de reducir las cosas, de simplificar, y lo mismo hago como arquitecto.
¿Si el minimalismo es esencialidad y reducción, es algo nuevo o algo que ha existido siempre?
R. Las dos cosas. Es nuevo porque vivimos en una sociedad muy nueva. Nunca hemos estado tan ocupados ni nos hemos movido tan deprisa ni hemos tenido tantas cosas. El artista Michael Landy hizo hace poco una obra en la que catalogaba todo, todo lo que tenía, desde los libros hasta los calcetines o las sillas, y lo destrozaba. Se deshizo de todas sus pertenencias, incluidos sus propios cuadros y su pasaporte. Tenía 7.004 cosas y se quedó sin nada.
¿Por qué?
Para explorar la dependencia de vivir en una sociedad de consumo, para tratar de entender lo que las cosas significan para nosotros. Para saber lo que es no tener nada. No quiero decir con eso que todos tengamos que pasar por esa fase, pero está claro que tenemos demasiadas cosas. La mayoría de ellas innecesarias y algunas molestas. Hace cien años la gente no tenía 7.000 cosas, se vivía con 70.
¿Y se vivía mejor?
En muchos sentidos sí.
¿No cree que Barragán o Siza ya eran minimalistas antes de que se acuñara el término?
Sin duda comparten algunas de las características, pero también las compartía Mies van der Rohe. El minimalismo es una etiqueta que permite diferencias individuales. Yo trato de hacerlo todo de la manera más sencilla posible. Tengo pocas posesiones y pocos amigos. Valoro más la calidad que la cantidad y tener menos confiere libertad. Eso puede parecer contradictorio. Barragán tenía mucho dinero, clientes ricos y una vida de abundancia.
¿Y usted no?
Yo la tuve, pero me deshice de ella. Se necesita dinero para muchas cosas: tener una oficina, comer, educar a tus hijos, pero se puede vivir sin nada más que eso. En determinado momento de mi vida renuncié a mis po sesiones para empezar de nuevo. Paradójicamente, si uno tiene una educación, familia y vocación, el dinero termina por volver. Luego me casé, tuve hijos y volví a necesitar dinero. Es una cuestión de prioridades.
Para los minimalistas de hoy, ¿qué es más importante, la herencia arquitectónica del Movimiento Moderno o la de los artistas del minimalismo?
Siempre me he sentido más inclinado hacia el arte que hacia la arquitectura. La inspiración está asociada al arte y tal vez los precedentes, a la arquitectura.
Al contrario del Movimiento Moderno, que defendía un ideario social -viviendas dignas para todos- con un resultado arquitectónico concreto -geometrías sin ornamento, relación entre interior y exterior del edificio-, el minimalismo parece carecer de ideología.
Se trata de un movimiento evidentemente elitista, pero en eso radica su fuerza. Poca gente puede tener un espacio minimalista, pero a la vez poca gente podría vivir en un espacio así. En Inglaterra sabemos bastante de elitismo y de antielitismo. Se suponía que la cúpula del milenio que proyectó Richard Rogers iba a gustar a todo el mundo; pero no le gustó a nadie. Los arquitectos debemos hacer nuestro trabajo lo mejor posible y no preocuparnos por el mercado. Las cosas buenas terminan por gustar a todo el mundo. El arte tiene que vivir al margen de las preocupaciones sociales.
¿El minimalismo es el estilo de la falta de imaginación?
Es muy difícil hacer buena arquitectura minimalista. Cuando termino un proyecto por lo general no quiero que nada lo decore. La luz y la textura de un espacio pueden ser una obra de arte.
¿Al limitar un vocabulario arquitectónico es más fácil no cometer errores?
Es más fácil ser discreto. Pero es más difícil no equivocarse ya que cualquier error resulta mucho más visible.
P. ¿Alguna vez ha sentido la tentación de trabajar de otra manera, de utilizar el color, las curvas?
Me gusta mucho visitar otros edificios, y ver las casas de otras personas, tumbarme en sus sofás. En mi casa no tengo sofá porque ocuparía demasiado espacio y eso me molestaría.
P. Además de la falta de confort, los espacios minimalistas parecen carecer de memoria.
La comodidad no es sólo un sofá mullido, la mala iluminación puede resultar muy incómoda. Si tienes expues-ta la foto de tu madre y la ves cada día, llega un momento en que dejas de verla. Si buscas la foto de tu ma-dre cuando la recuerdas le dedicas más atención cuando la miras. El minimalismo es un poco eso: frente a vivir rodeado de retratos, elegir cuándo quieres ver la foto de tu madre.
Hacia la quinta esencia de las formas
Luego me vino a la cabeza el ejemplo de los franciscanos de Asís, y el período románico, y pregunté al aire si no se estarían repitiendo las cosas.
Estaba el caso del artista Michael Landy, quien llevó a cabo una obra en la que catalogaba todo lo que tenía, “desde los libros hasta los calcetines o las sillas, y lo destrozaba.
Se deshizo de todas sus pertenencias, incluidos sus propios cuadros y su pasaporte. Tenía exactamente 7.004 cosas y se quedó sin nada ”, para probar a todos que tenemos de todo en exceso.
Dudé al escribir MINIMALISMO con mayúsculas y me acordé del gran artista Herbert Bayer, de la Bau-aus, que proponía que desaparecieran las mayúsculas. Esa, en particular, fue su gran aportación al minimalis
mo; con algo se empieza.
Lo cierto es que el minimalismo se impone metro a metro en los espacios, curiosamente, de la gente que más tiene. Hace falta un sociólogo que explique ese cambio en los gustos:“Hijo de nuevo rico, rico austero ”.
Los globalifóbicos, por otro lado, siguen a pie juntillas la preceptiva de la escritora polémica Naomi Klein, quien escribió un libro llamado No logo.
Para algunos, el minimalismo es un fenómeno que ya quedó atrás. Y muchos constructores y arquitectos se ofenden si uno osa etiquetarlos dentro de esta tendencia. Piensan que el minimalismo “es el estilo de la falta de imaginación ”. Sin embargo, hay que reconocer que esta corriente vive su mejor momento, y que es el punto de fuga, dicen, hacia el que convergen todas las líneas.
En los últimos diez años el «minimalismo » ha alcanzado en la arquitectura uno de sus momentos de mayor prestigio, que se sostiene, en buena medida, anota un crítico,“más que por la calidad intrínseca de las obras, por la sostenida campaña de difusión de las mismas, hasta el punto de constituir el discurso dominante en los medios especializados ”. El minimalismo propone una estética “reducida a la mera visualidad, tensionando la abstracción al punto de perder la evidencia de la realidad ”.Como si fueran obras provenientes de ninguna parte,“se trata de obras autónomas ajenas al lugar y ahistóricas, en las que la reducción de los eventos arquitectónicos ha puesto en riesgo el vínculo entre necesidad y arquitectura ”. La crítica va más allá: “El énfasis en el aspecto físico de la obra, se entiende a partir de una realidad en la que el repliegue sostenido del espíritu ha dado paso a las servidumbres materiales, las que han ido copando apresuradamente cada espacio de nuestra sociedad ”.
Minimalismo a la máxima potencia
El movimiento ha ganado cada vez más adeptos en todas las esferas sociales. En el libro Minimalismo, Minimalista, se destaca que “el minimalismo es una forma de creación que se extiende lentamente a través de décadas en diversas disciplinas relacionadas con las artes. Más que un ismo, lo entendemos como una nueva sensibilidad. Un nuevo sistema de creación que nace de la estela de influencia que deja el minimal art y a partir de algunos ideales de la modernidad”.
Para los editores de este libro (con más de 1000 páginas!), aparte del lenguaje que el minimalismo ha creado en el teatro, la música, la danza y el cine, existen contundentes evidencias de cómo esta tendencia se ha fincado sobre todo en la moda, en el diseño, en los muebles, en la arquitectura y en los interiores.
Y en Internet la pasión se multiplica. Cuando uno escribe en el busca-dor electrónico la palabra minimalismo (en mayúsculas o minúsculas, da igual) Google o Yahoo! ofrecen más de 15,000 opciones. Los Edifi-cios de concreto desnudo, por donde se desplaza la luz con pereza intermitente, como los de Paulo Mendes da Rocha, que parecen “hechos de grandes gestos estructurales y geométricos en hormigón armado”, son la constante.
Pero también abundan los ejemplos del concreto combinado con el cristal, o con los metales oxidados, o con la madera cruda y con el plástico.
La constante es, además del concreto, que no hay adornos: sólo espacios organizados sutilmente mediante formas geométricas muy justas, a veces constreñidas por colores firmes, donde las sombras y las luces disputan por el dominio de cada centímetro.
En el trato diario el término se ha colado hasta chotearse. Y se habla de cocina minimalista, diseño minima lista, manufactura minimalista, administración minimalista; poesía y literatura minimalistas; política y economía idem, y quién sabe cuántas cosas más a las que se califica así con evidente e insoportable afectación.
Emparentada con la música, la arquitectura minimalista es el espacio ideal para alojarla. De hecho, la música ha recibido de lleno esta influencia: “Una de las formas de la nueva sencillez es el minimalismo, la articulación del discurso sonoro a base de células melódicas o rítmicas repetitivas. El resultado es una música accesible y sugerente, agradable en ocasiones, monótona en otras,que con frecuencia tiene un valor casi ambiental ”, definía una revista musical.
“Algunos de los principales compositores minimalistas son los EE.UU. Terry Riley (1935), Steve Reich (1936) y Philip Glass (1936) y el estoniano Arvo Pärt (1935), quien también echa mano de la técnica collage y de otros elementos en una música de inspiración religiosa.”
¿Un misticismo ambiental?
En el marco de la doctrina Zen, tan vinculada a la naturaleza, la arquitectura de los jardines tiene un carácter minimalista; el jardín nipón reproduce con unos cuantos componentes vegetales o inorgánicos, dispuestos aparentemente al azar, minúsculos paisajes que dan cuenta de las connotaciones simbólicas del mundo natural:
“Desde el bambú en tanto que representación de la longevidad hasta la tranquilidad intemporal encarnada por la roca”.
Asimismo, el propósito de inducir el estado mental idóneo para apreciar la belleza, y el significado profundo de la naturaleza, están en el principio de esta corriente artística. Sin embargo, hay algo más que la tradición japonesa en el minimalismo, algo que es el culto por “lo menos ”, si uno se atiene a la concepción que se atribuye a Mies Van der Rohe de “MENOS es más”, que llena muchas expectativas y temores que convergen en este comienzo de siglo.
Arte Conceptual, Ambientalismo, Minimalismo, Arte Povera, Body Art (ambientaciones, eventos, Land Art), son el fermento de la olla donde hierve esta corriente. Antes de que supiera que estaba describiendo al mini-malismo (quizás nunca supo que lo hacía), Antoine de Saint Exupery (sí, el autor de El Principito) escribió en Tierra de hombres, que “todo el esfuerzo industrial del ser humano, todos sus cálculos, todas las noches pasadas en vela delante de los planos, le conducen, como signos visibles, a la sencillez, como si fuera nece-saria la experiencia de muchas generaciones para ir mejorando poco a poco la curvatura de una columna, la del fondo de un barco o la de un fuselaje de avión, hasta conseguir la pureza elemental de la curvatura de un seno o de un hombro.
“En apariencia podría parecer que el trabajo de los ingenieros, de los proyectistas, de los responsables del cálculo, consiste únicamente en pulir y eliminar… hasta lograr que de un fuselaje no cuelgue sólo un ala, sino una forma perfectamente desarrollada, liberada de todo lo superficial, una especie de conjunto espontáneo, misteriosamente unido y de calidad similar a la de un poema. Es como si la perfección se alcanzase no cuando está todo añadido, sino cuando ya no se puede suprimir nada.”
Gestación del minimalismo
El término minimalismo nació para un arte que no quería ser ni pintura ni escultura y que ha terminado siendo de todo. Se dice que el crítico británico Richard Wollheim lo empleó por primera vez en 1965 al tratar de definir el reduccionismo radical “racionalista ” promovido por las nuevas tendencias del arte. Desde entonces el término dio vueltas en el aire y se posó en muchos talleres, laboratorios y despachos de constructores.
Lo cierto es que ha crecido “y ha mudado hasta instalarse por doquier, empezando por la arquitectura”.
Las características de la arquitectura minimalista pueden ser: reducción, síntesis, depuración, austeridad, orden, repetición, desnudez ornamental o pureza material.
Según los ortodoxos,“el minimalismo puede considerarse como la corriente artística contemporánea que utiliza la geometría elemental de las formas ”.Las formas son las que definen una estrecha relación con el espacio que las cobija.
Para ello el artista se fija sólo en el objeto y aleja toda connotación posible. Suma como características a la abstracción, la economía de lenguaje y medios, la producción y estandarización industrial, el uso de materiales neutros, como el concreto desnudo, la austeridad sin ornamentos, el purismo estructural y funcional, el orden, la geometría elemental rectilínea, la precisión en los acabados, la reducción y la síntesis, la sencillez, la concentración, el protagonismo de las fachadas y la desmaterialización.
Hay quienes consideran que el minimalismo es una versión corregida y extremada del racionalismo y de la abstracción con que las artes responden a la aparición revolucionaria de la industria a finales del siglo XIX.
En ese momento, el arte y la arquitectura modernos adoptaron la máquina como modelo de obra autosuficiente, reducida a su pura esencia.
En un intento por evitar todo simbolismo y subjetivismo, la nueva arquitectura rechazaba la tradición de estilos que habían constituido durante siglos su repertorio constructivo.
Mínima historia del minimalismo
Para poder describir lo que es el minimalismo, primero se tienen que visitar, aunque estén muy cerca, sus antecedentes: el racionalismo y la abstracción se consolidan a fines del siglo XIX.
En la Exposición Universal de Chicago en el año 1893, el pabellón japonés causó revuelo entre los arquitec-tos de la época precisamente por su sencillez. De ese modo, la onda expansiva alcanzó a los diseñadores en Europa, quienes adoptaron la nueva tendencia, iniciada allá por el arquitecto Adolf Loos en su tesis de 1908, en la que establece al ornamento como evidencia de un delito arquitectónico.
Las más tempranas fuentes se encuentran en obras suprematistas de Malevich y en trabajos de Tatlin y Mondrian. También en los «ready-mades » de Marcel Duchamp, por su minimización de la maestría artística. Con la llegada de las dos guerras mundiales, en una Europa devastada, comienza una nueva etapa en “donde abunda la gran escasez de recursos ” de cualquier tipo: económicos, de identidad, de materiales, etcétera. Esto crea nuevas tendencias que se entrecruzan, en los años 50 y 60, con obras de artistas unidos al racionalismo y a la abstracción; de nuevo los nombres que suenan son los de Adolf Loos, Le Corbusier o Mies Van Der Rohe.
Es la estética de quienes buscan la calma en el medio del caos de la ciudad. Implica el retorno de la austeridad y la simplicidad, como reacción a una sociedad consumista. Es la abstracción a lo mínimo posible, pretende mostrar la máxima síntesis de quien habita una casa. Privilegia el espacio y la luz como “lujos” de la sociedad actual. El vacío, la desnudez, la luz natural, los materiales puros, la simplicidad, el rigor y la severidad son su esencia.
Le Corbusier, que llamaba a superar los antiguos lenguajes y a trascender mediante el purismo, es el primero que declara que “los nuevos tiempos exigen un espíritu de exactitud, un espíritu nuevo ».Y publica un ensayo con el título: «El arte decorativo de hoy ».
Con ese texto estableció nada menos que la contradicción entre los términos decoración y modernidad, lo cual se va a ver reflejado en sus diseños de vivienda. En ese tiempo, pero en otra esquina, Mies van der Rohe se convirtió en el más influyente precursor contemporáneo del minimalismo. Esto queda patente en sus obras arquitectónicas en las que incorpora términos como economía o pureza material.
El minimalismo, diseño moderno o low design revive la vieja fórmula de Van Der Rohe en la que el diseñador de los años treinta privilegiaba la sobriedad sobre los ambientes recargados. “Con su aplicación,el arquitecto consigue que la forma derive de la estructura y los materiales se usen de modo auténtico, sin camuflajes estilísticos ”.Se trata de conseguir la pureza clásica gracias a la ausencia de cualquier elemento secundario.
«Less is more??? es la aportación de Mies al minimalismo. Por otra parte, tanto Luis Barragán como Mathias Goeritz añaden otros conceptos, como geometría pura, sobriedad, espiritualidad, además de la aplicación de colores de gran viveza en superficies extensas, mezclando estos conceptos con las expresiones vernáculas de México. Las Torres de Satélite, que no ocultan su esqueleto de concreto, son un ejemplo de esta manifestación.
La esencia del minimalismo, para algunos catalogadores de arte, es un conjunto de elementos tales como la pureza geométrica, la sencillez, el color, la escala, el volumen, la transparencia, los materiales, todo esto con la finalidad de alcanzar una tranquilidad espiritual, en la que el producto expuesto forme un papel protagónico en el espacio.
La arquitectura y los antivalores
Por supuesto, no todos se sienten atraídos por estos conceptos ni a todos se les antoja beber de las aguas de esta corriente; para ellos no es tan potable.
La arquitecta Laila Tame, en un artículo publicado en Internet, invita a los estudiantes de arquitectura a reflexionar acerca de “Los antivalores de la arquitectura de vanguardia”, donde, desde su punto de vista, “el capitalismo contemporáneo ha dado como resultado una ciudad en donde han proliferado las arquitecturas ligadas a la espectacularidad y las cuales utilizan el espacio como objeto de ‘performance cotidiano ’ del poder de consumo y del avance tecnológico.
“El capital ha superado el concepto de valor e invade los procesos de producción y los poderes de decisión” Alberto Kalach.
La composición es una de las mayores preocupaciones de los minimalistas. Esta problemática ha logrado que se considere la arquitectura como una forma explícita de expresión simbólica, mientras la globalización y la tecnología terminan con la identidad. Asimismo, siguen intactas las viviendas de nadie, la autoconstrucción, la falta de espacios verdes, y tratándose de imitar al primer mundo, ciudades que como París, han conservado sus ríos y áreas verdes, así como una baja centralización de servicios y densidad de población.
La identidad, dentro de su visión, se pierde, y sólo suenan los cascabeles del internacionalismo que todo lo aplana en fórmulas consabidas: hightech, posmodernistas, minimalistas o deconstructivistas, que “superpo-nen un mosaico de escenografías montadas sobre las grandes urbes”.
Hay en su texto frases subyugantes:
“La arquitectura sin identidad se mezcla con estructuras de alta tecnología como las pieles de vidrio reflectantes que se convierten en espejos que confunden al peatón y al usuario”…
“Estas arquitecturas espectaculares crean grandes gastos energéticos para ventilación y limpieza exterior, además que en esta ciudad de México con sismos frecuentes, el programa y el usuario nos exigen el uso de otros materiales, para ahorro de energía, donde se antojan nuevas propuestas funcionales antes que las formales…”
La autora invita a los jóvenes a que hurguen qué hay “detrás del deconstructivismo, minimalismo, la arquitec-tura fragmentada y las obras producto de las filosofías del caos o la secuencialidad. La arquitectura ha estado en un constante recorrer y una búsqueda motivada a veces por el afán de crear algo nuevo, desgracia-damente en este camino a veces ha sucumbido el principio más auténtico, el de hacer espacios habitables para el hombre”. El proceso de fractura y caos ha ido en aumento en las ciudades contemporáneas que se han vuelto sin esfuerzo altamente caóticas y peligrosas, especialmente en el tercer mundo donde conviven los niveles más extremos de riqueza y pobreza como en la ciudad de México (Buenos Aires, Sao Paulo, Caracas, Bogotá, Río de Janeiro, El Cairo, Bombay, etc.), debido a la falta de planeación, falta de respeto de planes de desarrollo urbano y problemas de índole socioeconómico y político.
Arquitectura madura
Este enfoque contrasta abiertamente con el de Roberto Segre, que en su ensayo “Globalización de experien-cias estéticas. América Latina 2000. Arquitectura en la encrucijada” afirmó que “la arquitectura latinoame-ricana había alcanzado por fin su mayoría de edad ”. Y reconoció que en “la década reciente se multiplicó el interés por obras y diseñadores del Hemisferio ”. Enumera enseguida una cascada de premios internacionales recibidos por decenas de arquitectos de talla y por la difusión de proyectos y construcciones “de Clorindo Testa, Ricardo Legorreta, Abraham Zabludovsky, González de León, Paulo Mendes da Rocha, Mathias Klotz, Ernesto Katzestein, Kalach y Álvarez, João Filgueiras Lima y Oscar Niemeyer.
Subraya el aporte de Luis Barragán y de “otros fundadores que forjaron la expresión de la identidad conti-nental y caribeña”. Y luego de un recorrido por la accidentada evolución de la arquitectura latinoamericana dirige su lupa hacia los movimientos que se están gestando en este momento: “Dentro del reduccionismo de los recursos materiales y la ruptura con los principios cartesianos del diseño que caracterizan el minimalismo y el deconstructivismo, sobresalen el Museo de las Esculturas de Paulo Mendes da Rocha en San Pablo, el Museo Xul Solar de Pablo Tomás Beitía en Buenos Aires y la sede del Banco Financiero Internacional de José Antonio Choy en La Habana. Finalmente, el conjunto de obras citadas demuestran la vitalidad de los profesionales latinoamericanos, que a pesar de las dificultades creadas por la precariedad económica y la invasión de los modelos ajenos, consecuencia de la persistente globalización financiera y cultural, intentan expresar la continuidad de una cultura dinámica, producto de la constante mezcla e hibridación de sociedades y tradiciones.
El objeto minimal
El término fue empleado por primera vez en 1965 por Richard Wolheim en un artículo en la revista Art Magazine. Con él se calificarán después una serie de obras fechadas en 1962 que insistían de forma metó-dica en manifestar formas puras creadas como reacción contra la preeminencia del expresionismo abstracto.
En las obras minimal se insiste en la forma pura y poco expresiva, no hay gestualidad ni tema sino la búsque-da de una factura impersonal. Entre los artistas que pusieron en práctica estas ideas figuran Robert Mangold.
Robert Rayman y Brice Marden , así como otros artistas más jóvenes que abandonaron la pintura como Carl Andre, Dan Flavin, Robert Morris, Sol Lewitt y Donald Judd. La obra de estos últimos queda definida por la utilización de formas geométricas primarias, de productos en serie y materiales fabricados.
Para conseguir la reducción formal deseada el objeto minimal, de un estilo puritano y estricto, se despoja de todo adorno decorativo y se remite a las relaciones del espacio circundante que se resaltan tanto por el efecto específico de la luz sobre el material, como por la expansión del volumen.
Claves del periodo:
Tendencia principalmente escultórica.
Búsqueda de un gran efecto visual.
Uso de los mínimos elementos para conseguir un orden máximo.
Ausencia de todo significado o simbología.
Empleo de materiales industriales como el acero, hierro o cristal.
Acabado limpio y simple de la obra.
Arte mínimo
La nueva estética se denominó arte mínimo, pues practicaba la exclusión de la obra de todo aquello que no fuera fundamental, y por lo reducido de sus elementos compositivos. Sus principales representantes son Donald Judd, Dan Flavin, Carl Andre, Robert Morris, Frank Stella, Sol Le Witt y Richard Serra, aunque los dos últimos pueden también incluirse en el llamado Arte Conceptual (Le Witt) o en el postminimalismo (Serra), ambos movimientos contemporáneos del Minimalismo.
Las primeras obras marcadamente minimalistas son las llamadas pinturas negras de Frank Stella y los cuadros blancos de Robert Ryman de principios de los sesenta, donde ya se ha eliminado cualquier resto de ilusionismo y romanticismo. Sus antecedentes podrían ser algunas de las obras más reduccionistas de Ad Reinhardt, Yves Kline y Barnet Newman. Carl Andre se sintió influido por este trabajo cuya génesis conocía bien pues compartía estudio con Stella. El trabajo de Andre se caracteriza por la horizontalidad que imprime a todas sus piezas (normalmente esculturas de suelo compuestas por la alinea-ción de láminas de acero) y por la ausencia de volumen o masa en su escultura.
De todos ellos el que mas trabajó y escribió para dotar a las estructuras mínimas de una base fuertemente teórica fue Donald Judd. Empezó investigando la separación entre escultura y pintura en un ensayo titulado Objetos específicos que publicó en 1963 en el que afirmaba que las mejores obras de los últimos años no eran ni pintura ni escultura Sus escritos, junto con su obra y la Fundación que estaba creando en Marfa (Texas), quizás representen el cuerpo de trabajo más ortodoxamente minimal. Sus esculturas (en muchos casos cajas de madera o aluminio alineadas o superpuestas, contra la pared o exentas), al igual que las de Flavin (tubos de neón dispuestos en el espacio), liberaron a la obra de arte de su carácter de objeto, aunque el paso definitivo en este sentido lo daría el Arte Conceptual.
En el caso de Flavin, su utilización de los tubos de neón suponía una forma completamente nueva de tratamiento del color en la obra de arte, al tiempo que convertían el espacio en parte de la escultura o en la escultura misma. Otros problemas como la escala, o la misma instalación de la pieza, fueron tratados por Judd tanto en sus escritos como en su obra. Creó la Fundación Chinati en Marfa con el deseo de instalar definitiva y adecuadamente no sólo su propio trabajo, sino el otros artistas como Flavin y Chamberlain.
La coherencia teórica del Minimalismo hizo que inmediatamente influyera en otras áreas de la expresión artística, desde el diseño industrial, al ballet y a la música. Ha sido el origen del arte conceptual y cuenta en la actualidad con más de treinta años de vigencia.
fuentes:
Arte Philips de Chile. Términos minimalistas. Arte y Artistas de Colombia.
Compañía Central de Seguros - 1986
Mas de arte. Arte y movimientos - Micronet, enciclopedia virtual
Minimalismo
La música minimalista es una categoría extendida y diversificada que incluye, por definición, toda la música que funcione a partir de materiales limitados o mínimos; las obras que utilizan solamente algunas notas, solamente algunas palabras, o bien las obras escritas para instrumentos muy limitados, como címbalos antiguos, ruedas de bicicleta o vasos de güisqui. Ello incluye las obras que sostienen un simple gruñido electrónico durante largo rato. Las obras exclusivamente constituidas de grabaciones de ríos o cursos de agua. Las obras que evolucionan en ciclos sin fin. Las obras que instalan un muro estático de sonidos de saxofón. Las obras que implican un largo lapso de tiempo para evolucionar de un tipo de música a otro. Las obras que abarcan todas las alturas posibles a condición de que estén comprendidas entre do y re. Las obras que reducen el tempo hasta dos o tres notas por minuto.
Quizás las formas mas antiguas de minimalismo o de reductivismo son en realidad de artistas visuales como Malevitch y de otros adeptos al suprematismo en Rusia y en Polonia, o bien de Mondrian, que trabajó algunos años más tarde en Holanda, con un mínimo de colores y de formas. O incluso de la escuela de minimalismo en la escultura, que , en el curso de los años cincuenta en Nueva York, usa las formas simples de cuadrados y cubos. Artistas como Sol LeWitt y Carl André pertenecen a esta corriente.
Las Vejaciones de Erik Satie, con sus 840 repeticiones, y la pieza silente de John Cage, 4'33", constituyen dos primeros ejemplos musicales, a pesar de que este punto de vista no fue extensamente adoptado hasta los años 60 y 70, cuando puede ser observado en numerosos lugares, con la influencia clara de las artes visuales. Los bordones del americano La Monte Young, la serie de Presque rien del compositor francés Luc Ferrari, los motivos repetidos del americano Terry Riley, las texturas diatónicas simples del estonio Arvo Pärt, las composiciones estáticas del compositor polaco Tomasz Sikorski y los cánones rigurosamente circulares del húngaro Làszlo Sàry no son más que algunos ejemplos de la producción de numerosos compositores que han escogido desde esta época explorar el microcosmos en vez del macrocosmos.
Ciertos autores han escrito "minimalismo" con una M mayúscula, y han declarado que es la invención de un compositor en particular, de una escuela o de una nacionalidad, pero el término deberá ser considerado como una categoría general, como la "multimedia" o la "música por ordenador", más que como un estilo específico.
Tom Johnson (del Vocabulaire de la musique contemporaine p. 91, editado por Minerve en 1992, ISBN: 2-86931-058-7)
Pärsson Sound - Cuando el minimalismo se encuentra con el rock
Muchas veces se ha hablado del cruce entre rock y minimalismo. Así como se abusa de dicha categorización estética al describir diseño de modas o incluso ciertas tendencias en la decoración o en la gastronomía, el mundo rock tiende a simplificar un fenómeno de por sí bastante más complejo.
No basta con repetir insistentemente un acorde para definir una música como “minimalista” , con éste criterio mucho del punk entraría en igual bolsa que otras músicas bastante más consistentes.
Para cuando comenzó a utilizarse el término (entre principios y mediados de los setentas en EEUU ) se intentó caracterizar a músicas bastantes diferentes entre sí pero con algunos rasgos comunes de los que la repetición sólo era una posibilidad. Uno de los puntos centrales de éstas músicas se relacionaba con una idea distintiva sobre el tiempo musical, sobre un flujo de sonidos que (por no responder a esquemas tradicionales de melodía y acompañamiento) sería “no-lineal” o “no-direccional”. Para responder a éstos principios, los músicos podían recurrir a repeticiones hipnóticas de sonidos tanto como a tonos continuos sin otra intención que demostrar el valor de un sonido, un acorde o el juego de acentos como algo capaz de constituirse en variación. Muchas de estas experiencias se basaron en la apreciación de músicas no occidentales (India, Japón, Indonesia, Tibet, Africa, culturas indígenas, etc.) o directamente en las experiencias físicas de percepción llevada a extremos insólitos tales como escuchar un sonido durante largas horas. Por citar una frase elocuente, a fines de los años sesenta, el compositor Phill Niblock dijo
“… lo que hago con mi música es producir algo sin ritmos ni melodías, utilizando muchos microtonos que causen movimientos sonoros muy, muy lentos…”
Si bien el minimalismo tuvo su crecimiento en los años setentas, se había originado mucho antes. Excede el propósito de este comentario remontarse a orígenes remotos del mismo a fines del s. XIX , pero muchos coinciden en afirmar que la obra “fundacional” del estilo minimal- reductivista es In C , del norteamericano Terry Riley (1964); una obra formada por la repetición de 53 pequeños fragmentos en la tonalidad de Do Mayor. Riley reconocía antecedentes en la música de La Monte Young, pero como les decía más arriba es materia más específica. Baste decir que desde los primeros sesentas, Riley exploró una música hipnótica, repetitiva, con fuertes reminiscencias de orientalismo y que fue un personaje digno de su tiempo. Con estudios de composición formal, pero con el bagaje de ser pianista de jazz y un beatnik capaz de recorrer Mexico en una pequeña van ( y luego subirse a un barco para seguir viaje a Europa y África del Norte). Riley se fue convirtiendo en un visionario explorador más allá de los límites impuestos por la música de su tiempo .
En el mismo periodo escribió piezas repetitivas como Keyboard Studies, Dorian Reeds y Reed Streams, al tiempo que se sumergía en un concepto de disolución del tiempo propia de aquellos años de experimentos psicodélicos y alteración de los niveles de conciencia. Este aspecto hizo que la música de Riley fuera bien recibida en circuitos vinculados al rock y la contracultura. Sus presentaciones hacia 1968 solían ser enmarcadas por light shows al mejor estilo de la psicodelia californiana y poco tiempo antes, en 1967 un taller musical dictado en Suecia por el compositor fue elemento clave para que surgieran bandas como Pärsson Sound.
Todo comenzó cuando Terry Riley fue invitado a dar estos cursos por el compositor experimental sueco Folke Rabe. Rabe trabajaba para la radio sueca y luego de una estadía en California en 1963 había quedado profundamente impresionado por la música del americano. Así fue que en 1967, la Corporación Radiofónica de Suecia encargó a Riley escribir una pieza para tocar en los talleres de la Escuela Musical Comunitaria de Nacka que incluía instrumentistas formados y otros estudiantes así como un coro. La obra, titulada Olson III, tenía principios similares a In C – con pequeños fragmentos repetitivos – y entre los asistentes e instrumentistas en los ensayos y charlas con Riley, se encontraron algunos personajes clave de lo que seria poco después el movimiento de música rock alternativa y experimental sueca de aquellos años con bandas como Träd, Gräs och Stenar y Arbete och Fritid . Efectivamente , los TGS fueron un derivado de los Pärsson Sound fundados por el compositor “underground”y guitarrista Bo Anders Pärsson, quien había iniciado la banda con el bajista Torbjörn Abelli. Pärsson estaba fuertemente influido por la música de Riley y por su dimensión atemporal del sonido. Trabajaba con loops de cintas que provocaban repeticiones y tonos continuos a la manera de los “mantras” de Riley, a su vez producto del interés psicodélico por la música de India y otras culturas orientales. A esto se sumaban a recursos de experimentación fílmica con collages, imágenes coloridas, geometrías abstractas y ondulantes con las que también trabajaba Pärsson y que aludían constantemente a abrir “las puertas de la percepción”.
Originalmente, las actuaciones de Pärsson Sound tenían lugar en extraños clubes psicodélicos de Estocolmo, como el Filips, el Pistolteatern, y en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo. Sin dudas que todo el marco era propicio para que el rock ( interés inicial del grupo, sobre todo en los Rolling Stones, The Fugs, o Hendrix ) mutara en algo mucho más arriesgado. No sólo había fervor por la música de Terry Riley, sino que esto se haría extensivo a diferentes músicas atonales, electrónicas sino que también habría un interés propio de las bandas del underground sueco : la valorización de las tradiciones folklóricas locales (incluídas músicas de la Edad Media y del Renacimiento). Asimismo, el clima político de aquellos años cercanos al 68 haría que Pärsson Sound derivara ( ya con otro nombre) en un experimento social y comunitario – no sólo musical -. Los otros integrantes eran Arne Ericssson (violoncello eléctrico),Urban Yman (violín eléctrico), Thomas Tidholm (vocal, instrumentos de viento) y el baterista Thomas Mera Gartz.
Así las cosas, Pärsson Sound se constituyó en una formidable amalgama de psicodelia, “mantra-rock”, mini-malismo, folklores primitivos (reconocibles o no), músicas antiguas, experimentos contemporáneos, shows lumínicos… Si muchos señalaron al Sister Ray, de Velvet Underground como quintaesencia del rock minima lista (y hay que reconocer las influencias de John Cage ) es porque faltaba una edición que permitiera difundir en mayor medida lo que fue Pärsson Sound. El bajo en insistencia rítmica, la percusión en un pulso que al rato dejaría de oírse y las líneas de guitarra y cuerdas eléctricas como una pared sonora de cambiantes vibraciones.
Tampoco era el sonido áspero de los VU, pues las influencias orientales y del folklore nórdico darían una cuota de delicadeza (casi) melancólica… eso sí, transfiguradas por la psicodelia. Las largas improvisaciones eran otro elemento como para hundirse en la “expansión” sensorial, algo propio del minimalismo más “metafísico” (al estilo de Riley y de LaMonte Young, por sólo citar dos ) y que puede apreciarse en otros colegas de la época de PS, los Folk-cósmicos Algarnas Tradgard y los Folk- minimal Arbete och Fritid.
La historia continuó al punto que Pärsson Sound derivó en un experimento comunal. Las utopías de lograr un mundo mejor y tomar a la cultura por asalto por medio de senseless acts of beauty se combinaron con la posibilidad de acciones sociales directas. La vida comunal y un gradual giro a expresiones políticas más concretas hicieron que PS cambiara su nombre por International Harvester en honor a la marca del autobús modelo 1949 en que los Merry Pranksters de Ken Kesey surcaran los Estados Unidos con sus Acid Tests. Las referencias a Ho Chi Minh, y un cambio posterior de nombre a Harvester fueron el preludio a los un poco más conocidos Träd, Gräs och Stenar, que en clave algo más Folk serían una digna continuidad de la historia. Progresivismo en la era psicodélica. Influencias varias pero reconocibles y sustantivas han hecho de Pärsson Sound un grupo único. El compromiso con las fuentes sonoras de diversa extracción fue evidente y una audición atenta permitirá encontrar todas esas referencias musicales. Por si esto fuera poco, el carácter chamánico, experimental – y por qué no – mágico de su sonido nos lleva a las profundidades del rock. Un rock menos inmediato, más arcano, con gran espacio para las sutilezas pero con un carácter visceral , “expansivo”, propio de la generación de 1968 pero con plena vigencia si aún pensamos que el rock puede ( o pudo) ser una música transformadora.
Daniel O. Varela, Octubre 2002
Minimalismo, el encanto de lo sencillo
Denominación para una corriente artística contemporánea, que utiliza la geometría elemental de las formas, en una estrecha relación con el espacio en que se inserta la obra, pues considera que "todo es parte de todo". El minimalismo se fija sólo en el objeto y aleja toda connotación posible, evita cualquier reflejo de la interioridad del artista. El minimalismo es un arte intelectual, generalmente representa figuras Geométricas pequeñas con detalles que invitan a investigar sobre su significado. El artista repite el tema muchas veces con variaciones.
1965: En 1965, el teórico y artista Donald Judd, publicó un artículo en la revista Specific Objects en el que exponía las razones por las que abandonaba la pintura en favor de la escultura como soporte para expresar sus ideales de absoluta objetividad. Ese mismo año, Richard Wollheim empleaba por vez primera el término 'minimal' para referirse a las obras creadas según estos principios desde 1962.
Minimalismo
La simplicidad de las formas no implica necesariamente la simplicidad de la experiencia", declaraba Robert Morris. Y este es un concepto clave para entender el más desconcertante de los movimientos de posguerra. Minimalismo es el nombre que predominó sobre cool art, ABC art, estructuras primarias, objetos específicos, objetos unitarios y arte de lo real. Ninguno de los artistas aceptó la etiqueta de minimal, que fue una creación de profesionales del arte, críticos, galeristas, historiadores y periodistas.
En 1966, Richard Wollheim escribió un ensayo titulado Minimal Art, donde hablaba de la apropiación de imágenes prehechas como lo hacía Warhol, Lichtenstein, Judd o Morris, que minimizaban el contenido artístico del producto. El mismo año, en el Museo Judío de Nueva York se expuso Estructuras primarias, la primera muestra que unificó esta tendencia como un cuerpo artístico. Se habla de minimalismo refiriéndose a toda austeridad estilística, al énfasis en la geometría y la anulación de la técnica expresiva en las obras de tres dimensiones hechas después de 1960. Sus antecedentes lejanos son el suprematismo y el constructivismo ruso y el neoplasticismo holandés. El minimalismo es algo más que una tendencia en escultura, es una actitud que se verifica en la música, el teatro, la danza y la literatura y que todavía hoy mantiene su vigencia.
Esculturas por teléfono
Los minimalistas pretenden que sus obras sean como los números, moral y metafísicamente neutrales (aunque en rigor existe una simbología de los números). En ellas no hay evidencia de trabajo, pues no se valora la habilidad manual. De hecho, Donald Judd encargaba sus esculturas por teléfono y Dan Flavin elegía los tubos fluorescentes por su disponibilidad y hacía que la obra la ejecutara un electricista siguiendo especificaciones muy precisas. Para ellos el trabajo es alienante, rechazan el concepto heroico de la actividad creadora y, sostienen que la labor física es lo menos determinante del arte, preferían absorber ideas más que técnicas. Con las obras del minimal hay una experiencia directa; el minimal no es metáfora ni símbolo de nada. Hay una elocuencia lacónica en estos minimalistas que prefieren usar un material cotidiano rechazando materiales "artísticos". Con las obras de Donald Judd, Richard Serra o Dan Flavin, la galería de arte dejaba de ser un mercado de artículos raros y preciosos para ofrecer algo anónimo y repetitivo, como una metáfora de altruismo e igualitarismo político.
El minimalismo surgió en los 60, en los Estados Unidos, junto al pop art, cuando la producción en masa y la superabundancia de la industria controlaban la estética de los objetos como ya no lo podía hacer un artista. Entonces se produjo una tensión entre la estética industrial y la indefinición del límite entre arte y no arte. Se crearon nuevas relaciones entre el objeto y el hombre y los minimalistas apuntaron a nuevas nociones de escala. En una sociedad de producción y consumo, para los minimalistas el no hacer era un gesto afirmativo. Resumidamente, las características de esta tendencia son las siguientes: no es ambiguo, es claro, la información plástica se reduce al mínimo, se usan materiales industriales como hierro galvanizado, tubos fluorescentes o ladrillos térmicos, se prefieren formas geométricas, sistemas modulares, máximo orden y mínimos medios.
En 1963, Robert Morris expuso en la Green Gallery estructuras geométricas de madera pintada en gris, que funcionaban como esculturas, pero no tenían base ni demarcación, ofrecían superficies planas e invariables, su forma y disposición eran clara y obvia a primera vista, sin disimular nada y sin sorpresas visuales. Más adelante, algunos críticos vieron en ellas el advenimiento del minimalismo, pero en su momento no fueron bien recibidas, Michael Fried continuador de las teorías del influyente Clement Greenberg, sostenía que esos trabajos pertenecían más al ámbito del teatro e inició una polémica en la revista Artforum. Morris le contestó en largos y eruditos artículos que sus obras podrían ofrecer una experiencia trascendiendo las condiciones materiales de su existencia. Esta fuerte interacción entre crítica y producción artística sería una de las marcas más distintivas del minimal. En 1961, Maurice Merleau-Ponty publicó Fenomenología de la percepción, donde Morris vio muchos paralelismos con la forma de ver y experimentar el minimal. Morris proponía la escultura como un objeto gestáltico, esto es, como una forma simple cuya configuración fuera inmediatamente aprehendida por el espectador y que una vez reconocida toda la información fuera agotada liberando al público de considerar otros aspectos como la escala, la proporción, el material y la superficie en una relación cohesiva con su unidad fundamental. Estas declaraciones eran extrañas para la entonces imperante delectación estética que aislaba la obra del espacio y tiempo contingente y que no tenía en cuenta los matices ópticos del espacio de una galería de arte. Para pesadilla de Fried, había otros artistas, además de Morris, que producían objetos incalificables y literales como los de Donald Judd.
Derrotar la ilusión
Este último incursionó en el mundo del arte desde la crítica que ejerció entre 1959 y 1965. Cuando vio las pinturas negras de Frank Stella, quedó impresionado por las interrelaciones entre el diseño simétrico y la forma de los bastidores que tenían una profundidad mayor que la acostumbrada. Pensaba que el "espacio real es intrínsecamente más poderoso y específico que la pintura sobre una superficie plana" y su meta era derrotar el ilusionismo; para ello había que ocupar el espacio, pero eludiendo la categoría de escultura, que implicaba en sí misma una cantidad de expectativas ilusionistas. Para Judd el ilusionismo era inmoral, pues falsificaba la realidad y cualquier disyunción entre la apariencia y la realidad -como el ilusionismo que distorsiona los hechos- es una afrenta a la verdad. Llamaba a sus obras "objetos específicos" y escribió un artículo con ese mismo título para aclarar su posición.
En 1965 expuso una pieza estrictamente simétrica de fabricación industrial a la que hizo algunas transformaciones, como combinaciones y soldaduras en ángulos inesperados y revestimiento de pigmentos brillantes, para que su origen sea secundario y no declarado. En 1964 comenzó una serie de cajas abiertas modulares con el interior vacío. Estaban confeccionadas con hierro galvanizado, pintadas con mismo esmalte de las motos Harley Davidson y colocadas en intervalos regulares sobre la pared. Conscientemente, Judd evitó usar madera, mármol o bronce, para evitar asociaciones humanistas, y el hecho de estar dispuestas en la pared eludía cualquier referencia a la figura humana, parada o acostada y cualquier ilusión de movimiento o flotación en el aire. Pretendían ser totalmente autorreferenciales. "No es necesario que un trabajo tenga muchas cosas para mirar, comparar, analizar y contemplar", afirmaba Judd, que purgaba de su obra todo, menos el orden. La progresión matemática de la repetición de unidades idénticas eliminaba la estructura jerárquica de la composición tradicional de elementos mayores y menores. Hacia el final de su carrera, Judd se mudó a Marfa, Texas, donde compró varios edificios en la ciudad y sus alrededores (una escuela pública, entre ellos) para exponer sus obras y la de sus contemporáneos. En un edificio abandonado que pertenecía al ejército expuso 100 unidades. Esta instalación consistía en cien piezas de aluminio de idénticas dimensiones y diferente estructura, en las que era difícil percibir reflejos, sombras y paneles sólidos, debido a la alteración de espacio perceptual provocada por la luz del sol.
Íconos sin gloria
Dan Flavin vivía marginado de la escena neoyorquina del arte, se interesaba algo por la poesía concreta y por el trabajo efímero en papel y había hecho relieves pintados a los que incorporaba chatarra y latas aplastadas. Pero encontró su vocación repentinamente, casi como una epifanía, cuando hizo Diagonal, 25 de Mayo de 1963, un trabajo que consistía sólo en un tubo fluorescente comprado en un local comercial y colgado de la pared de una galería en un ángulo de 45 grados. Casi ninguna de sus obras lleva título, pero sí una dedicatoria a diferentes personas. Usó exclusivamente tubos fluorescentes para construir sus íconos, como él mismo los llamaba y caracterizaba como "mudos, inmutables, anónimos y sin gloria". A diferencia de los otros minimalis-tas, Flavin era un romántico; en sus íconos de luz había evocaciones místicas y resonaban ecos del constructivismo ruso y sus utopías, como la unión de arte y ciencia y el uso de materiales industriales -más explícitos en la serie Monumentos para V. Tatlin-. Le interesaba explorar las ilusiones ópticas producidas por la disposición de luces en la pared como una forma de establecer un territorio lumínico. Investigó con tubos de diferente longitudes y colores, al principio sólo los alineaba contra la pared, pero después comenzó a crear dispositivos para los rincones o lugares específicos. Las obras puestas en las esquinas de una sala hacían desaparecer virtualmente el rincón. Se lo considera el primer artista que utiliza la luz como el elemento primario de su arte y ejerció una fuerte influencia en artistas más jóvenes, especialmente en California.
Llano como el agua
Carl André usaba ladrillos refractarios alineados o apilados. En 1965 mostró Equivalent I-VIII. que consistía en ocho “esculturas” hechas con dos hileras superpuestas de 120 ladrillos; cada una de sus formas estaban determinadas por cuatro de las posibles combinaciones factoriales del número, las ocho eran equivalentes en número y volúmenes. El artista afirmaba "mi trabajo es estético, porque no tiene forma trascendente, no tiene cualidades espirituales o intelectuales, y es materialista, porque se hace con el mismo material sin pretensiones de ser otro; también es comunicativo, porque es igualmente accesible a todos los hombres". Esto desafiaba la teoría de raíz kantiana enarbolada por Clement Greenberg, que pedía calidad en una obra de arte.
Minimalistas como Judd, en cambio, decían que una obra de arte sólo necesitaba ser interesante. Al mismo tiempo, Marshall McLuhan notaba que la televisión promovía el interés como la calidad para la experiencia del ver; más que el tema interesaba la manera en que la cámara se acercaba y cómo penetraba en él. Refiriéndose a la obra de André, Robert Hughes, crítico de la revista Time, puntualizó que un ladrillo fuera del museo es un ladrillo, pero dentro es una obra de arte. Pero no sucede lo mismo con una escultura de Rodin (forma pura) que en un museo o en un estacionamiento de autos sigue siendo una escultura. Según André, la escultura pasó por tres estados: la forma, la estructura y el lugar. De hecho, su obra es obra de arte sólo porque está en el lugar que la designa como tal. En este sentido, la vinculación con Duchamp es palmaria. André sostenía que su obra era como una versión en el suelo de la Columna infinita, de Brancusi (una serie de módulos romboidales que se repetía hacia arriba) y afirmaba: “La mayor parte de la escultura es príapica -refiriéndose a Príapo, que la mitología griega distinguía por su falo de gran tamaño-, pues está erguida en el aire como un pene; en mí trabajo, Príapo está en el piso". Sostenía que, a diferencia de otros escultores, él no cortaba el material sino que el material cortaba el espacio. Hay que considerar que los minimalistas necesitaban el espacio de la galería y del museo, y en este sentido eran menos subversivos que los artistas de Fluxus o los happening, que sucedían en la calle. La galería, a la vez reemplazaba, al taller como el lugar donde el trabajo tomaba su forma final. Más tarde, su trabajo se aplanó aún más cuando empezó a usar baldosas de metal; André pensaba que la escultura debía ser tan llana como el agua quieta. En las baldosas el uso de diferentes metales era equivalente al uso de diferentes colores: "el cobre es tan diferente del aluminio como el rojo lo es del verde", decía el artista, que se limitaba a acomodar los cuadrados sobre el piso pues "quien hacía todo el trabajo era la fuerza de gravedad manteniendo las piezas unidas". Los espectadores podían transitar sobre las baldosas de metal que a la vez tomaban posesión del espacio debajo de sus pies.
Casa de naipes
Richard Serra hizo una película de tres minutos, Mano atrapando plomo, que mostraba la mano del artista en un intento concentrado, repetitivo y fallido de querer atrapar jirones de plomo, uno tras otro. Así expresaba la simplicidad, literalidad y repetición serial típica del minimalismo. También hizo algunas performances para crear sus obras, salpicó paredes con plomo derretido a la manera del action painting de Pollock y acomodó unas fajas de plomo sobre el suelo evocando las franjas de las pinturas negras de Stella. Trabajaba con la inestabilidad, como en One-Ton Prop (House of Cards) que consistía en un típico cubo minimalista a no ser por cuatro placas de 250 kilos que se apoyaban mutuamente como si fuera una casa de naipes a punto de caer y sin ningún tipo de seguro para el público. Utiliza la fuerza de gravedad como aglutinante de su obra, donde todo es precario. Para este artista, amigo de los músicos Philip Glass y Steve Reich, el arte no es aburrido y tampoco desilusiona, no es más que el dispositivo que le permite al espectador ver sus propios sentimientos.
John McCraken simplemente apoyaba tablas pintadas sobre el piso, no se puede decir que insulten, conmuevan o aburran, simplemente no se puede decir nada. Aunque en verdad el artista veía sus tablas como dispositivos de meditación, a la manera de los monocromos de Klein, que servían para mirar "más allá".
En la costa oeste se destacó Larry Bell, que basaba su obra en un cubo transparente de cristal iridiscente, cuyos reflejos dejaban al espectador suspendido entre lo real y una presencia puramente óptica en una experiencia absolutamente introspectiva.
EL MINIMALISMO
w Un estilo donde los protagonistas son la luz y el espacio, donde cada objeto tiene su lugar y su porqué.
w Un lujo que se relaciona con la sobriedad y el buen gusto de una nueva era.
Las razones de un estilo
El minimalismo, diseño moderno o low design, revive la vieja fórmula de Mies van der Rhode, el diseñador que en los años 30 convulsionaba al mundo con su teoría de que “menos es más”, privilegiando la sobriedad sobre los ambientes recargados. Es la estética de quienes buscan la calma en el medio del caos de la ciudad.
Implica el retorno de la austeridad y la simplicidad, como reacción a una sociedad consumista. Es la abstracción a lo mínimo posible, pretende mostrar la máxima síntesis de quien habita una casa.
w Privilegia el espacio y la luz como “lujos” de la sociedad actual.
w El vacío, la desnudez, la luz natural, los materiales puros, la simplicidad, el rigor y la severidad son su esencia.
Claves para la ambientación
w Los muebles deben ser de líneas depuradas, simples y sencillas. Deben resultar fáciles de usar, apilables, plegables, móviles; hechos para trasladarse y cumplir funciones múltiples.
w Se privilegian las maderas claras, los colores suaves, los vidrios satinados y el acero.
w Se colocan muy pocos objetos, pero importantes, ubicados estratégicamente.
w El color y los materiales son elementos unificadores.
w Como deben conservase o mostrarse pocas cosas, son importantes los muebles contenedores, de líneas rectas y puras, que generen un espacio oculto para guardar lo superfluo.
w El espacio puede estar despoblado de objetos, pero no parecer vacío. Un ambiente bien resuelto puede albergar cualquier tipo de muebles, porque la clave está en que cada objeto justifique de alguna manera su presencia.
w La calidad de la luz es fundamental. Con una correcta iluminación se pueden crear efectos, lograr que los espacios blancos y limpios ganen en calidez y den sensación de relax.
La mínima experiencia
Este crítico suele sentir la tentación de decir, sobre todo ante un auditorio no demasiado exigente, que el minimalismo y el conceptualismo son corrientes conclusivas dentro de la historia del arte moderno. Y, claro, cuando la sede bilbaína del Museo Guggenheim presenta su fantástica muestra Percepciones en transformación: la Colección Panza del Museo Guggenheim, pues uno no pierde la ocasión de repetir la cantinela a cuantos ingenuos estén dispuestos a escucharla.
¿Y por qué lo de conclusivo? Pues, y hablando más de oído que de otra cosa, por dos razones básicas. La primera de ellas es que tanto el minimalismo como el conceptualismo tienen ese carácter que los vuelve resumen de todo lo anterior. Si estudian con detenimiento ambos movimientos, encontrarán que lo que les da razón de ser es suponer el punto final de una larga trayectoria. Dicho de otro modo: cuando ya se ha dicho casi todo y de casi todas las formas posibles lo que le queda al artista inteligente es ofrecerle al espectador inteligente una serie de propuestas mínimas, conclusivas y finales del largo camino recorrido. La segunda razón ya es una consecuencia de la primera: puesto que casi todo está expresado de casi todas las maneras imaginables, poco más queda por decir. Sea o no sea acertada esta aseveración, lo cierto es que de un tiempo a esta parte, nada seductor hemos visto bajo el sol de la creación plástica. Por algo será.
[Fotos 1 y 2: Vistas generales de la exposición (Fotografías: Erika Ede)]
Así que hemos de estar muy agradecidos a Giuseppe Panza di Biumo por decidirse a comprar y coleccionar sistemáticamente obra de estas corrientes estéticas. La historia del arte, y nosotros con ella, hemos de reconocérselo con júbilo.
El doctor Panza, junto a su esposa, comenzó a adquirir obras de arte en 1956, pero tuvo que llegar el año 1966 para que se decidieran a comprar arte minimalista y conceptual de manera sistemática. Así, hasta 1975, compraron obras de los que hoy son los más reconocidos
en su género: Carl Andre, Larry Bell, Hanne Darboven, Jan Dibbets, Dan Flavin, Hamish Fulton, Jene Highstein, Robert Irwin, Donald Judd, Joseph Kosuth, Sol LeWitt, Richard Long, Brice Marden, Robert Mangold, Robert Morris, Bruce Nauman, Richard Nonas, Robert Ryman, Richard Serra, Joel Shapiro, James Turrell, Lawrence Weiner y Doug Wheeler. El resultado es una magnífica colección de la que el Solomon R. Guggenheim Museum, a través de compras y donaciones, consiguió hacerse con una buena parte.
Obras de Donald Judd. - Cinturones (1966-67) de Richard Serra
El museo bilbaíno, porque todo hay que decirlo, ha puesto en marcha un montaje de la exposición excelente. Si algo perjudica al arte conceptual y minimal, es un mal montaje. Si las cosas no se saben hacer como se deben, se puede ir al traste algo que podía haber sido grande. De hecho, pasa día a día. Instalar inadecuadamente obras de este tipo, las desprovee de su significado. Porque, y bien claro está en el propio título de la exposición, de lo que aquí se trata es de percibir lo que las obras están exhalando. Pero si se las condena a espacios obtusos por diseñadores que hacen de la torpeza su desarrollo principal, las obras enmudecen. Así de simple. Así de triste.
Pero en la muestra del Museo Guggenheim la tarea está resulta con sobresaliente. Las obras respiran y, porque respiran, transmiten. Ese es el eje central a través del cual gira el éxito de la exposición: las obras están haciendo bien su trabajo. Prueba de ello es que el gran público que visita el museo, poco acostumbrado a los lenguajes complejos que muchos de los aquí representados frecuentan, se siente, al menos en un primer momento, absolutamente desconcertado. ¿Qué demonios es esto?, dicen algunos. ¿Esto es arte?, se preguntan los más reflexivos. ¿Cuántos está costando esta exposición al contribuyente?, arguyen los más avezados. Estamos en el buen camino. El minimalismo no deja indiferente a nadie. Y éste es el primer paso hacia la comprensión.
Lo cual, se torna harto complicado en Bilbao ya que el minimalismo, y la colección Panza en particular, siempre gozaron de mala reputación en la ciudad desde que hace casi una década, cuando el proyecto Guggenheim no era más que el sueño loco de algunos, se decía que la sede vasca no iba a ser otra cosa distinta de un montón de obras de segunda fila, desechos de otras colecciones y escombros variopintos, o sea, minimalismo y conceptualismo a sacos llenos. Aquí todo el mundo se hacía cruces y al pobre minimal le cayó el sambenito de ser la mismísima personalización del mal. Panza y su fastuosa colección fueron presa fácil de demagogos y provincianos iletrados que entendían a éste como un arte de tercera o cuarta fila.
Foto 6: Circle in and out of a polygon 2 de Robert Mangold
Superados los malos tragos y visto que el negocio estaba bien enfocado, ahora, en estos tiempos más tranquilos, el minimalismo y conceptualismo vuelven a Bilbao y lo hacen por la puerta grande. Las tornas han dado la vuelta y ya nadie comparte las absurdas argumentaciones de antaño. Y, aunque corramos el peligro de creer que todo el campo es orégano, un recorrido por la instalación de la colección Panza en el museo bilbaíno, le llena a uno de ganas de vivir. El montaje se ha estructurado, casi sin excepciones, por salas. Cada espacio se dedica a un autor concreto. Se trata de no despistar al ya, por lo general, demasiado confundido espectador. El montaje ahonda en la idea de ofrecer una visión lo más completa posible de cada uno de los alfabetos estéticos que ofrecen los artistas representados. Se trata de ayudar al espectador a comprender. El esfuerzo de reunir piezas de un mismo autor no debe de ser vano. Las salas se ofrecen, una tras otra, como verdaderas lecciones de sensibilidad y percepción. Si un solo enfoque se queda corto, bien está poder abordar varios de ellos.
Pero, al mismo tiempo, la coherencia formal flota sobre la colección. Ésta es una muestra dotada de una unidad indiscutible. Los artistas parecen compartir presupuestos y reflexiones y, a pesar de las múltiples particularidades de cada uno, todos ellos buscan lo mismo: hallar esa expresión simple y ordenada que, sin falsos artificios ni vacuas elucubraciones, comunique sensaciones puras, concisas y profundas.
Porque el minimalismo, tiene mucho de religiosidad -entendiendo como tal el acceso a nuevos niveles de percepción-. Quien haya tenido la ocasión de penetrar en el interior de una escultura de Richard Serra, puede haber disfrutado de esa sensación de comunión íntima -y aquí sitúe cada cual el objeto de su vínculo- que sólo es perceptible si se mantienen los sentidos abiertos y la racionalidad disponible. Cuando el arte reside en algo tan frágil como es una simple idea o una sutil reflexión, cualquier hecho, por muy liviano que éste sea, puede hacer que la percepción correcta se quiebre. Por ello, si no se dan esos mínimos técnicos -un montaje a la altura de las circunstancias- y humanos -despojar la sensibilidad de prejuicios- se puede pasar de puntillas por la exposición y salir como se había entrado: sin haber comprendido nada en absoluto. Suplidos con eficiencia los primeros, centrémonos en los segundos para conseguir algún tipo de resultado satisfactorio. Como no existe arma mejor contra el prejuicio que el conocimiento, tratemos de ofrecer unas pocas claves que ayuden a comprender.
Y hagámoslo yendo directamente al grano. ¿Qué hace que un grupo de piedras ordenadas sobre el suelo de un museo sean una obra de arte mientras que las mismas piedras desperdigadas en un camino no lo sean? ¿Cuál es la razón por la que una plancha de acero que cubre una zanja en plena calle y evita que los peatones caigan dentro no sea una obra de arte y la misma plancha de acero pero sin zanja debajo sí lo sea? Más difícil aún: ¿Qué consigue que una lámpara fluorescente situada en el techo de una habitación no sea arte y una lámpara fluorescente situada en el techo de una habitación sí lo sea?
[Foto 7: Shadow in the Sperone Gallery de Jan Dibbets.
Foto 8: Pink and yellow light corridor (variable lights) (1972) de Bruce Nauman)]
Estos señalados arriba no son sino ejemplos de algunas de la obras que alberga la colección Panza: un grupo de piedras de Richard Long, una escultura de Richard Serra construida con una plancha de acero y una obra de Bruce Nauman a base de lámparas fluorescentes. Y cito estos por ser de sobra conocidos por todos los amantes del arte y en cualquier ciudad con un museo de arte moderno mínimamente decente se han tenido que exhibir. Bien, explayémonos. Primer ejemplo: Richard Long es un artista que se dedica, más que a otra cosa, a darse fenomenales paseos por el mundo. Se ha debido recorrer el planeta entero a estas alturas y, allí donde va, reflexiona sobre lo que ve. Lo cual, es de agradecer. Long piensa el entorno que visita y lo rehace en un espacio privado. Empezó trabajando directamente en el propio entorno reordenando lo que la naturaleza, por sí misma, era incapaz de hacer. Después, dio el salto a la galería y ahora nos ofrece sus magníficas geografías pétreas. Con unas cuantas piedras que el artista elige, se procede, bajo sus indicaciones, a crear un elemento geométrico. A Long ni siquiera le preocupa demasiado la perfección en la ejecución y suele dejar libertad a los que construyen físicamente la obra.
Segundo ejemplo: Richard Serra trabaja en un ámbito cercano a la arquitectura. Su intención es obligar al espectador a ser partícipe de su obra. Serra invade los espacios personales de cada cual y juega con ellos. Sin un solo punto de soldadura, sus enormes esculturas de hierro entablan una lucha entre la percepción humana y las leyes de la física. Ante una escultura de Serra -digamos, incluso, dentro de una escultura de Serra-, el espectador siente el temor de que ésta se le venga encima. Y, dicho sea de paso, si a alguien se le cae encima una obra del escultor norteamericano, pasa, de modo inmediato, a mejor vida. Pero no, las leyes de la físicas son sabias y siempre prevalecen. Y lo que está pensado para que no caiga, no cae. Eso sí, la obligación de modificar nuestra percepción del espacio permanece pues las esculturas de Serra reordenan el lugar en el que se encuentran. Tercer ejemplo: Bruce Nauman logra sorprender a los poco iniciados por la cotidianeidad de sus materiales. A muchos nos les entra en la cabeza que lo realizado con algo tan trivial como un tubo de luz fluorescente, sea arte y valga su buen dinero. Pero Nauman descontextualiza el objeto y le obliga a invitarnos a percibirlo de otra manera distinta a la habitual. La luz es su materia prima e, incluso, el rumor que los tubos emiten al funcionar, nos recuerda que nada es lo que parece. Todo ello, unido a un factor esencial: el espacio elegido. La obra de Nauman alberga su verdadero potencial dentro de la sala de exposición. Ahí es donde él ha decidido golpear sobre nuestra capacidad de percepción. Ahí es donde nos hará sentir esa mezcla de perplejidad e inquietud que sus obras emanan.
Dicho lo cual, extraigamos alguna conclusión para comenzar a comprender. Lo que todos estos artistas hacen, es modificar la percepción que de los objetos -cotidianos o no- tenemos. A través de sutiles señales, consiguen que modifiquemos nuestro punto de vista. Para, en todos los casos, necesitan la complicidad de nuestros sentidos y, en no muy pocos, la de nuestra inteligencia. Long ayuda a la naturaleza dar un paso más adelante y ofrecer arte. Porque lo que ella nos aporta día a día y desde que el mundo es mundo, se trata de un espectáculo grandioso, pero nunca es arte. Porque el arte es elucubración humana y sólo eso. No es posible hablar de arte sin la intervención del ser humano. Por otro lado, Serra se empeña en modificar nuestros hábitos, nuestras percepciones y nuestras reacciones. Consigue inquietar, consigue que nos hagamos preguntas y, en un ámbito más físico, consigue que modifiquemos la percepción del espacio que nos rodea. Y Nauman golpea directamente sobre nuestra concepción tradicional del arte. Ni siquiera se molesta en usar materiales convencionales. Le basta un tubo de luz fluorescente para crear su mensaje. Con una levedad pasmosa, invita a nuestra capacidad de percepción a abrirse a una nueva sensación. Esa sensación que diferencia al electricista del artista: la percepción de lo bello.
Hay una frase de Frank Stella dicha en 1966 que el Museo Guggenheim se ha encargado de rescatar en el catálogo de la exposición y que dice: "Lo que se ve es lo que se ve". Con ello, Stella alude a los múltiples estadios perceptivos que tienen los objetos. Una cosa es lo que creemos que es y, además, varias de las que soñamos que sea. Basta con que alguien nos lo señale y lo haga coherentemente para que el objeto adquiera nuevas vidas. El acceso a los nuevos estadios de percepción estética es la tarea del arte. Al menos, lo fue hace ya tres décadas.
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Movimiento artístico de posguerra (5)
Minimalismo
La simplicidad de las formas no implica necesariamente la simplicidad de la experiencia", declaraba Robert Morris. Y este es un concepto clave para entender el más desconcertante de los movimientos de posguerra. Minimalismo es el nombre que predominó sobre cool art, ABC art, estructuras primarias, objetos específicos, objetos unitarios y arte de lo real. Ninguno de los artistas aceptó la etiqueta de minimal, que fue una creación de profesionales del arte, críticos, galeristas, historiadores y periodistas.
En 1966, Richard Wollheim escribió un ensayo titulado Minimal Art, donde hablaba de la apropiación de imágenes prehechas como lo hacía Warhol, Lichtenstein, Judd o Morris, que minimizaban el contenido artístico del producto. El mismo año, en el Museo Judío de Nueva York se expuso Estructuras primarias, la primera muestra que unificó esta tendencia como un cuerpo artístico. Se habla de minimalismo refiriéndose a toda austeridad estilística, al énfasis en la geometría y la anulación de la técnica expresiva en las obras de tres dimensiones hechas después de 1960. Sus antecedentes lejanos son el suprematismo y el constructivismo ruso y el neoplasticismo holandés. El minimalismo es algo más que una tendencia en escultura, es una actitud que se verifica en la música, el teatro, la danza y la literatura y que todavía hoy mantiene su vigencia.
DADA.
Un mundo travestido.
Epitafios.
Fue una cornisa al borde del abismo. Sus pasajeros audaces y nihilistas, condimentaron sus vidas con las cualidades perfectas de la Insurgencia. Juventud, Insatisfacción, Desmesura, Atrevimiento, Idealismo, Necesidad, Apasionamiento. Cóctel duro, solo para gargantas hambrientas del grito gutural de la conciencia dolida, antes reprimida, desafiante, Irreverente. El asco dadaísta, la efímera pasión que desencadenó la nada. Insubordinado, Insuficiente, Insustancial, Intangible, Interaliado, Interactuado, Intercambiable, Intermediario, Interpelante, (Intervalo), Intimista, Intranquilo, Intrépido, Intrigante, Inventivo, Inverosímil, Inverso, Invocador, Indómito. El caos, la tragedia, una bomba contra la guerra. Un sí a la muerte, un adiós al futuro y al presente. El dadaísmo buscaba, y su camino se dirigía hacia su propio presagio: la abolición del arte.
Por María Belén Luaces
Lo absurdo, el sin sentido de la razón, el azar y lo efímero, es redescu-bierto por Dadá como la esencia de la nueva realidad. Para Dadá todo es relativo. (Incidente)
El dadaísmo fue una revolución psicológica, artística y desestructurante.
Precipitó una crisis, para madurar la insatisfacción. Para Dadá era impo sible aceptar el mundo después de la tragedia de la guerra, su ira y su negación fueron creciendo a la par de las bombas y los tanques de doble tracción. Dadá podía decir no a todos y a todo, podía protestar, hacer actos, reír en los funerales y llorar en las bodas, podía trastocar y doblegar todas las reglas de la convivencia. (Invertebrado)
Puede haber comenzado en Zürich, Suiza, un 5 de febrero de 1916, a las 18 hs., en el Cabaret Voltaire. Tal vez comenzó antes. Imaginemos. Un cortapapeles es insertado sin premeditación, en una hoja cualquiera de un pequeño diccionario Larrousse. La página se abre y al azar se lee la palabra "dadá" ("caballo en lenguaje infantil"). (Intercalado)
En el cabaret literario y artístico que regentean Hugo Ball y Emmy Henning, están reunidos Tristán Tzara, rumano - veinteañero - refugiado de guerra, junto a otros amigos poetas como Marcel Janco también de Rumania, el alsaciano Jean Arp y el alemán Richard Huelsenbeck entre otros muchachos angustiados que desde sus poesías se oponían a todo, hasta al mismo arte.
Sentada con ellos en la mesa del café, encuentra su apellido (o quizás su seudónimo) la Angustia. Con su nuevo nombre se transmutará en un baluarte de la contracultura, que poco dijo sobre sí mismo, que se desquició ante las palabras que nada tenían para comunicarle. No quiso dejar testamentos. (Intestado)
"Dadá no es nada" dijo Tristán. Antes habían existido el romanticismo, el simbolismo, y más cercanos a principios de siglo el futurismo y el cubismo, pero Dadá no era un istmo más. "Estamos en contra de todos los istmos... no buscamos nada...escribo un manifiesto y no quiero nada; digo no obstante, ciertas cosas,
y estoy por principio en contra de los manifiestos!" (Intimidante)
Tristán Tzara fue el joven artista, el joven anti-arte que se embanderó en Dadá cual gurú predicando su verdad: el escepticismo llevado hasta los límites de la razón. A los 21 años estaba sitiado en un país ajeno por una guerra que en aquellos días parecía interminable. Encerrado en una habitación sin ventanas, muy parecida al mundo, vivía quien en esa época se convirtió en la voz de la incredulidad. Exiliado, hastiado y en contra de todo lo que lo había colocado allí. (Insufrible)
Una necesidad se establece como camino a seguir: cuestionar el mundo todo y cuestionar la obra de arte. Dadá proclama la fugacidad de la obra, sus muestras no pueden durar más de cinco minutos en exposición. Dadá niega la producción individual o artesanal del artista y rechaza la "inspiración poética" como fórmula de arte. Las tijeras fueron el instrumento activo de los "cadáveres exquisitos", que germinaban del azar en manos de los dadaístas. No era extraño bajo estos preceptos que algunas muestras de Dadá tuvieran en la entrada palos para los concurrentes quienes debían destruir lo que allí se encontrara.
En la misma época en que Europa se sacudía de conmoción y asombro, en Nue-va York los paradadaístas también le declaran la guerra al arte: Francis Picabia –pintor y poeta francés- diseña mecanismos sin posibilidad de uso; el fotógrafo norteamericano Man Ray, inventa una nueva técnica fotográfica, el rayograma; y Marcel Duchamp, escultor y pintor francés, desarrolla lo que quizás fuera el antimétodo dadaísta más representativo: los Ready-made, productos manufac-turados en los que Duchamp estampa su firma y adosa título, convirtiéndolos por gracia de Dadá en novedosas obras de arte. Ejemplos: Una fotografía de la Gio-conda, con bigotes y barba de chivo, pasa a llamarse "L.H.O.O.Q.", y un urinario puesto al revés, "Fuente".
Para los dadaístas el 'no' era una respuesta y la nada un voz para con el mundo.
Todo lo que en algún momento intentó servir de nexo comunicador entre los hombres era inútil y la única forma de manifestarse era el escándalo, el caos, la ruptura de lo que configuraba el oscuro plan de la repugnante sociedad burguesa de principios de siglo. (Intuitivo)
Las náuseas por lo contemporáneo y ajeno comenzaron a brillar como vómitos en la noche, por los tugurios de New York, Berlín, Colonia y París, de los estóma-gos hambrientos de respuestas inexistentes de jóvenes artistas que por aquella época se violentaban ante el mundo y empezaban a descreer de todo cuanto los rodeaba. (Incertidumbre-Insensatez)
A Duchamp, Picabia y Man Ray se les sumaron Stieglitz, George Grosz, Marx Ernst, André Bretón, Aragón, Paul Eluard. Escribieron, destruyeron, pintaron, abolieron, fotografiaron, esculpieron. Manifestarse a través de Dadá fue hacer ca tarsis de sus sentimientos, sus contradicciones sin límites ni destellos, su certeza de que ya todo estaba acabado.
Esclavos del tiempo que los enlazaba a la realidad abrumadora de un mundo pervertido, desarraigado, destruido. (Involuntario)
Exposiciones destruidas a hachazos por sus participantes, revistas, conciertos, sesiones de lectura colectiva al unísono, improvisaciones públicas, todo en Dadá fue un escándalo. Logro su cometido: irritar, desagradar, provocar numerosas protestas y burlas, escandalizar a la alcurnia y ganar adeptos entre las almas sucias y corrompidas que despojaba este mundo. (Integrante)
El principio básico fue la valorización de cualquier cosa que no fuera un hecho artístico y por eso mismo convertirlo en tal, situando lo que antes fue un simple mingitorio junto a las máximas expresiones "autorizadas" de la cultura.
1914: se declara la Primer Guerra Mundial. 1917: derrota italiana de Carporetto; revolución soviética en la Rusia zarista. 1918: ganan los Aliados. 10 millones de muertos y 20 millones de heridos. Primer saldo final; Debe.
1919: en París se publica una nueva revista que en su nombre habla de lo que más aborrecen sus editores: Littèrature. Ellos son André Bretón, Louis Aragón y Philippe Soupault (ex veteranos de guerra); Haber.
A la redacción parisina llegan los primeros números de la revista editada en Suiza por Tzara, "Dadá 3", junto al Manifiesto Dadaísta. El cuestionamiento de la existencia de la obra de arte llegaba a la cuna más refinada de la hipocresía.
Dadá fue contracultura en las raíces de la cultura, se convirtió en el único me-dio de expresión en el que depositaron sus últimos retazos de fe, las almas su-frientes y desposeídas de un mundo que se caía a pedazos y que los arras-traba a la ruina. Fue el emergente y su única salida al espanto al mostrar su propia miseria, el autoflagelo, el espejo del derrumbe total que los demás querían ocultar. (Interlocutor) Solo el azar era el camino, crear negativamente, lanzarse a las consecuencias del destino, llegar a una total libertad creadora del subconsciente. Tristán respiraba la muerte de la inspiración poética.
"Tome un periódico. Luego unas tijeras. Elija en ese periódico un artículo que tenga la extensión que usted quiera dar a su poema. Corte el artículo. Corte en seguida con cuidado cada una de las palabras que constituyen ese artículo y póngalas en una bolsa. Agite suavemente. Extraiga luego cada trozo uno tras otro en el orden en que salen de la bolsa. Copie concienzudamente. El poema será la viva imagen de usted. Y usted será un escritor infinitamente original y de una exquisita sensibilidad, aunque el vulgo no lo comprenda." ("Para hacer un poema dadaísta", Tristán Tzara) (Interdisciplinario)
Para Dadá su única ley fue una forma nihilista de anarquía sentimental e intelectual, como espíritu de todo sistema.
Jugando en el absurdo, asesinando a la razón, desarticulando el método y la historia, Dadá se propuso radicalizar el azar, invitar a lo grotesco y refregárselo en la cara a todos los estúpidos soñadores de este mundo hostil. No había belleza que no estuviera ligada a la más repugnante fealdad, y viceversa.
No existe lo antiestético. (Insultante)
mírame y sé color
más tarde tu reír
como sol por liebres por camaleones
aprieta mi cuerpo entre dos líneas anchas
que el hambre sea claridad
duerme, duerme ¿ves? somos pesados,
antílope azul sobre glaciar
oreja en las piedras bellas fronteras oye la piedra
viejo pescador frío grande con letra nueva
aprender las muchachas de hilo de hierro,
y azúcar giran largamente los frascos son grandes
como los parasoles blancos oye
rueda, rueda roja en las colonias;
recuerdo olor de limpia farmacia vieja sirvienta
caballo verde y cereales
cuerno grita flauta
equipajes corrales oscuros
muerde sierra ¿quieres?
horizontal ver
("El Domador de leones recuerda", Tristán Tzara, Veinticinco poemas, 1918)
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Querían ofender la sociedad en que vivían, degradarla hasta destruirla, porque no la podían aceptar. No querían cambiar nada, no sabían como, no podían vivir en el extremo más realista de la cotidianeidad, por eso se le oponían, porque era el peor engaño que habían sufrido. El rosa, color maldito, decadente, agresivo. (Interferencia) Vidas cortas, fugaces, efímeras como un hachazo en el tiempo de los otros, negando la realidad. Tristán llegó a París en 1920, recibido como una especie de Profeta de la desesperanza y el escándalo. El 5 de febrero en el Salón de los Independientes se convocó al primer encuentro dadaísta en la capital francesa.
Se había anunciado para promocionarlo, la presencia del actor Charles Chaplin. El salón colmó su capacidad. La asistencia de público fue un éxito provocado por los anuncios en los periódicos de la ciudad. Mientras tanto los organizadores del evento ponían en marcha la primer lectura colectiva: Manifiesto de Picabia leído por 8 personas, de Eluard por seis personas, de Ribemont-Desaignes por 9, de Aragón por 5, de Tzara por 6, y por supuesto todos a unísono, cada cual con su texto, superponiéndose unos a otros.
La conmoción y el descontento del público fue el broche de oro para el primer acto dadaísta en la Ciudad Luz, un éxito absoluto.
"Más que adeptos activos nos hacen falta adeptos conmocionados"
(Antonin Artaud)
Dadá fue el precursor, aunque murió en él mismo, no tuvo hijos. El Surrealismo es la mentira que esgrimió la institución artística. El surrealismo fue el Lucifer que exigió destruir para formar algo nuevo, pero Dadá era una negación para nada.
En una suerte de reunión en la Closerie das Liles se dio por concluida la vida de Dadá, que por cierto nunca había existido más que en la pesadilla de unos jóvenes insatisfechos de principios de siglo. (Intersticio)
En 1924 se da a conocer el Manifiesto del Surrealismo, movimiento que corrom pe a la mayoría de los antiguos dadaístas y valora la literatura, y finalmente hacen arte.
Dadá por supuesto, no fue un movimiento artístico, pensarlo así sería su contra-sentido. Fue tan solo el último grito de una generación que se moría, que fue des truida por la guerra, que se desintegró aplastada por la civilización de trasgreso-res de nada, que empezaba a manejar el mundo. Tuvo una vida política antitotali-taria, libertaria. (Inteligente)
Dadá fue solo el vehículo de los pobres corazones rotos de un mundo sin futuro.
Dadá fue el Mesías y el delator. Le mostró a Europa la miseria humana en la que vivía. Se anticipó en unos años a la peor de las pesadillas que la humanidad se infligió a sí misma y sintetizó en su corta existencia la visión del oscuro mar en el que navega nuestra sumisa conciencia. (I)ntento, (I)ntenso
Asco Dadaísta
Todo producto del asco susceptible de convertirse en una negación de la familia, es Dadá; protesta con todas las fuerzas del ser en acción destructiva: DADA; conocimiento de todos los medios hasta ahora rechazados por el sexo púdico del compromiso cómodo y la cortesía: DADA; abolición de la lógica, danza de los impotentes de la creación: DADA; de toda jerarquía y ecuación social instalada para los valores por nuestros lacayos: DADA; cada objeto, todos los objetos, los sentimientos y las oscuridades, las apariciones y el choque preciso de las líneas paralelas, son medios para el combate: DADA; la abolición de la memoria:
DADA; abolición de la arqueología: DADA; abolición de los profetas: DADA; abolición del futuro: DADA; creencia absoluta indiscutible en cada dios producto inmediato de la espontaneidad: DADA; salto elegan-te y sin perjuicio de una armonía a la otra esfera; trayectoria de una palabra lanzada como un disco sonoro grito; respetar todas las indivi-dualidades en su l! locura del momento: seria, temerosa, tímida, ardiente, vigorosa, decidida, entusiasta; pelar su iglesia de todo acceso-rio inútil y pesado; escupir como una cascada luminosa el pensamiento chocante o amoroso, o mimarlo -con la viva satisfacción de que da igual- con la misma intensidad que el zarzal, puro de insectos para la sangre bien nacida, y dorada de cuerpos de arcángeles, de su alma. Libertad: DADA DADA DADA, aullido de los dolores crispados, entrelazamiento de los contrarios y de todas las contradicciones, de los grotescos, de las inconsecuencias: LA VIDA.
(Manifiesto DADA 1918 -Fragmento-, Tristán Tzara).
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Entre la fotografía y la pintura está el Dada
Alejandro López de Haro R. - Ver como la mente ve y no como ven los ojos
De entre tanto artistas plásticos hay uno que me ha cautivado de sobremanera por su obra pictórica y poética. Es un artista parisino hijo de un padre rico de la Cuba española y de madre francesa, también de buena fortuna y de familia bien conocida, de quien quedó huérfano desde temprana edad, amante de la mecánica y de los coches y que los compraba como si fueran a desaparecer. Llegó a poseer hasta 120 de éstos. Un artista que copiaba a maravillas y que vendía los originales de los cuadros que colgaban de la pared de su casa familiar y que los reponía sin que nadie percibiera que éstos eran falsas copias.
¿Habrá sido esta experiencia de juventud, cuando todavía sus pinturas eran netamente académicas y que copiaba como un virtuoso a los mejores pintores, un presagio del gran talento y de un movimiento artístico sin precedentes que fue la raíz del surrealismo y del arte abstracto y conceptual?
Cuando fue descubierto que él había vendido las obras originales y que los lienzos que colgaban en la pared de su casa familiar no eran sino meras copias de los originales, Francis Picabia res-pondió con la siguiente pregunta:
¿Cuál es la diferencia entre una verdadera pintura y una copia?
La respuesta vino de él mismo:
¿No es acaso la imitación una verdadera pintura?
Así comenzó el Dadaísmo antes que el Dada naciera como movimiento artístico y la vida artística de uno de los grandes hombres de las artes de la primera mitad del siglo XX, y que además era poeta, cineasta, editor, critico, organizador de ballet y escenógrafo.
Este artista fue un hombre que irónicamente dudaba de la pintura como actividad artística y de la posibilidad de la muerte de ésta ya que la foto-grafía podría remplazarla. La había reconocido des de muy temprano en su carrera como un nuevo medio artístico que iba a revolucionar a la pintura. Como de hecho lo hizo con el cubismo, porque antes del cu-bismo, fue la cámara fotográfica que mostró por primera vez imágenes en un mismo plano superpuestas que dan sensación de movimiento y que representada desde varios ángulos le muestran al espectador una imagen irreal de la realidad como un calidoscopio. El cubismo fue entonces un movimiento que surgió de la fotografía revolucionando a la pintura de la época. Para Picabia, la pintura debía de dejar de copiar lo que literal-mente se ve y ver más allá de la realidad para penetrar lo aparente y entrar en el mundo de lo imaginario y de la visión mental. Ver como la mente ve y no como ven los ojos.
Cuando afirma que la escritura es arte y para tal realiza un cuadro que no es más que una imagen de su nombre en letra cursiva y que lo intitula Autorretrato. Y que con su collage fotográfico de un retrato que Man Ray le había realizado y un diseño mal dibujado de esta fotografía que titula “La viuda alegre”, nos quiere mostrar la muerte de la pintura como reproducción, pues evidentemente, la fotografía es un medio de expresión superior a la pintura para reproducir la realidad. Pero a la mis ma vez nos demuestra la superioridad de la pintura en contraposición a otras artes plásticas para expresar visualmente imágenes mentales y conceptuales que son evidentes en estos dos lienzos.
Mi intriga sobre el mito de este maestro de las artes plásticas se esclareció cuando me apersoné al Museo de Arte moderno de París para recorrer pausadamente una retrospectiva fascinante de mįs de doscientas obras expuestas cronológicamente de este gran artista. El espacio está bien utilizado y el visitante recorre con fluidez todo el trayecto de la exhibición. En el introito de la exposición nos encontramos con la etapa impresionista, que por cierto se observa de inmediato que el amor de éste no yace por este tipo de pintura, pues sus cuadros no demuestran esa fuerza que tenían los pintores de este movimiento artístico. Se puede decir que es una pintura meramente académica, pero en dos de sus obras de este periodo, “Los cisnes” y “Adán y Eva”, nos presagian ya un cambio en su pintura, pues éstos, aunque todavía figurativos, el paisajismo presente del impresionismo es menos evidente, y el uso del color y la simplicidad de la perspectiva del fauvismo, nos muestra a un artista en búsqueda de un arte propio.
Su verdadera ruptura con la pintura figurativa es su encuentro con el orfismo cubista y el desarrollo del arte abstracto. Sus primeros cuadros de esta tendencia artística los presenta en el Ar-mory Show de Nueva York, y luego, en la Galería 291 del famoso fotógrafo Alfred Stieglitz con quien hizo profunda amistad. Durante este viaje exhibe una de sus grandes obras de arte, “Danses ą la source”, pintura por excelencia cubista y abstracta. Pero son en dos de sus pinturas órficas, abs-tractas y casi surrealistas, cuando en definitiva se deslinda de todo movimiento artķstico, y Picabia se convierte en Picabia. Y no hay mejores ejemplos de esto que en dos de sus cuadros que llevan los siguientes títulos, “Impetuosidad francesa”, que es un lienzo órfico surrealista de connotaciones sexuales imaginarias que muestra al espectador la ambivalencia entre la aceptación y el rechazo del falo por la mujer, y la “Composición abstracta”, donde claramente se observa la aceptación sexual por parte de la mujer del sexo masculino dispuesta a perder su inocencia. Y, para evitar dudas sobre esta alegoría, dibuja una pequeña cereza que hace alusión a la palabra en ingles “cherry”, que en el argot vulgar de la época sabemos a qué se refiere.
Estas pinturas nos asoman el futuro treinta años antes de lo que serían sus desnudos de inspiración fotográficas que mezclan imágenes separadas copiadas literalmente de revistas baratas de sexo creando una nueva pintura figurativa que elimina las insípidas imágenes de alusiones sexuales por unas que son eminentemente eróticas. En dos de sus lienzos, “Dos amigas” y “Dos desnudos, en ambos predominan el color rojo en clara alusión a un sexo tórrido de naturaleza lésbico. En uno de estos lienzos están dos mujeres entrelazadas con el cuerpo semidesnudo, y en la otra, una totalmente desnuda ofreciéndonos en ambos un estado de postración post-sexual que logran impeler los deseos sexuales gracias a la fuerte poesía visual de estas pinturas que son alucinantes y sensoriales pues alcanzan a transmitir emociones que se transforman en ensueños eróticos.
El amor por la fotografía es ciertamente evidente en toda la obra pictórica y escrita de Picabia. Su abuelo, Alfonso Davanne, fotógrafo ilustrado y que frecuentaba a personajes de la fotografía del siglo XIX como los hermanos Lumière y Nadar, fue influyente, al igual que su padre, en el empuje a Picabia para que cogiera el camino de la pintura. No solamente se sirvió de la fotografía para des-lindarse del arte figurativo, sino que la utilizó hábilmente en sus desnudos y en su corto metraje “Entre Acto”, en que aparecen como actores sus amigos el fotógrafo surrealista Man Ray, Marcel Duchamp y él mismo. Y nada más evidente su relación con la fotografía que en sus transparencias que utiliza la técnica de imágenes superpuestas de la fotografía y del cine.
Pero no es sino hasta en 1918 que Picabia se engrandece como artista durante su estancia en un sanatorio mental en Suiza, y, que con su carteo con Tristán Tzara y su dedicación a escribir poesía lo consagra conjuntamente con su amigo Duchamp como los fundadores del dadaísmo. Es aquí don de proclama que “el pintor escoge”, diciendo con esto, que la verdadera pintura no es la copia fiel de la realidad, sino la transposición de la Idea plasmada en el lienzo. Extraordinariamente se ade lanta al arte conceptual y al movimiento artístico “Arte y Lenguaje” de Charles Harrinson e irrumpe con algo no antes visto, y es ponerle nombre a las pinturas en el propio lienzo que fuerzan a quienes las ven a analizarlas de otro modo. En su cuadro “Portrait d’une jeune fille américaine dans l’état de nudité”, retrato de Agnes Ernst-Meyer, a quien la representa como bujía de automóvil y con la pa labra “para siempre” sin saber si “para siempre” es de un amor no declarado o si “para siempre” es la transformación del hombre que vive en un mundo que cada día es dominado por la maquinas e in suflando a éstas de una alma humana que logra marginar al hombre situándolo en un mundo que no es sensible a su sufrimiento ni a su soledad.
Ya por los años de 1949 y 1950, cómo si presagiara que la muerte le acechaba, deja a un lado to do movimiento artístico de la época para pintar tantos cuadros abstractos, simbólicos, primitivistas, visionarios y minimalistas. En uno sus últimos cuadros, copiado de una fotografía de René Zuber, y volviendo al color del fauvismo, pinta el “Acróbata”, reivindicando a la pintura con la fotografía que magistralmente representa a un signo de interrogación en alusión al misterio de la vida.
Y en su último cuadro, “La tierra es redonda”, nos muestra su introspección y su estado de ánimo pues se centra sobre la escatología al pintar la Tierra posada sobre una túnica que hace clara ale-goría al fin de la vida, pues está inspirada de una ilustración del Apocalipsis del “Beatus de la Seu d’Urgell”: “Los Siete ángeles salen del templo”; y de allí se encamina al encuentro con Dios y los resucitados
Sin duda el movimiento dadaísta fue la vanguardia más radical, la que más perplejidad creó, la más destructiva, la más subversiva. La principal pretensión del movimiento era la de hacer del objeto de arte algo irrisorio, histriónico y su fin primero era acabar con el arte. Crear el antiarte. El dadaísmo se revela como un estado espiritual nihilista que en el arte se traduce de diferentes maneras. El malestar era generado por la Primera Guerra Mundial, que no era más que el punto culminante de la crisis que arrastraba Europa desde los principios de la era contemporánea. El movimiento dadaísta no puede concebirse sin aludir a Tristán Tzara el mayor divulgador y quien mejor ejemplifica hasta con su conducta el espíritu dadá. Él dice «Dadá, no significa nada». En el manifiesto dadaísta de 1918 compuesto de incoherencias, insultos, sarcasmos, apologías contra la irracionalidad y el delito, las únicas palabras escritas con mayúscula son libertad y vida. El dadaísmo nace en Zürich y luego viaja a Estados Unidos, a Nueva York, a través de los exiliados, como Picabia, Duchamp. Pero donde adquirió la gloria fue en París. Los manifiestos dadaístas fueron muy numerosos y basta con leer alguno de ellos para hacerse una idea completa de la retóric a y de las ideas de los artistas dadá. MANIFIESTO DADÁ (1918) Tristán Tzara La magia de una palabra —dadá— que ha puesto a los periodistas ante la puerta de un mundo imprevisto, no tiene para nosotros ninguna importancia. Para lanzar un manifiesto es preciso querer A.B.C., fulminar contra 1, 2, 3, impacientarse y aguzar las alas para conquistar y esparcir a grandes y pequeños a, b, c, firmar, gritar, jurar, arreglar la prosa a manera de evidencia absoluta, irrefutable, probar su non plus ultra y mantener que la novedad se asemeja a la vida así como la última aparición de una cocotte prueba lo esencial de Dios. Su existencia ya ha quedado probada por el acordeón, el paisaje y la palabra dulce. Imponer su A.B.C. es algo natural —y por consiguiente lamentable—. Todo el mundo lo hace a guisa de cristalbluffmadona, sistema monetario, producto, farmacéutico, pierna desnuda que convida a la primavera ardiente y estéril. El amor por la novedad es la cruz simpática, es prueba de un mimportauncarajismo ingenuo, signo sin cau-sa, pasajero, positivo. Pero esta necesidad es tan vieja como otras. Al dar al arte el impulso de la suprema simplicidad: la novedad, uno es humano y verdadero respecto de la diversión, impulsivo, vibrante para crucificar al tedio. En la encrucijada de las luces, alerta, atento, al acecho de los años, en el bosque. Yo escribo un manifiesto y no quiero nada, digo sin embargo ciertas cosas y estoy por principio contra los manifiestos, como también estoy contra los principios (decilitros para el valor moral de toda frase —demasiada comodidad—; la aproximación fue inventada por los impresionistas). Yo escribo este manifiesto para mostrar que pueden ejecutarse juntas las acciones opuestas, en una sola y fresca respiración; yo estoy en contra de la acción; a favor de la continua contra-dicción, y también de la afirmación, no estoy ni en favor ni en contra y no lo explico porque odio el sentido común. Dadá, ésta es una palabra que lleva a la caza las ideas; cada burgués es un dramaturgo en pequeño, inventa temas diferentes, en vez de colocar a los personajes convenientes al nivel de su inteligencia, crisálidas en las sillas, busca las causas o los fines (siguiendo el método psicoanalítico que él practica) para cementar su intriga, historia que habla y se define.
Cada espectador es un intrigante si trata de explicar una palabra (¡conocer!). Desde el refugio enguatado de las complicaciones serpentinas, hace manipular sus instintos. De ahí los infortunios de la vida conyugal.
Explicar: Diversión de los vientres-rojos a los molinos de los cráneos vacíos.
DADÁ NO SIGNIFICA NADA
Si a uno le parece fútil y si uno no pierde el tiempo con una palabra que no significa nada (…). El primer pensamiento que revolotea en esas cabezas es de índole bacteriológica: hallar su origen etimológico, histórico o psicológico, por lo menos. Por los diarios se entera uno que a la cola de una vaca santa los negros Krou la llaman dadá. El cubo y la madre en cierto lugar de Italia: dadá. Un caballo de madera, la nodriza, doble afirmación en ruso y en rumano: dadá. Hay sabios periodistas que ven en esto un arte para los críos, y otros santos Jesús llamando a los niñitos del día, el retomo a un primitivismo seco y ruidoso, ruidoso y monótono. La sensibilidad no se construye sobre una palabra; toda construcción converge en la perfección que aburre, idea estancada de una dorada ciénaga, relativo producto humano. La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma, o está muerta; ni alegre ni triste, ni clara, ni oscura, regocijar o maltratar a las individualidades sirviéndoles pasteles de las aureolas santas o los sudores de una carrera arqueada a través de la atmósfera. Una obra de arte jamás es bella, por decreto, objetivamente, para todos. La crítica, es por tanto, inútil, no existe más que subjetivamente, para cada uno, y sin el menor carácter de generalidad. ¿O acaso se ha hallado la base psíquica común a toda la humanidad? Quedan, bajo las alas anchas y benévolas del intento apocalíptico: el excremento, los animales, las jornadas. ¿Cómo es que se quiere ordenar el caos que constituye esa infinita informe variación: el hombre? El «ama a tu prójimo» es una hipocresía. «Conócete» es una utopía, pero más aceptable, pues hay un contenido de maldad en ella. Ninguna piedad. Luego de la matanza nos queda la esperanza de una humanidad pacificada. Y hablo todo el tiempo de mí, puesto que no quiero convencer, no tengo derecho a arrastrar a otros en mi corriente, no obligo a nadie a seguirme y todo el mundo hace su arte a su manera, si es que conoce la alegría que sube en flechas hacia las capas astrales, o aquélla que desciende a las minas de flores de cadáveres y de espasmos fértiles. Estalactitas: buscarlas por doquier, en los pesebres agrandados por el dolor, en los ojos blancos como liebres de los ángeles. Así nació dadá, de una necesidad de independencia, de desconfianza para la comunidad. Aquellos que nos pertenecen conservan su libertad. No reconocemos ninguna teoría. Estamos hartos de las academias cubistas, y futuristas: laboratorios de ideas formales. ¿Es que se hace arte para ganar dinero y acariciar a los gentiles burgueses? Las rimas suenan a la asonancia de las monedas y la inflexión resbala a lo largo de la línea del vientre de perfil. Todas las agrupaciones de artistas han desembocado en este banco cabalgando sobre diversos cometas. La puerta abierta a las posibilidades de arrellanarse en los cojines y en la comida.
Aquí echamos el ancha en la tierra feraz.
Aquí tenemos derecho a proclamar, pues hemos conocido los escalofríos y el despertar. Resucitados ebrios de energía, clavamos el tridente en la carne despreocupada. Nosotros somos arroyadas de maldiciones en abundancia trópica de vegetaciones vertiginosas, goma y lluvia son nuestro sudor, nosotros sangramos y consumimos la sed, nuestra sangre es vigor.
El cubismo nació de la simple manera de mirar el objeto: Cézanne pintaba una taza 20 centímetros más abajo que sus ojos, los cubistas la miran desde arriba, otros complican la apariencia al hacer una sección perpendicular y colocándola sensatamente de lado. (No olvido a los creadores, ni las grandes razones de la materia que ellos volvieron defi-nitivas). El futurista ve la misma taza en movimiento, una sucesión de objetos uno al lado del otro que maliciosamente hace atractiva con algunas líneas de fuerza. Ello sin perjuicio de que el lienzo sea una buena o mala pintura destinada a la inversión de capitales intelectuales. El pintor nuevo crea un mundo, cuyos elementos son también los medios, una obra sobria y definida, sin argumento. El artista nuevo protesta:
ya no pinta (reproducción simbólica e ilusionista), sino que crea directamente en piedra, madera, fierro, estaño, organismos locomotores a los que pueda voltear a cualquier lado el viento límpido de la sensación momentánea. Toda obra pictórica o plástica es inútil; que sea un monstruo que asuste a los espíritus serviles, y no dulzona para exornar los refectorios de animales con hábitos humanos, ilustraciones de esta triste fábula de la humanidad. Un cuadro es el arte de hacer que se encuentren dos líneas geométricamente compro-badas paralelas, en un lienzo, ante nuestros ojos, en la realidad de un mundo transpuesto según nuevas condiciones y posibilidades. Este mundo no está especificado ni definido en la obra, sino que pertenece en sus innumerables variaciones al espectador. Para el autor, ese mundo carece de causa y teoría. Orden desorden; yo = no-yo; afirmación = negación; resplandores supremos de un arte absoluto. Absoluto en pureza de caos cósmico y ordenado, eterno en el glóbulo segundo sin duración, sin respiración, sin luz, sin control. Me gusta la obra antigua por su novedad. Tan sólo el contraste nos enlaza con el pasado. Aquellos escritores que enseñan moral y discuten o mejoran la base psicológica tienen, además de un deseo oculto de ganar, un conocimiento ridículo de la vida, a la que han clasificado, dividido, canalizado; se empeñan en hacer bailar a las categorías al ritmo que ellos tocan. Sus lectores se ríen y prosiguen: ¿y de qué sirve?
Hay una literatura que no le llega a la masa voraz. Obra de creadores, procedente de una verdadera nece-sidad del autor, y para él. Conocimiento de un supremo egoísmo, donde se ajan las leyes. Cada página debe reventar, ya sea merced a la seriedad profunda y grave, el torbellino, el vértigo, lo nuevo, lo eterno, merced a la burla aplastante, merced al entusiasmo de los principios o la manera en que queda impresa. Y queda un mundo bamboleante y los medicastros literarios con ganas de mejoramiento.
Yo se lo digo: no hay comienzo y nosotros no temblamos, no somos sentimentales. Nosotros desgarramos, viento furioso, la ropa de las nu bes y de las plegarias, y preparamos el gran espectáculo del desastre, el incendio, la descomposición. Preparemos la supresión del duelo y reemplacemos las lágrimas con sirenas tendidas de un continente a otro. Pabellones de júbilo intenso y viudos de la tristeza de la ponzoña. Dadá es la insignia de la abstracción; la publicidad y los negocios también son elementos poéticos.
Destruyo las gavetas del cerebro y las de la organización social: des-moralizar por todas partes y echar la mano del cielo al infierno, los ojos del infierno al cielo, restablecer la rueda fecunda de un circo universal en las potencias reales y en la fantasía de cada individuo.
La filosofía es la cuestión: de qué lado empezar a mirar la vida, dios, la idea, o cualquier otra cosa. Todo lo que uno mira es falso. El resultado relativo no me parece más importante que escoger entre pastel y cerezas para el postre. La manera de mirar rápidamente el Otro lado de una cosa, a fin de imponer su opinión indirectamente, se llama dialéc tica, es decir, regatear el espíritu de las patatas fritas bailando la danza método en derredor. Si yo grito: Ideal, ideal, ideal, Conocimiento, co-nocimiento, conocimiento, Bumbum, bumbum, bumbum, he registrado con bastante exactitud el progreso, la ley, la moral y todas las otras bellas calidades que diferentes personas muy inteligentes han discutido en tantos libros, para llegar, a final de cuentas, a decir que a pesar de todo cada quien ha bailado según su bumbum personal, y que tiene razón en lo que toca a su bumbum, satisfacción de la curiosidad enfermiza; timbre privado para necesidades inexplicables; baño; dificultades pecuniarias; estómago con repercusión en la vida; autoridad de la vara mística formulada en ramillete de orquesta-fantasma con arcos mudos, engrasados con filtros a base de amoníaco animal. Con los quevedos azules de un ángel han excavado el interior por veinte centavos de unánime reconocimiento. Si todos tienen razón y todas las píldoras no son sino Pink, por una vez intentemos no tener razón. Uno cree poder explicar racionalmente, mediante el pensamiento, lo que uno escribe. Pero es muy relativo. El pensamiento es algo muy bonito para la filosofía, pero es relativo. El psicoanálisis es una enfermedad peligrosa, adormece las propensiones antirreales del hombre y sistematiza la burguesía. No hay una verdad última. La dialéctica es una máquina divertida que nos conduce —de una manera banal— a las opiniones que hubiéramos tenido de todas maneras. ¿O es que se cree que, mediante el refinamiento minucioso de la lógica, se ha demostrado la verdad y establecido la exactitud de nuestras opiniones? Lógica ceñida por los sentidos de una enfermedad orgánica. A los filósofos les gusta agregar el siguiente elemento: el poder de observación. Pero precisamente esta magnífica cualidad de la mente es la prueba de su impotencia. Uno observa, uno mira de uno o de muchos puntos de vista, uno los escoge entre los millones que existen. También la experiencia es un resultado del azar y de las facultades individuales. La ciencia me repugna en cuanto se vuelve especulativa-sistema, pierde su carácter utilitario —tan inútil—, pero por lo menos individual. Odio la objetividad grasa y la armonía, esa ciencia que encuentra que todo está en orden. Sigan, hijos míos, humanidad, gentiles burgueses y periodistas vírgenes [...1 Estoy contra los sistemas, el más aceptable de los sistemas es no tener, por principio, ninguno. Completarse, perfeccionarse en su propia pequeñez hasta llenar el vaso de su yo, coraje para combatir por y contra el pensamiento, misterio del pan, desencadenamiento súbito de una hélice infernal en lirios ahorradores.
LA ESPONTANEIDAD DADAÍSTA
Llamo mimportacarajismo al estado de una vida en que cada uno conserva sus propias condiciones, sabiendo, sin embargo, respetar las otras individualidades, o si no defenderse, el paso doble volviéndose himno nacional, tienda de baratillo, T.S.H. teléfono sin hilos transmitiendo fugas de Bach, anuncios luminosos y afiches de burdeles, el órgano difundiendo claveles para Dios, todo eso junto, y realmente, reemplazando a la fotografía y al catecismo unilateral.
El Dadá en Alemania
Será en Alemania donde dadá adquirirá un cariz más marcadamente político. no duró demasiado y la escasez de obras creadas en la ciudad quedó destruida o fue objeto de la persecución nazi, salvo las ilustraciones y dibujos de George Grosz, Heartfield y otros, los pocos que se preocuparon de propagar su obra por el resto de europa.
Berlín y, en menor medida, Colonia, fueron los únicos países que adoptaron posiciones políticas desde el corazón de dadá, así como tomar parte activa en los desórdenes sociales habidos en la época (revolución y guerra civil alemana en 1918, proclama de la República, independientes, espartakistas comunistas, etcétera). Cuando realmen te, dadá se oponía a la guerra reclamando una paz revolucionaria.
Dadá en Berlín puso su talento al servicio de una doctrina y de una propaganda. Las preocupaciones e inquietudes de literatos y del público intelectual "abandonaron los ardores líricos y se situaron en su puesto de combate. Dadá se burla de todo, nada cuenta excepto él mismo, pero aquí, no puede burlarse del hambre y de la desesperación.
Su empresa pierde gratitud. El infortunio común hace inteligible a todos su necesidad de encontrar el lugar en su desafío. Su insolencia se justifica, se convierte en un consuelo". aunque por otro lado nos encontramos con teorías como la de los investigadores Henri Béhar y Michel Carassou quienes sostienen que los dadaístas berlineses no eran tan políticos como se suele decir unos pocos, Heartfield y Grosz eligieron el combate explícitamente político dentro de partido comunista, los otros continuaron sus experiencias iconoclastas en otros ámbitos y rescatan el montaje fotográfico como su aporte mayor.
En 1918, en el Salón de la Nueva Secesión, Huelsenbeck da el primer discurso Dadá en Alemania, solidarizándose en primer lugar con los dadaístas de Zürich para después atacar violentamente al Cubismo, al Expresionismo y al Futurismo. Poco después elaboró el primer manifiesto dadaísta en Alemania. Se creó también un club Dadá al que se unieron Kurt Schwitters, Hausmann y Grosz. Todos ellos utilizaron la técnica del fotomontaje para plasmar la realidad que les circundaba, utilizando material visual sacado de los medios de comunicación.
El Dadá en Nueva York
Referirse a Dadá en N. Y. supone hablar, principalmente, de Fancis Picabia, Marcell Duchamp, Jean Crotti y Man ray, tres artistas franceses y uno americano (Ray) de imaginación fértil y desbordante, emigrados durante la I Guerra Mundial. Duchamp y Picabia experimentaron (como en otras partes de este globo terráqueo) la imperiosa necesidad de suprimir los viejos valores del arte y despreciar los medios plásticos tradicionales. Tras esto, trabarán una amistad de vanguardia hasta el fin de sus días. En U.S.A. se bebe mucho y el alcohol, las mujeres y el éxito, todo ello agitado por el dinamismo americano, borran y liberan.
Los residentes en N. Y. pronto se dieron cuenta de que su postura antiartística y la renovación que estaban experimentando a la vez que descubriendo, eran afines con el Futurismo y el bebé recién nacido Dadá. Desde N. Y. publican sus revistas con cierta regularidad (The Blindman, Rongwrong, 291...). Para Duchamp y Picabia el arte está muerto; Dadá quería la desintegración de la realidad y los ready-mades no son arte sino anti-arte.
Un tipo llamado Stieglitz, original y excéntrico marchante de arte, así como editor de la revista 291, comienza a publicar y a exponer en su propia galería obras de Picabia, los famosos retratos-objeto y ready-mades (proyectos emprendidos en París).
El nombre y la reputación de Tristan Tzara ya resuena en N. Y., sobre todo en las cabezas de Marius Zayas, Picabia, Edgar Varèsse y Duchamp. Zayas escribe a Tzara: - Desde hace algún tiempo he estado intentado establecer relaciones entre Europa y América, ya que pienso que el único modo de mantener el desarrollo y el progreso de ideas modernas es a través del intercambio de ideas entre todos los pueblos. El bueno de Tzara, colaborador innato de su propia causa envío su respuesta a Picabia: - Podemos hacer bellas cosas, porque tengo un loco e incontenible deseo de asesinar la belleza, la vieja, naturalmente, con toques de rebato y estandartes.
En 1913 tuvo lugar en Nueva York la Exposición Internacional de Arte Moderno, más conocida como el Armory Show. Allí, el Desnudo descendiendo una Escalera de Duchamp causó una auténtica conmoción y fue calificada como de obra maestra por Breton. Duchamp se convirtió en la bestia negra del arte moderno. El grupo dadaísta de Nueva York estaba compuesto por Picabia, Duchamp y Man Ray. La publicación de la revista 391 por Picabia y Stieglitz en 1915 pone en claro las ideas del anti-arte: una absoluta falta de respeto por todos los valores, liberación de todos los convencionalismos sociales y morales y destrucción de todo aquello que se conoce como arte.
El Dadá en París
En París, dadá explotó rabioso como una bomba de excentricidad anímica y métrica. Una cigüeña sinfónica planeó por las conciencias a dadá desde su Origen, Zúrich. París defendió con todas sus horquillas aquella osada manifestación abstracta cuya libertad no permite al hombre dirigirse a un destino sin luz. Pero murió, y tuvo su fin en París porque, según Bretón, tanto va la creencia a la vida, a esto que la vida tiene más precario, la vida real, que al final esta creencia se pierde. Todo, según los indicios y la historia, se precipitó debido a la lucha hegemónica por la dirección del arte moderno entre Bretón y Tzara.
La revista Litterature ya había publicado varios ejemplares con anterioridad, pero Bretón no estaba del todo satisfecho con los contenidos y contingentes de la publicación surrealista por excelencia. Casualmente, llegó a sus manos un número de la revista Dada ("Recensión Internacional" de Zúrich, nombre bajo el cual se parapetó la antigua publicación Cabaret Voltaire), llegándole a lo más hondo aquel espíritu rebelde adherido a los valores dadaístas. Algo similar ocurrió con El Manifiesto de Tristán Tzara de 1918. Me he entusiasmado realmente con su manifiesto; ya no sabía de quién podía esperar el coraje que usted demuestra. Ahora, todas mis miradas se vuelven hacia usted, declaró Bretón en una carta dirigida a Tzara, viendo en el rumano a otro aventurero del espíritu, capaz de oponer una insolente libertad de pensamiento a los pedantes y a los pontífices, similar a la que encontró anteriormente en Lautréamont y en Jacques Vaché.
los contrarios que se contradicen tan poco
en primer lugar, hacia 1910, lOs Futuristas acamparon a sus anchas en París para proclamar su entusiasmo por la tecnología, la liberación del lenguaje y la nueva era mecánica. A pesar del clima bélico, la apertura de puertas internacionales en pos de la cultura propició el progreso de ideas entre ciudades muy alejadas entre sí. De este modo, con la llegada del mesías a París: Tzara, el 17 de enero de 1920, los "surrealistas", o mejor dicho, los asociados entonces a la revista Litterature, inhibidos hasta entonces pero con voluntarios deseos de acabar con los valores reinantes y romper el status, vieron forjado su gran sueñecillo. Tzara se instaló en casa de Picabia (otro de lOs grandes agitadores intelectuales) para barrer la razón y la lógica parisina, para poner en marcha la "anarquía generalizada" y crear el caos a través de la máxima provocación.
"no es posible seguir la apretada crónica dadaísta en París. El activismo Dadá era una especie de acrobacia volante sin red, era un modo de sentirse vivos en un continuo riesgo intelectual"
Voy a aprovechar esta oportunidad para rendir un sintético tributo al genio indiscutible de Jaques Vaché: ESTÁ EN LA ESENCIA DE LOS SÍMBOLOS EL SER SIMBÓLICOS. Dandy de espíritu y apariencia que falleció por sobredosis de opio en un Hotel de Nantes en 1919, en extrañas circunstancias. Aún hoy, no se sabe bien si fue un suicidio o un accidente inoportuno. Precursor inconsciente de dadá, un excéntrico con tintes misóginos. Máximo exponente del UMOR sin H, siempre mantuvo un supremo desprecio hacia toda tiranía inteluctual, indiferencia hacia el arte, así como a los que lo practican, aunque fue fan incondicional de Jarry. Publicó sus "Cartas de Guerra" en 1919.
Vaché, tenía el porte de un militar que se viste a medida. Era pelirrojo, esbelto y muy elegante. Su uniforme indicaba mal el arma en la que servía. Intérprete del ejército inglés, se le veía a menudo vestido de oficial británico, y es, yo creo, con ese uniforme, con el que se distinguió en la representación de las Mamelles de Tirésias, revólver en mano.
1920 fue el año de dadá. Se crearon infinidad de publicaciones, escritos, manifiestos, colecciones de arte, exposiciones, etc. Tzara, en primera línea de fuego, crea el Bulletin Dada, continuación del espíritu de las publicaciones Originadas en Zúrich, complemento al programa de la segunda sesión dadaísta celebrada en París en el Salón de los Independientes. Noticias falsas y ya universales como la famosa asistencia-presencia de Charlie Chaplin al acto.
Picabia declara: “-Vivan las concubinas y los concubinistas. Todos los miembros del movimiento dadá son presidentes, toda la gente de gusto está podrida...”
Picabia continúa publicando en París su revista 391 (La Moral es la Espina Dorsal de los imbéciles). Funda también la revista Cannibale. Paul Dermé (dadaísta cartesiano) lanza el único número de la revista Z. Nace Proverbe de la mano de Eluard..., todo ello, más un gran número de colecciones de poemas, en el transcurso de 1920. Todo dadá se multiplica por sí mismo como una potencia.
Litterature ya había publicado Los Manifiestos Dadá (antes también publicó Los Cantos de Maldoror de Isidore Ducase y Las Cartas de Guerra de Vaché), así como escritos y encuestas experimentales tales como: ¿Usted por qué escribe? (encuesta que arrastró al mundo literario hacia una trampa todavía en la memoria de muchos artistas). El caso es que, tras aquel éxtasis inicial de celebraciones dadá en París, el espíritu comenzó a mostrar signos de agotamiento, debido en parte al escandaloso choque social y en parte al vislumbramiento del nuevo ente artístico, el surrealismo. Las relaciones entre los propios miembros del contingente dadá se disgregan. Por un lado: Tzara, Picabia y Ribemont-Dessaignes, entre otros, permanecen fieles al dadá más genuino. Por otro lado, Bretón, Soupalt, Peret, Aragón y otros proponen un juicio ficticio del escritor Maurice Barrés, algo que no agradó a la cabalgata dadaísta. Pero la ruptura total llegaría cOn el Congreso Internacional de 1922.
entramos en el año 1921. Picabia (“el intoxicado”, un dadaísta neto) es el primero en “arrojar la toalla”, cOmO denuncia a una grieta en la homogeneidad de dadá.
M. Picabia se separa de los dadás. (...) El espíritu dadá no ha existido verdaderamente (más que de 1913 a 1918, época en la que no cesó de evolucionar, de transformarse; a partir de ese momento se ha convertido en algo tan poco interesante como la producción de la escuela de Bellas Artes o las elucubraciones estáticas ofrecidas por la Nouvelle Revue Française y por ciertos miembros del Instituto. Queriendo prolongarse, dadá se ha encerrado en sí mismo (comunicado a un periódico).
Pero esta no fue la única queja de Picabia hacia el carisma que empezaba a tomar la dimensión dadá. Las Excursiones y Visitas guiadas, propuestas por Bretón, y que el grupo comenzó a programar como actividades dadá (a una iglesia abandonada, al Louvre, a la estación de Sint-Lazare...) nO Obtuvieron la aprobación de Picabia.
Enfermo desde hace seis semanas, nO tengo nada que ver en la Organización de esta manifestación. Todo lO que espero es que nO presente ningún carácter político, clerical O anticlerical pues me abstendré siempre de participar en una manifestación de este tipo, pOrque considero a dadá cOmO un personaje que nO tiene nada que ver cOn ninguna creencia sea la que sea (Picabia).
Acusación y juicio de Maurice Barrès (síntesis de La Aventura Dadá de George Hugnet)
Viernes 13 de mayo de 1921, en la Sala de las Sosiegues Salvantes
Testigos: Tzara, Jacques Rigaut, Péret, etc.
Presidente del Tribunal: André Bretón
Asesores del Tribunal: T. Fraenkel y Pierre Deval
Acusador público: George Ribemont-Dessaignes
Defensa: Louis Aragón y Philippe Soupalt
El Acusado: simbolizado por un maniquí sacado de un almacén de novedades
El proceso reviste una seriedad a la que dadá no nos tiene acostumbrados, no le resulta nada natural presidir un tribunal. Algunas declaraciones, entre ellas las de Tzara, confieren al proceso un tinte dadá. POr lO demás y desde el principio, Tzara y Picabia desaprobaron la empresa.
A partir de este absurdo proceso intelectual los dadaístas comienzan a padecer una sordera militar incontenible. Bretón rehúsa participar en los Salones Dadá porque se basaban exclusivamente en el arte. Duchamp reemplazó sus cuadros por los números correspondientes del catálogo...
No lo olviden! No olviden que 1922 marca el final de la maravillosa aventura dadá. Por no haber querido convertirse en tópico ni academicismo, dadá va a morir
El congreso de parís (1922)
Bretón propone a los dadaístas la celebración de un Congreso para determinar las directrices y la defensa del espíritu moderno. Ridiculizar el arte una vez más parece divertir a lOs miembros del grupo.
“Se prevé un comité que reunirá diversas tendencias del arte moderno y sus miembros se eligen de común acuerdo (Bretón, Fernand Léger, Roger Vitrac...) Tienen lugar varias reuniones en el curso de las cuales algunos miembros expresan su temor a ver el Congreso saboteado pOr lOs dadaístas. El comité decide entonces tomar medidas de las que dependerá el éxito del Congreso (limitación de las intervenciones, retiro de la palabra a los saboteadores y, en caso de alboroto, expulsión por cualquier medio. CuandO bretón informó de tales medidas, algunos, dejándose llevar por su instinto dadá, decidieron entorpecer deliberadamente la empresa.
El Comité, en la persona de bretón, propone a Tzara entrar en su seno. Tzara responde:”- Tengo el gran disgusto de decirle que las reservas que había formulado acerca de la idea misma del Congreso no cambian por el hecho de que participe en él y me resulta bastante desagradable tener que rechazar la oferta que me has hecho. (...) Considero que el marasmo actual, resultado de la mezcla de tendencias, de la confusión de los géneros y de la substitución de los grupos por individualistas, es más peligroso que la reacción. Prefiero permanecer inmóvil antes que alentar una acción que considero perjudicial a esa búsqueda de lo nuevo, a lo que tanto amo, incluso aunque tome la forma de la indiferencia...”
Ante la contestación de Tzara, el comité (en principio imparcial, descubre su hostilidad hacia el movimiento dadá, particularmente hacia su promotor, haciendo gala de una xenofobia artística inaudita hasta el momento.
“Desde este momento los abajo firmantes, miembros del comité organizador, quieren poner a la opinión pública en guardia contra las maquinaciones de un personaje conocido por el promotor de un “movimiento” venido de Zúrich que no es necesario designar de Otra manera y que hoy ya no responde a ninguna realidad. Todas las tendencias, incluso las más extremistas, incluidas las que pretende representar la persona que apuntamos, se tomarán igualmente en consideración. Lo que no se permitirá es que la suerte de la empresa dependa de los cálculos de un impostor ávido de publicad...”
Tal declaración trajo cola y una reunión de protesta cOntra las injurias levantadas hacia Tzara. A Bretón se le Obliga a reconocer que fue el único instigador del comunicado y que no había empleado lOs términos “venido de Zúrich” e “impostor ávido de publicidad”, más que para perjudicar la acción de la personalidad apuntada, hostil al congreso, y no pudo presentar ninguna prueba de sus injuriosas acusaciones.
De este modo se abortó el dichoso congresito, una vez retirada la confianza de muchos de lOs firmantes, y lO demás, cOmO ya sabéis, es Otra HISTORIA.
La impotencia para discernir entre los grados de claridad: lamer las penumbras y flotar en la gran boca llena de miel y de excremento. Medida en la escala Eternidad, toda acción es vana (si dejamos que el pensamiento tenga una aventura cuyo resultado fuese infinitamente grotesco, dato importante para el conocimiento de la impotencia humana). Pero si la vida es una farsa barata, sin objetivo ni parto inicial, y porque nosotros creemos deber salir adelante limpiamente, como crisantemos lavados, del asunto, hemos proclamado única base de entendimiento: al arte. El arte no tiene la importancia que nosotros, centuriones de la mente, le prodigamos desde hace siglos. El arte no aflige a nadie y aquellos que sepan interesarse por él recibirán caricias y buena ocasión para poblar el país de su conversación. El arte es algo privado, el artista lo hace para sí mismo; la obra comprensible es producto de periodista, y pues que se me antoja en este momento mezclar a ese monstruo con colores de aceite: tubo de papel que imita metal que uno aprieta y automáticamente vierte odio, cobardía, villanía, El artista, el poeta, se regocija del veneno de la masa condensada en un jefe de sección de esta industria, es feliz cuando se le injuria: prueba de su inmutabilidad. El autor, el artista alabado por los periódicos, comprueba la comprensión de su obra: miserable forro de un abrigo con utilidad pública; andrajos que cubren la brutalidad, meados colaborando al calor de un animal que cobija bajos instintos. Fofa e insípida carne que se multiplica con la ayuda de los microbios tipográficos.
Hemos arrollado la tendencia llorona en nosotros. Toda filtración de esa naturaleza es diarrea confitada. Alentar este arte significa digeriría. Nos hacen falta obras fuertes, rectas, precisas e incomprendidas para siempre. La lógica es una complicación. La lógica siempre es falsa. Ella tira de los hilos de las nociones, palabras, en su exterior formal, hacia objetivos y centros ilusorios. Sus cadenas matan, miriápodo enorme que asfixia a la independencia. Casado con la lógica, el arte vivi-ría en el incesto, engullendo, tragándose su propia cola siempre su cuerpo, fornicándose en sí mismo, y el genio se volvería una pesadilla asfaltada de protestantismo, un monumento, una pila de intestinos grisáceos y pesados.
Pero la soltura, el entusiasmo e inclusive el júbilo de la injusticia, esa pequeña verdad que nosotros practicamos con inocencia y que nos hace bellos; somos finos y nuestros dedos son maleables y resbalan como las ramas de esa planta insinuante y casi líquida; ella precisa nuestra alma, dicen los cínicos. También ése es un punto de vista; pero no todas las flores son santas, por fortuna, y lo que de divino hay en nosotros es el despertar de la acción antihumana. Se trata de una flor de papel para el ojal de los señores que frecuentan el baile de la vida enmascarada, cocina de la gracia, blancas primas ágiles o gordas. Ellos trafican con lo que nosotros hemos seleccionado. Contradicción y unidad de los polares en un solo chorro puede ser verdad. Eso si uno insiste en pronunciar esa banalidad, apéndice de una moralidad libidinosa, maloliente. La moral atrofia como todo azote producto de la inteligencia. El control de la moral y de la lógica nos han inflicto la impasibilidad ante los agentes de la violencia —causa de la esclavitud—, ratas pútridas de las que han infectado los únicos corredores de vidrio claros y limpios que quedaban abiertos a los artistas.
Que grite cada hombre: hay un gran trabajo destructivo negativo, por cumplir. Barrer, asear. La limpieza del individuo se afirma después del estado de locura, de locura agresiva, completa, de un mundo dejado en manos de bandidos que desgarran y destruyen los siglos. Sin fin ni designio, sin organización: la locura indomable, la descomposición. Los fuertes por la palabra o por la fuerza sobrevivirán, pues son vivos en la defensa, la agilidad de los miembros y de los sentimientos chamusca sus flancos labrados. La moral ha determinado la caridad y la piedad, dos bolas de sebo que han crecido como elefantes y a las que llamamos buenas. La moralidad es la infusión de chocolate en las venas de todos los hombres. Esta tarea no fue ordenada por una fuerza sobrenatural, sino por el cartel de los mercaderes de ideas y los acaparadores universitarios. Sentimentalidad: viendo a un grupo de hombres que se pelean y se aburren, inventaron el calendario y el medicamento sabiduría. Pegando etiquetas, se desencadenó la batalla de los filósofos (mercantilismo, balanza, medidas meticulosas y mezquinas) y se entendió una vez más que la piedad es un sentimiento, como la diarrea, en relación con el asco que arruina la salud, la inmunda tarea de las carroñas de comprometer al sol.
Yo proclamo la oposición de todas las facultades cósmicas a esta blenorragia de un sol pútrido salido de las fábricas del pensamiento filosófico, la lucha encarnizada, con todos los medios del Asco DADAÍSTA
Todo producto del asco susceptible de convertirse en una negación de la familia, es dadá; protesta con todas las fuerzas del ser en acción destructiva: dadá; conocimiento de todos los medios hasta ahora rechazados por el sexo púdico del compromiso cómodo y la cortesía: dadá; abolición de la lógica, danza de los impotentes de la creación: dadá; de toda jerarquía y ecuación social instalada para los valores por nuestros lacayos: dadá; cada objeto, todos los objetos, los sentimientos y las oscuridades, las apariciones y el choque preciso de las líneas paralelas, son medios para el combate: dadá; abolición de la memoria: dadci; abolición de la arqueología: dadá; abolición de los profetas: dadá; abolición del futuro: dadá; creencia absoluta indiscutible en cada dios producto inmediato de la espontaneidad: dadá; salto elegante y sin perjuicio de una armonía a la otra esfera; trayectoria de una palabra lanzada como un disco sonoro grito; respetar todas las individualidades en su locura del momento; seria, temerosa, tímida, ardiente, vigorosa, decidida, entusiasta; pelar su iglesia de todo accesorio inútil y pesado; escupir como una cascada luminosa el pensamiento chocante o amoroso, o mimarlo "con la viva satisfacción de que da igual" con la misma intensidad en el zarzal, puro de insectos para la sangre bien nacida, y dorada de cuerpos de arcángeles, de su alma. Libertad: dadá, dadó, dadá, aullido de los dolores crispados, entrelazamiento de los contrarios y de todas las contradicciones, de los grotescos, de las inconsecuencias: la vida.
Dadaísmo – DocumentArte
Manifiesto Dadaísta.
Tristán Tzara
El Manifiesto Dadá de 1918 es el primer manifiesto del movimiento. Fue escrito por Tristan Tzara y publicado ese año en el número 3 de la revista Dada de Zurich. Otro texto importante para la historia del dadaísmo es también La premiere aventure celeste de Mausleur Antipyrine, que Tzara escribió en 1916. Sin embargo, el manifiesto de 1918 es bastante más significativo y explícito en sus intenciones. Igualmente importante es el Manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo, también de Tzara, leído en Paris el 12 de diciembre de 1920 en la Galería Povolozky y publicado posteriormente en el número 4 de la revista La vie des lettres. En la traducción de estos dos textos se han perdido, inevitablemente, algunos juegos de palabras.
La magia de una palabra--DADA-, que ha puesto a los periodistas ante la puerta de un mundo imprevisto, no tiene para nosotros ninguna importancia. Para lanzar un manifiesto es necesario: A, B, C irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños y grandes a, b, c, y afirmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa en forma de obviedad absoluta, irrefutable, probar el propio non plus ultra y sostener que la novedad se asemeja a la vida como la última aparición de una cocotte prueba la esencia de Dios.
En efecto, su existencia ya fue demostrada por el acordeón, por el paisaje y por la palabra dulce. Imponer el propio A.B.C. es algo natural, y, por ello, deplorable. Pero todos lo hacen bajo la forma de cristal-bluff-madonna o de sistema monetario, de producto farmacéutico o de piernas desnudas invitantes a la primavera ardiente y estéril. El amor por lo nuevo es una cruz simpática que revela un amiquemeimportismo, signo sin causa, frágil y positivo. Pero también esta necesidad ha envejecido.
Es necesario animar el arte con la suprema simplicidad: novedad. Se es humano y auténtico por diversión, se es impulsivo y vibrante para crucificar el aburrimiento.
En las encrucijadas de las luces, vigilantes y atentas, espiando los años en el bosque.
Yo escribo un manifiesto y no quiero nada y, sin embargo, digo algunas cosas y por principio estoy contra los manifiestos, como, por lo demás, también estoy contra los principios, decilitros para medir el valor moral de cada frase. Demasiado cómodo: la aproximación fue inventada por los impresionistas. Escribo este manifiesto para demostrar cómo se pueden llevar a cabo al mismo tiempo las acciones más contradictorias con un único y fresco aliento; estoy contra la acción y a favor de la contradicción continua, pero también estoy por la afirmación. No estoy ni por el pro ni por el contra y no quiero explicar a nadie por qué odio el sentido común.
DADA- he aquí la palabra que lleva las ideas a la caza; todo burgués se siente dramaturgo, inventa distintos discursos y, en lugar de poner en su lugar a los personajes convenientes a la calidad de su inteligencia, crisálidas en sus sillas, busca las causas y los fines (según el método psicoanalítico que practica) para dar consistencia a su trama, historia que habla y se define. El espectador que trata de explicar una palabra es un intrigante: (conocer). Desde el refugio enguatado de las complicaciones serpentinas hace manipular sus propios instintos. De aquí nacen las desgracias de la vida conyugal. Explicar: diversión de los vientres rojos con los molinos de los cráneos vacíos.
Dada no significa nada. Si alguien lo considera inútil, si alguien no quiere perder tiempo por una palabra que no significa nada….El primer pensamiento que se agita en estas cabezas es de orden bacteriológico…, hallar su origen etimológico, histórico o psicológico por lo menos. Por los periódicos sabemos que los negros Kru llaman al rabo de la vaca sagrada: DADA. El cubo y la madre en una cierta comarca de Italia reciben el nombre de DADA. Un caballo de madera, la nodriza, la doble afirmación en ruso y en rumano DADA. Sabios periodistas ven en todo ello un arte para niños, otros santones jesús habla a los niños, el retorno a un primitivismo seco y estrepitoso, estrepitoso y monótono. No es posible construir la sensibilidad sobre una palabra.
Todo sistema converge hacia una aburrida perfección, estancada idea de una ciénaga dorada, relativo producto humano. La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma porque la belleza ha muerto; ni alegre; ni alegre ni triste, ni clara ni oscura, no debe divertir ni maltratar a las personas individuales sirviéndoles pastiches de santas aureolas o los sudores de una carrera en arco a través de las atmósferas. Una obra de arte nunca es bella por decreto, objetivamente y para todos. Por ello, la crítica es inútil, no existe más que subjetivamente, sin el mínimo carácter de generalidad.
¿Hay quien crea haber encontrado la base psíquica común a toda la humanidad? El texto de Jesús y la Biblia recubren con sus amplias y benévolas alas: la mierda, las bestias, los días.
¿Cómo se puede poner orden en el caos de infinitas e informes variaciones que es el hombre? El principio "ama a tu prójimo" es una hipocresía. "Conócete a ti mismo" es una utopía más aceptable porque también contiene la maldad.
Nada de piedad. Después de la matanza todavía nos queda la esperanza de una humanidad purifica-da. Yo hablo siempre de mí porque no quiero convencer. No tengo derecho a arrastrar a nadie a mi río, yo no obligo a nadie a que me siga. Cada cual hace su arte a su modo y manera, o conociendo el gozo de subir como una flecha hacia astrales reposos o el de descender a las minas donde brotan flores de cadáveres y de fértiles espasmos. Estalactitas: buscarlas por doquier, en los pesebres ensanchados por el dolor, con los ojos blancos como las liebres de los ángeles.
Así nació DADA, de una necesidad de independencia, de desconfianza hacía la comunidad. Los que están con nosotros conservan su libertad. No reconocemos ninguna teoría. Basta de academias cubistas y futuristas, laboratorios de ideas formales. ¿Sirve el arte para amontonar dinero y acariciar a los gentiles burgueses? Las rimas acuerdan su tintineo con las monedas y la musicalidad resbala a lo largo de la línea del vientre visto de perfil.
Todos los grupos de artistas han ido a parar a este banco a pesar de cabalgar distintos cometas. Se trata de una puerta abierta a las posibilidades de revolcarse entre muelles almohadones y una buena mesa. Aquí echamos el ancla en la tierra feraz. Aquí tenemos derecho a proclamar esto porque hemos conocido los escalofríos y el despertar. Fantasmas ebrios de energía, hincamos el tridente en la carne distraída. Rebosamos de maldiciones en la tropical abundancia de vertiginosas vegetaciones: goma y lluvia es nuestro sudor, sangramos y quemamos la sed. Nuestra sangre es vigorosa.
El cubismo nació del simple modo de mirar un objeto: Cezanne pintaba una taza veinte centímetros más abajo de sus ojos, los cubistas la miran desde arriba complicando su aspecto sección perpendicular que sitúan a un lado con habilidad.. me olvido de los creadores ni de las grandes razones de la a. que ellos hicieron definitivas).
El futurismo ve la misma traza un movimiento sucesivo de objetos uno al lado del otro, añadiéndole maliciosamente alguna línea-fuerza. Eso no quita que la buena o mala, sea siempre una inversión de capi-tales intelectuales.
El nuevo pintor crea un mundo cuyos elementos son sus mismos medios, una obra sobria y definida, sin argumento. El artista nuevo protesta: ya no pinta (reproducción simbólica e ilusionista), sino que crea directamente en piedra, madera, hierro, estaño, bloques de organismos móviles a los que el límpido viento de las a inmediatas sensaciones hacer dar vueltas en todos los sentidos.
Toda obra pictórica o plástica es inútil; que, por lo u sea un monstruo capaz de dar miedo a los espíritus serviles y no algo dulzarrón para servir de ornamento a los refectorios de esos animales vestidos de paisano que ilustran tan bien esa fábula triste de la humanidad. Un cuadro es el arte que se encuentren dos líneas geométricas que se ha comprobado que son paralelas, hacer que se encuentren en un lienzo, ante nuestros ojos, en una realidad que nos traslada a un mundo de otras condiciones y posibilidades.
Este mundo no esta especificado ni definido en la obra, pertenece en sus innumerables variaciones al espectador. Para su creador la obra carece de causa y de teoría. Orden = desorden; yo = no-yo; afirmación = negación; éstos son los fulgores supremos de un arte absoluto. Absoluto en la pureza de cósmico y ordenado caos, eterno en el instante globular sin duración, sin respiración, sin luz y sin control. Amo una obra antigua por su novedad.
Tan sólo el contraste nos liga al pasado. Los escritores que enseñan la moral y discuten o mejoran la base psicológica, tienen, aparte del deseo oculto del beneficio, un conocimiento ridículo de la vida que ellos han clasificado, subdividido y canalizado. Se empeñan en querer ver danzar las categorías apenas se ponen a marcar el compás. Sus lectores se carcajean y siguen adelante: ¿con qué fin? Hay una literatura que no llega a la masa voraz. Obras de creadores nacidas de una auténtica necesidad del autor y sólo en función de sí mismo. Consciencia de un supremo egoísmo, en el que cualquier otra ley queda anulada.
Cada página debe abrirse con furia, ya sea por serios motivos, profundos y pesados, ya sea por el vórtice y el vértigo, lo nuevo y lo eterno, la aplastante espontaneidad verbal, el entusiasmo de los principios, o por los modos de la prensa. He ahí un mundo vacilante que huye, atado a los cascabeles de la gama infernal, y he ahí, por otro lado, los hombres nuevos, rudos, cabalgando a lomos de los sollozos. He ahí un mundo mutilado y los medicuchos literarios preocupados por mejorarlo.
Yo os digo: no hay un comienzo y nosotros no temblamos, no somos unos sentimentales. Nosotros desgarramos como un furioso viento la ropa de las nubes y de las plegarias y preparamos el gran espectáculo del desastre, el incendio, la descomposición.(Esto da la pauta del profundo dolor y el sin sentido de la guerra, que declara victoriosos a seres que son tan traidores como los enemigos combatidos, la pérdida de muchos amigos y el sin sentido de no poder comer por más que se haya ganado la guerra... el sin sentido de una sociedad que puso en el altar al racionalismo y se desencantó cuando tuvo que, justificado por dicho racionalismo, marchar a matar, a violar, a descomponer, a destruir...)
Preparamos la supresión del dolor y sustituimos las lágrimas por sirenas tendidas de un continente a otro. Banderas de intensa alegría viudas de la tristeza del veneno.
DADA es la enseñanza de la abstracción; la publicidad y los negocios también son elementos poéticos.
Yo destruyo los cajones del cerebro y los de la organización social: desmoralizar por doquier y arrojar la mano del cielo al infierno, los ojos del infierno al cielo, restablecer la rueda fecunda de un circo universal en las potencias reales y en la fantasía individual. La filosofía, he ahí el problema: por qué lado hay que empezar a mirar la vida, Dios, la idea y cualquier otra cosa. Todo lo que se ve es falso.
Yo no creo que el resultado negativo sea más importante que la elección entre el dulce y las cerezas como postre. El modo de mirar con rapidez la otra cara dc una cosa para imponer directamente la propia opinión se llama dialéctica, o sea, el modo de regatear el espíritu de las patatas frutas bailando a su alrededor la danza del método. Si yo grito: IDEAL, IDEAL, IDEAL, conocimiento, conocimiento, conocimiento bumbúm, bumbúm, bumbúm, registro con suficiente exactitud el progreso, la ley, la moral y todas las demás bellas cualidades de que tantas personas inteligentil han discutido en tantos libros para llegar, al fin, a confesar que cada uno, del mismo modo, no ha hecho más que bailar al compás de su propio y personal bumbúm y que, desde el punto de vista de tal bumbúm, tiene toda la razón: satisfacción de una curiosidad morbosa, timbre privado para necesidades inexplicables; baño; dificultades pecuniarias; estómago con repercusiones en la 'ida; autoridad de la varita mística formulada en el grupo de una orquesta fantasma de arcos mudos engrasados con filtros a base de amoniaco animal.
Con los impertinentes azules de un ángel han enterrado la interioridad por cuatro perras de unánime reconocimiento. Si todos tienen razón, y si todas las píldoras son píldoras Pínk., tratemos de no tener razón.
En general, se cree poder explicar racionalmente con el pensamiento lo que se escribe. Todo esto es relativo. El pensamiento es una bonita cosa para la filosofía, pero es relativo. El psicoanálisis es una enfermedad dañina, que adormece las tendencias antirreales del hombre y hace de la burguesía un sistema. No hay una Verdad definitiva.
La dialéctica a una máquina divertida que nos ha llevado de un modo bastante trivial a las opiniones que hubiéramos tenido de otro modo. ¿Hay alguien que crea, mediante el refinamiento minucioso de la lógica,, haber demostrado la verdad de sus opiniones?
La lógica constreñida por los sentidos es una enfermedad orgánica. A este elemento los filósofos se complacen en añadir el poder de observación. Pero justamente esta magnífica cualidad del espíritu es la prueba de su impotencia. Se observa, se mira desde uno o varios puntos de vista y se elige un determinado punto entre millones de ellos que igualmente existen. La experiencia también es un resultado del azar y de las facultades individuales. La ciencia me repugna desde el momento en que se transforma en sistema especulativo y pierde su carácter de utilidad, que, aun siendo inútil, es, sin embargo, individual.
Yo odio la crasa objetividad y la armonía, esta ciencia que halla que todo está en orden: continuad, muchachos, humanidad... La ciencia nos dice que somos los servidores de la naturaleza:
Todo está en orden, haced el amor y rompeos la cabeza; continuad, muchachos, hombres, amables burgueses, periodistas vírgenes...
Yo estoy contra los sistemas: el único sistema todavía aceptable es el de no tener sistemas. Completarse, perfeccionarse en nuestra pequeñez hasta colmar el vaso de nuestro yo, valor para combatir en pro y en contra del pensamiento, misterio de pan, desencallamiento súbito de una hélice infernal hacia lirios baratos. La espontaneidad dadaísta Yo llamo amíquémeimportismo a una manera de vivir en la que cada cual conserva sus propias condiciones respetando, no obstante, salvo en caso de defensa, las otras individualidades, el twostep que se convierte en himno nacional, las tiendas de antigüallas, el T.S.H., el teléfono sin hilos, que transmite las fugas de Bach, los anuncios luminosos, los carteles de prostíbulos, el órgano que difunde claveles para el buen Dios y todo esto, todo junto, y realmente sustituyendo a la fotografía y al catecismo unilateral. La simplificidad activa. La impotencia para discernir entre los grados de claridad: lamer la penumbra y flotar en la gran boca llena de miel y de excrementos.
Medida con la escala de lo Eterno, toda acción es vana (si dejamos que el pensamiento corra una aventura cuyo resultado sería infinitamente grotesco; dato, también éste, importante para el conocimiento de la humana impotencia). Pero si la vida es una pésima farsa sin fin ni parto inicial, y como creemos salir de ella decentemente como crisantemos lavados, proclamamos el arte como única base de entendimiento. No importa que nosotros, caballeros del espíritu, le dediquemos desde siglos nuestros refunfuños.
El arte no aflige a nadie y a aquellos que sepan interesarse por él recibirán, con sus caricias, una buena ocasión de poblar el país con su conservación. El arte es algo privado y el artista lo hace para si mismo; una obra comprensible es el producto de periodistas.
Y me gusta mezclar en este momento con tal monstruosidad los colores al mezclar en este momento con tal monstruosidad los colores al óleo: un tubo de papel de plata, que, si se aprieta, vierte automática-mente odio, cobardía, y villanía. El artista, el poeta aprecia el veneno de la masa condensada en un jefe de sección de esta industria. Es feliz si se le insulta: eso es como una prueba de su coherencia. El autor, el artista elogiado por los periódicos, comprueba la comprensibilidad de su obra: miserable forro de un abrigo destinado a la utilidad publica: andrajos que cubren la brutalidad, meadas que colaboran al calor de un animal que incuba sus bajos instintos, fofa a insípida carne que se múltipla con la ayuda de los microbios tipográ ficos. Hemos tratado con dureza nuestra inclinación a las lagrimas. Toda filtración de esa naturaleza no es mas que diarrea almibarada. Alentar un arte semejante significa diferirlo.
Nos hacen falta obras fuertes, rectas, precisas y, mas que nunca, incomprensibles. La lógica es una complicación. La lógica siempre es falsa.
Ella guía los hilos de las nociones, las palabras en su forma exterior hacia las conclusiones de los centros ilusorios. Sus cadenas matan, miriápodo gigante que asfixia a la independencia. Ligado a la lógica, el arte viviría en el incesto, tragándose su propia cola, su cuerpo, fornicando consigo mismo, y el genio se volvería una pesadilla alquitranada de protestantismo, un monumento, una marcha de intestinos grisáceos y pesados. Pero la soltura, el entusiasmo y la misma alegría de la injusticia, esa pequeña verdad que nosotros practicamos con inocencia y que nos hace bellos (somos sutiles, nuestros dedos son maleables y resbalan como las ramas de esta planta insinuante y casi liquida) caracterizan nuestra alma, dicen los cínicos. También ese es un punto de vista, pero no todas las flores, por fortuna, son sagradas, y lo que hay de divino en nosotros es el comienzo de la acción antihumana. Se trata, aquí, de una flor de papel para el ojal de los señores que frecuentan el baile de disfraces de la vida, cocina de la gracia, con blancas primas ágiles o gordas.
Esta gente comerció con lo que hemos desechado. Contradicción y unidad de las estrellas polares en un solo chorro pueden ser verdad, supuesto que alguien insista en pronunciar esta banalidad, apéndice de una moralidad libidinosa y maloliente.
La moral consume, como todos los azotes de la inteligencia. El control de la moral y de la lógica nos han impuesto la impasibilidad ante los agentes de policía, causa de nuestra esclavitud, pútridas ratas de las que está repleto el vientre de la burguesía, y que han infectado los únicos corredores de nítido y transparente cristal que aun seguían abiertos a los artistas. Todo hombre debe gritar. Hay una gran tarea destructiva, negativa por hacer. Barrer, asear. La plenitud del individuo se afirma a continuación de un estado de locura, de locura agresiva y completa de un mundo confiado a las manos de los bandidos que se desgarran y destruyen los siglos. Sin fin ni designio, sin organización: la locura indomable, la descomposición.
Los fuertes sobrevivirán gracias a su voz vigorosa, pues son vivos en la defensa. La agilidad de los miembros y de los sentimientos flamea en sus flancos prismáticos. La moral ha determinado la caridad y la piedad, dos bolas de sebo que han crecido, como elefantes, planetas, y que, aun hoy, son consideradas válidas. Pero la bondad no tienen nada que ver con ellas. La bondad es lucida, clara y decidida, despiadada con el compromiso y la política.
La moralidad es como una infusión de chocolate en las venas de los hombres. Esto no fue impuesto por una fuerza sobrenatural, sino por los trusts de los mercaderes de ideas, por los acaparadores universitarios.
Sentimentalidad: viendo un grupo de hombres que se pelean y se aburren, ellos inventaron el calendario y el medicamento de la sabiduría. Pegando etiquetas se desencadeno la batalla de los filósofos (mercantilismo, balanza, medidas meticulosas y mezquinas) y por segunda vez se comprendió que la piedad es un sentimiento, como al diarrea en relación con el asco que arruina la salud, que inmunda tarea de carroñas para comprometer al sol. Yo proclamo la oposición de todas las facultades cósmicas a tal blenorragia de pútrido sol salido de las fabricas del pensamiento filosófico, y proclamo la lucha encarnizada con todos los medios del Asco dadaísta
Toda forma de asco susceptible de convertirse en negación de la familia es Dada; la protesta a puñeta-zos de todo el ser entregado a una acción destructiva es Dada; el conocimiento de todos los medios hasta hoy rechazados por el pudor sexual, por el compromiso demasiado cómodo y por la cortesía es Dada; la aboli ción de la lógica, la danza de los impotentes de la creación es Dada; la abolición de la lógica, la danza de los impotentes de la creación es Dada; la abolición de toda jerarquía y de toda ecuación social de valores esta-blecida entre los siervos que se hallan entre nosotros los siervos es Dada; todo objeto, todos los objetos, los sentimientos y las oscuridades, las apariciones y el choque preciso de las líneas paralelas son medios de lucha Dada; abolición de la memoria: Dada; abolición del futuro: Dada; confianza indiscutible en todo dios producto inmediato de la espontaneidad: Dada;
Salto elegante y sin prejuicios de una armonía a otra esfera; trayectoria de una palabra lanzada como un disco, grito sonoro; respeto de todas las individualidades en la momentánea locura de cada uno de sus sentimientos, serios o temerosos, tímidos o ardientes, vigorosos, decididos, entusiastas; despojar la propia iglesia de todo accesorio inútil y pesado; escupir como una cascada luminosa el pensamiento descortés o amoroso, o bien, complaciéndose en ello, mimarlo con la misma identidad, lo que es lo mismo, en un matorral puro de insectos para una noble sangre, dorado por los cuerpos de los arcángeles y por su alma.
Libertad: DADA, DADA, DADA, aullido de colores encrespados, encuentro de todos los contrarios y de todas las contradicciones, de todo motivo grotesco, de toda incoherencia: LA VIDA.
Tristán Tzara
EL DADAÍSTA CABARET VOLTAIRE RESURGE EN ZURICH
Por Roger Salas
(...) tras 88 años de olvido, resurge en su espacio original el lugar donde nació el dadaísmo y la intención dadá, un formato de cultura libre e independiente que hoy en día quiere ser recuperado a toda costa. los pla-nes son muy ambiciosos y sus actuales organizadores reconocen que en el mundo globalizado de hoy resultará más que difícil articular un espíritu honestamente neodadá, que sea auténtico y alternativo, y que no quede todo en el intrascendente ajetreo mediático que hace naufragar actualmente gran parte de la intencionalidad del arte contemporáneo.
Aquello está todavía en obras, el Cabaret Voltaire, pero hay una euforia por echarlo a andar, un deseo de manifestación que se respira entre antiguas pintadas en la pared, tuberías y un ir y venir de operarios. Aquella era una zona de pobres, pubs miserables y muchas putas, dice historiador de arte e inspirador del nuevo proyecto, que explica con detalle cómo la cultura de la ciudad, siempre interpretada de puertas para adentro, se vio conmocionada en su tiempo por los dadaístas. durante cuatro meses de 1916, desde febrero al inicio del verano, el Cabaret Voltaire fue capaz de teorizar y estructurar todo un pensamiento de respuesta vital que ahora se quiere recuperar entonces, en Zurich pensaban que Tristán Tzara estaba loco, tanto por lo que escribía como por cómo se comportaba, pero fue este poeta precisamente quien lideró a los dadaístas en el local, donde le prometieron al dueño, un holandés de nombre "Efraín", que vendería más cerveza si los acogía... naturalmente eso no ocurrió y Efraín los echó a la calle.
Con los años, el Cabaret Voltaire fue un restaurante barato con gente de mala vida en sus grasientas mesas de tablón; en los años treinta lo decoraron como una casa de campo suiza; en los 60 fue una discoteca de mala ralea, y en la década de los 70 y 80, un conocido bar gay con fama de guarro. Entonces una banca suiza compró el edificio para hacer departamentos de lujo, y en 2002 fue abordado sorpresivamente por okupas que pintaron los muros con alusiones dadaístas muy mediocres, pero llenas de memoria, en una acción que atrajo la atención sobre el lugar que ahora se ha recuperado gracias a la asociación del ayuntamiento de Zurich y la firma de relojes Swatch. El proyecto actual cuenta con unos 950.000 euros, aportados por la marca de relojes, que se invertirán en los próximos 5 años para financiar las actividades cultu-rales, las cuales comenzarán con una exposición de 5 comisarios internacionales que reflejarán la evolución de la idea dadá desde 1916 hasta nuestros días. en la fachada lateral del cabaret se ha colocado la placa escultura que en 1966 creara Jean Arp en mármol bajo el lema OMBLIGO DEL MUNDO y donde dice: en esta casa se estrenó el 5 de febrero de 1916 el cabaret Voltaire, con el que se fundó el dadaísmo. el nuevo Cabaret Voltaire nace (renace) recordando detalles del sinfín de personalidades que pasaron por allí, desde Jung hasta un Picabia que cayó en Zurich preso de su dependencia al alcohol y a la morfina con la intención de desengancharse. Nick Hayek, uno de los directivos de swatch -chronology y también coleccionista de arte dadaísta, anun-ció ayer en medio de la famosa rotativa del NZZ -periódico fundado en 1780, en el que Tzara imprimió en 1916 todos sus memorables manifiestos- que detrás de todo este proyecto hay un deseo de provocar con sentido, de fusionar en el movimiento artístico contemporáneo las ideas dadaístas que hoy parecen estar más presentes que nunca y ser más necesarias.
Hayek ha creado una serie limitada de relojes con gráfica dadaísta que contiene dentro de su esfera un trozo de papel original del cabaret. en una subasta en parís compramos aquellos trozos de papel que luego cortamos minuciosamente y colocamos a mano dentro de los relojes, cuyo importe de la venta servirá para continuar financiando estos actos de verdadera cultura, indicó. en este proyecto participa además la prestigiosa revista de arquitectura Hochparterre y el Komitee pro Dadá Haus el artista John Armleder cofundador de fluxus se ha implicado en este proyecto con la elaboración de una obra original que pasará a formar parte de la colección permanente del Cabaret Voltaire. cuando recorre el local, Jury Steiner se muestra entusiasmado con la idea de producir un dadaísmo de hoy que en absoluto puede entenderse como evocador del pasado, sino como una interesante necesidad actual que amplia el espectro dadaísta y lo justifica. En la rotativa del NZZ hubo por la noche una performance de carácter dadá, donde actores, bailarines y músicos improvisaron desde cadáveres exquisitos corporales hasta la acción de poner en funcionamiento una máquina capaz de extraer y concentrar el tiempo, posiblemente una idea que hubiera divertido a los dadaístas de principio de siglo XX." .
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EL RASTRO FÉRTIL DE DADA
por Fernando Huici
… imaginen el verano de 1916, Europa desgarrada por una guerra atroz y un oasis, Zúrich, al que acuden, huyendo de la barbarie, gentes de todo el continente. Imaginen una mañana, la del 14 de julio pongamos, y en una acera de Spiegelgasse, a la puerta de la taberna meirei, dos personajes enfrentados en una partida de ajedrez. uno es el poeta rumano Sami Rosentock, al que todos conocen ya por el seudónimo de Tristán Tzara......el otro, un refugiado ruso, vive en el número 12 de esa misma vía y su nombre: Vladimir Ilich Ulyanov, está a punto de cambiar por el de Lenín. leyenda o verdad, la escena ha hecho correr no poca tinta y será recreada incluso en más de un texto escénico como el TRAVESTIS, de Tom Stoppard o la ópera ZURICH 1916 de Christopher Butterfield. pues ante esta paradójica coincidencia de tiempo y lugar, se hará difícil resistirse a la tentación de sugerir una cierta simetría entre ambos arquetipos, entre el instigador de la revolución de octubre que, en un año apenas, va a instaurar sobre las cenizas del viejo orden el tiempo de la utopía, y una de las cabezas visibles de otra vorágine que aquella misma noche del 14 de julio del 16, y justo ahí, en el salón trasero de la meirei, había de tener al fin su verdadera epifanía. creado en febrero de aquel año por dos refugiados berlineses, el escritor y director de escena Hugo Ball y su amante Emmy Hennings, como plataforma de difusión de nuevas propuestas teatrales, musicales o poéticas, el cabaret Voltaire, con la primera soirée dadá, se adentraba desde ese día en la leyenda. Con una trama de complicidades que sumaba para entonces, entorno a Ball, Hennings y Tzara, nombres como los de Arp, Huelsenbeck o Janco, y sobre el saqueo de utillaje de otras vanguardias, ya sean la desarticulación y simultaneidad cubistas como el dinamismo, el brutismo y los alardes tipográficos de los futuristas, la irrupción dadá y su inmediato contagio internacional alumbrarán una de las derivas más radicales y corrosivas en la épica de la modernidad. en su agresiva compulsión antiestética, en la renuncia a todo canon y sentido, en la apelación al absurdo y a lo inarticulado, la aventura dadá venía a desenmascarar, en el seno de una cultura continental que establece su edificación mítica sobre los ideales de la razón ilustrada y la ciencia empírica, la despiadada entraña irracional que revela el leviatán de una gran guerra que, sólo en aquel verano del 16, acumulará, al arrancar el otoño, más de un millón de cadáveres en las márgenes del Somme. Mas como suele ocurrir, incluso con esa exacerbada primacía de su estrategia de destrucción, el legado que nace del rastro de dadá, a la postre, insospechadamente fértil. Lo será, desde luego, en los terrenos del ensamblaje y la apropiación, en las poéticas del objeto, en las propuestas fonéticas y el accionismo, como en las derivas experimentales de la danza, el teatro o la poesía, por citar al menos alguna de las deudas más inequívocas. Por todo ello, por su higiénica explosión de libertad como por su fecunda herencia, y aunque no le quepa ser ya sino santuario, parece obligado desear hoy, cuando abre de nuevo sus puertas, larga vida al Cabaret Voltaire.
*Cabaret Voltaire: con este nombre se ha constituido un grupo de jóvenes artistas y escritores... cuyo fin es crear un punto de encuentro para el esparcimiento artístico, la idea del cabaret es que los artistas asistentes a las reuniones diarias ofrezcan recitales y actuaciones musicales y se invita a los jóvenes artistas de Zurich a participar con sus propuestas, sea cual sea su orientación artística. (nota de prensa de la época) generadora de arte ácaro situado en el Nº 1 de la Spielgasse -Zúrich- desde el Cabaret Voltaire se dio el primer gran palmo de narices al mundo y a una sociedad que no merecía respeto alguno; entonces se desen-cadenaba la primera guerra mundial. Zurich, como ciudad neutral, fue un refugio para quienes decidieron apartarse físicamente de aquella guerra, emigrantes políticos, desertores, agentes secretos, inútiles, visiona-rios, poetas y artistas de todas las calañas. De entre el grueso de individuos que se dieron cita en la neutral Suiza se encontraba un joven Tristán Tzara -estudiante de filosofía por entonces-, Marcel Janco –estudiante de arquitectura, por entonces-, Hugo Ball -objetor de conciencia, por entonces-, Huelsenbeck -desertor y declarado inútil para el servicio militar, por entonces- y Jean Arp de visita familiar, por entonces, también Hugo Ball... enamorado del arte y de la poesía junto a su compañera sentimental Emmy Jennigs, pianista y bailarina por aquel entonces... deciden transformar una taberna de chicas de alterne en el famoso cabaret literario, abierto a cualquier propuesta cultural, el 1º de febrero del 16... Como es bien sabido, el Voltaire era un cabaret de vanguardia en torno al cual comenzó a formarse el grupo de fieles Dadá; como resultado de este local, apareció "Cabaret Voltaire", la publicación que se hacía eco de los personajes que amenizaban aquellas noches suizas. A todo esto, la actividad Dadá vería colmada su libertad con una sala de exposicio-nes, la Galerie Dadá, todo ello caldo de cultivo para los posteriores salones dadá, conferencias, exposiciones.
En un principio el programa habitual del cabaret estaba constituido por las exposiciones: la 1ª retrospectiva de Paul Klee, Kandinsky, Richter, recitales de poesía, sesiones Dadá, teatro dadá, conciertos de música ruidística, breves performances, etc.; pero pronto, aquellos espectáculos se transformaron en verdaderas manifestaciones y actos sin parangón; a veces el personal asistente a las veladas no sabía muy bien de qué iba la fiesta y las botellas y Picassos volaban por los aires, teniendo que hacer acto de presencia las fuerzas del orden.
Las manifestaciones Dadá en Zurich, de 1916 al 18, se salían de la literatura y alcanzaban directa-mente la moral y los sentimientos de los espectadores que iban de la rabia a la estupefacción; los contrarios se unían y el amante del arte que se escondía en el fondo de cada hombre, se indignaba o experimentaba tanta imbecilidad y tanto genio. (nota: hay frases que no alcanzan demasiado sentido pero mantengo la frase de la traducción original) reunidos para un espectáculo artístico para un recital de poemas, los espectadores llenos de buena voluntad eran provocados a la fuerza y obligados a estallar en escena se golpeaban llaves y cajas para hacer música hasta que el público protestaba enloquecido. Sterner, en lugar de recitar sus poemas, colocaba un ramo de flores al pie de un maniquí, una voz bajo un inmenso sombrero de copa, leía los poemas de Arp; Huelsenbeck aullaba los suyos cada vez más fuerte, mientras que Tzara, golpeaba siguiendo el mismo ritmo y el mismo crescendo, un gran tambor. Huelsenbeck y Tzara bailaban con gruñidos de osos jóvenes o en un saco, con un tubo en la cabeza, se contorneaban en un ejercicio llamado NOIR CACADOU. Tzara inventaba poemas químicos y estáticos, curiosidades
¿A quién no le hubiera gustado perder unos cuantos gramos de neuronas al ser sacudido por uno de aquellos espectáculos?
Durante aquel tiempo, se sabe que Lenín vivía con su mujer Krupskaia en el Nº 12 de aquella calle de la Spielgasse, lo que ya no es tan seguro (dependiendo de las fuentes) es que los dadaístas tuvieran conoci-miento de la existencia de aquel individuo histórico; puede que ignoraran por completo quién era Lenin, puesto que la política no les interesaba demasiado. según parece, Tristán Tzara midió sus fuerzas sobre un tablero de ajedrez con Lenín, alguna que otra vez, a pesar de todo los hombres de dadá en Zurich saludaron los hechos de la socialdemocracia un año más tarde......cuando Lenin hizo que todo estallara y diera comienzo la Revolución Rusa; lo que, por otro lado, no provocó en Zúrich un compromiso revolucionario con la causa soviética, en las ciudades alemanas, los grupos dadaístas se adhirieron a la liga espartaquista tomando parte activa de las revueltas, las luchas callejeras (Dadá en Alemania) carta a Stalin de arrabal.
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Cobra
El lenguaje Cobra y sus fuentes
por Dra. Willemijn L. Stokvis
lntroducción
Aquellos que formaban parte de Cobra, tanto los que eran seguidores de todo su complejo de ideas y teorías como los que no lo eran, buscaban el origen del hom bre, «la verdadera vida» y la «expresión más natural». Este anhelo romántico del «volver al origen», del «paraíso perdido», del que Jean-Jacques Rousseau con su grito “volver a la naturaleza” se considera el gran precursor a mediados del siglo XVIII, ya se había manifestado antes en muchos momentos y en las distin-tas formas del arte en los S. XIX y XX. Prácticamente todos esas formas se con-centran en Cobra en un solo grito apasionado en la imagen y en la palabra: vol-ver a una existencia humana. Para los miembros de Cobra que estaban más orientados hacia las teorías significaba que la sociedad tendría que cambiar más hacia un sentido marxista.
En cuanto a su expresión creativa se refiere, para todos ellos significaba en cier to sentido aplicar la regresión consciente hacia aquella copa de la conciencia hu mana de la que las expresiones artísticas se eliminaran por el mundo occidental y que no eran consideradas como arte con mayúscula. Es la fase que en los niños se llama “la fase prelógica”, en la que, al igual que ocurre en gente primiti-va y enfermos mentales, para todas las cosas se encuentra un símbolo y en el que todos las cosas parece que tengan un alma: un árbol, una mesa, una piedra están cargados dinámicamente y personas y animales pertenecen al mismo orden. Se puede decir que aquí reina el animismo en distintas formas.
Trabajando sobre este anhelo, y a partir de las fuentes que buscaron y encontra-ron en este terreno surgió una cierta igualdad en sus maneras de expresar: un lenguaje común. El lenguaje de Cobra Igual al surrealismo, en muchos aspectos precursor directo de Cobra, en este movimiento se puede distinguir entre teoría y práctica. Aquellas personas que se ocuparon de la teoría se encargaron de las publicaciones y realizaron Cobra como una organización. la práctica, hecha por todos, era crear arte. En el arte superaron desde el principio no sólo la teoría sino que se movieron también fuera de los límites de los pocos años de la existencia real del movimiento. Los años 1948 al 1951, que son los años en que Cobra existió, fueron el punto de unión de los encuentros, de intercambios apasionados e influencias mutuas. El resultado fue una forma de expresar que más o menos se podía reconocer como típicamente Cobra, un “lenguaje plástico Cobra”. El im pulso a este lenguaje, sin embargo, ya se había dado mucho antes del año 1948: plenamente en Dinamarca y de forma muy modesta en los Países Bajos y en modo bien distinto que en estos dos países en Bélgica y en alguna otra parte. La verdad es que también participaron en el movimiento artistas de otros países, aparte de los tres países de origen, aunque son los nombres de las capitales Co-penhague, Bruselas y Amsterdam las que se encuentran de forma abreviado en la palabra Cobra.
Se puede decir incluso que el lenguaje de Cobra, que se realizó en el período histórico, se desarrolló en su forma más impresionante después de 1951. Fue en esa fase posterior de este lenguaje plástico cuando sus líderes Asger Jorn, Karel Appel, Corneille e inmediatamente después también Pierre Alechinsky, cobraron éxitos internacionales con sus obras y cuando el nombre Cobra pasó a ser un concepto, para llegar alrededor de 1960 a obtener proporciones casi «míticas». En ese período la gente se preguntaba qué significaba Cobra en realidad. Y a continuación se desenterró del pasado reciente la historia romántica del movi-miento con sus ideales utópicos. A pesar de que los que llevaban la palabra en Cobra insistían en que la último cosa que querían era formar un determinado esti lo, surgió un idioma común reconocible. Por otro lado los artistas que fueron invitados más tarde a formar porte del movimiento fueron seleccionados según este sistema.
Lo que ante todo en la historia del arte se considera como típicamente Cobra son los seres fantásticos que los miembros pintores de este grupo evocaron en la pin tura. Son precisamente sobre estos seres con los que se distinguieron dentro de la gran ola del Expresionismo, que se extendió internacionalmente en el mundo del arte occidental después de 1945. En las obras de los pintores daneses Egill Jacobsen, Asger Jögensen (que después de 1945 se llamaría Asger Jorn) y Cari-Henning Pedersen ya aparecen seres fantásticos a partir de más o menos el año 1939. Por tanto iban a denominarse “artistas creadores de mitos” y al mis mo tiempo fueron presentándose, por su modo de trabajar, como “experimentalis tas”. El pintor holandés Constant, tras su encuentro con Jorn en 1946 en París, adoptó la forma de expresar de estos daneses. Appel y Corneille, que ya estaban experimentando en esta dirección, realizaron obras notablemente parecidas. En el caso de Appel ya ocurrió a finales de 1947, y en el caso de los dos: plenamen te en el año 1948. En realidad son estos seis artistas los que dejaron su impronta más clara en la fase inicial del -argot de Cobra- y sin duda alguno los holandeses fueron influenciados fuertemente por los daneses. Otros miembros de este grupo se inclinaron más hacia el arte abstracto, pero con apariciones ocasionales de seres fantásticos en sus obras. En este sentido pienso en los daneses Eljer Bille y Erik Ortvad, el pintor islandés Svavar Gudnason y los holandeses Eugéne Brands, Aton Rooskens, Theo Wolvecamp y Jan Nieuwenhuijs, el francés Jean-Michel Adan y el inglés Stephen Gilbert.
En la forma de trabajar, espontánea e improvisada, que todos aplican, destaca el conjunto de mancha de color y línea, que permanecían como elementos indepen dientes. Este conjunto ocasional de formas o manchas grandes alternando con muchísimas manchas pequeñas y un remolino de líneas serpenteantes, o con unas líneas cortas y fuertes, se observa sobre todo en las obras de los seres fan-tásticos, pero, también regularmente en las composiciones más abstractas. Es característico el uso de colores calientes hasta muy fuertes, y en el caso de Appel incluso de colores sin mezclar. Después de 1951 la mancha de color y la línea se unirán en un movimiento dramático en la pintura. Jorn ya se había ade-lantado. Él y Appel se convirtieron en los pioneros de este desarrollo posterior del “lenguaje de Cobra”, en el que los seres fantásticos infantiles y a veces pasto sos del período: inicial obtuvieron un estilo diabólico. Él miembro belga de Cobra, el pintor Pierre Alechinsky, se adhirió a partir del año 1958 desde un desarrollo totalmente distinto. Reaccionaron numerosos miembros antiguos sobre este apa-sionado encuentro con la materia de la pintura, con la que estos tres pintores empezaron alcanzar éxitos internacionales en aquellos años.
En esta manera se observa el mismo fenómeno en la obra de Rooskens y Wolve camp, -y a partir del año 1960 también el pintor-poeta Lucebert empezó a expre-sarse plenamente en el lenguaje mítico de Cobra en sus obras plásticas. Desde Bélgica serían Serge Vandercam y Jean Raine, involucrados en el movimiento, Cobra especialmente como fotógrafo y cineasta respectivamente, los que se unirí an como pintores en sus actividades posteriores. También el miembro de Cobra Jacques Doucet, con composiciones bastante independientes y alegres produ-cidos en los años de Cobra y que nos hacen pensar sobre todo en Miró, se unió en su desarrollo posterior, cuando hacía composiciones -ciertamente abstracta- en materia de pintura enérgicamente movida más o menos en la dirección que Jorn y Appel realizaron antes que él. Eugéne Brands, que en los años, sesenta conoció un período de seres fantásticos es su obra, desarrollaría posteriormente una abstracción propia, más bien lírica, remontándose a sus obras de antes de 1950.
A partir de mediados de los años sesenta, posiblemente por el gran éxito que la historia del original movimiento, empezó a tener en aquel período, varios pione-ros de Cobra se revolvieron y entonces con más fuerza, sobre las figuraciones más infantiles y optimistas de su período inicial. Lo hicieron en primer lugar Appel y Corneille. Este último hasta entonces había desarrollado en sus obras una abstracción propia y estructurada de forma más consciente. También Anton Rooskens expresaba y así ahora en colores desbordantes, pájaros en vuelo libre y grandes cabezas de dioses sobre lienzo y papel, igual a como hizo Carl-Henning Pedersen ya inmediatamente después de la guerra Pedersen y Egill Jacobsen siempre habían seguido la figuración más poética y optimista de sus períodos iniciales. Pedersen empezó a reproducir sus seres fantásticos en pro-porciones mayores y era siempre sobre un solo color, dominando principalmente azul, rojo, blanco o amarillo.
Una característica del lenguaje Cobra que salta a la vista es también la combina-ción e incluso la mezcla de la escritura y la imagen Esto ocurrió en la mayoría de los casos en una colaboración de poeta y pintor. El resultado fue el llamado “peinture-mot” (pintura - palabra). La necesidad de esta colaboración y el interés por la letra como elemento pictórico en una composición fue fuerte sobre todo en Bélgica. Especialmente el poeta, más tarde calígrafo, Christian Dotremont como “secretario general”, de la revista Cobra, gran eje organizador del movimiento Cobra, fue quien estimuló esta clase de colaboración.
Muchos otros artistas se unieron a Cobra o estuvieron involucrados de una forma indirecta. Se puede decir que sus obras apenas pertenecen al argot de Cobra o incluso no pertenecen a él, en absoluto. Sin embargo los que durante la guerra pertenecieron plenamente al grupo danés “creadores míticos”, pero que después de 1945 más o menos se consideraron como “enemigos de Cobra”, fueron el escultor Robert Jacobsen y el pintor Richard Mortensen. Jacobson, después de la guerra, empezó a trabajar casi exclusivamente en forma geométrica – abstrac-ta y fue con esta clase de obras con las que obtuvo gran fama en aquel período. Aparte de esto hizo una especie de figuras de muñecas en metal soldado que hubieran encajado muy bien en Cobra. Mortersen después de 1945 pasó a una abstracción estética con la que, al igual que Jacobsen, en los círculos del Salón des Réalitées Nouvelles de París obtuvo grandes éxitos. Dentro de Cobra el re chazo a sus obras fue tan grande que a fines de 1949 uno de sus pequeños cua dros fue “corregido” por unos pintores de Cobra, es decir, se volvió a pintar, con un mundo de seres fantásticos. Fue la primera llamada “Cobra-modificación” (modificación Cobra) con la que los «correctores» demostraron que efectiva-mente estaban ocupados de manera consciente del desarrollo de algo así como un «estilo Cobra» o «lenguaje Cobra».
Aunque Cobra directamente se relaciona con la pintura, algunos de sus miem-bros realizaron esculturas de las que se puede decir que, en éste otro medio, realmente contribuyeron al lenguaje Cobra. En primer lugar desde luego hay que nombrar aquí al escultor danés Henry Heerup, que en realidad ya parecía ser “aquello” que todos anhelaban ser, un artista popular real. Ya a partir de los años treinta se “liberó”, según él mismo explicaba, “del material aquello que estaba escondido en él”. Podían ser, entre otras cosas, seres míticos misteriosos. Y también Ejier Bille, que sobre todo era pintor, realizó ya en la segunda mitad de los años treinta unos seres míticos en piedra. Lo hizo también el escultor men-cionado ya anteriormente Robert Jacobsen. En Holanda fue en primer lugar Karel Appel, que aparte de pintor se manifestó como escultor. Sobre todo se asocian directamente con Cobra sus figuras fabricadas sobre piezas de madera según encontrados y a continuación pintadas, que recuerdan a los tótemes de las tribus primitivas. Desde Bélgica, Reinhood d’Haese, que en principio trabajó como herrero, contribuyó al “lenguaje Cobra” de la escultura cuando a partir de 1958 empezó a dedicarse a la fabricación dé figuras fantásticas en metal alisado y soldado, figuras que parecen escaparse de los cuadros de Jerónimo Bosch En el período anterior solamente había llegado a realizar unas obras más o menos folclóricas, como por ejemplo la veleta, reproducida en el número diez de la revista Cobra. También pueden considerarse, como similares al argot de Cobra los grabados realizados en pizarra (o relieves) a partir de 1946 por Raoul Ubac, que pintaba y fotografiaba.
Cobra y sus fuentes
El deseo de trabajar desde la, fuente de origen dentro del hombre mismo puede decirse que es característica de todos los artistas que llegaron a involucrarse en Cobra. Se inspiraban en distintas formas de arte, -de las que ellos creían que es-taban realizadas-, o que estaban por hacer todavía, sobre aquella fuente. La fuer za de la unión de este movimiento la formaron aquellos artistas que trabajaron con este mismo deseo de modo más filosófico; poniendo sus teorías por escrito. Fueron en primer lugar Ager Jorn, Christian Dotremont y Constant Nieuwen-huys. Se encontraron en su compromiso social partiendo de las teorías de Marx dando a sus ideas en realidad un complemento en el terreno del arte. Su aspira-ción fue no sólo arte para sino también por todo el mundo. Esto sólo se podía realizar cuando, tal como prometió el marxismo, todo el mundo tuviera comida. Ya se les había adelantado surrealismo en esta combinación de marxismo y expresión creadora. El objetivo del surrealismo en principio sin embargo, fue más dirigido la psicología, siendo fuente de inspiración importante las teorías y métodos de Freud. El hombre tendría que unir en sí inconsciente y lo consciente y hacerlo en un conjunto otra, vez. las visiones que los surrealistas, mediante la alucinación y el automatismo, sacaban del inconsciente a la superficie y que las hacían visibles en sus artes, eran morbosas en su ambiente. Sobre todo los daneses y los holandeses se resistieron fuertemente al surrealismo. Buscaban un arte que de forma espontánea naciera de la fantasía y que parece se remonta más a las ideas de Jung.
Y es que Jung, yendo más profundo sobre el inconsciente personal del que Freud se ocupaba, había señalado un subconsciente colectivo en el que resulta-ba que en todas partes del mundo -estaban almacenadas las mismas imágenes míticas de origen o arquetipos. Independiente de si fueran personas muy cultiva-das o primitivos, un niño o un enfermo metal. A Jung, que además veía la vitali-dad como gran estimulante de la conducta humana y no la sexualidad como hacía Freud, no lo nombra nadie en Cobra. Sin embargo parece estar presente en todas partes en este movimiento, en segundo plano, como si él diera a los artistas de este movimiento la seguridad con su ideas en que todos ellos en realidad son un poco primitivos, un poco niños, un poco enfermos mentales, por lo que creían poder trabajar directa y espontáneamente desde aquella fuente.
En Dinamarca ya se había conocido mucho antes una rotura con el surrealismo, al igual que para Bélgica y Holanda. La constitución de Cobra en noviembre 1948 significó la rotura con el Surrealismo en país. Fue en 1934 cuando unos artistas daneses se separaron del movimiento Linien surrealista que acababa de surgir en su país, para optar de manera consciente contra el automatismo y las visiones frustrantes y en favor de la espontaneidad -y el mundo de la fantasía. Esta versión más expresionista del Surrealismo, en la que los daneses más bien se inspiraban en su forma de pintar en los expresionistas y en el pintor noruego Munch, gustó mucho a los Holandeses en 1948. No sentían nada por el Surre-alismo, que en su propio país era prácticamente desconocido. Pero sí tuvieron gran interés en el Expresionismo “decadente” alemán. Los belgas de Cobra en cambio, que ya conocían a partir de 1925 un importante movimiento surrealista en su propio país, siempre se sentirían unidos al Surrealismo original.
Ideales de convivencia
Desde esta base los tres teóricos de Cobra apuntaron ideas sobre la convivencia futura y el papel que el arte tenía que interpretar dentro de ello, y al tiempo que en Dinamarca ya desde mediados de los años treinta también otros artistas que estarían involucrados en Cobra posteriormente, se ocupaban de este tema. Especialmente fueron Eljer Bille y Carl-Henning Pedersen. Pedersen formuló en su artículo “El arte y la juventud crecientes”, de 1944, la idea base y utópica que más tarde interpretaría un papel en Cobra, la frase “Debernos convertir a todo el mundo en artistas, porque lo son, aunque ellos mismos no se lo crean”. Con esta idea creyeron iniciar un nuevo arte popular. Y los daneses se unieron al culto del arte popular que ya existía desde mediados del siglo XIX, como polo opuesto a la creciente industrialización, que estropeaba el buen gusto. En Francia en aquel período fueron el histórico famoso Jules Michelet con su libro Peuple de 1846, y el crítico Champfleury con su libro Histoire de l'imagerie populaire (la primera historia del arte popular), los que señalaron su creencia en el estado inmaculado del hombre. Inglaterra marcaba en el mundo del arte con sus teóricos Ruskin y Morris y, la -práctica del movimiento «Arts and Crafts». En Rusia se formó en 1863 el grupo de «Los Vagabundos» -con el objetivo de llevar el arte al pueblo, en tanto que a principios del siglo XX ya la tremenda riqueza de arte popular propio en aquel país sería una fuente de inspiración para muchos artistas de su legendario vanguardia. En el movimiento “Ktinsterziehungsbewegung” (educa-ción al arte) apareció a finales del siglo XIX, el elemento educativo en Alemania, que seguramente sólo estaba interesada en su propio arte popular, empezó a poner énfasis en la espera de poder estimular así los sentimientos nacionales. Seguidamente el ideal de hacerlo todo uno mismo a fin de crear un ambiente elegante, tomando a modo de ejemplo la Edad Media, interpretaría un papel importante en todos los sentidos y en varios movimientos en el arte de la primera mitad del siglo XX. Por una parte en el Constructivismo, “De Stijl” y “Bauhaus”, dentro de los cuales algunos se adelantaban con la realización de buenos dise-ños en los que todos pedían participar y, a su pesar, con la ayuda de la industria. Por otra porte en movimientos como «Die Brücke» [ver Expresionismo alemán], «Der blaue Reiter y él grupo constituido en Rusia alrededor del año 1911, «La queue de l'âne , dentro del que se estaba buscando la fuente origen de la creación y en que ser creativo desde uno mismo era el principio más importante. Después de 1945 Cobra haría revivir sobre todo los ideales y los modos de trabajo de los movimientos alemanes y rusos ya mencionados. Fueron los prime ros los artistas daneses, que en la guerra se agruparon alrededor de la revista «Helhesten» (el Caballo de las Tinieblas). De ellos fue Asger Jorn quien desarro-lló las teorías más amplias sobre la relación arte-sociedad.
Desde su convencimiento marxista, su repugnancia al funcionalismo en la arqui-tectura y sus estudios profundos de las múltiples formas del arte primitivo, Asger Jorn llegó a unas ideas sobre el desarrollo total de la humanidad que apuntó en un esquema en los años inmediatamente después de la guerra.
Distinto a Marx y Engels creyó que el socialismo encontraba su origen en una convivencia agraria puramente comunista que se caracterizaba por un culto de la vida mística. Después de haber vivido un largo período doloroso de desdobla-miento dualista, teniendo como origen la lucha de clases, el hombre regresaría al estado original del Paraíso, en el que el dualismo sería vencido y el hombre, dentro de una sociedad social y natural, formara una unidad con su cuerpo (la naturaleza) y crearía arte desde su deseo directo y vital. En un artículo publicado ya en 1944 en una revista de arquitectos, en el que se manifestaba contra el fun-cionalismo en la arquitectura, se refirió desde esta mismo visión a la convivencia primitivo, en la que “el arte plástico y la arquitectura en su situación de origen son un conjunto inseparable”. En este articulo, en el que publicó una ilustración de una cabaña primitiva adornada por sus habitantes, finalmente exclama: “Nos interesan las paredes, los muros y no la colocación de decoraciones, pero para salirnos fuera de los marcos y es igual a dónde nos lleven”. Jorn, junto con unos miembros del grupo, pondría en práctica efectivamente estas ideas en los años 1943-1944, en la casita de campo de Eina Foinnesbech-Sandberg, una admirado ra de sus obras, obras que ella misma coleccionaba. Con el título Det obstrckte pondekagehus (la casa abstracta de los crepes) apareció en octubre 1944 en la revista popular «Billed-Badet» (la revista pictográfica) un reportaje fotográfico so-bre esta casita, que fue pintada en su interior por Jorn con su mundo de fábulas, colocando exteriormente un relieve en cemento, en tanto que Henry Heerup y Robert Jacobsen contribuyeron cada uno con una escultura.
Es este ideal, la convivencia natural de la decoración y de la arquitectura en una sociedad donde cada uno es libre en su contribución, el que se convierte en el significado fundamental de Cobra. Se podría decir que la culminación del movi-miento Cobra fue el llamado “Congreso Cobra”, que tuvo lugar en el verano de 1949 en la casa del arquitecto Bregnerod, en los alrededores de Copenhague. De todas partes llegaron miembros de Cobra, a veces con sus mujeres e hijos. Vivieron y trabajaron juntos allí durante un mes, hicieron cuadros, poesías y es-culturas y pintaron incluso los niños, todos en colaboración, las paredes de la ca-sa, de modo que en un sentido doble se convirtió en una Gesamtkunstwerk (Obra Conjunta de Arte). Muchas paredes más fueron pintadas luego por miem bros de Cobra, Appel, Constant y Corneille decoraron en noviembre de 1949, en Funder (Jutlandia), las paredes de la casa del amigo de Jorn, Erik Nyholm, un criador de truchas ceramista, con fantásticos seres eufóricos. Muy poco tiempo antes Jorn ya había «tratado” una pared.
Interés por las formas del arte primitivo y los aspectos de la naturaleza
Partiendo del afán romántico por la supuesta comunidad primaria, dentro de la que el hombre sería capaz de expresarse de una manera espontánea, en Cobra se interesaron por muchos formas de arte que no podían relacionarse con el arte occidental desde el Renacimiento y que en su mayoría se consideran como «pri-mitivas». Mientras Gauguin, como se sabe, a finales del siglo XIX ya dominó el deseo de una comunidad primaria con la utilización de uña fuente de inspira-ción considerado como arte primitivo, en este caso, como precursor manifiesto de Cobra en la historia del siglo XX no se ha de mencionar tanto el surrealismo sino más bien el expresionismo alemán con “Die Brücke” –“Der Blaue Reiter”. Aunque estos movimientos no describen ninguna teoría clara sobre una socie-dad del futuro y el papel que interpreta el arte en ella se guiaron por un deseo hacia un estado original y puro del hombre. Desde este deseo eligieron como fuente de inspiración numerosas formas de arte que desde el Renacimiento ya no pertenecían a la tradición occidental, como por ejemplo los grabados en madera de la Edad Media, el arte de las tribus africanas y de Oceanía, el arte popular y/o el arte Naif y el dibujo infantil. Además Paul Klee, que pertenecía al «Blaue Rei ter-, dice en el lugar dónde en su diario en 1912 manifiesta su interés por el dibu-jo infantil, que las obras de los enfermos son “un terreno comparable”. Kandins ky, se interesó especialmente por la caligrafía oriental en tanto que Franz Marc, que igual que Kandinsky fue miembro del “Der Blaue Reiter”, glorificó al animal por estar totalmente integrado todavía en la naturaleza. Estos artistas, concen-trados en Alemania, lo formaron alrededor del año 1910, con sus expre-siones y sus deseos, lo que yo quiero denominar «la primera ola del expresionismo pri-mitivo» del s XX. Es cierto que un primitivismo igual de grande se desarrolló en igual período en Francia con de Fauves y con Picasso y Braque y su cubismo. En Francia, sin embargo, este primitivismo fue sobre todo dirigido a la estética y no se conocía apenas el impulso hacia una forma de vida primitivas
En tanto que aparte de todo ello y después de ello se desarrolló otra forma de Expresionismo, dirigido de forma más directa y muy a menudo de fama crítica al hombre y su realidad de cada día, con pintores como Kollwitz, Kokoschka, Grosz y Beckmann, estalló durante inmediatamen-te después de la 2ª Guerra una 2ª ola (ahora internacional) de Expresionismo primitivo. Nuevamente, rechazaron, pero ahora a nivel internacional, todo lo que era occidental en el arte, como un grito de au-xilio, un intento de huida, fuera de un mundo que era capaz de producir algo tan horrible como una guerra. Esta 2ª ola, que surgió en todos partes sobre brotes del Surrealismo, la considero como el llamado «expresionismo abstracto» en los EE UU, la Abstraction lyrique y las obras de Jean Dubuffet en Francia, el llamado «arte-materia», que surgió entre otros lugares en Italia con Burri, en España con Tàpies, y en muchos artistas más. Es obvio que el movimiento Cobra pertenece a esa segunda ola y que desde qué el promotor de arte Michel Tapié en 1951 inventó tal denominación, también se denomina como «arte informal». Estos artistas, a quienes yo prefiero llamarles «expresionistas primiti-vos» y que muy a menudo se expresaron de forma muy violenta pero al mismo tiempo de forma lírico-poética en materia de pintura, no buscaron solamente un estilo de pintar muy personal, como tantas veces se dice de ellos. En la rendición total a su medio sobrepasaron justamente lo personal y más bien se acercaron a un lenguaje pictórico que se puede denominar simbólico y universal, igual que ellos encontraron en las culturas extra-europeas.
Dentro de este Expresionismo que se extendió mundialmente Cobra formaba un movimiento único. Nunca se había visto que artistas de distintos países traba-jaran durante tres años tan unidos dentro de una organización para realizar sus ideales sociales aunque dentro de su propio círculo reducido. En este movimiento encontramos prácticamente todas las fuentes que se abren en el curso del siglo XX como ejemplo de terrenos donde se puede señalar todavía en forma pura la expresión humana directa. Estas fuentes se dividen en cinco categorías: el interés por el arte no occidental, en el que el lugar principal lo ocupa él llamado arte primitivo o arte de las tribus de África, Oceanía y de los indios que en tanto ha cesado prácticamente y por la caligrafía oriental. A continuación el arte que se realizó en el desde antes del período renacentista. Y después el interés por el arte hecho dentro del mundo occidental sin preocupación por las reglas y las normas, como es el caso del arte popular, el arte naif, el dibujo infantil y las obras de los enfermos mentales. Quisiera agruparlos en el término de «arte del outsider-, que en general implica sólo el trabajo de enfermos mentales y de los socialmente inadaptados. Aparte de estas tres categorías, que forman parte del mundo del arte, existen otros dos «territorios fuente» que más bien tendrán que verse como aspectos de la naturaleza. Me refiero al interés por el animal y la interacción o incluso la identificación con la materia con la que se trabajo.
El arte no-occidental
Quiero mencionar aquí en 1º lugar como fuente importante aquellas formas de ar te que se desarrollaron totalmente fuera del arte occidental. En el curso del s XIX cada vez más artistas fueron descubriendo su belleza especial. Y esto proba-blemente porque en su propio arte se dirigían más a la expresión de su emoción interior y sus valores, en tanto que el máximo acercamiento a la realidad vista les parecía cada vez más como algo superficial. El mundo artístico occiden- tal en cierto sentido se había convertido desde el Renacimiento en una especie de roca inaccesible, en la que reinaban sus propias reglas y donde cada vez se repetía en una serie de temas en una determinada jerarquía, a lo que uno se tenía que acercar en lo máximo posible en la realidad. La idea que sería posible todavía una infinidad de temas aparte de la pieza histórica, la historia bíblica o mitológico, el retrato, el bodegón, el paisaje y las escenas, estalló a finales del siglo XIX con, entre otros, el simbolismo. A escala mucho mayor se ve esto a principios del siglo XX en el Expresionismo, el Cubismo, el Futurismo, la Abstracción, el Dadaísmo y el Constructivismo. Al mismo tiempo se descubrió que todos esas otras culturas que como un mar rodeaban el mundo occidental, ya se ocupaban desde hacía siglos con la reproducción de valores interiores en un lenguaje de símbolos y que en ellos se componían con formas y colores, no tratándose de la imitación de una realidad vista sino de una creación propia.
En el período entre las 2 guerras mundiales salió a la superficie el tradicionalismo como una dictadura y aquellos que se ocupaban en otras formas de expresión fueron considerados cada vez más como insanos. Y ciertamente no sólo en regí-menes totalitarios; era una mentalidad que reinaba de forma general. Sin embar-go “clandestinamente” creció la resistencia a este dictado de la tradición. Se empezó a sentir aquí y allá ya en la Segunda Guerra Mundial y estalló a mayor escala que jamás antes había sido el caso después de 1945. Y nuevamente igual que en 1910 se dirigió la mirada al arte de las tribus de África, Oceanía y de los indios. Como gran fuente de inspiración se añadió la caligrafía oriental, una forma de arte en la que, dicho sea de paso, no se le ponía el calificativo de «pri-mitivo». En la obra de los artistas Cobra encontramos plenamente estas fuentes de inspiración extra-occidentales. Varios de ellos coleccionaron este arte e hicie ron viaje s a los territorios de origen. Muchos visitaron el Musée de l’Homme de Paris. Los daneses poseían una colección magnífica cerca de sus casas, en su Museo Nacional de Copenhaque. También encontramos algunos artículos e ilus-traciones de estas formas de arte en la revista danesa “Helhesteny más tarde en la revista de Cobra”.
Arte occidental antes del Renacimiento
Desde mediados del s. XIX los artistas encontraron también en lo que nosotros hemos empezado a ver como el mundo occidental, en la inmensa profundidad del pasado de antes del Renacimiento, formas de arte que para ellos indicaban que sus productores se encontraron en un estado puro y al que ellos deseaban volver. Aquellas formas de arte en sí apenas pueden llamarse “occidentales”. Por que en cuanto a la prehistoria se refiere, en la mayoría de los casos estaban basados directamente en el arte de los pueblos que se movieron hacia el oeste, y en la Edad Media, en que el arte bizantino tenía una influencia dominante.
A partir del afán romántico hacia el pasado, en el s. XIX la Edad Media se convir-tió sobre todo en el ejemplo idealizado cuando aún se vivía en la unidad de una creencia común. La catedral, construida anónimamente en común con muchas manos, fue el símbolo. El trabajo hecho a mano y glorificado en este idealismo volvió a tener atención en el grupo expresionista alemán «Die Brücke» con su interés grabados en madera, en tanto que para la Bauhaus, en principio más dirigido hacia la sociedad moderna e industrial, también la catedral, a pesar de todo, volvía a ser el símbolo del esfuerzo en común.
Fue en el grupo danés «Helhesten» en el que por 1ª vez y de modo profundo se descubrió la prehistoria como fuente importante. Es cierto que el ornato en base a trenzados de origen celta junto con el ornamento gótico había sido de importan cia fundamental para el Art Nouveau o para el Jugendstil de finales del siglo XIX. Max Ernst quedó impresionado por las estatuas de la Isla de Pascua, igual que lo habrían estado Heerup cuando produjo en los años cuarenta sus cabezas gigantescas en granito. En el grupo danés, sin embargo, también contemplaron al mismo tiempo las figura de animales y de hombres que en tiempos prehistóricos habían sido dibujados en formas rudimentarias en piedra, o fundidos o trabajadas en bronce o en otro metal. Jorn no solamente interesado política y filosóficamente sino también históricamente, estaba obsesionado sin duda alguna de Gestos del pasado de las que él podía encontrar a su alrededor en Escandinavia testimonios en forma de encuentros arqueológicos. Este elemento misterioso del espacio escandinavo formaba sin duda alguna la gran fuerza de atracción que Dinamarca tenía sobre artistas de otros países participantes en Cobra.
Bajo la dirección del arqueólogo Peter V. Glob los artistas, de «Helhesten» estu-diaron también el gran tesoro de “kalkmalerier” (frescos) que en Jutlandia aún se encuentra en las pequeñas iglesias medievales de pueblos, donde aparece una combinación de influencias bizantinas y expresiones populares y puras de arte naif. Carl Henning Pedersen escribió un artículo sobre estos frescos en «Helhesten», en tanto que en 1948 se publicó un extenso libro sobre este tema de otro ar queólogo danés, R. Broby-Johansen, con el título La Biblia pictórica danesa en frescos. Henry Heerup, inmediatamente después de su periodo académico, ya hizo con una asignación especial en 1935 un viaje a la pequeña localidad de Jellinge en Jutlandia, a las dos famosas rocas rúnicas de aquel lugar, donde por pri mera vez se observa en forma escrita el nombre de «Dinamarca». Los adornos en estas rocas serían de gran influencia para sus obras. La copia de la más gran de de los dos se encuentra en el patio del Museo Nacional de Copenhaque y que en los 40 con la ayuda de los ilustraciones del manuscrito famoso The Book of Kells, fue provista de los colores (probablemente) originales, recuerda inmediatamente sus cuadros. El enfrentamiento con esas rocas probablemente le habría inspirado en la pintura aquí y allá en sus esculturas de piedra.
Jorn, que se interesaba especialmente en símbolos mágicos (la magia en si fue, dicho sea de paso, un territorio de sumo interés para los surrealistas), escribió en los años de la posguerra un estudio comparativo titulado Guldhorn og Lykkeiul (El Cuerno de Oro y la Rueda de la Fortuna) sobre signos y símbolos de mitos y cultos, no limitándose a la Prehistoria y Edad Media escandinavas. Partía de los motivos en los cuernos de oro que dotan 400 años después de Jesucristo y que, fueron encontrados en el siglo XVII y XVIII cerca de Gallehus en Jutdandia y que habrán servido en un culto. En este libro, que no se publicó hasta el año 1957 en Copenhague, encontramos entre otras cosas la representación babilónica copia da por Jorn del Royal Art of Astrology de Robert Eisler (Londres, 1946), del símbolo del cielo con una serpiente enrollada en espiral, que en 1950 apareció en toda clase de publicaciones de Cobra como «símbolo del movimientos». Se ve con muchos otros miembros este interés por signos mágicos y de una forma muy pronunciada en Eugene Brands.
Arte «outsider»
Fueron formas de expresión que hasta ese momento apenas se habían querido considerar como «arte», puesto que sin perjuicio de las normas y convenciones vigentes, seguían su propio camino o porque se hacían por personas no conside radas como expertos. Y así en algunos lugares en Europa se pudo señalar, apar-te de la corriente principal del arte, un arte popular vivo todavía, sobre todo en de terminadas obras manuales en las que viejos-símbolos, desde lo más, profundo de los tiempos, se habían pasado de generación en generación. Aparte y vincu- lado a ello trabajaron artistas, la mayoría no cualificados, que por puro placer en la pintura o en la escultura crearon formas propias de expresión y a las que se les dio el sello de «naif». Naif, por ejemplo, era que no sabían situar una repre sentación en la perspectiva adecuada ni en el color adecuado. Pero justamente fue la composición con forma y color, independiente y nacida de la propia nece-sidad, de la que se empezó a ver alrededor del año 1900 la belleza y la fuerza de expresión. Este mismo fenómeno fue descubierto en el dibujo infantil y en las obras de los enfermos mentales. Es conocida la alegría desbordante con que la obra de Rousseau "Le Daunier" fue recibida en el círculo existente alrededor de Picasso. A partir de aquel momento el arte naif más o menos empezó a ser parte del arte del siglo XX. El arte popular no sólo fue señalado aquí y allá como fuente de inspiración para llegar a nuevas formas propias, como por ejemplo lo hizo Brancusi con los grabados folclóricos en madera de su país de origen, Rumanía, y como lo hicieron los miembros del Jinete Azul en -Alemania -con la pintura Hinterglasmalerei rústica y los vanguardistas rusos con sus iconos y las llama-dos «loebki» (ilustraciones campesinas), pero según se ha dicho desde media-dos del s. XIX se vio como medio importante para volver al «estado original y puro del hombre».
Desde mediados del s. XIX surgió un interés creciente sobre el niño y el dibujo in fantil, especialmente desde el punto de vista pedagógico. En tanto que el gran precursor del primitivismo del s. XIX, Gauguin, ya afirmaba haber vuelto al “dada” (un caballo de juguete) de su infancia, solamente fue dentro del movimiento del expresionismo alemán donde se señaló abiertamente el dibujo infantil como fuen te de inspiración. Paul Klee incluso fue tan lejos que quería volver al punto cero del conocimiento para como quien dice inventar de nuevo el dibujo. En este es fuerzo no sólo se inspiraría en el dibujo infantil en la fase en que el niño trabaja exclusivamente en símbolos, sino también en el arte de los primitivos y de los enfermos mentales. Desde hacía tiempo ya existía una debilidad por esta última categoría desde el mundo del arte. Por lo que desde el Romanticismo se estaba convencido de que la genialidad y la locura son prolongación la una de la otra. A principios del s XX, sin embargo, se empezó realmente a evaluar la calidad artís-tica de las expresiones de los enfermos mentales, así como las de los niños y los llamados primitivos. Se descubrió que los dotados entre ellos crea ron obras de composiciones muy originales y con símbolos impresionantes. Dentro de la psicología que se estaba desarrollando fuertemente en aquel período se llegó a la conclusión que las expresiones de niños, primitivos y enfermos menta-les muestran grandes parecidos, Esto se lee, por ejemplo, en el libro publicado en 1907 en París, titulado L’Art chez les Fous, de Marcel Réjà, un psiquiatra-crítico de arte que se ocupó del arte de los enfermos mentales. Ya desde 1901 se había destacado en este terreno con artículos en la revista «Revue mensuelle». El doctor August Marie llegó a escribir su libro cuando abrió en 1905, en las afueras de la Ville Juif de París, en su asilo para enfermos mentales, un museo sobre el arte de sus pacientes.
A partir de 1920 los artistas, fundadores del surrealismo en 1924, partiendo de Freud intentaron penetrar en el subconsciente humano. Querían localizar las fuentes de la fantasía determinando las visiones del sueño y, sin pensarlo, anotar lo que se les ocurría a través del método del llamado automatismo utilizado en la psicología. Buscaron el contacto con el manicomio de Sainte-Anne de París, del que el doctor August Marie acababa de ser nombrado director en 1920. El doctor Gaston Ferdiére, que trabajaba allí, mantuvo el contacto con el mundo del arte fuera de la institución. A los artistas se les permitía vagar en la sección de los en-fermeros (salle de garde) y comer allí con ellos, ocasión que fue utilizada por va-rios surrealistas. Para ellos fue importante el libro de 1922 del psiquiatra-amante del arte Hans Prinzhorn titulado “Bildnerei der Geisteskramken” (La pintura de los enfermos mentales). Éste se basaba en una extensa colección de obras plásti-cas de enfermos mentales. El interés de Prinzhorn fue sobre todo sobre los meca nismos psíquicos -que hacen posible la creación de las diferentes formas de arte que aquí agrupamos bajo la denominación de «arte outsider» tal vez formaran las fuentes más importantes de inspiración de los artistas de Cobra.
En cuanto al arte popular se refiere fue Escandinavia la fuente principal de la que se alimentó Cobra. Ahí se podían encontrar todavía ejemplos de arte popular en viejas costumbres, como el baile alrededor del árbol de Navidad y en los graba-dos en madera, como las llamados «manglebraeder» (mesas de planchar) y so-bre las que se puede encontrar un artículo de la mano del arqueólogo danés H. Rasmussen en el número seis de Cobra, que se dedica completamente al arte popular. El arte popular formaba un eslabón con el período. prehistórico que parecía seguir un camino hasta los tiempos actuales. Jorn se interesaba también por formas más nuevas del arte popular, según resulta de su artículo Intime Banaliteter (Vulgaridades íntimas), que se publicó en el primer número de «Helhes-ten» en el que relaciona el cómic y el tatuaje como expresiones populares importantes. En Holanda no podían encontrarse muchas cosas de actualidad en el terreno del arte popular. Bélgica si conocía distintas costumbres y entretenimientos folclóricos que fueron señalados con entusiasmo por los miembros de Cobra. Así la cubierta del Nº 6 de Cobra fue adornado con una ilustración del pintor belga Leo Van Roy en la que se ve una mujer de espaldas con un tatuaje de una ser-piente cobra limitado su perfil por una serie de cuchillos (arrojados hacia ella). Esta ilustración hace pensar irresistiblemente en las distracciones de ferias, toda-vía muy vivos en Bélgica (sobre todo en el período de la posguerra), con sus ten-deretes tan deliciosamente pintados. Aparte de una especie de foto publicitaria para una diversión popular continuada hasta ahora en Bélgica, el carnaval, en-contramos en este número un artículo especial sobre un acontecimiento curioso de carnaval en él pueblo de Binche, en el que los hombres, los llamados «Gilles», bailan con un tocado alto de plumas de avestruz en la cabeza.
Alechinsky en su desarrollo posterior tomaría muchísimas veces este tocado de plumas como tema para sus caligrafías. También se podría incluir el jazz en el ar te popular, que para casi todos los de Cobra fue la música favorita por excelencia. Muchos ya coleccionaban desde tiempo discos de este tema y trabajaban al ritmo de los tonos de sus favoritos, en tanto que los poetas expresaban con palabras su admiración sobre ellos. Seguidamente publicaron artículos en sus revistas sobre este tema. Eugéne Brands iba más lejos todavía. Él hizo una colección única de música popular de todo el mundo, formando el jazz sólo parte de ella.
En Dinamarca se identificó ya muy temprano el dibujo infantil como fuente impor-tante. Jorn, también inspirado por su profesor, el académico Aksel Jörgensen, ya se ocupó de ello intensamente; en tanto que el psicólogo infantil Jens Sigsgaard, estrechamente ligado al grupo de pintores daneses, publicó un articulo sobre este tema en «Helhesten». Se ven claramente las influencias del dibujo infantil en la obra de Carl-Henning Pedersen. Sin embargo fueron sobre todo los artistas Ho landeses quienes más utilizaron esta fuente más directa. Aunque no hubo o ape-nas hubo prehistoria ni arte popular, el dibujo infantil naturalmente estaba en ple-no disponibilidad. Parece que en París, en la Sonteuil, los talleres se llenaron con dibujos infantiles. Eugéne Brands y Corneille los coleccionaron y Appel lo hizo du rante poco tiempo. Se observa claramente en Appel, Constant y Corneille la in-fluencia del dibujo infantil, aunque mezclado con el de Miró y de Klee y con for-mas de arte primitivo, y Brands a partir de 1950 se basó casi literalmente en los dibujos de su hija Eugénie. También llamaron la atención de los miembros de Co bra los graffitis dibujados en muchos casos sin ninguna conciencia en paredes, puertas o urinarios, tanto por niños como por adultos, Jorn ya escribió sobre esto en «Helhesteny» Alechinsky lo mencionó en su largo artículo Abstraction faite en el número diez de Cobra. Es una expresión en la que muy a menudo la imagen estar en relación directa con los mensajes escritos o donde la escritura puede pasarse a imagen. La combinación escritura e imagen, que se convirtió en una característica tan importante del lenguaje de Cobra, no sólo se encuentra en el di bujo infantil sino también en los ilustraciones populares, en los naifs y en los primitivos. Sin embargo en su forma más pronunciada la encontramos en las obras de los enfermos mentales, en las que a veces se ve literalmente el paso de escritura a imagen. Dotremont y Alechinsky estuvieron muy interesados en la escritura humana como expresión más íntima y directa, en la que se manifiesta el alma sin intervención de influencias ajenas. En 2º término seguramente interpretó su papel el hecho de que la madre de Alechinsky fuera grafóloga. Los dos unirían este propósito hacia la propia escritura con un interés por la caligrafía oriental y por sentido de afinidad.
En el círculo alrededor de «Helhestenen Dinamarca», durante la guerra, estuvie-ron muy interesados en la psicología de la creatividad, Varios psicólogos escribie ron sobre este tema en su revista. Uno de ellos, el psicólogo Neasgaurd, por quien muchos de ellos se hicieron psicoanalizar, incluso llegó a formar más o me nos parte del grupo. A una de las preguntas de una encuesta que se publicó en 1944 en el catálogo Host y que decía: -¿Es útil para un artista estar loco, o faltarle un tornillo?-, la contestación de todos fue globalmente que «no puede producirse ninguna obra de arte sin un cierto desequilibrio». En París los artistas de Cobra encontraron la obra de Jean Dubuffet, tan similar a la de ellos, con su colección Art Brut (Arte crudo), nombre común inventado por Dubuffet para el arte de los enfermos mentales y, los socialmente no adaptados. Fue sobre todo su dedicación a esta última categoría. No sólo Jorn tuvo gran admiración para este artista, de quien donó al museo de Silkeborg, la pequeño ciudad de su juven tud, las obras gráficas completas (hasta el año 1960), así como muchos de sus compañeros en Cobra y otros artistas afines. Appel y Corneille vieron en 1947 obras de Dubuffet en la galería Drouin. Desgraciadamente perdieron la exposi-ción de su colección que ese otoño, por primera vez con el nombre de «te Foyer de l'Art Brut-, se mostró en el sótano de la galería Drouin. En alguna obra de Ap-pel se ve la clara influencia en la parte de la obra de Dubuffet que está más basado en el dibujo infantil. Appel, por ejemplo, aplicó en su pequeño cuadro Ca-beza en la ciudad, del año 1947, la técnica del graffiti desarrollado por Dubuffet, en la que éste hacia rayos dibujados en un fondo bastante grueso de pintura mez clada con otros materiales. La obra consigue el carácter de un dibujo infantil de rayos en una pared.
Appel también vio en 1947 una exposición de obras de enfermos mentales en el manicomio Sainte-Anne. Dos años más tarde sería también Anton Rooskens quien visitara esta institución, que a partir de 1946 presentó al público obras de los pacientes. Cuando Appel en 1950 nuevamente visitó Sainte-Anne compró el catálogo de lo exposición que se estaba celebrando en aquellos momentos con ocasión del Congreso Internacional de la Psiquiatría. Seguidamente lo llenó él mismo con dibujos. El miembro francés de Cobra, simulando locura, se hizo inter nar durante la guerra por algún tiempo en Sainte-Anne como escondite. Se con-virtió en una experiencia extraordinaria el poder pintar rodeado de enfermos men tales. También Jorn parece haber trabajado en instituciones de enfermos menta-les para poder estudiar las obras de pacientes.
Es difícil averiguar en qué medida las expresiones plásticas de enfermos menta-les realmente han tenido su influencia sobre las obras de los miembros de Cobra. El “horror vacui”, tan característico para las composiciones de enfermos mentales, también lo observamos en los obras de Asger Jorn y en las de varios otros daneses. Sin embargo también puede que tenga relación con el elemento decorativo que en ellos interpretan asimismo un papel importante. La manera en que Heerup realizó sus esculturas, sacando del material «lo que ya había den tro», también es característico en la escultural de enfermas mentales.
En cuanto a los holandeses se refiere la obra de los años de Cobra del teórico fonético Constant me hace pensar fuertemente en el fervor alarmante de las obras de los enfermos mentales. Las obras de Constant, en mi opinión, no se basan tanto en la influencia directa de aquella obra. Constant parece haber encontrado el camino a una propia fuente interior de la que hace salir un grito que rompe el corazón: «Un cuadro no es una construcción de colores y trazos, sino un animal, una noche, un grito, un hombre o todo ello en un conjunto» fue su definición del cuadro en su manifiesto famoso, publicado en septiembre de 1948 en el primer número de «Reflex», el órgano del Grupo Experimental en Holanda. Uno de los pocos qué a muy temprana; edad ya había tomado conocimiento del libro famoso de Prinzhorn fue el poeta-pintor Lucebert. Encontró este Cobra en 1939 en la Escuela de Artes Aplicados de Amsterdam, donde estudió durante unos meses a la edad de quince años y donde el libro fue adquirido por el arquitecto progresista Mart Starn, que acabó por ser nombrado director de la Escuela. Sería en sus obras posteriores que Lucebert se inspiraría en las obras de enfermos mentales. Es entonces cuando pudo visitar algunas veces la colec-ción de Art Brut de Dubuffet decid que ésta, a partir de 1976, se instaló en un cas tillo en Lausanne. Sobre todo los retratos alarmantes que pintó, desde aproxi- madamente 1970 hasta morir en 1994, recuerdan retratos con hocicos amena-zantes con dientes, igual como puede encontrarse en la colección de Lausanne.
El animal
Es curioso el muy importante papel que el animal interpreta en la obra de los artis tas de Cobra pertenecientes al núcleo del movimiento y que con los creadores de los seres míticos tan característicos de su lenguaje. En primer lugar destacan los pájaros, especialmente en Pedersen, Corneille y Appel, pero también en Jorn. A continuación van los gatos en Appel, los perros en Constant y (más tarde) en Lucebert y la serpiente especialmente en Corneille. Luego siguen los muchísimos animales de especies no determinadas, productos de la fantasía. Muy caracte-rística también es la forma medio hombre/medio animal o incluso los seres medio hombre/medio planta. Estos, últimos los vemos, por ejemplo, en Egill Jacobsen. Son seres que recuerdan el baile alrededor del árbol de Navidad, donde uno se identifica con el árbol en su éxtasis por el canto y el baile. Hace pensar fuer-temente en la adoración romántica del animal por Franz Marc, por su total unión con la naturaleza, una unión de la que el hombre se ha distanciado. Sin duda alguno los artistas de Cobra sintieron esta unión. Pero se expresaron poco sobre ella. Aunque Jorn, en cierta forma, lo expresó en una carta que escribió en 1950 a Constant y en la que decía: «Trabajo con células básicas de las que surgió la mismísima vida en días dios del origen. A mí me parece que todo el mundo vegetal y animal del simbolismo tendrá que reconstruirse totalmente, el universo y nuestra situación exacto. Pienso en las grandes personas subyugadas socialmente como Swift, Aniberg, etc. Solamente se puede llegar a la verdad utilizando su fantasía, hasta en lo más improbable, tal como lo hicieron el Bosco y Breughel, aunque en un lenguaje en el arte de la pintura corno el de los viejos indios, vikingos, los primitivos y no en un lenguaje surrealista-naturalista. No debemos dar una descripción del hombre como animal (les bétes humaines). Tenemos que describirnos a nosotros mismos como animal (bétes humaines). Éste es nuestro camino». Con esta visión dramática en realidad se anticipa al desarrollo posterior del lenguaje Cobra en el que los seres infantiles de fábula de los años iniciales -con cierto parentesco con el mundo animal de Marc- pueden sustituirse por apariencias diabólicas de una visión más pesimista de la vida. La expresión de la identificación, o el sentido de parentesco con el animal, representando al animal igual de grande que al hombre, o en mezcla con el hombre, como lo hicieron los artista de Cobra, también se encuentra en las obras de los primitivos o de los enfermos mentales. En el dibujo infantil el animal también interpreta un papel importante, equivalente al del hombre, pero no se presentó en cuanto yo sepa en una forma mezcla de hombre o planta.
La materia
El gran interés por la materia de los artistas Cobra y de muchos de su genera-ción, en la que se expresaron y con la que se identificaron, también puede rela-cionarse con la fase «animística» del niño o primitivo o enfermo mental. Porque es en esta fase donde todavía no se ha producido ninguna separación entre el Yo y el Mundo de Fuera. Por otra parte es tras la finalización del movimiento Cobra en 1951, con el desarrollo posterior del «lenguaje» de Cobra, que la mate ria, sobre la que ya hablaban tanto en sus textos, empieza a interpretar un papel tanto más dominante. Esto ocurrió en primer lugar en los que dirigían ese «lenguaje»: Jorn y Appel. Típicas para su modo de trabajar son las frases que Appel dijo en este sentido: «Pinto, y hago mis chapuzas por aquí y por allá. Ahora pongo la pintura en capas gruesas, tiro la pintura con brochas, espátulas y con las manos y a veces lanzo una serie de latas de pintura a la vez sobre el lienzo»- lo dijo en 1955 en una entrevista con Jan Vrijman. En la película que Vrijman hizo en 1961 sobre Appel dijo también: «Me encuentro ante el lienzo como un timonel ante el rodar, de repente puede presentarse una imagen que sale de la nada. Y son los mejores momentos, ese triunfo definitivo, cuando de la masa de pintura de repente sale el cuadro».
Los belgas aportaron un teórico a Cobra desde un punto de vista totalmente distinto, que analizó el funcionamiento de la materia sobre el espíritu creador.
Fue el filósofo psicólogo francés Gastan Bachelard, que en varios estudios publi-cados durante e inmediatamente después de la guerra mostró, con lo ayuda de ejemplos en la literatura, que el hombre en general en su expresión creadora y sin que él se dé cuenta de manera clara, se inspira por su unión con uno de los elementos, agua, fuego, aire o tierra. Parece que Alechinsky se sintió especial-mente atraído por el fuego. Pero para muchos artistas de Cobra fue de gran importancia sobre todo el libro de Bachelard publicado en 1948 en Paris La terre et les réveries de la volante (La tierra y los sueños de la voluntad). Este libro trata del efecto de la materia sólida sobre el espíritu creador.
De muchos de sus textos se desprende con qué profundidad este materialismo entusiasmó a las almas de Cobra, como resulta por ejemplo de la segunda porte de la gran proclamación Le gran rendez-vous naturel de Christian Dotremont, publicada en 1950 en Bruselas en el número seis de la revista Cobra. En ella mezcla el materialismo marxista adorado por ellos con el «materialismo animis-ta» de sus expresiones artísticas cuando dice: «(...) ¿y quién puede llamarse marxista sin ver que la distinción entre el objetivo y los medios es la reflexión de la distinción metafísica que las clases altas hacen entre arte y vida, entre cultura y política y, finalmente entre materia y espíritu? ¿Y quién puede llamarse mar-xista sin conceder una vida profundo a la materia, un poder imaginativo que sobresale de la función, sin conceder a la mano un impuso creador, a la realización una participación sobre el tema, a la herramienta y al material un poder sobre toda la obra?-. «la peinture se fait dans la main. Au noveau de la foile. Dons la matiére, por la matiére (...)-», dice el miembro belga de Cobra, el escritor (y pintor a la vez) Joseph Noiret, en un escrito corto y teórico en el segundo número de la revista Cobra (Bruselas, marzo de 1949). En resumen: la obra de arte, según ellos, surge, para quedarnos en la terminología marxistade los artistas de Cobra, de una conversación dialéctica con la materia.
Los artistas de Cobra y con ellos muchos más, buscaron después de la Segunda Guerra Mundial la libertad total en su manera de expresarse. Estaban convencidos de señalar esa libertad en el arte no-occidental, en el que se quede, incluir el llamado arte primitivo, en el arte Prehistórico y en el arte medieval y en las distintas formas de arte «outsider». Seguidamente intentaron desenterrar profundamente en ellos mismos la fase de la conciencia o la condición espiritual desde la que ellos creyeron: que trabajaron los, productores de aquel arte que ellos admiraban. Sin embargo esto conlleva una curiosa equivocación. Porque resulta que las artes no-occidentales, desde hace siglos a su vez ya están, vinculadas a tradiciones.,. tal vez mucho más rigurosas que el arte occidental; el niño hizo su arte en símbolos (o «arte en conceptos») en una fase de su vida en la que descubre cosas alrededor de él y ciertamente tampoco tiene la «libertad» de realizar en su caso otro tipo de arte, en tonto que el enfermo mental sigue dando vueltos y apenas conoce un desarrollo en su obra, que la realiza además exclusivamente para sí mismo. Después de todo para la mayoría de los miembros de Cobra fue un período relativamente corto en el que intentaron en manera tan intensa sacar imágenes del subconsciente y en el que crearon formas que son parecidos a las obras de primitivos, niños y enfermos mentales, con los elementos, que encontraron crearon un propio lenguaje pictórico que desarrollaron progresivamente.
El que en realidad, posee mayor libertad es el artista adulto, mismo y occidental. Él puede escoger y desarrollarse seguidamente según sus propias ideas. Esa libertad, sin embargo, desde hace mucho tiempo significa para él un gran vacío, -el vacío de estar libre de todo, sentirse un extraño en su propio mundo. Lo que en realidad lo mueve en su búsqueda hacia la fuente del origen -y ciertamente vale para los miembros de Cobra- es un anhelo de protección de la vivencia mundial, que todavía tiene un significado, que incluye todo a fin de crear desde ahí. Una vivencia mundial lo encuentra en primitivos, naifs, en niños y en el enfermo mental y es justamente esto que da el arte de estos «outsiders», una pureza, autenticidad y fuerza tan grandes.
Copenhague, Bruselas, Amsterdam: Cobra
En los países nórdicos de Europa apenas pudieron percibiese los reflejos de las primeras vanguardias. Tan sólo en Dinamarca existieron algunos artistas que, de manera aislada, mostraron cierto interés por el Surrealismo y por el Expresionismo germánico, como el pintor y escultor Carl Henning Pedersen. En esta misma situación se encontraban Bélgi-ca y Holanda, país este último que, pese haber contado con el movi-miento De Stijl (1917-1931), no manifestaba demasiado interés por las vanguardias ni por lo que éstas implicaban. Dentro de este panorama, bastante desolador desde un punto de vista artístico, la creación del grupo Cobra fue, sin duda, un hecho de vital importancia, pues contribuyó decisivamente a desarrollar un interés por los nuevos com-portamientos artísticos. «Cobra» surgió de las iniciales de las ciudades Copenhague, Bruselas y Amsterdam. El grupo se fundó en París, en no viembre de 1948, y algunos de sus miembros más significativos fueron el pintor danés Asgerjom (Asgerjor gensen), el poeta belga Christian Dotremont, y los pintores holande ses Constant (Cons tant Anton Níeuwenhuys), Pierre Corneille (Cornelis van Beverloo) y Karel Appel.
En líneas generales, el grupo Cobra propugnaba un rechazo de la cultura occi-dental que, desde su punto de vista, había quedado destruida tras la segunda guerra mundial. En contraposición, valoraban el arte primitivo, las realizaciones artísticas de la prehistoria y las manifestaciones del arte medieval. Además, alguno de sus artistas se sintió profundamente atraído por la caligrafía oriental. En el fondo, los integrantes de Cobra se interesaron por aquellas obras que ya Kandinsky había revelado como formas auténticas de arte en el famoso almanaque de 1913, Picasso, Miró y Klee fueron quizá los únicos pilares en los que los miembros del mencionado grupo basaron sus realizaciones. Para ellos, uno de los aspectos esenciales era establecer relaciones constantes entre todo tipo de manifestación artística e intelectual. Esto hizo que, en determinadas ocasiones, diversos miembros del grupo trabajasen en equipo. Así, existen viviendas cuyas paredes fueron pintadas por ellos, en las que incluso pueden leerse textos y poemas de los escritores.
Entre las actividades más destacadas que llevaron a cabo como grupo se encuentran las publicaciones. Ante todo la propia revista Cobra, que se convirtió en órgano difusor de la ideología del grupo a la par que sirvió para dar a conocer internacionalmente a sus miembros. Esta revista, de la que surgieron ocho números, dejó de publicarse cuando el grupo se desmembró, en noviembre de 1951. Otra publicación interesante, aparte de los catálogos que se editaron con motivo de diversas exposiciones, fue el boletín de noticias Le Petit Cobra, cuya misión consistía en ofrecer información de todo tipo de actividades artísticas, así como una serie de comunicados en los que se hablaba de los miembros del grupo.
En cuanto a las exposiciones, hay que señalar que siempre fueron objeto de gran interés por parte de los miembros de Cobra. Se efectuaron varias exposiciones de carácter colectivo, y otras individuales, que sirvieron para lanzar a los artistas componentes del grupo tanto en sus respectivos países como fuera de ellos.
El arte del grupo Cobra posee unos rasgos comunes, en tanto que se trata de un tipo de manifestación de carácter espontáneo que reivindica la intuición por encima de todo. Es un arte figurativo, muy esquemático, a veces naif, en el que uno de los aspectos más interesantes lo constituye, sin duda, el empleo de una gama cromático exaltada al máximo, en la que los colores aparecen vivos y bri-llantes. Los contrastes son asimismo muy violentos en la mayoría de las oca-siones. Por otra parte, estos colores quedan acentuados gracias al empleo de una técnica en la que los empastes se disponen con la espátula para lograr mayores grosores. Las manchas abstractas y los elementos filiformes que a veces cruzan las superficies de las telas, para separar o unir los distintos personajes y los objetos, recuerdan la iconografía mironiana y remiten a la espontaneidad de sus trazos. De todos los artistas que fundaron Cobra, los más importan tes fueron Jorn y Appel. Algo más tarde se uniría a ellos el belga Pierre Alechins-ky. Asger Jom (1914/73) había vivido en París una larga temporada, poco antes de fundar el grupo. Allí tuvo ocasión de conocer al crítico Edouard Jaguer y al escritor Noél Amaud, quienes siempre valoraron sus realizaciones, así como las del resto de los artistas del grupo. La obra de Jorn se caracteriza, en un pri-mer momento, por la aparición de unos seres casi demoníacos con ciertos ves tigios de tipo mágico que le proporcionaban un carácter claramente vinculado al primitivismo. Algo después, empezó a trabajar con materias densas, realizando un tipo de obra que conectaría con soluciones informalistas. La figuración desa-parecería y dejaría paso a imágenes cada vez más imposibles de determinar. Es importante señalar que este artista trabajó, a partir de 1953, con cerámica, a causa de lo cual llegó incluso a trasladarse al norte de Italia, donde estaba la célebre fábrica de Tulio Mazzotti en Albisola; allí también realizaría numerosos trabajos el especialista Lucio Fontana.
En Bruselas, aparte de las actividades literarias de Dotremont, cabe mencionar la obra pictórica de Pierre Alechinsky (1927), interesado, ante todo, en la caligrafía oriental. En su obra se percibe la influencia de lo caligráfico, en tanto que las superficies de las telas se ven llenas de signos que parecen haber surgido de manera automática. Los trazos negros finos se entrelazan con las pinceladas de colores intensos y producen una sensación algo parecida a la que se desprende de los lienzos de Pollock .
El artista más significativo del grupo, tanto por la calidad de su pintura como por el alcance internacional de la misma, es Karel Appel (1921). En su obra inicial, que a veces se sitúa en el terreno de la esculto-pintura, se advierten ciertas cone xiones con la de Kurt Schwitters. Fue decisivo el hecho de que en 1950 se trasla-dase, junto a su amigo el pintor Corneille, a París, donde residió largo tiempo. Tres años después tuvo ocasión de conocer al crítico Michel Tapié, quien se in-teresó profundamente por su pintura y le recomendó que se apartase un tanto del infantilismo que caracterizaba su etapa inicial. Así, lentamente, evolucionó hacia un lenguaje mucho más desgarrado, no irónico, en el que los desnudos aparecen totalmente deformados por la presencia de manchas y empastes gruesos en las zonas de contemos. No resulta extraño que Appel, al visitar Nueva York en 1957, se sintiera profundamente atraído por la pintura de De Kooning, pues su concepción de la obra artística era muy cercana a la suya. El mundo neoyorkino le atrajo de modo especial y de esa experiencia surgieron una serie importante de retratos de músicos de jazz, a los que conocía personalmente y con quienes entabló amistad. A partir de entonces, sus viajes al otro lado del Atlántico se hicieron frecuentes y con ellos aumentó la posibilidad de exponer su obra en EE.UU. En el fondo, no extraña el hecho de que Appel tuviera enseguida numerosos adeptos y seguidores en el mundo norteamericano, pues su obra presenta nume-rosos puntos de contacto con el Expresionismo Abstracto, más que con el Informalismo propiamente dicho. Uno de los factores de esta relación lo constituye el hecho de que la obra de Appel, a diferencia de la de los informalistas ortodoxos, no dejó nunca de ser figurativa. Por otra parte, la exuberancia cromático y el intenso vitalismo de su pintura resultan más afines al desarrollo de las experiencias de los artistas expresionistas abstractos. El artista holandés abrió dos talleres en EE.UU., en 1972, uno en el campo y otro en Nueva York, y alternó sus estancias en uno y otro. No obstante, nunca ha dejado de volver a Euro-pa, pues posee también otro estudio en la Toscana.
Podría parecer que el "hiperrealismo", sucesor del pop art, está en direc-ta contradicción con lo que recién ha sido dicho sobre el reemplazo del objeto arte" por el objeto idea". Nos encontramos aquí ante un regreso hacia el tipo más conservador de pintura y escultura representacional. Más que el pop art, la reputación del hiperrealismo es el resultado de una alianza entre marchands y coleccionistas, frente a una respuesta hostil de la crítica. Pero también se puede ver que el arte de este tipo de-be mucho de su carácter a su dependencia del pensamiento conceptual. El pintor, por lo menos, no se acerca directamente a la realidad, sino que trata de reproducir lo que vería una cámara fotográfica. La transición del pop a lo que es reconocidamente hiperrealismo, por lo menos en lo que concierne a la pintura, aparece en la en la obra del inglés, residente en EEUU., Malcolm Morley. En común con muchos artistas pop, desde Liechtenstein a David Hockney, Morley está fascinado no tanto por lo que muestra la pintura, sino por el método usado para mostrarlo en otras palabras por la convención de la representación. La diferencia principal entre su obra y la de, digamos, Lichtenstein, es que se permite a sí mismo mucha menos libertad de maniobra.
Morley empezó pintado cuadros que estaban basados sobre el tipo de ilustración que uno puede encontrar en un folleto de viajes; un trans-atlántico sobre un improbable mar azul, por ejemplo. Pero no habla de las distorsiones impuestas por los procesos baratos de reproducción en color. Es más, el artista parecía querer obtener el efecto de una copia a cuatro colores de buena calidad. Los cuadros se pintaban área por área y a menudo invertidos, de manera que el artista no llegaba a ver cuánto se había acercado a su modelo hasta terminar la tarea. Se producía así una pintura aparentemente realista de una manera abstracta. Aun así, Morley parece haber encontrado que la perfección de la terminación trabaja en contra del efecto de alineación que se había intentado; y en pinturas posteriores, tales como Paginas amarillas de St John, se ha tomado el cuidado de introducir mecanismos que dejan claro que la pintura es de hecho una reproducción de una reproducción.
Algunos pintores que están más completamente identificados con el movimiento hiperrealista, tales como Richard Estes y Ralph Goings, han atemperado la estrictez de este enfoque. La fascinación de la obra de Estes descansa en la extremada precisión con que parece reproducir las apariencias. Las escenas callejeras de Nueva York, que forman el tema de casi todas sus pinturas y grabados, están descriptas con un cuidado minucioso que recuerda a los maestros holandeses del s. XVII evidente-mente, la similitud entre algunos de sus cuadros y pinturas tales como la Vista de Delft de Vermeer e interiores de iglesias de Saenredam, pare-cen sugerir que Estes se aparta de los principios del hiperrealismo, en relación con la escondida organización que les impone a sus composi-ciones. Cuanto más uno contempla su obra, más clara mente ve que depende de una estructura geométrica cuidadosamente dispuesta del ti-po que una cámara muy pocas veces puede descubrir por sí misma. Goings difiere de Este en varios aspectos importantes, a pesar de un aparentemente idéntico pulido de la terminación. Está suficientemente claro, por ejemplo, que en su obra, así como en la de un artista tal como Robert Bechtle, el tema tiene cierta importancia. La agresiva trivialidad parece destinada a hacer un comentario sobre la calidad de vida que se vive en estos desolados entornos. Pero esto es secundario en relación con su deseo de crear un dialogo con la visión monocular de la cámara. La delicadeza de la terminación (resultado de usar un aerógrafo) preten-de que sea equivalente a la de una buena diapositiva en color. La escul-tura hiperrealista, a diferencia de la pintura hiperrealista, no implica nin-gún acto de traslado de tres dimensiones a dos.
La escultura es entonces aún más literal en su representación de la realidad. O así podrá aparecer cuando miramos por primera vez a esas figuras que, que en su mayoría, son de tamaño natural.
Si miramos la obra de Duane Hanson, por ejemplo, nos llama la atención su extraordinaria apariencia de vida. Por un momento aparece como si la persona representaba estuviese parada viviendo y respirando frente a nosotros. Evidentemente, se toman todos los cuidados para darnos esta sensación: la figura no solo usa ropa verdadera, sino que está equipada con accesorios cuidadosamente seleccionada. La cara y otras zonas de la piel están pintadas para imitar la vida. Sin embargo, la obra de Han-son tiene una calidad que no se encuentra en las obras de cera de las ferias, que tratan de engañarnos de la misma manera. Hay un elemento de sutil intensificación -uno casi podría llamarlo caricatura -que hace estas figuras más memorables que sus modelos. La técnica de Hanson y la de otros escultores Hiperrealistas tales como Jhon de Andrea, como Segal, basan su obra sobre el uso de moldes de tamaño natural. En sus manos, estos sirven como el equivalente del lente de la cámara en la pintura hiperrealista, una forma de reproducir la realidad mas exac-tamente que lo que el propio ojo puede verla. Este es un método también empleado por el joven escultor británico Jhon Davies. Es interesante notar cuán diferentes resultados logran estos artistas.
En el caso de Segal, la superficie rugosa de las figuras sirve para distan-ciarlas dentro del reino de lo que es reconocidamente "arte ". Hanson y De Andrea, por otro lado, parecen querer empujar a su obra a la compe-tencia directa con las figuras vivientes que vemos moverse alrededor de nosotros. Davies, en su cabeza de William Jeffrey, adopta una solución de compromiso. La fuerza de la cabeza nos recuerda a ciertos bustos romanos de la época republicana, que también están basados sobre máscaras. El "artefacto" que la rodea (una jaula de alambre azul con per las que cuelgan)sirve para ponerla firmemente en un dominio diferente del que nosotros habitamos. Para ayudarnos a captar el carácter del arte hiperrealista, y los diferentes objetivos de los pintores y escultores, es útil una comparación entre la cabeza de Davies y el retrato ilustrado de Chuck Close. Close quizá sea el más "puro "de todos los pintores que han sido clasificados como pertenecientes a esta escuela. Dice al artista categóricamente: "Mi objetivo principal es traducir información fotográfica a información en pintura". Dice también que quiere originar una manera diferente de ver": Mi escala grande fuerza al observador a enfocar un área por vez. De esa manera se le hace darse cuenta de las áreas borro sas vistas con la visión periférica. Normalmente nunca tomamos en cuen ta esas áreas periféricas... En mi obra las áreas borrosas no se ponen en foco, pero son muy grandes para ser ignoradas".
La escultura, que no puede controlar de esta manera nuestra propia for-ma de mirar, es naturalmente forzada a buscar otros medios para logra este efecto. Davies, por ejemplo, por medio de su uso de "artefactos" de varios tipos, parece intentar externalizar la reserva sicológica internar de los personajes que describe. Duane Hanson usa trucos que derivan del teatro. Sus figuras, como ciertos actores, tienen expresiones y poses que señalan con precisión la esencia del carácter. Un movimiento fluido a sido detenido en su punto de más expresivo. Incluso Jhon de Andrea, a primera vista el más suave y menos comprometido de los escultores hiperrealistas, tiene formas de obtener una reacción particularmente planeada hacia lo que nos pone por delante. Podemos entender mejor el carácter de un desnudo de De Andrea comparándolo con un desnudo similar de Reg Butler. Hay un cierto número de reminiscencias. Butler, a pesar de que la figura esta hecha de bronce, la pinta de color carne y le pone cabello "verdadero "y ojos verdaderos. Somos agudamente cons-cientes, por lo menos, de que esto es una visión personal de la sexua-lidad femenina, expresada por medio de ajustes deliberados de lo que se ve objetivamente. De Andrea, por otro lado, aun cuando aparentemente conforme con la reproducción literal, a elegido y hecho posar a una modelo para proyectar su personalidad, e incluso su clase social. La muchacha tiene la confianza de alguien que nunca a pasado hambre. Cuando más mira uno el arte hiperrealista, más se impresiona por el elemento de comentario social que emerge de su aparente neutralidad.
Este es un arte que, en un sentido, parece apelar a respuestas entera-mente triviales a la sensación placentera de ver algo imitado exactamen- te, sin importar lo que es esa cosa; pero que a un nivel más profundo habla a su publico porque expresa, sin retórica, la nulidad y deses-peración que se encuentra en grandes áreas de la sociedad urbana. A pesar de que vemos esto especialmente claro en la escultura de Duane Hanson, quien tan a menudo parece concentrarse en la fealdad de sus conciudadanos norteamericanos, lo podemos detectar, también, en las aparentemente frescas e inocentes colaboradores de De Andrea, cuya despreocupación infantil y complacencia están notablemente retratadas, a pesar de la belleza física que describe el escultor. En más de un sentido, el hiperrealismo es el arte representativo de las democracias occidentales en la última parte del siglo XX.
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
Hiperrealismo
De Wikipedia, la enciclopedia libre.
El hiperrealismo es una tendencia radical de la pintura realista, apare-cida en torno a los años sesenta en los Estados Unidos, caracterizada fundamentalmente por el uso de la fotografía como medio técnico de la pintura.
Nunca se constituyeron los fotorrealistas en grupo, pero sí se hicieron exposiciones que los presentaron como un estilo: La Imagen fotográfica y 22 Realistas, ambas en Nueva York, a mediados de los años sesenta. En esa época la abstracción era la tendencia dominante y el realismo estaba mal visto; se consideraba un arte que copiaba de fotografías o de la realidad y sin ningún interés. Sin embargo, artistas como Chuck Close, Malcolm Morley o Richard Estes, desarrollaron técnicas totalmente nuevas de representación de la realidad, consiguiendo resultados a veces asombrosos.
Chuck Close utiliza la fotografía como medio para hacer sus retratos, que se apartan totalmente del retrato tradicional y se acercan más hacia el cartelístico y sugestivo principio cinematográfico del primer plano en superpantalla, hacia la no-distancia de la técnica de la instantáneas y hacia el gesto objetivador de las fotografías clínicas y policiales (Sager). En su obra trata problemas como la percepción del espectador y la focalidad. Close no parte de la realidad sino que la aborda indirectamente a través de la fotografía que proyecta sobre el lienzo.
Como todos los fotorrealistas, no hay huellas de pinceladas y el artista parece estar ausente; los cuadros se cubren con una fina capa de pintura, aplicada con pistola y pincel, siendo raspada si es necesario, con una cuchilla para que no quede ningún relieve, ninguna materia.
Richard Estes, conocido por sus cuadros de escaparates y escenas urbanas, utiliza varias diapositivas del mismo objeto, de modo que en sus cuadros se ve no sólo el escaparate sino también lo que hay dentro de la tienda y lo que se refleja en el cristal. Sus lugares públicos están desiertos, en un modo de abstraer la funcionalidad de lo representado que es típica del fotorrealismo.
Don Eddy pinta coches y David Parrish motos. El francés Jean Olivier Hucleux pinta cementerios de personas y cementerios de coches, en un realismo que es una repetición de la realidad. Ed Ruscha, a caballo entre el Pop y el fotorrealismo, pinta gasolineras, cuadros de palabras y hace libros de fotografías.
Otras características del fotorrealismo son la exactitud en los detalles, contrastada con la irrealidad del efecto espacial y la capacidad de convertir en temas pictóricos los detalles visuales de la realidad. Estos pintores ejercen un alto grado de conceptualismo al plasmar la diferencia entre el objeto real y su imagen pintada: lo real, trasladado al lienzo me-diante la cámara fotográfica, fotografiado mediante recursos pictóricos (sager). Al utilizar la fotografía en el proceso de la realidad al cuadro, lo real queda roto y manipulado dos veces, en el cuadro y en la fotografía, de ahí el aspecto de irrealidad que diferencia el fotorrealismo del reales-mo tradicional. Otros artistas estadounidenses de esta tendencia son Robert Cottingham, John Kacere, Paúl Staiger, Robert Bechtle, Richard McLean y Malcolm Morley.
Algunos artistas que, sin ser específicamente fotorrealistas, han utilizado la fotografía como medio de expresar la realidad son el francés Christian Boltanski, quien utiliza fotos de álbumes familiares de otras personas que según sus propias palabras, serían, tras haber fallecido, la prueba de su existencia; el alemán Gerhard Richter, que emplea fotografías des-de 1962 de forma continuada, aunque su trabajo ha explorado práctica-mente todos los posibles terrenos de la pintura y no es por tanto un foto-rrealista puro como los anteriores. El americano Richard Artsch-wager lleva fotografías de interiores a una superficie de celotex con un granula-do fino al que aplica un ligera mano de pintura blanca y negra.
Con respecto a la escultura hiperrealista americana hay que destacar a Duane Hanson, que reproduce a tamaño natural personajes sacados de las clases trabajadoras, y a Segal que emplea la misma técnica que Hanson: vaciado de yeso de los modelos, relleno de los moldes con fibra de vidrio y poliéster, ensamblaje de las partes y pintado en color carne; la pieza se termina vistiéndola con ropas usadas. John De Andrea esculpe desnudos de un hiperrealismo tan acusado que parecen personas reales, al igual que Nancy Graves hace con sus esculturas de camellos.
En el caso español, una de las figuras más relevantes del hiperrealismo mágico sería el pintor Antonio López.
Obtenido de http://es.wikipedia.org/wiki/Hiperrealismo
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Movimiento que se encuadra en las llamadas "Segundas vanguardias" del siglo XX dentro de la tendencia de la "Nueva figuración y otras formas de realismo". Nace en los EE.UU. en los años 60. En origen se llamaba "Realismo fotográfico" (Sharp focus realism) o Hiperrealismo (acusado realismo), denominación que acabó por imponerse.
Esta tendencia consiste básicamente en traducir literal y fotográfica-mente la realidad con la técnica pictórica tradicional, aunque cada pintor da un toque personal a sus obras, expresando de esta forma su opinión sobre la imagen. Esta corriente existe tanto en pintura como en escul-tura. Pintura: Los temas generalmente son: paisajes urbanos, fachadas de tiendas, retratos, animales, detalles diversos, paisajes, bodegones...
Técnica:
- Se emplea la cámara fotográfica como elemento imprescindible para obtener la imagen de lo que se va a representar, sobre todo en la reproducción de retratos, ya que, el tiempo de exposición sería muy prolongado.
- Es necesaria una gran habilidad técnica para que el acabado parezca una fotografía.
- Los principales representantes de esta tendencia pictórica son Louis Meisel, Chuck Close, Don Eddy, Richard Estes. En España el más conocido (internacionalmente) es el pintor y escultor Antonio López García.
El hiperrealismo se trata en definitiva de un estilo que marca una vuelta a la figuración, a reconocer el objeto, un alarde de técnica y detallismo.
Hiperrealismo Norteamericano
Tras las manifestaciones artísticas demasiado intelectualizadas, un grupo de artistas decidió tomar como punto de partida el Pop Art y ampliar su iconografía. En pintura se puede hablar del fotorrealismo, en el que se toma la cámara y la fotografía para obtener información y transferirla al lienzo. La apariencia de estas obras es de fotografías a gran tamaño
En escultura se habla de escultura hiperrealista, recoge temas cotidianos, con un toque de humor, señala los aspectos más banales de la vida y gracias a nuevos materiales como la fibra de vidrio que da una gran realidad. Las esculturas aparecen a escala humana, y una vez colocadas en las salas de exposición se entremezclan con el público, jugando con el engaño al espectador.
Destacan en el Hiperrealismo artistas como: Richard Estes, Robert Cottingham, Ralph Goings, John Kacere, John Baeder y Chuck Close.
“...Este nuevo arte realista es puramente descriptivo y, a menudo, anecdótico. Un arte violentamente tradicional que se basa de manera descarada en el modelo mismo de la fotografía más objetiva posible y que muy bien podría ser calificado como un nuevo trompe-l'oeil.
...Los EEUU. se reconocen, por fin en un arte contemporáneo esto lo reconforta con la imagen perfecta, impecable y lustrosa que desea ver de sí mismo. Coches rutilantes, cafeterías y supermercados de cristal y aluminio, motos cromadas, letreros luminosos, aeropuertos perfectamente dibujados sobre el cielo californiano,... Todo debe ser previsible y sin defectos, sin riesgo de errores humanos, más auténtico que la propia realidad. (...)
...el hiperrealismo pone especial énfasis en la sobreabundancia de imágenes fotográficas en nuestra sociedad. (...)
Nuestras relaciones con lo real se han invertido. La realidad se convierte, en la época de la reproducción mecánica, en el doble de su imagen. El empirismo de antaño, el conocimiento eminentemente sensorial del mundo, ha sido sustituido por un conocimiento mediatizado, separado. Es esta separación la que pinta el hiperrealismo. Con su mentalidad clínica y su ausencia de implicación emocional, expresa una mirada crítica sobre nuestra civilización cuando parece que quieran ensalzarla. (...)
El impresionismo ya utilizó la fotografía, pero lo hizo con los puntos de luz o el grano del papel, y la postal sería para Utrillo el soporte de lo pintoresco. Los pintores hiperrealistas, en cambio, enfocan su mirada sobre nuestro entorno urbano y suburbano, sobre nuestros cuerpos, nuestros rostros, de los cuales se convierten en el espejo implacable y deshumanizado. Su pintura es un arte de reflexión en todas las acepciones de la palabra: refleja y, por tanto, hace reflexionar.”
Varios Autores.- “El arte del S. XX. 1950-90” - Salvat. Madrid 1990. Págs. 294-295.
EL HIPERREALISMO AMERICANO.-
“El hiperrealismo es un movimiento pictórico que se define en la década de los setenta en New York y la costa oeste de Estados Unidos como reacción contra el expresionismo abstracto y el conceptual. Mientras que el Pop Art integra en sus obras los objetos e imágenes de nuestro entorno como las botellas de Coca-Cola, los detritus o el cómic, el hiperrealismo prefiere reproducirlos con la máxima fidelidad. Con esta reproducción perfecta de las imágenes se ofrece al espectador una nueva sensación: cuando contempla una obra hiperrealista la realidad se revela a sus ojos a partir de lo que ve.
Para los artistas hiperrealistas cualquier tema o imagen es digna de tratarse: mujeres en ropa interior, fachadas de edificios, escenas de calle, coches,... Imágenes realizadas con una precisión casi fotográfica, un verismo sorprendente. Se trata de artistas que reivindican el arte de caballete contra el accionismo incontrolado del expresionismo y las propuestas intelectuales del conceptualismo. (...)
La mayoría de los artistas son americanos; por eso de le considera un realismo “made in USA” y puede entenderse como un “post-pop”. Parten de un modelo fotográfico que copian de la forma más precisa. Su pintura pretende así emular la función de la fotografía, aunque en su caso se trata de imágenes monumentales. Evitan el contenido social afirmando de este modo los valores establecidos en la sociedad americana. (...)
Sin pretender asumir una actitud política o psicológica, los hiperrealistas se consagran exclusivamente al conocimiento de nuestra realidad más inmediata con el máximo de objetividad posible y a partir de recursos de gran verismo realista, interesándose únicamente por el sentido de la pintura como medio de representación de nuestra realidad más próxima. La pintura pierde con el hiperrealismo en ánimo de ruptura e investigación del espíritu de las vanguardias; incluso sus temáticas pretenden una neutralidad fuera de todo compromiso o actitud crítica. El hiperrealismo prefiere encauzar su dinámica más hacia aspectos de mercado que de grupos sociales determinados.”
Varios Autores.- “El arte del S. XX. 1950-90” - Salvat. Madrid 1990. Págs. 314-5
HIPERREALISMO CON LUZ DE TRÓPICO
Texto: Carlos Yusti
El "hiperrealismo" no las ha tenido todas consigo. Para muchos es el sucesor bastardo del Pop Art. Para otros no es más que el regreso hacia un estilo conservador al momento de percibir la realidad a través de la pintura o la escultura. No obstante, con el oleaje del postmodernismo la estética hiperrealista ha ido ganando terreno y nombres como Richard Estes, Malcolm Morley, Duane Hanson, Ralph Goings y muchos otros son ya una referencia inevitable de la historia del arte.
Jorge Dager como fiel exponente del hiperrealismo agranda el formato y sus frutas adquieren toda la luz y el color del trópico. Su trabajo posee una exactitud rica en color. Su maestría es inmejorable en el manejo de la luz y en la creación de envolturas de plásticos con una precisión de versátil línea.
Dager también es escultor y creador de joyas con un toque ancestral que recuerda mucho la orfebrería egipcia. En todas estas áreas artísticas, demuestra su estudio cuidadoso y su pasión por el detalle.
Para pintar sus distintas frutas se toma un cuidado inaudito. La superficie de las patillas, naranjas, albaricoques está tratada con mucha minuciosidad al punto que reproduce sus imprecisiones e irregularidades con fascinante ojo fotográfico. No por casualidad obtuvo (año 2002) en Praha el Premio Salvador Dalí.
El arte hiperrealista parece responder a resortes enteramente triviales, a la sensación placentera de ver algo imitado con cierta precisa exactitud, sin importar el motivo pictórico (una calle, un lavabo, una habitación, una naturaleza muerta); pero a un nivel más profundo parece querer decirle al espectador que expresa, sin retórica, que el mundo a nuestro alrededor también es una metáfora de precisión estética. Las motivaciones por las cuales un artista asume determinada tendencia plástica, o determinados motivos, nunca son claras del todo. Roger Fry, pintor y crítico, en un texto sobre la visión del artista escribió: "En su preocupación por la apariencia, continua y sin descanso, es capaz de mirar objetos que tanto la visión estética como la de la curiosidad rechazarían de forma instintiva o que quizá nunca advertirían, tan poca probabilidad de satisfacción ofrecen. Pero el artista siempre puede encontrar satisfacción, como material para su cuadro, en los lugares más inesperados. Objetos de los períodos más despreciados u objetos saturados de las asociaciones más vulgares y repulsivas por el hombre corriente, pueden ser provechosos para él".
Por lo pronto Dager revaloriza la realidad desde una perspectiva fresca y fulgurante; no hay anacronismo en su trabajo, sino una propuesta de acabada estética donde el talento y la técnica se entrelazan para brindar al espectador una realidad de meticuloso trazo e inaudita belleza.
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Conocido también como Superrealismo, Realismo Fotográfico y Fotorrealismo, es un movimiento pictórico surgido en la década de los '60, cuyas técnicas aspiran a una precisión casi fotográfica.
El Hiperrealismo busca mantener en la pintura la conexión con la visión fotográfica del encuadre y la traducción fiel de la escena.
Por tanto, los temas son representados con exactitud minuciosa e impersonal en los detalles, por medio de una agudeza óptica llevada a cabo con tal virtuosismo técnico, que supera la "visión" del objetivo fotográfico.
Algunos representantes de este estilo trabajan a partir de fotografías, tratando con igual agudeza y precisión todo el cuadro.
En algunos caso se utilizan grandes tamaños de cuadros y pintura plana, que aspiran a producir la impresión de inmensas ampliaciones fotográficas.
Se va de lo real a la fotografía y de la foto al cuadro, reafirmando dos veces lo real o, tal vez, distanciándose doblemente del objeto; no hay una mirada subjetiva sobre la realidad, puesto que las imágenes son frías.
El propósito del Hiperrealismo es acercarse a una supuesta objetividad visual en la representación de retratos, naturalezas muertas, interiores y paisajes, a través de un singular método de trabajo que compagina técnica y disciplina.
Una disciplina de síntesis para la ejecución en la que intervienen los más modernos recursos infográficos junto a una superficial aplicación del color, por medio de veladuras y empastes y una destreza en el atrapamiento de la luz en el lienzo.
Cuándo apreciamos una buena obra hiperrealista, asistimos al más notable triunfo de la representación, debido a la máxima eficacia del oficio como modo de producción y método de apropiación de la realidad visible.
Pero también es cierto que se produce saturación de la información visual: el apego a la transcripción objetiva normalmente dificulta el despliegue de una audacia imaginativa mayor o divertimentos cromáticos que permitan las necesarias sugerencias poéticas de las imágenes expuestas.
(1970 hasta la actualidad)
Claves del periodo
Realismo fotográfico.
Aparente neutralidad temática.
Extraordinaria apariencia de vida.
Escuela principalmente americana e inglesa.
Detalles y terminación muy cuidados.
Reflejo de la ciudad, sus gentes y sus costumbres.
Artistas y obras representativas
Chuck Close: "Retrato"
Richard Estes: "Façade"
Don Eddy: "Pintura"
Ralph Goings: "Aerodynamic wagon"
Audrey Flack: "Bounty"
Antonio López: "La nevera"
Estilos del mueble asociados
El hiperrealismo surge como respuesta a la frialdad del minimalismo y el arte conceptual. Posee una estética muy enraizada con el arte Pop. El artista toma toda la información a través de la fotografía y luego la copia en el soporte pictórico, tratando de que se parezca lo más posible a la realidad. Se vale de cualquier método para que sea exacta, como proyectar la fotografía sobre el lienzo o la vieja táctica de la retícula.
Los temas son muy variados. En general se centran en la representación de la ciudad, los edificios, los coches, los escaparates, los letreros...Tal es su realismo que han sido acusados de meras copias, tanto de la fotografía como de la realidad.
Dentro de la escuela americana destaca Chuck Close como uno de los mejores representantes del movimiento. Realiza numerosos retratos de amigos suyos, a gran escala y donde se resaltan los defectos a favor de un mayor detallismo. Robert Cottingham plasma fragmentos de anuncios comerciales con los fuertes reflejos de las luces de neón.
La técnica de Richard Estes es curiosa, consigue que se vea el interior de los escaparates y a su vez el reflejo sus cristales de los coches y la gente que pasea. Los coches son un tema recurrente en esta tendencia. John Salt pinta chatarra y chapa abollada, frente a las superficies brillantes y pulimentadas de Don Eddy. Para Ralph Goings la mejor manera de representar los vehículos es dentro de su contexto urbano.
Cuidan bastante el resultado final, el color debe ser tan real que emplean técnicas nuevas como el aerógrafo. Es frecuente encontrar obras con connotaciones eróticas, desnudos habitualmente femeninos en la obra de John Kacere y Ben Schonzeit.
Audrey Flack es la única mujer del grupo americano. Su estilo presenta una evolución del bodegón, algo así entre las vanitas y las naturalezas muertas llenas de impensables objetos de uso cotidiano.
El ámbito de la escultura respeta más, si cabe, la apariencia de realidad. Las imágenes son de tamaño real y totalmente vivas. En ocasiones se ven expuestas como si se pasearan entre el público.
En el resto de Europa encontramos figuras relevantes como Domenico Gnoli en Italia; Malcolm Morley en Inglaterra; Gerhardt Richter en Alemania y Jean Olivier Hucleux en Francia. En España hay ciertas aportaciones realistas del Equipo Crónica, pero la personalidad más relevante es Antonio López (nacido en 1936). Con él lo cotidiano adquiere un carácter especial, algo entre lo mágico y lo lírico. Entre Madrid y Sevilla se forma una escuela de hiperrealistas que siguen la estela de Antonio López.
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INTRODUCCIÓN
Hiperrealismo, tendencia surgida en Estados Unidos a finales de la década de 1960 que propone reproducir la realidad con la misma fidelidad y objetividad que la fotografía, a la que toma como modelo y cuyos códigos aplica.
2 ORIGEN
El hiperrealismo tiene un origen lejano en la tradición pictórica estadounidense, claramente favorable a la literalidad del trampantojo, como muestran los cuadros de finales del siglo XIX de William Harnett o John Haberle. En la década de 1920, los pintores del precisionismo ya trabajaron con la ayuda de fotografías fielmente reproducidas (como en el caso de Charles Sheeler, pintor y fotógrafo a la vez). Pero es innegable que el Pop Art sigue siendo el precursor inmediato del hiperrealismo, tomando la iconografía de lo cotidiano, manteniéndose fiel a la distancia de su enfoque y produciendo las mismas imágenes neutras y estáticas.
3 TÉCNICAS Y PROCEDIMIENTOS
Young Shopper Duane Hanson crea esculturas de tamaño natural en las que representa con gran realismo al americano medio. Instaladas en museos o galerías, sus figuras, como por ejemplo esta Young Shopper (1973), se confunden fácilmente con los visitantes.Berg Alistair-Spooner/Liaison Agency
La fotografía constituye casi siempre el punto de partida del hiperrealismo, lo que a veces le ha valido ser denominado fotorrealismo o superrealismo. Así David Parrish, por ejemplo, pintaba directamente sobre una diapositiva proyectada sobre un fondo, Richard MacLean retocaba sus documentos al episcopio, Chuck Close aumentaba los retratos para resaltar las desigualdades de la realización y el grano de la imagen fotográfica.
En algunos casos el uso del aerógrafo refuerza el aspecto brillante de la pintura y sus similitudes con el papel fotográfico. Una característica notable de esta tendencia es la especialización de los artistas en temas concretos, como en el caso de Richard Estes con sus vistas urbanas y detalles de escaparates, Don Eddy con el detalle brillante de los cromados y John C. Kacere con una imaginería erótica cercana al kitsch. John de Andrea y Duane Hanson han conferido una forma tridimensional al hiperrealismo moldeando esculturas sobre modelos vivos para después pintarlas en tonos claros y embellecerlas con vestidos y adornos reales.
4 TENDENCIAS EUROPEAS
Antonio López Antonio López es el principal representante de la corriente artística española conocida como realismo mágico. Su obra, marcada por una extraordinaria maestría técnica y el predominio del dibujo sobre la pintura, se enmarca dentro de la escuela hiperrealista. También es autor de esculturas, realizadas con la misma meticulosidad y detallismo que caracterizan su obra pictórica.Colita/Corbis
En Europa el hiperrealismo ha influido en ciertos aspectos de las nuevas figuraciones aparecidas hacia 1970. Entre las figuras más destacadas de esta corriente en el Viejo Mundo está el pintor francés Jean-Olivier Hucleux, quien ha aplicado de forma estricta sus procedimientos, el alemán Gerhard Richter, que ha presentado una versión crítica y comprometida atípica en el ambiente estadounidense, y el español Antonio López García, que busca en el entorno cotidiano el tema de sus obras. Sin embargo, el reproche de virtuosismo gratuito ha pesado fuertemente en el futuro de esta tendencia y en su aceptación actual.
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Antonio López Antonio López es el principal representante de la corriente artística española conocida como realismo mágico. Su obra, marcada por una extraordinaria maestría técnica y el predominio del dibujo sobre la pintura, se enmarca dentro de la escuela hiperrealista. También es autor de esculturas, realizadas con la misma meticulosidad y detallismo que caracterizan su obra pictórica.
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Antonio López García (1936- ), pintor español nacido en Tomelloso, Ciudad Real. Se formó en un principio junto a su tío Antonio López Torres, también pintor. En él ejerció notable influencia la obra de Salvador Dalí de quien toma el gusto acusado por la realidad y el predominio del dibujo sobre la pintura. Entre 1950 y 1955 realizó estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Finalizados los mismos, alternó su trabajo entre Tomelloso y Madrid. Contrajo matrimonio con la pintora María Moreno. Entre 1964 y 1969 Antonio López se dedicó a impartir lecciones de preparación sobre el color en la Real Academia de San Fernando. Su obra, inscrita dentro del hiperrealismo, ha sido adaptada al cine por el director cinematográfico Víctor Erice en el film titulado El sol del membrillo (1992). La temporalidad y el deterioro de lo material son notas que definen su estilo hiperrealista. En enero de 1993 es nombrado miembro de número de la madrileña Real Academia de San Fernando. Antonio López es un artista que busca, dentro de la realidad que le rodea, los aspectos más cotidianos tratados con un enorme detallismo fotográfico como lo ejemplifica su obra titulada Cuarto de baño. Su obra abarca desde las vistas madrileñas (Gran Vía, Madrid desde Torres Blancas), retratos de sus propios familiares (Los novios), objetos de uso cotidiano (Taza de water y ventana) o simplemente elementos de la naturaleza (Membrillos y granados). Los objetos y los sucesos de la vida ordinaria son los que destacan como los protagonistas de sus cuadros. Está considerado como el padre de la escuela hiperrealista madrileña y su estilo ha influido en artistas como Toral o Villaseñor.
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Bauhaus
Antecedentes e historia
Los antecedentes de la Bauhaus se remontan al siglo XIX. Comienzan con las devastadoras consecuencias que la creciente industrialización, primero en Inglaterra y más tarde también en Alemania, tuvo en las condiciones de vida y en la producción de los artesanos y la clase obrera. El progreso tecnológico trajo consigo un cambio en las estructuras sociales; amplios sectores de la población se proletarizaron. Pero, de este modo, se pudo racionalizar y abaratar la producción de bienes. Inglaterra se alzó en el siglo XIX como la potencia industrial más prominente de Europa. En las grandes exposiciones universales, que desde 1851 exhibían los adelantos técnicos y culturales de las naciones, los ingleses estuvieron a la cabeza hasta bien entrados los noventa, siendo los indiscutibles vencedores.
El escritor inglés John Ruskin fue uno de los primeros en observar críticamente la situación, que él pretendía mejorar mediante reformas sociales y renunciando al trabajo con máquina. Su ideal era el trabajo al modo medieval, tal como había descrito en su libro The Stones of Venice (1851-1853).
Su más importante seguidor, admirador y más tarde también amigo, fue el polifacético William Morris cuya misión era traducir con éxito las ideas de Ruskin en hechos. Con Ruskin tenía en común el «odio a la civilización moderna» ya sus productos; por ello, debían ser inventados de nuevo cada silla, cada mesa y cada cama, cada cuchara, cada jarra y cada vaso. Morris fundó talleres de trabajo tan influyentes, que se podría hablar de un estilo propio desde el último tercio del siglo, el llamado Arts and Crafts Stil, inspirado en modelos góticos y orientales.
Al mismo tiempo, los ingleses habían reformado, ya desde los años 50, los procesos educativos para artesanos y las Academias. Los alumnos tenían que diseñar por sí mismos en lugar de copiar modelos dados. Mientras el movimiento de talleres de Morris representaba algo así como una utopía realizada, fuertes intereses económicos respaldaban la reforma educativa.
Inglaterra quería mantener su liderazgo en el campo de las artes y oficios.
En los años siguientes se fundaron numerosos «gremios de artesanos», que con frecuencia eran, además de gremios, comunas. Cuando Morris se dio cuenta de que con sus ideas reformadoras sólo lograba un éxito parcial y no llegaba a la masa de la población, se afilió al socialismo y llegó a ser uno de los más importantes representantes del movimiento en la Inglaterra de los ochenta y los noventa.
Lograr una cultura del pueblo y para el pueblo se convirtió en aquéllos tiempos en el desafío de casi todos los movimientos culturales innovadores, y apadrinó también la fundación de la Bauhaus. Ya desde la década de los setenta se intentó, en el continente, emular, mediante reformas propias, el progreso de Inglaterra en el campo de la producción industrial. Estaba claro que los fundamentos para un impulso de la industria de las artes se hallaban en la reforma de las escuelas y de la política educativa. En Viena se estableció el Museo Austríaco de Artes y Oficios, y también en Berlín se fundó un Museo de Arte Industrial, inaugurado en 1871.
Su protectora y enérgica promotora fue la emperatriz Augusta, la anglófila esposa del emperador Guillermo I; Augusta quería poner remedio a la crisis en que se hallaban las artes industriales alemanas. A estos museos, en los que se coleccionaban para su estudio productos industriales, se les añadieron Escuelas. Pero hasta la década de los noventa no ganó terreno en Alemania un segundo empuje reformador, importado de Inglaterra a través de Bélgica.
Con él se introdujo el Jugendstil (Modernismo), que dominaría Europa durante diez o quince años.
En 1896 el gobierno prusiano envió a Hermann Muthesius por seis años a Inglaterra en calidad de «espía del gusto» con la misión de estudiar las causas del éxito inglés. A su regreso, y siguiendo su propuesta, se ampliaron con talleres las Escuelas de Artes y Oficios prusianas, y artistas modernos fueron llamados como profesores. Peter Behrens pudo reformar la Academia de Düsseldorf, Hans Poelzig la de Breslau y Bruno Paulla Escuela Superior de Berlín. Otto Pankok amplió con talleres la Escuela de Artes y Oficios de Stuttgart, Henry van de Velde tuvo a su cargo en Weimar una de las más eficaces Escuelas de Arte. El número de mujeres que accedían a estas escuelas y academias se multiplicó, con objeto de cubrir la demanda de mano de obra cualificada para la industria.
Siguiendo el modelo inglés, se fundaron por toda Alemania pequeños talleres privados que producían enseres de casa, muebles, textiles y utensilios de metal. Entre los más importantes estaban los talleres de artes manuales de Dresde, que más tarde se fusionarían, junto con los talleres de Munich en los Talleres Alemanes. Mientras que en Inglaterra los talleres de Arts and Crafts habían rechazado la producción con máquinas, ésta fue apoyada sin restricciones en Alemania. Richard Riemerschmid desarrolló un programa de fabricación mecánica de muebles y, algo más tarde, Bruno Paul producía muebles estandarizados. Estilísticamente los productos alemanes de final de siglo; tampoco tenían parecido alguno con los ingleses de las Arts and Crafts, movimiento profundamente arraigado durante todo el siglo XIX. En estos años noventa Alemania adelantó a Inglaterra como nación industrializada, asegurándose este puesto hasta el estallido de la Guerra Mundial en 1914.
En medio de un clima fuertemente nacionalista, se buscaba un lenguaje estilístico en el mercado adecuado al prestigio mundial de Alemania. Estas ponderaciones, en la misma medida económicas, nacionales y culturales, llevaron a la fundación de la Werkbund (Liga de Talleres) alemana, que se convertiría en la más importante fusión entre arte y economía anterior a la Primera Guerra Mundial.
Doce personas, unos representantes de las más prominentes empresas de arte industrial, y otros artistas, decidieron en Munich unirse en una liga, cuya meta era «el ennoblecimiento de las artes industriales en cooperación con el arte, la industria y la artesanía, ya través de la educación, la propaganda y los criterios lógicos ante cuestiones importantes», «Calidad en el trabajo» era la meta principal y la consigna de la DWB {Liga Alemana de Talleres), cuyo objetivo era asegurar la supremacía alemana como potencia comercial. Entre los doce arquitectos y artistas fundadores de la Liga se encuentran los nombres más significativos de aquellos años: Richard Riemerschmid, Joseph Maria Olbrich, Josef Hoffmann, Bruno Paul, Fritz Schumacher, Wilhelm Kreis, Peter Behrens, Theodor Fischer, Paul Schultze-Naumburg y los hoy menos conocidos Adelbert Niemeyer, Max Louger, J.J. Scharvogel.
No solamente los talleres ya enumerados producían en aquel entonces según los diseños de artistas sino que también las empresas que formaban parte de la Liga de Talleres contaban en sus plantillas con artistas. La fábrica de galletas Bahlsen, de Hannover, encargó toda su producción -latas, anuncios, puestos de feria, arquitectura -a artistas; la AEG incorporó en su plantilla a Peter Behrens, quien diseñó desde la tetera hasta el edificio, el primer complejo de aspecto unitario para esta empresa.
La misma Werkbund instalaba exposiciones, organizaba exposiciones itinerantes, publicaba catálogos anuales y colaboraba con escuelas de arte. Walter Gropius fue nombrado miembro de la Werkbund en 1912, tras haber alcanzado renombre con la edificación (en colaboración con Adolf Meyer) de una nueva fábrica, la fábrica de hormas de zapatos Fagus, en Alfeld, cerca de Hannover.
La fábrica Fagus pasaría más tarde a la historia como el primer edificio con una curtainwall (pared cortina): por delante del armazón del edificio «colgaron» los arquitectos una fachada de cristal, que incluso se sobreponía en las esquinas. El edificio de ladrillo cocido y cristal se adelantó con mucho a los años veinte y procuró al Gropius de veinte años un amplio reconocimiento como arquitecto. Poco más tarde tendría la oportunidad de erigir una fábrica modelo y un edificio de oficinas en la gran exposición de la Werkbund en Colonia. Aquí se proponía, elevando la construcción y recubriendo los miembros estructuradores del edificio, establecer símbolos de la voluntad y el espíritu de los tiempos.
Los años que precedieron a la Primera Guerra no fueron únicamente años de florecimiento científico, sino que, por primera vez en la Alemania del emperador Guillermo, también se organizaron incontables movimientos contraculturales y reformadores que afectaron a todas los capas sociales y generaciones, mientras que la Werkbund y los artistas del Jugendstil querían reconciliar «arte y máquina». Por vez primera se tomaba en serio a la juventud, se la consideraba como una edad autónoma y no sólo como un estadio preparatorio para la edad adulta.
Más tarde se establecieron numerosas conexiones entre estas escuelas reformadoras y la Bauhaus. En la organización escolar se llevó a cabo la reforma pedagógica requerida por las escuelas de trabajo y las escuelas unitarias. Se fundaron multitud de escuelas privadas, que todavía existen. Los jóvenes burgueses se organizaban en el movimiento de los boy scouts; sostenían debates, eran vegetarianos, practicaban el nudismo y el antialcoholismo. Proliferaban las comunas y cooperativas, aunque con frecuencia duraban poco. Una de las pocas excepciones fue la colonia «Edén», dedicada a la plantación de frutales. Incluso Gropius, recurriendo a tales ideas, soñaría aún con una colonia propia.
Críticos culturales conservadores como Paul Anton de lagarde y Julius Long Behn festejaron un éxito clamoroso. El pesimismo cultural de Nietzsche hallaba en el pueblo, pero también en el mundo del arte, cada vez más partidarios. Se formaron numerosos movimientos culturales conservadores: «Grupo Durero» (a partir de 1902) centraba sus esfuerzos en la educación popular, la conservación de la cultura y de los monumentos nacionales.
El arquitecto Paul Schultze-Naumburg fundó el grupo «Conservación de patrimonio»; y la revista Kunstwart «<guardián de la cultura») se dirigía a un público educado y conservador. Posiciones fuertemente anti-judías, nacionalistas y germano-cristianas evolucionaban a la par.
La emancipación de la mujer tenía ya repetidos triunfos en su haber. Las grandes ciudades eran con frecuencia cuna de tales «movimientos de huida burgueses», representados en el Berlín de antes de la guerra por el pintor Fidus y su círculo. La irrupción de la Primera Guerra Mundial fue recibida en Alemania con un entusiasmo casi unánime. Se alistaron numerosos voluntarios, entre ellos también muchos artistas de la vanguardia, como Otto Dix, Oskar Kokoschka, Franz Marc, Max Beckmann y August Macke. Mientras los intelectuales alimentaban la esperanza de una renovación espiritual -a menudo en el sentido de Nietzsche -, la mayoría de la población esperaba, lo mismo que el emperador Guillermo II, que Alemania pudiera por fin acreditarse como potencia mundial. La Liga de Talleres hablaba de una «Victoria del diseño alemán».
Hasta 1916-17 no se empezó a poner en tela de juicio el sentido de la guerra.
Arquitectos y artistas publicaban manifiestos y panfletos. Se preparaba un giro de pensamiento, cuyo centro sería el «Arbeitsrat für Kunst» (Consejo de Trabajo para el Arte), fundado por el arquitecto Bruno Taut, con un grupo de seguidores, en noviembre de 1918, poco después de la revolución de noviembre.
También Gropius, que en 1917 había hablado de la «urgencia de un cambio de frente intelectual» y que se fue a Berlín para tomar parte en las subversiones, escribió: «El ambiente está aquí sumamente tenso, y nosotros los artistas hemos de fraguar el hierro en esta época, mientras aún está caliente. La Werkbund la doy por muerta, ya no puede esperarse nada más de ella.» Gropius mantenía desde 1915 correspondencia con la Escuela de Artes y Oficios de Weimar, fundada y dirigida por Henryvan de Velde. En 1914, antes de que estallara la guerra, había dimitido van de Velde a causa de fuertes tendencias xenófobas y había recomendado a Gropius, aliado de Hermann Obrist y August Endell, como posibles sucesores. La Escuela fue clausurada en 1915, pero había en Weimar una segunda Escuela a la que su director, Fritz Mackensen, quería añadir una clase de arquitectura, para la cual había pensado en Gropius. Al mismo tiempo, debía ser tenida en cuenta la Escuela de Artes y Oficios del Gran Ducado de Turingia con sus intereses en el arte industrial. Todavía estando de soldado en el frente publicó Gropius «Sugerencias para la fundación de un centro docente como oficina de orientación para industria, comercio y artesanía», trabajo que envió en 1916 al Ministerio de Estado del Gran Ducado de Sajonia. Gropius exigía una estrecha colaboración entre el comerciante, el técnico y el artista, al estilo de la Werkbund, pero al mismo tiempo citaba ya el ideal de los talleres de construcción medievales, donde se trabajaba con «espíritu igualitario» por «la unidad de una idea común». El mariscal de palacio rechazó la proposición, pues en su opinión desatendía lo artesanal.
En lugar de un arquitecto, prefería tener un buen artesano industrial al timón de la Escuela, para que la pequeña y mediana industria de Turingia (alfarería, textil, cestería, ebanistería) alcanzaran mejores cotas de venta en el mercado.
Gropius permaneció, sin embargo, en contacto con la Escuela. En 1917 reclamaba el profesorado de la Escuela de Bellas Artes (tal como había hecho Mackensen dos años antes) la ampliación del centro con una sección de arquitectura y arte industrial. En enero de 1919 todavía no se había nombrado a Gropius, de modo que éste trató de informarse en Weimar sobre la situación. Al mismo tiempo sostenía conversaciones con el Colegio de Profesores, que ahora apoyaban con unanimidad a Gropius como nuevo director. El mariscal de palacio y el gobierno provisional del entonces estado libre Sajonia-Weimar dieron también su aprobación.
Antes de aceptar definitivamente el cargo, Gropius presentó en febrero una estimación de gastos y explicó sus intenciones: «Puesto que la Escuela de Artes y Oficios ha sido suspendida, es decir, que puede ser configurada de nuevo desde el principio, y esto que hay cuatro puestos libres en la Escuela Superior de Arte, las circunstancias en estos momentos son inmejorables. Dudo que hoy por hoy se dé en toda Alemania otra ocasión semejante: la oportunidad de transformar, sin ataques radicales, una escuela de Arte conforme a las nuevas ideas vigentes.» A finales de marzo permitió el gobierno, a instancia de Gropius, la administración de ambas escuelas bajo el nombre «Bauhaus Estatal de Weimar». Como subtítulo se nombraban las antiguas denominaciones de las escuelas: «Unión de las antiguas Escuela Superior de Arte del Gran Ducado y Escuela de Artes y Oficios». Finalmente, el 12 de abril tuvo lugar el nombramiento de Gropius como director de la Escuela, con nombre y programa nuevos. Con ello se inauguró, mediante un ceremonioso acto, la más cuestionada y moderna escuela de arte de su tiempo.
Su fundación, que se llevó a cabo entre los desórdenes de la revolución -a, menudo no estaba claro si se encontraba bajo la responsabilidad del mariscal de palacio o del Consejo de Gobierno -, no hubiera sido posible algo más tarde, cuando las fuerzas conservadoras se formaron de nuevo. En un manifiesto de la Bauhaus, distribuido por toda Alemania, aclaraba Gropius el programa y la meta de la nueva Escuela: artistas y artesanos debían levantar juntos la «construcción del futuro». La discusión sobre las «ideas modernas» había comenzado en 1916 con un artículo de Wilhelm von Bodes, director general de los museos estatales de Berlín. Von Bodes había propuesto unir en una única institución las academias de arte, escuelas de artes y oficios y las escuelas superiores de arte. Con ello se evitaría el exceso de artistas independientes en paro, el entonces llamado proletariado de artistas. Muchos artistas, sobre todo arquitectos, hicieron suya esta idea. Theodor Fischer escribía en 1917 «Por el arte alemán de la construcción», el arquitecto Fritz Schumacher en 1918 «La reforma de la educación técnico-artística», Richard Riemerschmid publicaba «Cuestiones de la educación artística»,los arquitectos atto Bartning y Bruno Taut escribieron en el folleto del Consejo de Trabajo «Un programa arquitectónico».
Especialmente significativos para Gropius fueron los escritos de Taut y Bartning. Taut fue el primero en promocionar en su programa casas populares y la cooperación de todas las artes en la construcción, además de exigir construcciones experimentales y exposiciones para el pueblo.
Un ejemplo de las ideas de Taut: «No hay frontera alguna entre el arte industrial y la escultura o pintura, todo es uno: construcción». De Gropius leemos: «Creemos juntos la nueva construcción del futuro, que será un todo conjunto. Arquitectura y escultura y pintura». Una fuente más importante, si cabe, para el programa Bauhaus de Gropius, fue la proposición de reforma del arquitecto atto Bartning, miembro del «Consejo del Trabajo para el Arte». Bartning publicó en enero de 1919 el «Plan de enseñanza para arquitectura y las artes plásticas en base a la artesanía». En él se declaraba la artesanía con fundamento de la educación. El «Consejo de Maestros» de Gropius se basa en un consejo similar al de Bartning, y de él también adoptó la jerarquía: aprendiz -oficial -maestro. Gropius tradujo las ideas reformadoras del primer programa de la Bauhaus, del período revolucionario y postrevolucionario, en el programa educativo de la Escuela.
Pero la Bauhaus no pretendía solamente ser la unión de una academia y una escuela de artes industriales, la formación se peraltaba a través de la meta real y simbólica «construcción». Construir se convirtió para Gropius -siguiendo las ideas del Consejo -en actividad social, intelectual y simbólica. Reconcilió los, hasta entonces independientes oficios y especialidades, y los unió en el trabajo en común: la construcción allana diferencias de condición y acerca a los artistas al pueblo.
Emblema del nuevo concepto de construcción era el grabado en madera de una catedral de lyonel Feininger aparecido en la portada de un manifiesto de la Bauhaus; en la aguja de la torre confluyen tres rayos, que representan las tres artes: pintura, escultura, arquitectura. Desde la aparición en 1912 del libro de Wilhelm Worringer Problemas formales del gótico, se había actualizado la catedral como símbolo. También era para Adolf Behne y Karl Scheffler emblema del arte como un todo y símbolo de unidad social6. Bruno Taut, muy admirado por Gropius, presentó en su libro La corona de la ciudad (1915-1917) el dibujo de una catedral gótica como una imagen programática.
Hans M. Wingler, que publicó el primer compendio sobre la Bauhaus, describió la obra de Gropius como «la síntesis -más que resumen -de ideas alcanzada en la Bauhaus; su obra fue eminentemente un acto creativo».
Estos contenidos pertenecen al libro bauhaus 1919-1933, bauhaus archiv, por magdalena droste.
Beatriz Carreño
BAUHAUS
Escuela de diseño, arquitectura e industria, fundada en 1919, en Weimar, por Walter Gropius, trasladada en 1925 a Dessau y disuelta en 1933 en Berlín.
El espíritu y las enseñanzas de esta institución puede decirse se extendieron por todo el mundo. Henry Van de Velde, director antes de la I Guerra Mundial de la Escuela Ducal de Artesanía y de la Escuela Ducal Superior de Artes Plásticas ambas en Sajonia, propuso al Gran Duque como sucesor suyo, a Walter Gropius. Tras una entrevista con el Gran Duque, consiguio Gropius plena autorización para reorganizar estas Escuelas. Al entrar en funciones como director en 1919, reunió ambas escuelas en una sola con el nombre de Das Staatliche Bauhaus Weimar (Escuela estatal de Arquitectura de Weimar). Esta fusión de las escuelas tuvo gran importancia elevando de rango instantáneamente el complejo Arte-Oficios. Gropius sostenía que el artista y el arquitecto deben ser también artesanos, para conocer experimentalmente los materiales de tan diferente naturaleza con que han de operar al mismo tiempo que deben dominar la teoría de las formas y el modelado. Gropius acabo con la tradicional separación entre artistas y artesanos. Un edificio terminado ha de ser el resultado de la labor conjunta de los artistas y de los artesanos, cada uno de los cuales habrá aportado su trabajo propio orientado al mismo fin. Gropius propugnaba el trabajo en equipo para la construcción, el mobiliario, la cerámica y para todas las demás artes relacionadas con la arquitectura.
También la formación industrial entraba en el plan de enseñanza de la Escuela. Gropius no era, como Morris, enemigo del empleo de las maquinas en la obtención de objetos de arte, sino subordinaba las maquinas a la acción creadora del artista. Muchos críticos opinaron, en cambio, que los estudiantes estaban recargados de trabajo, ya que tenían que aprender un oficio y además habían de ocuparse del manejo de las maquinas. Para Gropius, la maquina solo era el perfeccionamiento de las herramientas del artesano, que, antes de utilizar las maquinas, debe conocer exactamente los materiales y todas sus posibilidades. El equipo de trabajo para la construcción tiene su paralelo en la colaboración para fines industriales; en ambos casos, se obtienen los mejores resultados cuando cada colaborador no solo domina su propio cometido como tarea aislada, sino como parte de la obra en su conjunto.
La misión de la Escuela cada vez de mayor envergadura, no se limitó a la artesanía, sino a la creación de modelos para la producción masiva industrial. En este sistema de montaje el artista hallo un verdadero estimulo que le impulsaba a su propio perfeccionamiento; cuando, por ejemplo, formaba con sus manos, un modelo de tetera en barro para la fabricación en serie, no era ya un mero dibujante, autor de bosquejos sobre el tablero, sino un proyectista y un artesano al mismo tiempo.
El plan de enseñanza de la Escuela preveía dos cursos paralelos, el del trabajo manual y el de las formas. En los primeros años de la Escuela, en cada clase intervenían dos profesores, un artista y un artesano, que trabajaban en íntimo contacto. La enseñanza comenzaba con un curso preparatorio de seis meses, dedicado a prácticas de taller con diversos materiales: piedra, madera, metal, barro, vidrio, colorantes y tejidos, juntamente con nociones de dibujo y modelado. El estudiante debía manifestar que material le resultaba mas atrayente y para cual seria una mayor facilidad de trabajo. Los escolares aprendían el manejo de las herramientas y después el uso de las maquinas que en la industria sustituyen a aquellas. En la enseñanza de las formas entraba el estudio de principios fundamentales en la construcción de los edificios, de la oposición y conocimiento del espacio, de los colores y sobre todo de las formas.
Gropius logro reunir un profesorado sobresaliente, que alcanzo gran éxito en su misión. En 1919, llego a la Escuela Johannes Itten al que un año antes Gropius había encontrado en una escuela privada de Viena, y al cual confió la dirección del curso preparatorio. Itten, organizo muy acertadamente el estudio de los materiales, ya que para trabajar con éxito un material debe conocerse su estructura. El alumno que debe trabajar un material determinado, ha de estar familiarizado con el mismo y conocer todas sus propiedades, en comparación con otros materiales. Otros profesores en la Escuela de Weimar fueron: el pintor Lyonel Feininger y el escultor y ceramista Gerhard Marcks, que entraron ambos en 1919; en 1920, llega a la escuela el pintor y escritor Georg Muche; en 1921, Paul Klee y Oskar Schlemmer; en 1922, Wassily Kandinsky, y en 1923, el pintor, decorador, fotógrafo y tipógrafo Lászlo Moholy-Nagy.
En 1923, a petición de la Dieta de Turingia, se redacta una Memoria sobre la Escuela, aunque ya Gropius se había adelantado a ello; el tema de esta Memoria era Arte y Técnica: una nueva unidad y se refería a distintos trabajos efectuados sobre diferentes materiales y con herramientas individuales, a estudios teóricos y a la casa unifamiliar “Am Horn”, construida por la Escuela. Esta casa, de planta cuadrada, en la que varias habitaciones pequeñas se agrupaban alrededor de una mayor, fue calurosamente elogiada por muchos críticos, entre ellos el Dr. E. Reldslob, Regidor de Arte del Imperio Alemán. Pero estos éxitos de la Escuela no impidieron que en Weimar tropezara con la violenta oposición de los conservadores, porque era considerada por muchos como de carácter socialista. También el Gobierno de Turingia mostró su hostilidad a la Escuela, viéndose obligado Gropius, a fines de 1924, a ordenar su clausura. Apoyado por los profesores y por los alumnos, el 26 de diciembre anuncio al Gobierno de Turingia que, al terminar su contrato, en abril de 1925, se disolvería la Escuela.
Varias ciudades solicitaron la Escuela: Frankfurt, Hagen. Mannheim, Darmstadt y Dessau. El burgomaestre de Dessau manifestó un especial interés por el traslado de la Escuela a su ciudad, adquiriendo siete locales, en los que funcionaria provisionalmente la Escuela, hasta la erección del edificio definitivo que Gropius proyecto, a propuesta del Consejo de Dessau; empezó la construcción del nuevo edifico en el otoño de 1925 y se termino en diciembre de 1926. Constaba la nueva Escuela de tres alas principales, una para la enseñanza técnica, otra para los laboratorios y talleres y otra para los alojamientos. En el puente o paso entre los locales para enseñanza y para laboratorios, se encontraban las oficinas, el club y un taller privado de Gropius; la planta de alojamiento, de seis pisos, contenía 28 habitaciones para los alumnos. La construcción se hizo, en parte, con estructura de hormigón armado. En el ala de los talleres y laboratorios se emplearon cubiertas de hormigón armado y pilares en forma de capiteles que permitieron la formación de una fachada de vidrio, corrida, a lo largo de tres pisos. Esta fue la primera vez que se empleo el cierre de pared cortina en un edificio industrial, y, al igual que en esta Escuela, pronto se extendió su uso, en Europa y América, a edificaciones análogas. Al trasladarse la Escuela a Dessau, hubo un cambio en el plan de enseñanza. En vez de la clase doble de modelado y artesanía, cada una a cargo de un profesor, se nombro un solo profesor, especializado en ambas disciplinas, para las dos clases. Fue posible esta innovación porque ya había profesores que habían sido antiguos alumnos: Josef Albers, Herbert Bayer, Marcel Breuer, Hinnerk Scheper y Joost Schmidt. Siete de los profesores de Weimar se incorporaron también a Dessau. En cambio, Gerhard Marcks no pudo trabajar en la nueva Escuela, por haber fallado el proyecto de montar un taller de alfarería y cerámica en Dessau.
Johannes Itten abandono la Escuela en la primavera de 1923, por no estar conforme con la orientación del curso preparatorio; su labor fue proseguida por Moholy-Nagy y Josef Albers, que ampliaron notablemente el contenido de este curso. También en Dessau, la Escuela cumplió su contenido y fue fiel a su divisa: la enseñanza de las formas, de la técnica y de la artesanía en todos los campos de iniciativa creadora, pero especialmente en la construcción; trabajos prácticos de investigación, sobre todo en arquitectura y en interiores; preparación y formación de modelos para la industria y al artesanía, y venta de estos modelos para la industria y la artesanía, y venta de estos modelos a la industria para su comercio. La doctrina general de la Escuela fue siempre la conexión de todos los trabajos artísticos y la dependencia intima entre unos y otros.
Gropius dirigió la Escuela de Dessau hasta 1928, y hay que tener en cuenta toda su actuación anterior, para enjuiciar como es debido su labor y su dedicación a la Escuela. Por recomendación del propio Gropius, le sucedió el arquitecto suizo Aniñes Séller, que antes había sido director de la sección de Arquitectura.
Séller, dimitió en junio de 1930, por discrepancia con las autoridades de la ciudad, reintegrándose Gropius nuevamente a su cargo. Finalmente tomo posesión de la dirección de la Escuela Ludwig Mies van der Rohe, a la propuesta de Gropius. Por presión de los nacionalsocialistas, que tomaron e poder en el Ducado de Sajonia, se traslado la Escuela a Berlín en 1932, y en abril de 1933 fue disuelta.
Aunque la Escuela se cerró entonces, no murieron sus enseñanzas y métodos, sino que se extendieron por todo el mundo
Los precedentes de la historia del Deustcher Werkbund, fundado el 6 de octubre de 1907, se pueden seguir hasta el movimiento reformador ingles de William Morris y sus asociados, de mediados del siglo XIX. Este movimiento tomó como tarea la renovación de la artesanía artística aspirando a devolverle el nivel que tuviera en la Edad Media y contribuyó a formar un elevado estándar de la cons-trucción de casas para viviendas. En lugar del alzado rigurosamente simétrico, subordinado a la planta (como en los edificios de la ultima época del Renacimien to), las casas como la Red House de Philipp Webb (1859), debían responder al objeto a que eran destinadas, con habitaciones cómodamente dispuestas en sus relaciones mutuas y orientadas hacia el lado del sol. Tales proyectos recordaban, por consiguiente, las plantas irregulares de la Edad Media. Los materiales de construcción de la mejor calidad se emplearon en forma expresiva.
Desde 1896 hasta 1903 Hermann Muthesius estuvo en Londres como agregado de la Embajada Alemana en dicha ciudad y estudio la arquitectura inglesa contemporánea y en especial las construcciones de viviendas e industriales. Regreso a Alemania siendo admirador de la casa inglesa y de las artes aplicadas en la tradición de Morris y escribió una serie de libros sobre estos temas. Como consejero de artes industriales en la Oficina industrial del Estado de Berlín (1907) trabajo por mejorar la situación alemana. Sus críticas que, condujeron a la fundación del Werkbund, tropezaron con una oposición, tanto en los círculos de los artistas como en la industria. Con todo, no dejaron de hacer efecto sus indicaciones sobre las ventajas económicas de un buen proyecto y de un trabajo artesano honesto. No es un mero azar que, precisamente en los años en que fue fundado el Werkbund, estuviesen ocupados en la industria alemana, conocidos arquitectos y proyectistas entre los que se contaba Behrens, en la casa AEG.
Los fines que se asigno el Deustcher Werkbund fueron unir a los representantes mas capaces del arte y la artesanía, de la industria y el comercio, asegurando por todos los medios el nivel de la producción industrial. Además de Muthesius, entraron en esta empresa, ante todo, Karl Schmidt, Theodor Fischer, Richard Riemerschmid, Hans Poelzig, Heinrich Tessenow, Jospeh Hoffmann y Henry Van de Velde.
En primer lugar, se dio una importancia especial a la calidad del trabajo artesano y del material, siendo dudoso que los aspectos estéticos recibieran una atención suficiente. La preferencia de sus miembros por la producción mecánica se apartaba mucho de la posición tomada por Morris. No solo se conformaban con ello sino que la acogían como un poderoso medio para fabricar artículos de calidad en grandes cantidades. Consideraban que la maquina era un nuevo perfeccionamiento de la herramienta y que, de igual modo que esta, la maquina se había de someter por entero a los puntos de vista del artesano artista.
En el congreso del año 1911, Muthesius formulo de nuevo los fines del Deustcher Werkbund, haciendo resaltar además la calidad estética. La perfección de la forma se unía para Muthesius, hasta cierto punto, a consideraciones matemáticas, las cuales, junto con el reconocimiento de la producción mecánica, condujeron a recomendar la estandarización. Sobre estandarización, tomo como base los acuerdos de la Asamblea de 1914. Este punto de vista tropezó, sin embargo, con la oposición de Van de Velde, para quien el establecimiento de normas y el trabajo creador del artista no se podían poner de acuerdo: el artista debe de ser siempre individualista y nunca se podrá someter a normas y reglas. Esta antitesis se mantuvo en las filas del Werkbund y desempeño siempre cierto papel en las discusiones sobre arte y arquitectura.
En el mismo año 1914, el Werkbund organizo una exposición, extraordinariamen te importante, sobre el modo de realizar las formas industriales en Colonia; fue una de las exposiciones de mayor importancia del siglo. Los edificios de la exposición fueron proyectados, entre otros por Van de Velde, Gropius, Behrens, Hoffmann y Bruno Taut. La I Guerra Mundial interrumpió la labor del Werkbund que, sin embargo, había ejercido ya una influencia considerable sobre Europa. Otros países siguieron el ejemplo alemán.
En 1910, se formo un Werkbund austriaco; en 1913, un Werkbund suizo. La Slöjdsföreningen sueca se organizó aproximadamente por esta época, de acuerdo con el Deutscher Werkbund renovado; en Inglaterra se fundo en 1915, la Design and Instriales Association, imitación del modelo alemán a mitad de la guerra entre la Gran Bretaña y Alemania. El siguiente acontecimiento importante de la historia del Werkbund fue la exposición de Weissenhof de 1927. Fue dirigida por Ludwig Mies van der Rohe, vicepresidente en aquel entonces, del Deutscher Werkbund. Mies invito a los arquitectos europeos de los que esperaba las más valiosas colaboraciones a la construcción y concepción de la moderna casa de viviendas. Respondieron a la invitación los arquitectos alemanes Peter Behrens, Walter Gropius, Hans Poelzig, Bruno Taut, Hans Scharoun, Adolf G. Schneck, Ludwig Hilberseimer, Richard Döcker, Adolf Rading y Max Taut; el arquitecto austriaco Josep Frank, el arquitecto francés Le Corbusier y los arquitectos holandés J.J. P. Oud y Mart t Stam. Mies que proyecto un bloque de viviendas, garantizo a todos los arquitectos completa libertad con la única condición de que todas las casas debían tener tejado plano. Esta exposición de casas para vivienda demostró ser uno de los acontecimientos de mayor importan cia, para la construcción de viviendas. En algunas casas, la estandarización se llevo hasta el punto de que fuera económica su construcción, haciéndola posible a gran escala; Gropius, por ejemplo, proyecto en dos casas un esqueleto de ace-ro sobre un enrejado de malla de un metro con placas de amianto y cemento co-mo revestimiento exterior, colocadas sobre planchas de corcho que tenían a su vez un revestimiento interior adecuado. Este método era adaptable a la fabrica-ción en serie sobre cinta transportadora. Lo mismo puede aplicarse también al bloque de viviendas de Mies, compuesto de un esqueleto ligero de acero con unidades de pared y marcos de ventana normalizados.
Poelzig construyo una casa de placas de madera integradas en una construcción de esqueleto. Varias de estas casas eran de hormigón armado, entre ellas, las dos de Le Corbusier con entramado de hormigón armado y pies derechos de acero a distancias uniformes. La flexibilidad en el proyecto y el empleo de las casas fueron el motivo principal de la mayor parte de los proyectos.
La exposición de Stuttgart fue en muchos sentidos un ejemplo de los fundamentos del arte moderno de la construcción, establecidos por Muthesius en 1911. En el mismo año en que tuvo lugar la exposición, falleció Mutheisu. El éxito de la colonia de Weisenhof, el interés que despertó en todo el mundo, fue una recompensa para los esfuerzos de sus pioneros. Otro triunfo del Werkbund fue su exposición de Paris de 1930. Walter Gropius fue el director de la sección alemana, siendo asistido por tres antiguos colegas de la Bauhaus, L. Moholy-Nagy, Marcel Breuer y Herbert Bayer. La exposición dedicada a la arquitectura y a la concepción de las formas industriales continuó con los temas de estanda rización y producción en masa de unidades de casas, la exposición de Stuttgart. El nacionalismo significo el termino pasajero de la fructífera labor lleva ba a cabo por la Werkbund. Después de la II Guerra Mundial volvió a organizarse la entidad; el primer DIA del Werbund celebrado después de la guerra tuvo lugar en 1947, en Rheydt
Walter Gropius
Cezanneiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiio
Berlín 1883-Cambridge (Massachussets) 1969
Arquitectura/Diseño del Siglo XX
Estudio arquitectura en 1903-1905, en Munich y después en Berlín. En 1907, entro en las oficinas de Peter Behrens; en 1910, se estableció inesperadamente como proyectista industrial y arquitecto. Como estructurador de formas, trabajo en distintos ramos; proyecto instalaciones de interiores, tapicerías de pared, modelos para muebles fabricados en serie, carrocerías para automóviles y una locomotora diesel. Su primera obra de importancia fue el edificio en los talleres Fagus en Alfeld an der Leine (1911) que construyo en colaboración con Adolf Séller. Esta obra significo un paso adelante en la construcción a base de acero y vidrio. El edificio de tres pisos es soportado por una estructura de acero; las paredes exteriores están resueltas con superficies de vidrio. Que las paredes no tienen función sustentante se comprueba por el hecho de no haber pies derechos en las esquinas. Para la exposición del Deutsches Werkbund de Colonia, de 1914, Gropius y Séller construyeron el edificio para oficinas de una pequeña fábrica, importante contribución a la arquitectura moderna. El edificio es simétrico, las superficies centrales de la fachada delantera son de ladrillos, la fachada esta flanqueada por cajas de escalera de caracol de dos pisos envueltos en vidrieras.
La pared de vidrio de las torres de las escaleras es sostenida por un entramado de acero muy ligero, en el primer piso, en los lados menores y en el lado posterior; la obra adquiere así una ligereza desacostumbrada. Con las cajas de escalera cilíndricas de vidrieras, se introduce un motivo arquitectónico que, especialmente en almacenes, resultara ser un elemento importante en la arquitectura moderna. Erick Mendelsohn la ha usado a menudo con pleno efecto. Gropius y Séller proyectaron, además, la nave de maquinas y el garaje abrio detrás del edificio para oficinas. La nave de maquinas tiene un tejado ascendente plano con vigas de acero, curvadas hacia las paredes laterales.
La I Guerra Mundial, en la que Gropius tuvo que tomar parte, interrumpió su trabajo. En 1915, fue nombrado, por el gran duque de Sachsen-Weimar, director de la Escuela industrial de artes del Gran Ducado de Sajonia y de la Escuela de Arte, del Gran Ducado de Sajonia en Weimar, entidades que Gropius junto en 1919, con el nombre de Das Staatliche Bauhaus Weimar, pues creía en la unidad del arte, la arquitectura y el diseño. Fue primero director de esa Escuela en Weimar (1919-1925) y después en Dessau (1925-1928) hasta que se retiro para dedicarse de lleno a la arquitectura sin el estorbo de las obligaciones oficiales.
Durante su actividad en la Bauhaus, Gropius construyo y estudios varios proyectos.
La obra de mayor importancia de esta época fue el complejo de edificios para la Bauhaus de Dessau; se terminaron a fines de 1926. A este periodo creador corresponde también la reconstrucción del teatro municipal de Jena (1923), que hizo Gropius en colaboración con Séller, así como los dos interesantes proyectos para la Academia de filosofía y para el Teatro Total. El plan para la Academia de filosofía, en terrenos de la universidad de Erlangen (1924) se hallaba ya en la tendencia que le condujo, mas tarde, a los edificios de la Bauhaus.
El proyecto de Teatro Total surgió en 1927 en colaboración con Erwin Piscator, administrador berlines de teatros. El problema consistía en proyectar un teatro que se pudiera transformar de conformidad con la pieza representada, pasando desde la forma griega del anfiteatro con orquesta, de forma semicircular, hasta la disposición con escenario central o el escenario moderno.
El teatro se proyecto con una gran plataforma parquet que podía girar, de manera que era posible pasar, con rapidez, de una forma local a otra. La maqueta fue exhibida en la exposición de Paris de 1930, pero el teatro nunca fue construido.
Gropius no solo era el arquitecto y proyectista, también era sociólogo y partió en sus construcciones del análisis racional de las exigencias humanas en la vivienda. Durante su ulterior época oficial, como director de la Bauhaus, se ocupa del problema de como conseguir, en las ciudades, las mejores condiciones en la vivienda, manteniendo simultáneamente el carácter urbano. Quería crear viviendas urbanas que procuraran a sus habitantes, en una medida máxima, sol, espacio y luz, árboles y superficies verdes; la densidad de las viviendas de aquella época debía ser mantenida aproximadamente igual. A este fin creo altos bloques de formas rectangulares, de poco fondo, con superficies de vidrio, para viviendas, con unos diez pisos, orientados de cara al sol y dispuestos como series de casas abiertas, en Angulo recto respecto a la calle, con ventilación transversal y amplias superficies verdes situadas entre los bloques. Así resultaba que, con la misma densidad de habitaciones, era posible disponer de mucho mas espacio libre y, con un Angulo de incidencia mejor de la luz, un soleado más intenso.
Gropius pudo realizar estas ideas parcialmente en la colina Dammerstock cerca de Karlsruhe (1927 hasta 1928) en donde proyecto algunos de los bloques de casas de cinco pisos, coordinando el trabajo de los otros ocho arquitectos.
Estos bloques paralelos, en la mayor parte de los casos, tienen el lado frontal dando a las calles. Un proyecto mayor fue la Siemensstadt, en Berlín, en donde Gropius como director, colaboro con otros varios arquitectos; e hizo él mismo dos bloques. El plan preveía alineaciones de casas amplias de cinco pisos orientadas de norte a sur, para obtener la luz solar mas favorable, con amplias superficies verdes y grandes árboles. Los bloques tienen paredes exteriores lisas y blancas, con grandes ventanas y dos viviendas en cada piso. La Siemensstadt ejerció gran influencia.
Con la subida al poder de los nacionalsocialistas, en 1933, se hicieron difíciles las condiciones de trabajo para los arquitectos de ideas liberales y modernas, de modo que Gropius abandono Alemania en 1934 y se traslado a Inglaterra. En Londres se unió con E. Maxwell Fry, uno de los jóvenes arquitectos de mayor éxito. Juntos realizaron varios proyectos interesantes y construyeron, además de los laboratorios de películas para la London Film Production en Denham (1936), dos casas, en Sussex (1936) y en la Church Street, en Chelsea (1935).
La contribución de mayor importancia aportada por Gropius a la arquitectura inglesa esta representada por el Impington Village College, en Cambridgeshire (1936), uno de los cuatro colleges construidos por el County Council en el campo. El edificio, de una sola planta, con locales para clases dispuestos formando un solo conjunto, hall en forma de abanico y con locales para clubs, se halla situado en medio de superficies verdes y de grupos de árboles, sirviendo como escuela secundaria y como centro comunal para adultos.
A principios de 1937, Gropius obtuvo una plaza de profesor de arquitectura en la Universidad de Harvard y en 1938 fue nombrado director de la sección de arquitectura. Ya en el año de su llegada construyo su propia casa que casi mostraba la misma severidad clásica que las casas que había proyectado para si en 1926, y para los demás profesores en la Bauhaus. Después surgieron un gran número de casas particulares, que construyo con otros arquitectos. Poco después de su traslado a los Estados Unidos, Gropius se asocio con Marcel Breuer, que había estudiado y profesado en la Bauhaus.
Juntos proyectaron, además de varias casas unifamiliares (entre ellas una para el propio Breuer) el Pabellón Pensilvania para la exposición Mundial de Nueva York, de 1939, así como, en el ultimo año de su asociación, una colonia de viviendas en New Kensington, cerca de Pittsburg (1941). Esta colonia estaba destinada a los trabajadores de una fábrica de aluminio y fue construida en la pendiente situada encima de la fábrica. Las casas, situadas irregularmente y de acuerdo con la orientación más favorable, siguen los contornos de la colina, siendo accesibles por senderos irregulares.
En 1932, Gropius, en Alemania, había comenzado a experimentar con elementos de construcción estandarizados para casas construidas en serie, lo cual reemprendió en los años 1943 a 1945. Mientras, en sus primeros planes, había previsto chapa de cobre para el revestimiento de madera, con un modulo de 1´02 *1´02 metros. Después de ensayos hechos en colaboración con Konrad Wachsmann, en Long Island, fueron construidas muchas casas de tal clase en California.
En 1945, tomo Gropius, con arquitectos de la generación joven, un equipo, con el nombre de The Architects collaborative (TAC). En esta empresa, Gropius era el guía y el iniciador. El que pudiera entrar con entusiasmo en un grupo de tal clase muestra su profunda fe en el trabajo de equipo que siempre considero necesario en la construcción moderna. The Architects Collaborative ha realizado una interesante aportación a la arquitectura americana del siglo XX, en la que se cuentan varias casas para viviendas, todas las cuales presentan claras soluciones en la planta y la instalación; la Junior High School en Attleboro, Massachusetts (1948); y el Graduate Center de la Harvard University, en Cambridge, Massachusetts (1949-1950). En esta instalación con sus siete hogares y el centro comunal Harkness, los espacios libres están cuidadosamente referidos a su función respectiva entre los edificios.
En 1953, el equipo construyo la casa para oficinas McCormick. En 1961 recibió Gropius una invitación para ir a Inglaterra con el fin de planear de nuevo el edificio Monico, de Piccadilly Circus. El primer proyecto fue desechado por las autoridades competentes por juzgarlo inferior a la exigencia del edificio, de un carácter tan decisivo desde el punto de vista de la edificación municipal.
Las construcciones de Gropius se caracterizan por un empleo audaz de los materiales modernos, acero, hormigón y vidrio. Fue uno de los innovadores propiamente dichos en el empleo de la pared exterior que constituye por entero una vidriera y que permite el aprovechamiento máximo de la luz diurna. Es característico de su arquitectura, un rigor clásico y una proporcionalidad figurativa, como muestran las casas de las escuelas de la Bauhaus en Dessau. Aunque la importancia de Gropius sea considerable, como arquitecto, su influencia como profesor ha sido decisiva también. Fue partidario ferviente de una estandarización y una refabricación bien pensadas, pero ante todo insistió en la eficacia del trabajo en equipo, para Gropius, es símbolo de la vida en comunidad y factor para una ordenación de la sociedad tal como esta debe ser. Ultimas obras: PanAm Building (1963) sobre la Grand Central Station de New York (Belluschi, Gropius, Roth) fabrica Rosenthal en Alemania (1968) y Gropiusstadt en Berlín (1969-1970) obra póstuma.
Ludwig Mies Van der Rohe
Cezanneiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiio
Aquisgrán 1886-Chicago 1969
Arquitectura del Siglo XX
Junto con Wright, Le Corbusier y Gropius es conocido como uno de los cuatro arquitectos de mayor influencia durante la primera mitad de este siglo. Mies, que a su apellido paterno unió mas tarde el de su madre, van de Rohe, no tuvo verdadera formación de arquitectura. Las primeras iniciativas hacia su futura profesión y la maestría por la cual su arquitectura es celebre, las debe a su padre, maestro albañil y propietario de un pequeño taller de picapedrero. A dibujar aprendió Mies en Aquisgrán, dedicándose a proyectar ornamentos de estuco. En 1905, trabajo durante breve tiempo a las órdenes de un arquitecto especializado en construcción de madera.
Para dominar mejor este material, dio clases con Bruno Paul, buen proyectista de muebles. En 1907 se hizo independiente, pero un año más tarde se asocio con Behrens, que era el arquitecto más creador de Alemania, a la sazón.
Los tres años con Behrens (hasta 1911), fueron decisivos en la formación de Mies. En cierto modo, la carrera de Behrens se había adelantado a la de Mies. Como proyectista de la AEG (Allgemeine Elektrizitats-Gesellschaft), proyecto Behrens no solo los edificios de las fabricas sino también los productos de al empresa.
Más que cualquier otro arquitecto de su generación realizo ya el ideal del arquitecto que contribuye a crear la manera de vivir de la sociedad industrial moderna. Behrens trabajaba el metal y sus proyectos constituyan un complemento de la formación de carpintero que Mies debía a Paul -siendo bases ambos de su posterior maestría en la concepción de muebles. Además, la fabrica de turbinas de Behrens en Berlín (1908-1909), con su atrevida exhibición, del esqueleto de acero y sus estructuras de cristal, es extrañamente parecida a las concepciones posteriores de Mies. Pero el trabajo de Behrens se basaba en el neoclasicismo de Schinkel, sobre todo, en los edificios monumentales y en las viviendas, si bien la influencia de Schinkel, se nota también en los pesados pilares y en los sencillos zócalos de sus fábricas. Arquitectura moderna, con severidad neoclasicista de los medios, pulcritud de forma, perfección en las proporciones, elegancia en los detalles y nobleza de expresión, este es el ideal básico del desarrollo de Mies van der Rohe. Por eso debía mucho a la síntesis, todavía incompleta, de Behrens entre industrialismo y neoclasicismo.
Primero estuvo Mies mas claramente influido por el aspecto neoclasicista de Behrens, debido también a que Mies tuvo la dirección de las obras en uno de los edificios monumentales clasicistas de Behrens, la Embajada Alemana de San Petersburgo (199-1912). En 1911, Mies se separo de Behrens y proyecto varias casas en un estilo emparentado con las de Schinkel y sobre todo las de Behrens. El mas notable proyecto de esta época fueron la casa y galería para Elena Kröller (1912), propietaria de la celebre colección Kröller-Müller. Una maqueta escala 1:1 en madera y tela fue erigida en el solar de la Haya. En Holanda, aprendió Mies a conocer la filosofía y obra de Berlage, el Behrens holandés. Pero, mientras Behrens se interesaba en primer lugar por la forma, Berlage derivaba su filosofía de la arquitectura de la teoría moral de una expresión “honrada” de estructura y material, doctrina del siglo XIX, inspirada más bien por el gótico que por el neoclasicismo. La acentuación por Behrens de la forma neoclasicista, la tesis de la “honrada expresión” de Berlage y la búsqueda por ambos de una nueva construcción característicamente moderna, fueron las premisas de Mies van de Rohe.
Su neoclasicismo romántico duro hasta la primera guerra mundial. En 1919, apareció el último proyecto a la manera de Schinkel. Después empezó la verdadera aportación de Mies, con una serie de asombrosamente variados y originales proyectos (1919-1924). Reflejan la expansión del Berlín de la posguerra, con las múltiples fuerzas que actuaban: el expresionismo indígena, el “Stijl” de Holanda, el constructivismo y el suprematismo rusos. Lo mismo como creador que como propagandista, Mies era un fermento activo. Perteneció a los fundadores de la revista G (=Gestaltung = forma) dedicada a la arquitectura moderna. Además se asocio al “Grupo de Noviembre”, fundado en 1918, que tomaba el nombre del mes de la revolución y perseguía metas parecidas a G. En 1921-1925 Mies dirigió la sección de arquitectura; sus primeros proyectos modernos fueron conocidos públicamente sobre todo por las exposiciones anuales de dicha organización.
En dos proyectos de rascacielos, el primero (1919), con formas triangulares, el segundo (1920-1921), con libres curvas. Mies intento por primera vez dramatizar las luces reflejas de cristal facetado. Efectivamente, las curvas del segundo rascacielos las determinaba sobre todo la intención de dar al juego de luces de la fachada la mayor expansión posible. El proyecto de un edificio de oficinas en hormigón armado (1922) era aun más revolucionario. Forjados en voladizo, cerrados al exterior por antepechos, permitían fajas continuas de ventanas con perfiles metales delgadísimos. El entonces apenas conocido proyecto era uno de los primeros en emplear la faja continua de ventanas, mas tarde uno de los temas favoritos de la arquitectura moderna, con lógica convincente, no superada hasta hoy. Cierran esta serie de proyectos dos casas de vivienda. La casa rural de ladrillo (1922) se basa en principios del Stijl. Paredes de ladrillos en formas de círculos de L y de T con ventanas de la altura del piso son combinadas en un equilibrio asimétrico lleno de tensiones formando un conjunto espacial. La pared es la que determina la planta, algo nuevo en arquitectura. Aun tratándose solamente de un esbozo esquemático, es la primera vez que se realizan arquitectónicamente reglas de composición del Stijl, porque en intentos anteriores se combinaban caprichosamente elementos del Stijl y del cubismo. El segundo proyecto de casa rural, esta vez en hormigón armado, tiene planta en forma esvástica y esta ubicado en un solar en terrazas.
La disposición horizontal de la casa y la articulación de la masa irregular, de acuerdo con sus principales funciones, contrastaban con el contorno puramente prismático del estilo Internacional de entonces. Con esto la casa en hormigón armado de Mies van der Rohe se adelanta a desarrollos ulteriores a 1930. En conjunto, pertenece este grupo de proyectos a las concepciones arquitectónicas más productivas de 1920-1925. Entre las no muy numerosas obras ejecutadas en 1925-1930 destaca marcadamente el monumento a Carlos Liebknecht y Roxa Luxemburg en Berlín (1926, destruido por los nazis). Esta composición de paredes de ladrillo, con sus elementos horizontales en forma de cajones prominentes o retirados, era uno de los pocos monumentos importantes del siglo XX. Dos obras en ladrillo, la casa Wolf de Guben (1926) y la casa Hermann Lange de Krefeld (1928), muestran cuanto se ha alejado ya Mies del estilo Schinkel de la anteguerra, pero también como subsiste en su obra su primitivo neoclasicismo. Ambas están bien arraigadas a su solar, lo que el estilo internacional suele desconocer. Shinkel mismo hubiera admirado la perfección de los detalles y las proporciones de estas obras. Especialmente bellas son, en la casa Wolf, la exactitud de las paredes de ladrillos, material que Mies había aprendido a apreciar en Holanda, y el arreglo abstracto de las terrazas de ladrillo, que recuerda el monumento Liebknecht-Luxemburg. Tampoco aflojo el interés de Mies por las oficinas en cristal, que le condujo a cuatro proposiciones de las cuales, sin embargo, ninguna fue ejecutada. Además creo pabellón de exposición cuya discreta elegancia subraya las cualidades visuales de los objetos expuestos. Para tales trabajos Mies se había preparado con su actividad de planeador de exposiciones del grupo de noviembre.
En estos años hubo dos empresas culminantes: el Deutscher Werkbund organizo una amplia exposición de diversos tipos de casas, la colonia Weissenhof de Stuttgart (1927), que fue proyectada por eminentes arquitectos europeos. Bajo dirección de Mies resultaron, además de una serie de exposiciones transitorias, no menos de una serie de 21 obras efectivas del chalet familiar a la casa de pisos del mismo Mies. La segunda obra, el pabellón alemán de Mies en la exposición Internacional de Barcelona (1929), es una de las obras maestras de la arquitectura moderna, prolongando el experimento de Stijl del proyecto de casa rural de 1922; pero la simplificación de los elementos y la grandilocuente interpretación rebasan con mucho los complicados intentos anteriores. Sobre un zócalo de travertino, ligeros montantes de acero cromado en perfil de cruz soportan una placa de hormigón armado. Tabiques de travertino y cristaleras delimitan el espacio techado o sobresalen del mismo. El agrupamiento en Angulo recto, asimétrico, de estas paredes ordena ligera y claramente el espacio pero sin interrumpir la circulación. Dos estanques completan la obra; el mayor, en terraza abierta; el pequeño, en Angulo recto con el primero, pero al otro extremo del pabellón. Este estanque menor esta encerrado en una especie de patio formado por paredes proyectadas más allá de la parte cubierta. Una escultura de George Kolbe, expuesta en el estanque grande es como un punto discreto de orientación en este edificio tan noble, que, según puede colegirse por las fotografías, contenía por lo demás solo unos pocos muebles del propio Mies Van der Rohe. Hache se expuso la silla de Barcelona, el más importante hallazgo mueblista de Mies a finales de la década de 1920-1930. A pesar de que la modesta obra llamara relativamente poco la atención durante el breve verano de su existencia, resulto, gracias a fotografías y publicaciones, uno de los edificios más influyentes del siglo XX.
Inmediatamente después del pabellón de Barcelona, Mies construyo la más importante vivienda de su periodo de acentuación europea, la Casa Tugendhat de Brno (1930). Se encuentra esta casa en una ladera suavemente inclinada y da a la calle una fachada cerrada de un solo piso y, en cambio, dos pisos al lado del jardín. El espacio continuo de la parte interior, de estar, con sus montantes cromados y tabiques libres, entre ellos uno semicircular en madera de Makassar, recuerdan el pabellón de Barcelona. Un empleo mas a fondo de muebles del mimo van der Rohe aumentaba la elegancia de la mansión, en la cual cada detalle, hasta los raíles de las cortinas, fue proyectado expresamente.,
La Casa Tugendhat fue la última obra importante de Mies en Europa. De los proyectos de los años treinta, los más interesantes son los de casas con patios interiores cerrados. En su mayoría, estas casas patio están cerradas por paredes rectangulares; en un caso, se trata de casas en serie de diferente tamaño, en una única forma cúbica. Volvió hache Mies a crear una continuidad espacial gracias a la estudiada colocación de tabiques, macizos o de cristal. Los espacios resultantes eran en parte cubiertos (placas sobre montantes metálicos), en parte abiertos. Partes cerradas y partes libres, opacas o transparentes originan una sublime armonía. Los espacios, dinámicos pero serenos, están adaptados a un tipo de vivienda que permite vivir idealmente como en la ciudad. Por insistencia de Gropius, se encargo Mies en 1930 de la dirección de la Bauhaus. Y seguidamente tuvo que desplazar, bajo la presión de los nazis, la escuela de Dessau a Berlín.
Allí vegeto en la sombra hasta que Mies decidió en 1933 a disolverla. La situación política dificultaba cada vez más el trabajo en Alemania. En el verano de 1937 Mies emigro a los Estados Unidos, cuya ciudadanía adquirió en 1944.
Mientras que en Europa había construido relativamente poco, su influencia creció en los Estados Unidos muy rápidamente. En 1938 fue llamado a Chicago, al Illinois Institute of Tecnhonology (I.I.T., llamado entonces Armer Institute), como Gropius poco antes a la universidad de Harvard. Ya en sus primeros encargos mayores, la nueva ordenación del terreno de la Universidad (1940), y edificios para I.I.T. (los primeros en 1942-1943), anunciaron el tema principal de su obra en América: el esqueleto de acero visto, que encierra en una red el volumen neutro rectangular. Mies interpreto un solar, que resultó de una serie de demoliciones en el sur de Chicago como una especie de espacio ideal, lo mismo que había hecho con el zócalo de la exposición de Barcelona. Desarrollo para el conjunto del proyecto un esquema univoco, sobre el cual dispuso edificios bajos, planos, rectangulares. Los patios y pasajes que resultaron del agrupamiento recuerdan la articulación de los espacios interiores del pabellón de Barcelona, procediendo Mies esta vez, sin embargo, con más severidad formal.
Los perfiles de acero vistos, en sus edificios americanos, raramente son idénticos a las estructuras constructivas, porque la legislación policíaca de prevención contra incendios prescribe el revestimiento de acero. Por lo tanto la “estructura” visible simboliza la realidad oculta, como en el Renacimiento el pilar había simbolizado las columnas. Pero las relaciones de las pseudo construcciones de Mies con las reales convencen más. Con el alfabeto estandarizado de la producción siderurgia, los perfiles en I. H y L, Mies forma por soldadura perfiles que constituyen el equivalente de los perfiles cincelados del pasado. La cuidadosa proporción del esqueleto, la graduación de los distintos componentes de pesado a ligero, la elegancia segura de sus perfiles y las sutiles transiciones en las esquinas o en los puntos donde coincides varios materiales, este máximo de reflexión y comprensión artística no ha sido nunca alcanzado por sus seguidores. La mayoría de ellos ha tomado el ejemplo de Mies como cómodo pretexto para prefabricadas.
En el mismo periodo e que nacían las primeras edificaciones en el terreno del I.I.T., proyecto Mies una casa de vidrio y metal para la doctora Edith Farnsworth en Fox River, Illinois (1946, terminada en 1950). Tres superficies flotantes -una plataforma para la terraza y detrás forjado de piso y techo- son elevadas sobre el césped por pies derechos en forma de I.
La manera como estos elementos están unidos a las tres superficies básicas - como si la unión fuese debida a su magentismo- contribuye a dar la impresión de que los planos flotan. Pequeños rectángulos, también flotantes, sirven de peldaños para pasar del terreno a la terraza y de la terraza a la antesala del cuarto de estar rectangular. Este cajón de cristal parece tan simple que las finuras de la construcción, excesivamente elegante, pueden escapar a la mirada superficial como las ocultas simetrías de una composición aparentemente asimétrica.
Principalmente en su obra americana, Mies se ha basado en determinados conceptos, como el del pabellón abierto. Así, vario en gran escala el tema de al casa de Farnsworth, apoyando en una serie de obras, el forjado del techo de vigas visibles (Crown Hall para la escuela de arquitectura del I.I.T., 1952-1956). Peldaños suspendidos llevan a una plataforma y de allí al suelo, que, como en Farnsworth, esta realzado por un par de pies. Mientras la casa de cristal de Farnsworht tiene el sótano francamente abierto, se cerró esta zona con cristal, de modo que la “estructura” puede concentrarse en el piso del sótano, mientras la “arquitectura” impera arriba, en el cajón de cristal prácticamente ininterrumpido. Otra vez se subraya lo abierto del espacio, con que ambos forjados parecen estar colgados o adheridos a sus vigas y columnas, en vez de ser soportados. En la medida en que Mies, en sus obras de los Estados Unidos, se ha ocupado del volumen, su tendencia se ha orientado al univoco cubo de Crown Hall y no a los espacios sutilmente modulados del pabellón de Barcelona. De nuevo ampliado, el pabellón se convirtió en el Convention Hall, que Mies proyectó para la orilla meridional de Chicago (1953). El techo de la obra no ejecutada es una construcción tridimensional de vigas de celosía que se cruzan en Angulo recto erigidas sobre un modulo cúbico de 9´1 metros. Mies prevé una luz de 219´5 metros con lo cual hubiera resultado un salón libre de pilares de 34´1 m de altura, y una cabida de 50000 personas. Arrostramientos diagonales en los bordes exteriores de la construcción tridimensional del techo transforman las paredes exteriores en vigas de celosía bidimensionales. Los arrostramientos diagonales llevan bajas columnas de hormigón armado, dispuestas a distancias de 36´6 m entre las cuales caben las entradas. Finalmente el proyecto de Mies, compuesto de triángulos metálicos claros y oscuros dramatiza la estructura y unifica la obra de un modo imponente. Arthur Drexler llamo el Convention Hall la imagen más monumental creada por la arquitectura del siglo XX. De igual modo que el pabellón de Barcelona fue el punto de partida para una serie de construcciones, también lo fue el rascacielos de esqueleto visible. Los rascacielos de Mies, las viviendas de Lake Shore Drive (Chicago, 1950-1951), y el Seagram Building (Nueva York, 1918) emparentan entre si y difieren como en la arquitectura griega el templo de Poseidón de Paestum y el Partenón. A pesar de todo el parentesco, la severidad de Lake Shore, dos bloques verticales, divididos por un estrecho pasadizo, forman un Angulo recto. El conjunto no tiene fachada anterior ni posterior; el lado estrecho de un bloque esta en relación constante con el lado ancho del otro.
Los perfiles en I sobresalientes de las paredes exteriores, vistos lateralmente, tapan las ventanas, pero las dejan libres a la mirada vertical desde abajo. Para el que de la vuelta al edificio parecen pues, abrirse las ventanas que estaban cerradas y cerrarse las que estaban abiertas. Esta paradoja de elementos estáticos que permanecen constantemente en un mutuo estado de tensión no existen en el Seagram Building. La obra de bronces se levanta como una roca oscura y compacta detrás del vació de la plaza delantera, cuyo eje se prolonga en la entrada del edificio, ceremonialmente solemne, con sus pies derechos de dos pisos y las pilastras de los pozos de los ascensores al fondo. En Lake Shore Apartments las horizontales chocaban constantemente con las verticales, en Seagram domina unívocamente la verticalidad claramente acentuada: en Lake Shore hay unta tensión constante; en Seagram, reconciliación de los contrastes y punto culminante formal
Henri van de Velde
Cezanneiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiio
Amberes 1863-Zurich 1957
Arquitectura del siglo XX
En teoría y práctica propagador de la estética funcional y de la forma "pura", tuvo, sobre todo en Alemania, entre 1900 y 1925, una influencia decisiva sobre el desarrollo de la arquitectura y de la artesanía. Van de Velde procedía de una familia burguesa flamenca. Antes de ocuparse de arquitectura se intereso principalmente por la música, la literatura y la pintura.
Empezó a estudiar pintura en 1881 en la Academie des Beaux Artículos de Amberes y continuo en 1884-1885 con Carolus Duran en Paris. Se relaciono con pintores impresionistas y poetas simbolistas, dejándose influir sobre todo por Seurat; el divisionismo de Seurat le parecía contener una noción del espacio que podría abrir nuevos caminos a la arquitectura. En 1886, van de Velde participo en la fundación de la revista de un circulo de artistas Las dic Khan (Como pueda, divisa de Van Dic), y en 1887 en la sociedad de jóvenes neoimpresionistas con el nombre de L´art Independant. Dos años mas tarde se unió al grupo vanguardista de Bruseles Les XX, inspirado, sobre todo, por la pintura sintética y la fluida escritura de Gaugin, el movimiento ingles Arts & Crafts y la obra de inspiración social de William Morris. Por 1890 proyecto para la revista literaria Van Nu en Straks una nueva tipografía y ornamentos grabados en madera, desarrollados basándose en Gaugin. Con sus primeros muebles (1894) paso ya van de Velde a la tercera dimensión y en 1895 construyo para su joven familia (dos años después del Hotel Tassel por Víctor Horta) la casa Bloemenwerf en Uccle, cerca de Bruselas.
Esta obra representa una síntesis orgánica; su ajuar, desde los muebles y cortinas hasta la planta y la cristalería, es uniformemente de estilo inspirado por Inglaterra. La Casa Bloeemenwerf corresponde a las teorías expuestas por Van de Velde en sus publicaciones (Déblaiement d´Art, Bruselas; 1895, L´art futur, Bruselas; 1895, Aperçu en vue d´une Synthese d´Art, Bruselas; 1895). Rasgos característicos son; el retorno a una interpretación racional, que en todas partes deja ver "libre y orgullosamente" el procedimiento constructivo, una lógica sin compromiso en el empleo de los materiales y la renuncia a todo ornamento naturalista así como a los elementos de estilos pasados. La nueva noción de la función constructiva y el abandono de la tradición anquilosada y el funcionalismo tienen, sin embargo, en Van de Velde, rasgos sentimentales; en esta época se sentía fuertemente atraído por el romanticismo alemán. Se tratara de obras de artistas alemanes, austriacos u holandeses, -escribió van de Velde mas tarde- todos nosotros estábamos unidos mas de lo que creíamos a una especie de romanticismo, que aun no nos permitía ver la forma sin ornamento. La tensión y la inconsciente influencia del romanticismo nos llevaron a manosear nuestros esquemas constructivos y a presentarnos como ornamentos con la función de elementos constructivos o como construcciones basadas en el ritmo de un ornamento lineal. Este culto del ornamento lineal y de la línea ondulada fue reforzado todavía en Van de Velde por su entusiasta adhesión a la teoría neorromántica de la endopatía, formulada en 1903 por Lipps. La originalidad de sus proyectos intereso pronto al historiógrafo de arte Julies Meier-Graefe y al comerciante de arte S. Bing, que le ayudaron a lograr su éxito internacional. En 1896, Bing dio a Van de Velde el encargo de equipar cuatro aposentos en la casa que abrió en Paris con el nombre de L´Art Nouveau. Los muebles robustos y ventrudos de Van de Velde llamaron mucho la atención en la exposición de artesanía de Dresde, de 1897. A partir de entonces Van de Velde hizo buena carrera en Alemania.
Antes de dejar Bélgica en 1899, Meier-Graefe le encajo la decoración interior de la Maison Moderne, que había fundado en Paris, y le introdujo en el grupo berlines Pan, donde van de Velde obtuvo enseguida numerosos encargos (Casa Hohenzollern de artesanía, 1899); Salón de Peluquería Haby, 1901; tabiqueria de la Compañía de la Habana, 1900; casa Esche en Chemnitz, 1902). En el invierno 1900-1901, emprendió por Alemania una gira de conferencias, en las cuales dio sus Prinzipielle Erklärungen, publicadas con el titulo, de Kunsteggewerbliche Laienpredigten, Leipzig; 1902. Por mediación de K. E. Osthaus tomo Van de Velde a su cargo la decoración interior del museo Folkwang de Hagen (1900-1902; salas de exposición, vitrinas, puertas, escaleras, barandillas, ventanas, muebles, etc.). La fuerte expresión plástica y los ornamentos curviformes son típicos del Modernismo y representan el punto culminante del primer periodo de Van de Velde, cerrado en 1906 con la sala de descanso de la exposición de artesanía de Dresde. Gracias a la protección del Gran Duque de Sajonia-Weimar, a cuya corte van de Velde pertenecía desde 1901 como consejero artístico para industria y artesanía, fue fundada y erigida en 1906 en Weimar la escuela de artesanía. En esta escuela, con la cual empieza el segundo periodo de actividad de Van de Velde (1906-1914), se le abrió un campo ideal para sus aficiones de pedagogo de arte. Empleo un nuevo sistema de enseñanza, basado en el estimulo de la fantasía creadora espontánea sin acudir a ejemplos del pasado. Con este método nacieron formas nuevas, que pronto fueron acogidas por la industria alemana.
Un día se tendrá que reconocer escribió mas tarde Van de Velde -que estos objetos de forma racional han abierto el camino a la arquitectura racional, ayudando mucho a su generalización. Los edificios de la escuela de artesanía de Weimar expresaban claramente el concepto de Van de Velde. Estando en construcción, debidos todavía a los medios constructivos clásicos, revelan simultáneamente el dominio seguro del espacio y del volumen. Vuelven a recoger la línea recta, purifican el ornamento y acentúan la expresión plástica, como resulta característico en el teatro del Werkbund con su pesado techo perfilado de modo tan original. Este teatro (destruido) fue construido en 1914 para la exposición del Werkbund en Colonia. Van de Velde introdujo muchas novedades; sala en forma de anfiteatro, proscenio independiente, horizonte completo y sobre todo escenario tripartito.
Ya en 1911 había preparado Van de Velde, que era amigo de Gordon Craig y de Max Reinhardt, los proyectos para el Theatre des Champs-Elysees de Paris. La I Guerra Mundial motiva un nuevo cambio de orientación en la actividad de Van de Velde. En 1917 fue a Suiza y cuatro años mas tarde se estableció en Holanda. La familia Kröller-Muller le encargo el proyecto de un museo, que construyo en 1937-1954, con planos modificados, en Otterlo. Este edificio es una obra completamente clara, sencilla, articulada armónicamente, sin retórica poética, adecuada completamente a su situación y a sus funciones. (Nivel único, vías de tráfico diferenciadas, luz cenital, etc.). En 1925, Van de Velde volvió a Bélgica. Gracias al apoyo del ministro C. Huysmans, tuvo la ocasión de hacer uso de sus experiencias de Weimar; en 1926 fundo en Bruselas el Instituto de Artes Decorativas de la Cambre hoy Ecole Nationale Superieure d´Architecture et des Arts Decoratifs, cuya dirección conservo hasta 1935. De 1926 a 1936 fue además profesor de arquitectura en la Universidad de Gante. En 1947 se estableció en Ober-Aegeri, en Suiza, donde empezó a escribir sus memorias. La obra de Van de Velde aparece dominada por sus escritos llenos de temperamento, frecuentemente combativos. Lo que para la pintura del comienzo del siglo XX representan las Theories (1890) de Maurice Denis, son para la arquitectura del mismo tiempo las formules de la Beaute architectonique moderne de Van de Velde (1917). Entre sus más importantes colabores y alumnos figuran Víctor Bourgeois, J. J. Eggereixc, R. Werwilghen, L. Stynen
Peter Behrens
Cezanneiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiio
1868 Hamburgo - Altona 1940
Estilo: Arquitectura de fines del siglo XIX
Nacido en Hamburgo, Altona, el 14 de abril de 1868, era hijo de un rico propietario de Lagenhals. A la muerte de sus padres, cuando el tenia 14 años, pasa a estar bajo la tutela del senador Carl Sieveking, miembro de una de las familias mas eminentes de Hamburgo.
En 1886, realiza los estudios de la escuela de Arte de Karlsruhe, impartiendo clases particulares con Ferdinand Brüt, en Hamburgo. En 1890, tras contraer matrimonio con Elisabeth Krämer, se instala en Munich, centro artístico más importante de Alemania donde trabaja como pintor y fotógrafo.
En 1892, se convierte en cofundador de la Sezession de Munich, y posteriormente fundador del Freie Verinigung Münchener Künstter, con Otto Eckmann, Max Slevogt, Wihlem Trübner y Louis Carinth, estando además en contacto con el periódico Pam, donde publicaban Otto Julius Berbaum, Julius Meier-Graefe, Franz Blei, ichard Dehmel y Otto Eckmann. A finales de la década de 1890, decide abandonar la pintura en favor de las artes aplicadas. En 1898-1899 comenzó a realizar diseños para objetos de cristal, porcelana, joyería y muebles. Fue entonces cuando realizo su primera exposición en el Keller y Reiner Gallery en Berlín, en la Gaspolat en Munich y en el Kunstverein en Darmstadt.
Su primera obra como arquitecto es precisamente su vivienda en la Colonia de Artistas de Darmstadt, donde vivió tan solo dos años (1900-1901). En 1944, un incendio destruyo sus interiores que fueron restaurados posteriormente por su propietario, Auguste zu Höne.
La sala de música, era la estancia más importante de la casa. La biblioteca es la habitación donde mejor se integraban espacio y mobiliario. La característica mas relevante es el sistema de bandas, a modo de nervaduras, que articula sus superficies, y tras bandas realizadas con ladrillo rojo o con piezas de mayólica verde oscuro, se insertan sobre un fondo neutro blanco.
En 1900, el Gran Duque Ernst Ludwig de Hesse le invita a formar parte de la colonia de artistas de Darmstadt., periodo en el que se vio influido por el pensamiento filosófico de Friedrich Nietzsche, influencia que se manifestó en el vestíbulo de la exposición Internacional de las Artes Decorativas en Módena, Turín, en 1902. A trabes del banquero Karl Ernst Osthaus, realizo una gran cantidad de trabajos como la Tonhaus, en el crematorio de Hagen y en el proyecto que no se ejecuto de la Iglesia Protestante también en Hagen.
En 1903, le nombran Director de la Escuela de Artes y Oficios de Dusseldorf, cargo que ejercerá hasta 1907, año en que es nombrado consejero artístico de la Allgemeinen Elektrizitts Gesellschaft (AEG), y cofundador del Deutsche Werkbund. Son la construcción fabriles las que más resonancia han alcanzado. En 1907, fue llamado a Berlín por la AEG (Allgemeine Elekktricitäts - Gesellschafl).
Behrens, construyo cuatro edificios para la fabrica de Turbinas de la AEG (1908-1916, HuttenstrBe 12-16), la central eléctrica, Kroftzentrale, 1908-1909, la sala de montaje (Turbinenhalle, 1908-1909), la ampliación del edificio A (1913-1914) y la fabrica de municiones (Munitionsfabrick, 1915-1916), de los que se conservan todos menos el ultimo.
La sala de montaje se construyo en 1909, en colaboración con el ingeniero Karl Bernhard. Se compone de una gran nave de 123 metros, alargada posteriormente y de una nave secundaria mas baja, de dos alturas, adosada a la anterior. En la nave principal, se podían trasladar cargas de hasta 100 Tn, y en cuatro naves secundarias de 10 a 40 Tn, según la planta. La estructura de la nave principal esta formada por 22 pórticos articulados de acero y la de la secundaria por una estructura de hormigón armado.
El cerramiento forma un plano inclinado que, en su parte superior, se separa de la viga que une y rigidiza entre si los pórticos. La fachada lateral termina, en unos sólidos elementos angulares con la misma inclinación que el cerramiento acristalado. Las esquinas, están construidas mediante una estructura metálica que sostiene un fino recubrimiento de hormigón armado.
La central eléctrica, se ubica en el interior del recinto. Es una pequeña nave con una cubierta muy pronunciada y un cuerpo poligonal adosado. Construida en ladrillo, utiliza marcos rehundidos, agrupados de huecos en vertical 2 cornisas, dinteles y arquivoltas manifiestos por medio de recursos ligados a la lógica constructiva del material.
El último edificio del conjunto es la ampliación del edificio A, realizada con el ingeniero O. Leitholf. Consiste en la adición de cuatro plantas a las cuatro existentes, cuidando en extremo la unidad volumétrica y la escala del conjunto resultante. Se añadió un cuerpo lateral, menos abierto, y más alto que la cubierta, que contiene las escaleras. En 1911, construye la Embajada Alemana en San Petersburgo, participando un año antes en la exposición Universal de Bruselas.
Los diseños de 1910-1912, de la Villa Wiegand en Dahlem, muestran la influencia de Schinkel. Los diseños para la AEG, en Wedding, Berlín incluyan: la fábrica de alto voltaje (1909-1910, la pequeña fábrica de motores y la estación de ferrocarril).
Además durante estos años trabajo en el Proyecto de la Embajada Alemana en San Petersburgo, en el cual también trabajo Mies Van der Rohe. Algunas de las nuevas decoraciones medievalistas sobreviven en proyectos como la Casa construida en Northampton, Inglaterra, para W. J. Basset-Lowne.
En 1914, firma el Manifiesto de los profesores de Universidad y Hombres de Ciencia Alemanes, participando en la exposición que organiza el Werkbund. Experimenta con las formas y materiales del expresionismo emergente; el uso de ladrillo en clave medievalista, la referencia a formas cristalinas, y la nueva puesta en valor del concepto de Gesamtkunstwerk, con los ejemplos mas significativos en la Sede Administrativa de la IG Farben (1920-1924), en Höchst.
En 1922, es nombrado profesor de la Escuela de Arquitectura de Viena, cargo que ejercerá hasta 1936. En 1925, participa en la exposición de las Artes Decorativas de Paris.
La colonia WeiBenholf, realizada en Stuttgart, para la exposición del Werkbund en 1927, supone uno de los principios de su consolidación. El edificio alberga 12 viviendas; cuatro de cuatro habitaciones, y 8 de tres habitaciones. Las viviendas están equipadas con calefacción central y eran más económicas. En 1930, construye el Ring der Frauen (Circulo de Mujeres), realizado para la construcción Alemana, configurado a modo de volúmenes cilíndricos y revestido de cerámica blanca, y la fábrica de cigarrillos en Linz (1932).
En 1936, es nombrado Director de la exposición Internacional de Arquitectura de la Academia de Berlín, sustituyendo a Hans Poelzig. Entre sus últimos proyectos la Villa Levin (1929), en Scholochtensee, Berlín, en Westend, Berlín y la Villa Granz (1931) en Kronberg, cerca de Frankfurt.
El término De Stijl, literalmente significa "El estilo". Es un movimiento de carácter artístico, desarrollado entre 1917 y 1931, en los Países Bajos, bajo los auspicios del periódico De Stijl, cuyo primer numero apareció en 1917, estaba constituido por arquitectos, escultores, pintores, diseñadores, siendo su editor Theo Van Doesburg.
El movimiento surgió como confluencia de dos modos conexos de pensamiento: la filosofía neoplatónica del matemático Dr. Schoenmaekers, quien publico en 1915, La nueva imagen del Mundo y en 1916, Los principios de la matemática plástica; y en segundo lugar, los conceptos arquitectonicos procedentes de Hendrik Petrus Berlage y Frank Lloyd Wright.
Los fundadores del primer numero fueron Piet Mondrian, Vilmos Huszar, Bart van der Leck, y Gino Severino; los arquitectos Jacobus Johannes Pieter Oud, Jan Wils, y Robert van´t Hoft; el escultor George Vantorgeloo y el poeta A. Kok. Luego se unieron otros miembros al grupo como el arquitecto Gerrit Rietveld.
Su manifiesto, se publico en 1918, firmado por Theo Van Doesburg, R. van Hoft, A. Kok, Piet Mondrian y G. Vantorgeloo. Conciben el arte como una actividad social y universal donde todas las artes plásticas son interdependientes.
Los colores empleados en las composiciones son los primarios (rojo, azul y amarillo), junto con el blanco, gris y el negro, empleando como principales formas geométricas básicamente el rectángulo. Composiciones de carácter asimétrico, con articulación de los planos de forma perpendicular. La arquitectura, se había de desarrollar en base a conceptos tales como función, masa, plano, tiempo, espacio, luz y color. Interrelación entre las diversas partes.
Se pueden distinguir tres fases en el movimiento:
1. De 1916 a 1921, periodo de formación y de desarrollo en Holanda
2. De 1921 a 1925, periodo de plenitud y expansión internacional
3. De 1925 a 1931, periodo de transformación y desintegración
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En 1917 aparecía el primer número de la revista De Stijl (El estilo). Los principales promotores del neoplasticismo fueron Mondrian y Van Doesburg y su órgano de expresión la citada publicación. El nuevo arte no podía ser la representación de algo concreto y menos naturalista, sino debía ser algo integral y cosustancial con la vida. El arte que creaban debía ser patrimonio de lo universal, no de lo particular. Todos los ambientes debían adecuarse deberían derivar de un principio fijo y universal. “La nueva plástica no puede estar oculta por lo que es característico de lo particular, forma y color naturales, sino que debe ser expresada por a abstracción de la forma y el color –mediante el recurso de la línea recta y e color primario determinado- . Estos recursos plásticos universales fueron descubiertos por la pintura moderna mediante un proceso de abstracción conveniente de la forma y el color: una vez estuvieron descubiertos, emergió allí, casi de propio acuerdo, una plástica exacta de relación pura, lo esencial de toda emoción de belleza plástica”. Lo esencial de la naturaleza y de la vida se convertía en el protagonista de la pintura: los colores primarios (rojo, azul, amarillo), su suma (el negro) o su ausencia, el blanco. Era una realidad estética que resumía los principios constructivos y generativos de la naturaleza, capaz de ser ampliado y proyectado hacia el infinito. Una realidad “atómica” que es el organigrama de todos los elementos que componen la vida en toda su extensión.
MANIFIESTO I (1918) (En Hans L. C. Jaffe, De Stijl, Londres, pp. 172-173). 1. Hay una conciencia vieja y una nueva de la época. La vieja está orientada hacia lo individual. La nueva está dirigida hacia lo universal. El conflicto de lo individual y de lo universal se refleja tanto en la guerra mundial como en el arte actual. 2. La guerra está destruyendo el viejo mundo con todo lo que él contiene: la preeminencia de lo individual en todos los campos. 3. El nuevo arte ha revelado la sustancia de la nueva conciencia de la época: un equilibrio igual entre lo universal y lo individual. 4. La nueva conciencia está preparada para ser realizada en todas las cosas, incluidas las cosas de la vida cotidiana. 5. Las tradiciones, los dogmas, la preeminencia de lo individual (lo natural) se oponen a esta realización. 6. Como consecuencia los fundadores del nuevo arte plástico llaman a todos los que creen en la reforma del arte y de la cultura a destruir los obstáculos que impiden un desarrollo posterior, tal como en el nuevo arte plástico (excluyendo la forma natural) han eliminado lo que se oponía al camino de la expresión del arte puro, la consecuencia última de todos los conceptos del arte. 7. Esta misma conciencia está impulsando a los artistas actuales a través de todo el mundo a tomar parte, desde un punto de vista intelectual, en esta guerra contra la preeminencia del individualismo y de la idiosincrasia. Por esta razón simpatizan con todos los que están empeñados en una batalla espiritual o material en la creación de la unidad internacional en la vida, el arte y la cultura. S. La revista De Stijl, fundada para servir a estos fines, intenta ayudar de una manera clara a la instauración del nuevo concepto de vida. La cooperación es posible de las siguientes maneras: 9. a.- Enviando su nombre completo, dirección y profesión a los editores. b.- Enviando material lo más amplio posible (crítico, filosófico, arquitectónico, científico, literario, musical, etc., así como reproducciones) a De Stijl, que aparece mensualmente. c -Traduciendo y divulgando los puntos de vista publicados en De Stijl.
El arte de Piet Mondrian y de sus discípulos, que constituyeron en Holanda el influyente grupo De Stijl, constituye el desarrollo más evidente del arte abstracto de carácter geométrico. De Stijl fue fundado en 1917 por el pintor Theo van Doesburg y sus miembros mas influyentes fueron, además de Mondrian, el pintor y escultor Georges Vantongerloo y los arquitectos Johannes Jacobus Peter Oud, Gerrit Rietveld y Coor van Eesteren. Van Doesburg fue la personalidad más activa del grupo, pues era a la vez pintor, escultor, arquitecto, poeta y novelista. El dinamismo geométrico de las líneas y los planos de las pinturas de Mondrian alejado de cualquier intención de simetría, encuentra su correlato en la descomposición elementarista de los polémicos proyectos de Rietveld y van Eesteren, así como en la vibración plástica del café-cabaret Aubette de van Doesburg.
La influencia del movimiento neoplástico se hizo sentir en el Bauhaus, con la cual había una fuerte corriente de intercambios. De hecho, la etapa berlinesa de Mies van der Rohe, antes de su exilio en Estados Unidos está fuertemente signada por la experiencia neoplástica. Tanto su serie de proyectos de casas con patios como el célebre Monumento a Rosa Luxemburgo registran esa impronta estética. Pero la culminación de la manera neoplástica de Mies van der Rohe la constituye sin lugar a dudas el magnífico Pabellón alemán de la Exposición de Barcelona en cual el elementarismo centrífugo y a la vez sereno de los planos fugando hacia el espacio y desdibujando las nociones de espacio interior y exterior alcanzan un grado de síntesis no superado.
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El Neoplasticismo es una corriente artística impulsada por Piet Mondrian en 1917 que proponía despojar al arte de todo elemento accesorio en un intento de llegar a la esencia a través de un lenguaje plástico objetivo y, como consecuencia, universal. Junto con Theo van Doesburg fundó la revista De Stijl, principal órgano de difusión del movimiento, en cuyo primer número apareció publicado el manifiesto neoplasticista.
Las teorías de Mondrian, que tienen su origen en las obras cubistas de Georges Braque y Picasso y en la teosofía, reivindican un proceso de abstracción progresiva en virtud del cual las formas se irían reduciendo a líneas rectas horizontales y verticales, y los colores al negro, el blanco, el gris y los tres primarios.
Entre sus principales representantes se encontraban, además de Van Doesburg, el pintor Wilmos Huszár, el escultor Georges Vantongerloo y los arquitectos Jacobus Johannes Pieter Oud y Gerrit Thomas Rietvel, entre otros.
El excesivo rigor de las propuestas de Mondrian provocó violentas críticas tanto dentro como fuera de su círculo de adeptos. No obstante, el neoplasticismo está considerado, junto con el suprematismo de Maliévich, el origen de la abstracción geométrica.
Cuando en 1917
THEO VAN DOESBURG (1883-1931)
dio vida a un movimiento vanguardista, el Neoplaslicismo (llamado también De Stijl por el título de la revista que van Doesburg fundó con Mondrian), Holanda tenía una escuela arquitectónica de entre las más avanzadas del mundo. La encabezaba BERLAGE, neo-románico y «modernista» al principio, pero cada vez más abierto a todo tipo de experiencias europeas y extra-europeas. A él le corresponde el mérito de haber establecido la primera relación sólida entre la arquitectura ho-landesa (y la europea) y Wríght, incluso antes de la exposición del gran maestro americano en Berlín (1910). El movimiento De Slijl dejó de existir oficialmente en 1928, cuando la revista dejó de publicarse; pero va hacía algunos años que varios de los más autorizados exponentes del movimiento, como Mondrian y Oud, lo habían abandonado al no aceptar la orientación personal de Van Doesburg. Este, de hecho, era el único que concebía el Neo-plasticismo como una «vanguardia», con todo su aparato de programas, manifiestos, polémicas, alianzas y batallas. De todas formas, aun para los disidentes de la línea extremista de su jefe, la experiencia neo-plástica es esencial; De Stijl fue, realmente, uno de los episodios clave en la historia del arte contemporáneo.
La vanguardia holandesa no tiene comparación, por su tensión intelectual, más que con la rusa; pero tiene móviles distintos, pues nace de la revolución moral contra la violencia irracional de la guerra que devasta a Europa. No es la vio-lencia sino la razón la que debe determinar los cambios en la vida de la humanidad, y los cambios deben producirse a través de una revisión radical de sus premisas y sus fines. De Stijl no es una revolución contra una cultura envejecida con el fin de renovarla; es una revolución en el interior de una cultura moderna para inmunizarla de los peligros de esa corrupción que llevó a una parte de la cultura alemana a teorizar sobre el poder y a promover acciones de fuerza.
La finalidad de De Stijl, en sustancia, es verificar si se puede hacer arte, es decir, desarrollar una actividad creadora dentro de una condición de inmunidad histórica absoluta. ¿Qué significa eso? Significa eliminar todas las «formas histó ricas» que, provenientes de un ambiente impuro, son sospechosas de llevar los gérmenes de la infección nacionalista. Con Wright se hace una excepción como exponente que es de una cultura que no tenía tradición nacional; pero hasta las formas de Wright son sometidas a una especie de proceso de esterilización al ser aceptadas como puros hechos formales y esquemas de 'una nueva geometría del espacio. Se eliminan también las técnicas tradicionales y, conse-cuentemente, la distinción entre las artes. Si el principio de la forma (y, naturalmente, de la pura forma geométrico) es in nato al ser humano, la técnica debe reducirse al mínimo necesario para manifestarlo. ¿Pero es que existe un arte fuera de las técnicas y de la historia del arte? El problema es irrelevante. El arte es sólo un modo, lo importante es el acto que realiza la experiencia esté tica, aquél con el que la conciencia se convierte en forma. A las puertas de una exagerada purificación, De Stijl encuentra el Movimiento opuesto, Dada; hay artistas que participaron en los dos, porque ambos llevaban el problema del arte al punto cero.
En la poética neo-plasticista es estético el puro acto constructivo, y combinar una vertical con una horizontal o bien dos colores elementales ya es construcción. Es el principio en el que también creen pintores como Mondrian, escultores como VAN-TOGERLOO (18861966), arquitectos como G. T. RIETVEID (1888-1964), J.J.P. OUD (1890-1963) y C. VAN EESTEREN (nacido en 1897). No es éste, al me nos totalmente, el principio de Van Doesburg; convencido de que sólo un impulso genial, creador, puede realizar la síntesis de las artes, combinada visión bidimen-sional y la estereométrica en una morfología basada en las oblicuas, volviendo a introducir un proceso dinámico que acaba necesariamente en efectos contrastados y dramáticos.
No es posible eliminar de la arquitectura el problema de la función social, al fin y al cabo se construye para la vida. Pero hay que distinguir entre función y finalidad. La arquitectura puede tener una función social sin proponerse realizar una reforma de la sociedad. La eliminación de la finalidad reformista aumenta la disponibilidad de la arquitectura frente a las exigencias sociales objetivas, tanto más cuando, como en Holanda, el nivel de vida es generalmente elevado. La arqui-tectura funcional holandesa, y no sólo la conectada con De Stijl, tuvo, en el marco general de la arquitectura moderna europea, una importancia fundamental; formó toda una tipología en la construcción de edificios, deducida del análisis de los esquemas distributivos de espacio correspondientes a las diversas situaciones funcionales. Asocia así, a un exagerado rigor formal, un empirismo que la salva de las asechanzas del esquematismo a priori.
Ríetveld es, de los arquitectos directa o indirectamente ligados a la poética neo-plástica, el más fiel a las premisas teó-ricas del movimiento. En los muebles y los juguetes fróbelianos que diseña entre 1918 y 1920, pone escrupulosamente en práctica el principio de la elementalidad constructiva. Ninguna forma existe en sí, a priori; se convierte en forma en el acto de construir, de unir o de componer. La forma elemental sólo puede ser dada por una construcción elemental, Ello no significa excluir los elementos ni los materiales producidos por las técnicas industriales. Pero el proceso mental y manual de la construcción se lleva a un estadio pre-técnico, prácticamente preartesanal. La Casa Schröder, que cons-truyó en Utrecht en el 24, es el modelo tipo de la vivienda neo-plástica: una casa que se podría decir que está hecha no para, sino por sus habitantes, utilizando piezas prefabricadas como en las construcciones con las que juegan los chiquillos. Líneas, planos y colores son los elementos materiales de la construcción; se adelanta un plano suspendido para echar hacia atrás el volumen del cuerpo principal, se le «compensa» señalando con una viga vertical la arista de un volumen vacío, se contrapone a los planos frontales el plano horizontal de una cubierta que sobresale, se bloquea con una línea negra la expansión luminosa de una superficie blanca y con la espacialidad negativa de un azul, la espa-cialidad positiva de un amarillo. La forma geométrico ya no es símbolo espacial; se da como perfil, tamaño, color, gro-sor, como algo que se puede coger con la mano y que se puede usar. Se utiliza la forma geométrico porque es la más familiar, la menos artificial; y esta familiaridad psicológica con la forma hace del espacio arquitectónico «neo-plástico» un espacio a la medida del hombre. Para Oud, la poética neo-plástica es principalmente simplificación radical de los pro cedimientos de construcción y, por tanto, posibilidad de construir en serie con elementos estandardizados y prefa bricados. Los barrios de casas en hilera para familias obreras que proyecta y realiza para Scheveningen (1917) y para Rotterdam (1918-1920) no son únicamente modelos de economía funcional, de calidad de distribución y de forma y de calidad estética integrada a la utilidad, sino también de respeto cívico y democrático hacia la clase a la que está destinado el barrio y a la que el arquitecto no pretende enseñar ni a vivir ni a comprar un derecho de ciudadanía. Al eliminar toda implicación ideológica y toda intencionalidad reformista, la arquitectura se convierte realmente en un servicio (y ya no en un programa) social. C. VAN EESTEREN, que de joven había sido una de las figuras punteras de De Stijl, desarrolló esta tesis en sentido urbanístico. En 1927 se convierte en el responsable del urbanismo del muni-cipio de Amsterdam y desde aquel momento sólo se preocupa de salvaguardar la ciudad histórica de las deformaciones de un falso modernismo y los barrios nuevos del tradicionalismo mal entendido, sin perder de vista ni un momento la unidad y la cohesión de la comunidad.
La acción del movimiento De Stijl, estimulante y clarificadora, hace sentir sus efectos más allá de su ámbito específico. Aunque el funcionalismo de J. A. BRINKMAN (1902-1949) y de C. VAN DER VLUGT (1894-1936) o de J. DUIKER (1890-1935) no está unido al movimiento neo-plástico, destaca por la identidad que con-sigue entre rigor científico y claridad empírica, entre precisión formal y practicidad. Aparte de sus resultados artísticos concretos, fija esquemas tipo-lógicos nuevos que no comportan compromisos formales sino que suponen el planteamiento moderno de ciertos problemas esenciales. La Fábrica Van Nelle (1928-1930) de Brinkman y Van der Vlugt, construida en Rotterdam, es una innovación en la tipología de la arquitectura industrial, en el sentido de que, aun distribuyendo y desarrollando los cuerpos según las exigencias de la función, no tiene aspecto mecánico; no quiere ser ni templo del trabajo ni mecanis-mo pulsante sino, simplemente, una vivienda de tipo civil en la que se trabaja. La obra maestra de Duiker es el Sana torio Zonne-straal de Hilversum. Con su planta «Urbanística», abierta, de muchos cuerpos independientes distribuidos de manera que cada uno de ellos se encuentre en las mejores condiciones de insolación y ventilación, no se presenta como un lugar apartado del mundo sino como la sede de una pequeña comunidad.
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La Casa Schröder- Rietveld, construida en 1924 en Utrecht, puede ser considerada como un bello exponente de estos principios. En 1921, se instala en Weimar, conociendo a Richter y a Schwitters y por medio de ellos al movimiento dadaísta. En 1922, funda Mecano, órgano del Neoplasticismo y exponente publico holandés de las ideas dadaístas.
Tanto el dadaísmo como el Neoplasticismo intentaban conseguir una renovación del arte. Entro en contacto con los constructivistas (destacando Moholy-Nagy, El Lissitski, Richter, etc... con los que participo en el Congreso Internacional de Artistas que tuvo lugar en Düsseldorf en 1922. A raíz de estas relaciones Doesburg pudo publicar Principios del nuevo arte plástico, en la Colección Bauhausbücher.
También mantiene relaciones con Le Corbusier, y el grupo reunido en torno a la revista L´Esprit Nouveau. En 1924, retoma el campo de la pintura. Comienza a realizar sus contra-composiciones, que son la replica pictórica a las contraposiciones arquitectónicas. Intentara dar expresión a la dimensión dinámica por medio de la introducción de la diagonal y del uso de los colores disonantes.
Propone una plástica de la tensión, en la que el punto final, como en la dialéctica, hegeliana tiene que ser siempre superada de nuevo, en un proceso imparable. El ortagonalismo es considerado un esquema propio de la naturaleza que también tiene que ser superado, igual que antes el Neoplasticismo supero las apariencias naturales. El elementalismo será el resultado de la superación del Neoplasticismo en este proceso infinito de espiritualización de la naturaleza. En 1926-1927, aparecen en De Stijl, una serie de artículos en los que expone los principios teóricos del elementalismo. De 1929 a 1930, realiza la que serie su primera y ultima obra arquitectónica: construye en las cercanías de Paris, Meudon, una casa para el y para su mujer. En 1928, aparece el primero y último numero de De Stijl. En 1931 muere de un ataque cardiaco
LA UTOPÍA NEOPLÁSTICA.
POR JAVIER QUINTANILLA RODRÍGUEZ*
El Neoplasticismo intentó integrar Arte y Diseño en la vida cotidiana, fun-dirse con ella hasta hacerse inexistente, y así cambiar el mundo. Hoy el diseño invade nuestra vida, si bien cobra un protagonismo insospechado a principios de siglo. ¿Pero estamos siguiendo el camino adecuado?
En la segunda década del siglo XX surgen dos importantes movimientos plásticos en Europa que persiguen el cambio social basándose en presu-puestos distintos, incluso antagónicos. Mientras en Suiza el movimiento Dadá quiso hacer (e hizo) tábula rasa con la cultura establecida, dando lugar a una revolución más ideológica que artística, en Holanda los neoplasticistas pretendían renovar el arte mediante la síntesis de un nuevo estilo, compartiendo con los constructivistas rusos la idea de un arte convertido en elemento motriz de una nueva sociedad.
La utopía neoplástica era crear una cultura en la que el arte estuviese presente en todos los ámbitos sociales a través del diseño integral: desde la planificación urbanística y el entorno arquitectónico, pasando por el diseño doméstico (muebles, vajillas, tejidos) e industrial, hasta la cubierta de un libro y su tipografía. Se pretendía conseguir el cambio social a través de la integración cotidiana de un arte eminentemente racionalizado.
Este arte parco y racional tiene su origen en el convencimiento de sustraerse de todo lo anecdótico, circunstancial e individual, prescindiendo del gesto, la emotividad y el movimiento. Esta búsqueda del equilibrio en su sentido más abstracto y universal encuentra su síntesis en la retícula ortogonal, en el cruce entre horizontal y vertical. Con ello se cree llegar a la esencia de la belleza absoluta. Piet Mondrian, el más representativo artista neoplástico, pondrá todo su empeño en la organización de armonías plásticas perfectas y, en cada una de ellas, creerá lograr la reencarnación del equilibrio absoluto.
Además del esqueleto ortogonal caracteriza a la obra neoplástica un cromatismo vivo, aunque empleado con austeridad y sometido al imperativo de la razón ordenada. El color se resume para Mondrian en los tres básicos: rojo, amarillo y azul, que enfrenta a la superficie blanca del lienzo con el negro del dibujo (los "no colores"). Nos encontramos así en su obra resumidas perfectamente las premisas del Neoplasticismo, que no son más que la racionalidad y las parejas de contrarios: el color y el "no color", la línea vertical y la horizontal.
La búsqueda de uniformidad plástica de la época neoplástica dará lugar a un gran desarrollo artístico en áreas no tradicionales, si bien éste no afectará por igual a los distintos campos del diseño. Mientras que el diseño industrial era un campo hasta entonces casi inexplorado donde desarrollar la investigación de formas y volúmenes, y que por lo tanto agregó un valor artístico a sus productos (del que carecían, al menos en un sentido estricto), la ilustración y la tipografía tendieron a adaptarse al rigor estilístico del entorno neoplástico. La meta última del arte Neoplástico es llegar a desaparecer en la cotidianeidad, ser absorbido por la vida, estar contenido en cada una de sus manifestaciones. La "muerte del Arte" sería pues su verdadera meta.
Derivaríamos entonces en el diseño como mero instrumento para la realización plástica de cualquier objetivo la cual, precisamente al incluir el diseño como una de sus premisas, sería también indiscutiblemente artística.
¿No sería éste el camino a seguir por el diseño gráfico actual, tan a menudo confundido en complejas composiciones pseudo barrocas o engañosamente ideologizadas?
* Javier Quintanilla Rodríguez ha realizado:
Estudios de Arquitectura Superior en la Universidad Politécnica de Alicante.
Estudios de Bellas Artes de la Universidad de San Carlos de Valencia.
1998: "1er Premio en el concurso del diseño de una nueva imagen corporativa para el IESM. Obra publicada".
1999: "Mención de honor en el 1er Concurso de pintura taurina Gaudí"
2000: "1er Premio en el VII Concurso de carteles de Fiestas de Moros y Cristianos Ciudad de Elda. Obra publicada"; "1er Premio en el I Concurso de Carteles de Fiestas Mayores Ciudad de Elda. Obra publicada"
Neoplasticismo
Movimiento "De Stijl"
Pintura neoplasticista
Surge en Holanda en 1917.
El neoplasticismo o movimiento De Stijl (El Estilo) propugna una estética renovadora basada en la depuración formal.
El planteamiento básico de este movimiento queda perfectamente claro en la frase programática de uno de sus creadores, Doesburg, que dijo:
"Desnudemos a la naturaleza de todas sus formas y sólo quedará el estilo."
"De Stijl" fue un movimiento integrador de las distintas artes (arquitectura, diseño industrial, artes plásticas) que buscaba una total renovación estética del entorno humano basada en unos valores plásticos nuevos, universales y más puros.
Sus planteamientos fueron expuestos en 1918 en el "Primer manifiesto" del movimiento.
Piet Mondrian fue quien formuló las bases teóricas de la nueva estética y que posteriormente denominaría "Neoplasticismo".
CARACTERÍSTICAS
- Búsqueda de la renovación estética y de la configuración de un nuevo orden armónico de valor universal.
- Depuración de las formas hasta llegar a sus componentes fundamentales: líneas, planos y cubos.
- Planteamiento totalmente racionalista.
- Estructuración a base de una armonía de líneas y masas coloreadas rectangulares de diversa proporción, siempre verticales, horizontales o formando ángulos rectos.
- Creación de ritmos asimétricos, pero con gran sentido del equilibrio.
- Colores planos, de carácter saturado (primarios: amarillo, azul, rojo) o tonal (blanco, negro y grises).
- Empleo de fondos claros.
INFLUENCIAS
Los planteamientos teosóficos de M. H. J. Schoenmackers.
ARTISTAS
Piet Mondrian (1872-1944), Theo Van Doesburg (1883-1931), Van der Leck y Huszar.
OBRAS DESTACADAS
P. Mondrian:
"Composición en rojo, amarillo y azul", 1921.
Museo Municipal, La Haya.
Doesburg:
"Composición en blanco y negro", 1918. Fundación Emmanuel Hoffmann, Basilea.
Piet Mondrian
El Neoplasticismo es una corriente artística impulsada por Piet Mondrian en 1917 que proponía despojar al arte de todo elemento accesorio en un intento de llegar a la esencia a través de un lenguaje plástico objetivo y, como consecuencia, universal. Junto con Theo van Doesburg fundó la revista De Stijl, principal órgano de difusión del movimiento, en cuyo primer número apareció publicado el manifiesto neoplasticista.
Las teorías de Mondrian, que tienen su origen en las obras cubistas de Georges Braque y Picasso y en la teosofía, reivindican un proceso de abstracción progresiva en virtud del cual las formas se irían reduciendo a líneas rectas horizontales y verticales, y los colores al negro, el blanco, el gris y los tres primarios.
Entre sus principales representantes se encontraban, además de Van Doesburg, el pintor Wilmos Huszár, el escultor Georges Vantongerloo y los arquitectos Jacobus Johannes Pieter Oud y Gerrit Thomas Rietvel, entre otros.
"Ritmo de líneas negras", Piet Mondrian
El excesivo rigor de las propuestas de Mondrian provocó violentas críticas tanto dentro como fuera de su círculo de adeptos. No obstante, el neoplasticismo está considerado, junto con el suprematismo de Maliévich, el origen de la abstracción geométrica.
Van Doesburg fue la personalidad más activa del grupo, pues era a la vez pintor, escultor, arquitecto, poeta y novelista. El dinamismo geométrico de las líneas y los planos de las pinturas de Mondrian alejado de cualquier intención de simetría, encuentra su correlato en la descomposición elementarcita de los polémicos proyectos de Rietveld y van Eesteren, así como en la vibración plástica del café-cabaret Aubette de van Doesburg.
La influencia del movimiento neoplástico se hizo sentir en la Bauhaus, con la cual había una fuerte corriente de intercambios. De hecho, la etapa berlinesa de Mies van der Rohe, antes de su exilio en Estados Unidos, está fuertemente signada por la experiencia neoplástica.
Tanto su serie de proyectos de casas con patios como el célebre Monu-mento a Rosa Luxemburgo registran esa impronta estética. Pero la cul-minación de la manera neoplástica de Mies van der Rohe la constituye sin lugar a dudas el magnífico Pabellón Alemán de la Exposición de Barcelona, en el cual el elementalismo centrífugo y a la vez sereno de los planos fugando hacia el espacio y desdibujando las nociones de espacio interior y exterior alcanzan un grado de síntesis no superado.
Su vida pictórica comienza en 1889, aunque su primera Exposición tendrá lugar en 1908. Es en estos años cuando comienza a interesarse por la filosofía y por la ciencia. En cuanto a la filosofía, acudirá a clases de Bolland en Leiden, de quien adquirirá el hegelianismo imperante en su estetica y en su concepción de la Historia del Arte.
En ciencia, se intereso por los cambios que entonces se estaban produ-ciendo en la física moderna, por Gauss, Einstein, etc. ... A ellos recurre sobre todo cuando intenta fundar la multidimensionalidad, esto es, la unión del espacio y del tiempo, la introducción del dinamismo en pintura.
En 1912, colaboró como critico de arte en periódicos y revistas holan-desas su primera serie de artículos aparecen en De Eenheid. En 1913,a parece un articulo dedicado a De lo Espiritual en el arte de Kandinsky. Su obra le abrió las puertas a la abstracción. En 1915, conoció la obra de Piet Mondrian, que exponía en el Stedelijk Museum de Amsterdam.
Entre 1915-1917, realizo una serie de conferencias en Holanda sobre el desarrollo del arte, los principios de una nueva estética, y el arte del futuro. Reivindicación de lo recto frente a lo curvo. Las obras de estos años responden mas a un cubismo al estilo de Delaunay, donde se preserva la curva a pesar de sus ideas teóricas, que al estilo con el que ya entonces trabajaban Mondrian y otros miembros del futuro de Stijl.
A partir de estos años surge la idea de fundar una revista que fuera órgano de expresión y foco de reunión de aquellos que mantenían ideas estéticas renovadoras. A este proyecto son invitados el arquitecto J. J. P. Oud, el pintor Bert Van der Leck, el pintor húngaro Vilmos Huszar, los arquitectos Wils y Rob Van´t Hoff, y el escultor Vantongerloo. En octubre de 1917, aparece el primer número. La purificación de los colores, la simplificación de las líneas a las dos posiciones: vertical y horizontal, la eliminación de toda impresión de profundidad y la defensa del arquitecto recto, dando lugar al lenguaje neoplasticista.
A partir de 1920, comienza a desarrollar su producción arquitectónica, en este año, cuando aparece su primer articulo dedicado exclusivamente a la arquitectura. En 1922, conoce en Weimar, al arquitecto holandés Cornelis Van Eesteren, con el que proyectara el hall de la Universidad de Amsterdam. Comenzó una serie de axonometrías y contra-construcciones de Rosenberg. Los tres proyectos dan prueba de la asimilación de los principios de Frank Lloyd Wright. El objetivo consistía en romper el cubo, descomprimiéndolo en planos y volviéndolo a componer en un todo dinámico, en donde las coordenadas de dentro (fuera, izquierda (derecha, abajo (arriba, etc...)) se hubieran superado. Los autores intentaban vencer el principio de gravedad natural, extendiendo los puntos de apoyo de los planos hacia el espacio exterior, de esta manera se creaba un todo que parecía que se resistía a la caída, que flotaba en el espacio. Desde el principio, el interés era puramente experimental pues el encargo consistía en llevar a cabo los proyectos sin vistas a una realización efectiva, con lo que podían eludir los requisitos prácticos y técnicos, concentrando todas sus fuerzas en una experimentación puramente estética. Los resultados se reflejaron en primer lugar en Vers una construcción collective (La lucha por el nuevo estilo), considerado el IV Manifiesto De Stijl.
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Piet Mondrian
Amersfoort 1872- Nueva York 1944
Pintura del siglo XX
Hasta 1906, Piet Mondrian siguio el camino clasico de un pintor figurativo de su epoca. Frecuento la academia de Bellas Artes de Amsterdam y realizo pinturas bastante tradicionales, como bodegones o vistas de paisajes holandeses. Pronto siguió una especie de fauvismo, influido por su compatriota Van Gogh. Sus temas predilectos en los años 1908-1909, fueron los molinos de viento, los árboles, las dunas, las iglesias.
En 1911, después de haber visto expuestas en Holanda las pinturas cu-bistas de Picasso y de Braque, Mondrian se instalo en Paris. Atraído por el cubismo, pinto temas que le eran muy conocidos descomponiendo geométricamente las formas, perfilándolas por medio de contornos ne-gros. Las telas casi abstractas que siguieron, hacen siempre referencia a fachadas de casas, iglesias, muelles y océanos. Pero Mondrian se aleja-ba cada vez mas del cubismo, reduciendo la composición a líneas vert-icales y horizontales, a los "+" y a los "-".
Desde 1913, el artista no hizo referencia en sus títulos a elementos naturales, contentándose con titular sus telas con el nombre genérico de composición. Cada vez mas iba apartándose del cubismo porque cada vez mas se acercaba a la abstracción, pero también por el empleo que hacia de los colores vivos que no se hallaban en esta época ni en Picasso ni en Braque
Durante su estancia en Amsterdam, todo el tiempo que duro la guerra, siguió con la serie de los mas-menos, pintando igualmente telas donde disponía cuadrados y rectángulos coloreados. Desde 1918, las formas geométricas ocuparon la totalidad de la superficie del cuadro, delimi-tadas por su contorno gris. Mondrian opto por una composición que caracterizo el resto de su obra.
De 1919 datan las primeras figuras romboidales. Fue a principios de esta estancia en Holanda cuando el artista conocido a Theo Van Deoseburg,; de este encuentro nació el grupo De Stijl, dando lugar hasta 1927 a numerosas publicaciones sobre el arte abstracto. Los artículos de Mondrian, publicados de 1917 a 1922, constituyen el elemento teórico principal de la revista y del grupo, especialmente Realidad natural y realidad abstracta. Abarcando a muchos artistas, De Stijl desempeño en el periodo de entreguerras un papel fundamental, tanto en el campo de las artes plásticas como en el de la arquitectura.
En 1919, el artista volvió a Paris, donde estuvo hasta 1938. Siguió siendo fiel a los principios definidos por el folleto El neoplasticismo (1920): empleo exclusivo de líneas rectas cortándose en ángulo recto; gama limitada de los colores primarios (rojo, amarillo y azul) y no colores (blanco y negro); exclusión de la simetría y composición basada en el equilibrio de las relaciones. Mas tarde, elimino la diagonal en el interior del cuadro, lo que provoco su ruptura, en 1925, con Van Doesburg y el Grupo De Stijl
En 1931, se adhirió al grupo Abstraction-Creation, que reunía la mayoría de los artistas abstractos de los años 30. Antes, había sido uno de los iniciadores del grupo Cercle et Carré con su amigo y biógrafo Michel Seuphor.
Fue en 1931, cuando realizo por primera vez una obra compuesta simplemente por dos líneas negras sobre fondo blanco. Al año siguiente introdujo el principio de la línea, desdoblada, es decir, dos lineas paralelas muy próximas entre si. El color apareció de nuevo, pero reducido a uno o dos rectángulos pequeños coloreados en los bordes del cuadro. Durante este segundo periodo parisino, el arte de Mondrian no dejo ni un momento de evolucionar, pero sin transformaciones tan radicales como las que marcaría los años 1910-1915
En 1938, después de publicar un texto muy importante titulado Plastic Art and Pure Plastics Art, el pintor se alejo de Francia, donde la guerra era una amenaza constante, para instalarse en Londres y a partir de 1940, en Nueva York, donde vivió hasta su muerte.
Tenia casi setenta años cuando cambio las bases de su arte abandonando el cruzamiento rectangular de líneas negras que había sido la característica de sus telas durante veinte años. Paralelamente, dio de nuevo nombre a sus composiciones, titulando sus ultimas telas NEw York City (1941-1942), Broadway Boogle Woogle (1942-1943, Nueva York Museom of Modern Art). Cuando murio, a causa de una neumonia, dejo inacabado su Victory Boogle Woogie en el que las líneas verticales y horizontales están formadas por pequeños cuadrados y rectángulos de color, alineados y con una composición mucho mas compleja aunque fiel a los principios generales del Neoplasticismo
Pintor y teórico del arte abstracto, Mondrian ha desempeñado un papel fundamental en el arte del siglo XX, pero su obra es ante todo un ejemplo del paso de las formas representativas a las formas abstractas a través del estadio intermedio de la composición formal (cubismo). Pintor abstracto, abrió el camino hacia un arte geométrico del que quedaba excluido todo lirismo, buscando, por el contrario, codificar la pintura en leyes rigurosas, para desembocar en un lenguaje pictórico universal. Según él, el arte abstracto no reniega de la naturaleza, sino que da de ella una visión nueva que permite descubrir el ángulo recto en un paisaje, donde el horizonte figura la horizontal, y la línea imaginaria que va de la luna al horizonte, la vertical.
Pero esta interpretación realza mas la anécdota que las consideraciones propiamente plásticas. Mas importante parece ser que fue la lección que Mondiran aprendió del cubismo y la forma como poco a poco fue apartán dose de toda referencia figurativa y restableciendo el cuadro al espacio del plano sin presentar volúmenes. El arte neoplástico invento ante todo un nuevo espacio pictórico, en el que las formas tienden hacia el exterior de la tela.
El artista insistió en todos sus escritos sobre la noción de relaciones que determinan la estructura compositiva. Todo componente de la obra de arte debe situarse en el interior de relaciones equilibradas, pues "cada parte recibe su valor visual del todo y el todo lo recibe de las partes. Todo se compone por relación y reciprocidad. El color solo existe en relación con otro color".
Esta concepción de la pintura regida por leyes estructurales claramente enunciadas, constituye uno de los puntos fundamentales del nuevo arte de Mondrian, incluso si estas leyes son propiamente pictóricas y no matemáticas.
Los dos prefacios y los tres Manifiestos del movimiento de "De Stijl", fueron publicados en la revista del mismo nombre en las siguientes fechas:
Prefacio I, junio de 1947
Prefacio II, octubre de 1919
Primer manifiesto, 1918
Segundo manifiesto, 1921
Tercer Manifiesto, no va firmado
Prefacio I
Este periódico se plantea como objetivo contribuir al desarrollo de un nuevo sentido estético. Quiere hacer al nombre moderno sensible a todo lo que hay de nuevo en las artes plásticas. A la confusión arcaica - al "barroco moderno"- quiere oponer los principios lógicos de un estilo que va madurando y que se basa en la observación de las relaciones entre las tendencias actuales y los medios de expresión. Quiere reunir y coordinar las tendencias actuales de la nueva plástica, las cuales, si bien son fundamentalmente semejantes entre si, se han desarrollado independientemente la una de la otra.
La redacción se esforzara por alcanzar el antedicho objetivo, dando la palabra al artista verdaderamente moderno, que podrá contribuir a la reforma del sentido estético y al conocimiento de las artes plásticas. Allí donde la nueva estética no haya llegado al gran publico, es misión del especialista despertar la conciencia estética de este publico. El artista verdaderamente moderno, es decir consciente, tienen una doble tarea. En primer lugar, debe crear la obra de arte puramente plástica; en segundo lugar, debe encaminar al publico la comprensión de una estética del arte plástico puro. Por ello, una revista de estas características es indispensable, tanto mas cuando la critica oficial no ha sabido suscitar una sensibilidad estética abierta a la revelación del arte abstracto. La redacción permitirá que los especialistas llenen esta laguna. El periódico servirá para establecer relaciones entre el artista, el publico y los aficionados a las diversas artes plásticas. Al dar al artista la oportunidad de hablar de su propio trabajo, hará desaparecer el prejuicio en virtud del cual el artista moderno trabaja siguiendo teorías preestablecidas. En su lugar, se vera que la obra de arte no nace de teorías asumidas a priori, sino, por el contrario, que los principios se derivan del trabajo plástico.
Por ello, el artista debe contribuir a la formación de una cultura artística profunda, asimilando al conocimiento general de las nuevas artes plásticas. Cuando los artistas de las diversas artes plásticas hayan comprendido que deben hablar un lenguaje universal, ya no se aferraran a su propia individualidad. Servirán al principio general mas allá de una individualidad restrictiva... Y, al servir el principio general, deberán crear ellos solos un estilo orgánico. La divulgación de lo mas bello necesita de una comunidad espiritual, no social. Sin embargo, una comunidad espiritual no puede nacer sin el sacrificio de una individualidad ambiciosa. Solo aplicando constantemente este principio se podrá lograr que la nueva estética plástica se revele, como estilo, en todos los objetos, naciendo de nuevas relaciones entre el artista y la sociedad.
El fin de la naturaleza es el hombre.
El fin del hombre es el estilo.
Lo que en la nueva plástica se expresa de modo netamente determinado, o sea, las proporciones en equilibrio entre lo particular y lo general, se revela mas o menos también en la vida del hombre moderno y constituye la causa primordial de la reconstrucción social a la que asistimos. Así como el hombre ha madurado para oponerse a la dominación del individuo y al arbitrio, del mismo modo el artista ha madurado para oponerse a la dominación de lo individual en las artes plásticas, es decir, a la forma y al color naturales, a las emociones.
Esta oposición, que esta basada en la maduración interior del hombre en su plenitud, en la vida en el sentido estricto de la palabra, en la conciencia racional, se refleja en todo el desarrollo del arte, y de modo particular, en el de los últimos cincuenta años.
Asi pues, era previsible que partiendo de este desarrollo del arte, produciendo a saltos, se debiera terminar en una plástica completamente nueva, la cual no podia aparecer mas que en un periodo capaz de revolucionar desde lo profundo las relaciones materiales y espirituales.
Estos tiempos, son nuestros tiempos y hoy somos testigos del nacimiento de un nuevo arte plástico. Allí donde de una parte se deja sentir la necesidad, para el arte y la cultura, de una nueva base, ya sea espiritual (en el sentido mas amplio de la palabra), ya sea material, y donde, de otra, la tradición y el convencionalismo que acompañan necesariamente a cada nuevo pensamiento y a cada nueva acción se esfuerzan por mantener en todos los campos las propias posiciones resistiendo a todo lo que es nuevo, la misión de quienes deben testimoniar de la nueva conciencia de la época -con sus obras plásticas y con sus escritos- es importante y difícil. Su tarea exige una energía y una perseverancia, constante, reforzadas y estimuladas, precisamente por la resistencia conservadora. Los que intencionalmente interpretan mal las nuevas concepciones y nociones y consideran las nuevas obras plásticas, del mismo modo que consideran las obras impresionistas, es decir, no mas alla de la superficie, colaboran inconscientemente en la creación de una nueva concepción del arte y de la vida.
No podemos dejar de agradecérselo.
Si dirigirnos nuestra mirada al año que acaba de pasar, debemos de llenarnos de admiración ante el hecho de que artistas creadores hayan sabido formular de manera tan precisa las nociones a las que han llegado a través de su propio trabajo. Ellos han contribuido en gran medida a aclarar la nueva conciencia artística.
Prueba de ello es el interes que va creciendo -incluso en el extranjero, por el contenido de nuestra revista. Contenido que no ha dejado de influir tanto en la joven como en la vieja generación; en efecto, satisface una necesidad del hombre que ha llegado a una conciencia estética mas profunda.
Sirva esto de aliento para proseguir con el mismo empeño nuestra obra estética de civilización, a pesar de las dificultades que obstaculizan la publicación de periódicos como el nuestro.
Primer Manifiesto de la revista De Stijl 1918
Hay una vieja conciencia del tiempo, y hay otra nueva.
La primera atiende al individualismo
La nueva tiende hacia lo universal
La batalla del individualismo contra lo universal se revela tanto en la guerra mundial como en el arte de nuestra época
La guerra destruye el viejo mundo con su contenido: la dominación universal en todos los campos
El arte nuevo ha puesto en evidencia el contenido de la nueva conciencia del tiempo: proporciones equilibradas entre lo universal y lo individual
La nueva concepción de tiempo esta preparada para realizarse en todo, incluso en la vida externa
Las tradiciones, los dogmas y las prerrogativas del individuo (lo "natural") se oponen a esta realización
El fin de los fundadores del nuevo arte plástico es hacer un llamamiento a todos los que creen en la reforma del arte y de la cultura para aniquilar tales obstáculos, del mismo modo que ellos mismos aniquilaron en su arte la forma natural que obstaculiza una autentica expresión del arte, ultima consecuencia de toda cognición artística.
Los artistas de hoy, movidos en todo el mundo por la misma conciencia, han participado, en el campo espiritual, en la guerra contra la dominación del individualismo, el capricho. Simpatizan con todos los que combaten espiritual y materialmente por la formación de una unidad internacional en la Vida, en el Arte, en la Cultura.
El órgano De Stijl, fundado con este propósito, se esfuerza en sacar a la luz la nueva conciencia de la vida. La colaboración de todos es posible:
Enviando a la redacción, como prueba de aprobación, su nombre, dirección y profesión
Haciendo una aportación a la revista critica, filosófica, arquitectónica, científica, literaria, musical, etc. ... o mediante reproducciones
Traduciendo a todas las lenguas las ideas enunciadas por De Stijl y difundiéndolas
Manifiesto II de "De Stijl" 1920
La literatura
El organismo de la literatura contemporánea todavía vive enteramente de las sensaciones sentimentales de una generación debilitada. La palabra ha muerto
Los clichés naturalistas y los dramáticos filmes de palabras que los fabricantes de libros nos proporcionan por metros y al peso no contienen ninguno de los nuevos golpes de mano de nuestra vida
La palabra es impotente
La poesía asmática y sentimental, el "yo" y el "el", que siempre ha usado en todas partes, pero sobre todo en Holanda, están bajo la influencia de un individualismo temeroso del espacio, residuo fermentado de un tiempo envejecido que nos llena de repugnancia.
La psicología en nuestra novelística no se basa mas que en la imaginación subjetiva; el análisis psicológico y la retórica molesta han matado el significado de la palabra.
Estas frases cuidadosamente colocadas una detrás de otra y la una bajo la otra, esta fraseología frontal y árida con que los viejos realistas presentaban sus experiencias limitadas a si mismos, son definitivamente inadecuadas e incapaces de dar expresión a las experiencias colectivas de nuestro tiempo.
Semejantes en esto a la vieja concepción de la vida, los libros se basan en la longitud, en la duración; son voluminosos. La nueva concepción de la vida se basa en la profundidad y la intensidad y así como queremos a la poesía.
Para construir ligeramente los múltiples acontecimientos que están a nuestro alrededor y dentro de nosotros es necesario que la palabra se reconstruya, sea siguiendo el sonido, sea siguiendo la idea. Si en la vieja poesía el significado intrínseco de la palabra es destruido por el dominio de los sentimientos relativos y subjetivos, nosotros queremos dar un nuevo significado y un nuevo poder expresivo a la palabra, usando todos los medios que están a nuestra disposición: sintaxis, prosodia, tipografía, aritmética, ortografía.
La dualidad entre prosa y poesía, la dualidad entre contenido y forma, no pueden seguir existiendo. Por tanto, para el escritor moderno la forma tendrá un significado directamente espiritual; el no describirá ningún acontecimiento, no describirá en absoluto, pero escribirá. Recibirá en la palabra la totalidad de los acontecimientos: unidad constructiva del contenido y de la forma
Contamos con el apoyo moral y estético de todos aquellos que colaboran en la renovación espiritual del mundo.
Manifiesto III Hacia la formación de un mundo nuevo
La concentración espiritual (Cristo), la concentración material (capitalismo), y la posesión formaron en el antiguo mundo el eje en torno al cual el pueblo entero se desarrollo. Pero he aquí que el Espíritu se ha dispersado. A pesar de ello, los portadores del Espíritu son solidarios. Interiormente. No hay otra salida para Europa. Concentración y posesión, individualismo espiritual y material eran las bases de la vieja Europa. En ello ha quedado aprisionada. No puede liberarse. El peligro es fatal. Nosotros deseamos prolongar la vida de esta vieja prostituta. Una nueva Europa esta naciendo en nosotros. Las ridículas I, II, y III Internacionales socialistas solo fueron exterioridad; estaban hechas de palabras. La internacional del espíritu es interior, intraducible a palabras. Lejos de ser una redundancia de vocablos, se compone de actos plásticos y de fuerza vital interior. Fuerza espiritual. Así se esquematiza el nuevo plan del mundo. No llamamos a los pueblos: "¡Uníos!" o "¡Uníos a Nosotros!". No hacemos ningún llamamiento a los pueblos. Nosotros sabemos que quienes se unan a nosotros ya pertenecen al nuevo espíritu. Solo junto a ellos será posible modelar el cuerpo espiritual del nuevo mundo. "¡Actuad!"
1872 Amersfoort - 1944 Nueva York
Estilo: Neoplasticismo Holandés
Representante del movimiento De Stijl, decidió emprender la carrera artística a pesar de la oposición familiar y estudió en la Academia de Bellas Artes de Amsterdam. Sus primeras obras, hasta 1907, eran paisajes serenos, pintados en grises delicados, malvas y verdes oscuros. En 1908, bajo la influencia del pintor neerlandés Jan Toorop, comenzó a experimentar con colores más brillantes; fue el punto de partida de sus intentos por trascender la naturaleza. Se trasladó a París en 1911, tras una etapa académico tradicional con influencia del naturalismo paisajista holandés e impresionista y simbolistas, Mondrian comenzó a interesarse por el cubismo.
La pintura cubista se vio en Amsterdam por vez primera en la Exposición del recién formado Círculo de Artistas Modernos en 1911, en el que se incluían pinturas de Cezanne, Braque y Picasso. Mondrian tenía cuarenta años cuando vio la muestra en diciembre de ese mismo año, poco antes de salir para París. Fue él el único artista que se vio influido en el cubismo, estilo que cultivó desde entonces hasta 1913-1914, momento en el que derivó su investigación hacia la pintura no objetiva. Al período cubista pertenecen sus series árboles, naturalezas muertas, temas específicamente cezannianos, donde Mondrian bordea las formas sencillas de los objetos por medio del color negro, mientras cubre la superficie del cuadro con líneas rectas y curvas para configurar el espacio y unificar la composición, y realizó series analíticas como Árboles (1912-1913) y Andamios (1912-1914).
Poco a poco se fue alejando del seminaturalismo para internarse en la abstracción y llegar por fin a un estilo en el que se autolimitó a pintar con finos trazos verticales y horizontales. Estos métodos eran similares a los empleados por Metzinger y Gris hacia 1912, sin embargo, Mondrian, a diferencia de aquellos deja que los objetos conserven su forma natural. En un momento posterior, Mondrian comenzó a desfigurar cada vez más las formas dando lugar a obras llenas de líneas curvas y rectas distribuidas a lo largo de toda la superficie, siendo su fin primordial lograr un equilibrio de líneas y color que complazca visualmente al espectador sin provocarle estridencias.
De este modo, el cubismo le servía a Mondrian de puente para entrar en la tercera etapa de su producción, la de la realidad no objetiva, si bien el personalmente creyó haber creado un tipo de cubismo evolucionado. Para entender su búsqueda del nuevo arte plástico fue primordial, la influencia de Schoenmaeckers, autor holandés de libros populares sobre filosofía y religión, al que el propio pintor conoció personalmente, con sus ideas sobre la regularidad de funcionamiento de la naturaleza.
En 1917 junto con su compatriota, el pintor Theo van Doesburg fundó la revista De Stijl, en la que Mondrian desarrolló su teoría sobre las nuevas formas artísticas que denominó Neoplasticismo. Sostenía que el arte no debía implicarse en la reproducción de imágenes de objetos reales, sino expresar únicamente lo absoluto y universal que se oculta tras la realidad. Rechazaba las cualidades sensoriales de textura, superficie y color y redujo su paleta a los colores primarios. Su creencia de que un lienzo, es decir una superficie plana, sólo debe contener elementos planos, implicaba la eliminación de toda línea curva y admitió únicamente las líneas rectas y los ángulos rectos. La aplicación de sus teorías le condujo a realizar obras como Composición en rojo, azul y amarillo (1937-1942), en la que la pintura, compuesta sólo por unas cuantas líneas y algunos bloques de color bien equilibrados, crea un efecto monumental a pesar de la escasez de los medios, voluntariamente limitados, que emplea.
A finales de septiembre de 1940, los bombarderos de Londres le harían emigrar a Nueva York, donde entre 1941 y 1943 daría nuevos contenidos a sus últimas pinturas con los mismos recursos pictóricos (bandas de color cuadriculadas y pequeñas parcelas de varios colores, aunque combinados entre si de manera compleja). Su filosofía en esta etapa sería la de reproducir los ritmos de la ciudad, tan evidentes como las referencias a la música del jazz, que gustaba tanto a Mondrian y en la que se basó para establecer equivalencias entre ritmos y armonías. Pero las obras que representan estos motivos no pueden entenderse únicamente como reproducciones de la vida de la Metrópolis moderna, sino más bien como un intento por el artista de imponer su propia armonía sobre el caos, de imponer la serenidad sobre el dolor y el desengaño. La última obra que dejó acabada, Broadway Boogie-Woogie (1942-1943, Museo de Arte Moderno, Nueva York, MOMA).
Desde el punto de vista estético, los medios que utilizó fueron el ángulo recto, el cuadrado, el rectángulo y los colores primarios amarillo, rojo y azul, los colores blanco y negro y rara vez gris. En un principio, creó composiciones dominadas por numerosos cuadrados y rectángulos, pero acabó buscando una solución más sencilla. De modo que, poco a poco, el número de rectángulos fue disminuyendo, las líneas prolongándose hasta los bordes, los colores primarios reducidos a dos o a uno. El resultado son numerosas obras como la “Composición” (con azul y amarillo), (colección Beyeler,1932), o “Composición en un cuadrado con ángulo rojo” (Colección Beyeler, 1938), esta última pintada en Londres, donde a diferencia del cuadro anterior, las vigas horizontales y verticales empiezan y terminan en los bordes del cuadro. El hecho de que las líneas lienzo formen, pese al rechazo de Mondrian de las diagonales, líneas de 45º con la estructura de la composición, carece de contradicción si se los contempla como líneas de unión de los extremos de una cruz puesta de pie, o si se considera la forma del lienzo en su conjunto como un patrón recortado que limita nuestro campo visual y sólo nos permite ver un fragmento del mundo intemporal, lo que a su vez convierte esta composición en una experiencia mediativa de la armonía universal.
1883 Utrecht - Davos 1931
Estilo: Arquitectura/ Pintura del siglo XX
Su vida pictórica comienza en 1889, aunque su primera Exposición tendrá lugar en 1908. Es en estos años cuando comienza a interesarse por la filosofía y por la ciencia. En cuanto a la filosofía, acudirá a clases de Bolland en Leiden, de quien adquirirá el hegelianismo imperante en su estética y en su concepción de la Historia del Arte.
En ciencia, se intereso por los cambios que entonces se estaban produciendo en la física moderna, por Gauss, Einstein, etc.... A ellos recurre sobre todo cuando intenta fundar la matidimensionalidad, esto es, la unión del espacio y del tiempo, la introducción del dinamismo en pintura.
En 1912, colaboro como critico de arte en periódicos y revistas holandesas su primera serie de artículos aparecen en De Eenheid. En 1913,a parece un articulo dedicado a De lo Espiritual en el arte de Kandinsky. Su obra le abrió las puertas a la abstracción. En 1915, conoció la obra de Piet Mondrian, que exponía en el Stedelijk Museum de Ámsterdam.
Entre 1915-1917, realizo una serie de conferencias en Holanda sobre el desarrollo del arte, los principios de una nueva estética, y el arte del futuro. Reivindicación de lo recto frente a lo curvo. Las obras de estos años responden mas a un cubismo al estilo de Delaunay, donde se preserva la curva a pesar de sus ideas teóricas, que al estilo con el que ya entonces trabajaban Mondrian y otros miembros del futuro de Stijl.
A partir de estos años surge la idea de fundar una revista que fuera órgano de expresión y foco de reunión de aquellos que mantenían ideas estéticas renovadoras. A este proyecto son invitados el arquitecto J. J. P. Oud, el pintor Bert Van der Leck, el pintor húngaro Vilmos Huszar, los arquitectos Wils y Rob Van´t Hoff, y el escultor Vantongerloo. En octubre de 1917, aparece el primer numero. La purificación de los colores, la simplificación de las líneas a las dos posiciones: vertical y horizontal, la eliminación de toda impresión de profundidad y la defensa del arquitecto recto, dando lugar al lenguaje neoplasticista.
A partir de 1920, comienza a desarrollar su producción arquitectónica, en este año, cuando aparece su primer articulo dedicado exclusivamente a la arquitectura. En 1922, conoce en Weimar, al arquitecto holandés Cornelis Van Eesteren, con el que proyectara el hall de la Universidad de Ámsterdam. Comenzó una serie de axonometrías y contra-construcciones de Rosenberg. Los tres proyectos dan prueba de la asimilación de los principios de Frank Lloyd Wright. El objetivo consistía en romper el cubo, descomprimiéndolo en planos y volviéndolo a componer en un todo dinamico, en donde las coordenadas de dentro (fuera, izquierda (derecha, abajo (arriba, etc...)) se hubieran superado. Los autores intentaban vencer el principio de gravedad natural, extendiendo los puntos de apoyo de los planos hacia el espacio exterior, de esta manera se creaba un todo que parecía que se resistía a la caída, que flotaba en el espacio. Desde el principio, el interes era puramente experimental pues el encargo consistía en llevar a cabo los proyectos sin vistas a una realización efectiva, con lo que podían eludir los requisitos practicos y tecnicos, concentrando todas sus fuerzas en una experimentación puramente estética. Los resultados se reflejaron en primer lugar en Vers una construction collective (La lucha por el nuevo estilo), considerado el IV Manifiesto De Stijl.
La Casa Schröder- Rietveld, construida en 1924 en Utrecht, puede ser considerada como un bello exponente de estos principios. En 1921, se instala en Weimar, conociendo a Richter y a Schwitters y por medio de ellos al movimiento dadaísta. En 1922, funda Mecano, órgano del Neoplasticismo y exponente publico holandés de las ideas dadaístas.
Tanto el dadaismo como el neoplasticismo intentaban conseguir una renovación del arte. Entro en contacto con los constructivistas (destacando Moholy-Nagy, El Lissitski, Richter, etc... con los que participo en el Congreso Internacional de Artistas que tuvo lugar en Düsseldorf en 1922. A raiz de estas relaciones Doesburg pudo publicar Principios del nuevo arte plastico, en la Coleccion Bauhausbücher.
Tambien mantiene relaciones con Le Corbusier, y el grupo reunido en torno a la revista L´Esprit Nouveau. En 1924, retoma el campo de la pintura. Comienza a realizar sus contra-composiciones, que son la replica pictorica a las contraposiciones arquitectónicas. Intentara dar expresión a la dimensión dinámica por medio de la introduccion de la diagonal y del uso de los colores disonantes.
Propone una plastica de la tension, en la que el punto final, como en la dialectica, hegeliana tiene que ser siempre superada de nuevo, en un proceso imparable. El ortagonalismo es considerado un esquema propio de la naturaleza que tambien tiene que ser superado, igual que antes el neoplasticismo supero las apariencias naturales. El elementarismo sera el resultado de la superacion del neoplasticismo en este proceso infinito de espiritualizacion de la naturaleza. En 1926-1927, aparecen en De Stijl, una serie de articulos en los que expone los principios teóricos del elementarismo. De 1929 a 1930, realiza la que serie su primera y ultima obra arquitectonica: construye en las cercanias de Paris, Meudon, una casa para el y para su mujer. En 1928, aparece el primero y ultimo numero de De Stijl. En 1931 muere de un ataque cardiaco
Cézanne fue quien primero expresó una forma de ver binocular, multiplicando los puntos de vista de los objetos frente a la visión monocular que era lo habitual hasta él. Las perspectivas tradicionales empiezan a desaparecer del marco de la pintura de vanguardia, lo que lleva consigo una nueva forma de observar y de ver, una nueva manera de concebir el espacio y los objetos que conforman el mundo. Picasso sumó muchos más puntos de vista a las investigaciones de Cézanne. La historia del cubismo como un movimiento empieza en 1907 con las Señoritas de la calle Avignon, de Picasso. Las novedades introducidas por Picasso y por Braque, sólo eran la expresión pictórica de una transformación global. Numerosos conceptos habían sido investigados por la ciencia y dejaban atrás teorías aceptadas desde la época de Newton. Las nuevas aportaciones científicas iban a revolucionar el mundo y por supuesto la pintura, que de forma casi clarividente, es una de las primeras disciplinas artísticas en hacerse eco de ello, de cuestiones tan importantes como los nuevos conceptos del tiempo, del espacio, de la energía…
El cubismo evolucionó y se terminó desembarazando del trance que le había supuesto la tradición pictórica y empezó a componer una realidad, artística en su caso, pero nueva, distinta, real e independiente del mundo y de lo anterior. El análisis que hace el cubismo de la realidad (mejor dicho, de la que autocrea) se basa en las geometrías, en la austeridad cromática, en las diferentes inspiraciones en modelos primitivos o en otras estéticas, orientalizantes o africanas, en el uso del collage, en la multiplicidad de puntos de vista y planos. El fin del cubismo es que el espectador entienda que se encuentra delante de algo diferente, ante una realidad nueva, que no existía y que ha sido creada.
Por ello, el cubismo es uno de los primeros movimientos de la vanguardia estrictamente moderno, pues rompe con lo anterior, con lo académico, con la visión renacentista y con la perspectiva habitual. Rompe con el objeto.
Por ejemplo, la perspectiva es tan solo un postulado que derivaba de las geometrías euclideanas pero no debe de ser definitivo ni el único modo posible de representar la realidad. Los estudios sobre óptica y física, la fotografía y el cine habían generado una nueva forma de ver, nuevas maneras de percibir una narración que aportaría nuevas ideas en el campo de las artes plásticas.
Los pintores del impresionismo habían sido los primeros en proponer que el objeto no tiene importancia y que la pintura y la representación plástica poseen unas leyes propias, que se deben investigar y expe-rimentar como cualquier otra disciplina. Además habían expresado que el tema no importaba. Tomando esa línea el cubismo además dinamita la idea la unidad del objeto, del tiempo y del espacio, generando una o-bra de arte múltiple, sin tema, sin objetos reconocibles pero inmersos dentro de un universo de relaciones espaciales y visuales. La realidad, antes perceptible en el arte, se desestructura.
El cubismo protagoniza la primera alternativa radical a la pintura tradi-cional. Por estar inmerso en buscar nuevos lenguajes pictóricos, fue un movimiento sin afán provocador, lo que lo diferencia de los movimientos de vanguardia posteriores. Sin embargo fue ampliamente discutido, puesto que el público no lo entendía. Picasso diría en 1923: «El cubis mo no es diferente a ninguna otra escuela de pintura. Los mismos princi pios y elementos son comunes a todas ellas. El hecho que durante mu-cho tiempo el cubismo no haya sido comprendido y que aún hoy haya gente que no vea nada en él, no significa nada. Yo no entiendo inglés, y por lo tanto un libro en inglés para mí, es un libro en blanco. Esto no significa que el idioma inglés no exista. ¿Por qué culpar a nadie más que a mí mismo si no puedo entender algo de lo que no sé nada?»
Apollinaire publica en 1913 un manifiesto que se convirtió en la referencia teórica del grupo. Decía que Picasso estudiaba el objeto como un cirujano diseca un cadáver.
Moholy-Nagy establece el decálogo de novedades aportadas por el nuevo código de expresión:
1. Distorsión.
2. Giro de los objetos.
3. Cortes: el empleo de las partes en lugar del total.
4. Desplazamiento: dislocamiento de las partes. Refracción de líneas y ruptura de líneas continuas.
5. Superposición de distintas vistas de los objetos.
6. Introducción de líneas geométricas exactas, rectas y curvas.
7. Cambio de líneas o planos positivo-negativos.
8. Múltiples formas en una. Pluralismo. Un contorno se refiere a varias formas.
9. Objetos: tipos de imprenta, sobres, mesa, pata de mesa, guitarra, violín, fruta, frutero, copa, botella, caja, pájaro muerto, pez, panel, naipe, pipa, envoltorio de tabaco (la atmósfera traducida por estos objetos es la de un café de París).
10. Materiales y técnicas para el tratamiento de la superficie: cartón corrugado, papel para pared, mármol, madera fibrosa, arena, tipografía de periódicos, polvo de mármol, alambre tejido, peinado, enredado y raspado de pigmento.
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El dadaísmo es una de las primeras vanguardias del S. XX pues tiene su origen ya en la primera década del siglo y es de las que más corta los lazos con las formas tradicionales de representación al destruir el sentido del espacio pictórico e incorporar la visión múltiple de los objetos al presentarlos simultáneamente desde diferentes puntos de vista.
Los orígenes del movimiento cubista cabe situarlos en 1907, fecha en la que Picasso pintó su famoso cuadro Las señoritas de la calle Aviñón. En esta pintura la esquematización de los personajes, atendiendo a una composición geométrica latente, es quizá uno de los aspectos más interesantes a resaltar. Desde luego, en dicha obra se advierten tam-bién elementos que conectan con la obra del precursor más evidente del Cubismo que es Cézanne. Así, en primer término, abajo, puede ver-se un fragmento dedicado a una naturaleza muerta, un tanto distorsio-nado, pero que recuerda ciertas obras de esa misma temática del maestro francés postimpresionista. En ningún momento debe olvidarse que la muerte de Cézanne acaecida en 1906, seguida de la gran expo-sición antológica que se celebró en Paris un año más tarde, fueron factores sumamente decisivos en la configuración de esa corriente que se llamaría Cubismo.
Dejando aparte que la técnica de los passages utilizada por Cézanne ya implica un claro gusto por la geometría, hay que tener en cuenta que este artista revolucionó el ámbito de la pintura por su modo de entender el espacio.
Eliminó el empleo de la tradicional perspectiva lineal, con objeto de otorgar al color una neta prioridad al componer un espacio en profundidad. De ahí surgió la restricción cromática, presente por ejemplo en la serie de obras dedicada a la Montaña de Santa Victoria. en la que se aprecia en primer plano la gama de castaños. beiges y ocres, mientras que en último término aparecen las tonalidades grises y azuladas. Estas dos gamas, la primera de ellas cálida y la segunda fría, fueron utilizadas reiteradamente por los pintores cubistas en la primera fase del movimiento.
Los pintores cubistas considerados como representantes ortodoxos del movimiento fueron Picasso, Braque y Gris. Sin embargo, existen otros muchos pintores que trabajaron en el seno del Cubismo. Destacan Gleizes y Metzinger, autores del primer escrito en tomo al movimiento, cuyo título es Du Cubisme. Otros cubistas importantes fueron: Fernand Léger, Robert Delaunay, Francis Picabia, Marcel Duchamp y André Lhote, entre otros.
Al critico y poeta Guillaume Apollinaire se le debe la primera clasificación de los distintos tipos de Cubismo existentes en 1913, fecha en que publicó su famoso escrito Méditations esthétiques. Les peintres cubistes. La labor de Apollinaire fue decisiva en lo concerniente a la propagación de las teorías del Cubismo y, gracias a él, la interrelación de esta corriente. nacida en Francia, con otros movimientos coetáneos de diferentes lugares de Europa fue un hecho real.
La historiografía del arte contemporáneo ha establecido la existencia de dos tipos de Cubismo distintos que corresponden a épocas diferentes. Así al Cubismo inicial, hasta 1911, se le ha denominado Cubismo analítico, mientras que el posterior al descubrimiento del collage -ocurrido en ese año- se le ha llamado Cubismo sintético.
En las obras analíticas el artista optaba por descomponer la realidad en un proceso mental para reflejarla, mediante la geometrización de las formas, sobre las telas que actuaban como soporte. En las primeras pinturas cubistas de Pablo Picasso o de Georges Braque la restricción cromática es muy acusada, hasta el punto de que los entramados lineales que configuran las superficies resultan un tanto difíciles de descifrar. Si no fuera por los títulos que ostentan sus cuadros, pocas ve ces reconocería el espectador esos temas tan frecuentes de natu-ralezas muertas, en las que frutas, fruteros, pipas, partituras musicales, guitarras o vasos y botellas se encuentran dispuestos sobre mesas.
Conforme transcurre el tiempo y. sobre todo, a partir del momento en que se produce un mayor acercamiento a la realidad, debido a la inclusión de elementos reales, adheridos por pegado a la superficie de los soportes, se advierte una tendencia a otorgar más importancia al objeto v a plasmarlo con una cierta fidelidad. El collage fue, sin lugar a dudas, la mayor aportación que hizo el Cubismo. Su importancia no se circunscribió, sin embargo, al ámbito cubista, sino que se extendió rápidamente por distintos lugares y muchos artistas, de otras tenden-cias posteriores, lo adoptaron, hasta llegar a consecuencias que jamás hubieran creído posibles los propios cubistas.
El hecho de tomar un objeto cualquiera del entorno cotidiano del artista, para insertarlo en una pintura o en una pieza tridimensional, comporta toda una revisión del hecho artístico en si. La renovación de la pintura subsiguiente al descubrimiento del collage, es uno de los hechos que más decisivamente han actuado en todo el panorama artístico del presente siglo. La riqueza de las composiciones en las que aparecen pegados elementos como naipes de la baraja, cartulinas, telas, rejas u otros objetos es muy significativa.
También fue tarea importante y renovadora la que llevaron a cabo los escultores cubistas. Trabajaron sobre todo en piezas de bulto redondo, efectuadas en todo tipo de materiales. Los bronces de Raymond Duchamp-Villon muestran, por ejemplo, una tendencia al esquema-tismo, derivado de un cierto primitivismo y son completamente distintos a las complejas construcciones, en madera pintada en colores, de Archipenko. Quizá en la obra de este último se advierten más cone-xiones con los presupuestos imperantes en la pintura cubista. Otro es-cultor destacado es Jacques Lipchitz, cuyas obras en piedra, corres-pondientes a la etapa sintética son tallas por planos rigurosamente geométricos.
Un caso bastante diferente es el del escultor rumano afincado en Paris, Brancusi. Sus manifestaciones en piedra que tanto influyeron hacia 1909 sobre Modigliani, presentan aspectos relacionables con el Cubismo, a través de la supremacía de la geometrización. Sin embargo, en piezas posteriores. efectuadas en metal en bronce dorado. Brancusi se decantó por el empleo de su tan característica forma ovoidea.
Un tipo de concepción escultórica bastante distinta es la de Henri Laurens. quien, gracias a su amistad con Braque, desarrolló desde 1911 un tipo de obras tridimensionales que son el claro exponente de su manera de entender el collage. Se trata de assemblages en madera que preludian composiciones posteriores dadaístas, constituidas por materiales heterogéneos. Algo después, trabajó también en piedra y en bronce, por lo que sus esculturas cambiaron de manera notable.
Como ha podido comprobarse la aportación cubista al ámbito escultórico del siglo XX fue decisiva v comportó una nueva manera de entender el espacio. Éste dejó de ser algo meramente compacto y macizo para comenzar a otorgar importancia a la articulación. Lentamente se estaba iniciando un proceso que culminaría, más tarde, con la aportación de los constructivistas, Gabo y Pevsner, en la concepción de la escultura aérea, en la que tan fundamental es el espacio propiamente escultórico, como el aire que envuelve a la pieza
Lourdes Cirlot.- Las claves de las vanguardias artísticas del S. XX.-
Ed. Arín. Barcelona. 1988. págs. 31-37
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Con el cubismo el arte inicia un apasionante viaje por las dimensiones que el cerebro humano puede construir y destruir libremente.
Un arte mental, intelectual, una especie de operación quirúrgica, que debe su nombre a la apariencia de sus composiciones, formadas por pequeños cubos sobre las telas y que nace en 1908 por inspiración de Picasso y Braque. Su origen se sitúa en la reacción contra el arte sensorial de los impresionistas que es sustituido por la recurrencia a la razón y al conocimiento. La fuente inspiradora más directa del movimiento cubista, es la obra de Cézanne que pinta los objetos desde diferentes perspectivas, con la intención de enfatizar sus características esenciales. La complejidad de las formas se reduce esquemas básicos diseñados con estructuras geométricas, líneas rectas o curvas muy simples, círculos o arcos. El color es siempre muy apagado y subordina-do a la forma, siendo los diversos matices de pardo, verde oscuro, azul, blanco y negro, los colores predilectos del Cubismo, los interiores se re-presentan mediante transparencias y la luz desaparece definitivamente.
Los pintores cubistas no introducen en sus obras los avances de la civili zación, por el contrario, mantienen su vinculación a los elementos tradi-cionales como jarras, vasos, figuras humanas o instrumentos musicales
La multiplicidad de ángulos desde los que se contemplan los objetos, para obtener una cuarta dimensión, se lleva hasta sus últimas conse-cuencias para conseguir la disgregación y fragmentación de lo repre-sentado, en diferentes planos que se reconstruyen en una presentación que puede parecer arbitraria. Esta es la fase conocida como "Cubismo analítico" y que precede al "Cubismo sintético" cuya característica más visible es la incorporación a la obra de diversos materiales, recortes pegados sobre el lienzo, trozos de periódico, telas, hules, papeles pintados de decoración y letras, técnica conocida como collage. Los objetos se representan ahora, mediante la memoria que realiza una selección para componer una imagen que sea unidad y esencia plástica de lo representado. En esta etapa de "Cubismo sintético" el colorido se intensifica y el contenido se dota de mayor serenidad y alegría, siendo más fácilmente interpretable.
Los pintores cubistas no introducen en sus obras los avances de la civilización, por el contrario, mantienen su vinculación a los elementos tradicionales como jarras, vasos, figuras humanas o instrumentos musicales.
Braque es autor de intensos ensayos sobre los propósitos del cubismo, donde defiende la creación de un nuevo género de belleza en términos de volumen, de línea, de masa y de peso, para interpretar las impresiones subjetivas.
Juan Gris muestra por la racionalización de sus naturalezas muertas, animadas con frecuencia por instrumentos musicales, una gran distancia con las sensoriales obras de Matisse, aunque en muchos casos las fechas coincidan. En sus obras se vislumbra, bajo las estrictas figuras volumétricas, el objeto representado.
Fernand Léger después de pasar algún tiempo bajo la influencia de Matisse, se entregó a la representación de la naturaleza por medio de elementos geométricos, como el cono, el cilindro y la esfera, que se representa como un entramado de formas, en su primera obra cubista, Desnudos en el bosque. Considerado uno de los artistas más personales, sus obras se distinguen perfectamente del resto de los pintores del movimiento. Sus temas favoritos son máquinas y hombres mecanizados. En sus cuadros eligió los cilindros como base geométrica de sus composiciones, por lo que algunos críticos designaron su estilo como "tubismo".
Pablo Ruiz Picasso es la máxima figura del arte del siglo XX, y la personalidad más controvertida y significativa del arte moderno y contemporáneo. Su fenomenal talento le permitió transgredir las normas del lenguaje artístico, creando el suyo propio. A lo largo de todas sus etapas artísticas, nunca cesa de intentar descubrir todas las posibilidades teóricas y prácticas del arte y su cerebro inconformista y perfeccionista impulsa a sus pinceles a trabajar continuamente en nuevas direcciones. Su representación de Las Señoritas de Aviñón es considerada el primer cuadro cubista. En su obra, símbolo de nuestra época, se plasma los miedos, las angustias, las supersticiones y mitos de la sociedad de su siglo. Es un artista de la libertad que no puede detenerse ni por la tradición, ni por los convencionalismos y los prejuicios, ni si quiera por su propia obra. Con los símbolos crea un mundo propio y una vida en la forma, de modo que un manillar puede poseer la fuerza embestidora de un asta de toro, y de una guitarra diseccionada en formas cubistas, parece emanar música liberada de la madera y de las cuerdas. En toda su variable vida artística, se manifiesta la constante de compromiso con el tiempo en que vive y la solidaridad con la humildad de cualquier momento o en cualquier lugar. Comenzando con los magros cuerpos de su época azul, hasta llegar a los destrozados semblantes de su época expresionista, el dolor por la humanidad que sufre es un sentimiento constante en su obra, una abstracción turbadora y compasiva que se asoma desde sus gritos, sus planos angulosos y sus miradas nocturnas.
Gran número de los artistas cubistas abandonó el movimiento, para continuar por sus propios derroteros.
En la escultura, el ideal geométrico del Cubismo se encontró bastantes seguidores de forma episódica, tal es el caso de Brancusi, Julio González o Lipchitz; otros, como Duchamp-Villon y Archipenko, Constru yeron a partir del cubismo, su credo estético. El escultor ruso Archiven-ko comenzó moldeando formas geométricas, a partir de un solo mate-rial, pero desde 1912 introduce la combinación de diversos materiales, como la madera, el metal o el vidrio, al estilo de los collages pictóricos. Fue pionero en la compresión del valor expresivo del espacio vacío, en alternancia con las protuberancias.
Gran número de los artistas cubistas abandonó el movimiento, para continuar por sus propios derroteros, pero la intelectualización de la rea-lidad y la creación geométrica, puramente mental de las formas, con las superposiciones y transparencias perduraran, con algunas alteraciones, a lo largo de toda la pintura del siglo XX.
...por Beatriz Anta
Orígenes y planteos.-
Herbert Read, el gran crítico británico, afirmó: "Lo que fue pureza de conciencia en Cézanne se convirtió en refinamiento en la etapa analítica del cubismo." El trabajo que realizaron Picasso, Braque, Gris y Léger arranca directamente de aquella idea cezanniana expuesta en palabras epistolares a Emile Bernard, en la que el maestro de Provenza exigía: en la Naturaleza, "tratarlo todo mediante el cilindro, el cono y la esfera". Los pintores anteriores dejaban que los temas compusieran sus telas; Cézanne, en cambio, confiaba en los criterios pictóricos para componer temas escogidos. No podía repetir nada de lo que se ofrecía a los sentidos sin examinarlo antes. De aquí que todos los cubistas, hijos espirituales suyos, fortalecidos por la afirmación del maestro de que el artista está obligado a reestructurar el mundo visual, hicieran que la ruptura cubista fuera una revolución copernicana.
El nombre de cubismo, nacido de la expresión crítica y peyorativa de Louis Vauxcelles para enjuiciar la labor de dos jóvenes artistas, Picasso y Braque, en un comentario periodístico de 1908, puede inducir a error, ya que sólo ponía de relieve el aspecto más aparente de la nueva escuela, la utilización de formas cúbicas en general y la sumisión a las caras del poliedro en toda figura de apariencia natural. Al mismo crítico se debe la utilización del término "fauvismo" por haber calificado en 1905 la obra de Matisse, Dufy, Marquet, Derain, Rouault y Vlaminck, co-mo cage aux fauves, por considerar aquel arte como una auténtica jaula de fieras. Tanto en el caso del cubismo, como en el del fauvismo, por su etimología sólo se atiende a uno de los elementos más externos y, por lo tanto, anecdóticos, de sus obras.
El cubismo tuvo su origen en la exposición que en 1908 organizó en su galería de París el marchante de origen alemán Daniel Henry Kahn-weiler. En esta ocasión apareció el término cubismo. La palabra, por aquel entonces, fue bien recibida y adoptada por los amigos de los pintores, por la crítica y, en particular, por Guillaume Apollinaire, quien en 1913 escribió su célebre folleto Los pintores cubistas, así como por los artistas Gleizes y Metzinger, autores de un tratado fundamental titulado Del cubismo (1912).
En la ruptura, más aparente que real, del cubismo y el fauvismo con res pecto al impresionismo, así como de la mayoría de movimientos surgi dos en el círculo parisiense que media entre la Exposición de 1900 y la 1° Guerra de 1914, hay que buscar las raíces que fomentaron aquella postura. Por una parte el intelectualismo de los neoimpresionistas, la fuerte influencia del arte negro descubierto en París por aquel entonces, los orígenes del expresionismo y, sobre todo, la presencia de la obra de Cézanne, conseguida gracias a la gran exposición retros-pectiva celebrada en 1907. Los cubistas seguían reprochando a los pintores impresionistas su dependencia de la "retina" y su falta de "cerebro". Se proponían hacer algo más que registrar datos visuales, aspiraban a su organización, a una auténtica síntesis intelectual que descubriese y seleccionase los aspectos más esenciales. Apollinaire afirmó en 1913 que "la geometría es a las artes plásticas lo que la gramática es al arte de escribir". El carácter presuntamente cientificista del movimiento hace que el cubismo se exprese del siguiente modo: "Hoy ya no se atiende a las tres dimensiones de la geometría euclídea. Los pintores han sido llevados, intuitivamente, a preocuparse de aquellas nuevas medidas posibles del espacio que se indican con el término de cuarta dimensión. La cuarta dimensión sería engendrada por las tres dimensiones conocidas: representa la inmensidad del espacio que se eterniza en todas las dimensiones de un movimiento determinado." En el lenguaje de los cubistas, así como en sus textos teóricos, siempre tendrán un lugar las cuestiones científicas o matemáticas. Gleizes puntualiza el propósito cubista de despojar las formas de su realidad transitoria, de lo puramente pintoresco, para atender a su pureza geométrica, a su verdad matemática.
Períodos y componentes.- Se acostumbra dividir este movimiento en tres etapas, que pueden distinguirse con cierta precisión: el cubismo cezanniano (1907-09), dominado por un manifiesto anhelo de estructurar la obra desde sus propios elementos mediante la descomposición geométrica; el cubismo analítico (1910-12), en el que se multiplican los puntos de vista ofreciendo fragmentos simultáneos del modelo, generalmente representado por sus aspectos más característicos o estilizados, y el cubismo sintético (1913-14), en el que los colores adquieren mayor contraste y los planos se simplifican en aras de una clarificación del tema.
El malagueño Pablo Picasso (18811973), que difícilmente es clasificable en una sola dimensión artística dada su exuberante fuerza expresiva, manifiesta en otras épocas y tendencias, logra concentrar en una obra suya la práctica real de la teoría cubista. Con Les demoiselles d' Avignon, de 1907, actualmente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, da entrada a un planteo artístico que, al manifestar la influencia del Greco, de la escultura románica española y, sobre todo, del arte negro, permite hablar por primera vez de unas soluciones volumétricas auténticamente cubistas, en las que se replantean los fundamentos mismos de toda la perspectiva. Si los períodos azul y rosa de Picasso pueden situarse entre 1901 y l 906 por estar impregnados de un tono humanitario, de una visión lánguida y expresionista de la vida, heredera del siglo XIX, en el cubismo su sensibilidad se abre vorazmente, manifiesta como pocos el trauma de aquellos años en los que tanto los sentimientos como las ideas y los conceptos son fuertemente zarandeados. El cubismo fue un movimiento básico en la experiencia picassiana, aunque ésta no llegara a satisfacerlo plenamente. Picasso pasa por una fase escalonada posterior a Les demoiselles d' Avignon que comienza con El estanque de Horta de Ebro (1909), La fábrica de Horta de Ebro, sigue con otra que queda ejemplarizada en el Retrato de Kahnweiler ( 1910), El aficionado ( 1912) y prosigue con un período analítico de descomposición de la forma a partir de 1913 y con otro sintético de reconstrucción de la misma, desde un criterio geométrico patente en obras como Ma Jolie y El violín del café. La progresiva emancipación de los esquemas formales, es decir, el dominio y sometimiento de la óptica cubista en favor de lo pictórico, lo alcanza en obras como Los tres músicos (1921), hoy en el Museo de Filadelfia, o en el Bodegón con cabeza antigua (1925), del Museo de Arte Moderno de París, donde aún perduran algunos esquemas cubistas, si bien, a partir de aquella fecha, su morfología gana en independencia y espontaneidad.
El cubismo de Picasso queda perfectamente expresado en su explicación a Zervos en una conversación que mantuvo para Cahiers d'Art en 1935: "Cuando inventamos el cubismo, no teníamos la menor intención de inventarlo. Sólo queríamos expresar lo que había en nosotros. Ninguno de nosotros había trazado un plan especial de batalla, y nuestros amigos, los poetas, seguían nuestros esfuerzos con atención, pero sin formularnos prescripciones." Y como para él el arte era una mentira que nos enseña a comprender la verdad, el cubismo le ayudó a progresar en su capacidad de comprensión.
Georges Braque (1882-1963), nacido en Argenteuil y muerto en París, fue el gran compañero de Picasso en las primeras tentativas para resolver el problema de la forma, tal como había sido planteada por Cézanne. Hasta 1907 trabaja la visión de la realidad como fauvista. En 1908, bajo la influencia del Estanque de Cézanne, comienza su período precubista para pasar a ser un cubista analítico primero y sintético después. Sus Casas del Estanque (1908) y los paisajes de 1909, observados desde distintos ángulos, para luego ofrecer una visión única del conjunto, son tan próximos a las formas y a las maneras picassianas que llegan a confundirse. La relación, y la identidad de espíritu y método entre los dos, hace que lleguemos a confundirlos. Una estrecha amistad habrá de unir a los dos artistas. A partir de 1910, Braque renuncia durante un tiempo a la representación objetiva y no duda en emplear los papiers collés, los titulares de periódico y otros elementos que, en sus manos y en las de Picasso, darían carta de presencia al collage, del que tanto uso harían después los dadaístas y los surrealistas al poder incorporar los más insólitos materiales, dentro del contexto del cuadro, como alusión desconcertante a una presencia real del objeto.
La Primera Guerra Mundial quiebra los vínculos entre Picasso y Braque, el cual es herido de gravedad en la cabeza. No vuelve a pintar hasta 1917. A partir de entonces prosigue su carrera diluyendo el propósito cubista en bodegones y figuras más convencionales, pero siempre llenos de poesía y espiritualidad, manteniendo "la regla que corrige la emoción."
Quien con mayor fidelidad y renovados impulsos adopta el cubismo para llevarlo en su personal desarrollo a su conclusión lógica es otro español, Juan Gris (18871927), quien en realidad se llamaba José Victoriano González. Nacido en Madrid, de padre castellano y madre andaluza, empezó a pintar a los siete años. De familia burguesa arruinada, tuvo que ganar su sustento colaborando como dibujante de humor en varios periódicos de la capital de España. En 1909 marcha a París, donde conoce poco después a Picasso en el Bateau Lavoir. Especialmente en el paso del cubismo analítico al sintético tendrá un papel decisivo su dibujo dominante, estilizado, donde los volúmenes se expresan en todas sus caras, en una partición espesa del óleo aplicada mediante una sucesión de curvas, siguiendo su método particular: "empiezo organizando mi cuadro, luego califico los objetos", "trabajo con los elementos de la mente". Después de varias enfermedades, de un mayor afianzamiento en el cubismo, de entrar en contacto con Kahnweiler y pronunciar en la Sorbona su famosa conferencia "Las posibilidades de la pintura", Juan Gris pasa a ser considerado un clásico del cubismo, el arquetipo más puro del movimiento. Le village (1918), La bouteille et le compotier(1919), Le tourangeau, Le meunier y L'arlequin, obras de 1918 y 1919, son suficientes para que Picasso diga de él: "Era un buen pintor, que sabía lo que se hacía." Su conclusión extrema fue la de llegar a afirmar: "No es el cuadro X el que logra corresponder a mi tema, sino el tema X el que logra corresponder a mi cuadro ... Las matemáticas del hacer cuadros me llevan a la física de la representación."
Fernand Léger (1881 - 1955), nacido en Argentan y muerto en Gif-sur-Yvette, ingresó como aprendiz en el despacho de un arquitecto de Caen. Su llegada a París en 1899 pasa por un período cezanniano antes de adscribirse al cubismo en su particular acepción. Pese a la influencia de los fauves y del mismo Matisse, su estilo estuvo dominado por un claro deseo de simplificación y, sobre todo, por una innegable admiración por el mundo de las máquinas, representado en la mayoría de sus obras por una estructura tubular que acompaña a personajes y temas. En 1912 entra a formar parte del equipo de la Galería Kahnweiler, ya que su búsqueda formal se mueve dentro de un geometrismo que subraya los cilindros, poliedros, esferas y cubos, tal como manifiestan sus obras de esta época Desnudos del bosque, La boda y Los fumadores, entre otras. Durante un breve período participa en las manifestaciones del grupo cubista, siempre guardando las distancias, amparándose en su lógica propia de que el cuadro refleja la vida de pequeños fragmentos en otra realidad.
Entre 1911 y 18 da un nuevo sentido al cubismo de sus contemporáne-os, que le hace regresar, de una aparente abstracción, a una figuración geométrica en la que aparecen peones, mineros, metalúrgicos, carpinte ros y demás miembros del "pueblo francés", en unas composiciones de rotundo contorno, vivas manchas de color al margen de su función figurativa y con cierto carácter monumental. Los discos, El andamiaje, La ciudad, pertenecen a su fase "dinámica", llena de ferrocarriles, engranajes y sifones. El almuerzo en la ciudad, El gran almuerzo y La familia, entre otras obras, corresponden a su etapa dominada por la figura humana representada por unos autómatas. A partir de esta época interviene con frecuencia en obras que se integran a la arquitectura mediante mosaicos, vidrieras, murales, etc.
Robert Delaunay (1885-1941) representa la manifestación más colorista del cubismo, llegando a crear dentro de esta escuela lo que Apollinaire denominó una desviación de la fase "analítica": el orfismo. Tendencia mucho más poética y primigenia, basada en "el arte de pintar nuevas estructuras con elementos que no han sido tomados de la esfera visual". Sus obras producen un puro placer estético, con la pretensión de ser "arte puro".
Otras manifestaciones cubistas, de menor tono o posteriores en el tiempo, fueron las que aportaron Albert Gleizes (18811953) y Jean Metzinger (1883-1956), autores a su vez de varios textos teóricos, Roger de la Fresnaye (1885-1925), creador de un cubismo más ligero y lleno de sutilezas, Louis Marcoussis (1883-1941) y los tres hermanos Duchamp: Marcel (18871968), Gaston, conocido por "Jacques Villon" (1875-1963), y Raymond Duchamp-Villon (1876-1918). El Groupe de Puteaux, compuesto por J. Villon, Gleizes, La Fresnave, Léger, Metzinger, el futuro dadaísta Picabia y Frank (Frantisek) Kupka (18711957), fue el que enlazó directamente con el movimiento prerracionalista La Section d'Or. Otros contactos con el extranjero se establecieron a través del holandés Pieter C. Mondrian, conocido por "Piet Mondrian" (1872-1944), el mexicano Diego Rivera (1886-1957), el portugués Souza-Cardoso (1887-1918) y el argentino Emilio Pettoruti (1892- 1971). De las diferentes confrontaciones y derivaciones surgirán nuevas tendencias, tales como el purismo- de Amédée Ozenfant (1886-1966) o el funcionalismo arquitectónico de Charles-Edouard Jeanneret (1887- 1965), más conocido por el seudónimo de "Le Corbusier". El suprematismo ruso, el futurismo, la misma pintura metafísica, deben al cubismo muchos de sus planteamientos .
Entre las diferentes glorias que corresponden a estos movimientos de principios de siglo cabe destacar el collage y el uso que de él hicieron todos estos artistas. El periódico, la caja de cerillas, diferentes tejidos, todo aplicado a la tela como si se tratara de otro color, para enriquecer el cuadro con un nuevo pathos, que crea un vivo contraste entre la realidad y el artificio. El collage fue para los cubistas algo más que un trompe l'oeil: fue un fragmento de la realidad, una manera de reaccionar contra cierta pintura para volver a encontrar la realidad evitando la pincelada. Parten de la disciplina cubista para, después, encontrar una dicción más personal en otros campos, María (Gutiérrez) Blanchard (1881 - 1932), cuyo universo constructivo es siempre melancólico y humano, Francisco Gutiérrez ("Pancho") Cossío (18981970), uno de los nombres más significativos de la pintura española por su exquisitez, serenidad y pulcritud, en cuya factura se esconde un vago esqueleto geométrico más cezanniano que cubista, y Daniel Vázquez Díaz (1882-1965), que, amigo de Juan Gris, Picasso, etc., protagonizó la edad heroica del cubismo parisiense, huella que pervivió luego en su bien estructurado realismo de lírico concepto.
Varios autores.- La pintura en el S.XX.-
Ed. Salvat. Col. GT, nº 9. págs. 47-56
Se inicia con la obra "las señoritas de Avignon" (ver fotografía de la derecha) de Pablo Picasso. Los autores de esta corriente son austeros con el color; utilizan colores neutros, grises, marrones.
Los dos autores principales de esta corriente son Picasso y Braque.
Se renuncia a la perspectiva tradicional, a los colores reales, a ver las figuras desde el punto de vista único. Temas menos importantes que el tratamiento. Buscan figuras cotidianas: tren, automóvil. Se exalta el plano, se rescatan escenas interiores. Pintura figurativa que "destroza" las formas. Se crea al gusto del pinto, rompe con los tabúes del arte occidental, no se pinta con normas. El pintor más famoso es Picasso que pinta en 1907 "las señoritas de Avignon", en la que se elimina la profundidad y es una representación dimensional => Cubismo Puro.
Dentro del cubismo podemos distinguir dos fases: el cubismo analítico y el cubismo sintético.
Cubismo analítico: hace irreconocibles a las figuras.
Braque, "el portugués", superpone planos geométricos, colores oscuros.
Después se hacen cuadros con recortes periodísticos => Colas.
Cubismo sintético: planos más amplios, representa al objeto, con imágenes únicas.
"De un cilindro hago una botella", decía el pintor español Juan Gris, quien, junto con otro compatriota, Pablo Picasso, y un francés, Georges Braque, fue uno de los exponentes más destacados del cubismo, movimiento artístico del primer cuarto del siglo XX que, con su descomposición de la figura y su renuncia a la perspectiva tradicional, revolucionó al mundo de la pintura.
El nombre del cubismo fue acuñado por primera vez por el crítico de arte francés Louis Vauxcelles al referirse a los paisajes de Breque expuestos en la galería parisiense Kahnweiler en 1908.
El cubismo presenta los objetos tal y como son concebidos por la mente y como existen, no como son vistos.
Existen tres etapas en el cubismo:
Cubismo primitivo (1907): representado por las señoritas de Aviñón.
Cubismo sintético (1913): emplea signos plásticos que se comparan con metáforas poéticas en el aspecto pictórico tiene mucha relación con el cubismo primitivo. Se caracteriza por la ruptura de todo procedimien-to imitativo.
El cubismo tuvo una gran influencia por las teorías relativistas de Albert Einstein, el cual, estableció que es imposible determinar un movimiento. Un objeto puede parecer estar quieto o moviéndose según la perspec-tiva desde la cual se considera.
Características en la pintura
Representa los objetos seleccionados en cubos como si fueran cristales.
Describe una naturaleza muerta por medio de una monocromía definida por claro-obscuros, sombras, etc... No recurre a perspectivas.
PROTAGONISTAS DEL CUBISMO
ARCHIPENKO, Alexander (Kiev, 1887-Nueva York, 1964). Tras estudiar pintura en su ciudad y en Moscú, trabajo en París (1908-20), en Berlín (1921-23) y, a partir de 1924, en los Estados Unidos. Bajo la estética cubista, mostró una geometrización expresionista de volúmenes que más tarde abandonaría. En los años previos a la Primera Guerra Mundial aportó importantes innovaciones, yendo hacia una escultura plurimaterial, construyendo sus obras mediante planos y el vaciado de las formas a través del ritmo y el juego espacial, contraponiendo lo cóncavo y lo convexo, el uso de la policromía y la unión de materiales diversos. Muestra un permanente interés experi-mental: archipinturas, esculturas transparentes, modelados de la luz.
BLANCHARID, Mara (Santander, 1881 - París, 1932). María Gutiérrez Blanchard se formó artísticamente en Madrid y, a partir de 1908, en París. Fundamentándose en un equilibrio de masas, su pintura denota decisivas influencias cubistas, sobre todo de Juan Gris. Con un tra-tamiento de los temas transido de sobriedad, melancolía y ensoñación, utiliza colores austeros y metálicos, mostrando simultáneamente una reverberante luz y un apagado cromatismo. A partir de 1919, su creación se especializó en temas relacionados con la vida cotidiana, la infancia, la familia y las naturalezas muertas.
BRAQUE, Georges (Argenteuil, 1882-El Havre, 1963). Seguidor de la escuela fauvista a partir de 1905, se integró en las formas cubistas desde 1910, erigiéndose en uno de sus máximos representantes. Las naturalezas muertas fueron el más destacado objeto de su tratamiento y, antes de 1914, ya había fundamentado algunas de sus técnicas más características: la utilización en sus composiciones de materiales como la arena, la madera y los papeles, así como imitaciones de mármol y madera. Fue herido gravemente en la Gran Guerra. Una fuerte estructura y una determinante sobriedad definen sus composiciones. En su Carnet resumió todo su ideario sobre la existencia, el arte y la pintura, partiendo de una concepción de la misma como un hecho lírico, independiente de la naturaleza y en el que las formas y los colores son solamente elementos en la composición.
DELAUNAY, Robert (París, 1885-Montpellier, 1941) Impresionista y fauvista en sus inicios, paso a crear unas originales formas cubistas a partir de 1909, basadas en el contraste del colorido y el abandono de la perspectiva tradicional. Erigiendo al color como forma básica y protago-nista de sus objetos, muestra rasgos de un marcado dinamismo. Su es-trecha relación con los dos países ibéricos (1914-1920) le llevó a poten-ciar con gran riqueza elementos formales y cromáticos extraídos de la realidad. En Madrid, realizó decorados y vestuarios para los Ballets Rusos de Diaghilev. Nuevamente en París, tras una etapa dadaísta y surrealista, hacia 1930 retomó sus intereses e investigaciones en la abstracción. Trabajó en la decoración para espectáculos de cine y como cartelista y, en 1937, elaboró los grandes decorados para la Exposición Universal de París.
GLEIZES, Albert (París, 1881-Aviñón, 1953) Integrado en 1910 en el movimiento cubista, escribió dos años después, con Jean Metzinger, una obra básica para su conceptualización y difusión: Sobre el cubismo y los medios para comprenderlo, dotándolo de bases teóricas y estéticas. Líder del Grupo de Puteaux, también conocido como Section d’Or, apoya la idea de que el Cubismo se convierta en una ciencia artística. Tras dedicar su inicial creación pictórica a un sistemático análisis de la forma, fue progresivamente inclinándose bajo las exigencias del ritmo y de la composición. En la década de los años veinte, adopta principios no figurativos para, por último, entregarse a una profunda renovación del arte sacro, tratando de elaborar, por la expresión de la abstracción, los equivalentes de las formas y ritmos del Románico francés.
GRIS, Juan (Madrid, 1887-Boulogne-sur-Seine, 1827) Juan José Victoriano González fue un dibujante extraordinariamente dotado. Se inició artísticamente en el Modern style, pero su instalación en París, en 1906 junto a Picasso, le introdujo en el Cubismo. En 1910 comenzó a pintar en la técnica del Cubismo analítico, sin llegar con todo a la descomposición radical del objeto que definía a tal tendencia. Tras la Gran Guerra, con sus Pierrots inició una nueva etapa a la que permanecería definitivamente fiel: la del Cubismo sintético. En 1923 realizó figurines y decorados para los ballets de Diaghilev y se dedicó a la ilustración de obras literarias. Su obra supone la culminación del Cubismo, que trato con una coherencia, perseverancia y rigor de los que carecieron muchos de sus mejores representantes. Su producción fue corta. Representante de la vertiente clásica del Cubismo, afirmó: "No es el cuadro el que debe coincidir con un objeto, sino el objeto el que debe hacerlo con el cuadro".
LAURENS, Henri (París, 1885-1954). Se dedicó a aplicar a la escultura todos los avances, significación y descubrimientos técnicos y estéticos que los pintores cubistas habían acuñado. Sus primeras creaciones fueron dibujos, piedras polícromas, papíers collés y angulosas estructuras de objetos reales y figuras. Trabajando la piedra y el bronce, el tratamiento del cuerpo femenino se convierte en su tema de preferencia, abandonando la angulosidad por formas más opulentas. Las más emblemáticas de sus obras son formas plenas y jugosas que muestran un perfecto juego de pura sensualidad. Al dar al Cubismo su equivalente en volumen, es considerado como el artista que contribuye a la renovación de la escultura en la primera mitad del siglo.
LÉGER, Fernand (Argentan, 1881 -Gifsur-Ivette, 1955) Partiendo de iniciales influencias impresionistas y de Cézanne, se unió a los cubistas otorgando una importancia de primer orden a la utilización del color. Su pintura es dinámica, basada en la intensidad de los contrastes, tanto en la forma como en el colorido. A partir de la Primera Guerra Mundial, se introdujo en un universo figurativo, cotidiano y moderno, de formas geométricas y de inexpresivas figuras humanas, elementos plásticos de la composición y nunca, sus protagonistas. Los años veinte abrieron etapas de gran producción: formales y coloristas obras pictóricas, decorados para teatro y cine, murales, mosaico y vidriera, cerámica y escultura polícroma. Exiliado en EE.UU. (1940-50), su obra evolucionó hacia un realismo cada vez más acentuado en el tratamiento de la figura humana, disociando línea y color y desarrollando temas de trabajo, de ocio y de vida popular. Utilizador de la pintura para expresar el dinamismo de su aventura humana, su nombre ha representado las ideas de modernidad y vanguardia.
LHOTE, André (Burdeos, 1885-París, 1965) Pintor y crítico de arte, entró en 1909 en el mundo de los profesionales de la pintura a través del Salón de Artistas Independientes. En su obra, deudora del Fauvismo y del arte del África negra, los medios tonos, los efectos de luz y las sombras poseen una existencia propia. Integró la Section d'Or y, a partir de los años veinte, centro su interés en el tratamiento de temas tradicionales: escenas mitológicas, naturalezas muertas y paisajes. En 1922 abrió una academia dedicada a difundir su pensamiento estético, que consideraba que las vanguardias habían traicionado los principios de la gran tradición. Ejerció como notable pedagogo y escribió muy destacables libros y artículos sobre pintura, de gran influencia en las décadas centrales del siglo.
LIPCHITZ, Jacques (Druskieniki, 1891-Capri, 1973) Escultor lituano de nombre Chaïm Jacob, se instaló en París en 1909 y, a partir de 1911, estableció contacto con los cubistas, a cuyos principios se adhirió. En su producción, unos sobrios volúmenes geométricos componen una compacta masa monumental. Utilizaba para ello tanto el yeso como el barro cocido y la piedra, para luego realizar la fundición en bronce. En los años 1925-30 experimentó con el arabesco y las transparencias y, superado el rigor cubista, se lanzó a una figuración de índole neoclásica. En 1941 se exilió en los EE.UU., donde ejecutó figuras próximas al Barroco y al Expresionismo, perfectas expresiones de su lírico temperamento.
METZINGER, Jean (Nantes, 1888-París, 1957) Procedente del Neoimpresionismo y del Fauvismo, se decantó a partir de 1908 por el ideario cubista. Miembro de la Section d’Or, en 1912 colaboró con Gleizes en la elaboración del libro Sobre el cubismo. En este momento, aparece como el creador más representativo del grupo. Su obra presenta dos etapas consecutivas. La primera, cubista en sentido estricto, que culmina en 1921; la segunda, definida por un decidido retorno a las formas del realismo. Para la crítica actual, su obra, determinada por una evidente laboriosidad, es de las menos atrayentes de la corriente.
PICASSO, Pablo (Málaga, 1881-Mougins, 1973) Considerado con justicia como la más influyente y representativa figura del arte contemporáneo, la trayectoria de Pablo Ruiz Picasso resume por si misma los mayores hitos alcanzados en este siglo. En 1904 se estableció en París, tras una fecunda estancia barcelonesa. A partir de ahí fue una de las referencias artísticas obligadas en los centros decisores del arte. Junto a Braque, con el que colaboró hasta el inicio de la guerra, inició su etapa cubista en 1907 y la continuó hasta los años 1915-16 bajo diferentes y sucesivos enfoques: Cubismo analítico, Cubismo sintético, Cubismo rococó y Cubismo curvílineo. En 1912 creó el primer collage cubista, mientras hacía nacer a su alrededor, en la pequeña localidad de Céret, en los Pirineos Orientales franceses, un activo centro de reunión de artistas y verdadero templo del Cubismo.
Desarrollos del cubismo.
Además de los dos grandes maestros mencionados hubo otra serie de artistas que realizaron un cubismo cercano al de Picasso o Braque, pero con toques personales, como Juan Gris y los pintores franceses Fernand Léger, Albert Gleizes y Jean Metzinger.
Cuando esta estética se difundió por toda Europa aparecieron una serie de grupos o tendencias con sus propias características: el cubismo órfico, del francés Robert Delaunay, que daba una gran importancia al color y empleaba elementos compositivos inventados por el artista, el grupo de Puteaux, con el también francés Marcel Duchamp, que aportó un cubismo dinámico y muy intelectual, el neoplasticismo del holandés Piet Mondrian, el suprematismo ruso de Kazimir Maliévich, el constructivismo escultóricos de su compatriota Vladimir Tatlin, y el purismo, estética racional y geométrica impulsada por los franceses Amadeé Ozenfant y Charles Édouard Jeanneret. Este último, de origen suizo y llamado Le Corbusier, aplicó luego sus principios a la arquitectura.
VV.AA.- Descubrir las vanguardias; Arlanza Ed. Madrid. 2000, Págs. 22-23
Proceso de formación
Se ha situado el origen de este movimiento en dos fuentes muy distintas: de una parte, el impacto que causó en círculos artísticos de París la escultura primitiva africana - y, en opinión de muchos críticos, la ibérica - , de otra , la influencia del pintor francés Paul Cezanne y su tendencia a reducir los volúmenes de los objetos reales a elementos esenciales como el cilindro, el cubo y la esfera. Hay que añadir a estos antecedentes la reacción contra el fauvismo, tendencia pictórica en la que el estallido del color era uno de los aspectos más sobresalientes. Los creadores que iniciaron las experimentaciones cubistas fueron Picasso y Braque.
El primer cuadro cubista, pintado por Picasso en 1907, fue "Las señoritas de Avignon". Las figuras femeninas representadas en este lienzo están singularmente tratadas. Son formas planas, cuyas siluetas aparecen como fracturadas, y los trazos que las delimitan son siempre rectilíneos y angulares. Al mismo tiempo se acomete el intento de representar, al mismo tiempo, un rostro humano de frente y de perfil.
Simultáneamente a las investigaciones desarrolladas por Picasso, Braque había realizado una serie de paisajes de l'Estaque, caracterizados por la escasez de colorido y un volumen facetado, a base de planos inclinados, que se presentaron en París en la exposición que dio origen al nombre de cubismo.
El estilo cubista reclamó una pintura plana, bidimensional, opuesta a las técnicas tradicionales de la perspectiva y el claroscuro. Rechazó, asimismo la antigua teoría, mantenida y seguida durante siglos, de que el arte era una imitación de la naturaleza. Quizás por esto, aunque inicialmente los pintores cubistas tomaron como modelos los temas de la naturaleza y representaron rostros y figuras humanas, pronto centraron su temática en naturalezas muertas. Éstas eran composiciones formadas con objetos usuales, agrupados casi siempre sobre una mesa, que carecían de profundidad, y en los que todos los elementos ocupaban el primer plano, gracias a una descomposición en facetas.
Desde los primeros años se estableció una estrecha relación entre Picasso y Braque, que permitió pasar al cubismo de una fase previa de experimentación a otra mas madura, entre los años 1910 y 1912. En los inicios de este movimiento tuvo también gran importancia el marchante Daniel Kahnweiler, cuya galería se convirtió en el centro de difusión del cubismo. Por otra parte, la teoría acerca del movimiento cubista iba tomando forma en las reuniones en el edificio Bateau-Lavoir, donde vivían Picasso, Juan Gris - Sinónimo de José Victoriano González - y el escritor francés Max Jacob. Asistentes asiduos a las reuniones del grupo eran también el francés Henri Matisse y Diego Rivera, que sería uno de los principales pintores muralistas mexicanos, así como los escritores franceses Jean Cocteau y Guillaume Apollinaire. Fue precisamente ese último quien en mayor medida contribuyó, con textos como el de Les Peintres cubistes, publicado en 1913, a elaborar la estética sustentadora del movimiento cubista.
En la evolución de este movimiento se establecieron dos épocas claramente marcadas, denominadas fase analítica y sintética. El período analítico transcurrió entre 1910 y 1912. Los lienzos de esta época se caracterizaron por el análisis de la realidad y la descomposición en planos del os distintos volúmenes de un objeto para que la mente captase su totalidad. Desde el principio se pretendía un arte más conceptual que realista. Predominaban los ángulos y las líneas rectas y la iluminación no era real, ya que la luz procedía de distintos puntos. Las gamas de colores se simplificaron notablemente, en una radical tendencia al monocromatismo: castaños, grises, cremas, verdes y azules. Con todo ello se intentaba combinar la tridimensiona-lidad del mundo real con la bidimensionalidad de la obra artística.
En una primera etapa de la fase analítica, todas estas formas aparecieron generalmente compactas y densas, para irse haciendo cada vez mas amplias y fluidas hasta difuminarse en los bordes del lienzo. Los elementos preferidos fueron instrumentos musicales -en especial la guitarra -, botellas, pipas, vasos y periódicos, aunque nunca se excluyó la figura humana. Entre las obras más destacadas de estos momentos cabe señalar "Muchacha con mandolina" de Picasso y "Hombre con guitarra" de Braque.
(1910-1912): presenta una descomposición de objetos simples en colores ocre, verde oscuro y gris.
La fase sintética trajo consigo la reconsideracióin de algunos de los modos expresivos de la anterior. El color volvió ahora a tener mayor protagonismo. Las superficies, aunque seguían apareciendo siempre fragmentadas, eran más amplias y decorativas. La novedad más singular fue, sin duda, el uso de materiales no pictóricos. Esta técnica, conocida como collage, incorporó al lienzo elementos cotidianos como cajetillas de cigarrillos, páginas de periódicos, trozos de vidrio, telas y, en no pocas ocasiones, incluso arena. Con la utilización de estos inusitados materiales en el lienzo, el cubismo, a la vez que aprovechó las diferencias de textura y de naturaleza de sus componentes, planteó, desde un ángulo original, la cuestión, siempre inquietante, de qué era realidad y qué ilusión. En este estilo cubista Braque realizó sus famosos papiers collés y Picasso obras comno "El jugador de cartas" o "Naturaleza muerta verde".
Manifiesto Cubista.
Guillaume Apollinaire. 1913
Los orígenes del movimiento cubista cabe situarlos en 1907, fecha en la que Picasso pintó su famoso cuadro Las señoritas de Avignon, así como en la exposición antológica que se celebró en Paris a honor de Paul Cézzane, muerto un año antes.
A Guillaume Apollinaire se le debe la primera clasificación de los distintos tipos de Cubismo tras la publicación en 1913 de Méditations esthétiques. Les peintres cubistes.
La pintura cubista
I.- Las virtudes plásticas: la pureza, la unidad y la verdad tienen bajo si a la naturaleza domada.
Inútilmente se cubre el arco iris, las estaciones tiemblan, las muchedumbres corren hacia la muerte, la ciencia deshace y recompone lo que existe, los mundos se alejan para siempre de nuestra concepción, nuestras fugaces imágenes se repiten o resucitan su inconsciencia y los colores, los olores, los rumores que impresionan nuestros sentidos nos sorprenden, para desaparecer después en la naturaleza.
Este fenómeno de belleza no es eterno. Sabemos que nuestro espíritu no tuvo principio y que nunca cesará, pero, ante todo, nos formamos el concepto de la creación y del fin del mundo. Sin embargo, dema-siados artistas-pintores siguen adorando las plantas, las piedra, la ola o los hombres. Nos acostumbramos pronto a la esclavitud del misterio, que termina por crear dulces placeres. Dejamos a los obreros gobernar el universo, y los jardineros tienen menos respeto por la naturaleza que los artistas. Ya es hora de ser sus amos.
La buena voluntad no garantiza en absoluto la victoria.
De este lado de la eternidad danzan las mortales formas del amor y el nombre de la naturaleza resume su pésima disciplina.
La llama es el símbolo de la pintura y las tres virtudes clásicas flamean radiantes (la pureza, la unidad y la verdad) . La llama tiene esa unidad mágica por la cual, si se la divide, cada llamita es semejante a la llama única. Finalmente, tiene la verdad sublime de la luz que nadie puede negra.
Los artistas-pintores virtuosos de esta época occidental consideran su pureza en oposición a las fuerzas naturales. Ella es el olvido después del estudio.
Y para que un artista puro muriera no deberían haber existido todos los de los siglos pasados. La pintura se purifica en occidente con aquella lógica ideal que los pintores antiguos transmitieron a los nuevos como si les diesen la vida. Y esto es todo. El hombre vive en el placer, otro en el dolor, algunos malbaratan la herencia, otros se hacen ricos, y otros, finalmente, no tienen mas que la vida. Y esto es todo.
No se pueden llevar consigo a todas partes el cadáver de nuestro propio padre. Se le abandona en compañía de los muertos. Se le recuerda, se le llora, se habla de él con admiración. Y, si nos toca llegar a ser padres, no debemos esperar que uno de nuestros hijos vaya a desdoblarse por la vida de nuestro cadáver. Pero en vano nuestros pies se levantan del suelo que guarda los muertos. Estimar la pureza es bautizar el instinto, humanizar el arte y divinizar la personalidad.
La raíz, si el tallo, la flor de lis muestran la progresión de la pureza hasta su floración simbólica. Todos los cuerpos son iguales ante la luz y sus modificaciones surgen de este poder luminoso que construye a su voluntad. Nosotros no conocemos todos los colores y cada hombre los inventa nuevos. Pero el pintor debe, ante todo, representarse su divinidad, y los cuadros que ofrece a la admiración de los hombres le concederán la gloria de ejercer momentáneamente su propia divinidad.
Para eso es necesario abarcar con una mirada el pasado, el presente y el futuro. El lienzo debe presentar esta unidad esencial que por si sola provoca el éxtasis. Entonces nada fugitivo nos arrastrara al azar. No volveremos atrás bruscamente. Libres espectadores, no abandonaremos nuestra vida por nuestra curiosidad.
Los contrabandistas de las formas no defraudaran nuestras estatuas de sal ante la aduana de la razón.
No vagaremos por el provenir desconocido, que, separado de la eternidad, no es mas que una palabra destinada a tentar al hombre. No nos extenuaremos por aferrar el presente demasiado fugaz. Este no puede significar para el artista mas que la mascara de la muerte: la moda.
El cuadro existirá ineluctablemente. La visión será entera, completa y su infinito, en lugar de señalar una imperfección, solo hará remontarse la relación de una nueva criatura con un nuevo creador, y nada mas.
Sin lo cual no habrá unidad, y las relaciones entre los distintos puntos del lienzo con diferentes temperamentos, con diferentes objetos, con diferentes luces, no mostraran mas que una multiplicidad de desemejanzas sin armonía. Porque si puede haber un número infinito de criaturas que testimonia cada una por su propio creador, sin que ninguna ocupe el espacio de las que coexisten, es imposible concebirlas simultáneamente y su muerte proviene de su superposición, de su mezcolanza, de su amor. Cada divinidad crea su propia imagen: así también los pintores. Sólo los fotógrafos fabrican la reproducción de la naturaleza.
La pureza y la unidad nada cuentan sin la verdad que no se puede comparar con la realidad, ya que siempre es la misma, al margen de todas las fuerzas naturales que se esfuerzan por mantenernos en el orden fatal en el que no somos mas que animales.
Los artistas son hombres que quieren hacerse inhumanos. Buscan penosamente las huellas de la inhumanidad, huellas que no se encuentran en ningún lugar en la naturaleza. Pero nunca se descubrirá la realidad de una vez para siempre. La verdad será siempre nueva. Si no, no seria mas que un sistema mas mísero que la naturaleza. En este caso, la deplorable verdad, cada día mas lejana, menos clara, menos real, reduciría la pintura al estado de escritura plástica, destinada solamente a facilitar las relaciones entre gentes de la misma raza.
Hoy encontraremos pronto la maquina para reproducir tales signos, sin significado. Muchos pintores nuevos no pintan mas que cuadros en los que no hay un auténtico tema.
Los títulos que hay en los catálogos desempeñan la función de los nombres que designan a los hombres sin caracterizarlos. Así como existen Legros (“Elgordo”) que son delgadísimos, y Leblonds (“Elrrubio”) que son muy morenos, he visto lienzos llamados Soledad llenos de figuras.
En estos casos aun se admite, a veces, usar palabras vagamente significativas como "Retrato" "Paisaje" "Naturaleza Muerta", pero muchos jóvenes artistas-pintores no emplean mas que el vocablo genérico de "Pintura".
Estos pintores, si observan la naturaleza, ya no la imitan y se dedican cuidadosamente a la represen-tación de las escenas naturales observadas y reconstruidas mediante el estudio. La verosimilitud no tiene ya ningún valor, porque el artista lo sacrifica todo a la verdad, a la necesidad de una naturaleza superior que el imagina sin descubrirla. El tema ya no cuenta, o apenas cuenta. En general, el arte moderno rechaza la mayor parte de los medios empleados por los grandes artistas pasados para agradar.
Si el fin de la pintura es siempre, como lo fue en un tiempo, el placer de la vista, ahora se pide al amante del arte que encuentre un placer diverso del que le puede procurar, igualmente bien, el espectáculo de las cosas naturales.
Nos encaminamos así hacia un arte completamente nuevo que será para la pintura, tal como fue considerada hasta ahora, lo que la música es para la literatura. Será pintura pura, como la música es literatura pura.
El aficionado a la música experimenta, al escuchar un concierto, una alegría distinta de cuando escucha los ruidos naturales, como el murmullo de un arroyuelo, el mugido de un torrente, el silbido del viento en el bosque o las armonías del lenguaje humano fundadas en la razón y no en la estética.
Del mismo modo, los pintores nuevos procuraran a sus admiradores sensaciones artísticas debidas únicamente a la armonía de las luces contrastantes. Es conocida la anécdota de Apeles y Protógenes que nos relata Plinio.
II.- Muestra claramente el placer estético que resulta solo de esta construcción contrastante de la que he hablado. Apeles llega un día a la isla de Rodas para ver los trabajos de Protógenes, que vivía allí. Este no estaba en su taller cuando Apeles llegó. Una vieja cuidaba una tela lista para ser pintada. Apeles, en lugar de escribir su nombre, trazo sobre la tela una línea tan delicada como jamás podía verse algo mas logrado. A su regreso, Protógenes la vio y reconoció la mano de Apeles y trazo sobre ella otra línea de distinto color y mas fina, de modo que parecían tres. Apeles regreso al día siguiente sin hallar al que buscaba, y la finura de la línea que trazo hizo desesperar a Protógenes. Aquella pintura provoco por mucho tiempo la admiración de los entendidos, que la admiraban con tanto placer como si, en lugar de mostrar unos trazos casi invisibles, representase dioses y diosas.
Los jóvenes artistas-pintores de las escuelas de vanguardia tienen como objetivo secreto hacer pintura pura. Es un arte plástico completamente nuevo. Apenas está en su comienzos y todavía no es tan abstracto como querría ser. La mayor parte de los nuevos pintores hacen matemáticas sin conocerlas, pero aun no han abandonado la naturaleza que interrogan pacientemente para que les enseñe el camino de la vida.
Picasso estudia un objeto como un cirujano diseca un cadáver. Este arte puro, aun si logra liberarse completamente de la antigua pintura, no provocará necesariamente su desaparición, como el desarrollo de la música no ha provocado la desaparición de los distintos géneros literarios; como la aspereza del tabaco no ha sustituido el sabor de los alimentos.
III.- A los nuevos artistas-pintores se les han reprochado vivamente sus preocupaciones geométricas. Sin embargo, las figuras de la geometría son la base del dibujo. La geometría, ciencia que tiene por objeto el espacio, su medida y sus relaciones, fue en todo tiempo la regla misma de la pintura. Hasta ahora las tres dimensiones euclidianas bastaban a las inquietudes que el sentimiento de lo infinito despierto en el animo de los grandes artistas.
Ciertamente, los nuevos pintores no se proponen, en mayor medida que los antiguos, ser geómetras. Pero se puede decir que la geometría es a las artes plásticas lo que la gramática es al arte del escritor.
Hoy los sabios ya no se atienen a las tres dimensiones de la geometría euclidiana. Los pintores se han visto llevados naturalmente, y, por así decirlo, intuitivamente, a preocuparse por nuevas medidas posibles del espacio que, en el lenguaje figurativo de los modernos se indican todas juntas brevemente con el termino de cuarta dimensión.
Así, tal como se ofrece al espíritu, desde el punto de vista plástico, la cuarta dimensión seria generada por las tres dimensiones conocidas: ella representa la inmensidad del espacio eternizándose en todas las dimensiones en un momento determinado. Es el espacio mismo, la dimensión de lo infinito, y da plasticidad a los objetos. les da en la obra las justas proporciones, mientras que en el arte griego, por ejemplo, un ritmo en cierto sentido mecánico las destruye sin tregua.
El arte griego tenia una concepción puramente humana de la belleza. Consideraba al hombre como medida de la perfección. El arte de los nuevos pintores considera al universo infinito como ideal y a este ideal se debe la nueva medida de la perfección, que permite al artista-pintor se debe la nueva medida de la perfección, que permite al artista-pintor, dar al objeto proporciones conformes al grado de plasticidad a que el quiera llevarlo. Nietzche había adivinado la posibilidad de un arte semejante."'¡Oh, divino Dionisos! ¿Por que me tiras de las orejas? -pregunta Ariadna a su filosófico amante en uno de los celebres diálogos en la Isla de Naxos-. En tus orejas veo algo agradable, Ariadna; ¿Por que no las tienes mas largas todavía?":Cuando Nietzsche refiere esta anécdota, hace, en boca de Dionisos, el proceso al arte griego.
Añadamos que esta abstracción, "la cuarta dimensión", no ha sido mas que la manifestación de las aspiraciones, de las inquietudes de un gran numero de jóvenes artistas que se interesaron por las esculturas egipcias, negras y oceánicas, y meditaron obras científicas con las esperanzas puestas en un arte sublime; hoy ya no se da esta expresión utópica, que había que poner de relieve y explicar sino un interés en cierto modo histórico.
IV.- Al querer alcanzar proporciones ideales, no contentándose con las humanas, los jóvenes pintores nos ofrecen obras mas cerebrales que sensuales. Cada vez se alejan mas del antiguo arte de ilusiones ópticas y de proporciones locales para expresar la grandeza de las formas metafísicas. Por esto, el arte actual, aun no siendo la emanación directa de creencias religiosas determinadas, presenta muchos caracteres del gran arte, es decir, del arte religioso.
V.- Los grandes poetas y los grandes artistas tienen la misión social de renovar sin tregua las apariencias que reviste la naturaleza a los ojos de los hombres. Sin los poetas y los artistas, los hombres se aburrirían pronto de la monotonía natural. La idea sublime que tienen del universo se derrumbaría con una rapidez vertiginosa. El orden que aparece en la naturaleza, y que no es mas que efecto del arte, se desvanecería rápidamente. Todo se desharía en el caos. Ya no habría ni estaciones, ni civilización, ni pensamiento, ni humanidad, ni siquiera vida, y la imponente oscuridad reinaría para siempre.
Los poetas y los artistas determinan, de común acuerdo, el carácter de su época, y el provenir se conforma dócilmente a su idea.(Actuarían, tal vez como Demiurgos, como Prometeo... como un complot de estetas para embelesar al resto de los mortales y así “dignificar su existencia pueril y denigrada... casualmente Marx y los mentores socialistas pretendían lo mismo de una nueva estructuración social... con los mismos ardientes ideales... descastando a los sacerdotes y ocupando ellos su lugar... desvistiendo un muñeco para vestir a otro, ¡Oh, casualidad... después se asustaron de los nacional-socialistas!) La estructura general de una armonía es semejante a las figuras trazadas por los artistas egipcios y, sin embargo, estos eran muy distintos los unos de los otros. Pero se conformaron al arte de su época. El carácter propio del arte, la nueva función social es crear esta ilusión: el tipo.
¡Sólo Dios sabe cuanto se han burlado de los cuadros de Manet y de Renoir! Pues bien, basta echar un vistazo a las fotografías de la época para darse cuenta de que personas y cosas se conforman totalmente a las imágenes de estos pintores. Esta ilusión me parece totalmente natural, ya que las obras de arte son lo mas rotundo que produce una época desde el punto de vista de la forma. (No aceptan los nuevos paradigmas del arte pero si lo hacen por parte de la ciencia, por marketing, por status, por conveniencia... cuando dicen “¡esto es asqueroso... es un espanto... es horrible!”... y se asombra de los cazabombarderos, y envidia a personajes como Bill Gates, Eisenhauer, Claudia Schifer, Mao Tsé Tung, Fidel Castro, Richard Nixon, Angeloz, Duhalde, Menem, que lejos han infringido ilusiones de sórdido contenido )
Esta energía se impone a los hombres y es para ellos la medida plástica de una época. Así, los que se burlan de los nuevos pintores, se mofan de la propia figura, ya que la humanidad del futuro se figurará la humanidad de hoy según la representación que los artistas del arte mas vivo, es decir mas nuevo, hayan dejado de ella. No me digáis que hay hoy pintores en los que la humanidad puede reconocerse pintada a su imagen. Todas las obras de arte de una época acaban por parecerse a las obras de arte mas vigorosas, mas expresivas, mas típicas. Las muñecas nacieron de un arte popular y siempre parecen inspirarse en las obras de un gran parte de la misma época. Es una verdad fácil de comprobar. Y, sin embargo, ¿quien se atrevería a decir que las muñecas que se vendían en las tiendas hacia el 1880 se fabricaron con un sentimiento análogo al de Renoir cuando pintaba sus retratos? Entonces nadie se daba cuenta de ello. Sin embargo, esto significa que el arte de Renoir era lo bastante vigoroso, lo bastante vital para imponerse a nuestros sentidos, mientras que al gran publico de la época en que el comenzaba sus concepciones estas le parecían otros tantos absurdos y locuras.
VI.- Se ha considerado a veces, y en particular a propósito de los artistas-pintores mas recientes, la posibilidad de una mistificación o de un error colectivo. Ahora bien, no se conoce en toda la historia del arte una sola mistificación y ni siquiera un error artístico que se hayan generalizado. Hay ejemplos aislados de mistificación y de error, pero los elementos convencionales de que se componen en gran parte las obras de arte nos garantizan que no pueden darse casos colectivos. Si la nueva escuela de pintura nos presentase uno, seria un acontecimiento tan extraordinario que habría que considerarlo un milagro. Concebir un caso de este tipo seria como pensar que en una nación todos los niños nacieran, de repente, sin cabeza, sin una pierna o sin un brazo, concepción evidentemente absurda. No hay errores ni mistificaciones colectivas en el arte; no hay mas que diversas épocas y diversas escuelas artísticas. Si el fin que cada una de ellas persigue no es igualmente elevado, igualmente puro, todas son del mismo modo respetables, y, según las ideas que nos hagamos de la belleza, toda escuela de arte es sumamente admirada, despreciada y nuevamente admirada.
VII.- La moderna escuela de pintura lleva el nombre de cubismo. Le fue dado despectivamente en el otoño de 1908 por Henri Matisse, que acababa de ver un cuadro con casas, cuya apariencia cúbica le habría impresionado fuertemente. Esta nueva estética se fue elaborando primeramente en el espíritu de Andre Derain, pero las obras mas importantes y mas audaces que produjo fueron las de un gran artista al que también hay que considerar como un fundador: Pablo Picasso. Sus invenciones, apoyadas por el buen sentido de Georges Braque, que expuso en 1908, un cuadro cubista en el Salón de los Independientes, se hallaron formuladas en los estudios de Jean Metzinger, que expuso el primer retrato cubista (el mío) en el Salón de los Independientes de 1910, y que, además hizo admitir ese mismo año obras cubistas por el Jurado del Salón de Otoño. También en 1910, aparecieron en los Independientes cuadros de Robert Delaunay, de Marie Laurencin y de Le Fauconnier, que correspondían a la misma escuela. La primera exposición colectiva del cubismo, cuyos seguidores eran cada vez mas numerosos, tuvo lugar en 1911, en los Independientes, donde la Sala 41, reservada a los cubistas provoco una profunda impresión. Allí se podían ver obras sabias y sugestivas de Jean Metzinger, paisajes, el hombre desnudo y la mujer de los flocs, de Albert Gleizes; el Retrato de Madame Fernande X y las Muchachas, de Marie Laurencin; La torre, de Robert Delaunay, La abundancia, de Le Fauconnier, y los Desnudos en un paisaje, de Fernand Leger. La primera manifestación de los cubistas en el extranjero tuvo lugar en Bruselas ese mismo año; en el prologo al catalogo de aquella exposición yo acepte, en nombre de los expositores, los términos cubismo y cubista. A finales de 1911, la Exposición de los cubistas en el Salón de Otoño tuvo una gran repercusión; no se escatimaron las burlas ni a Gleizes (La caza, Retrato de Jacque Nayral), ni a Metzinger (La mujer de la cuchara), ni a Fernand Leger. A estos artistas se había unido otro pintor, Marcel Duchamp y un escultor-arquitecto, Duchampo-Villon. Se celebraron otras exposiciones colectivas en noviembre de 1911 en la Galería de Arte Contemporáneo, rue Tronchet de Paris; en 1912, en el Salón de los Independientes, a la que se sumo Juan Gris; en mayo, en España, donde Barcelona acoge con entusiasmo a los jóvenes franceses; finalmente, en junio, en Ruan, una exposición organizada por la Sociedad de Artistas Normandos, y que hay que recordar por la adhesión de Francis Picabia a la nueva escuela. El cubismo se diferencia de la antigua pintura porque no es arte de imitación, sino de pensamiento que tiende a elevarse hasta la creación. Al representar la realidad -concebida o la realidad-creada, el pintor puede dar la apariencia de las tres dimensiones, puede, en cierto modo, cubicar. No podría hacerlo si ofreciera simplemente la realidad-vista, a menos de simularla en escorzo o en perspectiva, lo que deformaría la cualidad de la forma concebida o creada. Cuatro tendencias se han manifestado actualmente en el cubismo tal como yo lo he analizado. Dos de ellas son paralelas y puras. El cubismo científico es una de las tendencias puras. Es el arte de pintar composiciones nuevas con elementos tomados, no de la realidad visual, sino de la realidad del conocimiento. Todo hombre tiene el sentido de esta realidad interior. No es preciso ser culto para concebir, por ejemplo, una forma redonda. El aspecto geométrico que tan vivamente impresionó a quienes vieron las primeras telas científicas derivaba del hecho de que la realidad esencial se ofrecía en ellos con gran pureza y se eliminaba totalmente el elemento visual y anecdótico. Los pintores que pertenecen a esta tendencia son: Picasso, cuyo arte luminoso se relaciona también con la otra corriente pura del cubismo; Georges Braque, Metzinger, Albert Gleizes, la señorita Laurencin y Juan Gris.El cubismo físico, que es el arte de pintar composiciones con elementos extraídos en su mayor parte de la realidad virtual. Sin embargo, este arte depende del cubismo en su disciplina constructiva. Tiene un gran porvenir como pintura de historia. Su función social esta bien delineada, pero no es arte puro. En el se confunde el tema con las imágenes. El pintor físico que creo esa tendencia es le Fauconnier. El cubismo órfico es la otra importante tendencia de la pintura moderna. Es el arte de pintar composiciones nuevas con elementos no tomados de la realidad visual, sino enteramente creados por el artista y dotados por el de una poderosa realidad. Las obras de los artistas órficos deben ofrecer simultáneamente un placer estético puro, una construcción que impresione los sentidos y un significado sublime, es decir, el tema. Es arte puro. La luz de las obras de Picasso contiene este arte, que, por su parte, Robert Delaunay inventa y al que tienden también Fernand Leger, Francis Picabia y Marcel Duchamp. El cubismo instintivo, arte de pintar nuevos cuadros, inspirados no en al realidad visual, sino en la sugerida por el artista por el instinto y por la intuición, tiende, desde hace bastante tiempo, al orfismo. A los artistas instintivos les falta lucidez y un credo artístico; el cubismo abarca un gran numero de ellos. Nacido del impresionismo francés, este movimiento se difunde actualmente por toda Europa. Los últimos cuadros de Cezanne y sus acuarelas se relacionan con el cubismo, pero Courbet es el padre de los nuevos pintores y Andre Derain, del cual volveré a hablar un día, fue el mayor de sus hijos predilectos, ya que lo encontramos en el origen del movimiento de los fauves, que fue una especie de preludio del cubismo, y también en el origen de este gran movimiento subjetivo; pero seria demasiado difícil escribir bien ahora de un hombre que, voluntariamente, se mantiene al margen de todo y de todos. Creo que la moderna escuela de pintura es la mas audaz que nunca haya existido. He planteado el problema de la belleza en si. Quiere imaginarse lo bello liberado del placer que el hombre procura al hombre, y desde el comienzo de los tiempos históricos ningún artista europeo se había atrevido a ello. Los nuevos artistas quieren una belleza ideal que ya no sea solo expresión orgullosa de la especie, sino expresión del universo, en la medida en que este se ha humanizado en la luz. El arte contemporáneo reviste sus creaciones de una apariencia grandiosa, monumental, que supera en este sentido a todo lo que había sido concebido por los artistas de nuestro tiempo. Ardiente en la búsqueda de la belleza es noble y enérgico, y la realidad que nos descubre es maravillosamente clara. Amo el arte contemporáneo porque amo, sobre todo, la luz; todos los hombres la aman por encima de todas las cosas: por ello inventaron el fuego.
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Guillaume Apollinaire.
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El Cubismo
El nombre cubismo fue acuñado por vez primera por el crítico de arte francés Louis Vauxcelles, al referirse a los paisajes de Georges Braque expuestos en la galería parisiense Kahnweiler en 1908.
El origen de este movimiento artistico está basado, según los estudiosos, en dos fuentes muy distintas: por una parte, el impacto que causó en los círculos artísticos de París la escultura primitiva africana, y por otra, la influencia del pintor francés Paul Cézanne y su tendencia a reducir los volúmenes de los objetos reales a elementos esenciales como el cilindro, el cubo y la esfera. A estos antecedentes hay que añadir la reacción contra el fauvismo, tendencia pictórica en la que el estallido del color era uno de los aspectos más sobresalientes.
Los creadores que iniciaron las experimentaciones cubistas fueron Pablo Picasso y Georges Braque.
Picasso y Braque
El primer cuadro cubista pintado por Picasso en 1907, fue "Las señoritas de Aviñón". Las figuras femeninas representadas en este lienzo están singularmente tratadas. Son formas planas, cuyas siluetas aparecen como fracturadas, y los trazos que las delimitan son siempre rectilíneos y angulares. Al mismo tiempo se acomete el intento de representar, a la vez, un rostro humano de frente y de perfil.
Simultáneamente a las investigaciones desarrolladas por Picasso, Braque había realizado una serie de paisajes de l'Estaque, caracterizados por la escasez de colorido y un volumen facetado, a base de planos inclinados, que se presentaron en París en la exposición que dio origen a la denominación: cubismo.
Características
El estilo cubista reclamó una pintura plana, bidimensional, opuesta a las técnicas tradicionales de la perspectiva y el claroscuro. Rechazó, asimismo la antigua teoría, mantenida y seguida durante siglos, de que el arte era una imitación de la naturaleza. Quizá por esto, aunque inicialmente los pintores cubistas tomaron como modelos los temas de la naturaleza, y representaron rostros y figuras humanas, pronto centraron su temática en naturalezas muertas que eran composiciones formadas con objetos usuales, agrupados casi siempre sobre una mesa, que carecían de profundidad, y en los que todos los elementos ocupaban el primer plano, gracias a una descomposición en facetas.
Entre los años 1910 y 1912 el cubismo pasó de una fase previa de experimentación a otra más madura. En los inicios de este movimiento tuvo también gran importancia el marchante Daniel Kahnweiler, cuya galería se convirtió en el centro de difusión del cubismo. Por otra parte, la teoría acerca del movimiento cubista iba tomando forma en las reuniones en el edificio Beteau-Lavoir, donde vivían Picasso, Juan Gris (seudónimo de José Victoriano González) y el escritor francés Max Jacob. Asistentes asiduos a las reuniones del grupo eran también el francés Henri Matisse y Diego Rivera, que sería uno de los principales pintores muralistas mexicanos, así como los escritores franceses Jean Cocteau y Guillaume Apollinaire. Fue precisamente este último quien en mayor medida contribuyó, con textos como el "Les Peintres cubistes" en 1913, a elaborar la estética sustentadora del movimiento cubista.
Desarrollos del cubismo:
Además de los dos grandes maestros mencionados, hubo otra serie de artistas que realizaron un cubismo cercano al de Picasso o Braque, pero con toques personales, como Juan Gris y los pintores franceses Ferdinand Léger, Albert Gleizes y Jean Metzinger.
Cuando esta estética se difundió por toda Europa, aparecieron una serie de grupos o tendencias con sus propias características: el cubismo órfico, del francés Robert Delaunay, que daba una gran importancia al color y empleaba elementos compositivos inventados por el artista; el grupo de Puteaux, con el también francés Marcel Duchamp, que aportó un cubismo dinámico y muy intelectual; el neoplasticismo del holandés Piet Mondrian, el suprematismo ruso de Kasimir Malievich, el constructivismo escultórico de su compatriota Vladimir Tatlin; el purismo, estética racional y geométrica impulsada por dos franceses Amadée Ozenfant y Charles-Edouard Jeanneret. Este último, de origen suizo y llamado Le Corbusier, aplicó luego sus principios a la arquitectura.
Se puede decir que con la guerra de 1914, el cubismo, que había tenido una vida intensa desde 1907, se desintegró como vanguardia artística, aunque su influencia fue enorme a lo largo del siglo XX. De hecho, la mayor parte de los pintores citados ejerció un decisivo impulso en el desarrollo de la abstracción geométrica.
Se puede decir que, con la guerra de 1914, el cubismo, que había tenido una vida intensa desde 1907, se desintegró como vanguardia artística, aunque su influencia fue enorme a lo largo del siglo XX. De hecho, la mayor parte de los pintores citados ejercieron un decisivo impulso en el desarrollo de la abstracción geométrica.
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Picasso, Dalí y Miró en su contexto artístico
Picasso, Dalí y Miró son los pintores españoles más importantes del siglo XX y tres de los pintores fundamentales de la historia del arte occidental.
Picasso y el cubismo
El cubismo es el movimiento más significativo y transcendente de la historia de la pintura occidental desde el Renacimiento. Sus planteamientos son totalmente inéditos en el arte. Crea un nuevo lenguaje pictórico y estético que implica una nueva relación entre el espectador y la obra de arte.
En el cubismo no es el color, sino la línea la que crea la figura y compone el cuadro. Sus obras no son producto de la casualidad sino de un proceso de creación meditado y consciente. El cubismo se pregunta por los problemas del volumen y del espacio. Se preocupa por la representación del movimiento y por lo tanto del tiempo: de la cuarta dimensión. El color ceniza, el blanco y el negro, ayudan a la reconstrucción del cuadro.
Etapas del cubismo
El cubismo cezaniano se caracteriza por sus formas identificables, que son reducidas a formas geométricas puras.
El cubismo analítico se caracteriza por la descomposición de la forma y de las figuras en múltiples partes, todas ellas geométricas. Es la auténtica la estética cubista, la creadora del nuevo lenguaje.
El cubismo sintético se caracteriza por potenciar las partes más significativas de la figura, reduciéndola a sus formas geométricas más puras. No es un cubismo simplificador pero sí de más fácil lectura. Tras la época clásica del cubismo aparecen tres escuelas: la Sección Áurea, que pretenderá llevar las matemáticas a la pintura; el orfismo es el cubismo colorista, un tanto evocador de sueños extraños; y el purismo que reaccionó contra los excesos y vuelven a las formas simples y analíticas. Del cubismo surge una nueva técnica pictórica, el colage, al pegar en los cuadro trozos de realidad, lo que facilita su lectura.
Pablo Ruiz Picasso: vida y obra
Nace en 1881 en Málaga. En 1895 se traslada a Barcelona, donde puede estudiar en la Escuela de Bellas Artes.
Picasso es un pintor precoz. Hacia 1900 era considerado como un pintor de estilo realista español. Ciencia y caridad. En 1900 se traslada a París, que es la capital mundial del arte, y descubre el posimpresionismo.
La época azul
La época azul dura unos cuatro años, de 1900 a 1904 y se desarrolla entre Barcelona y París. Viejo con guitarra, Arlequín pensativo, Miserables ante el mar.
Esta es una época que ya marca su personalidad como pintor, y es perfectamente identificable su estilo: realismo, intimismo y melancolía, que presiden sus cuadros. Sus motivos son gente pobre y marginal: ciegos, locos, prostitutas.
La época rosa
En 1904 se instala definitivamente en París. La época rosa dura unos dos años, de 1094 a 1906. En este período predominan los colores rosa y azul. Los temas son más alegres: saltimbanquis, payasos, acróbatas, arlequines y desnudos femeninos. El abrazo, La hija de Fredé, Adolescentes y La señora de Canals, pintado en 1906 con su primera máscara sobre el lienzo.
El cubismo
Esta es la etapa más importante del arte de Picasso, y la más transcendente. Comienza en 1906 y termina, oficialmente, en 1921.
Las señoritas de Aviñón
En 1906 pinta Las señoritas de Aviñón. Plasma la profunda impresión que le produjo el arte ibérico expuesto en París. La sencillez de trazos, los desnudos, las máscaras negroides, todo remite a un arte primitivo pero que ha sido leído y expuesto de tal forma que implica una absoluta modernidad.
La radical modernidad de este cuadro es su descarada agresión al naturalismo. Todas las convenciones literales, y todos los detalles, han desaparecido después de un largo trabajo de composición. Es un paso decisivo: de la imitación de la realidad a su interpretación con un lenguaje exclusivamente pictórico.
El cubismo analítico
Picasso continúa investigando en las propiedades de las formas más elementales. Los elementos de las figuras se descomponen en formas geométricas cada vez más pequeñas.
En Cabeza de mujer los planos se descomponen hasta el infinito y desde todos los puntos de vista. En La mujer en camisa se puede observar el grado de geometrización: el triángulo de la cara, las curvas ondulantes en el cuerpo y en el pelo, todo ello pura geometría.
En 1911 comienza a pintar cuadros con formato oval, con lo que se rompe una convención más. Con el formato cuadrado las figuras parecen estar en un espacio, con el oval están sólo sobre la tela: El aficionado.
El cubismo sintético
En 1913 Picasso hace otra aportación genial a la pintura: el colage. Comienza a incluir en sus cuadros trozos de realidad, periódicos, revistas, maderas, tela, etc. Hombre con sombrero, Naturaleza muerta con una silla de rejilla.
En el cubismo sintético las formas son más reconocibles, pero se ha llegado a una absoluta objetividad de la obra de arte. Se pueden crear objetos artísticos salidos de la imaginación. Mujer en la butaca, La muchacha de la pelliza, Viva Francia, Cabeza.
1937: El Guernica
El Guernica es, probablemente, la obra cumbre de Picasso, y es una referencia obligada del arte y la cultura occidental.
En el Guernica no hay un sólo personaje varón que pueda considerarse de carne y hueso, lo que hay en el suelo es una estatua. Se multiplican por cuatro las mujeres, y hay un niño muerto. Está la madre desesperada por la muerte de su hijo, una mujer desgarrada, una incendiada y otra perpleja. Encontramos el símbolo de la feminidad apuntando a la luz que entra por la ventana. El caballo desbocado es la guerra, que lleva un obús en la boca. Las casas arden en el interior, lo que es una agresión a la intimidad. La esperanza surge de una flor que crece desde la espada rota que hay en el suelo. Todo el cuadro es un desarrollo expresivo del horror. Expresa el horror de la guerra por encima del drama de España.
Picasso seguirá trabajando hasta su muerte en 1973. Lo más significativo de este periodo es su reinterpretación de grandes cuadros clásicos: Las meninas.
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Cubismo
La historia del cubismo como un movimiento empieza en 1907 con las Señoritas de la calle Aviñón, de Picasso. Las novedades introducidas por Picasso y por Braque, sólo eran la expresión pictórica de una transformación global. Numerosos conceptos habían sido investigados por la ciencia y dejaban atrás teorías aceptadas desde la época de Newton. Las nuevas aportaciones científicas iban a revolucionar el mundo y por supuesto la pintura, que de forma casi clarividente, es una de las primeras disciplinas artísticas en hacerse eco de ello, de cuestiones tan importantes como los nuevos conceptos del tiempo, del espacio, de la energía…
El cubismo evolucionó y se terminó desembarazando del trance que le había supuesto la tradición pictórica y empezó a componer una realidad, artística en su caso, pero nueva, distinta, real e independiente del mundo y de lo anterior.
El análisis que hace el cubismo de la realidad (mejor dicho, de la que autocrea) se basa en las geometrías, en la austeridad cromática, en las diferentes inspiraciones en modelos primitivos o en otras estéticas, orientalizantes o africanas, en el uso del collage, en la multiplicidad de puntos de vista y planos. El fin del cubismo es que el espectador entienda que se encuentra delante de algo diferente, ante una realidad nueva, que no existía y que ha sido creada.
Por ello, el cubismo es uno de los primeros movimientos de la vanguardia estrictamente moderno, pues rompe con lo anterior, con lo académico, con la visión renacentista y con la perspectiva habitual. Rompe con el objeto.
Por ejemplo, la perspectiva es tan solo un postulado que derivaba de las geometrías euclídeas pero no debe de ser definitivo ni el único modo posible de representar la realidad. Los estudios sobre óptica y física, la fotografía y el cine habían generado una nueva forma de ver, nuevas maneras de percibir una narración que aportaría nuevas ideas en el campo de las artes plásticas.
Los pintores del impresionismo habían sido los primeros en proponer que el objeto no tiene importancia y que la pintura y la representación plástica posee unas leyes propias, que se deben investigar y experimentar como cualquier otra disciplina. Además habían expresado que el tema no importaba. Tomando esa línea el cubismo además dinamita la idea la unidad del objeto, del tiempo y del espacio, generando una obra de arte múltiple, sin tema, sin objetos reconocibles pero inmersos dentro de un universo de relaciones espaciales y visuales. La realidad, antes perceptible en el arte, se desestructura.
El cubismo protagoniza la primera alternativa radical a la pintura tradicional. Por estar inmerso en buscar nuevos lenguajes pictóricos, fue un movimiento sin afán provocador, lo que lo diferencia de los movimientos de vanguardia posteriores. Sin embargo fue ampliamente discutido, puesto que el público no lo entendía. Picasso diría en 1923: «El cubismo no es diferente a ninguna otra escuela de pintura. Los mismos principios y elementos son comunes a todas ellas. El hecho que durante mucho tiempo el cubismo no haya sido comprendido y que aún hoy haya gente que no vea nada en él, no significa nada. Yo no entiendo inglés, y por lo tanto un libro en inglés para mí, es un libro en blanco. Esto no significa que el idioma inglés no exista. ¿Por qué culpar a nadie más que a mí mismo si no puedo entender algo de lo que no sé nada?»
Apollinaire publica en 1913 un manifiesto que se convirtió en la referencia teórica del grupo. Decía que Picasso estudiaba el objeto como un cirujano diseca un cadáver.
Moholy-Nagy establece el decálogo de novedades aportadas por el nuevo código de expresión:
1. Distorsión.
2. Giro de los objetos.
3. Cortes: el empleo de las partes en lugar del total.
4. Desplazamiento: dislocamiento de las partes. Refracción de líneas y ruptura de líneas continuas.
5. Superposición de distintas vistas de los objetos.
6. Introducción de líneas geométricas exactas, rectas y curvas.
7. Cambio de líneas o planos positivo-negativos.
8. Múltiples formas en una. Pluralismo. Un contorno se refiere a varias formas.
9. Objetos: tipos de imprenta, sobres, mesa, pata de mesa, guitarra, violín, fruta, frutero, copa, botella, caja, pájaro muerto, pez, panel, naipe, pipa, envoltorio de tabaco (la atmósfera traducida por estos objetos es la de un café de París).
10. Materiales y técnicas para el tratamiento de la superficie: cartón corrugado, papel para pared, mármol, madera fibrosa, arena, tipografía de periódicos, polvo de mármol, alambre tejido, peinado, enredado y raspado de pigmento.
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El Cubismo
El nombre cubismo fue acuñado por vez primera por el crítico de arte francés Louis Vauxcelles, al referirse a los paisajes de Georges Braque expuestos en la galería parisiense Kahnweiler en 1908.
El origen de este movimiento artístico está basado, según los estudiosos, en dos fuentes muy distintas:
Por una parte, el impacto que causó en los círculos artísticos de París la escultura primitiva africana.
Y por otra, la influencia del pintor francés Paul Cézanne y su tendencia a reducir los volúmenes de los objetos reales a elementos esenciales como el cilindro, el cubo y la esfera.
A estos antecedentes hay que añadir la reacción contra el fauvismo, tendencia pictórica en la que el estallido del color era uno de los aspectos más sobresalientes.
Los creadores que iniciaron las experimentaciones cubistas fueron Pablo Picasso y Georges Braque.
Picasso y Braque
El primer cuadro cubista pintado por Picasso en 1907, fue "Las señoritas de Aviñón". Las figuras femeninas representadas en este lienzo están singularmente tratadas. Son formas planas, cuyas siluetas aparecen como fracturadas, y los trazos que las delimitan son siempre rectilíneos y angulares. Al mismo tiempo se acomete el intento de representar, a la vez, un rostro humano de frente y de perfil.
Simultáneamente a las investigaciones desarrolladas por Picasso, Braque había realizado una serie de paisajes de l'Estaque, caracterizados por la escasez de colorido y un volumen facetado, a base de planos inclinados, que se presentaron en París en la exposición que dio origen a la denominación: Cubismo.
Características
El estilo cubista reclamó una pintura plana, bidimensional, opuesta a las técnicas tradicionales de la perspectiva y el claroscuro.
Rechazó, asimismo la antigua teoría, mantenida y seguida durante siglos, de que el arte era una imitación de la naturaleza. Quizá por esto, aunque inicialmente los pintores cubistas tomaron como modelos los temas de la naturaleza, y representaron rostros y figuras humanas, pronto centraron su temática en naturalezas muertas que eran composiciones formadas con objetos usuales, agrupados casi siempre sobre una mesa, que carecían de profundidad, y en los que todos los elementos ocupaban el primer plano, gracias a una descomposición en facetas.
Entre los años 1910 y 1912 el cubismo pasó de una fase previa de experimentación a otra más madura. En los inicios de este movimiento tuvo también gran importancia el marchante Daniel Kahnweiler, cuya galería se convirtió en el centro de difusión del cubismo.
Por otra parte, la teoría acerca del movimiento cubista iba tomando forma en las reuniones en el edificio Beteau-Lavoir, donde vivían Picasso, Juan Gris (seudónimo de José Victoriano González) y el escritor francés Max Jacob. Asistentes asiduos a las reuniones del grupo eran también el francés Henri Matisse y Diego Rivera, que sería uno de los principales pintores muralistas mexicanos, así como los escritores franceses Jean Cocteau y Guillaume Apollinaire. Fue precisamente este último quien en mayor medida contribuyó, con textos como el "Les Peintres cubistes" en 1913, a elaborar la estética sustentadora del movimiento cubista.
Desarrollos del cubismo:
Además de los dos grandes maestros mencionados, hubo otra serie de artistas que realizaron un cubismo cercano al de Picasso o Braque, pero con toques personales, como Juan Gris y los pintores franceses Ferdinand Léger, Albert Gleizes y Jean Metzinger.
Cuando esta estética se difundió por toda Europa, aparecieron una serie de grupos o tendencias con sus propias características:
El cubismo órfico, del francés Robert Delaunay, que daba una gran importancia al color y empleaba elementos compositivos inventados por el artista.
El grupo de Puteaux, con el también francés Marcel Duchamp, que aportó un cubismo dinámico y muy intelectual.
El neoplasticismo del holandés Piet Mondrian.
El suprematismo ruso de Kasimir Malievich.
El constructivismo escultórico de su compatriota Vladimir Tatlin.
El purismo, estética racional y geométrica impulsada por dos franceses Amadée Ozenfant y Charles-Edouard Jeanneret (Este último, de origen suizo y llamado Le Corbusier, aplicó luego sus principios a la arquitectura).
Se puede decir que con la guerra de 1914, el cubismo, que había tenido una vida intensa desde 1907, se desintegró como vanguardia artística, aunque su influencia fue enorme a lo largo del siglo XX. De hecho, la mayor parte de los pintores citados ejerció un decisivo impulso en el desarrollo de la abstracción geométrica.
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CUBISMO
Características conceptuales
El cubismo presenta los objetos tal y como son concebidos por la mente y como existen, no como son vistos.
Existen tres etapas en el cubismo:
Cubismo primitivo (1907): representado por las señoritas de Aviñón.
Cubismo analítico (1910-1912): presenta una descomposición de objetos simples en colores ocre, verde oscuro y gris.
Cubismo sintético (1913): emplea signos plásticos que se comparan con metáforas poéticas en el aspecto pictórico tiene mucha relación con el cubismo primitivo. Se caracteriza por la ruptura de todo procedimiento imitativo.
El cubismo tuvo una gran influencia por las teorías relativistas de Albert Einstein, el cual, estableció que es imposible determinar un movimiento. Un objeto puede parecer estar quieto o moviéndose según la perspectiva desde la cual se considera.
Características en la pintura
Representa los objetos seleccionados en cubos como si fueran cristales.
Describe una naturaleza muerta por medio de una monocromía definida por claro-obscuros, sombras, etc... No recurre a perspectivas.
El cubismo
Se inicia con la obra "las señoritas de Avignon" (ver fotografía de la derecha) de Pablo Picasso. Los autores de esta corriente son austeros con el color; utilizan colores neutros, grises, marrones.
Los dos autores principales de esta corriente son Picasso y Braque.
Se renuncia a la perspectiva tradicional, a los colores reales, a ver las figuras desde el punto de vista único. Temas menos importantes que el tratamiento. Buscan figuras cotidianas: tren, automóvil. Se exalta el plano, se rescatan escenas interiores. Pintura figurativa que "destroza" las formas. Se crea al gusto del pinto, rompe con los tabúes del arte occidental, no se pinta con normas. El pintor más famoso es Picasso que pinta en 1907 "las señoritas de Avignon", en la que se elimina la profundidad y es una representación dimensional => Cubismo Puro.
Dentro del cubismo podemos distinguir dos fases: el cubismo analítico y el cubismo sintético.
Cubismo analítico: hace irreconocibles a las figuras.
Braque, "el portugués", superpone planos geométricos, colores oscuros.
Después se hacen cuadros con recortes periodísticos => Colas.
Cubismo sintético: planos más amplios, representa al objeto, con imágenes únicas.
"De un cilindro hago una botella", decía el pintor español Juan Gris, quien, junto con otro compatriota, Pablo Picasso, y un francés, Georges Braque, fue uno de los exponentes más destacados del cubismo, movimiento artístico del primer cuarto del siglo XX que, con su descomposición de la figura y su renuncia a la perspectiva tradicional, revolucionó al mundo de la pintura.
El nombre del cubismo fue acuñado por primera vez por el crítico de arte francés Louis Vauxcelles al referirse a los paisajes de Breque expuestos en la galería parisiense Kahnweiler en 1908.
Proceso de formación
Se ha situado el origen de este movimiento en dos fuentes muy distintas: de una parte, el impacto que causó en círculos artísticos de París la escultura primitiva africana - y, en opinión de muchos críticos, la ibérica - , de otra , la influencia del pintor francés Paul Cezanne y su tendencia a reducir los volúmenes de los objetos reales a elementos esenciales como el cilindro, el cubo y la esfera. Hay que añadir a estos antecedentes la reacción contra el fauvismo, tendencia pictórica en la que el estallido del color era uno de los aspectos más sobresalientes. Los creadores que iniciaron las experimentaciones cubistas fueron Picasso y Braque.
El primer cuadro cubista, pintado por Picasso en 1907, fue "Las señoritas de Avignon". Las figuras femeninas representadas en este lienzo están singularmente tratadas. Son formas planas, cuyas siluetas aparecen como fracturadas, y los trazos que las delimitan son siempre rectilíneos y angulares. Al mismo tiempo se acomete el intento de representar, al mismo tiempo, un rostro humano de frente y de perfil.
Simultáneamente a las investigaciones desarrolladas por Picasso, Braque había realizado una serie de paisajes de l'Estaque, caracterizados por la escasez de colorido y un volumen facetado, a base de planos inclinados, que se presentaron en París en la exposición que dio origen al nombre de cubismo.
El estilo cubista reclamó una pintura plana, bidimensional, opuesta a las técnicas tradicionales de la perspectiva y el claroscuro. Rechazó, asimismo la antigua teoría, mantenida y seguida durante siglos, de que el arte era una imitación de la naturaleza. Quizás por esto, aunque inicialmente los pintores cubistas tomaron como modelos los temas de la naturaleza y representaron rostros y figuras humanas, pronto centraron su temática en naturalezas muertas. Éstas eran composiciones formadas con objetos usuales, agrupados casi siempre sobre una mesa, que carecían de profundidad, y en los que todos los elementos ocupaban el primer plano, gracias a una descomposición en facetas.
Desde los primeros años se estableció una estrecha relación entre Picasso y Braque, que permitió pasar al cubismo de una fase previa de experimentación a otra mas madura, entre los años 1910 y 1912. En los inicios de este movimiento tuvo también gran importancia el marchante Daniel Kahnweiler, cuya galería se convirtió en el centro de difusión del cubismo. Por otra parte, la teoría acerca del movimiento cubista iba tomando forma en las reuniones en el edificio Bateau-Lavoir, donde vivían Picasso, Juan Gris - Sinónimo de José Victoriano González - y el escritor francés Max Jacob. Asistentes asiduos a las reuniones del grupo eran también el francés Henri Matisse y Diego Rivera, que sería uno de los principales pintores muralistas mexicanos, así como los escritores franceses Jean Cocteau y Guillaume Apollinaire. Fue precisamente ese último quien en mayor medida contribuyó, con textos como el de Les Peintres cubistes, publicado en 1913, a elaborar la estética sustentadora del movimiento cubista.
En la evolución de este movimiento se establecieron dos épocas claramente marcadas, denominadas fase analítica y sintética. El período analítico transcurrió entre 1910 y 1912. Los lienzos de esta época se caracterizaron por el análisis de la realidad y la descomposición en planos del os distintos volúmenes de un objeto para que la mente captase su totalidad. Desde el principio se pretendía un arte más conceptual que realista. Predominaban los ángulos y las líneas rectas y la iluminación no era real, ya que la luz procedía de distintos puntos. Las gamas de colores se simplificaron notablemente, en una radical tendencia al monocromatismo: castaños, grises, cremas, verdes y azules. Con todo ello se intentaba combinar la tridimensionalidad del mundo real con la bidimensionalidad de la obra artística.
En una primera etapa de la fase analítica, todas estas formas aparecieron generalmente compactas y densas, para irse haciendo cada vez mas amplias y fluidas hasta difuminarse en los bordes del lienzo. Los elementos preferidos fueron instrumentos musicales -en especial la guitarra -, botellas, pipas, vasos y periódicos, aunque nunca se excluyó la figura humana. Entre las obras más destacadas de estos momentos cabe señalar "Muchacha con mandolina" de Picasso y "Hombre con guitarra" de Braque.
La fase sintética trajo consigo la reconsideracióin de algunos de los modos expresivos de la anterior. El color volvió ahora a tener mayor protagonismo. Las superficies, aunque seguían apareciendo siempre fragmentadas, eran más amplias y decorativas. La novedad más singular fue, sin duda, el uso de materiales no pictóricos. Esta técnica, conocida como collage, incorporó al lienzo elementos cotidianos como cajetillas de cigarrillos, páginas de periódicos, trozos de vidrio, telas y, en no pocas ocasiones, incluso arena. Con la utilización de estos inusitados materiales en el lienzo, el cubismo, a la vez que aprovechó las diferencias de textura y de naturaleza de sus componentes, planteó, desde un ángulo original, la cuestión, siempre inquietante, de qué era realidad y qué ilusión. En este estilo cubista Braque realizó sus famosos papiers collés y Picasso obras comno "El jugador de cartas" o "Naturaleza muerta verde".
Desarrollos del cubismo.
Además de los dos grandes maestros mencionados hubo otra serie de artistas que realizaron un cubismo cercano al de Picasso o Braque, pero con toques personales, como Juan Gris y los pintores franceses Fernand Léger, Albert Gleizes y Jean Metzinger.
Cuando esta estética se difundió por toda Europa aparecieron una serie de grupos o tendencias con sus propias características: el cubismo órfico, del francés Robert Delaunay, que daba una gran importancia al color y empleaba elementos compositivos inventados por el artista, el grupo de Puteaux, con el también francés Marcel Duchamp, que aportó un cubismo dinámico y muy intelectual, el neoplasticismo del holandés Piet Mondrian, el suprematismo ruso de Kazimir Maliévich, el constructivismo escultóricos de su compatriota Vladimir Tatlin, y el purismo, estética racional y geométrica impulsada por los franceses Amadeé Ozenfant y Charles Édouard Jeanneret. Este último, de origen suizo y llamado Le Corbusier, aplicó luego sus principios a la arquitectura.
Se puede decir que, con la guerra de 1914, el cubismo, que había tenido una vida intensa desde 1907, se desintegró como vanguardia artística, aunque su influencia fue enorme a lo largo del siglo XX. De hecho, la mayor parte de los pintores citados ejercieron un decisivo impulso en el desarrollo de la abstracción geométrica.
Picasso, Dalí y Miró en su contexto artístico
Picasso, Dalí y Miró son los pintores españoles más importantes del siglo XX y tres de los pintores fundamentales de la historia del arte occidental.
Picasso y el cubismo
El cubismo es el movimiento más significativo y transcendente de la historia de la pintura occidental desde el Renacimiento. Sus planteamientos son totalmente inéditos en el arte. Crea un nuevo lenguaje pictórico y estético que implica una nueva relación entre el espectador y la obra de arte.
En el cubismo no es el color, sino la línea la que crea la figura y compone el cuadro. Sus obras no son producto de la casualidad sino de un proceso de creación meditado y consciente. El cubismo se pregunta por los problemas del volumen y del espacio. Se preocupa por la representación del movimiento y por lo tanto del tiempo: de la cuarta dimensión. El color ceniza, el blanco y el negro, ayudan a la reconstrucción del cuadro.
Etapas del cubismo
El cubismo cezaniano se caracteriza por sus formas identificables, que son reducidas a formas geométricas puras.
El cubismo analítico se caracteriza por la descomposición de la forma y de las figuras en múltiples partes, todas ellas geométricas. Es la auténtica la estética cubista, la creadora del nuevo lenguaje.
El cubismo sintético se caracteriza por potenciar las partes más significativas de la figura, reduciéndola a sus formas geométricas más puras. No es un cubismo simplificador pero sí de más fácil lectura. Tras la época clásica del cubismo aparecen tres escuelas: la Sección Áurea, que pretenderá llevar las matemáticas a la pintura; el orfismo es el cubismo colorista, un tanto evocador de sueños extraños; y el purismo que reaccionó contra los excesos y vuelven a las formas simples y analíticas. Del cubismo surge una nueva técnica pictórica, el colage, al pegar en los cuadro trozos de realidad, lo que facilita su lectura.
Pablo Ruiz Picasso: vida y obra
Nace en 1881 en Málaga. En 1895 se traslada a Barcelona, donde puede estudiar en la Escuela de Bellas Artes.
Picasso es un pintor precoz. Hacia 1900 era considerado como un pintor de estilo realista español. Ciencia y caridad. En 1900 se traslada a París, que es la capital mundial del arte, y descubre el posimpresionismo.
La época azul
La época azul dura unos cuatro años, de 1900 a 1904 y se desarrolla entre Barcelona y París. Viejo con guitarra, Arlequín pensativo, Miserables ante el mar.
Esta es una época que ya marca su personalidad como pintor, y es perfectamente identificable su estilo: realismo, intimismo y melancolía, que presiden sus cuadros. Sus motivos son gente pobre y marginal: ciegos, locos, prostitutas.
La época rosa
En 1904 se instala definitivamente en París. La época rosa dura unos dos años, de 1094 a 1906. En este período predominan los colores rosa y azul. Los temas son más alegres: saltimbanquis, payasos, acróbatas, arlequines y desnudos femeninos. El abrazo, La hija de Fredé, Adolescentes y La señora de Canals, pintado en 1906 con su primera máscara sobre el lienzo.
El cubismo
Esta es la etapa más importante del arte de Picasso, y la más transcendente. Comienza en 1906 y termina, oficialmente, en 1921.
Las señoritas de Aviñón
En 1906 pinta Las señoritas de Aviñón. Plasma la profunda impresión que le produjo el arte ibérico expuesto en París. La sencillez de trazos, los desnudos, las máscaras negroides, todo remite a un arte primitivo pero que ha sido leído y expuesto de tal forma que implica una absoluta modernidad.
La radical modernidad de este cuadro es su descarada agresión al naturalismo. Todas las convenciones literales, y todos los detalles, han desaparecido después de un largo trabajo de composición. Es un paso decisivo: de la imitación de la realidad a su interpretación con un lenguaje exclusivamente pictórico.
El cubismo analítico
Picasso continúa investigando en las propiedades de las formas más elementales. Los elementos de las figuras se descomponen en formas geométricas cada vez más pequeñas.
En Cabeza de mujer los planos se descomponen hasta el infinito y desde todos los puntos de vista. En La mujer en camisa se puede observar el grado de geometrización: el triángulo de la cara, las curvas ondulantes en el cuerpo y en el pelo, todo ello pura geometría.
En 1911 comienza a pintar cuadros con formato oval, con lo que se rompe una convención más. Con el formato cuadrado las figuras parecen estar en un espacio, con el oval están sólo sobre la tela: El aficionado.
El cubismo sintético
En 1913 Picasso hace otra aportación genial a la pintura: el colage. Comienza a incluir en sus cuadros trozos de realidad, periódicos, revistas, maderas, tela, etc. Hombre con sombrero, Naturaleza muerta con una silla de rejilla.
En el cubismo sintético las formas son más reconocibles, pero se ha llegado a una absoluta objetividad de la obra de arte. Se pueden crear objetos artísticos salidos de la imaginación. Mujer en la butaca, La muchacha de la pelliza, Viva Francia, Cabeza.
1937: El Guernica
El Guernica es, probablemente, la obra cumbre de Picasso, y es una referencia obligada del arte y la cultura occidental.
En el Guernica no hay un solo personaje varón que pueda considerarse de carne y hueso, lo que hay en el suelo es una estatua. Se multiplican por cuatro las mujeres, y hay un niño muerto. Está la madre desesperada por la muerte de su hijo, una mujer desgarrada, una incendiada y otra perpleja. Encontramos el símbolo de la feminidad apuntando a la luz que entra por la ventana. El caballo desbocado es la guerra, que lleva un obús en la boca. Las casas arden en el interior, lo que es una agresión a la intimidad. La esperanza surge de una flor que crece desde la espada rota que hay en el suelo. Todo el cuadro es un desarrollo expresivo del horror. Expresa el horror de la guerra por encima del drama de España.
Picasso seguirá trabajando hasta su muerte en 1973. Lo más significativo de este periodo es su reinterpretación de grandes cuadros clásicos: Las meninas.
El futurismo, como el constructivismo, hizo de la revolución científico técnica y del progreso, la temática dominante en su arte. El futurismo nace en Italia. Éste país se encontraba muy retrasado en comparación con otras naciones europeas, cultural y socialmente. La culpa de esta decadencia la tenían los diferentes poderes e instituciones, el estado y la iglesia, museos y academias y también la burguesía. El nuevo estilo se apoyaba en dos conceptos, la idea de completa ruptura con lo anterior, y en lo nuevo. El futurismo sentaba las bases de su arte a través de la representación de elementos propios del mundo moderno, sobre todo la velocidad, puesto que era lo más significativo de la nueva civilización. El futurismo importó el hacer de otros estilos, como el cubismo y lo aderezó e interpretó en función a los requerimientos de una nueva sociedad, de una forma de vida soñada, basada en los adelantos técnicos y científicos, para la Italia de la segunda década del siglo XX. Bajo el punto de vista del futurismo, el sentido y la esencia de la nueva época se basaba en la simultaneidad y compenetración mutua de los aspectos de la realidad cotidiana. El arte debía tomar parte y presencia en la construcción de la nueva sociedad. El anticlasicismo, y la orientación al futuro llevarían a una forma expresiva dinámica. El efecto de la nueva vibración del mundo moderno se traduce en vibrantes composiciones de color que debían suscitar la interrelación entre el espacio, el tiempo y el sonido. Marinetti es el teórico del futurismo. De su mano, aparece el primer manifiesto en 1909. La actitud de rechazo por parte de Marinetti hacia todo valor, político y cultural es tajante. La referencia para el espectador y para el creador estaba en la ciudad moderna, donde hombres y máquinas se movían a ritmos excitantes. Severini escribía en 1913: «Elegimos concentrar nuestra atención sobre cosas en movimiento, porque nuestra sensibilidad moderna está particularmente calificada para apoderarse de la idea de velocidad. Pesados y potentes coches zumbando en las calles de nuestras ciudades, bailarines reflejados en el mágico ambiente de la luz y el color, aviones colando por encima de las cabezas de la muchedumbre entusiasmada... Esas fuentes de emoción satisfacen nuestra idea de un universo lírico y dramático mejor que dos peras o una manzana». Boccioni y Balla son los artistas más destacados dentro de la tendencia. Su radical defensa de lo moderno llevó al grupo encabezado por Marinetti a defender el belicismo y más tarde el fascismo de Mussolini, «confundiendo así la exigencia de un nuevo arte en una sociedad nueva con el culto al maquinismo y a la movilización de las masas que propiciaban la guerra y los camisas negras, fruto de la fascinación hacia los signos más espectaculares de la sociedad industrial»1. Habíamos velado toda la noche -mis amigos y yo- bajo lámparas de mezquita de cúpulas de bronce calado, estrelladas como nuestras almas, pues como ellas estaban irradiadas por el cerrado fulgor de un corazón eléctrico. Habíamos pisoteado largamente sobre opulentas alfombras orientales nuestra atávica galbana, discutiendo ante las fronteras extremas de la lógica y ennegreciendo mucho papel con frenéticas escrituras. Un inmenso orgullo henchía nuestros pechos, pues nos sentíamos los únicos, en esa hora, que estaban despiertos y erguidos, como faros soberbios y como centinelas avanzados, frente al ejército de las estrellas enemigas, que nos observaban desde sus celestes campamentos, solos con los fogoneros que se agitan ante los hornos infernales de los grandes barcos, solos con los negros fantasmas que hurgan en las panzas candentes de las locomotoras lanzadas en loca carreta, solos con los borrachos trastabilleantes con un inseguro batir de alas a lo largo de los muros. De repente, nos sobresaltamos al oír el ruido formidable de los enormes tranvías de dos pisos, que pasaban brincando, resplandecientes de luces multicolores, como los pueblos en fiesta que el Po desbordado sacude y desatraiga de repente para arrastrarlos hasta el mar so-bre las cascadas y a través de los remolinos de un diluvio. Luego el silencio se hizo más profundo.
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1 Cita extraída de: González García, A., Calvo Serraller, F. Marchán Fiz, S. Escritos de arte de vanguardia. Pp. 139. Ed. Itsmo.1999 Madrid» Fundación y Manifiesto del futurismo. F. T. Marinetti
Pero, mientras escuchábamos el extenuado borboteo de plegarias del viejo canal y oí crujir del hueso de los palacios moribundos sobre sus barbas de húmeda verdura, de súbito oímos rugir bajo las ventanas los automóviles famélicos. ¡Vamos! —dije yo—. ¡Vamos, amigos! Finalmente, la mitología y el ideal místico han sido superados. ¡Estamos a punto de asistir al nacimiento del Centauro y pronto veremos volar a los primeros Angeles!... ¡Habrá que sacudir las puertas de la vida para probar sus goznes y sus cerrojos!... ¡Partamos! ¡He aquí, sobre la tierra, la primerísima aurora! ¡No hay nada que iguale el esplendor de la roja espada del sol, que brilla por primera va en nuestras tinieblas milenarias!
Nos aceramos a las tres fieras resoplantes para palpar amorosamente sus tórridos pechos. Yo me recosté en mi automóvil como un cadáver en el ataúd, pero en seguida resucité bajo el volante, hoja de guillotina que amenazaba mi estómago.
La furibunda escoba de la locura nos arrancó de nosotros mismos y nos lanzó a través de las calles, escarpadas y profundas como lechos de torrentes. Aquí y allá, una lámpara enferma tras los cristales de una ventana nos enseñaba a despreciar la falaz matemática de nuestros ojos perecederos.
Yo grité: «El olfato. A las fieras les basta con el olfato!».
Y nosotros, como jóvenes leones, seguíamos a la Muerte de pelaje negro y manchado de pálidas cruces que corría por el vasto cielo violáceo, vivo y palpitante.
Y, sin embargo, no teníamos una Amante ideal que irguiera hasta las nubes su sublime figura, ni una Reina cruel a la que ofrendar nuestros despojos, retorcidos a guisa de anillos bizantinos. Nada para querer morir, sino el deseo de liberarnos finalmente de nuestro valor demasiado pesado.
Y corríamos, aplastando en los umbrales de las casas a los perros guardianes que se redondeaban bajo nuestros neumáticos hirvientes, como cuellos almidonados bajo la plancha. La Muerte, domesticada, se me adelantaba en cada curva para tenderme su garra con gracia y, de vez en cuando, se echaba al suelo con un ruido de mandíbulas estridentes, lanzándome desde cada charco miradas aterciopeladas y acariciadoras.
¡Salgamos de la sabiduría como de una horrible cáscara, y lancémonos como frutos sazonados de orgullo dentro de la boca inmensa y torcida del viento! (...) ¡Démonos en pasto a lo Ignoto, no ya por desesperación, sino sólo para colmar los profundos pozos de lo Absurdo!
Apenas habla pronunciado estas palabras, cuando bruscamente me di media vuelta, con la misma ebriedad loca de los perros que quieren morderse el rabo, y he aquí que, de repente, vinieron a mi encuentro dos ciclistas, que me disputaron la razón, ambos persuasivos y, sin embargo, contradictorios. Su estúpido dilema discutía mi territorio... ¡Qué lata!... Seguí y por el disgusto me arrojé con las ruedas al aire en un foso...
¡Oh! ¡Foso materno, casi lleno de agua fangosa! ¡Hermoso foso de botica! Degusté ávidamente tu cieno fortificante, que me trajo a la memoria la santa mama negra de mi nodriza sudanesa... Cuando me alcé —andrajo sucio y maloliente— de debajo del coche volcado, me sentí atravesar el corazón, deliciosamente, por el hierro ardiente de la alegría. Una muchedumbre de pescadores armados de cañas de pescar y de naturalistas gotosos se alborotaba ya en torno al prodigio. Con cuidado paciente y meticuloso, aquella gente montó altos armazones y enormes redes de hierro para pescar mi automóvil, semejante a un gran tiburón varado. El coche salió lentamente del foso, abandonando en el fondo, como escamas, su pesada carrocería de sentido común y sus mórbidos enguatados de comodidad.
Entonces, con el rostro cubierto del buen fango de los talleres —empaste de escorias metálicas, de sudores inútiles, de hollines celestes—, nosotros, contusos y con los brazos vendados, dictamos nuestras primeras voluntades a todos los hombres vivos de la tierra:
Nos aceramos a las tres fieras resoplantes para palpar amorosamente
1. Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.
2. El valor, la audacia, la rebelión serán elementos esenciales de nuestra poesía.
3. Hasta hoy, la literatura exaltó la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso ligero, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.
4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento explosivo..., un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.
5. Nosotros queremos cantar al hombre que surja el volante, cuya asta ideal atraviesa la Tierra, ella también lanzada a la carrera, en el circuito de su órbita.
6. Es necesario que el poeta se prodigue con ardor, con lujo y con magnificencia para aumentare el entusiástico fervor de los elementos primordiales.
7. Ya no hay belleza si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra de arte. La poesía debe concebirse como un violento asalto contra las fuerzas desconocidas, para obligarlas a arrodillarse ante el hombre.
8. ¡Nos hallamos sobre el último promontorio de los siglos!... ¿Por qué deberíamos mirar a nuestras espaldas, si queremos echar abajo las misteriosas puertas de lo Imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros ya vivimos en lo absoluto, pues hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.
9. Nosotros queremos glorificar la guerra —única higiene del mundo—, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las que se muere y el desprecio por la mujer.
10 Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y toda cobardía oportunista o utilitaria.
11. Nosotros cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, por el placer o la revuelta; cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos el vibrante fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; las estaciones glotonas, devoradoras de serpientes humeantes; las fábricas colgadas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; los puentes semejantes a gimnastas gigantes que saltan los ríos, relampagueantes al sol con un brillo de cuchillos; los vapores aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho que piafan en los raíles como enormes caballos de acero embridados con tubos, y el vuelo deslizante de los aeroplanos, cuya hélice ondea al viento como una bandera y parece aplaudir como una muchedumbre entusiasta.
Desde Italia lanzamos al mundo este manifiesto nuestro de violencia arrolladora e incendiaria, con el que fundamos hoy el Futurismo, porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios.
Por demasiado tiempo Italia ha sido un merado de buhoneros. Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos que la cubren toda de cementerios innumerables.
Museos: ¡Cementerios!... Idénticos, verdaderamente, por la siniestra promiscuidad de tantos cuerpos que no se conocen. Museos: ¡Dormitorios públicos en que se reposa para siempre junto a seres odiados e ignotos! Museos: ¡Absurdos mataderos de pintores y escultores que van matándose ferozmente a golpes de colores y de líneas, a lo largo de paredes disputadas!
Que se vaya a dios en peregrinación una vez al año, como se va al camposanto en el día de los difuntos..., os lo concedo. Que una vez al año se deposite un homenaje de flores a los pies de la Gioconda, os lo concedo... Pero no admito que se lleven cotidianamente a pasear por los museos nuestras tristezas, nuestro frágil valor, nuestra morbosa inquietud. ¿Para que querer envenenarnos? ¿Para qué querernos pudrir?
¿Y qué otra cosa se puede ver en un viejo cuadro sino la fatigosa contorsión del artista, que se esforzó por romper las insuperables barreras opuestas a su deseo de expresar enteramente su sueño?... Admirar un cuadro antiguo equivale a verter nuestra sensibilidad en una urna funeraria, en lugar de proyectarla lejos, en violentos gestos de creación y de acción. ¿Queréis malgastar todas vuestras mejores fuerzas en esta eterna e inútil admiración del pasado, de la cual salís fatalmente exhaustos, disminuidos y pisoteados?
En verdad yo os declaro que la visita cotidiana de los museos, bibliotecas y academias (cementerios de esfuerzos vanos, calvarios de sueños crucificados, registros de impulsos tronchados...) es para los artistas igualmente dañina que la tutela prolongada de los padres para cienos jóvenes ebrios de ingenio y de voluntad ambiciosa. Para los moribundos, para los enfermos, para los prisioneros, sea: el admirable pasado es, tal vez, un bálsamo para sus males, pues para ellos el porvenir está cerrado... Pero nosotros no queremos saber nada del pasado. ¡Nosotros, los jóvenes fuertes futuristas!
Vengan, pues, los alegres incendiarios de dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están!... ¡Vamos! ¡Prended fuego a los estantes de las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los museos!... Oh, qué alegría ver flotar a la deriva, desgarradas y desteñidas en esas aguas, las viejas telas gloriosas!... ¡Empuñad los picos, las hachas, los martillos, y destruid, destruid sin piedad las ciudades veneradas!
Los más viejos de nosotros tienen treinta años: así pues, nos queda, por lo menos, una década para cumplir nuestra obra. Cuando tengamos cuarenta años, que otros hombres más jóvenes y más valiosos nos arrojen a la papelera como manuscritos inútiles. ¡Nosotros lo deseamos!
Nuestros sucesores vendrán contra nosotros; vendrán de lejos, de todas partes, danzando sobre la cadencia alada de sus primeros cantos, alargando sus dedos ganchudos de depredadores, y olfateando como perros a las puertas de las academias, el buen olor de nuestras mentes en putrefacción, ya prometidas a las catacumbas de las bibliotecas.
Pero nosotros no estaremos allí... Ellos nos encontrarán, al fin —una noche de Invierno— en campo abierto, bajo una triste tejavana tamborileada por una lluvia monótona, y nos verán acurrucados junto a nuestros aeroplanos trepidantes y en el acto de calentarnos las manos en el fuego mezquino que darán nuestros libros de hoy, llameando bajo el vuelo de nuestras imágenes.
Alborotarán a nuestro alrededor, jadeando de angustia y de despecho, y todos, exasperados por nuestra soberbia e infatigable osadía, se nos echarán encima para matarnos, impulsados por un odio tanto más implacable cuanto más ebrios estén sus corazones de admiración por nosotros. La fuerte y sana Injusticia estallará radiante en sus ojos. ¡En efecto, el arte no puede ser más que violencia, crueldad e injusticia!
Los más viejos de nosotros tienen treinta años; sin embargo, nosotros ya hemos despilfarrado tesoros, mil tesoros de fuerza, de amor, de audacia, de astucia y de ruda voluntad; los hemos desperdiciado con impaciencia, con furia, sin contar, sin vacilar jamás, sin jamás descansar, hasta el último aliento... ¡Miradnos! ¡Todavía no estamos exhaustos! Nuestros corazones no sienten ninguna fatiga porque se alimentan de fuego, de odio y de velocidad!... ¿Os asombráis?... ¡Es lógico, porque vosotros ni siquiera os acordáis de haber vividor ¡Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos, una vez más, nuestro reto a las estrellas! ¿Nos ponéis objeciones?... ¡Basta! Basta! Las conocemos... ¡Hemos comprendido!...Nuestra bella y mendaz inteligencia nos confirma que nosotros somos el resumen y la prolongación de nuestros antepasados. ¡Tal vez!... ¡Así sea!... ¿Pero qué importa? ¡No queremos entender!... ¡Ay de quien repita estas palabras infames!... Levantad la cabeza!...Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos, una vez más, nuestro reto a las estrellas!
F. T. Marinetti
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Futurismo italiano
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Hacia el final de la primera década de este siglo XX el afán de modernidad se manifiesta en Italia a través del Manifiesto Futurista que propone fijar la mirada en el futuro abandonando los valores anteriores que consideran ya pasados. Sus temas preferidos son los que tienen relación con la vida urbana, los nuevos medios de transporte y la velocidad creciente que va adquiriendo la vida por aquellos años. Su duración es corta pues no sobrepasa la Primera Guerra Mundial e igual que es influido por la técnica cubista se transmite posteriormente al Rayonismo ruso y tiene relación con la aparición de la corriente abstracta del Neoplasticismo.
Futurismo (1909-1916)
No es exactamente una tendencia artística, sino una postura vital de algunos poetas y artistas plásticos italianos, que funciona en múltiples aspectos; desde la provocación pública y la pelea hasta «una reconstrucción futurista del mundo» (Balla).
En general, al concepto de la simultaneidad se adhieren: abolición de la «perspectiva» espacial (yuxtaposición) y temporal (sucesión) para llegar a un modo de experiencia más amplio que supere todos los límites espacio‑temporales. El mundo se convierte en espacio de energía, la técnica moderna en símbolo e instrumento del nuevo ser humano dinámico, que rechaza con las formas antiguas la tradición de contemplación pasiva y trágica para «vivir peligrosamente» (los futuristas se apasionaban por la guerra). En el teatro tenía que abolirse la separación entre actores y espectadores. Con la abolición de la sintaxis reventó «el lenguaje". El espacio de la energía se visualizaba en construcciones espaciales y en el espacio del cuadro. Para la pintura fueron importantes el puntillismo (representación de un espacio de color, lumínico e inmaterial), y el cubismo (simultaneidad de los puntos de vista, fragmentación como representación del movimiento). Puesto que el futurismo tendía más a una transmisión de vivencias (estados anímicos, velocidad, energía) que a la representación de los objetos que las originaban, condujo, en algunos casos, a la abstracción. El movimiento consiguió enseguida una gran influencia en Rusia (Malevitch, Larionov, Natalia Goncharova); en Inglaterra influyó en los vorticistas; en América en Max Weber y Joseph Stella, y ha inspirado también al Dadá, hasta cierto punto a De Stijl, al constructivismo y al surrealismo.
1909 Manifiesto Futurista (F.T. Marinetti)
1910 Manifiesto Técnico de la Pintura Futurista: entran a formar parte del movimiento el pintor Umberto Boccioni (1882‑1916), Carlo Carrá (1881‑1966), Luigi Russolo (1885 a 1947), Giacomo Balla (1871‑1958) y Gino Severini (1882‑1966).
1912 En el Manifiesto Técnico de la Escultura Futurista, Boccioni aconseja la utilización de materiales inusuales y efímeros, y movimiento.
1912/14 Trabajos no figurativos de Balla (Compenetrazioni iridescenti, Complessi plastici), Boccioni y Severini.
1915 Balla: montaje de Feux d'Artifice de Stravinsky, como ballet, para formas geométricas y luces (estrenado en Roma en 1917).
Primera Ola del Arte Abstracto
1908/09 Primeras obras no figurativas de Francis Picabia (1879‑ 1953) .1910 Obras no figurativas de Arthur Dove, Max Weber y Abraham Valkovitz; 1909/10 de Joseph Lacasse (1894).
1910 Kandinsky termina de escribir Uber das geistige in der kunst (publicado en 1912).
1911 Vassily Kandinsky (1866‑1944) y Franz Marc (18801916) redactan el almanaque Der Blaue Reiter, que apareció en 1912.
1911/13 Exposiciones de la «Redacción del Blaue Reiter)~ (Kandinsky, Marc, August Macke, Heinrich Campendonk, Arnold Schonberg, Delaunay; posteriormente también Paul Klee, Hans Arp y Lyonel Feininger).
1910/13 El paso a la no figuración de Kandinsky.
1914 Marc: Kampfende Formen.
1914 Kandinsky tiene que volver a Rusia.
Cor Blok.- Hª del arte abstracto.
Cátedra. Madrid- 1987. págs 219-239
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El futurismo
Entre las varias opiniones que hoy existen acerca del movimiento futurista, hay dos que merecen ser puestas de relieve. La primera lo considera un auténtico movimiento renovador de la plástica, espoleta de gran cantidad de ideas anarquistas dentro del arte y la vida; la otra hace de él un simple movimiento formal, sin ningún contenido de fondo, auténtica premisa de los nacionalsocialismos y del mismo fascismo. El intenso período que media entre 1909 y 1914 estuvo, en parte, dominado por la docena larga de manifiestos publicados por estos tremendistas de la pintura y del arte en general y por la cantidad incontable de artículos en periódicos y revistas, manifestaciones, exposiciones y actuaciones de los futuristas.
Movimiento basado en la propaganda y en la publicidad bien organizada, hizo su aparición pública precisamente en las páginas del periódico parisiense Le Figaro el 20 de febrero de 1909, a la vez que se distribuían por todo el mundo cientos y cientos de copias de su contenido, lleno de frases retóricas, radicalismos dialécticos y afirmaciones tremendistas. Promotor y redactor de los principales manifiestos fue el poeta Filippo Tommaso Marinetti (18761944), quien ya de muy joven se había dado a conocer en los círculos simbolistas de París. Pese a la influencia decisiva que ejerció en Francia, fue en Italia donde irrumpió como un auténtico vendaval, dado que aún imperaba el clasicismo más riguroso impuesto por las Academias de arte oficiales romanas.
En sus proclamas, el futurismo hablaba del fin de un arte pasado (le Passéisme) y del nacimiento de un arte para el futuro (le Futurisme). En los once principios fundamentales relacionados en el Primer manifiesto fundador del futurismo, de 1909, se exalta la acción, la violencia, la fuerza, la agresión (luego manifestada con su adhesión al fascismo), el dinamismo, la velocidad, la perenne transformación, etc. El siguiente manifiesto, proclamado en 1910 en el Teatro Ciarella de Turín, también glorificador de la rebelión, la acción, la voluntad de poder, la fuerza vital, etc., provocó una auténtica batalla campal en la sala donde fue leído, pero a pesar de todas estas manifestaciones más o menos exaltadas, el futurismo, en sus resultados propiamente artísticos, no fue mucho más lejos de donde había llegado el cubismo. Si en la vertiente social contribuyó a disminuir la distancia entre la vida y el arte, tal como lograría más adelante el dadaísmo, en lo pictórico no pasó de ahí. El cubismo, en su análisis formal del objeto, ya había llegado a una “visión simultánea” que puede ser interpretada en último término como concepción dinámica del mundo. El futurismo partía de una operación inversa, la de introducir apriorísticamente el dinamismo en la obra de arte, lo que hace que en ambos casos el objeto en reposo representado en la tela se conciba como movimiento potencial y se disgregue en varias líneas de fuerza. De aquí la búsqueda de la simultaneidad, de la multidimensionalidad, de la superposición y la interpenetración.
Entre los componentes más relevantes del futurismo está el grupo de poetas, pintores y arquitectos, compuesto por Umberto Boccioni (1882-1916), Carlo Carra (1881-1966), Giacomo Balla (1871-1958), Luigi Russolo (1885-1947), Gino Severini (1883-1966), Antonio Sant'Elia (1888-1916). Aparte de los componentes italianos, el futurismo ejerció cierta influencia en Rusia, Estados Unidos y Francia, especialmente a través de Larionov (1881-1964) y Gontcharova(1881-1962), autores a su vez del Manifiesto del rayonismo (1912), precursor de la abstracción rusa.
Manifestaciones e ideario
En 1912 el grupo futurista organizó una exposición de sus trabajos en las ciudades de París, Londres y Berlín. En 1914 Boccioni publicó un libro en el que, bajo el título Pittura, Escultura futurista, definió sus ideales dentro del movimiento. Aquél fue en realidad el fin de la explosión futurista, ya que la guerra dispersó el grupo y orientó sus inquietudes hacia otros caminos. Boccioni moriría en el frente, Severini se pasó al Cubismo y Carra se dejó influir por la pintura metafísica. Como Chirico, Balla regresó al realismo académico y Russolo se entregó a la música, su primitiva especialidad.
En el manifiesto de 1910, redactado por Boccioni, Carra, Russolo, Balla y Severini, se declara que la creciente necesidad de verdad, ya revelada por los movimientos anteriores, no puede ser satisfecha mediante unas determinadas formas o colores convencionales, tal como se entendía en lo pasado. Para ellos, a los nuevos tiempos dominados por la técnica corresponde un arte dinámico que debe forzarse por representar el rápido ritmo al que se mueven todas las cosas: “¡Hemos llegado a la última cima de los siglos! ¿Por qué mirar hacia atrás ? El tiempo y el espacio murieron ayer, vivimos ya en lo absoluto, puesto que hemos creado la velocidad eterna y omnipresente.” Se sentían satisfechos por lo que consideraban el “esplendor” del mundo enriquecido por la nueva forma de belleza: la velocidad. “Un automóvil de carreras con su radiador adornado de gruesos tubos como serpientes de aliento explosivo..., un bólido que ruge, que parece correr sobre metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotracia.”
A esta nueva manifestación estética que exigía una perenne transformación, acompaña un decidido propósito de acabar con todos los signos del pasado, dado que para ellos “ya no existe belleza fuera de la lucha”. Pretenden acabar con todo el arte del pasado, con los museos que consideran auténticos cementerios, con la moral, con la religión, etc. En el punto cuarto de su manifiesto de 1910 declaran que “debe hacerse un barrido general de cuanto es tema rancio y raído, con objeto de expresar la vorágine de la vida moderna, una vida de acero, fiebre, orgullo y temeraria velocidad”. En el fondo, estas intenciones dinamistas de la vida distan poco del propósito impresionista de captar instantes vívidos de la existencia; sólo que éstos se limitaban a lo puramente estético y aquéllos pretendían trasladarlo a la vida misma.
Como se ha dicho, en el fondo, la solución futurista era un tanto ingenua: un caballo al galope no tenía cuatro patas, sino veinte; un ser humano en movimiento no podía tener cuatro extremidades, sino múltiples miembros ordenados en una serie de desplazamientos. El sonido se representaba con una pura sucesión de ondas, y el color, a través de un objeto prismático: un planteo elemental de la percepción visual. La más positiva aportación del futurismo a la historia del arte va más allá de los exaltados manifiestos de revolucionaria literatura o de sus cuadros transformistas; enlaza mucho mejor con la sensibilidad visual del hombre moderno utilizada por la cinematografía. Esta fue la que realmente interpretó los símbolos plásticos futuristas y les dio vida, desarrollando una nueva percepción de los objetos más característicos de nuestro tiempo: el coche, el tren, el avión, la máquina. Todos los futuristas trataron de representar en sus cuadros las fuerzas físicas o mecánicas que intervienen en los agentes del movimiento. Carra pintó en 1911 Lo que el tranvía me dijo y Russolo Líneas de fuerza de un rayo, Balla en 1912 Automóvil y ruido y Severini jeroglífico dinámico del Bal Tabarin. Todos los esfuerzos por plasmar en la tela el desplazamiento de cualquier fuerza motriz quedaron pronto agotados. El futurismo tenía sus propios límites, ilustraba una noción conceptual que iba más allá de la propia pintura. El cinetismo, la cinematografía y las técnicas de tratamiento de la imagen anularon todas sus intenciones reivindicativas.
El éxito de este movimiento se debe a su organización propagandística, a sus manifestaciones literarias, a su anarquismo libertario y a sus aportaciones plásticas.
En sus provocadoras y escandalosas veladas, auténticas burlas del gusto del público, se adelanta a Dadá, como demostró especialmente en sus agresivas actuaciones de los años 1912 y 1913.
Mientras en otros países las vanguardias se desarrollaron en la oposición, en Italia el futurismo se identificó con el lado más reaccionario hasta quedar totalmente identificado con él. Marinetti se expresó claramente a favor del fascismo cuando en el primer manifiesto describió: “Nosotros queremos glorificar la guerra - única higiene del mundo -, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer.” Después de participar directamente en la guerra de Libia, considerada por él la “gran hora futurista”, Mussolini le jubiló haciéndole precisamente académico de Italia. El “régimen” empezó a considerar al futurismo como una especie de reliquia, auténtica antigualla del pasado.
Los futuristas y su obra
Gino Severini parte de las deformaciones estructurales del cubismo, que considera insuficientes para representar la actividad de la civilización moderna simbolizada por la velocidad. En 1910, con El bulevar, intenta el paso del cubismo al dinamismo plástico a través de una distribución particular del espacio-color. Con La Torre Eiffel y Bailarina=Mar logra estructurar claros ritmos de simultaneidad y dinamismo. Uno de sus mejores cuadros, Expansión esférica de la luz (centrifuga), posee además gran belleza.
Giacomo Balla es uno de los pintores más representativos de la tendencia. Tras superar la vacilación de sus primeras interpretaciones, buscará en sus pinturas y grabados el efecto del ritmo dinámico descomponiendo el movimiento en sus diferentes fases. Las manos del violinista (1912), Mercurio delante del Sol ( 1914), una de las más logradas, Líneas de fuerza de las flores (1914) y Líneas fuerza del paisaje + sensación de amatista (1918) anuncian su paso a lo que se ha llamado el “segundo futurismo”.
Carlo Carra, frenético adepto de las exaltaciones futuristas, se entregó más adelante a la pintura metafísica para llegar a ser un auténtico antifuturista. Sus obras señalan las metamorfosis de la vida moderna:
Lo que me dijo el tranvía (1911), Mujer en el balcón (1913), entre otras.
Luigi Russolo, mayormente considerado como músico, publicó en 1913 el Manifiesto del ruidismo, que iba acompañado de una máquina denominada “Intonarumori”, que por sus características permite situarle como un precursor de la música concreta. Modula ritmos de gran abstracción en Recuerdos de una noche ( 1911) y Solidez de la niebla (1912).
Umberto Boccioni fue ante todo un escultor que potenció el descubrimiento de las tres dimensiones en la plástica, lo que no quita que su pintura tenga gran interés. Probablemente sea el más auténtico de los artistas futuristas, por añadir a la lucidez de sus conceptos una clara coherencia estilística. En su obra la imagen en movimiento se desarrolla de modo tan sugestivo como real gracias a la compene-tración de los planos y a la interferencia en el espacio de los diferentes juegos de simultaneidad. Sus obras maestras son Formas únicas de continuidad en el espacio, en escultura, y La ciudad ascendente, en pintura.
Especial versión de los presupuestos futuristas fue el “vorticismo”, manifestado en Gran Bretaña durante un breve período (1913-1915) como tendencia vanguardista que recogía también del cubismo algunos elementos, como la rigidez angular, el juego de las formas geométricas, tratando de dar una imagen visual “vortiginosa”, símbolo de su impetuoso dinamismo. Sus representantes más destacados fueron David Bomberg (1890-1957), Henri Gaudier-Brzeska (1891-1915), William Roberts (1895) y el cabeza visible del grupo, Percy Wyndham Lewis (1884-1957).
VVAA.- La pintura en el Siglo XX.-
Ed. Salvat. Col GT nº 97. Barcelona 1973.- págs. 57-64
Aunque la mayoría de los artistas llamados futuristas se conocieran ya a principios de siglo, el movimiento como tal no surgió hasta el año 1909, fecha en que el ideólogo del grupo, Filippo Tommaso Marinetti, publico el primer Manifiesto del Futurismo. En éste aparece aquella famosa y brutal afirmación que tan bien resume el espíritu futurista: un automóvil de carreras que parece correr sobre metralla es más hermoso que la Victoria de Samotracia». En esta aseveración es fácil entrever cuáles son los presupuestos que configuraron la ideología futurista. Quizá el elemento mas destacable sea la negación total y absoluta de los valores del pasado, con objeto de reivindicar exclusivamente el futuro. La idea de modernidad se halla vinculada de manera estrecha a dicha valoración del futuro. Así, las temáticas abordadas por los pintores del movimiento futurista, Umberto Boccioni, Carlo Carra, Giacomo Baila o Gino Severini, son preferentemente aquellas en las que aparecen elementos propios del mundo moderno. La ciudad es, sin ninguna duda, una fuente inagotable de inspiración para los futuristas. Plasman casas en proceso de construcción, gentes que van y vienen por las bulliciosas calles, farolas de luz eléctrica, locales como restaurantes y bares, así como coches y bicicletas.
Sin embargo, la figura humana también es objeto de atención por parte de los artistas futuristas y sirve como punto de partida para composiciones pictóricas o escultóricas del representante más importante de esta tendencia que es Boccioni.
Utilizan la técnica divisionista, con objeto de lograr una sensación que persiguen casi obsesivamente, la del dinamismo. Todas las realizaciones futuristas tienen como meta primordial mostrar el movimiento, el cambio. la transformación que, como es lógico, alude al progreso.
Un sistema formal inventado por los futuristas para producir esa ansiada sensación de movimiento es el denominado simultaneísmo. Este se basa en repetir las imágenes, de manera superpuesta. constituyendo algo similar a una secuencia fílmica. Por otra parte. los colores empleados en la pintura futurista son muy variados, vivos y contrastados. lo que contribuye a aumentar esa sensación dinámica. presente en todas las composiciones.
Es indudable que las obras futuristas poseen contacto con ciertas manifestaciones cubistas, aun cuando en el Futurismo la geometrización no constituya en sí misma una finalidad. Tampoco es desdeñable la influencia que sobre la corriente italiana pudiera tener la abstracción. Esto se comprueba sobre todo en ciertas composiciones de Boccioni, las correspondientes a la serie de los Estados de ánimo.
El Futurismo como tendencia no tuvo una vida demasiado larga. debido fundamentalmente a dos motivos. Uno fue que Boccioni murió durante la guerra, y otro, que Carlo Carra cambió profundamente su estilo en 1914, para pasar a actuar dentro de la modalidad artística conocida con el nombre de Pintura metafísica de la que Giorgio da Chirico seria su máximo representante.
En el seno del Futurismo actúa también el arquitecto Antonio Sant Elia, cuyos múltiples proyectos para fábricas muestran la gran preocupación que sentía por la problemática de la modernidad aplicada al ámbito de la arquitectura.
La forma elegida por los futuristas para propagar sus ideas, la del Manifiesto, comportaba ya en si misma una agresividad formal. Los textos, por otra parte, se hallan impregnados de frases duras en contra de todo lo preestablecido y suponen tanto una lucha contra ciertos conceptos imperantes, como una denuncia en relación con algunos personajes conocidos en el terreno de la filosofía o de la literatura del siglo XIX.
No puede negarse, no obstante. que el Futurismo pese a su actitud profundamente nihilista, constituyó el germen para otras corrientes posteriores, como el Dadaísmo o incluso el Surrealismo
Lourdes Cirlot.- Las claves de las vanguardias artísticas en el S. XX.
Ed. ARÍN. Barcelona. 1988. págs. 37-40
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Futurismo
Los pintores futuristas, conducidos por el poeta Filippo Tommaso Marinetti, trabajaron en Italia desde 1906 a 1916, aproximadamente en el mismo período que los cubistas en Francia. Este grupo, entre quienes se contaba Umberto Boccioni, Gino Severini y Giacomo Balla. opinaban que Italia estaba anclada en las glorias del pasado y que era preciso que entrase en el futuro. Su objetivo más general era introducir la cultura europea en lo que consideraban como el nuevo y glorioso mundo de la tecnología moderna.
Los futuristas intentaron con todas sus fuerzas negar el pasado. Les interesaba mucho lo publicitario, y su Primer Manifiesto, escrito por Marinetti en 1909, era una alabanza a la juventud, las máquinas, el movimiento, la potencia y la velocidad. El Segundo, un año después, atacaba las técnicas clásicas de pintura y lo que denominaron el "modernismo superficial" del arte de la Secesión. En esta época tenía mucha fuerza la idea del futuro como algo excitante y glorioso. La pintura de Picasso, la música de Igor Stravinsky, la tecnología moderna, todo parecía conducir a una era nueva y excitante. (Hoy, a finales del siglo XX, los cambios son tan rápidos que hemos dejado de pensar en el futuro en esos términos). La palabra clave de este nuevo movimiento era dinamismo, una fuerza universal, y esto es lo que la pintura debía mostrar. Los futuristas usaron el dinamismo para glorificar la violencia; su Manifiesto proponía prender fuego a los museos, guardianes del pasado, y consideraban la guerra como algo rápido, ruidoso y teatral. El intento de reconciliarse con la máquina glorificándola era fútil, tal como se evidenció en la Primera Guerra Mundial cuando las ametralladoras fueron la causa de un horror insospechado. Ahora parece que la auténtica contribución, del futurismo fue su "simultaneidad", un procedimiento para situar visualmente juntas en una pintura cosas que suceden al mismo tiempo: sonido, luz y movimiento.
El futurismo fue un movimiento que abarcó todas las artes. Luigi Russolo, por ejemplo, pintor y músico, pintó una cuerda que sobresalía de un piano convirtiéndose en una forma, y desarrolló máquinas sonoras que formaron parte de los happenings musicales.
Los críticos del futurismo, muchos de ellos defensores del cubismo, les acusaban de ser fotográficos, y comparaban su obra con las fotografías de exposición múltiple a alta velocidad. Sin duda, los futuristas conocían la obra de Muybridge, fotógrafo inglés que trabajaba en Norteamérica, y de Marey, fisiólogo francés, pero negaban su influencia. Aun así, cuando contemplamos obras futuristas, no podemos dejar totalmente de lado la influencia de la fotografía.
La escultura de Boccioni, Formas únicas de continuidad en el espacio, presenta con una gran vehemencia el dinamismo de la figura humana. Parece que encarna el movimiento en forma tridimensional, con luz e incluso sonido. Boccioni habló de la necesidad de romper los rígidos contornos de la figura, de crear una continuidad dinámica en el espacio y de fusionar la figura con su medio ambiente. El título de la crono-fotografía de Marey es Fases sucesivas de un salto de longitud; se hace difícil crecer que estas dos obras sean meras evoluciones paralelas.
¿Podría existir una arquitectura futurista? Se discutía, ya en aquella época, si el arquitecto Antonio Sant'Elia era un futurista. Su visión de ciudades con circulación a muchos niveles, con túneles para vías de ferrocarril y carreteras, coronadas por espacios de aterrizaje para la aviación, parecía profetizar realmente las necesidades urbanas de la segunda mitad de siglo. Sant'Elia podía perfectamente haber conocido el trabajo del arquitecto vienés Loos. Tampoco sus edificios tienen ornamentación, pero Sant'Elia va más allá y permite que la función se manifieste formando parte del diseño. Los ascensores están situados en el exterior del edificio porque en movimiento quedan bien, expresan algo que al arquitecto le interesa poner de relieve. La nueva ciudad de este cuadro no pasó de ser una idea; nunca se construyó.
Boccioni y Sant'Elia murieron combatiendo en la Primera Guerra Mundial. No es de extrañar que este movimiento fuera incapaz de sobrevivir a la concreción real de sus ideales de violencia y mecanización y que pronto se desintegrara.
La obra de Balla, Velocidad abstracta--El coche ha pasado, resume, ya en su título, la idea futurista de lo que debería ser la pintura. Balla dijo: "Cuando el objeto se mueve a gran velocidad, todo lo demás se mueve. El coche se precipita y penetra, al pasar, en todo lo demás; revienta los átomos de luz y deja a su paso un estremecimiento."
Hacia 1910 las ideas de los movimientos modernos se habían difundido por Europa. La acumulación de movimientos e ideas era ahora mayor debido a la mayor rapidez de los viajes y las comunicaciones. En París los cubistas sabían lo que estaban haciendo en Milán los futuristas. Marcel Duchamp, quien trabajaba en París al estilo fauvista, estuvo influido por el cubismo y pintó una figura bajando una escalera en la cual el tratamiento de la figura es cubista, la sensación de movimiento futurista y el conjunto presenta el aspecto de una fotografía de exposición múltiple.
Este cuadro causó una enorme indignación cuando, en 1913, fue expuesto en Nueva York. La gente no estaba acostumbrada a estas pinturas revolucionarias, o a las ideas que había detrás, pero todavía captaban el tema en su nivel más simple y respondían a él. La gente se había habituado a ver guitarras o fruteros "distorsionados", pero era insultante ver una figura humana tratada como una máquina en movimiento. Esto perturbaba sus ideas sobre la pintura y sobre las personas.
Rosemary Lambert.- El Siglo XX.-
Gustavo Gili. Barcelona. 1985. págs. 29-3
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El futurismo italiano es el primer movimiento de vanguardia. Se denomina así al movimiento que confiere al arte un interés ideo-lógico y que deliberadamente prepara y anuncia una alteración radical de la cultura y las costumbres, al negar en bloque todo el pasado y al sustituir la búsqueda retódica por una audaz experimentación estilística y técnica. El movimiento se abre con el manifiesto literario de Futurismo
F. T. MARINETTI (1878-1944)
en 1909; le sigue, un año después, el manifiesto de la pintura futurista, firmado por GIACOMO BALLA (1874-1958), C. CARRA (1881-1966), UMBERTO BOCCIONI (1882-1916) -que será también el teórico del movimiento, G. SEVERINI (1883-1966) y L. RUSSOLO (1885-1947). Adhirió al movimiento en 1913, pero se separó bruscamente de él dos años después, A. SOFICCI (1879-1964), que había es-tado en París en contacto con los cubistas. También en el 13 se incorporó al movimiento E. PRAMPOLINI (1894-1956), a quien se debe la unión del Futurismo con los demás movimientos vanguardistas de entreguerras. En 1914 publicó A. SANT’ELIÁ (1888 - 1916) el manifiesto de la arquitectura futurista. A. PRAMPOLINI, BRAGA-GLIA, DEPERO y DUDREVILLE se debe la extensión de la poética futurista al campo de la escenografía y la dirección teatral y al cine. Momentáneamente, fueron atraídos a la órbita del Futurismo - que entre 1910 y 1916 recogió y coordinó todas las fuerzas vivas del arte italiano- algunos jóvenes artistas que después evoluciona-ron en otras direcciones como GINO MORANDI, O. ROSAL, A. MARTlNl, P. CONTI y R. MELLI. Las vanguardias son un fenómeno típico de los países culturalmente atra-sados; su esfuerzo, aunque intencionalmente revolucionario, se reduce casi siempre a un extremismo polémico. En los manifiestos futuristas se pide la destrucción de las ciudades históricas (por ejemplo, Venecia) y de los museos, y se ensalza la ciudad nueva, concebida como una inmensa máquina en movimiento. La revolución que se auspicia es en realidad la revolución industrial o tecnológica, o sea, una revolución todavía burguesa. En la nueva civilización de las máquinas, los intelectuales- a la aristocracia del futuro. Son internacionalistas, pero anuncian que el «genio italiano» salvará la cultura mundial. En el momento de su Elec.-ción política prevalece el nacionalismo; quieren la guerra como «higiene del mundo» y participan en ella como voluntarios (Boccioni y Sant'Elia perdieron la vida en el campo de batalla); tras la guerra, el movimiento se desintegra y algunos de sus mayores exponentes se pasan al bando opuesto, a movimientos anti-futuristas como el «metafísico».
Sus protagonistas son Balla, Boccioni y Carrá. Balla gusta de la experimentación y tiene el don de la intuición genial; del estudio de las vibraciones luminosas (divisionismo) pasa al de la representación sintética del movimiento, es decir de ritmos dinámicos cósmicos, independientes del objeto en movimiento. Es una investigación que le acerca mucho a Kandinsky. Boccioni se preocupa, en cambio, de precisar la posición del dinamismo plástico y sintético del Futurismo en relación con el Cubismo y sus precedentes históricos. También Carrá considera el Futurismo como una renovación del lenguaje formal que lo cambia todo en el interior del «sistema de las artes», pero que no altera sus premisas. Tanto el uno como el otro, intentan «legitimar» o justificar históricamente el Futurismo mientras que Balla quisiera que conservara siempre un carácter vanguardista.
En los lúcidos escritos teóricos y críticos de Boccioni se encuentra la explicación de esta contradicción. Para salir de su tradicional provincianismo, la cultura italiana de-be alinearse con la europea, es decir, debe hacer suyas las experiencias del Roman-ticismo, del Impresionismo y del Cubismo y, al mismo tiempo, debe superarlas críti-camente. El Impresionismo aparece como un inmenso progreso y como un límite y el Cubismo como un hecho revolucionario pero insuficiente. Boccioni, como Delau-nay y Duchamp, se da cuenta de que la solución dialéctica propuesta por el Cubis-mo es aún racionalista, clásica. Independientemente de los franceses, llega a distin-guir en el movimiento físico, como velocidad, el factor cohesivo que permite la fu-sión del objeto con el espacio y llegando al límite la superación del dualismo funda-mental de la cultura tradicional. La unidad de lo real no debe darse en el pensamien-to, a través de un procedimiento de raciocinio, sino en la sensación fuertemente emotiva de la realidad; la acción del artista debe, pues, actuar sobre la realidad, intensificar su dinamismo y hacerla más emocionante. El propio Boccioni se da cuen ta de que el extremismo futurista se resolvía en un punto límite: desde que, Italia se había comprometido en una guerra europea, tenía que encontrar su sitio en la historia europea. En sus últimas obras, ya no futuristas, busca una síntesis entre Impresionismo y Expresionismo, casi como preparando en el arte esa unidad europea que se esperaba nacería de la crisis bélica.
Giulio Carlo Argan – El arte moderno – 2° Tomo, La Epoca del Funcionalismo – la crisis del arte como ciencia europea
Fernando Torres Editor
Manifiesto de la Arquitectura Futurista.
Antonio Sant´Elia. - 1914
Después del siglo XVIII la arquitectura dejó de existir.
A la mezcla destartalada de los más variados estilos que se utiliza para disfrazar el esqueleto de la casa moderna se le llama arquitectura moderna. La belleza novedosa del cemento y del hierro es profanada con la superposición de carnavalescas incrustaciones decorativas que ni las necesidades constructivas ni nuestro gusto justifican, y que se originan en la antigüedad egipcia, india o bizantina o en aquel alucinante auge de idiotez e impotencia que llamamos neoclasicismo.
En Italia se aceptan estas rufianerías arquitectónicas y se hace pasar la rapaz incompetencia extranjera por genial invención, por arquitectura novísima. Los jóvenes arquitectos italianos (los que aprenden originalidad escudriñando clandestinamente publicaciones de arte) hacen gala de su talento en los nuevos barrios de nuestras ciudades, donde una alegre ensalada de columnitas ojivales, grandes hojas barrocas, arcos góticos apuntados, pilares egipcios, volutas rococó, amorcillos renacentistas, rechonchas cariátides presume de estilo seriamente y hace ostentación de sus aires monumentales.
El caleidoscópico aparecer y desaparecer de las formas, el multiplicarse de las máquinas y las crecientes necesidades impuestas por la rapidez de las comunicaciones, por la aglomeración de la gente, por la higie ne y por otros cientos de fenómenos de la vida moderna no dan ningún quebradero de cabeza a estos auto-llamados renovadores de la arquitectura. Con los preceptos de Vitrubio, de Vignola y de Sansovino en la mano, más algún que otro librillo de arquitectura alemana, insisten tozudos en reproducir la imagen de la imbecilidad secular en nuestras ciudades, que deberían, por el contrario, ser la proyección fiel e inmediata de nosotros mismos. (Obviamente se realza la achaparrada y menospreciada auto-imagen de los italianos, que desencajados se sintieron abandonados, y, a mi modesto entender tuvieron una reacción adolescente, polémica, y que a todas luces condecía, muy a su pesar, con las tendencias que decían rechazar...”hagamos algo distinto... pero que no se note”)
De esa manera, este arte expresivo y sintético se ha convertido, en sus manos, en un ejercicio estilístico vacío, en un revoltijo de fórmulas malamente amontonadas para camuflar de edificio moderno al mismo contenedor de piedra y ladrillo inspirado en el pasado.
Como si nosotros, acumuladores y generadores de movimiento, con nuestras prolongaciones mecáni-cas, con el ruido y la velocidad de nuestra vida, pudiéramos vivir en las mismas casas, en las mismas calles construidas para las necesidades de los hombres de hace cuatro, cinco o seis siglos.
Esta es la suprema idiotez de la arquitectura moderna, que se repite por la complicidad mercantil de las academias, domicilios forzados de la inteligencia, en las que se obliga a los jóvenes a copiar onanísticamente los modelos clásicos, en lugar de abrir del todo su mente a la búsqueda de los límites y la solución del nuevo y acuciante problema: la casa y la ciudad futuristas. La casa y la ciudad espiritual y materialmente nuestras, en las cuales nuestra agitación pueda desarrollarse sin parecer un grotesco anacronismo. El problema de la arquitectura futurista no es un problema de readaptación lineal. No se trata de encontrar nuevas formas, nuevos perfiles de puertas y ventanas, ni de sustituir columnas, pilares, ménsulas con cariátides, moscones y ranas. Es decir, no se trata de dejar la fachada de ladrillo visto, de revocarla o de forrarla de piedra, ni de marcar diferencias formales entre el edificio nuevo y el antiguo, sino de crear ex-novo la casa futurista, de construirla con todos los recursos de la ciencia y de la técnica, satisfaciendo noblemente cualquier necesidad de nuestras costumbres y de nuestro espíritu, pisoteando todo lo que es grotesco, pesado y antitético a nosotros (tradición, estilo, estética, proporción), creando nuevas formas, nuevas líneas, una nueva armonía de contornos y de volúmenes, una arquitectura que encuentre su justificación sólo en las condiciones especiales de la vida moderna y que encuentre correspondencia como valor estético en nuestra sensibilidad.
Esta arquitectura no puede someterse a ninguna ley de continuidad histórica. Debe ser nueva, como nuevo es nuestro estado de ánimo. El arte de construir ha podido evolucionar en el tiempo, y pasar de un estilo a otro manteniendo inalterados los atributos generales de la arquitectura, porque en la historia son frecuentes los cambios de la moda y los que produce la sucesión de religiones y regímenes políticos. Pero son rarísimas las causas de cambios profundos en el entorno, las causas que rompen y renuevan, como el descubrimiento de ciertas leyes naturales, el perfeccionamiento de los medios mecánicos y el uso racional y científico del material.
El proceso consecuente de desarrollo estilístico de la arquitectura se detiene en la vida moderna. La arquitectura se separa de la tradición. Se comienza necesariamente de cero. El cálculo de la resistencia de los materiales, el uso del hormigón armado y del hierro excluyen la "arquitectura" entendida en el sentido clásico y tradicional. Los modernos materiales de construcción y nuestros conocimientos científicos no se prestan en absoluto a la disciplina de los estilos históricos y son la causa principal del aspecto grotesco de las construcciones "a la moda" en las que se pretende conseguir de la ligereza, de la soberbia agilidad de la viga y de la fragilidad del cemento armado la pesada curva de un arco y el aspecto macizo de un mármol. Esto deja entrever la acidez de la crítica hacia el art-noveau y otros movimientos que “reensamblaban” corrientes naturalistas, influencias del simbolismo, búsquedas en la imaginería oriental con nuevas orientaciones y materiales, sillas thonet, uso del acero y el vidrio, líneas curvas, arabescos de influencia otomana, etc )
La formidable antítesis entre el mundo moderno y el antiguo está determinada por todo lo que antes no existía. Han entrado en nuestras vidas elementos que los hombres antiguos ni siquiera podían imaginar. Se han producido situaciones materiales y han aparecido actitudes del espíritu que repercuten con mil efectos distintos, el primero de todo la formación de un nuevo ideal de belleza todavía oscuro y embrionario, pero que ya ejerce su atracción en la multitud. Hemos perdido el sentido de lo monumental, de lo pesado, de lo estático, y hemos enriquecido nuestra sensibilidad con el gusto por lo ligero, lo práctico, lo efímero y lo veloz.
Percibimos que ya no somos los hombres de las catedrales, de los palacios y de los edificios públicos, sino de los grandes hoteles, de las estaciones de ferrocarril, de las carreteras inmensas, de los puertos co-losales, de los mercados cubiertos, de las galerías luminosas, de las líneas rectas, de los saludables vacia-dos. Nosotros debemos inventar y volver a fabricar la ciudad futurista como una inmensa obra tumultuosa, ágil, móvil, dinámica en cada una de sus partes, y la casa futurista será similar a una gigantesca máquina.
Los ascensores no estarán escondidos como tenias en los huecos de escalera, sino que éstas, ya inútiles, serán eliminadas y los ascensores treparán por las fachadas como serpientes de hierro y cristal. La casa de cemento, cristal y hierro, sin pintura ni escultura, bella sólo por la belleza natural de sus líneas y de sus relieves, extraordinariamente fea en su mecánica sencillez, tan alta y ancha como es necesario y no como prescriben las ordenanzas municipales, debe erigirse en el borde de un abismo tumultuoso, la calle, que ya no correrá como un felpudo delante de las porterías, sino que se construirá bajo tierra en varios niveles, recibiendo el tráfico metropolitano y comunicándose a través de pasarelas metálicas y rapidísimas cintas transportadoras.
Hay que eliminar lo decorativo. El problema de la arquitectura futurista no debe solucionarse hurtando fotografías de la China, de Persia y de Japón, o embobándose con las reglas de Vitrubio, sino a base de intuiciones geniales acompañadas de la experiencia científica y técnica. Todo debe ser revolucionado.
Deben aprovecharse las cubiertas y los sótanos, hay que reducir la importancia de las fachadas, trasladar los problemas del buen gusto del ámbito de la formita, el capitelito, el portalito, al campo más amplio de las grandes agrupaciones de masas, de la amplia distribución de las plantas del edificio. Basta ya de arquitectura monumental fúnebre y conmemorativa. Deshagámonos de monumentos, aceras, soportales y escalinatas; soterremos las calles y las plazas; elevemos el nivel de las ciudades.
YO COMBATO Y DESPRECIO:
1.- Toda la pseudo-arquitectura de vanguardia, austríaca, húngara, alemana y norteamericana;
2.- Toda la arquitectura clásica, solemne, hierática, escenográfica, decorativa, monumental, agraciada y agradable;
3.- El embalsamamiento, la reconstrucción, la reproducción de los monumentos y los palacios antiguos;
4.- Las líneas perpendiculares y horizontales, las formas cúbicas y piramidales, que son estáticas, pesadas, oprimentes y absolutamente ajenas a nuestra novísima sensibilidad;
5.- El uso de materiales macizos, voluminosos, duraderos, anticuados y costosos.
Y PROCLAMO:
1.- Que la arquitectura futurista es la arquitectura del cálculo, de la audacia temeraria y de la sencillez; la arquitectura del hormigón armado, del hierro, del cristal, del cartón, de la fibra textil y de todos los sustitutos de la madera, de la piedra y del ladrillo, que permiten obtener la máxima elasticidad y ligereza;
2.- Que la arquitectura futurista, sin embargo, no es una árida combinación de practicidad y utilidad, sino que sigue siendo arte, es decir, síntesis y expresión;
3.- Que las líneas oblicuas y las líneas elípticas son dinámicas, que por su propia naturaleza poseen un poder expresivo mil veces superior al de las líneas horizontales y perpendiculares, y que sin ellas no puede existir una arquitectura dinámicamente integradora;
4.- Que la decoración, como algo superpuesto a la arquitectura, es un absurdo, y que sólo del uso y de la disposición original del material bruto o visto o violentamente coloreado depende el valor decorativo de la arquitectura futurista;
5.- Que, al igual que los hombres antiguos se inspiraron, para su arte, en los elementos de la naturaleza, nosotros - material y espiritualmente artificiales - debemos encontrar esa inspiración en los elementos del novísimo mundo mecánico que hemos creado y del que la arquitectura debe ser la expresión más hermosa, la síntesis más completa, la integración artística más eficaz;
6.- Que la arquitectura como arte de distribuir las formas de los edificios según criterios preestablecidos está acabada;
7.- Que por arquitectura debe entenderse el esfuerzo por armonizar con libertad y gran audacia el entorno y el hombre, es decir, por convertir el mundo de las cosas en una proyección directa del mundo del espíritu;( Estos en parte son los principios usados por Le Corbusier o la Bauhaus, Gropius, Alvar Aalto, Teo Van Doesburg, etc.)
8.- De una arquitectura así concebida no puede nacer ningún hábito plástico y lineal, porque los caracteres fundamentales de la arquitectura futurista serán la caducidad y la transitoriedad. Las casas durarán menos que nosotros. Cada generación deberá fabricarse su ciudad. Esta constante renovación del entorno arquitec-tónico contribuirá a la victoria del Futurismo que ya se impone con las Palabras en libertad, el Dinamismo plástico, la Música sin cuadratura y el Arte de los ruidos, y por el que luchamos sin tregua contra la cobarde prolongación del pasado.
Dirección del Movimiento Futurista, Milán, 11 de julio de 1914
Antonio Sant´Elia.
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Futurismo (1909-1916)
No es exactamente una tendencia artística, sino una postura vital de algunos poetas y artistas plásticos italianos, que funciona en múltiples aspectos; desde la provocación pública y la pelea hasta «una reconstrucción futurista del mundo» (Balla). En general, al concepto de la simultaneidad se adhieren: abolición de la «perspectiva» espacial (yuxtaposición) y temporal (sucesión) para llegar a un modo de experiencia más amplio que supere todos los límites espacio‑temporales. El mundo se convierte en espacio de energía, la técnica moderna en símbolo e instrumento del nuevo ser humano dinámico, que rechaza con las formas antiguas la tradición de contemplación pasiva y trágica para «vivir peligrosamente» (los futuristas se apasionaban por la guerra). En el teatro tenía que abolirse la separación entre actores y espectadores. Con la abolición de la sintaxis reventó «el lenguaje". El espacio de la energía se visualizaba en construcciones espaciales y en el espacio del cuadro. Para la pintura fueron importantes el puntillismo (representación de un espacio de color, lumínico e inmaterial), y el cubismo (simultaneidad de los puntos de vista, fragmentación como representación del movimiento). Puesto que el futurismo tendía más a una transmisión de vivencias (estados anímicos, velocidad, energía) que a la representación de los objetos que las originaban, condujo, en algunos casos, a la abstracción. El movimiento consiguió enseguida una gran influencia en Rusia (Malevitch, Larionov, Natalia Goncharova); en Inglaterra influyó en los vorticistas; en América en Max Weber y Joseph Stella, y ha inspirado también al Dadá, hasta cierto punto a De Stijl, al constructivismo y al surrealismo.
1909 Manifiesto Futurista (F.T. Marinetti)
1910 Manifiesto Técnico de la Pintura Futurista: entran a formar parte del movimiento el pintor Umberto Boccioni (1882‑1916), Carlo Carrá (1881‑1966), Luigi Russolo (1885 a 1947), Giacomo Balla (1871‑1958) y Gino Severini (1882‑1966).
1912 En el Manifiesto Técnico de la Escultura Futurista, Boccioni aconseja la utilización de materiales inusuales y efímeros, y movimiento.
1912/14 Trabajos no figurativos de Balla (Compenetrazioni iridescenti, Complessi plastici), Boccioni y Severini.
1915 Balla: montaje de Feux d'Artifice de Stravinsky, como ballet, para formas geométricas y luces (estrenado en Roma en 1917).
Primera Ola del Arte Abstracto
1908/09 Primeras obras no figurativas de Francis Picabia (1879‑ 1953) .
1910 Obras no figurativas de Arthur Dove, Max Weber y Abraham Valkovitz; 1909/10 de Joseph Lacasse (1894).
1910 Kandinsky termina de escribir Uber das geistige in der kunst (publicado en 1912).
1911 Vassily Kandinsky (1866‑1944) y Franz Marc (18801916) redactan el almanaque Der Blaue Reiter, que apareció en 1912.
1911/13 Exposiciones de la «Redacción del Blaue Reiter)~ (Kandinsky, Marc, August Macke, Heinrich Campendonk, Arnold Schonberg, Delaunay; posteriormente también Paul Klee, Hans Arp y Lyonel Feininger).
1910/13 El paso a la no figuración de Kandinsky.
1914 Marc: Kampfende Formen.
1914 Kandinsky tiene que volver a Rusia.
Cor Blok.- Hª del arte abstracto.
Cátedra. Madrid- 1987. págs 219-239
El futurismo
Entre las varias opiniones que hoy existen acerca del movimiento futurista, hay dos que merecen ser puestas de relieve. La primera lo considera un auténtico movimiento renovador de la plástica, espoleta de gran cantidad de ideas anarquistas dentro del arte y la vida; la otra hace de él un simple movimiento formal, sin ningún contenido de fondo, auténtica premisa de los nacionalsocialismos y del mismo fascismo. El intenso período que media entre 1909 y 1914 estuvo, en parte, dominado por la docena larga de manifiestos publicados por estos tremendistas de la pintura y del arte en general y por la cantidad incontable de artículos en periódicos y revistas, manifestaciones, exposiciones y actuaciones de los futuristas.
Movimiento basado en la propaganda y en la publicidad bien organizada, hizo su aparición pública precisamente en las páginas del periódico parisiense Le Figaro el 20 de febrero de 1909, a la vez que se distribuían por todo el mundo cientos y cientos de copias de su contenido, lleno de frases retóricas, radicalismos dialécticos y afirmaciones tremendistas. Promotor y redactor de los principales manifiestos fue el poeta Filippo Tommaso Marinetti (18761944), quien ya de muy joven se había dado a conocer en los círculos simbolistas de París. Pese a la influencia decisiva que ejerció en Francia, fue en Italia donde irrumpió como un auténtico vendaval, dado que aún imperaba el clasicismo más riguroso impuesto por las Academias de arte oficiales romanas.
En sus proclamas, el futurismo hablaba del fin de un arte pasado (le Passéisme) y del nacimiento de un arte para el futuro (le Futurisme). En los once principios fundamentales relacionados en el Primer manifiesto fundador del futurismo, de 1909, se exalta la acción, la violencia, la fuerza, la agresión (luego manifestada con su adhesión al fascismo), el dinamismo, la velocidad, la perenne transformación, etc. El siguiente manifiesto, proclamado en 1910 en el Teatro Ciarella de Turín, también glorificador de la rebelión, la acción, la voluntad de poder, la fuerza vital, etc., provocó una auténtica batalla campal en la sala donde fue leído, pero a pesar de todas estas manifestaciones más o menos exaltadas, el futurismo, en sus resultados propiamente artísticos, no fue mucho más lejos de donde había llegado el cubismo. Si en la vertiente social contribuyó a disminuir la distancia entre la vida y el arte, tal como lograría más adelante el dadaísmo, en lo pictórico no pasó de ahí. El cubismo, en su análisis formal del objeto, ya había llegado a una “visión simultánea” que puede ser interpretada en último término como concepción dinámica del mundo. El futurismo partía de una operación inversa, la de introducir apriorísticamente el dinamismo en la obra de arte, lo que hace que en ambos casos el objeto en reposo representado en la tela se conciba como movimiento potencial y se disgregue en varias líneas de fuerza. De aquí la búsqueda de la simultaneidad, de la multidimensionalidad, de la superposición y la interpenetración.
Entre los componentes más relevantes del futurismo está el grupo de poetas, pintores y arquitectos, compuesto por Umberto Boccioni (1882-1916), Carlo Carra (1881-1966), Giacomo Balla (1871-1958), Luigi Russolo (1885-1947), Gino Severini (1883-1966), Antonio Sant'Elia (1888-1916). Aparte de los componentes italianos, el futurismo ejerció cierta influencia en Rusia, Estados Unidos y Francia, especialmente a través de Mikhail Larionov (1881-1964) y Nathalia Gontcharova(1881-1962), autores a su vez del Manifiesto del rayonismo (1912), precursor de la abstracción rusa.
Manifestaciones e ideario
En 1912 el grupo futurista organizó una exposición de sus trabajos en las ciudades de París, Londres y Berlín. En 1914 Boccioni publicó un libro en el que, bajo el título Pittura, Escultura futurista, definió sus ideales dentro del movimiento. Aquél fue en realidad el fin de la explosión futurista, ya que la guerra dispersó el grupo y orientó sus inquietudes hacia otros caminos. Boccioni moriría en el frente, Severini se pasó al Cubismo y Carra se dejó influir por la pintura metafísica. Como Chirico, Balla regresó al realismo académico y Russolo se entregó a la música, su primitiva especialidad.
En el manifiesto de 1910, redactado por Boccioni, Carra, Russolo, Balla y Severini, se declara que la creciente necesidad de verdad, ya revelada por los movimientos anteriores, no puede ser satisfecha mediante unas determinadas formas o colores convencionales, tal como se entendía en lo pasado. Para ellos, a los nuevos tiempos dominados por la técnica corresponde un arte dinámico que debe forzarse por representar el rápido ritmo al que se mueven todas las cosas: “¡Hemos llegado a la última cima de los siglos! ¿Por qué mirar hacia atrás ? El tiempo y el espacio murieron ayer, vivimos ya en lo absoluto, puesto que hemos creado la velocidad eterna y omnipresente.” Se sentían satisfechos por lo que consideraban el “esplendor” del mundo enriquecido por la nueva forma de belleza: la velocidad. “Un automóvil de carreras con su radiador adornado de gruesos tubos como serpientes de aliento explosivo..., un bólido que ruge, que parece correr sobre metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotracia.”
A esta nueva manifestación estética que exigía una perenne transformación, acompaña un decidido propósito de acabar con todos los signos del pasado, dado que para ellos “ya no existe belleza fuera de la lucha”. Pretenden acabar con todo el arte del pasado, con los museos que consideran auténticos cementerios, con la moral, con la religión, etc. En el punto cuarto de su manifiesto de 1910 declaran que “debe hacerse un barrido general de cuanto es tema rancio y raído, con objeto de expresar la vorágine de la vida moderna, una vida de acero, fiebre, orgullo y temeraria velocidad”. En el fondo, estas intenciones dinamistas de la vida distan poco del propósito impresionista de captar instantes vívidos de la existencia; sólo que éstos se limitaban a lo puramente estético y aquéllos pretendían trasladarlo a la vida misma.
Como se ha dicho, en el fondo, la solución futurista era un tanto ingenua: un caballo al galope no tenía cuatro patas, sino veinte; un ser humano en movimiento no podía tener cuatro extremidades, sino múltiples miembros ordenados en una serie de desplazamientos. El sonido se representaba con una pura sucesión de ondas, y el color, a través de un objeto prismático: un planteo elemental de la percepción visual. La más positiva aportación del futurismo a la historia del arte va más allá de los exaltados manifiestos de revolucionaria literatura o de sus cuadros transformistas; enlaza mucho mejor con la sensibilidad visual del hombre moderno utilizada por la cinematografía. Esta fue la que realmente interpretó los símbolos plásticos futuristas y les dio vida, desarrollando una nueva percepción de los objetos más característicos de nuestro tiempo: el coche, el tren, el avión, la máquina. Todos los futuristas trataron de representar en sus cuadros las fuerzas físicas o mecánicas que intervienen en los agentes del movimiento. Carra pintó en 1911 Lo que el tranvía me dijo y Russolo Líneas de fuerza de un rayo, Balla en 1912 Automóvil y ruido y Severini jeroglífico dinámico del Bal Tabarin. Todos los esfuerzos por plasmar en la tela el desplazamiento de cualquier fuerza motriz quedaron pronto agotados. El futurismo tenía sus propios límites, ilustraba una noción conceptual que iba más allá de la propia pintura. El cinetismo, la cinematografía y las técnicas de tratamiento de la imagen anularon todas sus intenciones reivindicativas.
El éxito de este movimiento se debe a su organización propagandística, a sus manifestaciones literarias, a su anarquismo libertario y a sus aportaciones plásticas.
En sus provocadoras y escandalosas veladas, auténticas burlas del gusto del público, se adelanta a Dadá, como demostró especialmente en sus agresivas actuaciones de los años 1912 y 1913.
Mientras en otros países las vanguardias se desarrollaron en la oposición, en Italia el futurismo se identificó con el lado más reaccionario hasta quedar totalmente identificado con él. Marinetti se expresó claramente a favor del fascismo cuando en el primer manifiesto describió: “Nosotros queremos glorificar la guerra - única higiene del mundo -, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer.” Después de participar directamente en la guerra de Libia, considerada por él la “gran hora futurista”, Mussolini le jubiló haciéndole precisamente académico de Italia. El “régimen” empezó a considerar al futurismo como una especie de reliquia, auténtica antigualla del pasado.
Los futuristas y su obra
Gino Severini parte de las deformaciones estructurales del cubismo, que considera insuficientes para representar la actividad de la civilización moderna simbolizada por la velocidad. En 1910, con El bulevar, intenta el paso del cubismo al dinamismo plástico a través de una distribución particular del espacio-color. Con La Torre Eiffel y Bailarina=Mar logra estructurar claros ritmos de simultaneidad y dinamismo. Uno de sus mejores cuadros, Expansión esférica de la luz (centrifuga), posee además gran belleza.
Giacomo Balla es uno de los pintores más representativos de la tendencia. Tras superar la vacilación de sus primeras interpretaciones, buscará en sus pinturas y grabados el efecto del ritmo dinámico descomponiendo el movimiento en sus diferentes fases. Las manos del violinista (1912), Mercurio delante del Sol ( 1914), una de las más logradas, Líneas de fuerza de las flores (1914) y Líneas fuerza del paisaje + sensación de amatista (1918) anuncian su paso a lo que se ha llamado el “segundo futurismo”.
Carlo Carra, frenético adepto de las exaltaciones futuristas, se entregó más adelante a la pintura metafísica para llegar a ser un auténtico antifuturista. Sus obras señalan las metamorfosis de la vida moderna:
Lo que me dijo el tranvía (1911), Mujer en el balcón (1913), entre otras.
Luigi Russolo, mayormente considerado como músico, publicó en 1913 el Manifiesto del ruidismo, que iba acompañado de una máquina denominada “Intonarumori”, que por sus características permite situarle como un precursor de la música concreta. Modula ritmos de gran abstracción en Recuerdos de una noche ( 1911) y Solidez de la niebla (1912).
Umberto Boccioni fue ante todo un escultor que potenció el descubrimiento de las tres dimensiones en la plástica, lo que no quita que su pintura tenga gran interés. Probablemente sea el más auténtico de los artistas futuristas, por añadir a la lucidez de sus conceptos una clara coherencia estilística. En su obra la imagen en movimiento se desarrolla de modo tan sugestivo como real gracias a la compenetración de los planos y a la interferencia en el espacio de los diferentes juegos de simultaneidad. Sus obras maestras son Formas únicas de continuidad en el espacio, en escultura, y La ciudad ascendente, en pintura.
Especial versión de los presupuestos futuristas fue el “vorticismo”, manifestado en Gran Bretaña durante un breve período (1913-1915) como tendencia vanguardista que recogía también del cubismo algunos elementos, como la rigidez angular, el juego de las formas geométricas, tratando de dar una imagen visual “vortiginosa”, símbolo de su impetuoso dinamismo. Sus representantes más destacados fueron David Bomberg (1890-1957), Henri Gaudier-Brzeska (1891-1915), William Roberts (1895) y el cabeza visible del grupo, Percy Wyndham Lewis (1884-1957).
VVAA.- La pintura en el Siglo XX.-
Ed. Salvat. Col GT nº 97. Barcelona 1973.- págs. 57-64
APENDICITIS
Los siguientes párrafos son un correlato sobre el texto de Marta Traba “Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas 1950-1970” que, a través de un lúcido hilo conductor –sobre todo dentro del campo de las artes de las décadas mencionadas – propugna algunas de las orientaciones discursivas sobre las que he ceñido la iconografía que acompaña y, cual soporte, coparticipa de la actitud crítica pretendida.
La tecnología, quizás desde sus albores (hibridada con la alquimia, el misticismo, la nigromancia, u otras muchas creencias) ha ido imbricándose en la hechura cultural e histórica – ciertamente como factor de poder real para la manipulación y administración de los hechos, los congéneres o de las cosas – desde las más diversas culturas y ámbitos socio-históricos de la humanidad. Endilgársela a la occidentalidad como su cuna y matriz es falaz y faccioso.
Esta penetración no es ingenua, ni original, ni nueva, ni exclusiva de la sociedad contemporánea.
El uso casi específicamente funcional de la razón nos diferencia del resto del reino animal y de quienes sufren el encantamiento del mismo (hay quienes están encantados del funcionalismo y positivismo pues es pragmático y útil para la administración y domesticación de cualquiera de las facetas con las que nos enfrentamos en la realidad) – aunque con realizaciones muy loables – del conocimiento como tal… nuestra sociedad ha ensalzado el conocimiento desde sus comienzos. Admirada antes de los egipcios y afirmada por todos los pueblos cuya cuna fue el Mediterráneo. Considero que el género humano completo sufre de lo que se ha dado en llamar el efecto pigmalión; y lo que es peor, miramos con extrañeza a quienes no comparten dichas ideas…
¡¿Cómo no va a estar enamorado el hombre de su obra si por ella es admirado por los demás hombres!?
¿¡Cómo no va a proferir loas hacia ella si la permite simplificarle la vida!?
En los albores lo hizo también porque, por medio de ella – la obra y/o la tecnología para su realización – conseguía, no sólo rédito en su propio ámbito, sino porque así parecía trascender las propias limitaciones de su tiempo y espacio (en consecución con las ideas míticas, las acciones desprendidas de estas – tales como el arte, la religión, y otras actividades concedida por los dioses, comenzaron a gozar del privilegio de poder leerse ahistóricamente). De allí que la tecnología se convierta en ideología y entendiendo a la segunda como el poder asignado a las ideas para la manipulación del entorno, incluidos de sus pares, todo ello si, en mayor o menor medida, tomamos conciencia de que el accionar del hombre es instrumental y dirigido a fines, particularmente para la obtención de beneficios (presentes o futuros) tales como la utilidad, la credibilidad de los demás, la confianza, el poder, la sumisión, la aceptación, el status, capital económico, cultural, político o cualquiera de los otros materiales o inmateriales.
1º La tecnología, hábilmente convertida en ideología por quienes la necesitan manejar como instrumento de poder, ha penetrado la unidad cultural de la sociedad de consumo y la ha atomizado. (Marta Traba -2005 - p 59.)
La subsunción a la occidentalidad agobiante y aparentemente tan inevitable como útil – no tanto para nosotros como para los progenitores devenidos en colonizadores de estas tierras – nos acarrea la adopción perpetua de modismos y correlatos que nos enajenan y nos ponen en una sumisa filiación hacia los astros que, desde la cuna Mediterránea, tan generosamente nos iluminan.
A la espera de mejores condiciones y de un trato igualitario cual prometen las constituciones de los Estados de derecho que sobre nosotros se fundaron, continuamos cuestionándonos en qué hemos fallado para que nuestro entorno no sea más que desconcierto, altos niveles de desazón y desasosiego. En todo esto, impelido por las finalidades dictadas desde genealogías dirigentes desde antes de nuestras independencias, el arte – o lo que nos han obligado a suponer que este es – colaboró dócil y generosamente aportando modélicamente a las construcciones de creencias que todavía nos gobiernan o sugestionan.
Aunque particularmente descreo de la Patria Grande Bolivariana fundada en la idea anglo globalizante de las logias de fines del siglo XVIII y del XIX, si adhiero a la idea de paternalismo mal entendido con el que nuestros dirigentes latinoamericanos nos convierten en hijos putativos de estos semidioses bajados de los barcos… si bien genéticamente tenga mucho de ellos; concretamente lo repudiable es la actitud arrogante que desde el modelo refinado por el mismo Proyecto Iluminista lanzó a los pobladores del continente europeo a infestar las demás culturas. El constructo resultante en una pluralísima pléyade de hibridaciones culturales que en mayor o menor medida han sido sojuzgadas para el sometimiento y la subsunción. El proyecto planteaba llevar la luz de la cultura y la civilización occidental a los confines de la tierra, la idea de progreso sustentada en el uso primordial de la razón y, mal que mal, estamos asistiendo al final de dicho ciclo… aunque las promesas de la Revolución Francesa todavía brillan por su ausencia.
Personalmente veo como los encabalgamientos y supuestas derivas de sentido van podando – de los proyectos predados y de las hegemonías neutralizadas – algunas de las ideas y creencias pero, remodelándolas, a otras les dan nuevos bríos para acaparar tanto la atención de los subalternos como para demostrar un hilo de continuidad histórica que les permita prolongarse en el poder sin marcados sobresaltos ni objeciones; y, desde nuestra cuna grecolatina, siguen potenciando el mito de prometeo y la Razón robada a los dioses; la dominación de la tierra gestada desde el Génesis bíblico, el ser hechos a idea y semejanza de Dios, el ser reyes de la creación (no un consorcista más de esta gigantesca pero frágil construcción que es nuestro planeta) y sobre todo la idea de progreso como algo deseable y alcanzable con un uso calibrado de la razón.
2º El arte latinoamericano no ha conseguido todavía desatender, ni siquiera distraerse, respecto de la lección que se le imparte desde afuera.
Cuatro siglos de dominaciones culturales sucesivas, explican, aunque no justifiquen, la docilidad con que, al comenzar el S XX, este arte copia prolijamente los borradores que le suministra Europa, al definirse la hegemonía de Nueva York en la estética actual, marca el pase a la estética del deterioro sin presentar resistencia. (Ídem. p 55.)
Más que del deterioro, de lo efímero (más efímeras que las obras institucionalizadas históricamente), la subsunción cultural, económica y política durante cinco siglos permiten la continuidad de este sistema de exacciones de todo tipo y, para colmo de males, se nos ha convencido de su naturalidad; la disparidad de aceptaciones entre los distintos mestizajes en nuestra historia… el gradiente natural de dicha aceptación tomada como lógica (Español, criollo, mestizo, indio, mulato, negro y zambo) nos dan motivos sobrados para entender el porque la Sajonía de los nuevos personajes obtienen gratuitamente la pleitesía y la obsecuencia. Sólo se decapitaron unos reyes para luego entronizar a otros… es cultural – y como tal es reificante, impuesta y de una velada pero palmaria autoridad pedagógica – el anhelo de que los hijos nazcan blanquitos, de ojitos claros, de rasgos europeos – eso reiterado por cinco siglos nos marcan como lugar y como casta que mendiga un lugar entre los brahamanes del primer mundo.
A esto cabe agregarle los decenios de decadencia real en los ingresos, en los niveles de educación, en los niveles de autoconciencia, en los niveles de respeto a las instituciones (que si bien no son portadoras del respeto que les concerniría, al menos debiéramos reflexionar y llevar a la praxis concienzudamente cuáles son las que necesitamos para que, aunque más no sea funcionalmente, nos permitan credibilidad y posibilidad de crecimiento cierto), en los niveles de inversión, en los niveles de mantenimiento y desarrollo de la sanidad pública, la industria, la formación superior, la planificación económica, etc.
Flagrantemente estamos siendo despojados de lo poco que teníamos en posesión: la Soberanía, que, al menos en los papeles nos daban algo de certeza institucional y legal. Hemos entrado (gradualmente y por ello nos parece natural o evolutivamente mas inocuo de lo que en realidad es) en una lenta desposesión de nuestros bienes fácticos… paulatinamente hemos pasado a ser inquilinos de nuestro territorio, de los servicios que podríamos brindarnos a nosotros mismos, de nuestras riquezas – sobre las cuales la educación ya ni nos informa – abonando por commodities y “alquileres” sobre prestaciones que vendimos por migajas y qua ahora pagamos a precios elevadísimos.
Todo el manual de indicaciones viene dictado desde fuera y siempre hay algo que hacemos mal por lo que la carroza – como en el cuento – se transforma nuevamente en calabaza. Por ello, la cultura, que aparenta la inocuidad mas supina, ha acompañado (y pecaremos de angelismo al no decirlo) todo este proceso de alienación y vacuidad intelectual. No es necesario comparar las obras foráneas con las propias, no tiene por que enorgullecernos estar tres horas atrasados con respecto a las vanguardias como declamaba en los sesenta Marta Minujín, no es imprescindible continuar los lineamientos curriculares pautados por el Gugenheim, la Alianza para el Progreso, la O.E.A., el Mercado Común Europeo, el NAFTA… y en ello somos responsables todos… tampoco es mi intención caer en un grotesco nacionalismo chauvinista (que también los tuvimos pero de las fronteras para adentro) que grandilocuentemente declamaba soberanía y valores nacionales mientras vendía e hipotecaban la mitad del país... cada cual haga su examen de conciencia.
3º … Tal precisión persigue, como primera finalidad, descalificar el argumento simplista de que los Estados Unidos, como antes lo hicieran otras fuerzas culturales, nos proponen unas nuevas maneras de hablar que podemos adaptar sin ningún menoscabo de nuestra independencia de criterio.( p 55.)
El arte aquí muestra la efectividad histórica de la industria cultural contra lo pobre y efímero que queda del arte ayudando a la afirmación de la hegemonía.
Mientras siga aportando a la pantalla cultural para que se hablen – publiciten – de las marcas y estilemas consensuados y programados desde las hegemonías, las cosas resultan simpáticas y llevaderas pero…
¡Ay de nosotros ante la mínima desobediencia!
Los modelos presentados e impuestos en nada se parecen a nuestras necesidades … la reinserción del arte en la vida, en la hermenéutica cotidiana, jamás tendrá la efectividad histórica requerida principalmente por ser extranjero a nuestros intereses, a nuestra problemática social, a nuestros proyectos (si es que todavía los tenemos o los hubo), a nuestras realidades. Sigo concibiendo al arte, en la gran mayoría de sus facticidades, como un inicuo placebo socio-histórico para preseverar una continuidad ideológica de nuestra occidentalidad afirmativa.
El esquema de complacencia que la Institución arte mantiene con la égida del resto del mandarinato intelectual es lo que; aunque inicialmente le da de comer, a fortiori lo esclaviza… por ello es que tiene que entrar mansa y estéticamente en los discursos precedentes. Cuando no responde de este modo (y este es el caso de la Vanguardia) provoca desconcierto, shock, tedio y posteriormente, al cabo de múltiples lecturas y orientaciones indiciales, es deglutido sin más por la institución o es aceptado en el campo o es participado al convite del mundo del arte… una vez institucionalizado (interpretado simbólicamente) es despojado de sus vestiduras críticas y es educado para responder a los criterios políticamente correctos.
Por nuestra parte, la periferia nos provoca posibilidades de otras lecturas (por hibridación y chiasmus) que, si pretenden una verdadera ruptura con el sintagma-paradigma racional-reificante de nuestra occidentalidad, podría aportarnos (inicialmente hacia nosotros) una multiplicidad de enfoques tanto más complejos cuanto mas dispares sean las conexiones y los cruces de la lectura.
4º Siguiendo a Lefèvre en su pesimismo acerca de la capacidad de crear ya un sentido específico a la imagen – que se admita que la sociedad de consumo es incapaz de crear algo diferente a “la señal” de cualquier código de ruta, el denominador común de estas nomenclaturas es el mismo: la dictadura de la tecnología. (p59.).
Aquí se me planteó la ironía del uso de la señal vial como estereotipo de nuestros modos de funcionalizar cualquiera de los recorridos – sean reales o ficcionales-simbólicos – que nos deparan las relaciones con el mundo (como es o como nos han educado a verlo). Y con todo ello se amplían casi al infinito los horizontes de lectura y de hipotetización… no es que en un signo se pueda significar a todos los significados, pero con unos pocos se presentan heteróclitas y polisémicas derivas de sentido que enriquecerían las lecturas e interpretaciones de estos íconos propuestos con un matiz “jocoso”.
Lo jocoso tiene un delta de potencialidades tanto para la vertiente irónica como para la cínica, no perdiendo con ello el tinte crítico y soez impreso en ellas. Sé que con ello no se cambiará nada de lo pretendo que se cambie, pero reitero mi más inocente creencia de que quizás lo único débil en sus búsquedas que le resta al arte es ser “un ámbito de reflexión”… no pretendo y lo reitero pedagogía, proposiciones modélicas e instituyentes… esto no sería ver para creer o ver y estimar… sino más específicamente ver para pensar.
5º El resultado más ostensible de la “tecnología ideológica” sobre las artes plásticas norteamericanas es el reemplazo de lo que podríamos llamar estética tradicional por la estética del deterioro[2]. Si el valor culminante de la estética tradicional consiste en lograr la permanencia de la obra de arte superando las contingencias de la época y de la moda para aplicarse a coordenadas de estilo, la estética del deterioro, por el contrario, descarta o desafía abiertamente ambas concepciones. La cuestión consiste en no durar y en no establecer pauta alguna. (p 60.)[3]
Hay que ser cuidadosos en este tipo de aseveraciones, pues no son pocas de las actividades, obras u objetos propuestos ya desde las Primeras Vanguardias (como Tinguely con motorizaciones inútiles y autodestructibles, o una escultura elaborada por Tatlín en el conventillo donde él vivía adosada a la estructura del edificio en la certeza de que sería destruido casi inmediatamente, o, las mismas obras presentadas en el Cabaret Voltaire por los Dadaístas, puestas a la puerta de los baños y habiendo entregado machetes y hachas a los asistentes para que ellos mismos las despedazaran… o muchas de las obras surrealistas elaboradas a base de rezagos de las más diversas índoles, etc.). Al proponer la autoría de los Estadounidenses en lo que a estética del deterioro ser refiere, cabe aclarar a su vez, que todas estas innovaciones no les son propias sino heredadas – cuando no, sustraídas – de las culturas inmigrantes desde la primera hasta la segunda guerra mundial (paneuropea expandida e impelida hacia sus colonias por obligación).
Al igual que Serge Guilbaut, sostengo que la migración de la antorcha cultural desde París a Nueva York no es ni casual ni ingenua… es marcada y certeramente una jugada política para la consecución de la hegemonía cultural, trasvasada de un continente a otro – no se si tanto para la autopreservación de la cultura occidental, como detentaban ideológicamente los norteamericanos a finales de la Segunda gran Guerra – como parte del coste político-económico-simbólico que requería la reconstrucción de Europa y la protección de sus colonias así como de su idiosincrasia y el sostenimiento del statu quo en la pugna entre Oriente y Occidente.
6º Así, la movilidad y el cambio, que resolvieron la suerte de tantos espléndidos artistas en las décadas del 50 y 60, termina en el genocidio artístico, que ni siquiera es consumada por el propio actor, sino por un extraño, el público. (p 61.)[4]
Cuando queda evidente la historia como metarrelato discursivo, como versión homogeneizadora de las hegemonías, el arte pierde toda efectividad histórica (no interesa lo que es o no arte; al borrarse los límites definitorios, al ser aporéticas sus definiciones ahistorizantes; no interesa de qué está hecho, cuanto durará, si es o no comerciable, factible de exponerse, perdurable, instituible, institucionalizador…) con ello, en nada se diferencia de la moda.
A estas alturas, en la abnegada búsqueda de la fusión entre arte y vida, sumada a la implosión institucional (desde las mas diversas miradas, la gran mayoría de las instituciones llevadas adelante históricamente como – la Iglesia, la familia, el Estado, los roles generacionales, los roles de género, las diferencias raciales, las imposiciones culturales, etc. – son cuestionadas y puestas en crisis desde sus propios fundamentos en una abrasiva política de autoconciencia primero y de liberación de creencias en un segundo término) llevada mayormente a cabo desde la década de los sesenta, se encontraba casi en un callejón sin salida: o la desaparición del arte (genocidio planificado hasta por las mismas neovan-guardias) o el traspaso a la acción política directa (cosa que si hicieron ingentes cantidad de artistas e intelectuales de la época).
Acusar al público de articidio es, a mi entender, un gesto crédulo… ante la masificación (ya prevista en los escritos de Walter Benjamin, entre otros), ante la imposibilidad de oponerse a la industria cultural, el arte como entidad ya separada de la praxis y de la vida cotidiana se encontró con dicha disyuntiva en una jugada política – no pocas veces disimulada – se autoinmola para recuperar el rédito perdido.
7º Sin posibilidad de permanecer, sin perseguir ninguna estructura de la permanencia, el arte se autocondena al mismo destino que los demás productos de la sociedad de consumo; apenas se gasta, cubre una expectativa y satisface episódicamente a su cliente, desaparece.
Por ello las estilizaciones que históricamente se vislumbran dentro del campo del arte son, de alguna forma, modas propuestas por la institución Arte para:
1º La sintagmatización de la historia, para hacerla mas creíble, mas digestiva, mejor organizada y así ser presentada en sociedad revestida de lo que puede ser aceptable (academicismo).
2º Viabilizar la comercialización (kitschificación) del producido en los diversos talleres, agregando o quitando decorativamente elementos para su mayor y mejor aceptación dentro del rol social que, de antemano, se le había pautado al arte como actividad.
3º Tematizar las diversas corrientes de interés dentro de los parámetros sociales e histórico-culturales y con ello aceitar los accesos al mercado del arte aún en un fingido desinterés.
Esto nos aclara desde cierto ángulo el tema de los estilos y los estilos dentro de ciertos temas… La Iglesia, por ejemplo, desplegó su parafernalia dentro del Barroco como contrapropuesta publicitaria ante las pérdidas de feligreses infringida desde los diversos protestantismos; o, Luis XIV concentró la actividad de diversos talleres de artistas para reforzar la idea de hegemonía político-histórico-cultural desde Versalles y fijar así el estilo de los soberanos franceses, o, las experimentaciones del Art Nouveau son, en buena medida, una nueva forma de impulsar la Revolución industrial y económica – exportando al resto de la occidentalidad las más diversas producciones en vidrio, cerámica, hierro, telas, diseños, pinturas, esculturas, etc. – en la Francia decimonónica.
En contrapartida apareció el Jugenstil, luego las aportaciones de la Werkbund, las ideas de William Morris con sus artesanos-artistas o la Bauhaus, etc. En todos los casos justificados en discursos que potencian el paradigma del progreso, de la novedad, de la obsolescencia y decadencia del pasado, de las bondades de ser moderno, innovador, aggiornado, etcétera; que es esta quizás la matriz de la era moderna que nos asfixia desde entonces.
8º … la propuesta que después se aceptará sin condiciones es convertir al arte en un fragmento del proyecto tecnológico que impera en la sociedad de consumo, homologarlo a sus leyes; promulgar la ilimitación de sus libertades, encargarle felicidades fáciles y colectivas que, en apariencia, sirvan de terapia general, convertirlo en vehículo de descarga de la agresividad y, por lo tanto, de la peligrosidad de los individuos. Transformarse, en resumen, en un elemento catártico perfectamente prefabricado cuyo triple permiso – el de divertir, liberar, destruir – (alienar, distraer, subsumir) se ha ejercido desde entonces con terrible y pasmosa regularidad. (p 61.)
Asignarle y atribuirle funciones catárticas y libertarias al arte es ya conocido y desarrollado desde el arte griego (si es que nos remitimos en particular a nuestra propia historia). La derivación del ditirambo, el desliz de la religiosidad popular hacia una escenificación pedagógico-cultural no es nuevo ni, parece, haber sido un elemento lo suficientemente remanido al menos hasta ahora. Lo particular del caso es que, en la década de los sesentas (aunque planificado desde muchísimo tiempo antes, como hemos descripto precedentemente), tienen la gigantesca potenciación de las incipientes pero ya grandilocuentes tecnologías de la industria cultural y, a su vez es ella misma la que se alimenta autoproveyéndose de los mismos elementos experimentales para usarlos a posteriori con una mayor eficiencia y eficacia que el mismo arte (con aparente envidia) no pudo desplegar.
En síntesis, la capacidad y búsqueda de eficacia histórica a la que aspiraba el arte desde hace centurias, fue rapaz y raudamente cooptada por la Industria cultural a la que el arte, en un gesto de despecho, rechazó mayoritariamente o aceptó funcionalmente para servir mejor a los intereses de la burguesía industrial – inicialmente – y especulativa monetaria luego.
Obviamente que los despliegues históricos aquí delineados no fueron tan palmarios o acelerados; siempre estuvieron avenados de discursos, marchas y contramarchas culturales impelidas por replanteos políticos de autopreservación y perfeccionamiento de los procesos societales (tal como ya lo describiera Habermas)
9º La transmisión de elementos culturales implica, a su vez, la transmisión de un sistema de pensamiento, de una organización especial del hombre y sus relaciones no sólo con la sociedad sino con la historia. Por el contrario, la transmisión de elementos de civilización se limita al traspaso de costumbres, modos prácticos de vida y conducta que, carentes de una fuerza o poder persuasivo interno (mucho menos de “Valor”, Artisticidad, Distinción, Respeto…) deben imponerse. (p. 63.)
La diferencia expuesta por Marta Traba en este párrafo estriba en distinguir los elementos culturales y los elementos de civilización. Habría que descifrar qué entendería ella por cada una de estas cosas – elementos que conceptualmente no aclara mucho – pero, podríamos parangonarlos con los de Proyectos de Modernidad Cultural y los Procesos de Modernización Societal explayados nuevamente por Jurgen Habermas.
Los primeros son, como su nombre lo indica, Proyectos, el andamiaje teórico y la planificación previa para desarrollar un devenir posible, planificado y superador de las diversas problemáticas socio-económico-culturales imbricadas en la misma historia y realidad social humanas. Los mismos están delineados a grandes trazos por ejemplo en las ideas directrices del Iluminismo.
a) Despojar del campo social las creencias insanas y denigrantes de la historia, del presente y del futuro de la humanidad por medio del uso autoconsciente de la razón.
b) Desplegar a la democracia en un sistema ecuánime y potenciador de las relaciones sociales – para lo cual hay que crear y avanzar en la idea del hombre como ciudadano con derechos y deberes perfilados y definidos en su accionar en las constituciones rectoras de las vidas de los Estados-naciones modernas.
c) Bregar con tenacidad por los principios rectores de la Revolución Francesa tales como Igualdad, Fraternidad y libertad.
d) Justipreciar para no excederse en el desarrollo progresivo de la industrialización amparando y respetando a todos los miembros de la comunidad en la que la misma se desarrollaría.
e) Canalizar por los medios adecuados los reclamos y responder a las necesidades de todos los miembros por igual y así garantizar el cumplimiento de los derechos y la obligaciones individuales en pos del bien común, etc.
Los segundos son los Procesos por los cuales se han ido desplegando efectivamente de estas ideas, los que, paulatinamente, desprendidos en general de las ideas de sus génesis, han ido autopreservándose de un modo funcional para no ser fagocitados por los demás. Estos procesos son autoportantes de sus propios fines, ya desentendidos de los planteados en los Proyectos antes mencionados.
Separados de esta forma los dos elementos apuntados por la autora citada, encajarían con bastante facilidad en las crisis que dicen desarrollarse en el cruce de estos dos canales.
Podríamos pensar que la transmisión de elementos culturales como el traspaso de estos proyectos a desarrollar en otros ámbitos con sus ideas de plenificación y desarrollo de la aptitudes benefactoras en las sociedades. En tanto que la transmisión de elementos de civilización se correspondería con los del traslado de la funcionalidad institucionalizada de una cultura o grupo a otro sin mas reservas que la previsión en la obtención de beneficios sectarios o particulares sin importar su contextualización o sus circunstancias de enunciación. Obviamente en detrimento de las comunidades subsumidas.
Ambos casos para mi merecen una profundización más detallada en particular y sobretodo por la idea de chiasmus cultural o por la idea de colonización que terminó confeccionando nuevas vertientes culturales mestizadas en América Latina como en otros continentes colonizados (en el pasado y en el presente).
10º El arte moderno norteamericano ha aceptado ser, sin duda, una región de la tecnología. Desde el momento en que se produjo esa aceptación perdió la opción de interpretar globalmente una sociedad que no puede ser ver sino desde el ángulo que se le concede. (p. 63.)
Las modalidades de manifestación del arte moderno sobre todo en Estados Unidos tienen la parti-cularidad de ser dictadas desde una elite totalizadora de la cultura entendida y penetrada por emprendi-mientos empresariales-culturales desde su prístina planificación en los albores del Siglo XX. Por ello les resulta dificultoso desentrañar sus proyectos de modernidad de sus procesos de modernización societal.
La empresa siempre estuvo inmiscuida en todos los asuntos de Estado desde la fundación de este aglomerado heteróclito de comunidades interrelacionadas por planificaciones geopolíticas que a veces ni ellos mismos parecen concientes de que son parte.
Un caso particular fue el de la Armory Show, o la vinculación de la familia Ford o Rockefeller, el desarrollo del Museo Gugenheim o las empresas con filiales en países subalternos que financiaron la intromisión de las políticas culturales en el resto de las naciones durante todo el siglo XX (elementos que Gilbaut analiza aún más pormenorizadamente y que aquí sólo valen como muestra).
La fusión de arte y tecnología en un estado de apenas un par de siglos de existencia no resultaría ni extraña ni particular, y por ello también es tomado con naturalidad por sus habitantes. Entonces, por ejemplo, la acidez del Pop puede convivir con los ultraconservadores como Bell en hibridaciones que para nosotros, foráneos a sus procesos, nos parecerían extraños.
Y aquí es donde resultan sumamente interesantes y comprensibles los planteos de Marta Traba sobre este tema:
¿Cómo podrán los Estadounidenses diferenciar o parcelar su cultura de la urdimbre misma de su desarrollo socio-industrial si para ellos es sumamente natural que la empresa – valga la redundancia – arremeta con emprendimientos artístico-culturales?
¿Cómo pueden ver como invasivo un procedimiento que los envuelve desde la misma cuna de su Nacionalidad?
¿Cómo esperar que sean capaces de tener otros puntos de vista que ese fanatismo que los ciega a ver más que chauvinistamente lo propio y a lo extranjero como invasor (valga el caso de los comentarios de Daniel Bell contra los que discute Habermas)?
Y es por esto que el resto de los habitantes del planeta nos resulta dificultoso ponernos en su lugar, en la situación que sólo ellos han vivido y de la cual creen fehacientemente que deben esperar los frutos de estas relaciones de dependencia. Cualquiera entiende que en cualquier negocio se invierte y luego, de las ganancias se pueden tomar los frutos de dicha inversión. Europa quedó pulverizada en la Segunda Guerra, el verdadero ganador fue Estados Unidos, y por ello fueron ellos los que tomaron las deter-minaciones políticas, geopolíticas y hasta culturales luego de semejante holocausto. Es natural entonces que puedan decidir por los vencidos o por las colonias de dichos vencidos. Con todo esto se puede comprender de que para ellos no haya muchos más puntos de vista que el del propietario disponiendo de la propiedad.
11º La señal que reemplaza al signo en la relación entre significante y significado en un lenguaje global, es incomparablemente más pobre que el signo. Si estamos de acuerdo en que una obra es un “sistema de sistemas”, algunos de los cuales no hacen referencia a las relaciones formales internas de la obra, sino a la relación de la obra con los propios disfrutadores y a las referencias de la obra con el contexto histórico-cultural donde se origina, no habrá ninguna dificultad para reconocer en la señal un mero indicador, pauperizado, capacitado para marcar un camino a seguir pero impotente para abrir el complejo sentido como es el lenguaje. (p 64).
Una de las características de lo “artístico”, quizás una forma de evaluar su artisticidad, sería la de la búsqueda de ruptura con el sintagma y sus lecturas lineales y predecibles; mientras tanto la señal busca la lectura fácil y sintagmática para su rápida absorción cultural.
Podríamos proponer que la obra en mayor o menor medida está decidida a expandir las fronteras del arte en algún punto, no así la señal que debe ser totalmente legible e indefectiblemente comprensible para la gran mayoría de la comunidad de lectores e intérpretes, debe manejar un código totalmente predecible, simple, identificable, pregnante pero pobre en elementos, iconografía, colores, marcas identificatorias, de una semiosis lineal y clara.
No busca ningún tipo de replanteos sobre si mismo ni sobre su significación o significado. No precisa de demasiados instructivos para su legibilidad. Así símbolo y señal se podrían equiparar; pues el símbolo es un caso especial de signo cuya finalidad es específica y cuya teleología evidente. Desde su proyecto y creación tiene ya determinados fines y su utilidad está sopesada al momento de su concepción.
La comparación o equiparación, con la que continúa Marta Traba, encuentra sus motivos en la evidencia de la incursión cultural, intromisión en las políticas de lo visual, en la producción de signos o en su transformación casi sin mediación ninguna, en símbolos. Ad intra Estados Unidos lo produjo con el embeleso – entre otros críticos – producido por los discursos de Clement Greenberg al seccionar y parcelar a las comunidades de referencia cultural como pertenecientes al High Brow, Middle Brow y Low Brow, que en términos castizos fue traducido como alto, medio y bajo pelo… por supuesto que los recientemente introducidos en las clases intermedias no tenía ninguna intención de ser incluida en el Medio Pelo y por ello, para ser Chics, había que saber de arte y cultura… evidentemente también dictada por el mismo Pope que los discriminaba. Esto expandió particularmente el mercado del arte y el arte se hizo presente en las viviendas de las clases medias como un elemento de Distinción. Posteriormente fueron ideadas y delineadas las políticas expansivas hacia nuevos mercados en un intento interdisciplinario por contener el avance ideológico de las izquierdas, sobre todo con la revolución cubana en el patio de la propia casa.
Esto llevó a lo que tanto encrespaba los ánimos de Marta Traba como lo fueron las bienales en nuestro continente y, sobre todo, por los auspiciantes (empresas cuyas casas matrices radicaban en los EE UU.) y por las instituciones fiscalizadoras o mediadoras para la posterior exhibición del material seleccionado para giras internacionales.
12º Parece un lugar común afirmar que nuestro continente no ha superado el estadio colonial; la dominación española durante los siglos XVII y XVIII y la francesa y europea en los siglos XIX y XX fue precisamente eso, una dominación cultural; la transmisión de señales de ruta, hecho privativo de la civilización americana tiene su originalidad dentro de nuestra historia de “semitodo”: semi-independientes, semidependientes, semidesarrollados, semisubdesa-rrollados, semicultos. (p 64/65)
Cualquiera que sea el nombre con que llamemos a nuestras sociedades es evidente que la naturaleza específica de los procesos de “aculturación” nos convierten, inmediatamente, en receptores de “culturas madres”. Digo esto para aclarar que lo grave no está en ser receptor sino confundir señal de ruta con lenguaje. (p 65)
Continua evaluando y criticando posturas de nuestros mediadores culturales que obsecuentemente – alguna ventaja han de sacar por hacerlo – se subsumen al paternalismo de las hegemonías que a partir de nuestros conquistadores nos aportan generosamente su cultura donante, todos los recursos que necesitamos para ser buenos salvajes como pretendía Rousseau de los manipulados.
Por otra parte, dentro de la misma época, durante la década de los sesentas e inicio de los setentas, la sociología se transformó, conjugada con las ciencias del lenguaje (o específicamente de los signos, con el redescubrimiento de material escrito por Charles Peirce), en la estrella de las ciencias sociales… en dicho ámbito, las pugnas por la captación de las masas y la refriega ideológica se hicieron más presentes.
Muestra aquí también el hartazgo a la permanente aceptación servil de las razones foráneas y al sometimiento y constante humillación de inculparse por todos los errores… para continuar con la dependencia de permanentemente recibir soluciones de los que saben y estar a la espera de los resultados que, siempre de una u otra forma , han de salir mal por algún motivo o error propios.
13º No es peligroso, por consiguiente, la recepción de un lenguaje, siempre que dicho lenguaje sólo represente el conjunto de signos que puede ser utilizado para fines diferentes y propios; lo que resulta disparatado es la adopción de determinada señal de tránsito, o, para decirlo en términos menos pop-metafóricos, la asunción de la señal correspondiente a una sociedad de consumo altamente industrializada centro de sociedades que ha sido calificadas por los sociólogos como arcaicas, feudales, semicoloniales o francamente coloniales, viviendo situaciones precapitalistas, raquitismo del mercado interno, la presión de las oligarquías en el poder, los desarrollismos a punta de revolver, la marginación de poblaciones enteras, el parroquianismo, el paternalismo etc. (p 65/66)
En un permanente rol paternal, cínicamente paternal, soezmente paternal, sórdidamente paternal, desaprensivamente paternal y sin ningún pudor manifiestan su superioridad y se ufanan de hacerlo en frente a la marginalidad y la expulsión social… pretendiendo comprar oro a precio de aserrín.
¿Cómo no va a ser indignante? ¿Se nos trata cual alienados mentales (mis disculpas por la comparación con ellos) para decirnos todo lo que tenemos que hacer para ser como ellos? ¿y si no queremos ser como ellos? ¿Por qué tiene que ser obligatorio?
El como somos tiene mucho que ver, en este caso, con todo aquello que no nos dejan ser; no podemos asociarnos para pensar conjuntamente estrategias de supervivencia y de desarrollo más que con la supervisión y fiscalización de las hegemonías.
Tiene que ver con que no podemos aprender nuestra historia porque ellos nos la venden de un modo mucho más accesible y digestivo… empezando por aprender lo que sucedía en la cuna mediterránea cuando aquí las culturas estaban tanto o más desarrolladas que aquellas.
Tiene que ver con que no podemos educarnos a conciencia y con capacidad crítica por que no es útil para lo que ellos necesitan
Tiene que ver con que no podemos producir las cosas sobre las que tenemos reservas y capacidades ociosas porque, precisamente somos sus reservas y lo de ocioso… es por que son unos vagos.
Los ferrocarriles Estadounidenses los levantaron los chinos, los latifundios de monocultivo latinoamericanos lo levantaron las comunidades nativas, las cosechas azucareras y algodoneras en Centroamérica la levantaron los negros…
¿Ellos, qué levantaron a parte de fortunas por intermediar y esclavizar?
Creo que Marta ha sido generosa al poner el prefijo de semi. Para como van las metas del capitalismo temprano, medio o tardío… nunca dejaremos de ser semis, es más, pasaremos a ser no sólo semis sino micro-semis.
14º Para acentuar la enormidad implícita en el simple traslado de señales habría que subrayar que, siendo el arte norteamericano emisor de un arte referido a circunstancias, objetos y modalidades “urbanas” de visión también debes ser reimplantado en zonas urbanas. En este caso, es necesario recordar que en la mayoría de nuestras ciudades la vida urbana es una terminología sin sentido, ya que casi la tercera parte de la población llamada urbana proviene de éxodos campesinos o migraciones y vive en condiciones particularmente determinadas por el desempleo, la anomia y la desadaptación que la excluyen de cualquier participación en la eventual vida cultural. (p 66).
A mi entender el problema no sólo pasa por la pertenencia a una comunidad rural o a una tribu urbana, sino por cuales son los nexos de relación entre las mismas o, en lo macro, quiénes son los que salen beneficiados con este tipo de relaciones.
La especificidad humana poco o nada difiere del que vive en la ciudad o el que vive en el campo; mayoritariamente las diferenciaciones y las distinciones de rango, status o acumulación de cualquier tipo de capital (sobre todo simbólico) es, como distinguieron y desarrollaron Peter Berger y Thomas Luckmann, una construcción social de la realidad. El por qué migran, el por qué deben abandonar sus comunidades originarias, sus hábitos, sus tradiciones, sus costumbres, sus conductas consuetudinarias, todo ello es tanto o más preocupante a cual es el destino final y cómo tendrán que modificarse y adecuarse a los nuevos espacios sociales que mezquinamente se les permiten habitar.
Y la vanguardia, evidentemente, como comportamiento urbano o lo analiza de un modo turístico – emulando al etnógrafo solitario – o tangencialmente se aprovecha de la situación – sin abandonar la propia – para referirse y exaltar algunas de las condiciones de supervivencia o de resistencia de dichas comunidades.
Si lo acotamos a la estructura de lectura de obra operada por Umberto Eco, nos daría que el Artista real se modela en el virtual – obviamente para agradar y lograr ser aceptado por empatía – de un modo humanitario y cercano al espíritu crítico que cualquier lego y creyente del arte esperaría de un artista, pues el mensaje implícito y evidente de la lectura de la obra lo pone como observador sensible a las realidades injustas de la sociedad y con ello le da el privilegio de conjeturar sobre lo políticamente correcto de plantear en estos casos. El lector modelo sería así persuadido simple y eficazmente pero sin modificar en nada las relaciones de injusticia previstas en la exhibición de la obra propuesta. Con ello se conseguiría seguir reforzando las relaciones afirmativas entre arte y sociedad presentadas por Sausure, y con ello todos quedamos tranquilos y seguimos discurriendo sobre otros temas tan o mas interesantes.
Particularmente se me viene a la cabeza las experiencias pastoriles desarrolladas durante el Rococó, en la que la elite fantaseaba con pertenecer al rango marginado para luego volver a la cotidianeidad sin siquiera rozar las necesidades ni los porqué de dicha situación.
15º El caballo de Troya es, justamente, la inocencia del proyecto artístico que ofrece la sociedad tecnológica. Las señales funcionan con la sabiduría competitiva de todos los productos de éxito. Son fulgurantes, perecederas, cambiables. Descartan la trascendencia y conducen hacia el juego.
La incrustación de lo lúdico intrínsecamente en la exhibición del arte es un artilugio presente desde sus propios inicios, es, en parte el modo en que, ficticia y engañosamente, se presentaron los esquemas de la perspectiva como artificio ilusorio que permitía una iconicidad mas precisa y aparente.
Dentro de otras estirpes, el mismo nacimiento del teatro griego jugaba con estos dispositivos a su favor: Entre otros por que la arquitectura siempre tuvo para ellos una gran cuota escenográfica.
Los adminículos previstos para potenciar la elocuencia de la voz (las Hipócritas) ya decoradas y provistas de la conformación necesaria para poder ser escuchados con claridad.
La disposición del escenario, del canal de agua rodeándolo en la semicircunferencia para lograr efectos acústicos deseados.
Los vestuarios para la identificación de los personajes…
Tanto como esto, el arte como técnica, aplicó e innovó en conocimientos para una mejor verosimilitud en sus presentaciones y representaciones.
No en vano en la época socrática la retórica servía como un poderoso condimento a la oratoria para lúdicamente dirigirse al auditorio, para persuadir, para engañar, para emular o distorsionar, para exaltar, para ocluir, para defender y argüir, para dirigir la atención a parte de lo dicho y desviar sobre lo que no se quería analizar…
En una renovación aclamada por las tecnologías de la Industria Cultural, es que es visto como Caballo de Troya a todos estos planteos de las segundas vanguardias particularmente. Aparentando inocencia, jocosidad e inocuidad, se nos filtran otros mensajes, otras interpretaciones, otros índices de lectura que no se transparentan más que mediados por una lectura crítica. La sofisticación es tal que, cual el canto de las sirenas de Odiseo, embelesan y distraen de lo flagrante y evidente del tipo de relaciones mantenidas y sostenidas afirmativamente y juzgadas como naturales y necesarias.
16º De la misma manera que Marcuse habla de una tecnología ideológica, habría que hablar de un “juego ideológico” en arte cuya finalidad, por supuesto, es ganar la partida pero distra-yendo, neutralizando, homogeneizando al contrario. (p 67).
Las Primeras Vanguardias fueron cardinales y originales aún desde el mero hecho de haber sido las Primeras… pero siempre las segundas ediciones tienen un hedor sospechoso y aparte de ser criticadas por no ser primigenias – gigantesco y craso error en una dinámica de la innovación permanente como lo requiere la modernidad – deben serlo a la luz de las Primeras, para constatar la evidencia o no del plagio y para escarnecerlo y menospreciarlo si se lo encuentra.
Algo de segunda ofrecido en el mundo de primera es un bochorno; al menos fue la primera lectura de los especialistas del momento… no se lo articuló como una potente y crítica relectura de lo acontecido en las Primeras Vanguardias. Pero como la caracterización para los legos de lo que hemos dado en llamar Vanguardia es de desfachatez, este doble juego de desfachatez de la desfachatez ronda lo impúdico. Probablemente a las Primeras – no se si por el transcurso del tiempo y/o por el efecto “Parallax” sugerido por Hal Foster – se las ha mitificado aparentemente lo suficiente como para tomarlas en sí como todo un símbolo, tanto al símbolo como al mito no se los cuestiona y se aceptan sus direccionamientos en la significación como algo indiscutible, cerrado y definitivo. Sino no se puede estar haciendo un revisionismo permanente… tal como con la ley, “ya es cosa juzgada y caso cerrado”.
Pero las segundas nos siguen comprendiendo a nosotros como sociedad que vive después de la Muerte (aunque hegeliana, muerte al fin) del Arte.
¿Será por ello que, ya habiendo dejado herencia, nos estamos peleando por ver y participar de lo que dijeron ellas en su testamento?
Referido a las ideas de Marcuse propuestas por Traba, se evidencia con todo lo antedicho, de que, luego de estas vanguardias tanto o más fracasadas que las primeras, la Industria Cultural no ha dejado casi intersticio alguno sin profundizar o explotar para el rédito de la masificación – efecto manifiestamente contrario a los buscados por los proyectos vanguardistas, y en esto coinciden ambas versiones – es palmario que los proyectos fundacionales han sido reificados en procesos seriales que no sólo no logran los efectos ni la autoconcienciación propuesta sino que, meramente como estilemas, marcan y pautan tal cual lo hace la moda, los diversos argots de las distintas facciones de consumidores de productos culturales (antes distintivos, ahora devenidos en masivos).
Por eso es que Marcuse los menciona irónicamente como tecnología ideológica, tomando de ambos términos el sentido crítico del efecto alienante y manipulador que tienen bajo un barniz de tono pigmaliónico. Tecnología como sistematización de los conocimientos y prácticas aplicables a cualquier actividad y más comúnmente a los procesos industriales; e Ideología perfilada como la destreza y/o habilidad para que un grupo logre que otro – comúnmente mas numeroso – haga lo que el primero le ordena o consigna (generalmente el segundo es domesticado por medio de la palabra sin llegar en la mayoría de los casos al uso de la fuerza bruta). Conjugando ambas significaciones, se sobreentiende de cual es el sentido crítico que pretende transparentar Marcuse en este concepto.
En una deriva más de sentido podemos hacerlo extensivo a la mordacidad con la que Marta Traba propone el final de su párrafo “un “juego ideológico” en arte cuya finalidad, por supuesto, es ganar la partida pero distrayendo, neutralizando, homogeneizando al contrario”.
A las claras denuncia cual es la postura de la ampliación cultural – en un trato de Buena Vecindad tal como proponía John F. Kennedy – propuesta desde los centros de poder ejemplificados por las ofertas que, de EE UU., generosamente se impartían para el resto de sus subalternos en cumplimiento de la famosa frase de su Presidente Monroe “América para los Americanos”, aclarando que para el resto del orbe “América” es hablar casi con exclusividad de EE UU. precisamente (país que curiosamente no tiene nombre propio y lo toma prestado del continente).
17º Otra trampa de la homologación de las artes plásticas latinoamericanas con los Estados Unidos consiste en que esta presentación simultánea de hechos artísticos, casi paralelos, puede tomarse como una forma válida de coalición de culturas. (p 67).
La tesis de la coalición de culturas, acuñada por Levi Strauss y que a primera vista parecería favorecer a las culturas que él llama “salvajes” con los aportes mayores del pensamiento “domesticado”, ha sido siempre defendida calurosamente por la crítica latinoamericana cuya opinión pesa y legitima los comportamientos de los artistas locales. (p 67).
Impelir a un raudo acoplamiento con los eventos del primer mundo es más rapaz de lo que se evidencia en su simple mención. Genera una sensación contradictoria de alivio por creerse cercano a la meta y otra de angustia ante la obligatoriedad para no defraudar a la jerarquía. Aquí creo que estaba (y sigue estando) el verdadero meollo del juego ideológico ya presentado en el apartado anterior.
No ha sido nunca un homologarse con los otros, con los diversos, con los distintos, con los diferentes, sino que, en un esfuerzo mancomunado, los otros se tienen que parecer y esforzar a ser como ellos (los que dictan las reglas de homologación). Esta ha sido la permanente dinámica que nos lleva a una carrera sin fin como la de Aquiles con la Tortuga.
Estar a punto de alcanzar lo inalcanzable y sentir la frustración de que esta meta, como el mismísimo horizonte, se alejan a cada paso por el que creemos progresar es, finalmente el resultado de este peregrinar hacia la Tierra Prometida de donde mana leche y miel.
Todas las grandes religiones – también homologadoras de creencias – confieren el mismo perfil a la existencia humana y todas prometen felicidad a los infelices de este tiempo, con ello prorrogan lo que sería justo. Lo avieso no radica en las visiones de felicidad y promesas para que todos las podamos alcanzar sino, en lo utópico de hacer creer – al igual que el arte durante gran parte de la modernidad – que, por medio de un sistema aporético y viciado de reificaciones y teleologías, se pueda arribar a un futuro venturoso.
Resultó siempre sospechoso cuando el conquistador deviene en generoso. Esta presentación simultánea de la que habla Marta Traba, ¿No traía solapadamente otras consecuencias que se hicieron evidentes con posterioridad? Cuando los partícipes de estas estaciones repetidoras – que fueron las instituciones locales – se percataron del engaño ¿Se hicieron responsables de las consecuencias del mismo?
No hubo ni habrá coalición de culturas, el proceso siempre está orientado a fines y los fines no son los de la coalición sino los de la subsunción de unos por parte de los otros.
18º La actitud de desconfianza ante la coalición llega a considerarse como una modalidad provinciana y resentida, y el hecho, desgraciadamente cierto, de que las mayores defensas de las culturas regionales partieron de torpes grupos nativistas y folkloristas, ha contribuido a desprestigiar tal defensa. Para que los artistas ganen tanto tiempo perdido, para que entren en órbita y se expresen sin complejos regionales dentro de una concepción universalista, se defiende sin más la coalición de culturas y acto seguido se legitima todo producto que sea evaluado por el centro emisor norteamericano. (p 68).
La constitución del arquetipo podría ser la siguiente:
a) Ante la polisemia, la diversidad de circunstancias de enunciación, los más diversos contextos, la multiplicidad de derivas de sentido sobre las cuales desconocemos por completo – en muchos de los casos hemos exterminado a las culturas originarias – y, ante sus obras, nos encontramos frente a un texto sin nadie que nos lo pueda leer, tenemos un abecedario y somos analfabetos. Disponemos de una gigantesca biblioteca pero carecemos de las llaves para acceder a ella…
b) Ante las evidentes disquisiciones por la diversidad histórica y cultural, por las ideas fundantes de los diversos pueblos, sobre sus cosmovisiones, sus jerarquías e institucionalizaciones, sus invaluables herencias y tradiciones, modos y modelos de construir la realidad, sus ingentes bagajes rituales y socioculturales, las organicidades operativas…
c) Ante la pluralidad de razas, de razonamientos, de hilvanes estructurales sobre las diversas etnias, comunidades, tribus, potencialidades de desarrollo y despliegues particulares…
d) Ante la diversidad, la alteridad, la pléyade de argumentos constitutivos y evolutivos.
Todo ello lleva a la siguiente conclusión, sobre todo práctica y eficiente:
a) Homologar a cualquier precio. La simplificación es mucho más útil que los devaneos de cómo discurrir atendiendo los casos específicos de modo unitario.
b) Homologar es conveniente y por eso es necesario.
c) Homologar es práctico y sencillo, es circunstancialmente problemático pero en un mediano o largo plazo son más los beneficios que las pérdidas.
d) Homologar con cierta urgencia, pues el adversario se encuentra con las mismas dificultades y, ya que la solución final es la dictada por la práctica, ¿A caso no quedaría históricamente justificado para el caso de occidente también?
Las empresas, mayoritariamente de origen Estadounidense, encontraron en este sistema basado en un voluntario apadrinamiento de las instituciones culturales, el modo de justificar y encubrir las necesidades publicitarias que de momento y particularmente la situación política – sobre todo la internacional – precisaba para no transformarse en una flagrante intromisión en las políticas internas de los Estados de este hemisferio.
Ha sido algo así como vender las franquicias para la utilización de las políticas y estrategias propias que históricamente constituyeron su modelo de desarrollo económico-teleológico-cultural ya corregido y aumentado por la experiencia de poco más de un siglo de pragmáticas comprobaciones y errores.
Para poder sobrevalorar las acciones, procesos y proyectos propios, como estrategia, se usa infravalorar los ajenos. En la práctica, recompensar a quienes los apoyaban – sobornarlos – y dar un trato peyorativo a quien se resista. En consecuencia, obtener colusiones a no muy alto costo, o a una excelente relación costo-beneficio. En otro orden de cosas, y colaborando con esto, estaba el azuzar la creencia apocalíptica del fantasma del comunismo en ciernes como el evento exterminador determinista de la occidentalidad que estaba llamada a la preservación de la especie humana. O ellos o nosotros.
Magnificar el terror, beneficiarse de la creencia de que los tratados de cooperación eran sólo eso, enriquecer los discursos con grandilocuencia publicitaria para emular la verosimilitud de hechos inminentes. En una minuciosamente orquestada política que incluía a lo visual, lo cultural, lo político, lo económico, la hegemonización anglosajona, la homologación y el contubernio simbólico.
19º Es también obvio que el miembro más fuerte de la coalición saque partido del más débil;[8] a nadie se le ocurriría mencionar a Picasso en función de las esculturas africanas sino – tangencialmente y como un aporte reelaborado por el genio creador[9]. (p 68).
En la actualidad la dictadura tecnológica impide que las referencias culturales alcancen a constituirse en una estructura de lenguaje. (p 68).
Se desarticula cualquier tipo de contradiscurso, se lo demoniza, se lo exorciza, se lo menosprecia, se lo sintagmatiza con el oscurantismo, con la perversión, con lo morboso, con lo atroz, con lo inhumano.
¿Quién no se opondría a la fáustica idea de pactar con el demonio?
Se fingió defender la occidentalidad cristiana (aunque con posterioridad Henry Kissinger a inicio de los setenta, propusiera un proyecto para infestar la creencia religiosa con la estimulación, propaganda, subvención e intromisión de sectas, particularmente en América Latina), se mimetizó a los movimientos de ultraderecha con el ultracatolicismo en una coincidente manifestación continental – todos los países del orbe estadounidense tuvieron sus refriegas militaristas en fechas muy próximas… coincidentemente emulando a las acciones independentistas del siglo XIX abonadas desde la Inglaterra de entonces – y se usaron las estructuras existentes para promocionar los beneficios que traería la Alianza para el Progreso, el panamericanismo, la presión hasta la exclusión de Cuba de la comunidad pro-estadounidense, la victimización de todos los proyectos “nacionalistas”, etc.
El uso infantilista de narrativas históricas para justificar las bondades de pertenecer y, cual oferta de marketing telefónico, lo nocivo que sería perder esta oportunidad única infesta los discursos de la época, tanto los empresariales cuanto los institucionales del Estado en cualquiera de sus estamentos
…
Reestructurar los lenguajes, analizarlos críticamente, recabar en pormenores para tener una lectura mas amplia, enriquecedora y compleja, preguntarse por los motivos, las causas y las consecuencias de este diletante fraseo de adoctrinamiento cuasi fanático… no era visto como políticamente correcto.
El objetivo: anular al enemigo, anestesiar al intelecto… era hora de hacer las cosas, no de preguntarse los motivos ni las derivaciones.
Esa fue – lo sigue siendo – la Argentina, el Uruguay, el Brasil, la Venezuela, el Perú, el Ecuador, el Chile, la Colombia, el Paraguay, la Bolivia, el Panamá, la Costa Rica, la Honduras, el Méjico, El Salvador, la Guatemala… y así podríamos continuar con África y Asia, con Oceanía y Europa…
Las cosas se deciden y se validan lejos de nuestros países, lejos de nuestras ideas de comunidad, lejos de nuestras verdaderas historias, lejos de nuestros proyectos, lejos de nuestros resultados… los funcionarios cumplen sus funciones… funcionan para quien mejor les pague o corrompa y, de no ser así, se lo extrae y se pone a otros. Los presidentes no pasan a ser meros gerentes de las filiales empresariales ahora transnacionales, los gobernantes son a su vez gobernados en pos de la eficiencia de los verdaderos dueños.
En apariencia esto escapa al campo del arte, tiene un corrimiento hacia la sociología, la geopolítica, las narrativas históricas, las ciencias de la comunicación, la prosa del discurso de época… pero la acción política tanto como la aparente inacción política son ambas, acciones. Unas en pro y otras en resistencia, unas dinamizan, otras obstruyen… sin importar en definitiva las tendencias ni las banderías. Y, mal que se recuerde, el arte lo hizo desde su misma concepción de autoconciencia y uso público de la razón… aunque no haya público – atento para las lecturas propuestas – o no se encuentren las razones aparentes y la operatoria sea, según los Frankfurteanos, alegórica.
20º Concebido con tales parámetros, el arte ya no se preocupa por ser una forma de conocimiento sino que corre a convertirse en una forma de impactación. ( p. 69).
El efecto de Shock, desencanto y huida es la propuesta institucionalizada ya en las segundas vanguardias pero hechas efectivas hasta el hartazgo por las Primeras Vanguardias.
Aparentemente quizás la más potente de las ideas movilizadoras de las Primeras Vanguardias en contra de la institucionalización del arte para poder remitirlo nuevamente hacia la hermenéutica cotidiana, fue su falta de compromiso con ninguna de las instituciones, y, al igual que Kant lo planteara para el uso público de la Razón en la introducción del ciudadano burgués en el cambio dado por los Proyectos del Iluminismo, la falta de compromiso, las proposiciones ajenas a las coacciones dentro del campo social, la desvinculación de teleologías y estrategias consolidadas con el campo político imperante hasta el momento (se enfrentaron ellos a la decadente aristocracia y a un absolutismo promiscuo y devaluado) llevaron a que las ideas propuestas fuesen particularmente innovadoras y mordazmente críticas.
En el caso de las Vanguardias artísticas, las Primeras – situadas dentro de las dos primeras décadas del siglo pasado – trataron por todos los medios de despegarse de toda portación histórica de institucionalidad; las enfrentaron flagrantemente, las defenestraron públicamente, las aborrecieron cabalmente… no quisieron colusionar con ellas.
En tanto a posteriori se empezó a dar una situación muy particular, pues, luego de tremenda crisis vino un proceso de pacificación, en el que los menos extremistas comenzaron a negociar razones para volver las instituciones, en tanto que las instituciones al irse alejando las abrasivas muestras de contradicciones con los artistas y sus movimientos, comenzaron a “aceptar” sus obras y manifestaciones… se fue dando por un recíproco convenio un proceso de institucionalización acordada entre las partes. Ese fue, quizás, el mayor de los fracasos de la vanguardia histórica… proponer cosas ininstitucionalizables y que, a la corta o a la larga, terminaran institucionalizándose… domesticándose.
En el caso de las segundas vanguardias pueden tomarse – entre otras – de dos modos incompatibles pero cada uno con razones de peso.
Siguiendo los lineamientos de Bürger en un extremo, hubo y se finiquitó un solo período de vanguardia y al concluir colusionando sus miembros con las instituciones y al no darse la efectividad histórica pretendida, este proyecto fracasó… lo cual no quiere decir que desaparecieran los museos, los intermediarios y promotores de la imagen, del evento, del ensamblaje, de la ambientación, la curatoría, la crítica, la publicidad, el diseño, la oratoria y la poética artística, etc. Es por ello que tomaría a este segundo período de revanguardización del arte como un movimiento emulador, hipócrita y falaz sobre los lineamientos estipulados y sopesados de lo que fueron las primeras vanguardias, o sea, un verdadero bluff, una conjunción estratégico-política que pobremente se apropiaría de las modalidades de las primeras vanguardias, a sabiendas que el mercado y el consumidor del arte, así como su creyente, consentiría con mayor aceptación esta transubstanciación de los objetos que tanto el artista como la institución propusieran como arte.
Por otro andarivel, críticos como Hal Foster proponen con algunas teorías que, si bien la porción mas mordaz y ácida de las vanguardias ya fueron propuestas, esto no quiere decir que no haya aún algunas actividades, ideas y desarrollos que continúen con el espíritu inicial, que se produzcan sutiles corrimientos en el campo del sentido para proseguir en la ampliación del campo artístico como en la profundización del análisis del mismo.
Sobre lo que se basa Marta Traba para estos comentarios, en los que tiene potentes razones para asentirlos de modo tan taxativo, es lo sucedido en la época de la estandarización del desarrollismo como ideología aplicada a casi la totalidad de los campos sociales en pos de beneficiar los circuitos de poder y sometimiento propuestos por las hegemonías beligerantes de entonces. Aún potenciando los presupuestos más afirmativos del arte, se impelía a la creencia de un cambio posible, próximo y finalmente eficaz de las tecnologías como elementos superadores de las diferencias sociales y potenciadoras del estado de bienestar propuesto.
La impactación de la imagen propalada por la industria cultural parecía solucionar los problemas de distinciones y elitismo en el arte, como así también en el resto de los ámbitos culturales. Las proposiciones conciliadoras de tecnología y progreso estaban a la orden del día y se propiciaba angélicamente a la experimentación, como un modo de ampliación e interrelación de las esferas de conocimiento para una mejor y más próxima emancipación del hombre por sobre sus limitaciones.
21º Se ha perdido enteramente la escena global así como la comprensión de un significado pasando a glorificar el fragmento, la señal que coincide con el proyecto expresivo estimulado por la sociedad tecnológica. No hay que comprender sino ver, no hay que totalizar sino fragmentar, no hay que pensar sino recibir, no hay que reflexionar sino aceptar. Dentro de este contexto, la pretensión de significar o el deseo de alcanzar concepciones globales representa un inaceptable arcaísmo y una flagrante traición al dictado de la señal (p. 69).
La señalización es la forma económicamente más eficaz y competitiva de administración social. El objetivo es la estandarización, la homogeneización, la funcional rigidez lacónica de las comunicaciones para el mejoramiento en defensa de la ideología.
La conflagración en la que se ambientó esta propuesta, a la distancia, tan infantil como mezquina, fue la Guerra Fría – soezmente denominada así por que no se libró en ninguno de los territorios de hegemonía beligerante sino fuera de sus fronteras – y en ella cupo todo tipo de fricción social en prosecución de los objetivos de manipulación teledirigida y en la cooptación del poder – real y simbólico – de los países y de sus comunidades de habitantes. Se propuso un determinismo lógico… no estar en uno de los polos determinaba estarlo en el otro… y para peor, ya los enemigos no estaban fuera sino dentro del mismo tejido social…
Se nos concientizó como sociedades enfermas y por ello no habría que alarmarse de los febriles combates ni de los enfrentamientos… la paz y la calma sobrevendrían ante la victoria de alguno de los sistemas imperantes y con ello el bienestar retornaría… pero de lo que si había que cuidarse es de que el enemigo no brotara cual epidemia, como autodefensa había que denunciar a los sospechosos y nadie mejor para defender la integridad orgánica de la nación que su sistema inmunológico natural: Las Fuerzas Armadas.
Así, y de uno en uno, fueron cayendo los países en una enfervorizada pero necia carrera (se partía de la sugestión y se la inflamaba de autosugestión) de defensa de:
Valores tradicionales como la religión, la tradición, la familia y la propiedad.
Las fronteras nacionales e interiores.
Las costumbres y las creencias.
La autoridad y el normativismo.
Este alineamiento favoreció la adquisición de pensamiento “enlatado” y la cultura mermelada que daban un tinte pacato y modernoso a situaciones ambiguas y poco claras.
Esto es lo que denuncia la autora en este caso. La hipocresía social, sobre todo de la dirigencia que con mojigatería emulaba compromiso y coherencia pero que por lo bajo negociaba vulgar y atrozmente sobre el futuro y hasta las capacidades productivas de los países.
Traba parece denunciar las tácticas desarrolladas por el Pop y también, particularmente por el hiperrealismo que, para ocultar lo ocurrido con el todo, se exalta grandilocuentemente al fragmento. Se sobrevalora al trozo y con ello se consigue ocultar las incoherencias del todo. Así han venido funcionando y funcionalizando las campañas publicitarias con una eficiencia y una eficacia pasmosas. Pero, la existencia de dos bandos, permitió en cierta manera, la posibilidad de comparar, de tomar conciencia y llevar a la praxis habitual, un accionar y muchas de las derivas de sentido sobre lo ocurrido que, particularmente y de modo llamativamente versátil, la sociedad de masas supo capitalizar a posteriori.
Las líneas pedagógicas de la imagen fueron seguidas en un sistema serigráfico de repetición constreñida y dirigida de sentidos. Se potenció la eficiencia, por lo que, lo que no resultaba práctico, se fue descartando o cambiando por algo que respondiera mas funcionalmente a los objetivos.
En un dinámico juego de poder y cooptación del mismo, se denunciaron y contradenunciaron, realizaron campañas de información y contrainformación, se ocultaron y/o sojuzgaron multiplicidad de situaciones con una inmutabildad perturbadora.
22º Por eso la imagen de Marilyn murió con su muerte, la de Jacqueline con su apogeo, así como cantantes y productos son reemplazados sin cesar. Del mismo modo, la salida al mercado de un nuevo material sintético establece una nueva pauta para las formas. (p. 70).
Marta Traba se presenta particularmente ofuscada ante la evidente enajenación reclamada por las corrientes importadas por las neovanguardias locales en pos del borramiento de los límites particulares de las culturas nativas, el accionar estupefaciente de las corrientes que, tras un burdo esnobismo, abrasiva e irónicamente erosionaban la autoconciencia – aunque marcadamente débil – de Latinoamérica en una alienante culturodependencia, como si la emulación pudiera absorber y eliminar – cual detergente – las diferencias cada vez mas pronunciadas y mejor manipuladas por las hegemonías.
Por otra parte – el reemplazo del mismo modo que la reposición de productos que hacen en los hipermercados, de personajes, de tendencias de opinión, de vestimenta, de ventas, de servicios, de productos de cualquier índole – evidencian que la importancia no recae sobre el producto (aunque este se una persona, una idea, un objeto, un medicamento, un gobernador, una comunidad, una obra de arte, una planta industrial, etc.) sino en las estrategias y dinámicas de su inserción en la sociedad; allí es donde apunta la autora cuando le aborrece la señal, esta mimetización de lo artificial para su naturalización, esta modalidad que finge espontaneidad y frescura para la aceptación de la propuesta, esta modelización del lector con la pura intención de la venta y del engaño. Por lo que la nueva ciencia en su función político social no es la sociología sino la etología humana y el marketing y en esta dinámica es donde la frase de Mc Luhan engarza perfectamente: “El medio es el mensaje.”
La marca mas flagrante de esta estrategia, que nos pondría a tiro – a tres horas de lo ocurrido en Nueva York – de la panacea deseada durante tanto tiempo, es lo que posteriormente nos asfixiaría y condenaría al ritual cotidiano de ingentes cantidades de basura… la efimeridad de las cosas presentadas como superlativo.
Acoplar la Patria Grande a la dinámica desarrollista no nos pondría a la vanguardia productiva sino a la retaguardia de los desechos. Se calcula cómo generar mas riquezas, mayor productividad, mayor eficiencia en las líneas de montaje, achicamiento de costos, aproximarse al stock cero para no tener mercadería ociosa, eficientizar los ciclos de producción y así poder sacarle el mejor margen al costo-beneficio… dentro de ello, también se especula y pone a prueba, ante las innovaciones tecnológicas para la difusión en masa de los productos, una asociación nueva (para estas latitudes) entre un empresariado humanista “preocupado” por un desarrollismo armónico y un mejoramiento homogéneo en la calidad de vida de la población; esta asociación manipulada se da entre industria y cultura (algo absolutamente retardatario pues fortalece los vínculos de dependencia y la creencia en la eficacia histórica del arte… cosa que obviamente, por intermedio de políticas de lo visual permutan ideología por fidelización de clientela).
Luego de semejante proyecto, en muchos casos, de apariencia inobjetable, las preguntas que quedaron flotando son:
¿Qué hacemos con los deshechos?
Si la producción se multiplica ¿podrá hacerlo hasta el infinito?...
Si lo hace hasta el infinito ¿son infinitos los recursos desde donde se extraen las materias primas?
Y al igual que la pregunta de Mafalda ¿Qué pasará cuando la sociedad de consumo llegue a la saciedad de consumo?
Aunque, aparentemente, todas estas cuestiones, en nada rozan al campo del arte, ¿Por qué entonces el mismo se dedica a hacer obras con escombros, con basura, con desechos, con rezagos industriales, con restos culturales? Si es poco o nada lo que – haciendo una lectura semiótica y disquisitiva de la obra (o lo que se proponga como tal) –, se relaciona (al menos directamente como históricamente se nos ha pretendido hacer creer) la obra con su entorno social como un mensaje, como parte de lo que se quiere decir; si eso particularmente nada importa y, además la proposición modélica del lector implícito en la misma nos constreñiría una lectura más transparente… ¿Es meramente un opacamiento de la linelidad lectora tradicional por medio de recursos alegóricos? Luego de que muchísimos han probado su ineficacia eficaz,, luego de que se han estilizado como modalidad implícita a una obra que se presente a ser como tal… ¿No está esta característica de alegoría algo sistematizada en la búsqueda de efectos que provoquen interés en el lector?
Sumado a todo esto, y asumiendo que la modalidad tipificadora de la modernidad radica en la innovación permanente, los procesos de erosión en los significados se aceleran estrepitosamente. La volatilidad pareciera ser la condición sinne qua non para que la innovación pueda continuar su carrera expeditiva. No pueden haber cosas nuevas si no se desechan las viejas, y no se pueden desechar las viejas si estas son perdurables ergo: los productos deben ser efímeros… algunos deben generar distinción pero esta debe diluirse apresuradamente, para que el consumidor siga consumiendo y estos ciclos de renovación puedan ser cada vez mas acelerados.
23º Por otra parte, no son los artistas Estadounidenses y sus críticos, ni siquiera su galeristas o sus museos quienes han pretendido subyugarnos, sino los manipuladores de la cultura que necesitan elementos dóciles y corrientes epigonales, para que nada interfiera en el plan general de absorción del artista como disidente. La homogeneización del arte latinéame-ricano en las dos últimas décadas no es, siquiera, un homenaje al gran espíritu inventivo de muchos artistas del norte; es apenas, y tristemente un acucioso cerrar filas alrededor de los manipuladores de la cultura. (p 70).
En una presuntuosa fusión, homologando desde la posición de Mandarinato intelectual, arte, cultura, industria y política oficial, se amalgamaron en un programa de colusiones y procesos compartidos con el objetivo de opacar otras situaciones y, por supuesto, sacar provecho de esto.
A la par iban los procedimientos de militarización y confrontación en los territorios en litigio iba la amplificación, la fetichización y masificación de los procedimientos del arte y sus conductas. Mas se bregaba por la subsunción de los estados subdesarrollados y más se magnificaba y pregonaba la libertad como un derecho adquirido y palmario en la sociedad. Más se anunciaba la igualdad mientras más cruentamente se avasallaba a los negros en los estados del sur de EE. UU., más se expoliaba por medio de los monocultivos a Centroamérica, mas se expulsaba a la miseria a los mineros de Sudáfrica, más se envenenaba a los civiles en Vietnam, más se callaban sobre lo sucedido tras la Cortina de Hierro…
La autora citada pretende desambiguar esta situación de complicidad y contubernio interesado. Los argumentos son palmarios pero no encuentran eco en muchos de sus pares en la misma situación. La funcionalidad institucional resulta cínica y siniestra, contra ella se enfrentará una multiplicidad de artistas y grupos hacia finales de la década, tratando inútilmente de desembarazarse y desenmascarar los contextos de producción, circulación e institucionalización del arte, de las obras, de las ideologías, de los mismos artistas cómplices.
Lo particular del caso es que, en estas latitudes las instituciones existentes al momento de partida de esta carrera teledirigida, en casi toda Latinoamérica, eran raquíticas o quiméricas. Por lo que, en una década o menos, hubo que fundarlas, hacerlas notorias y, posteriormente, en un proceso de inmolación, abandonarlas luego de acusarlas con sobradas pruebas de complicidad con el proyecto colusivo antes mencionado.
Hubiera sido interesante que, ante esta proposición aparentemente tan develadora, Marta Traba desenmascarara a los ejecutores de tan miserables proyectos, a los manipuladores que dice conocer, o, al menos, desentrañar las estrategias sobre la realización de estos procesos maquiavélicos y evidentemente públicos. Con ello, aún faltándole efectividad histórica a la actividad artística, al menos llevaría a un momento de verdad que, aunque fugaz – ya que el tipo de personajes que fraguan componendas tan elaboradas siempre tienen el poder de evadirse de ellas y, aparentemente salir indemnes – al menos se podría profundizar en la trama de autopreservación del campo del arte devenido en complicidad corporativa.
En este caso debo reconocer que Serge Guilbaut ha recabado y expuesto documentalmente los hechos que denuncia y con ello, si bien no terminó con las connivencias, colaboró en eliminar creencias sobre el funcionamiento del campo, a eliminar el aura sobre ciertas relaciones en los juegos y estrategias sobre el ámbito analizado y propuesto. Por otra parte, cuando se transparentan las relaciones en el campo se dan motivos de cambio o al menos de reflexión sobre él y sus relaciones, sobre sus miembros e instituciones, sobre su historización y sus propios discursos y relatos. Y con ello hay intentos de acciones comunicativas tendientes al entendimiento…
Obviamente, y el mismo decurso del tiempo nos lo demuestra, las relaciones nuevas empiezan a viciarse otra vez cuando se comienza con la autopreservación de esta nueva institución conseguida luego de el recambio tras el develamiento y el esclarecimiento dados.
Es, al menos, la dinámica de esta constante innovación en el arte – las demás esferas del conocimiento funcionan con análogas modalidades[15] – y, para ser francos, las continuas y revulsivas crisis sufridas en lo que llamamos la historia del arte – digamos que ocurre de quinientos años a la fecha – en la cual, los actores nuevos defenestran y acusan de fraudes a sus antecesores o, por medio de nuevos artilugios de toda índole: sobre técnicas, uso de las mismas, materiales, complicidades, usos simbólicos de los capitales a disposición, fraguado de ideas, intrigas, etc. – han mantenido en vilo a los creyentes y a los legos, han acaparado su atención, han insuflado y renovado las creencias, han envilecido las relaciones dentro y fuera del campo, han proyectado y hecho efectivas estrategias ideológicas en complicidades con sus mecenas, han sido utilitarios y funcionalizadores de los elementos propios del arte (transformando al artista en funcionario), han sido mercaderes de ideas, han falseado las relaciones, han evadido la búsqueda de la conciliación, del uso Público de la razón,etc.
Cuando uno descubre o se percata de ello, lo inicial es el desencanto, pero a posteriori, sobreviene una reflexión sobre la libertad que se tiene ante estas circunstancias… esta reflexión, si bien no es funcional ad intra del campo – los personajes se renuevan más no tanto las políticas internas – es necesario para la racionalidad pública y para una lectura crítica de dichas circunstancias.
24º Las formas del autoritarismo en Latinoamérica no tienen nada que ver con la tiranía tecnológica: ésta reviste los aspectos más radicales del progreso, es ecuánime y supone una redistribución bastante justa de los bienes de consumo. El autoritarismo latinoamericano se coloca en cambio, por fuera del progreso. Establece capas jerárquicas inamovibles que tienden a paralizar por completo el progreso posible, o bien a favorecerlo lentamente, dentro de condiciones férreamente desarrollistas. Generando formas de represión o contención, se mantiene petrificado en un marco eminentemente político (la inacción es tan o más política que la represión o “contención) y no considera, como pasa en la sociedad altamente industrializada, que la cultura pueda ser un bien de consumo manipulable para su propio servicio. (p 72).
Mal que nos pese, la configuración socio-política latinoamericana nos las han hecho leer, cual las historietas, en un eje antagónico de héroe-antihéroe, unitarios y federales, azules y colorados, industriales versus agroexportadoras, peronismo-radicalismo, machismo-feminismo, caudillaje o barbarie… las duplas son miles y – moraleja pedagógica de por medio – siempre asumir sólo uno de los ejes nos haría perder el tren del desarrollo y la inclusión en la economía mundial, de los avances tecnológicos, de las posiciones en las jerarquías entre buenos y malos, de las posibilidades de crédito, de los mercados compradores, de los niveles de inversión y desarrollo, de los campos de investigación y de la ciencia…
A todos los países latinoamericanos nos han forzado a funcionar en un paternalismo enajenante en el que el caudillo-papá sabe y el resto del pueblo-infantil, de la mano del líder, lo acompañamos para no sentirnos solos y quedar así excluidos. Y, a su vez, ese papá era hijo de un paternalismo dirigido desde fuera y también no soltaba la mano de la hegemonía para no sentirse solo y quedar así excluido.
Y en quinientos años de invasión cultural pareciera que jamás maduramos y que siempre nos llevamos a marzo el país entero hasta que aprenda.
Es por esto también, que directamente ligado a este esquema de aprendizaje, viene el del resto de los campos del saber – cultura, educación, ciencia y tecnología, arte y política, industria y comercio, etc. – ; esto significa que las esferas del saber tienen una directa dependencia con este esquema de aprehensión del mundo.
Para unos, la cultura los distingue como una posición de prestigio y capitalismo simbólico – caudillaje – y para otros – más abiertamente – como herramienta de control político-social – por el estilo de las Segundas Vanguardias infiltradas en Europa [sobre todo Alemania] para el reforzamiento del muro real y virtual; y en Latinoamérica para “re-forzar” la “Alianza para el Progreso” y hacerlos migrar por “su propio bien” desde el pensamiento salvaje al domesticado en una conveniente, teleológica y funcional coalición de culturas. Reforzar lo real con lo simbólico, descastar el centro simbólico del poder – París – y trasladarlo a Nueva York.
Y, por otra parte, las sociedades altamente industrializadas tienen como primera herramienta la ideología antes expuesta; a esto se le suma la acumulación de capital económico – que aunque no tiene patria ya que ahora es transnacional – es, más del poder militar, el instrumento de presión más contundente y, sumado a todo esto, aplican muy selectivamente la libertad de comercio… restringiendo el ingreso de lo que ellos producen, o intermediándolo de tal forma que los márgenes más altos de ganancia de dicha comercialización quede en manos de ellos con lo que, no sólo se resarcen de las hipotéticas pérdidas, sino que además quienes son los productores deben pagarlas con creces.
25º … la inexistencia, en nuestros países, de una tecnología totalitaria, impide, de hecho, la mimesis que produce entre el artista norteamericano y la sociedad de consumo. No existe una imagen centralizadora que distribuya señales; no se le indica al arte consigna alguna, ni se le sugieren proyectos de trabajo, ni se lo seduce, ni se lo absorbe, porque nadie lo consideraría un factor digno de tenerse en cuenta. (p. 73).
En un movimiento de permanente abducción, las ideas foráneas vienen como promesa de la panacea – en cualquiera de los ámbitos ocurre más o menos lo mismo – y, al igual que las vanguardias tienen en su proceso un efecto de shock, desencanto y huída. Son supuestamente correctivas y superadoras de las anteriores pero en un plazo no muy largo nos abruman en el más pútrido desencanto… lo malo, pareciera ser, que nunca aprendimos correctamente como hacer funcionar estas ideas innovadoras y que tan buenos resultados ha dado en otras latitudes, y, en un permanente y enajenante procedimiento de dependencia, seguimos esperando las soluciones de fuera sin tomar cabal conciencia de que nos están saqueando y de que los exorcistas del sistema son sólo cipayos de las hegemonías por lo cual, no vienen a colaborar con nosotros sino con aquellos.
Igualmente, en el campo del arte – siempre en la bandería de la liberación y el uso público del discurso – lo que sucedió en estas décadas (antes, como ya dije, la mayoría de las instituciones eran sólo la vitrina de la clase dominante local), no escapó al proceso general de invasión cultural referido.
Inicialmente fue usado para borrar el pasado reciente del que socialmente no se podía despegar, y que habían sido doce años de Juan Domingo Perón adherido al poder (comenzado desde la Secretaría del Trabajo) como caudillo indiscutido y consolidado de las masas populares, a su vez y en tan breve plazo, había marcado una huella sumamente profunda en la conciencia colectiva y había impelido a nuevos rumbos (como el mismo sistema caudillista esbozado anteriormente) a la Argentina – que además era modélica y ejemplar para el resto de Latinoamérica, juntamente con Brasil y Méjico – y éramos el centro de atención de buena parte del mundo y de los países de la Tercera Posición.
La falla más crucial de Perón había sido el del uso – al igual que el realismo socialista – publicitario de la imagen desde una nostalgia telúrica de un nacionalismo rancio devenido en un estilo martinfierrista almibarado. Y que, al igual que en las manifestaciones nazis de Hitler, Ivanisevich – su ministro de cultura – arengaba públicamente al resto de las corrientes como degeneradas y decadentes, defendiendo un iconicismo afirmativo de una Argentina gauchesca y tradicionalista… sin mediar más que la repulsión y la ignorancia por el arte producido desde otras perspectivas en la misma época. O, al menos con algo de respeto por lo que desconocía en su totalidad.
Reitero que el despegue de esta imagen anquilosada de una Argentina pretérita, mítica y primigenia fue difícil y convulsiva.
Jorge Romero Brest fue el adalid de esta transformación de la crisálida institucional para llevarla a la psicodélica primavera de mediados de los sesentas.
Despegarse del modelo pretérito y dar nuevos aires y bríos a las artes fue su idea inicial, pero en poco más de un lustro esta idea se le dio vuelta a él mismo porque el proceso del campo desbordó por completo al proyecto original soñado por Romero Brest.
Los modelos del arte argentinos hasta ese entonces se entroncaban con cierta ingenuidad a unas remilgadas aproximaciones a la vanguardia… como para estar al tanto de lo que sucedía en el mundo, pero formalmente y conceptualmente atrasados unos treinta años… como había sido la costumbre desde mediados del siglo XIX. Sin instituciones que soporten más que con cierto sopor y de modo cansino este devenir que no terminaba por convencer pero que quedaba bien, y en muchos casos era lo políticamente correcto. Quizás sus mayores valores residían en el hecho de que eran artistas locales en una periferia sumamente distante de los centros de producción cultural, por lo que lo que quedaba por hacer – y es quizás en lo que seguimos – sólo era la reproducción cultural – con modos propios, con dinámicas propias, con el filtro de un localismo tanto más férreo cuanto más al interior del país uno acudía. Buenos Aires, en gran medida, seguiría siendo la ventana al mundo y el prisma por donde se filtraría la luz de aquel. Si bien es cierto que había artistas y grupos en el interior, estos hicieron evidenciar su presencia de un modo mas estridente en los sesentas.
Hasta esa década – hábilmente Perón lo haría en connivencia y conveniencia de su política exterior – había un arte hacia el exterior y otro fronteras adentro. Lo que era considerado de avanzada era exhibido en muestras extranjeras y lo que nos identificaba telúricamente y era producido para adornar los edificios, salones y oficinas públicas – además del retrato del General y de Evita – eran obras con muy poco valor plástico y totalmente simbolizantes del modelo propuesto. Sólo algunos pocos atisbaban a innovar.
26º Parece normal que, en este desierto, el movimiento más fácil por parte de los artistas sea dejarse atraer por la primera señal que se presente; se trata además, de incitaciones profundamente atractivas salidas de un riquísimo repertorio de recursos formales que se apoya sobre las nuevas concepciones del movimiento y del tiempo. (p. 73).
En una propuesta insinuante y persuasiva, colaborando con el recientemente fundado Instituto Di Tella, propuso un acelerado acercamiento a la iconografía Norteamericana y, en connivencia con sus difusores y políticos, nos introdujo radicalmente en una vorágine espasmódica cultural y colectiva y en abrasivas refriegas dentro y fuera del campo artístico para terminar con que el grueso de los artistas migraran a la acción política directa por la flagrante y palmaria demostración de las maniobras cooptativas dentro del campo y por su innegable dependencia de los movimientos foráneos de inculturación forzada y constreñida de la imagen… cosa que también ocurrió a nivel mundial y que no fuimos en lo más mínimo una excepción.
De allí la escisión taxativa y sin retroceso de las opiniones y acciones posteriores a 1965/66 dentro y fuera de la institución arte en una masiva movilización de intereses tanto públicos como privados para configurar posturas antagónicas. En una nueva mixtura política (la creencia en que la acción política directa era la única vía de reinsertar el arte en la hermenéutica cotidiana los movió a esta jugada histórica y casi definitiva) muchos de los artistas y movimientos se acoplaron a la acción de las corrientes obrero/estudiantiles de la época, y en un virulento proceso de desengaño comenzaron a accionar conjuntamente llamando a la reflexión y a la acción directa de la ciudadanía para el inexorable e inevitable proceso histórico que se estaba efectuando por entonces y que llevaría a la liberación y revolución colectiva de todos los campos sociales hacia nuevas formas de relaciones.
Lo que en sus comienzos era una moda – una copia esnobista y transitoria, volátil y plausible – sobre el modo – esquema factual de materialización de los proyectos en una linealidad obliterada de simbolizaciones impelidas – de representar – plasmar en un sentido literal e icónico-simbólico la operatoria artística – en el campo artístico, llamó a su vez a la reflexión de los porqué y de los cómo hacerlo. Esta reinserción de contenidos y modos de estructuración de los mismos nos replanteó nuestros modos de ser y estar en el mundo en un momento condicional y condicionante de la historia (de los modos de hacer historia y de escribirla, de los modelos sociales a seguir, de las tradiciones tanto impuestas como adquiridas, de las instituciones sociales, políticas, educativas, culturales, económicas, artísticas, etc.); reitero, que en una situación llevada al límite, se nos impuso como modelos bipolares de pensar y/o accionar y que en su momento eran definitorios y definitivos.
Ese era el momento, el lugar y la situación histórica precisos para la emergencia y búsquedas de solución de la cultura y la sociedad in toto.
Todo el modelo y el paradigma moderno entró en una profusa y cuasi terminal crisis de identidad y de búsqueda de sentido. Por ello su similitud a los modelos agónicos de la génesis de occidentalidad estaban tan presentes. La vida pasó a ser una tragedia en el mas cabal de sus sentidos. Al igual que en Antígona o en tantas otras, el hombre se vio desafiado al enfrentamiento de su destino y a la desobediencia de los principios rectores de su conducta personal y social.
27º Para incorporarse el arte moderno, los latinoamericanos se ven obligados a seguir de cerca las especulaciones de europeos y norteamericanos acerca del tiempo y del espacio[18] (p 73). Es evidente que al comenzar la gran escalada del arte norteamericano, en los años cua-renta[19] el movimiento se desconceptualizó. …Cuando la tecnología comienza a estimular a las vanguardias, el movimiento entra en las numerosas proposiciones ópticas, las dimensiones ilusorias y los juegos para espolear (expoliar) el ojo, llegando en este momento al punto máximo de desconceptualización.
…El movimiento queda prácticamente incorporado a un tercer sexo del arte que es el de las cosas; las cosas facilitan la inserción del movimiento y, al mismo tiempo, como deben ser manipuladas por el espectador, ayudan vigorosamente al rápido proceso de desacralización. (p. 74).
En este sentido parece ser que Marta Traba se reserva algunas creencias como la instrumentalización sobre teleologías que generen la autoconciencia y además, sobre la efectividad histórica del arte… cabe recordar que el volumen original del libro citado de esta autora está enclavado sólo en las postrimerías de la crisis del campo antes enunciada – no es para justificarla o no, sino para saber que, por contexto, le resultaba sumamente difícil despegarse de muchos de los prejuicios que incluso hoy perviven en la periferia – y que angélica o cínicamente aún es aprovechada por la comunidad del arte para seguir reproduciendo la creencia.
La propuesta de despolitizar el arte mas que una acción efectiva sobre el mismo campo del arte – quiéranlo o no sus gestores y consumidores, no hay hombre, como género, sin política ergo, todos sus quehaceres están imbuidos de la politicidad, la intencionalidad y la presunción del otro modélico – fue argüir a favor de una creencia – falaz e intencionada – de que un arte pulcro, abstracto o anicónico es menos político por que la lectura de su imagen da menor margen de maniobrabilidad para la sugestión simbolista… eso es permanecer en la cerrazón de que para acceder a la significación del signo presentado en el campo existe una sola vía, un solo canal de comunicación, una sola modalidad indicial de interpretación…
Craso error, pues por la tangente se les escapó el accionismo, el happening, las intervenciones, las ambientaciones, hasta el mismísimo minimal, que con sus pulidos y pacatos artefactos conservan la ironía y el cinismo intactos.
En particular la autora manifiesta su oprobio por el op art, por esta modalidad lúdica y distractiva de un arte despojado de conexiones con las realidades más acuciantes que incineraban estas latitudes… en una reiteración de los modelos románticos, la institución debía ser el ámbito en el que el ajetreado burgués pudiera distraerse con estas galimatías ópticas, con estas misceláneas intelectuales; para así retornar sosegado a la vorágine de su labor… se amalgama al arte con paseo al mejor estilo flaneur del París decimonónico.
Y, aparentemente, no pocas veces estas cosas, por estar en medio de los acontecimientos o por ser tan recientes, parecen escapárseles a Marta. Cabe acotar que para ella misma, educada en los ambientes y tendencias de su época, con las lecturas obligatorias, los métodos de interpretación aún empastados en prejuicios y en su propia hermenéutica, todas estas cosas eran nuevas, confusas, ocluidas a una lectura fácil o meramente lineal, fastidiosas e incongruentes, ridículas e inconducentes.
Pero en algunos de sus criterios hay certeza de lo que analiza:
a) Es evidente que estas modalidades de presentación y representación en el arte no eran tan inocentes como aparentaban.
b) Es evidente que opacaban y desviaban los intereses reales de los presentados como homologación cultural.
c) Es evidente que tras de todo ello había una jugada geopolítica en pro de la captación y cooptación de los mercados que lentamente había ido dejando el colonialismo europeo hacia un neocolonialismo Soviético-Estadounidense.
d) Es evidente que no se trataba de una acción amistosa para hermanar a la América toda.
e) Es evidente que había intereses de manipulación y reificación social, económica y política para adecuarnos al modernismo tardío.
f) Es evidente que las estrategias estuvieron muy bien orquestadas y desarrolladas en una colusión industrial-cultural.
g) Es evidente que, a la par de los desarrollos e investigaciones artísticas analizaban, controlaban y fiscalizaban los científicos – técnicas y materiales, procesos y resultados, hipótesis y desarrollos –, todo quedó registrado para su posterior funcionalización.
h) Es evidente que esto no fue casual, ni circunstancial, ni contingente, ni provisional… no es que estemos en medio de fantasmas ni espectros, pero luego de doscientos años de estar en constante e incipiente crecimiento, luego de pasar por las mil y una fórmulas de los porque no podemos desarrollarnos, luego recibir el instructo de cómo, cuándo y porqué hacerlo… y nunca habernos podido aproximar… ¿Qué más puede uno pensar?
Marta Traba, al igual que yo, lo manifiesta… no tiene todas las pruebas… pero las realidades lo evidencian ostensiblemente.
En referencia a la desacralización, que a la autora particularmente no parece terminarle de agradar – sospecho que por sus propios intereses en el campo, o por los compromisos adquiridos por los que debe actuar de modo privado - , habría que despejar el término de algunas indicialidades para acordar sus líneas de significado a las que pretendo arribar. Desacralizar tiene como antónimo secularizar, quitar del mundo de lo Sagrado y llevarlo al terreno mundano, temporal, contingente.
Hacia el mismo período, al menos intencionalmente por parte de muchos artistas, la búsqueda tenía esos horizontes. Estamos acostumbrados a auratizar lo sagrado y tratar con oprobio lo secular… llevado a otros terrenos, respetamos al símbolo y lo fetichizamos y, por otra parte, a lo cotidiano lo dejamos correr negligentemente. Creo que en parte la búsqueda de la reinserción del arte en la hermenéutica cotidiana tenía ese propósito, el de retrotraernos a la situación anterior al gesto y a la simbolización de los objetos para jerarquizarlos y brindarles el rito debido. Obviamente que todo esto trae profusas y profundas consecuencias al campo y a todos los entes institucionalizados en él.
También traería como consecuencia la sincera y aguda reflexión sobre cuáles son las estructuras del campo sobre las que hemos cimentado su construcción, cuáles son las responsabilidades que nos compete a cada uno de los partícipes – necesarios, interesados, neófitos, cínicos, inocentes, creyentes o mercenarios, diestros o inútiles, etc. -, particularmente también, si descubrimos en el fondo su inutilidad, ya sea por que nunca llega a cumplir las promesas (falaces en su prosecución, verdaderas en sus proyectos), que hacer con los vestigios de lo que fue entonces el arte… seguirnos preguntarnos ¿Qué es el arte y para qué sirve?
La secularización en gran medida es entendida como desencantamiento y develamiento de relaciones viciadas de reificación y usadas ideológicamente con intereses y fines inherentes al campo y, a su vez, relacionados a otros dentro del plexo social. Pero, habría que advertir que, tanto artistas como consumidores, mercaderes como interesados, fabricantes de objetos como fruidores de los mismos… por más que parezca haberse corrido el velo de falacia histórica y constitutiva en el campo del arte, los partícipes necesarios no han dejado de accionar con un interesante desinterés. Se descubrieron las hipocresías pero los hipócritas siguen en la gestualidad mágica de la transubstanciación de los objetos y de las circunstancias de enunciación… actuando alegóricamente por que queda bien.
Si secularizar es dejar a la vista la contingencia del arte y a todos los secuaces que han vivido de él, si secularizar significa desvincularlo de las narrativas lineales y sintagmáticas coherentes con los intereses tanto de hegemonías como de partícipes necesarios del hecho, sin secularizar significa proceder coherentemente y a conciencia, llamar a la reflexión sobre las condiciones de producción y consumo del objeto arte, sobre sus circuitos, sus códigos y categorías, sobre sus síntomas y complicidades…
¿Cómo no plantearse el romper con las instituciones?
¿Cómo seguir amparándose con sus traficantes?
¿Cómo transar con sus verdugos y taxidermistas?
Lo particular está en que Traba sigue viendo con cierto angelismo a cierto tipo de arte, y acusando de manipulación a otro. No habría reificación sin deificación… sin importar la índole del fetiche al que se advoque.
La dirección hacia la que parece orientarse Marta Traba en sus escritos – son comprensibles también por sus postulaciones dentro del campo – con el término desacralizar al arte sería mas bien el del transformarlo en cosa – queda claro que la obra en algún sentido ya es cosa – pero esta cosificación en lugar de ponerlo al objeto respetuosamente en algún lugar, lo vacía del contenido original para darle una utilidad, si así pudiéramos decirlo, meramente pragmática – al igual que el camp dentro del pop – y con ello desvirtuar – si es que alguna virtud conservara para entonces aún el arte – su función original.
Al desmenuzar el gesto artístico queda evidenciada su contradictoria posición ante el resto de los gestos.
Esto es funcionalizado hábilmente por las políticas de la visualidad estadounidenses a favor de la industrialización e invasión cultural de los sesentas… a esto es lo que apunta Marta Traba en sus acusaciones. Ante el reforzamiento simbólico en una dirección por parte de la Unión Soviética, y, aprovechado tal situación, los Estados Unidos y en una contra-acción políticamente correcta (práctica que la burguesía lleva a la perfección desde que se dedicó a la administración pública desde Absolutismo monárquico en adelante[20]) impulsó sus propias estrategias para la defensa de la occidentalidad toda y… obviamente, para su propio provecho.
28º Los pequeños núcleos experimentales donde se imita el modo de vivir y sentir de las sociedades artísticas cultas no han perdido, por otra parte, ni la capacidad crítica ni el poder de controlar hasta qué punto conviene la repetición de un modelo. Como veremos, ésta es la mejor alternativa de la mayoría de los artistas jóvenes del continente; cuanto más cerrados y arcaicos son los países, los pequeños núcleos creadores están más capacitados para ejercer este distanciamiento entre el modelo y la verdad cotidiana, se sienten más unidos a ella y están menos dispuestos a practicar un tajo que a todas luces les resulta grotesco. En proporción inversa, las capitales abiertas que presumen de un alto desarrollo de su cultura local caen más fácilmente en la pérdida de la visión de la vida cotidiana, y tienden a expresarse como superestructuras. (p 76/77).
Quizás sea por eso (entre otras cosas, no cosas objetos sino elementos configuradores del campo y de la circunstancias de ese momento) que resulte particularmente llamativa la proposición de Tucumán arde, que estando conectada a los proyectos y procesos de la época (deviene como un gigantesco y aporético happening telúrico) rasga las vestiduras de la institucionalidad del arte, corre las interpretaciones hacia acciones eminentemente políticas, insulta flagrantemente a lo que sería políticamente correcto, amplía las fronteras del campo hacia ámbitos álgidos y conflictivos, aparece convulsivamente y desaparece silenciosamente, sus partidarios en gran número abandonaron las actividades específicamente artísticas (al menos las que parecían artísticas en ese momento).
Si bien su surgimiento no se dio en la intimidad de un interior recatado y obsecuente a sus propias tradiciones, visto desde el mapa de las hegemonías del momento – no sólo las locales – fue un barquinazo en la ruta de las imposiciones de la macropolítica. Luego de eso el Di Tella no podría seguirse sosteniendo, los grandes salones no podrían seguir lineamientos tan pulcros como los de la pura visualidad del Op Art, el gobierno de turno tuvo que cambiar sus discursos, la prensa se encontraba casi en un callejón sin salida, las relaciones sociales fueron virulentamente cayendo hacia violencias más reales que simbólicas…
Reitero, a pesar de su particularidad – el haber sido gestado en grandes ciudades por artistas urbanos – prosigue con las condiciones pautadas por Traba en el párrafo anterior.
Por otra parte los intereses geopolíticos y económicos se evidencian más en las grandes ciudades por la flagrancia industrialista y por la elocuencia discursiva…
En poblaciones reducidas, en comunidades pequeñas, estas proposiciones no sólo se advertirían como ridículas sino que se mostrarían inadecuadas… como construir un hipermercado en Cachi, una megaconcesionaria en Amboy, gigantesco puente colgante en Puelches, un astillero en Tilcara… Primero, porque despertaría sospechas, segundo por que sería un fiasco comercial, tercero por que redundaría en contra de los intereses y de la imagen de dicho emprendimiento.
Esta es quizás otra de las falacias paradigmáticas tanto del Proyecto como del Proceso devenido del Iluminismo. La consideración de ciudadano – la etimología de civilizado nos lo refrenda – como habitante habilitado y del bárbaro como subhumano al que hay que catequizar para que llegue a la ciudadanía.
Este paradigma occidental nos trae al subdesarrollo como consecuencia las megápolis, los gigantescos conglomerados urbanos a los que, por las luces y los espejitos de colores, atraen al incauto habitante rural hacia la marginalidad urbana y con ello cae en la trampa del consumismo exacerbado y en un círculo vicioso en la búsqueda inalcanzable de la distinción a la que nunca arriba porque las oportunidades que se le brindan son muy limitadas, alienantes y generan una subsunción necesaria para que el sistema opere y se autoperpetúe.
De allí a macrocefalia de todos los países subdesarrollados o en vías de desarrollo…
Se optimiza el desarrollo de la pobreza y la dependencia.
Se optimiza el desarrollo de las políticas paternalistas y funcionales a la reificación.
Se optimiza los circuitos de poder y de manipulación controlada.
Se garantiza la reproducción de este sistema enajenante y pauperizador.
Se engendran abortos humanos que nunca llegarán a la autoconciencia porque la dominación, la subalimentación y el sometimiento no les permite ni la educación ni desarrollar la capacidad de reflexión necesarias para la superación de esta estado en el que están infravalorados, infraalimentados, infraeducados, Infra-dotados.
Sumados a eso, y es uno de los motivos por los que denuncia con ira la autora, se da la intromisión de las políticas artístico-culturales de dependencia dirigidas desde los mismos centros de poder que nos someten a este trato desigual y que nos expulsa de la posibilidad de conseguirlo.
29º La crítica sigue maniobrando penosamente entre la catalogación, la descripción de obras, la monografía enumerativa o el aplauso incondicional y servil a los fenómenos producidos en el extranjero. (p 80).
Todo este movimiento innovador del que fuimos parte como colonia particularmente en los sesentas, produjo – y no sólo aquí en nuestra distante periferia – desconcierto y confusión a la hora de catalogar tanto las acciones como los objetos presentados como obras… algo particularmente llamativo dentro de un concierto de entendidos, de conocedores y expertos en el campo del arte. Las etiologías, los discursos, las justificaciones, las narrativas… absolutamente todo tuvo que cambiar… todo seguía el proceso de esta reformulación frenética, desquiciada y diletante.
Y particularmente se nos recetaba todo, como hacer, como relevar datos, como presentarlos, como argüir, como juzgar, como esquematizar… curiosamente como ahora también, las pautas y normas evaluativas, las temáticas de moda, las presentaciones y disertaciones, las marcas, los estilemas, la clasificaciones, los géneros discursivos, los instrumentos formales de inserción en la realidad…
En este caso particular sería curioso averiguar, cómo llegaron los artistas, curadores, representantes institucionales y profesionales, a negociar, a la prebenda, a la mercantilización sórdida y mordaz de estas maquinaciones incestuosas entre los hermanos americanos. Las narrativas de las historias del arte respectivas, a quien no está precavido, al inocente creyente lo dejan pasmado por la facilidad – tanto de palabra como de argumentaciones – sobre el particular.
¿Qué relaciones hubo entre auspiciantes y auspiciados?
¿Quiénes fueron los verdaderos auspiciantes y los verdaderos auspiciados?
¿Cómo los funcionarios vehiculizaron los proyectos y como participaron en los procesos?
¿Por qué los auspiciados se dejaron envolver en esta palabrería esnobista y vacua?
¿Eran realmente tan incautos como aparecen?
¿Cuáles fueron los beneficios que ellos obtuvieron – a demás del reconocimiento, que no es poco – para una negociación tan suicida de nuestro acervo cultural? (sobre todo en las colonias de mayor conservacionismo patrimonial y de mayor riqueza ancestral)
¿Por qué tanta campaña almibarada de relaciones artístico-industriales?
¿Quién podría creer y/o haber creído en esta relación tan asimétrica como desinteresada?
Allí es, en cierta medida, en donde los medios de comunicación – orquestados desde los mismos proyectos y colindantes con los mismos intereses – parecen haber hipnotizado las voluntades y cooperado con estas relaciones tan poco ortodoxas – sobre todo en el modo y en los métodos – entre mecenas y protegidos. Las modalidades de promoción y las estrategias publicitarias fueron tanto o más eficaces – históricamente hablando – que el mismo arte, que a posteriori, herido mortalmente nunca mas recuperó ni credibilidad ni capacidad de transformación efectiva en la historia ni en la vida cotidiana cual era su proyecto originario.
30º Los acontecimientos más significativos de los últimos años prueban la irrevocable “satelización” del arte nuevo latinoamericano; la dominación de ideas artísticas norteamericanas ha sida autoritaria e imbatible. Aún cuando en las condiciones económicas , sociales y políticas de nuestros países no se haya producido ninguna diferencia sustancial – con excepción, claro está, de Cuba -, los resultados prácticos han quedado equiparados a los emergentes de la sociedad altamente industrializada, sin que sea posible notar más diferencias que las debidas a la falta de perfeccionamiento técnico. (p. 143).
Para producir la andanada de porquerías a las que se auratizó como “arte de vanguardia”, la década del sesenta no se esmeró precisamente en la calidad y el perfeccionamiento técnico… mas bien renegó de ello con desfachatez y abrasiva corrosión.
Se migra desde una constreñida conceptualización de calidad propuesta por Clement Greenberg hacia la apertura interesantemente ampliada de interés de Donald Judd en sus propuestas minimalistas.
¿Qué calidad puede tener el amontonamiento de dentaduras postizas en un recipiente?
¿Se puede hablar de calidad sobre la disposición de un montón de escombros? ¿sobre la miel y la grasa vertida sobre una silla roída por el tiempo? ¿sobre la ampliación registrada milimétricamente de una viñeta?... el terreno de las relatividades nos anega por completo y los juicios de valor y trascendencia (auratismo) trasuntan sofismas inapelables.
Por medio de mecanismos manifiestos en el Dadá, mediante estrategias propuestas por Magritte, pueden llegar a decirnos descaradamente en lugar de “esto no es una pipa”, esto podría no ser arte ¿Por qué lo asumen como tal?
No podríamos seguirnos preguntando quizás si ¿Esto no es una vanguardia?
Tal como nos lo hace notar Hal Foster, creo que las afrentas de las Vanguardias Históricas se fueron suavizando y que en algunos casos de lo que hemos dado en llamar neovanguardias o Segundas Vanguar-dias, los desplazamientos en los sentidos y las oclusiones son en extremo más sutiles y soeces, quizás porque las primeras ya han sido prácticamente autojustificadas y su institucionalización nos permite aprehender que cualquier cosa puede ser arte por que lo dijo Duchamp, lo avaló Picasso, lo esgrimió Tzara, lo reprodujo Ernst… si todo da lo mismo, ¿Por qué hay cosas que parecen dar más lo mismo que otras?
Por otra parte si lo producido en EE UU. se lo puede catalogar de Pop, aquí quedaría restringido a una mecánica escuetamente Camp. Si la parafernalia hegemónica occidental se dedicó al dictado de las normas de las nuevas propuestas estéticas, las emulaciones en nuestros gentilicios tuvieron el tinte de meras reverberancias. El valor adquirido a través del tiempo y las polémicas y polisemias propias de las circunstancias de enunciación de estos lares tienen un valor profundo y crítico; pero en si, las mecánicas son, no pocas veces un vacuo apropiacionismo con apenas un pequeño giro sobre las propuestas originales.
Lo propio, lo particular tuvo un ingente talud de disputas y de altercados y dan a esta propiedad particularidad y nivel de autonomía. El desafío no pasaba por la mera imitación, sino por el enfrentamiento tenaz y consecuente contra las ideologías impuestas desde las instituciones digitadas y confabuladas para aunar discursos pero dividir opiniones.
31º La irradiación y contaminación norteamericanas no atacan, por cierto, únicamente Latinoa-mérica. El panorama europeo, como visión conformadora según proyectos racionales de investigación y búsqueda de nuevas formas, sufrió un completo eclipse, con la única excepción genérica de Inglaterra, donde los artistas jóvenes que rápidamente adoptaron los modelos norteamericanos supieron afinarlos con ingenio y finura interpretativa acorde con el “humour” nacional; la influencia oriental , por su parte, introducida desde Japón en la década del 40, como vimos a través de San Francisco,. que potenció no sólo una espléndida zona del expresionismo abstracto norteamericano, sino que alcanzó a tener los numerosos adeptos anotados a lo largo de toda Latinoamérica, perdió sentido y hegemonía a medida que el Japón se convertía en el más brillante satélite artístico de los Estados Unidos. (p. 143).
Gran parte de lo sintetizado aquí, se encuentra ampliamente expuesto y con lujo de detalles por Serge Guilbaut ya mencionado. El caso de las características propias del continente sudamericano tiene su ángulo de refracción particular también como lo hemos mencionado en párrafos anteriores.
Sólo resta agregar que con la lectura de ambos autores (Gilbaut y Traba) se vehiculizan alternativas de lectura que salen de las tradicionales, en la búsqueda de la lectura crítica de todos los movimientos y agentes propuestos en este ensayo.
Las preguntas se pueden formular aproximadamente así:
¿Por qué la mayoría de los otros narradores no ven tales cosas?
¿Qué participación en el envite del mundo artístico tienen y desde que punto y estrategia para sostener líneas discursivas holgadamente obtusas?
¿Qué parte de la historia se perdieron Serge Guilbaut y Marta Traba como para discordar prácticamente desde las antípodas?
Tampoco se yo cuales fueron los burócratas que elaboraron tan minuciosa estratagema ni cuales son los canales encantados que echaron a correr para poder argüir con tanto descaro y sin miramientos generalizar y homogeneizar culturas y estratos socio-histórico-políticos en una masa superflua de consumidores obnubilados a pesar de ser engañados con grandilocuentes gestos de magia.
Sólo puedo conjeturar la admiración que me despierta la versatilidad y la capacidad de absorción, deshabilitación y/o rehabilitación de consignas… Las habilidades políticas de los gestores, la pauperización de los recursos tendiente a la facilitación para segmentar, jerarquizar, sistematizar e institucionalizar todo recurso y modo caído en sus manos.
Cabe también reiterar que esto no es nuevo y que estos estratagemas son vehiculizaciones donde pulsean los poderes por el mantenimiento en la palestra de la opinión pública, y que son el fondo de las disputas en todas las culturas de todas la épocas… no se si la historia se repite, no se si hay un plan maestro para la digitación de las narrativas y para la argumentación de los discursos. Se que se manipula, se fragua, se evade, se tergiversa, se mimetiza u oculta la manipulación… no viene al caso generalizar pero es curioso que en todos los campos las disputan mantengan argumentaciones tan similares y que los campos se transformen en disputas simbólicas tan análogas.
32º La preocupación convergente por los manejos de la “industria de la cultura”, partiendo de la mejor gente pensante de este siglo como es la procedente de la Escuela de Frankfurt; la denuncia de los manipuladores de conciencias, a partir del momento en que son los manipuladores, y no los artistas, quienes tienen la palabra referente a la creación (p. 144).
Ahora se les llama curadores… personajes especializados en hacer arte en base al montaje de obras de otros sub-artistas, que saben menos que el curador sobre arte o que no poseen el capital simbólico-social o económico de este.
Estas prácticas tampoco son nuevas… las realizó Vollard como marchand de Gauguin… mientras el segundo languidecía en Papette, el primero no dejó de comer vendiendo las obras de su amigo. La dinámica del campo también aquí sigue mostrando analogías y – corregido y aumentado – sigue ven-diendo y procurando difundir la creencia en el arte, en sus fines desinteresados, en sus proyectos libertarios, en sus funciones pedagógico-moralejistas… en todo la ostentación y semejanza al ritual religioso, en el proceso de transubstanciación de los objetos, de los sujetos, de los eventos, de las argumentaciones – al estilo Achile Bonito Oliva justificando a sus protegidos reinventando una vanguardia neogastada y ostentosa – en el accionar mágico o mas bien alquímico de lo que, al mejor estilo Rey Midas, transforme en oro todo lo que llegue a tocarse.
Múltiples son los casos, no sólo de esa época, pero el Manifiesto Dito dell’arte vivo, hecho público por Alberto Greco en 1962, nos pone al tanto de las nuevas modalidades y consignas… “El artista enseñará a ver no con un cuadro sino con el dedo, enseñará a ver nuevamente lo que sucede en la calle… El artista busca al objeto, pero el objeto encontrado lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería de arte…” él, al igual que lo hizo Marta Minujín en la antibienal en Córdoba, se erige en artista y decreta qué es arte y que no lo es con el sólo gesto de rotular algo con una tiza, circunscribirlo para darle la jerarquía, la irónica elocuencia; basta con el artista lo señale con el dedo (signo-simbólico si los hay, para desmenuzar la trascendencia simbólica de otros signos como la galería, el museo, la institución pública, el Ministerio, etc…) con ello expulsa a la institución del determinismo de historizar y decidir por todo el plexo social lo que es y lo que no es arte… pero al hacerlo el mismo – en el caso de Greco – se institucionaliza y determina a su propio arbitrio lo que será o no arte de allí en más.
Casualmente, esta dinámica de incluidos y expulsados, es una peculiaridad permanente en gran parte de los manifiestos del siglo XX de los más diversos movimientos. Y esa es quizás uno de los talones de Aquiles de todas estas declamaciones para ampliar las fronteras del arte e incluirlo nuevamente en toda praxis cotidiana… “Esto es lo que hay que hacer, así es como hay que hacerlo, las reglas son estas…” la hermenéutica cotidiana es premoldeada, es decidida, es preensamblada y debe aceptársela por los decretos de quienes detentan el simbólico poder de decisión sobre lo que es o no arte…
Las curatorías, mal que mal, siguen poniendo límites y condiciones al accionar o no, a la objetua-lización o no, a la declamación o el silencio de grupos, a la demarcación, postulación, expulsión o anexión de ciertas comunidades, grupos, fragmentos… siguen marcando territorialidades y soberanías. Siguiendo los métodos del collage o del montaje, deciden por otros.
Pero a veces el problema no está en denunciar sino en desenmascarar el poder simbólico que tiene el denunciado y la lectura que se puede hacer sobre los intereses que el denunciante tenga en este asunto. Y, a su vez, cuáles serían nuestros propios intereses puestos en juego sobre estas denuncias. A fin de cuentas, también nosotros – de uno u otro modo – participamos o pretendemos participar en este juego de confrontación de posiciones y debate sobre las valoraciones simbólicas del campo.
En los sesentas dichos personajes fueron instituidos en su gran mayoría desde fuera, fueron a su vez importados para prefigurar mayor validación a los concursos, salones, bienales, conferencias, etc. Europeos, Estadounidenses, o, para el interior, desde Buenos Aires (como la Antibienal de Córdoba de mediado de los sesentas).
Todos son mejores entendidos menos los que, prosupuesto, no dispongan de antemano de algún tipo de capital – cultural, simbólico, económico, político, social, etc. – para poner en juego y así, desintere-sadamente arriesgar o ahorrar para dilapidarlo en una jugada o por medio de determinadas estrategias y argucias.
33º son otros tantos elementos de prueba para corroborar que el problema existe, ha sido agudamente observado pero no ha podido ser controlado, puesto que las nuevas proposiciones son acogidas y difundidas a través de los medios que constituyen la vida misma del espectador contemporáneo. (p. 144).
… los medios masivos de comunicación que constituye la industria cultural, que a su vez responden a una política claramente dirigista de la “sociedad opresora” para usar el justo término de Marcuse. (p. 145).
Nuestra vida y los mecanismos que la rigen corresponden a modelos que se nos transmiten desde afuera y nos hacen, de distinta manera y con la utilización de diversos instrumentos, aceptarlos y considerarlos como únicos e inevitables (la fuerza de la costumbre nos hace naturalizar una serie de tácitos socio-históricos sobre los que ya nos resulta difícil replantearnos – podríamos seguir en esto los lineamientos de las ideas de Berger y Luckman sobre la construcción social de la realidad. Cuando la conducta se torna reiterada por funcional se construye sobre ella el hábito y a posteriori, consuetudi-nariamente, la ley y la institución).
Estos modelos, abarcadores de la sociedad, son promovidos por los diferentes mecanismos que maneja un sistema transnacional de poder, especialmente a través de los sistemas de comunicaciones, con el objetivo principal de satisfacer intereses económicos.
El fenómeno de los medios masivos de comunicación hizo eclosión hace unos cuarenta años a nivel mundial… justamente cuando Marshall Mc Luhan planteaba que el medio es el mensaje – con lo que hábilmente avalaba este traspaso del aura desde el hacedor a la obra, a los discursos, materiales y argucias manifiestas en ella, del emisor al canal, de los autores y lectores empíricos hacia sus modelizar-ciones en la obra, desde las mismísimas obras hacia las estrategias de inscripción en ella de las propuestas y marcas del autor empírico y de los modelos de lectura o sus índices de interpretación por parte del lector) proponiendo una nueva vuelta al efecto pigmailión que abduce a la humanidad a partir de la fundación misma de la cultura occidental – y la reyerta por la tecnología de punta auratizaba aún más el campo de la disputa ideológica.
El tenor, la gravedad y profundidad del conflicto continúa aún hoy… sin ir mas lejos por una nueva ley de Medios… los intereses en juego son – para el lego, el habitante llano – inimaginables.
Adolf Hitler en su modalidad de arengas políticas no produce nuevas líneas de pensamiento , pero la estetización y el estudio refinado, retórico y magnificado por los recursos de los medios masivos fueron haciendo migrar, precisamente, desde el autor de los discursos y desde el mentor y constructor de la ideología expuesta hacia los medios y recursos propuestos para su lectura.
Cuando minimizan su influencia, creo que están pecando del mas ingenuo angelismo. Considero que no son determinantes pero tienen un alto nivel de influencia y acatamiento en el cercenamiento del uso público de la razón. Por medio del permanente adoctrinamiento hacia la aceptación de la subsunción de unos grupos por otros, la naturalización de que unos son productores y creadores de las tecnologías – que decide quien hegemoniza las reglas del plexo social – y que el resto sólo tenemos capacidad de ser consumidores, la parcelación y fragmentación tribal por parte de la posmodernidad está no sólo avalada por los medios sino que su buen provecho le sacan.
El ocultamiento y la manipulación de la información es crecientemente inigualable.
El uso y abuso de los recursos de retórica gráfica, de la imagen publicitaria, de la compra de espacios en los periódicos, en la televisión, en las radios; el impulso simbólico por asociación que el pudiente empresariado local, conjuntamente con las filiales de empresas norteamericanas, ha abonado en la fusión de arte-cultura-industria humanista es indudable e ingenuamente creíble particularmente en la década aquí presentada – no mucho tiempo después el abandono del arte no sólo fue cuestión de las neovanguardias o de las vanguardias importadas sino que también quedó desmenuzada la alianza que tantas promesas de futuro y progreso a su vez habían propuesto entre Industria humanista e institución artístico-cultural.
¿Por qué desapareció esta alianza? ¿Dejó de resultar negocio o se cambiaron las consignas desde fuera para que se dejara de avalar a corrientes y facciones que se habían tornado ciertamente ingober-nables? ¿Cómo fueron replanteados los nuevos espacios y con qué explicaciones?
34º Cualquier medio que se recorra superficialmente señala una doble regresión; por un lado, el creador ha dejado de proyectar algo nuevo; por otro lado, el receptor o espectador ha dejado de plantearse todo problema de recepción. (p. 145)
¿Cuánto es lo nuevo que queda por proyectar cuando las fronteras del arte y la problemática de su definición se ha expandido hasta su dilución, el enrarecimiento y la funcionalización institucional lo han absorbido a casi todo y los intersticios son mínimos y excepcionales?... luego que Arthur Danto nos afirmara taxativamente sobre la muerte del arte… o hacemos arqueología sobre él o nos convertimos en necrófilos.
Nosotros somos hacedores de arte, el arte siempre supone la generación sígnica de algo nuevo… comunicación no regulada – al menos al momento de ser emitida, plasmada, propuesta, puesta en escena, desplegada…– comparable (si es que es parangonable el arte con algo de la comunicación habitual) con enunciados que jamás han sido pronunciados o escritos.
El creador en muchos casos no pasa de ser un mero copista, un emulador, un farsante, un plagiario.
¿Cuánto tuvo de original el apropiacionismo de las dinámicas del Ready Made, particularmente en culturas periféricas? Los ensemblages de Dalila Puzzovio ¿Fueron sólo novedad rayana en la moda o se traían algo más entre manos? ¿Cuál era su affaire con Grimoldi?
Estas ideas se pueden enraizar en los pensamientos de Umberto Eco en el sentido de lo propuesto en Obra Abierta cuando habla sobre la riqueza de los códigos y de los mensajes emitidos – en algunos casos de alegoría pueden perderse en este sentido también –; la riqueza discursiva se funda particularmente en la alternancia, obliteración, alteración y creación de nuevos y más polisémicos, fragmentos paradigmáticos imbuidos en la trama del signo o en la multiplicidad de los signos presentados… pero ¿Cuál es el límite de la interpretación en no poco de los casos? ¿Pueden ser infinitas las derivas de sentido en la lectura de una obra compleja?
Ante esta diatriba, Umberto Eco nos plantea la problemática de que, ante la multiplicidad de información, se produce un enriquecimiento en el mensaje… pero que llevado a los extremos, al igual que la indistinción de los detalles de cada uno de los componentes de un adoquinado, o las particularidades de cada grano de arena de una playa, lo percibido se empieza a homologar en lo que podemos considerar como ruido. Ruido que – a lo mejor justificados en alguna propuesta Gestáltica – nos permite particularmente almacenar la información de un modo mas funcional para no desperdiciar o complicar la/s lectura/s.
35º Ahora, controlado por la industria cultural, el cómic funciona no como una mera distracción sin mayor importancia sino como la promulgación de una visión esquemática, canalizada hacia la formulación de receptores conformistas de los cuales se ha extirpado la condición reflexiva. …Al vincularse el cómic con las artes plásticas, no se está vinculando un nuevo modo de “visualizar”, sino una nueva manera de crear según estándares dados, que piden al artista el mínimo empleo de la creatividad y al espectador el mínimo empleo de la reflexión estética. (p. 146)
Presuponer un lector de determinadas características por parte del crítico, es estandarizarlo, estandarizar los contenidos y las lecturas de la misma, estandarizarse frente al evento arte, recrear la creencia e imbuirle al mismo su misticismo y sus modelizaciones. Tomar determinadas posturas es preservar el interés en el mismo – en el arte, en la obra y en él como traductor y sintagmatizador de este signo nuevo como lo es la obra ante si.
En la funcionalidad pedagógica y ejemplificadora del arte subyace la creencia de la efectividad histórica del mismo, tanto sea positiva – útil a los intereses de difusión y reforzamiento ideológico – al modo de toda la iconografía religioso barroca; o negativa – aunque continúa inserta en la aparatología institucional, y por otra parte, resulta conveniente a la misma institución para hacer notar la amplitud de criterios que se tiene al permitir la inclusión de cualquier cosa dentro del templo del arte – del modo icónico o anicónico en que tanto expresionistas alemanes como los mismos dadaístas incursionaron para un pretendido aborto del paradigma y su teleología del burgués adiestrado y alienado en la pretensión de la construir una nueva sociedad – todo ello acompañado por el halo romanticista en la formación del ideario de cómo ser artista, como hacer arte, cuales serían los paradigmas del campo – todas creencias que aún hoy subyacen, ingenua o cínicamente, dentro y fuera del mismo. Cabe tener en cuenta que los primeros planteos datan de mediados del siglo XVIII – en la formulación frustrada y frustrante desde hace mucho tiempo – de las promesas – hasta ahora no cumplidas – del Proyecto Iluminista.
En dicho programa – cuyo modelo mas elocuente podríamos tomarlo en Saint Simón – imbrica a los artistas con los demás funcionarios del mandarinato intelectual para la reorganización de la trama social y de las relaciones entre sus componentes. También aquí se manifiesta la influencia de los temas abordados por Umberto Eco en “Apocalípticos e Integrados”… el cómic cayó en desuso pero se lo podría parangonar con los video-juegos. Y volviendo a Mc Luhan, van cambiando los medios y con ellos los mensajes – pasamos de comic al joystick – pero el sintagma enajenante sigue perenne en todos los mensajes y a través de todos los medios. La utilidad confundida y persuasivamente entreverada con lo bueno, la funcionalidad vista como imperiosamente necesaria para el progreso, sin dejar mas que entrever sólo lo beneficioso del mismo en números y abstracciones que nos alejan de las evidentes consecuencias. No sólo en el campo económico, industrial, tecnológico, socio-político… en el arte – donde la desfachatez es tomada como estrategia contestataria – es grandilocuente en una pluralidad de casos y, encima es emblematizada como loable y deseable… sigo sosteniendo, a su vez estos eventos y situaciones, al igual que lo fue el teatro griego, en gran medida son útiles – aún en su aparente inutilidad – para camuflar – como lo hicieron innegablemente en los sesentas – situaciones y aporías culturales que se quieren ocultar o minimizar. El arte usado como emblema, como talismán, como válvula de escape para la catarsis social, como elemento simbolizador, moldeador, funcionalizador de diversas épocas ya fue concebido desde hace siglos y, particularmente, es negocio de quien lo detenta como elemento distintivo de clase, rol, función social, en síntesis, capital.
36º … lo cierto es que amplificaron a través de los canales artísticos el claro designio de la sociedad altamente industrializada de destruir la estructura global del lenguaje y sustituirlo por fragmentos. De esta manera, el trabajo de vanguardia en nuestro siglo, que comenzó aislando los elementos y fragmentando una a una las partes de un todo, para penetrar en sus relaciones y rehacerlas según nuevos sistemas de cohesión (alegoría), se ha visto ganado por el trabajo de los manipuladores de la cultura, que han estimulado la destrucción de los sistemas globales y totalizadores, no para crear nuevos tipos de relaciones entre las partes, sino precisamente para lo contrario; elevando los fragmentos a categoría de obra de arte, han logrado separar al artista de toda preocupación conceptual y significante; lo han convertido en un productor, cuyo suministro atiende celosamente, así como atiende que la demanda se produzca en el momento preciso y también en el momento preciso se cancele, cuando el mercado está saturado de determinado fragmento. (p. 147)
Si los medios son Masivos, lo son precisamente por ello, por fragmentar, por parcelar, por diseccionar todo lo que cae a su alcance. De esta forma se aseguran su supervivencia o extinción. La lucha de los medios no es otra cosa (como lo hace cualquier institución) que la lucha por la supervivencia.
Esto se dificulta sólo si se lo relaciona con popular, con lo plural o con los multitudinario. Si, en lo posible, lo analizáramos como negocio – capacidad de abstracción de usar convenientemente los símbolos – se comenzará a notar que, si bien el medio es el mensaje, no todos notamos cual es el mensaje más eficaz y eficiente, o sea, los verdaderos fines de las proposiciones del campo.
Confundir lo masivo con lo multitudinario es como el eufemismo bolivariano de que “los pueblos nunca se equivocan”. El error es inherente a la condición humana, y por más que todas las historias se han preocupado de ocultar o minimizar los errores de quienes abierta o solapadamente dicen defender, no podemos ser tan inocentes de creer que el accionar y las consecuencias del mismo de cualquier ser humano esté libre de faltas, vicios, errores e intencionalidades. Es por ello que los mismos medios nos imponen con el peso de los números símbolos y conductas adrede. E incautamente caemos multitudinariamente en la creencia de que hay verdad por que lo dice y lo repite mucha gente.
Mucha gente – millones – defendieron a los tiranos mas lunáticos de la historia… ¿A dónde estaba la razón de hacerlo entonces o de justificarlos ahora?
Confundir lo masivo con lo plural lleva otro tanto de inclinación al error. Como analizamos precedentemente, la intencionalidad de los medios no es la autoconciencia sino su propia permanencia, por ello se perpetúan como negocio sin hacer ni el más mínimo uso público de la razón. Se reitera de modo insistente hasta el hartazgo todo tipo de símbolos para no ser excluidos del sistema… al igual que en cualquiera de las instituciones conocidas.
A los difusores les conviene la continuidad de la ideología, de las creencias y el encubrimiento de los procesos operativos que llevan implícitos estas continuidades. Cuando el pop tomó elementos populares, por un lado lo hace irónicamente pero, por otro, a los medios masivos les convino su degeneración en el camp o en el kitsch.
Convengamos que a Warhol también, se postuló como artista y en un proceso de constante feed back (retroalimentación) logró imponerse en el campo; fingiendo inocencia despertó al mundo de la publicidad del sopor y lo puso al tanto de sus propuestas innovadoras… y emblemático suena el nombre de su taller… “The factory” en el que la producción en serie de obras que en sí portaban distinción nos alertan de sus verdaderas intenciones como artista. Él conocía bien el campo de la publicidad, lo trasladó al arte y aprovechó con ventajas estos beneficios. Pasó del arte de la publicidad a la publicidad en el arte.
La finalidad de los medios es la perpetuación de la creencia en el arte (si es que de eso se refiere en ese momento… por que tienen la versatilidad y la inmaterialidad por lo que, lo que dijeron hoy lo contradicen mañana y, para pasado mañana ya está todo olvidado; o también incluir o excluir infinidad de otros procesos sociales de los cuales, recíprocamente, se sacan provecho y, a su vez, transforma e inmortaliza las personificaciones del homo convenientis), y a quien arremeta contra esta idea se lo confundirá (se lo difundirá lo más grotescamente posible) como elemento perturbador y desubicado – no importando si lo hace en pro o en contra del proceso de autoconcienciación.
Es así que, entre otras cosas, las vanguardias fueran para ellos – los medios – una fabulosa cantera de ideas desde donde han abrevado las mas diversas corrientes posteriores. Y es por ello que lo pretendido por las mismas haya fracasado, pero muchos de sus elementos constitutivos fueron refuncionalizados por la Industria Cultural.
Así acometieron inicialmente con el collage, luego con el montaje cinematográfico, posteriormente con el ensamblaje de los pops, con la fragmentación de los hiperrealistas… o la pretendida desvincu-lación de la política del neoexpresionismo estadounidense y su chorreado frenético, libre de insinuaciones socio-histórico-culturales; este ensamblaje se lo centra casi exclusivamente en planteos de su signicidad, abogando por la inmaculatura de la obra y su relación con las convulsiones político-sociales del momento… Evidentemente todo accionar dentro de la sociedad es político, o, acaso la institucionalización de obras casi mudas no son gestos políticos con diversas motricidades reificantes.
Esto da origen, a su vez, a las relaciones turbias y colisionadas con que la vanguardia queda en complicidad en trato con la moda – cuyo patrón de innovación permanente es un jactancioso, incierto y meandroso rumbo – y se unifica con las postulaciones vanguardistas de la búsqueda permanente de cambio en esta relación de sometimiento a reglas obsoletas y de instituciones obsecuentes.
37º La sociedad de consumo no puede admitir héroes por eso los convierte hábilmente en “personajes”. Todos los personajes, cualquiera que sea su extracción política, artística, literaria, radial, televisiva, quedan nivelados por la misma conversión, el mismo empaque para la entrega e igual apetencia de consumo. … es otro modo, generoso y complaciente, de atraer y disolver. (p. 149).
La dinámica social queda así incluida y acaparada por un sistema de complejos intereses que la avenan y la atraviesan dejándola postrada a merced de los personajes antecedentemente mencionados. Eso es lo que resulta dificultoso de analizar en los constitutivos de la sociedad de masas, de los medios masivos de comunicación, de los procesos de masificación, de las fragmentaciones, inclusiones, exclusiones, expulsiones dentro del sistema y hasta dentro del mismo plexo social.
1º Hay que aclarar que uno ya está dentro del mismo.
2º Las magnitudes y la profundidad de la problemática nos exceden y nos dejan perplejos y pusilánimes ante tanta evidencia.
3º Actuamos casi en la certeza de que nuestras acciones, si les resultan convenientes, también serán convenientemente adecuadas para funcionalizarlas dentro de lo que nosotros pretendemos combatir.
4º Que, como magistral maniobra política, se ha aprendido a dejar manifestarse libremente – mientras esa libertad no comprometa o le reste poder al personaje de turno – y con ello, sórdidamente se dejan decantar discursos, pero se continúan con las acciones planificadas y exitosas.
Así, uno se siente o se cree vencido antes de comenzar esta ciclópea tarea… la cual, pareciera que a nadie importa, nadie la justiprecia o cree necesaria, y también pareciera que nadie la solicitara – excepto los expulsados, los excluidos y los marginados, con intereses en un juego equitativo y medianamente limpio.
La sociedad de consumo no quiere ciudadanos, no quiere habitantes… quiere sólo consumidores… el resto es sólo parte de la escoria descartable o, en lo posible, reciclable para intentar nuevamente reconvertir el deshecho en mercadería.
Paradójicamente una sociedad pluralista como la nuestra, es genuflexa a la tiranía de algo tan inconsistente, mutable y endeble como lo es la opinión – que ya no es pública sino publicitaria – y tan frágil como las palabras que se lleva el viento.
Es una gigantesca suma de creencias y postulaciones lanzadas con grandilocuencia de eternidad pero que son intercambiables o descartables en fracciones de segundo… llegamos a las aspiraciones del Futurismo. Estar en un campo de batalla, poder oler la pólvora y la carroña de una guerra, morir en medio sin que a nadie importe mas que el rugir de los motores, la obnubilación de la máquina que produce y reproduce un mensaje apoteótico y vacuo. En el nerviosismo de una acción que paraliza, de una hiperquinesia anestésica, de una esquizofrenia que aparenta la más fría de las racionalidades.
38º A medida que ha crecido el problema de los negros, estudiantes y desesperados, empujados al genocidio de Vietnam, configurando un virtual clima de guerra interna, el arte fue empujado a la audacia delirante y al juego sin sentido. (p. 149.)
Redunda en el párrafo las ideas antes vertidas.
El arte se postuló libertador y se lo inmoló en alienante.
Se prefiguró héroe y salió frustradamente derrotado.
Se imaginó con toda la efectividad histórica y se lo taxidermizó y ordenó convenientemente en el museo, se lo registró adecuadamente para ser archivado, se lo empujó al abismo del sin sentido a menos que se transformase en la sirvienta del poder de turno.
Él esperaba de si mismo mucho más de lo que pudo.
La refriega política, virulenta en los enfrentamientos campales de Vietnam, de Lousiana, de la mitad de África, de Argentina, Brasil, Chile… de Europa del Este…son muestra cabal de lo expuesto por la autora y refrendado por mi.
Cuando se le pidió compromiso al arte y este lo dio fue inmediatamente cremado y encerrado en una urna de museo.
Cuando se le pidió acción, se lo guionó, se lo estetizó y se lo peliculó para documentar la época y aventajar al oponente en muestras de poderío simbólico.
Cuando se le exigió inserción social, se lo tildó de subversivo, anti todo, y se lo encapsuló a la espera de que se le pasase el ataque.
Cuando este reclamó se lo tomó por loco, por degenerado, por tendencioso, por político, por autista, por violento, por morboso, por descarriado…
¿Qué es el arte?…
Perece ser el accionar de un personaje que como marioneta accede a ser todo lo que le pidan pero al que no se le permite opinar porque todas las demás esferas le son ajenas. Parece ser el hábitat de un iluso que mascullando hacia sí mismo no puede relacionarse con la batahola que lo circunda.
Parece ser un fantasma de un mal sueño, o la resaca de una fiesta a la que se pretende olvidar, o este estado anímico que a veces me deja decir verdades de las que después tengo que arrepentirme o maquillar para ver si son mejor aceptadas…
¿Es quizás el último rincón en el que se puedan manifestar, generar nuevos signos antes de sucumbir a la verborrágica anemia simbólica que nos inunda?
Las conflagraciones reales o simbólicas no han terminado. El muro y el ogro de Moscú, la Habana o Pekín han sido destrozados… hipotéticamente los miedos debieran haber migrado o desaparecido luego de ello…
Pero las promesas de felicidad, los fugaces momentos de verdad en el arte, lo contingente de cualquiera de las esferas del conocimiento, lo insuficiente de las explicaciones y orientaciones indiciales… la pauperización de las relaciones hacia un continente incontenido y un contenido irrepresentado… todo nos muestra nuestras propias fragilidades… nos seguimos disfrazando para no ser engullidos por la naturaleza que nos circunda, sin importar si nos alumbramos con una tea o si somos un rayo sobre un motor de doce cilindros…
39º …la organización del trabajo de las vanguardias es un hecho tan evidente como irrisorio y castrador, ya que la esencia de la vanguardia es, justamente, su rechazo de la organización constituida y su proyecto de una manera de organización casi siempre contradictoria, cuando no antagónica, con la anterior.
A veces las Segundas Vanguardias se muestran como una capitulación vergonzante de las Históricas… algo de extraño hay en las discordancias manifiestas entre un Duchamp y lo grotesco presente en Warhol. Algo huele mal entre el sado-masoquismo del Zürich de Tzara y los objetos perpetrados por Rauschemberg…
Es evidente que las primeras fracasaron en su intento de hacer tabula rasa con los convencionalismos en el arte como también su ampliación ad infinitum. Ninguna de las dos cosas se logró… se silenció o quedó lamentándose amargamente… ninguno de ellos pretendía, tras su litigar, ser incluido en un museo… casi todos pretendían asimilarse, aferrarse tenazmente a la vida – aún incompatiblemente como el futurismo que, al igual que las paradojas naturales, planteaban a la guerra como depurador de la vida – … detestaban el hermetismo museístico, las rotulaciones historizantes, los guiños y venias a la dirigencia de turno. La asfixia de un corsé que los obligara y cercenara desde una absurda guerra….
En las Segundas, la guerra, la peor y mas cruenta, había quedado a dos o tres lustros… pero de ello no se atrevieron a manifestar (aunque ponemos entre paréntesis el tema de que, lo que el autor dice, se manifiesta en la obra, y que, desde nuestro punto de vista, no es más que una parte de las creencias que sustentan la afirmación del arte como ideología) al menos en la versión Estadounidense – ni remitirse. Cuando se refirió mordazmente a las situaciones, como lo hizo un León Ferrari, se clausuraron muestras, se abatió sobre el arte una truculenta caterva de críticas. O se aproximó tanto a la acción política directa (a los modos en que en aquel entonces se manifestaban) que cuesta aún hoy diferenciarlos (también aclaremos nuevamente que la acción o inacción manifiestamente política se evidencia – aún no siendo la intención del autor – políticamente)… el accionar político es una de las marcas mas evidentes aunque se diga ser una de las mas veladas
¿Qué y cuánto tienen de heroicas estas segundas vanguardias?
Las primeras fueron, en cierta medida, un aullido ante el dolor y la incomprensión, ante el absurdo del gas mostaza, de la trinchera hedionda y ponzoñosa, a la brutalidad de masacres indolentes y sicarias; ante la obsecuente obediencia a un sistema funesto y dictatorial de empresas, de un tiránico Estado perverso y corruptor de las relaciones.
No se si una correcta lectura, los encabalgamientos indiciales, las interpretaciones de su locución, perlocución o ilocución, en los que me encuentro, son los adecuados… sólo estoy seguro de que son tremendamente incompletos y hasta incongruentes en su apariencia o tesitura.
Lo que acierto a hipotetizar es que para un Duchamp, un Magritte, un Ernst, un Pevner, un El Litzisky… todas estas catalogaciones sobre su obra y sus motivos les han resultado deleznables y plenos de desasosiego.
Se encontraron con algo a lo que rehuían, se dieron frontalmente contra lo que rechazaron a pleno, no pudieron controlar los procesos de sus proyectos. Algunos galantearon con la fama y tuvieron que adecuar sus disertaciones o ser particularmente marginados; pero a consecuencia muchos de los proyectos fueron sepultados por utópicos, por inalcanzables.
Otro de los puntos débiles de las segundas vanguardias es que, no sólo su desencanto fue casi de inmediato sino que su difusión las erosionó virulentamente diluyendo su abrasión y dejándolas a la deriva con un álgido sinsabor o como una mera propuesta lúdica, en al cual la mordacidad fue intercambiada por una impostada ironía. O sea que, en la mayoría de sus propuestas, tal como lo precisaba la institución, fue para la masa una catarsis que rápidamente fue perdiendo reflexividad. Y a su promesa de cambio radical le siguió una desazón desconcertante. Algunos reconocen y es cierta parte de la efectividad para desanquilosar muchas de las instituciones y relaciones sociales. Hay que reconocer que la descompresión en gran medida era necesaria para la proposición de nuevas alternativas de desarrollo social, de interrelación entre las esferas del conocimiento, para darle una nueva chance a los desafíos de viabilizar una sociedad algo menos acartonada. Pero a su vez esto fue rápidamente reificado en una ideologización vulgar y recargada de lugares comunes y, nuevamente en el círculo vicioso de la efectividad de la industria cultural se tornó en esnob las proposiciones radicales… obviamente las más próximas a las creencias fueron las primeras y más fáciles; con ello se logró vencerlas a las vanguardias por segunda vez y aniquilarlas en su intencionalidad de reinserción en la praxis cotidiana. De tanto en tanto reaparece alguna acepción con algún hálito de radicalidad… pero definitivamente cual Saturno devorando a sus Hijos, desparece en una acompasada maquinaria lóbrega de sazonada degustación cultural.
Hasta lo más antidigestivo es trastrocado en elitario para luego ser comercializado masivamente
40º Si la sustitución del creador por el manipulador ha tenido tal éxito en las sociedades alta-mente industrializadas es fácil de imaginar su veloz expansión entre los latinoamericanos; en este caso sólo corresponde golpear grupos débiles y aún indecisos, sociedades sin formación ni contextura política, vanguardias sin militancia, culturas apocadas sin tradiciones que defender y temerosas de ser tachadas de provincianas, talentos desdeñados en sus respectivos países, jóvenes impacientes cuya iracundia es puramente epidérmica. Por otra parte, el manipulador, el revés del creador, suscita modas.
El manipulador fija la existencia de la moda al tratar la obra de arte como un producto[24], buscarle un mercado y asignarle un valor genérico, utilizando cada sistema visual no como “un punto de vista” sino como referencia aplicable a objetos, vestidos, modos de vida o de comportamiento. (p. 150).
Ojo con confundir alta capacidad de producción con alta cultura, confundir potente poder económico con inteligencia integradora, confundir dinamismo comercial con progreso cultural, confundir riqueza con sabiduría.
Los paradigmas historizadores también propuestos desde el proyecto del Iluminismo, desde su misma concepción siguen teniendo sus tácitos reificantes… la idea del buen salvaje, la idea de la cultura europea como cuna de civilización y faro de progreso en la historia de la humanidad, la idea de bendecidos por la razón, la tradición, la religión, por encima del resto de las culturas… todo ello confabula en una gigantesca creencia de omnipotencia y designio divino por el que nos les quedaría otra que cumplir con su destino.
¡Cuidado!
En las mismas proposiciones se encuentran integrados tanto un Daniel Bell – ultraconservador y algo así como el ogro moderno defensor de este tardocapitalismo – como también un Jurgen Habermas, de quien sospecho que también se ha percatado de esto que estoy hablando, pero que mira para otro lado para no asumir su complicidad cultural, o para no seguir balbuceando la aporía cultural de la que todo occidente es parte, aunque nos crucemos de vereda para criticar. .
Al analizar estas ideas, tanto en pro de este desarrollo benefactor y oblativo desde las culturas donantes, como desde la faceta crítica, autorreflexiva e impulsora a su vez de la autoconciencia están sumergidos ambos – Bell o Habermas… y nosotros también - dentro de las estructuras culturales y dentro de esa perspectiva para la construcción de la realidad. La idea de europeo iluminado, racional, adulto, conciente, responsable del desarrollo y de llevar la tea del iluminismo más allá de sus fronteras continentales no son de Atahualpa, no están en el Popol Vuh, no las inscribió Sidarta Gautama o Confucio… sino Hegel, europeo hasta la médula.
¡Cuidado también!
No quiero ni pretendo con ello justificar cualquier tipo de lamentos autojustificativos latinoameri-canosos, ni virulentas reacciones fanáticas mahometanas, ni iluminismos elitistas-vanguardistas al estilo del comunismo soviético.
Y continuando con lo primero, se evidencia particularmente que los anglosajones confunden poderío económico con mandato divino, capacidad comercial con designio y prefiguración de superioridad; hegemonía con voluntad popular… el resto del planeta los tenemos que sufrir y a su vez, de no adecuarnos a ello, somos tiránicamente desterrados de este paraíso prefigurado y celestial que nos propone el modelo occidental.
Desde el cambio de paradigma de la fuerza bruta al del uso instrumental de la razón, este se autoperpetúa en sistemas de símbolos cada vez mas sutiles y efectivos que roman todas las rispideces posibles.
Las relaciones de dominación de un sistema del uso directo de la fuerza, pasó al del número y la escritura, a su vez, al de la moneda, que posteriormente derivó en el bancario, luego derivó en el usufructo burgués de la fuerza laboral del proletariado y a posteriori, a la deificación de las tecnologías como ecuanimizadoras de las relaciones interpersonales… De mil y una formas el sistema capitalista de un modo asombrosamente versátil ha logrado – redirigiendo los discursos – apoderarse del capital simbólico, económico, político y cultural de sus contrincantes… el uso instrumental de la razón tan procazmente institucionalizado es el que nos ciñe a una jaula de hierro tal como lo supo plantear Max Weber.
A pesar de los planteos de esta diáspora de las esferas del conocimiento, el argumento que las cohesiona sigue siendo esta instrumentalidad de la razón que, con demostraciones y propuestas de un eficientismo suspicaz, velan, mienten y falsifican razonamientos que, en tácitos universales, nos pretenden unidos, voluntariamente asociados, contritamente conversos a una solidaridad de papel, de palabras y de mitos… todos ellos símbolos que no muestran la realidad pragmática pero que la configuran precisa, conveniente y eficazmente.
De allí resulta fácil y comprensible suponer que la Industria Cultural es el sucedáneo lógico y natural del arte… que el crecimiento cultural tan largamente esperado está al fin al alcance de la mano… lástima que en lugar de ser este neoesquema cultural algo que nos profundice en autoconciencia y uso público de la razón, es sólo – como lo ha sido el arte tantísimas veces – un propagador, un sirviente obsecuente de los manipuladores de turno.
La subsunción se produce por la afonía de los más débiles, por que se les quitó la voz, porque no actúan no por inéptos sino por lisiados. Los que detentan los medios son los mismos que manipulan las tecnologías, la circulación de la mayoría de los capitales de toda índole, y los que se hablan y contestan a si mismos.
¿Cómo no van a tener razón si los interlocutores estamos amordazados y narcotizados con un placebo cultural que viene en forma de pantalla, que nos grita en forma de columna de sonido, que nos cauteriza las dudas por medio de gigantografías que nos acallan y que, tanto nos asustan que nos quedamos sin palabras?
Aunque el chiasmus cultural erosiona lentamente a la grandilocuencia hegemónica, las hegemonías – para poder serlo – deben reinventar constantemente cual ha de ser la modalidad de piel de cordero para lograr mimetizarse y engañar así a las víctimas. Se editan andanadas de CD’s de latinos… pero las ganancias son para las transnacionales, que nos venden los CD’s, el MP4, las pantallas de cuarzo, los auriculares homologados por reglas ISO no se cuantos miles, nos trasladan a varios Gb por segundo a cualquier parte del planeta, nos magnetizan por tarjeta ingresos, egresos, débitos automáticos, créditos a todos los plazos… nos venden y cobran los servicios, los bienes nos los enajenan, nos alquilan nuestra soberanía a nosotros mismos, nos multiplican las ponencias de lo fantástico de un mundo despreo-cupado y feliz y, a su vez, nos venden las inmunodefensas, los medicamentos, las drogas, los alimentos, los controles, los escaneados de todo tipo, nos tomografían desde todos los ángulos…
Nuestros Estados no sólo no son soberanos sino que pasaron a ser meramente filiales de propietarios que desconocemos en absoluto y que deciden por nosotros en reuniones de G8s, G20s, OTANes, ONUs, OPEPs, OEAs… y otros tantos mecanismos para neutralizar verdades e imponer y naturalizar relaciones desiguales y explotadoras.
Y decir esto en voz alta es gritarle al mar… igual de inmutables son nuestros representantes.
41º … los grupos convertidos en formaciones verdaderamente minoritarias dentro de países analfabetos, subdesarrollados o exhaustos por crisis políticas, cuya participación en la vida cultural es obviamente nula; el problema de la legitimación ligada a la autoridad crítica y el establecimiento de quién ejerce dicha autoridad crítica; la necesidad de aclarar el pernicioso proceso de importar moda en cambio de adoptar lenguajes; la urgencia de llegar a una estimación adecuada del arte actual en los grandes centros emisores explicando la manipulación del espíritu inventivo, la extracción del creador del cuadro social e histórico donde debe quedar insertado, y la desestima de toda búsqueda de estructura interna de la obra, en aras de una pura improvisación. (p. 150).
La manipulación ideológica, económica, política, tecnológica y cultural de esa década es evidente e inocultable, los mecanismos que en el traspaso del poder simbólico se orquestaron para la transferencia de la posta cultural desde Europa a los EE. UU. ya habían sido debidamente aceitados y, desde el inicio de la década de los cincuenta, los ideas del Walter Benjamin sobre la reproductividad mecánica – ahora industrializada – de la obra y la pérdida de la auraticidad que de la misma iba presentándose era también evidente… en muchos sentidos el pop fue una experiencia entre exploratoria y eficaz de este tipo de reproductividad técnica – con la serigrafía a la cabeza. Los discursos tanto a favor como en contra de ello nos anegaron y siguen destilándose reiterativamente como una canción de cuna.
Veo que como sistema y modalidad – ya bosquejada con anterioridad en este mismo escrito – resulta conveniente y necesario aparentar altura, apertura y sensatez dejando sonar las dos campanas a la vez para emular ecuanimidad y cooptar capital simbólico de cualquiera de los oponentes. Esto es parte del instructivo inherente de las narrativas históricas y de los movimientos políticos – tanto las políticas internas dentro del campo del arte, como así también las de sus relaciones con otros campos del ya mencionado mandarinato intelectual propuesto por Bourdieu –, lo que curioso como patrón de conducta humano es este funcionamiento instrumental de las relaciones y sus mecanizaciones para la eficiencia y la mejor difusión de las creencias. Es la parte mas engañosa de las ideologías y de las estrategias de dominación… un fingido laissez faire como mensaje ambiguo de la hegemonía aparenta decirnos que somos libres, pero la reglamentación de ese laissez faire corre por cuenta y orden de quienes son poseedores de los medios de difusión, de los capitales simbólicos, políticos y tecnológicos necesarios para decir y desdecirse sin que importe mucho que se dijo.
Si el medio es el mensaje, los centros del poder son los medios, los mensajes y los lectores autorizados de dichos mensajes. Por lo que no hay otra que asentir…
No quiero presentar lamentándome, la situación de los medios y de los recursos que durante tanto tiempo nos han enajenado y, vilipendiándonos, nos lo han refregado en nuestras narices. Se que sería políticamente correcto ponerme del lado de los que sufren y de los marginados para quedar bien… si lo digo se me objetarán innumerables cosas, y si no lo hago también… pero, llegada cierta altura de las circunstancias, trato en lo posible de desligarme de este desmesurado contrato social que me obliga a mentirme para no ahogarme. Las tramas son tan gigantescas que el simple análisis desde mi modesto lugar es totalmente risible y despreciable por la falta de conocimientos especializados… pero, los especialistas mas que solucionar problemas, muchas veces se empecinan en crearlos y en un boato inocuo ocultar y opacar discursos e intereses.
El llamado a la reflexión no pretende mucho mas que eso.
42º Ningún país latinoamericano ha llegado plenamente a una etapa de integración social efectiva. Las líneas divisorias entre las clases están en todas partes, están claramente definidas – Incluso países económicamente avanzados –, que las decisiones públicas no pueden basarse en un acuerdo universal implícito ni en el respeto de ciertos derechos que, según se afirma, son compartidos por todos. En resumen, los intereses de grupo, en lo que a clase y ocupación se refiere, eclipsan a menudo el interés nacional, cuando se trata de adoptar decisiones y resolver controversias. Puede suceder que este retraso, en la creación de sociedades nacionales en el sentido político y social, sea la razón principal de la persistencia en América Latina de una estructura económica dual; es decir, de la coexistencia de las industrias de los tipos más modernos con el primitivismo tecnológico. (p. 151).
Esto es racismo aplicado por la hegemonía caucásico-aria.
Pautar que sin las propuestas occidentales el mundo no sería capaz de asumir otras modalidades de crecimiento, de progreso, de mejoramiento en las comunicaciones o en el uso razonable de la razón es más de lo mismo… si la cultura globalizada es la que con su diluyente posmodernidad nos llevaron al shock, al desencanto y a la huída… ¿porque asignarle la tarea de descompresión de todos los traumas que esto nos ha provocado?
Si hasta ahora tenemos más problemas que soluciones, si este sistema de especializaciones y jerarquías, de esferas tan contaminadas por intereses sectarios y teleológicos, si estos campos están minados de egocentrismos, soberbias y malos entendidos, ¿Es realmente viable una solución o al menos una reflexión libre y comunitariamente más eficaz para la necesidades reales?
¿Cuál es la diferencia esencial de los diversos grupos y/o razas de la comunidad humana toda para proponer preferencias y distinciones tan obliterantes?.
Ningún país del mundo en tanto prosiga con el paradigma pautado, construido, impuesto y fiscalizado por dicha hegemonía– llegó, llega ni llegará jamás a una etapa de integración social efectiva… EE. UU. es racista con los negros, con los latinos, con los extranjeros en general (y eso que le hemos dado recursos y alimentado su economía por unos doscientos años), Rusia con sus bálticos o con los habitantes del Cáucaso, Inglaterra con todas sus colonias, Alemania contra los latinos, Marroquíes o no pertenecientes a la raza pura – por eso tanto golpea y cuestiona la obra de Asher “a la población” – Francia contra los norafricanos, España contra los sudacas… y eso que son ellos los que propusieron y confían ciegamente en la teleología del proyecto iluminista … “libertad, igualdad y fraternidad”…
Hay que ser cuidadosos pues con diversas mecánicas sociales, todas las hegemonías conocidas han maniobrado en pos de los mismos fines: la manipulación operativa de las masas, la fiscalización de los códigos y símbolos de intercambio, la construcción de un plexo social obsecuente y pertinaz para el afianzamiento de las creencias en dicha hegemonía y su perpetuación. El refinamiento continuo de las técnicas de manipulación; la desvirtuación de los antecesores hegemonizadores, la búsqueda de la inserción de la casta dirigente en las raíces históricas de sus dominados, el servilismo económico, cultural, pedagógico, científico, tecnológico, y demás capitales que poseen sus subalternos para redirigirlos simbólicamente a la perpetuación y a la naturalización del sometimiento.
Se nos educa para mantener el statu quo, defender el grupo de pertenencia autojustificándonos y buscando chivos expiatorios … aceptando, reforzando y proponiendo distinciones y avalando los tácitos de dichas “diferencias… evidentes”.
Todo esto no es nuevo, no lo ha descubierto Marta Traba ni, tampoco, mis conclusiones son totalmente de mi pertenencia. Esto se sumerge en nuestras convicciones de tal forma que nos resulta conflictivo y angustiante el pretender analizarnos dentro de esta circularidad hermenéutica. Y, si la historia no se repite, (cosa que nos devolvería a un tiempo mítico, circular e inevitable y mágico) estas mecánicas que acabo de mencionar si. ¿Qué tienen que ver todas estas cosas con el arte?
¿Acaso el arte no debe enseñarnos sobre estética, sobre la disposición de los espacios, de los objetos, de los colores…?
¿Debe ser orgánico o inorgánico, icónico retardatario o anicónico impolítico?
¿Debe ser afirmativo o vanguardista?
¿Debe volver a dar vida a la estetización de las formas y de las relaciones sociales para empaquetarlas en suntuosos adornos?
¿Debe colaborar en este camino progresivo en el que occidente ha asumido la dirección de ser el guía insuperable?
¿Debe ser testigo incólume de esta colusión cultural que ha costado la casi extinción del planeta?
¿Debe transformase en abogado de los desposeídos, de los ignorantes, de los menospreciados…?
¿Debe ser cómplice y mandatario en la continuidad de esta megacreencia paradigmática?
¿Debe opinar? ¿Debe abstenerse de hacerlo?
¿Debe salirse de su institución y fundar nuevas y diferentes a las existentes?
¿Debe remitirse a su propio circuito y campo de acción?
¿Le está permitido todo y todo puede ser arte?
¿Por qué hay cosas que son más arte que otras?
¿A que se deben estas disquisiciones?
43º A este respecto la educación es un factor indispensable y decisivo en lo que se refiere a las actitudes de los individuos frente a la sociedad nacional. Si se la orienta mal, puede contribuir a reforzar el dualismo social, también puede crear las condiciones favorables para la racionalización de las conductas sociales si hace tomar conciencia de la integración y solidaridad de la sociedad nacional, si facilita el diálogo social, la comunicación entre los diferentes grupos… (p. 151).
Bourdieu lo explicita mejor cuando manifiesta a la educación toda –institución instituida e institiuyente – como una arbitrariedad pedagógica que posee la Autoridad Pedagógica conferida por la sociedad y las demás instituciones. Es sumamente útil para producir y reproducir [hacia adentro y hacia afuera] los esquemas hegemónicos de dominación. Finalmente se concluye que la Escuela mas que educar domestica.
El replanteo de la función pedagógica, de las peculiaridades de instituir e instituirse, los caracteres y modelos a seguir como co-formadores de conciencias, canalizadores en la adquisición de experiencias, conductores en la configuración de estrategias para la adquisición del conocimiento… elaboradores de doctrinas, ordenadora de saberes y reflexiones, partícipe necesaria en el proceso de autocienciación de los individuos… la educación se configura herramental, da la matriz de aprendizaje, los elementos adecuados o no para trabajar desde, hacia, en y para el conocimiento.
Al definir tradicionalmente el “sistema de educación” como el conjunto de mecanismos institucionales o consuetudinarios por los que se halla asegurada la transmisión entre las generaciones de la cultura heredada del pasado (por ejemplo, la información acumulada), las creencias clásicas tienden a disociar la reproducción cultural de su función de reproducción social, o sea, ignorar el efecto propio de las relaciones simbólicas en la reproducción de las relaciones de fuerza.
Ninguno de los elementos configuradores en la adquisición de conocimientos – dentro de la institución – es, a simple vista, nocivo… pero tampoco ninguno está exento de manipulación ideológica, de concepciones dirigistas, de parcelamientos sociales según distinciones simbólicas de las mas diversas especies – color de piel, ascendencia, pertenencia y descendencia de casta, orientación pedagógico institucional, aproximación a las ciencias, distribución de poderes y configuración de autoridades, importancia otorgada a los diversos tipos de conocimientos, orientaciones pedagógicas… etc.
Educar para el pensamiento como lo imaginaba Kant y como lo elaboró y practicó Paulo Freire; educar para el uso libre de la razón, el uso liberador no reificante de la razón, el uso público de la razón.
La autora tiende hacia algunos aspectos históricamente auratizados de la educación… aún cree inocente-mente en algunos aspectos tradicionales de la misma y, a su vez, supone a la docencia en el sacerdocio con el que también históricamente se la ha ungido. Sobre las variaciones discursivas concerniente a la institución educativa en el comunicar, creo que históricamente se ha hecho más efectiva por lo que ha hecho que por lo que ha dicho. Y, casualmente al arte se lo ha tamizado por un cruce adoctrinador similar. Se ha creído que debería ser pedagógico y ejemplificador… sólo que como docente no todos se han atenido a las reglas de juego… es más, el juego consiste en el arte, particularmente, en transgredir las reglas.
La crisis deviene de tácitos ya inexistentes, de situaciones nuevas en lo referente a tecnologías y en que, lo artesanal en esta sociedad posindustrialista, está cotizando en baja. Se reemplaza al arte por el objeto tecnológico y al docente por un disco duro con un software adecuado y conveniente.
44º … una imaginaria comprensión que se ve contestada día a día por los hechos reales y que, en su progresivo e irreversible adelgazamiento, empuja a nuestras colectividades a escoger las múltiples vías de la violencia.. Tal violencia acentúa y marca el dualismo social, dentro de ese dualismo ¿Qué papel está representando el artista en su condición de miembro de grupo minoritario?
Su condición es muy peculiar e incide naturalmente sobre su obra, por un lado, su sensibilidad lo lleva a percibir agudamente la realidad cotidiana que se mezcla sin cesar con los problemas de la cultura, potencial o activamente, en sentido negativo o positivo, tal realidad despierta en él militancias e ideologías, o al menos, sentimientos anticonformistas, dentro de cuyo clima trabaja. (p. 152).
También acicateadas desde fuera y la Guerra Fría es un gigantesco ejemplo de ello; se esgrimen armas y estrategias militares de todo tipo. Amenazas de destrucción masiva, condenas y sojuzgamientos, perse-cuciones y falaces juicios, enfrentamientos guerrilleros y campañas de desinformación, refriegas e invasiones territoriales, espionaje y contraespionaje… manipulación social, manipulación educativa, manipulación económica, denigración del contrincante y de todos los miembros de dicha comunidad, publicidad engañosa, intromisión y violentamiento sobre temas internos de cada país… permanente actitud beligerante.
Efervescentemente las refriegas fueron migrando desde el campo ideológico cultural al de la acción política directa, se pasó de la discusión al atentado, desde la arenga a la movilización. Desde increpar al oponente a la acción directa sobre él y sus cercanos. Si bien el artista está configurado dentro de la intelectualidad como miembro de un grupo de élite, al exigírsele el paso a la acción se lo inmiscuye en cuestiones en las que no es diestro; tampoco es para justificarlo al artista en una inacción o una actitud pusilánime… pero también está probado que cuando los artistas pasaron la valla de la prédica a la refriega no cambió mucho la situación.
No se detuvo la Primera Guerra Mundial porque los artistas futuristas hayan participado en ella, tampoco lo hizo porque muchos de ellos hubieran huido. La revolución rusa terminó aceptando sólo los proyectos que les fueran convenientes a sus causas y al resto o los deportó a Siberia o lograron huir al extranjero.
Aquí se evidencia aún la fuerte creencia en la Efectividad Histórica del arte y de su funcionalidad pedagógico-ético-social. Una definición de arte simbólico para la formación y la reflexión hacia el progreso. Probada está ya su ineficacia para eso.
La obra puede no ser una señal, puede no ser un símbolo, puede ser un signo de compleja, incompleta y polisémica lectura… Una obra de arte se compara – de algún modo – con aquellas expresiones o enunciados lingüísticos que nunca antes hemos oído o leído, o mejor, que jamás han sido dichos o escritos…
La obra no es un artefacto (generalicemos en cosas no sólo en conceptos al estilo Kossuth) instaurado para enseñarnos que debemos hacer, cómo lo debemos hacer, que debemos decir o cómo lo debemos decir… No es un tótem que intercede por nosotros ante una realidad confusa o incomprensible… No es un objeto distintivo que habla por lo que nosotros no podemos decir. No es un mero traductor de las intenciones del autor que inocentemente habla de un mundo mejor. No es ni espada para atacar ni escudo para proteger… todas estas lecturas propuestas precedentemente son ideológicas.
El objeto obra al hacerlo útil pierde mucho de sus posibilidades de comunicación. Seleccionarle una función es abstraerle una multiplicidad de otras lecturas posibles y viables. Hacerlo funcional sirve a propósitos restringidos y teledirigidos hacia efectos deseados… con todo ello comienza una puja de poderes que traman lo ideológico y que pierden lo ampliamente más aprehensible que puede tener una obra.
Solapadamente sigue la autora encabalgada sobre la creencia – demodé – del Romanticismo sobre el artista genio al igual que en la posibilidad de realización de las utopías planeadas por Saint Simon.
¿Sobre qué idea de ideología trabaja la autora?
¿Como conceptualización del mundo o como acción teleológica para la reificación del mismo?.
No podemos abstraer al artista del mundo. No es un demiurgo que nos informa sobre interioridades prometéicas. No es un genio que transubstancia la materia y cual Midas convierte cualquier cosa en oro. No es un obrero-proletario de la imagen que sirve al partido. No es un sirviente de los procesos de reificación que nos desmenuzan en engranajes funcionales o escoria descartable…
Vive la realidad, hace algo que históricamente lo distinguía en el campo del hacer pero que actualmente con sólo señalar un trozo de realidad ya hecha le es suficiente. Por todo ello tampoco escapa a los propios intereses, a los intereses de su clase, a los manipuleos institucionales.
Pasada la posmodernidad, cuando cualquier cosa puede ser arte, debiera poder continuar con cualquiera de las opciones que históricamente han exhibido su contingencia sin tener ningún tipo de miramientos, ni debiera ser sojuzgado por hacerlo.
¿Está obligado a ser vanguardista?
¿Está forzado a reproducir la creencia de un angelismo hacia el arte?
¿Tiene obligación de quedar bien?
¿Qué gana quedando mal?
¿Está comprometido a escandalizar para sacar provecho?
¿Qué debe hacer?
¿Qué no debe hacer?
¿Por qué está tan expuesto si su accionar no difiere de cualquier otro?
¿Esta jactancia en el campo es necesaria?...
45º Esto lleva a pensar que el artista “quiere ser peligroso” en Latinoamérica y se vanagloria de convertirse en factor de sedición y perturbación, porque tiene conciencia de que el privilegio de formar parte de un grupo minoritario cultural en países de muchedumbres o vegetativas o sobrevivientes lo obliga a contribuir al cambio de estructuras férreamente sostenidas por los sistemas vigentes. Pero al plantearse ya más concretamente de qué manera debe funcionar esa ayuda, comienzan los padecimientos. (p 153.)
Forma parte del mandarinato intelectual, según ideas de Bourdieu.
En este mandarinato intelectual se encuentran las clases dirigentes: políticos, profesionales, personajes con alto capital simbólico (familias tradicionales, ascendencia representativa de su rango, pertenencia a grupos o castas de élite, etc.), funcionarios públicos, Industriales, Empresarios de renombre, latifundistas (aunque la fisiocracia no se encuentre publicitada convenientemente, por un lado se la ridiculiza… pero a la corta o a la larga todos ellos terminan en un imbricado lazo territorial)… el artista tiene que codearse con una andanada de personajes que, cual pajes del poder, deben saber jugar el juego del mismo y conocer, cumplir y hacer cumplir sus propias reglas dentro de este campo. Es así que, siendo estos administradores del poder los que le cederán un sitio dentro del mismo, está por ello sutilmente comprometido… ergo, sus comportamientos a medida que asciende en la escala social, más respetuosos y reproductores de las creencias de este campo del poder se harán… en síntesis primero flirtea con el poder y una vez conseguido actúa en consecuencia; sus intereses y los del mantenimiento de este capital simbólico se entretejen en una trama cerrada y obsecuente.
También la autora muestra estar marcada por las prejuiciosas ideas de Clement Greenberg de la cultura Alta y Baja… parte de la construcción social con las que se justifican las hegemonías y la irresolución de las separaciones sociales construidas. Con una idea elitista de la cultura.
Reincidiendo en las ideas postuladas al inicio de esta recensión del escrito de Marta Traba; se continúa en la postulación de la cultura – sobre todo la hegemónica – como deseable y con la cual su poseedor consigue distinción. Con ello se configura un mapa cultural de centros abductores y periferias abducidas con las obligaciones y deberes que establecen un plano de distribución de poder con sus premios y castigos.
Con todo ello se genera la vergüenza de ser inculto.
Se logran expulsar a los indeseados por no ser buenos salvajes.
Se logra funcionalizar una meritocracia.
Se establecen vinculaciones bien regladas y previsibles.
Se instituyen códigos de comportamiento.
Se mimetizan creencias con realidades.
Se confiscan territorios (de todo tipo) en pos del beneficio social.
Se materializan campos de relación, de participación, de inclusión o de expulsión…
El problema es que a las clases expulsadas no se les permite la reflexión.
La reflexión es una actividad de élite (creencia o no).
Si en lugar de concebir a la cultura como una inalterable vitrina con el medallero y las copas logradas en los campeonatos de la historia que nos narran, la reconociéramos como el vínculo que es signo de nuestra humanidad, muy probablemente los constructos sociales serían otros y las distinciones no nos enajenarían ni nos forzarían a la impostación permanente para no perder el sitial conseguido.
La sociedad es democrática, pero algunos están mejor preparados para ser ciudadanos que otros.
Los que estudian, estudian para dirigir… pero no todos pueden estudiar… esta circularidad hermenéutica es un círculo vicioso falaz y engañoso.
¿Qué hace el artista ante esta realidad?
La tentación del flirteo antes mencionado está siempre latente.
46º Pero al quedar ubicado entre las minorías y constituirse en grupo cuyos intereses son letra muerta para comunidades profundamente necesitadas e ignorantes, los artistas latinoamericanos van configurando cada vez más el caso patético del creador sin público … la mayoría de nuestras colectividades no saben qué es un artista y, por consiguiente, no tienen ubicación para él. (p. 154).
No es que el artista no tenga público, sino que él ha aprendido otro idioma y le habla así al público, sin subtitulado.
Con ello es ajeno a la realidad pragmática donde vive y se transforma en portador de la voz del poder y no en reflexivo oradador de las aporías histórico-sociales.
Cuando nos preguntamos por ¿Qué es el arte? También nos preguntamos ¿Para que sirve?
La cuestión de servir en estos casos tiene, entre otras, una doble vertiente:
¿Es útil para algo el arte?
Si lo es ¿Por qué no nos damos cuenta?
Lo útil lo asociamos inmediatamente a lo funcional, a su mecanismo de manipulación para las diversas prestaciones para la que fue concebido. Con ello tornamos al problema ya planteado de confundir útil y funcional con naturalmente bueno. Y con ello empezamos con la diatriba de ¿Para que puede ser funcional el arte?
Inmediatamente se le comienzan a asignar tareas y usos:
Para decorar
Para quedar bien
Como laborterapia
Para poderse expresar
Para realizar la introspección deseada y lograr el autoconocimiento
para convertirse en la voz de los que no la tienen
para educar al pueblo;
para denunciar
para elaborar sistemas de representación,
para manifestar la libertad del autor y que generosamente diga al mundo su verdad - ¡Cuidado que no interpretarlo como es debido a su vez nos trae como consecuencia el ser tildados de incultos! –
para representar las relaciones sociales,
para divertir y entretener... etc.
Además el servir significa colaborar a que otros puedan hacer – no ya la obra objeto-herramienta para manipular en la realidad – sino como signo cuyas derivas de sentido nos hagan reflexionar y operar sobre los diversos estados del mundo.
Por otra parte y atendiendo al tema de la fractura de la concepción cultural, se lo impele al artista – como a cualquier individuo – a aceptar esta manipulación tácita que se hacen de estos elementos portantes de capital simbólico.
Se le hace creer que lo que el tiene por decir es muy importante, que el uso racional de los objetos conlleva a la liberación del género humano de las calamidades que hasta ahora lo han sumergido en un marasmo.
Se lo educa para saberse distinto y distintivo.
Se lo configura como partícipe particular, indisciplinadamente disciplinado, proactivamente creativo pero cercenado al uso de ciertos modos del lenguaje, de los objetos, de los códigos sociales, de lo aprendido.
Se lo aplaude cuando actúa de un modo políticamente correcto; se lo amonesta en caso contrario.
Se lo inflama para que arengue las utopías de las que el mundo todavía está lejos, para que sea portavoz de todas las calamidades, las calumnias, las vejaciones, las inequidades, etc. Pero bien que se le ocultan que las reglas del juego de su propio campo son tanto o más obtusas que las de los campos o esferas del conocimiento a los que por deber moral, está obligado a acusar.
Dentro de este esquema se siente – como cualquier otro personaje de cualquiera de las otras esferas del conocimiento que pretenda aunque más no sea levemente hacer uso público de la razón – compungido y frustrado pues no sólo no logra que no entiendan lo que él quiere decir a través de su obra, sino que, además, se lo catalogue, se lo estigmatice con un rol social al cual, en no pocos casos, no adhiere en lo más mínimo.
Con todo esto, las implicancias de la desauratización tanto de la obra, del artista y/o de la institución y el campo del arte in totto, nos ayudan a una mejor comprensión crítica de las relaciones del campo – como se articulan las estrategias, cuales son los estilemas y artilugios de cada época, quienes y porque tomaron relevancia dentro del campo o de la historia, que otros derroteros se persiguieron a lo largo del tiempo, etc. - cosa que es contradictoria y aporética de no hacerlo con esta modalidad displicente e iconoclasta en el estudio del campo del arte.
47º Si la falla de los metalenguajes y los códigos indescifrables es uno de los grandes defectos del arte actual en las sociedades altamente industrializadas y las minorías creadoras no sólo hay incomprensión sino desconocimiento de su propia existencia. (p. 154).
Aquí se señala el distanciamiento – aparente – entre obra y fruidor, entre objeto-símbolo y lector, entre evento estético y curioso partícipe.
En un mundo en que la diáspora de las esferas del conocimiento parecían inconciliables, los especialistas de ciertos ámbitos, tuvieron que avezarse en el manejo de textos, en la interpretación de obras, en la lectura de todo lo que rodea a la propuesta textual, la circunstancia de enunciación y los paratextos que, a consecuencia de lo tangenciales de las propuestas alegóricas de obra, se presentaban como inconciliables con las lecturas habituales.
En la acostumbrada asignación de funciones del arte – al menos hasta las vanguardias, y más particular-mente desde aquí, en una periferia mesurada – estaba la de que fuese legible… en la falsedad de que el iconismo era más real y comprensible en sus propuestas que el aniconismo. Obvio y craso error pues, por más virtuosismo y destreza puesta de manifiesto en la obra, tanto más obliterada ha sido siempre la realidad representada. A las pruebas me remito.
No ha habido en ninguna de las proposiciones de la historia del arte un solo caso en el que la efectividad histórica haya sido manifiesto y constatable.
Ni las obras barrocas en su afectación lograron piedad (posiblemente algo de temor, consternación o conmiseración, algún atisbo de sensiblería), ni las neoclasicistas movieron a la civilidad ni al deseo de pertenecer a la misma (si hubiera bastado con hacer la relación directa entre obra y cambio de comportamiento la guillotina hubiera sido innecesaria), ni los realistas, por más que se esforzaran en exhibir una realidad pauperizada, dolida o mordazmente irónica modificaron ni lograron un mendrugo para los mendicantes… sólo se acordaron de ellos si manifestaban y con ello alteraban el orden público como en el caso de Courbet.
Marta parece, en este sentido, continuar con la tradición o encontrarse algo alejada de las concepciones ya vertidas en épocas en que redactó este trabajo… en este sentido ya era obsoleto el modelo de comunicación propuesto por Roland Barthes, y habían salido a la luz los escritos de Charles Peirce que definían mas eficazmente los modelo de signo y de comunicación, también Yuri Lotman se encontraba investigando sobre semiótica y sus consideraciones sobre el texto.
La creencia de que la obra dice casi literalmente lo que el artista quiso expresar en ella… es tan irreal como imposible fue la pretensión de reinsertarlo en la hermenéutica cotidiana luego de que en el Romanticismo tardío terminara de escindirse de las prácticas de la cotidianeidad.
La linealidad de los relatos históricos fueron manifiestamente derruidos en esta década y las polémicas sobre el texto, el contexto y los discursos son múltiples y, a veces, encarnizadas… como ya lo mencioné anteriormente esta década sobresale por sus notorias ofensivas ideológicas… por lo que todo lo referido a discurso y textualidad estaba patentemente propuesto.
48º La zona en que se mueven las clases medias de una cultura invadida o dominada es funda-mentalmente distinta a la zona de una cultura independiente. No sólo es un campo formal estrecho, condicionado por la relación con el modelo importado, sino que es un campo minado por dentro: lo minan la desconfianza del público, la inseguridad y los complejos del artista, la impreparación de la crítica. (p. 154)
Aquí reparemos sobre la idea de invasión cultural implícita que significaron las Neovanguardias en nuestras periferias; nuestros artistas divergían en múltiples elementos con respecto a la inmigración de ideas foráneas. Si bien habían pretendido ponerse al día desde mediados a fines de la década de los cincuenta, como siempre, lo habían hecho de un modo peculiar e hibridado a nuestras latitudes.
La permanencia del gobierno de Perón nos había atascado en un telurismo rancio y devenido en un chauvinismo infantil y anacrónico. Sólo algunos pocos que presentaban trabajos en el extranjero tenían la posibilidad de frecuentar otros horizontes y comparar otras alternativas. Es evidente que estos fueron tildados de vende patrias y degenerados, pero políticamente convenía tener una camarilla representativa de artistas y funcionarios aleccionados sobre las últimas tendencias extranjeras.
Al momento del ingreso de los nuevos aires – importación sin mediaciones e impostación sin fronteras – no había más remedio que la aceptación sin remedos por parte de las raquíticas instituciones locales.
Era un boom publicitario y, al mismo tiempo, portaba una distinción implícita el renovarse para descortezar una década y media del tirano prófugo, como soezmente se lo llamaba a Perón.
Había cierta razón en el crecimiento relativo de la clase media (Pequeños comerciantes, profesiones liberales, empleados jerárquicos de empresas – sobre todo automotrices, autopartistas e industria liviana – , etc.) que proporcionaba el caldo de cultivo para el crecimiento cultural rápido.
Se daba un progresivo ascenso de grupos sociales que a su vez permitían movilidad cultural.
Por otra parte, ante la invasión electrodoméstica, había que proponer y hacer circular una rápida renovación de los hábitos urbanos para poder ubicar la producción de estos objetos. Por lo cual, asociar cultura a esta nueva habituación era, redundantemente, renovar la cultura. En una abrasiva propuesta de renovación se declaraba obsoleta toda idea que no brotara de esta infección pandémica que fue la industria cultural de masas.
A su vez, esta retroalimentación: arte-cultura-industria resultaba sumamente propicia para esta ecuación en la que todos sus términos sacaban convenientemente una ventaja que, de forma individual, cada uno por su propia cuenta no lo podría haber logrado… lisa y llanamente fue , y nunca mejor mencionado, una colusión.
En contrapartida el comunismo también presentaba progresos… Convengamos que ambos grupos exageraban – por no decir que mentían – sobre las ventajas de la pertenencia hacia uno otro bando y, creo que es más por una necesidad de competencia hegemónica que por el Estado de Bienestar prometido, pues de haber sido de ese modo ¿A qué se debieron las posteriores profundas y paralizantes crisis devenidas luego de la pérdida de Vietnam?
Fue la primera campaña mundial en cadena de publicidad contando con los medios masivos de comunicación que crecieron en unos veinte años en una forma pasmosa y a pasos agigantados. La prensa, la radiofonía y la relativamente nueva televisión, se sumaban en el ímpetu expansionista y la captación de espectadores, lectores y/u oyentes era primordial.
Se asociaron así necesidades reales con abducciones imperialistas (nunca se declaró del todo la letra chica de los contratos de subsunción cultural que implicaría el Di Tella, los galeristas bonaerenses o los salones y bienales del interior) De no intentarlo toda la nación quedaría fuera de esto que tan generosamente se nos estaba brindando.
El arte no estaba ajeno a esto y, evidentemente, hubiera sido de necios perderse semejante oportunidad. Todo formaba parte del discurso desarrollista que nos avecinaba generosa y rápidamente a la distinción de pertenecer a la selecta clase de desarrollados y con ellos compartir intereses culturales, económicos, sociales, tecnológicos, científicos, etc.
Con esta génesis receptora se nos protegería de la invasión diabólica del comunismo… y toda una andanada de sandeces que por aquel entonces estaban en boga.
Dependiendo de cuáles son nuestras posturas sobre la cultura en general, tomaremos algún partido para el juicio a las políticas culturales de ese momento.
Particularmente resultó beneficioso para el esquema de gobierno que proponía las divisiones culturales en alto, medio y bajo pelo, pues consumaba evidentemente los deseos de superación y desarrollo implícitos en este programa. El esquema siempre fue sencillo de simplificar: hacer desear ardorosamente algo mientras por las espaldas se nos asusta con la marginalidad y el rechazo por parte de los demás.
¿Quién gustaba de permanecer inerte ante esta proposición superadora? ¿Quién no la aprovecharía para poder mostrar a los demás que uno estaba capacitado a pasar, del Tercer Mundo, al Primero sin mas mediaciones que el anhelo de progreso y el aprovechamiento de las oportunidades tan ventajosas que se nos brindaban desde fuera? ¿Quién no querría haber estado realmente atrasados sólo tres horas respecto a lo que sucedía en Nueva York?
¿Utopías? Algunos todavía lo creen así.
¿Desarrollo? A medias y a muy alto costo.
¿Mentiras? Tantas que todavía nos pesan sobre nuestras espaldas.
Es evidente que nadie estaba preparado – sólo los que habían sido instruidos para conformar parte de este proyecto – para asumir en su totalidad las implicancias, reconocer las circunstancias y preveer las consecuencias de esto que fue, a su vez, un proyecto continental.
Ante la voluminosa cantidad de obras mal pergeñadas, ante la inabarcable cantidad de folletería, publicidad, aviso callejero, invasión televisiva, promociones ineludibles, etc., ha sido sumamente difícil poder separar la paja del trigo. ¿Cómo hacer lectura de obra de algo que hasta entonces no era obra sino basura? ¿Cómo enfrentar un discurso persuasivo sobre algo de lo que no sabemos nada pues está ocluido intencionalmente para no ser leído? ¿Cómo distinguir lo indistinguible? ¿Cómo otorgarle crédito a lo que nuestros ojos no podían darle crédito? ¿Cómo confiar en instituciones que hasta hacía un par de años NO EXISTÍAN? ¿Qué se podía esperar sobre algo que no se conocían ni los argumentos ni las teleologías?
El efecto de shock, al menos para estas latitudes, fue pasmoso y truculento.
El de desencanto nos llevó a las obras de Jacobi, de Pablo Renzí, de León Ferrari o a Tucumán arde… y con posterioridad o en paralelo a la acción política directa.
La huída fue tumultuosa al principio y silenciada con posterioridad. Se habían fraguado instituciones para forzarlas a colaborar con una nueva versión de colonialismo y, publicitariamente fue provechosísima… pero en cuanto al resto fue revulsiva y conflictiva por más de dos décadas.
Las capacidades lectoras de nuestros especialistas fueron manifestadas de modo contradictorio entre:
Quienes apoyaron esta “aproximación a la cultura central”, tal como lo manifestaba Nueva York , tratando de justificarse y persuadir de sus bondades (como en el caso de Jorge Romero Brest y su séquito),
los que inicialmente se sintieron atraídos por esta nueva luminaria pero ante el obsecuente operar de las instituciones decidieron desertar de esta propuesta tal como lo hicieran Juan Pablo Renzi y allegados, y finalmente los que, aprovechando la circunstancia se adhirieron y buscaron el mayor provecho posible para catapultarse al reconocimiento sin miramientos ni pudores tal como Marta Minujín, Renata Shusheim, Alberto Greco, etc.
No es que hubo aprovechadores versus desinteresados sino que hubo un abanico de postulaciones con múltiples discursos intermedios para justificar las distintas posturas.
Si tomamos a la cultura como totalidad, estos parcelamientos develan sus intereses sectarios, si nos avenimos a la fractura de la misma nos podremos ubicar ideológicamente y sentirnos comprendidos por cada una de estas postulaciones como partícipes (adhiriéndome al lector propuesto en dichos discursos).
A lo lejos, y a título personal creo que fue usada convenientemente esta supuesta refriega para beneficiar y/o para cubrir los vicios ocultos de estos contratos culturales leoninos.
49º Tal campo de acción creadora es, por consiguiente, bien complejo; cada movimiento del artista nacional está marcado por las culturas dominantes de turno; pero, al amparo de la ignorancia del público y la esclerosis de la mal llamada crítica, el artista puede crecer sin vigilancia alguna y la honestidad creadora es un asunto de moral individual.
Baste con hacer un seguimiento, no demasiado pormenorizado, para constatar cómo en menos de un lustro la iconografía nacional, tomando la garrocha del desarrollismo, saltó distancias inenarrables para alcanzar los objetivos propuestos desde las curatorías extranjeras.
Las hegemonías dominantes de turno no son las que marcan la impronta general, sino los proyectos y procesos de infiltración cultural tal como los que venimos padeciendo desde la época de la Conquista y la de la Colonia.
Los críticos – generalmente mal llamados críticos, pues no pasan de ser unos vulgares publicistas de obra – están en la cresta de la ola y por ello no les queda otra alternativa que flirtear con los burócratas y con los mandatos institucionales para quedar bien y para no perder el trabajo… se deben a su oficio de críticos y con ello a sus discursos – los cuales deben quedar los suficientemente bien entramados como para velar sus verdaderas intenciones – vivir de sus declaraciones – y salir airosos de las discrepancias dentro del campo institucional artístico.
Los artistas deben atenerse al juego dentro del campo del arte el cual, una vez desacralizado, tiene una miríada de posibilidades de elaboraciones en un más abierto y manifiesto uso público de la razón.
En aquel entonces y en nuestros países, la creencia en términos generales estaba marcadamente más arraigada que en la actualidad, pero no tenía potencialidades ciertas para un desarrollo sostenido y potente de sus propias ideas.
Siempre nos obligaron a fruir de culturas – más que culturas símbolos de demarcación cultural – importadas. Así se comenzó por la imposición de un soberano hispanoparlante, que de a poco se manifestó cada vez más absolutista y abyecto, se nos pasó a imponer una institucionalización con andanada de leyes que se regían desde la Metrópoli, luego se nos obligó a crear Estados; cuando inicialmente se nos dividió para nunca más confraternizar en la Patria Grande. Y con esto se nos obligó a legislarnos en un híbrido francés-norteamericano, luego se nos dijo que lo que restaba de los nativos eran atrasados, malos y perniciosos y hubo que salir a terminar de cazarlos en pos del progreso de la cultura Occidental, donante, generosa y cristiana.
Artísticamente en términos generales no se nos permitió mas que lo grotesco y paupérrimo denostando deliberadamente lo autóctono como vulgar y hediondo. Se nos obligó a entender que la única cultura válida era la occidental, particularmente la francesa… y hacia allá partieron o de allá siempre vinieron nuestros artistas – sobretodo los reconocidos – para adquirir cultura y educación. Y ¿A qué viene esto? ¿De qué otra forma se iban a admitir estas intromisiones transnacionales sino era con la sumisa aceptación y subsumida abnegación?
Puntualmente , entonces, pierden su potencial las obras particulares para cobrar fuerza, tal como lo propone e impone una sociedad de masas, la bataola general del campo y algunos de sus incitadores – si es que poseen el capital suficiente (no sólo o específicamente el económico, sino también el simbólico, el social, el cultural, etc.) – los que en defensa de los intereses del campo en general continúan con los perfiles y propuestas de estos símbolos de demarcación cultural de los que ya hablé.
El resto del plexo social se atiene, generalmente, a las opiniones de los especialistas y con ello no hacen más que perpetuar las relaciones instituidas y institucionales de modo histórico y conveniente.
50º Así como el artista carece de piso donde apoyarse, tampoco lo tiene el crítico; la crónica del arte en nuestros países esta hecha en su inmensa mayoría de mentiras, falseamientos e inflación de mediocridades, armadas con páginas hilarantes producidas por la imaginación parnasiana de poetas y escritores que, impelidos por la amistad, no vacilaron en el ditirambo. (p. 155).
¿Que hizo Diderot con su amigo Jacques Louis David? ¿Jorge Romero Brest con el Di Tella? ¿Vollard con los simbolistas y expresionistas? ¿Clement Greenberg con el expresionismo abstracto?
Convengamos que este sistema de alianzas tampoco es novedoso. Ya Jacques Louis David lo empleó para imponer como Maestra su obra “El juicio de los Horacios”, que, entre los nexos sociales que usó para darle perpetuidad a su estrategia de presentación fue la de pedirle una crítica a su amigo Diderot.
Reitero, la crítica en muchísimos casos, no hace mas que de publicidad para la venta de la imagen del autor de la obra, para refrendar una posición en el campo del arte, para avalar (gratuitamente) la carrera o para defenestrar al autor… en definitiva, son muy pocas las veces en que el crítico no actúa en defensa de sus intereses personales. Es una de las actividades que, como vemos, estuvo anclada al surgimiento de los salones dieciochescos y que desde entonces condimenta el campo para tornarlo mas interesante.
No siempre las obras son olvidables tan fácilmente, no siempre tienen sus autores los contactos debidos para favorecer una ubicación dentro de la institución, no siempre los recusados tienen los recursos como para continuar la lucha por un lugar… pero esto especialmente no está escrito en la mayoría de las historias del arte… pues no conviene exponer a los autores, a las estrategias, a las dinámicas y la políticas específicas del campo para quedar a la vista de todos…
Sería un sinceramiento suicida… y si bien conviene decir que el arte ha muerto… también conviene tener un buen recuerdo de él.
Por lo visto en esto también coincido con la autora del libro citado… y, a pesar de las décadas transcurridas desde la edición de dicha obra, las operatorias institucionales se reiteran de formas diversas pero con intencionalidades de manipulación política similar.
Cuando Sarmiento opinaba que había que educar al soberano ¿Qué entendía por educarlo? ¿Enseñarle a opinar tal como opinan los otros o enseñarle cuando y cómo opinar?
¿Si la crítica dice ser tal, por que tan falazmente se pasa de un análisis crítico a una opinión conveniente y convincente?
Se aclararían las cosas y se simplificarían las relaciones, se aproximarían mas los proyectos de comunicación a las realizaciones de dicha comunicación.
Y, evidentemente la comunicación tal como la hemos practicado hasta ahora está lejos y mucho de lo que sería necesario. Y eso que al arte se lo auratiza por ser una entidad en la cual se puede uno manifestar más libremente.
Si la crítica es publicidad, si la comunicación es meramente simbólica, si la realización de cualquier cosa sólo está guiada por los intereses… la sociedad toda es una tremenda aporía en una lógica tan suicida como infalible.
¿Sólo nos queda un nihilismo narcótico y alienante?
Estamos en la disyuntiva de poder hacer casi de todo, poder decir casi todo, poder corregir casi todo, poder revelar casi todo… pero el problema es que este campo minado de prácticas viciadas parece habernos dejado pusilánimes.
¿Es que el desencanto de las vanguardias tuvieron esa intención?… si el re-unir el arte y la vida no tuvo otra derivación más que la desilusión, que es casi tan alienante como la vacua creencia en cualquiera de las cosas con las que una hermenéutica unívoca nos mantuvo homogeneizados… ¿realmente este desencanto mejora la situación de las cosas?
Desmentir todas las mentiras… ¿Con más mentiras?
La búsqueda ya no es de la verdad sino la de la justificación conciliada de los intereses… pero quienes realmente tienen el poder de manipular esos intereses sólo les interesa el poder, ya ni la justificación ni la conciliación.
¿Qué hace la crítica de todo esto y con todo esto?
51º La miseria de la crítica hace que toda la literatura anexa o paralela a la obra de arte caiga en el vacío, cuando no en el descrédito o el descreimiento, perdiendo su urgente función didáctica[30] (p. 156).
“No depende ante todo de la necesidad vital o del “derecho natural”, sino de una coacción cultural”. “Es preciso que unos bienes y unos objetos sean producidos e intercambiados (a veces en forma de dilapidación violenta) para que una jerarquía social se manifieste”.
En esta frase tanto como en los escritos de “signos, peces y botones” queda expresamente expuesto cual es la metodología del sistema capitalista de masas:
I. Dejar constancia de cual es el grupo hegemónico de poder – al cual no sólo hay que rendirle pleitesía sino también colaborar en su perpetuación – por medio de políticas simbólico-culturales para manifestar abiertamente cual es el orden jerárquico establecido; en definitiva, quien dicta la reglas en el campo.
II. Para evitar equívocos esta forma de demostración debe ser a modo de dilapidación violenta. Un gasto ostentoso y sin constreñimientos para impresionar y amedrentar a todo aquel que pretenda desafiar tanto al portador del capital simbólico como a las reglas de campo que éste impone y jerarquiza.
III. Y a modo de retroalimentación, el aceitado y funcionalización de esta metodología estratégica es la que permite la perpetuación de un sistema basado en el consumo y en permanente crecimiento. Por lo cual, nuevamente resulta patente la frase de Mc Luhan “el medio es el mensaje”. El mensaje es de dominación y el medio es la ostentación, lo cual permite que esta doble vía se potencien recíprocamente.
Esto, en nuestro medio artístico de los sesentas se encuentra bien articulado con lo manifestado tanto por Marta Traba como por lo acotado por mi. Y si lo hacemos extensivo, no ocurrió solamente en Argentina; también este sistema penetró en casi todas las naciones de este hemisferio. Brasil con las Bienales de Sao Paulo, Uruguay con los avales puestos por General Electric, también las paradigmáticas acciones del cubano José Gómez Sicre quien amigablemente servía de nexo entre el proyecto cultural Estadounidense por medio de la OEA, o la dinámica impulsada desde el estado Venezolano – abiertamente adherido a las corrientes del arte cinético por ejemplo –, y, con anterioridad, la devastación y repoblación de empresas y emprendimientos culturales hechos en la Europa de la posguerra lo muestran a las claras.
Ante esto a la crítica fácil sólo le queda adherirse como promotora y ver que ventajas y conveniencias puede sacar del partido. Por lo demás, en todos las ciudades de cierta trascendencia del orbe sudamericano esta ráfaga cultural fue inicialmente vista como curiosidad, luego como una oportunidad – raramente brindada dentro de las relaciones fraternales con nuestro hermano del norte – inmejorable de aprovechar, para que, al cierre de la década, se desencantaran – al menos muchos de los artistas – de un proceso que, al igual que la URSS Stalinista, purgaba las instituciones para sólo mostrar a los adherentes y expulsar a los críticos.
Por lo cual, también queda claro que esto no fue algo tan espontáneo como inocentemente lo presentan muchos historiadores.
Por otra parte las pretensiones, manifestadas por Marta Traba, de que la crítica sea “pedagógica”, refuerza el status de los especialistas. Al mejor estilo chamánico, quien es interpelado por la signicidad del objeto pide “explicaciones” acude al especialista-sacerdote para que por medio de ellas, poder “exorcizar” con dicha explicación-amuleto a esta presencia que lo inquieta y lo inquiere… este hecho se a tomado como una habitualidad en una sociedad clasista y segmentada entre sabios, saberes y legos.
No es exclusiva de las sociedades “altamente” industrializadas, pero es un excelente recurso de explotación tanto en las propias sociedades donantes que no tienen profundidad y capacidad de interrelación entre los diversos conocimientos o multidisciplinareidad dentro o entre las esferas de conocimiento, como así también en las sociedades “receptoras” de la cultura domesticada para que así, emulando a la hegemonía puedan “integrarse” al olimpo del conocimiento.
El meollo de dicha diferencialidad entre los que saben y los ignorantes no está la magnitud ni, a veces, en la “profesionalidad” del conocimiento experto y su administración, sino en la consideración tácita de que el conocimiento, el saber, el intelecto como paradigma nos hace más humanos – humanos de mayor calidad – que el resto de las características del ser humano.
Sumando a la reificación de las cosas la explotación del hombre ignorante por parte del Sabio.
Cuando Traba pide función didáctica al arte
¿Es que se alinea con los proyectos de la muralística mejicana?
¿Adhiere acaso al Realismo Socialista Soviético?
¿No fue acaso la mentalidad de un Ivanisevich que en tiempos de Perón profería a voces estas ideas de un arte-objeto pedagógico?
¿Sobre cuáles de los elementos de la pedagogía tiene que trabajar el arte?
¿No han sido, certamente, estas imposiciones pedagógicas propuestas ad intro tanto como sus modelizacio-nes indicativas hacia la sociedad las que lo llevaron a un callejón sin salida aparente hasta las propuestas vanguardistas?
¿Qué diferencias habría entre pedagógico e institucionalizado?
¿Cómo tiene que ser un arte pedagógico?
¿Hay posibilidades de una efectividad histórica del arte como la que pretendieron reintroducir en la hermenéutica cotidiana todos los movimientos antes dicho?
Considero al arte como un ámbito de reflexión, pero darle directivas de cuales deben ser sus funciones y teleologías… eso ya es otra cosa tan retrógrada y afirmativa como la creencia aurática de su transubstan-ciación como objeto con espiritualidad inmanente.
La peor de las funciones atribuidas históricamente al arte ha sido la de hacer docencia… lleva más de quinientos años haciéndolo y, por lo visto, ha sido un pésimo docente, porque pareciera que en esa misma cantidad de años no hemos aprendido nada…
52º La crítica de una cultura invadida no puede desentenderse de los demás elementos sociales que rodean a la obra de arte, y el peligro de transformarse en sociología del arte la cerca sin cesar; para no caer, además, en el metalenguaje de una crítica sólo referida a la obra, se polariza a posiciones que muchas veces pierden de vista la estructura de la invención (p. 156).
La única manera de que el artista lleva a cabo tal tarea es situándolo frente, dentro y por encima de dicha comunidad, de modo que la pueda observar, vivir y comprender, desenajenándose así de la obediencia y la obsecuencia que lo liga al centro emisor (p. 157).
Primero: creo que un estudio conciente, por más que suene hermenéutico y que, a fin de cuentas uno termine muchas veces refrendando al Centro Emisor, reitero, con un estudio conciente del centro emisor se pueden escudriñar las estrategias que este arguye para poder, tanto desobedecerlo cuanto enfrentarlo o ignorarlo – dependiendo así de nosotros cual/es ha/n de ser la/s estrategia/s que consideremos conveniente/s para la ocasión – hay que considerar cuál ha de ser nuestra posición para defender entre otras cosas:
¿Qué entendemos por arte? Si es que para nosotros aún no ha muerto.
¿Cómo haremos para defender las tesis de nuestras obras, objetos, intervenciones, etc. que creamos dignas de proponer?
¿Cuáles serán las tesituras ante el público? – si es que la exhibiremos – sólo tomando en cuenta lo poco que le puede restar al arte como esfera para una nueva proposición, y que – nos convenga o no – éste sólo es un pequeño ámbito para la reflexión.
Estas y otras consideraciones deben tamizarse a la hora de proponer y de hacerlo “inteligentemente” sin por ello desmerecer, si nos parece digno de respetar, la artisticidad y/o destreza – o cualquier otro valor que consideremos digno de defender – para su elaboración.
Segundo: La única función del arte es participar del proceso de autoconciencia y el uso público de la razón. Un ámbito de reflexión aclarando y desopacando posiciones y discursos.
Este procedimiento-proceso de autoconcienciación tiene por fin no sólo deslindarse del centro emisor, sino también hacerlo de los modelos de reificaciones inmediatas de la institución – sin importar las tendencias que esta profiera, sin atender a los nexos sociales y convenientes, sin necesidad de rendirse ante lo políticamente correcto – y en la búsqueda de los lazos comunicativos e innovadores que llamen a la conciencia el develar los procedimientos que ocultan las relaciones y la comunicación entre personas.
Que consideraciones se tienen en cuenta para decidir cuando, donde y como el artista hace para abstraerse de su propia circunstancia de enunciación, de sus propios discursos, de sus propios textos… todo ello sigue siendo para mi una incógnita fundamental que, a más de ser engorrosa y que no tengo intenciones de incursionar - nos introduciríamos nuevamente en una especie de doble naturaleza en la obra y de un procedimiento demiúrgico-creativo devolviéndole al arte misticismo, inmanencia, potencialidad curativa… y otra gran cantidad de sucedáneos ya extirpados en los análisis críticos – .
53º La única manera de que la crítica convalide tal estructura y encuentre argumentos racionales para sostenerla es comprendiendo la totalidad de este proceso e insistiendo tendenciosa y reiterativamente so la necesidad de “significar” para salvarse (p. 157).
Este reclamo sería quizás la diferencia entre signo y señal.
La divergencia en la continuidad de este paradigma segmentador y utilitario hacia nuevas propuestas de mayor significión y menor sentido simbólico.
Buscar las alternativas de que nos permitieran resistir al insistente tamborileo consumista que nos macera con su ideología.
Buscar los recursos que nos identifican – sin someternos a una cerrazón chauvinista ni a la permeabilidad pusilánime del consumidor pasivo – como comunidad, como individuos, como grupo social; con nuestros códigos, nuestro argot cultural, con nuestras compilaciones históricas propias, con nuestras costumbres y hábitos consuetudinarios, con nuestras conductas tanto públicas como privadas, con nuestros alimentos, nuestras gastronomías, nuestras imágenes representativas, nuestros ancestros, nuestras tendencias intelectuales, con todo lo que nos configura comunidad.
Buscar perdurar, buscar innovar, buscar la memoria, buscar nuestras lingüísticas, nuestras propias aplicaciones herramentales, adaptar lo foráneo, no avergonzarnos de lo propio, no ser cipayos autómatas regurgitando las ideas de otros sin reflexionarlo siquiera.
La propuesta de un arte latinoamericano sólo nos llama a la reflexión sobre la configuración y las redes comunicacionales relacionadas a las antiguas fronteras y modalidades culturales previas a la conquista que, a pesar de quinientos años de sometimiento indeclinable, no dejan de configurarse en mapas zonales en cualquiera de nuestros países.
Resucitar al arte como entidad latinoamericana es una utopía, pues no podemos retrotraer el tiempo a la época de los pueblos nativos que colaboramos en extinguir.
Identificarnos – comportarnos como si… – con las culturas madres de cada una de las áreas que hemos invadido es un acto de hipocresía, pero respetarlas en sus costumbres y procesos es un opción de uso libre y responsable de la razón de la que no nos podemos excusar.
No se a ciencia cierta que es el arte para cada una de dichas comunidades, pero imponerles la nuestra es fascista y alienante. Emular sus costumbres o sus modalidades icónicas desvirtúa su cultura y la envilece en un mercado camp en el que, en lugar de comprar réplicas de las Victoria de Samotracia – bastante demodé para nuestra época – decimos promocionar la multietnicidad… comerciando miserablemente y colaborando poco y nada en el mantenimiento de las tradiciones de las comunidades que se dicen defender o proteger… como patrimonio intangible de la humanidad.
Invertir el proceso de invasión cultural nos parecería hilarante e infantil…
¿Cuándo en Nueva York se va a preocupar por hablar Aymará?
¿Cuántos parisinos estudiaron las batallas libradas por los Guaraníes hasta establecerse en sus territorios?
¿Sabían los de la Escuela de Frankfurt como manejaron su iconografía los Onas?
De este modo avizoramos sin mordazas quienes son los que nos enseñan, que nos enseñan, por que nos lo enseñan, con que fines o cómo tenemos que orientar lo aprendido… a fin de cuentas nos inducen sutil o flagrantemente a una nómina acotada de comportamientos adecuados y bien estudiados. Y eso que estos últimos son supuestamente críticos de la ideología… ¿No se dieron cuenta que ellos también están manipulando la ideología y que se proponen modélicamente en sus propios discursos en un uso interesado de la palabra?
54º Mientras el transcurso de la década suscitaba nuevos puntos de vista y nuevas tareas en relación con ellos, un enorme contingente de artistas, abandonadas ya las peculiaridades que diseñaron en la década anterior en las áreas cerradas y áreas abiertas descriptas, procedía competitivamente a la incorporación de las modas (p. 157).
¿Por qué habría sido bueno estar atrasados sólo tres horas con respecto a Nueva York?
¿Quién es el dueño del reloj?
¿Realmente es comparable el arte latinoamericano con el europeo?
¿No será que en la analogía se nos cuelan las reglas que nos imponen?
¿La modelización propuesta es Americanista o Europeizante?
¿Por qué debe serlo?
¿No resulta evidente la manipulación a la que históricamente hemos sido sometidos desde hace cinco siglos?
¿No son acaso los mismos genes los de los descendientes de europeos arribados a los territorios del norte del Río Grande que los arribados hacia el sur del mismo?
¿Por qué debemos compararnos con culturas con las que diferimos sustancialmente y las cuales no han demostrado mas que un burdo interés en sojuzgarnos y subsumirnos en la miseria y la expulsión social?
¿Qué tiene de bueno continuar con este paradigma de excluidos y distinguidos?
Las pautas venían empaquetadas en estas relaciones de buenos vecinos que desde el mismísimo gobierno de Kennedy ya nos etiquetaban de villeros a los que hay que civilizar, de ignorantes a los que hay que educar (domesticar). Por supuesto que los términos explayados no son tan francos, pero el accionar desplegado así quedó demostrado con el correr del tiempo.
Al Pacto de Varsovia de la URSS. y sus aliados (a la fuerza), en contrapartida le siguieron el de la NATO, y con antelación el regional de la OEA, de la que fue expulsada Cuba por mala conducta.
Sobre el volumen total dispuesto para el desarrollo cultural propuesto en el congreso de EE UU. el 3% correspondía a América Latina, en tanto que el 30% del mismo presupuesto estaba destinado a Europa, que ya había sido obligada a bajar sus defensas culturales a cambio del Plan Marshall.
Todas estas cuestiones replantean no sólo la antojadiza dirección que toma el arte en sus discursos, sino que también revela los intereses institucionales, históricos y políticos del mismo con una claridad impecable.
La trama de los estilemas pertinentes de la época eran vomitados a mansalva por el faro rector de los destinos del mundo, y nosotros no teníamos más opción que alimentarnos de ese vacuo espécimen regurgitado… se nos estimuló a la creatividad imitativa – de allí la analogía con las señales que han perdido casi toda su signicidad para permanecer monolíticas en un enunciado pobremente simbólico – … no vamos a negar que siempre el localismo impuso algo de filtro, pero cuanto mas imitativo era el trabajo presentado tanto más vanguardista era considerado, proponiendo a lo vanguardista en algo así como una súper categoría que decapitaba cualquier otro intento de categorización.
Alfred Barr o Herbert Read o José Gomez Sicre – que no en balde había sido In 1944 he served as an advisor to Alfred H. Barr, of the Museum of Modern Art (MoMA) in New York City, putting together an exhibition of Cuban paintings that traveled across the United States for the next two years. desde 1944 asesor de Alfred H. Barr, del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York – regían por renombre, por prestigio y por acumulación de capital simbólico, a la par de un Jorge Romero Brest ya mencionado.
Convengamos que es casi imposible evadirse, huir, escaparse de esta malla que nos controla y contiene… pues todos somos vigilantes de todos y con ello la perpetuación de las conductas y de los modelos ya están aseguradas, por el mero hecho de seguir la tradición pedagógica y de ocultar los nexos entre el poder donado a los dirigentes y la manipulación ideológica que los mismos ejercen desde ese poder otorgado.
55º Los imperios exigen a las regiones una rendición incondicional en materia cultural así como la adopción indiscriminada de sus lenguajes, convengan o no a las otras comunidades (p. 161).
La batalla mas incruenta resultó ser la mas humillante. Por combatir al ogro comunista se nos infiltró el filántropo Estadounidense que veladamente – en ocasiones – o manifiestamente nos enajenó aquel presente, su futuro y, actualmente, los nuestros también.
Y se evidencian aún hoy a quienes resultaban convenientes estas tratativas de buena vecindad.
Los acuciaba que en Cuba sólo les quedara Guantánamo… que en 1962 se dramatizaran aún más las relaciones con el emplazamiento de misiles Soviéticos “en el patio de su propia casa”; por todo ello la contienda no sólo era ideológica sino que fácticamente los hechos se fueron desenvolviendo drásticamente.
El cierre de la década los hizo tambalear con la bochornosa pérdida de Vietnam – conflicto iniciado en 1948 cuando aún era colonia francesa y estigmatizado por 20 años en una contienda desgastante, inútil y trágica.
Esto despertó furias, explicaciones sórdidas sobre lo inexplicable, negociaciones largas… atascadas y erráticas… todo sirvió de caldo de cultivo para manifestaciones de toda índole, para asociar a los activistas de los más diversos rubros, para promocionar posiciones políticas, para establecer conflictos revolucionarios, para incitar a la violencia, para someter a apremios a medio planeta…
Con el decurso del tiempo se comenzó a ver lo agraviante de tal situación y la propuesta dejó de ser una sugerencia y paso a ser una imposición.
Quien estuvo coqueteando hasta donde pudo fue el Di Tella… con sus ventajas hasta que se le tornaron no sólo en contra sino que económicamente se encontró totalmente comprometido por lo cual se cerró el Instituto, Romero Brest tuvo que hacer sus valijas y, por otra parte por ejemplo, las Bienales y Salones de Córdoba - al ingresar la Renault al mercado y con el cambio de las estrategias político-publicitarias abandonó los proyectos que había habilitado con todas las fanfarrias la Kaiser.
Todo esto significó el notorio y duro recrudecimiento de las tensas relaciones sociales desplegadas a su máximo exponente. Allí fue donde muchos de los artistas totalmente desencantados de estas libertades hipócritas – acotadas, reducidas, mezquinas… – que se nos habían brindado mientras no se ofendiera el buen nombre ni del gobierno, ni de los contubernios de este con otras instituciones de pretendido sustento conservador – reitero que la omisión, o la inacción o la evasión son actitudes tan políticas como la ofensa directa o la agresión dirigida – y esto, a su vez, provocó numerosos conflictos y fracturas internas dentro y fuera de los cuerpos colegiados y hasta de las instituciones mas tradicionales.
El arte no estuvo ajeno a todo ello y en un masivo desenmascarar tuvo y quiso, en muchos casos, asumir compromiso directo y efectivo sobre las situaciones concretas de los conflictos.
Las ofertas incondicionales terminaron en fracasos incondicionales.
Las promesas de los proyectos puestos a la mesa no se cumplieron.
Las propuestas de bienestar y de desarrollo y despegue económico quedaron truncas.
La efectividad histórica del arte quedó estrepitosamente fracasada.
Los cambios que la revolución propiciaba luego de un par de décadas de refriegas fueron archivadas y la posmodernidad con su tedio nihilista comenzó a imponerse ante la evidencia de los hechos desalentadores… es muy probable que lo que estoy exponiendo tenga en oposición de muchos casos que nos digan lo contrario, pero hay cosas que nunca más volvieron a darse y que están aún más lejanas de lo que estaban entonces; no sólo por el descrédito en la dirigencia sino por el accionar orquestado para opacar las falacias de la cultura de este capitalismo tardío.
56º La década del sesenta es la época del pago del tributo por parte de las artes plásticas latinoamericanas. No es una gran coincidencia que esta obligación marche paralela a la generosa ofensiva camuflada bajo el nombre de Alianza para el Progreso, la fácil simpatía mundial irradiada desde el estilo Kennedy a la acrecentada voracidad de compra de accionistas norteamericanos sobre empresas mixtas o nacionales de continente, a la mano tendida a las dictaduras, a la concesión de préstamos que hipotecan el futuro de nuestros países a la sofocación instantánea de cualquier intento de independencia y al bloqueo cerrado contra la Revolución Cubana. Al final de la década, sólo el Perú y Chile – una vez sofocada la revolución Boliviana – levantan la cabeza a la depresión colectiva. (p. 205)
Todo lo gratuito y gratificante de la primera parte del idilio Estados Unidos-Latinoamérica terminó siendo la de un hermano mayor golpeador que a su vez es el mismísimo juez de la Corte Suprema Mundial…
¿no era acaso que nadie puede ser juez y parte a la vez?
Cuidado que ambas potencias pretendían la hegemonía y a su vez actuaron siempre en connivencia con la opuesta… al mismo estilo que el pacto de Hitler con Stalin… se demarcaron territorialidades y cada uno trabajó la suya a sabiendas de que había sido un reparto:
Ni liberación comunista
Ni preservación de la cultura Occidental y Cristiana.
Las refriegas se produjeron en las fronteras de dichas demarcaciones y nunca llevaron a una guerra efectiva declarada dentro de los territorios de los países hegemónico-auspiciantes de dichas guerras.
Así se ejecutó la Guerra de Angola, de Corea, de Vietnam, de Israel, de Mozambique, de Camboya, de Vietnam, de Argentina, de Bolivia, de Colombia, de Nicaragua, de Afganistán…
Todas ellas en no mas de tres décadas y por casi los mismos motivos a saber:
La defensa de la occidentalidad o la liberación del yugo burgués decadente.
La defensa de la Civilización o la perpetuación de la Barbarie.
La campaña publicitaria la pagamos nosotros, el igual que las tecnologías traídas para nuestro progreso y, casualmente igual que los fracasos y posteriores crisis… los riesgos y los costos los pagamos nosotros, los dividendos y beneficios se los llevaron ellos.
Y, ni que hablar de lo sucedido desde entonces hasta ahora.
Pero no es la primera vez que nos mienten con un crédito accesible y promisorio para nuestro despegue… a poco más de una década de declarada la Independencia nos embargamos en el primer crédito oficial
El de Bernardino Rivadavia con la Baring Brothers demoró 80 años en pagarse y no se realizaron las obras prometidas para el uso de ese dinero; al margen de que de dicho préstamo llegó menos del 50% a destino… el endeudamiento y la subsunción ya venía desde los miembros de la Logia de Lautaro cuando en 1814 Carlos María de Alvear visitó en Río de Janeiro a Lord Strangford con una carta de sumisión total a la corona británica por parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata… a los cipayos no los inventó Ruyard Kipling.
Y, por las vueltas que tiene la vida, para los trabajos de dicho proyecto en el puerto de Buenos Aires, proyecto que nunca se concretó y cuyos recursos nunca llegamos a ver – al menos los supuestos beneficiarios – llegó desde Europa el ingeniero Charles Pellegrini – padre de nuestro presidente – devenido en artista plástico (de algo tenía que vivir ya que no podía volverse a su país ni tenía función ninguna para realizar aquí) que por estar relacionado con la Sociedad de la época, más puntualmente con Mariquita Sánchez de Thompson, consiguió por medio del retrato no sólo subsistir sino hacerse de buenos recursos… mientras Carlos Morel, virtuosísimo artista local, estudiante recibido en Instituciones locales, enloquecía y posteriormente moría en la peor de las miserias…
¿No se repite la historia… al menos su libreto?
¿Acaso para la formación y estructuración de los primeros Colegios Nacionales Sarmiento no hizo venir a docentes estadounidenses?
Cuando uno se figura con todo el telurismo a nuestros criollos ¿Que imagen se le viene a la cabeza?
Un personaje rústico, botas de cuero, espuelas, montura de bastos con herrajes, facón, rastra, sombrero de fieltro, algunas prendas de algodón, etc. Con su china con vestido y atuendos – aunque pobres – de algodón… la mayoría de los elementos no se producían aquí… Inglaterra importaba el cuero lo curtía con nuestros taninos y nos lo revendía… Inglaterra tenía excedente en la producción de hierro y acero… de allí nuestros facones, herrajes, frenos, hebillas, rastras, bozales, etc. El algodón era algo mayormente desconocido en estas pampas.. ¿Quién lo producía? Estados Unidos… Los trajes militares de la Matanza de Roca en el Desierto… ¿De donde venían y con que modelos?
Al igual que con la dependencia de la Metrópoli en épocas de la Colonia, pero peor… en la Colonia, al menos los Jesuitas – con todos sus defectos y con todas las manipulaciones y arreglos – traían maestros y enseñaban a los nativos artes y oficios, modos de organización social, nuevas costumbres, pero convivían con los nativos y corrían la misma suerte que ellos… así fue que muchos murieron en defensa de estos estandartes compartidos con los pueblos originarios.
En tanto que la anglización de este colonialismo sólo extrae dividendos y trae basura.
¿¡Eureka!?
Con todo este anecdotario no quiero más que resaltar que la situación de dependencia permanente sobre la que nos han mentido por dos siglos subsiste, entre otras cosas, por que nos empecinamos en no aprender de nuestra historia, que aún siendo mal narrada y facciosa sigue dando para preguntarnos y buscar respuestas no sólo a las incógnitas actuales sino también a persuadirnos en precavernos sobre nuevos y futuros proyectos, sean culturales, agrícolas-ganaderos, educativos, científicos… etc.
Todos nuestros intelectuales, para ser mejores, tienen que viajar al extranjero, todos nuestros dirigentes políticos para aprender sobre la verdadera política, deben capacitarse y hacer un viaje iniciático en las factorías megacorporativas del exterior; todos nuestros artistas para traer sus distintivos jerarquizadores, deben haber pasado por París, Nueva York, Los Ángeles, etc.
La argentina – otrora país lumbre y modelo de nuestros hermanos de la Patria Grande, tiene más de un 50% de expulsados del sistema… Brasil cuenta con que el 90% de las tierras son poseídas por el 1% de su población – ¿Qué país del primer mundo se maneja con estos parámetros? Ambos países somos más antiguos en la infiltración cultural que Estados Unidos (a nosotros nos invadieron en el 1500, en tanto que el primer caserío en Norteamérica fue erigido en 1607).
Ellos en 160 años fueron independientes (aunque conservaron la sociedad de manipulación comercial con su metrópoli), a nosotros 200 años después de conquistados, nos tuvieron que ayudar para independizarnos… y desde entonces nos están ayudando… porque solos no podemos.
Ellos se independizaron e inmediatamente comenzaron a tratar de buscar su identidad nacional, estas fueron las manifestaciones de triunfo por lo conseguido después de la Segunda Guerra…
¡Por fin pudieron tomar la posta cultural de occidente después de 180 años de intentarlo!
Este fue el jolgorio sobre el que fundó sus discursos Clement Greenberg… esto significó para ellos el Expresionismo Abstracto, con este modelo de liberación apolítica salieron a conquistar el mundo… este fue su grito de libertad expresiva y creativa propuesta como modelo… un arte que amalgamaba en si las ansias y los deseos de cualquier habitante del planeta, un gesto que evidenciaba toda la fuerza innovadora y toda la libertad creativa conjugada en el potencial de un lienzo chorreado y magistralmente manifiesto apolítico por encapsular en si la escencialidad de una sociedad liberada de la opresión del politburó
Este fue el momento del que mayor provecho ilusivo-ideológico sacaron partido.
Esta fue la base estratégica propuesta en la Alianza para el Progreso, en el hermanamiento de las Naciones occidentales y libres.
Exportaron bienes, exportaron industrias, exportaron guerras, exportaron tecnologías para dichas guerras, exportaron cultura y sobre todo, por medio de la Industria Cultural, amplificaron por mil la propaganda de todo lo que fueron realizando como un logro antes inconcebible, en un gigantesco símbolo que en gran medida significó el Pop y la mayoría de los movimientos de los sesentas.
Todo lo que ellos exportaron y que manifestamos precedentemente… lo tuvimos que pagar nosotros. O sea, todos nuestros propios errores y los de ellos, los tuvimos que pagar nosotros… por eso les va tan bien
57º Parece normal y acorde con tal situación que el final de la década el furor de estar “in”, de escapar de la provincia, de ser aceptados y perdonados, sacuda las artes pláticas y llegue hasta las zonas más desguarnecidas culturalmente, lo cual crea una extraña nivelación – nivelación a nivel neoyorkino – entre paraguayos y venezolanos y entre argentinos y guatemaltecos (p. 205/206).
Con esto se reincide en lo expuesto con anterioridad.
Primero había que captar la atención y la tácita aceptación… eso que se nos proponía era moderno, estaba de moda, era auspiciado por las culturas desarrolladas, traerían ingentes beneficios, nos aportaría un acercamiento al diálogo y la aproximación con las culturas hegemónicas para lograr un verdadero y fraternal concierto de naciones, nos igualaría en dicho concierto y con ello podríamos todos ser escuchados, estos nexos y lazos de unión eran formales por medio de instituciones especializadas, nuevas y cuya ambición no era otra cosa que la libertad, la igualdad y la fraternidad… (muchas casualidades), no se le observaba malicia… y el que llegaba a verla era porque no salía de ser un retrógrado provinciano.
Es un modelo de persuasión abducente del que se han valido los invasores en toda la Historia Universal:
1º Para resultar simpáticos y persuasivos, el objetivo es vendernos un sistema de vida que nos haga dependientes de todas las innovaciones que ellos mismos nos van proponiendo, no pudiendo nosotros intercalar más que devaluadas materias primas para poder comercializar con gruesos dividendos y beneficios para ellos,
2º Para ocultar sus verdaderas intenciones, a saber, generar factorías por las que puedan inducirnos e introducirnos a consumir los productos que ellos comercializan, que intermedian, que manufacturan.
3º Para congraciarse con los enemigos del sistema imperante en la sociedad a colonizar. Los de aquel entonces eran los ateos comunistas, los bárbaros e ignorantes salvajes a los que había que civilizar y catequizar (en el caso africano), los históricos invasores de la tierra prometida (en el caso judío), etc.
4º Para, por medio de algunos conocedores autóctonos, conseguir la información necesaria para luego poder invadir a sabiendas… por ello se había fundado en Panamá (nudo estratégico-comercial desde la construcción del canal, y geopolítico conveniente por encontrarse en la ubicación intermedia entre las Américas) una Institución de capacitación militar a la que concurrieron todos los futuros presidentes militares de la década del sesenta a aprender a combatir al demoníaco comunista y así poder coartar y erradicar a los invasores (como si ellos no lo fuesen)
5º Para engañosamente mostrar que quien se torna dócil a la propuesta invasiva será premiado y poseedor de los mismos derechos y beneficios que los invasores. Allí es a donde comenzó a mediar el campo artístico cultural que aceitó los mecanismos sociales en la obtención de los puestos simbólicos de preponderancia para adoctrinar y obtener la obsecuencia de la comunidad invadida.
Sintéticamente, siguen trayendo espejitos y cuentas de colores (celulares, mp3 e I-pods, 4x4, lcd’s, wireless, wi-fi, etc) y dejarnos luego, como al final del cuento, viendo como la carroza de plata se transforma en una calabaza.
Luego de captar la atención había que cooptar las voluntades… no sólo persuadirlos sino impelirlos al accionar favorable a las propuestas. Convencernos de las necesidades – muy bien tamizadas con las reales para camuflar mejor las verdaderas intenciones de monopolización de los mercados (de todo tipo: mayoritariamente los financieros, pero por lo visto, también los educativos, los culturales, los discursivos, etc.)
La única manera de que las artes plásticas restablezcan su perdida función de lenguaje, y por consiguiente, comuniquen contenidos vigilantes, esclarecedores y críticos acordes con el proceso que vivimos, es volviendo a conectar significados y significantes, de tal modo que se expresen cosas, y que, lo que se diga, sea nuevamente audible y comprensible (p. 207).
¿Reconstruir el nexo poético entre paradigma y sintagma? ¿En qué condiciones? ¿Por qué causas? Si, tanto las vanguardias como las neovanguardias “ultimaron” al arte… ¿Qué beneficios se obtienen de “resucitar al muerto”? el pavoroso gesto de honestidad que llevó al reconocimiento del fracaso de las vanguardias ha dejado un vaho entumecedor… parece que muchos quisieran que la cosa continúe aún habiéndose percatado que casi toda nueva intentona no lleva más que a un fiasco mayor.
La melancólica intención de Marta Traba continúa asignándole:
a- Funcionalidad al arte.
b- Perpetuación por el índole imprescindible a la institución arte.
c- Presentación de la obra u objeto como símbolo de la intencionalidad del artista o como texto inocentemente comprensible de su época (de la época del autor de la obra).
d- Instituye al arte como modelizador de las mismas relaciones viciadas que encarnizadamente pretende combatir.
e- Dentro del campo sigue proponiendo a los que entienden y a los que no entienden sobre arte… prosiguiendo con la distinguibilidad de una obra, de la que no es, por el hecho de los avales expertos que reciba.
f- Defiende a ciertos artistas en la angélica creencia de que unos sean mejores intérpretes que otros del texto-realidad que los circunscribe.
- La asignación de funcionalidad al arte es una disputa tan antigua como el arte mismo. En cierta medida ha sido funcional siempre… Modelando las narrativas, los historiadores del arte, en defensa de sus propios intereses y con discursos remilgados y persuasivos, nos han hechos partícipes del envite desde dentro del campo del arte para la obtención del anhelado capital simbólico que dicha institución les confiere a sus acólitos. Por otra parte, las tendencias aplicadas para la lectura de obra gozan de los mismos vicios y creencias que históricamente han auratizado a todo el campo del arte como algo distintivo y abductor del Espíritu Humano.
- La consideración de que algo es necesario – la institución arte – es un elemento que también devela los propios intereses de la autora de la obra analizada. Por lo que, la institución declarada como algo necesario y útil para la construcción social de la realidad tal como lo es el arte con sus intermediarios, muestra que, en cierta medida critica a quienes detentan monopólicamente el poder y la hegemonía dentro de dichas instituciones pero que, no descree de las potencialidades que dicha institución podría administrar.
- La suposición de que la obra manifiesta abiertamente los discursos de los artistas de modo taxativo, verificable y veraz, muestra a Marta Traba algo desdibujada dentro de ámbito critico que la rodeaba por entonces. En la misma década ya las propuestas de Umberto Eco y los hallazgos de escritos de Charles Peirce nos muestran que el desencanto no sólo se nos presenta ante la obturación de los sentidos de lectura de la obra vanguardista sino que, también las creencias en la claridad textual presentada en la obra cae bajo sospecha. Al acotar Eco que la proposición de un artista modélico hacia un lector modélico están inscriptos en la obra, las lecturas indiciales no sólo deberán remitirse a la factura de la obra sino a otras múltiples facetas que componen el cotexto, el contexto y su circunstancia de enunciación de la misma. Con todo ello la lectura de la obra como signo adquiere una elongada cadena de encabalgamientos interpretativos que, por mas que compliquen su lectura, la enriquecen.
- La proposición de que las artes plásticas restablezcan su perdida función de lenguaje al igual que las proposiciones anteriores continúan en el idilio arte-sociedad. Arte alejado de la praxis contidiana que, cual el hijo pródigo, pretende volver y sociedad que, cual el padre bueno, devolverá el lugar, el sitial perdido por el arte. Suena angelical e inocente, pero, si ella misma reconoce que los defectos nos han llevado a este callejón sin salida (no tener ni definición ni función para el arte, puesto que todo lo asumido históricamente está viciado de instrumentalidad) no creo que haciendo borrón y cuenta nueva las cosas queden tan fácilmente solucionadas. Es decir ¿Cómo construir institucionalidad sin los vicios de la institucionalidad? ¿Cómo hacerlo si el primer escollo a sortear es que la institución lo primero que busca y su interés primordial es la autopreservación, la autoperpetuación y la repetición de sus propios modelos para conseguirlo? en síntesis ¿Cómo conseguir que un grupo de intereses no primen sobre los demás, sin hacer uso político de las instituciones y sus herramentales si, hace dos mil cuatrocientos años Aristóteles ya nos definía a los hombres como animales políticos?
- Además sigue proponiendo dentro del campo a los que entienden y a los que no entienden sobre arte… prosiguiendo con la distinguibilidad de una obra de la que no lo es, por el hecho de los avales expertos que reciba. Parece ser que con esto el nudo sigue siendo la politicidad de los actos de gobierno y de establecimiento de las reglas del juego dentro del campo. ¿Quién educó tan bien a los directores técnicos dentro de la institución como para que no hagan uso privado de su razón? Si, particularmente, a postreriori de la década del sesenta, ya es casi indistinguible lo que puede ser una obra de lo que no lo es, si cualquiera puede ser artista y autor, si, los realizadores de la obra pueden o no ser los mismos artistas, si los espacios demarcatorios de las obras y sus fronteras han quedado casi borradas como profesionalizar a los lectores entendidos de algo que se diluyó de tal manera que da igual que sea un objeto corriente o que no se lo pueda diferenciar del entorno.
- Aquí no he expuesto ni sus apreciaciones ni la lista de artistas que ella rescata de este marasmo cultural que invadieron a las décadas latinoamericanas citadas, pero ella defiende a ciertos artistas en la angélica creencia de que unos sean mejores intérpretes que otros del texto-realidad que los circunscribe. Cada vez que se han pretendido circunscripciones dentro del campo del arte esto a devenido en profusos y profundos dolores de cabeza por saber cuales han sido los patrones para la demarcaciones de las citadas fronteras. Particularmente no se si la haya, pero si estoy seguro que los problemas ad intra del arte son tanto o mas graves que los de sus fronteras y, también estoy seguro que el problema del arte no está en sus fronteras. Uno de los casos más emblemáticos de circunscripción y expulsión en la historia del arte fue la argumentación con la que pretendió el surrealismo al condenar – con un juicio a Tristán Tzara de por medio – a los inútiles agravios ya desgastados del Dadá… casi como obedeciendo a las tendencias pendulares sugeridas por Wölfflin con respecto a la consecución de los movimientos, unos tratando de compensar los excesos del anterior o tratando de estimular las virtudes; como lo pretenden presentar al mismísimo pop – al realizar imágenes “legibles” o vulgarmente más simbolizables
58º El hecho de que un gran número de artistas jóvenes del continente y algunos artistas correspondientes a las generaciones precedentes, hayan abandonado los actos escandalosos, las piezas extravagantes, las dimensiones heroicas y el favor de los galeristas, museos y certámenes, para entregarse al dibujo y al grabado, resulta profundamente significativo. (p. 207).
En esto adhiero, la toma de conciencia, aunque más no sea en pos de otros intereses diferentes y diferenciadores con respecto a lo que ya empalagosamente se venía repitiendo en el discurso vanguardista nos llevó a nuevas proposiciones, a nuevas insurrecciones, a nuevas y mas telúricas propuestas discursivas, a no andar remedando y farfullando ilusivos acercamientos a culturas foráneas. No quita que las propuestas propias tuvieron tan corta vida o menor aún que las anteriores; pero, aunque más no sea, tuvieron el valor simbólico de la propiedad, de la autoría local. Reitero que los chauvinismos infantiles me indignan, pero demostrar que no somos tan manoseables como lo demostraron en ese entonces ciertos sectores del campo, me predispone a creer (aunque las creencias son mal vistas aún las políticamente correctas) que hay nuevas chances, que son factibles otras muchas formas propositivas, que las alternativas son múltiples lo que permite, a su vez la biodiversidad necesaria para más y mejores búsquedas de acciones comunicativas tendientes al entendimiento.
De las modalidades conceptuales, la que más adeptos tuvo y sigue te-niendo aún es la del Land Art, a partir de las reflexiones de los ecologis-tas por los daños que el hombre causa en el entorno natural. Algunas de estas acciones entrañan cierta brutalidad, pues para conseguir un efecto de repulsa, los artistas no dudan en agredir a la naturaleza. En ciertos ca sos, como en la obra de Róbert Smithson (1938/73) Spiral jetty, de 1970, el artista hizo transportar tierra y piedras para configurar una enorme espiral de un diámetro de 49 m en el gran lago salado de Utah. Vista desde una zona elevada o desde una avioneta, la espiral poseía un carácter indudablemente estético. Este tipo de acciones pretende que la socie-dad tome conciencia de que el deterioro ambiental es un hecho y que puede desencadenar alteraciones nefastas para la Tierra y para el propio ser humano.
Michael Heizer (1944) se especializó en realizar grandes excavaciones en zonas desérticas, que, con el paso del tiempo, están destinadas a desaparecer por la propia acción climatológica. Dennis Oppenheim (1938), aparte de realizar obras de Body Art, fue también un artista significativo en el seno de esta tendencia y actuó en grandes extensiones de terreno o bien en plena calle. Una de sus acciones más recordadas fue Salt Flat, que consistió en esparcir grandes canti-dades de sal que ocuparon un rectángulo enorme entre la 6ª y la 5ª avenidas de Nueva York.
El holandés Jan Dibbets (1941) efectuó muchos trabajos en la nieve, en la que dejaba huellas y rastros. Como la mayoría de los artistas nombrados, Dibbets presentaba sus experiencias en secuencias fotográficas. También empleaba el ci ne y el vídeo para condensar ciertas imágenes de sus obras. A pesar de la inmen sa variedad que propone en sus realizaciones, él otorga una importancia decisiva al fenómeno visual, que deriva de una concepción esencialmente pictórica.
Uno de los artistas cuya obra abarca ámbitos que van más allá del Land A rt es el británico Richard Long (1945). En cierto modo, a veces su obra se ha calificado como escultórica, sobre todo cuando se trata de piezas resultantes de acumula-ciones de materiales naturales -tierra, rocas, piedras en espacios interiores. Es-tas obras podrían clasificarse bajo el epígrafe de eartbworks, y en ellas no sólo se advierte el deseo de establecer una estrecha vivencia con la naturaleza de diversos lugares del mundo, sino también una intencionalidad estática.
Long también ha realizado numerosas obras en zonas exteriores, como aquella en la que situó una serie de piedras dispuestas verticalmente en Sierra Nevada.
otro de los artistas pioneros cuyo trabajo tiene que ver con la naturaleza es Christo, a quien ya se ha mencionado al hablar del Nuevo Realismo en Francia.
Son conocidos los empaquetados de monumentos que Christo ha reali-zado en diversos lugares. También ha actuado en zonas al aire libre. De todas sus acciones dentro de esta tendencia destacan el cubrimiento de más de 2 km de acantilados en Little Bay, Australia, en 1969, y la gran cortina roja en tela de nylon dispuesta entre dos montañas en Rifle, Colorado (1972). También resultó muy atractiva, desde un punto de vista meramente estético, la forma en que rodeó once islotes en la costa de Florida, utilizando tela de color rosa. El efecto del contraste entre este color y el azul del mar, visto desde una perspectiva aérea, resultaba impresionante. Las sombrillas fueron un proyecto realizado simultánea-mente en dos valles de Japón y EE.UU. Este montaje refleja las similitudes y las diferencias de las formas de vida y del uso de la tierra en los dos países y postula el carácter efímero de la obra artística. Las obras más espectaculares del Land Art fueron las llevadas a cabo por Walter de Maria, con intervenciones como Pieza de Las Vegas (1969), en la que delimitó una línea de casi 5 Km en el desierto de Tula, en Nevada; Campo de relámpagos (1974-1977), instalando unos 200 pararrayos en el desierto de Nuevo México; o con Un kilómetro hacia dentro (1977), que realizó en la ciudad alemana de Kassel, introduciendo una barra de acero de 1 km de longitud hacia el centro de la Tierra.
Todos estos comportamientos resultan extraordinariamente novedosos y, en su momento, valorados de modo muy positivo, pues suponían una ruptura real en relación a todo lo que se había realizado con anterio-ridad. No obstante, el hecho de que las acciones en sí sólo pudieran ser vistas por muy pocas personas (las que eran parte del equipo de trabajo de los artistas), dificultó enormemente que estas actividades se valora-sen en su justa medida. El público las desconocía, y cuando llegaban a tener noticia de ellas a través de fotografías, filmes o reportajes hacía ya tiempo que se habían producido. Este factor desencadenaba un desfase importante entre la ejecución artística y su asimilación que, al producirse más tarde, distorsionaba o se alejaba del significado que el artista había deseado conferirle en el momento de su ejecución.
Y era necesario poseer un bagaje importante que permitiera una aproximación a estas actividades y nuevos comportamientos. Si no se tiene en cuenta todo el proceso de desmaterialización que se produjo hacia fines de la década del 60, o se desconocen los motivos por los que los artistas van hacia actividades como las descritas, es muy dificil comprender el arte de ese período. En todas estas ac titudes existe, por supuesto, un rechazo implícito a la noción mercantilista que dominó el mundo del arte durante el período precedente. Muchos artistas se negaron a considerar su obra como una mera mercancía y desarrollaron una pro-testa que implicaba rechazar las formas habituales -pintura y escultura preferentemente-, pues eran las que mejor permitían la compraventa de la obra artística.
Pese a que muchos artistas tuvieron una clara conciencia de que su actitud los llevaba a una marginación, no dudaron en elegir ese camino. Otros, en cambio, cuando se percataron del alcance de su postura renunciaron a permanecer dentro de estos nuevos lenguajes y adop-taron los tradicionales. En cualquier caso, el arte conceptual, en todas sus modalidades, pronto sería sustituido por un retorno al orden que implicaba volver a la pintura aun cuando su influencia fue decisiva en algunos de los aspectos estéticos típicos de los últimos años de los 80.
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El land art es una corriente artística surgida a finales de los 60 que tiene como fin trasladar el trabajo artístico a los espacios naturales que son transformados por el pensamiento y la acción del artista. El land art se encuentra dentro de esas corrientes que en relación con la desmateriali-zación del objeto niegan el papel preponderante de los museos y galerías de arte y que desvían la práctica del arte a lugares inéditos hasta su aparición. Este movimiento que utiliza el propio espacio natural como soporte de la obra surge primero en los Estados Unidos a finales de los años sesenta. Los artistas del land art llevan acabo toda una serie de manipulaciones y transformaciones sobre el paisaje. Generalmente adquiere grandísimas dimensiones y su presentación en las galerías se hace a través de una documentación de fotografías, videos o textos. El land art interviene sobre el territorio (medición, orientación, señalización). Dentro de este tipo de arte hay una corriente centrada en las grandes dimensiones (Michael Heizer, Dennis Oppenheim, Walter de Maria o Christo) y otra más intimista como son los casos de Richard Long o Hamish Fulton.
Land art = arte y Naturaleza
Durante el último siglo la expresión artística se ha abierto camino a tra vés de nuevos medios, lenguajes, materiales, significados. La búsque-da de novedad, sin embargo, no aleja al arte de una de sus misiones originales: la reflexión acerca del sentido de la existencia humana y de los mundos de lo visible y lo invisible. Uno de los enigmas que ha inquietado al ser humano desde la antigüedad es su relación con la naturaleza. El arte contemporáneo, a través del Land art, se adentra en esta antigua preocupación humana.
¿Qué es el Land art?
En la década de los setenta del siglo XX hubo varios artistas, en especial norteamericanos y europeos, que comenzaron a elaborar obras de arte a partir del medio natural. A esta corriente artística contemporánea se le llama Land art (arte-Tierra) porque sus creaciones usan el paisaje como soporte (escenario) o materia prima de la obra. El principio fundamental del Land art es alterar, con un sentido artístico, la superficie de la Tierra. Muchas de estas obras tienen proporciones monumentales y la mayoría se realizan y ubican en sitios remotos, lejos de la mirada del espectador: en la ribera de un lago, en un escarpado paisaje rocoso, en una isla, en un campo abierto al pie de las montañas, en el bosque.
La mayoría del Land art es efímero, no sobrevive el paso del tiempo, pues desaparece debido a la erosión del terreno, la lluvia, las mareas o porque el propio artista desarma su obra una vez cumplido su propósito. Muy pocas personas pueden observar directamente el Land art y sus obras quedan completamente fuera del circuito comercial; sólo llegan a ser conocidas por el público a través de registros fotográficos y fílmicos, mapas o dibujos que se exponen en museos y galerías, o se venden a coleccionistas privados. Esto provoca que el Land art permanezca dependiente del museo o galería para darse a conocer, a pesar de la decisión del artista de rechazar los espacios institucionales, cerrados o privados.
El Land art se inspira en la arquitectura antigua o los sitios sagrados del pasado más remoto, como son los monolitos o cuadrantes solares prehistóricos del tipo de Stonehenge, tumbas egipcias, montículos funerarios precolombinos, altares o marcas rituales a cielo abierto. Como en el arte primitivo, los diseños del Land art usan un mínimo de elementos expresivos y parten de trazos primarios: línea recta, zigzag, círculo, cuadrado, espiral, cruz. A través de la simplicidad, los artistas del Land art exponen reflexiones profundas, sobre la relación entre el ser humano y la Naturaleza, entre el mundo trascendente y el mundo natural. La mayoría de las obras del Land art transmiten un sentido místico o misterioso
Artistas y obras
Una de las obras ejemplares de esta corriente artística fue Spiral Jetty (1970) de Robert Smithson, una gran espiral hecha a partir de rocas, tierra y cristales de sales en las costas del Great Salt Lake (Gran Lago Salado) en el estado de Utah, Estados Unidos.
Quizá el más reconocido de los artistas del Land art sea el inglés Richard Long, que trabaja tanto directamente en el medio natural como fuera de él. Para sus creaciones "interiores", Long acarrea materiales naturales a los espacios cerrados de museos y galerías e instala allí su obra, generalmente consistente en un sencillo diseño colocado sobre el suelo.
Robert Smithson
Spiral Jetty
(Embarcadero en espiral)
1970
Por ejemplo, para Georgia South Carolina Wyoming Circle, usó piedras de colores provenientes de cuatro Estados distintos de Estados Unidos. A través de los distintos elementos que escoge -piedras, maderas, ramas, tierras, Long intenta evocar el espíritu de un determinado sitio geográfico.
Durante su proceso creativo, el artista registra fotográficamente las intervenciones que practica en el orden natural, donde va dejando rastros de su paso (hace marcas en la tierra, mueve de lugar piedras, algas, palos o lo que encuentre), con lo cual expresa ideas acerca del tiempo, del movimiento, del espacio y de la "huella" del ser humano sobre el planeta. Asimismo, dibuja mapas de las largas caminatas que realiza para llegar a cada lugar y diseña diagramas de su obra para que pueda trasladarse a otro lado si fuera necesario. Otro artista reconocido del Land art es Andy Goldsworthy, quien interviene de manera muy sutil en los escenarios naturales. Cubre rocas con colores naturales o con materiales a la mano, y descubre imágenes artísticas a partir de los efectos lumínicos que se dan naturalmente en el paisaje. Con sus obras o las fotografías de ellas, Goldsworthy transmite la idea de que hay una comunión trascendente entre la naturaleza y el espectador que ha sido invitado a ver el fenómeno artístico en ella. Este tipo de obras atrae el interés de grupos ecologistas, que reconocen el respeto del artista por el orden natural y por la belleza que existe en la naturaleza. Las obras de Goldsworthy regresan eventualmente a ser parte del paisaje natural.
El artista de Land art con mayor fama mundial es el búlgaro-EE.UU. Christo. Al lado de su esposa Jeanne-Claude, Christo realiza proyectos muy ambiciosos y espectaculares para los cuales tiene que movilizar a cientos de voluntarios, convencer a ecologistas, obtener millones de dólares de financiamiento y conseguir complicados permisos por parte de autoridades locales y nacionales, así como de los propietarios de las zonas que interviene. Además se asesora de expertos en flora y fauna para no afectar la naturaleza.
Christo actúa en escenarios urbanos y naturales. Se le conoce especialmente por sus "envolturas" gigantes, tanto de edificios históricos (como el Reichstag en Alemania), escenarios naturales, como por las islas rodeadas de miles de metros de tela rosa, en la Bahia Biscayne, Florida. Las imágenes que logra Christo con sus intervenciones en el paisaje son muy agradables, las islas que rodeó de tela rosa parecían lirios de agua flotando en el mar, y su inmensa valla de tela de nylon que recorría varios kilómetros en California parecía una interpretación moderna de la muralla china. Christo cree que una buena parte del logro artístico de su obra es el gran esfuerzo comunitario que logra congregar, lo cual transmite la fe del artista en el ser humano, fe que transforma el paisaje.
Otro artista, Walter de Maria, creó una escultura permanente en un amplio campo abierto al lado de las montañas de Nuevo México. Su obra Lightning filed (Campo de rayos), construida entre 1971 y 1977, consiste en 400 postes de acero inoxidable dispuestos en un esquema rectangular, cuya función es atraer los rayos que se generan durante las tormentas eléctricas que abundan en la región. Lighting field involucra la tierra y el cielo pero no interviene en ninguno. Muy pocas personas han visto Lightning field en plena actividad, pero hay registros fotográficos que dan testimonio de los efectos de este trabajo que celebra el poder y el esplendor visual del fenómeno natural.
"Cuando la fe mueve montañas": resonancias actuales del Land art
A últimas fechas se realizó en Lima, Perú, un acto artístico que tiene relación con el Land art, especialmente con la vertiente desarrollada por Christo. El 11 abril de 2002, 500 personas fueron convocadas para formar una larga línea, con el fin de mover con palas una duna de 400 metros de diámetro localizada en la periferia de la ciudad de Lima. Este "peine humano" avanzó moviendo una cierta cantidad de arena por medio de palas, a fin de desplazar el montículo de su posición original. Según los organizadores: "el desplazamiento fue de una dimensión infinitesimal, no así sus resonancias metafóricas". Este proyecto se llamó "Cuando la fe mueve montañas. Proyecto de desplazamiento ecológico", lo ideó Francis Alÿs (con la colaboración de Rafael Ortega y Cuauhtémoc Medina) y fue la presentación de México en la 3ª Bienal Iberoamericana de Lima.
¿Qué significados puedes encontrar en este proyecto artístico?
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Lo primero que hace el artista en la Naturaleza, es elegir el lugar de trabajo por afinidades emocionales. Desde donde quiere proyectar sus sentimientos, sus fantasías, sus miedos, sus deseos y también como lu-gar de conocimiento de su realidad existencial, de su realidad irracio-nal, aquella que por definición es inasible. Empezaremos con las sien-pre complejas, pero necesarias, cuestiones de nomenclatura. Pues hay que definir, para así, saber de qué hablamos, qué acotaciones hemos fijado. En la traducción del término Land Art, nos encontramos las si-guientes acepciones de Land: Tierra como lugar, Suelo, País. Si tenemos en cuenta que paisaje es todo lo que se encuentra en un país, creo que esta es la acepción más adecuada. Luego hablaremos de Arte en el Paisaje. Personalmente hago la distinción de si hay techo que cobije la obra o no, llamándolas al "Aire Libre". El paisaje es parte fundamental de la obra, el que indica muchas veces lo que hacer. El artista dialoga primero con el entorno y posteriormente la obra seguirá esta conversación, para que así pueda surgir esa transformación que permita la experiencia artística, recuperar valores ancestrales, comunicar ideas, pensamientos y sentimientos. Podemos trabajar en el espacio virgen en la medida que esto es posible, o enlugares asociados a otras culturas, que sería el paisaje humanizado, aquel que el hombre con sus manos ya ha intervenido. Aunque de todas formas el paisaje, con nuestra participación, acabará humanizándose. El hombre siempre ha trabajado en plena naturaleza, serían sus precedentes históricos las pirámides egipcias, estructuras megalíticas como Stonehenge, túmulos funerarios, jardines de roca Zen...
Estas obras al estar al aire libre, no son museales, salvo fotografías, bocetos, maquetas. Respecto a esta cuestión nos podemos plantear la siguiente pregunta ¿qué es lo importante, el archivo de la obra o la invitación hacia el espectador/lector a hacer su propio recorrido, a dejarse sorprender por lo que la Naturaleza le muestra, a dejarse inundar por el silencio de las montañas? Debido a las dificultades que plantea su realización, bien de tipo económico o por implicaciones sociales, algunos proyectos no pasan de su fase inicial. Sólo lo que nos excede, nos reta, nos impele a apropiarnos de ello, aunque sea con la herramienta de la poesía como posibilidad de afirmación del tiempo. Walter de Maria fue el que eligió el término Land Art para definir sus primeras intervenciones en el paisaje. A continuación, vamos a definir una serie de conceptos relacionados con nuestro tema: Territorio Lugar donde hay tierra. No deberíamos hablar de territorio urbano, se debería decir paisaje urbano. Paisaje La totalidad del pasar, todo lo que se encuentra en un país. Paraje Una parte del parar, un lugar específico del paisaje. Pasaje No se para se pasa, lo fundamental es el tiempo, no el espacio. Paraíso Igual a la parada. La libertad de elegir el lugar de nuestras acciones. El Artista es aquel que elige sus paraísos para trabajar y vivir. Luego cuando vemos una obra del Land Art, lo que estamos viendo es el Paraíso, por supuesto personal, pues de eso se trata.¿Qué es primero, la idea o el lugar que lo albergará, conformará? No siempre sucede de la misma manera. Unas veces el proyecto está ideado sin un emplazamiento predeterminado y hay que buscarle el lugar adecuado para que viva. Otras el lugar y su aire nos dirán qué hay que hacer, qué es lo que ofrecen y qué no. En mi opinión la más fructífera es llevar cargadas las esteras con la tierra de los sueños y los deseos y, de esta manera cuando se conozca un lugar nuevo o se rememore otro, se proyectará para ese paisaje, y así, lo convertiremos en un paraíso. Pues de eso se trataría, de establecer una red, no de paradores sino de paraísos por todo el paisaje terrestre y marítimo, sabiendo que tiene que ser propio de cada uno y posteriormente compartirlo, e implicándonos de tal manera que nos duela lo que allí pueda suceder. Muchas veces quien rige el destino de cada obra, por no decir siempre, según mi experiencia, es el aliado de las musas que no es otro que el azar, como bien incluye el vocablo trazar, teniendo en cuenta que la azada tiene que estar siempre al lado. Hay espacios que no se dejan modificar fácilmente, como por ejemplo en "Lo que el día desea decir y dice al viento", 12 globos, Ø 1 m. Los Galayos, Sierra de Gredos, 26 de julio de1998, y es por un problema de escala, de qué tamaño tendrían que haber sido los globos puestos, para que estuviesen a la altura y, nunca mejor dicho, de una pared granítica de 90 m. Aunque otra lectura puede resaltar la distancia que nos separa con la Naturaleza y que nuestras acciones siempre serán pequeños comentarios.
La escala del lugar a intervenir va a determinar que nuestra acción resulte armoniosa o que la devore el propio paisaje. Hay que tener en cuenta que el juego ha de ser entre iguales. La cualidad de "efímero", es una característica de estas obras. Cuando se sabe que algo va a durar poco, se intensifican los resortes receptivos y perceptivos y, esa expansión de la intensidad suple su carácter de tiempo limitado, haciendo la obra más eficaz. Una obra pensada para que el tiempo se encargue de su "eficacia" es,"El futuro siempre regresa al punto de partida", Bolas de escayola, Bercianos del Real Camino (León), 1 de abril de 2000-2003. Las paredes del diedro de tapial del palomar semi derruido, correrán el mismo destino que los sembrados adyacentes, no hay ninguna protección, el tiempo se erige en señor de vida, sabiendo que la tierra formará un hito en la propia tierra.
Otra manera de trabajar es recurriendo a la instalación, a la performance y a las interacciones con la arquitectura. Instalación Procedimiento en el cual se disponen una serie de objetos. En un espacio dado, jugando éste un papel importante, tanto generativo como confirmativo del concepto a desarrollar.
Performance Representación, actuación.
Performer Actor.
Pudiendo ser el propio artista o el público el que desarrolla la trama de la acción, Aquí también el espacio, en este caso escénico, es determinante, pudiendo ser una calle, una plaza, el puente de un río, una cantera, una playa, etc. La arquitectura como espacio depositario de memoria (construcciones abandonadas, arquitectura histórica...) o la arquitectura urbana como paradigma del entramado de relaciones humanas, pueden ser escenarios donde los intereses y, la intervención del artista, se vean enriquecidos con su óptica particular. Con estas estrategias, se establecen además una relación nueva entre los conceptos de arte, paisaje natural y paisaje humano. Si nos atenemos a la definición de Natural = por el hecho de nacer, lo nacido, nunca podremos equipararlo con las creaciones del hombre, aunque para su desarrollo vayan del presente continuo a ese pasado que es donde reside el origen de todo, siendo construcciones culturales. Así las cosas, ese entorno urbano está íntimamente ligado a nuestra naturaleza, pudiéndolo llamar nuestro cuerpo artificial. Dentro de las intervenciones en el paisaje las hay de dos tipos, las efímeras, que son en definitiva acciones con un tiempo limitado y las de carácter escultórico o monumen tal, cuyos esquemas abrazan el factor tiempo de larga duración. En este caso el agricultor sería el primer artista ambiental, aunque por necesidad pragmática. Un ejemplo sería la belleza de los bancales. El artista que trabaja "Al aire libre" lo que quiere transmitir es esa relación directa con el medio. Como base de conocimiento están bien todas las posibilidades que nos ofrece la industria cultural, pero si no tenemos la experiencia directa, en primera persona, dejándonos turbar por el aire del lugar, nos perderemos lo que nos ofrece lo nacido como nosotros, sabedores de que estamos hechos de la misma materia que las estrellas. Sólo nos podemos enamorar de aquello que conocemos, luego la relación del artista con el paisaje es de enamoramiento y con su obra lo que pretende es hacer partícipes a los demás y así revalorizar su contenido. Cuando las intervenciones son efímeras y el factor tiempo es despreciable, por esa razón, la responsabilidad del artista no es mayor que la que genera su obra en su estudio, pero cuando las pretensiones son las de entablar una relación a través del tiempo, no pueden ser las mismas que las que establecemos con los de nuestra especie. Ese enamoramiento no puede ser ciego, porque ante una equivocación, las posibilidades de restitución son menores. Luego deberemos proceder con respeto, con una responsabilidad adicional, no planteando actuaciones agresivas, entre otras razones porque se perdería el diálogo y rozaríamos la imposición. ¿Cuándo no debemos actuar en un medio natural a largo plazo? Cuando no aportemos mayor calidad a ese entorno elegido. En ese caso no seremos elegantes, pues no habremos sabido elegir el lugar. Existe otro tipo de arte que se relaciona y nutre de la naturaleza, pero que no está desarrollado y expuesto en ella, sino en las salas convencionales de exposiciones. Este artista tiene la necesidad de relacionarse directamente con la naturaleza, para después elaborar su discurso, que con los materiales recogidos en su caminar, expondrá posteriormente en la galería. Entre los artistas que desarrollan este tipo de trabajos podemos citar a Adolfo Schlosser, y ante la pregunta ¿qué busca como artista? nos responde: unir mi conciencia a un objeto. Que un árbol siga siendo un árbol pero que esté impregnado con mi idea. Miguel Ángel Blanco, que nos dice: toda mi obra nace de la emoción que conlleva el caminar. El artista del Land Art, es quizás el que más trabaja con el Tiempo con mayúsculas, pues parte de un tiempo geológico y genealógico, de un tiempo histórico y cultural, para después enfrentarse al presente, del cual no pretende escapar, como las sociedades postindustriales con su obsesión por el ocio y el espectáculo perpetuo, sino que acepta el reto del aquí y ahora, con proyección de futuro, como toda obra que se precie, aún sabiendo que el olvido es lo más fresco de la memoria del hombre. Que una obra tenga carácter efímero, no significa que su autor desprecie el futuro, en primer lugar el número reducido de personas que han sido partícipes de la obra, lo llevarán incorporado siempre en su memoria, aunque no sean conscientes, pues ese disco duro no se puede borrar. De ahí es de donde parten las auténticas obras de arte, de ese pozo que todos llevamos dentro y nadie sabe su profundidad, ese es su misterio, pues llega a los albores de la humanidad, por no decir incluso antes, pues la materia como tal, creemos que también posee memoria. Me estoy refiriendo a la memoria histórica o ancestral, vocablo que podríamos definir por antes de los astros o estrellas, y a la memoria personal que todos poseemos inseparablemente. Como es lógico pensar, el discurso que plantea el artista con estos mimbres, es el de su discurrir natural parejo con la naturaleza, aunque para su expresión se vea obligado a pactar con la realidad, y así trabajar con el paisaje.
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Entrevista con el artista Dennis Oppenheim
DENNIS OPPENHEIM: “Todavía sigo trabajando para ser un artista”
El Museo Fundación Cristóbal Gabarrón de Valladolid expone una retrospectiva del creador del Land Art y explorador del Body Art
Con un aspecto informal y desarreglado, tal y como se espera de un artista, sin manifestar ninguna prisa y sin dar importancia a su presencia en Valladolid ni al motivo que le ha llevado hasta esa ciudad, Dennis Oppenheim ha inaugurado en persona la exposición retrospectiva que el Museo Fundación Cristóbal Gabarrón muestra en la capital castellano leonesa hasta el próximo 5 de diciembre.
Este americano, nacido en Electric City hace 66 años, no ha cesado de crear, innovar y experimentar hasta el día de hoy. Verdaderamente, tal y como él mismo lo cuenta, en cada momento de su larga y productiva carreta ha expresado lo que sentía a través de diversas formas artística, inventando y nuevamente re-inventando el arte. El siglo XXI le ha ofrecido la oportunidad de llevar sus creaciones hasta la calle, y ahora centra el grueso de su actividad creadora en el arte público, para establecer lo que define como “un diálogo entre la escultura y la arquitectura”.
La muestra itinerante Dennis Oppenheim: Obra selecta 1968 – 2004” ha iniciado su recorrido en Valladolid, aunque la Fundación Cristóbal Gabarrón, Bancaja y el Círculo de Bellas Artes, patrocinadores de la exposición, llevarán la retrospectiva hasta Madrid, Valencia y Sevilla.
La selección de trabajos, 21 esculturas y 11 obras de medio formato en papel, dos obras de cine FILM Art y un documental sobre el artista, nos hacen recorrer la trayectoria de un indiscutible genio del arte conceptual y objetual que ha ejercido una generosa influencia en los artistas de su época: “La exposición es una mezcla de trabajos realizados durante 30 años, y lo que busco es simplemente enseñar el recorrido de mi obra a través del tiempo. Es un periodo largo de trabajo y hay de todo un poco, Land Art, ejemplos de Body Art, fábricas, instalaciones, vídeo, fotografías y dibujos. Es un recorrido por mi vida”, afirma Oppenheim.
La retrospectiva identifica al autor como uno de los pioneros en el arte de la tierra y el cuerpo en la década de los 60. Oppenheim movido por su intuición y el ansia de explorar nuevos territorios artísticos convirtió su cuerpo en campo de batalla del arte hasta que encontró el límite de su propia salud. El inicio de este momento lo marco el experimento que realizó fotografiándose bajo el sol con un libro sobre su pecho. Horas más tarde, el artista repetía la toma sin el libro y el consecuente cambio de color de la parte de su cuerpo no protegida: “Use mi propio cuerpo en Land Art. Desde ahí he ido evolucionando hasta la actualidad. No me siento el padre del Body Art como se dice. Lo que hice para llegar a ese punto, el nombrado momento del libro, lo hice porque sabía que podía ser una dirección correcta que podía tomar”.
La cinta de Film Art que se puede ver en la muestra nos transporta hasta los setenta a través de sus “metáforas del pensamiento”, en las que el artista experimentaba con partes de su cuerpo e incluso con su propia voz. Poco después llegaron las “fábricas” y Oppenheim comenzaba una nueva era de su arte expresando sus pensamientos con creaciones formadas por elementos varios que incluían desde juguetes hasta utensilios de cocina. Obras como “Morder in Hawaiian Short” o “Steam Forest with Phantom Limbs” llaman la atención sobre el espectador quizá por su fuerte contenido irónico. Pero el autor ya ha evolucionado hacia otros campos: “Es que en realidad, todo ello y lo que se ve en esta exposición es un paso que ha durado 30 años. Es como un viaje a través de todo ese tiempo. El arte público es básicamente lo que yo hago ahora. Ya no hago más arte de estudio. Me vuelco en el arte público”.
Ahora Oppenheim hace de las calles de las ciudades su propia sala de exposición. Quizá sea ésta la nueva manera de comunicarse con el público o de llegar a una sociedad demasiado inmersa en la rutina de la prisa y de lo cotidiano: “Es cierto que se aprecia el arte de museo como algo más elitista y el arte público como más cercano a la gente pero eso no quiere decir que el del museo sea mejor. Es difícil valorarlo porque hay buenos trabajos dentro de los museos, pero el arte público va a mejor y crece. Yo ya no realizo trabajos dentro del estudio. Lo que se puede ver en esta exposición o parte de ello son cosas que ya no hago. Verdaderamente en el estudio haces lo que quieres. Ahora yo estoy centrado en el arte publico que me permite establecer un dialogo entre la escultura y la arquitectura, algo nuevo que antes no existía. Dos aspectos que antes estaban en puntos contrarios, y ahora para mi están relacionados”.
No es sencillo sintetizar 30 años de trabajo, menos aún de este inagotable creador, pero sorprende en él una característica común en todas sus etapas: su gran capacidad inventora y creadora y su ánimo de exploración de nuevos terrenos, medios, elementos y modos de expresión. “Creo que la mejor obra es la que corresponde a mi primera etapa. Todavía sigo trabajando para tratar de ser un artista. En exposiciones como esta descubro cosas nuevas sobre mi mismo. Hay incluso veces en las que estas exposiciones te pueden inspirar algo nuevo, aunque eso es difícil. La inspiración hay veces que se va, y suele ser durante más tiempo de lo que a uno le gustaría”.
Los sentimientos ambiguos que Oppenheim muestra en obras como Heavy Dog Kiss o Digestión aparecen también cuando se le pregunta sobre los acontecimientos más recientes del mundo que vivimos. Esa inspiración que reclama el artista se esconde ante la barbarie del siglo XXI. “El 11 de septiembre desconecté el teléfono durante 6 semanas. Hay cosas que ocurren en el mundo que te inspiran, hay cosas que no. Ese momento no lo hizo para mí. Hay otras veces que acontecimientos hacen que brote de dentro de ti la fuerza o cualquier otro sentimiento”.
Quizá el espíritu constructor de un artista empeñado en llevar sus trabajos en forma de monumentos hasta calles y rotondas ayude a edificar un mundo sin terror: “Soy consciente de que el arte no cambia el mundo, pero ayuda a mejorarlo. El arte no debe tener límites y el artista tampoco. No debería haberlos”.
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Como culminación del arte “Povera” y abandonando el marco de los museos, galerías, etc. aparece el “Land-art”, que traslada sus obras al contexto natural donde son realizadas: la montaña, el mar, el desierto e incluso a veces la misma ciudad.
Su campo de acción es la naturaleza física en un sentido amplio, tanto al exterior natural, como la transformada industrialmente, convertida en material artístico de configuración.
Se trata este arte de que los mismos espacios naturales, a veces con retoques, sean objetos artísticos por ellos mismos. Es un retorno a la naturaleza en una acción transformadora sobre la misma, instaurando nuevas relaciones con ellas.
Hay artistas que no consideran a la naturaleza por sí misma, sino como ½ y lugar de experimentación, sin embargo, otros han querido mostrar al espectador su inmensidad frente a él. La naturaleza es en sí misma. Hay una competencia entre la acción del hombre y la inmensidad de la naturaleza. Ésta es superior, condiciona la obra. El tiempo es una condi-ción básica en estas obras: cambios de estaciones, erosión. El “Land art” rompe inicialmente con las ligazones tradicionales del objeto, con las galerías y los museos, pero continua apropiándose de la natura-leza de un modo estético y artístico, imprimiendo las normas de cada artista.
El problema que tiene el artista en el “Land art” es en mostrar su obra al público. Para ello recurre a la fotografía y a la televisión y vídeo, siendo estos últimos más útiles, porque permiten una toma completa del paisaje, así como la plasmación del tiempo en el proceso. La utilización de estos medios, como es normal, origina las preguntas de si realmente arte es lo mostrado o las técnicas empleadas para hacerlo. Sea como sea, el empleo de técnicas hace que no se contemple directamente la obra y por tanto nos lleva a un proceso mental, a un contexto metalingüístico.
El “Land art” ha ofrecido a nuestra percepción amplios fragmentos de la naturaleza. Con la elección de los escenarios naturales ha querido evocar una unión nueva con la naturaleza. Por tanto amplía el campo de aplicación de la actividad artística y además implica una sensibilidad en el sujeto para percibir estéticamente fenómenos naturales de la índole que sean.
Se le critica al “Land art” el mostrar sólo paisajes lejanos con una débil protesta a la artificialidad del paisaje urbano y no denunciar la violación y degeneración que sufre la naturaleza por medio de la polución y la acción directa del hombre. Ha perseguido más una apropiación visual de la realidad ecológica que la transformación de la misma.
En el “Land art” aún más que en el arte “Povera” se da el proceso con-ceptual, pues al ser la obra la misma realidad, hace que el espectador descubra cosas que le habían pasado desapercibidas y reflexiones sobre si los valores mostrados tienen un estatus artístico y por qué.
El arte conceptual es aquel donde el “concepto” prima sobre el objeto. Sus tendencias son tantas como las hay en el objetual: desde aquellas que eliminan totalmente el objeto haciendo del arte pura teoría, como el “conceptual” lingüístico y tautológico “el arte como idea como idea”, a aquel que sólo pretende desplazar la atención sobre el objeto hacia el concepto, el proyecto donde el receptor no sea tan pasivo y participe más activamente en la obra de arte. Se trata de procesos de auto-rreflexión, una autorreflexión crítica, constructiva frente a los sistemas sociales instaurados. Hacer despertar al receptor de su letargo, de su pasividad frente a la vida y se involucre en los procesos de cambio.
El arte conceptual intenta una emancipación de la práctica social actual, que no se acepte la realidad tal y como se nos presenta, sino que se participe de ella, se altere, en una palabra hacer que el arte sea igual a vida. No hay un artista y un receptor, sino que el arte sea un artista-receptor-espectador-emisor, sea el comportamiento, la intención más importante que lo realizado, que el objeto.
La pregunta que surge es: ¿qué implicaciones tiene el arte conceptual con la naturaleza, con lo natural? La respuesta es muy simple, si no hay un cambio radical de conceptos la naturaleza está perdida, y nosotros con ella. Podemos considerar lo natural muy estético, bello, pero no actuamos para que esto continúe así, nos limitamos a observar, mientras día a día se destruyen miles de hectáreas de bosques y selvas así como miles de especies animales. Si además de ecología, la política …conseguimos que por medio de la estética hacer ver esta destrucción de una manera más brutal y participamos en todo aquello que además de arte son conceptos nuevos de vida. Realizamos acciones no sólo para protestar y hacer ver i aceptar que el arte no son sólo cuadros esculturas o edificios sino que también es vida. Algo de lo que nosotros como actores activos también podemos participar y ayudar a cambiar. Ser los artistas de nuestra propia vida, con el entorno que queremos, no el que nos imponen desde el capitalismo y la mercantilización de todo objeto existente sea un cuadro o una flor.
Tanto el arte objetual como el arte conceptual nos infieren que el arte es vida.
BIBLIOGRAFÍA
Marchán, S., Del arte objetual al arte de concepto. Epílogo sobre la sensibilidad “postmoderna”, Ed.Akal, Madrid, 1990.
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Dennis Oppenheim
por Miguel Cereceda
Dennis Oppenheim pertenece a esa raza de artistas que a finales de los sesenta consideraron que el arte no consiste en fabricar objetos ni se reduce meramente a algo que se pueda exponer en forma de cuadro o de escultura en el interior de una galería o almacenar en un museo. Por eso, junto con sus compañeros de generación, Robert Smithson, Walter de Maria o Michael Heizer, trabajó por un lado en experiencias que pudieran trascender los límites de este espacio reducido, lo que le llevó a descubrir un nuevo territorio del arte, el arte de la tierra o el arte del paisaje, e investigó por otro lado en los distintos procesos pictóricos o artísticos que se producen también en el propio cuerpo. Lo que le condujo también a inaugurar, junto con artistas como Chris Burden, Vito Acconci o Bruce Nauman, un nuevo espacio experimental para el arte, el llamado arte corporal.
Sus anillos en el paisaje, sus marcas en el territorio que sólo podían ser contempladas desde perspectivas aéreas o las experiencias de pigmentación sobre el propio cuerpo constituyen ya referentes clásicos, dentro de estas dos recientes tradiciones artísticas.
A mediados de los setenta sin embargo Oppenheim fue abandonando estas experiencias radicales sobre el propio cuerpo y sustituyéndolas por experiencias con muñecos o con cuerpos sustitutos. De este modo empezó a trabajar en un tipo de escultura que asumía de algún modo sobre sí los males del mundo.
Su Intento de alcanzar el Infierno, de 1974, en el que una escultura de bronce se golpea brutalmente la cabeza contra una campana, de modo inesperado para el espectador, es una obra de este tipo. Actualmente Oppenheim trabaja en el terreno de la escultura monumental, construyendo edificios pervertidos o templos boca abajo que, a su manera, también pretenden conjurar a través del arte todos los males del mundo.
Selected Works 1968-2004.
“Del arte conceptual al arte objetual y la escultura monumental”
Uno de los principales fines del Museo Fundación Cristóbal Gabarrón (MFCG) es la producción de exposiciones de artistas contemporáneos de primera magnitud, al objeto de difundir y aproximar a la sociedad española, la obra y figura de creadores consolidados en el panorama internacional.
En esta ocasión, la Fundación Cristóbal Gabarrón, junto con el Círculo de Bellas Artes y Bancaja, organizadores y patrocinadores de esta muestra, y que copatrocina Arte y Naturaleza, la Casa de la Provincia de la Diputación de Sevilla, la Fundación Gabarrón de Nueva York y la Fundación Casa Pintada de Mula – Murcia, presentan una completa selección de obras que recorren a forma de retrospectiva, la trayectoria artística y vital de este gran artista norteamericano, uno de los creadores más indiscutibles y destacados del arte conceptual y objetual con inten-cionalidad, que ha ejercido una enorme influencia en generaciones de artistas del mundo entero y que desde que 1966 hasta nuestros días no ha parado de crear, interaccionar, escribir, idear, proyectar, … trabajar en lo que le gusta, con audacia y enorme gracia.
Dennis Oppenheim nació en 1938 en Electric City (Washington), cursó estudios en el Richmond High School, en el norte de California, asistien-do también al colegio de Arte y Cerámica de California. Su padre, David era ingeniero en la presa Grand Coulee en el estado de Washington.
Desde que era un niño Dennis se sintió atraído por el arte visual, y en un principio trabajó en los astilleros para costearse sus estudios artísticos. En 1959 se trasladó a Honolulu trabajando en el campo de la publicidad, experimento que le hizo volver a centrar todos sus esfuerzos en su formación artística desarrollada más tarde en la Universidad de Stanford, donde se licenció en Bellas Artes (BFA at CCAC) y obtuvo su maestría (MFA) en 1965. Al año siguiente se trasladó definitivamente a Nueva York, donde reside y trabaja desde entonces en su cuartel general. A partir de su amistad con Robert Smithson ha investigado, creado y entrado en contacto con las generaciones de artistas más importantes del siglo XX. La obra de Oppenheim se encuentra en los más prestigiosos y significativos museos del mundo, desde el Reina Sofía en España, o el Pompidou en Francia, hasta el MoMA de Nueva York.
La selección de la obra ha sido realizada en función de dos criterios, el cronológico y el representativo de sus principales tendencias y momentos creativos. De esta forma, aunque aparecen obras anteriores al 1968, año indicativo de inicio para el propio título de la muestra, incorporamos obras fundamentales que le identifican como uno de los pioneros en el arte de la tierra y el cuerpo en la década de los sesenta. Como señaló Eleanor Heartney, “Oppenheim participó en la corriente de re-invención del arte, la cual es parte central de la doctrina modernista. Como otros artistas de su generación, él habló sobre el empuje del arte hacia sus límites mientras trataba de trascender la galería y el objetivo del arte para reubicarlo en el mundo real”. Así mostramos una obra de la serie Wound, fotodocumental en blanco y negro que el artista inició en 1954 hasta el 70, para señalar su paso por el “Body Art” que agotó y fue dejando de explorar cuando ese límite tomaba un cariz de peligrosidad extremo para su propia salud.
Incorporamos una pequeña, pero exquisita maqueta realizada en madera en 1967 titulada “Variation on Excavated Structure”, a la que le acompañan unos precisos y hermosos dibujos “Ground System” y Ground Cover” impresos en color sepia, también del 67 que recalcan la base del conceptualismo de su creación dentro de un contexto minimalista. Estas obras de tierra “Earth Art” y “Land Art”, fue expresada por Susan Boettger en lo relacionado con el “lugar y el espíritu” a partir de la exposición que Dennis realizó junto con otros siete artistas en la galería Dwan (Carl Andre, Michael Heizer, Stephen Kaltenback, Sol Le Witt, Walter de María, Robert Morris y Robert Smithson). De esa etapa mostramos aquí un colage en fotografía a color titulado “Indentation-Removal”, manifestación de una intervención de tierra micro, en contraposición de otras obras más conocidas como “Annual Rings” que eran producidas a campo abierto y sólo se podían contemplar desde el aire. Es importante hacer alusión todavía aquí al “Body Art”, en cuanto que en las acciones de tierra, él se incluía en las fotografías que sacaba de estas intervenciones, preocupándose por su cuerpo y convirtiéndolo en campo de acción.
En la década de los 70 se producen dos hechos principales en su vida, la muerte de su padre y a la vez o paralelamente, que su hija cumplía un año de edad. Realiza entonces a modo de elegía una proyección en el cielo mediante bengalas de magnesio de dos dibujos ampliados de esos que ejecutaba de modo automático, totalmente azarosos, inspirados en estos hechos personales. En esta década el mercado del arte se reactiva en los Estados Unidos y las galerías demandan pinturas. Oppenheim, crea intervenciones e instalaciones con incorporación de objetos, lo que él mismo denomina “metáforas del pensamiento”. Así pues, incorpora grabaciones con su propia voz, explora en la realización de películas con referencias de partes de su propio cuerpo, labios, dedos, incluso uñas,….
Poco a poco va transmutando su interés por sus máquinas, que refleja en sus bocetos preparatorios como “esculturas en proceso”, como en “Study for Exit for the South Bronx”, “Study for Revenge” o “Final Stroke. Project for a Glass Factory”, esta última de 1980. En esa línea de homenaje a Duchamp consolidando la máquina como nuevo género del arte contemporáneo. El tema de las máquinas es trasladado a la realidad creando grandes esculturas-máquinas de complejas estructuras de metal, con componentes eléctricos, es decir, grandes estructuras industriales. A este periodo le sigue otro donde el protagonismo lo acaparaban “las fábricas”, obras con las que trataba de objetivar los mecanismos de su pensamiento.
Las obras de Oppenheim desde entonces y de una manera más pronunciada en esta última década se han caracterizado por contener una gran amalgama de elementos encontrados o creados que ironizan a la sociedad americana o a la conflictiva naturaleza de la psique moderna, inmiscuyéndose continuamente rasgos de “la cultura Pop” con la incorporación de juguetes, como en “Morder in Hawaiian Shirts” del 89 o utensilios de cocina, como en “Steam Forest with Phantom Limbs”, o útiles en general de la sociedad de consumo, como “Second Generation Image”. Inmediatamente dará paso a la incorporación de animales, después vuelve a objetos cargados con sentimientos y que encierran un doble juego-mensaje conceptual. Todo ello toma una hermosa represen-tatividad cuando se eleva a lo monumental, como reflejan sus múltiples obras públicas, como por ejemplo la instalada en el Paseo Zorrilla de Valladolid en los 90 “Stage Set for a Film” en homenaje al cine.
Para finalizar esta presentación quisiera destacar dos piezas muy significativas, y plantearles que reflexionen sobre ellas dejando rienda suelta a su imaginación: “Digestion” y “Heavy Dog Kiss”, ambas se mueven en la ambigüedad mezclando lo emocional y la contradicción.
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Robert Smithson
(1938-1973)
Escultor de nacionalidad estadounidense que sólo vivió 35 años. Fue uno de los integrantes de la corriente artística llamada Earthwork o Land Art, que, a propósito, alude a los monumentos de los entierros prehistóricos. Smithson, (al igual que otros artistas como Micheal Heizer) se interesó por la escultura monumental y, de alguna manera, efímera. Una de sus obras más importantes es “Malecón espiral”, estructura gigante de roca y escombros que mide 4,5 metros de ancho y que está cubierta de sal cristalizada y que terminó en 1970 en el Gran lago salado de Utah. Otros de sus trabajos son: “Colina espiral”, de 1971 y “Círculo roto”, de 1972, ambas construidas en los Países Bajos. Los trabajos de Smithson se aprecian mejor, deliberadamente, a partir de fotografías, puesto que se trata de obras de enormes dimensiones levantadas en espacios naturales remotos cuyo mensaje es, de cierto modo, la grandeza de la naturaleza y el daño que los seres humanos le hacemos. El registro de las obras de los artistas de la corriente Land Art se ejerce y verifica artísticamente a través de fotografías.
Puede señalarse como fecha oficial del nacimiento del movimiento surrealista, en París, el año 1924, en que André Bretón publicó el primer Manifiesto Surrealista. Sin embargo, existen obras literarias de Bretón, anteriores a ese año, que conectan claramente con obras surreales. No debe olvidarse que Bretón y su círculo se adhirieron al Dadaísmo y que muchas de las realizaciones efectuadas en el seno de esa corriente pueden considerarse como predecesoras de las propiamente surreales.
El Surrealismo fue en un primer momento un movimiento literario que contó con la gran personalidad de Bretón, quien muy pronto asumió el cargo de jefe e ideólogo del grupo. Como quiera que Bretón realizó su servicio militar en el Hospital de Nantes, en el área destinada a los enfermos mentales, existían toda una serie de terapias psicoanalíticas que le eran familiares. Por otra parte, había seguido algunos cursos de medicina en la Sorbona y conocía la obra de Freud, relacionada con la interpretación de los sueños, así como las técnicas del psicoanálisis, basadas en la asociación libre de ideas. Todas estas experiencias consti tuyeron un auténtico punto de partida para sus obras literarias dentro del Surrealismo. Al leer en el primer manifiesto la definición dada por el propio Bretón al Surrealismo, no se tarda en advertir cuáles son los elementos esenciales que configuran la ideología de dicho movimiento. La definición reza de la siguiente manera: “Automatismo psíquico puro por el cual alguien se propone expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado por este último, en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, al margen de toda preocupación estética o moral... “
El concepto fundamental es el de automatismo, que se basaba en una especie de dictado mágico, proveniente del inconsciente, gracias al cual surgían poemas, ensayos y obras en prosa, dentro de la vertiente literaria. Más tarde, pintores y escultores aplicaron el mismo método para realizar sus composiciones.
No obstante, en las obras de carácter plástico surrealista se advierten dos tipos bien diferenciados. De un lado, existen artistas que prefieren decantarse por la aplicación del automatismo puro, mientras que de otro hay pintores que siguen una vía ligada al onirismo. Entre los primeros destaca André Masson, quien va en 1924 efectuaba dibujos, de carácter automático. a pluma sobre papel. Por lo general, se trataba de composiciones abstractas, dotadas de gran agilidad y dinamismo que expresaban un estado anímico de gran euforia. Pero la aportación más interesante de Masson la constituyen las llamadas pinturas de arena que datan de la segunda mitad de los años veinte y que pueden considerarse como precedentes de ciertas realizaciones informalistas muy posterio-res. Este tipo de obras surgían como resultado del azar actuando direc-tamente en el proceso creativo. Así, Masson colocaba el soporte de tela sobre el suelo y dejaba caer sobre la misma cola, para, más tarde, espolvorear la superficie con arena. En los lugares donde había cola, la arena quedaba pegada y formaba una capa de un cierto grosor que contrastaba con las zonas pintadas posteriormente por el artista.
Otro de los pintores que también actuaron dentro de esta corriente automática, pero sin llevar su trabajo a términos tan dependientes del automatismo, fue Joan Miró. El artista catalán se había afincado en París el mismo año de la publicación del primer manifiesto y, muy pronto, con-tactó con el grupo de literatos y artistas de ideas afines al Surrealismo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que por aquella época Miró había adquirido ya un lenguaje propio y que, por consiguiente, adopto tan sólo ciertos conceptos del Surrealismo para exponerlos en su pintura. Es quizá en los objetos de funcionamiento simbólico o en algunas de sus extraordinarias piezas tridimensionales de los años treinta donde mejor se percibe lo surreal de Miró.
El lenguaje artístico de Miró se caracterizó siempre por un mantenerse fiel al corpus sígnico, así como por la marcada preferencia por los colo-res vivos y puros, sobre todo primarios y secundarios, y también neutros. La esquematización de sus personajes y un sentido especial por plasmar lo primordial son asimismo elementos constantes en sus realizaciones.
La vía onírica está representada por artistas como René Magritte y Salvador Dalí. Tanto el uno como el otro se especializaron en pintar composiciones figurativas, ateniéndose a las normas tradicionales de representación perspectiva, con objeto de lograr imágenes sumamente impactantes.
Magritte opta por asociar elementos de lo más dispar en sus pinturas, como si se tratase de la célebre terapia llevaba a cabo por los psicoa-nalistas para sanar a sus enfermos. Dalí, en cambio, prefirió adoptar la doble figuración para gran cantidad de sus pinturas que datan de su etapa surrealista, la que cubre desde 1928 hasta diez años después, aproximadamente.
La gran aportación de Dalí al Surrealismo fue, sin duda alguna, la crea-ción del denominado método paranoico-crítico, consistente en asociar imágenes de lo más arbitrario con otras que surgen obsesivamente a lo largo de toda su trayectoria. Así, por ejemplo. Los temas de El Ángelus de Millet o el de Guillermo Tell aparecen en muchas de sus pinturas de los años treinta. Por su parte Dalí también efectuó, junto al cineasta Luis Buñuel, el guión de la película, considerada como el prototipo de film surreal, Le chien andalou. Además, existen duda una serie de objetos de funcionamiento simbólico ideados por Dalí, en los que se advierte su peculiar modo irónico de comprender el fenómeno surreal.
Otro artista surrealista, en cuya obra no se puede distinguir de manera tan clara a cuál de las dos vías corresponde, es Max Ernst. La aporta-ción personal de este artista de origen alemán, instalado en París, reside en haber aplicado el collage de un modo completamente distinto a como lo hicieran los cubistas. En sus collages Ernst integra de tal manera los papeles que resultaba imposible distinguirlos del contexto pintado en que los ha situado. Por otra parte, Max Ernst inventó el procedimiento técnico del frottage, consistente en colocar bajo el soporte sobre el que había de pintar elementos de texturas gruesas diferentes, con la finalidad de que al frotar sobre ellos quedase su trama visible en el soporte. Gracias a este tipo de técnica, las obras de Ernst poseen unas calidades textuales de gran sutileza y muy difíciles de superar.
Hans Arp, otro de los artistas que trabajaron en el seno surrealista, se distinguió especialmente por incorporar el azar en su obra. Ésta, ya sea pictórica o bien esculturas a modo de relieves en madera pintada, supone un triunfo de las configuraciones abstractas, pero con una cierta tendencia al gusto por evocar configuraciones biomórficas. Arp realizó también esculturas en metal y en piedra, durante los años cuarenta.
Muchos fueron los artistas que, atraídos profundamente por los planteamientos del Surrealismo, se adhirieron, aunque sólo fuera de manera temporal, al movimiento. Ése fue el caso de Paul Klee y de Pablo Picasso. Como puede advertirse se trata de dos grandes artistas del presente siglo, cuya obra nada posee en común y. no obstante. a finales de los años veinte e inicios de los treinta realizaron composi-ciones marcadas por un cierto magicismo en el caso de Klee, derivado del Surrealismo, y por una concepción formal de elementos cóncavos y convexos, en relación con Picasso, que conectaba con las interpreta-ciones sexuales freudianas. Así como en relación con otras tendencias de las primeras vanguardias se sabe, aunque solo sea de forma aproxi-mada, la fecha de conclusión, con respecto al Surrealismo no ocurre así. Este movimiento fue ganando adeptos con el paso del tiempo y su expan sión por todo el mundo es una de sus características esenciales. A ello contribuyeron en gran medida dos factores. Por un lado, André Bretón personalmente se encargó de difundir la ideología surrealista publicando numerosas revistas como Le surrealisme au service de la révolution o Minotaure, a la par que organizaba actos como conferencias, lecturas de poemas, exposiciones, etc. En Latinoamérica, por ejemplo, el movimiento surreal contó con numerosísimos adeptos a partir de los años cuarenta. Otro factor decisivo fue que muchos artistas europeos que habían mantenido contacto con el núcleo parisino de surrealistas, emigraron durante la Segunda Guerra Mundial a EE.UU., de manera que el Surrealismo también se extendió por esos países.
No debe olvidarse que precisamente algo del espíritu revolucionario del dadá, presente en el Surrealismo, fue heredado por corrientes de las segundas vanguardias. En el Informalismo europeo o en el Expresio-nismo abstracto norteamericano existen muchos ejemplos de pintores o escultores que se nutrieron de la ideología surreal e incluso tomaron como punto de partida para sus innumerables y osadas técnicas las realizaciones de ciertos artistas del Surrealismo. Uno de los ejemplos más notorios, dentro del ámbito escultórico surrealista, lo constituye el italiano Alberto Giacometti, quien, residiendo en París, pronto contactó con el círculo afín a Bretón. En sus piezas escultóricas de los años veinte se advierte un fuerte vínculo con ciertas manifestaciones de arte primitivo. En general, todos los surrealistas, excepto Dalí, sentían gran admiración por las obras de los primitivos y Bretón llegó a coleccionar máscaras y tallas negro-africanas y oceánicas.
En la evolución de Giacometti puede apreciarse una tendencia cada vez más acusada a trabajar el bronce en finos y alargados filamentos, para lograr configuraciones que representan seres humanos o animales. Su estilo es inconfundible y sus piezas han influido de manera notable en los escultores de las últimas generaciones.
Lourdes Cirlot.- Las claves de las vanguardias artísticas en el S. XX.
Ed. Arín. Barcelona 1988. Págs. 54-61
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El surrealismo surgió tanto de la pintura metafísica, que se inspiraba en la imaginación, como de Dada, con su insistencia en la ordenación casual de los objetos. Al surrealismo le interesaba más explorar e ilustrar la mente inconsciente que destruir el arte establecido, como había intentado el dadaísmo. Los surrealistas decidieron que el punto de vista racional y científico había ocupado demasiado tiempo un primer plano; querían liberar la imaginación y que la gente tomara conciencia de su aspecto poético, más que de su aspecto científico. Apollinaire había acuñado en 1917 el nombre surrealista para describir una de sus obras de teatro. El movimiento artístico comenzó en 1924 y continuó durante la década de 1930. El escritor francés André Bretón organizó el movimiento y presentó sus teorías. Bretón estudió la obra de Freud sobre el psicoanálisis y se consideró un discípulo suyo. Pero el descubrimiento que hizo Freud del funcionamiento de la mente inconsciente y el uso científico de este descubrimiento por parte suya no coincidía en absoluto con la idea surrealista de una libertad total de expresión.
Las raíces del surrealismo se remontan muy lejos. A principios del siglo XX, cuando se escribía tanto sobre el inconsciente, la vanguardia literaria y pictórica se interesó por el pintor del siglo XV Hieronymus Bosch. Porque en sus pinturas El Bosco tradujo en símbolos los más profundos deseos y temores del hombre medieval. Algunos de estos símbolos eran tradicionales; otros procedían de la imaginación del artista. En la Edad Media estos sentimientos intensos estaban casi en la superficie y bastaba un simple paso para hacerlos visibles en pintura. El Bosco mostró en su época lo que Freud mostraría más tarde y de un modo más científico: que el símbolo puede constituir el vínculo entre la mente consciente e inconsciente.
El Satanás del panel de El Bosco, Los condenados en el infierno, no es un Satanás convencional; no tiene cuernos ni cola, ni una expresión diabólica. Está sentado en un taburete y se mete en el pico pecadores que luego pasan directamente a través suyo. La cabeza de Satanás es la cabeza de un pollito de un día de edad. Lo cual resulta muy extraño porque de entrada pensamos que un pollito es un rinoceronte. Este Satanás no siente placer alguno en devorar pecadores. Coge a otro y lo empuja hacia dentro como si realmente no lo quisiera, y al no desearlo realmente nunca quedará satisfecho con ello. Actúa con indiferencia, y de ahí el aspecto terrorífico que manifiesta.
El muchacho de Magritte, al igual que el Satanás de El Bosco, actúa también con indiferencia. Va bien vestido y, sin duda, no está hambriento. Lo que hace todavía más desagradable que se esté comiendo un pájaro recién muerto. Su rostro es inexpresivo y también él está destruyendo sin ningún motivo. También él ha perdido va toda esperanza. Este muchacho ha sido extraído del mismo fondo de común experiencia humana y de común terror humano que Satanás, el fondo que denominamos “inconsciente colectivo”.
Más de 400 años separan a El Bosco de Magritte y sin embargo ambos utilizan símbolos para expresar el mismo sentimiento de desesperanza.
Salvador Dalí, otro pintor con una gran precisión técnica. Decía tener exactamente las mismas tendencias que un psicópata: alucinaciones. Visiones y obsesiones, pero a diferencia de un psicópata que cree que sus propias fantasías son realidades. Él era totalmente consciente de la diferencia entre el mundo imaginario y el mundo real. Dalí, pintándolas, pone sus vívidas fantasías personales en contacto con el mundo y de este modo se hacen reales.
Los relojes blandos de Dalí, como tantas otras imágenes surrealistas, tienen su origen en un juego de palabras; en este caso se trata de la acción de sacar la lengua, la montre molle, que significa también “reloj blando”. Los relojes aparecen pintados como lenguas blandas. Dalí manifestó que eran también objetos masoquistas a los que aguardaba un destino terrible. Los relojes esperaban en la orilla sabiendo que los tiburones del tiempo mecánico se los tragarían. Del mismo modo que el lenguado se aplana dispuesto a que se lo trague el tiburón.
Posiblemente el mayor artista surrealista fue Max Ernst. Parecía surrealista por temperamento. Desde muy temprana edad tuvo una imaginación fértil: observaba con viveza la realidad y dejaba que su fantasía jugara con ella. Le parecía algo totalmente natural pintar sus fantasías y sus alucinaciones autoinducidas. Ernst solía pintar bosques, bosques muy densos y siniestros. El sol brilla sobre ellos, pero no penetra en su interior: a veces sus ciudades aparecen del mismo modo. Estas pinturas nos atemorizan de un modo sutil; cuanto más las exploramos, más se parecen a una pesadilla.
Ernst, al escribir sobre el bosque, dijo que era un lugar perfecto para la imaginación y un lugar donde una persona corría peligro de muerte. Esta era la mezcla de fascinación y terror que había sentido el joven Ernst al entrar por vez primera en un bosque. A simple vista los cuadros resultan muy atractivos como decoración. Pero poco a poco sus rasgos siniestros se ponen de manifiesto. Los bosques de Ernst están llenos de símbolos, como los del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, pero sus símbolos, al no ser tradicionales, son más difíciles de analizar. Son símbolos que proceden de su imaginación, y a nosotros nos corresponde identificarnos o no con ellos.
Otro pintor español que estuvo en contacto con el grupo surrealista de París y que firmó también su primer Manifiesto en 1924 es Joan Miró. En aquel momento su obra manifestó la preocupación onírica común a todo el grupo. Aunque pronto tendería hacia una mayor estilización y al uso de unos pocos colores (rojo, azul, amarillo y negro), característica fundamental de su producción posterior.
Rosemary Lambert.- El Siglo XX. Introducción a la hª del arte.
Ed. Gustavo Gili. Barcelona 1985. Págs. 48-52
La experiencia surrealista
El Dadá había sido un grito de anarquía y desesperación. Con él se rechaza violentamente la sociedad, una determinada sociedad, y con ella su cultura. Ha sido, sin duda, la manifestación artística más radical, la que ha sentido más ansias de destrucción. El surrealismo, aunque en algunos aspectos lo haya continuado, es otra cosa. El dadaísmo no parece tener más fe que la de no creer en nada, en NADA, para escribirlo con sus escandalosas mayúsculas. Buscan así despojar de tanta falsa creencia no sólo el arte, sino la vida. El surrealismo, tal como fue expresado por André Bretón, vino a ser una Iglesia, con su papa, con sus dogmas explicitados en sus manifiestos, con sus excomuniones, con sus cismas... Pero, a su manera, los surrealistas también negaban la so-ciedad en que vivían, su estrecho entendimiento de la razón, sus nume-rosas reglas. Por ello tratan de ir más allá de la realidad visible, al sub-conciente recién “descubierto” por Freud. “Todo hace creer - son pala-bras de Bretón en 1928 - que existe un cierto punto del espíritu en que la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, lo pasado y lo futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de ser percibidos contradictoriamente.” Alcanzar este punto es el objetivo del surrealismo.
A la búsqueda de antecedentes.- Es importante recordar que todo esto no es nuevo del todo. Muchos artistas y poetas, que serían oportuna-mente invocados por los surrealistas, habían adoptado posturas pare-cidas. El Bosco, Archimboldo, Goya, William Blake, Rimbaud, Sade, Odi-lon Redon y, precedente muy inmediato, De Chirico, se habían sumer-gido en esas zonas oscuras, tratando de desvelarlas. Y no es difícil des-cubrir otros textos y vestigios sobre descensos al infierno como éstos.
Ahora que la cultura occidental se poma en entredicho, que sus funda-mentos eran puestos en crisis por Marx y Freud, y que las contradic-ciones económicas amenazaban con echarla abajo, el artista volvía los ojos hacia ese rincón olvidado y trataba de rescatar unos medios de conocimiento que habían sido condenados y consideraba legítimos. Lógicamente, se miraba también a Oriente: se leía el Tao Te-king y a los maestros zen, y Bretón y los suyos escriben al Dalai Lama. La inspira-ción - dicen los surrealistas - está más allá de la razón, y hay que dejarla al descubierto. Pero para contrarrestar los excesos que se atacan, se lle-ga a suprimir el de todos modos necesario papel de la razón. La crea-ción artística -como atestiguarán los surrealistas con sus obrases mucho más compleja de lo que ellos creen. “La participación de motivos incons-cientes en el nacimiento de la obra artística es -como dice Arnold Hauser en Introducción a la historia del arte indudable, y la objeción fundamental contra su interpretación y valoración psicoanalítica - que es, añadimos nosotros, la que pretendidamente emplean los surrealistas de Bretón- se funda sólo en que este motivo es extraordinariamente pobre y monótono en comparación con la riqueza y la complejidad de la obra artística.”
Caracterización del movimiento.- Este desenfoque atribuible al surrealis-mo de Bretón ha condicionado en gran medida sus frutos pictóricos. Los surrealistas se encuentran con que la pintura figurativa tradicional está en quiebra, y sin embargo ellos necesitan de este vocabulario para expresarse Vuelven por ello atrás, y no vacilan en continuar la pintura de los pintores románticos franceses del pasado siglo. Esto no puede sorprendernos, porque los surrealistas no se sentían actuar en una línea de vanguardia. Otra cosa es que así se haya podido interpretar a veces por aparecer revueltos con otros ismos. Ellos, lo que pretendían era recuperar un hilo perdido Consideraban que la cultura occidental había yugulado el camino interior, disociándolo del externo—hecho que se había producido como consecuencia del predominio de la burguesía y de sus necesidades de eficacia -, y trataban de encontrarlo. No les interesaba en absoluto el lenguaje. Pero este desprecio por lo formal les acarrearía en general graves consecuencias. La pintura surrealista es con frecuencia demasiado literaria Aspira a pintar lo invisible, y el resultado es más “inventado” sirviéndose de elementos culturales supuestos” desde fuera, en frío, que surgido de dentro. Olvidan los surre alistas lo que dicen los textos “secretos” tibetanos sobre las visiones que asaltan al alma del muerto en su viaje por el Bardo: todas ellas son tan sólo fruto de su imaginación. Los surrealistas, en cambio, se las creen. Olvidan también que esas visiones son productos culturales, y que cada pueblo, cada cultura, ha interpretado de manera diferente sus visiones del “otro lado” de la realidad. Los surrealistas manejan esos elementos culturales, de su propia cultura o tomándolos prestados de otras, creyendo que se trata de visiones “reales”, o sobrerreales. Sin saberlo, son testimoniales de su época, al realizar ese gran bricolage que es la pintura surrealista.
Hay otros aspectos plásticos que nos interesa hacer notar. Así, su afirmación del dibujo, lo que suponía una reacción, en este- sentido, al Dadá. Se trataba de un dibujo marcado y preciso, que aspiraba a recortar y dar forma a los fantasmas del subconsciente. Con el dibujo estaba el orden. Son gente de orden, los surrealistas. Nada más hay que ver lo apretadas que son sus filas, el rigor de Bretón en mantener la ortodoxia. No olvidemos que se trata de una experiencia que, aunque tenga alcance internacional, se ajustaba al temperamento francés. Hay mucha medida en el surrealismo de Bretón y los suyos. Se salvar en este sentido los heterodoxos: sobre todo el extraordinario poeta Antonin Artaud (1896-1948). Pero, en general, el espíritu del surrealismo lo marcan las sesiones de apertura al inconsciente que realizan en grupo, en laboratorio. Tienen algo de juego. Un juego que puede ser peligroso, y que de hecho lleva al suicidio a algunos de sus miembros. Pero, como experiencia, es más estética y de salón que profundamente humana.
A pesar de todo, el surrealismo es importante. A pesar de la manera como se configuró, de la relativa y discutible calidad de buena parte de su obra pictórica—la altura de su poesía y su importancia renovadora es indiscutible—, el surrealismo merece mucha atención. Hemos pensado a veces que la historia del arte contemporáneo podría explicarse sin él, pero esto sólo es lícito, y hasta cierto punto, si lo enfocamos exclusiva-mente a través del desarrollo de su vanguardia. El surrealismo es un fenómeno aparte. Pero, de todos modos, en el surrealismo militaron artistas que, dentro o fuera de él, realizaron obras que en ocasiones cuentan mucho.
Pero retengamos algunos datos. Un antecedente próximo, como ya hemos dicho: Giorgio de Chirico (n. 1888). Entre 1913 y 1919 - un corto período, pues- pintó una extraordinaria serie de cuadros que caracterizan lo que se conoce por pintura metafísica. En la aventura del grupo formado con este nombre le acompañaron también Carlo Carra y Giorgio Morandi (1890-1964). Lo que presagia el surrealismo es el misterio de las desiertas e inquietantes plazas de De Chirico, sus interiores metafísicos: ese testimonio de la muerte de un mundo, con sus maniquíes inanimados como únicos habitantes, su arquitectura inspirada en el Renacimiento de Ferrara y Florencia, bajo una luz fría y dura, y una extraña mezcla de angustia y serenidad.
La palabra surrealista fue aplicada por primera vez por .Apollinaire, como subtítulo de su drama Les mamelles de Tirésias, estrenado en 1917. Después de su muerte, Bretón y Soupault la utilizaban para denominar sus experiencias de poesía automática. Hay unos primeros pasos, las ramificaciones del Dadá, la publicación por Bretón y Soupault de la revista Litérature, hasta el reagrupamiento que da como resultado el nacimiento del surrealismo. con el lanzamiento, en 1924, del primer Manifiesto surrealista. Se crea la revista La Révolution Surréaliste y una Oficina de Investigaciones Surrealistas; y en 192z se celebra la primera exposición, en la Galería Pierre, de París, con la participación de Arp, De Chirico, Max Ernst, Paul Klee, Man Ray, André Masson, Joan Miró, Pablo Picasso y Pierre Roy. El origen poético del movimiento y el papel decisivo que tienen en él los poetas, y sobre todo cierto carácter literario de buena parte de la pintura surrealista, ha suscitado comentarios como el de George A. Flanagan, según el cual “ha parecido que la función principal de los pintores surrealistas oficiales haya sido simplemente la de traducir a otro medio las ideas de los poetas”.
Después del arranque, en que predomina - naturalmente, sobre todo en poesía - el automatismo, se trata de poner un cierto orden. Observemos que, por lo pronto, el surrealismo, al contrario de la orientación que lleva la vanguardia, acepta la existencia del arte, y recobra la realidad figurada. Entre los pintores de los primeros momentos, el más represen-tativo, el que encarna con más altura el surrealismo, es el alemán Max Ernst (1891). De romántico espíritu, con fuerte carga expresionista, su pintura intenta ser vehículo de una inspiración irresistible que le llega de dentro. Su serie de la Historia natural (1926), sus Visiones y Ciudades, sus sorprendentes frottages, reflejan un mundo en ruinas, en que es difícil separar lo vivo de lo muerto, lo humano de lo inanimado. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se traslada a los Estados Unidos, donde su obra se trasmutará en gozo vital y con el tiempo irá manifestando la influencia de las nuevas tendencias abstractas.
Frente a estas formas recortadas de Ernst contrastan las de .André Masson (n. 1896), en que el color se abandona a un cierto ritmo abstrac to, más optimista que el de sus compañeros. Pero uno de los pintores surrealistas más dotados, si no el que más entre los ortodoxos, es Ives Tanguy (1900-1965). Son característicos en sus obras los anchos, infinitos horizontes—que tomarán otros surrealistas posteriores—, la misteriosa presencia de indeterminados objetos que fluctúan entre lo concreto y lo inconcreto, de una poesía penetrante. Simbólicas son las imágenes de René Magritte (1898-1967), pintadas con minuciosidad fotográfica y una imaginación que trata de expresarse con el lenguaje cotidiano, que altera en su composición.
Joan Miró (1893) es un artista inclasificable, y su adscripción al surrea-lismo no supuso adhesión alguna a sus postulados. Su colorismo tiene unas raíces fauves, claras en sus inicios barceloneses, en que prestaba nueva vibración a una movida geometría de filiación postcubista. Miró aportó la línea curva y una gran libertad formal, con la liberación del color, que influiría en muchos otros artistas. Su Carnaval del arlequín es un cuadro importante y en él vemos la huella de Kandinsky y de Arp. Miró es, en cierto modo, un “primitivo”. Rechaza los convencionalismos del arte aceptados desde el Renacimiento; traza signos y formas sencillos, coloreadas éstas con ingenua y poética vivacidad, con una elemental pureza; es el suyo un mundo íntimo, que no necesita del exterior y del que surgen formas simbólicas que llegan a una gran abstracción. Más adelante, su arte será más desenfadada-mente poético, y explotará en el lirismo de la serie de las Constelaciones (1940) y en el dramatismo de los años sesenta.
Hacia 1928 el surrealismo se halla en su momento culminante. Se produ cen las primeras crisis y escisiones, las purgas de Bretón entre sus filas. En 1930 aparece el 2° manifiesto surrealista. Poco después se harán patentes las consecuencias de los problemas económicos y sociales. La crisis del ‘29 alcanza al surrealismo, con la radicalización política de algunos de sus miembros (los poetas Paul Eluard y Louis Aragón se convertirán al marxismo).
Pero han ido apareciendo nuevos pintores surrealistas. El más importan te es otro español: Dalí (1904), quien dio muestras desde el principio de gran personalidad, así como de una insaciable ansia de reconocimiento. La constante explotación de elementos literarios, su gran inteligencia, su calidad de dibujante y la minuciosidad de su pintura, el incesante burlar-se de todos y de todo - también de él mismo - contribuyen a configurar una de las más interesantes y provocativas personalidades del surrea-lismo, al que aportó además lo que él llama método “paranoico-crítico”. Su pintura, al igual que las extraordinarias películas que realizó con Buñuel—Un perro andaluz y La edad de oro -, sus libros - como La vida secreta—, su misma acción personal, vienen a devolvernos, deformado, el retrato de nuestra sociedad, en su propia descomposición.
El surrealismo ha tenido, o sigue teniendo, otros nombres de diverso re-lieve, alto en el caso de Alberto Giacometti (1901), conocido sobre todo por su escultura, aunque sus pinturas y dibujos sean de la misma cali dad: figuras enjutas, de humanidad consumida y concentrada, sombras de sí mismas. América aportó dos personalidades bien definidas: el cuba no Wifredo Lam (1902), con su obra de ritmo bárbaro y frenético, síntesis de culturas de dos continentes, y Roberto Matta (1912), que crea gran-des espacios, llenos de pequeños objetos vivos, vibraciones, ondas y sutiles transparencias. El canario Oscar Domínguez (1906-1957) fue el inventor de la “decalcomanía”, por frotación de dos hojas de papel embadurnadas de gouache, con la que supo crear sorprendentes paisajes. Aparte muchos artistas que cruzaron, fugaz e incluso involuntariamente, por el ámbito surrealista como el propio Picasso, hemos de centrar la atención, para cerrar este breve panorama, en aquellos que crearon su obra más característica dentro del espíritu de este movimiento. Añadamos, pues, el nombre de Paul Delvaux (n. 1897), autor de desnudos femeninos en medio de paisajes en ruinas; los rumanos Victor Brauner (19031966), con sus esquemáticas figuras que parecen ocupadas en antiguos ritos, y Jacques Hérold (n. 1910), cuyas experimentaciones en el espacio y la materia pictórica acabaron en una suerte de explosión que atomizó las formas. De los artistas que trabajaron en París, aún cabe añadir algunos más: una imaginación desatada y atormentada como la de Hans Bellmer (1902-1975) y, por otro lado, la visión realista e inquietante de Balthasar K. Balthus (n. 1908). Otro español que hay que destacar, por su etapa surrealista de gran calidad, es Benjamín Palencia (1903), en el cruce de un barroquismo muy personal y una profunda raíz popular.
En Gran Bretaña hubo un interesante brote surreal, en pugna con el tradicionalismo del arte británico pero que a su vez podía, con perfecto derecho, invocar al alucinado William Blake (1757-1827) o al autor de Alicia en el País de las Maravillas: se trata, por ejemplo, de Paul Nash (18891946) y, sobre todo, de Graham Sutherland (n. 1903), autor de patéticas imágenes de una humanidad destrozada, que crea un ambiente en que más tarde surgirá la otra gran figura de Francis Bacon (n. 1909).
Las diferencias personales, y luego la Segunda Guerra Mundial, van dispersando a los surrealistas del grupo de Bretón Cuando se inicia ésta, se trasladan a los Estados Unidos, entre otros, Bretón, Dalí, Tanguy y Masson. En los Estados Unidos rebrota el grupo, sin llegar a crear escuela pero dando algún fruto tan extraordinario como la obra del armenio Vosdanig Adoiza, conocido por “Arshile Gorky” (1904
VV.AA.- La pintura del Siglo XX.-d. Salvat Col. GT nº 97. Barcelona págs. 103-112
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El surrealismo no es un estilo artístico unitario, sino que se acerca a una visión concreta y a una forma personal de entender la vida. Bretón va a ser la cabeza del movimiento, y en el primer manifiesto surrealista, de 1924 –escrito por él-, habla de sus propias metas espirituales y cómo acercarse a ellas a través de la realización artística. El surrealismo se apoya teóricamente en las ideas de Freud. Opone a la visión racional del mundo la del mundo interior, basado en la imaginación, en la fantasía, que viene dada a través de las pulsiones y del subconsciente (la parte de la mente no controlable). El artista debe expresarse partiendo de esta realidad inexplorada, «surreal». En la opinión de Bretón, hacer visible lo irracional, lo fantasioso sólo es alcanzable difiriendo de los métodos de creación que circulen alrededor del «yo», del sentimiento que tienen los artistas como creadores. Según la definición que Bretón da del surrea-lismo: «El surrealismo es un automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o por cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictando del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral». Bretón y los surrealistas no dudaban que el orden burgués y todas aquellas estructuras históricas habían fracasado. La idea de progreso, lo moderno y la fe en el mundo moderno había sucumbido y una terrible guerra, sin precedentes hasta entonces, había sido la aterradora muestra del estrepitoso fracaso. Ahora era el momento de desarrollar aquellas posibilidades no exploradas hasta entonces, las tocantes al subconsciente.
El automatismo psíquico en la pintura surrealista no se emplea al máximo, puesto que la teoría artística surrealista al estar hecha por literatos, se orienta más hacia la escritura. Los pintores surrealistas más destacados, y además los divulgadores del surrealismo futuro, se orientan en función a la obra y en las apreciaciones de Chirico, Kandinsky y Rousseau, por citar tan sólo a algunos de los precursores del movimiento.
Dalí, Tanguy, Magritte y Ernst plasman en sus cuadros motivos de universos irreales y oníricos que pintan de una forma realista. El surrealismo podía ofrecer dos variantes al nuevo prosélito. Una era el estilo meticuloso de Magritte o Dalí, con sus distorsiones. El surrealismo «figurativo» se apoya en la obra de Rousseau y en la Pintura metáfisica de Giorgio de Chirico. El otro era el estilo biomorfo de Miró Tanguy o Masson quienes sí que aplican el automatismo psíquico a sus creaciones. Este estilo se desarrolla cerca de la abstracción y se carac teriza por un automatismo gestual: es decir a través de la plasmación de unos impulsos internos que se desarrollan de forma momentánea y espontánea. A través del automatismo psíquico los artistas surrealistas son los precursores de las otras tendencias posteriores, como el informalismo o el expresionismo abstracto.
El automatismo psíquico es la forma de abrir el dique de la no concien-cia, el artista se convierte en el vehículo de fuerzas atávicas, de fuerzas que van más allá de la razón. En ocasiones esta percepción se consigue ingiriendo alucinógenos y drogas u otras sustancias que permitan la evasión de los estados de conciencia. De ahí que los estados cercanos a la locura o la proximidad hacia la demencia o a todos aquellos no atravesados por los estados de conciencia burgueses, sirvan de modelo ejemplar. Intentan buscar de forma consciente estados de ánimo cercanos a la esquizofrenia, a percepciones irreales. Se consideran descubridores de una nueva dimensión del ser, encontrando en el inconsciente una alternativa acorde a sus pretensiones: dinamitar el orden y las estructuras mentales burguesas.
Las obras surrealistas están cercanas al universo de los sueños, representan ese espacio de la incongruencia, de lo anodino. Los temas tabú salen al exterior de lo onírico. La fuerza del sexo, de la desesperación, del impulso innato es desarrollada por el surrealismo.
PRIMER MANIFIESTO DEL SURREALISMO (1924).
ANDRÉ BRETON
Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que al fin esta fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio, al sentirse de día más descontento de su sino, examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido a través de su indiferencia o de su interés, casi siempre a través de su interés, ya que ha consentido someterse al trabajo, o, por lo menos no se ha negado a aprovechar las oportunidades... ¡Lo que él llama oportunidades! Cuando llega a este momento, el hombre es profundamente modesto: sabe cómo son las mujeres que ha poseído, sabe cómo fueron las risibles aventuras que emprendió, la riqueza y la pobreza nada le importan, y en este aspecto el hombre vuelve a ser como un niño recién nacido; y en cuanto se refiere a la aprobación de su conciencia moral, reconozco que el hombre puede prescindir de ella sin grandes dificultades. Si le queda un poco de lucidez, no tiene más remedio que dirigir la vista hacia atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado. En la infancia, la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; el hombre hace suya esta ilusión; sólo le interesa la facilidad momentánea, extremada, que todas las cosas ofrecen. Todas las mañanas, los niños inician su camino sin inquietudes. Todo está al alcance de la mano, las peores circunstancias materiales parecen excelentes. Luzca el sol o esté negro el cielo, siempre seguiremos adelante, jamás dormiremos.
Pero no se llega muy lejos a lo largo de este camino; y no se trata solamente de una cuestión de distancia. Las amenazas se acumulan, se cede, se renuncia a una parte del terreno que se debía conquistar. Aquella imaginación que no reconocía límite alguno, ya no puede ejercerse sino dentro de los límites fijados por las leyes de un utilitarismo convencional; la imaginación no puede cumplir mucho tiempo esta función subordinada, y cuando alcanza aproximadamente la edad de veinte años prefiere, por lo general, abandonar al hombre a su destino de tinieblas.
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Pero si más tarde el hombre, fuese por lo que fuere, intenta enmendarse al sentir que poco a poco van desapareciendo todas las razones para vivir, al ver que se ha convertido en un ser incapaz de estar a la altura de una situación excepcional, cual la del amor, difícilmente logrará su propósito. Y ello es así por cuanto el hombre se ha entregado, en cuerpo y alma, al imperio de unas necesidades prácticas que no toleran el olvido. Todos los actos del hombre carecerán de altura; todas sus ideas, de profundidad. De todo cuanto le ocurra o cuanto pueda llegar, a ocurrirle, el hombre solamente verá aquel aspecto del acontecimiento que lo liga a una multitud de acontecimientos parecidos, acontecimientos en los que no ha tomado parte, acontecimientos que se ha perdido. Más aún, el hombre juzgará cuanto le ocurra o pueda ocurrirle poniéndolo en relación con uno de aquellos acontecimientos últimos, cuyas consecuen-cias sean más tranquilizadoras que las de los demás. Bajo ningún pretex to sabrá percibir su salvación. Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas.
Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano. Sin duda alguna, se basa en mi única aspiración legítima. Pese a tantas y tantas desgracias como hemos heredado, es preciso reconocer que se nos ha legado una libertad espiritual suma. A nosotros corresponde utilizarla sabiamente. Reducir la imaginación a la esclavitud, cuando a pesar de todo quedará esclavizada en virtud de aquello que con grosero criterio se denomina felicidad, es despojar a cuanto uno encuentra en lo más hondo de sí mismo del derecho a la suprema justicia. Tan sólo la imaginación me permite llegar a saber lo que puede llegar a ser, y esto basta para mitigar un poco su terrible condena; y esto basta, también, para que me abandone a ella, sin miedo al engaño (como si pudiéramos engañarnos todavía más). ¿En qué punto comienza la imaginación a ser perniciosa y en qué punto deja de existir la seguridad del espíritu? ¿Para el espíritu, acaso la posibilidad de errar no es sino una contingencia del bien?
Queda la locura, «la locura que solemos recluir», como muy bien se ha dicho. Esta locura o la otra (...) Todos sabemos que los locos son internados en méritos de un reducido número de actos jurídicamente reprobables, y que, en la ausencia de estos actos, su libertad (la parte visible de su libertad) no sería puesta en tela de juicio. Estoy plenamente dispuesto a reconocer que los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido que ésta les induce a quebrantar ciertas reglas, reglas cuya trasgresión define la calidad de loco, lo cual todo ser humano ha de procurar saber por su propio bien. Sin embargo, la profunda indiferencia de que los locos dan muestras con respecto a la crítica de que les hacemos objeto, por lo hablar ya de las diversas correcciones que les infligimos, permite suponer que su imaginación les proporciona grandes consuelos, que gozan de su delirio lo suficiente para soportar que tan sólo tenga validez para ellos. Y, en realidad, las alucinaciones, las visiones, etcétera, no son una fuente de placer despreciable. La sensualidad más culta goza con ella, y me consta que muchas noches acariciada con gusto aquella linda mano que, en las últimas páginas de Intelligence, de Taine, se entrega a tan curiosas fechorías. Me a la vida entera dedicado a provocar las confidencias de los locos. Son gente de escrupulosa honradez, cuya inocencia tan sólo se puede comparar a la mía. Para poder descubrir América, Colón tuvo que iniciar el viaje en compañía de locos. Y ahora podéis ver que aquella locura dio frutos reales y duraderos [...]
[ ... ] Todavía vivimos bajo el imperio de la lógica, y precisamente a eso quería llegar. Sin embargo, en nuestros días, los procedimientos lógicos tan sólo se aplican a la resolución de problemas de interés secundario. La parte de racionalismo absoluto que todavía sigue en boga solamente puede aplicarse a hechos estrechamente ligados a nuestra experiencia. Contrariamente, las finalidades de orden puramente lógico quedan fuera de su alcance. Huelga decir que la propia experiencia se ha visto sometida a ciertas limitaciones. La experiencia está confinada en una jaula, en cuyo interior da vueltas y vueltas sobre sí misma, y de la que cada vez es más difícil hacerla salir. La lógica también se basa en la utilidad inmediata, y queda protegida por el sentido común.
So pretexto de civilización, con la excusa del progreso, se ha llegado a desterrar del reino del espíritu cuanto pueda calificarse, con razón o sin ella, de superstición o quimera; se ha llegado a proscribir todos aquellos modos de investigación que no se conformen con los usos imperantes. Al parecer, tan sólo al azar se debe que recientemente se haya descubierto una parte del mundo intelectual, que, a mi juicio, es, con mucho, la más importante y que se pretendía relegar al olvido. A este respecto, debemos reconocer que los descubrimientos de Freud han sido de decisiva importancia. Con base en dichos descubrimientos, comienza al fin a perfilarse una corriente de opinión, a cuyo favor podrá el explotador avanzar y llevar sus investigaciones a más lejanos territorios, al quedar autorizado a dejar de limitarse únicamente a las realidades más someras. Quizá haya llegado el momento en que la imaginación esté próxima a volver a ejercer los derechos que le corresponden. Si las profundidades de nuestro espíritu ocultan extrañas fuerzas capaces de aumentar aquellas que se advierten en la superficie, o de luchar victoriosamente contra ellas, es del mayor interés captar estas fuerzas, captarlas ante todo para, a continuación, someterlas al dominio de nuestra razón, si es que resulta procedente. Con ello, incluso los propios analistas no obtendrán sino ventajas. Pero es conveniente observar que no se ha ideado a priori ningún método para llevar a cabo la anterior empresa, la cual, mientras no se demuestre lo contrario, puede ser competencia de los poetas al igual que de los sabios, y que el éxito no depende de los caminos más o menos caprichosos que se sigan.
Con toda justificación, Freud ha proyectado su labor crítica sobre los sueños, ya que, efectivamente, es inadmisible que esta importante parte de la actividad psíquica haya merecido, por el momento, tan escasa atención. Y ello es así por cuanto el pensamiento humano, por lo menos desde el instante del nacimiento del hombre hasta el de su muerte, no ofrece solución de continuidad alguna, y la suma total de los momentos de sueño, desde un punto de vista temporal, y considerando solamente el sueño puro, el sueño de los períodos en que el hombre duerme, no es inferior a la suma de los momentos de realidad, o, mejor dicho, de los momentos de vigilia. La extremada diferencia, en cuanto a importancia y gravedad, que para el observador ordinario existe entre los acontecimien tos en estado de vigilia y aquellos correspondientes al estado de sueño, siempre ha sido sorprendente. Así es debido a que el hombre se convierte, principalmente cuando deja de dormir, en juguete de su memoria que, en el estado normal, se complace en evocar muy débilmente las circunstancias del sueño, a privar a éste de toda trascendencia actual, y a situar el único punto de referencia del sueño en el instante en que el hombre cree haberlo abandonado, unas cuantas horas antes, en el instante de aquella esperanza o de aquella preocupación anterior. El hombre, al despertar, tiene la falsa idea de reemprender algo que vale la pena. Por esto, el sueño queda relegado al interior de un paréntesis, igual que la noche. Y, en general, el sueño, al igual que la noche, se considera irrelevante. Este singular estado de cosas me induce a algunas reflexiones, a mi juicio oportunas:
1. Dentro de los límites en que se produce (o se cree que se produce), el sueño es, según todas las apariencias, continuo y con trazas de tener una organización o estructura. Únicamente la memoria se irroga el dere-cho de imponerte lagunas, de no tener en cuenta las transiciones, y de ofrecernos antes una serie de sueños que el sueño propiamente dicho.
Del mismo modo, únicamente tenemos una representación fragmentaria de las realidades, representación cuya coordinación depende de la volun tad. Aquí, es importante señalar que nada puede justificar el proceder a una mayor dislocación de los elementos constitutivos. Lamento tener que expresarme mediante unas fórmulas que, en principio, excluyen el sueño. ¿Cuándo llegará, señores lógicos, la hora de lo filósofos durmien-tes? Quisiera dormir para entregarme a los durmientes del mismo modo que me entrego a quienes me leen, con los ojos abiertos, para dejar de hacer prevalecer, en esta materia, el ritmo consciente de mi pensa-miento. Acaso mi sueño de la última noche sea continuación del sueño de la precedente, y prosiga, la noche siguiente, con un rigor harto plausible. Es muy posible, como suele decirse. Y habida cuenta de que no se ha demostrado en modo alguno que al ocurrir lo antes dicho la «realidad» que me ocupa subsista en el estado sueño, que esté oscuramente presente en una zona ajena a la memo ¿por qué razón no he de otorgar al sueño aquello que a veces niego la realidad, este valor de certidumbre que, en el tiempo en que se produce, no queda sujeto a mi escepticismo? ¿Por qué no espero de los inicios del sueño más de lo que espero de mi grado de conciencia, de en día más elevado? ¿No cabe acaso emplear también el sueño p resolver los problemas fundamentales de la vida? ¿Estas cuestiones son las mismas tanto en un estado como en el otro, y, en el sueño, tiene ya el carácter de tales cuestiones? ¿Conlleva el sueño menos sanciones que cuanto no sea suelto? Envejezco, y quizá sea sueño, antes que esta realidad a la que creo ser fiel, y quizá sea la indiferencia con que contemplo el suelto lo que me hace envejecer.
2. Vuelvo, una vez más, al estado de vigilia. Estoy obligado a considerar-lo como un fenómeno de interferencia. Y no sólo ocurre que espíritu da muestras, en estas condiciones, de una extraña tendencia al desorden (me refiero a los lapsus y malas interpretaciones todo género, cuyas causas secretas comienzan a sernos conocidas) si que, lo que es todavía más, parece que el espíritu, en su funcionamiento normal, se limi ta a obedecer sugerencias procedentes de aquella noche profunda de la que yo acabo de extraerle. Por muy bien condicionado que esté, el equili brio del espíritu es siempre relativo. El espíritu apenas se atreve a expre-sarse y, caso de que lo haga, se limita a constatar que tal idea, tal mujer, le hace efecto. Es incapaz de expresar de clase de efecto se trata, lo cual únicamente sirve para darnos la medida de su subjetivismo. Aquella idea, aquella mujer, conturban al espíritu lo, inclinan a no ser tan rígido, producen el efecto de aislarle durante un segundo del disolvente en que se encuentra sumergido, de depositarle en el cielo, de convertirle en el bello precipitado que puede llegar a ser, en el bello precipitado que es. Carente de esperanzas de hallar las causas de lo anterior, el espíritu recurre al azar, divinidad más oscura que cualquier otra, a la que atribuye todos sus extravíos. ¿Y quién podrá demostrarme que la luz bajo la que se presenta esa idea que impresiona al espíritu, bajo la que advierte aquello que más ama en los ojos de aquella mujer, no sea precisamente el vínculo que le une al sueño, que le encadena a unos presupuestos básicos que, por su propia culpa, ha olvidado? ¿Y si no fuera así, de qué sería el espíritu capaz? Quisiera entregase la llave que le permitiera penetrar en estos pasadizos.
3. El espíritu del hombre que sueña queda plenamente satisfecho con lo que sueña. La angustiante incógnita de la posibilidad deja de formulares. Mata, vuela más deprisa, ama cuanto quieras. Y si mueres, ¿acaso no tienes la certeza de despertar entre los muertos? Déjate llevar, los acontecimientos no toleran que los difieras. Careces de nombre. Todo es de una facilidad preciosa.
Me pregunto qué razón, razón muy superior a la otra, confiere al sueño este aire de naturalidad, y me induce a acoger sin reservas una multitud de episodios cuya rareza me deja anonadado, ahora, en el momento en que escribo. Sin embargo, he de creer el testimonio de mi vista, de mis oídos; aquel día tan hermoso existió, y aquel animal habló.
La dureza del despertar del hombre, lo súbito de la ruptura del encanto, se debe a que se le ha inducido a formarse una débil idea de lo que es la expiación.
4. En el instante en que el sueño su objeto de un examen metió en que, por medios aún desconocidos, lleguemos a tener conciencia del sueño en toda su integridad (y esto implica una disciplina de la memoria que tan sólo se puede lograr en el curso de varias generaciones, en la que se comenzaría por registrar ante todo los hechos más destacados) o en que su curva se desarrolle con una regularidad y amplitud hasta el momento desconocidas, cabrá esperar que los misterios que en de serlo nos ofrezcan la visión de un gran Misterio. Creo en, la armonización de estos dos estados, aparentemente tan contrarios, que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, en una sobrerrealidad o surrealidad, si así se le puede llamar. Esta la conquista que pretendo, en la certeza de jamás conseguirla, pero demasiado olvidadizo de la perspectiva de la muerte para privarme de anticipar un poco los goces de tal posesión.
Se cuenta que todos los días, en el momento de disponerse a dormir, Saint-Pol-Roux hacía colocar en la puerta de su mansión de Camaret cartel en el que se leía: EL POETA TRABAJA
Habría mucho más que añadir sobre este tema, pero tan sólo me he pro-puesto tocarlo ligeramente y de pasada, ya que se trato de algo que re-quiere una exposición muy larga y mucho más rigurosa; más adelante volveré a ocuparme de él. En la presente ocasión, he escrito con el pro-pósito de hacer justicia a lo maravilloso, de situar en su justo contexto este odio hacia los maravilloso que ciertos hombres padecen, este ridícu lo que algunos pretenden atribuir a lo maravilloso. Digámoslo clara-mente: Lo maravilloso es siempre bello, todo lo maravilloso, sea lo que fuere, es bello, e incluso debemos decir que solamente lo maravilloso es bello.
( .. ) En homenaje a Guillermo Apollinaire, quien había muerto hacía poco, y quien en muchos casos nos parecía haber obedecido al impulso del género antes dicho, sin abandonar por ello ciertos mediocres recursos literarios, Soupault y yo dimos el nombre de SURREALISMO el nuevo modo de expresión que teníamos a nuestro alcance y que deseábamos comunicar lo antes posible, para su propio beneficio, a todos nuestros amigos. Creo que en nuestros días no es preciso someter a nuevo examen esta denominación, y que la acepción en que la empleamos ha, prevalecido, por lo general, sobre la acepción de Apollinaire. Con mayor justicia todavía, hubiéramos podido apropiarnos del término SUPER-NATURALISMO, empleado por Gérard de Nerval en la dedicatoria de Muchachas de fuego. Efectivamente, parece que Nerval conoció a maravilla del espíritu de nuestra doctrina, en tanto que Apollinaire conocía, tan sólo la letra, todavía imperfecta, del surrealismo, y fue incapaz de dar de él una explicación teórica duradera. He aquí unas frases de Nerval que me parecen muy significativas a este respecto:
Voy a explicarle, mi querido Dumas, el fenómeno del que usted ha hablado con mayor altura Como muy bien sabe, hay ciertos narradores que no pueden inventar sin identificarse con los personajes por ellos creados. Sabe muy bien con cuánta convicción nuestro viejo amigo Nodier contaba cómo había padecido la desdicha de ser guillotinado durante la Revolución; uno quedaba tan convencido que incluso se preguntaba cómo se las había arreglado Nodier para volver a pegarse la cabeza al cuerpo.
Y como sea que tuvo usted la imprudencia de citar uno de esos sonetos compuestos en aquel estado de ensueño SUPERNATURALISTA, cual dirían los alemanes es preciso que los conozca todos. Los encontrará al final del volumen. No son mucho más oscuros que la metafísica de Hegel o los «Memorables» de Swedenborg, y perderían su encanto si fuesen explicados, caso de que ello fuera posible, por lo que le ruego me conceda al menos el mérito de la expresión [ ... ]
Indica muy mala fe discutirnos el derecho a emplear la palabra SURREALISMO, en el sentido particular que nosotros le damos, ya que nadie puede dudar que esta palabra no tuvo fortuna, antes de que nosotros nos sirviéramos de ella. Voy a definirla, de una vez para siempre:
SURREALISMO: sustantivo, masculino. puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.
ENCICLOPEDIA, Filosofía: el surrealismo, se basa en la creencia en la realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo, y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos, y sustituirlos en la resolución de los principales problemas de la vida. Han hecho profesión de fe de SURREALISMO ABSOLUTO, los siguientes señores: Aragon, Baron, Boiffard, Bretón, Carrive, Crevel, Delteil, Desnos, Éluard, Gérard, Litnbour, Malkine, Morise, Naville, Noll, Péret, Picon, Soupault, Vítrac.
Por el momento parece que los antes nombrados forman la lista completa de los surrealistas, y pocas dudas caben al respecto, salvo en el caso de Isidore Ducasse, de quien carezco de datos. Cierto es que únicamente nos fijamos en los resultados, buen número de poetas podrían pasar por surrealistas, comenzando por el Dante, y, también, en sus mejores momentos, por el propio Shakespeare En el curso de las diferentes tentativas de definición, por mí efectuadas, de aquello que se denomina, con abuso de confianza, el genio, nada he encontrado que pueda atribuirse a un proceso que no sea el anteriormente definido.
.Las Noches de Yung son surrealistas de cabo a rabo; desgraciada-mente no se trata más que de un sacerdote que habla, de un mal sacerdote, sin duda, pero sacerdote al fin.
Swift es surrealista en la maldad.
Sade es surrealista en el sadismo.
Chateaubriand es surrealista en el exotismo.
Constant es surrealista en política.
Hugo es surrealista cuando no es tonto.
Desbordes-Valmore es surrealista en el amor.
Bertrand es surrealista en el pasado.
Rabbe es surrealista en la muerte.
Poe es surrealista en la aventura.
Baudelaire es surrealista en la moral.
Rimbaud es surrealista en la vida práctica y en todo.
Mallarmé es surrealista en la confidencia.
Jarry es surrealista en la absenta.
Nouveau es surrealista en el beso.
Saint-Pol-Roux es surrealista en los símbolos.
Extracto del Primer manifiesto del Surrealismo,
por André Bretón, 1924
El movimiento surrealista nace en Francia finalizada la primera guerra mundial.
Surge en el ámbito literario pero pronto lo abarca todo, pensamiento, artes plásticas, cine y teatro.
El término fue inventado por Apollinaire en 1917 y se popularizó en la revista Littérature, fundada en 1919 por André Bretón, L. Aragon y Ph. Soupault.
En esta revista publicaban sus planteamientos vanguardistas Bretón, Paul Eluard, Francis Picabia y Man Ray, entre otros muchos autores.
En 1924 se produce el primer manifiesto surrealista de Bretón que da cuerpo al movimiento. Su ideal era sobrepasar la realidad y llegar a una renovación de todos los valores culturales, morales y científicos por medio del automatismo psíquico.
La producción surrealista se caracterizó por la exaltación de los procesos oníricos, el humor corrosivo y el erotismo, concebido todo ello como armas de lucha contra la tradición, la moral y la cultura burguesa.
La primera exposición surrealista se celebró en París en 1925, y en ella además de Arp, De Chirico y Ernst, también colgaron sus obras Picasso, Tanguy, Miró y Klee, que más tarde se separarían del movimiento o mantendrían cierta vinculación con algunos de sus principios.
Algunos años después se unieron al movimiento artistas como Dalí y Buñuel, entre otros.
Los planteamientos del movimiento surrealista contra la tradición y vida burguesa tenían una raíz política y un sector del surrealismo empezó a considerar insuficientes las manifestaciones culturales y se afilió al Partido Comunista Francés. Surgieron así las primeras discrepancias en el seno del movimiento a propósito de la relación entre arte y política.
Se sucedieron manifiestos contradictorios y el movimiento comenzó a disgregarse.
A pesar de su deterioro, en 1938 se celebra en París la Exposición Surrealista Internacional, debido a que el movimiento se había extendido por muchos países.
Poco después, la segunda guerra mundial paraliza la actividad en Europa y dispersa a los artistas surrealistas, muchos de los cuales (entre ellos Bretón) se exilian en Nueva York. Allí surge una asociación de pintores surrealistas alemanes y franceses en torno a la revista VVV.
Finalizada la contienda mundial, en 1946, el surrealismo como movimiento unitario ya prácticamente había desaparecido.
En el campo de las artes plásticas, los pintores surrealistas se manifiestan de dos maneras diferentes, los surrealistas figurativos, interesados por la vía onírica (Magritte, Delvaux y Dalí, entre otros) y que se sirven del realismo y de las técnicas y recursos pictóricos tradicionales; y los surrealistas abstractos, que practican el automatismo psíquico puro (Masson, Miró) e inventan universos grafico-plásticos propios.
- Figuración con temática subjetiva de carácter onírico basada en las técnicas del inconsciente de Freud (el carácter figurativo desaparece en el llamado "surrealismo abstracto").
- Interpretación de la realidad desde el sueño, el inconsciente, la magia y la irracionalidad.
- Conjunción de imágenes dispares (reales o irreales), tanto en el tiempo como en el espacio.
- Los objetos y formas son despejados de su significación tradicional (principio de la "desorientación"), el observador queda desorientado, sin saber a qué atenerse.
- Creación de imágenes equívocas de manera que una misma cosa puede ser interpretada de varias maneras (principio de la discordancia"), por ejemplo, una nube puede parecer la cabeza de un animal o bien otra cosa.
- Da importancia a lo paradójico, lo absurdo, la caducidad, la destrucción y lo misterioso.
- Además de lo onírico, representación de toda clase de simbologías, especialmente eróticas y sexuales.
- Toca todos los estilos: clásico, barroco, ingenuismo, futurismo, etc.
- Utilización espectacular de la perspectiva cónica exagerando la sensación de profundidad (creación de grandes espacios y lejanías).
- Creación en el cuadro de juegos perceptivos e ilusionísticos.
- Ejecución pictórica minuciosa con gran cuidado del dibujo y la figura (Dalí).
- Utilización del claroscuro y del color modelado.
- Invención de nuevos métodos y étnicas: pintura automática, frottage y grattage.
+INFLUENCIAS
En pintura, el surrealismo se encuentra influido por el movimiento Dadá y por la obra de De Chirico.
ARTISTAS
Yves Tanguy (1900-1955), Rene Magritte (1898-1967), Max Ernst (1891-1976), Paul Delvaux (1897-1994), Marc Chagall (1887-1985).
En España destacan:
Oscar Domínguez (1906-1987) y Salvador Dalí (1904-1989).
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Cronología del Surrealismo
1916 Nacimiento del movimiento dadá, en Zurich.
André Bretón encuentra a Jacques Vaché en una clínica mental de Nantes.
Primeros dibujos automáticos en Arp.
Apollinaire: El poeta asesinado.
1917
Encuentro de Bretón, Louis Aragon y Philippe Soupault en París.
Éxito de los "ready-made" de Duchamp en New York.
Apollinaire habla por primera vez de surrealismo.
Picabia publica en Barcelona la revista 391.
1918
Exposición de Miró en Barcelona.
Apollinaire publica Caligramas.
Muerte de Apollinaire.
Tzara: Manifiesto Dadá 1918
Jacques Vaché: Cartas de Guerra.
1919
Muerte de Jacques Vaché.
Aragon, Bretón y Soupault fundan la revista Littérature, en la que se publican las poesías de Ducasse y los primeros experimentos de escritura automática.
Eluard se une al grupo Littérature.
Bretón y Soupault: Los campos magnéticos.
Bretón: Mont-de-pieté.
Primeros collages de Ernst.
1920
Llegada de Tzara a París. Primeros espectáculos dadá.
Péret se une al grupo Littérature.
Aragon: Feu de joie.
Eluard: Les Animaux et leurs hommes.
Desaparición de Arthur Cravan.
1921
"Proceso Barrés", organizado por dadá.
Primeras tensiones en el seno del movimiento.
Bretón visita a Freud.
Duchamp y Man Ray: New York Dada.
Aragon: Aniceto o el panorama.
Péret: Le Passanger du transatlantique.
Primera exposición de Collages de Max Ernst en París.
"Rayogramas" de Man Ray.
Muerte de O. Panizza.
1922
Segunda serie de Littérature.
Incorporación de Jacques Baron, René Crevel, Roger Vitrac y Robert Desnos.
Período de sueños hipnóticos.
Ruptura entre Bretón y Tzara después del fracasado intento para reunir un "Congreso Internacional para determinación de las directrices y la defensa del espíritu moderno".
Crevel toma partido por Tzara.
Aragon: Les aventures de Télémaque.
Picabia y Bretón en el Ateneo de Barcelona
1923
Última velada de dadá en París.
Pelea entre dadaístas y surrealistas.
Agresión de Bretón a Tzara, detención de Bretón.
Masson: primer dibujo automático.
Breton: Clair de terre.
Éluard: Mourir de ne pas mourir.
Péret: Au 125 du boulevard Saint-Germain.
1924
Nuevos ingresos en el grupo: Antonin Artaud, Max Ernst, Max Morise, Pierre Naville, Raymond Queneau, Maxime Alexandre, André Masson, Joan Miró, Michel Leiris, Georges Limbour.
Apertura de la Oficina de Investigaciones Surrealistas, calle Grenelle
Un cadáver, panfleto de Anatole France, después de su muerte.
Bretón: Manifiesto de surrealismo
Primer número de La Revolución surréaliste.
Aragon: Un vague de réve, Le Libertinage.
Baron: L' Allure poetique.
Bretón: Los pasos perdidos
Desnos: Deuil pour deuil.
Vitrac: Les Mysteres de l'amour.
René Clair y Picabia: Enteacto.
1925
Déclaration du 27 janvier 1925.
Adhesión del grupo de la calle Chateau: Jacques y Pierre Prévent, Marcel Duhamel, Yves Tanguy.
Reingreso de Crevel en el grupo
Alejamiento de Soupoult.
Escándalo provocado por los surrealistas en el banquete de Saint-Pol-Roux.
Encuesta: "¿Es el suicidio una solución"
Acercamiento con el grupo Clarté, próximo al partido comunista.
Max Ernst: Frottages.
Primera exposición colectiva de pinturas surrealistas.
Empiezan los cadáveres exquisitos.
Aragon pronuncia una conferencia en La Residencia de Estudiantes de Madrid.
Dalí: Primera exposición individual en Barcelona.
1926
Polémica Bretón-Naville.
Encuentro Bretón-Najda.
Ruptura con Soupoult.
Se forma el grupo surrealista belga (Goemans, Magritte, Mesens, Nougé y Scutenaire).
Inauguración de la Galerie Surréaliste con la exposición de Man Ray.
1927
Exposición de pintura realizada por locos en la galería Vavin Rasapil en París.
1928
Alejamiento de Desnos. Acercamiento de Picasso.
Encuesta sobre el sexo.
1929
Reunión en el Bar del Castillo: condena del grupo Le Grand Jeu.
Ruptura con Baron, Desnos, Leiris, Limbour, Prévert y Queneau.
Adhesión de René Char, Salvador Dalí, Georges Hugnet, Georges Sadoul, André Thirion.
Acercamiento con Tzara y Magritte.
Suicidio de Rigaut.
1930
Primer número de Le surréalisme au service de la révolucion.
Aragon y Sadoul asisten al congreso de Jartov (Unión Soviética).
Escándalo provocado por la proyección de La Edad de Oro, de Buñuel y Dalí en París.
Encuesta sobre el amor.
1931
Los surrealistas adhieren a la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios (A.E.A.R.).
Octavillas contra la exposición colonial.
Creación de los "objetos surrealistas del funcionamiento simbólico".
1932
"Affaire Aragon" después de la publicación de "Front Rouge", Aragon es inculpado por la justicia militar, petición en su favor, desaprobación de Aragon y ruptura con los surrealistas.
Ruptura con Alexandre, Sadoul, Unik.
Adhesión de Cailliois, Maurice Henry, Gilbert Lely, Jules Monnerot.
Primeras exposiciones surrealistas en los Estados Unidos.
1933
Bretón es expulsado del partido comunista y de la A.S.D.L.R., primer número de Minotaure.
Ingreso en el grupo de Brauner.
1934
Panfleto: Apel a la lutte, después de los sucesos del 6 de febrero.
Los surrealistas se adhieren al comité de vigilancia de los intelecutales.
Alejamiento de Char.
Llegada de Jacques Hérold, Gisele Prassinos y Oscar Domínguez.
Adhesión del grupo checo Davetsil.
1935
Se prohibe a Bretón que hable en el Congreso de los escritores para la defensa de la cultura.
Suicidio de Crevel.
Ruptura definitiva con el partido comunista.
Péret y Bretón en Canarias con el grupo surrealista Tenerife.
Exposición Internacional de Surrealismo en Tenerife y Copenhague.
1936
Acercamientos con Georges Bataille: Publicación de los cuadernos Contre Attaque.
Primer Exposición en París de Objetos Surrealistas, incluye objetos naturales y matemáticos.
Exposición Internacional de Surrealismo en Londres.
1937
Toma de postura contra los procesos en Moscú.
Péret en las filas del ejército republicano español.
Bretón inaugura la galería Gradiva.
Internación de Artaud.
Expsición Internacional de Surrealismo en Tokio.
Llegada de Bellmer, Leonora Carrington y Matta.
1938
Exposiciones Internacionales de Surrealismo en París y Amsterdan.
Reencuentro Bretón-Trotsky en México.
Publicación en Londres del London Bulletin.
Manifiesto Bretón-Trotsky: "Por un arte revolucionario independiente" y fundación de F.I.A.R.I.
Ruptura con Eluard.
Adhesión de Lam.
1939
Expulsión de Dalí.
Alejamiento de Hugnet.
Bretón, Eluard y Péret movilizados.
Muerte de Freud.
1940
Péret encarcelado se escapa.
Reagrupamiento de los surrealistas en Marsella.
Adhesión de Lam.
El surrealismo
Se considera a André Bretón como el creador del movimiento surrealista. Para los surrealistas la obra nace del automatismo puro, con exclusión de todo control ejercido por la razón, al margen de cualquier preocupación moral o estética. El surrealismo no crea una estética uniforme y se debate entre la abstracción y el hiperrealismo formal.
Joan Miró
Joan Miró es uno de los surrealistas con más personalidad, y más genial. Tiene en la niñez su fuente de inspiración, pero volver a pintar como un niño es todo un ejercicio consciente de recuperación de los valores infantiles y de liberación de las convenciones sociales.
Joan Miró nació en 1893 en Barcelona, aunque pasó su infancia en Montroig, Tarragona. A los catorce años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Organiza su primera exposición en 1918. Sus cuadros recuerdan al fovismo: El tejar, Paisaje con asno, La masía, La rodera, La iglesia y el pueblo.
En 1919 se traslada a París. Sus cuadros son cada vez más espontáneamente sencillos en sus trazos. Conoce las teorías de Freud y se «afilia» a sus concepciones. La masía, y La masovera. En 1924 pinta Tierra labrada y El carnaval de Arlequín, lo que supone una ruptura definitiva con la realidad visible. 1930 expone en Nueva York.
Sus cuadros se llenan de color, líneas y trazos. Busca las relaciones entre los objetos que pinta en el cuadro, en sus composiciones, en una búsqueda del cuadro como objeto artístico que le acerca a la abstracción. En sus cuadros predomina las líneas y las manchas de colores puros y semipuros: rojos, azules, amarillos, verdes, negros y blancos. Los fondos son planos y amplios. Su obra está llena de poesía.
En 1950 realiza una pintura mural para la Universidad de Harvard. En 1958 realiza para la UNESCO el mural Noche y día. También trabaja en los murales del aeropuerto de Barcelona.
En 1956 se instala en Mallorca y comienza a dedicarse a la cerámica y la litografía. Su obra de cerámica y escultórica es ingente. Presenta las mismas formas y colores que su pintura.
De su obra cabe destacar: Maternidad, Perro que ladra a la luna, Interior holandés II, Mujer y pájaro, Personajes de noche, El bello pájaro descifra lo desconocido a una pareja de enamorados, y la serie de Constelaciones.
Salvador Dalí
Salvador Dalí nació en Figueras en 1904. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y vivió en la Residencia de Estudiantes.
En 1928 viaja a París y se convertirá en el miembro más escandaloso del grupo de los surrealistas. Dalí crea el método crítico-paranoico con el fin de potenciar la imaginación y despertar las facultades alucinatorias del espíritu. En 1933 triunfa y gana dinero en Estados Unidos vendiendo cuadros y provocando escándalos.
Dalí define muy pronto su estilo pictórico. En 1925 pinta La joven de espaldas, Cesta de pan y La joven en la ventana. Su estilo es rabiosamente figurativo. Dalí es un gran dibujante y posee una extraordinaria habilidad para llevar al lienzo las formas más extrañas. Es un extravagante que tiene al mismo tiempo obras geniales y obras menores. En 1929 pinta La primavera y El gran mastrubador.
En 1931 pinta La persistencia de la memoria, uno de sus cuadros más conocidos y típicos, con sus fondos planos, la línea del horizonte baja, creando un espacio semidesértico que evoca un mundo onírico. Otro rasgo característico son las formas blandas, que sólo se sostienen gracias a bastones, formas sin esqueleto. Sus cuadros son limpios y ordenados, y un tanto manieristas en su tratamiento. Son cuadros luminosos y divertidos.
A su regreso a España aborda el tema religioso por primera vez. Pinta La Madona de Port Lligat, Cristo de san Juan de la Cruz, La última cena, El sueño de Cristóbal Colón, con lo que aborda el tema histórico, del Imperio español
André Bretón
Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio, al sentirse de día en día más descontento de su sino, examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido al través de su indiferencia o de su interés, casi siempre al través de su interés, ya que ha consentido someterse al trabajo o, por lo menos no se ha negado a aprovechar las oportunidades... ¡Lo que él llama oportunidades! Cuando llega a este momento, el hombre es profundamente modesto: sabe cómo son las mujeres que ha poseído, sabe cómo fueron las risibles aventuras que emprendió, la riqueza y la pobreza nada le importan, y en este aspecto el hombre vuelve a ser como un niño recién nacido; y en cuanto se refiere a la aprobación de su conciencia moral, reconozco que el hombre puede prescindir de ella sin grandes dificultades. Si le queda un poco de lucidez, no tiene más remedio que dirigir la vista hacia atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado. En la infancia la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; el hombre hace suya esta ilusión; sólo le interesa la facilidad momentánea, extremada, que todas las cosas ofrecen. Todas las mañanas los niños inician su camino sin inquietudes. Todo está al alcance de la mano, las peores circunstancias materiales parecen excelentes. Luzca el sol o esté negro el cielo, siempre seguiremos adelante, jamás dormiremos.
Pero no se llega muy lejos a lo largo de este camino; y no se trata solamente de una cuestión de distancia. Las amenazas se acumulan, se cede, se renuncia a una parte del terreno que se debía conquistar. Aquella imaginación que no reconocía límite alguno ya no puede ejercerse sino dentro de los límites fijados por las leyes de un utilitarismo convencional; la imaginación no puede cumplir mucho tiempo esta función subordinada, y cuando alcanza aproximadamente la edad de veinte años prefiere, por lo general, abandonar al hombre a su destino de tinieblas.
Pero si más tarde el hombre, fuese por lo que fuere, intenta enmendarse al sentir que poco a poco van desapareciendo todas las razones para vivir, al ver que se ha convertido en un ser incapaz de estar a la altura de una situación excepcional, cual la del amor, difícilmente logrará su propósito. Y ello es así por cuanto el hombre se ha entregado, en cuerpo y alma al imperio de unas necesidades prácticas que no toleran el olvido. Todos los actos del hombre carecerán de altura, todas sus ideas, de profundidad. De todo cuanto le ocurra o cuanto pueda llegar a ocurrirle, el hombre solamente verá aquel aspecto del conocimiento que lo liga a una multitud de acontecimientos parecidos, acontecimientos en los que no ha tomado parte, acontecimientos que se ha perdido. Más aún, el hombre juzgará cuanto le ocurra o pueda ocurrirle poniéndolo en relación con uno de aquellos acontecimientos últimos, cuyas consecuencias sean más tranquilizadoras que las de los demás. Bajo ningún pretexto sabrá percibir su salvación.
Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas.
Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano. Sin duda alguna, se basa en mi única aspiración legítima. Pese a tantas y tantas desgracias como hemos heredado, es preciso reconocer que se nos ha legado una libertad espiritual suma. A nosotros corresponde utilizarla sabiamente. Reducir la imaginación a la esclavitud, cuando a pesar de todo quedará esclavizada en virtud de aquello que con grosero criterio se denomina felicidad, es despojar a cuanto uno encuentra en lo más hondo de sí mismo del derecho a la suprema justicia. Tan sólo la imaginación me permite llegar a saber lo que puede llegar a ser, y esto basta para mitigar un poco su terrible condena; y esto basta también para que me abandone a ella, sin miedo al engaño (como si pudiéramos engañarnos todavía más). ¿En qué punto comienza la imaginación a ser perniciosa y en qué punto deja de existir la seguridad del espíritu? ¿Para el espíritu, acaso la posibilidad de errar no es sino una contingencia del bien? Queda la locura, la locura que solemos recluir, como muy bien se ha dicho. Esta locura o la otra... Todos sabemos que los locos son internados en méritos de un reducido número de actos reprobables, y que, en la ausencia de estos actos, su libertad (y la parte visible de su libertad) no sería puesta en tela de juicio. Estoy plenamente dispuesto a reconocer que los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido que ésta le induce quebrantar ciertas reglas, reglas cuya trasgresión define la calidad de loco, lo cual todo ser humano ha de procurar saber por su propio bien. Sin embargo, la profunda indiferencia de los locos dan muestra con respecto a la crítica de que les hacemos objeto, por no hablar ya de las diversas correcciones que les infligimos, permite suponer que su imaginación les proporciona grandes consuelos, que gozan de su delirio lo suficiente para soportar que tan sólo tenga validez para ellos. Y, en realidad, las alucinaciones, las visiones, etcétera, no son una fuente de placer despreciable. La sensualidad más culta goza con ella, y me consta que muchas noches acariciaría con gusto aquella linda mano que, en las últimas páginas de L'Intelligence, de Taine, se entrega a tan curiosas fechorías. Me pasaría la vida entera dedicado a provocar las confidencias de los locos. Son como la gente de escrupulosa honradez, cuya inocencia tan sólo se pude comparar a la mía. Para poder descubrir América, Colón tuvo que iniciar el viaje en compañía de locos. Y ahora podéis ver que aquella locura dio frutos reales y duraderos.
No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación.
Después de haber instruido proceso a la actitud materialista, es imperativo instruir proceso a la actitud realista. Aquélla, más poética que ésta, desde luego, presupone en el hombre un orgullo monstruoso, pero no comporta una nueva y más completa frustración. Es conveniente ver ante todo en dicha escuela bienhechora reacción contra ciertas risibles tendencias del espiritualismo. Y, por fin, la actitud materialista no es incompatible con cierta elevación intelectual.
Contrariamente, la actitud realista, inspirada en el positivismo, desde Santo Tomás a Anatole France, me parece hostil a todo género de elevación intelectual y moral. Le tengo horror por considerarla resultado de la mediocridad, del odio, y de vacíos sentimientos de suficiencia. Esta actitud es la que ha engendrado en nuestros días esos libros ridículos y esas obras teatrales insultantes. Se alimenta incesantemente de las noticias periodísticas, y traiciona a la ciencia y al arte, al buscar halagar al público en sus gustos más rastreros; su claridad roza la estulticia, y está a altura perruna. Esta actitud llega a perjudicar la actividad de las mejores inteligencias, ya que la ley del mínimo esfuerzo termina por imponerse a éstas, al igual que a las demás. Una consecuencia agradable de dicho estado de cosas estriba, en el terreno de la literatura, en la abundancia de novelas. Todos ponen a contribución sus pequeñas dotes de "observación". A fin de proceder a aislar los elementos esenciales, M. Paul Valéry propuso recientemente la formación de una antología en la que se reuniera el mayor número posible de novelas primerizas cuya insensatez esperaba alcanzase altas cimas. En esta antología también figurarían obras de los autores más famosos. Esta es una idea que honra a Paul Valéry, quien no hace mucho me aseguraba, en ocasión de hablarme del género novelístico que siempre se negaría a escribir la siguiente frase: la marquesa salió a las cinco. Pero, ¿ha cumplido la palabra dada?
Si reconocemos que el estilo pura y simplemente informativo, del que la frase antes citada constituye un ejemplo, es casi exclusivo patrimonio de la novela, será preciso reconocer también que sus autores no son excesivamente ambiciosos. El carácter circunstanciado, inútilmente particularista de cada una de sus observaciones me induce a sospechar que tan sólo pretenden divertirse a mis expensas. No me permiten tener siquiera la menor duda acerca de los personajes: ¿será este personaje rubio o moreno? ¿Cómo se llamará? ¿Le conoceremos en verano...? Todas estas interrogantes quedan resueltas de una vez para siempre, a la buena de Dios; no me queda más libertad que la de cerrar el libro, de lo cual no suelo privarme tan pronto llego a la primera página de la obra, más o menos. ¡Y las descripciones! En cuanto a vaciedad, nada hay que se les pueda comparar; no son más que superposiciones de imágenes de catálogo, de las que el autor se sirve sin limitación alguna, y aprovecha la ocasión para poner bajo mi vista sus tarjetas postales, buscando que juntamente con él fije mi atención en los lugares comunes que me ofrece:
La pequeña estancia a la que hicieron pasar al joven tenía las paredes cubiertas de papel amarillo; en las ventanas había geranios y estaban cubiertas con cortinillas de muselina, el sol poniente lo iluminaba todo con su luz cruda. En la habitación no había nada digno de ser desta-cado. Los muebles de madera blanca eran muy viejos. Un diván de alto respaldo inclinado, ante el diván una mesa de tablero ovalado, un lavabo y un espejo adosados a un entrepaño, unas cuantas sillas arrimadas a las paredes, dos o tres grabados sin valor que representaban a unas señoritas alemanas con pájaros en las manos... A eso se reducía el mobiliario.(1)
No estoy dispuesto a admitir que la inteligencia se ocupe, siquiera de paso, de semejantes temas. Habrá quien diga que esta parvularia descripción está en el lugar que le corresponde, y que en este punto de la obra el autor tenía sus razones para atormentarme. Pero no por eso dejó de perder el tiempo, porque yo en ningún momento he penetrado en tal estancia. La pereza, la fatiga de los demás no me atraen. Creo que la continuidad de la vida ofrece altibajos demasiado contrastados para que mis minutos de depresión y de debilidad tengan el mismo valor que mis mejores minutos. Quiero que la gente se calle tan pronto deje de sentir. Y quede bien claro que no ataco la falta de originalidad por la falta de originalidad. Me he limitado a decir que no dejo constancia de los momentos nulos de mi vida, y que me parece indigno que haya hombres que expresen los momentos que a su juicio son nulos. Permitidme que me salte la descripción arriba reproducida, así como muchas otras.
Y ahora llegamos a la psicología, tema sobre el que no tendré el menor empacho en bromear un poco.
El autor coge un personaje, y, tras haberlo descrito, hace peregrinar a su héroe a lo largo y ancho del mundo. Pase lo que pase, dicho héroe, cuyas acciones y reacciones han sido admirablemente previstas, no debe comportarse de un modo que discrepe, pese a revestir apariencias de discrepancia, de los cálculos de que ha sido objeto. Aunque el oleaje de la vida cause la impresión de elevar al personaje, de revolcarlo, de hundirlo, el personaje siempre será aquel tipo humano previamente formado. Se trata de una simple partida de ajedrez que no despierta mi interés, porque el hombre, sea quien sea, me resulta un adversario de escaso valor. Lo que no puedo soportar son esas lamentables disquisiciones referentes a tal o mal jugada, cuando ello no comporta ganar ni perder. Y si el viaje no merece las alforjas, si la razón objetiva deja en el más terrible abandono -y esto es lo que ocurre- a quien la llama en su ayuda, ¿no será mejor prescindir de tales disquisiciones? "La diversidad es tan amplia que en ella caben todos los tonos de voz, todos los modos de andar, de toser, de sonarse, de estornudar..."(2)
Si un racimo de uvas no contiene dos granos semejantes, ¿a santo de qué describir un grano en representación de otro, un grano en representación de todos, un grano que, en virtud de mi arte, resulte comestible? La insoportable manía de equiparar lo desconocido a lo conocido, a lo clasificable, domina los cerebros. El deseo de análisis impera sobre los sentimientos(3).
De ahí nacen largas exposiciones cuya fuerza persuasiva radica tan sólo en su propio absurdo, y que tan sólo logran imponerse al lector, mediante el recurso a un vocabulario abstracto, bastante vago, ciertamente. Si con ello resultara que las ideas generales que la filosofía se ha ocupado de estudiar, hasta el presente momento, penetrasen definitivamente en un ámbito más amplio, yo sería el primero en alegrarme. Pero no es así, y todo queda reducido a un simple discreteo; por el momento, los rasgos de ingenio y otras galanas habilidades, en vez de dedicarse a juegos inocuos consigo mismas, ocultan a nuestra visión, en la mayoría de los casos, el verdadero pensamiento que, a su vez, se busca a sí mismo. Creo que todo acto lleva en sí su propia justificación, por lo menos en cuanto respecta a quien ha sido capaz de ejecutarlo; creo que todo acto está dotado de un poder de irradiación de luz al que cualquier glosa, por ligera que sea, siempre debilitará. El solo hecho de que un acto sea glosado determina que, en cierto modo, este acto deje de producirse. El adorno del comentario ningún beneficio produce al acto. Los personajes de Stendhal quedan aplastados por las apreciaciones del autor, apreciaciones más o menos acertadas pero que en nada contribuyen a la mayor gloria de los personajes, a quienes verdaderamente descubrimos en el instante en que escapan del poder de Stendhal.
Todavía vivimos bajo el imperio de la lógica, y precisamente a eso quería llegar. Sin embargo, en nuestros días, los procedimientos lógicos tan sólo se aplican a la resolución de problemas de interés secundario. La parte de racionalismo absoluto que todavía solamente puede aplicarse a hechos estrecha-mente ligados a nuestra experiencia. Contrariamente, las finalidades de orden puramente lógico quedan fuera de su alcance. Huelga decir que la propia experiencia se ha visto sometida a ciertas limitaciones. La experiencia está confinada en una jaula, en cuyo interior da vueltas y vueltas sobre sí misma, y de la que cada vez es más difícil hacerla salir. La lógica también, se basa en la utilidad inmediata, y queda protegida por el sentido común. So pretexto de civilización, con la excusa del progreso, se ha llegado a desterrar del reino del espíritu cuanto pueda clasificarse, con razón o sin ella, de superstición o quimera; se ha llegado a proscribir todos aquellos modos de investigación que no se conformen con los imperantes. Al parecer, tan sólo al azar se debe que recientemente se haya descubierto una parte del mundo intelectual, que, a mi juicio, es, con mucho, la más importante y que se pretendía relegar al olvido. A este respecto, debemos reconocer que los descubrimientos de Freud han sido de decisiva importancia. Con base en dichos descubrimientos, comienza al fin a perfilarse una corriente de opinión, a cuyo favor podrá el explorador avanzar y llevar sus investigaciones a más lejanos territorios, al quedar autorizado a dejar de limitarse únicamente a las realidades más someras. Quizá haya llegado el momento en que la imaginación esté próxima a volver a ejercer los derechos que le corresponden. Si las profundidades de nuestro espíritu ocultan extrañas fuerzas capaces de aumentar aquellas que se advierten en la superficie, o de luchar victoriosamente contra ellas, es del mayor interés captar estas fuerzas, captarlas ante todo para, a continuación, someterlas al dominio de nuestra razón, si es que resulta procedente. Con ello, incluso los propios analistas no obtendrán sino ventajas. Pero es conveniente observar que no se ha ideado a priori ningún método para llevar a cabo la anterior empresa, la cual, mientras no se demuestre lo contrario, puede ser competencia de los poetas al igual que de los sabios, y que el éxito no depende de los caminos más o menos caprichosos que se sigan.
Con toda justificación, Freud ha proyectado su labor crítica sobre los sueños, ya que, efectivamente, es inadmisible que esta importante parte de la actividad psíquica haya merecido, por el momento, tan escasa atención. Y ello es así por cuanto el pensamiento humano, por lo menos desde el instante del nacimiento del hombre hasta el de su muerte, no ofrece solución de continuidad alguna, y la suma total de los momentos de sueño, desde un punto de vista temporal, y considerando solamente el sueño puro, el sueño de los períodos en que el hombre duerme, no es inferior a la suma de los momentos de realidad, o, mejor dicho, de los momentos de vigilia. La extremada diferencia, en cuanto a importancia y gravedad, que para el observador ordinario existe entre los acontecimientos en estado de vigilia y aquellos correspondientes al estado de sueño, siempre ha sido sorprendente. Así es debido a que el hombre se convierte, principalmente cuando deja de dormir, en juguete de su memoria que, en el estado normal, se complace en evocar muy débilmente las circunstancias del sueño, a privar a éste de toda trascendencia actual, y a situar el único punto de referencia del sueño en el instante en que el hombre cree haberlo abandonado, unas cuantas horas antes, en el instante de aquella esperanza o de aquella preocupación anterior. El hombre, al despertar, tiene la falsa idea de emprender algo que vale la pena. Por esto, el sueño queda relegado al interior de un paréntesis, igual que la noche. Y, en general, el sueño, al igual que la noche, se considera irrelevante. Este singular estado de cosas me induce a algunas reflexiones, a mi juicio, oportunas:
1. Dentro de los límites en que se produce (o se cree que se produce), el sueño es, según todas las apariencias, continuo con trazas de tener una organización o estructura. Únicamente la memoria se irroga el derecho de imponerlas, de no tener en cuenta las transiciones y de ofrecernos antes una serie de sueños que el sueño propiamente dicho. Del mismo modo, únicamente tenemos una representación fragmentaria de las realidades, representación cuya coordinación depende de la voluntad (4). Aquí es importante señalar que nada puede justificar el proceder a una mayor dislocación de los elementos constitutivos del sueño. Lamento tener que expresarme mediante unas fórmulas que, en principio, excluyen el sueño. ¿Cuándo llegará, señores lógicos, la hora de los filósofos durmientes? Quisiera dormir para entregarme a los durmientes, del mismo modo que me entrego a quienes me leen, con los ojos abiertos, para dejar de hacer prevalecer, en esta materia, el ritmo consciente de mi pensamiento. Acaso mi sueño de la última noche sea continuación del sueño de la precedente, y prosiga, la noche siguiente, con un rigor harto plausible. Es muy posible, como suele decirse. Y habida cuenta de que no se ha demostrado en modo alguno que al ocurrir lo antes dicho la "realidad" que me ocupa subsista en el estado de sueño, que esté oscuramente presente en una zona ajena a la memoria, ¿por qué razón no he de otorgar al sueño aquello que a veces niego a la realidad, este valor de certidumbre que, en el tiempo en que se produce, no queda sujeto a mi escepticismo? ¿Por qué no espero de los indicios del sueño más lo que espero de mi grado de conciencia, de día en día más elevado? ¿No cabe acaso emplear también el sueño para resolver los problemas fundamentales de la vida? ¿Estas cuestiones son las mismas tanto en un estado como en el otro, y, en el sueño, tienen ya el carácter de tales cuestiones? ¿Conlleva el sueño menos sanciones que cuanto no sea sueño? Envejezco, y quizá sea sueño, antes que esta realidad a la que creo ser fiel, y quizá sea la indiferencia con que contemplo el sueño lo que me hace envejecer.
2. Vuelvo, una vez más, al estado de vigilia. Estoy obligado a considerarlo como un fenómeno de interferencia. Y no sólo ocurre que el espíritu da muestras, en estas condiciones, de una extraña tendencia a la desorientación (me refiero a los lapsus y malas interpretaciones de todo género, cuyas causas secretas comienzan a sernos conocidas) sino que, lo que es todavía más, parece que el espíritu, en su funcionamiento normal, se limite a obedecer sugerencias procedentes de aquella noche profunda de la que yo acabo de extraerle. Por muy bien condicionado que esté, el equilibrio del espíritu es siempre relativo. El espíritu apenas se atreve a expresarse y, caso de que lo haga, se limita a constatar que tal idea, tal mujer, le hace efecto. Es incapaz de expresar de qué clase de efecto se trata, lo cual únicamente sirve para darnos la medida de su subjetivismo. Aquella idea, aquella mujer, conturban al espíritu, le inclinan a no ser tan rígido, producen el efecto de aislarle durante un segundo del disolvente en que se encuentra sumergido, de depositarle en el cielo, de convertirle en el bello precipitado que puede llegar a ser, en el bello precipitado que es. Carente de esperanzas de hallar las causas de lo anterior, el espíritu recurre al azar, divinidad más oscura que cualquiera otra, a la que atribuye todos sus extravíos. ¿Y quién podrá demostrarme que la luz bajo la que se presenta esa idea que impresiona al espíritu, bajo la que advierte aquello que más ama en los ojos de aquella mujer, no sea precisamente el vínculo que le une al sueño, que le encadena a unos presupuestos básicos que, por su propia culpa, ha olvidado? ¿Y si no fuera así, de qué sería el espíritu capaz? Quisiera entregarle la llave que le permitiera penetrar en estos pasadizos.
3. El espíritu del hombre que sueña queda plenamente satisfecho con lo que sueña. La angustiante incógnita de la posibilidad deja de formularse. Mata, vuela más de prisa, ama cuanto quieras. Y si mueres, ¿acaso no tienes la certeza de despertar entre los muertos? Déjate llevar, los acontecimientos no toleran que los difieras. Careces de nombre. Todo es de una facilidad preciosa.
Me pregunto qué razón, razón muy superior a la otra, confiere al sueño este aire de naturalidad, y me induce a acoger sin reservas una multitud de episodios cuya rareza me deja anonadado, ahora, en el momento en que escribo. Sin embargo, he de creer el testimonio de mi vista, de mis oídos; aquel día tan hermoso existió, y aquel animal habló. La dureza del despertar del hombre, lo súbito de la ruptura del encanto, se debe a que se le ha inducido ha formarse una débil idea de lo que es la expiación.
4. En el instante en que el sueño sea objeto de un examen metódico o en que, por medios aún desconocidos, lleguemos a tener conciencia del sueño en toda su integridad (y esto implica una disciplina de la memoria que tan sólo se puede lograr en el curso de varias generaciones, en la que se comenzaría por registrar ante todo los hechos más destacados) o en que su curva se desarrolle con una regularidad y amplitud hasta el momento desconocidas, cabrá esperar que los misterios que dejen de serlo nos ofrezcan la visión de un gran Misterio. Creo en la futura armonización de estos dos estados, aparentemente tan contradictorios, que son el sueño e la realidad, en una especie de realidad absoluta, en una sobrerrealidad o surrealidad, si así se puede llamar. Esto es la conquista que pretendo, en la certeza de jamás conseguirla, pero demasiado olvidadizo de la perspectiva de la muerte para privarme de anticipar un poco los goces de tal posesión.
Se cuenta que todos los días, en el momento de disponerse a dormir, Saint-Pol-Roux hacía colocar en la puerta de su mansión de Camaret un cartel en el que se leía: EL POETA TRABAJA.
Habría mucho más que añadir sobre este tema, pero tan sólo me he propuesto tocarlo ligeramente y de pasada, ya que se trata de algo que requiere una exposición muy larga y mucho más rigurosa; más adelante volveré a ocuparme de él. En la presente ocasión, he escrito con el propósito de hacer justicia a lo maravilloso, de situar en su justo contexto este odio hacia lo maravilloso que ciertos hombres padecen, este redí-culo que algunos pretenden atribuir a lo maravilloso. Digámoslo clara-mente: lo maravilloso es siempre bello, todo lo maravilloso, sea lo que fuere, es bello, e incluso debemos decir que solamente lo maravilloso es bello.
En el ámbito de la literatura únicamente lo maravilloso puede dar vida a las obras pertenecientes a géneros inferiores, tal como el novelístico, y, en general, todos los que se sirven de la anécdota. El monje, de Lewis, constituye una admirable demostración de lo anterior. El soplo de lo maravilloso penetra la obra entera. Mucho antes de que el autor haya liberado a sus personajes de toda servidumbre temporal, se nota que están prestos a actuar con su orgullo carente de precedentes. Aquella pasión de eternidad que les eleva incesantemente da acentos inolvidables a su tortura y a la mía. A mi entender, este libro exalta ante todo, desde el principio al fin, y de la manera más pura que jamás se haya dado, cuanto en el espíritu aspira a elevarse del suelo; y esta obra, una vez una vez despojada de su fabulación novelesca, de moda en la época en que fue escrita, constituye un ejemplo de justeza y de inocente grandeza (5). A mi juicio pocas son las obras que la superan, y el personaje de Mathilde, en especial, es la creación más conmovedora que cabe anotar en las partidas del activo de aquella moda de figuración en literatura. Mathilde no es tanto un personaje cuanto una constante tentación. Y si un personaje no es una tentación, ¿qué otra cosa puede ser? Extremada tentación la de Mathilde. El principio "nada es imposible para quien quiere arriesgarse" tiene en El monje su máxima fuerza de convicción. Las apariciones ejercen en esta obra una función lógica, por cuanto el espíritu crítico no se preocupa de desmentirlas. Del mismo modo, el castigo de Ambrosio queda tratado de manera plenamente legítima, ya que a fin de cuentas es aceptado por el espíritu crítico como un desenlace natural.
Quizá parezca injustificado que haya empleado el anterior ejemplo, al referirme a lo maravilloso, cuando las literaturas nórdicas y las orientales se han servido de él constantemente, por no hablar ya de las literaturas propiamente religiosas de todos los países. Sin embargo, si así lo he hecho, ello se debe a que los ejemplos que estas literaturas hubieran podido proporcionarme están plagados de puerilidades, ya que se dirigen a niños. En un principio, éstos no pueden percibir lo maravilloso, y, después, no conservan la suficiente virginidad espiritual para que Piel de Asno les produzca demasiado placer. Por encantadores que sean los cuentos de hadas, el hombre se sentiría frustrado si tuviera que alimentarse sólo con ellos, y, por otra parte, reconozco que no todos los cuentos de hadas son adecuados para los adultos. La trama de adorables inverosimilitudes exige una mayor finura espiritual que la propia de muchos adultos, y uno ha de ser capaz de esperar todavía mayores locuras... Pero la sensibilidad jamás cambia radicalmente. El miedo, la atracción sentida hacia lo insólito, el azar, el amor al lujo, son recursos que nunca se utilizarán estérilmente. Hay muchos cuentos que escribir con destino a los mayores, cuentos que todavía son casi azules.
Lo maravilloso no siempre es igual en todas las épocas; lo maravilloso participa oscuramente de cierta clase de revelación general de la que tan sólo percibimos los detalles: éstos son las ruinas románticas, el maniquí moderno, o cualquier otro símbolo susceptible de conmover la sensibilidad humana durante cierto tiempo. Sin embargo, en estos cuadros que nos hacen sonreír se refleja siempre la irremediable inquietud humana, y por esto he fijado mi atención en ellos, ya que los estimo inseparablemente unidos a ciertas producciones geniales que están más dolorosamente influenciadas por aquella inquietud que muchas otras obras. Y al decirlo, pienso en los patíbulos de Villon, en los griegos de Racine, en los divanes de Baudelaire. Coinciden con un eclipse del buen gusto que soportar muy bien, por cuanto considero que el buen gusto es una formidable lacra. En el ambiente de mal gusto propio de mi época, me esfuerzo en llegar lejos que cualquier otro. Si hubiese vivido en 1820 yo hubiera hablado de la "ensangrentada monja", y no hubiera ahorrado aquel astuto y trivial "disimulemos" de que habla el Cuisin enamorado de la parodia, y yo hubiese utilizado las gigantescas metáforas en todas las fases, tal como Cuisin dice, del curso del "disco, plateado". En los presentes días pienso en un castillo, la mitad del cual no ha de encontrarse forzosamente en ruinas; este castillo es mío, y le veo situado en un lugar agreste, no muy lejos de París. Las dependencias de este castillo son infinitas, y su interior ha sido terriblemente restaurado, de modo que no deja nada que desear en cuanto se refiere a comodidades. Ante la puerta que las sombras de los árboles ocultan, hay automóviles que esperan. Algunos de mis amigos viven en él: ahí va Louis Aragón, que abandona el castillo y apenas tiene tiempo para deciros adiós; Philippe Soupault se levanta con las estrellas, y Paul Eluard, nuestro gran Eluard, todavía no ha regresado. Ahí están Robert Desnos y Roger Vitrac, que descifran en el parque un viejo edicto sobre los duelos; y Georges Auric y Jean Paulhan; Max Morise, quien tan bien rema, y Benjamin Péret, con sus ecuaciones de pájaros; y Joseph Delteil; y Jean Carrive; y Georges Limbour, y Georges Limbour (hay un bosque de Georges Limbour); y Marcel Noll; he ahí a T. Fraenkel, quien nos saludó desde un globo cautivo, Georges Malkine, Antonin Artaud, Francis Gérard, Pierre Naville, J.-A. Boiffard, después Jacques Baron y su hermano, apuestos y cordiales, y tantos otros, y mujeres de arrebatadora belleza, de verdad. A esa gente joven nada se le puede negar, y, en cuanto concierne a la riqueza, sus deseos son órdenes. Francis Picabia nos visita, y, la semana pasada, hemos dado una recepción a un tal Marcel Duchamp, a quien todavía no conocíamos. Picasso caza por los alrededores. El espíritu de la desmoralización ha fijado su domicilio en el castillo, y a él recurrimos todas las veces que tenemos que entrar en relación con nuestros semejantes, pero las puertas están siempre abiertas, y no comenzamos nuestras relaciones dando las gracias al prójimo, ¿saben ustedes? Por lo demás, grande es la soledad, y no nos reunimos con frecuencia, porque, ¿acaso lo esencial no es que seamos dueños de nosotros mismos, y, también, señores de las mujeres y del amor?
Se me acusará de incurrir en mentiras poéticas; todos dirán que vivo en la calle Fontaine, y que jamás gozarán de tanta belleza. ¡Maldita sea! ¿Es absolutamente seguro que este castillo del que acabo de hacer los honores se reduce simplemente a una imagen? Pero, si a pesar de todo tal castillo existiera... Ahí están más invitados para dar fe; su capricho es el camino luminoso que a él conduce. En verdad, vivimos en nuestra fantasía, cuando estamos en ella. ¿Y cómo es posible que cada cual pueda molestar al otro, allí, protegidos dos por el afán sentimental, al encuentro de las ocasiones?
El hombre propone y dispone. Tan sólo de él depende poseerse por entero, es decir, mantener en estado de anarquía la cuadrilla de sus deseos, de día en día más temible. Y esto se lo enseña la poesía. La lleva en sí la perfecta compensación de las miserias que padecemos. Y también puede actuar como ordenadora, por poco que uno se preocupe, bajo los efectos de una decepción menos íntima, de tomársela a lo trágico. ¡Se acercan los tiempos en que la poesía decretará la muerte del dinero, y ella sola romperá en pan del cielo para la tierra! Habrá aún asambleas en las plazas públicas, y movimientos en los que uno habría pensado en tomar parte. ¡Adiós absurdas selecciones, sueños de vorágine, rivalidades, largas esperas, fuga de las estaciones, artificial orden de las ideas, pendiente del peligro, tiempo omnipresente! Preocupémonos tan sólo de practicar la poesía. ¿Acaso no somos nosotros, los que ya vivimos de la poesía, quienes debemos hacer pre-valecer aquello que consideramos nuestra más vasta argumentación?
Poco importa que se dé cierta desproporción entre la anterior defensa y la ilustración que viene a continuación. Antes, hemos intentado remontarnos a las fuentes de la imaginación poética, y, lo que es más difícil todavía, quedarnos en ellas. Y conste que no pretendo haberlo logrado. Es preciso aceptar una gran responsabilidad, si uno pretende establecerse en aquellas lejanas regiones en las que, desde un principio, todo parece desarrollarse de tan mala manera, y más todavía si uno pretende llevar al prójimo a ellas. De todos modos, el caso es que uno nunca está seguro de hallarse verdaderamente en ellas. Uno siempre está tan propicio a aburrirse como a irse a otro lugar y quedarse en él. Siempre hay una flecha que indica la dirección en que hay que avanzar para llegar a estos países, y alcanzar la verdadera meta no depende más que del buen ánimo del viajero.
Ya sabemos, poco más o menos, el camino seguido. Tiempo atrás me tomé el trabajo de contar, en el curso de un estudio sobre el caso de Robert Desnos, titulado "Entrada de los médiums" (6), que me había sentido inducido a "fijar mi atención en frases más o menos parciales que, en plena soledad, cuando el sueño se acerca, devienen perceptibles al espíritu, sin que sea posible descubrir su previo factor determinante". Entonces, intenté correr la aventura de la poesía, reduciendo los riesgos al mínimo, con lo cual quiero decir que mis aspiraciones eran las mismas que tengo hoy, pero entonces confiaba en la lentitud de la elaboración, a fin de hurtarme a inútiles contactos, a contactos a los que yo era muy hostil. Esto se debía a cierto pudor intelectual, del que todavía me queda un poco. Al término de mi vida, difícil será, sin duda, que hable como se suele hablar, que excuse el tono de mi voz y el reducido número de mis gestos. La perfección en la palabra hablada (y en la palabra escrita mucho más) me parecía estar en función de la capacidad de condensar de manera emocionante la exposición (y exposición había) de un corto número de hechos, poéticos o no, que constituían la materia en que centraba mi atención. Había llegado a la convicción de que éste, y no otro, era el procedimiento empleado por Rimbaud. Con una preocupación por la variedad, digna de mejor causa, compuse los últimos poemas de Monte de Piedad, con lo que quiero decir que de las líneas en blanco de este libro llegué a sacar un partido increíble.
Estas líneas equivalían a mantener los ojos cerrados ante unas opera-ciones del pensamiento que me consideraba obligado a ocultar al lector. Eso no significaba que yo hiciera trampa, sino solamente que obraba impulsado por el deseo de superar obstáculos bruscamente. Conseguía hacerme la ilusión de gozar de una posible complicidad, de la que de día en día me era más difícil prescindir. Me entregué a prestar una inmo-derada atención a las palabras, en cuanto se refería al espacio que admitían a su alrededor, a sus tangenciales contactos con otras palabras prohibidas que no escribía. El poema "Bosque negro", deriva precisa-mente de este estado de espíritu. Emplee seis meses en escribirlo, y les aseguro que no descansé ni un día. Pero de este poema dependía la propia estimación en que me tenía, en aquel entonces, y creo que todos comprenderéis mi actitud, aun cuando no la consideréis suficientemente motivada. Me gusta hacer estas confesiones estúpidas. En aquellos tiempos, se intentaba implantar la seudo poesía cubista, pero había nacido inerme del cerebro de Picasso, y en cuanto a mí hace referencia debo decir que era considerado como un ser más pesado que una lápida (y todavía se me considera así). Por otra parte, no estaba seguro de seguir el buen camino, en lo referente a poesía, pero procuraba protegerme como mejor podía, enfrentándome con el lirismo, contra el que esgrimía todo género de definiciones y fórmulas (no tardarían mucho en producirse los fenómenos Dada), y pretendiendo hallar una aplicación de la poesía a la publicidad (aseguraba que todo terminaría, no con la culminación de un hermoso libro, sino con la de una bella frase de reclamo en pro del infierno o del cielo).
En esta época, un hombre que, por lo menos era tan pesado como yo, es decir, Pierre Reverdy, escribió:
La imagen es una creación pura del espíritu.
La imagen no puede nacer de una comparación, sino del acercamiento de dos realidades más o menos lejanas.
Cuanto más lejanas y justas sean las concomitancias de las dos realidades objeto de aproximación, más fuerte será la imagen, más fuerza emotiva y más realidad poética tendrá... (7)
Estas palabras, un tanto sibilinas para los profanos, tenían gran fuerza reveladora, y yo las medité durante mucho tiempo. Pero la imagen se me escapaba. La estética de Reverdy, estética totalmente a posteriori me inducía a confundir las causas con los efectos. En el curso de mis meditaciones, renuncié definitivamente a mi anterior punto de vista.
El caso es que una noche, antes de caer dormido, percibí, netamente articulada hasta el punto de que resultaba imposible cambiar ni una sola palabra, pero ajena al sonido de la voz, de cualquier voz, una frase harto rara que llegaba hasta mí sin llevar en sí el menor rastro de aquellos acontecimientos de que, según las revelaciones de la conciencia, en aquel entonces me ocupaba, y la frase me pareció muy insistente, era una frase que casi me atrevería a decir estaba pegada al cristal. Grabé rápidamente la frase en mi conciencia y, cuando me disponía a pasar a, otro asunto, el carácter orgánico de la frase retuvo mi atención. Verdaderamente, la frase me había dejado atónito; desgraciadamente no la he conservado en la memoria, era algo así como "Hay un hombre a quien la ventana ha partido por la mitad", pero no había manera de interpretarla erróneamente, ya que iba acompañada de una débil representación visual (8) de un hombre que caminaba, partido, por la mitad del cuerpo aproximadamente, por una ventana perpendicular al eje de aquél. Sin duda se trataba de la consecuencia del simple acto de enderezar en el espacio la imagen de un hombre asomado a la ventana. Pero debido a que la ventana había acompañado al desplazamiento del hombre, comprendí que me hallaba ante una imagen de un tipo muy raro, y tuve rápidamente la idea de incorporarla al acervo de mi material de construcciones poéticas. No hubiera concedido tal importancia a esta frase si no hubiera dado lugar a una sucesión casi ininterrumpida de frases que me dejaron poco menos sorprendido que la primera, y que me produjeron un sentimiento de gratitud (gratuidad) tan grande que el dominio que, hasta aquel instante, había conseguido sobre mí mismo me pareció ilusorio, y comencé a preocuparme únicamente de poner fin a la interminable lucha que se desarrollaba en mi interior (9).
En aquel entonces, todavía estaba muy interesado en Freud, y conocía sus métodos de examen que había tenido ocasión de practicar con enfermos durante la guerra, por lo que decidí obtener de mí mismo lo que se procura obtener de aquéllos, es decir, un monólogo lo más rápido posible, sobre el que el espíritu crítico del paciente no formule juicio alguno, que, en consecuencia, quede libre de toda reticencia, y que sea, en lo posible, equivalente a pensar en voz alta. Me pareció entonces, y sigue pareciéndome ahora -la manera en que me llegó la frase del hombre cortado en dos lo demuestra-, que la velocidad del pensamiento no es superior a la de la palabra, y que no siempre gana a la de la palabra, ni siquiera a la de la pluma en movimiento. Basándonos en esta premisa, Philippe Soupault, a quien había comunicado las primeras conclusiones a que había llegado, y yo nos dedicamos a emborronar papel, con loable desprecio hacia los resultados literarios que de tal actividad pudieran surgir. La facilidad en la realización material de la tarea hizo todo lo demás. Al término del primer día de trabajo, pudimos leernos recíprocamente unas cincuenta páginas escritas del modo antes dicho, y comenzamos a comparar los resultados. En conjunto, lo escrito por Soupault y por mí tenía grandes analogías, se advertían los mismos vicios de construcción y errores de la misma naturaleza, pero, por otra parte, también había en aquellas páginas la ilusión de una fecundidad extraordinaria, mucha emoción, un considerable conjunto de imágenes de una calidad que no hubiésemos sido capaces de conseguir, ni siquiera una sola, escribiendo lentamente, unos rasgos de pintores-quismo especialísimo y, aquí y allá, alguna frase de gran comicidad. Las únicas diferencias que se advertían en nuestros textos me parecieron derivar esencialmente de nuestros respectivos temperamentos, el de Soupault: menos estático que el mío, y, si se me permite una ligera crítica, también derivaban de que Soupault cometió el error de colocar en lo alto de algunas páginas, sin duda con ánimo de inducir a error, ciertas palabras, a modo de título. Por otra parte, y a fin de hacer plena justicia a Soupault, debo decir que se negó siempre, con todas sus fuerzas, a efectuar la menor modificación, la menor corrección, en los párrafos que me parecieron mal pergeñados. Y en este punto llevaba razón (10). Ello es así por cuanto resulta muy difícil apreciar en su justo valor los diversos elementos presentes, e incluso podemos decir que es imposible apreciarlos en la primera lectura. En apariencia, estos elementos son, para el sujeto que escribe, tan extraños como para cualquier otra persona, y el que los escribe recela de ellos, como es natural. Poéticamente hablando, tales elementos destacan ante todo por su alto grado de absurdo inmediato, y este absurdo, una vez examinado con mayor detención, tiene la característica de conducir a cuanto hay de admisible y legítimo en nuestro mundo, a la divulgación de cierto número de propiedades y de hechos que, en resumen, no son menos objetivos que otros muchos.
En homenaje a Guillermo Apollinaire, quien había muerto hacía poco, y quien en muchos casos nos parecía haber obedecido a impulsos del género antes dicho, sin abandonar por ello ciertos mediocres recursos literarios, Soupault y yo dimos el nombre de SURREALISMO al nuevo modo de expresión que teníamos a nuestro alcance y que deseábamos comunicar lo antes posible, para su propio beneficio, a todos nuestros amigos. Creo que en nuestros días no es preciso someter a nuevo examen esta denominación, y que la acepción en que la empleamos ha prevalecido, por lo general, sobre la acepción de Apollinaire. Con mayor justicia todavía, hubiéramos podido apropiarnos del término SUPERNATURALISMO, empleado por Gérard de Nerval en la dedica-toria de Muchachas de fuego (11). Efectivamente, parece que Nerval conoció a maravilla el espíritu de nuestra doctrina, en tanto que Apolli-naire conocía tan sólo la letra, todavía imperfecta, del surrealismo, y fue incapaz de dar de él una explicación teórica duradera. He aquí unas frases de Nerval que me parecen muy significativas a este respecto:
Voy a explicarle, mi querido Dumas, el fenómeno del que usted ha hablado con mayor altura. Como muy bien sabe, hay ciertos narradores que no pueden inventar sin identificarse con los personajes por ellos creados. Sabe muy bien con cuánta convicción nuestro viejo amigo Nodier contaba cómo había padecido la desdicha de ser guillotinado durante la Revolución; uno quedaba tan convencido que incluso se preguntaba cómo se las había arreglado Nodier para volver a pegarse la cabeza al cuerpo.
Y como sea que tuvo usted la imprudencia de citar uno de esos sonetos compuestos en aquel estado de ensueño SUPERNATURALISTA, cual dirían los alemanes, es preciso que los conozca todos. Los encontrará al final del volumen. No son mucho más oscuros que la metafísica de Hegel o los "Mémorables" de Swedenborg, y perderían su encanto si fuesen explicados, caso de que ello fuera posible, por lo que te ruego me conceda al menos el mérito de la expresión... (12).
Indica muy mala fe discutirnos el derecho a emplear la palabra SURREALISMO, en el sentido particular que nosotros le damos, ya que nadie puede dudar que esta palabra no tuvo fortuna, antes de que nosotros nos sirviéramos de ella. Voy a definirla, de una vez para siempre:
SURREALISMO: sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.
ENCICLOPEDIA, Filosofía: el surrealismo se basa en la creencia en la realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo, y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos, y a sustituirlos en la resolución de los principales problemas de la vida. Han hecho profesión de fe de SURREALISMO ABSOLUTO, los siguientes señores: Aragon, Baron, Boiffard, Bretón, Carrive, Crevel, Delteil, Desnos, Eluard, Gérard, Limbour, Malkine, Morise, Naville, Noll, Péret, Picon, Soupault, Vitrac.
Por el momento parece que los antes nombrados forman la lista completa de los surrealistas, y pocas dudas caben al respecto, salvo en el caso de Isidore Ducasse, de quien carezco de datos. Cierto es que si únicamente nos fijamos en los resultados, buen número de poetas podrían pasar por surrealistas, comenzando por el Dante y, también en sus mejores momentos, el propio Shakespeare. En el curso de las diferentes tentativas de definición, por mí efectuadas, de aquello que se denomina, con abuso de confianza, el genio, nada he encontrado que pueda atribuirse a un proceso, que no sea el anteriormente definido.
Las Noches de Young son surrealistas de cabo a rabo; desgraciadamente no se trata más que de un sacerdote que habla, de un mal sacerdote, sin duda, pero sacerdote al fin.
Swift es surrealista en la maldad.
Sade es surrealista en el sadismo.
Chateaubriand es surrealista en el exotismo. Constant es surrealista en política.
Hugo es surrealista cuando no es tonto.
Desbordes-Valmore es surrealista en el amor.
Bertrand es surrealista en el pasado.
Rabbe es surrealista en la muerte.
Poe es surrealista en la aventura.
Baudelaire es surrealista en la moral.
Rimbaud es surrealista en la vida práctica y en todo.
Mallarmé es surrealista en la confidencia.
Jarry es surrealista en la absenta.
Nouveau es surrealista en el beso.
Saínt-Pol-Roux es surrealista en los símbolos.
Fargue es surrealista en la atmósfera.
Vaché es surrealista en mí.
Reverdy es surrealista en sí.
Saint-John Perse es surrealista a distancia.
Roussel es surrealista en la anécdota. Etcétera.
Insisto en que no todos son siempre surrealistas, por cuanto advierto en cada uno de ellos cierto número de ideas preconcebidas a las que, muy ingenuamente, permanecen fieles. Mantenían esta fidelidad debido a que no habían escuchado la voz surrealista, esa voz que sigue predicando en vísperas de la muerte, por encima de las tormentas, y no la escucharon porque no querían servir únicamente para orquestar la maravillosa partitura. Fueron instrumentos demasiado orgullosos, y por eso jamás produjeron ni un sonido armonioso.
Pero nosotros, que no nos hemos entregado jamás a la tarea de mediatización, nosotros que en nuestras nosotros que en nuestras obras nos hemos convertido en los sordos receptáculos de tantos ecos, en los modestos aparatos registradores que no quedan hipnotizados por aquello que registran, nosotros quizá estemos al servido de una causa todavía más noble. Nosotros devolvemos con honradez el "talento" que nos ha sido prestado. Si os atrevéis, habladme del talento de aquel metro de platino, de aquel espejo, de aquella puerta, o del cielo. Nosotros no tenemos talento. Preguntádselo a Philippe Soupault:
Las manufacturas anatómicas y las habitaciones baratas destruirán las más altas ciudades.
A Roger Vitrac:
Apenas hube invocado al mármol-almirante, éste dio media vuelta sobre sí mismo como un caballo que se encabrita ante la Estrella Polar, y me indicó en el plano de su bicornio una región en la que debía pasar el resto de mis días.
A Paul Eluard:
Es una historia muy conocida esa que cuento, es poema muy célebre ese que releo: estoy apoyado en un muro, verdeantes las orejas, y calcinados los labios.
A Max Morise:
El oso de las cavernas y su compañero el alcaraván, la veleta y su valet el viento, el gran Canciller con sus cancelas, el espantapájaros y su cerco de pájaros, la balanza y su hija el fiel, ese carnicero y su hermano el carnaval, el barrendero y su monóculo, el Mississipi y su perrito, el coral y su cántara de leche, el milagro y su buen Dios, ya no tienen más remedio que desaparecer de la faz del mar.
A Joseph Delteil:
¡Sí! Creo en la virtud de los pájaros. Y basta una pluma para hacerme morir de risa.
A Louis Aragon:
Durante una interrupción del partido, mientras los jugadores se reunían alrededor de una jarra de llameante ponche, pregunté al árbol si aún conservaba su cinta roja.
Y yo mismo, que no he podido evitar el escribir las líneas locas y serpenteantes de este prefacio.
Preguntad a Robert Desnos, quien quizá sea el que, en nuestro grupo, está más cerca de la verdad surrealista, quien, en sus obras todavía inéditas (14) y en el curso de las múltiples experiencias a que se ha sometido, ha justificado plenamente las esperanzas que puse en el surrealismo, y me ha inducido a esperar aún más de él. En la actualidad, Desnos habla en surrealista cuando le da la gana. La prodigiosa agilidad con que sigue oralmente su pensamiento nos admira tanto cuanto nos complacen sus espléndidos discursos, discursos que se pierden porque Desnos, en vez de fijarlos, prefiere hacer otras cosas más importantes. Desnos lee en sí mismo como en un libro abierto, y no se preocupa de retener las hojas que el viento de su vida se lleva.
SECRETOS DEL ARTE MÁGICO DEL SURREALISMO
Composición surrealista escrita, o primer y último chorro.
Ordenad que os traigan recado de escribir, después de haberos situado en un lugar que sea lo más propicio posible a la concentración de vuestro espíritu, al repliegue de vuestro espíritu sobre sí mismo. Entrad en el estado más pasivo, o receptivo, de que seáis capaces. Prescindid de vuestro genio, de vuestro talento, y del genio y el talento de los demás. Decíos hasta empaparos de ello que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes. Escribid deprisa, sin tema preconcebido, escribid lo suficientemente deprisa para no poder refrenaros, y para no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase se os ocurrirá por sí misma, ya que en cada segundo que pasa hay una frase, extraña a nuestro pensamiento consciente, que desea exteriorizarse. Resulta muy difícil pronunciarse con respecto a la frase inmediata siguiente; esta frase participa, sin duda, de nuestra actividad consciente y de la otra, al mismo tiempo, si es que reconocemos que el hecho de haber escrito la primera produce un mínimo de percepción. Pero eso, poco ha de importaros; ahí es donde radica, en su mayor parte, el interés del juego surrealista. No cabe la menor duda de que la puntuación siempre se opone a la continuidad absoluta del fluir de que estamos hablando, pese a que parece tan necesaria como la distribución de los nudos en una cuerda vibrante. Seguid escribiendo cuanto queráis. Confiad en la naturaleza inagotable del murmullo. Si el silencio amenaza, debido a que habéis cometido una falta, falta que podemos llamar "falta de inatención", interrumpid sin la menor vacilación la frase demasiado clara. A continuación de la palabra que os parezca de origen sospechoso poned una letra cualquiera, la letra l, por ejemplo, siempre la.... y al imponer esta inicial a la palabra siguiente conseguiréis que de nuevo vuelva a imperar la arbitrariedad.
Para no aburrirse en sociedad
Eso es muy difícil. Haced decir siempre que no estáis en casa para nadie, y alguna que otra vez, cuando nadie haya hecho caso omiso de la comunicación antedicha, y os interrumpa en plena actividad surrealista, cruzad los brazos, y decid: "Igual da, sin duda es mucho mejor hacer o no hacer. El interés por la vida carece de base. Simplicidad, lo que ocurre en mi interior sigue siéndome inoportuno." 0 cualquier otra trivialidad igualmente indignante.
Para hacer discursos
Inscribirse, en vísperas de elecciones, en el primer país en el que se juzgue saludable celebrar consultas de este tipo. Todos tenemos madera de orador: colgaduras multicolores y bisutería de palabras. Mediante el surrealismo, el orador pondrá al desnudo la pobreza de la desesperanza. Un atardecer, sobre una tarima, el orador, solito, descuartizará el cielo eterno, esa Piel de Oso. Y tanto prometerá que cumplir una mínima parte de lo prometido consternará. Dará a las reivindicaciones de un pueblo entero un matiz parcial y lamentable. Obligará a los más irreductibles enemigos a comulgar en un deseo secreto que hará saltar en pedazos a las patrias. Y lo conseguirá con sólo dejarse elevar por la palabra inmensa que se funde en la piedad y rueda en el odio. Incapaz de desfallecer, jugará el terciopelo de todos los desfallecimientos. Será verdaderamente elegido, y las más tiernas mujeres le amarán con violencia.
Para escribir falsas novelas
Seáis quien seáis, si el corazón así os lo aconseja, quemad unas cuantas hojas de laurel y, sin empeñaros en mantener vivo este débil fuego, comenzad una novela. El surrealismo os lo permitirá; os bastará con clavar la aguja de la "Belleza fija" sobre la "Acción"; en eso consiste el truco. Habrá personajes de perfiles lo bastante distintos; en vuestra escritura, sus nombres son solamente una cuestión de mayúscula, y se comportarán con la misma seguridad con respecto a los verbos activos con que se comporta el pronombre "il", en francés, con respecto a las palabras "pleut", "y a", "faut", etc. Los personajes mandarán a los verbos, valga la expresión; y en aquellos casos en que la observación, la reflexión y las facultades de generalización no os sirvan para nada, podéis tener la seguridad de que los personajes actuarán como si vosotros hubierais tenido mil intenciones que, en realidad, no habéis tenido. De esta manera, provistos de un reducido número de características físicas y morales, estos seres que, en realidad, tan poco os deben, no se apartarán de cierta línea de conducta de la que vosotros ya no os tendréis que ocupar. De ahí surgirá una anécdota más o menos sabia, en apariencia, que justificará punto por punto ese desenlace emocionante o confortante que a vosotros os ha dejado ya de importar. Vuestra falsa novela será una maravillosa simulación de una novela verdadera; os haréis ricos, y todos se mostrarán de acuerdo en que "lleváis algo dentro", ya que es exactamente dentro del cuerpo humano donde esa cosa suele encontrarse.
Como es natural, siguiendo un procedimiento análogo, y a condición de ignorar todo aquello de lo que debierais daros cuenta, podéis dedicaros con gran éxito a la falsa crítica.
Para tener éxito con una mujer que pasa por la calle. Contra la muerte
El surrealismo os introducirá en la muerte, que es una sociedad secreta. Os enguantará la mano, sepultando allí la profunda M con que comienza la palabra Memoria. No olvidéis tomar felices disposiciones testamen-tarias: en cuanto a mí respecta, exijo que me lleven al cementerio en un camión de mudanzas. Que mis amigos destruyan hasta el último ejemplar de la edición de Discurso sobre la Escasez de Realidad.
El idioma ha sido dado al hombre para que lo use de manera surrealista. En la medida en que al hombre es indispensable hacerse comprender, consigue expresarse mejor o peor, y con ello asegurar el ejercicio de ciertas funciones consideradas como las más primarias. Hablar o escribir una carta no presenta verdaderas dificultades siempre que el hombre no se proponga una finalidad superior a las que se encuentran en un término medio, es decir, siempre que se limite a conversar (por el placer de conversar) con cualquier otra persona. En estos casos, el hombre no sufre ansiedad alguna en lo que respecta a las palabras que ha de pronunciar, ni a la frase que seguirá a la que acaba de pronunciar. A una pregunta muy sencilla será capaz de contestar sin la menor vacilación. Si no está afecto de tics, adquiridos en el trato con los demás, el hombre puede pronunciarse espontáneamente sobre cierto reducido número de temas; y para hacer esto no tiene ninguna necesidad de devanarse los sesos, ni de plantearse problemas previos de ningún género. ¿Y quién habrá podido hacerle creer que esta facultad de primera intención tan sólo le perjudica cuando se propone entablar relaciones verbales de naturaleza más compleja? No hay ningún tema cuyo tratamiento le impida hablar y escribir generosamente. Los actos de escucharse y leerse a uno mismo sólo tienen el efecto de obstaculizar lo oculto, el admirable recurso. No, no, no tengo ninguna necesidad urgente decom prenderme (¡Basta! ¡Siempre me comprenderé!). Si tal o cual frase mía me produce de momento una ligera decepción, confío en que la frase siguiente enmendará los yerros, y me cuido muy mucho de no volverla a escribir, ni corregirla. Únicamente la menor falta de aliento puede serme fatal. Las palabras, los grupos de palabras que se suceden practican entre sí la más intensa solidaridad. No es función mía favorecer a unas en perjuicio de las otras. La solución debe correr a cargo de una maravillosa compensación, y esta compensación siempre se produce.
Este lenguaje sin reserva al que siempre procuro dar validez, este lenguaje que me parece adaptarse a todas las circunstancias de la vida, este lenguaje no sólo no me priva ni siquiera de uno de mis medios, sino que me da una extraordinaria lucidez, y lo hace en el terreno en que menos podía esperarlo. Llegaré incluso a afirmar que este lenguaje me instruye, ya que, en efecto, me ha ocurrido emplear surrealistamente palabras cuyo sentido había olvidado. E inmediatamente después he podido verificar que el uso dado a estas palabras respondía exacta-mente a su definición. Esto nos induce a creer que no se "aprende", sino que uno no hace más que "re-aprender". De esta manera he llegado a familiarizarme con giros muy hermosos. Y no hablo únicamente de la conciencia poética de las cosas, que tan sólo he conseguido adquirir mediante el contacto espiritual con ellas, mil veces repetido.
Las formas del lenguaje surrealista se adaptan todavía mejor al diálogo. En el diálogo, hay dos pensamientos frente a frente; mientras uno se manifiesta, el otro se ocupa del que se manifiesta, pero ¿de qué modo se ocupa de él? Suponer que se lo incorpora sería admitir que, en determinado momento, le sería factible vivir enteramente merced a aquel otro pensamiento, lo cual resulta bastante improbable. En realidad, la atención que presta el pensamiento segundo es de carácter totalmente externo, ya que únicamente se concede el lujo de aprobar o desaprobar, generalmente desaprobar, con todos los respetos de que el hombre es capaz. Este modo de hablar no permite abordar el fondo de la cuestión. Mi atención, fija en una invitación que no puede rechazar sin incurrir en grosería, trata el pensamiento ajeno como si fuese un enemigo: en las conversaciones corrientes, el pensamiento fija y "conquista" casi siempre las palabras y las oraciones ajenas, de las que luego se servirá; el pensamiento me pone en situación de sacar partido de estas palabras y oraciones en la réplica, gracias a desvirtuarlas. Esto es especialmente cierto en ciertos estados mentales patológicos en los que las alteraciones sensoriales absorben toda la atención del enfermo, quien, al responder a las preguntas que se le formulan, se limita a apoderarse de la última palabra que ha oído, o de la última porción de una frase surrealista que ha dejado cierto rastro en su espíritu:
¿Qué edad tiene usted?" - "Usted" (Ecoísmo). "¿Cómo se llama usted?" - "Cuarenta y cinco casas"
(Síntoma de Ganser o de las respuestas marginales)
No hay ninguna conversación en la que no se dé cierto desorden. El esfuerzo en pro de la sociabilidad que las preside y la costumbre que de sostenerlas tenemos son los únicos factores que consiguen ocultarnos temporalmente aquel hecho. Asimismo, la mayor debilidad de todo libro estriba en entrar constantemente en conflicto con el espíritu de sus mejores lectores, y al decir mejores quiero significar los más exigentes. En el brevísimo diálogo que anteriormente he improvisado entre el médico y el enajenado, es, desde luego, este último quien lleva la mejor parte, ya que mediante sus respuestas domina la atención del médico -y, además, no es él quien formula las preguntas-. ¿Cabe afirmar que su pensamiento es el más fuerte de los dos en aquel instante? Quizá. Al fin y al cabo, el paciente goza de la libertad de no tener en cuenta su nombre ni su edad.
El surrealismo poético, al que consagro el presente estudio, se ha ocupado, hasta el actual momento, de restablecer en su verdad absoluta el diálogo, al liberar a los dos interlocutores de las obligaciones impuestas por la buena crianza. Cada uno de ellos se dedica sencillamente a proseguir su soliloquio, sin intentar derivar de ello un placer dialéctico determinado, ni imponerse en modo alguno a su prójimo. Las frases intercambiadas no tienen la finalidad, contrariamente a lo usual, del desarrollo de una tesis por muy insustancial que sea, y carecen de todo compromiso, en la medida de lo posible. En cuanto a la respuesta que solicitan debemos decir que, en principio, es totalmente indiferente en cuanto respecta al amor propio del que habla. Las palabras y las imágenes se ofrecen únicamente a modo de trampolín al servido del espíritu del que escucha. Este es el modo en que se ofrecen las palabras y las imágenes en Los campos magnéticos, primera obra puramente surrealista, y especialmente en las páginas bajo el común título de "Barreras", en donde Soupault y yo nos comportamos como interlocutores imparciales.
El surrealismo no permite a aquellos que se entregan a él abandonarlo cuando mejor les plazca. Todo induce a creer que el surrealismo actúa sobre los espíritus tal como actúan los estupefacientes; al igual que éstos crea un cierto estado de necesidad y puede inducir al hombre a tremendas rebeliones. También podemos decir que el surrealismo es un paraíso harto artificial, y la afición a este paraíso deriva del estudio de Baudelaire, al igual que la afición a los restantes paraísos artificiales. El análisis de los misteriosos efectos y, de los especiales goces que el surrealismo puede e, n, , , , g, en, drar no puede faltar en el presente estudio, y es de advertir que, en muchos aspectos, el surrealismo parece un vicio nuevo que no es privilegio exclusivo de unos cuantos individuos, sino que, como el haxis, puede satisfacer a todos los que tienen gustos refinados.
1. Hay imágenes surrealistas que son como aquellas imágenes producidas por el opio que el hombre no evoca, sino que "se le ofrecen espontáneamente despóticamente, sin que las pueda apartar de sí, por cuanto la voluntad ha perdido su fuerza, y ha dejado de gobernar las facultades" (15). Naturalmente, faltaría saber si las imágenes, en general, han sido alguna vez "evocadas". Si nos atenemos, tal como yo hago, a la definición de Reverdy, no parece que sea posible aproximar voluntariamente aquello que él denomina "dos realidades distantes". La aproximación ocurre o no ocurre, y esto es todo. Niego con toda solemnidad que, en el caso de Reverdy, imágenes como:
Por el cauce del arroyo fluye una canción - o
El día se desplegó como un blanco mantel - o
El mundo regresa al interior de un saco
comporten el menor grado de premeditación. A mi juicio, es erróneo pretender que "el espíritu ha aprehendido las relaciones" entre dos realidades en él presentes. Para empezar, digamos que el espíritu no ha percibido nada conscientemente. Contrariamente, de la aproximación fortuita de dos términos ha surgido una luz especial, la luz de la imagen, ante la que nos mostramos infinitamente sensibles. El valor de la imagen está en función de la belleza de la chispa que produce; y, en consecuencia, está en función de la diferencia de potencia entre los dos elementos conductores. Cuando esta diferencia apenas existe, como en el caso de las comparaciones (16), la chispa no nace. A mi juicio, no está en la mano del hombre el poder de conseguir la aproximación de dos realidades tan distantes como aquellas a que antes nos hemos referido, por cuanto a ello se opone el principio de la asociación de ideas, tal como lo entendemos. De lo contrario, sólo nos quedaría el recurso de volver a adoptar un arte de carácter elíptico, que Reverdy condena, tal como yo lo condeno. Fuerza es reconocer que los dos términos de la imagen no son el resultado de una labor de deducción recíproca, llevada a cabo por el espíritu con el fin de producir la chispa, sino que son productos simultáneos de la actividad que yo denomino surrealista, en la que la razón se limita a constatar y a apreciar el fenómeno luminoso.
Y del mismo modo que la duración de la chispa se prolonga cuando se produce en un ambiente de rarificación, la atmósfera surrealista creada mediante la escritura mecánica, que me he esforzado en poner a la disposición de todos, se presta de manera muy especial a la producción de las más bellas imágenes.
Incluso cabe decir que, en el curso vertiginoso de esta escritura, las imágenes que aparecen constituyen la única guía del espíritu. Poco a poco, el espíritu queda convencido del valor de realidad suprema de estas imágenes. Limitándose al principio a sentirlas, el espíritu pronto se da cuenta de que estas imágenes son acordes con la razón, y aumentan sus conocimientos. El espíritu adquiere plena conciencia de las ilimitadas extensiones en que se manifiestan sus deseos, en las que el pro y el contra se armonizan sin cesar, y en las que su ceguera deja de ser peligrosa. El espíritu avanza, atraído por estas imágenes que le arrebatan, que apenas le dejan el tiempo preciso para soplarse el fuego que arde en sus dedos. Vive en la más bella de todas las noches, en la noche cruzada por la luz del relampagueo, la noche de los relámpagos. Tras esta noche, el día es la noche.
Los innumerables tipos de imágenes surrealistas exigen una clasificación que, por el momento, no voy a pretender efectuar. Agrupar estas imágenes según sus afinidades particulares me llevaría demasiado lejos; esencialmente, quiero tan sólo tener en consideración sus excelencias comunes. No voy a ocultar que para mí la imagen más fuerte es aquella que contiene el más alto grado de arbitrariedad, aquella que más tiempo tardamos en traducir a lenguaje práctico, sea debido a que lleva en sí una enorme dosis de contradicción, sea a causa de que uno de sus términos esté curiosamente oculto, sea porque tras haber presentado la apariencia de ser sensacional, se desarrolla después débilmente (que la imagen cierre bruscamente el ángulo de su compás), sea porque de ella se derive una justificación formal irrisoria, sea porque pertenezca a la clase de las imágenes alucinantes, sea porque preste de un modo muy natural la máscara de lo abstracto a lo que es concreto, sea por todo lo contrario, sea porque implique la negación de alguna propiedad física elemental, sea porque dé risa. He aquí unos cuantos ejemplos de imágenes correctas:
Los rubíes del champaña. Lautréamont.
Bello como la ley de paralización del desarrollo del pecho de los adultos cuya propensión al crecimiento no guarda la debida relación con la cantidad de moléculas que su organismo produce. Lautréamont.
Una iglesia se alzaba sonora como una campana. Philippe Soupault.
En el sueño de Rrose Sélavy hay un enano salido de un pozo, que come pan por la noche. Robert Desnos.
Sobre el puente se balanceaba el rocío con cabeza de gata. André Bretón.
Un poco a la izquierda, en mi divino firmamento, percibo -aunque sin duda es tan sólo un vapor de sangre y asesinatos- el brillante despintado de las perturbaciones de la libertad. Louis Aragon.
En el interior del bosque incendiado
Frescos los leones se han quedado. Roger Vitrac.
El color de las medias de una mujer no es obligatoriamente la imagen de sus ojos, lo cual ha inducido a decir a un filósofo, cuyo nombre es inútil hacer constar: "los cetalópodos tienen más razones que los cuadrúpedos para odiar el progreso" . Max Morise.
1. Tanto si se quiere como si no, ahí hay materia para satisfacer muchas necesidades del espíritu. Todas estas imágenes parecen atestiguar que el espíritu ha alcanzado la madurez suficiente para gozar de más satisfacciones que aquellas que por lo general se le conceden. Este es el único medio de que dispone para sacar partido de la cantidad ideal de acontecimientos de que está preñado (17). Estas imágenes le dan la medida de su normal disipación y de los inconvenientes que ésta le comporta. No es malo que estas imágenes acaben por desconcertar al espíritu, ya que desconcertarle equivale a situarle ante un camino errado. Las frases que he citado contribuyen grandemente a ello. Pero el espíritu que sabe saborearlas obtiene de ellas la certidumbre de hallarse en el buen camino; el espíritu, por sí mismo, jamás se declarará culpable de emplear sutilezas idiomáticas; nada tiene que temer por cuanto, además, se fortifica con la búsqueda total.
2. El espíritu que se sumerge en el surrealismo revive exaltadamente la mejor parte de su infancia. Al espíritu le ocurre un poco lo mismo que a aquel que, próximo a morir ahogado, repasa, en menos de un minuto, su vida entera, en todos sus agobiantes detalles. Habrá quien diga que esto no es demasiado incitante. Pero no me interesa en absoluto incitar a quien tal digan. De los recuerdos de la infancia y de algunos otros se desprende cierto sentimiento de no estar uno absorbido, y, en consecuencia, de despiste, que considero el más fecundo entre cuantos existen. Quizá sea vuestra infancia lo que más cerca se encuentra de la "verdadera vida"; esa infancia, tras la cual, el hombre tan sólo dispone, además de su pasaporte, de ciertas entradas de favor; esa infancia en la que todo favorece la eficaz, y sin azares, posesión de uno mismo. Gracias al surrealismo, parece que las oportunidades de la infancia reviven en nosotros. Es como si uno volviera a correr en pos de su salvación, o de su perdición. Se revive, en las sombras, un terror precioso. Gracias a Dios, tan sólo se trata del Purgatorio. Se atraviesan, sintiendo un estremecimiento, aquellas zonas que los ocultistas denominan paisajes peligrosos. Mis pasos suscitan la aparición de monstruos que me acechan, monstruos que todavía no me tienen demasiada malquerencia, debido a que les temo, por lo que todavía no estoy perdido. Ahí están "los elefantes con cabeza de mujer y los leones voladores" cuyo encuentro nos hacía temblar de miedo, a Soupault y a mí; ahí está el "pez soluble" que todavía me da un poco de miedo. ¡PEZ SOLUBLE, no, no soy yo el pez soluble, yo nací bajo el signo de Acuario, y el hombre es soluble en su pensamiento! La fauna y la flora del surrealismo son inconfesables.
3. No creo en la posibilidad de la próxima aparición de un pontífice surrealista. Las características comunes a todos los textos del género, entre ellos los que acabo de citar, así como muchos otros que por sí solos nos podrían proporcionar un riguroso desglose analítico lógico y gramatical, no impiden una cierta evolución de la prosa surrealista, al paso del tiempo. Prueba irrefragable de ello lo son las historietas que vienen a continuación, en este mismo volumen, historietas escritas después de gran cantidad de ensayos a cuya elaboración me entregué con la finalidad antes dicha durante cinco años, y que tengo la debilidad de juzgar, en su mayoría, extremadamente desordenadas. No estimo que esas historietas sean, en virtud de lo que de ellas he expresado, ni más ni menos capaces de poner de relieve ante el lector los beneficios que la aportación surrealista puede proporcionar a su conciencia.
Por otra parte, es preciso dar mayor envergadura a los medios surrealistas. Todo medio es bueno para dar la deseable espontaneidad a ciertas asociaciones. Los papeles pegados de Picasso y de Braque tienen el mismo valor que la inserción de un lugar común en el desarrollo literario del estilo más laboriosamente depurado. Incluso está permitido dar el título de POEMA a aquello que se obtiene mediante la reunión, lo más gratuita posible (si no les molesta, fíjense en la sintaxis) de títulos y fragmentos de títulos recortados de los periódicos diarios
POEMA
Una carcajada
de zafiro en la isla de Ceilán
Las más hermosas escamas
TIENEN MATIZ AGOSTADO
BAJO LOS CERROJOS
en una granja aislado
DE DIA EN DIA
se agrava
lo agradable
Un camino de carro
os conduce a los límites con lo ignoto
el café
predica las loas de su santo
EL COTIDIANO ARTIFICE DE VUESTRA
BELLEZA
SEÑORA
un par
de medias de seda
no es
Un salto en el Vacío
UN CIERVO El amor ante todo Todo podría solucionarse
PARIS ES UNA GRAN CIUDAD
Vigilad
Los rescoldos
LA ORACIÓN
Del buen tiempo
Sabed que
Los rayos ultravioletas
han culminado su tarea
Breve y beneficiosa
El PRIMER DIARIO BLANCO
DEL AZAR
Rojo será
El cantor vagabundo
¿DÓNDE ESTÁ?
en la memoria
en su casa
EN EL BAILE DE LOS ARDIENTES Hago
bailando
Lo que se hace, lo que se hará
Y se podrían dar muchos más ejemplos. También el teatro, la filosofía, la ciencia, la crítica, conseguirían volver a encontrarse a sí mismos. Debo apresurarme a añadir que las futuras técnicas surrealistas no me interesan.
Ya he dado a entender con suficiente claridad que las aplicaciones del surrealismo a la acción me parecen poseer una importancia muy diferente (18). Ciertamente, no creo en el valor profético de la palabra surrealista. "Mis palabras son palabras de oráculo" (19). Sí en la medida que yo quiera, porque ¿acaso no se es oráculo ante uno mismo? (20) La piedad de los hombres no me engaña. La voz surrealista que estremeció a Cumas, Dodona y Delfos es la misma que dicta mis discursos menos iracundos. Mi tiempo no puede ser el suyo, ¿y por qué ha de ayudarme esta voz a resolver el infantil problema de mi destino? Por desgracia, parezco actuar en un mundo en el que, para llegar a tener en cuenta sus sugerencias, estoy obligado a servirme de dos clases de intérpretes, unos me traducirán sus frases, y los otros, que es imposible hallar, comunicarán a mis semejantes la comprensión que yo haya alcanzado de estas frases. Este mundo en el que yo sufro lo que sufro (mejor será que no lo sepáis), este mundo moderno, este mundo, en fin... ¡diabólico! Bueno, pues ¿qué queréis que yo haga en él? La voz surrealista quizá se extinga, no puedo yo contar mis desapariciones. Yo no podré estar presente, ni siquiera un poco, en el maravilloso descuento de mis años y mis días. Seré como Nijinski, a quien el año pasado llevaron a los ballets rusos y no pudo comprender qué clase de espectáculo era aquel al que asistía. Quedaré solo, muy solo en mí, indiferente a todos los ballets del mundo. Os doy todo lo que he hecho y todo lo que no he hecho.
Y, desde entonces, siento unos grandes deseos de contemplar con indulgencia los sueños científicos que, a fin de cuentas, tan indecorosos son desde todos los puntos de vista. ¿Los sin hijos? Bien. ¿La sífilis? Igual me da. ¿La fotografía? Nada tengo que oponer. ¿El cine? ¡Vivan las salas oscuras! ¿La guerra? ¡Que risa! ¿El teléfono? ¡Diga! ¿La juventud? ¡Encantadores cabellos blancos! Intentad hacerme decir "gracias": "Gracias". Gracias... Si el vulgo tiene en gran estima eso que, propiamente hablando, se denomina investigaciones de laboratorio, se debe a que gracias a ellas se ha conseguido construir una máquina o descubrir un suero en los que el vulgo se cree directamente interesado. No duda ni por un instante que con ello se ha querido mejorar su suerte. No sé con exactitud cuál es el ideal de los sabios con tendencias humanitarias, pero me parece que de él no forma parte una gran cantidad de bondad. Entendámonos, hablo de los verdaderos sabios, no de los vulgarizadores de cualquier tipo, en posesión de un título. En este terreno, como en cualquier otro, creo en la pura alegría surrealista del hombre que, consciente del fracaso de todos los demás, no se da por vencido, parte de donde quiere y, a lo largo de cualquier camino que no sea razonable, llega a donde puede. Puedo confesar tranquilamente que me es absolutamente indiferente la imagen que el hombre en cuestión juzgue oportuno utilizar para seguir su camino, imagen que quizá le procure la pública estimación. Tampoco me importa el material del que necesariamente tendrá que proveerse: sus tubos de vidrio o mis plumas metálicas... En cuanto al método de tal hombre lo considero tan bueno como el mío. He visto en plena actuación al descubridor del reflejo cutáneo plantar; no hacía más que experimentar sin tregua en los sujetos objeto de su estudio, no era un "examen", ni mucho menos, lo que hacía; resultaba evidente que había dejado de fiarse de todo género de planes. De vez en cuando formulaba una observación, con aire de lejanía, sin abandonar por ello su aguja, mientras que su martillo actuaba constantemente. Encargó a otros la trivial tarea de tratar a los enfermos. Se entregó por entero a su sagrada fiebre.
El surrealismo, tal como yo lo entiendo, declara nuestro inconformismo absoluto con la claridad suficiente para que no se le pueda atribuir, en el proceso el mundo real, el papel de testigo de descargo. Contrariamente, el surrealismo únicamente podrá explicar el estado de completo aislamiento al que esperamos llegar, aquí, en esta vida. El aislamiento de la mujer en Kant, el aislamiento de los "racimos" en Pasteur, el aislamiento de los vehículos en Curie, son a este respecto, profundamente sintomáticos. Este mundo está tan sólo muy relativamente proporcionado a la inteligencia, y los incidentes de este género no son más que los episodios más descollantes, por el momento, de una guerra de independencia en la que considero un glorioso honor participar. El surrealismo es el "rayo invisible" que algún día nos permitirá superar a nuestros adversarios. "Deja ya de temblar, cuerpo". Este verano, las rosas son azules; el bosque de cristal. La tierra envuelta en verdor me causa tan poca impresión como un fantasma. Vivir y dejar de vivir son soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte.
(1) Dostoiewsky: Crimen y castigo.(2) Pascal.(3) Barrès, Proust.(4) Es preciso tener en cuenta el espesor del sueño. En general, tan sólo recuerdo lo que hasta mí llega desde las más superficiales capas del sueño. Lo que más me gusta considerar de los sueños es aquello que quede vagamente presente al despertar, aquello que no es el resultado del empleo que haya dado a la jornada precedente, es decir, los sombríos follajes, las ramificaciones sin sentido. Igualmente, en la "realidad" prefiero abandonarme.(5) Lo más admirable de lo fantástico es que lo fantástico ha dejado de existir. Ahora sólo existe realidad.(6) Véase Pasos perdidos, editado por la N. R. F.(7) "Nord-Surd", marzo de 1918.(8) Si hubiera sido pintor, esta representación visual hubiera sin duda predominado sobre la otra. Probablemente mis facultades innatas decidieron las características de la revelación. Desde aquel día, he concentrado voluntariamente la atención en parecidas apariciones, y me consta que, en cuanto a precisión, no son inferiores a los fenómenos auditivos. Provisto de papel y lápiz, me sería fácil trazar sus contornos. Y ello es así por cuanto no se trataría de dibujar, sino de calcar. De esta manera, podría representar un árbol, una ola, un instrumento musical, infinidad de cosas que, en este momento sería incapaz de representar gráficamente, ni siquiera mediante el más somero esquema. Si lo intentara, me perdería, con la certidumbre de volver a topar conmigo mismo, en un laberinto de líneas que, a primera vista, no parecerían representar nada. Y, al abrir los ojos, tendría la fuerte impresión de hallarme ante algo "nunca visto". La prueba de lo que digo ha sido efectuada muchas veces por Robert Desnos; para comprobarlo basta con hojear el número 36 de Hojas libres, que contiene abundantes dibujos suyos ("Romeo y Julieta", "Un hombre ha muerto esta mañana", etc.) que la revista creyó eran dibujos realizados por locos, y que como publicó con la mayor buena fe.(9) Knut Hamsun considera que el hambre es el determinante de este tipo de revelación que me obsesionó, y quizá esté en lo cierto. (Debo hacer constar que en aquella poca no todos los días comía.) Y no cabe duda de que los siguientes síntomas que Hamsun relata coinciden con los míos: El día siguiente desperté temprano. Todavía era de noche. Hacía largo rato que tenía los ojos abiertos, cuando oí las campanadas de las cinco, dadas por el reloj de pared del piso superior al mío. Intenté volver a dormir, pero no lo logré, estaba totalmente despierto, y mil ideas me bullían en la cabeza. De repente se me ocurrieron algunas frases buenas, muy adecuadas para utilizarlas en un apunte, en un folletón; súbitamente, y como por azar, descubrí frases muy hermosas, frases más bellas que todas las por mí escritas anteriormente. Me las repetí lentamente, palabra por palabra, y eran excelentes. Las frases no dejaban de acudir, una tras otra. Me levanté y cogí papel y lápiz, en la mesa que tenía detrás de la cama. Me parecía que se hubiera roto una vena en mi interior, las palabras se sucedían, se situaban en su justo lugar, se adaptaban a la situación, las escenas se acumulaban, la acción se desarrollaba, las réplicas surgían en mi cerebro, y yo gozaba de manera prodigiosa. Los pensamientos acudían tan velozmente, y seguían fluyendo con tal abandono, que desdeñé una multitud de detalles delicados, debido a que el lápiz no podía ir con la debida velocidad, pese a que procuraba escribir de la mano siempre en movimiento, sin perder ni un segundo. Las frases brotaban en mi interior y estaba en plena posesión del tema. Apollinaire aseguraba que De Chirico había pintado sus primeros cuadros bajo la influencia de alteraciones cenestésicas (dolores de cabeza, cólicos...) Cada día creo más en la infalibilidad de mi pensamiento en relación conmigo mismo, lo cual es naturalísimo. De todos modos, en esta escritura del pensamiento, en la que uno queda a merced de cualquier distracción exterior, se producen fácilmente "lagunas". No hay razón alguna que justifique el intento de disimularlas. El pensamiento es, por definición, fuerte e incapaz de acusarse a sí mismo. Aquellas evidentes deficiencias deben atribuirse a las sugerencias procedentes del exterior. También por Thomas Carlyle, en Sartor Resartus (capítulo VIII: "Supernaturalismo natural"), 1833-34. Véase asimismo, el Ideorrealismo de Saint-Pol-Roux. Lo mismo podría decir de algunos filósofos y de algunos pintores; de estos últimos tan sólo citaré a Uccello, entre los de la época antigua, y, entre los de la época moderna, a Seurat, Gustave Moreau, Matisse (en "La música", por ejemplo), Derain, Picasso (el más puro, con mucho), Braque, Duchamp, Picabia, Chirico (admirable durante tanto tiempo), Klee, Man Ray, Max Ernst y, tan próximo a nosotros, André Masson. "Nuevas Hébridas", "Desorden formal”, "Duelo por duelo". Baudelaire. Imagen de Jules Renard. No olvidemos que, según la fórmula de Novalis, "hay ciertas series de acontecimientos que se producen paralelamente con los acontecimientos reales. Por lo general, los hombres y las circunstancias modifican el curso ideal de los acontecimientos de tal manera que éste toma apariencias de imperfección y sus consecuencias son también imperfectas. Así ocurrió con la Reforma: en vez del Protestantismo produjo el Luteranismo". Séame permitido formular algunas reservas acerca de la responsabilidad, en general, y de las consideraciones médico-jurídicas pertinentes en orden a determinar el grado de responsabilidad de un individuo, a saber, responsabilidad plena, irresponsabilidad y respon-sabilidad limitada (sic). Pese a lo muy difícil que me resulta admitir el principio de cualquier tipo de responsabilidad, me gustaría saber de qué manera serán juzgados los primeros actos delictuosos de naturaleza indudablemente surrealista. ¿El acusado será absuelto o solamente se apreciará la concurrencia de circunstancias atenuantes? Es una verda-dera lástima que los delitos de prensa hayan dejado casi de ser perse-guidos, pues de lo contrario no tardaría en llegar el momento en que podríamos asistir a un proceso del siguiente tipo: el acusado ha publi-cado un libro atentatorio a la moral pública; a querella de algunos de sus "más honorables" conciudadanos es también acusado de difamación; contra él se formulan acusaciones de todo género, igualmente aplastan-tes, cual insultos al ejército, inducción al asesinato, apología de la viola-ción, etc. Por su parte, el acusado se muestra enteramente de acuerdo con los acusadores, a fin de poder desvirtuar las ideas por él expresa-das. En su defensa, se limita a proclamar que él no se considera autor del libro en cuestión, ya que éste tan sólo puede considerarse como una producción surrealista que excluye todo género de consideraciones acerca del mérito o demérito de quien lo firma, ya que el firmante no ha hecho más que copiar un documento, sin expresar sus opiniones, y que es tan ajeno a la obra nefasta cual pueda serlo el mismísimo presidente del tribunal que le juzga. Y lo que cabe decir de la publicación de un libro podrá decirse también de una infinidad de actos de diferente naturaleza el día en que los métodos surrealistas comiencen a gozar del favor del público. Entonces será preciso que una nueva moral sustituya a la moral usual, causa de todos nuestros males. Rimbaud. De todos modos, DE TODOS MODOS... Mejor será descargar la conciencia. Hoy, día 8 de junio de 1924, hacia la una, la voz me ha susurrado: "Béthune, Béthune..." ¿Qué quería decir? No conozco Béthune, ni tengo la menor idea de la situación en que se encuentra en el mapa de Francia, Béthune nada me evoca, ni siquiera una escena de Los tres mosqueteros. Hubiera debido emprender viaje hacia Béthune, en donde quizá me esperaba algo; aunque en realidad hubiera sido ésta una solución demasiado simplista. Me han contado que en un libro de Chesterton se refiere el caso de un detective que para encontrar a alguien a quien busca en una ciudad sigue el método de inspeccionar, desde el sótano al tejado, todas las casas en cuyo exterior advierte un detalle ligeramente anormal. Este sistema es tan bueno como cualquier otro. De parecido modo, Soupault, en 1919, entró en gran número de inmuebles improbables para preguntar a la portera si allí vivía Phillippe Soupault. Creo que no se hubiera sorprendido si le hubieran dado una respuesta afirmativa. Ello se hubiera debido a que Soupault habría entrado en su propia casa.
André Bretón. 1924
Vanguardia y Kitsch - Clement Greenberg
(Extraído de “Arte y Cultura”: Ensayos Críticos. Ed. Paidós España, 2002)
La misma civilización produce simultáneamente dos cosas tan diferentes como un poema de T.S. Eliot y una canción de Tin Pan Alley, o una pintura de Braque y una cubierta del Saturday Evening Post . Las cuatro se sitúan en el campo de la cultura, forman ostensiblemente parte de la misma cultura y son productos de la misma sociedad. Sin embargo, todos sus puntos comunes parecen terminar ahí. Un poema de Eliot y un poema de Edie Guest (cantante popular de la época. N. del traductor): ¿qué perspectiva cultural es suficientemente amplia para permitirnos establecer entre ellos una relación iluminadora? El hecho de que tal disparidad exista en el marco de una sola tradición cultural, que se ha dado y se da por supuesta, ¿indica que la disparidad forma parte del orden natural de las cosas? ¿O es algo enteramente nuevo, algo específico de nuestra época?
La respuesta exige algo más que una investigación estética. En mi opinión, es necesario examinar más atentamente y con más originalidad que hasta ahora la relación entre la experiencia estética –tal como se enfrenta a ella el individuo concreto, y no el generalizado—y los contextos históricos y sociales en los que esa experiencia tiene lugar. Lo que saquemos a la luz nos responderá, además de la pregunta que acabamos de plantear, a otras cuestiones, quizá más importantes.
I
Una sociedad que en el transcurso de su desarrollo es cada vez más incapaz de justificar la inevitabilidad de sus formas particulares rompe las ideas aceptadas de las que necesariamente dependen artistas y escritores para comunicarse con sus públicos. Y se hace difícil asumir algo. Se cuestionan todas las verdades de la religión, la autoridad, la tradición, el estilo, y el escritor o el artista ya no es capaz de calcular la respuesta de su público a los símbolos y referencias con que trabaja. En el pasado, una situación de este tipo solía resolverse en un alejandrinismo inmóvil, en un academicismo en el que nunca se abordaban las cuestiones realmente importantes porque implicaban controversia, y en el que la actividad creativa mermaba hasta reducirse a un virtuosismo en los pequeños detalles de la forma, decidiéndose todos los problemas importantes por el precedente de los Viejos Maestros. Los mismos temas se varían mecánicamente en cien obras distintas, sin por ello producir nada nuevo: Estacio, versos en mandarín, escultura romana, pintura Beaux-Arts, arquitectura neorrepublicana.
En medio de la decadencia de nuestra sociedad, algunos nos hemos negado a aceptar esta última fase de nuestra propia cultura y hemos sabido ver signos de esperanza. A esforzarse por superar el alejandrinismo, una parte de la sociedad burguesa occidental ha producido algo desconocido anteriormente: la cultura de vanguardia. Una superior conciencia de la historia –o más exactamente, la aparición de una nueva clase de crítica de la sociedad, de una crítica histórica—la ha hecho posible. Esta crítica no ha abordado a la sociedad presente con utopías atemporales, sino que ha examinado serenamente, y desde el punto de vista de la historia, de la causa y el efecto, los antecedentes, las justificaciones y las funciones de las formas que radican en el corazón de toda sociedad. Y así, el actual orden social burgués ya no se presenta como una condición “natural” y eterna de la vida, sino sencillamente como el último término de una sucesión de órdenes sociales. Artistas y poetas pronto asumieron, aunque inconscientemente en la mayoría de los casos, nuevas perspectivas de este tipo, que pasaron a formar parte de la conciencia intelectual de las décadas quinta y sexta del siglo XIX. No fue casual, por tanto, que el nacimiento de la vanguardia coincidiera cronológica y geográficamente con el primer y audaz desarrollo del pensamiento científico revolucionario en Europa.
Cierto que los primeros pobladores de la bohemia –entonces idéntica a la vanguardia—adoptaron pronto una actitud manifiestamente desinteresada hacia la política. Con todo, sin esa circulación de ideas revolucionarias en el aire que ellos también respiraban, nunca habrían podido aislar su concepto de “burgués” para proclamar que ellos no lo eran. Y sin el apoyo moral de las actitudes políticas revolucionarias tampoco habrían tenido el coraje de afirmarse tan agresivamente como lo hicieron contra los valores prevalecientes en la sociedad. Y realmente hacía falta coraje para ello, pues la emigración de la vanguardia desde la sociedad burguesa a la bohemia significaba también una emigración desde los mercados del capitalismo, de los que artistas y escritores habían sido arrojados por el hundimiento del mecenazgo aristocrático. (Ostensiblemente, al menos, esto implicaba pasar hambre en una buhardilla, aunque más tarde se demostraría que la vanguardia permanecía atada a la sociedad burguesa precisamente porque necesitaba su dinero.)
Pero es cierto que la vanguardia, en cuanto consiguió “distanciarse” de la sociedad, viró y procedió a repudiar la política, fuese revolucionaria o burguesa. La revolución quedó relegada al interior de la sociedad, a una parte de ese cenagal de luchas ideológicas que el arte y la poesía encuentran tan poco propicio en cuanto comienza a involucrar esas “preciosas” creencias axiomáticas sobre las cuales ha tenido que basarse la cultura hasta ahora. Y de ahí se dedujo que la verdadera y más importante función de la vanguardia no era “experimentar” sino encontrar un camino a lo largo del cual fuese posible mantener en movimiento la cultura en medio de la confusión ideológica y la violencia. Retirándose totalmente de lo público, el poeta o el artista de vanguardia buscaba mantener el alto nivel de su arte escuchándolo y elevándolo a la expresión de un absoluto en el que se resolverían, o se marginarían, todas las relatividades y contradicciones. Aparecen el “arte por el arte” y la “poesía pura”, y tema o contenido se convierten en algo de lo que huir como la peste.
Y ha sido precisamente en su búsqueda de lo absoluto cómo la vanguardia ha llegado al arte “abstracto” o “no-objetivo” y también a la poesía. En efecto, el poeta o el artista de vanguardia intenta imitar a Dios creando algo que sea válido exclusivamente por sí mismo, de la misma manera que la naturaleza misma es válida, o es estéticamente válido un paisaje, no su representación; algo dado, increado, independiente de significados, similares u originales. El contenido ha de disolverse tan enteramente en la forma que la obra de arte o de literatura no pueda ser reducible, en todo o en parte, a algo que no sea ella misma.
Pero lo absoluto es lo absoluto, y el poeta o el artista, por el mero hecho de serlo, estima algunos valores relativos más que otros. Los mismos valores en cuyo nombre invoca lo absoluto son valores relativos, valores estéticos. Y por eso resulta que acaba imitando, no a Dios –y aquí empleo “imitar” en su sentido aristotélico—sino a las disciplinas y los procesos del arte y la literatura. He aquí la génesis de lo “abstracto”. Al desviar la atención del tema nacido de la experiencia común, el poeta o el artista la fija en el medio de su propio oficio. Lo “abstracto” o no representacional, si ha de tener una validez estética, no puede ser arbitrario ni accidental, sino que debe brotar de la obediencia a alguna restricción valiosa o a algún original. Y una vez se ha renunciado al mundo de la experiencia común y extrovertida, sólo es posible encontrar esa restricción en las disciplinas o procesos mismos por los que el arte y la literatura han imitado ya lo anterior. Y ellos se convierten en el tema del arte y la literatura. Continuando con Aristóteles, si todo arte y toda literatura son imitación, lo único que tenemos a la postre es imitación del imitar. Según (el poeta William Butler) Yeats:
Nor is there singing school but studyind
Monuments of its own magnificence
Picasso, Braque, Mondrian, Miró, Kandinsky, Brancusi y hasta Klee, Matisse y Cézanne tienen como fuente principal de inspiración el medio en que trabajan. El interés de su arte parece radicar ante todo en su preocupación pura por la invención y disposición de espacios, superficies, contornos, colores, etc., hasta llegar a la exclusión de todo lo que no esté necesariamente involucrado en esos factores. La atención de poetas como Rimbaud, Mallarmé, Valéry, Éluard, Hart Crane, Stevens, e incluso Rilke y Yeats, parece centrarse en el esfuerzo por crear poesía y en los “momentos” mismos de la conversión poética, y no en la experiencia a convertir en poesía. Por supuesto, esto no excluye otras preocupaciones en su obra, pues la poesía ha de manejar palabras, y las palabras tienen que comunicar algo. Algunos poetas, como Mallarmé y Valéry, son en este aspecto más radicales que otros, dejando a un lado a aquellos poetas que han intentado componer poesía exclusivamente como puros sonidos. No obstante, si fuese más fácil definir la poesía, la poesía moderna fuera mucho más “pura” y “abstracta”. La definición de estética de vanguardia formulada aquí no es un lecho de Procusto para los restantes campos de la literatura. Pero, aparte de que la mayoría de los mejores novelistas contemporáneos han ido a la escuela de la vanguardia, es significativo que el libro más ambicioso de (Andre) Gide sea una novela sobre la escritura de una novela, y que Ulises y Finnegans Wake de (James) Joyce aparezcan por encima de todo –como ha dicho un crítico francés—la reducción de la experiencia a la expresión por la expresión, una expresión que importa mucho más que lo expresado.
Que la cultura de vanguardia sea la imitación del imitar –el hecho mismo—no reclama nuestra aprobación ni nuestra desaprobación. Es cierto que esta cultura contiene en sí misma algo de ese mismo alejandrinismo que quiere superar. Los versos de Yeats que hemos citado se refieren a Bizancio, que está bastante próximo a Alejandría; y en cierto sentido esta imitación del imitar constituye una clase superior del alejandrinismo. Pero hay una diferencia muy importante: la vanguardia se mueve, mientras que el alejandrinismo permanece quieto. Y eso es precisamente lo que justifica los métodos de la vanguardia y los hace necesarios. La necesidad estriba en que hoy no existe otro medio posible para crear arte y literatura de orden superior. Combatir esta necesidad esgrimiendo calificativos como “formalismo”, “purismo”, “torre de marfil”, etc., es tan aburrido como deshonesto. Sin embargo, con esto no quiero decir que el hecho de que la vanguardia sea lo que es suponga una ventaja social. Todo lo contrario.
La especialización de la vanguardia en sí misma, el hecho de que sus mejores artistas sean artistas de artistas, sus mejores poetas, poetas de poetas, la ha malquistado con muchas personas que otrora eran capaces de gozar y apreciar un arte y una literatura ambiciosos, pero que ahora no pueden o no quieren iniciarse en sus secretos de oficio. Las masas siempre han permanecido más o menos indiferentes a los procesos de desarrollo de la cultura. Pero hoy tal cultura está siendo abandonada también por aquellos a quienes realmente pertenece: la clase dirigente. Y es que la vanguardia pertenece a esta clase. Ninguna cultura puede desarrollarse sin una base social, sin una fuente de ingresos estable. Y en el caso de la vanguardia, esos ingresos los proporcionaba una élite dentro de la clase dirigente de esa sociedad de la que se suponía apartada, pero a la que siempre permaneció unida por un cordón umbilical de oro. La paradoja es real. Y ahora esa élite se está retirando rápidamente. Y como la vanguardia constituye la única cultura viva de que disponemos hoy, la supervivencia de esa cultura en general está amenazada a corto plazo.
No debemos dejarnos engañar por fenómenos superficiales y éxitos locales. Los shows de Picasso todavía arrastran a las multitudes y T.S. Eliot se enseña en las universidades; los marchantes del arte modernista aún hacen buenos negocios, y los editores todavía publican alguna poesía “difícil”. Pero la vanguardia, que ventea ya el peligro, se muestra más tímida cada día que pasa. El academicismo y el comercialismo están apareciendo en los lugares más extraños. Esto sólo puede significar una cosa: la vaguardia empieza a sentirse insegura del público del que depende: los ricos y los cultos.
¿Está en la naturaleza misma de la cultura de vanguardia ser la única responsable del peligro que halla en sí? ¿O se trata solamente de una contingencia peligrosa? ¿Intervienen otros factores, quizá más importantes?
II
Donde hay vanguardia generalmente encontramos también una retaguardia. Al mismo tiempo que la entrada en escena de la vanguardia, se produce en el Occidente industrial un segundo fenómeno cultural nuevo: eso que los alemanes han bautizado con el maravilloso nombre de kitsch, un arte y una literatura populares con sus cromotipos, cubiertas de revista, ilustraciones, anuncios, publicaciones en papel satinado, cómics, música estilo Tin Pan Alley, zapateados, películas de Hollywood, etc. Por alguna razón, esta gigantesca aparición se ha dado siempre por supuesta. Ya es hora de que pensemos en sus causas y motivos.
El kitsch es un producto de la revolución industrial que urbanizó a las masas de Europa occidental y Norteamérica y estableció lo que se denomina alfabetismo universal.
Con anterioridad, el único mercado de la cultura formal –a distinguir de la cultura popular—había estado formado por aquellos que, además de saber leer y escribir, podían permitirse el ocio y el confort que siempre han ido de la mano con cualquier clase de adquisición de la cultura. Hasta entonces esto había ido indisolublemente unido al alfabetismo. Pero con la introducción del alfabetismo universal, la capacidad de leer y escribir se convirtió casi en una habilidad menor, como conducir un coche, y dejó de servir para distinguir las inclinaciones culturales de un individuo, pues ya no era el concomitante exclusivo de los gustos refinados.
Los campesinos que se establecieron en las ciudades como proletarios y los pequeños burgueses aprendieron a leer y escribir en pro de una mayor eficiencia, pero no accedieron al ocio y al confort necesarios para disfrutar de la tradicional cultura de la ciudad. Sin embargo, perdieron el gusto por la cultura popular, cuyo contexto era el campo, y al mismo tiempo descubrieron una nueva capacidad de aburrirse. Por ello, las nuevas masas urbanas presionaron sobre la sociedad para que se les proporcionara el tipo de cultura adecuado a su propio consumo. Y se ideó una nueva mercancía que cubriera la demanda del nuevo mercado: la cultura sucedánea, kitsch, destinada a aquellos que, insensibles a los valores de la cultura genuina, estaban hambrientos de distracciones que sólo algún tipo de cultura puede proporcionar.
El kitsch, que utiliza como materia prima simulacros academicistas y degradados de la verdadera cultura, acoge y cultiva esa insensibilidad. Ahí está la fuente de sus ganancias. El kitsch es mecánico y opera mediante fórmulas. El kitsch es experiencia vicaria y sensaciones falseadas. El kitsch cambia con los estilos pero permanece siempre igual. El kitsch es el epítome de todo lo que hay de espurio en la vida de nuestro tiempo. El kitsch no exige nada a sus consumidores, salvo dinero; ni siquiera les pide su tiempo.
La condición previa del kitsch, condición sin la cual sería imposible, es la accesibilidad a una tradición cultural plenamente madura, de cuyos descubrimientos, adquisiciones y autoconciencia perfeccionada se aprovecha el kitsch para sus propios fines. Toma sus artificios, sus trucos, sus estratagemas, sus reglillas y temas, los convierte en sistema y descarta el resto. Extrae su sangre vital, por decirlo así, de esta reserva de experiencia acumulada. Esto es lo que realmente se quiere decir cuando se afirma que el arte y la literatura populares de hoy fueron ayer arte y literatura audaces y esotéricos. Por supuesto, tal cosa es falsa. La verdad es que, transcurrido el tiempo necesario, lo nuevo es robado para nuevas “vueltas” y servido como kitsch, después de aguarlo. Obviamente, todo kitsch es academicista; y a la inversa, todo academicismo es kitsch. Pues lo que se llama academicista deja de tener, como tal, una existencia independiente para transformarse en pretenciosa “fachada” del kitsch. Los métodos del indutrialismo desplazan a las artesanías.
Como es posible producirlo mecánicamente, el kitsch ha pasado a formar parte integrante de nuestro sistema productivo de una manera velada para la auténtica cultura, salvo accidentalmente. Ha sido capitalizado con enormes inversiones que deben ofrecer los correspondientes beneficios; está condenado a conservar y ampliar sus mercados. Aunque en esencia él es su propio vendedor, se ha creado para él un gran aparato de ventas, que presiona sobre todos los miembros de la sociedad. Se montan sus trampas incluso en aquellos campos que constituyen la reserva de la verdadera cultura. En un país como el nuestro, no basta ya con sentirse inclinado hacia ésta última; hay que sentir una auténtica pasión por ella, pues sólo esa pasión nos dará la fuerza necesaria para resistir la presión del artículo falseado que nos rodea y atrae desde el momento que es lo bastante viejo para tener aspecto de interesante. El kitsch es engañoso. Presenta niveles muy diferentes, algunos lo suficientemente elevados para suponer un peligro ante el buscador ingenuo de la verdadera luz. Una revista como The New Yorker, que es fundamentalmente kitsch de clase alta para un tráfico de lujo, transforma y diluye para su propio uso gran cantidad de material de vanguardia. Tampoco hay que pensar que todo artículo kitsch carece individualmente de valor. De cuando en cuando produce algo meritorio, algo que tiene un auténtico regusto popular; y estos ejemplos accidentales y aislados han embotado a personas que deberían conocerlo mejor.
Las enormes ganancias del kitsch son una fuente de tentaciones para la propia vanguardia, cuyos miembros no siempre saben resistirse. Escritores y artistas ambiciosos modificarán sus obras bajo la presión del kitsch, cuando no sucumben a ella por completo. Y es entonces cuando se producen esos casos fronterizos que nos llenan de perplejidad, como el del popular novelista Simenon en Francia, o el de Steinbeck en nuestro país. En cualquier caso, el resultado neto va siempre en detrimento de la verdadera cultura.
El kitsch no se ha limitado a las ciudades en que nació, sino que se ha desamparado por el campo, fustigando a la cultura popular. Tampoco muestra consideración alguna hacia fronteras geográficas o nacional-culturales. Es un producto en serie más del industrialismo occidental, y como tal ha dado triunfalmente la vuelta al mundo, vaciando y desnaturalizando culturas autóctonas en un país colonial tras otro, hasta el punto de que está en camino de convertirse en una cultura universal, la primera de la Historia. En la actualidad, los nativos de China, al igual que los indios sudamericanos, los hindúes, o los polinesios, prefieren ya las cubiertas de las revistas, las secciones en huecograbado y las muchachas de los calendarios a los productos de su arte nativo. ¿Cómo explicar esta virulencia del kitsch, este atractivo irresistible? Naturalmente, el kitsch, fabricado a máquina, puede venderse más barato que los artículos manuales de los nativos, y el prestigio de Occidente también ayuda; pero ¿por qué es el kitsch un artículo de exportación mucho más rentable que Rembrandt? Al fin y al cabo, las reproducciones resultan igualmente baratas en ambos casos.
En su último artículo sobre cine soviético, publicado en Partisan Review, Dwight Macdonald señala que el kitsch ha pasado a ser en los últimos diez años la cultura dominante en la Rusia soviética. Culpa al régimen político no sólo de que el kitsch sea la cultura oficial, sino de que sea hoy la cultura realmente dominante, la más popular, y cita el siguiente pasaje de The Seven Soviet Arts de Kurt London “(…) la actitud de las masas ante los estilos artísticos, sean nuevos o viejos, sigue dependiendo esencialmente de la naturaleza de la educación que reciben de sus respectivos Estados.” Y continúa Macdonald: “Después de todo, ¿por qué unos campesinos ignorantes habrían de preferir Repin (un destacado exponente del kitsch academicista ruso en pintura) a Picasso, cuya técnica abstracta es al menos tan relevante para su primitivo arte popular como el estilo realista del primero? No, si las masas acuden en tropel al Tretiakov (museo moscovita de arte ruso contemporáneo: kitsch) es en gran medida porque han sido condicionadas para huir del ‘formalismo’ y admirar el ‘realismo socialista’”.
En primer lugar, no se trata de elegir entre lo simplemente viejo y lo simplemente nuevo, como London parece pensar, sino de elegir entre lo viejo que es además malo y anticuado, y lo genuinamente nuevo. La alternativa a Picasso no es Miguel Ángel, sino el kitsch. En segundo lugar, ni en la atrasada Rusia ni en el avanzado Occidente prefieren las masas el kitsch simplemente porque sus gobiernos los empujen a ello. Cuando los sistemas educativos estatales se toman la molestia de hablar de arte, mencionan a los viejos maestros, no al kitsch, y, sin embargo, nosotros colgamos de nuestras paredes un Maxfield Parrish o su equivalente, en lugar de un Rembrandt o un Miguel Ángel. Además, como señala el mismo Macdonald, hacia 1925, cuando el régimen soviético alentaba un cine de vanguardia, las masas rusas seguían prefiriendo las películas de Hollywood. Ningún “condicionamiento” explica la potencia del kitsch.
Todos los valores son valores humanos, valores relativos, en arte y en todo lo demás. Pero al parecer ha habido siempre, a lo largo de los siglos, un consenso más o menos general entre las personas cultas de la humanidad sobre lo que es arte bueno y arte malo. El gusto ha variado, pero no más allá de ciertos límites; los conaisseurs contemporáneos concuerdan con los japoneses del siglo XVIII en que Hokusai fue uno de los más grandes artistas de su tiempo; incluso nosotros estamos de acuerdo con los egipcios antiguos en que el arte de las Dinastías III y IV era el más digno de ser arquetípico para los que vinieron después. Hemos llegado a colocar a Giotto por encima de Rafael, pero no por ello negamos que Rafael fuese uno de los mejores pintores de su tiempo. Ha habido, pues, acuerdo, y en mi opinión ese acuerdo se basa en la distinción permanente entre aquellos valores que sólo se encuentran en el arte y aquellos otros que se dan en otra parte. El kitsch, merced a una técnica racionalizada que se alimenta de la ciencia y la industria, ha borrado en la práctica esa distinción.
Veamos, por ejemplo, lo que ocurre cuando uno de esos ignorantes campesinos rusos de que habla Macdonald se encuentra ante una hipotética libertad de elección entre dos pinturas, una de Picasso y otra de Repin. Supongamos que en la primera ve un juego de líneas, colores y espacios que representa a una mujer. La técnica abstracta le recuerda –si aceptamos la suposición de Macdonald para mí discutible—algo de los iconos que ha dejado atrás en la aldea, y siempre la atracción de lo familiar. Supongamos incluso que percibe vagamente algunos de esos valores del gran arte que el culto ve en Picasso. A continuación vuelve su mirada hacia un cuadro de Repin y ve una escena de batalla. La técnica no le resulta tan familiar. . .en cuanto técnica. Pero eso pesa muy poco ante el campesino, pues súbitamente descubre en el cuadro de Repin valores que le parecen muy superiores a los que estaba acostumbrado a encontrar en el arte de los iconos; y lo extraño constituye en sí mismo una de las fuentes de esos valores: los valores de lo vívidamente reconocible, lo milagroso y lo simpático. El campesino ve y reconoce en el cuadro de Repin las cosas de la misma manera que las ve y reconoce fuera de los cuadros; no hay discontinuidad entre arte y la vida, no necesita aceptar una convención y decirse a sí mismo que el icono representa a Jesús porque pretende representar a Jesús, incluso aunque no le recuerde mucho a un hombre. Resulta milagroso que Repin pueda pintar de un modo tan realista que las identificaciones son inmediatamente evidentes y no exigen esfuerzo alguno por parte del espectador. Al campesino le agrada también la riqueza de significados autoevidentes que encuentra en el cuadro: “narra una historia”. Picasso y los iconos son, en comparación, tan austeros y áridos. . .Y es más, Repin enaltece la realidad y la dramatiza: puestas de sol, obuses que explotan, hombres que corren y caen. No hay ni que hablar de Picasso o los iconos. Repin es lo que quiere el campesino, lo único que quiere. Sin embargo, es una suerte para Repin que el campesino esté a salvo de los productos del capitalismo americano, pues tendría muy pocas posibilidades de salir triunfalmente frente a una portada del Saturday Evening Post hecha por Norman Rockwell.
En último término podemos decir que el espectador culto deriva de Picasso los mismos valores que el campesino de Repin, pues lo que este último disfruta en Repin también es arte en cierto modo, aunque a escala inferior, y va a mirar los cuadros impelido por los mismos instintos que empujan al espectador culto. Pero los valores últimos que el espectador culto obtiene de Picasso llegan en segunda instancia, como resultado de una reflexión sobre la impresión inmediata que le dejaron los valores plásticos. Sólo entonces entran en escena lo reconocible, lo milagroso y lo simpático, que no está inmediata o externamente presentes en la pintura de Picasso y por ello deben ser inyectados por un espectador lo bastante sensitivo para reaccionar suficientemente ante las cualidades plásticas. Pertenecen al efecto “reflejado”. En cambio, en Repin el efecto “reflejado” ya ha sido incluido en el cuadro, ya está listo para que el espectador lo goce irreflexivamente. Allí donde Picasso pinta causa, Repin pinta efecto. Repin predigiere el arte para el espectador y le ahorra esfuerzos, ofreciéndole un atajo al placer artístico que desvía todo lo necesariamente difícil en el arte genuino. Repin, o el kitsch, es arte sintético.
Lo mismo puede decirse respecto a la literatura kitsch: proporciona una experiencia vicaria al insensible, con una inmediatez mucho mayor de la que es capaz la ficción seria. Por ello Eddie Guest y la Indian Love Lyrics son más poéticos que T.S. Eliot y Shakespeare.
III
Ahora vemos que, si la vanguardia imita los procesos del arte, el kitsch imita sus efectos. La nitidez de esta antítesis no es artificiosa; corresponde y define el enorme trecho que separa entre sí dos fenómenos culturales tan simultáneos como la vanguardia y el kitsch. Este intervalo, demasiado grande para que puedan abarcarlo las infinitas gradaciones de la modernidad popularizada y el kitsch “moderno”, se corresponde a su vez con un intervalo social, intervalo que siempre ha existido en la cultura formal y en la sociedad civilizada, y cuyos dos extremos convergen y divergen menteniendo una relación fija con la estabilidad creciente o decreciente de una sociedad determinada. Siempre ha habido, de un lado, la minoría de los poderosos –y, por tanto, la de los cultos—y de otro, la gran masa de los pobres y explotados y, por tanto, de los ignorantes. La cultura formal ha pertenecido siempre a los primeros, y los segundos han tenido siempre que contentarse con una cultura popular rudimentaria, o con el kitsch.
En una sociedad estable que funciona lo bastante bien como para resolver las contradicciones entre sus clases, la dicotomía cultural se difumina un tanto. Los axiomas de los menos son compartidos por los más; estos últimos creen supersticiosamente en aquello que los primeros creen serenamente. En tales momentos de la historia, las masas son capaces de sentir pasmo y admiración por la cultura de sus amos, por muy alto que sea el plano en que se sitúe. Esto es cierto al menos para la cultura plástica, accesible a todos.
En la Edad Media, el artista plástico prestaba servicio, al menos de boquilla, a los mínimos comunes denominadores de la experiencia. Esto siguió ocurriendo, en cierto grado, hasta el siglo XVII. Se disponía para la imitación de una realidad conceptual universalmente válida, cuyo orden no podía alterar el artista. La temática del arte venía prescrita por aquellos que encargaban las obras, obras que no se creaban, como en la sociedad burguesa, para especular con ellas. Y precisamente porque su contenido estaba predeterminado, el artista tenía libertad para concentrarse en su medio artístico. No necesitaba ser filósofo ni visionario, sino simplemente artífice. Mientras hubo acuerdo general sobre los temas artísticos más valiosos, el artista se vio liberado de la obligación de ser original e inventivo en su “materia” y pudo dedicar todas sus energías a los problemas formales. El medio se convirtió para él, privada y profesionalmente, en el contenido de su arte, al igual que su medio es hoy el contenido público del arte del pintor abstracto, con la diferencia, sin embargo, de que el artista medieval tenía que suprimir su preocupación profesional en público, tenía que suprimir y subordinar siempre lo personal y profesional a la obra de arte acabada y oficial. Si sentía, como miembro ordinario de la comunidad cristiana, alguna emoción personal hacia su modelo, esto solamente contribuía al enriquecimiento del significado público de la obra. Las inflexiones de lo personal no se hicieron legítimas hasta el Renacimiento, y aun así manteniéndose dentro de los límites de lo reconocible de una manera sencilla y universal. Hasta Rembrandt no empezaron a aparecer los artistas “solitarios”, solitarios en su arte.
Pero incluso durante el Renacimiento, y mientras el arte occidental se esforzó en perfeccionar su técnica, las victorias en este campo sólo podían señalizarse mediante el éxito en la imitación de la realidad, pues no existía a mano otro criterio objetivo. Con ello, las masas podían encontrar todavía en el arte de sus maestros un motivo de admiración y pasmo. Se aplaudía hasta el pájaro que picoteaba la fruta en la pintura de Zeuxis.
Aunque parezca una perogrullada, recordemos que el arte se convierte en algo demasiado bueno para que lo aprecie cualquiera, en cuanto la realidad que imita deja de corresponder, ni siquiera aproximadamente, a la realidad que cualquiera puede reconocer. Sin embargo, incluso en ese caso, el resentimiento que puede sentir el hombre común queda silenciado por la admiración que le inspiran los patrones de ese arte. Únicamente cuando se siente insatisfecho con el orden social que administran comienza a criticar su cultura. Entonces el plebeyo, por primera vez, hace acopio de valor para expresar abiertamente sus opiniones. Todo hombre, desde el concejal de Tammany hasta el pintor austriaco de brocha gorda, se considera calificado para opinar. En la mayor parte de los casos, este resentimiento hacia la cultura se manifiesta siempre quela insatisfacción hacia la sociedad tiene un carácter reaccionario que se expresa en un rivalismo y puritanismo y, en último término, en un fascismo. Revólveres y antorchas empiezan a confundirse con la cultura. La caza iconoclasta comienza en nombre de la devoción o la pureza de la sangre, de las costumbres sencillas y las virtudes sólidas.
IV
Volviendo de momento a nuestro campesino ruso, supongamos que, después de preferir Repin a Picasso, el aparato educativo del Estado avanza algo y le dice que está equivocado, que debe preferir a Picasso, y le demuestra porqué. Es muy posible que el Estado soviético llegue a hacer tal cosa. Pero en Rusia las cosas son como son (y en cualquier otro país también), por lo que el campesino pronto descubre que la necesidad de trabajar duro durante todo el día para vivir y las circunstancias rudas e inconfortables en que vive no le permiten un ocio, unas energías y unas comodidades suficientes para aprender a disfrutar de Picasso. Al fin y al cabo, eso exige una considerable cantidad de “condicionamientos”. La cultura superior es una de las creaciones humanas más artificiales, y el campesino no siente ninguna necesidad “natural” dentro de sí que le empuje hacia Picasso a pesar de todas las dificultades. Al final, el campesino volverá al kitsch, pues puede disfrutar del kitsch sin esfuerzo. El Estado está indefenso en esta cuestión y así sigue mientras los problemas de la producción no se hayan resuelto en un sentido socialista. Por supuesto, esto también es aplicable a los países capitalistas y hace que todo lo que se dice sobre arte de las masas no sea sino pura demagogia.
Allí donde un régimen político establece hoy una política cultural oficial, lo hace en bien de la demagogia. Si el kitsch es la tendencia oficial de la cultura en Alemania, Italia y Rusia, ello no se debe a que sus respectivos gobiernos estén controlados por filisteos, sino a que el kitsch es la cultura de masas en esos países, como en todos los demás. El estímulo del kitsch no es sino otra manera barata por la cual los regímenes totalitarios buscan congraciarse con sus súbditos. Como estos regímenes no pueden elevar el nivel cultural de las masas –ni aunque lo quisieran—mediante cualquier tipo de entrega al socialismo internacional, adulan a las masas haciendo descender la cultura hasta su nivel. Por esa razón se proscribe la vanguardia, y no porque una cultura superior sea intrínsecamente una cultura más crítica (El que la vanguardia pueda o no florecer bajo un régimen totalitario no es una cuestión pertinente en este contexto.) En realidad, el principal problema del arte y la literatura de vanguardia, desde el punto de vista de fascistas y stalinistas, no es que resulten demasiado críticos, sino que son demasiado “inocentes”, es decir, demasiado resistentes a las inyecciones de una propaganda eficaz, cosa a la que se presta mucho mejor el kitsch. El kitsch mantiene al dictador en contacto más íntimo con el “alma” del pueblo. Si la cultura oficial se mantuviera en un nivel superior al general de las masas, se correría el riesgo del aislamiento.
Sin embargo, si fuese imaginable que las masas pidieran arte y literatura de vanguardia, ni Hitler ni Mussolini ni Stalin vacilarían un momento en intentar satisfacer tal demanda. Hitler es un feroz enemigo de la vanguardia por razones doctrinales y personales, pero eso no impidió que Goebbels cortejase ostentosamente en 1932-1933 a artistas y escritores de vanguardia. Cuando Gottfried Benn, un poeta expresionista, se acercó a los nazis, fue recibido con grandes alardes, aunque en aquel mismo instante Hitler estaba denunciando al expresionismo como Kulturbolschewismus. Era un momento en que los nazis consideraban que el prestigio que tenía el arte de vanguardia entre el público culto alemán podría ser ventajoso para ellos, y consideraciones prácticas de esta naturaleza han tenido siempre prioridad sobre las inclinaciones personales de Hitler, pues los nazis son políticos muy hábiles. Posteriormente, los nazis comprendieron que era más práctico acceder a los deseos de las masas en cuestión de cultura que a los de sus paganos; estos últimos, cuando se trataba de conservar el poder, se mostraban dispuestos siempre a sacrificar tanto su cultura como sus principios morales; en cambio, aquellas, precisamente porque se las estaba privando del poder, habían de ser mimadas todo lo posible en otros terrenos. Era necesario crear, con un estilo mucho más grandilocuente que en las democracias, la ilusión de que las masas gobernaban realmente. Había que proclamar a los cuatro vientos que la literatura y el arte que les gustaba y entendían eran el único arte y la única literatura auténticos y que se debía suprimir cualquier otro. En estas circunstancias, las personas como Gottfried Benn se convertían en un estorbo, por muy ardientemente que apoyasen a Hitler; y no se oyó hablar más de ellas en la Alemania nazi.
Como podemos ver, aunque desde un punto de vista el filisteísmo personal de Hitler y Stalin no es algo accidental en relación con los papeles políticos que desempeñan, desde otro punto de vista constituye sólo un factor que contribuye de una manera simplemente incidental a la determinación de las políticas culturales de sus regímenes respectivos. Su filisteísmo personal se limita a aumentar la brutalidad y oscurantismo de las políticas que se vieron obligados a propugnar condicionados por el conjunto de sus sistemas, aunque personalmente hubieran sido defensores de la cultura de vanguardia. Lo que la aceptación del aislamiento de la Revolución rusa obligó a hacer a Stalin, Hitler se vio impulsado a hacerlo por su aceptación de las contradicciones del capitalismo y sus esfuerzos para congelarlas. En cuanto a Mussolini, su caso es un perfecto ejemplo de la disponibilité de un realista en estas cuestiones. Durante años adoptó una actitud benevolente ante los futuristas y construyó estaciones y viviendas gubernamentales de estilo moderno. En los suburbios de Roma se ven más viviendas modernas que en casi cualquier otro lugar del mundo. Quizás el fascismo deseaba demostrar que estaba al día, ocultar que era retrógrado; quizá quería ajustarse a los gustos de la rica élite a la que le servía. En cualquier caso, Mussolini parece haber comprendido al final que le sería más útil satisfacer los gustos culturales de las masas italianas que los de sus dueños. Era preciso ofrecer a las masas objetos de admiración y maravilla; en cambio, los otros podían pasar sin ellos. Y así vemos a Mussolini anunciando un “nuevo estilo imperial”. Marinetti, De Chirico y los demás son enviados a la oscuridad exterior, y la nueva estación ferroviaria de Roma ya no es moderna. El hecho de que Mussolini tardara tanto en hacer esto ilustra una vez más las relativas vacilaciones del fascismo italiano a la hora de sacar las inevitables conclusiones de su papel.
El capitalismo decadente piensa que cualquier cosa de calidad que todavía es capaz de producir se convierte casi invariablemente en una amenaza a su propia existencia. Los avances en la cultura, como los progresos en la ciencia y la industria, corroen la sociedad que los hizo posibles. En esto, como en casi todas las demás cuestiones actuales, es necesario citar a Marx palabra por palabra. Hoy ya no seguimos mirando hacia el socialismo en busca de una nueva cultura, pues aparecerá inevitablemente en cuanto tengamos socialismo. Hoy miramos hacia el socialismo simplemente en busca de la preservación de toda cultura viva de hoy.
1939
(fecha de publicación orginal. La presente transcripción no contiene los pies de página)
P.D. Para mi consternación, años después de publicarse esto, me enteré de que Repin nunca pintó una escena de batalla; no era esa clase de pintor. Yo le había atribuido el cuadro de algún otro autor. Esto demuestra mi provincianismo con respecto al arte ruso del siglo XIX.
¿Qué significa "kitsch" y "camp"?
La palabra kitsch viene del término alemán yiddish etwas verkitschen. Define al arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente. También se utiliza el término kitsch en un sentido más libre para referirse a cualquier arte que es pretencioso, pasado de moda o de mal gusto.
Aunque su etimología es incierta, está ampliamente difundido que la palabra se originó en los mercados de arte de Munich entre los años 1860 y 1870. El término era usado para describir los dibujos y bocetos baratos o fácilmente comercializables.
Kitsch está asociada al verbo kitschen, que significaba ‘barrer mugre de la calle’. El kitsch apelaba a un gusto vulgar de la nueva y adinerada burguesía de Munich que pensaba, como muchos nuevos ricos que podían alcanzar el status que envidiaban a la clase tradicional de las élites culturales copiando las características más evidentes de sus hábitos culturales.
Lo kitsch empezó a ser definido como un objeto estético empobrecido con mala manufactura, significando más la identificación del consumidor con un nuevo status social y menos con una respuesta estética genuina. Lo kitsch era considerado estéticamente empobrecido y moralmente dudoso. El sacrificio de una vida estética convertida en pantomima, usualmente, aunque no siempre, con el interés de señalar un status social.
La palabra se popularizó en los años 1930 por los teóricos Clement Greenberg, Hermann Broch, y Theodor Adorno, que intentaban definir lo Avant Garde y el kitsch como opuestos. En aquella época el mundo del arte percibía la popularidad del kitsch como un peligro para la cultura. Los argumentos de los tres teóricos confiaban en una definición implícita del kitsch como una falsa consciencia, un término marxista que significa una actitud mental presente dentro de las estructuras del capitalismo que está equivocada en cuanto a sus propios deseos y necesidades. Los marxistas suponen que entonces existe una separación entre la situación verdadera y su fenomenología.
Adorno percibía esto en términos de lo que él llamaba la cultura industrial, donde el arte es controlado y planeado por las necesidades del mercado y es dado a un pueblo pasivo que lo acepta. Lo que es comercializado es un arte que no cambia y que es formalmente incoherente, pero que sirve para dar a la audiencia ocio y algo que mirar. El arte para Adorno debe ser subjetivo, cambiante y orientado contra la opresiva estructura del poder. Él clamaba que el kitsch es parodia de la catarsis, y también parodia de la conciencia estética.
Arte académico
El arte académico del siglo XIX todavía se ve a menudo como kitsch, aunque esta visión está siendo atacada por los críticos modernos. Quizás es mejor recurrir a la teoría de Broch, quien discutía que la génesis del kitsch estaba dentro del Romanticismo, que no es kitsch por sí mismo pero que abrió la puerta para el gusto del kitsch, acentuando la necesidad del trabajo de arte expresivo y evocador. El arte académico, que continuó esta tradición Romántica, tiene una razón doble de su asociación con el kitsch.
No es que fuera accesible; de hecho, es en este periodo que surge la distinción entre arte alto y arte bajo definido por los intelectuales. El arte académico se esforzó en permanecer en una tradición arraigada en la experiencia estética e intelectual. Las calidades intelectuales y estéticas del trabajo estaban ciertamente allí. Los buenos ejemplos del arte académico incluso fueron admirados por los artistas Avant Garde que se podrían rebelar contra él. Había una cierta crítica, sin embargo, que declaraba que el arte se volvía “demasiado hermoso” y democrático, y esto lo hacía ver demasiado fácil y superficial.
Muchos artistas académicos intentaron utilizar temas del arte popular para enoblecerlos como arte, sujetándolos al interés en las calidades inherentes de la forma y de la belleza, intentando democratizar el mundo del arte. En Inglaterra, algunos académicos incluso abogaron por que el artista trabajara para el mercado. En un cierto sentido las metas de la democratización tuvieron éxito, y la sociedad fue inundada con el arte académico, el público que hacía filas para ver exposiciones de arte de la manera en que ahora se va a ver una película. La instrucción en arte llegó a ser extensa, al igual que la práctica, lo que hizo borrosa la línea entre arte popular y arte elitista. Esto condujo a menudo a que trabajos de arte mal hechos o mal concebidos fueran aceptados como arte.
En segundo lugar, los temas y las imágenes presentados en el arte académico, aunque originales en su primera expresión, fueron diseminados entre el público en la forma de impresiones y postales -- que a menudo su reproducción fue animada activamente por los artistas -- y éstas imágenes fueron copiadas sin fin hasta que se convirtieron en clichés bien conocidos.
El Avant Grade reaccionó a estos progresos separándose de los aspectos del arte tales como: representación y armonía pictoral, que eran apreciados por el público, para hacer una declaración sobre la importancia de la estética.
Postmodernismo: el camp
Con el surgimiento postmodernismo en los años ochenta, la línea entre lo kitsch y el arte se volvió otra vez borrosa. También surgió el concepto de camp, que es una apreciación irónica que de otra manera se consideraría tonta y pedante, o de otra manera kitsch. Como ejemplos de camp está Carmen Miranda con sus sombreros tutti-frutti, o eventos culturales populares que tienen una fecha en particular o son inapropiadamente serios, como las películas de ciencia ficción con bajo presupuesto de los años cincuenta y sesenta. Camp se deriva del término francés camper que significa ‘presentarse de una manera exagerada’.
Susan Sontag planteaba que el Camp era una atracción a las cualidades humanas que se expresaban por sí mismas en “tentativas falsas de seriedad”, teniendo estas cualidades un particular y único estilo que reflejaba la sensibilidad de la época. Esto implica una estética del artificio más que de la naturaleza. De hecho los seguidores de línea dura del término Camp insisten en que “Camp es una mentira que se atreve a decir la verdad”.
Mucho del Pop Art intentó incorporar imágenes de la cultura popular y el kitsch; los artistas pudieron mantener su legitimidad diciendo que ellos “citaban” las imágenes para elaborar conceptos. Usualmente la apropiación de estas imágenes era de manera irónica.
En Italia, un movimiento llamado Nuovi Nuovi (‘Nuevos Nuevos’), tomó una ruta diferente: en lugar de citar lo kitsch de manera irónica, se encontraron en un primitivismo que abrazaba lo feo y barato, tomando esto como una especie de anti-estética.
El Arte Conceptual y el Deconstructivismo plantearon un cambio interesante, por que como el kitsch, los dos movimientos subestimaban la estructura formal del trabajo de arte, dando más importancia a otros elementos que tienen más relación con otras esferas de la vida
A pesar de esto, muchos en el mundo del arte continúan teniendo un cierto sentido de dicotomía entre el arte y el kitsch, poniendo todo el arte sentimental y realista fuera de ser considerado seriamente. Esto ha sido atacado por algunos críticos que discuten una reapreciación del arte académico y de la pintura figurativa y tradicional.
http://es.wikipedia.org/wiki/Kitsch
Permiso para volver a pintar
Achille Bonito Oliva, curador de la muestra y teórico, habla del movimiento de arte italiano de los 80
La Transvanguardia soy yo", dijo alguna vez Achille Bonito Oliva. El vehemente crítico italiano, teórico de la Transvanguardia Italiana y acaso la figura más influyente del arte de los 80, se encuentra en Buenos Aires para presentar en la Fundación Proa la exposición del movimiento que marcó con su sello personal aquellos años. Armado por él mismo, el conjunto integra trabajos históricos de Francesco Clemente, Sandro Chia, Enzo Cucchi, Mimmo Paladino y Nicola de María, el mismo quinteto que lo acompañó en sus primeras salidas al ruedo a fines de los 70.
Bonito Oliva fue uno de los primeros en percibir la crisis de las vanguardias y la encerrona que planteaba su interminable proyecto de novedad y progreso. "La vanguardia ha operado dentro de una ideología idealista que entiende el arte como una línea continua y progresiva. Tal mentalidad es evolucionista", sostenía en los primeros tramos de su libro La Trans-vanguardia, publicado en Italia en 1980 y dos años más tarde en la Argentina por Rosenberg Rita Editores, con traducción de Carlos Espartaco y prólogo de Jorge Romero Brest.
Las relaciones de Achille Bonito Oliva con la Argentina fueron estrechísimas desde que sus ideas se transformaron en materia de debate en las jornadas que por entonces organizaba la Asociación Argentina de Críticos de Arte bajo el impulso de Jorge Glusberg y el CAYC. Aceptadas o rechazadas con igual entusiasmo, no cabe duda de que fogonearon el debate estético de la posmodernidad en torno de tópicos fundamentales: la actitud transgresora frente al pasado del arte, el fenómeno de la identidad multicultural, la recuperación del sujeto y el goce de volver a pintar.
A veinte años de formulada su teoría, Bonito Oliva analizó para Clarín la proyección actual de la Transvanguardia:
—Creo que tuvo la virtud de ser la primera teoría no global del arte. Después de los años 60 y 70, dominados por los modelos norteamericanos —el minimal art, el arte conceptual, el land art, que ciertamente, encontraron tanto en Europa como en Sudamérica magníficos representantes, aun dentro de ese modelo de dominio teórico y cultural—, la Transvanguardia se presenta como el primer movimiento que reflexiona sobre el problema de la identidad y la recuperación del sujeto. En sentido del llamado glocal (que reune en una palabra lo global y lo local), es decir un lenguaje universal capaz de acoger una dimensión antropológica. No es una respuesta tribal a la globalización; sino que instala, junto a la universalidad del arte, el problema de la resistencia del sujeto que quiere hablar una lengua propia. Así puedo decir con mucho orgullo que ha sido el primer movimiento del arte no global y que anticipó lo que hoy sucede en el campo de la ecología y de los derechos civiles.
—¿En qué sentido?
—En que la Transvanguardia intuyó en el plano teórico que la globalización, ligada al desarrollo económico, militar industrial de la superpotencia norteamericana ha conducido a la exportación de un modelo de potencia que es un modelo de exportación de la muerte. Esto ha quedado demostrado recientemente con la intervención en Irak. Así, a veinte años, el nomadismo cultural y el eclecticismo estilístico, señalado por la Transvanguardia, tienen aún hoy un campo fértil, como lo demuestran las muestras que retoman el modelo contenido en Los cuatro puntos cardinales del arte, la Bienal que organicé en Venecia en el 93.
—Reconocerá de todos modos cambios de sensibilidad desde entonces.
—Hay un pasaje que yo llama la Transvanguardia fría. La de los 80 era la caliente, manual y subjetiva. Me refiero a la que se identifica con esta obra de Clemente, Chia, Cucchi, Mimmo Paladino y Nicola de María. Pero la Transvanguardia fría hoy trabaja los mismos temas de reconversión, reciclaje y mezcolanza de géneros, que son los tópicos de la posmodernidad que se reencuentran en la obra de una serie de artistas actuales que incluí en el apartado la Ciudad Radial de la Bienal de Valencia. Hay en ellos un retorno a los medios fríos pero conservando el placer del color que viene de la Transvanguardia.
—Usted estableció un paralelismo entre la crisis de la modernidad a fines de los 70 y el Manierismo del 1500 .
—Sí, mi trabajo teórico se inicia a comienzos de los 70 con un primer ensayo sobre el Manierismo. Allí señalo que este movimiento es la madre del arte contemporáneo, de su conceptualidad y de la idea citación que sustituye el criterio de invención en las vanguardias. Después publico L''ideologia del traditore (Feltrinelli 1976), donde reflexiono sobre la manualidad y la recuperación del dibujo y recién después vienen todas las muestras.
Movimiento creado en 1979 bajo el patrocinio del teórico y crítico de arte italiano Achille Bonito Oliva, se dio a conocer al público al año siguiente en la Bienal de Venecia presentando a tres de sus protagonistas: Chia, Cucchi y Clemente. Más tarde se unió Paladino y De María. Una exposición en Roma en 1982 aseguró al movimiento una audiencia internacional. La Transvanguardia se convierte así en el primer movimiento europeo que conquista New York y el mercado americano después de la Segunda Guerra Mundial.
En reacción al arte conceptual de los sesenta y las vanguardias sujetas a ideologías de carácter político o social, la Transvanguardia propone el poder de la subjetividad y el carácter de las propias raíces, el genius loci. Rechazan el marxismo, el psicoanálisis. La lingüística, y retoman los vínculos del expresionismo de principios de siglo y el pasado de Italia. El concepto de oficio se revaloriza, las técnicas se vuelven tradicionales: carboncillo, lápiz, pluma, perspectivas, sombras, frescos barnices... Lo que importa es la invención de signos personales y emblemáticos alimentando una genuina ambivalencia de sensibilidades.
Pero la Transvanguardia, si bien nace en Italia, no se limita a la península. En Alemania, los artistas como Baselitz o Kiefer en la oleada de los nuevos salvajes, pueden relacionarse con algunas de las premisas del movimiento italiano; en Francia, Garouste mantiene con la Transvanguardia numerosas afinidades al igual que los pintores agrupados bajo la denominación de libre figuración. En Estados Unidos, la pintura de Schnabel mantiene más proximidad con la Transvanguardia europea que con los movimientos americanos derivados del Pop o el hiperrealismo.
Según Bonito Oliva, el nombre de vanguardia se ha convertido en un título patético y sin sentido porque sólo significa una pretensión de ruptura y novedad. En la primera mitad del siglo, la situación histórica llevó al artista a creer en la ilusión de poder hacer del arte un instrumento de combate para la transformación de la sociedad; la existencia de la vanguardia estaba entonces autorizada por la misma situación histórica. El escándalo demostró que efectivamente el arte podía convertirse en una transgresión eficaz de las normas que regían las formas artísticas y sociales a la vez. Pero hoy, al contrario, las galerías y el público han adquirido una gran capacidad para encajar los golpes bajos del arte y aceptar, incluso en los museos, una exposición de detritus o de cualquier otra manifestación de un arte desprovisto ya de cualquier capacidad de debate.
Desde los albores de los ochenta presenciamos la desaparición de las resistencias hacia los géneros tradicionales y vivimos una consagración generalizada de la pintura. Una de las más sintomáticas muestras de esta primera mitad de la década es sin duda la Transvanguardia, que sintoniza fácilmente con la diseminación posmoderna al igual que el neoexpresionismo. Una búsqueda de identidad moderna, pero plural y llena de mimetismos, caracteriza esta nueva década de los ochenta, fluctuando entre el territorio antropológico y las mitologías individuales.
El papel social que desempeñó la vanguardia se convierte en una ilusión que incluso el mercado es capaz de asimilar y, por tanto, de invalidar en sus rasgos m s revolucionarios. .Sólo queda retornar a los valores tradicionales del arte: la universalidad, la autenticidad, la necesidad, valores que la Transvanguardia quiere reencontrar más allá del espíritu de las vanguardias. Las artes parece que se desligan de la filosofía de la Historia para reforzar sus lazos con la Filosofía de la Naturaleza.
Las figuraciones de Clemente o Cucchi evocan imágenes de vida, de placer, pero también de muerte y de destrucción, que en una época como la nuestra estimulan sobrecogedoras iconografías del desastre y la catástrofe. Aunque, en su caso, el artista hace inofensiva esta naturaleza amenazante gracias al juego de la fantasía. Cada artista puede evocar un abanico de estilos, desde el futurismo a la pintura metafísica, el Trecento, la iconografía barroca y manierista, el arte popular o el simbolismo decimonónico. De algún modo -ha dicho Francesco Clemente- no creo en el pasado, veo fragmentos y creo en estos fragmentos.
Este desplazamiento continuo de referencias estilísticas ocasiona tangencialidades y derivaciones; el eclecticismo se convierte en el reverso de la modernidad.
Varios autores.- El arte del S. XX. ( II tomo)
Ed. Salvat. 1990. págs. 434-435
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La transvanguardia o el talón de aquiles - conversación con Achille Bonito Oliva
jorge eduardo eielson
Achille Bonito Oliva es no sólo una de las figuras centrales de la crítica de arte de los años 80, sino seguramente el más discutido e influyente personaje del mundo del arte contemporáneo a causa de sus ideas y de los artistas que defiende. Inventor de la llamada Transvanguardia, hoy ya reconocida como movimiento histórico, con igual mérito que el Nouveau Realisme, Surrealismo, Dadaísmo, Expresionismo y otros ismos contemporáneos, los artistas de este movimiento han alcanzado una notoriedad internacional que divide a la crítica, y a los cuales siguen ahora nuevas figuras sostenidas por ABO, sea en artículos publicados en revistas de arte de todo el mundo, sea en libros o en exposiciones que él mismo organiza en Europa y América. Si los componentes de la primera ola de la Transvanguardia, como Clemente, Chia, Paladino, Cucchi y De Maria, con pronunciadas diferencias entre ellos, aparecen hoy día en precoz declive a causa de un rápido consumo y éxito comercial, los nuevos artistas que propone el crítico italiano no son menos discutibles. Es necesario subrayar, sin embargo, que bajo la fuerte influencia de la transvanguardia italiana y de la estética teorizada por ABO, todo el mundo del arte internacional ha sido embestido por una ola de pintura neo-expresionista, con particular vigor en el ámbito creativo alemán, cuna reconocida del expresionismo histórico, posterior a la primera guerra mundial. Artistas como Penck, Baselitz, Docoupil, Immendorf, Kiefer, Salomé y otros, conforman un movimiento de renovación profundamente alemán que, si bien independientemente de los enunciados de ABO, cae sin lugar a dudas dentro del espacio teórico instaurado por el crítico italiano. Igual fenómeno se puede observar, aunque sin los acusados rasgos del movimiento alemán, o del italiano, en casi toda la pintura internacional europea y americana de la última década. Sólo más recientemente, a partir de 1985, el significado de la Transvanguardia comienza a ser digerido por el espectador occidental, por una parte, y por los artistas de las nuevas generaciones, por la otra, los cuales inauguran una nueva resistencia al imperio neo‑expresionista de ABO y compañía.
La entrevista que sigue es la primera de una breve serie que el autor y el crítico proponen realizar sobre el tema incandescente del arte actual, en la que serán tocados todos los puntos que se juzguen necesarios para la comprensión del fenómeno visual en curso. A las preguntas que el autor dirige aquí al crítico seguirán otras generadas por sus propias respuestas que, repito, esperamos contribuyan al esclarecimiento del momento creativo actual.
La Transvanguardia en la historia
JEE.— A unos diez años de distancia de los primeros éxitos de la Transvanguardia, por ti sostenida, ¿qué piensas hoy de su rol histórico, si ya lo consideras tal?
ABO.— Antes que nada, tendría que subrayar cuál ha sido el rol histórico de la teoría de la Transvanguardia, que yo mismo represento, y que hoy constituye un substratum indispensable sobre el que se apoyan los nuevos artistas, aun aquellos que utilizan códigos lingüísticos diferentes, puesto que, después de la Transvanguardia, se podría decir que el acto de pintar ya no es el mismo. He aquí, en resumen, el núcleo de dicha teoría, conformada por las siguientes ideas: la idea del nomadismo cultural, la idea del eclecticismo estilístico, la idea del hedonismo cromático, aun dentro de una pintura de tipo investigativo y post‑conceptual. Se podría decir que el arte ha recuperado su más suntuoso ropaje y, por debajo del mismo, su propio cuerpo, en contraposición a la castidad puritana, protestante, del arte conceptual de los años 60.
JEE.— Y después del auge de la Transvanguardia ¿cómo ves el futuro de la pintura y el arte de los años 90?
ABO.— A esta pregunta creo haber respondido de dos maneras: la primera con un libro publicado hace tres años y que lleva por título Proggetto dolce (que se podría traducir aproximadamente como Proyecto suave) en el que documento la presencia en Italia de un grupo de artistas sucesivos a la Transvanguardia, y que yo sigo desde los años 70. Estos pintores (Bianchi, Ceccobelli, Gallo, Nunzio, Dessi, Pizzi Cannella) desarrollan una actividad pictórica no programática, obedeciendo a una suerte de método intuitivo, no exento de una precisa estructura formal. La segunda respuesta a esta pregunta la estoy dando con la muestra, ahora abierta en Roma, que he organizado bajo el título «Europa / América», en la que propicio una dialéctica entre el arte europeo y el americano, o más bien norteamericano. Esta dialéctica es posible hoy gracias a la Transvanguardia, pues, como tú sabes, hasta mediados de los años 70 existía un seudolenguaje internacional de la vanguardia, instaurado por el modelo fuerte americano, que amenazaba con anular la expresión individual y la pluralidad de la cultura. En la actualidad, con el resurgimiento del individuo, la recuperación del cuerpo pictórico y la afirmación del genius loci, cada artista propone, a su manera, un escenario autónomo que le permita una confrontación dialéctica rica de fermentos ancestrales y, al mismo tiempo, absolutamente actual. En lo que respecta a las recíprocas influencias europeo‑americanas, te debo señalar que, en los últimos años la situación se ha invertido, ya que varios de los mayores artistas norteamericanos tienen ahora como principal referente el modelo europeo, con resultados más que satisfactorios.
Mercado y sistema del arte
JEE.— En ese sentido creo que tu verdadero aporte ha sido el de transformar en teoría y proponer como metodología una actitud que fue siempre intrínseca a toda gran obra, a todo gran artista. Con o sin el genius loci, la pintura no podía morir, y tú has contribuido a su renacimiento, independientemente del talento individual de los componentes de la Transvanguardia. Pero, ahora me gustaría saber qué cosa piensas de un fenómeno paralelo, provocado por el éxito de la «nueva pintura». Me refiero a la preocupante scalation del mercado de arte en la sociedad capitalista avanzada, sobre todo en los Estados Unidos.
ABO.— Ante todo, yo creo que hoy, en nuestra sociedad, no se puede hablar de arte tout court, sino más bien de «sistema del arte». Es decir, de un grupo de factores específicos, representados por la obra crítica, el mercado, el coleccionismo, el museo y el público. Dentro de este sistema, el mercado distribuye cultura a través de la economía, puesto que lo espectacular del mercado es la economía. En ese sentido, existe una gran diferencia entre el sistema europeo y el norteamericano puesto que en los Estados Unidos es el mercado (es decir, las galerías) el que filtra y propone nuevos valores, arriesgando su propio dinero y su trabajo. Y esto lo hace antes de que intervenga la crítica, como sucede en Europa, en donde la actividad del crítico precede a la del galerista. De allí que el mercado americano sea más dinámico y vital (aunque ésta no es la única razón obviamente) y, a fin de cuentas, más estimulante para la producción de la obra de arte.
JEE.— Para su producción, sí, de acuerdo. La creación de una obra de arte es otra cosa. A este respecto, ¿no crees que la consciente presión del mercado condicione negativamente, y de manera no siempre fácil de discernir, la misma creatividad del artista?
ABO.— Pues, te diré, la verdad es que desde la segunda postguerra hasta hoy el mercado no se ha equivocado. Digamos que a partir de la Action painting, pasando por el Arte Pop, el Minimalismo y el Arte Conceptual, hasta la Transvanguardia, cada uno de esos movimientos o tendencias ha sido justamente valorizado y absorbido por el mercado. Es verdad también que, en algunos casos, el mercado se convierte en un condicionamiento dramático y castrante que, usando la manera fuerte, por exceso de lucro, descuida a algunos auténticos artistas y tritura a otros. Pero éste es un riesgo que no se puede atribuir tan sólo al mercado. Cuántas veces la crítica ha cometido errores colosales, y cuántas veces los museos han comprado obras insignificantes, pasando por alto personalidades que luego se han demostrado determinantes para la historia del arte, ya sea en América como en Europa. Ni qué decir del público y del coleccionista privado que, sin la ayuda de la crítica y del mercado, no sabría como orientarse. Para mí, en cambio, el verdadero problema es otro: es el artista quien no debería acceder a la tentación comercial. Porque el mercado pide, y si el artista responde siempre, es claro que la calidad de su trabajo desmerece. Debería, por lo tanto, establecer una suerte de resistencia, un movimiento dialéctico entre su propia actividad y las exigencias del mercado, para conquistarse un estándar existencial, un estatus correspondiente a sus necesidades creativas. Esto muy pocos lo realizan, y cuando lo realizan lo pagan generosamente, si bien con la inmensa satisfacción de poder trabajar en las mejores condiciones.
El verdadero artista es un antipático
JEE.— O en las peores, según los casos. Pero continuemos, tocando otro punto estrechamente relacionado con este problema. Es éste: si admitimos que el arte contemporáneo —según tus propias ideas— no posee ninguna función determinada, como en cambio la tenía en las antiguas civilizaciones, o en las actuales sociedades así llamadas «primitivas» ¿cuál crees que debería ser el verdadero rol, o por lo menos el rol central del aritsta en la sociedad post-industrial de nuestros días?
ABO.— Bueno, la pregunta es importante y no se puede responder a la ligera ni con la simple habilidad del crítico. En realidad, hoy en día la única función del artista es la de complicar la vida. (Risas). En ese sentido, hay que distinguir entre los que en Italia llamamos creativos (cartelonistas, designers, estilistas de moda, dibujantes de comics, y otras derivaciones) que dan una respuesta creativa a exigencias de orden sicosocial, y los verdaderos artistas, que más bien cuestionan la realidad, produciendo una suerte de desestructuración de la misma. En mi último libro, Antipatía, creo haber dado una respuesta bastante amplia a esta cuestión.
JEE.— Justamente. Me gustaría que definieras tu concepto de antipatía en relación con el rol del artista en el mundo contemporáneo.
ABO.— La palabra antipatía define algo que, en la práctica habitual de la sociedad de consumo, se prefiere ignorar o marginar, puesto que todo se desenvuelve, o se hipnotiza, sobre el plano tácito de la simpatía. Sin embargo, desde el siglo XVI hasta nuestros días, desde el Manierismo hasta la Transvanguardia, es decir desde el momento en que se interrumpe el contacto entre la sociedad y el artista, todo el arte, así como sus propios autores, han sido considerados como entidades antipáticas, o sea en precaria o ninguna sintonía con la sociedad de su tiempo. Desde entonces, hasta el clamoroso escándalo de la vanguardia histórica, hasta el reciente escándalo de la Transvanguardia, el artista no ha hecho sino crear anticuerpos en una sociedad tendente a la nivelación y el aplanamiento.
JEE.— En tu libro, tú citas la bella expresión de Blumenfield «catástrofe con espectador» para definir la asocialidad del artista contemporáneo en un contexto que, aunque sintiendo una profunda necesidad del mismo, ya no le asigna ningún rol social. La pregunta es ésta: ¿no es posible que el artista contemporáneo se haya convertido en un hábil manipulador de estilos y técnicas ya conocidas y que, por lo tanto, instintivamente no despierte la simpatía de la gente, la cual se limita a usar sus obras como simples objetos ornamentales, valores comerciales o de estatus? Los defensores de la corriente postmoderna, cínicamente, asumen esta eventualidad, comprendido todo el espectro de interpretaciones reaccionarias que esto determina. Hans George Gadamer, por su parte, lo atribuye a una sensible disminución de la creatividad, no concediendo al arte actual sino un mínimo porcentaje de invención y de sorpresa (¡exactamente el 5% según él!), puesto que, a su manera de ver, todo lo demás ha sido ya inventado en el curso de la historia.
ABO.— Sin lugar a dudas existe una escasa atención y comprensión por ciertas obras de arte que, injustamente, se ven retrocedidas de su posición original de modelo estético, a objeto de decoración y hasta de inversión comercial. Desgraciadamente, es uno de los riesgos que debe atravesar la obra de arte antes de ser considerada plenamente como tal, pues si bien es el artista, y sólo él, quien adjudica a su obra una identidad personal, estilística, en seguida es el sistema del arte el que le confiere una definitiva identidad cultural. Si la opinión de Gadamer fuera exacta, no podríamos hablar de antipatía (en su acepción de antipatía filosófica, se entiende), sino de indiferencia de la sociedad con respecto al artista. Cosa que no sucede con los verdaderos creadores. Tomemos el caso de Picasso, antipático por excelencia, dada la dificultad de su obra. O del mismo Warhol que, aun trabajando en el límite de la frialdad y el anonimato (la reproducción de estereotipos gráficos), no era ciertamente indiferente, sino más bien profundamente antipático a un público que llegó hasta el punto de agredirlo físicamente. En este sentido, se podría decir que el artista es antipático cuando es auténtico y es auténtico cuando perturba o destruye los códigos establecidos para instaurar otros, y así poner en marcha la locomotora de la historia, que de otra manera se quedaría siempre inmóvil, como sería el deseo de mucha gente. Es en este incesante movimiento dialéctico entre destruí-ción‑construcción que sobrevive y palpita la obra de arte, conforme lo postulaba Nietzche.
Periferia versus metrópoli
JEE.— Y ahora pasemos a un argumento algo diverso, relacionado con América Latina, continente en el que nací y cuyos problemas, obviamente, me tocan muy de cerca. Mi primera pregunta es ésta: ¿por qué los artistas latinoamericanos casi nunca son invitados, o lo son de manera mínima, a las grandes manifestaciones internacionales, como la última Documenta, por ejemplo?
ABO.— No creo necesario recordarte que hoy más que nunca la investigación artística se ha concentrado en los grandes centros metropolitanos como Nueva York, París, Londres, Roma, Berlín, etc., y que los países y las ciudades situadas en la periferia del sistema del arte no pueden gozar, aunque sólo fuera por razones geográficas, de la misma atención que las grandes metrópolis. Esta situación es agravada por el subdesarrollo de esos países debido a factores políticos, históricos, económicos y sociales, muchas veces dramáticos, y que obligan a sus artistas, hombres de ciencia, escritores e investigadores de todo tipo, a viajar, permanecer, o por lo menos pasar un período de confrontación y estudio en las grandes ciudades europeas o norteamericanas, para enseguida poder elaborar su propio lenguaje y aporte personal.
JEE.— Esto es muy cierto. Pero, los escritores latinoamericanos, o por lo menos varios de ellos, han conseguido la notoriedad y la difusión en escala planetaria. ¿Por qué no sucede lo mismo con los pintores, si se excluye a Matta?
ABO.— Bueno, aquí hay que hacer una distinción. Antes que nada, Matta es un gran artista y por lo tanto escapa a cualquier delimitación geográfica o cultural. Otro como él no aparecerá fácilmente en ninguna parte, ni siquiera en Europa. Su importancia es tal que aún hoy, creo yo, no nos damos cuenta de la vastedad de su aporte. Baste decir que su influencia ha sido decisiva para la elaboración de la Action painting norteamericana, sin olvidar la que ejerció en el área surrealista y la que incluso sigue ejerciendo en nuestros días, cuando se advierte más claramente el peso de su obra. La exposición de Beaubourg de 1986 ha sido para muchos una verdadera revelación. En cuanto a los escritores latinoamericanos, debo confesarte que no amo mucho la literatura del Boom. A la inversa de tantas obras de arte perfectamente reconocidas en su época (los maestros del Renacimiento; Goya, Velásquez, los flamencos, el mismo Picasso), la buena literatura nunca se ha vendido ni se venderá con tanta facilidad. Los best‑sellers me parecen siempre bastante dudosos. Lo que sucede, tal vez, es que ella ha conquistado un público internacional ávido de novedad literaria y sensibilizado por una retórica tercermundista que nada agrega a la verdadera creación literaria. Sin negar a dichos escritores indudable ingenio, seriedad y compromiso social, otros son los autores latinoamericanos que admiro y frecuento, como por ejemplo Borges, Paz, Pessoa, Lispector, Lezama Lima, que trabajan dentro de una línea que considero más universal, rigurosa e inventiva y que, a la postre, interpretan con mayor madurez artística, y sin trazas de folklore, la esencia misma de un continente y una cultura.
JEE.— En cuanto a preferencias literarias, estoy de acuerdo contigo, en líneas generales. Pero es imposible subestimar la importancia de los narradores del Boom, gracias a los cuales toda la literatura latinoamericana ha adquirido una identidad y carta de ciudadanía internacional. Sucede un poco como con la Transvanguardia que tú defiendes: quizás sus autores no son los artistas que personalmente preferimos, pero son ellos los que han abierto las puertas a una forma de expresión, pictórica o literaria, que con el tiempo podrá dar frutos cada vez más maduros. Se podría decir que esos escritores latinoamericanos conforman la única Transvanguardia literaria internacional, puesto que poseen los requisitos por ti señalados: nomadismo cultural, hedonismo verbal, genius loci, unas gotas de folklore y de Kitsch, es cierto, y, sobre todo, éxito, ingrediente este último que es parte constitutiva de estas formas de arte, amplificado por la civilización multimedial en que vivimos.
ABO.— Ciertamente. Pero volviendo a la materia que me concierne más directamente, o sea a las artes plásticas, con excepción de Matta, como tú mismo me lo señalas (que ha vivido siempre entre Europa y los Estados Unidos), no he encontrado entre los artistas latinoamericanos, por mí examinados en tres bienales de París y dos de Venecia (salvo rarísimos casos que, obviamente, prefiero no mencionar aquí) una identidad artística suficiente ni un lenguaje realmente libre de los modelos europeos o norteamericanos. Pero este fenómeno no es sólo latinoamericano. No te digo nada nuevo si afirmo que los buenos artistas son escasos en todas partes. Tanto más escasos lo serán en lugares en donde la existencia misma es un problema. Dicho esto, tengo que reconocer que, a pesar de algunos viajes por México, Brasil y Argentina, no conozco a fondo la situación artística de ninguno de estos países y temo mucho, además, que mis códigos culturales sean diferentes a los de la cultura latinoamericana.
Europa y todo lo demás
JEE.— La matriz cultural —heredada a través de la lengua española y de modelos artísticos europeos— es la misma de toda Europa occidental. Como dice Octavio Paz: «Somos una porción excéntrica de Occidente». Sólo el hábitat y nuestro patrimonio cultural indígena —sobre todo en México y los países andinos, como el Perú— modifican esta herencia, dándole carácter único. Sin embargo, artistas grandísimos como Picasso, Klee o Miró no tuvieron nunca ningún problema de códigos y supieron no solamente leer y gozar plenamente del arte primitivo y precolombino, sino que estas expresiones constituyeron para ellos las más altas fuentes de inspiración en el proceso de renovación del arte europeo, iniciado por ellos mismos. Aun hoy día, el citado Gadamer, aclara que no es de las sociedades avanzadas, como los Estados Unidos (el Japón, es un caso aparte), que surgirán nuevas energías para el arte, sino, precisamente de algunos países marginales, pero de antigua identidad cultural. Es posible que sea así nuevamente. Pero volvamos a nuestro presente. ¿Qué cosa piensas de un artista como Soto hoy día, pasado el auge del movimiento cinético?
ABO.— Soto queda sin duda como el más vigoroso y personal representante del movimiento cinético internacional. Lástima que la hermosa utopía del arte programada se haya revelado tan frágil y de escasa duración, aun si ese movimiento hunde sus raíces en la matriz constructivista europea, que los artistas uruguayos, argentinos, brasileños y venezolanos supieron desarrollar, a veces brillantemente como es el caso de Soto, y mucho antes que él, el de Torres‑García. O como lo hicieron también los escritores de la poesía concreta brasileña del grupo Noigandres de Sao Paulo.
Por una crítica en estado de poesía
JEE.— Bien, de la América Latina pasemos ahora a una cuestión más personal y específica de la crítica de arte. ¿Podrías decirme si, para ti, escribir sobre arte es una forma de creación independiente, o tan sólo una alternativa, una substitución, un simulacro, como diría Baudrillard, de la imagen, de la obra visual?
ABO.— He organizado más de 60 exposiciones en varios lugares del mundo. He publicado 15 libros sobre cuestiones de arte. Las exposiciones siempre las he entendido como una suerte de escritura proyectada en el espacio físico a través de la obra de los artistas. En los libros, es la palabra la que ocupa el espacio mental dentro de los márgenes de mi propia teoría sobre el arte contemporáneo.
Del encuentro entre estas dos formas de expresión nace lo que llamo la crítica creativa que, con su evidente autonomía, irrita y escandaliza a muchas personas acostumbradas a la rutinaria imagen del crítico-parásito del artista.
JEE.— Pero ¿en qué medida tu pasión crítica, tu participación crítica es anterior o posterior a la obra de arte visual?
ABO.— Yo diría que tratándose de una obra igualmente autónoma, mi trabajo crítico acompaña o, si quieres, es paralelo a la obra del artista.
JEE.— Tú eres también un escritor de prestigio; has formado parte del histórico Grupo 63; has escrito poesía visual en el curso de los años 60. ¿Qué cosa es actualmente la poesía para ti?
ABO.— La poesía, para mí, es lo específico de la obra de arte, sea ella una pintura, un poema, una composición musical o teatral, una danza. Mi experiencia literaria me ha deparado una suerte de orgullo de la escritura, que ahora pongo al servicio de la crítica de arte, ya que una escritura que trate de aprehender el fenómeno artístico alto no puede ser, a su vez, sino de una altura más o menos digna de tales obras.
JEE.— En eso concuerdo plenamente contigo. Es lo que, a mi manera, intento en mis escasos textos críticos. Creo firmemente que ésta es la única aproximación válida al fenómeno artístico de calidad.
ABO.— Ciertamente. La mayor parte de la crítica, en cambio, no realiza sino una descripción, o transcripción, más o menos subjetiva o, peor aún, filológica, notarial, del evento creativo, colocando así a la obra de arte en un nivel verbal que la disminuye.
JEE.— De todos modos, si me permites la insistencia, aparte de la innegable eficacia de una escritura creativa, poética (lo cual no le impide ser también precisa, digamos científicamente pertinente), necesaria para efectuar una exploración más profunda de la obra de arte; quisiera que me resumieras, en la medida de lo posible, qué cosa es hoy la poesía para ti, sea ella verbal o transverbal.
ABO.— Puesto que se trata de una pregunta sumamente amplia, limitán-dome al ámbito pictórico, yo te diría que la poesía es ese fuego absoluto que se enciende en el centro de la obra, capaz de catalizar todas mis energías y mi máxima atención, procurándome a la vez una intensa felicidad y una gran turbación. Se trata, desgraciada o felizmente, de si-tuaciones excepcionales, pues, como tú sabes, el crítico es un poco como el cirujano que, a fuerza de operaciones, ya no tiembla ni se emociona ante la sangre. Tales situaciones, repito, son cada vez más raras, pero no imposibles, y ésta es, a mi manera de ver, una de las prin-cipales razones que mueve al crítico -por lo menos ése es mi caso- a perseverar en la búsqueda de dicha situación, necesariamente preherme néutica, y tan importante para la salud síquica, espiritual, de la humanidad.
JEE.— La poesía es, entonces, en el ámbito pictórico, pero también en cualquier otra forma de arte, esa pequeña catástrofe organizada al interior del lenguaje, esa saludable destrucción de los códigos habitua-les, con el fin de instaurar otros, conductores, a su vez, de un contenido nuevo o diferente.
ABO.— Exactamente. Y la poesía es también mi propia participación de voyeur en el evento artístico, función si quieres obscena pero indispón-sable, para lo cual se necesita un ojo humilde y orgulloso, franciscano y heroico a la vez, capaz de captar a una velocidad inconmensurable el ins tante mismo de la creación. A este respecto, no puedo olvidar una frase de Alberto Savinio (el pintor, escritor y compositor, hermano de Giorgio De Chirico) cuando dice que «todo nombre es un destino», lo cual signi-fica simplemente que en toda obra creativa, comprendida la crítica de arte, el elemento autobiográfico no sólo es inevitable sino imprescindible. Por ejemplo, ahora estoy escribiendo un libro sobre arte contemporáneo que llevará por título El talón de Aquiles, puesto que Aquiles (en español) es mi nombre de pila. En efecto, Aquiles, que es la velocidad, como sabes, muy bien, es también la vulnerabilidad, y justamente en el único punto mortal de su cuerpo, es decir en el talón. Por otra parte, si examinamos la palabra pie (del griego podos), nos remontamos a otro personaje homérico, o sea a Edipo y a su mítica cojera. Es, pues, entre estos dos tiempos, uno fuerte, apolíneo (Aquiles), y otro débil, dionisiaco (Edipo), que oscila la crítica de arte en su afanosa marcha hacia la inmortalidad, al lado del artista (Patroclo), siempre perseguida por la flecha mortal de la realidad circundante.
JEE.— Sin olvidar, claro está, en este brillante paradigma, la famosa ceguera de Edipo, elemento tantas veces presente en la crítica de arte...
ABO.— ¡Pues, claro! Y que es parte inevitable de la natural antipatía del crítico. (Risas).
Oiga, 418 (1989)
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Un explosivo libro de bolsillo, escrito en 1979, que se transformó en la partida del nacimiento oficial de un tipo de pintura que, con variantes en distintos países, iba a terminar dominando la escena artística de la década del '80.
Hoy, casi veinte años después, Cucchi sostiene que "la transvanguardia fue una voluntad de Bonito Oliva que apuntaba a otras estructuras, a otros escenarios. Fue una problemática del lenguaje del arte, no de los artistas. El crítico de arte tiene derecho a escribir o imaginar libremente lo que quiera, pero finalmente, es el artista el que trata con el signo".
En aquel momento, sin embargo, el surgimiento de la figura del crítico-curador que daba nombre a esas manifestaciones, fue un factor importante que, sumado a la fuerza de choque y a la intensidad poética de las obras, y a una situación de expansión económica que produjo un inusitado boom en el mercado del arte, llevó las obras de Cucchi, Chia, Paladino, De Maria y Clemente a la dimensión de suceso internacional. En aquel momento, en Buenos Aires también estaban surgiendo pequeños grupos de artistas jóvenes que realizaban un trabajo eminentemente pictórico, de figuración precaria y enigmática, y que con la evidencia de las imágenes de los llamados "artistas transvanguar-distas" que mostró Bonito Oliva en Buenos Aires desde su primer visita en 1981, vieron legitimado su trabajo. Carlos Espartaco fue, en ese entonces, el crítico que actuó como catalizador de la corriente en nuestro país. Para él, lo que se produjo en aquel momento fue "...un contagio, una contaminación espontánea. La transvanguardia fue trascendiendo e impregnando a los artistas argentinos, que tenían una clara convicción de que, o bien no citaban a nadie, o bien citaban a todo el mundo, y de que su eclecticismo era genuino. Ellos no estaban orgullosos de ningún origen".
Hay quienes sostienen que la pintura argentina de principios de los años '80 fue el resultado de una mera imitación de lo que ocurría en Europa, y que esa mimesis bloqueó la apertura a una reflexión acerca de las circunstancias políticas que vivía nuestro país; y quienes consideran, en cambio, que lo que se produjo fue una coincidencia en las búsquedas y un trabajo con identidad propia. No es este el sitio adecuado para discutir esas cuestiones, pero sí para registrar que aquello que se estaba pintando en Europa -y que representaba una recuperación de la subjetividad del artista en la materialidad de la pintura, y la adopción de la cita como elemento de trabajo-, tenía su correlato en la Argentina, en la obra de artistas como: Alfredo Prior, Guillermo Kuitca, Osvaldo Monzo, Armando Rearte, Duilio Pierri y Rafael Bueno, entre otros.
KATZENSTEIN, INES. "Una introducción a la obra de Enzo Cucchi" en CUCCHI, ENZO, Catálogo, Buenos Aires, Centro Cultural Recoleta, 1997.
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Transvanguardia Italiana
El concepto de «Transvanguardia» es de fines de los 70 del crítico Achille Bonito Oliva, el cual, planteó cuestiones referentes a las carac-terísticas de esta modalidad. Tomó expresiones de los propios italianos de su círculo, que llamó transvanguardistas, y entre ellos Sandro Chia, Mimmo Paladino, Enzo Cucchi, Francesco Clemente y Nicola de Maria. Inicialmente, Bonito Oliva dijo que la Transvanguardia surgió como respuesta ante los artistas del Arte Povera. Ese arte de fines de los 60, tenía, según el crítico, connotaciones moralistas, y en su actitud podía verse una tarea represiva e incluso masoquista que, con el transcurso del tiempo, lle garía a ser contradictoria en la obra de ciertos artistas. La característica típica de la Transvanguardia es la posición nómada con respecto a los lenguajes del pasa do, sin respetar ninguna filiación determinada. Está claro que este movimiento no agrupó a los artistas por afinidades de lenguaje, sino por la coincidencia en la concepción filosófica del arte. El fragmento y el carácter discontinuo son los ele-mentos más importantes de la transvanguardia. El hecho de que un determinado pintor tome fragmentos correspondientes a distintas obras del pasado no implica que se identifique con todos y/o cada uno de los lenguajes de dichos fragmentos, sino que, hace referencia al deseo de conjugarlos para construir una obra nueva. Por otra parte, el carácter discontínuo de estas obras muestra alejamiento de cualquier tendencia a la repetición. El Transvanguardista, italiano no intenta expresar actitu-des heroicas en sus obras; sino al contrario, quiere valorar pequeños sucesos presentándolos en sus obras. Interviene aquí la capacidad de reflejar estos sucesos, dotándolos de una sensibilidad propia e indivi-dual y, al mismo tiempo, mostrándolos bajo un prisma en el que no falta un tinte de ironía. Y logra alejarse de cualquier Ascetización de un he-cho determinado. Por lo que los italianos usan la ironía, hasta lograr la sonrisa del espectador. En este sentido, los títulos dados a las obras, ya sean pinturas o piezas escultóricas, son muy a menudo elementos importantes a considerar. Las historias que narran se explican por títulos que, en lugar de ser sintéticos, como en la época de las vanguardias históricas, son explicativos y son una pequeña narración.
Formalmente, los artistas cuya obra es de fines de los 70 y en los 80 gustan emplear todo tipo de técnicas, gamas, elementos del lenguaje figurativo, o pura-mente abstracto. A veces buscan subrayar el valor decorativo. Por ejemplo con signos, abstractos o figurativos, repetidos en distintas zonas de los cuadros. Los formatos en general son de gran tamaño, con una relación nueva, con el espectador. Derivado de la pintura norteamericana posterior a la 2ª guerra. (expresionistas abstractos, pop, o los pintores de la Nueva Abstracción que optaron siempre por los grandes formatos). Con un claro deseo de obtener un espacio distinto al que había prevalecido hasta aquel momento en las vanguardias históricas. En el caso de los artistas posmodemos puede ser simplemente un, aspecto más de ese carácter nómada que impera en su concepción del arte.
Su obra se caracteriza, en general, por gran habilidad técnica y por la constante presencia de la figura humana. Él trabaja tomando referencias de un amplio repertorio de estilos del pasado. Se interesa igualmente por Rubens, Tintoretto o Cha-gall, Picasso, De Chirico, Picabia o Carrá, en su etapa futurista como en la metafísica. Tiene elementos de la iconografía y de la técnica de Cézanne. Pero nunca recurre a estilos del pasado para tomarlos como modelo, ni para incluir fragmentos a modo de citas. Las referencias se usan, sólo, como referencias, sin que ello suponga recuperar de manera nostálgico el pasado.
Según Bonito Oliva, el sueño italiano de Chia podría compararse al de Disney, auténtico creador de una iconografía en movimiento, los dibujos animados. Su nomadismo cultural consiste, en situarse con su pintura en el centro de esta oscilación entre la gran tradición intermedia entre arte europeo y las imágenes de la cultura de masas. En su pintura, la imagen se está directamente relacionada con la novedad que suponen los títulos que da a sus obras. En ocasiones, el artista ha llegado a incluir pequeñas poesías o leyendas en determinadas zonas de la pintura, que expresan muy claramente el tema abordado en ella. La obra es real-mente muy expresiva y en ella se produce una constante sensación de cambio debido al dina mismo que consigue otorgar a sus composiciones. Por otra parte, el empleo de unas gamas cromáticas extraordinariamente ricas y cambiantes también con-tribuye, en gran medida, a subrayar esta sensación.
A fines de los años 70, comenzó a realizar una pintura de estética transvanguardista. Hasta entonces, en su obra tenía elementos povera italianos. Luego tendió hacia el minimalismo, aunque sus obras no deben compararse a las efectuadas por los Minimalistas EE.UU., pues difieren notablemente de ellos.
Los finales de los 70 fueron marcados con artistas alemanes, sobre todo de Berlín, como Kiefer, Baselitz, Lüpertz o Penck, por los viajes de Paladino a Alemania. Existen muchos puntos comunes entre Neoexpre-sionismo alemán y Transvanguardia italiana señalados por Bonito Oliva. La gran transformación se produjo en los 80. Pues viajó varias veces a Brasil para ir a sesiones de candomblé y de macumba, rituales de un sincretismo religioso que aúna tradiciones cristia nas y elementos del animismo. En gran parte de sus obras, los nexos c/religiones y mitología son muy frecuentes. También tiene pinturas con signos esotéricos. La complejidad de la iconografía de este artista hace que la lectura de sus obras sea muy dificil, has ta resultar casi imposible. Él dijo que sus «pinturas no narran historias, no tienen explicaciones, sino sólo alusiones, Los elementos pintados no quieren decir nada ... »; pero, el espectador siempre está tentado a interpretarlas.
Otros estilos y épocas son constantes y se yuxtaponen para crear un lenguaje muy característico. En su obra se ven arte bizantino, u obras del Quattrocento, mosaicos antiguos o esculturas romanas, de la zona de Benevento, de donde procede Paladino. Desde luego, no se refieren a historia de la mitología o no pue-den verse como alusiones a la vida del artista. Técnicamente, la obra abarca pintura y escultura, también el mosaico, incluso el fresco, o numerosos dibujos. A veces recurre al collage, de objetos diversos. El resultado tiene mucha riqueza debido a su capacidad de combinar colores puros y contrastados. Resultan muy interesantes los fondos, en los que aparecen enigmáticas figuras situadas en el centro, dotadas de inexpresivos rostros que semejan máscaras. Estas obras sorprenden, ante todo, por el gran contraste que existe entre la figura y los fondos, repletos éstos de signos cabalísticos y esotéricos que aún contribuyen más a potenciar el carácter misterioso de los conjuntos.
La obra se conecta al Romanticismo, aun cuando, como en toda obra transvan guardista, tiene elementos tomados de otros contextos. Y por ser Cucchi poeta se facilita la comprensión de su pintura. Sus textos no clarifican cuestiones deter-minadas que afectan los contenidos de su obra pictórica, pero ésta puede enten-derse como una actividad paralela a la de Cucchi como poeta. Sus raras visiones de realidad fundida con lo imaginario a través de complezjas yuxtaposiciones de figuración y abstracción, pueden entenderse como auténticos poemas pintados en los que consigue efectuar misteriosas síntesis icónico-textuales.
A mediados de los 80 hizo una serie de pinturas de gran tamaño efectuadas sobre planchas de cemento dispuestas verticalmente y que se apoyan sobre rue-das. En ocasiones también ha empleado planchas de metal, cubiertas con pin-tura o barnices. En algunas obras sobre metal utiliza diversos materiales corrosi-vos para obtener calidades de óxidos distintos. Estas obras tan extraordinaria-mente imaginativas distinguen un tanto a Cucchi del resto de los artistas de la Transvanguardia. En él, la invención es primordial y se manifiesta tanto a través de la adopción de técnicas novedosas como de la representación de imágenes cargadas de misterio, surgidas de la metamorfosis a que somete a los seres y objetos que forman parte del contenido de sus pinturas.
Francesco Clemente - (1952)
Tiene una clara tendencia a crear un lenguaje absolutamente individual, con ele-mentos en composiciones que parecen narrar alguna historia. Pero, en su pintura no hay enigmas. Sus obras son claras y marcan su modo peculiar de entender el mundo. Después de su primer viaje a la india, a mediados de los 70, pasa largas temporadas en Tamil Nadu, cuya capital es Madrás.
La filosofía y el pensamiento hindú han impregnado la obra y se puede com-probar que el tratamiento dado al cuerpo humano conecta con la idea hindú de que se trata de un órgano de percepción trascendente. La sexualidad no se reprime e hizo muchos autorretratos en los que se observa un marcado sentido erótico. El polimorfismo es una de las características esenciales de su pintura. A través de la metamorfosis, logra imágenes sorprendentes. U otras en las que el abigarramiento llega a producir ahogo, existen otras obras, en acuarelas o dibu-jos, en las que el artista opta por un lenguaje de gran simplicidad. Formas man-dálicas, estructuras abstractas o ciertos elementos tomados del entorno y repe-tidos en posiciones distintas constituyen el repertorio de estas obras.
Maneja diversas técnicasx para dar carácter a sus realizaciones. Ha llegado a efectuar esculturas en papel maché. Para evitar los insectos que pudieran des-truir las obras usa insecticida durante la construcción de la pieza.
En general, en su obra se advierte una gran precisión y un dominio absoluto de las técnicas. Con el tiempo, su obra ha tendido a subrayar rasgos individuales que la caracterizan y la hacen inconfundible.
Trabaja radicalmente distinto que el resto de artistas de la Trans-vanguardia. Además de pintar, trabaja en la creación de ambientes. Su obra va más allá de los límites del cuadro e incluso llega a sobrepasar los del muro, al construir con-juntos en los que aparecen zonas pintadas con configuraciones abstractiformes y elementos tridimensionales, como troncos o ramas de árboles apoyados sobre el suelo o junto a los muros. En cualquier caso, en su obra se aprecia un deseo de escapar a la imposición que implica la supeditación a las dos dimensiones del cuadro para ir más allá y crear un auténtico mundo poético en el que entran en interrelación las sugerencias textuales con las configuraciones plásticas.
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Transvanguardia
Surge en Italia hacia 1977.
La denominación se debe al crítico Achile Bonito Oliva para referirse a la obra de una serie de pintores italianos sin afiliación concreta pero con rasgos comunes.
Una tendencia similar se desarrolla al mismo tiempo en Alemania y se conoce como neoexpresionismo.
En EE.UU. el equivalente a las nuevas tendencias figurativo-expresivas europeas es la llamada "nueva imagen" así como la figuración gaffiti y el movimiento del pattern & decoration, que introducen planteamientos nuevos.
CARACTERÍSTICAS
- Carácter abierto: el artista explora o transita (de aquí la denominación) todos los ámbitos para extraer las referencias que considera adecuadas para la realización de su obra, filtrándolas y presentándolas a través de su propia individualidad expresiva.
- Iconografía cristiana o pagana con una gran carga de ironía, parodia y a veces morbosidad.
- Plasmación de metáforas; evocación de mitos y arquetipos; a veces plasmación de motivos personales relacionados con la propia vida del artista.
- Predilección por la figura humana en actitudes incómodas y rebuscadas.
- Gusto por el ritmo curvo y ondulante.
- Grandes formatos.
- Combinación de elementos figurativos, abstractos, palabras, signos y técnicas diferentes en la misma obra.
- Predominio del efecto bidimensional sobre el de profundidad.
- Preferencia por el óleo, aunque es frecuente la combinación con otras técnicas (acrílicos, pinturas industriales, temple, acuarela, fresco).
- Colorido contrastante.
INFLUENCIAS
De todos los ámbitos expresivos sin respetar ninguna tendencia concreta.
ARTISTAS
Mimmo Paladino (1948), Francesco Clemente (1952), Enzo Cucchi (1950), Nicola de Maria, Sandro Chia (1946).
OBRAS DESTACADAS
Mimmo Paladino:
-"Ronda nocturna"; 1982.
Enzo Cuchi:
"Cuadro tonto";1982.
Óleo sobre tela, 280 x 360 cm.
Heiner Bastian, Berlín.
S. Chia:
"Il volto scandaloso";1981.
Técnica mixta sobre tela, 162,5 x 130 cm.
Bielefeld, Kunsthalle.
Transvanguardia italiana
6.10. - 9.11.2003
Museo de Arte Contemporáneo. Universidad de Chile, Parque Forestal s/n, Santiago de Chile Chile
Mimmo Paladino - "Visitatore della sera"
Artistas Que participan:
Sandro Chia
Francesco Clemente
Enzo Cucchi
Nicola de Maria
Mimmo Paladino
Transvanguardia Italiana,
el más importante movimiento italiano de pintura moderna.
Esta está compuesta por veintiseis obras de Chia, Clemente, Cucchi, De Maria y Paladino, "un grupo de artistas que ha repropuesto el pasado con un lenguaje figurativo neo-expresionista". Las obras provienen de las más importantes colecciones de arte. La mitad de las obras constituye el núcleo histórico del movimiento, la otra mitad representa las líneas evolutivas actuales.
Transvanguardia significa apertura hacia el intencional dominio del logocentrismo de la cultura occidental, hacia un pragmatismo que restituye espacio al instinto de la obra, que no significa actitud pre-científica, sino una madurez de una posición post-científica que supera la fetichista adecuación del arte contemporáneo a la ciencia moderna: la obra se vuelve el momento de un funcionamiento energético que encuentra en sí misma la fuerza de la aceleración y de la inercia.
Así pregunta y respuesta se igualan en la competición de la imagen y el arte supera la connotación típica de la producción de la vanguardia, la de constituirse como interrogante que sobrepasa la expectativa del espectador para remontarse a las causas sociológicas que la han provocado. El arte de la vanguardia presupone siempre un malestar y nunca la felicidad del público, obligado a moverse fuera del campo de la obra para entender su valor completo.
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Se desarrolla en Italia principalmente, en la década de los 70. Se caracteriza por el nomadismo, esto es transitar por cualquier periodo del arte del pasado, dando especial importancia a lo fragmentario y la discontinuidad. La ironía es un arma que emplean a menudo en sus obras.
Los artistas más conocidos de la Transvanguardia son: Sandro CHIA, Francesco CLEMENTE, Enzo CUCCHI, Nicola DE MARIA, Mimmo PALADINO, y Remo SALVADORI.
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Introducción a la obra de Enzo Cucchi
Siglo XX argentino, arte y cultura
Invitados: Nora Dobarro, Eduardo Médici y Osvaldo Monzo
Presentadora: Según críticos e historiadores, en esa década surge un grupo de artistas reconocidos por el público, y premiados, que fueron llamados “la generación intermedia” o la generación del '80. A partir de esta denominación, queremos hablar un poco de las propuestas..., hoy no existe una tendencia hegemónica en el panorama artístico y los artistas tienen más libertad que nunca, situación que ya se percibe en los ’80, pero según los críticos e historiadores, estos mismos artistas están menos seguros de los productos culturales que elaboran... ¿es verdad esto?... y esa misma inseguridad se percibe a su vez en el espectador, ¿qué creen ustedes?
Dobarro: Inseguridad...
No siento que la palabra “inseguridad” sea una respuesta sobre la década del '80, porque en realidad fue una manifestación de la diversidad sin condicionamientos, en todo caso, y luego de una década como la que habíamos vivido, la salida a la democracia, la toma de la cultura fue un hecho libre pero no inseguro, sino de una gran potencia y asegurando todo lo guardado... o sea, fue poniendo afuera todo lo preservado, que tanto en lo conceptual, como en los tamaños de las obras y en el tipo de técnica a desarrollar, fue esparcido... No hay inseguridad, no lo veo así.
Monzo: A principios de los '80 coincidentemente con nuestro trabajo, surgió un movimiento internacional, “La Transvanguardia”, como recuperación de la pintura. Desde los ’70 hubo una preponderancia del arte conceptual... y lo que hicimos, entonces, fue volver a la pintura. La transvanguardia fue un movimiento muy fuerte sobretodo en Italia y Alemania. En 1981 viaja a Buenos Aires el crítico italiano Achille Bonito Oliva, nosotros exponíamos en ese momento convocados por el CAYC, y así pasamos a formar parte de lo que se llamó transvanguardia internacional cuya idea era generar un movimiento mundial de la recuperación de la pintura, con todas las libertades. Retomamos la pintura... la que veníamos trabajando desde principios de los '70... toda la situación social y política, de ese momento, aplacaba bastante lo que sucedía, en cambio los ’80 fueron signados por la vuelta de la democracia. El director del Recoleta era en ese momento Osvaldo Giesso, y se generaban eventos de pintura, teatro, música, danza... fue una explosión de libertad... Eso se transmitía en lo que nosotros veníamos trabajando... empezaron a generarse grupos, no es que no existieran, pero por cuestiones político-sociales, estaban contenidos, o era todo muy dirigido hacia lo social.
Médici: Se formaron varios grupos interesantes, como Babel, del que formamos parte Nora (Dobarro) y yo.
Monzo: La tendencia era una recuperación de la pintura, cada uno haciendo su búsqueda particular y muy influenciado por toda la historia del arte, y con lo que se va generando en su época... noso tros éramos también consecuencia de eso... aquí se vivía de una manera muy oculta y cerrada, teníamos un poco de información, viajábamos un poco también, y bueno, se generaba un movimiento y una actitud así, de coordinar, de opiniones, de trabajo con artistas...
Dobarro: Se trabajaba mucho en conjunto y también, un hecho muy especial para nuestro país, mucho en la calle. O sea, lo que estaba guardado salió. Tuvimos, más allá de los encuentros plásticos, encuentros entre artistas, que bailábamos en las calles, de distintas generaciones, de distintas tendencias.
En el '83 hubo muchas manifestaciones callejeras. Había mucha ansiedad y necesidad de manifestarse en conjunto. Aisladamente ya lo hacíamos, pero ese momento fue muy esperanzado, era mucho lo que teníamos para hacer juntos.
Monzo: Por otro lado se dio también una confluencia de gente que dirigía espacios como el Recoleta.
Médici: Había varios espacios. Existía uno que se llamaba 12 y 4
Dobarro: El espacio era una casa entera que se abrió para instala-ciones. Muchos lugares se abrieron, y por ahí no duraron una dé-cada, pero se abrían como se podía. Justamente en la primera muestra de 12 y 4, en el patio interno de la casa, hubo un colecti-vo. Cosas que en conjunto podíamos hacer. Gente, particulares, que ofrecían su capital al servicio de estas manifestaciones. Hay una palabra que vos (se dirige a la presentadora) dijiste en el enunciado: "producto", ¿podés leer de nuevo esa frase?
Presentadora: Productos culturales.
Dobarro: La palabra "producto" todavía no se usaba... empezó a usarse a finales de los '80. En ese momento no pensábamos en la gran comercialización, pese a que sí nos atraían las situaciones externas en donde se hablaba de una gran posibilidad de venta al público. Pero la acción que desarrollamos, sobre todo al principio, era por la necesidad de manifestación, y no por cerrar un producto de arte. Entonces, instalaciones, objetos y pinturas, surgieron por una gran necesidad de expresión, de manifestación estética, diferente a la de la década anterior. El producto no estaba todavía concebido como tal, sino que, como objeto de arte se instaló en los '90.
Presentadora: Guillermo Kuitca, por ejemplo, siendo de esa misma generación, consideraba a la pintura argentina como pobre, y esto de alguna manera está en oposición a lo que están diciendo ustedes...
Dobarro: No sé cuando fue dicho eso, ni en que contexto..
Monzo: Considerábamos por ese entonces cuando nosotros está-bamos trabajando, que la pintura argentina hasta ese momento, en la situación que estábamos viviendo, todo lo que veníamos nombrando desde los '70, todo lo que implicó la represión aquí, la falta de medios para poder exponer, eso era pobre... Ahora a partir de los '80 justamente nosotros nos volcamos a la pintura y creo que acá está el resultado... hay obras que no son pobres.
Presentadora: No, por supuesto, aquí ninguna obra es pobre.
Monzo: Al contrario, yo creo que la pintura argentina es muy rica, muy vasta. Los artistas son sumamente calificados. Como en todo medio existen gradaciones, pero creo que hay muy buena pintura en la Argentina, que la hubo siempre, aunque estuvo reducida durante los '70, hubo artistas muy importantes que trabajaron de una manera muy solapada y agresiva manifestándose, corriendo riesgos y siendo perseguidos. Muchos buenos artistas tuvieron que irse, hubo una gran dispersión, cualquier pintor era conside-rado un comunista, era atentar contra el régimen.
Presentadora: Claro, lo que pasa es que ustedes como son reconocidos como la Generación Intermedia, tienen un antes y un después; entonces, ese antes es tal vez el que menciona Kuitca, ¿y qué pasa con ese después?
Monzo: Yo creo que hasta mediados de los '80 este auge de pintura-pintura era la propuesta, se nos presentaba como muestras de "pintura-pintura".
Dobarro: La generación del flete.
Público: ¿Por qué?
Dobarro: Porque se abrieron cantidades de salones, de premios y nos la pasábamos todo el tiempo cargando pinturas y llevándolas a todos lados. Yo hasta pensé en poner una compañía de fletes (Risas).
Médici: Creo que hay que tener presente que esto de dividir en décadas es una cuestión histórica, una cuestión geográfica, una cuestión para la historia del arte, porque no es tan así. Creo que nosotros de alguna manera fuimos de los '70, seguimos en los '80 y luego fuimos de los '90... hay que aclararlo para que la gente no quede descolocada.
Monzo: Sí, es como tomar el cuerpo del arte y seccionar.
Presentadora: inevitablemente uno se basa en la crítica...
Monzo: Claro, porque en los '80 se dio también el auge de la crítica, que empezó a trabajar desde su lugar, y los críticos también se consideraron hacedores de arte. Discusión que todavía seguimos teniendo con algunos.
Público: Aunque no se usara la palabra "producto", todo era un producto. La señora decía " La Generación del '80" y como decía Médici, ¿entonces qué son ustedes o qué eran antes? Porque no creo que haya una generación pictórica en la Argentina cada diez años. En realidad hay una evolución de la pintura, se va produciendo en muchas décadas.
Médici: Tampoco era que en los '80 sólo se pintaba. Los críticos, que adhieren a ciertas teorías, buscan a aquellos que en ese período sirvan a su propia teoría y generen un movimiento. Pero en ese momento había gente que hacía otras cosas, como en los '70, no sólo se producía arte conceptual.
Público: Además, no creo que en los '70 no se pintara, supongo que se pintaba igual...
Presentadora: Creo que hay una necesidad de organizar cronológicamente. Nosotros la historia del arte aprendimos de forma organizada..., estamos acostumbrados así.
Médici: Creo que ahí volvemos al principio, cuando hablaste de la inseguridad. Lo que sí me parece que pasa en los '80 es que cambian los paradigmas, los modelos y todo empieza a ser esta libertad de la que hablabas, donde uno puede usar toda la historia del arte y darla vuelta, usarla para uno, recrearla..., por eso viene el tema de las citas... Eso sí genera cierta inseguridad en la mirada del público, que no sabe a qué atenerse, no hay cánones, se rompen...
Público: ¿Eso pasa en el mundo entero, o es sólo acá?
Monzo: En realidad, eso pasa afuera.
Público: Si es que la hay, la inseguridad no es sólo del artista sino también del que observa.
Médici: Sí, porque hablar de la inseguridad del artista ya es otro tema. Creo que siempre se está inseguro, es un problema que tiene que ver con la creación.
Público: La inseguridad es del que lo observa, saber si lo que está viendo es o no es una obra de arte, ¿no?
Médici: Claro, porque también tiene que cambiar la manera de mirar.
Dobarro: Por ejemplo, cuando usted mencionó evolución, justamente en los '80 y con el criterio postmoderno, que también comienza a instalarse, no se habla de evolución, no se cree en la evolución, sino en que el presente puede ser el pasado y también el futuro. Como con respecto a las vanguardias anteriores, cada paso era algo más sobre lo anterior, en los '80 esto se rompe.
Público: ¿Usted cree que de los años '80 en adelante no es algo más que lo anterior?
Dobarro: Lo que yo creo puede ser largo de discutir...
Públlico: Todo cambio es una evolución, es diferente. A lo mejor se rompen los cánones, pero eso no quiere decir que no sea una evolución también.
Dobarro: Eso lo dirá la historia después, pero hay mucho escrito sobre la no evolución del arte.
Médici: Sobre ese asunto de los ismos, se terminan en los '40 ya no hay más.
Monzo: El último movimiento así fuerte, contundente, internacio-nal, es la transvarguardia, se diluye a partir del ‘85... entonces quedan artistas paradigmáticos, alemanes, italianos, algunos norteamericanos, y después se acabaron los ismos, los maestros, las escuelas... cada artista trabaja y desarrolla su lugar y retoma o toma la historia del arte. Creo que eso fue siempre así en la historia del arte... ella habló de postmodernismo, se nos tildó de postmodernos, los '80 eran postmodernismo. Con él (Médici) trabajamos juntos durante bastante tiempo, con Kuitca también, ya a mitad de los '80 tratábamos de todas maneras de separarnos de lo postmoderno, de que no se nos encasillara en esa idea, porque el arte no es una evolución, pero es un desarrollo, y yo creo que esto es consecuencia de toda la historia previa, como fueron los '90, como será esta década... A nosotros nos tomó también todo este impulso que tuvo que ver con la salida democrática, cuando se terminaron las dictaduras militares... entonces fuimos impulsados también por eso, y después, con el correr del tiempo empezamos cada uno, o al menos yo empecé a recapitular, a ver dónde estaba parado, qué pasaba con esto que yo estaba produciendo... bueno, mi obra en este momento tiene algo que ver con eso, es consecuencia de lo que yo venía haciendo en los '80 pero se ha ido modificando, al menos conceptualmente.
Público: Me parece que visto desde el contexto mundial, no solamente local, ustedes hacen mucho hincapié en las restriccio-nes que puede haber habido en la Argentina en los '70; pero este movimiento evolutivo, desarrollista en la pintura, y en todas las artes en general, me da la impresión de que es mundial, y no en todo el mundo los artistas estuvieron sometidos a regímenes dictatoriales o políticos. En mi experiencia, en el contacto con artistas, me parece que ya en los años '50 y '60 en la Argentina había expresiones bastante liberales: el grupo de la No Figuración de Macció, Deira, De la Vega y Noé, los que salieron del Di Tella tampoco seguían mucho los cánones de la pintura. Me da la impresión de que esa eclosión artística a lo mejor se hizo más manifiesta en el área pictórica porque se ve; en la música no todo el mundo lo entiende, la pintura llega más fácil.
Monzo: No estoy de acuerdo. La música es mucho más pregnante, mucho más abstracta y es más externa. La pintura es mucho más intelectual, más difícil...
Público: De cualquier manera, no salgamos de la pintura para no meternos en un lío, la eclosión se produce mundialmente, no es sólo local en los '80.
Monzo: Creo que esta cuestión de las secciones por épocas, por décadas, no tiene nada que ver con los artistas. En general el artista habla desde su subjetividad, desde su manera de mirar el mundo y a lo que invita al espectador es a ver, es como si le prestara el ojo para que vea su mundo. Lo que él interpreta de su mundo y el que rodea a los demás. Eso es básico en el arte, desde el modernismo ha sido así y hablo de 1850. Sucede que, de golpe, uno expone o la gente ve obra nuestra y dice: "¡qué moderno!" y entonces yo me digo: "bueno, un poco como dice ella, aclaremos los términos ¿a qué llamamos moderno?, la modernidad empieza ya con el romanticismo".
Público: La modernidad es todo aquello que es diferente a lo anterior.
Monzo: Sí. Toda época, todo artista en su momento se sintió moderno. Sintió que estaba innovando, pero la modernidad como concepto, como idea la lanza Baudelaire en 1860 con la poesía, con la pintura, y a partir de ese momento se habla de arte moderno. Porque también hablamos de los '40 para acá y decimos " los artistas modernos" , Lozza, Hlito, Iommi.
Dobarro: En vez de usar el término "moderno" para señalar eventos del '80, se empezó a hablar de lo contemporáneo.
Presentadora: En arquitectura lo postmoderno esta relacionado con la mezcla de estilos.
Monzo: Yo no creo en esto de la postmodernidad. Es cierto lo que vos decís de la arquitectura (presentadora). Sin embargo, si uno lee a Marx, dice: "todo lo sólido se desvanece en el aire"... está hablando de la modernidad, de París en 1850, cuando las ciudades se hacen megalópolis, la gente invade las calles, en las galerías se encuentra la cultura, la poesía. El está hablando de que el hombre se pierde en la modernidad, en la ciudad, siempre hablando de la arquitectura. Me parece que hay como una carencia de la filosofía a partir de los '70, en donde se retoman todas esas ideas que son de los románticos y los modernos.
Dobarro: Marx en otro libro, relata lo que es el modernismo en Rusia y se dice que al final de cuentas, en sociedades que han podido llevar a cabo sus gustos, sus estéticas, su significación, lo moderno pasa a ser romántico. A mí eso me pareció muy importante porque en realidad se pretendió ser moderno en muchos lugares de Latinoamérica, pero la sociedad no llegó a ser moderna y en Rusia tampoco, entonces lo plantea como un romanticismo de lo moderno. Cuando vos (Monzo) nombraste los '80, había muchos románticos también.
Monzo: Sí, sí.
Dobarro: Muchísimos. Yo creo que los temas tratados en la pintura...
Monzo: Creo que en realidad lo interesante, lo que nos preocupa a nosotros como artistas, es esa constante en lo humano. Después, bueno, en esos cortes dicen: "ustedes son de los '80", pero nosotros seguimos exponiendo, trabajando. Nosotros empezamos un movimiento trabajando con Alfredo Prior, Carlos Suárez, un señor que viene de los '60 con quien compartimos años, taller juntos, seguimos trabajando, hablando, discutiendo, peleando por lo que es el arte, y eso da la pauta de que si bien este señor salió del Di Tella, estaba trabajando con nosotros que éramos " la generación del '80".
Dobarro: Y entonces en la Bienal de San Pablo, en 1985, expone gente de los '60 con gente de los '70 y los '80.
Monzo: Si uno habla con algunos artistas de los '90 también tienen esos planteos. Creo que todo artista responde también a su época, al momento en que más evoluciona, pero hace un desarrollo que tiene que ver con el arte, con su arte, con el arte en general, con la pintura, con la escultura, por ahí ahora aparece el arte digital, pero son medios...
Público: ¿Qué era lo que tiraba tanto a esa vuelta a la pintura en los '80 y qué pasó?
Monzo: A partir de los '50 con el movimiento informalista, se descompone la forma, es un movimiento muy fuerte, muy pregnante internacionalmente, pero quedan pocos artistas paradigmáticos de esa época, porque, como era una pintura muy de acción, de actuar informal, todo el mundo hacía pintura informalista y se termina desvirtuando como idea de arte. Uno veía que no tenía la carga ni la intensidad que se podía ver antes. Coincidentemente con esto, aparece un movimiento conceptual que tiene que ver con ideas filosóficas, con el estructuralismo, con la lingüística. Los críticos se vuelcan hacia eso. En realidad lo que hacen es armar un crucigrama como un lugar en donde ponen todo lo que les parece que tiene que ver con eso, y aparecen artistas que trabajan desde lo conceptual, que vienen impregnados desde una primera época con Duchamp.
Médici: Me parece que, si nosotros hubiéramos sido pintores geométricos, no estaríamos acá, y entonces no seríamos de los '80, a los que se atribuía todo lo vitalista, lo expresivo. Los geométricos dejaron de existir, y es cierto que pintaban también. Uno emerge en un momento de la historia del arte y le toca ese casillero.
Monzo: Sí. Hay que hacerse cargo de ese casillero, de ese lugar.
Médici: Eso a veces se puede volver en contra. Cuando uno está en ese casillero empieza a ver la contaminación. Creo que el de los '80 fue un arte contaminado, todo estaba mezclado. Entonces la tarea nuestra es empezar a deslindar y a descontaminarse para empezar a hacer lo nuestro.
Público: ¿Para no repetirse?
Médici: Y para ver qué había nuestro en este movimiento global que era la transvanguardia o la Postmodernidad o la Nueva Imagen. Ver qué tenemos de aquél y qué tenemos de nosotros.
Monzo: Extrañamente en el '89 se hace una muestra en el Museo de Arte Moderno como diciendo, acá se cierra ciclo... entones expusimos nosotros y muchos de los artistas de los '90. Pero bueno, esos son cortes. Nuestra obra actual no es que sea absolutamente diferente, pero pasa por otro espacio, otro lugar. Por lo menos yo no sigo trabajando por este lado de la pintura, estoy un poco más cerca de la fotografía. Bueno, son desarrollos, procesos que está haciendo cada uno particularmente.
Dobarro: Hasta el '80, en líneas generales, cuando inauguramos el grupo Babel, que, como lo indica el nombre, se reunió por sus diferencias, la transvanguardia era una tendencia y los grupos que venían trabajando fuerte hasta ese momento por los años '60 se juntaban por la tendencia. Entonces, a nosotros se nos ocurrió juntarnos por las diferencias. Bueno, era un eclecticismo que estaba latente como necesidad de expresión, así como en los `90 se instaló la pregunta sobre si un artista tiene que ser pintor o hacer instalaciones u objetos. Es como si pudiera pasear por los distintos lenguajes, siempre y cuando la obra sea contundente.
Público: ¿Y cuál era el objetivo de reunirse, más allá de la diferencia?
Dobarro: Eramos cinco artístas de los que considerábamos interesante la obra, nos elegimos nosotros... Lecuona, López Armentía, Héctor Médici, Eduardo y yo.
Médici: En ese momento apareció la necesidad de agruparse, de compartir cosas.
Dobarro: La necesidad de estar juntos y de unirnos por la diferencia... de ninguno de nosotros se podía asociar la obra; uno tenía un tipo de propuesta, otro, otra... Después empezaron las teorías, primero fue la necesidad...
Monzo: Lo que sucede es que siempre trabajamos desde lo individual. Yo no formaba parte de ese grupo, formaba parte de otro que también estaba formado por afinidades en cuanto a pensamientos respecto de la estética pero cada uno generaba una obra diferente, siempre trabajando desde lo individual. Después hubo como una consecuencia de todo este auge de la pintura, de lo internacional. Acá, el llamado mercado de arte es limitadísimo, responde a determinados circuitos, es mínimo, pero bueno, existe. Aunque, si se lo compara, por ejemplo, con el de Nueva York, no existe tal mercado. Igualmente los artistas producen, o producíamos en ese momento. Me pasa ahora que trabajo de una manera mucho menos impulsiva, produzco menos, las obras son mucho más sintéticas, pero me llevan muchísimo más tiempo y siento además que no tengo necesidad de una producción, de que un director de museo que en un momento nos diga: "ustedes tienen que pintar 200 cuadros por año". Sí, eso lo hacía la gente de la transvanguardia en Basilea, Milán, Nueva York, París, pero nosotros no teníamos ese circuito. Ibamos hasta el Recoleta, el Museo de Bellas Artes, Córdoba, Rosario. Entonces, también son como ideas que se toman en donde no hay manera de responder, ni los artistas, ni el medio, ni los críticos, ni los galeristas. De golpe nos invitaban a muestras de la Nueva Imagen e íbamos nosotros con Antonio Berni, Luis Felipe Noé , Rómulo Macció, Jorge De la Vega, ...
Médici: Una cosa de la crítica fue que asimiló la Nueva Imagen a la Nueva Figuración.
Dobarro: 50 artistas en Nueva York. (Risas).
Monzo: Bueno, todo eso generaba una producción, como decíamos antes: hay que hacer cuadros, entonces trabajamos todos juntos en talleres, al menos nosotros trabajábamos juntos en donde era pintar y pintar, este cuadro para acá, este cuadro para allá y en un momento yo dije: " ¡basta!"... estuve ocho años sin exponer, trabajando en mi taller. Exponía sólo cuando me invitaban a algún premio, porque sentía la necesidad de recuperar mi espacio como artista, mi manera de pensar, de ver el mundo, recapacitar sobre lo que estaba haciendo, porque uno puede trabajar hacia fuera, exponer, pero tiene que pensar en sus propuestas, en sus ideas, en lo que está transmitiendo, me parece que es una responsabilidad. Uno ve esta cuestión del arte y del artista como el show de hacerse ver, pero en realidad uno lo que quiere hacer ver es la obra. Lo que a mí me parece más importante es que alguien vea primero un cuadro que le interese y, como me ha pasado varias veces, me diga: "ah, vos sos fulano, vi tu cuadro en tal lugar y me pareció excelente" Eso me parece mucho más importante que toda esa puesta en escena que es un momento aterrador.
Dobarro: Creo que nos pasó a muchos.
Médici: Sí, y aparecieron millones de artistas que hoy en día tampoco están en esta muestra, que han huido.
Presentadora: Como siempre, cerramos nuestra charla agradeciendo la presencia de nuestros invitados. Médici, Monzo, Dobarro, muchísimas gracias.
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ACHILLE BONITO OLIVA, FUNDADOR DE ARTE TRANSVANGUARDISTA, IMPARTIRÁ CHARLA EN EL CENART
El crítico de arte que acuñara el término Transvanguardia para denominar a comienzos de los años ochenta al movimiento integrado por un grupo de jóvenes pintores cuyas obras se alejaron claramente del arte conceptual y del llamado arte povera, en Italia, Achille Bonito Oliva, impartirá la charla La Transvanguardia italiana e internacional, el próximo lunes 24 de noviembre en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes (CENART).
Previo a la inauguración de la exposición La Transavanguardia italiana, en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México, bajo la curaduría del propio Bonito Oliva, la Escuela Nacional de Pintura Escultura y Grabado (ENPEG), "La Esmeralda", ha invitado al crítico y teórico de arte italiano para hablar, en compañía del creador transvanguardista Enzo Cucchi, sobre el significado de este movimiento artístico y su diseminación no sólo en Italia, sino también en Alemania, España Francia y otras latitudes.
El público asistente observará cómo los artistas italianos pertenecientes a este movimiento, retomaron materiales tradicionales y emblemáticos de su país como la técnica del fresco, el bronce, además del óleo, la acuarela y el lápiz, para regresar a la forma como sello de la personalidad del sujeto, sin categorías temporales o jerárquicas de presente y pasado.
Achille Bonito Oliva llama a la Transvanguardia, como "ideología del traidor" en la medida que esta expresión se aleja de los sentidos ideológicos que guiaron a la vanguardia, a su proyecto unitario y totalizador, oponiendo una imagen en la que las referencias disparan en el espectador múltiples sentidos y connotaciones.
En opinión del teórico y crítico italiano, la Transvanguardia recurre al pasado, como arte posmoderno, a la llamada "cita o "apropiación" de manera que el artista se vale de temas, formas o estructuras compositivas tomadas de la historia del arte.
Estos creadores se mueven hacia todas direcciones, ellos incluyen en su obra tanto motivos de la antigüedad clásica, de las vanguardias históricas y el futurismo; a la metafísica de Giorgio De Chirico, al arte del Novecento de Mario Sironi, como a la obra de artistas de la Escuela de París entre los que destacan Chagall y Picasso.
La vuelta a los valores plásticos reniega de toda sujeción académica. En cuanto al dibujo, la forma es expresiva, sensual o esquemática según el caso. En el manejo del color, los artistas adoptan con libertad las paletas ligadas al Neoplasticismo de Mondrian, como las armonías de Matisse o el lirismo de Chagall, haciendo un uso que puede incluso llegar al arte kitsch.
Otro aspecto presente en este movimiento se refiere a la caída de las ideologías que se manifiesta en la imagen fragmento, cortes, segmentos y superposiciones que desdibujan los límites, los cierres, la totalidad como unidad con la cual trabajaba la vanguardia.
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La sociología del conocimiento nació con Max Scheler dentro de un contexto filosófico y en la particular situación intelectual de la Alemania de la década de 1920; estos orígenes hicieron que permaneciera durante 'un tiempo como una preocupación periférica para la mayoría de los sociólogos, sobre todo los anglosajones. Sólo después de un largo debate acerca de su validez, alcance y aplicabilidad, la nueva disciplina penetró, de la mano de Karl Mannheim, en el mundo de habla inglesa. Los dos pensadores mencionados centraron su interés teórico en las cuestiones epistemológicas, y sus trabajos empíricos se aplicaron a la historia de las ideas. Berger y Luckmann sostienen que esta problemática es ajena a la verdadera esencia de una sociología del conocimiento digna de tal nombre. Incluir en ella las cuestiones concernientes a la validez del conocimiento sociológico "es algo así como querer empujar el coche que uno mismo conduce": el análisis epistemológico desborda el marco de referencia de esta disciplina. Y con respecto a la historia de las "ideas" (vale decir, de las teorizaciones), es sólo una parte, y no la central, del conocimiento de que participan todos los integrantes de una sociedad y que debe ser su verdadero objeto de estudio. El hombre de la calle vive en un mundo que para él es "real", aunque en grados diferentes, y "sabe", con distintos grados de certeza, que ese mundo posee tales o cuales particularidades. El filósofo, por supuesto, se interroga acerca del carácter último de esa "realidad" y de ese "conocimiento". ¿Qué es lo real? ¿Cómo conocerlo? Podría decirse que la apreciación del sociólogo se ubica en un punto intermedio. Está obligado a indagar si las diferencias (Continúa en la segunda solapa.)
(Vkne d* la priman aolapaj entre las distintas "realidades* no pueden entenderse en relación con las diferencias entre las distintas sociedades. Debe examinar los modos generales por los cuales las "realidades* se dan por "conocidas" en fas sociedades humanas, los procesos por los que cualquier conjunto de conocimientos (y no sólo las teorías o las "ideas" prevalecientes entre los intelectuales) queda establecido socialmente como realidad. £1 doble carácter de la sociedad como "facticidad objetiva" y como "complejo de significados subjetivos", que orientó respectivamente las teorías sociológicas de Durkheim y de Weber, dio paso —sobre todo a partir de Alfred Schuti, en cuya obra se cimenta la posición de los autores— a este nuevo interrogante: ¿Cómo es posible que los significados subjetivos se vuelvan facticidades objetivas? La sociología del conocimiento debe captar la forma en que cristaliza, para el sentido común del hombre de la calle, una "realidad" ya establecida: debe ocuparse del análisis de la construcción social de la realidad.
La construcción social de la realidad
De Peter Berger (comp.) en esta biblioteca
Marxismo v sociología. Perspectivas desde Europa Oriental
La construcción social de la realidad
Peter L. Berger Thomas Luckmann
Amorrortu editores
Biblioteca de sociología The Social Construction ofReality, Peter L. Berger y Thomas Luckmann Primera edición en castellano, 1968; primera reimpresión, 1972; segunda reimpresión, 1974; tercera reimpresión, 1976; cuarta reimpresión, 1978; quinta reimpresión, 1979; sexta reimpresión, 1983; séptima reimpresión, 1984; octava reimpresión, 1986; novena reimpresión, 1989; décima reimpresión, 1991; undécima reimpresión, 1993; duodécima reimpresión, 1994; decimotercera reimpresión, 1995; decimocuarta reimpresión, 1997; decimoquinta reimpresión, 1998; decimosexta reimpresión, 1999; decimoséptima reimpresión, 2001 Traducción, Silvia Zuleta Revisión técnica, Marcos Giménez Zapiola Única edición en castellano autorizada por Doubleday & Company Inc., Garden City. Nueva York, y debidamente protegida en todos los países. Queda hecho el depósito que previene la ley n° 11.723. © Todos los derechos de la edición en castellano reservados por Amorrortu editores S. A., Paraguay 1225, 7o piso (1057) Buenos Aires. La reproducción total o parcial de este libro en forma idéntica o modificada por cualquier medio mecánico o electrónico, incluyendo fotocopia, grabación o cualquier sistema de almacenamiento y recuperación de información, no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada. Industria argentina. Made in Argentina ISBN 950-518-009-8
Impreso en los Talleres Gráficos Color Efe, Paso 192, Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en febrero de 2001.
Prefacio
La presente obra ha sido concebida como un tratado teórico de carácter sistemático sobre sociología del conocimiento. Por lo tanto, no pretende ofrecer un panorama histórico de la evolución de esta disciplina o hacer la exégesis de diversas figuras dentro de éste u otros desarrollos de la teoría sociológica, ni siquiera demostrar cómo puede operarse la síntesis entre algunas de esas figuras y desarrollos. Tampoco debe atribuírsele ninguna intención polémica. Se han incluido comentarios críticos sobre otras posiciones teóricas (no en el texto, pero sí en las notas) solo cuando pueden resultar de provecho para clarificar la presente argumentación. La médula de la argumentación se hallará en las Secciones II y III ("La sociedad como realidad objetiva" y "La sociedad como realidad subjetiva"). La primera contiene nuestras apreciaciones básicas sobre los problemas de la sociología del conocimiento, y en la segunda esas apreciaciones se aplican al nivel de la conciencia subjetiva, con lo que se tiende un puente teórico hacia los problemas de psicología social. La Sección I contiene lo que podría describirse más adecuadamente como prolegómenos filosóficos a la argumentación central, en términos de un análisis fenomenológico de la realidad de la vida cotidiana ("Los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana"). El lector a quien solo interese la argumentación sociológica propiamente dicha, tal vez se sienta tentado de pasarlo por alto, pero debe advertírsele que ciertos conceptos esenciales usados en el curso de la exposición se hallan definidos en la Sección I. Aunque nuestro interés no es histórico, nos hemos sentido
obligados a explicar por qué nuestro concepto de la sociología del conocimiento difiere de lo que hasta ahora se ha entendido en general por esta disciplina y de qué manera lo hace. Así lo hemos hecho en la Introducción. Al final apresamos algunas conclusiones para indicar lo que consideramos un "corolario" de la presente tarea para la teoría sociológica en general y para ciertos campos de la investigación empírica. La lógica de nuestra argumentación vuelve inevitables ciertas repeticiones. Por ello, algunos problemas son considerados como paréntesis fenomenológicos en la Sección I, se examinan nuevamente en la Sección II ya no como paréntesis y con vistas a su génesis empírica, y finalmente son tomados una vez más en la Sección III en el plano de la conciencia subjetiva. Hemos tratado de que este libro resulte lo más ameno posible, pero sin violentar su lógica interna, y confiamos en que el lector comprenderá el porqué de esas repeticiones que resultan inevitables. Ibn ul-'Arabi, el gran místico islámico, exclama en uno de sus poemas: "¡Líbranos, oh Alá, del mar de los nombres!" Hemos recordado a menudo esta exclamación durante nuestras propias lecturas de teoría sociológica. En consecuencia, hemos resuelto excluir todos los nombres de lo que constituye nuestra argumentación concreta, que ahora puede leerse como exposición continua de nuestra propia posición, sin que se interrumpa constantemente con observaciones del tipo de: "Durkheim dice esto", "Weber dice aquello", "En este punto coincidimos con Durkheim y no con Weber", "Creemos que Durkheim no ha sido bien interpretado en tal cuestión", etc. De cada una de las páginas surge obviamente que nuestra posición no ha surgido ex nihilo; pero deseamos que se la juzgue por sus propios méritos, no por sus aspectos exegéticos o de síntesis. Por lo tanto, hemos ubicado todas las referencias en las notas, y del mismo modo hemos registrado (aunque siempre brevemente) todas las argumentaciones que poseemos junto con las fuentes de las que somos deudores. Esto ha requerido un proporcionado aparato de notas, lo que no significa que nos hayamos sometido al ritual de la Wissenschaftlichkeit, sino más bien que hemos sido fieles a las exigencias de la gratitud histórica. El proyecto cuya realización constituye este libro fue con-
cebido por primera vez en el verano de 1962, en el transcurso de apacibles coloquios al pie (y ocasionalmente en la cima) de los Alpes de Austria occidental. El primer plan de la obra fue elaborado a comienzos de 1963. En esa época se lo pensó como una empresa en la que intervendrían un tercer sociólogo y dos filósofos. Los otros participantes se vieron impedidos, por diversas razones personales, de intervenir activamente en el proyecto, pero queremos hacer constar nuestro agradecimiento por los continuos comentarios críticos de Hansfried Kellner (actualmente en la Universidad de Frankfort) y de Stanley Pullberg (actualmente en la École Pratique des Hautes Études"!. Lo mucho que debemos al desaparecido Alfred Schutz se pondrá de manifiesto en diversas partes del presente tratado. Sin embargo, desearíamos reconocer aquí la influencia de las enseñanzas y los escritos de Schutz sobre nuestras ideas. Nuestra comprensión de Weber se ha beneficiado enormemente con las lecciones de Cari Mayer (Escuela para Graduados de la New School for Social Research! ; así también la de Durkheim y su escuela lo ha sido por las interpretaciones de Albert Salomón (también de la Escuela para Graduados de la New School for Social Research"). Luckmann, que recuerda muchas conversaciones provechosas durante un período de clases conjuntas en Hobart College y en otras ocasiones, desea expresar su deuda para con las ideas de Friedrich Tenbruck (actualmente en la Universidad de Frankfort). Berger desea manifestar su agradecimiento a Kurt Wolff (Universidad de Brandéis) y a Antón Zijderveld (Universidad de Leiden) por su permanente interés crítico hacia el desenvolvimiento de las ideas concretadas en este libro. Es habitual en trabajos de esta índole reconocer los aportes intangibles de esposas, hijos y demás colaboradores privados que integran una categoría legal más incierta. Tan solo por contravenir esa costumbre nos sentimos tentados de dedicar este libro a un cierto Jodier de Brahd/Vorarlberg. Sin embargo, deseamos agradecer a Brigitte Berger (Hunter College) y a Benita Luckmann (Universidad de Friburgo), no por el desempeño de funciones particulares sin carácter científico, sino por sus observaciones críticas como especialistas en ciencias sociales y por su firme decisión de no dejarse impresionar fácilmente.
Introducción El problema de la sociología del conocimiento
Nuestras tesis fundamentales están implícitas en el título y subtítulo de este libro; ellas son: que la realidad se construye socialmente y que la sociología del conocimiento debe analizar los procesos por los cuales esto se produce. Los términos claves de dichas tesis son "realidad" y "conocimiento", que no solo se usan corrientemente en el lenguaje cotidiano, sino que llevan tras de sí un largo historial de indagaciones filosóficas. No es preciso que entremos aquí en una discusión sobre las complejidades semánticas en cuanto al uso ya sea cotidiano o filosófico de estos términos. Para nuestro propósito, bastará con definir la "realidad" como una cualidad propia de los fenómenos que reconocemos como independientes de nuestra propia volición (no podemos "hacerlos desaparecer") y definir el "conocimiento" como la certidumbre de que los fenómenos son reales y de que poseen características específicas. En este sentido (reconocidamente simplista) dichos términos tienen relevancia tanto para el hombre de la calle como para el filósofo. El hombre de la calle vive en un mundo que para él es "real", aunque en grados diferentes, y "sabe", con diferentes grados de certeza, que este mundo posee tales o cuales características. El filósofo, por supuesto, planteará interrogantes acerca del carácter último de esa "realidad" y ese "conocimiento": ¿Qué es lo real? ¿Cómo conocerlo? Éstos figuran entre los más antiguos interrogantes no solo de la indagación filosófica propiamente dicha, sino también del pensamiento humano como tal. Justamente por esa razón, es probable que la intromisión del sociólogo en ese terreno intelectual ya consagrado provoque la extrañeza del hombre de la calle y es aún más probable que irrite al filósofo. Por consiguiente, 13
importa desde el principio aclarar el sentido que damos a esos términos en el contexto de la sociología y rechazar inmediatamente cualquier pretensión de que esta ciencia dé respuesta a esas antiguas preocupaciones filosóficas. Si hubiéramos de ser escrupulosos en la exposición subsiguiente, tendríamos que poner entre comillas los dos términos mencionados cada vez que se usaran, pero eso sería estilísticamente una torpeza. El hablar de comillas, sin embargo, puede dar un indicio sobre la manera peculiar en que dichos términos aparecen en un contexto sociológico. Podría decirse que la apreciación sociológica de la "realidad" y el "conocimiento" se ubica a cierta distancia intermedia entre la comprensión del hombre de la calle y la del filósofo. El hombre de la calle no suele preocuparse de lo que para él es "real" y de lo que "conoce" a no ser que algún problema le salga al paso. Su "realidad" y su "conocimiento" los da por establecidos. El sociólogo no puede hacer otro tanto, aunque más no sea porque tiene conciencia sistemática de que los hombres de la calle dan por establecidas "realidades" que son bastante diferentes entre una sociedad y otra. El sociólogo está obligado, por la lógica misma de su disciplina, a indagar, al menos, si la diferencia entre unas y otras "realidades" no puede entenderse en relación con las diversas diferencias que existen entre unas y otras sociedades. El filósofo, por otra parte, está obligado profesionalmente a no dar nada por establecido y a percibir con suma claridad la condición última de eso que el hombre de la calle toma por "realidad" y "conocimiento". Dicho de otra manera, el filósofo se ve ante la obligación de decidir dónde se necesitan comillas y dónde pueden suprimirse sin riesgo, vale decir, a establecer diferencias entre las aserciones que son válidas con respecto al mundo y las que no lo son. Esto no cabe dentro de las posibilidades del sociólogo. Lógica, ya que no estilísticamente, está condenado a las comillas. Por ejemplo, el hombre de la calle puede creer que posee "libre albedrío" y que, por lo tanto, es "responsable" de sus actos, a la vez que niega esta "libertad" y esta "responsabilidad" a los niños y a los dementes. El filósofo, sea cual fuere su método, tiene que indagar acerca de la situación ontológica y epistemológica de estos conceptos: ¿Es libre el hombre? ¿Qué es la responsabilidad? ¿Cuáles son 14
sus límites? ¿Cómo pueden saberse estas cosas?, y así sucesivamente. Es obvio que el sociólogo no se halla en condiciones de responder a estas preguntas. Sin embargo, lo que puede y debe hacer es indagar cómo la noción de "libertad" ha llegado a darse por establecida en unas sociedades y en otras no; cómo algunas de esas sociedades conservan su "realidad" y, lo que es más interesante aún, cómo esa "realidad" puede a su vez desaparecer para un individuo o para una colectividad entera. El interés sociológico en materia de "realidad" y "conocimiento" se justifica así inicialmente por el hecho de su relatividad social. Lo que es "real" para un monje del Tíbet puede no ser "real" para un hombre de negocios norteamericano. El "conocimiento" que tiene un criminal difiere del que posee un criminalista. Se sigue de esto que las acumulaciones específicas de "realidad" y "conocimiento" pertenecen a contextos sociales específicos y que estas relaciones tendrán que incluirse en el análisis sociológico adecuado de dichos contextos. Así, pues, la necesidad de una "sociología del conocimiento" está dada por las diferencias observables entre sociedades, en razón de lo que en ellas se da por establecido como "conocimiento". Además de esto, sin embargo, una disciplina digna de ese nombre deberá ocuparse de los modos generales por los cuales las "realidades" se dan por "conocidas" en las sociedades humanas. En otras palabras, una "sociología del conocimiento" deberá tratar no solo las variaciones empíricas del "conocimiento" en las sociedades humanas, sino también los procesos por los que cualquier cuerpo de "conocimiento" llega a quedar establecido socialmente como "realidad". Sostenemos, por lo tanto, que la sociología del conocimiento deberá ocuparse de todo lo que una sociedad considera como "conocimiento", sin detenerse en la validez o no validez de dicho "conocimiento" (sean cuales fueren los criterios aplicados). Y cualquiera sea el alcance con que todo "conocimiento" humano se desarrolle, se transmita y subsista en las situaciones sociales, la sociología del conocimiento deberá tratar de captar los procesos por los cuales ello se realiza de una manera tal, que una "realidad" ya establecida se cristaliza para el hombre de la calle. En otras palabras, sostenemos que la sociología del conocimiento se ocupa del análisis de la construcción social de la realidad. 15
Esta apreciación del campo propio de la sociología del conocimiento difiere de lo que generalmente se ha entendido por esta disciplina desde que así se la denominó por primera vez unos cuarenta años atrás. Antes de comenzar nuestra exposición concreta, será de provecho examinar someramente el desarrollo previo de la disciplina y explicar de qué modo y por qué hemos creído necesario apartarnos de aquél. La expresión "sociología del conocimiento" (Wissenssoziologie) fue acuñada por Max Scheler 1. La época era la década de 1920: el lugar, Alemania: y Scheler era un filósofo. Estos tres hechos tienen gran importancia para comprender el origen y ulterior desarrollo de la nueva disciplina. La sociología del conocimiento se originó en una situación particular de la historia intelectual alemana y dentro de un contexto filosófico. Mientras la nueva disciplina era introducida con posterioridad en el contexto sociológico propiamente dicho, sobre todo en el mundo de habla inglesa, continuó signada por los problemas de la particular situación intelectual que le diera origen. Como resultado, la sociología del conocimiento permaneció como una preocupación periférica para la mayoría de los sociólogos, ajenos a los problemas particulares que afectaban a los pensadores alemanes en la década del veinte. Esto rezaba especialmente para los sociólogos norteamericanos, quienes en su mayor parte han considerado esta disciplina como una especialidad marginal dotada de persistente sabor europeo. Empero, más importante aún es que esta permanente vinculación de la sociología del conocimiento con su originaria constelación de problemas ha significado una debilidad teórica aun en aquellos sitios donde esta disciplina ha despertado interés. Ó sea, que los mismos protagonistas de la sociología del conocimiento y, en general, la totalidad del público sociológico la han tomado como una especie de barniz sociológico aplicado a la historia de las ideas. La consecuencia ha sido una gran miopía con respecto al sig1 Cf. Max Scheler, Die Wissensformen und die Gesellschaft (Berna, Francke, 1960). Este volumen de ensayos, publicado por primera vez en 1925, contiene la formulación básica de la sociología del conocimiento en un ensayo titulado "Probleme einer Soziologie des Wissens", que originalmente había sido publicado un año antes.
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nificado teórico potencial de la sociología del conocimiento. Se han dado diferentes definiciones sobre la naturaleza y alcance de la sociología del conocimiento y, en realidad, casi hasta podría decirse que la historia de la especialidad ha sido hasta ahora la de sus definiciones diversas. Xo obstante, lia existido acuerdo general en cuanto a que se ocupa de la relación entre el pensamiento humano y el contexto social en el que se origina. De manera que puede afirmarse que la sociología del conocimiento constituye el foco sociológico de un problema mucho más general: el de la determinación existencial (Scinsgcbundenhcit) del pensamiento en cuanto tal. Aunque en este caso el peso recae sobre el factor social, las dificultades teóricas son similares a las que se produjeron cuando se propusieron otros factores (tales como el histórico, el psicológico o el biológico) como determinantes del pensamiento humano. En todos estos casos el problema general consistió en establecer hasta qué punto el pensamiento refleja los factores determinantes propuestos o es independiente de ellos. Es probable que la preeminencia del problema general en la filosofía alemana reciente radique en el enorme conglomerado de erudición histórica que fue uno de los grandes frutos intelectuales del siglo xix en Alemania. De un modo que no tiene parangón con ningún otro período de la historia intelectual, el pasado —con toda su asombrosa variedad de maneras de pensar— se "hizo presente" ante la mente contemporánea mediante los esfuerzos de la erudición histórico-científica. Resulta arduo disputarle a la erudición alemana su primacía en esta empresa. Por ello no nos sorprende que el problema teórico planteado por aquélla repercutiera más agudamente en Alemania. Este problema puede describirse como el vértigo de la relatividad. Su dimensión epistemológica resulta evidente. A nivel empírico llevó a la preocupación de investigar lo más concienzudamente posible las relaciones concretas entre el pensamiento y sus situaciones históricas. Si esta interpretación es correcta, la sociología del conocimiento se hace cargo de un problema planteado originariamente por la investigación histórica, en forma más restringida, es verdad, pera cargando el acento esencialmente sobre las mismas cuestiones 2.
Cf. Wilhelm Windelband y Heinz Heimsoeth, Lehrbuch der Gtschichte der Philosopkie (Tubinga, Mohr. 1950), pp. 605 y sigs.
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Ni el problema general, ni su formulación más restringida son cosa nueva. Se advierte en la antigüedad una conciencia en cuanto a los fundamentos sociales de los valores y concepciones del mundo. Por lo menos, ya en el Siglo de las Luces esta conciencia cristalizó en un tema importante del pensamiento occidental moderno. Por lo tanto, sería posible establecer una cantidad de "genealogias" para el problema central de la sociología del conocimiento3. Hasta puede afirmarse que el problema está contenido in nuce en la famosa afirmación de Pascal que dice que lo que es verdad de un lado de los Pirineos es error del otro lado 4 . Sin embargo, los antecedentes intelectuales inmediatos de la sociología del conocimiento son tres corrientes del pensamiento alemán decimonónico: la marxista, la nietzscheana y la historicista. La sociología del conocimiento derivó de Marx su proposición básica, a saber que la conciencia del hombre está determinada por su ser social °. Naturalmente, se ha discutido mucho sobre la clase de determinación que Marx tenía en mente. No es arriesgado afirmar que mucho de la gran "lucha contra Marx" que caracterizó no solo los comienzos de la sociología del conocimiento, sino también la "época clásica" de la sociología en general (particularmente como se manifiesta en las obras de Weber, Durkheim y Pareto), fue en realidad una lucha con una interpretación errónea de Marx debida a ciertos marxistas posteriores. Esta proposición cobra plausibilidad cuando reflexionamos sobre el hecho de que los importantísimos Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 no fueron redescubiertos hasta 1932 y que todas las inferencias de este re-descubrimiento pudieron ser estimadas en investigaciones marxistas realizadas solo
3 Cf. Albert Salomón, In Praiss of Enlightenment (Nueva York, Meridian Books, 1963) ; Hans Barth, Wahrheit und Ideologie (Zurich, Manesse, 1945) ; Werner Stark, The Sociology of Knowledge (Chicago, Free Press of Glencoe, 1958), pp. 46 y sigs.; Kurt Lenk (comp.), Ideologie (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1961), pp. 13 y sigs. 4 Pensamientos, v. 294. 5 Cf. Karl Marx, Die Frühschriften (Stuttgart, Kroner, 1953). Los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 están en pp. 225 y sigs. Parte de los Manuscritos está publicada en castellano en el libro de Erich Fromm, Marx y su concepto del hombre (México, F.C.E., 1966).
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después de la Segunda Guerra Mundial. Sea como fuere, la sociología del conocimiento heredó de Marx no solo la agudísima formulación de su problema central, sino también algunos de sus conceptos claves, entre los que habría que mencionar, en particular, los de '"ideología" (ideas que sirven como arma para intereses sociales) y "falsa conciencia" (pensamiento alejado del verdadero ser social del que piensan. La sociología del conocimiento se ha sentido seducida particularmente por un par de conceptos formulados por Marx, los de "infraestructura/superestructura" (Unterbauf Uebcrbau). Especialmente en este punto se desató la controversia acerca de la interpretación correcta del propio pensamiento de Marx. Con posterioridad, el marxismo tendió a identificar "infraestructura" con estructura económica tout court, de la cual suponíase entonces que la "superestructura" era un "reflejo" directo (el caso de Lenin, por ejemplo^. Se sabe ahora que eso es interpretar erróneamente el pensamiento de Marx, como ya podría hacerlo suponer el carácter esencialmente mecanicista (más que dialéctico) de esta clase de determinismo económico. L o que a Marx le interesaba era que el pensamiento humano se funda en la actividad humana (el "trabajo" en el más amplio sentido de la palabra) y en las relaciones sociales provocadas por dicha actividad. La "infraestructura" y la "superestructura" se entienden mejor si se las considera actividad humana y mundo producido por esa actividad respectivamente 6 . De cualquier modo, el esquema fundamental de "infraestructura/superestructura" ha sido adoptado en diversas formas por la sociología del conocimiento, empe6 Sobre el esquema Unterbau/Ueberbau de Marx, cf. Karl Kautsky, "Yerháltnis von Unterbau und Ueberbau" en Der Marxismus, comp. por Iring Fetscher (Munich, Piper, 1962), pp. 160 y sigs.; Antonio Labriola, "Die Vermittlung zwischen Basis und Ueberbau", ibíd., pp. 167 y sigs.; Jean-Yves Calvez, La pensée de Karl Marx (París, Éditions du Seuil, 1956), pp. 424 y sigs.; El pensamiento de Carlos Marx (Madrid, Taurus, 1964). La más importante reformulación del problema en el siglo xx es la de Gyorgy Lukács, en su Geschichte und Klassenbewusstsein (Berlín, 1923), hoy más accesible en traducción francesa, Histoire et conscience de classe (París, Éditions de Minuit, 1960). La apreciación de Lukács acerca del concepto de Marx en cuanto a la dialéctica es aún más notable por haberse adelantado en casi una década al re-descubrimiento de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844.
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zando por Scheler, siempre suponiendo que existe cierta relación entre el pensamiento y una realidad "subyacente" distinta del pensamiento. La fascinación ejercida por este esquema prevaleció, a pesar de que gran parte de la sociología del conocimiento había sido formulada explícitamente en oposición al marxismo y de que dentro de ella hay diferentes posiciones con respecto a la naturaleza de las relaciones entre ambos componentes del esquema. Las ideas de Nietzsche tuvieron una continuación menos explícita en la sociología del conocimiento, pero tienen mucho que ver con su trasfondo intelectual en general y con la "atmósfera" en la cual surgió. El anti-idealismo nietzscheano, que a pesar de las diferencias de contenido no difiere del anti-idealismo de Marx en la forma, introdujo perspectivas adicionales en cuanto al pensamiento humano como instrumento de lucha por la supervivencia y el poder 7 . Nietzsche desarrolló su propia teoría de la "falsa conciencia" con sus análisis del significado social del engaño y el autoengaño, y de la ilusión como condición necesaria para la vida. El concepto de Nietzsche sobre el "resentimiento" como factor generador para ciertos tipos de pensamiento humano fue adoptado directamente por Scheler. Aunque más en general, puede decirse que la sociología del conocimiento representa una aplicación específica de lo que Nietzsche denominó con acierto el "arte de la desconfianza" 8 . El historicismo, sobre todo como se manifiesta en las obras de Wilhelm Dilthey, fue precursor inmediato de la sociología del conocimiento 9 . El tema dominante aquí fue un Las obras más importantes de Nietzsche para la sociología del conocimiento son The Genealogy of Moráis y The Will to Power. Para argumentaciones subsidiarias, cf. Walter A. Kaufmann, Nietzsche (Nueva York, Meridian Books, 1956); Karl Lowith, From Hegel to Nietzsche (traducción inglesa, Nueva York, Holt, Rinehart and Winston, 1964). 8 Una de las primeras y más interesantes aplicaciones del pensamiento de Nietzsche a una sociología del conocimiento es la de Alfred Seidel en Bewusstsein ais Verhángnis (Bonn, Cohén, 1927). Seidel, que había sido discípulo de Weber, trató de combinar a Nietzsche y Freud con una crítica sociológica radical de la conciencia. 9 Una de las argumentaciones más sugerentes de la relación entre el historicismo y la sociología es la de Cario Antoni en Dallo storicismo alia sociología (Florencia, 1940). También cf. H. Stuart Hughes, Consciousness and Society (Nueva York, Knopf, 1958), pp. 183 y sigs. La obra más importante de Wilhelm Dilthey
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sentido abrumador de la relatividad de todas ias perspectivas sobre el acontecer humano, vale decir, de la historicidad inevitable del pensamiento humano. La insistencia historicista en cuanto a que ninguna situación histórica podía entenderse salvo en sus propios términos, pudo traducirse fácilmente en un énfasis sobre la situación social del pensamiento. Ciertos conceptos historicistas, tales como la "determinación situacional" (Standortsgebandenheit) y el "asiento en la vida" (Sitz im Leben) pudieron interpretarse directamente como referidos a la "ubicación social" del pensamiento. Más en general, la herencia historicista de la sociología del conocimiento predispuso a esta última hacia un acentuado interés por la historia y hacia el empleo de un método esencialmente histórico, hecho que, de paso, contribuyó también a su marginación en el ámbito de la sociología norteamericana. El interés de Scheler por la sociología del conocimiento y por las cuestiones sociológicas en general fue esencialmente una etapa pasajera de su carrera filosófica10. Su propósito último era establecer una antropología filosófica que trascendiese ]a relatividad de los puntos de vista específicos ubicados histórica y socialmente. La sociología del conocimiento habría de servirle como un instrumento para ese fin, ya que su propósito principal era despejar los obstáculos interpuestos por el relativismo a fin de proseguir la verdadera tarea filosófica. La sociología del conocimiento de Scheler es, en un sentido muy real, la ancilla philosophiae, y de una filosofía muy específica, por añadidura. De acuerdo con esta orientación, la sociología del conocimiento de Scheler constituye esencialmente un método negativo. Scheler argumentaba que la relación entre los "factores ideales" (Idealfaktoren) y los "factores reales" (Realfaktoren) —términos que traen clara reminiscencia del esquema marxista de la "infraestructura/superestructura"— no era más que una relación reguladora. Es decir, los "factores reales" regulan las condiciones en que ciertos "factores
para nuestros actuales propósitos es Der Aufbau der geschichtlichen Welt in den Geisteswissenschaften (Stuttgart, Teubner, 1958). 10 Para un excelente estudio de la concepción de Scheler sobre la sociología del conocimiento, cf. Hans-Joachim Lieber, Wissen und Gesellschaft (Tubinga, Niemeyer, 1952), pp. 55 y sigs. Ver también Stark, op. cit., passim.
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ideales" pueden aparecer en la historia, pero no pueden afectar el contenido de estos últimos. En otras palabras, la sociedad determina la presencia (Dasein), pero no la naturaleza (Sosein) de las ideas. La sociología del conocimiento es. por tanto, el procedimiento mediante el cual ha de estudiarse la selección histórico-social de los contenidos ideacionales. sobreentendiéndose que los contenidos mismos son independientes de la causalidad histórico-social y, por ende, inaccesibles al análisis sociológico. Si quisiéramos describir gráficamente el método de Scheler. diríamos que es arrojar una tajada al dragón de la relatividad, pero solo para poder penetrar mejor en el castillo de la certidumbre ontológica. Dentro de esta armazón, intencional e inevitablemente modesta. Scheler analizó con mucho detalle la manera como el conocimiento humano es ordenado por la sociedad. Destacó que el conocimiento humano se da en la sociedad como un a priori de la experiencia individual, proporcionando a esta última su ordenación de significado. Esta ordenación, si bien es relativa con respecto a una situación histórico-social particular, asume para el individuo la apariencia de una manera natural de contemplar el, mundo. Scheler la denominó "concepción relativo-natural del mundo" (relativnatürliche Weltanschauung) de una sociedad, concepto que todavía se considera central en la sociología del conocimiento. A la "invención" de la sociología del conocimiento por Scheler, siguió un amplio debate en Alemania respecto de la validez, alcance y aplicabilidad de la nueva disciplina n . De este debate surgió una formulación que señaló la transposición de la sociología del conocimiento a un contexto más estrictamente sociológico. Fue la misma formulación
11 Para el desenvolvimiento general de la sociología alemana durante este período, cf. Raymond Aron, La sociologie allemande contemporaine (París, Presses Universitaires de France, 1950); La sociología alemana contemporánea (Buenos Aires, Paidós, 1965). Para importantes contribuciones de este período con respecto a la sociología del conocimiento, cf. Siegfried Landshut, Kritik dsr Soziologie (Munich, 1929); Hans Freyer, Soziologie ais Wirklichkeitswissenschaft (Leipzig, 1930) ; Ernst Grünwald, Das Problem der Soziologie des Wissens (Viena, 1934); Alexander von Schelting, Max Wsbers Wissenschaftslehre (Tubinga, 1934). Esta última obra, que sigue siendo el estudio más importante sobre la metodología de Weber, debe entenderse en el trasfondo de la discusión en torno de la sociología del conocimiento, a la sazón centrada sobre las formulaciones de Scheler y Mannheim.
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con que la sociología del conocimiento penetró en el mundo de habla inglesa: la de Karl Mannheim 13. No es arriesgado aseverar que cuando los sociólogos se ocupan hoy de la sociología del conocimiento, sea en pro o en contra, suelen hacerlo con los términos de la formulación de Mannheim. En el campo de la sociología norteamericana ello es fácilmente comprensible si se piensa que virtualmente el total de la obra de Mannheim es accesible en versión inglesa (de hecho, parte de aquélla fue escrita en inglés, durante el período en que Mannheim enseñó en Inglaterra tras el advenimiento del nazismo en Alemania, o se publicó en versiones inglesas revisadas "i, mientras que la obra de Scheler sobre sociología del conocimiento sigue sin traducirse hasta la fecha. Aparte de este factor de "difusión", la obra de Mannheim está menos cargada de '"bagaje" filosófico que la de Scheler. Esto se aplica sobre todo a las últimas obras de Mannheim y se advierte si uno compara la versión inglesa de su obra principal, Ideología y utopía, con el original alemán. Por eso Mannheim llegó a ser la figura que más "congenia" con los sociólogos, aun con aquellos que critican sus puntos de vista o no se interesan mucho por ellos. La postura de Mannheim con respecto a la sociología del conocimiento tuvo alcances mucho más vastos que la de Scheler, posiblemente porque en su obra tenía más preeminencia la confrontación con el marxismo. La sociedad aparecía en ella como determinando no solo el aspecto, sino también el contenido de la ideación humana, con excepción de las matemáticas y, de algunas partes al menos, de las ciencias naturales. De ese modo la sociología del conocimiento se convertía en método positivo para el estudio de casi todas las facetas del pensamiento humano. La preocupación clave de Mannheim era, significativamente, el fenómeno de la ideología. Distinguía entre los
12 Karl Mannheim, Ideology and Utopia (Londres, Routledge and Kegan Paul, 1936) ; Ideología y utopía (Madrid, Aguilar, 1958); Essays on the Sociólogy oj Knowledge (Nueva York, Oxford University Press, 1952) ; Essays on Sociology and Social Psychology (Nueva York, Oxford University Press, 1953); Ensayos de sociología y psicología social (México, F.C.E., 1963) ; Essays on the Sociology of Culture (Nueva York, Oxford University Press, 1956) ; Ensayos sebre sociología de la cultura (Madrid, Aguilar, 1963). U n compendio de los más importantes escritos de Mannheim sobre la sociología del conocimiento, compilado y con una provechosa in-
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conceptos particular, total y general de ideología: la ideología que constituye solo una parte del pensamiento de un adversario: la ideología que constituye la totalidad del pensamiento de un adversario (similar a la "falsa conciencia" de Marx) y (en este caso, como pensaba Mannheim, yendo más lejos que Marx) la ideología como característica, no solo del pensamiento de un adversario, sino también del de uno mismo. Con el concepto general de ideología se alcanza el nivel de la sociología del conocimiento, la comprensión de que no hay pensamiento humano (con las únicas excepciones ya mencionadas) que esté inmune a las influencias ideologizantes de su contexto social. Mediante esta ampliación de la teoría de la ideología, Mannheim quería abstraer su problema central del contexto del uso político para tratarlo como problema general de epistemología y sociología histórica. Aunque Mannheim no compartía las ambiciones ontológicas de Scheler, tampoco se sentía cómodo dentro del pan-ideologismo al que su pensamiento parecía llevarlo. Acuñó el término "relacionismo" (en contraposición a "relativismo") para denotar la perspectiva epistemológica de su sociología del conocimiento, lo que no significa una capitulación del pensamiento ante las relatividades históricosociales, sino un limitarse a reconocer que el conocimiento solo puede darse desde una posición determinada. En este punto la influencia de Dilthey es probablemente muy importante en el pensamiento de Mannheim: el problema del marxismo es resuelto con las herramientas del historicismo. Sea como fuere, Mannheim creía que las influencias ideologizantes, aunque no pudiesen ser erradicadas del todo, podrían mitigarse mediante el análisis sistemático del mayor número posible de variantes de las posiciones construidas sobre bases sociales. En otras palabras, el objeto del pensamiento se va aclarando progresivamente con esta
traducción por Kurt Wolff, es Wissenssoziologie (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1964). Para estudios complementarios sobre la concepción de Mannheim acerca de la sociología del conocimiento, cf. Jacques J. Maquet, Sociologie de la connaissance (Lovaina, Nauwelaerts, 1949) ; Aron, op. cit.; Robert K. Merton, Social Theory and Social Structure (Chicago, Free Press of Glencoe, 1957), pp. 489 y sigs.; Teoría y estructura sociales (México, F.C.E., 1964); Stark, op. cit.; Lieber, op. cit.
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acumulación de las diferentes perspectivas que de él se dan. Ésta será tarea de la sociología del conocimiento, que de tal forma ha de convertirse en valioso auxiliar para la búsqueda de cualquier comprensión correcta del acontecer humano. Mannheim creía que los diferentes grupos sociales varían mucho en cuanto a capacidad para trascender así sus propias posiciones limitadas. Confiaba sobre todo en la "intcüigentsia sin ataduras sociales" {freischwebende Intelligenz, término derivado de Alfred Weberl, especie de estrato intersticial al qu° consideraba relativamente libre de intereses de clase. Mannheim también destacaba el poder del pensamiento "utópico", que (al igual que la ideología! produce una imagen distorsionada de la realidad social: pero que (a diferencia de la ideología') posee el dinamismo requerido para transformar esa realidad en su imagen de ella. Resulta superfluo añadir que las observaciones anotadas no pueden en manera alguna hacer justicia a la concepción de Scheler o a la de Mannheim sobre la sociología del conocimiento. No es ésa nuestra intención en este lugar. Solo hemos indicado algunos rasgos esenciales de las dos concepciones, a las que con acierto se las ha llamado, respectivamente, concepción "moderada" y concepción "radical" de la sociología del conocimiento 13. Lo notable es que el desenvolvimiento subsiguiente de esta disciplina consistió, en .gran medida, en críticas y modificaciones de esos dos conceptos. Como ya hemos señalado, la formulación de la sociología del conocimiento por Mannheim ha seguido dando los términos de referencia para dicha disciplina de manera definitiva, particularmente en el caso de la sociología de lengua inglesa. El sociólogo norteamericano más importante que dedicó seria atención a la sociología del conocimiento ha sido Robert Merton 14 . Su indagación acerca de la disciplina, que abarca dos capítulos de su obra fundamental, ha servido como provechosa introducción en dicho terreno para los sociólogos norteamericanos que se han interesado en ello. Merton construyó un paradigma para la sociología del conocimiento volviendo a exponer sus temas principales en
13 Esta caracterización de las dos formulaciones originales de la disciplina fue hecha por Lieber, op. cit. 14 Cf. Merton, op. cit., pp. 439 y sigs.
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forma sucinta v coherente. Esta construcción resulta de interés porque aspira a integrar el enfoque de la sociología del conocimiento con el de la teoría estructural-funcional. Los propios conceptos de Merton acerca de las funciones "manifiestas"' v ''latentes-' se aplican a la esfera de la ideación, v se establece la distinción entre las funciones buscadas y conscientes de las ideas, y las funciones no buscadas e inconscientes. A la vez que Merton se detuvo sobre la obra de Mannheim, que era para él el sociólogo del conocimiento por excelencia, puso de relieve la significación de la escuela de Durkheim y de la obra de Pitirim Sorokin. Interesa anotar que Merton no fue al parecer capaz de advertir la relevancia que, para la sociología del conocimiento, tienen algunos hechos salientes en la psicología social norteamericana, como por ejemplo la teoría de los grupos de referencia, que analiza en otra parte de la misma obra. Talcott Parsons, que también se ocupó de la sociología del conocimiento 15, se limita principalmente a una crítica de Mannheim, sin buscar la integración de esa disciplina dentro de su propio sistema teórico. En su sistema se analizan, indudablemente, los pormenores del "problema del papel de las ideas" pero dentro de un marco de referencia muy distinto del de la sociología del conocimiento, tanto de Scheler como de Mannheim 16. Por ello nos atreveríamos a decir que ni Merton ni Parsons han superado decididamente la sociología del conocimiento tal como fue formulada por Mannheim. Otro tanto puede decirse de sus críticos. Para mencionar solo al más verbalista de entre ellos diremos que C. Wright Mills se ocupó de la sociología del conocimiento en sus primeras obras, pero de manera expositiva y sin agregar nada a su desarrollo teórico 1T. Un esfuerzo interesante por integrar la sociología del
15 Cf. Talcott Parsons, "An Approach to the Sociology of Knowledge", en Transactions of the Fourth World Congress of Sociology (Lovaina, International Sociological Association, 1959), vol. IV, pp. 25 y sigs.; '"Culture and the Social System", en Parsons y otros (comps.), Theories of Society (Nueva York, Free Press, 1961), vol. I I , pp. 963 y sigs. 16 Cf. Talcott Parsons, The Social System (Glencoe, 111., Free Press, 1951), pp. 326 y sigs.; "El sistema social" (Madrid, Revista de Occidente, 1966). 17 Cf. C. Wright Mills, Power, Politics and People (Nueva York, Ballantine Books, 1963), pp. 453 y sigs.; Poder, política y pueblo (México, F.C.E., 1965).
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conocimiento en un enfoque neopositivista de la sociología en general es el de Theodor Geiger. qviien ejerció gran influencia sobre la sociología escandinava después de emigrar de Alemania ls . Geiger retornó a un concepto más restringido de la ideología como pensamiento socialmente distorsionado y sostuvo la posibilidad de superar la ideología ateniéndose concienzudamente a cánones científicos de procedimiento. El enfoque neopositivista del análisis ideológico se ha continuado más recientemente, dentro de la sociología en idioma alemán, con la obra de Ernst Topitsch, quien ha puesto de relieve las raíces ideológicas de diversas posiciones filosóficas 19. En razón de que el análisis sociológico de las ideologías constituye una parte importante de la sociología del conocimiento, tal como la definió Mannheim, ha despertado bastante interés tanto en la sociología europea, como en la norteamericana a partir de la Segunda Guerra Mundial 20 . El intento de más largo alcance para sobrepasar a Mannheim en la elaboración de una vasta sociología del conocimiento es probablemente el de Werner Stark, otro erudito europeo emigrado que ha dictado cátedra en Inglaterra y en los Estados Unidos 21. Stark llega más lejos en el propósito de dejar atrás el énfasis puesto por Mannheim sobre el problema de la ideología. La tarea de la sociología del conocimiento no ha de consistir en desenmascarar o revelar las distorsiones que se producen socialmente, sino en el estudio sistemático de las condiciones sociales del conocimiento en cuanto tal. Dicho sin rodeos, el problema central es la sociología de la verdad, no la sociología del error. A pesar
18 Cf. Theodor Geiger, Ideologie und Wahrheit (Stuttgart, Humboldt, 1953) : Arbeiten zur Soziologie (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1962), pp. 412 y sigs. 19 Cf. Ernst Topitsch, Vom Ursprung und Ende der Metaphysik (Viena, Springer, 1958) ; Sozialphilosophie zwischen Ideologie und Wissenschaft (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1S61). Una importante influencia sobre Topitsch es la de la escuela de positivismo legal de Kelsen. Para las implicaciones de esta última en la sociologia del conocimiento, cf. Hans Kelsen, Aufsátze zur Ideologiekritik (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1964). 20 Cf. Daniel Bell, The End of Ideólogy (Nueva York, Free Press of Glencoe, 1960); Kurt Lenk (comp.), Ideologie; Norman Birnbaum (comp.), The Sociological Study of Ideology (Oxford, Blackwell, 1962). 21 Cf. Stark, op. cit.
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de su enfoque discriminatorio. Stark se halla probablemente más cerca de Scheler que de Mannheim en su concepción de las relaciones entre las ideas y su contexto social. Asimismo, es evidente que no hemos intentado ofrecer un panorama histórico adecuado de la historia de la sociología del conocimiento. Además, hasta este momento hemos pasado por alto hechos que teóricamente podrían ser relevantes a la sociología del conocimiento, pero que no han sido considerados así por sus propios protagonistas. En otras palabras, nos hemos limitado a hechos que. por así decir, se han agrupado bajo el estandarte de "sociología del conocimiento'' (considerando la teoría de la ideología como parte de esta última"!. Esto ha servido para destacar muy claramente un hecho. Aparte del interés epistemológico de alalinos sociólogos del conocimiento, el foco empírico de la atención ha estado casi exclusivamente sobre el ámbito de las ideas, es decir, del pensamiento teórico. También es ése el caso de Stark. quien puso a su obra principal sobre sociología del conocimiento el subtítulo de ''Ensayo para contribuir a una mayor comprensión de la historia de las ideas". En otras palabras, el interés de la sociología del conocimiento se ha centrado en el plano teórico sobre cuestiones epistemológicas y en el plano empírico sobre cuestiones de historia intelectual. Desearíamos destacar que no hacemos ninguna clase de reservas en cuanto a la validez e importancia de estos dos grupos de cuestiones. Sin embargo, nos parece desafortunada la circunstancia de que esta constelación particular haya dominado la sociología del conocimiento hasta este momento. Insistimos en que, como resultado de ello, todo el significado teórico de la sociología del conocimiento se ha oscurecido. Incluir cuestiones epistemológicas referentes a la validez del conocimiento sociológico dentro de la sociología del conocimiento es algo así como querer empujar el coche que uno mismo conduce. Ciertamente que la sociología del conocimiento, como toda disciplina empírica que reúne pruebas acerca de la relatividad y la determinación del pensamiento humano, tiende hacia cuestiones epistemológicas que conciernen a la sociología misma, así como a cualquier otro cuerpo de conocimientos científicos. Como ya hemos hecho notar, la sociología del conocimiento desempeña en esto 28
un papel similar al de la historia, la psicología y la biología, para mencionar solamente tres de las más importantes disciplinas empíricas que han causado dificultades a la epistemología. La estructura lógica de estas dificultades es en el fondo la misma en todos los casos: ¿cómo puedo estar seguro, digamos, de mi análisis sociológico de las costumbres de la clase media norteamericana en vista del hecho de que las categorías que utilizo para dicho análisis están condicionadas por formas de pensamiento históricamente relativas: de que vo mismo y todo lo que yo pienso estamos determinados por mis genes y por mi arraigada hostilidad hacia mis semejantes, y de que. para colmo, yo mismo formo parte de la clase media norteamericana? Lejos está de nuestro ánimo soslayar todas esas cuestiones. Todo lo que sostenemos aquí es que tales cuestiones, de por sí, no forman parte de la disciplina empírica de la sociología. Corresponden en realidad a la metodología de las ciencias sociales, cometido que atañe a la filosofía y que por definición es distinto de la sociología, la cual es, por cierto, objeto de tales investigaciones. La sociología del conocimiento, junto con aquellas otras ciencias empíricas que son perturbadoras de la epistemología, "alimentará" con problemas esta investigación metodológica. Pero no puede resolver estos problemas dentro de su propio marco de referencia. Por esa razón hemos excluido de la sociología del conocimiento los problemas epistemológicos y metodológicos que incomodaban a sus dos principales creadores. En virtud de esta exclusión, nos colocamos al margen de la concepción que de esta disciplina tuvieron Scheler y Mannheim, y de los posteriores sociólogos del conocimiento (especialmente los de orientación neopositivista) que compartían dicha concepción a este respecto. En todo el curso de la presente obra hemos puesto resueltamente entre paréntesis cualquier cuestión epistemológica o metodológica acerca de la validez del análisis sociológico, en la sociología del conocimiento propiamente dicha o en cualquier otro campo. Consideramos que la sociología del conocimiento es parte de la disciplina empírica de la sociología. Nuestro propósito en este lugar es, por supuesto, teórico. Pero nuestra teorización atañe a la disciplina empírica en sus problemas concretos, no a la investigación filosófica sobre los fundamentos de la disciplina 29
empírica. En resumen, nuestro trabajo versa sobre teoría sociológica, no sobre metodología de la sociología. Solamente en una de las secciones de este tratado (la que sigue a la introducción) traspasamos los límites de la teoría sociolósica propiamente dicha; pero eso por razones que poco tienen que ver con la epistemología, como se explicará oportunamente. Como quiera que sea, debemos volver a definir cuál es la tarea de la sociología del conocimiento en el plano empírico, o sea, como teoría acoplada a la disciplina empírica de la sociología. Como ya hemos visto, en este plano la sociología del conocimiento se ha ocupado de la historia intelectual, en el sentido de historias de las ideas. Nuevamente querríamos destacar que es éste un tema por cierto muy importante de indagación sociológica. Además, contrastando con nuestra exclusión del problema epistemológico/metodológico, admitimos que dicho tema pertenece a la sociología del conocimiento. Sostenemos, empero, que el problema de las "ideas", con la inclusión del problema especial de la ideología, constituye solo una parte del problema más vasto de la sociología del conocimiento, y no una parte central. La sociología del conocimiento debe ocuparse de todo lo que se considere "conocimiento" en la sociedad. En cuanto se enuncia esta proposición, se advderte que el tema de la historia intelectual está mal elegido o, más bien, está mal elegido si se vuelve tema central de la sociología del conocimiento. El pensamiento teórico, las "ideas", las Weltanschauungen no tienen tanta importancia dentro de la sociedad. Aunque toda sociedad contiene estos fenómenos, ellos solo son parte de la suma de lo que se toma como "conocimiento". Solo un grupo muy limitado de gente en toda sociedad se dedica a teorizar, al negocio de las "ideas" y a la elaboración de Weltanschauungen. Pero todos en la sociedad participan de su "conocimiento", de una u otra manera. O sea que son apenas unos pocos los que se dedican a la interpretación teórica del mundo; pero todos viven en un mundo de cierta clase. Tomar como tema el pensamiento teórico resulta no solo indebidamente restrictivo para la sociología del conocimiento, sino también insatisfactorio. porque aun esa parte de "conocimiento" aprovechable socialmente no puede entenderse del todo si no se la ubica 30
dentro del marco de referencia de un análisis más general del "conocimiento". Es debilidad natural de los teorizadores exagerar la importancia del pensamiento teórico en la sociedad y en la historia. Por eso se hace más indispensable corregir esta equivocación intelectual. Las formulaciones teóricas de la realidad, ya sean científicas, o filosóficas, o aun mitológicas. no agotan lo que es "real" para los componentes de una sociedad. Puesto que así son las cosas, la sociología del conocimiento debe, ante todo, ocuparse de lo que la gente "conoce" como "realidad" en su vida cotidiana, no-teórica o pre-teórica. Dicho de otra manera, el "conocimiento" del sentido común más que las "ideas" debe constituir el tema central de la sociología del conocimiento. Precisamente este "conocimiento" constituye el edificio de significados sin el cual ninguna sociedad podría existir. La sociología del conocimiento debe, por lo tanto, ocuparse de la construcción social de la realidad. El análisis de la articulación teórica de esta realidad seguirá constituyendo, por cierto, una parte de esa preocupación, pero no la más importante. Quede pues en claro que, a pesar de la exclusión del problema epistemológico/metodológico, lo que aquí se sugiere es una nueva definición trascendente sobre el alcance de la sociología del conocimiento, mucho más amplio que el que hasta ahora se ha adjudicado a esta disciplina. Surge la cuestión de cuáles son los ingredientes teóricos que deberían agregarse a la sociología del conocimiento para permitir su re-definición en el sentido mencionado. La percepción fundamental sobre la necesidad de dicha definición se la debemos a Alfred Schutz. En toda su obra, tanto de filósofo como de sociólogo, Schutz se concentró en la estructura del mundo del sentido común en la vida cotidiana. Si bien él mismo no elaboró una sociología del conocimiento, percibió con claridad dónde debería centrarse la atención de esta disciplina: Todas las tipificaciones del pensamiento de sentido común son de por sí elementos integrales del Lebenswelt concreto, histórico, socio-cultural, dentro del cual prevalecen como establecidos y como aceptados socialmente. Su estructura determina entre otras cosas la 31
distribución social del conocimiento y su relatividad y relevancia para el ambiente social concreto de un grupo concreto en una situación histórica también concreta. He ahí los problemas legítimos del relativismo. del historicismo y de la así llamada sociología del conocimiento 2". Y también: El conocimiento se halla distribuido socialmente y el mecanismo de esta distribución puede constituirse en objeto de una disciplina sociológica. Es verdad que poseemos la así llamada sociología del conocimiento. Sin embargo, salvo raras excepciones, la disciplina así mal llamada ha enfocado el problema de la distribución social del conocimiento únicamente desde el ángulo de la fundamentación ideológica de la verdad en su dependencia de las condiciones sociales y especialmente económicas, o desde el de las inferencias sociales de la educación, o del "rol" social del intelectual. No son los sociólogos sino los economistas y los filósofos los que han estudiado algunos de los muchos otros aspectos teóricos del problema 23. Aunque por nuestra parte no concederíamos a la distribución social del conocimiento el lugar central que Schutz le otorga en el pasaje citado, coincidimos con su crítica de la "disciplina así mal llamada" y hemos tomado de él nuestra noción básica en cuanto a la manera en que debe re-definirse la tarea de la sociología del conocimiento. En las consideraciones que siguen dependemos mucho de Schutz ea cuanto a los prolegómenos de los fundamentos del conocimiento cotidiano y tenemos una gran deuda para con su obra en varios lugares importantes de nuestra argumentación principal. Nuestros presupuestos antropológicos tienen gran influencia de Marx, especialmente de sus primeros escritos, y de las inferencias antropológicas extraídas de la biología humana por Helmuth Plessner, Arnold Gehlen y otros. Nuestra visión
22 Alfred Schutz, Collected Papers (La Haya, Nijhoff, 1962), vol. I, p. 149. La bastardilla es nuestra. 23 Ibid. (1964), vol. II, p. 121.
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de la naturaleza de la realidad social debe mucho a Durkheim y su escuela en la sociología francesa, aunque hemos modificado la teoría de aquél sobre la sociedad mediante la introdvicción de una perspectiva dialéctica derivada de Marx y un énfasis en la constitución de la realidad social por medio de significados subjetivos, derivado de Weber 2i. Nuestros presupuestos socio-psicológicos, de especial importancia para el análisis de la internalización de la realidad social^ están influidos en gran medida por George Herbert Mead y algunos desarrollos de su obra debidos a la llamada escuela simbólico-interaccionista de la sociología norteamericana 2o. En las notas finales indicaremos cómo se usan esos distintos ingredientes en nuestra formación teórica. Nos damos perfecta cuenta, por supuesto, de que en este uso no somos ni podemos ser fieles a las intenciones originales de esas mismas corrientes diversas de teoría social. Pero, como ya hemos dicho, nuestro propósito en este lugar no
24 Para el análisis de las implicaciones de la sociología de Durkheim en la sociología del conocimiento, cf. Gerard L. DeGré, Society and Ideology (Nueva York, Columbia University Bookstore, 1943), pp. 54 y sigs.; Merton, op. cit.; Georges Gurvitch, "Problémes de la sociologie de la connaissance", en Traite de sociologie (París, Presses Universitaires de France, 1960), vol. I I , pp. 103 y sigs.; Tratado de sociología (Buenos Aires, Kapelusz). 25 El enfoque más aproximado, dentro de lo que conocemos, del "interaccionismo-simbólico" a los problemas de la sociología del conocimiento puede hallarse en Tamotsu Shibutani, "Reference Groups and Social Control", en Human Behavior and Social Processes, compilado por Arnold Rose (Boston, Houghton, Mifflin, 1962), pp. 128 y sigs. El fracaso en realizar la vinculación entre la psicología social de Mead y la sociología del conocimiento, por parte de los "interaccionistas-simbólicos", tiene, por supuesto, relación con la limitada "difusión" de la sociología del conocimiento en América, pero su fundamentación teórica más importante ha de buscarse en el hecho de que, tanto el mismo Mead, como sus seguidores posteriores, no desarrollaron un concepto adecuado de la estructura social. Precisamente por esta razón, creemos, la integración de los enfoques de Mead y Durkheim cobra tanta importancia. Puede hacerse notar aquí que, así como la indiferencia hacia la sociología del conocimiento por parte de los psicólogos sociales norteamericanos ha impedido a estos últimos relacionar sus perspectivas con una teoría macro-sociológica, así también la absoluta ignorancia con respecto a Mead es una acentuada falla teórica del pensamiento social neo-marxista en la Europa actual. Resulta muy irónico que, últimamente, los teóricos neo-marxistas hayan estado buscando una conexión con la psicología freudiana (que es fundamentalmente incompatible con los presupuestos antro-
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es exegético, ni siquiera de síntesis por la síntesis misma. Estamos plenamente conscientes de que en varios lugares violentamos a ciertos pensadores al integrar su pensamiento en una formación teórica que a algunos de ellos podría resultarles totalmente ajena. A modo de justificativo decimos que la gratitud histórica no es en sí una virtud científica. Tal vez podamos citar aquí unas observaciones de Talcott Parsons (sobre cuya teoría abrigamos serias dudas, pero cuya intención integradora compartimos plenamente ^ : El fin primordial del estudio no es determinar y presentar en forma sucinta lo que estos escritores dijeron o pensaron sobre los temas de que se ocuparon. Tampoco es indagar directamente con respecto a cada proposición de sus "teorías", sobre si lo que afirmaron es valedero a la luz del conocimiento actual, sociológico y relacionado . . . Es un estudio de teoría social, no de teorías. Su interés no se centra en las proposiciones aisladas y distintas que puedan hallarse en las obras de esos pensadores, sino en un solo cuerpo de razonamiento teórico sistemático 28. Nuestro propósito es, realmente, dedicarnos a un "razonamiento teórico sistemático"'.
pológicos del marxismo) sin recordar para nada la existencia de una teoría de Mead sobre la dialéctica entre la sociedad y el individuo que resultaría infinitamente más afín con su propio enfoque. Para citar un ejemplo reciente de este irónico fenómeno, cf. Georges Lapassade, L'entrée dans la vie (París, Éditions de Minuit, 1963), libro altamente sugerente, por lo demás, que podría decirse invoca a Mead en cada página. Igual ironía, si bien en un diferente contexto de segregación intelectual, se advierte en los recientes esfuerzos norteamericanos por un acercamiento entre el marxismo y el freudianismo. U n sociólogo europeo que ha abrevado, abundantemente y con éxito, en Mead y su tradición para construir una teoría sociológica es Friedrich Tenbruck. Cf. su Geschichte und Gesellschaft (Habilitationsschrift), Universidad de Friburgo, de próxima publicación, especialmente la sección titulada "Realitat". Dentro de un contexto sistemático distinto del nuestro, pero de modo muy afín con nuestro propio enfoque de la problemática de Mead, Tenbruck examina el origen social de la realidad y las bases socio-estructurales para la sustentación de la realidad.
28 Talcott Parsons, The Structure Press, 1949), p. v.
oj Social Action
(Chicago, Free
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A esta altura ya será evidente que nuestra re-definición de la sociología del conocimiento en cuanto a su naturaleza y alcance, la llevaría desde la periferia hasta el centro mismo de la teoría sociológica. Podemos asegurar al lector que no tenemos interés creado en el rótulo "sociología del conocimiento". Más bien ha sido nuestra apreciación de la teoría sociológica lo que nos condujo a la sociología del conocimiento y orientó la manera en que habríamos de volver a definir sus problemas y sus cometidos. Para mejor describir la senda por la cual nos internamos, debemos hacer referencia a dos de las "consignas'' más famosas y más influyentes de la sociología. Una fue impartida por Durkheim en Reglas del método sociológico y la otra por Weber en Wirtschaft und Gesellschaft. Durkheim nos dice: "La regla primera y fundamental es: Considerar los hechos sociales como cosas"27. Y Weber observa: "Tanto para la sociología en su sentido actual, como para la historia, el objeto de conocimiento es el complejo de significado subjetivo de la acción" 2S. Estas dos aseveraciones no se contradicen. La sociedad, efectivamente, posee facticidad objetiva. Y la sociedad, efectivamente, está construida por una actividad que expresa un significado subjetivo. Y. de paso sea dicho, Durkheim sabía esto último, así como Weber sabía lo primero. Es justamente el carácter dual de la sociedad en términos de facticidad objetiva y significado subjetivo lo que constituye su "realidad sui generis", para emplear otro término clave de Durkheim. La cuestión central para la teoría sociológica puede, pues, expresarse así: ¿Cómo es posible que los significados subjetivos se vuelvan facticidades objetivas? O, en términos apropiados a las posiciones teóricas aludidas: ¿Cómo es posible que la actividad humana (Handetn) produzca un mundo de cosas (choses)? O sea, la apreciación adecuada de la "realidad sui generis" de la sociedad requiere indagar la manera como esta realidad está construida. Sostenemos que esa indagación es la tarea de la sociología del conocimiento.
27 Emile Durkheim, The Rules of Sociological Method (Chicago, Free Press, 1950), p. 14; Las reglas del método sociológico (Buenos Aires, Schapire). 28 Max Weber, The Theory of Social and Economic Organization (Nueva York, Oxford University Press, L947), p. 101. Cf. Economía y sociedad (México, F.C.E., 1964).
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I. Los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana
1. LA R E A L I D A D DE LA V I D A C O T I D I A N A Dado que nuestro propósito en esta obra es un análisis sociológico de la realidad de la vida cotidiana, más exactamente, del conocimiento que orienta la conducta en la vida cotidiana, y puesto que solo tangencialmente nos interesa cómo puede presentarse esta realidad en diversas perspectivas teóricas a los intelectuales, debemos empezar por clarificar esa realidad tal como se ofrece al sentido común de quienes componen ordinariamente la sociedad. La manera como las elaboraciones teóricas de los intelectuales y demás mercaderes de ideas pueden influir sobre esa realidad del sentido común, es cuestión aparte. Por lo tanto nuestro cometido, aunque de carácter teórico, engrana con la apreciación de una realidad que compone el objeto de la ciencia empírica de la sociología, vale decir, el mundo de la vida cotidiana. Quede claro, por lo tanto, que no es propósito nuestro dedicarnos a la filosofía. Con todo, si queremos entender la realidad de la vida cotidiana, debemos tener en cuenta su carácter intrínseco antes de proceder al análisis sociológico propiamente dicho. La vida cotidiana se presenta como una realidad interpretada por los hombres y que para ellos tiene el significado subjetivo de un mundo coherente. Como sociólogos hacemos de esta realidad el objeto de nuestros análisis. Dentro del marco de referencia que proporciona la sociología, en cuanto ciencia empírica, cabe tomar esta realidad como dada, aceptar como datos fenómenos particulares que se producen en su seno, sin investigar mayormente sus fundamentos, tarea ésta que concierne a la filosofía. Sin em-
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bargo, dado el propósito particular de la presente obra, no podemos soslayar del todo el problema filosófico. El mundo de la vida cotidiana no solo se da por establecido como realidad por los miembros ordinarios de la sociedad en el comportamiento subjetivamente significativo de sus vidas. Es un mundo que se origina en sus pensamientos y acciones, y que está sustentado como real por éstos. Antes de emprender nuestra tarea principal debemos, por lo tanto, tratar de clarificar los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana, a saber, las objetivaciones de los procesos (y significados) subjetivos por medio de los cuales se construye el mundo ¿ntersubjetivo del sentido común. Para el propósito que nos ocupa es ésta una labor preliminar y solamente podemos esbozar los rasgos principales de la que creemos es una solución adecuada al problema filosófico: pero entendámonos, adecuada solo en el sentido de que puede servir de punto de partida para el análisis sociológico. Las consideraciones que siguen tienen, por tanto, el carácter de prolegómenos filosóficos y, de suyo, pre-sociológicos. El método que consideramos más conveniente para clarificar los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana es el del análisis fenomenológico. método puramente descriptivo y, como tal, "empírico", pero no l; científico ! ", que así consideramos la naturaleza de las ciencias empíricas 1. El análisis fenomenológico de la vida cotidiana, o más bien de la experiencia subjetiva de la vida cotidiana, es un freno contra todas las hipótesis causales o genéticas, así corno contra las aserciones acerca de la situación ontológica de los fenómenos analizados. Es importante recordarlo. El sentido
1 La totalidad de esta sección se basa en Alfred Schutz y Thomas Luckmann, Die Strukturen der Lebenswelt; obra en preparación, en vista de lo cual nos hemos abstenido de incluir referencias individuales a aquellos lugares de la obra ya publicada de Schutz en los que se estudian los mismos problemas. Nuestra argumentación en este lugar se basa en Schutz, tal como lo desarrolla Luckmann en la obra antes citada, in toto. El lector que desee conocer la obra de Schutz publicada hasta la fecha puede consultar: Alfred Schutz Der sinnhafte Aufbau der sozialen Welt (Viena, Springer, 1960) : Collected Papers, vols. I y II. El lector a quien interese la adaptación que hizo Schutz del método fenomenológico al análisis del mundo social puede consultar especialmente sus Collected Papers, vol. I, pp. 99 y sigs., y Maurice Natanson (comp.), Philosophy of the Social Sciences (Nueva York, Random House, 1963), PP- 183 y sigs.
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común encierra innumerables interpretaciones pre-científicas y cuasi-científicas sobre la realidad cotidiana, a la que da por establecida. Si vamos a describir la realidad del sentido común, tendremos que referirnos a estas interpretaciones, asi como también tendremos que tomar en cuenta su carácter de presupuesto: pero lo hacemos colocándolo entre paréntesis fenomenológicos. La conciencia es siempre intencional, siempre apunta o se dirige a objetos. Nunca podemos aprehender tal o cual substrato supuesto de conciencia en cuanto tal. sino solo la conciencia de esto o aquello. Esto es lo que ocurre, ya sea que el objeto de la conciencia se experimente como parte de un mundo físico exterior, o se aprehenda como elemento de una realidad subjetiva interior. Tanto si vo (primera persona del singular, que aquí y en los ejemplos siguientes ocupa el lugar de la auto-conciencia ordinaria en la vida cotidiana^ estoy contemplando el panorama de la ciudad de Nueva York, como si tomo conciencia d e una angustia interior, los procesos de conciencia implicados son intencionales en ambos casos. No necesitamos insistir en que el tomar conciencia del edificio del Empire State se diferencia del tomar conciencia de una angustia. Un análisis fenómenológico detallado revelaría las diversas capas de experiencia. y las distintas estructuras de significado que intervienen, por ejemplo, en ser mordido por un perro, en recordar haber sido mordido por un perro, en tener fobia a todos los perros, etc. Lo que nos interesa aquí es el carácter intencional común de toda conciencia. Objetos diferentes aparecen ante la conciencia como constitutivos de las diferentes esferas de la realidad. Reconozco a mis semejantes, con los que tengo que tratar en el curso de la vida cotidiana, come pertenecientes a una realidad muy diferente de las figuras desencarnadas que aparecen en mis sueños. Los dos grupos de objetos introducen tensiones muy diferentes en mi conciencia y les presto atención de maneras muy diferentes. Mi conciencia, pues, es capaz de moverse en diferentes esferas de realidad. Dicho de otra forma, tengo conciencia de que el mundo consiste en realidades múltiples. Cuando paso de una realidad a otra, experimento por esa transición una especie de impacto. Este impacto ha de tomarse como causado por el desplazamiento de la atención que implica dicha transición. Este desplazamiento pue38
de observarse con suma claridad al despertar de un sueño. Entre las múltiples realidades existe una que se presenta como la realidad por excelencia. Es la realidad de la vida cotidiana. Su ubicación privilegiada le da derecho a que se la llame suprema realidad. La tensión de la conciencia llega a su apogeo en la sida cotidiana, es decir, ésta se impone sobre la conciencia de manera masiva, ursente e intensa en el más alto grado. Es imposible ignorar y aún más difícil atenuar su presencia imperiosa. Consecuentemente, me veo obligado a prestarle atención total. Experimento la vida cotidiana en estado de plena vigilia. Este estado de plena vigilia con respecto a existir y aprehender la realidad de la vida cotidiana es para mí algo normal v evidente por sí mismo, vale decir, constituye mi actitud natural. Aprehendo la realidad de la vida cotidiana como una realidad ordenada. Sus fenómenos se presentan dispuestos de antemano en pautas que parecen independientes de mi aprehensión de ellos mismos y que se les imponen. La realidad de la vida cotidiana se presenta ya objetivada, o sea, constituida por un orden de objetos que han sido designados como objetos antes de que yo apareciese en escena. El lenguaje usado en la vida cotidiana me proporciona continuamente las objetivaciones indispensables y dispone el orden dentro del cual éstas adquieren sentido y dentro del cual la vida cotidiana tiene significado para mí. Vivo en un lugar que tiene un nombre geográfico; utilizo herramientas, desde abrelatas hasta autos deportivos, que tienen un nombre en el vocabulario técnico de la sociedad en que vivo; me muevo dentro de una red de relaciones humanas —desde el club al que pertenezco hasta los Estados Unidos de América—, que también están ordenadas mediante un vocabulario. De esta manera el lenguaje marca las coordenadas de mi vida en la sociedad y llena esa vida de objetos significativos. La realidad de la vida cotidiana se organiza alrededor del "aquí" de mi cuerpo y el "ahora" dé mi presente. Este "aquí y ahora" es el foco de la atención que presto a la realidad de la vida cotidiana. Lo que "aquí y ahora" se me presenta en la vida cotidiana es lo realissimum de mi conciencia. Sin embargo, la realidad de la vida cotidiana no se agota por estas presencias inmediatas, sino que abarca fenómenos que no están presentes "aquí y ahora". Esto sig39
nifica que yo experimento la vida cotidiana en grados diferentes de proximidad y alejamiento, tanto espacial como temporal. Lo más próximo a mí es la zona de vida cotidiana directamente accesible a mi manipulación corporal. Esa zona contiene el mundo que está a mi alcance, el mundo en el que actúo a fin de modificar su realidad, o el mundo en el que trabajo. En este mundo de actividad mi conciencia está dominada por el motivo pragmático, o sea que mi atención a este mundo está determinada principalmente por lo que hago, lo que ya he hecho o lo que pienso hacer en él. De esta manera, es mi mundo por excelencia. Sé. por supuesto, que la realidad de la vida cotidiana incluye zonas que no me resultan accesibles de esta manera. Pero, o bien no tengo un interés pragmático en esas zonas, o bien mi interés por ellas es indirecto en tanto puedan ser para mi zonas manipulativas en potencia. Típicamente, mi interés por las zonas alejadas es menos intenso y, por cierto, menos urgente. Me siento profundamente interesado por el grupo de objetos que intervienen en mi tarea diaria; por ejemplo, el mundo de la estación de servicio, si soy mecánico. Me siento interesado, aunque menos directamente, por lo que ocurre en los laboratorios de prueba de la industria automovilística en Detroit: es probable que jamás esté en uno de esos laboratorios, pero la tarea que allí se realiza afectará eventualmente mi vida cotidiana. Tal vez me interese lo que sucede en Cabo Kennedy, o en el espacio exterior, pero ese interés es cuestión de un gusto particular mío, de mi "tiempo libre", más que una necesidad urgente de mi vida cotidiana. La realidad de la vida cotidiana se me presenta además como un mundo intersubjetivo, un mundo que comparto con otros. Esta intersubjetividad establece una señalada diferencia entre la vida cotidiana y otras realidades de las que tengo conciencia. Estoy solo en el mundo de mis sueños, pero sé que el mundo de la vida cotidiana es tan real para los otros como lo es para mí. En realidad, no puedo existir en la vida cotidiana sin interactuar y comunicarme continuamente con otros. Sé que mi actitud natural para con este mundo corresponde a la actitud natural de otros, que también ellos aceptan las objetivaciones por las cuales este mundo se ordena, que también ellos organizan este mundo en torno de "aquí y ahora" de su estar en él y se proponen 40
actuar en él. También sé, por supuesto, que los otros tienen de este mundo común una perspectiva que no es idéntica a la mía. Mi "aquí" es su "allí"'. Mi "ahora" no se superpone del todo con el de ellos. Mis proyectos difieren v hasta pueden entrar en conflicto con los de ellos. A pesar de eso. sé que vivo con ellos en un mundo que nos es común. Y. lo que es de suma importancia, sé que hay una correspondencia continua entre mis significados y sus significados en este mundo, que compartimos un sentido común de la realidad de éste. La actitud natural es la actitud de la conciencia del sentido común, precisamente porque se refiere a un mundo que es común a muchos hombres. El conocimiento del sentido común es el que comparto con otros en las rutinas normales y auto-evidentes de la vida cotidiana. La realidad de la vida cotidiana se da por establecida como realidad. No requiere verificaciones adicionales sobre su sola presencia y más allá de ella. Está ahí, sencillamente, como facticidad evidente de por sí e imperiosa. Sé que es real. Aun cuando pueda abrigar dudas acerca de su realidad, estoy obligado a suspender esas dudas puesto que existo rutinariamente en la vida cotidiana. Esta suspensión de dudas es tan firme que, para abandonarla —como podría ocurrir, por ejemplo, en la contemplación teórica o religiosa—, tengo que hacer una transición extrema. El mundo de la vida cotidiana se impone por sí solo y cuando quiero desafiar esa imposición deba hacer un esfuerzo deliberado y nada fácil. La transición de la actitud natural a la actitud teórica del filósofo o del hombre de ciencia, ejemplifica este punto. Pero no todos los aspectos de esta realidad son igualmente no problemáticos. La vida cotidiana se divide en sectores, unos que se aprehenden por rutina y otros que me presentan problemas de diversas clases. Supongamos que soy un mecánico de automóviles y gran conocedor de todo lo referente a coches de fabricación norteamericana. Todo lo que corresponde a este último aspecto es rutina, faceta no problemática de mi vida cotidiana. Pero un día aparece alguien en el garaje y me pide que repare su Volkswagen. Me veo ahora obligado a entrar en el mundo problemático de los autos de marcas extranjeras. Puedo hacerlo a regañadientes o con curiosidad profesional; pero en cualquiera de los dos casos enfrento problemas que todavía no he introducido en mi rutina. Al mismo tiempo 41
no dejo la realidad de la vida cotidiana, por supuesto. La verdad es que ésta se enriquece, ya que empiezo a incorporarle el conocimiento y la habilidad requeridos para reparar autos extranjeros. La realidad de la vida cotidiana abarca los dos tipos de sectores, en tanto lo que parece un problema no corresponda a una realidad completamente distinta (por ejemplo, la realidad de la física teórica, o de las pesadillas). En tanto las rutinas de la vida cotidiana prosigan sin interrupción, serán aprehendidas como no problemáticas. Pero el sector no problemático de la realidad cotidiana sigue siéndolo solamente hasta nuevo aviso, es decir, hasta que su continuidad es interrumpida por la aparición de un problema. Cuando esto ocurre, la realidad de la vida cotidiana busca integrar el sector problemático dentro de lo que ya es no problemático. El conocimiento del sentido común contiene una diversidad de instrucciones acerca de cómo proceder para esto. Por ejemplo, las personas que trabajan conmigo son para mí no problemáticas, en tanto cumplan sus rutinas familiares y establecidas, tales como escribir a máquina en mesas próximas a la mía en la oficina. Se vuelven problemáticas si interrumpen esas rutinas; por ejemplo, si se amontonan en un rincón y cuchichean. Cuando inquiero el significado de esa actividad insólita, hay una variedad de posibilidades que mi conocimiento de sentido común es capaz de re-integrar dentro de las rutinas no problemáticas de la vida cotidiana: pueden estar consultándose sobre cómo arreglar una máquina descompuesta, o uno de ellos tal vez tenga instrucciones urgentes del jefe, etc. Por otra parte, puede ser que me entere de que están discutiendo una directiva sindical para hacer huelga, lo cual todavía está fuera de mi experiencia, pero bien cabe dentro del tipo de problema que puede encarar mi conocimiento de sentido común. No obstante, habrá de encararlo como problema, antes que, reintegrarlo sencillamente dentro del sector no problemático de la vida cotidiana. Sin embargo, si llego a la conclusión de que mis colegas se han vuelto locos colectivamente, el problema que surge es todavía de otra clase. Ahora encaro un problema que trasciende los límites'de la realidad de la vida cotidiana y que apunta a una realidad completamente distinta. Lo cierto es que mi conclusión de que mis colegas han enloquecido 42
implica, ipso jacto, que se han alejado hacia un mundo que ya no es el común de la vida cotidiana. Comparadas con la realidad de la vida cotidiana, otras realidades aparecen como zonas limitadas de significado, enclavadas dentro de la suprema realidad caracterizada por significados y modos de experiencia circunscritos. Podría decirse que la suprema realidad las envuelve por todos lados, y la conciencia regresa a ella siempre como si volviera de un paseo. Esto es evidente en los ejemplos ya citados, el de la realidad de los sueños o el del pensamiento teórico. "Conmutaciones" similares se producen entre el mundo de la vida cotidiana y el mundo de los juegos, tanto de los niños como —aún más señaladamente— de los adultos. El teatro proporciona una excelente ejemplificación de este juego de parte de los adultos. La transición entre las realidades se señala con la subida y bajada del telón. Cuando se levanta el telón, el espectador se ve "transportado a otro mundo", que tiene significados propios, y a un orden que tendrá o no mucho que ver con el orden de la vida cotidiana. Cuando cae el telón, el espectador "vuelve a la realidad", es decir, a la suprema realidad de la vida cotidiana en comparación con la cual la realidad presentada sobre el escenario parece ahora tenue y efímera, por vivida que haya sido la presentación de momentos antes. Las experiencias estética y religiosa abundan en transiciones de esta especie, puesto que el arte y la religión son productores endémicos de zonas limitadas de significado. Todas las zonas limitadas de significado se caracterizan por desviar la atención de la realidad de la vida cotidiana. Si bien existen, claro está, desplazamientos de la atención dentro de la vida cotidiana, el desplazamiento hacia una zona limitada de significado es de índole mucho más extrema. Se produce un cambio radical en la tensión de la conciencia. En el contexto de la experiencia religiosa esto se ha denominado, con justeza, "salto". Es importante destacar, sin embargo, que la realidad de la vida cotidiana retiene su preeminencia aun cuando se produzcan "saltos" de esta clase. El lenguaje, al menos, establece la verdad de esto. El lenguaje común de que dispongo para objetivar mis experiencias se basa en la vida cotidiana y sigue tomándola como referencia, aun cuando lo use para interpretar experiencias que corresponden a zonas limitadas de significado. 43
Típicamente, yo "deformo", por lo tanto, la realidad de éstas en cuanto empiezo a emplear el lenguaje común para interpretarlas, vale decir, "traduzco" las experiencias que no son cotidianas volviéndolas a la suprema realidad de la vida cotidiana. Esto puede advertirse fácilmente asociándolo con la experiencia de los sueños; pero también es típico de los que tratan de hacer conocer mundos de significado teórico, estético o religioso. El físico teórico nos dice que su concepto del espacio no puede transmitirse lingüísticamente, precisamente lo mismo que dicen el artista con respecto al significado de sus creaciones y el místico con respecto a sus comunicaciones con la divinidad. Sin embargo, todos ellos —el que sueña, el físico, el artista y el místico— también viven en la realidad de la vida cotidiana. Ciertamente, uno de los problemas para ellos más importante consiste en interpretar la coexistencia de esta realidad con los reductos de realidad dentro de los cuales se han aventurado. El mundo de la vida cotidiana se estructura tanto en el espacio como en el tiempo. La estructura espacial es totalmente periférica con respecto a nuestras consideraciones presentes. Es suficiente señalar que también ella posee una dimensión social en virtud del hecho de que mi zona de manipulación se intersecta con la de otros. Más importante en lo que respecta a nuestro propósito presente es la estructura temporal de la vida cotidiana. La temporalidad es una propiedad intrínseca de la conciencia. El torrente de la conciencia está siempre ordenado temporalmente. Es posible distinguir niveles diferentes de esta temporalidad que se da intrasubjetivamente. Todo individuo tiene conciencia de un fluir interior del tiempo, que a su vez se basa en los ritmos psicológicos del organismo aunque no se identifica con ellos. Sería trasgredir en exceso los límites de estos prolegómenos, entrar en un análisis detallado de dichos niveles de temporalidad intrasubjetiva. Empero, como ya hemos indicado, la intersubjetividad tiene también una dimensión temporal en la vida cotidiana. El mundo de la vida cotidiana tiene su propia hora oficial, que se da intersubjetivamente. Esta hora oficial puede entenderse como la intersección del tiempo cósmico con su calendario establecido socialmente según las secuencias temporales de la naturaleza, y el tiempo interior, en sus diferenciaciones antes mencionadas. Nunca puede haber simul44
taneidad total entre estos diversos niveles de temporalidad, como lo ejemplifica muy claramente la experiencia de la espera. Tanto mi organismo como la sociedad a que pertenezco me imponen, e imponen a mi tiempo interior, ciertas secuencias de hechos que entrañan una espera. Puedo querer intervenir en un acontecimiento deportivo, pero debo esperar a que se sane mi rodilla lastimada. O también, debo esperar la tramitación de unos papeles a fin de que pueda establecerse oficialmente mi capacidad para intervenir en dicho acontecimiento. Fácil es advertir que la estructura temporal de la vida cotidiana es excesivamente compleja, porque los diferentes niveles de temporalidad empíricamente presente deben correlacionarse en todo momento. La estructura temporal de la vida cotidiana me enfrenta a una facticidad con la que debo contar, es decir, con la que debo tratar de sincronizar mis propios proyectos. Descubro que el tiempo en la realidad cotidiana es continuo y limitado. Toda mi existencia en este mundo está ordenada continuamente por su tiempo, está verdaderamente envuelta en él. Mi propia vida es un episodio en el curso externamente artificial del tiempo. Existía antes de que yo naciera y seguirá existiendo después que yo muera. El conocimiento de mi muerte inevitable hace que este tiempo sea limitado pata mí. Cuento solo con una determinada cantidad de tiempo disponible para realizar mis proyectos, y este conocimiento afecta mi actitud hacia esos proyectos. Asimismo, puesto que no quiero morir, este conocimiento inyecta una angustia subyacente en mis proyectos. De esa manera, no puedo repetir indefinidamente mi participación en acontecimientos deportivos. Sé que me estoy poniendo viejo. Tal vez sea ésta la última oportunidad en la que pueda intervenir. Mi espera se volverá ansiosa según el grado en que la finitud del tiempo gravite sobre el proyecto. La misma estructura temporal, como ya hemos indicado, es coercitiva. No puedo invertir a voluntad las secuencias que ella impone: "lo primero es lo primero" constituye un elemento esencial de mi conocimiento de la vida cotidiana. Por eso no puedo rendir un examen determinado sin antes haber aprobado ciertos cursos. No puedo practicar mi profesión antes de haber aprobado dicho examen, y así sucesivamente. De igual manera, la misma estructura temporal proporciona la historicidad que determina mi situación en 45
el mundo de la vida cotidiana. Nací en una determinada fecha, ingresé en la escuela en otra, empecé a trabajar en mi profesión en otra, etc. Estas fechas, sin embargo, están todas "ubicadas" dentro de una historia mucho más vasta, y esa "ubicación" conforma decididamente mi situación. Así pues, nací en el año de la eran quiebra del banco en la que mi padre perdió su fortuna, ingresé en la escuela antes de la revolución, comencé a trabajar inmediatamente después de que estallase la gran guerra, etc. La estructura temporal de la vida cotidiana no solo impone secuencias preestablecidas en la agenda de un día cualquiera, sino que también se impone sobre mi biografía en conjunto Dentro de las coordenadas establecidas por esta estructura temporal, yo aprehendo tanto la agenda diaria como la biografía total. El reloj y el calendario, en verdad, me aseguran que soy "un hombre de mi época". Solo dentro de esta estructura temporal conserva para mí la vida cotidiana su acento de realidad. Por eso, en casos en que pueda sentirme "desorientado" por cualquier motivo (por ejemplo, digamos que haya sufrido un accidente automovilístico a consecuencia del cual hubiera quedado inconsciente de un golpe), siento una necesidad casi instintiva de "reorientarme" dentro de la estructura temporal de la vida cotidiana. Miro mi reloj y trato de recordar en qué día estov. Con solo esos actos vuelvo a ingresar en la realidad de la vida cotidiana. 2. INTERACCIÓN SOCIAL EN LA VIDA COTIDIANA La realidad de la vida cotidiana es algo que comparto con otros. Pero ¿cómo se experimenta a esos otros en la vida cotidiana? Una vez más se puede distinguir aquí entre diversos modos de tal experiencia. La experiencia más importante que tengo de los otros se produce en la situación "cara a cara", que es el prototipo de la interacción social y del que se derivan todos los demás casos. En la situación "cara a cara" el otro se me aparece en un presente vivido que ambos compartimos. Sé que en el mismo presente vivido yo me le presento a él. Mi "aquí y ahora" y el suyo gravitan continuamente uno sobre otro, en tanto dure la situación "cara a cara". El resultado es un intercambio continuo entre mi expresividad y la suya. 46
Lo veo sonreír, luego reaccionar ante mi ceño fruncido dejando de sonreír, después sonreír nuevamente cuando yo sonrío, y así sucesivamente. Cada una de mis expresiones está dirigida a él, y viceversa; y esta continua reciprocidad de actos expresivos podemos utilizarla tanto él como yo simultáneamente. Esto significa que en la situación "cara a cara" la subjetividad del otro me es accesible mediante un máximo de síntomas. Por cierto que yo puedo interpretar erróneamente algunos de esos síntomas. Puedo pensar que el otro se sonríe cuando en realidad está haciendo una mueca. Sin embargo, ninguna otra forma de relación puede reproducir la abundancia de síntomas de subjetividad que se dan en la situación "cara a cara". Solamente en este caso la subjetividad del otro se encuentra decididamente "próxima". Todas las demás formas de relación con el otro, en diversos grados, son "remotas". En la situación "cara a cara" el otro es completamente real. Esta realidad es parte de la realidad total de la vida cotidiana y, en cuanto tal, masiva e imperiosa. Es verdad que el otro puede ser real para mí sin que lo haya encontrado "cara a cara", por conocerlo de nombre, por ejemplo, o por habernos tratado por correspondencia. No obstante, se vuelve real para mí en todo el sentido de la palabra solamente cuando lo veo "cara a cara". En verdad, puede alegarse que el otro, en la situación "cara a cara", es más real para mí que yo mismo. Por supuesto que yo "me conozco mejor" de lo que jamás pueda conocerlo a él. Mi subjetividad me es accesible de una manera como jamás podrá serlo la suya, por muy "cercana" que sea nuestra relación. Mi pasado está a mi alcance en mi memoria con una plenitud que nunca podré alcanzar en mi reconstrucción de su pasado, por mucho que me hable de él. Pero este "mejor conocimiento" de mí mismo requiere reflexión. No se me presenta directamente. El otro, en cambio, sí se me presenta directamente en la situación "cara a cara". Por lo tanto, "lo que él es" se halla continuamente a mi alcance. Esta disponibilidad es continua y pre-reflexiva. En cambio, "lo que yo soy" no está tan a mi alcance. Para que así ocurra se requiere que me detenga, que interrumpa la espontaneidad continua de mi experiencia y retrotraiga deliberadamente mi atención sobre mí mismo. Más aún, esa reflexión sobre mí mismo es ocasionada típicamente por 47
la actitud hacia mí que demuestre el otro. Es típicamente una respuesta de "espejo" a las actitudes del otro. Se sigue que las relaciones con otros en la situación "cara a cara" son sumamente flexibles. Dicho en forma negativa, es comparativamente difícil imponer pautas rígidas a la interacción "cara a cara". Sean cuales fueren las pautas impuestas, serán constantemente modificadas por la enorme variedad y sutileza del intercambio de significados subjetivos que se produce. Por ejemplo, tal vez yo vea al otro como alguien que me es esencialmente hostil y actúe p?ra con él dentro de una pauta de "relaciones hostiles"', como yo lo entiendo. En cambio, en la situación "cara a cara" el otro puede encararme con actitudes y acciones que contradigan esta pauta, quizá hasta el punto de que yo me vea obligado a desecharla por inaplicable y a considerar al otro como amigo. En otras palabras, la pauta no puede sustentar la evidencia masiva de la subjetividad del otro que se me ofrece en la situación "cara a cara". Por contraste, me resulta mucho más fácil pasar por alto esa evidencia en tanto no me encuentre con el otro "cara a cara". Aun en una relación relativamente "cercana", como puede ser la epistolar, me es posible descartar más eficazmente las protestas de amistad del otro porque no representan en realidad su actitud subjetiva hacia mí, sencillamente porque en la correspondencia me falta la presencia inmediata, continua y concretamente real de su expresividad. Seguramente puedo interpretar erróneamente los significados del otro aun en la situación "cara a cara", ya que es posible que el otro oculte "hipócritamente" sus significados. Aun así, tanto la interpretación errónea como la "hipocresía" son mucho más difíciles de mantener en la interacción "cara a cara" que en las formas menos "cercanas" de las relaciones sociales. Por otra parte, yo aprehendo al otro por medio de esquemas tipificadores aun en la situación "cara a cara", si bien estos esquemas son más "vulnerables" a su interferencia que otras formas "más remotas" de interacción. Dicho de otra manera, aunque resulte comparativamente difícil imponer pautas rígidas a la interacción "cara a cara", ésta ya aparece pautada desde el principio si se presenta dentro de las rutinas de la vida cotidiana. (Podemos dejar a un lado, para considerarlos más adelante, los casos de 48
interacción entre personas totalmente desconocidas que no tienen un trasfondo común de vida cotidiana.) La realidad de la vida cotidiana contiene esquemas tipificadores en cuyos términos los otros son aprehendidos y "tratados" en encuentros "cara a cara". De ese modo, puedo aprehender al otro como "hombre", como "europeo", como "cliente", como "tipo jovial", etc. Todas estas tipificaciones afectan continuamente mi interacción con él cuando, por ejemplo, decido invitarlo una noche para que se divierta antes de tratar de venderle mi producto. Nuestra interacción "cara a cara" llevará la impronta de esas tipificaciones en tanto no se vuelvan problemáticas debido a una interferencia de su parte. Porque puede suceder que el otro me demuestre que, aunque "hombre", "europeo" y "cliente", es también un honrado moralista y que lo que al principio parecía ser jovialidad, no es sino una expresión de desdén hacia los norteamericanos en general y hacia los vendedores norteamericanos en particular. A esta altura de las cosas, es natural que mi esquema tipificador tenga que ser modificado y que la invitación deba ser planeada de otra manera según esa modificación. Pero, a no ser por esta clase de provocación, las tipificaciones serán valederas hasta nuevo aviso y determinarán mis actos en la situación. Los esquemas tipificadores que intervienen en situaciones "cara a cara" son, por supuesto, recíprocos. El otro también me aprehende de manera tipificada: "hombre", "norteamericano", "vendedor", "tipo simpático", etc. Las tipificaciones del otro son tan susceptibles a mi interferencia, como lo eran las mías a la suya. En otras palabras, los dos esquemas tipificadores entran en "negociación" continua cuando se trata de una situación "cara a cara". En la vida cotidiana es probable que esta clase de "negociación" pueda de por sí disponerse de antemano, de manera típica, como en el típico proceso de regateo entre clientes y vendedores. De tal modo, la mayoría de las veces mis encuentros con los otros en la vida cotidiana son típicos en un sentido doble: yo aprehendo al otro como tipo y ambos interactuamos en una situación que de por si es típica. Las tipificaciones de la interacción social se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan de la situación "cara a cara". Toda tipificación entraña, por supuesto, un anonimato incipiente. Si yo tipifico a mi amigo Henry 49
como integrante de una categoría X (por ejemplo, como un inglés \ ipso jacto interpreto por lo menos algunos aspectos de su comportamiento como resultantes de dicha tipificación : por ejemplo, sus gustos en la comida serán típicos de los ingleses, como lo serán sus modales, algunas de sus reacciones emocionales, v demás. Esto, sin embargo, implica que estas características y acciones de mi amigo Henry corresponden a cualquiera en la categoría del hombre inglés, vale decir, que estos aspectos de su ser los aprehendo en términos anónimos. Aun así. en tanto mi amigo Henry pueda presentárseme en la plena expresividad de la situación "cara a cara'', irrumpirá continuamente en mi tipificación del inglés anónimo para manifestarse como individuo único y por lo tanto atípico, a saber, como mi amigo Henry. El anonimato del tipo es evidentemente menos susceptible a esta clase de individualización cuando la interacción "cara a cara" es cosa del pasado (mi amigo Henry, el inglés que conocí cuando era estudiante), o cuando es de índole superficial y transitoria (el inglés con quien sostuve una breve conversación en un t r e n ) , o cuando nunca se ha producido (mis competidores comerciales de Inglaterra). U n aspecto importante de mi experiencia de los otros en la vida cotidiana es, por consiguiente, que tal experiencia sea directa o indirecta. En cualquier momento dado podré distinguir entre las personas con las que interactúo en situaciones "cara a cara" y otros que son meros contemporáneos, de quienes tengo recuerdos más o menos detallados o que conozco solamente de oídas. En las situaciones "cara a cara" tengo evidencia directa de mis semejantes, de sus actos, de sus atributos, etc. No ocurre lo mismo con mis contemporáneos: de ellos tengo un conocimiento más o menos fidedigno. Además, en las situaciones "cara a cara" debo tomar en cuenta a mis semejantes, mientras que en mis meros contemporáneos puedo pensar si quiero, pero no necesariamente. El anonimato aumenta a medida que paso de los primeros a los segundos, porque lo anónimo de las tipificaciones por las que aprehendo a mis semejantes en las situaciones "cara a cara" se "llena" constantemente de los múltiples síntomas vividos que atañen a un ser humano concreto. Esto, por supuesto, no es todo. Existen diferencias obvias en mis experiencias de los meros contemporáneos. Hay algunos a los que he experimentado una y otra vez en situa50
ciones "cara a cara" y espero volver a encontrarlos con regularidad (mi amigo Henry) ; a otros los recuerdo como seres humanos concretos de un pasado encuentro i^la rubia coii la que me crucé en la calle \ pero el encuentro fue breve y con toda seguridad no ha de repetirse. Con otros me sucede otra cosa: sé de su existencia como seres humanos concretos, pero puedo aprehenderlos solo por medio de tipificaciones más o menos anónimas que se entrecruzan (mis competidores comerciales ingleses, la reina de Inglaterra . Entre estos últimos también podría hacerse la distinción entre probables asociados en situaciones "cara a cara'' ^mis competidores comerciales ingleses) y asociados en potencia pero improbables (la reina de Inglaterra). El grado de anonimato que caracteriza mi experiencia de los otros en la vida cotidiana depende, sin embargo, también de otro factor. Veo al vendedor de diarios en la esquina tan regularmente como a mi esposa. Pero el vendedor no tiene tanta importancia para mí y no tengo trato íntimo con él. Puede seguir siendo para mí relativamente anónimo. Ei grado de interés y el grado de intimidad pueden combinarse para aumentar o disminuir el anonimato de la experiencia. También pueden influirla independientemente. Puedo estar en términos de gran intimidad con algunos socios de mi club y en términos muy formales con mi patrón. Sin embargo los primeros, aun cuando p a r a mí no son completamente anónimos, pueden resumirse en "esa barra del club", mientras que el segundo se destaca como un individuo único. Y por último, el anonimato puede llegar a ser casi total en el caso de ciertas tipificaciones que nunca se pretende individualizar, como es el caso del "típico lector del Times de Londres". Finalmente, el "alcance" de la tipificación —y por ende su anonimato— puede seguir aumentando al hablar de "la opinión pública inglesa". La realidad social de la vida cotidiana es pues aprehendida en un continuum de tipificaciones que -se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan del "aquí y ahora" de la situación "cara a cara". En un polo del continuum están esos otros con quienes me trato a menudo e interactúo intensamente en situaciones "cara a cara", mi "círculo íntimo", diríamos. En el otro polo hay abstracciones sumamente anónimas, que por su misma naturaleza 51
nunca pueden ser accesibles en la interacción "cara a cara". La estructura social es la suma total de estas tipificaciones y de las pautas recurrentes de interacción establecidas por intermedio de ellas. En ese carácter, la estructura social es un elemento esencial de la realidad de la vida cotidiana. Podríamos agregar aquí otro punto más, aunque sin mayor elaboración. Mis relaciones con otros no se limitan a asociados y contemporáneos. También se refieren a mis antecesores v sucesores, a los que me han precedido y me sucederán en la historia total de mi sociedad. Con excepción de los que fueron mis asociados en el pasado (mi difunto amigo Henry), me relaciono con mis antecesores mediante tipificaciones sumamente anónimas: "mis bisabuelos inmigrantes" y, aún más, "los Padres de la Patria". Mis sucesores, por razones comprensibles, se tipifican de manera todavía más anónima: "los hijos de mis hijos", o "las generaciones futuras". Estas últimas tipificaciones son proyecciones sustancialmente vacías, casi desprovistas por completo de contenido individualizado, mientras que las tipificaciones de antecesores tienen al menos un cierto contenido de esa índole, si bien sumamente mítico. El anonimato de esos dos grupos de tipificaciones, sin embargo, no impide que formen parte de la realidad de la vida cotidiana, a veces de manera muy decisiva. Después de todo, puedo sacrificar mi vida por lealtad a los Padres de la Patria, o, llegado el caso, en pro de las generaciones futuras. 3. EL LENGUAJE Y EL CONOCIMIENTO EN LA VIDA COTIDIANA La expresividad humana es capaz de objetivarse, o sea, se manifiesta en productos de la actividad humana, que están al alcance tanto de sus productores como de los otros hombres, por ser elementos de un mundo común. Dichas objetivaciones sirven como índices más o menos duraderos de los procesos subjetivos de quienes los producen, lo que permite que su disponibilidad se extienda más allá de la situación "cara a cara" en la que pueden aprehenderse directamente. Por ejemplo, la actitud subjetiva de la ira se expresa directamente en la situación "cara a cara" mediante una variedad de índices corporales: el aspecto facial, la posición general del cuerpo, ciertos movimientos espe52
cífícos de brazos y pies, etc. Estos índices son continuamente accesibles en la situación "cara a cara", que precisamente por eso*-constituye la situación óptima para darme acceso a la subjetividad ajena. Estos mismos índices no tienen posibilidades de sobrevivir más allá del presente vivido que ofrece la situación "cara a cara". Por otra parte, la ira puede objetivarse empuñando un arma. Digamos que he tenido un altercado con otro hombre, el que me ha dado amplia evidencia expresiva de su enojo contra mí. Esa noche me despierto y veo un cuchillo clavado en la pared encima de mi cama. El cuchillo qua objeto expresa la ira de mi adversario, me da acceso a su subjetividad, aunque cuando lo arrojó yo dormía y no lo vi porque huyó después de su ataque fallido. Lo cierto es que si dejo el objeto donde está, puedo mirarlo de nuevo a la mañana siguiente, y de nuevo expresará para mí la ira del hombre que lo arrojó. Más aún, pueden venir otros hombres a mirarlo y llegar a la misma conclusión. En otras palabras, el cuchillo clavado en la pared de mi habitación se ha convertido en un constituyente objetivamente accesible de la realidad que comparto con mi adversario y con otros hombres. Es de presumir que el cuchillo no se fabricó con el solo propósito de que fuese arrojado contra mí. Pero expresa una intención subjetiva de violencia, motivada ya sea por la ira o por consideraciones utilitarias, como matar para conseguir comida. El arma qua objeto en el mundo real sigue expresando una intención general de cometer violencia que cualquiera que conozca un arma puede .reconocer. El arma, • pues, es tanto un producto humano como una objetivación de la subjetividad humana. La realidad de la vida cotidiana no solo está llena de objetivaciones, sino que es posible únicamente por ellas. Estoy rodeado todo el tiempo de objetos que "proclaman" las intenciones subjetivas de mis semejantes, aunque a veces resulta difícil saber con seguridad qué "proclama" tal o cual objeto en particular, especialmente si lo han producido hombres que no he podido llegar a conocer bien o del todo, en situaciones "cara a cara". Cualquier etnólogo o arqueólogo confirmará de buena gana estas dificultades, pero el hecho mismo de que puede superarlas y reconstruir a partir de un artefacto las intenciones subjetivas de hombres cuyas civilizaciones se han extinguido hace tal vez milenios 53
es prueba elocuente del poder de resistencia de las objetivaciones humanas. Un caso especial de objetivación, pero que tiene-importancia crucial es la significación, o sea, la producción humana de signos. Un signo puede distinguirse de otras objetivaciones por su intención explícita de servir como indicio de significados subjetivos. Por cierto que todas las objetivaciones son susceptibles de usarse como signos, aun cuando no se hubieran producido con tal intención originariamente. Por ejemplo, un arma puede haberse fabricado originariamente con el propósito de cazar animales, pero más tarde (como, por ejemplo, en el uso ritual) puede convertirse en signo de agresividad y violencia en general. Existen, no obstante, ciertas objetivaciones destinadas originaria y explícitamente a servar de signos. Por ejemplo, en vez de arrojarme un cuchillo (acto que llevaba presumiblemente la intención de matarme, pero que podría admitirse que" tuviera la sola intención de significar esa posibilidad), mi adversario podría haber pintado una cruz negra sobre mi puerta como signo, supongamos, de que ahora ya estamos oficialmente en pie de enemistad. Dicho signo, que no tiene más propósito que el de indicar el significado subjetivo de quien lo hizo, se da también en la realidad común que él y yo compartimos con otros hombres. Reconozco su significado al igual que otros hombres, y sin duda está al alcance del que lo produce como "recordación" objetiva de su intención originaria. De lo dicho surgirá claramente que hay una gran fluidez entre el uso instrumental y el uso significativo de ciertas objetivaciones. No es preciso que nos ocupemos aquí del caso de la magia, en el que se da una combinación muy interesante de ambos usos. Los signos se agrupan en una cantidad de sistemas. Así pues, existen sistemas de signos gesticulatorios, de movimientos corporales pautados, de diversos grupos de artefactos materiales, y así sucesivamente. Los signos y los sistemas de signos son objetivaciones en el sentido de que son accesibles objetivamente más allá de la expresión de intenciones subjetivas "aquí y ahora". Esta "separabilidad" de las expresiones de subjetividad inmediatas se da también en los signos que requieren la presencia del cuerpo como mediador. De esa manera, ejecutar una danza que tiene intención agresiva es algo completamente distinto de gruñir 54
o apretar los puños en un acceso de cólera. Estas últimas acciones expresan mi subjetividad "aquí y ahora", mientras que la primera puede separarse por completo de dicha subjetividad; tal vez no me sienta colérico ni agresivo en absoluto, sino que tomo parte en la danza únicamente poique alguien que sí está colérico me paga para que lo haga en nombre suyo. En otras palabras, la danza puede separarse de la subjetividad de quien la ejecuta al contrario del gruñido, que no puede separarse del que gruñe. Tanto la danza como el gruñido son manifestaciones de expresividad corporal, pero solamente la primera tiene carácter de signo accesible objetivamente. Los signos y los sistemas de signos se caracterizan todos por su "separatividad", pero pueden diferenciarse según el grado en que pueda separárselos de las situaciones "cara a cara". De tal manera, una danza está menos separada; evidentemente, que un artefacto material que tenga el mismo significado subjetivo. El lenguaje, que aquí podemos definir como un sistema de signos vocales, es el sistema de signos más importante de la sociedad humana. Su fundamento descansa, por supuesto, en la capacidad intrínseca de expresividad vocal que posee el organismo humano: pero no es posible intentar hablar de lenguaje hasta que las expresiones vocales estén en condiciones de separarse del "aquí y ahora" inmediatos en los estados subjetivos. Todavía no se puede hablar de lenguaje cuando gruño o aúllo o abucheo, aunque estas expresiones vocales son capaces de volverse lingüísticas en tanto se integren dentro de un sistema de signos accesibles objetivamente. Las objetivaciones comunes' de la vida cotidiana se sustentan primariamente por la significación lingüística. La vida cotidiana, por sobre todo, es vida con el lenguaje que comparto con mis semejantes y por medio de él. Por lo tanto, la comprensión del lenguaje es esencial para cualquier comprensión de la realidad de la vida cotidiana. El lenguaje se origina en la situación "cara a cara", pero puede separarse de ella fácilmente. Ello ocurre no solo porque puedo gritar en la oscuridad o a cierta distancia, hablar por teléfono o por radio, o transmitir la significación lingüística mediante la escritura (que constituye, por así decir, un sistema de signos de segundo grado). La separación del lenguaje radica mucho más fundamentalmente en su capacidad de comunicar significados que no son ex55
presiones directas de subjetividad "aquí y ahora". Esta capacidad la comparte con otros sistemas de signos, pero su enorme variedad y complejidad lo hace mucho más fácil de separar de la situación ''cara a cara" que cualquier otro (por ejemplo, un sistema de gestos'. Puedo hablar de innumerables asuntos que no aparecen para nada en la situación ''cara a cara", incluvendo asuntos que nunca he experimentado ni experimentaré directamente. De esta manera, el lenguaje es capaz de transformarse en depósito objetivo de vastas acumulaciones de significado y experiencia, que puede preservar a través del tiempo y transmitir a las generaciones futuras. En la situación "cara a cara" el lenguaje posee una cualidad inherente de reciprocidad que lo distingue de cualquier otro sistema de signos. La continua producción de signos vocales en la conversación puede sincronizarse sensiblemente con las continuas intenciones subjetivas de los que conversan. Hablo a medida que pienso, lo mismo que mi interlocutor en la conversación. Cada uno oye lo que dice el otro virtualmente en el mismo momento en que lo dice, y esto posibilita el acceso continuo, sincronizado y recíproco a nuestras dos subjetividades en la cercanía intersubjetiva de la situación "cara a cara" de manera tal que ningún otro sistema de signos puede repetir. Más aún, me oigo a mí mismo a medida que hablo: mis propios significados subjetivos se me hacen accesibles objetiva y continuamente, e ipso facto se vuelven "más reales" para mí. Otra manera de expresar lo mismo es recordar el punto antes indicado sobre mi "mejor conocimiento" del otro en oposición a mi conocimiento de mí mismo en la situación "cara a cara". Este hecho aparentemente paradójico ya ha sido explicado por la accesibilidad masiva, continua y pre-reflexiva del ser del otro en la situación "cara a cara", en oposición a la necesidad de auto-reflexión para lograr el acceso a mi propio ser. Ahora bien, como yo objetivo por medio del lenguaje mi propio ser, éste se hace accesible masiva y continuamente para mí a la vez que para el otro, y puedo responder espontáneamente a esta objetivación sin ser interrumpido por la reflexión deliberada. Por lo que cabe decir que el lenguaje hace "más real" mi subjetividad, no solo para mi interlocutor, sino también para mí mismo. Esta capacidad que tiene el lenguaje de cristalizar y esta56
bilizar para mi mi propia subjetividad persiste (aunque modificada) cuando el lenguaje se separa de la situación "cara a cara"'. Es una de sus características más importantes y está muy bien captada en la frase que dice que los hombres necesitan hablar de sí mismos hasta que llegan a conocerse a sí mismos. El lenguaje se origina en la vida cotidiana a la que toma como referencia primordial: se refiere por sobre todo a la realidad que experimento en la conciencia en vigilia, dominada por el motivo pragmático (vale decir, el grupo de significados que corresponden directamente a acciones presentes o futuras) y que comparto con otros de manera establecida. Si bien el lenguaje también puede usarse para referirse a otras realidades, que se examinarán más adelante, conserva empero su arraigo en la realidad de sentido común de la vida cotidiana. Como sistema de signos, el lenguaje posee la cualidad de la objetividad. El lenguaje se me presenta como una facticidad externa a mí mismo y su efecto sobre mí es coercitivo. El lenguaje me obliga a adaptarme a sus pautas. No puedo emplear las reglas sintácticas del alemán cuando hablo en inglés; no puedo usar palabras inventadas por mi hijo de tres años si quiero comunicarme con los que no son de mi familia; debo tomar en cuenta las normas aceptadas en el habla correcta para diversas ocasiones, aun cuando preferiría usar las mías "incorrectas", de uso particular. El lenguaje me proporciona una posibilidad ya hecha para las continuas objetivaciones que necesita mi experiencia para desenvolverse. Dicho de otra forma, el lenguaje tiene una expansividad tan flexible como para permitirme objetivar una gran variedad de experiencias que me salen al paso en el curso de mi vida. El lenguaje también tipifica experiencias, permitiéndome incluirlas en categorías amplias en cuyos términos adquieren significado para mí y para mis semejantes. A la vez que las tipifica, también las vuelve anónimas, porque por principio la experiencia tipificada puede ser repetida por cualquiera que entre dentro de la categoría en cuestión. Por ejemplo, tengo una disputa con mi suegra. Esta experiencia concreta y subjetivamente única se tipifica lingüísticamente en la categoría "dificultades con la suegra". Así tipificada adquiere sentido para mí, para otros y, presumiblemente, para mi suegra. La misma tipificación, como quiera que sea, 57
entraña el anonimato. No solo yo sino cualquiera (más exactamente, cualquiera dentro de la categoría de yerno) puede tener "dificultades con la suegra". De esta manera, mis experiencias biográficas se incluyen constantemente dentro de ordenamientos generales de significado que son reales tanto objetiva como subjetivamente. Debido a su capacidad de trascender el "aquí y ahora", el lenguaje tiende puentes entre diferentes zonas dentro de la realidad de la vida cotidiana y las integra en un todo significativo. Las trascendencias tienen dimensiones espaciales, temporales y sociales. Por medio del lenguaje puedo trascender el espacio que separa mi zona manipulatoria de la del otro; puedo sincronizar mi secuencia de tiempo biográfico con la suya, y dialogar con él sobre individuos y colectividades con los que de momento no estamos en interacción "cara a cara". Como resultado de estas trascendencias, el lenguaje es capaz de "hacer presente" una diversidad de objetos que se hallan ausentes —espacial, temporal y socialmente— del "aquí y ahora". Ipso jacto una enorme acumulación de experiencias y significados puede llegar a objetivarse en el "aquí y ahora". Más sencillamente, en cualquier momento puede actualizarse todo un mundo a través del lenguaje. Este poder trascendente e integrador del lenguaje se conserva aun cuando, de hecho, yo ya no estoy dialogando con otro. Aun "hablando conmigo mismo" en el pensamiento solitario, en cualquier momento se me puede presentar un mundo entero por medio de la objetivación lingüística. En lo que a relaciones sociales se refiere, el lenguaje me "hace presentes" no solo a los semejantes que están físicamente ausentes en ese momento, sino también a los del pasado recordado o reconstruido, como también a otros proyectados hacia el futuro como figuras imaginarias. Todas estas "presencias" pueden ser sumamente significativas, por supuesto, en la realidad continua de la vida cotidiana. El lenguaje, además, es capaz de trascender por completo la realidad de la vida cotidiana. Puede referirse a experiencias que corresponden a zonas limitadas de significado. y abarcar zonas aisladas de ¡a realidad. Por ejemplo, puedo interpretar "el significado" de un sueño integrándolo lingüísticamente dentro del orden de la vida cotidiana. Dicha integración traspone la realidad aislada que corresponde al 58
sueño en la realidad de la vida cotidiana, enclavándola dentro de esta última. El sueño cobra entonces un significado en términos de la realidad de la vida cotidiana más que de su propia realidad aislada. Los productos de estas trasposiciones pertenecen, en cierto sentido, a ambas esferas de realidad: están "ubicados" en una realidad, pero "se refieren" a otra. Cualquier tema significativo que de esta manera cruce de una esfera de realidad a otra puede definirse como un símbolo, y el modo lingüístico por el cual se alcanza esta trascendencia puede denominarse lenguaje simbólico. Al nivel del simbolismo, pues, la significación lingüística alcanza su máxima separación del "aquí y ahora" de la vida cotidiana, y el lenguaje asciende a regiones que son inaccesibles a la experiencia cotidiana no solo de jacto sino también a priori. El lenguaje construye entonces enormes edificios de representación simbólica que parecen dominar la realidad de la vida cotidiana como gigantescas presencias de otro mundo. La religión, la filosofía, el arte y la ciencia son los de mayor importancia histórica entre los sistemas simbólicos de esta clase. Nombrarlos ya es afirmar que, a pesar de que la construcción de estos sistemas requiere un máximo de separación de la experiencia cotidiana, pueden ser verdaderamente importantísimos para la realidad de la vida diaria. El lenguaje es capaz no solo de construir símbolos sumamente abstraídos de la experiencia cotidiana, sino también de "recuperar" estos símbolos y presentarlos como elementos objetivamente reales en la vida cotidiana. De esta manera, el simbolismo y el lenguaje simbólico llegan a ser constituyentes esenciales de la realidad de la vida cotidiana y de la aprehensión que tiene de esta realidad el sentido común. Vive todos los días en un mundo de signos y símbolos. El lenguaje constituye campos semánticos o zonas de significado lingüísticamente circunscritos. El vocabulario, la gramática y la sintaxis se acoplan a la organización -de esos campos semánticos. Así pues el lenguaje elabora esquemas clasificadores para diferenciar los objetos según su 'género" (cuestión muy diferente del sexo, por supuesto) o su número; formas para predicados de acción opuestos a predicados de ser; modos para indicar grados de intimidad social, y demás. Por ejemplo, en los idiomas que 59
hacen distingos entre el trato íntimo y el ceremonioso por medio de pronombres (como el tu y el vous en francés, o el du y el Sie en alemán), esta distinción marca las coordenadas de un campo semántico que podríamos llamar zona de intimidad. Aquí aparece el mundo del tutoiement o de la Brudt-rschaft, con una abundante colección de significados que me son accesibles permanentemente para ordenar mi experiencia social. También para el que habla inglés existe, por supuesto, un campo semántico similar, aunque más circunscrito lingüísticamente. O, para tomar otro ejemplo, la suma de objetivaciones lingüísticas que corresponden a mi ocupación constituye otro campo semántico que ordena significativamente todos los sucesos rutinarios que se me presentan en mi tarea diaria. Dentro de los campos semánticos así formados se posibilita la objetivación, retención y acumulación de la experiencia biográfica e histórica. La acumulación es, por supuesto, selectiva, ya que los campos semánticos determinan qué habrá que retener y qué habrá que "olvidar" de la experiencia total tanto del individuo como de la sociedad. En virtud de esta acumulación se forma un acopio social de conocimiento, que se transmite de generación en generación y está al alcance del individuo en la vida cotidiana. Vivo en el mundo del sentido común de la vida cotidiana equipado con cuerpos específicos de conocimiento. Más aún: sé que los otros comparten al menos parcialmente ese conocimiento, y ellos saben que yo lo sé. Mi interacción con los otros en la vida cotidiana resulta, pues, afectada constantemente por nuestra participación común en ese acopio social de conocimiento que está a nuestro alcance. Este acopio social abarca el conocimiento de mi situación y de sus límites. Por ejemplo, sé que soy pobre y que, por lo tanto, no puedo pretender vivir en un barrio elegante. Este conocimiento lo comparto, claro está, con aquellos que también son pobres y con aquellos que gozan de una situación más privilegiada. De esta manera, la participación en el cúmulo social de conocimiento permite la "ubicación" de los individuos en la sociedad y el "manejo" apropiado de ellos. Esto no es posible para quien no participa de este conocimiento, un extranjero, por ejemplo, que puede no darse cuenta en absoluto de que soy pobre, quizá porque los criterios de pobreza que existen en su sociedad son muy 60
diferentes: ¿cómo puedo ser pobre, si uso zapatos y no aparento tener hambre? Como la vida cotidiana está dominada por el motivo pragmático, el conocimiento de receta, o sea. el conocimiento que se limita a la competencia pragmática en quehaceres rutinarios ocupa un lugar prominente en el cúmulo social de conocimiento. Por ejemplo, uso el teléfono todos los días con propósitos específicamente pragmáticos de mi incumbencia. Sé cómo hacerlo. También sé qué hay que hacer si mi teléfono funciona mal, lo que no significa que sepa cómo repararlo, pero sí que sé a quién hay que recurrir en ese caso. Mi conocimiento del teléfono también abarca mayores datos sobre el sistema de comunicaciones telefónicas: por ejemplo, sé que hay personas cuyo número no figura en guía, que en circunstancias especiales puedo obtener una conexión simultánea con dos abonados de larga distancia, que debo calcular la diferencia de hora si quiero llamar a alguien de Hong-Kong, etc. Toda esta información sobre teléfonos es conocimiento de receta, puesto que no se refiere más que a ,1o que tengo que saber para mis propósitos pragmáticos del presente y posiblemente del futuro. No me interesa por qué el teléfono funciona de esa manera, ni la enorme cantidad de conocimientos científicos y técnicos que posibilitan la construcción de teléfonos. Tampoco me interesan los usos del teléfono ajenos a mis propósitos, como ser sus combinaciones con la radio de onda corta para comunicaciones marítimas. Similarmente, poseo conocimiento de receta sobre el funcionamiento de las relaciones humanas. Sé, por ejemplo, qué tengo que hacer para solicitar un pasaporte. Todo lo que me interesa es conseguirlo al cabo de un determinado período de espera. No me interesa, ni sé, el trámite que sigue mi solicitud en las oficinas del gobierno, quién la concede y después de qué formalidades, quién pone tal o cual sello en el documento. No estoy estudiando la burocracia gubernamental: lo único que quiero es pasar unas vacaciones en el extranjero. Mi interés por el oculto funcionamiento del trámite para el pasaporte se despertará únicamente si al fin no consigo obtenerlo. En este caso, así como recurro a un perito en reparaciones telefónicas cuando mi aparato se descompone, acudo a un perito en conseguir pasaportes, por ejemplo un abogado, o un senador, o la Asociación Norteamericana de 61
Derechos Civiles. Mutatis mutandxs, gran parte del cúmulo social de conocimiento consiste en recetas para resolver problemas de rutina. En particular, me interesa poco traspasar el límite de este conocimiento necesario pragmáticamente, en tanto me sirva para resolver ese tipo de problemas. El acopio social de conocimiento establece diferenciaciones dentro de la realidad según los grados de familiaridad. Proporciona datos complejos y detallados con respecto a los sectores de vida cotidiana con los que debo tratar frecuentemente, y datos mucho mas generales e imprecisos con respecto a sectores más alejados. De esa manera, mi conocimiento sobre mi propia ocupación y su mundo es muy abundante y específico, mientras que del mundo ocupacional de los otros tengo apenas un conocimiento muy esquemático. El cúmulo social de conocimiento me proporciona, además, los esquemas tipificadores requeridos para las rutinas importantes de la vida cotidiana, no solo las tipificaciones de otros que se mencionaron anteriormente, sino también tipificaciones de toda clase de hechos y experiencias, tanto sociales como naturales. Así pues, vivo en un mundo de parientes, colegas y funcionarios públicos identificables. En este mundo, por consiguiente, tengo experiencia de tertulias familiares, reuniones profesionales y contactos ocasionales con la policía del tránsito. El telón de fondo natural de estos eventos también se tipifica dentro del acopio de conocimiento. Mi mundo se estructura de acuerdo con rutinas que se aplican en circunstancias propicias o adversas, en la estación del año en que se agrava mi alergia o cuando me entra tierra en el ojo. "Sé lo que hay que hacer" frente a estas y otras eventualidades de mi vida cotidiana. El cúmulo social de conocimiento, al presentárseme como un todo integrado, me ofrece también los medios de integrar elementos aislados de mi propio conocimiento. En otras palabras, "lo que todos saben" tiene su propia lógica, que puede aplicarse para ordenar las diversas cosas que sé. Por ejemplo, sé que mi amigo Henry es inglés y que siempre es muy puntual para acudir a las citas. Dado que "todos saben" que la puntualidad es una característica inglesa, puedo ahora integrar estos dos elementos de mi conocimiento sobre Henry en una tipificación significativa en términos del cúmulo social de conocimiento. La validez de mi conocimiento de la vida cotidiana es 62
- algo establecido para mí y para los otros hasta nuevo aviso, o sea; hasta que surge un problema que no puede resolverse en esos términos. En tanto mi conocimiento funcione a satisfacción, me siento generalmente dispuesto a suspender mis dudas a su respecto. En ciertas actitudes separadas de . la realidad cotidiana —al contar un chiste, en el teatro o en la iglesia, o al dedicarme a especulaciones filosóficas— tal vez abrigue dudas sobre ciertos elementos que la componen. Pero estas dudas "no merecen tomarse en serio". Por ejemplo, como hombre de negocios sé que es conveniente no tener consideraciones con los demás. Tal vez pueda causarme gracia un chiste en el que esta máxima lleva al fracaso. Tal vez me conmueva cuando un actor o un predicador exalten las virtudes de la consideración, y tal vez. en un estado de ánimo filosófico, admita que todas las relaciones sociales deberían regirse por esta regla de oro. Después de reír, de conmoverme y de haber filosofado, vuelvo al mundo "en serio" de los negocios, reconozco una vez más la lógica de sus principios y actúo conforme con ellos. Solo en el caso de que mis máximas no "rindan provecho" en el mundo al cual se quiere aplicarlas es probable que me lleguen a resultar problemáticas "en serio". Aunque el cúmulo social de conocimiento presenta al mundo cotidiano de manera integrada, diferenciado de acuerdo con zonas de familiaridad y lejanía, la totalidad de ese mundo queda opaca. Dicho en otra forma, la realidad de la vida cotidiana siempre parece ser una zona de claridad detrás de la cual hay un trasfondo de sombras. Cuando unas zonas de realidad se iluminan, otras se oscurecen. No puedo saber todo lo que hay que saber de esa realidad. Aun cuando, por ejemplo, yo sea en apariencia un déspota omnipotente para mi familia, y lo sepa, no puedo conocer todos los factores que contribuyen a imponer permanentemente mi despotismo. Sé que mis órdenes son siempre obedecidas, pero no puedo estar seguro de todos los pasos y motivos que existen entre el momento en que imparto mis órdenes y aquel en que se ejecutan. Siempre hay cosas que suceden "a mis espaldas". Esto es verdad « fortiori cuando entran en juego relaciones más complejas <pie las familiares, y explica, dicho sea de paso, por qué los déspotas padecen de nerviosidad endémica. Mi conoci63
miento de la vida cotidiana posee la calidad de un instrumento que se abre paso a través de una selva y, a medida que lo hace, proyecta un estrecho cono de luz sobre lo que hay inmediatamente adelante y alrededor; por todos los demás lados del sendero persiste la oscuridad. Esta imagen es aún más aplicable, por supuesto, a las realidades múltiples con las que trascendemos continuamente la vida cotidiana, lo cual puede parafrasearse, poética ya que no exhaustivamente, diciendo que sobre la realidad de la vida cotidiana se ciernen las penumbras de nuestros sueños. Mi conocimiento de la vida cotidiana se estructura en términos de relevancias, algunas de las cuales se determinan por mis propios intereses pragmáticos inmediatos, y otras por mí situación general dentro de la sociedad. La manera como mi esposa prepara mi guiso predilecto no me atañe, siempre que el resultado sea lo que deseo. No me atañe la baja de las acciones de una compañía determinada, si es que no poseo ninguna de esas acciones; tampoco me atañe que los católicos actualicen su doctrina, si soy ateo, ni tampoco el que ahora se pueda llegar al África en vuelo sin etapas, si no pienso viajar a ese lugar. Sin embargo, mis estructuras de relevancia se entrecruzan con las de otros en muchos puntos, como resultado de lo cual tenemos cosas "interesantes" que decirnos. Un elemento importante de mi conocimiento de la vida cotidiana lo constituye el de las estructuras de relevancia de los otros. De esta suerte, no se me ocurriría consultar a mi médico sobre mis inversiones financieras, ni a mi abogado sobre mis dolores de úlcera, ni a mi tenedor de libros sobre mi búsqueda de la verdad religiosa. El propio cúmulo social de conocimiento ya me ofrece hechas a medida las estructuras básicas de relevancias que conciernen a la vida cotidiana. Sé que las "charlas de mujeres" no me atañen como hombre, que la "especulación vana" no me atañe como hombre de acción, etc. Por último, el cúmulo social de conocimiento en conjunto tiene su propia estructura de relevancias. De tal manera, en los términos del acopio de conocimiento objetivado en la sociedad norteamericana, es irrelevante estudiar el curso de los astros para predecir la actividad bursátil, pero sí lo es estudiar los lapsus linguae de un hombre para descubrir su vida sexual, y así sucesivamente. A la inversa, en otras sociedades la astrología puede tener gran relevancia en la eco64
nomía, el análisis del habla no serlo para la curiosidad erótica, etcétera. Conviene aquí agregar un último punto sobre la distribución social del conocimiento. En la vida cotidiana el conocimiento aparece distribuido socialmente, vale decir, que diferentes individuos y tipos de individuos lo poseen en grados diferentes. No comparto en la misma medida mi conocimiento con todos mis semejantes, y tal vez haya cierto conocimiento que no comparta con nadie. Mi pericia profesional la comparto con mis colegas, pero no con mi familia, y es posible que mi habilidad para hacer trampa en el juego no la comparta con nadie. La distribución social del conocimiento de ciertos elementos que constituven la realidad cotidiana puede llegar a ser sumamente compleja y hasta confusa para el que mira desde afuera. No solo carezco del conocimiento que se supone necesario para curarme de un malestar físico, sino que tal vez carezca hasta del conocimiento para discernir, de entre una desconcertante variedad de especialistas, cuál es el más indicado para tratar mi dolencia. En estos casos, no solo me hace falta una opinión autorizada, sino también una opinión previa acerca de cuál es la opinión más autorizada. Así pues, la distribución social del conocimiento arranca del simple hecho de que no sé todo lo que saben mis semejantes, y viceversa, y culmina en sistemas de idoneidad sumamente complejos y esotéricos. El conocimiento, al menos en esbozo, de cómo se distribuye el acopio de conocimiento con alcance social, es un elemento importante de dicho acopio. En la vida cotidiana sé, al menos someramente, lo que puedo ocultar y de quién, a quién puedo acudir para saber lo que no sé y, en general, cuáles son los tipos de individuos de quienes cabe esperar que posean determinados tipos de conocimiento.
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II. La sociedad como realidad objetiva
1. INSTITUCIONALIZACIÓN a) Organismo y actividad. El hombre ocupa una posición peculiar dentro del reino animal 1 . A diferencia de los demás mamíferos superiores, no posee ambiente específico de su especie2 firmemente estructurado por la organización de sus propios instintos. No existe un mundo del hombre en el mismo sentido en que es posible hablar de un mundo de los perros o de los caballos. A pesar de contar con una zona de aprendizaje y acumulación individual, cada perro o cada caballo tienen una relación en general fija con sus ambientes, relación que comparten con todos los restantes miembros de sus especies respectivas; de ello se infiere, evidentemente, que los perros y los caballos, comparados con el hombre, están
Con respecto a obras biológicas recientes relativas a la posición peculiar del hombre en el reino animal, cf. Jakob von Uexküll, Bedeutungslehre (Hamburgo, Rowohlt, 1958) ; F. J. J. Buytendijk, Mensch und Tier (Hamburgo, Rowohlt, 1958); Adolf Portmann, Zoologie und das neue Bild vom Menschen (Hamburgo, Rowohlt, 1956). Las evaluaciones más importantes de estas perspectivas biológicas eri términos de una antropología filosófica son las de Helmuth Plessner (Die Stufen des Organischen und der Mensch, 1928 y 1965) y Arnold Gehlen (Der Mensch, seine Natur und seine StMung in der Welt, 1940 y 1950). Gehlen desarrolló aún más estas perspectivas en términos de una teoría sociológica de las instituciones (especialmente en su Urmensch und Spátkultur, 1956). Para una introducción a esta última, cf. Peter L. Berger y Hansfried Kellner, "Arnold Gehlen and the Theory of Institutions", en Social Research, 32: 1, 110 y sigs., 1965.
2 La expresión "ambiente específico de su especie" está tomada de von Uexküll. 1
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mucho más restringidos a una distribución geográfica específica. La especificidad del ambiente de estos animales, sin embargo, importa mucho más que una delimitación geográfica: atañe al carácter biológicamente fijo de su relación con el ambiente, aun cuando se introduzca la variación geográfica. En este sentido, todos los animales no humanos, como especies y como individuos, viven en mundos cerrados cuyas estructuras están predeterminadas por el capital biológico de las diversas especies animales. Por contraste, las relaciones del hombre con su ambiente se caracterizan por su apertura al mundo 3. El hombre no sólo ha logrado establecerse sobre la mayor parte de la superficie terrestre, sino que su relación con su mundo circundante está por doquiera estructurada muy imperfectamente por su propia constitución biológica. Esto último permite ciertamente que el hombre se dedique a diferentes actividades. Pero el hecho de que haya seguido viviendo una existencia nómade en un lugar y se haya dedicado a la agricultura en otro no puede explicarse en términos de procesos biológicos. Esto no significa, por supuesto, que no existan limitaciones determinadas biológicamente para las relaciones del hombre con su ambiente; el equipo sensorial y motor específico de su especie impone limitaciones obvias a la gama de sus posibilidades. La peculiaridad de la constitución biológica del hombre radica más bien en los componentes de sus instintos. La organización de los instintos del hombre puede calificarse de subdesarrollada, si se la compara con la de los demás mamíferos superiores. Por supuesto que el hombre tiene impulsos; pero ellos son sumamente inespecíficos y carentes de dirección. Esto significa que el organismo humano es capaz de aplicar el equipo de que está dotado por su constitución interna a un campo de actividades muy amplio y que además varía y se diversifica constantemente. Dicha peculiaridad del organismo humano se basa en su desarrollo ontogenético4. En realidad, si-se examina la cuestión en términos del desarrollo orgánico, cabe afirmar que * Las implicaciones antropológicas de la expresión "apertura al mundo" -fueron desarrolladas por Plessner y Gehlen. 4 La peculiaridad del organismo humano por su fundamento ontogenético se aprecia particularmente en las investigaciones de rortmann. 67
el período fetal del ser humano se extiende más o menos hasta el primer año de vida 5 . Ciertos desarrollos importantes del organismo, que en el caso del animal se completan dentro del cuerpo de la madre, en la criatura h u m a n a se producen después de separarse del seno materno. Cuando eso sucede, empero, ya la criatura humana no solo se halla en el mundo exterior sino también interrelacionada con él de diversas maneras complejas. De ese modo el organismo humano aún se sigue desarrollando biológicamente cuando ya ha entablado relación con su ambiente. En otras palabras, el proceso por el cual se llega a ser hombre se produce en una interrelación con un ambiente. Este enunciado cobra significación si se piensa que dicho ambiente es tanto natural como humano. O sea, que el ser humano en proceso de desarrollo se interrelaciona no solo con un ambiente natural determinado, sino también con u n orden cultural y social específico mediatizado para él por los otros significantes a cuyo cargo se halla 8 . No solo la supervivencia de la criatura humana depende de ciertos ordenamientos sociales: también la dirección del desarrollo de su organismo está socialmente determinada. Desde su nacimiento el desarrollo de éste, y en realidad gran parte de su ser en cuanto tal, está sujeto a una continua interferencia socialmente determinada. Pese a las notorias limitaciones fisiológicas que circunscriben la gama de maneras posibles y diferentes de llegar a ser hombre dentro de esta doble interrelación ambiental, el organismo humano manifiesta una enorme plasticidad en su reacción ante las fuerzas ambientales que operan sobre él, lo que se advierte particularmente al observar la flexibilidad de la constitución biológica del hombre cuando
5 La sugerencia de que el período fetal se extiende para el hombre hasta el primer año de vida fue hecha por Portmann, qut denominó "extrauterine Frühjahr" a ese primer año. 8 Los términos "otros significantes" se han tomado de Mead Para la teoría de Mead sobre la ontogénesis del yo, cf. su Mina, Self and Society (Chicago, University of Chicago Press, 1934^ : Espíritu, persona y sociedad (Buenos Aires, Paidós). Un compendio útil de los escritos de Mead es el de Anselm Strauss (comp.1. George Herbert Mead on Social Psychology (Chicago, Universitv of Chicago Press, 1964). Para un sugerente estudio complementario. cf. Maurice Natanson, The Social Dynamics of George H. Mead (Washington, Public Affairs Press, 1956).
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está sometida a una variedad de determinaciones socioculturales. Afirmar que las maneras de ser y de llegar a ser hombre son tan numerosas como las culturas del hombre, es un lugar común en la etnología. La humanidad es variable desde el punto de vista socio-cultural. En otras palabras, no hay naturaleza humana en el sentido de un substrato establecido biológicamente que determine la variabilidad de las formaciones socio-culturales. Solo hay naturaleza humana en el sentido de ciertas constantes antropológicas (por ejemplo, la apertura al mundo y la plasticidad de la estructura de los instintos 1 que delimitan y permiten sus formaciones socio-culturales. Pero la forma específica dentro de la cual se moldea esta humanidad está determinada por dichas formaciones socio-culturales y tiene relación con sus numerosas variaciones. Si bien es posible afirmar que el hombre posee una naturaleza, es más significativo decir que el hombre construye su propia naturaleza o, más sencillamente, que el hombre se produce a sí mismo 7 . La plasticidad del organismo humano y su susceptibilidad frente a la interferencia socialmente determinada se ejemplifican mejor por medio de la evidencia etnológica referente a la sexualidad 8 . Aun cuando el hombre posee impulsos sexuales comparables a los de los demás mamíferos superiores, la sexualidad humana se caracteriza por su alto grado de elasticidad, que no solo es relativamente independiente de Existe una dicotomía fundamental entre la concepción del hombre como ser autoproducido y la de una "naturaleza humana". Eíto constituye una diferencia antropológica decisiva entre Marx y cualquier perspectiva propiamente sociológica por una parte (en especial la que se basa en la psicología social de Mead), y Preud y la mayor parte de las perspectivas psicológicas no freudianas por la otra. Es de suma importancia clarificar esta diferencia si ha de existir actualmente algún diálogo significativo entre los campos de la sociología y de la psicología. Dentro de la teoría •ociológica misma es posible distinguir distintas posiciones según «u proximidad a los polos "sociológico" y "psicológico". Vilfredo Pareto es quien expresa probablemente el enfoque más elaborado del polo "psicológico" dentro de la sociología misma. Digamos de PMo que la aceptación o el rechazo del presupuesto de la "naturaleza humana" tiene también interesantes implicaciones, en términos de ideologías políticas, pero éste es un punto que no Podemos desarrollar aquí. " En conexión con este punta pueden citarse las obras de «onislaw Malinowski, Ruth Benedict, Margaret Mead, Clyde Khickhohn y George Murdock. 69
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los ritmos temporales, sino que se adapta tanto a los objetos hacia los que puede dirigirse como a sus modalidades de expresión. La evidencia etnológica demuestra que, en cuestiones sexuales, el hombre es capaz de casi todo. Aunque la imaginación sexual del individuo se estimule hasta un extremo de lujuria febril, es improbable que llegue a evocar una imagen que no corresponda a lo que en alguna otra cultura es norma establecida o. por lo menos, una contingencia admisible. Si la palabra normalidad ha de referirse a lo que es fundamental desde el punto de vista antropológico, o universal desde el punto de vista cultural, ni esta palabra ni su antónimo pueden aplicarse significativamente a las formas variables de sexualidad humana. Al mismo tiempo, claro está, la sexualidad humana está dirigida y a veces estructurada rígidamente en cada cultura particular. Toda cultura tiene una.configuración sexual distintiva, con sus propias pautas especializadas de comportamiento sexual y sus propios supuestos "antropológicos" en el campo sexual. La relatividad empírica de estas configuraciones, su enorme variedad y rica inventiva, indican que son producto de las propias formaciones socio-culturales del hombre más que de una naturaleza humana establecida biológicamente 9 . El período en que el organismo humano se desarrolla hacia su plenitud en interrelación con su ambiente, es también aquel en que se forma el yo humano. La formación del yo debe, pues, entenderse en relación con el permanente desarrollo del organismo y con el proceso social en el que los otros significativos median entre el ambiente natural y el humano 10. Los presupuestos genéticos del yo se dan, claro está, al nacer, pero no sucede otro tanto con el yo tal cual se experimenta más tarde como identidad reconocible subjetiva y objetivamente. Los mismos procesos sociales que determinan la plenitud del organismo producen el yo en su forma particular y culturalmente relativa. El carácter del yo como producto social no se limita a la configuración particular que el individuo identifica como él mismo (por
El punto de vista que aquí se presenta sobre la plasticidad sexual del hombre tiene afinidad con la concepción de Freud acerca del carácter originalmente informe de la libido. 10 Este punto se halla explicado en la teoría de Mead sobre la génesis social del yo.
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ejemplo, como "hombre" de la manera particular con que est-* identidad se define y se forma en la cultura en cuestión), sino al amplio equipo psicológico que sirve de apéndice a la configuración particular (por ejemplo, emociones, actitudes y aun reacciones somáticas, varoniles'). Por lo tanto, se da por sobreentendido que el organismo y más aún el yo, no pueden entenderse adecuadamente si se los separa del contexto social particular en que se formaron. El desarrollo común del organismo y el yo humanos en un ambiente socialmente determinado se relaciona con la vinculación peculiarmente humana entre el organismo y el yo. Esta vinculación es excéntrica n . Por una parte, el hombre es un cuerpo, lo mismo que puede decirse de cualquier otro organismo animal; por otra parte, tiene un cuerpo, o sea, se experimenta a sí mismo como entidad que no es idéntica a su cuerpo, sino que, por el contrario, tiene un cuerpo a su disposición. En otras palabras, la experiencia que el hombre tiene de sí mismo oscila siempre entre ser y tener un cuerpo, equilibrio que debe recuperarse una y otra vez. Dicha excentricidad de la experiencia que tiene el hombre de su propio cuerpo provoca ciertas consecuencias para el análisis de la actividad humana como comportamiento en el ambiente material y como externalizacion de significados subjetivos. La apreciación acertada de todo fenómeno humano tendrá que tomar en consideración estos dos aspectos, por razones que se basan en hechos antropológicos fundamentales. De lo dicho surge claramente que el enunciado de que el hombre se produce a sí mismo no implica de manera alguna una suerte de visión prometeica del individuo solitario 12 . La auto-producción del hombre es siempre, y por
11 El término "excentricidad" se ha tomado de Plessner. Perspectivas similares pueden hallarse en la obra posterior de Scheler «obre antropología filosófica. Cf. Max Scheler, Die Stellung des Menschen im Kosmos (Munich, Nymphenburger Verlagshandlung, 1947); El puesto del hombre en el cosmos (Buenos Aires, Losada). 12 El carácter social de la auto-producción del hombre fue formulado más agudamente por Marx en su crítica de Stirner en *he Germán Ideology (La ideología alemana; varias ediciones). El «•arrollo de Jean-Paul Sartre, desde su existencialismo primero a *•* modificaciones marxistas posteriores, o sea, desde El ser y la '"**da hasta Crítica de la razón dialéctica, es el ejemplo más notable * » logro de esta intuición sociológicamente crucial dentro de la
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necesidad, una empresa social. Los hombres producen juntos un ambiente social con la totalidad de sus formaciones socio-culturales y psicológicas. Ninguna de estas formaciones debe considerarse como un producto de la constitución biológica del hombre, la que, como ya se dijo, proporciona solo los límites exteriores para la actividad productiva humana. Así como es imposible que el hombre se desarrolle como tal en el aislamiento, también es imposible que el hombre aislado produzca un ambiente humano. El ser humano solitario es ser a nivel animal (lo cual comparte, por supuesto, con otros animales). Tan pronto como se observan fenómenos específicamente humanos, se entra en el dominio de lo social. La humanidad específica del hombre y su socialidad están entrelazadas íntimamente. El homo sapiens es siempre, y en la misma medida, homo socius 13. El organismo humano carece de los medios biológicos necesarios para proporcionar estabilidad al comportamiento humano. Si la existencia humana volviera a quedar librada a los solos recursos de su organismo, sería una existencia en una especie de caos, empíricamente inaccesible aunque concebible en teoría. La existencia humana se desarrolla empíricamente en un contexto de orden, dirección y estabilidad. Cabe, pues, preguntarse: ¿de dónde deriva la estabilidad del orden humano que existe empíricamente? La respuesta puede darse en dos planos. En primer término, podemos señalar el hecho evidente de que todo desarrollo individual del organismo está precedido por un orden social dado; o sea, que la apertura al mundo, en tanto es intrínseca a la construcción biológica del hombre, está siempre precedida por el orden social. En segundo término, podemos decir que la apertura al mundo, intrínseca biológicamente a la existencia humana, es siempre transformada —y es fuerza que así sea— por el orden social en una relativa clausura al mundo. Aun cuando esta nueva clausura nunca pueda antropología filosófica contemporánea. El propio interés de Sartre por las "mediaciones" entre los procesos histórico-sociales macroscópicos y la biografía individual ganaría mucho, una vez más, con una consideración de la psicología social de Mead.
13 La íntima conexión entre la humanidad del hombre y su socialidad fue formulada más agudamente por Durkheim, especialmente en la sección última de Formes élémentaires de la vie religieuse (Las formas elementales de la vida religiosa, Buenos Aires, Schapire, 1968).
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acercarse a la de la existencia animal, aunque más no fuese por su carácter de producto humano y por ende "artificial". puede no obstante proporcionar casi siempre dirección v estabilidad a la mayor parte del comportamiento humano. Por consiguiente, cabe formular la pregunta en otro plano. Podemos preguntarnos de qué manera surge el propio orden social. La respuesta más general a esta pregunta es que el orden social es un producto humano, o. más exactamente, una producción humana constante, realizada por el hombre en el curso de su continua externalización. El orden social no se da biológicamente ni deriva de datos- biológicos en sus manifestaciones empíricas. Huelga agregar que el orden social tampoco se da en el ambiente natural, aunque algunos de sus rasgos particulares puedan ser factores para determinar ciertos rasgos de un orden social (por ejemplo, sus ordenamientos económicos o tecnológicos). El orden social no forma parte de la "naturaleza de las cosas" y no puede derivar de las "leyes de la naturaleza" 14 . Existe solamente como producto de la actividad humana. No se le puede atribuir ningún otro status ontológico sin confundir irremediablemente sus manifestaciones empíricas. T a n t o por su génesis (el orden social es resultado de la actividad humana p a s a d a ) , como por su existencia en cualquier momento del tiempo (el orden social solo existe en tanto que la actividad humana siga produciéndolo), es un producto humano. Si bien los productos sociales de la externalización humana tienen un carácter sui generis en oposición al contexto de su organismo y de su ambiente, importa destacar que la externalización en cuanto tal constituye una necesidad antropológica 1 5 . El ser humano no se concibe dentro de una esfera cerrada de interioridad estática; continuamente tiene que externalizarse en actividad. Esta necesidad antro14 Al insistir en que el orden social no se basa sobre ninguna "ley de la naturaleza", no estamos tomando posición ipso jacto en cuanto a una concepción metafísica de la "ley natural''. Nuestra aierción se limita a los hechos de la naturaleza que son accesibles empíricamente. 18 Durkheim fue el que más insistió sobre el carácter sui generis del orden social, especialmente en su Regles de la méthode sociologique (Las reglas del método sociológico, Buenos Aires, Schapire). I*a necesidad antropológica de la externalización fue desarrollada Por Hegel y Marx.
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pológica se funda en el equipo biológico del hombre 16. La inestabilidad inherente al organismo humano exige como imperativo que el hombre mismo proporcione un contorno estable a su comportamiento; él mismo debe especializar y dirigir sus impulsos. Estos hechos biológicos sirven como presupuesto necesario para la producción del orden social. En otras palabras, aunque ningún orden social existente pueda derivar de datos biológicos, la necesidad del orden social en cuanto tal surge del equipo biológico del hombre. A fin de comprender las causas de la aparición, subsistencia y transmisión de un orden social —causas que no sean las planteadas por las constantes biológicas—. debemos emprender un análisis que dará por resultado una teoria de la institucionalización. b"! Orígenes de la institucionalización. Toda actividad humana está sujeta a la habituación. Todo acto que se repite con frecuencia, crea una pauta que luego puede reproducirse con economía de esfuerzos y que ipso jacto es aprehendida como pauta por el que la ejecuta. Además, la habituación implica que la acción de que se trata puede volver a ejecutarse en el futuro de la misma manera y con idéntica economía de esfuerzos. Esto es válido tanto para la actividad social como para la que no lo es. Hasta el individuo solitario en la proverbial isla desierta introduce hábitos en su actividad. Cuando se despierta por la mañana y reanuda sus intentos de construir una canoa con ramas, tal vez murmure para sí: "Empecemos de nuevo" mientras inicia el primer paso de un procedimiento operativo que consta, por ejemplo, de diez pasos. En otras palabras, aun el hombre solitario tiene por lo menos la compañía de sus procedimientos operativos. Las acciones habitualizadas retienen, por supuesto, su carácter significativo para el individuo, aunque los significado que entrañan llegan a incrustarse como rutinas en su depo sito general de conocimiento que da por establecido y qu< tiene a su alcance para sus proyectos futuros 17. La habitúa16 El fundamento biológico de la externalización y su relació: con la aparición de las instituciones fue desarrollado por Gehler. 17 La expresión "depósito de conocimiento" se ha tomado dSchutz.
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ción comporta la gran ventaja psicológica de restringir las opciones. Si bien en teoría pueden existir tal vez unas cien maneras de emprender la construcción de una canoa con ramas. la habituación las restringe a una sola, lo que libera al individuo de la carga de ''todas esas decisiones", proporcionando un alivio psicológico basado en la estructura de los instintos no dirigidos del hombre. La habituación provee el rumbo y la especialización de la actividad que faltan en el equipo biológico del hombre, aliviando de esa manera la acumulación de tensiones resultante de los impulsos no dirigidos ls : y al proporcionar un trasfondo estable en el que la actividad humana pueda desenvolverse con un margen mínimo de decisiones las más de las veces, libera energía para aquellas decisiones que puedan requerirse en ciertas circunstancias. En otras palabras, el trasfondo de la actividad habitualizada abre un primer plano a la deliberación y la innovación 19. De acuerdo con los significados otorgados por el hombre a su actividad, la habituación torna innecesario volver a definir cada situación de nuevo, paso por paso 20. Bajo sus predefiniciones puede agruparse una gran variedad de situaciones y así se puede anticipar la actividad que habrá de realizarse en cada una de ellas. Hasta es factible aplicar a las alternativas del comportamiento un patrón de medida. Estos procesos de habituación anteceden a toda institucionalización, y en realidad hasta pueden aplicarse a un hipotético individuo solitario, separado de cualquier interacción social. Por el momento, no nos concierne el hecho de que aun ese individuo solitario, suponiendo que haya sido formado como un yo (como sería el caso del que construye la canoa con ramas) habitúa su acción de acuerdo con la experiencia biográfica de un mundo de instituciones sociales anterior a su soledad. Empíricamente, la parte más importante de la habituación de la actividad humana se desarrolla en la misma medida que su institucionalización. La cuestión es, por tanto, saber cómo surgen las instituciones.
18 Gehlen se refiere a este punto en sus conceptos de Triebüwicfiujs y Entlastung. 19 Gehlen se refiere a este punto en su concepto de Hintergrundserfüllung. 80 El concepto de la definición de la situación fue elaborado PW W. I. Thomas y desarrollado a través de su obra sociológica.
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La institucionalización aparece cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones habitualizadas por tipos de actores. Dicho en otra forma, toda tipificación de esa clase es una institución 21 . Lo que hay que destacar es la reciprocidad de las tipificaciones institucionales y la tipicalidad no solo de las acciones sino también de los actores en las instituciones. Las tipificaciones de las acciones habitualizadas que constituyen las instituciones, siempre se comparten, son accesibles a todos los integrantes de un determinado ?rupo social, v la institución misma tipifica tanto a los actores individuales como a las acciones individuales. La institución establece que las acciones del tipo X sean realizadas por actores del tipo X. Por ejemplo, la institución de la ley establece que las cabezas se corten de maneras especificas en circunstancias específicas, y que las corten tipos específicos de individuos (por ejemplo, verdugos, o miembros de una casta impura, o vírgenes de una edad determinada, o los que hayan sido designados por un oráculo). Asimismo, las instituciones implican historicidad y control. Las tipificaciones reciprocas de acciones se construyen en el curso de una historia compartida: no pueden crearse en un instante. Las instituciones siempre tienen una historia, de la cual son productos. Es imposible comprender adecuadamente qué es una institución, si no se comprende el proceso histórico en que se produjo. Las instituciones, por el hecho mismo de existir, también controlan el comportamiento humano estableciendo pautas definidas de antemano que lo canalizan en una dirección determinada, en oposición a las muchas otras que podrían darse teóricamente. Importa destacar que este carácter controlador es inherente a la institucionalización en cuanto tal, previo o aislado de cualquier mecanismo de sanción establecido específicamente para sostén de una institución. Estos mecanismos (cuya suma constituye lo que en general se denomina sistema de control social) existen, por supuesto, en muchas instituciones
21 Nos damos cuenta de que este concepto de institución es má; amplio que el que prevalece en la sociología contemporánea. Pensamos que este concepto más amplio resulta útil para uranálisis comprensivo de los procesos sociales básicos. Sobre control social, cf. Friedrich Tenbruck, "Soziale Kontrolle", en Staatslexikon der Goerres-Geselhchaft (1962) y Heinrich Popitz, "Soziale Normen", en European Journal of Sociology.
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y en todos los conglomerados de instituciones que llamamos sociedades. Su eficacia controladora. no obstante, es de índole secundaria o suplementaria. Como volveremos a ver más adelante, el control social primordial ya se da de por sí en la vida de la institución en cuanto tal. Decir que un sector de actividad humana se ha institucionalizado va es decir que ha sido sometido al control social. Solamente se requieren mecanismos de control adicionales cuando los procesos de institucionalización no llegan a cumplirse cabalmente. Así. por ejemplo, la ley puede disponer que a cualquiera que viole el tabú del incesto se le corte la cabeza, disposición que puede ser necesaria por haberse producido casos de individuos que no respetaron el tabú. No es probable que esta sanción tenga que invocarse constantemente (a menos que la institución esbozada por el tabú del incesto esté a su vez en proceso de desintegración, un caso especial que no necesitamos profundizar aquí). Por lo tanto, casi es un absurdo decir que la sexualidad humana se controla socialmente decapitando a ciertos individuos; más bien, la sexualidad humana se controla socialmente por su institucionalización en el curso de la historia particular de que se trate. Puede agregarse, por supuesto, que el tabú del incesto en sí mismo no es más que el aspecto negativo de un conjunto de tipificaciones, que deslindan en primer lugar el comportamiento sexual incestuoso del que no lo es. En la experiencia concreta las instituciones se manifiestan generalmente en colectividades que abarcan grandes cantidades de gente. Empero, tiene importancia teórica acentuar que el proceso institucionalizador de tipificación recíproca se realizaría aun cuando dos individuos empezaran a mteractuar de novo. La institucionalización es algo incipiente en toda situación social que se continúe en el tiempo. Supongamos que dos personas provenientes de mundos sociales Completamente distintos empezaran a interactuar. Al decir "personas" presuponemos que los dos individuos tienen ya formados sus yo, lo que solo podría haber ocurrido, por Impuesto, en un proceso social. De esta manera estamos descartando por el momento el caso de Adán y Eva, o el de fe» dos niños en "estado salvaje" que se encuentran en el <5aro de una selva primitiva. Pero supongamos que los dos 8*dividuos llegan a su lugar de reunión desde mundos socales que se han producido históricamente por segregación 77
el uno del otro, y que por lo tanto la interacción se produce en una situación que no ha sido definida institucionalmente para ninguno de los participantes. Resulta posible imaginar que un Viernes * se une a nuestro constructor de canoas en su isla desierta, y que el primero es un papua y el segundo un norteamericano. Sin embargo, en ese caso es probable que el norteamericano haya leído o por lo menos oído hablar de la historia de Robinson Crusoe, lo que en cierta medida significa pre-definir la situación, al menos para él. Llamemos pues a estas dos personas sencillamente A y B. Cuando A v B interactúen, como quiera que lo hagan, se producirán tipificaciones con suma rapidez. A observará actuar a B. Atribuirá motivos a los actos de B y, viendo que se repiten, tipificará los motivos como recurrentes. Mientras B siga actuando, A pronto estará en condiciones de decirse: "Aja, ya vuelve a empezar". Al mismo tiempo, A podrá suponer que B está haciendo lo mismo con respecto a él. Desde un principio, tanto A como B supondrán esta reciprocidad en la tipificación. En el curso de sil interacción, estas tipificaciones se expresarán en pautas específicas de comportamiento; o sea, que A y B empezarán a desempeñar "roles" vis-a-vis uno del otro, lo que ocurrirá aun cuando cada uno siga ejecutando actos diferentes de los del otro. La posibilidad de asumir el "rol" del otro surgirá con respecto a las mismas acciones realizadas por ambos. Vale decir que A se apropiará interiormente de los "roles" reiterados de B y los tomará como modelo para el desempeño de los suyos propios. Por ejemplo, el "rol" de B en la actividad de preparar alimentos no solo está tipificado en cuanto tal por A, sino que también interviene como elemento constitutivo de su propio "rol" en la misma actividad. De esa manera, surgirá una colección de acciones tipificadas recíprocamente, que cada uno habitualizará en papeles o "roles", algunos de los cuales se desempeñarán separadamente y otros en común 22. Si bien esta tipificación
* Alusión al servidor indígena de Robinson Crusoe en novela de Defoe. (N. del T.) 22 La frase "asumir el «rol» del otro" se ha tomado Usamos aquí el paradigma de socialización de Mead y lo a los problemas más vaslos de la institucionalización. mentación combina rasgos claves de los enfoques tanto como de Gehlen. la famosa de Mead aplicamos La argude Mead
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recíproca todavía no llega a ser una institucionalización (puesto que al haber solo dos individuos no hay posibilidad de una tipología de los actuantes1). es evidente que la institucionalización ya está presente in núcleo. En este punto es posible preguntarse qué ventaja reporta dicho proceso a los dos individuos. Lo más importante es que cada uno estará en condiciones de prever las acciones del otro. De manera concomitante, la interacción de ambos llegará a ser previsible. La frase "Ya vuelve a empezar" se convertirá en "Ya volvemos a empezar", lo que aliviará a los dos individuos de gran parte de tensión; ahorrará tiempo y esfuerzos, no solo en cualquiera de las tareas externas a que podrían dedicarse juntos o separadamente, sino también en lo que respecta a sus respectivas economías psicológicas. La vida que llevan juntos se define ahora por una esfera de rutinas establecidas cada vez más amplia. Muchas acciones se hacen posibles a un nivel bajo de atención. Cada acción que realiza uno de ellos ya no constituye una fuente de asombro y peligro en potencia para el otro. En cambio, mucho de lo que ocurre asume el carácter trivial de lo que, para ambos, será la vida cotidiana. Esto significa que los dos individuos están construyendo un trasfondo en el sentido ya mencionado, que les servirá para estabilizar sus acciones separadas y su interacción. La construcción de este trasfondo de rutina posibilita a su vez la división del trabajo entre ambos, abriendo una vía a las innovaciones, que exigen un nivel de atención más elevado. La división del trabajo y las innovaciones llevarán a nuevas habituaciones, ampliando más el trasfondo común a ambos individuos. En otras palabras, estará en vía de construcción un mundo social que contendrá en su interior las raíces de un orden institucional en expansión. Generalmente todas las acciones que se repiten una o más veces tienden a habitualizarse en cierto grado, así como todas las acciones observadas por otro entrañan necesariamente cierta tipificación por parte de éste. Sin embargo, para que se produzca la clase de tipificación recíproca que acabamos de describir, debe existir una situación social continua en la que las acciones habitualizadas de dos o más individuos se entrelacen. ¿Qué acciones tenderán a esta tipificación recíproca? En general, aquellas acciones que incumben tanto a A 79
como a B dentro de su situación común. Las zonas que de esta manera probablemente resulten relevantes variarán, por supuesto, en las diferentes situaciones. Algunas serán las que A y B encaren en términos de sus biografías previas; otras tal vez sean resultado de las circunstancias naturales, pie sociales, de la situación. En todos los casos tendrá que habitualizarse el proceso de comunicación entre A y B. El trabajo, la sexualidad y la territorialidad son otros focos probables de tipificación y habituación. En estas diversas zonas, la situación de A y B resulta un paradigma de la institucionalización que se produce en las sociedades más grandes. Llevemos nuestro paradigma un paso más adelante e imaginemos que A y B tienen hijos. A esta altura la situación cambia cualitativamente. La aparición de un tercero cambia el carácter de la continua interacción social entre A y B, y cambiará aún más a medida que se agreguen más individuos 23. El mundo institucional, que existía in statu nascendi en la situación original de A y B, ahora se transmite a otros. En este proceso la institucionalización se perfecciona. Las habituaciones y tipificaciones emprendidas en la vida común de A y B, formaciones que hasta este momento aún conservaban la cualidad de concepciones ad hoc de dos individuos, se convierten ahora en instituciones históricas. Al adquirir historicidad, estas formaciones adquieren también otra cualidad crucial, o, más exactamente, perfeccionan una cualidad que existía en germen desde que A y B iniciaron la tipificación recíproca de su comportamiento: la objetividad. Esto significa que las instituciones que ahora han cristalizado (por ejemplo, la paternidad, tal como se presenta a los hijos) se experimentan como existentes por encima y más allá de los individuos a quienes "acaece" encarnarlas en ese momento. En otras palabras, las instituciones se experimentan ahora como si poseyeran una realidad propia, que se presenta al individuo como un hecho externo y coercitivo 2*.
23 El análisis de Simmel respecto de la expansión de la diada a la tríada es importante con relación a este punto. La argumentación siguiente combina las concepciones de Simmel y Durkheim sobre la objetividad de la realidad social. 24 En términos de Durkheim, esto significa que, con la expansic' de la diada en tríada y más allá, las formaciones originales s-
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En tanto las instituciones nacientes se constriñen y subsisten solo en la interacción de A y B. su objetividad se mantiene tenue, fácilmente cambiable, casi caprichosa, aun cuando alcancen cierto erado de objetividad por el mero hecho de su formación. Dicho de otra manera, el trasfondo de rutina de la actividad de A y B sigue siendo más o menos accesible a la intervención deliberada de los dos. Aunque las rutinas, una vez establecidas, comportan una tendencia a persistir, siempre existe en la conciencia la posibilidad de cambiarlas o abolirías. A y B son los únicos responsables de haber construido este mundo: también ellos siguen siendo capaces de cambiarlo o abolido. Más aún: puesto que ellos son quienes han plasmado ese mundo en el curso de una biografía compartida que pueden recordar, el mundo así plasmado les resulta transparente; comprenden el mundo que ellos mismos han construido. Pero todo esto se altera en el proceso de transmisión a la nueva generación. La objetividad del mundo institucional "se espesa" y "se endurece", no solo para los hijos, sino (por efecto reflejo) también para los padres. El "Ya volvemos a empezar" se transforma en "Así se hacen estas cosas". Un mundo visto de ese modo ]ogra firmeza en la conciencia; se vuelve real de una manera aun más masiva y ya no puede cambiarse tan fácilmente. Para los hijos, especialmente en la primera fase de su socialización, se convierte 7:n el mundo; para los padres, pierde su carácter caprichoso y se vuelve "serio". Para los hijos, el mundo que les han transmitido sus padres no resulta transparente del todo; puesto que no participaron en su formación, se les aparece como una realidad dada que, al igual que la naturaleza, es opaca al menos en algunas partes. Una vez llegados a este punto ya es posible hablar, en cierta manera, de un mundo social en el sentido de una realidad amplia y dada que enfrenta al individuo de modo análogo a la realidad del mundo natural. Solamente así, como mundo objetivo, pueden las formaciones sociales transmitirse a la nueva generación. En las primeras fases de socialización el niño es totalmente incapaz de distinguir entre la objetividad de los fenómenos naturales y la de las
vuelven "hechos sociales" genuinos, o sea que alcanzan (coseidad). choséité
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formaciones sociales2B. Si consideramos el factor más importante de socialización, el lenguaje, vemos que para el niño aparece como inherente a la naturaleza de las cosas y no puede captar la noción de su convencionalismo. Una cosa es como se la llama, y no podría llamársela de otra manera. Todas las instituciones aparecen en la misma forma, como dadas, inalterables y evidentes por sí mismas. Aun en nuestro ejemplo empíricamente improbable de los padres que hubiesen construido un mundo institucional de novo, la obietividad de ese mundo aumentará para ellos por la socialización de sus hijos, ya que la objetividad experimentada por los hijos volvería a reflejarse sobre su propia experiencia de este mundo. Empíricamente, por supuesto, el mundo institucional transmitido por la mayoría de los padres ya posee el carácter de realidad histórica y objetiva. El proceso de transmisión no hace más que fortalecer el sentido de la realidad de los padres, aunque más no sea porque —expresado toscamente— si digo: "Así se hacen estas cosas", muy a menudo yo mismo me convenzo de ello 26. Un mundo institucional, pues, se experimenta como realidad objetiva, tiene una historia que antecede al nacimiento del individuo y no es accesible a su memoria biográfica. Ya existía antes de que él naciera, y existirá después de su muerte. Esta historia de por sí, como tradición de las instituciones existentes, tiene un carácter de objetividad. La biografía del individuo se aprehende como un episodio ubicado dentro de la historia objetiva de la sociedad. Las instituciones, en cuanto facticidades históricas y objetivas, se enfrentan al individuo como hechos innegables. Las instituciones están ahí, fuera de él, persistentes en su realidad, quiéralo o no: no puede hacerlas desaparecer a voluntad. Resisten a todo intento de cambio o evasión; ejercen sobre él un poder de coacción, tanto de por sí, por la fuerza pura de su facticidad, como por medio de los mecanismos de control habitualmente anexos a las más importantes. La realidad objetiva de las instituciones no disminuye si el
25 El concepto del "realismo" infantil de Jean Piaget puede servir de comparación en este lugar. 26 Para un análisis de este proceso en la familia contemporánea, cf. Peter L. Berger y Hansfried Kellner, "Marriage and the Construction of Reality", en Diógenes, 46 (1964), pp. 1 y sigs.
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individuo no comprende el propósito o el modo de operar de aquéllas. Por experiencia, grandes sectores del mundo social pueden resultarle incomprensibles, quizá oprimentes en su opacidad, pero siempre reales. Dado que las instituciones existen como realidad externa, el individuo no puede comprenderlas por introspección: debe "salir" a conocerlas. asi como debe aprender a conocer la naturaleza. Esto sigue siendo válido, aunque el mundo social, como realidad de producción humana, sea potencialmente comprensible como no puede serlo el mundo natural 2T. Tiene importancia retener que la objetividad del mundo institucional, por masiva que pueda parecerle al individuo. es una objetividad de producción y construcción humanas. El proceso por el que los productos externalizados de la actividad humana alcanzan el carácter de objetividad se llama objetivación 2 S . El mundo institucional es actividad humana objetivada, así como lo es cada institución de por sí. En otras palabras, a pesar de la objetividad que caracteriza al mundo social en la experiencia humana, no por eso adquiere un status ontológico separado de la actividad humana que la produjo. Más adelante nos ocuparemos de la paradoja que consiste en que el hombre sea capaz de producir un mundo que luego ha de experimentarse como algo distinto de un producto humano. Por el momento es importante destacar que la relación entre el hombre, productor, y el mundo social, su producto, es y sigue siendo dialéctica. Vale decir, que el hombre (no aislado, por supuesto, sino en sus colectividades) y su mundo social interactúan. El producto vuelve a actuar sobre el productor. La externalización y la objetivación son momentos de u n proceso dialéctico continuo. El tercer momento de este proceso, que es la internalización (por la que el mundo social objetivado vuelve a proyectarse en la conciencia durante la socialización) lo trataremos en detalle más adelante. Con
y
La descripción precedente sigue de cerca el análisis de la realidad social de Durkheim, pero no contradice la concepción de Weber sobre el carácter significativo de la sociedad. Dado que la realidad social siempre se origina en acciones humanas significativas, sigue teniendo significado aun cuando resulte opaca para el individuo en un momento dado. El original puede reconstruirse, justamente por medio de lo que Weber llamó Verstehen. 28 El término "objetivación" se deriva del Versachlichung hegeliano/marxista. 83
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todo, va es posible advertir la relación fundamental de estos tres momentos dialécticos de la realidad social. Cada uno de ellos corresponde a una caracterización esencial del mundo social. La sociedad es un producto humano. La sociedad es una realidad objetiva. El hombre es un producto social. Tal vez ya sea también evidente que un análisis del mundo social que omita cualquiera de esos tres momentos resultará distorsionado 29 . Podría agregarse que solo con la transmisión del mundo social a una nueva generación (o sea, la internalización según se efectúa en la socialización) aparece verdaderamente la dialéctica social fundamental en su totalidad. Repetirnos, solo al aparecer una nueva generación puede hablarse con propiedad de un mundo social. También al llegar a este punto el mundo institucional requiere legitimación, o sea, modos con que poder "explicarse" y justificarse. Esto no es porque parezca menos real. Como ya hemos visto, la realidad del mundo social adquiere mayor masividad en el curso de su transmisión. Esta realidad, empero, es histórica y la nueva generación la recibe como tradición más que como recuerdo biográfico. En nuestro ejemplo paradigmático, A y B, creadores originales del mundo social, pueden siempre reconstruir las circunstancias en las que se estableció su mundo y cualquiera de las partes de éste. Vale decir, que pueden alcanzar el significado de una institución ejerciendo su capacidad de rememoración. Los hijos de A y B se hallan en una situación completamente distinta. El conocimiento que tienen de la historia institucional es "de oídas"; el significado original de la institución les resulta inaccesible por la memoria. Por lo tanto, se vuelve necesario explicarles dicho significado mediante diversas fórmulas de legitimación, que deberán ser coherentes y amplias en términos del orden institucional, si pretenden llevar la convicción a las nuevas generaciones.
29 La sociología norteamericana contemporánea tiende hacia la omisión del primer momento. Su perspectiva de la sociedad tiende, pues, a ser lo que Marx llamó reificación (Verdinglichung), es decir, una distorsión no dialéctica de la realidad social que obscurece el carácter de esta última como producción humana continua, considerándola, en cambio, en categorías cosificadas, apropiadas sólo para el mundo de la naturaleza. El hecho de que la deshumanización implícita en esto sea mitigada por valore» que derivan de la tradición global de la sociedad, constituye, es de presumir, una suerte moralmente, pero no tiene atingencia teórica.
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Podría decirse que a todos los niños debe contárseles la misma historia. Se sigue que el orden institucional en expansión elabora una cubierta correlativa de legitimaciones, extendiendo sobre ella una capa protectora de interpretación tanto cognoscitiva como normativa. Estas legitimaciones son aprendidas por las nuevas generaciones durante el mismo proceso que las socializa dentro del orden institucional. Más adelante volveremos sobre este punto con más detalle. Con la historización y objetivación de las instituciones también surge la necesidad de desarrollar mecanismos específicos de controles sociales. Una vez que las instituciones han llegado a ser realidades divorciadas de su relevancia originaria en los problemas sociales concretos de los cuales surgieron, hay probabilidades de que se desvíen de los cursos de acción "programados" institucionalmente. Dicho en forma más sencilla, es más probable que uno se desvíe de programas fijados por otros, que de los que uno mismo ha contribuido a establecer. La nueva generación plantea un problema de acatamiento y su socialización, dentro del orden institucional, requiere que se establezcan sanciones. Las instituciones invocan y deben invocar autoridad sobre el individuo, con independencia de los significados subjetivos que aquél pueda atribuir a cualquier situación particular. Debe mantenerse constantemente la prioridad de las definiciones institucionales de situaciones, por sobre los intentos individuales de nuevas definiciones. Hay que enseñar a los niños a "comportarse" y, después, obligarlos a "andar derecho". Y, por supuesto, lo mismo hay que hacer con los adultos. Cuanto más se institucionaliza el comportamiento, más previsible y, por ende, más controlado se vuelve. Si la socialización dentro de las instituciones se logra eficazmente, pueden aplicarse medidas coercitivas con parquedad y selectivamente. Las más de las veces el comportamiento se encauzará "espontáneamente" a través de los canales fijados por las instituciones. Cuanto más se dé por establecido el comportamiento en el plano del significado, tanto más se reducirán las alternativas posibles a los "programas" institucionales, y tanto más previsible y controlado será el comportamiento. En principio, la institucionalización puede producirse en «oalquier zona de comportamiento de relevancia colectiva. De hecho los conjuntos de procesos de institucionalización 85
se producen concurrentemente. No existe razón a priori paia suponer que estos procesos tiendan a una necesaria "cohesión" funcional, y mucho menos a una sistemática coherencia lógica. Volviendo una vez más a nuestro ejemplo paradigmático y alterando levemente la situación ficticia, supongamos esta vez, no una familia en formación de padres e hijos, sino un inquietante triángulo formado por un hombre A, una mujer bisexual B y una lesbiana C No es necesario insistir en que las relevancias sexuales de estos tres individuos no coincidirán. La relevancia mutua A-B no será compartida por C. Las habituaciones engendradas como resultado de la relevancia A-B no tienen por qué relacionarse con las engendradas por las relevancias mutuas B-C y C-A. Después de todo, no hay razón para que dos procesos de habituación erótica, uno heterosexual y el otro lesbiano, no puedan producirse paralelamente sin integración funcional entre sí, o en una tercera habituación basada en un interés compartido; por ejemplo, el cultivo de flores (o cualquier otra iniciativa que pudiera atañer conjuntamente a un varón heterosexual y una lesbiana, activos). En otras palabras, pueden producirse tres procesos de habituación o institucionalización incipiente, sin que se integren funcional o lógicamente como fenómenos sociales. Igual razonamiento cabe en el caso de que A, B y C se planteen como colectividades más que como individuos, sin tener en cuenta el contenido que podrían tener sus relevancias mutuas. Asimismo la integración funcional o lógica no puede suponerse a priori cuando los procesos de habituación o de institucionalización se limitan a los mismos individuos o colectividades, más que a los casos aislados de nuestro ejemplo. Sin embargo, queda en pie el hecho empírico de que las instituciones tienden verdaderamente a la "cohesión". Si este fenómeno no ha de tomarse por establecido, es preciso explicarlo. ¿Cómo hacer? En primer lugar, podemos argumentar que algunas relevancias serán comunes a todos los integrantes de una colectividad. Por otra parte, muchas áreas de comportamiento serán relevantes solo para ciertos tipos. Esto entraña una diferenciación incipiente, al menos para la manera en que a estos tipos se les asigna cierto significado relativamente estable, hecho que puede basarse en diferencias pre-sociales, como el sexo, por ejemplo, o en diferencias 86
producidas en el curso de la interacción social, como las que engendra la división del trabajo. Por ejemplo, los ritos de r ertilidad pueden incumbir solo a las mujeres, y solamente los cazadores pueden dedicarse a pintar en las cavernas, o solo los ancianos pueden practicar el rito para impetrar lluvias y solo los fabricantes de armas pueden dormir con sus primas por parte de madre. En términos de su funcionalidad externa, estas diversas áreas de comportamiento no tienen por qué integrarse en un solo sistema coherente; pueden seguir coexistiendo sobre la base de realizaciones separadas. Pero, si bien las realizaciones pueden separarse, los significados tienden por lo menos a un mínimo de cohesión. Cuando el individuo reflexiona sobre los momentos sucesivos de su experiencia, tiende a encajar sus significados dentro de una estructura biográfica coherente. Esta tendencia va en aumento a medida que el individuo comparte sus significados y su integración biográfica con otros. Es posible que esta tendencia a integrar significados responda a una necesidad psicológica (o sea, que tal vez en la constitución psicofisiológica del hombre exista una "necesidad" implícita de cohesión). Como quiera que sea, nuestra argumentación no descansa en esas suposiciones antropológicas, sino más bien en el análisis de la reciprocidad significativa en procesos de institucionalización. Se sigue que es preciso tener gran cuidado al formular cualquier afirmación sobre la "lógica" de las instituciones. La lógica no reside en las instituciones y sus funcionalidades externas, sino en la manera como éstas son tratadas cuando se reflexiona sobre ellas. Dicho de otro modo, la conciencia reflexiva superpone la lógica al orden institucional 30 . El lenguaje proporciona la superposición fundamental de la lógica al mundo social objetivado. Sobre el lenguaje se construye el edificio de la legitimación, utilizándolo como instrumento principal. La "lógica" que así se atribuye al orden institucional es parte del acopio de conocimiento sociaimente disponible y que, como tal, se da por establecido. Dado que el individuo bien socializado "sabe" que su mundo
30 Aquí es atingente el análisis de la "lógica" de las instituciones hecho por Pareto. Friedrich Tenbruck, op. cit., anota una observación similar a la nuestra. Él también insiste en que la "tendencia hacia la consistencia" radica en el carácter significativo de la acción humana.
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social es un conjunto coherente, se verá obligado a explicar su buen o su mal funcionamiento en términos de dicho ''conocimiento''. En consecuencia, 1 resulta muy fácil al obser> vador de toda sociedad presumir que sus instituciones funcionan v se integran verdaderamente según "se supone" 31. Las instituciones, pues, se integran de jacto. Pero su integración no es un imperativo funcional para los procesos sociales que las producen, sino que más bien se efectúa por derivación. Los individuos realizan arciones institucionalizadas aisladas dentro del contexto de su biografía. Esta biografía es un todo meditado en el que las acciones discontinuas se piensan, no como hechos aislados sino como partes conexas de un universo subjetivamente significativo cuyos significados no son específicos para el individuo, sino que están articulados y se comparten socialmente. Solo por la vía de este rodeo de los universos de significado socialmente compartidos llegamos a la necesidad de una integración institucional. Lo que antecede tiene inferencias de gran alcance para cualquier análisis de los fenómenos sociales. Si la integración de un orden institucional puede entenderse solo en términos del "conocimiento" que sus miembros tienen de él, sigúese de ello que el análisis de dicho "conocimiento" será esencial para el análisis del orden institucional en cuestión. Importa destacar que esto no entraña una preocupación exclusiva (y tampoco principal) acerca de complejos sistemas teóricos que sirvan para legitimar el orden institucional. Las teorías también deben tenerse en cuenta, por supuesto; pero el conocimiento teórico es solo una parte pequeña, y en modo alguno la más importante, de lo que una sociedad toma por conocimiento. En determinados momentos de una historia institucional surgen legitimaciones teóricamente artificiosas. El conocimiento primario con respecto al orden institucional se sitúa en el plano pre-teórico: es la suma total de lo que "todos saben" sobre un mundo social, un conjunto de máximas, moralejas, granitos de sabiduría proverbial, valores y creencias, mitos, etc., cuya integración teórica exige de por
S1 Aquí, por supuesto, radica la falla fundamental de toda sociología orientada hacia el funcionalismo. Para una excelente crítica de este punto, cf. el debate de la sociedad Bororo en Claude Lévi-Strauss, Tristes tropiquts (Nueva York, Atheneum, 1964), pp. 183 y sigs.
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sí una gran fortaleza intelectual, como lo atestigua la extensa nómina de heroicos integradores desde Homero hasta los más recientes constructores de sistemas sociológicos. A nivel pre-teórico, sin embarco, toda institución posee un cuerpo de conocimiento de receta transmitido, o sea. un conocimiento que provee las reglas de comportamiento institucionalmente apropiadas 32 . Esta clase de conocimiento constituye la dinámica motivadora del comportamiento institucionalizado, define las áreas institucionalizadas del comportamiento y designa todas las situaciones que en ellas caben. Define y construye los "roles" que han de desempeñarse en el contexto de las instituciones mencionadas e, ipso {acto, controla y prevé todos esos comportamientos. Dado que dicho conocimiento se objetiva socialmente como tal, o sea, como un cuerpo de verdades válidas en general acerca de la realidad, cualquier desviación radical que se aparte del orden institucional aparece como una desviación de la realidad, y puede llamársela depravación moral, enfermedad mental, o ignorancia a secas. Si bien estas distinciones sutiles gravitarán, como es obvio, en el tratamiento del desviado, comparten todas un status cognoscitivo inferior dentro del mundo social particular, que de esta manera se convierte en el mundo tout court. Lo que en la sociedad se da por establecido como conocimiento, llega a ser simultáneo con lo cognoscible, o en todo caso proporciona la armazón dentro de la cual todo lo que aún no se conoce llegará a conocerse en el futuro. Éste es el conocimiento que se aprende en el curso de la socialización y que mediatiza la internalización dentro de la conciencia individual de las estructuras objetivadas del mundo social. En este sentido, el conocimiento se halla en el corazón de la dialéctica fundamental de la sociedad: "programa" los canales en los que la externalización produce un mundo objetivo; objetiviza este mundo a través del lenguaje y del aparato cognoscitivo basado en el lenguaje, vale decir, lo ordena en objetos que han de aprehenderse como realidad 33. Se internaliza de nuevo como verdad objetivamente válida en el curso de la socialización. El conocimiento rela32 La expresión "conocimiento de receta" se ha tomado de Schutz. . 3 3 El término "objetivización" deriva del Vergegenstandlichung hegeliano.
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tivo a la sociedad es pues una realización en el doble sentido de la palabra: como aprehensión de la realidad social objetiva y como producción continua de esta realidad. Por ejemplo, en el curso de la división del trabajo se forma un cuerpo de conocimiento referido a la actividad particular de que se trata. En su base lingüística, este conocimiento ya es indispensable para la "programación" institucional de esas actividades económicas. Existirá, por ejemplo, un vocabulario para designar las diversas maneras de cazar, las armas que se emplean, los animales que se pueden cazar, v demás. Habrá también una serie de recetas que aprender si se quiere cazar correctamente. Este conocimiento sirve como fuerza canalizadora y controladora de por sí, ingrediente indispensable de la institucionalización de esta área de conducta. Como la institución de la caza se cristaliza y persiste en el tiempo, ese mismo cuerpo de conocimiento sirve como descripción objetiva (y dicho sea de paso, verif¡cable empíricamente) de aquélla. Mediante este conocimiento se objetiva todo un sector del mundo social. Habrá una "ciencia" objetiva de la caza que corresponde a la realidad objetiva de la economía cinegética. No necesitamos detallar que "verificación empírica" y "ciencia" no se entienden aquí en el sentido de cánones científicos modernos, sino más bien en el de conocimientos confirmados por la experiencia y que en lo sucesivo pueden organizarse sistemáticamente como cuerpo de conocimiento. A su vez este mismo cuerpo de conocimiento se transmite a la generación inmediata, se aprende como verdad objetiva en el curso de la socialización y de ese modo se internaliza como realidad subjetiva. A su vez esta realidad puede formar al individuo. Producirá un tipo específico de persona, llamado el cazador, cuya identidad y biografía como tal tienen significado solamente en un universo constituido por el ya mencionado cuerpo de conocimiento como un todo (digamos, en una sociedad de cazadores), o parcialmente (digamos, en nuestra propia sociedad, en la que los cazadores se reúnen en un subuniverso propio). En otras palabras, no puede existir ninguna parte de la institucionalización de la caza sin el conocimiento particular producido socialmente y objetivado con referencia a esta actividad. Cazar y ser cazador implica existir en un mundo social definido.y controlado por dicho cuerpo de conocimiento. Mu90
tatis mutandis, lo mismo es aplicable a cualquier área de comportamiento institucionalizado. c) Sedimentación y tradición. La conciencia retiene solamente una pequeña parte de la totalidad de las experiencias humanas, parte que una vez retenida se sedimenta, vale decir, que esas experiencias quedan estereotipadas en el recuerdo como entidades reconocibles y memorables34. Si esa sedimentación no se produjese, el individuo no podría hallar sentido a su biografia. También se produce una sedimentación intersubjetiva cuando varios individuos comparten una biografía común, cuyas experiencias se incorporan a un depósito común de conocimiento. La sedimentación intersubjetiva puede llamarse verdaderamente social solo cuando se ha objetivado en cualquier sistema de signos, o sea, cuando surge la posibilidad de objetivizaciones reiteradas de las experiencias compartidas. Solo entonces hay probabilidad de que esas experiencias se transmitan de una generación a otra, y de una colectividad a otra. En teoría, la actividad común, sin un sistema de signos, podría servir como base para ¡a transmisión; empíricamente, esto es improbable. Un sistema de signos objetivamente accesible otorga un status de anonimato incipiente a las experiencias sedimentadas al separarlas de su contexto originario de biografías individuales concretas y volverlas accesibles en general a todos los que comparten, o pueden compartir en lo futuro, el sistema de signos en cuestión. De esta manera las experiencias se vuelven transmisibles con facilidad. En principio, cualquier sistema de signos podría servir, pero normalmente el decisivo es el lingüístico. El lenguaje objetiva las experiencias compartidas y las hace accesibles a todos los que pertenecen a la misma comunidad lingüística, con lo que se convierte en base e instrumento del acopio colectivo de conocimiento. Además, el lenguaje aporta los medios de objetivizar nuevas experiencias, permitiendo que se incorporen al acopio de conocimiento ya existente, y es el medio más importante para transmitir las sedimentaciones
34 El término "sedimentación" deriva de Edmund Husserl. Schutz fue el primero que lo usó en un contexto sociológico.
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objetivadas y objetivizadas en la tradición de la colectividad de que se trate. Por ejemplo, solo unos pocos, entre los integrantes de una sociedad de cazadores, han pasado por la experiencia de perder sus armas y tener que luchar con un animal salvaje a mano limpia. Esta experiencia terrible, con todo lo que tiene de aleccionadora en cuanto a valentía, astucia y habilidad, ha quedado firmemente sedimentada en la conciencia de los individuos que la vivieron. Si la experiencia es compartida por varios individuos, quedará sedimentada intersubjetivamente y tal vez establezca un firme lazo de unión entre ellos. Como quiera que sea. esta experiencia se designa y transmite lingüísticamente, por lo que se vuelve accesible y quizás de gran relevancia para individuos que jamás la vivieron. La designación lingüística (que en una sociedad de cazadores podemos imaginar muy precisa y elaborada, ciertamente, como por ejemplo, "gran matanza de un rinoceronte macho, por un solo cazador, con una mano", "gran matanza de un rinoceronte hembra, por un solo cazador, con ambas manos", etc.) abstrae la experiencia de sus incidentes biográficos individuales, para convertirla en una posibilidad objetiva al alcance de todos, o por lo menos de todos los comprendidos dentro de un cierto tipo (digamos, cazadores veteranos) ; vale decir que tal experiencia se vuelve anónima en principio, aun cuando siga asociada a las hazañas de individuos específicos. Hasta puede resultar relevante de manera derivada, aun para aquellos que no prevén esa experiencia en su propia biografía futura (por ejemplo, las mujeres, a quienes se les prohibe la caza, pero a las que les atañe por derivación al estar referida a las condiciones deseables en un futuro marida). De cualquier modo, forma parte del acopio común de conocimiento. La objetivización de la experiencia en el lenguaje (esto es, su transformación en un objeto de conocimiento accesible en general) permite entonces su incorporación a un cuerpo más vasto de tradición por vía de la instrucción moral, la poesía inspiradora, la alegoría religiosa, y otras cosas. Tanto la experiencia en el sentido más estricto como su apéndice de significaciones más amplias pueden entonces enseñarse a cada nueva generación, o aun difundirse dentro de una colectividad totalmente distinta (digamos, una sociedad agrícola, que tal vez le atribuya significados muy diferentes). 92
El lenguaje se convierte en depositario de una gran suma de sedimentaciones colectivas, que puede adquirirse monotéticamente, o sea, como conjuntos cohesivos y sin reconstruir su proceso original de formación M . Dado que el origen real de las sedimentaciones ha perdido importancia, la tradición podría inventar un origen muy diferente sin que ello significase una amenaza para lo ya objetivado. En otras palabras, las legitimaciones pueden sucederse unas a otras, otorgando de tanto en tanto nuevos significados a las experiencias sedimentadas de esa colectividad. La historia pasada de la sociedad puede volver a interpretarse sin que eso implique como consecuencia necesaria subvertir el orden institucional. Por ejemplo, en el caso antes citado, la "gran matanza" puede llegar a legitimarse como hazaña de personajes divinos y toda repetición humana de ella como imitación del prototipo mitológico. Este proceso subyace ante todas las sedimentaciones objetivadas, no solo las acciones institucionalizadas. Puede referirse, por ejemplo, a la transmisión de tipificaciones de otros individuos, que no atañen directamente a las instituciones específicas. Por ejemplo, otros son tipificados como "altos" o "bajos", "gordos" o "flacos", "vivaces" o "aburridos", sin que estas tipificaciones lleven apareada ninguna implicación institucional en particular. El proceso se aplica también, por supuesto, a la transmisión de significados sedimentados que respondan a las especificaciones dadas anteriormente para las instituciones. La transmisión del significado de una institución se basa en el reconocimiento social de aquélla como solución "permanente" a un problema "permanente" de una colectividad dada. Por lo tanto, los actores potenciales de acciones institucionalizadas deben enterarse sistemáticamente de estos significados, lo cual requiere una cierta forma de proceso "educativo". Los significados institucionales deben grabarse poderosa e indeleblemente en la conciencia del individuo. Puesto que los seres humanos suelen ser indolentes y olvidadizos, deben existir también procedimientos para que dichos significados se machaquen y se recuerden reiteradamente, si fuese necesario, por medios coercitivos y por lo general desagradables.
35 Esto es lo que indica la expresión "adquisición monotética", de Husserl. También Schutz la usó ampliamente.
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Además, dado que los seres ¡mínanos sueten sv torpes., los significados institucionales tienden a simplificarse en el proceso de transmisión, de manera que la serie dada de "fórmulas" institucionales puede ser aprendida y memorizada prontamente por las generaciones sucesivas. El carácter de "fórmula" que tengan los significados institucionales asegurará su memorización. Vemos aquí, al nivel de los significados sedimentarios, los mismos procesos de rutinización y trivialización que va observamos al estudiar la institucionalización. Asimismo la forma estilizada en que los hechos heroicos entran en una tradición constituye un ejemplo provechoso. Los significados objetivados de la actividad institucional se conciben como un "conocimiento" y se transmiten como tales; una parte de este "conocimiento" se considera relevante a todos, y otra, solo a ciertos tipos. Toda transmisión requiere cierta clase de aparato social, vale decir que algunos tipos se sindican como transmisores y otros como receptores del "conocimiento" tradicional, cuyo carácter específico variará, por supuesto, de una sociedad a otra. También existirán procedimientos tipificados para que la tradición pase de los que saben a los que no saben. Por ejemplo, los tíos por línea materna pueden transmitir a sus sobrinos de cierta edad los conocimientos técnicos, mágicos y morales de la caza mediante procedimientos especiales de iniciación. La tipología de los que saben y de los que no saben, así como el "conocimiento" que se supone ha de pasar de unos a otros, es cuestión de definición social; tanto el "saber" como el "no saber" se refieren a lo que es definido socialmente como realidad, y no a ciertos criterios extrasociales de validez cognoscitiva. Dicho más rudimentariamente, los tíos por línea materna no transmiten este cúmulo particular de conocimiento porque lo sepan, sino que lo saben (o sea, se definen como conocedores) por el hecho de ser tíos por línea materna. Si un tío así designado institucionalmente, por razones particulares resulta incapaz de transmitir el conocimiento en cuestión, ya no es tío por línea materna en todo el sentido de la palabra y en realidad puede retirársele el reconocimiento institucional de su status. Según el alcance social que tenga la relevancia de cierto tipo de "conocimiento" y su complejidad e importancia en una colectividad particular, el "conocimiento" tal vez tendrá 94
que reafirmarse por medio de objetos simbólicos (tales como fetiches y emblemas guerreros) y/o acciones simbólicas (como el ritual religioso o militar"1. En otras palabras, se puede recurrir a objetos y acciones físicas a modo de ayudas mnemotécnicas. Toda transmisión de significados institucionales entraña, evidentemente, procedimientos de control y legitimación, anexos a las instituciones mismas y administrados por el personal transmisor. Debemos nuevamente destacar aquí que no se puede suponer que exista ninguna coherencia a priori, y mucho menos ninguna funcionalidad entre instituciones diferentes y las formas de transmitir el conocimiento que les son propias. El problema de la coherencia lógica surge primero en el plano de la legitimación (donde puede haber conflicto o competencia entre legitimaciones diferentes y su personal administrativo), y después en el plano de la socialización (donde puede haber dificultades prácticas en la internalización de significados institucionales sucesivos o en competencia). Volviendo al ejemplo anterior, no hay razón a priori para que los significados institucionales que se originaron en una sociedad de cazadores no se difundan en una sociedad de agricultores. Más aún, al que observa desde afuera puede parecerle que dichos significados tienen una "funcionalidad" dudosa en la primera sociedad, en el momento de su difusión, y que no tienen absolutamente ninguna "funcionalidad" en la segunda. Las dificultades que puedan surgir aquí se relacionan con las actividades teóricas de los legitimadores, y las actividades prácticas de los "educadores" en la nueva sociedad. Los teorizadores tienen que convencerse de que una deidad cazadora es una habitante recomendable en un panteón agrícola, y los pedagogos enfrentan el problema de explicar las actividades mitológicas de aquélla a niños que jamás han visto una cacería. Los teorizadores de la legitimidad tienden a sustentar aspiraciones lógicas y los niños, a mostrarse recalcitrantes. Sin embargo, esto no es un problema de lógica abstracta o de funcionalidad técnica, sino más bien de ingenio por una parte, y de credulidad por la otra, lo que constituye un planteo bastante diferente. d) "Roles".
Como ya hemos visto, los orígenes de cualquier orden institucional se encuentran en las tipificaciones de los que95
haceres propios y de los otros, lo que implica que los objetivos específicos v las fases entremezcladas de realización se comparten con otros, y. además, que no solo las acciones específicas, sino también las formas de acción se tipifican. Esto significa que habrá que reconocer no solo al actor en particular que realiza una acción del tipo X. sino también a dicha acción como ejecutable por cualquiera al que pueda imputársele admisiblemente la estructura de relevancias en cuestión. Por ejemplo, puedo reconocer a mi cuñado ocupado en zurrar a mi vastago insolente y comprender que esta acción particular es solo un ejemplo de una forma de' acción apropiada para otros tíos y sobrinos, que en realidad es una pauta generalmente presente dentro de una sociedad matrilocal. Solo si prevalece esta última tipificación el episodio seguirá un curso socialmente aceptado y el padre se alejará de la escena con toda discreción para no interferir en el ejercicio legítimo de la autoridad del tío. La tipificación de las formas de acción requiere que éstas posean un sentido objetivo, lo que, a su vez, requiere una objetivización lingüistica. Vale decir, que habrá un vocabulario referente a esas formas de acción (tal como "zurrar sobrinos", que corresponderá a una estructura lingüística mucho más vasta relativa al parentesco y sus diversos derechos y obligaciones). En principio, pues, una acción y su sentido pueden aprehenderse aparte de su realización individual y de los procesos subjetivos variables asociados a ellcs. Tanto el yo como el otro pueden aprehenderse como realizadores de acciones objetivas y conocidas en general, las cuales son recurrentes y repetibles por cualquier actor del tipo apropiado. Esto tiene repercusiones muy importantes para la autoexperiencia. En el curso de la acción se produce una identificación del yo con el sentido objetivo de aquélla; la acción que se desarrolla determina, para ese momento, la autoaprehensión del actor, en el sentido objetivo que se atribuye socialmente a la acción. Aunque se sigue teniendo conciencia marginal del cuerpo y otros aspectos del yo que no intervienen directamente en la acción, el actor, por ese momento, se aprehende a sí mismo esencialmente, identificado con la acción socialmente objetivada ("Ahora estoy zurrando a mi sobrino", episodio que se da por establecido en la rutina de la vida cotidiana). Después de ocurrida la acción, se 96
produce otra consecuencia importante cuando el actor reflexiona sobre su acción. Ahora una parte del yo se objetiviza como ejecutante de esta acción, mientras todo el yo se desidentifica relativamente de la acción realizada, o sea. se hace posible concebir al yo como si solo hubiese estado parcialmente comprometido en la acción i después de todo, el hombre de nuestro ejemplo hace otras cosas además de zurrar a su sobrino 1 . Xo resulta difícil advertir que. a medida que estas objetivizaciones se acumulan ("zurrador de sobrinos"', ''sostén de sus hermanas'', 'guerrero iniciador". "perito en danzas para impetrar lluvia" v d e m á s ' , todo un sector de la auto-conciencia se va estructurando según estas objetivizaciones. En otras palabras, un segmento del yo se objetiviza según las tipificaciones socialmente disponibles. Dicho segmento es el verdadero "yo social", que se experimenta subjetivamente como distinto de la totalidad del yo y aun enfrentándose a ella 3 6 . T a n importante fenómeno, que permite un "diálogo" interior entre los diferentes segmentos del yo, se analizará más adelante cuando consideremos el proceso por el cual el m u n d o construido socialmente se internaliza en la conciencia individual. Por el momento, lo que importa es la relación del fenómeno con las tipificaciones de comportamiento objetivamente accesibles. En resumen, el actor se identifica con las tipificaciones de comportamiento objetivadas socialmente in actu, pero vuelve a ponerse a distancia de ellas cuando reflexiona posteriormente sobre su comportamiento. Esta distancia entre el actor y su acción puede retenerse en la conciencia y proyectarse a repeticiones futuras de las acciones. De esta manera, tanto el yo actuante, como los otros actuantes se aprehenden, no como individuos únicos, sino como tipos. Por definición, estos tipos son intercambiables. Podemos comenzar con propiedad a hablar de "roles", cuando esta clase de tipificación aparece en el contexto de un cúmulo de conocimiento objetivizado, común a una colectividad de actores. Los "roles" son tipos de actores en dicho contexto 3 7 . Se advierte con facilidad que la cons38 Sobre el "yo social" que enfrenta a la totalidad del yo, cf. el concepto de Mead sobre el "mi", con el concepto del homo dúplex de Durkheim. 87 Aunque en nuestra argumentación usamos términos ajenos a Mead, nuestra concepción del "rol" se aproxima mucho a la suya
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tracción de tipologías de '"roles" es un correlato necesario de la institucionalización del comportamiento. Las instituciones se encarnan en la experiencia individual por medio de los "roles", los que, objetivizados lingüísticamente, constituyen un ingrediente esencial del mundo objetivamente accesible para cualquier sociedad. Al desempeñar ''roles" los individuos participan en un mundo social: al internalizar dichos "roles", ese mismo mundo cobra realidad para ellos subjetivamente. En el cúmulo común de conocimiento existen norma? para el desempeño de "roles", normas que son accesibles a todos los miembros de una sociedad, o por lo menos a aquellos que potencialmente desempeñan los "roles'' en cuestión. Esta accesibilidad general forma parte del mismo acopio de conocimiento; no solo se conocen en general las normas del '"rol" X, sino que se sabe que esas normas se conocen. Consecuentemente, todo actor supuesto del "rol" X puede considerarse responsable de mantener dichas normas, que pueden enseñarse como parte de la tradición institucional y usarse para verificar las credenciales de todo aquel que las cumpla y, por la misma razón, servir de controles. El origen de los "roles" reside en el mismo proceso fundamental de habituación y objetivación que el origen de las instituciones. Los "roles" aparecen tan pronto como se inicia el proceso de formación de un acopio común de conocimiento que contenga tipificaciones recíprocas de comportamiento, proceso que, como ya hemos visto, es endémico a la interacción social y previo a la institucionalización propiamente dicha. Preguntar qué "roles" llegan a institucionalizarse equivale a preguntar qué áreas del comportamiento resultan afectadas por la institucionalización, y la contestación puede ser la misma. Todo comportamiento institucionalizado involucra "roles", y éstos comparten así el carácter controlador de la institucionalización. T a n pronto como los actores se tipifican como desempeñando "roles", su comportamiento se vuelve ipso jacto susceptible de coacción. En el caso de normas para "roles" socialmente definidos, el acatarlas y el no acatarlas deja de ser optativo
y se propone ser una ampliación de la teoría de los "roles" de Mead dentro de un marco de referencia más vasto, que incluya una teoría de las instituciones.
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aunque, por supuesto, la severidad de las sanciones pueda variar de un caso a otro. Los "roles" representan el orden institucional 3S. Esta representación se efectúa en dos niveles. En primer lugar, el desempeño del "rol'' representa el "rol'' mismo. Por ejemplo, dedicarse a juzgar es representar el "rol" de juez; el individuo que juzga no está actuando "por sí solo", sino qua juez. En segundo lugar, el "rol" representa todo un nexo institucional de comportamiento; el '"rol" de juez tiene relación con otros "'roles'', cuya totalidad abarca la institución de la ley; el juez actúa como su representante. La institución puede manifestarse, en la experiencia real, únicamente a través de dicha representación en "roles" desempeñados. La institución, con su conjunto de acciones "programadas", se asemeja al libreto no escrito de una obra teatral. La realización de la obra depende de que actores de carne y hueso desempeñen reiteradamente los "roles" prescritos. Los actores encarnan los "roles" y actualizan la obra representándola en un escenario determinado. Ni la obra, ni la institución existen empíricamente fuera de esta realización recurrente. Decir, pues, que los "roles" representan instituciones es decir que posibilitan que ellas existan, una y otra vez, como presencia real en la experiencia de individuos concretos. Las instituciones también se representen de otras maneras. Sus objetivizaciones lingüísticas, desde sus simples designaciones verbales hasta su incorporación a simbolizaciones sumamente complejas de la realidad, también las representan (o sea, las hacen presentes) en la experiencia; y pueden estar representadas simbólicamente por objetos físicos, sean naturales o artificiales. Todas estas representaciones, sin embargo, resultan "muertas" (vale decir, carentes de realidad subjetiva) a no ser que "vuelvan a la vida" continuamente en el :omportamiento humano real. La representación de una institución en "roles" y por medio de ellos es, pues, la representación por excelencia, de la que dependen todas las otras. Por ejemplo, la institución del derecho está representada, naturalmente, por el vocabulario legal, los códigos de leyes, las teorías de jurisprudencia y, en último término,
El término "representación" está aquí íntimamente relacionado ton el uso que le da Durkheim, pero tiene alcance más completo.
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por las legitimaciones definitivas de la institución y sus normas en sistemas de pensamiento éticos, religiosos o mitológicos. Los fenómenos de factura humana, como los que constituyen el imponente aparato que suele acompañar la administración de la ley. y los fenómenos naturales como el estallido del trueno, que puede tomarse por veredicto divino en una ordalía. y eventualmente aun convertirse en símbolo de juicio final, también representan a la institución. Si:; embargo, todas estas representaciones extraen su significación permanente y hasta su inteligibilidad de su continua utilización en el comportamiento humano, que aquí, por supuesto, es comportamiento tipificado en los "roles" institucionales del derecho. Cuando los individuos se ponen a reflexionar sobre estas cuestiones, encaran el problema de reunir las diversas representaciones en un todo coherente que tenga sentido 3 ; '. Cualquier realización de un "rol" concreto se refiere al sentido objetivo de la institución y, por ende, a las otras realizaciones de "roles" que la complementan, y al sentido de la institución en su conjunto. El problema de integrar las diversas representaciones implícitas en ello se resuelve primariamente en el plano de la legitimación, pero puede tratarse según determinados "roles". Aunque todos los "roles" representan el orden institucional en el sentido antes mencionado, algunos lo representan simbólicamente en su totalidad más que otros. Dichos "roles" tienen gran importancia estratégica en una sociedad, ya que representan no solo tal o cual institución, sino la integración de todas en un mundo significativo. Estos "roles", por supuesto, contribuyen ipso jacto a mantener dicha integración en la conciencia y en el comportamiento de los integrantes de la sociedad, vale decir, que tienen una relación especial con el aparato legitimador de ésta. Algunos "roles" no tienen más función que esta representación simbólica del orden institucional como totalidad integrada; otros asumen esta función de vez en cuando, además de las funciones menos elevadas que desempeñan rutinariamente. El juez, por ejemplo, puede en ocasiones, si se presenta una causa
39 Este proceso de "reunir" es una de las preocupaciones centrales de la sociología de Durkheim: la integración social a través del fomento de la solidaridad.
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de particular importancia, representar la integración total de ]a sociedad en esta forma. El monarca hace lo propio en todo momento y por cierto que en una monarquía constitucional puede no tener más función que la de "símbolo viviente" para todos los niveles de la sociedad, aun para el hombre de la calle. En el curso de la historia, los "roles" que representan simbólicamente el orden institucional total je han localizado las más de las veces en las instituciones políticas y religiosas 4c>. De mayor importancia para nuestras consideraciones inmediatas es el carácter de los "roles" como mediadores entre sectores específicos del cúmulo común de conocimiento. El individuo, en virtud de los "roles" que desempeña, tiene que penetrar en zonas específicas de conocimiento socialmente objetivado, no solo en el sentido cognoscitivo más restringido, sino también en el del "conocimiento" de normas, valores y aun emociones. Ser juez implica, a todas luces, un conocimiento del derecho y probablemente también de una gama mucho más amplia de los asuntos humanos que tienen relevancia legal. Implica, asimismo, un "conocimiento" de los valores y actitudes que se consideran propios de un ;uez, y aun abarca lo que proverbialmente se considera propio de la esposa de un juez. El juez también debe poseer un "conocimiento" apropiado en el terreno de las emociones. Por ejemplo, tendrá que saber cuándo debe dominar sus sentimientos de compasión, para mencionar solo un importante pre-requisito psicológico que corresponde a este-"rol". Así pues, cada "rol" brinda acceso a un sector específico del acopio total de conocimiento que posee la sociedad. No basta con aprender un "rol" para adquirir las rutinas de necesidad inmediata que requiere su desempeño "externo"; también hay que penetrar en las diversas capas cognoscitivas y aun afectivas del cuerpo de conocimiento que atañe a ese "rol" directa o indirectamente. Lo dicho implica una distribución social del conocimiento 41. El acopio de conocimiento de una sociedad se estructura según lo que sea relevante en general y lo que solo ío sea para "roles" específicos. Esto resulta valedero
Las representaciones simbólicas de la integración son lo que Durkheim denominó "religión". 41 El concepto de la distribución social del conocimiento deriva de Schutz.
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aun en situaciones sociales muy sencillas, como nuestro ejemplo anterior de la situación social producida por la interacción continua entre un hombre, una mujer bisexual y una lesbiana. En este caso, existe cierto conocimiento que atañe a los tres individuos (por ejemplo, el de los procedimientos requeridos para mantener al grupo en buena situación económica') ; en cambio, hay otro que solo atañe a dos de los integrantes (el saioir ¡aire de la seducción lesbiana, o. en el otro caso, de la seducción heterosexual). En otras palabras, la distribución social del conocimiento entraña una dicotomización según se trate de lo que es relevante en general y de lo que lo es respecto de los "roles" específicos. Dada la acumulación histórica de conocimientos en una sociedad, podemos suponer que, a causa de la división del trabajo, el conocimiento de "roles" específicos aumentará en una proporción más rápida que el conocimiento de lo que es relevante y accesible en general. La multiplicación de tareas específicas que resulta de la división del trabajo requiere soluciones estandarizadas que puedan aprenderse y transmitirse fácilmente. Éstas a su vez exigen un conocimiento especializado de ciertas situaciones y de las relaciones entre medios y fines, según las cuales se definen socialmente las situaciones. En otras palabras, surgirán especialistas, cada uno de los cuales tendrá que saber lo que se considere necesario para el cumplimiento de su tarea particular. Para acumular conocimiento de "roles" específicos una sociedad debe organizarse de manera que ciertos individuos puedan concentrarse en sus especialidades. Si en una sociedad de cazadores ciertos individuos han de llegar a ser especialistas en forjar espadas, habrá que adoptar medidas para dispensarlos de las actividades propias de los cazadores que corresponden a todos los otros adultos varones. El conocimiento especializado de índole más indefinible, como es el de los mistagogos y otros intelectuales, requiere una organización social similar. En todos estos casos los especialistas se convierten en administradores de los sectores del cúmulo de conocimiento que les han sido adjudicados socialmente. Al mismo tiempo, una parte importante del conocimiento relevante en general la constituye la tipología de los especialistas. Los especialistas se definen como individuos que 102
conocen sus propias especialidades, pero todo el mundo debe saber quiénes son los especialistas, para cuando se requieran sus servicios especiales. No se pretende que el hombre de la calle conozca las complejidades de la magia para conseguir la fecundidad o para expulsar a los malos espíritus. En cambio, debe saber a qué magos recurrir si llegan a necesitarse algunos de estos servicios. Una tipología de expertos Jo que los trabajadores sociales contemporáneos llaman guía de referencia generalN forma parte, pues, del cúmulo de conocimiento relevante y accesible en general. lo que no sucede con el conocimiento que constituye la idoneidad. No necesitamos ocupamos por el momento de las dificultades prácticas que puedan surgir en ciertas sociedades (por ejemplo, cuando existen camarillas rivales de expertos, o cuando la especialización se ha hecho tan complicada que confunde al profano). Por consiguiente, es posible analizar la relación entre los "roles" y el conocimiento desde dos puntos de vista panorámicos. Contemplados desde la perspectiva del orden institucional, los "roles" aparecen como representaciones y mediaciones institucionales de los conglomerados de conocimientos institucionalmente objetivados. Contemplados desde la perspectiva de los diversos "roles", cada uno de ellos comporta un apéndice de conocimiento socialmente definido. Por supuesto que ambas perspectivas apuntan al mismo fenómeno global: la dialéctica esencial de la sociedad. La primera puede resumirse en la proposición de que la sociedad existe solo en cuanto los individuos tienen conciencia de ella, y la segunda en la proposición de que la conciencia individual se determina socialmente. Restringiendo lo dicho a la cuestión de los "roles", podemos afirmar que, por una parte, el orden institucional es real solo en cuanto se realice en "roles" desempeñados, y que, por la otra, los "roles" representan un orden institucional que define su carácter (con inclusión de sus apéndices de conocimiento) y del cual se deriva su sentido objetivo. El análisis de "roles" tiene particular importancia para la sociología del conocimiento porque revela las mediaciones entre los universos macroscópicos de significado, que están objetivados en una sociedad, y las maneras como estos universos cobran realidad subjetiva para los individuos. Así Pues, es posible, por ejemplo, analizar las raíces sociales 103
macroscópicas de una concepción religiosa del m u n d o en ciertas colectividades (digamos clases, o grupos étnicos, o camarillas intelectuales), y también la manera en que esta visión del mundo se manifiesta en la conciencia de un individuo. La única forma de unir ambos análisis consiste en indagar cómo el individuo, en su actividad social total, se relaciona con la colectividad aludida. Dicha indagación consistirá, necesariamente, en un análisis de los "roles" *2. e*\ Alcance y modos de la institucionalización.
Hasta aquí hemos estudiado la institucionalización en términos de los rasgos esenciales que pueden tomarse como constantes sociológicas. En esta obra no podemos, evidentemente, ni siquiera ofrecer una visión a vuelo de pájaro de las incontables variaciones de esas constantes en las manifestaciones y combinaciones históricas, tarea que solo podría realizarse si se escribiera una historia universal desde el punto de vista de la teoría sociológica. Sin embargo, existe una cantidad de variaciones históricas en el carácter de las instituciones que tienen tanta importancia para los análisis sociológicos concretos, que al menos habría que examinarlas brevemente en este lugar. Por supuesto, seguiremos enfocando nuestra atención sobre la relación entre las instituciones y el conocimiento. Al investigar cualquier orden institucional concreto, es posible preguntar: ¿ Q u é alcance tiene la institucionalización dentro del total de acciones sociales en una colectividad dada? En otras palabras: ¿Cuál es la dimensión del sector de actividad institucionalizada comparado con el que queda sin institucionalizar? 4 3 Es obvio que en esta cuestión existe variabilidad histórica, ya que las diferentes sociedades conceden un margen mayor o menor para acciones no institucionalizadas. U n a consideración general de importancia es la que consiste en establecer qué factores determinan un
42 El término "mediación" lo ha empleado Sartre, pero sin el significado concreto que la teoría de los "roles" es capaz de asignarle. Este término viene bien para indicar el nexo general entre la teoría de los "roles" y la sociología del conocimiento. 43 Podría decirse que esta pregunta concierne a la "densidad" del orden institucional. Como quiera que sea, hemos tratado de no introducir términos nuevos y decidimos no u/jarlo, aunque es sugerente.
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alcance más vasto o más restringido de la institucionalización. En un sentido sumamente formal, el alcance de la institucionalización depende de la generalidad de las estructuras de relevancia. Si muchas o la mayoría de las estructuras de relevancia son generalmente compartidas en una sociedad, el alcance de la institucionalización será amplio; si son pocas las compartidas, ese alcance será restringido. En este último caso, existirá además la posibilidad de que el orden institucional esté sumamente fragmentado, ya que ciertas estructuras de atingencia son compartidas por grupos dentro de la sociedad, pero no por ésta en su conjunto. Puede resultar heurísticamente provechoso pensar aquí en términos de extremos típicos ideales. Es posible concebir una sociedad en la que la institucionalización sea total. En dicha sociedad, todos los problemas serán comunes, todas las soluciones para ellos serán objetivadas socialmente y todas las acciones sociales estarán institucionalizadas. El orden institucional abarcará la totalidad de la vida social, que se asemejará a la realización continua de una liturgia compleja y sumamente estilizada. No existirá ninguna o casi ninguna distribución del conocimiento en "roles" específicos, puesto que todos éstos serán desempeñados dentro de situaciones de igual relevancia para todos los actores. Este modelo heurístico de una sociedad totalmente institucionalizada (digamos de paso, que sería tema adecuado de pesadillas) puede modificarse levemente concibiendo que todas las acciones sociales están institucionalizadas, pero no solo en torno de problemas comunes. Sí bien el estilo de vida que una sociedad semejante impondría a sus integrantes sería de igual rigidez para todos, existiría un grado más alto de distribución del conocimiento en "roles" específicos. Se desarrollaría una cantidad de liturgias al mismo tiempo, por así decir. No hace falta recordar que ni el modelo de totalidad institucional, ni su modificación pueden encontrarse en la historia. Sin embargo, las sociedades reales pueden considerarse según sea su grado de aproximación a este tipo extremo. Es, pues, posible afirmar que las sociedades primitivas se aproximan a este tipo en mayor grado que las civilizadas44; y hasta se puede decir que en el des44 Esto es lo que Durkheim llamó "solidaridad orgánica". Lucien Lévy-Bruhl agrega contenido psicológico a este concepto de
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arrollo de las civilizaciones arcaicas hay un movimiento progresivo de alejamiento de dicho tipo 45 . El extremo opuesto seria una sociedad en la que solo hubiera un problema común y la institucionalización ocurriera solo con respecto a las acciones referentes a ese problema. En ese tipo de sociedad casi no existirá un cúmulo común de conocimiento, el cual seria, en su mayoría, de "roles" específicos. En términos de sociedades macroscópicas. no existen en la historia ni siquiera aproximaciones a este tipo: pero ciertas aproximaciones pueden hallarse en formaciones sociales más pequeñas: por ejemplo, en colonia? libertarias donde las empresas comunes se limitan a medidas económicas, o en expediciones militares de una cantidad de unidades rivales o étnicas cuyo único problema común es guerrear. Estas ficciones heurísticas, aparte de ser fantasías sociológicas estimulantes, solamente sirven en cuanto contribuyen a esclarecer las condiciones que favorecen las aproximaciones a aquéllas. L a condición más general es el grado de la división del trabajo con la diferenciación concomitante de las instituciones 40 . Cualquier sociedad en la que exista una creciente división del trabajo, se va alejando del primer tipo extremo descrito anteriormente. Otra condición general, que tiene íntima relación con la anterior, es la que consiste en disponer de un superávit económico, que permita a ciertos individuos o grupos dedicarse a actividades especializadas que no tengan vinculación directa con la subsistencia 4T. Estas actividades especializadas, como hemos visto, llevan a la especialización y segmentación del acopio común de conocimiento, lo cual posibilita el conocimiento separado subjetivamente de cualquier relevancia social, o
Durkheim cuando habla de "participación mística" en las sociedades primitivas. 45 Aquí pueden compararse los conceptos de "compacticidad" y "diferenciación" de Eric Voegelin. Véase su Order and History (Baton Rouge, La., Louisiana State University Press, 1956), vol I. Talcott Parsons ha hablado de diferenciación institucional en varias partes de su obra. 46 La relación entre la división del trabajo y la diferenciación institucional ha sido analizada por Marx, Durkheim, Weber, Ferdinand Tónnies y Talcott Parsons. 47 Puede decirse que, a pesar de interpretaciones diferentes en los detalles, existe gran acuerdo sobre este punto a través de la historia de la teoría sociológica.
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sea, la "teoría pura" 48 . Esto significa que ciertos individuos son relevados (para volver a nuestro ejemplo previo1' de sus tareas de caza, no solo para forjar armas sino también para fabricar mitos. Así se tiene la "vida teórica' - con su abundante proliferación de cuerpos especializados de conocimiento, administrados por especialistas cuvo prestigio social tal vez dependa en realidad de su ineptitud para hacer cualquier cosa que no sea teorizar, lo que provoca una cantidad de problemas analíticos que mencionaremos más adelante. Sin embargo, la institucionalización no es un proceso irreversible, a pesar del hecho de que las instituciones, una vez formadas, tienden a persistir 49 . Por una variedad de razones históricas, el alcance de las acciones institucionalizadas puede disminuir: en ciertas áreas de la vida social puede, producirse la desinstitucionalización 50 . Por ejemplo, la esfera privada que ha surgido en la sociedad industrial moderna está considerablemente desinstitucionalizada, si se la compara con la esfera pública B1. En lo que respecta a cuál es el orden institucional que variará históricamente, se puede agregar otra pregunta: ¿Cuál es la relación de las diversas instituciones entre sí en los planos de la realización y el significado? 52 En el
48 La relación entre la "teoría pura" y el Superávit económico fue señalada primeramente por Marx. 49 La tendencia de las instituciones a persistir fue analizada por Georg Simmel en relación con su concepto de "fidelidad". Cf. su Soziologie (Berlín, Duncker und Humblot, 1958), pp. 438 y sigs.; The Sociology of Georg Simmel (Illinois, The Free Press of Glencoe, 1950). 60 Este concepto de desinstitucionalización deriva de Gehlen. 51 El análisis de la desinstitucionalización en la esfera privada es problema central de la psicología social de la sociedad moderna de Gehlen. Cf. su Die Seele tm technischen Zeitalter (Hamburgo, Rowohlt, 1957). 52 Si estuviéramos dispuestos a tolerar otros neologismos, llamaríamos a ésta la cuestión sobre el grado de "fusión" o "segmentación" del orden institucional. Así encarada, esta cuestión sería idéntica a la preocupación estructural-funcional por la "integración funcional" de las sociedades. Sin embargo, este último término presupone que la "integración" de una sociedad puede ser determinada por un observador externo que investigue el funcionamiento exterior de las instituciones de la sociedad. Sostendríamos, en cambio, que tanto las "funciones" como las. "disfunciones" pueden analizarse únicamente por vía del nivel de significado. Cense-
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primer tipo extremo ya analizado, hay una unidad de realizaciones y significados institucionales en cada biografía subjetiva. Todo el cúmulo social de conocimiento se actualiza en cada biografía individual. Cada uno lo hace todo y lo sabe todo. El problema de la integración de significados (vale decir, de la relación significativa entre las instituciones diversas) es exclusivamente subjetivo. El sentido objetivo del mundo institucional se presenta en cada individuo como algo que se da y se conoce en general, y que está socialmente establecido en cuanto tal. Si hay algún problema, se debe a las dificultades subjetivas que pueda tener el individuo al internalizar los significados socialmente aceptados. A medida que se van produciendo mayores desviaciones de este modelo heurístico (en todas las sociedades reales, por supuesto, aunque no en el mismo grado), se producirán modificaciones importantes en ese carácter dado de los significados institucionales. Ya hemos mencionado los dos primeros: una segmentación del orden institucional, en la que únicamente ciertos tipos de individuos realizan ciertas acciones, y, a continuación, una distribución social del conocimiento, en la que el conocimiento de "roles" específicos llega a quedar reservado para ciertos tipos. Con estas manifestaciones surge, no obstante, una nueva configuración en el plano del significado. Existirá ahora un problema objetivo con respecto a una integración amplia de significados dentro de la sociedad total. Éste es un problema que difiere por completo del meramente subjetivo que consiste en armonizar el sentido que para mí tiene mi propia biografía con el que le atribuye la sociedad. Esa diferencia es tan grande como la que hay entre fabricar propaganda para convencer a otros y hacer reseñas para convencerse a uno mismo. En nuestro ejemplo del triángulo hombre-mujer-Iesbiana, demostramos hasta cierto punto que no se puede suponer a priori la "cohesión" de procesos diferentes de institucuentemente, la "integración funcional", si es que tenemos qur usar ese término, significa la integración del orden institucional por vía de diversos procesos legitimadores. En otras palabras, Irintegración no descansa en las instituciones sino en su legitimación Esto implica, en oposición a lo estructural-funcionalista, que uiorden institucional no puede entenderse adecuadamente coir. "sistema".
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cionalización. La estructura de relevancia compartida por el hombre y la mujer (A-B1 no tendrá que integrarse con la que comparten la mujer y la lesbiana (B-C), ni con la compartida por la lesbiana y el hombre (C-AV Ciertos procesos institucionales aislados pueden seguir coexistiendo sin integración general. Sostuvimos entonces que la cohesión de las instituciones, si bien no puede postularse a pñori, existe efectivamente en la realidad, v este hecho empírico solo se explica si lo referimos a la conciencia reflexiva de individuos que imponen cierta lógica a su experiencia de las diversas instituciones. Ahora podemos llevar esta argumentación un paso más adelante, suponiendo que uno de los tres individuos que componen nuestro triángulo (digamos que A, el hombre) llega a sentirse insatisfecho con la asimetría de la situación, lo que no implica que las relevancias mutuas de las que participa (A-B y C-A) hayan cambiado para él. Más bien es la relevancia mutua que él no ha compartido previamente (B-C) lo que ahora lo molesta. Tal vez eso se deba a que interfiere en sus propios intereses (C pierde mucho tiempo en amores con B y descuida el cultivo de las flores que comparte con él), o tal vez a que abriga ambiciones teóricas. Sea como fuere, A quiere reunir las tres relevancias mutuas aisladas y sus problemas concomitantes de habituación en un todo cohesivo y significativo: A-B-C. ¿Cómo puede hacerlo? Atribuyámosle cierta inventiva religiosa. Un día les presenta a las dos mujeres una nueva mitología. El mundo fue creado en dos etapas: las tierras por el dios creador en cópula con su hermana, y las aguas por un acto de masturbación mutua de ésta y la otra diosa gemela suya. Y cuando el mundo estuvo creado de esa manera, el dios creador se unió a la diosa gemela en la gran danza de las flores y de esa forma surgieron la flora y la fauna sobre la superficie de la tierra seca. Así pues, el triángulo existente, constituido por la heterosexualidad, el lesbianismo y el cultivo de las flores no es otra cosa que una imitación humana de las acciones arquetípicas de los dioses. No está mal, ¿verdad? El lector algo familiarizado con la mitología comparada no tendrá ninguna dificultad para descubrir paralelismos históricos de esta viñeta cosmogónica. Al hombre del ejemplo tal vez le cueste más hacer que las dos mujeres acepten su teoría, y se !e presenta el problema de la propaganda. No 109
obstante, si suponemos que B y C también han tenido sus dificultades prácticas para hacer prosperar sus diversos proyectos, o (menos probablemente) que se sientan inspiradas por la visión del cosmos de A, existen perspectivas favorables de que éste consiga imponer su esquema. Una vez que lo ha conseguido y que los tres individuos "saben" que sus diversas acciones contribuyen todas a la sociedad perfecta [o sea. A-B-C), este "conocimiento" influirá sobre la situación. Por ejemplo, C tal vez se sienta ahora más dispuesta a repartir el tiempo equitativamente entre sus dos ocupaciones principales. Si esta ampliación de nuestro ejemplo parece forzada, podemos volverla más verosímil imaginando un proceso de secularización en la conciencia de A. La mitología ya no resulta aceptable y la situación tendrá que explicarse mediante la ciencia social, lo que por supuesto es muy fácil. Resulta evidente (para nuestro pensador religioso convertido en científico social) que los dos tipos de actividad sexual que se desarrollan en la anterior situación expresan necesidades psicológicas íntimas de los participantes. "Sabe" que frustrarlas desembocará en tensiones "disfuncionales". Por otra parte, es un hecho que nuestro trío intercambia sus flores por cocos en el otro extremo de la isla. Esto zanja el problema. Las pautas de conducta A-B y B-C son funcionales en cuanto al "sistema de personalidad", mientras que C-A es funcional en ^cuanto al sector económico del "sistema social". A-B-C no es nada más que el resultado racional de la integración funcional realizada en un plano intermedio entre ambos sistemas. Asimismo, si A consigue convencer de su teoría a sus dos compañeras, el "conocimiento" de los imperativos funcionales implícitos en la situación tendrá ciertas consecuencias controladoras para el comportamiento de los tres. Mutatis mutandis, la misma argumentación resultará válida si la trasponemos del idilio "cara a cara" de nuestro ejemplo al nivel macro social. La segmentación del orden institucional y la distribución concomitante de conocimiento planteará el problema de proporcionar significados integradores que abarquen la sociedad y provean un contexto total de sentido objetivo para la experiencia social fragmentada y el conocimiento del individuo. Además, estará no solo el problema de la integración significativa total, sino 110
también el de legitimar las actividades institucionales de un tipo de actor vis-á-vis con otros tipos. Podemos suponer que existe un universo de significado que otorga sentido objetivo a las actividades de guerreros, agricultores, comerciantes y exorcistas. lo que no significa que no existirán conflictos de intereses entre estos tipos de actores. Aun dentro del universo común de significado, los exorcistas pueden tener el problema de "explicar" algunas de sus actividades a los guerreros, y así sucesivamente. Los métodos de esa legitimación han sido variados a lo largo de la historia 53. Otra consecuencia de la segmentación institucional es la posibilidad de que existan subuniversos de significado segregados socialmente, que resulten del incremento de la "" especialización en "roles", hasta el punto de que el conocimiento específico del "rol", se vuelve completamente esotérico en oposición al acopio común de conocimiento. Estos subuniversos de significado pueden estar o no ocultos a la vista de todos. En ciertos casos, no solo el contenido cognoscitivo del subuniverso es esotérico, sino que hasta la existencia del subuniverso y de la colectividad que lo sustenta puede constituir un secreto. Los subuniversos de significado pueden hallarse socialmente estructurados según criterios diversos: el sexo, la edad, la ocupación, la tendencia religiosa, el gusto estético, etc. Por supuesto que la probabilidad de que aparezcan nuevos subuniversos aumenta regularmente a medida que se va produciendo la división del trabajo y el superávit económico. Una sociedad con una economía de subsistencia puede tener segregación cognoscitiva entre hombres y mujeres, o entre guerreros viejos y jóvenes, como sucede en las "sociedades secretas" comunes en África y entre los indios norteamericanos, y aun puede hallarse en condiciones de permitir la existencia esotérica de unos cuantos sacerdotes y magos. Los subuniversos de significado bien desarrollados, por ejemplo, los caracterizados por las castas hindúes, la burocracia literaria de China o las camarillas sacerdotales del antiguó Egipto, requieren soluciones más evolucionadas del problema económico. Como en el caso de todas las construcciones sociales de significado, también aquí una colectividad particular tendrá
53 Este problema se relaciona con el de la "ideología", que analizamos más adelante en un contenido definido más estrictamente.
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que ser "portadora" de los subuniversos54. Esta colectividad estará formada por el grupo que produce continuamente los significados en cuestión y dentro de la cual dichos significados cobran realidad objetiva. Entre esos grupos tal vez exista conflicto o competencia. En el nivel más elemental, puede surgir un conflicto por causa de la asignación de recursos del superávit a los especialistas de que se trate, por ejemplo, con respecto a la exención de tareas productivas. ¿Quiénes serán los que se eximan oficialmente: todos los médicos o solo aquellos que prestan servicios en la casa del jefe? O bien, ¿quién ha de recibir un estipendio fijo de las autoridades: los que curan a los enfermos con hierbas o los que lo hacen sumiéndolos en un trance? Los conflictos sociales de esta clase se traducen fácilmente en conflictos entre escuelas de pensamiento que rivalizan porque cada una trata de afirmarse y desacreditar, cuando no de liquidar, al cuerpo de conocimiento competidor. En la sociedad contemporánea siguen existiendo estos conflictos (tanto socioeconómicos como cognoscitivos) entre la medicina ortodoxa y otras competidoras como la quiropráctica, la homeopatía o la ciencia cristiana. En las sociedades industriales adelantadas, cuyo enorme superávit económico permite que gran cantidad de individuos se consagren con exclusividad aun a las tareas más abstrusas, la competencia pluralista entre los subuniversos de significado de cualquier tipo imaginable llega a ser el estado de cosas normal 55 . Con el establecimiento de subuniversos de significado surge una variedad de perspectivas de la sociedad en general. a la que cada uno contempla desde el ángulo de un solo subuniverso. El quiropráctico tiene una visión de la sociedad muy diferente de la del profesor de la Facultad de Medicina, así como la del poeta es diferente de la del hombre de
Weber alude repetidas veces a las diversas colectividades como "portadoras" (Tráger) de lo que aquí llamamos subuniversos de significado, especialmente en su sociología comparativa de la religión. El análisis de este fenómeno está relacionado, por supuesto, con el esquema de Unterbau/Veberbau de Marx. 55 La competencia pluralista entre subuniversos de significado es uno de los problemas más importantes para una sociología empírica del conocimiento de la sociedad contemporánea. Hemos tratado este problema en otra parte de nuestro trabajo sobre la sociología de la religión, pero no vemos el objeto de desarrollar j n análisis de él en la presente obra.
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negocios, y la del judío de la del gentil, etc. Resulta innecesario aclarar que esta multiplicación de perspectivas aumenta sobremanera el problema de establecer una cubierta simbólica estable para toda la sociedad. Cada perspectiva. con cualquier apéndice teórico o de H'eltanschauungi'i. estará relacionada con los intereses sociales concretos del grupo que la sustenta. Esto no significa, empero, que las diversas perspectivas, y mucho menos las teorías o Weltanschauungen sean solo reflejos mecánicos de los intereses sociales. Especialmente a nivel teórico, es muv posible que el conocimiento llegue a separarse en forma apreciable de los intereses biográficos y sociales del conocedor. De esa manera pueden existir razones sociales tangibles para que los judíos se hayan preocupado por ciertas empresas científicas, pero es imposible anticipar posiciones científicas por el hecho de que sean o no judíos quienes las sustenten. En otras palabras, el universo de significado científico puede alcanzar una gran autonomía en oposición a su propia base social. Teóricamente, aunque en la práctica habrá grandes variaciones, esto es válido para- cualquier cuerpo de conocimiento, aun para el que tenga perspectivas cognoscitivas de la sociedad. Más aún: cuando un cuerpo de conocimiento se ha elevado al nivel de un subuniverso de significado relativamente autónomo, tiene la capacidad de volver a actuar sobre la colectividad que lo produjo. Por ejemplo, los judíos pueden llegar a ser sociólogos porque tienen problemas dentro de la sociedad en cuanto judíos. Pero una vez iniciados en el universo de la especulación científico-social, puede ocurrir no solo que contemplen la sociedad desde un punto de vista ya no característicamente judío, sino que hasta sus actividades sociales como judíos cambien a consecuencia de sus perspectivas científico-sociales recientes. La medida en que el conocimiento se aparta así de sus orígenes existenciales dependerá de un gran número de variables históricas (tales como la urgencia de los intereses sociales involucrados, el grado de refinamiento teórico del conocimiento en cuestión, la relevancia o no relevancia social de este último, etc.). El principio que importa en nuestras consideraciones generales es que la relación entre el conocimiento y su base social es dialéctica, vale decir, que el conocimiento es un producto social y un factor de cambio 113
social 5 6 . Este principio de la relación dialéctica entre la producción social y el m u n d o objetivado que es su producto, se ha explicado previamente; es de especial importancia retenerlo en mente para cualquier análisis de los subuniversos concretos de significado. El número v la complejidad crecientes de los subuniversos los vuelve cada vez más inaccesibles a los profanos; se convienen en reductos esotéricos de una sabiduría "hermética" ¡ en el sentido que tradicionalmente se asocia con el culto secreto de H e r m e s \ . inaccesibles para todos los que no han sido iniciados en sus misterios. La creciente autonomía de los subuniversos plantea problemas especiales de legitimación vis-á-vis de los profanos y también de los iniciados. A los profanos hay que mantenerlos alejados y a veces hasta ignorantes de la existencia del subuniverso; si, a pesar de todo, no la ignoran, y si el subuniverso requiere privilegios y reconocimientos especiales de la sociedad en general, entonces el problema consiste en mantener alejados a los profanos y, al mismo tiempo, lograr que reconozcan la legitimidad de este procedimiento. Esto se efectúa mediante diversas técnicas de intimidación, propaganda racional e irracional (que apela a los intereses y a las emociones de los profanos), mistificación y, en general, empleo de símbolos de prestigio. Por otra parte, hay que retener a los iniciados, lo que de56 Esta proposición puede formularse en términos marxistas diciendo que hay una relación dialéctica entre la infraestructura (Unterbau) y la superestructura (Ueberbau), penetrante idea de Marx, que había olvidado en gran medida la línea central del marxismo hasta hace muy poco. El problema de la posibilidad del conocimiento socialmente desarraigado ha sido, por supuesto, uno de los problemas centrales para la sociología del conocimiento tal cual la definen Scheler y Mannheim. No le asignamos un lugar tan central por razones inherentes a nuestro enfoque teórico general. El punto importante para una sociología teórica del conocimiento es la dialéctica entre el conocimiento y su base social. Cuestiones como la de Mannheim en lo referente a la "intelligentsia sin ataduras" son aplicaciones de la sociología del conocimiento a fenómenos históricos y empíricos concretos. Las proposiciones a este respecto tendrán que formularse en un plano de generalidad teórica mucho menor que el que nos interesa aquí. Las cuestiones referentes a la autonomía del conocimiento científico-social, por otra parte, deberían dilucidarse en el contexto de la metodología de las ciencias sociales. Esta área ha sido excluida de nuestra definición sobre el alcance de la sociología del conocimiento por razones teóricas que hemos explicado en nuestra introducción.
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manda un despliegue de procedimientos prácticos y teóricos pan» que no caigan en la tentación de escaparse del subuniverso. Más adelante examinaremos con mavores detalles este doble problema de legitimación; por el momento puede bastarnos un ejemplo. No es suficiente construir un subuniverso esotérico de la medicina; hay que convencer al profano de que esto es justo y beneficioso, y retener a la cofradía médica dentro de las normas del subuniverso. Así se intimida a la población en general con imágenes del daño físico que acarrea ''desobedecer los consejos del doctor" v se ¡a disuade de hacerlo recordándole los beneficios pragmáticos del acatamiento y apelando al horror común que inspiran la enfermedad y la muerte. Para subrayar su autoridad, la profesión médica se envuelve en los símbolos inmemoriales del poder y el misterio, desde la vestimenta exótica hasta el lenguaje incomprensible, recursos que por supuesto los médicos legitiman ante sí mismos y ante el público en términos pragmáticos. Mientras tanto los habitantes bien acreditados del mundo de la medicina se ven impedidos de caer en el "charlatanismo" (o sea, de evadirse del subuniverso médico con el pensamiento o ¡a acción), no solo por los poderosos controles externos de que dispone la profesión, sino también por todo un cuerpo de conocimiento profesional que les ofrece "pruebas científicas" de la locura y hasta la perversidad que significa una desviación semejante. En otras palabras, entra en funcionamiento todo un engranaje legitimador para que los profanos sigan siendo profanos y los médicos, médicos; y, de ser posible, para que unos y otros acepten de buen grado su respectiva condición. Como resultado de las tasas diferenciales de cambio en las instituciones y los subuniversos57, surgen problemas especiales. Esto dificulta más, tanto la legitimación total del orden institucional, como las legitimaciones especificas de instituciones o subuniversos particulares. Resulta superfluo dar más detalles al respecto, por cuanto nuestra experiencia contemporánea abunda en ejemplos de esta especie, tales como una sociedad feudal con un ejército moderno, una Este fenómeno es el que comúnmente se denomina "retraso cultural" en la sociología norteamericana a partir de Ogburn. Hemos evitado este término en razón de su connotación evolucionista e implícitamente evaluativa. 115
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aristocracia terrateniente en medio del capitalismo industrial, una religión tradicional, obligada a entendérselas con la vulgarización de una concepción científica del mundo, la coexistencia de la astrología y la teoría de la relatividad en una misma sociedad, etc. Es suficiente decir que. en tales condiciones, la tarea de los diversos legitimadores se vuelve realmente abrumadora. Una última cuestión de gran interés teórico provocada por la variabilidad histórica de la institucionalización se relaciona con la manera en que se ohjetiviza el orden institucional. , Hasta qué punto un orden institucional, o cualquier sector de él. se aprehende como facticidad no humana? Queda así planteada la cuestión de la reificación de la realidad social 5í . I.a reificación es la aprehensión de fenómenos humanos como si fueran cosas., va-le decir, en términos no humanos, o posiblemente supra-humanos. Se puede expresar de otra manera diciendo que la reificación es la aprehensión de los productos de la actividad humana como si fueran algo distinto de los productos humanos, como hechos de la naturaleza, como resultados de leyes cósmicas, o manifestaciones de la voluntad divina. La reificación implica que el hombre es capaz de olvidar que él mismo ha creado el mundo humano, y, además, que la dialéctica entre el hombre, pro68 La reificación (Verdinglichung) es un concepto marxista importante, particularmente en las consideraciones antropológicas de los Frühschriften, y desarrollado luego como "fetichismo de las mercancías" en El capital. Para manifestaciones más recientes de este concepto en la teoría marxista, cf. Gyórgy Lukács, Histoire et conscience de classe, pp. 109 y sigs.; Lucien Goldmann, Recherches dialectiqwes [París, Gallimard, 1959), pp. 64 y sigs.: Joseph Gabel, La fausse conscience (París, Éditions de Minuit, 1962), y Formen der Entfremdung (Frankfort, Fischer, 1964). Para un análisis amplio de la aplicabilidad del concepto dentro de una sociología del conocimiento no doctrinaria, cf. Peter L. Berger > Stanley Pullberg, "Reification and the Sociological Critique oí Consciousness", en History and Theory, I V : 2, 198 y sigs., 1965 Dentro del marco de referencia marxista, el concepto de reificación se relaciona íntimamente con el de alienación (Entfremdung^. Esto último ha sido confundido en obras sociológicas recientes, con fenómenos que van desde la anomia hasta la neurosis, casi al punto de ser imposible rescatarlo terminológicamente. Sea como fuere, hemos creído que éste no es lugar para intentar dicho rescate y, por lo tanto, evitamos usar ese concepto.
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ductor, y sus productos pasa inadvertida para la conciencia. El mundo reificado es, por definición, un mundo deshumanizado, que el hombre experimenta como facticidad extraña, como un o pus alienum sobre el cual no ejerce un control mejor que el del opas proprium de su propia actividad productiva. De nuestro anterior análisis de la objetivación surge claramente que en el momento mismo en que se establece un mundo social objetivo, no está lejos la posibilidad de la reificación 59 . La objetividad del m u n d o social significa que "enfrenta al hombre como algo exterior a él mismo. La cues""tióji decisiva es saber si el hombre conserva conciencia de que el mundo social, aun objetivado, fue hecho por los hombres, y de que éstos, por consiguiente, pueden rehacerlo. En otras palabras, la reificación puede describirse como un paso extremo en el proceso de la objetivación, por el que el m u n d o objetivado pierde su comprehensibilidad como empresa humana y queda fijado como facticidad inerte, no h u m a n a y no humanizable 60 . En particular, la relación real entre el hombre y su mundo se invierte en la conciencia. El hombre, productor de un mundo, se aprehende como su producto y la actividad humana como epifenómeno de procesos no humanos. Los significados humanos no se entienden como productores de un mundo, sino, a su vez, como producidos por la "naturaleza de las cosas". Debe destacarse que la reificación es una modalidad de la conciencia, más exactamente una modalidad de la objetivación del mundo humano que realiza el hombre. Aunque aprehenda el mundo en términos reificados, el hombre sigue produ69 Algunos críticos franceses que se han ocupado recientemente de la sociología de Durkheim, como Jules Monnerot (Les faits " sociaux ne sont pas dís dioses, 1946) y Armand Cuvillier ("Durkheim et Marx", en Cahiers Internationaux de Sociologie, 1948) la acusan de sustentar una visión reificada de la realidad social. En otras palabras, han sostenido que la choséité (coseidad) de Durkheim es ipso jacto una reiíicación. Dígase al respecto lo que se quiera con respecto a la exégesis de Durkheim, en principio cabe aseverar que "los hechos sociales son cosas", lo cual significa solamente postular la objetividad de los hechos sociales como productos humanos. En esta cuestión la clave teórica es la diferencia entre • objetivación y reificación. 80 Compárese aquí el concepto de Sartre sobre lo "prácticoinerte", en Crítica de la razón dialéctica.
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ciéndolo, o sea que, paradójicamente, es capaz de producir una realidad que lo niega 6 1 . La reificación es posible tanto en el plano pre-teórico como en el teórico de la conciencia. Los sistemas teóricos complejos pueden considerarse como reificaciones, aunque arraiguen presumiblemente en reificaciones pre-teóricas que se establecen en tal o cual situación social. Por eso sería equivocado limitar el concepto de reificación a las construcciones mentales de los intelectuales. La reificación existe en la conciencia del hombre de la calle y, en realidad, esta presencia tiene mayor significación práctica. También sería equivocado considerar la reificación como la perversión de una aprehensión del mundo social no reificada originalmente, una especie de pérdida cognoscitiva de la gracia. En cambio, la evidencia etnológica y psicológica de que se dispone parece indicar lo contrario, a saber, que la aprehensión original del m u n d o social es sumamente reificada. tanto filogenética como ontogenéticamente 62 . Esto implica que la aprehensión de la reificación como modalidad de la conciencia depende de una ¿«reificación, al menos relativa, de la conciencia, que constituye u n desarrollo comparativamente tardío en la historia y en cualquier biografía individual. El orden institucional, tanto en conjunto como segmentado, puede aprehenderse en términos reificados. Por ejemplo, el orden total de la sociedad puede concebirse como un microcosmos que refleja el macrocosmos del universo total como creación de los dioses. Todo lo que sucede "aquí abajo" no es más que un pálido reflejo de lo que sucede "allá arriba" 63 . De manera similar pueden aprehenderse otras instituciones en particular. La "receta" básica para la reificación de las instituciones consiste en conce61 Por esta razón Marx llamó falsa conciencia a la conciencia reificadora. Este concepto puede relacionarse con el de "mala fe" (mauvaise foi) de Sartre. 62 La obra de Lucien Lévy-Bruhl y la de Jean Piaget pueden considerarse básicas para entender la protorreificación, tanto filogenética como ontogenéticamente. Asimismo, cf. Claude LéviStrauss, La pensée sauvage (París, Plon, 1962); El pensamiento salvaje (México, F.C.E., 1964). 63 Sobre el paralelismo entre "aquí abajo" y "allá arriba", cf. Mircea Eliade, Cosmos and History (Nueva York, Harper, 1959). Algo similar afirma Voegelin, op. cit., en su análisis de las "civilizaciones cosmológicas".
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derles un status ontológico independiente de la actividad "y la significación humanas. Las reificaciones específicas son "'variaciones sobre este tema general. El matrimonio, por ejemplo, puede reificarse como una imitación de actos divinos de creatividad, como un mandato universal de la lev natural, como la consecuencia necesaria de fuerzas biológicas o psicológicas, o, llegado el caso, como un imperativo funcional del sistema social. Lo que tienen en común estas reificaciones es que obnubilan el sentido del matrimonio en cuanto producción humana continua. Según puede advertirse por este ejemplo, la reificación se puede producir tanto teórica como pre-teóricamente. Así pues, el mistagogo puede urdir una teoría sumamente elaborada que repercuta desde el hecho humano concreto hasta los más remotos confines del cosmos divino; pero una pareja de aldeanos analfabetos que contrae matrimonio puede aprehender el hecho con un estremecimiento de temor metafísico similarmente reificado. Por medio de la reificación, el mundo de las instituciones parece fusionarse con el mundo de la naturaleza; se vuelve necesidad y destino, y se vive íntegramente como tal, con alegría o tristeza, según sea el caso. Los "roles" pueden reificarse al igual que las instituciones. El sector de la auto-conciencia que se ha objetivizado en el "rol" también se aprehende, pues, como un destino inevitable en el cual el individuo puede alegar que no le cabe responsabilidad alguna. La fórmula paradigmática para esta clase de reificación consiste en declarar: "No tengo opción en este asunto. Tengo que actuar de esta manera debido a mi posición" (como marido, padre, general, arzobispo, presidente del directorio, hampón, verdugo, o lo que sea}^ Esto significa que la reificación de los "roles" restringe la distancia subjetiva que el individuo puede establecer entre él y su desempeño de un "rol". La distancia implícita en toda objetivización subsiste, por supuesto; pero la que resulta de la desidentificación se reduce hasta desaparecer. Finalmente, la identidad misma (el yo total, si se prefiere) puede reificarse, tanto el propio, como el de los otros. Existe pues una identificación total del individuo con sus tipificaciones socialmente atribuidas. El individuo es aprehendido nada más que como ese tipo. Esta aprehensión puede acentuarse positiva o negativamente en términos de valores o emociones. La identificación de "judío" puede ser igual119
mente reificadora para el antisemita y para el mismo judío, solo que este último acentuará la identificación positivamente, y el primero en forma negativa. Ambas reificaciones confieren un status ontológico y total a una tipificación que es producto humano y que, aun cuando se internaliza, objetiviza solo un segmento del yo M . Una vez más, dichas reificaciones pueden abarcar desde el nivel pre-teórico de "lo que todos saben sobre los judíos", hasta las más complejas teorías sobre el judaismo como manifestación biológica ("la sangre judía"), psicológica ("el alma judía") o metafísica ("el misterio de Israel"). El análisis de la reificación tiene importancia porque sirve de correctivo permanente a las propensiones reificadoras del pensamiento teórico en general y del sociológico en particular; cobra una importancia singular para la sociología del conocimiento, porque le impide caer en una concepción no dialéctica de la relación que existe entre lo que los hombres hacen y lo que piensan. La aplicación histórica y empírica de la sociología del conocimiento debe tomar en cuenta especialmente las circunstancias sociales que favorecen la desreificación, tales como el colapso total de los órdenes institucionales, el contacto entre sociedades previamente segregadas y el importante fenómeno de la marginalidad social 65. En todo caso, estos problemas exceden el marco de nuestras actuales consideraciones. 2. LEGITIMACIÓN a) Orígenes de los universos simbólicos. La mejor manera de describir la legitimación como proceso es decir que constituye una objetivación de significado de "segundo orden". La legitimación produce nuevos significados que sirven para integrar los ya atribuidos a procesos institucionales dispares. La función de la legitimación consiste en lograr que las objetivaciones de "primer orden" ya institucionalizadas lleguen a ser objetivamente disponi64 Sobre la reificación de la identidad, compárese con el análisis de85 Sartre con respecto a antisemitismo. Sobre las condiciones para la desreificación, cf. Berger y Pullberg, loe. cit.
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" bles y subjetivamente plausibles6S. A la vez que definimos la legitimación por esta función, sin reparar en los motivos específicos que inspiran cualquier proceso legitimador en particular, es preciso agregar que la "integración", en una forma u otra, es también el propósito típico que motiva a "los legitimadores. " La integración y, concordantemente, la cuestión de la plausibilidad subjetiva, se refiere a dos niveles. En primer lugar, la totalidad del orden institucional deberá tener sentido, concurrentemente, para los participantes en diferentes procesos institucionales. Aquí la cuestión de la plausibilidad se refiere a! reconocimiento subjetivo de un sentido general "detrás"' de los motivos situacionalmente predominantes, solo parcialmente institucionalizados, tanto propios como ajenos, como por ejemplo la relación del jefe y el sacerdote, o del padre y el comandante militar, o quizás, en el caso de un mismo individuo, la del padre, que a la vez es comandante militar de su hijo, consigo mismo. Existe pues un nivel "horizontal" de integración y plausibilidad, que relaciona el orden institucional en general con varios individuos que participan de él en varios "roles", o con varios procesos institucionales parciales en los que puede participar un solo individuo en un momento dado. En segundo lugar, la totalidad de la vida del individuo, el paso sucesivo a través de diversos órdenes del orden institucional, debe cobrar significado subjetivo. En otras palabras, la biografía individual, en sus varias fases sucesivas y 0 pre-definidas institucionalmente, debe adquirir un significado que preste plausibilidad subjetiva al conjunto. Por tanto, es preciso agregar un nivel "vertical", dentro del espacio de vida de cada individuo, al plano "horizontal" de integración y a la plausibilidad subjetiva del orden institucional. Como ya sostuvimos antes, la legitimación no es indispensable en la primera fase de la institucionalización, cuando la institución no es más que un hecho que no requiere apoyo ni intersubjetiva ni biográficamente, porque es evidente por sí mismo a todos los interesados. El problema de la legi66 El término "legitimación" deriva de Weber, que lo desarrolla particularmente en el contexto de su sociología política. Aquí le damos un uso más amplio.
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timación surge inevitablemente cuando las objetivaciones del orden institucional (ahora histórico) deben transmitirse a una nueva generación. Al llegar a ese punto, como hemos visto, el carácter auto-evidente de las instituciones ya no puede mantenerse por medio de los propios recuerdos y habituaciones del individuo. La unidad de historia y biografía se quiebra. Para restaurarla y así volver inteligibles ambos aspectos de ella, deben ofrecerse "explicaciones" y justificaciones de los elementos salientes de la tradición institucional. Este proceso de "explicar" y justificar constituye la legitimación 67. La legitimación "explica" el orden institucional atribuyendo validez cognoscitiva a sus significados objetivados. La legitimación justifica el orden institucional adjudicando dignidad normativa a sus imperativos prácticos. Es importante comprender que la legitimación tiene un elemento tanto cognoscitivo como normativo. En otras palabras, la legitimación no es solo cuestión de "valores": siempre implica también "conocimiento". Por ejemplo, una estructura de parentesco no se legitima solo por la ética de sus tabúes del incesto en particular; primero debe haber "conocimiento" de los "roles" que definen tanto las "buenas" como las "malas" acciones dentro de la estructura. Por ejemplo, el individuo tal vez no busque esposa dentro de su clan, pero antes debe "conocerse" a sí mismo como miembro de ese clan. Este "conocimiento" lo recibe a través de una tradición que "explica" lo que son los clanes en general y su clan en particular. Esas "explicaciones" (que típicamente constituyen una "historia" y una "sociología" de la colectividad en cuestión, y que en el caso de los tabúes del incesto probablemente también contengan una "antropología") constituyen tanto instrumentos legitimadores como elementos éticos de la tradición. La legitimación no solo indica al individuo por qué debe realizar una acción y no otra; también le indica por qué las cosas son lo que son. En otras palabras, el "conocimiento" precede a los "valores" en la legitimación de las instituciones. Es posible distinguir analíticamente entre niveles diferentes de legitimación (estos niveles se superponen empíricamente, por supuesto). La legitimación incipiente aparece
Con respecto a las legitimaciones como "explicaciones", compárese el análisis de las "derivaciones" de Pareto.
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tan pronto como se transmite un sistema de objetivaciones lingüísticas de la experiencia humana. Por ejemplo, la trans-misión de un vocabulario de parentesco legitima ipso fado la estructura de parentesco. Las "explicaciones" legitimadoras fundamentales entran, por así decir, en la composición del vocabulario. Así pues, un niño aprende que otro niño es su "primo", dato informativo que legitima inmediata e inherentemente el comportamiento con respecto a "primos" que se adquiere junto con la designación. A este primer nivel de legitimación incipiente corresponden todas las afirmaciones tradicionales sencillas referentes al "Así se hacen las cosas", que son las respuestas primeras y generalmente más eficaces a los "¿Por qué?" del niño. Este nivel es, por supuesto, pre-teórico, pero constituye el fundamento de "conocimiento" auto-evidente sobre el que deben descansar todas las teorías subsiguientes y, recíprocamente, el que deben alcanzar si han de llegar a incorporarse a la tradición. / El segundo nivel de legitimación contiene proposiciones teóricas en forma rudimentaria. Aquí podemos hallar diversos esquemas explicativos que se refieren a grupos de significados objetivos. Estos esquemas son sumamente pragmáticos y se relacionan directamente con acciones concretas. En este nivel son comunes los proverbios, las máximas morales y las sentencias, y también a él corresponden las leyen"das y cuentos populares, que suelen transmitirse en forma poética. De esa manera el niño aprende dichos por el estilo de "Al que roba a un primo le salen verrugas en las manos" o "Cuando tu esposa grite, acude, pero cuando tu primo te llame, corre"; o tal vez se sienta inspirado por la Canción de'los primos fieles que fueron juntos a cazar y aterrorizado por la Elegía por dos primos que fornicaron. é El tercer nivel de legitimación contiene teorías explícitas por las que un sector institucional se legitima en términos "de un cuerpo de conocimiento diferenciado. Esas legitimaciones proporcionan marcos de referencia bastante amplios a los respectivos sectores de comportamiento institucionalizado. En razón de su complejidad y diferenciación, suelen encomendarse a personal especializado que las transmite mediante procedimientos formalizados de iniciación. Así pues, puede existir una complicada teoría económica sobre la "relación entre primos", sus derechos, obligaciones y normas de procedimiento. Este conocimiento es administrado por 123
los ancianos del clan, a quienes quizá se les atribuya después que hayan agotado su propia utilidad económica. Los ancianos inician a los adolescentes en esta economía más elevada al efectuarse los ritos de la pubertad y actúan como expertos en el caso de presentarse problemas en su aplicación. Sí suponemos que los ancianos no tienen otra tarea a su cargo, es probable que desarrollen las teorías en cuestión debatiéndolas entre ellos mismos aun cuando no presenten problemas de aplicación, o. más exactamente, inventarán esa clase de problemas en el curso de sus teorizaciones. En otras palabras, con el desarrollo de teorías legitimadoras especializadas y su administración a cargo de legitimadores con dedicación exclusiva, la legitimación comienza a trascender la aplicación pragmática y a convertirse en "teoría pura". Con este paso la esfera de legitimaciones va alcanzando un grado de autonomía vis-á-vi> de las instituciones legitimadas y, eventualmente, puede generar sus propios procesos institucionales 68 . En nuestro ejemplo, la "ciencia de la relación entre primos" puede' comenzái a adquirir vida propia con independencia de las actividades de los simples primos "profanos", y el cuerpo de "científicos" tal vez establezca sus propios procesos institucionales en oposición a las instituciones que dicha "ciencia" se proponía legitimar originariamente. Podemos imaginar una culminación irónica de este proceso cuando la palabra "primo" ya no se aplica a un "rol" de parentesco, sino al poseedor de una dignidad en la jerarquía de especialistas en la "relació:. entre primos". Los universos simbólicos constituyen el cuarto nivel de legitimación. Son cuerpos de tradición teórica que integran zonas de significado diferentes y abarcan el orden institucional en una totalidad simbólica 8 9 , usando la palabra "simbólica" de la manera como se definió anteriormente. Repetimos, los procesos simbólicos son procesos de
68 Tanto Marx como Pareto tenían conciencia de la posib! autonomía de lo que hemos denominado legitimaciones ("ideología para Marx, "derivaciones" para Pareto). 89 Nuestro concepto de "universo simbólico" se aproxima mucho al de "religión" de Durkheim. El análisis de Schutz relativo :•• "áreas limitadas de significado" y su relación entre ellas, así corr. el concepto de "totalización" de Sartre atañen muy especialment a este punto de nuestra argumentación.
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significación que se refieren a realidades que no son las de la experiencia cotidiana. Fácil es advertir cómo la esfera simbólica se relaciona con el nivel más amplio de legitimación, con lo que se trasciende de una vez por todas la esfera de la aplicación pragmática. Se produce ahora la legitimación por medio de totalidades simbólicas que no pueden de ningún modo experimentarse en la vida cotidiana, exceptuando, por supuesto, lo que podríamos llamar "experiencia teórica'' (en rigor, nombre falso, para usar heurísticamente, si es menester}. Este nivel de legitimación se distingue, además, del precedente por el alcance de su integración significativa. En el nivel precedente ya es posible hallar un alto grado de integración de las áreas particulares de significado y distintos procesos de comportamiento institucionalizado. Ahora bien, todos los sectores del orden institucional se integran, sin embargo, en un marco de referencia general, que ahora constituye un universo en el sentido literal de la palabra, porque ya es posible concebir que toda la experiencia humana se desarrolla dentro de aquél. / El universo simbólico se concibe como la matriz de todos los significados objetivados socialmente y subjetivamente reales; toda la sociedad histórica y la biografía de un individuo se ven como hechos que ocurren dentro de ese "universo. Lo que tiene particular importancia es que las situaciones marginales de la vida del individuo (marginales "porque no se incluyen en la realidad de la existencia cotidiana en la sociedad) también entran dentro del universo simbólico 70. Esas situaciones se experimentan en los sueños y fantasías como áreas de significado separadas de la vida cotidiana y dotadas de una realidad peculiar propia. En el interior del universo simbólico estos dominios separados de la realidad se integran dentro de una totalidad significativa que los "explica" y quizá también los justifica (por ejemplo, los sueños pueden "explicarse" por una teoría psicológica, "explicarse" y justificarse por una teoría de la metempsicosis, y tanto la una como la otra se basarán en un universo mucho más amplio, que podemos llamar uni70 La expresión "situación marginal" (Grenzsituation) fue acubada por Karl Jaspers, pero la usamos de un modo muy diferente que él.
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verso "científico" contraponiéndolo al "metafísico"). El universo simbólico se construye, por supuesto, mediante objetivaciones sociales. Sin embargo, su capacidad para atribuir significados supera ampliamente el dominio de la vida social, de modo que el individuo puede "ubicarse" dentro de él aun en sus experiencias más solitarias. Al llegar a este nivel de legitimación la integración reflexiva de los distintos procesos institucionales alcanza su realización última. Se crea todo un mundo. Todas las teorías legitimadoras de menor cuantía se ven como perspectivas especiales de fenómenos que son aspectos de este mundo. Los "roles" institucionales se convierten en modos de participar en un universo que trasciende y abarca el orden institucional. En nuestro ejemplo anterior, la "ciencia de la relación entre primos" no es más que una parte de un cuerpo de teoría mucho mayor, que casi con certeza contendrá una teoría general del cosmos y del hombre. La legitimación última de las acciones "correctas" dentro de la estructura del parentesco constituirá, pues, su "ubicación" dentro de un marco de referencia cosmológico y antropológico. El incesto, por ejemplo, alcanzará su sanción negativa más terminante como ofensa contra el orden divino del cosmos y contra la naturaleza del hombre establecida por mandato divino. Lo mismo puede ocurrir con la inconducta económica, o con cualquier otra desviación de las normas institucionales. Los límites de dicha legitimación última se extienden, en principio, por el mismo espacio de tiempo que los límites de la ambición teórica y la inventiva en aquella parte de los legitimadores, que está acreditada oficialmente para definir la realidad. En la práctica existirán, por supuesto, variaciones en el grado de precisión con que ciertos segmentos del orden institucional se ubican en un contexto cósmico. Estas variaciones también pueden deberse a problemas pragmáticos particulares sobre los que se consulta a los legitimadores, o tal vez puedan ser resultado de desarrollos autónomos en la fantasía teórica de los especialistas en cosmología. La cristalización de los universos simbólicos sucede a los procesos de objetivación, sedimentación y acumulación del conocimiento que ya hemos analizado; o sea que los universos simbólicos son productos sociales que tienen una historia. Para entender su significado es preciso entender 126
la historia de su producción, lo que tiene tanto más importancia debido a que estos productos de la conciencia humana, por su misma naturaleza, se presentan como totalidades maduras e inevitables. Podemos ahora seguir indagando la manera cómo funcionan los universos simbólicos para legitimar la biografía individual y el orden institucional. La operación es en esencia la misma en ambos casos: tiene carácter nómico u ordenador 71. El universo simbólico aporta el orden para la aprehensión subjetiva de la experiencia biográfica. Las experiencias que corresponden a esferas diferentes de la realidad se integran por incorporación al mismo universo de significado que se extiende sobre ellas. Por ejemplo, el universo simbólico determina la significación de los sueños dentro de la realidad de la vida cotidiana, que reestablece a cada momente la situación prominente de esta última y mitiga el impacto que acompaña el paso de una realidad a otra T2. Las áreas de conocimiento que de otra manera seguirían siendo reductos ininteligibles dentro de la realidad de la vida cotidiana, se ordenan así en una jerarquía de realidades, e ipso jacto se vuelven inteligibles y menos aterradoras. Esta integración de las realidades de las situaciones marginales dentro de la realidad prominente de la vida cotidiana tiene gran importancia, porque dichas situaciones constituyen la amenaza más señalada para la existencia establecida y rutinizada en sociedad. Si se concibe a esta última como el "lado luminoso" de la vida humana, en ese caso las situaciones marginales constituyen el "lado sombrío" que se cierra siniestro en la periferia de la conciencia cotidiana. Por el solo hecho de que el "lado sombrío" tiene su realidad apropia, que suele ser siniestra, constituye una amenaza consolante para la realidad "lúcida", establecida y positiva de *la vida en sociedad. Constantemente se sugiere la idea (la idea "insana" por excelencia) de que tal vez la realidad . luminosa de la vida cotidiana no sea más que una ilusión,
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| . ' '1 Nuestra argumentación está aquí influida por el análisis de jjm anomia de Durkheim. Sin embargo, nos interesan más los pro. tesos nómicos de la sociedad que los anémicos. =**, 72 La situación prominente de la realidad cotidiana fue analizada «9or Schutz. Cf. especialmente el artículo "On Múltiple Realities", «a Collected Papers, vol. I, pp. 207 y sigs.
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que en cualquier instante puede ser devorada por las ululantes pesadillas de la otra realidad, la sombría. Esas ideas de locura y terror se reprimen ordenando todas las realidades concebibles dentro del mismo universo simbólico que abarca la realidad de la vida cotidiana, esto es, ordenándolas de tal manera, *que esta última realidad retenga su calidad prominente, definitiva y, si nos parece, "más real". Esta función nómica del universo simbólico con respecto a la experiencia individual puede describirse muy sencillamente diciendo que "pone cada cosa en su lugar". Más aún: cada vez que alguien se desvía de la conciencia de este orden (o sea, cuando se interna en las situaciones marginales de la experiencia), el universo simbólico le permite "volver a la realidad", vale decir, a la realidad de la vida cotidiana. Toda vez que ésta, por supuesto, es la esfera a la que pertenecen todas las formas de comportamiento institucional y los "roles", el universo simbólico proporciona la legitimación definitiva del orden institucional concediéndole la primacía en la jerarquía de la experiencia humana. Aparte de esta integración de las realidades marginales, que tiene importancia crucial, el universo simbólico ofrece el más alto nivel de integración a los significados discrepantes dentro de la vida cotidiana en la sociedad. Ya hemos visto cómo la integración significativa de sectores distintos del comportamiento institucionalizado se efectúa, tanto p reteórica como teóricamente, mediante la reflexión. Esa integración significativa no presupone el planteamiento de un universo simbólico ab initio: puede efectuarse sin recurrir a procesos simbólicos, o sea, sin trascender las realidades de la experiencia cotidiana. Sin embargo, una vez que queda planteado el universo simbólico, los sectores discrepantes de la vida cotidiana pueden integrarse por referencia directa a aquél. Por ejemplo, las discrepancias entre el significado de desempeñar el "rol" de primo y el de terrateniente pueden integrarse sin referirse a una mitología general. Pero si entra en funciones una Weltanschauung mitológica general, puede aplicarse directamente a la discrepancia en la vida cotidiana Desalojar a un primo de un pedazo de tierra puede constituir no solo una mala medida económica o una mala acción moral (sanciones negativas que no hay por qué extender a dimensiones cósmicas) : es posible entenderlo como una violación del orden del universo establecido por man128
dato divino. De esta manera, el universo simbólico ordena y por ende legitima los ''roles" cotidianos, las prioridades y los procedimientos operativos colocándolos sub specie universi, vale decir, en el contexto del marco de referencia más general que pueda concebirse. Dentro del mismo contexto, hasta las transacciones más triviales de la vida cotidiana pueden llegar a imbuirse de significación profunda. Fácil es apreciar cómo este procedimiento proporciona una legitimación poderosa al orden institucional en conjunto o por sectores particulares. El universo simbólico también posibilita el ordenamiento de las diferentes fases de la biografía. En las sociedades primitivas los ritos de pasaje representan la función nómica en forma prístina. La periodización de la biografía se simboliza en cada etapa con referencia a la totalidad de los significados humanos. Cada una de las fases biográficas —la niñez, la adolescencia, la adultez, etc.— se legitima como modo de ser en el universo simbólico (muy a menudo, como modo particular de vincularse al mundo de los dioses). No es preciso insistir sobre la cuestión evidente de que dicha simbolización induce sentimientos de seguridad y pertenencia. No obstante, sería un error pensar aquí en las sociedades primitivas solamente. Una teoría psicológica moderna sobre el desarrollo de la personalidad puede cumplir igual función. En ambos casos el individuo que pasa de una fase biográfica a otra puede percibirse él mismo coma repitiendo una secuencia ya establecida en la "naturaleza de las cosas" o en su propia "naturaleza"; vale decir que puede infundirse él mismo la seguridad de que vive "correctamente". La "corrección" de su programa de vida se legitima así en el más alto nivel de la generalidad. Cuando el individuo echa una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, su biografía le resulta inteligible en esos términos. Cuando se proyecta al futuro, puede concebir su biografía como desenvolviéndose en el seno de un universo cuyas coordenadas definitivas le son conocidas. Igual función legitimadora le corresponde a la "corrección" de la identidad subjetiva del individuo. Por la naturaleza misma de la socialización, la identidad subjetiva es una entidad precaria 73. Depende de las relaciones del in73 La precariedad de la identidad subjetiva ya está implícita en el análisis de la génesis del yo hecho por Mead. Para desarrollos
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dividuo con los otros significantes, que pueden variar o desaparecer. La precariedad aumenta aún más por las autoexperiencias en las susodichas situaciones marginales. La aprehensión "lúcida" de uno mismo como poseedor de una identidad reconocida socialmente, estable y definida, se ve amenazada de continuo por la metamorfosis "surrealista" de sueños v fantasías, aun cuando sigue teniendo una coherencia relativa en la interacción social cotidiana. La identidad se legitima definitivamente situándola dentro del contexto de un universo simbólico. Hablando en sentido mitológico, el nombre "real" del individuo es el que le ha adjudicado su dios. De esa manera, puede "saber quién es él" sujetando su identidad a una realidad cósmica protegida tanto de las contingencias de la socialización como de las auto-transformaciones malévolas de la experiencia marginal. Aun cuando su vecino no sepa quién es él, y aun cuando pueda olvidarse de sí mismo en las angustias de la pesadilla, el individuo puede tener la seguridad de que su "verdadero yo" es una entidad definitivamente real en un universo definitivamente real. Los dioses -—o la psiquiatría— o el interesado lo saben. En otras palabras, el realissimum de la identidad no necesita para legitimarse que el individuo lo conozca en todo momento; para los propósitos de la legitimación, basta que sea cognoscible. Como la identidad conocida o cognoscible por los dioses, por la psiquiatría o por el interesado es al mismo tiempo la identidad a la que se adjudica la condición de realidad última, la legitimación vuelve a integrar todas las transformaciones concebibles de la identidad con la identidad cuya realidad se basa en la vida cotidiana en la sociedad. Una vez más el universo simbólico establece una jerarquía, desde las aprehensiones de la identidad "más reales", hasta las más fugitivas, lo que significa que el individuo puede vivir en la sociedad con cierta seguridad de que realmente es lo que él considera ser cuando desempeña sus "roles" sociales de rutina, a la luz del día y ante la mirada de los otros significantes. Una función legitimadora de los universos simbólicos que de este análisis, cf. Anselm Strauss, Mirrors and Masks (Nueva York, Free Press of Glencoe, 1959); Erving Goffman, The Presentation of Self in Everyday Life (Garden City, N. Y., DoubledayAnchor, 1959). 130
tiene importancia estratégica para la biografía individual es la de la "ubicación" de la muerte. La experiencia de la muerte de otros y. posteriormente, la anticipación de la muerte propia plantea la situación marginal por excelencia para el individuo 74. Huelga insistir en que la muerte plantea la amenaza más terrible a las realidades establecidas de la vida cotidiana. La integración de la muerte dentro de la suma realidad de la existencia social adquiere, por lo tanto, importancia primordial para cualquier orden institucional. Esta legitimación de la muerte constituye, en consecuencia, uno de los frutos más importantes de los universos simbólicos, y el hecho de que se realice recurriendo o no a interpretaciones mitológicas, religiosas o metafísicas de la realidad, no es aquí cuestión esencial. El ateo moderno, por ejemplo, que atribuye significado a la muerte en términos de una Weltanschauung de evolución progresiva o de historia revolucionaria, también la legitima integrando la muerte dentro de un universo simbólico que abarca la realidad. Todas las legitimaciones de la muerte deben cumplir la misma tarea esencial: capacitar al individuo para seguir viviendo en sociedad después de la muerte de otros significantes y anticipar su propia muerte con un terror que, al menos, se halla suficientemente mitigado como para no paralizar la realización continua de las rutinas de la vida cotidiana. Puede advertirse fácilmente que una legitimación semejante resulta ardua de conseguir, como no sea integrando el fenómeno de la muerte dentro de un universo simbólico. Dicha legitimación provee, pues, al individuo de una receta para una "muerte correcta". En el mejor de los casos, esta receta conservará su admisibilidad cuando su propia muerte sea inminente y en verdad le permitirá "morir correctamente". En la legitimación de la muerte es donde la potencia trascendente de los universos simbólicos se manifiesta con más claridad, y donde se revela el carácter apaciguador fundamental de las legitimaciones definitivas de la suma realidad de la vida cotidiana. La primacía de las objeEl análisis que hace Heidegger de la muerte como situación marginal y por excelencia, es el más elaborado de los que existen en la filosofía reciente. El concepto de Schutz sobre la "ansiedad fundamental" se refiere al mismo fenómeno. También atañe a este punto el análisis de Malinowski relativo a la función social del ceremonial funerario.
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tivaciones sociales de la vida cotidiana puede retener su plausibílidad subjetiva solo si se la protege constantemente contra el terror. En el plano del significado, el orden institucional representa una defensa contra el terror. Ser anémico, por lo tanto, significa carecer de esa defensa y estar expuesto, solo, al asalto de la pesadilla. Si bien el horror a la soledad va existe como algo que probablemente se da en la sociabilidad propia de la constitución del hombre, se manifiesta en el plano del significado en la incapacidad de éste para llevar una existencia significativa aislado de las construcciones nómicas de la sociedad. El universo simbólico resguarda al individuo contra el terror definitivo adjudicando legitimación definitiva a las estructuras protectoras del orden institucional 7 5 . Algo muy similar puede afirmarse con respecto a la significación social (en oposición a la individual que acabamos de ver) de los universos simbólicos. Son cubiertas que resguardan el orden institucional a la vez que la biografía individual. También proveen la delimitación de la realidad social, vale decir, establecen los limites de lo atingente en términos de interacción social. U n a posibilidad extrema de esto, y que a veces se da aproximadamente en las sociedades primitivas, la constituye la definición de todo como realidad social; hasta la materia inorgánica se trata en términos sociales. Una delimitación más restringida, y más común, abarca solamente los mundos orgánicos o animales. El universo simbólico asigna rangos a los diversos fenómenos en una jerarquía del ser, definiendo los rangos de lo social dentro de dicha jerarquía V6. Huelga aclarar que esos rangos también se asignan a los tipos diferentes de hombres, y suele suceder que amplias categorías de esos tipos (a veces todos los que están fuera de la colectividad en cuestión) son definidos como distintos de lo humano o menos que humanos. Esto suele expresarse lingüísticamente (en el caso extremo, el nombre de la colectividad equivale al término " h u m a n o " ) , lo que no resulta muy infrecuente, aun en las sociedades civilizadas. Por ejemplo, el universo simbólico
75 El uso de ciertas perspectivas de la "angustia" (Angst. desarrolladas por la filosofía existencial hace posible ubicar el análisis de la anomia efectuado por Durkheim en un marco de referencia antropológico más amplio. 76 Cf. Lévi-Strauss, op. cit.
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de la India tradicional asignaba a los parias un status más cercano al de los animales que al status humano de las castas superiores .operación legitimada definitivamente en la teoría del karma-samsara. que abarcaba a todos los seres, humanos o no N . v aun más tarde, durante las conquistas españolas en América, los españoles llegaron a concebir que los indios pertenecían a una especie diferente esta operación se legitimaba en una manera menos amplia por una teoría que "probaba" que los indios no podían descer.de-. de Adán v Eva N . El universo simbólico también ordena la historia y ubica todos los acontecimientos colectivos dentro de una unidad coherente que incluye el pasado, el presente y el futuro. Con respecto al pasado, establece una "memoria" que comparten todos los individuos socializados dentro de la colectividad ~7. Con respecto al futuro, establece un marco de referencia común para la proyección de las acciones individuales. De esa manera el universo simbólico vincula a l o s hombres con sus antecesores y sus sucesores en una totalidad significativa 78 , que sirve para trascender la finitud de la existencia individual y que adjudica significado a la muerte del individuo. Todos los miembros de una sociedad pueden ahora concebirse ellos mismos como pertenecientes a un universo significativo, que ya existía antes de que ellos nacieran y seguirá existiendo después de su muerte. La comunidad empírica es traspuesta a un plano cósmico y se la vuelve majestuosamente independiente de las vicisitudes de la existencia individual 79 . Como ya hemos observado, el universo simbólico proporciona una amplia integración de todos los procesos institucionales aislados. Ahora la sociedad entera adquiere sentido. Las instituciones y los "roles" particulares se legitiman al ubicárselos en un mundo ampliamente significativo. Por ejemplo, el orden político se legitima por referencia a un
77 Sobre la memoria colectiva, cf. Maurice Halbwachs, Les cadres sociaux de la mémoire (París, Presses Universitaires de France, 1952). Halbwachs también desarrolló su teoría sociológica de la memoria en La mémoire collective (1950) y en La topographie légendaire des Évangiles en Terre Sainte (1941). 78 Los conceptos de "antecesores" y "sucesores" derivan de Schutz. 79 La concepción del carácter trascendente de la sociedad fue desarrollada especialmente por Durkheim.
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orden cósmico de poder y justicia, y los "roles" políticos se legitiman como representaciones de estos principios cósmicos. La institución de la realeza divina en las civilizaciones arcaicas aporta una muestra excelente de la manera en que opera esta clase de legitimación definitiva Sin embargo, importa observar que el orden institucional, al igual que el de la biografía individual, está continuamente amenazado por la presencia de realidades que no tienen sentido en sus términos. La legitimación del orden institucional también se ve ante la necesidad continua de poner una valla al caos. Toda la realidad social es precaria; todas las sociedades son construcciones que enfrentan el caos. La constante posibilidad del terror anémico se actualiza cada vez que las legitimaciones que obscurecen la precariedad están amenazadas o se desploman. El temor que acompaña a la muerte de u a rey. especialmente sí acaece con violencia repentina, expresa este terror. Por encima y más allá de las emociones de pesar o de las preocupaciones políticas pragmáticas, la muerte de un rey en tales circunstancias trae el terror del caos a una cercanía consciente. La reacción popular ante el asesinato del presidente Kennedy es un ejemplo poderoso. Puede comprenderse fácilmente por qué a ¡os acontecimientos de esa índole tienen que sucederles inmediatamente las más solemnes reafirmaciones sobre la realidad continuada de los símbolos protectores. Los orígenes de un universo simbólico arraigan en la constitución del hombre. Si el hombre en sociedad es el constructor de un mundo, esto resulta posible debido a esa abertura al mundo que le ha sido dada constitucionalmente. lo que ya implica el conflicto entre el orden y el caos. La existencia humana es, ab initio, una externalización continua. A medida que el hombre se externaliza, construye el mundo en el que se externaliza. En el proceso de externalización. proyecta sus propios significados en la realidad. Los universos simbólicos, que proclaman que toda la realidad es humanamente significativa y que recurren al cosmos entero para que signifique la validez de la existencia humana, constituyen las estribaciones más remotas de esta proyección 80 .
80 El concepto de "proyección" fue desarrollado primeramente por Feuerbach y más tarde, aunque en direcciones muy diferentes, por Marx, Nietzsche y Freud.
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b) Mecanismos conceptuales para el mantenimiento los universos simbólicos.
de
El universo simbólico, considerado como construcción cognoscitiva, es teórico. Se origina en procesos de reflexión subjetiva, los que. con la objetivación social, llevan al establecimiento de vínculos explícitos entre los temas significativos que arraigan en las diversas instituciones. En este sentido, el carácter teórico de los universos simbólicos resulta indudable, por más ilógicos o no sitemáticos que puedan parecerle a un obsenador "indiferente". Sea como fuere, se puede vivir, y de hecho se vive sencillamente, dentro de un universo simbólico. Si bien el establecimiento de un universo simbólico presupone reflexión teórica por parte de alguien (a quien el mundo o, más específicamente, el orden institucional le pareciese problemático), todos pueden "habitar" ese universo en una actitud establecida. Si el orden institucional ha de tomarse por establecido en su totalidad como conjunto significativo, debe legitimarse "colocándolo" en un universo simbólico. Pero, ya que otras cosas son iguales, ese universo no requiere de suyo otra legitimación. En principio, era el orden institucional, no el universo simbólico, lo que parecía problemático y a lo que debía dirigirse, en consecuencia, la teorización. Por ejemplo, volviendo al caso citado de la legitimación de la realeza, una vez que la institución del parentesco entre primos se ha "ubicado" en un -cosmos de primos mitológicos, ya no se trata de la simple cuestión de un hecho social sin significación "adicional". Como quiera que sea, la mitología misma puede sostenerse ingenuamente sin que haya reflexión teórica sobre ella. Solamente después que un universo simbólico se objetiva como "primer" producto del pensamiento teórico, surge verdaderamente la posibilidad de la reflexión sistemática sobre la naturaleza de ese universo. Mientras que el universo simbólico legitima el orden institucional en su más alto nivel de generalidad, la teorización acerca del universo simbólico puede ser descrita como legitimación en segundo grado, por así decir. Todas las legitimaciones, desde las más sencillas legitimaciones pre-teóricas de significados institucionales distintos hasta los establecimientos cósmicos de universos simbólicos pueden, a su vez, describirse como mecanismos 135
para mantenimiento de universos, los que, como podrá fácilmente advertirse, requieren buena medida de sofisticación conceptual desde el principio. Es evidente que existen dificultades para trazar líneas firmes entre lo "simple" y lo "sofisticado" en ejemplos concreto?. Sin embargo, conviene hacer la distinción analítica aun en esos ejemplos, porque así se llama la atención respecto de la medida en que un universo simbólico se da por establecido. En lo que se refiere a esta cuestión, es evidente que el problema analítico resulta similar al que ya surgió cuando analizábamos la legitimación. Existen varios niveles de la legitimación de universos simbólicos así como los hav de legitimación de las instituciones: sin embargo, de los primeros no puede decirse que desciendan al nivel preteórico, por la razón evidente de que un universo simbólico es de por sí un fenómeno teórico y sigue siéndolo aun cuando se lo sostenga sencillamente. Como en el caso de las instituciones, se plantea la cuestión de las circunstancias en que se vuelve necesario legitimar universos simbólicos por medio de mecanismos conceptuales específicos para el mantenimiento de universos. Y también esta vez la respuesta es similar a la dada en el caso de las instituciones. Los procedimientos específicos para el mantenimiento de los universos se hacen necesarios cuando el universo simbólico se ha convertido en problema. Mientras esto no suceda, el universo simbólico se autosustenta, o sea, se autolegitima por la sola facticidad de su existencia objetiva en la sociedad de que se trate. Puede admitirse el concebir una sociedad en la que esto ocurriera: dicha sociedad constituiría un "sistema" de funcionamiento perfecto, armonioso y cerrado. Pero una sociedad semejante no existe en la realidad. Dadas las tensiones inevitables de los procesos de institucionalización y por el hecho mismo de que todos los fenómenos sociales son construcciones producidas históricamente a través de la actividad humana, no existe una sociedad que se dé totalmente por establecida ni tampoco, a \ortiori, un universo simbólico de esa clase. Todo universo simbólico es incipientemente problemático. La cuestión reside, pues, en saber en qué grado se ha vuelto problemático. El proceso de transmisión de un universo simbólico de una generación a otra plantea un problema intrínseco similar
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al formulado con respecto a la tradición en general. La socialización nunca se logra totalmente. Algunos individuos "habitan"' el universo transmitido en forma más definitiva que otros. Aun entre los "habitantes" más o menos acreditados siempre existirán variaciones de idiosincrasia en cuanto a la manera de concebir el universo. Justamente porque el universo simbólico no puede experimentarse como tal en !a vida cotidiana, pero trasciende a esta última por su naturaleza misma, no resulta posible ''enseñar" su significado en la forma directa en que pueden enseñarse los significados de la vida cotidiana. Las preguntas de los niños sobre el universo simbólico tienen que contestarse de manera más complicada que sus preguntas sobre las realidades institucionales de la vida cotidiana. Las preguntas de los adultos idiosincrásicos requieren una mayor elaboración conceptual. En el ejemplo anterior, el significado del parentesco entre primos está continuamente representado por primos de carne y hueso que desempeñan "roles" de tales en las rutinas experimentadas en la vida cotidiana. Los primos humanos resultan empíricamente accesibles, lo que, desgraciadamente. no ocurre con los primos divinos: he ahí un problema intrínseco para los pedagogos de ese parentesco divino. Mutatis mutandis, otro tanto sucede con la transmisión de otros universos simbólicos. Este problema intrínseco se acentúa si algunos grupos de "habitantes" llegan a compartir versiones divergentes del universo simbólico. En ese caso, por razones evidentes en la naturaleza de la objetivación, la versión que se desvía queda estereotipada en una realidad por derecho propio, la que, por existir dentro de la sociedad, desafía el status de la realidad del universo simbólico tal como se constituyó originariamente. El grupo que ha objetivado esta realidad divergente se convierte en portador de una definición de la realidad que constituye una alternativa 81 . Resulta innecesario detallar el punto concerniente a que dichos grupos heréticos plantean no solo una amenaza teórica para el universo simbólico, sino también una amenaza práctica para el orden institucional legitimado por el universo simbólico en cuestión. Los procedimientos represivas que suelen ser em81 Compárese nuevamente el concepto de "portador" de Weber.
(Tráger)
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pleados contra tales grupos por los custodios de las definiciones "oficiales" de la realidad no tienen por qué preocuparnos en este contexto. Lo que importa para nuestras consideraciones es la necesidad de que dicha represión se legitime, lo que. por supuesto, implica la puesta en marcha de diversos mecanismos conceptuales destinados a mantener el universo "oficial"' contra el desafío herético. Desde el punto de vista histórico, el problema de !a herejía ha constituido con frecuencia el primer impulso para la conceptualización teórica y sistemática de los universos simbólicos. El desarrollo del pensamiento teológico cristiano como resultado de una serie de desafíos heréticos a la tradición "oficial" aporta excelentes ejemplos históricos de este proceso. Como en toda teorización, en el curso de dicho proceso surgen nuevas implicaciones teóricas dentro de la tradición misma, la que se ve impulsada a nuevas conceptualizaciones más allá de su forma original. Por ejemplo, las formulaciones cristológicas precisas emitidas por los concilios de la iglesia primitiva fueron requeridas, no por la tradición en sí, sino por los desafíos que le significaban las herejías. A medida que se desenvolvían estas formulaciones, también se iba manteniendo y difundiendo la tradición. De esa manera surgió, entre otras innovaciones, la concepción teórica de la Trinidad, que no solo era innecesaria sino también inexistente en la primera comunidad cristiana. En otras palabras, el universo simbólico no solo se legitima, sino que también se modifica mediante los mecanismos conceptuales construidos para resguardar el universo "oficial"-contra el desafío de los grupos heréticos. U n a ocasión importante para el desarrollo de la conceptualización destinada al mantenimiento de los universos es la que se presenta cuando una sociedad se enfrenta con otra que posee una historia muy diferente 82 . El problema que plantea dicho enfrentamiento resulta mucho más agudo en particular que el planteado por las herejías en el seno de las sociedades, porque en este caso existe la alternativa de u n universo simbólico con una tradición : 'oficial" cuya objetividad ya establecida sea igual a la propia. Para el status de realidad del universo propio, resulta menos chocante tener que tratar con grupos minoritarios de desviados.
82 Atañen a este punto los análisis del "contacto cultural" de la antropología cultural norteamericana contemporánea.
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cuya oposición se define ipso jacto como locura o perversidad, que enfrentar a otra sociedad que considera nuestras propias definiciones de la realidad como ignorancia, locura o perversidad s s . Una cosa es estar rodeado por algunos individuos —aun cuando se agrupen en una minoría— que no pueden o no quieren atenerse a las reglas institucionales del parentesco entre primos, v otra es enfrentar a una sociedad entera que iamás ha oído mencionar esas reglas. que tal vez hasta carece de la palabra equivalente a ''primo" y que sin embarco parece prosperar como empresa activa. El universo que como alternativa presenta la otra sociedad debe ser enfrentado esgrimiendo las mejores razones que puedan existir para apoyar la superioridad del propio. Esto demanda un mecanismo conceptual de gran sofisticación. La aparición de un universo simbólico a modo de alternativa constituye una amenaza porque su misma existencia demuestra empíricamente que nuestro propio universo es menos que inevitable. Como cualquiera puede advertir ahora, se puede vivir en este mundo sin la institución de la relación entre primos, después de todo, y se puede renegar y aun burlarse de los dioses que presiden esa relación, sin que ello signifique el inmediato derrumbe de los cielos. Este hecho impactante debe tenerse en cuenta aunque más no sea teóricamente. Por supuesto que también puede ocurrir que el universo alternativo tenga un atractivo misional. Ciertos individuos o grupos dentro de nuestra propia sociedad tal vez podrían sentir la tentación de "emigrar" del universo tradicional o —peligro aún mayor— de cambiar el orden antiguo según el modelo del nuevo. Resulta fácil imaginar, por ejemplo, cómo el advenimiento de los griegos patriarcales debe de haber trastornado el universo de las sociedades matriarcales que a la sazón existían a lo largo del Mediterráneo oriental. El universo griego debe de haberles parecido sumamente agradable, a los varones que en esas sociedades se hallaban dominados por sus mujeres y sabemos que la Magna Mater causó gran impresión en los mismos griegos. En la mitología griega abundan las elaboraciones conceptuales que demostraron ser necesarias para resolver este problema. Compárese el concepto de "impacto de cultura" en la antropología cultural norteamericana contemporánea. 139
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Tiene importancia destacar que los mecanismos conceptuales para el mantenimiento de los universos son en s'. mismos productos de la actividad social, come lo son todas las formas de legitimación, y rara vez pueden entenderse separados de las demás actividades de la colectividad de que se trate. Específicamente, el éxito de los mecanismos conceptuales particulares se relaciona con el poder que poseen los que los manejan 84 . El enfrentamiento de universos simbólicos alternativos implica un problema de poder: (.•cuál de las definiciones eonflictuales de la realidad habrá cié ''quedar adherida'' en la sociedad? Dos sociedades que se enfrentan y cada una de las cuales posee universos en conflicto desarrollarán mecanismos conceptuales destinados a mantener sus respectivos universos. Desde el punto de vista de la plausibilidad intrínseca, las dos formas de conceptualización parecen ofrecer escaso margen de opción a', que observa desde fuera. Sin embargo, la cuestión de cuál de las dos prevalecerá dependerá más del poder que dt la habilidad teórica de los legitimadores respectivos. Resuk.. posible imaginar que mistagogos olímpicos y ctónicos igualmente sofisticados se reunieran en consultas ecuménicas pai.. discutir los méritos de sus respectivos universos sÍ!W ira . : studio: pero es más probable que la cuestión se decidiera en el plano menos refinado de la fuerza militar. El resultado histórico de cada lucha de dioses lo decidían los que blandían las mejores armas más que los que poseían los mejores argumentos. Lo mismo puede decirse, por supuesto, de los conflictos de esta índole que ocurren en el seno de las sociedades. El que tiene el palo más grande tiene mayores probabilidades de imponer sus definiciones de la realidad, lo que constituye una aseveración valedera con respecto a cualquier colectividad más grande, aunque siempre queda la posibilidad de que algunos teorizadores políticamente desinteresados se convenzan mutuamente sin tener que recurrir a medios más groseros de persuasión. Los mecanismos conceptuales que mantienen los universos
84 Marx desarrolló con gran detalle la relación entre el poder material y el "éxito conceptual". Cf. la conocida formulación a este respecto en The Germán Ideology: "Die Gedanken der herrschenden Klasse sind in jeder Epoche die herrschenden Gedanken' (Frühschriften, edición Kroner), p. 373. La ideología alemana, varias ediciones.
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simbólicos siempre entrañan la sistematización de legitimaciones cognoscitivas y normativas que ya estaban presentes en la sociedad de modo más sencillo y que cristalizaron en el universo simbólico en cuestión. En otras palabras, el material con que se construyen las legitimaciones que mantienen los universos consiste mayormente en una elaboración ulterior —a un nivel más elevado de integración teórica— de las legitimaciones de las diversas instituciones. De esa manera suele haber una continuidad entre los esquemas explicativos y exhortativos, que sirven de legitimaciones al más bajo nivel teórico, y las imponentes construcciones intelectuales que explican él cosmos. La relación entre la conceptualización cognoscitiva y normativa, aquí como en todas partes, es empíricamente fluida: las conceptualizaciones normativas siempre implican ciertos presupuestos cognoscitivos. Conviene, sin embargo, establecer la distinción analítica, en especial porque lleva la atención hacia grados cambiantes de diferenciación entre las dos esferas conceptuales. Resultaría a todas luces absurdo intentar aquí un estudio detallado de los diferentes mecanismos conceptuales para el mantenimiento de los universos de que disponemos históricamente 8í). Pero es conveniente anotar unas cuantas observaciones con respecto a algunos de ellos: la mitología, la teología, la filosofía y la ciencia. Sin que queramos proponer un esquema evolutivo para estos tipos, se puede afirmar con certeza que la mitología representa la forma más arcaica para el mantenimiento de universos, así como en verdad representa la forma más arcaica de legitimación en general 86 . Es muy probable que la mitología sea una fase necesaria en el desarrollo del pensamiento humano en
85 Pareto es el que más se aproximó a la elaboración de una historia del pensamiento en términos sociológicos, lo que hace que sea figura importante para la sociología del conocimiento, a pesar de las reservas que pueda inspirar su marco de referencia teórico. Cf. Brigitte Berger, Vilfredo Pareto and the Sociology of Knowledge (tesis doctoral inédita, New School for Social Research, 1964). 86 Esto puede hacer recordar la "ley de los tres estadios" de Augusto Comte. No podemos aceptarla, por supuesto, pero es posible que resulte útil al sugerir que la conciencia se desarrolla en etapas históricamente discernibles, aunque no pueda concebírselas como lo hace Comte. Nuestra concepción a este respecto se aproxima al enfoque hegeliano/marxista acerca de la historicidad del pensamiento humano.
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cuanto tal8T. De cualquier modo, las más antíguas conceptualizaciones para el mantenimiento de universos de que disponemos tienen forma mitológica. Para nuestros propósitos, basta definir la mitología como una concepción de la realidad que plantea la continua penetración del mundo de la experiencia cotidiana por fuerzas sagradas 8B . Esta concepción entraña naturalmente un alto grado de continuidad entre el orden social y el cósmico, y entre todas sus respectivas legitimaciones89: toda la realidad aparece como hecha de una misma materia. La mitología como mecanismo conceptual es lo más cercano al nivel sencillo del universo simbólico, nivel en el cual es minima la necesidad de mantenimiento teórico de universos más allá del planteo real del universo en cuestión como realidad objetiva. Esto explica el fenómeno históricamente recurrente de tradiciones mitológicas contradictorias que subsisten paralelamente sin integración teórica. En particular, esa incoherencia se siente solo después que las tradiciones se han vuelto problemáticas y que ya ha ocurrido una cierta especie de integración. El "descubrimiento" de dicha incoherencia (o, si se prefiere, su suposición ex post jacto) suele ser hecho por los especialistas en la tradición, que son también los integradores más comunes de los temas tradicionales aislados. Una vez que se hace sentir la necesidad de integración, las construcciones mitológicas consiguientes pueden adquirir gran artificiosidad teórica. En este punto basta con citar el ejemplo de Homero. La mitología se aproxima también al nivel sencillo en que, aunque existan especialistas en la tradición mitológica, su conocimiento no dista mucho de lo que se conoce en general. La iniciación en la tradición administrada por esos especialistas puede resultar ardua en sus aspectos extrínsecos.
87 Tanto Lévy-Bruhl como Piaget sugieren que la mitología constituye una etapa necesaria en el desarrollo del pensamiento. Para un análisis sugerente de las raíces biológicas del pensamiento mitológico/mágico, cf. Arnold Gehlen, Studien zur Anthropologie und Soziologie (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1963), pp. 79 y sigs. 88 Nuestra concepción de la mitología está aquí influida por la obra de Gerardus van der Leeuw, Mircea Eliade y Rudolf Bultmann. 89 Sobre la continuidad entre los órdenes social y cósmico en la conciencia mitológica, compárense nuevamente las obras de Eliade y Voegelin.
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Puede tal vez limitarse a elegir candidatos, a ocasiones o momentos especiales, y puede comportar una esforzada preparación ritual. Con todo, no suele resultar difícil en cuanto a las cualidades intrínsecas del cuerpo de conocimiento en sí mismo, el cual no es difícil de adquirir. Para salvaguardar la pretensión monopolizadora de los especialistas, debe establecerse institucionalmente la inaccesibilidad del saber de éstos; vale decir, se propone un "secreto" y se define institucionalmente en términos esotéricos un cuerpo de conocimiento intrínsecamente exotérico.- Un breve vistazo a las "relaciones públicas" de las camarillas actuales de teorizadores revelará que este antiguo malabarismo dista mucho de haber desaparecido. Con todo, existen importantes diferencias sociológicas entre las sociedades en las que todas las conceptualizaciones para el mantenimiento de universos son mitológicas, y aquellas en que no lo son. Sistemas mitológicos más elaborados se esfuerzan por eliminar incoherencias y mantener el universo mitológico en términos integrados teóricamente. Esas mitologías "canónicas", diríamos, entran en la conceptualízacíón teológica propiamente dicha. Para nuestros propósitos presentes, el pensamiento teológico puede distinguirse de su antecesor mitológico sencillamente en términos de un mayor grado de sistematización teórica. Los conceptos teológicos se hallan más alejados del nivel sencillo. El cosmos aún puede concebirse según las fuerzas o seres sagrados de la antigua mitología; pero esas entidades sagradas han sido desplazadas a una distancia mayor. El pensamiento mitológico funciona dentro de la continuidad que existe entre el mundo humano y el de los dioses. El pensamiento teológico sirve para mediar entre esos dos mundos, justamente porque su continuidad originaria ahora parece haberse roto. Con la transición de la mitología a la teología, la vida cotidiana parece estar menos penetrada continuamente por las fuerzas sagradas. El cuerpo de conocimiento teológico se halla, consiguientemente, más alejado del cúmulo general de conocimiento de la sociedad y de esa manera llega a ser intrínsecamente más difícil de adquirir. Aun en aquellos lugares donde no se ha institucionalizado deliberadamente como esotérico, sigue siendo "secreto" en virtud de su ininteligibilidad para el pueblo en general, de lo que resulta también que el puebla puede permanecer sin sentirse relativamente 143
afectado por las artificiosas teorías relativas al mantenimiento de los universos que han urdido los especialistas en teología. La coexistencia de una mitología sencilla entre las masas v una teología sofisticada entre una élite de teorizadores. que contribuyen ambas a mantener el mismo universo simbólico, es un fenómeno histórico frecuente. Solamente si se tiene este fenómeno en mente es posible, por ejemplo, llamar "budistas" a las sociedades tradicionales del Lejano Oriente o. llegado el caso, llamar "cristiana" a la sociedad medieval. La teología es paradigmática para las posteriores conceptualizaciones filosóficas y científicas del cosmos. Si bien la teología puede hallarse más cerca de la mitología por el contenido religioso de sus definiciones de la realidad, está más próxima a las conceptualizaciones secularizadas posteriores por su ubicación social. A diferencia de la mitología, las otras tres formas históricamente dominantes de mecanismos conceptuales se convirtieron en propiedad de las élites de especialistas cuyos cuerpos de conocimiento se alejaban cada vez más del conocimiento común de la sociedad en general. La ciencia moderna es un paso extremo en este desarrollo, y en la secularización y sofisticación del mantenimiento de los universos. La ciencia no solo corona el alejamiento de lo sagrado del mundo de la vida cotidiana, sino que también aleja de ese mundo al conocimiento para el mantenimiento de universos en cuanto tal. La vida cotidiana queda despojada tanto de la legitimación sagrada, como de la clase de inteligibilidad teórica que la vincularía con el universo simbólico en su totalidad propuesta. Dicho más sencillamente, el miembro "profano" de la sociedad ya no sabe cómo ha de mantenerse conceptualmente su universo, aunque, por supuesto, todavía sabe quiénes son presuntamente los especialistas en el mantenimiento del universo. Los interesantes problemas que plantea esta situación corresponden a una sociología empírica del conocimiento de la sociedad contemporánea y no pueden seguir tratándose en este contexto. Se da por sobreentendido que los tipos de mecanismo conceptual aparecen históricamente en combinaciones y modificaciones innumerables, y que los tipos que hemos analizado no son necesariamente exhaustivos. Pero en el contexto de la teoría general todavía quedan por discutir dos apli144
raciones de los mecanismos conceptuales para el mantenimiento de los universos: la terapia y la aniquilación. La terapia comporta la aplicación de mecanismos conceptuales para asegurarse que los desviados, de hecho o en potencia, permanezcan dentro de las definiciones institucionalizadas de la realidad o. en otras palabras, para impedir que los "habitantes" de un universo dado "emigren'*, lo cual se efectúa aplicando el aparato legitimador a los "casos" individuales. Ya que. como hemos visto, toda sociedad enfrenta el peligro de la desviación individual. podemos suponer que la terapia, en cualquier forma que sea. constituye un fenómeno social global. Sus ordenamientos institucionales específicos, desde el exorcismo hasta el psicoanálisis, desde la cura pastoral hasta los programas de asesoramiento personal, corresponden, por supuesto, a la categoría de control social. Lo que sin embargo nos interesa aquí es el aspecto conceptual de la terapia. Como ésta debe ocuparse de las desviaciones que se apartan de las definiciones "oficiales" de la realidad, tiene que desarrollar un mecanismo conceptual que dé cuenta de tales desviaciones y mantenga las realidades cuestionadas. Eso requiere un cuerpo de conocimiento que incluya una teoría de la desviación, un aparato para diagnósticos y un sistema conceptual para la "cura de almas". Por ejemplo, en una colectividad que posea homosexualidad militar institucionalizada, el individuo obstinadamente heterosexual será candidato seguro para la terapia, no solo porque sus intereses sexuales constituyen una amenaza evidente para la eficacia combatiente de su unidad de amantes guerreros, sino también porque su desviación resulta psicológicamente subversiva para la virilidad espontánea de los demás. Después de todo, algunos de ellos, tal vez "subconscientemente", podrían sentir la tentación de seguir su ejemplo. A un nivel más fundamental, la conducta del desviado desafía la realidad societaria en cuanto tal, poniendo en tela de juicio sus procedimientos operativos de orden cognoscitivo ("los hombres viriles por naturaleza se aman unos a otros") y normativo ("los hombres viriles deben amarse unos a otros") que se dan por establecidos. En realidad, el desviado se alza probablemente como un insulto viviente a los dioses que se aman unos a otros en los cielos, como sus devotos lo hacen en la tierra. Dicha 145
desviación radical requiere una práctica terapéutica sólidamente fundada en una teoría terapéutica. Debe existir una teoría de la desviación (o sea, una "patología") que explique esta escandalosa situación (digamos, alegar que se debe a posesión demoníaca^. Debe existir un cuerpo de conceptos diagnósticos (digamos, una sintomatología, con los recursos adecuados para aplicarla en ordalías^. que en el mejor de los casos no solo permita la especificación precisa de las condiciones agudas, sino también el rastreo de la "heterosexualidad latente" y la pronta adopción de medidas preventivas. Por último, debe existir una conceptualización del proceso curativo en sí (digamos, un catálogo de técnicas exorcistas con sus respectivos fundamentos teóricos adecuados). Un mecanismo conceptual semejante permite su aplicación terapéutica por los especialistas indicados y también puede ser internalizado por el individuo atacado de desviación; la internalización tendrá eficacia terapéutica de por sí. En nuestro ejemplo, el mecanismo conceptual puede estar destinado a despertar en el individuo un sentimiento de culpa (por ejemplo, el "pánico heterosexual"), proeza no muy costosa si su socialización primaria ha tenido siquiera un mínimo de éxito. Bajo el peso de esa culpa, el individuo llegará a aceptar subjetivamente la conceptualización de su estado tal como se la muestran los médicos terapeutas, tendrá "conocimiento" de su estado y el diagnóstico se volverá para él subjetivamente real. Este mecanismo conceptual puede desarrollarse aún más para permitir la conceptualización (y, por ende, la liquidación conceptual) de cualquier duda que pueda sentir tanto el terapeuta como el. "paciente" en cuanto a la terapia. Por ejemplo, puede existir una teoría de la "resistencia" que explique las dudas del segundo y una teoría de la "contra-transferencia" que explique las del primero. La terapia eficaz establece una simetría entre el mecanismo conceptual y su captación subjetiva en la conciencia del individuo; vuelve a socializar al desviado dentro de la realidad objetiva del universo simbólico de la sociedad. Dicho retorno a la "normalidad" produce, como es de suponer, una gran satisfacción subjetiva. El individuo se halla ahora en condiciones de regresar al amoroso abrazo del comandante de su pelotón sabiendo positivamente que se ha "encontrado a sí mismo" y que 146
una vez más está en gracia frente a la mirada de los dioses. La terapia utiliza un mecanismo conceptual para mantener a todos dentro del universo de que se trate. La aniquilación, a su vez, utiliza un engranaje similar para liquidar conceptualmente todo lo que esté fuera de dicho universo. Este procedimiento puede también describirse como 'una especie de legitimación negativa. La legitimación mantiene la realidad del universo construido socialmente; la aniquilación niega la realidad de cualquier fenómeno o interpretación de fenómenos que no encaje dentro de ese universo. Esto puede efectuarse de dos maneras. Primero: a los fenómenos de desviación puede atribuírseles un status ontológico negativo, con fines terapéuticos o sin ellos. La aplicación aniquiladora del mecanismo conceptual suele usarse con más frecuencia para los individuos o grupos extraños a la sociedad y, por ende, indeseables para la terapia. En este caso la operación conceptual es bastante sencilla. La amenaza a las definiciones sociales de la realidad se neutraliza adjudicando un status ontológico inferior, y por lo tanto un status cognoscitivo carente de seriedad, a todas las definiciones que existan fuera del universo simbólico. De esa manera, la amenaza que para nuestra sociedad homosexual significan los grupos anti-homosexuales vecinos puede liquidarse conceptualmente considerando a esos vecinos como menos que humanos, congénitamente desorientados con respecto al orden justo de las cosas, moradores de tinieblas cognoscitivas irremediables. El silogismo fundamental se enuncia como sigue: Los vecinos son una tribu de bárbaros. Los vecinos -son anti-homosexuales. Por lo tanto, su antihomosexualidad es un absurdo bárbaro, que hombres razonables no pueden tomar en serio. El mismo procedimiento conceptual puede ciertamente aplicarse también a los des. viados dentro de la sociedad. Ya sea que luego se proceda ! de la aniquilación a la terapia, o que, más bien, se liquide t físicamente lo que ya se ha liquidado conceptualmente, eso I es cuestión de política práctica. El poder material del grupo I liquidado conceptualmente resultará factor no despreciable I en la mayoría de los casos. A veces las circunstancias desI graciadamente obligan a seguir en términos amistosos con I los bárbaros. 9 Segundo: la aniquilación involucra el intento más amj b i c i o s o de explicar todas las definiciones desviadas de la 147
realidad según conceptos que pertenecen al universo propio. Dentro de un marco de referencia teológico, esto comporta la transición de la herejía a la apologética. Las concepciones desviadas no solo reciben un status negativo, sino que se abordan teóricamente en detalle. La meta final do este procedimiento consiste en incorporar las concepciones desviadas dentro del universo propio y así liquidarlas definitivamente. Por tanto, debe traducírselas a conceptos derivados del universo propio. De esta manera, la negación del universo propio se transforma sutilmente en una afirmación de él. Siempre se da por sobreentendido que e'. negador no sabe en realidad lo que está diciendo. Sus afirmaciones cobran sentido solo cuando se las traduce a términos más ''correctos", o sea, a términos que derivan de! universo que él niega. Por ejemplo, nuestros teorizados homosexuales pueden argumentar que todos los hombres son homosexuales por naturaleza. Los que niegan esto, en virtud de estar poseídos por demonios o sencillamente porque son bárbaros, están negando su propia naturaleza; en lo profundo de sí saben que eso es así. Por lo tanto, con solo examinar cuidadosamente sus declaraciones se descubren la justificación y la mala fe de su posición. Lo que puedan alegar en esta materia puede entonces traducirse en una afirmación del universo homosexual al que niegan ostensiblemente. Dentro de un marco de referencia teológica, el mismo procedimiento demuestra que el diablo glorifica a Dios sin saberlo, que toda incredulidad es deshonestidad inconsciente y que hasta el ateo es en realidad creyente. Las aplicaciones terapéuticas y aniquiladoras de los mecanismos conceptuales son inherentes al universo simbólico en cuanto tal. Si este último ha de abarcar toda la realidad. no es posible permitir que nada quede fuera de su alcanaconceptual. En principio al menos, sus definiciones de la realidad deben abarcar la totalidad del ser. Los engranajes conceptuales mediante los cuales se intenta esta totalización varían históricamente en grados de artiíiciosidad y aparece: in nuce tan pronto como cristaliza el universo simbólico. c) Organización social para el mantenimiento de los universos simbólicos. Todos los universos construidos socialmente cambian por que son productos históricos de la actividad humana, y e 148
cambio es producido por las acciones concretas de los seres humanos. Si nos sumergimos en las complejidades de los mecanismos conceptuales por los que se mantiene cualquier universo específico, tal vez olvidemos este hecho sociológico fundamental. La realidad se define socialmente. pero las definiciones siempre se encarnan, vale decir, los individuos y grupos de individuos concretos sirven como definidores de la realidad. Para comprender en un momento dado el estado del universo construido socialmente o los cambios que sufre con el tiempo, es necesario comprender la organización social que permite a los definidores efectuar sus definiciones. Expresándonos más burdamente, resulta esencial seguir formulando preguntas sobre las conceptualizaciones históricamente disponibles de la realidad, desde el ' ' ¿ Q u é ? " abstracto hasta el "¿Quién lo dice?"' sociológicamente concreto 9 0 . Como ya hemos visto, la especialización del conocimiento y la organización concomitante de los elencos para administrar los cuerpos de conocimiento especializado surgen como resultado de la división del trabajo. Es posible concebir una primera etapa de este desarrollo en la que no existe rivalidad entre los diferentes expertos. Cada zona de idoneidad se define por los hechos pragmáticos de la división del trabajo. El experto en caza no pretenderá poseer idoneidad para la pesca y, por ende, no tendrá motivos para competir con el cazador experto. A medida que surgen formas más complejas de conocimiento y se acumula un superávit económico, los expertos se consagran exclusivamente a los temas de su especialidad, los cuales," por el desarrollo de mecanismos conceptuales, tal vez se alejen cada vez más de las necesidades pragmáticas
90 De nuestros presupuestos teóricos surge claramente que no podemos aquí entrar en detalles sobre la cuestión de la "sociología de los intelectuales". Además de la importante obra de Mannheim en este terreno (especialmente en Ideology and Utopia —Ideología y utopía, Madrid, Aguilar— y Essays on the Soñólogy of Culture —Ensayos sobre sociología de la cultura, Madrid, Aguilar—), cf. Florian Znaniecki, The Social Role of the Man of Knowledge (Nueva York, Columbia University Press, 1940) ; Theodor Geiger, Aufgaben und Stellung der Intelligenz in der GeseUschaft (Stuttgart, 1949); Raymond Aron, L'opium des intellectueis (París, 1955); El opio de los inUlectuales (Buenos Aires, Leviatán, 1967) ; George B. de Huszar (comp.), The Intellectuals (Nueva York, Free Press of Glencoe, 1960).
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de la vida cotidiana. Los expertos en estos refinados cuerpos de conocimiento reclaman un status nuevo; no solo son especialistas en tal o cual sector del acopio social de conocimiento, sino que demandan jurisdicción definitiva sobre la totalidad de dicho acopio. Son expertos universales, hablando literalmente. Esto no significa que pretenden saberlo todo, sino que más bien pretenden saber la significación definitiva de lo que todos saben y hacen. Tal vez haya otros hombres que continúen jalonando sectores particulares de la realidad, pero los expertos reclaman idoneidad en las definiciones últimas de la realidad en cuanto tal. Esta etapa del desarrollo del conocimiento tiene una cantidad de consecuencias. La primera, que ya hemos estudiado, es la aparición de la teoría pura. Como los expertos universales operan en un plano de gran abstracción con respecto a las vicisitudes de la vida cotidiana, tanto ellos mismos como los demás pueden sacar en conclusión que sus teorías no tienen ninguna relación con la vida continua de la sociedad, sino que existen en una especie de cielo platónico de ideación ahistórica y asocial. Esto, por supuesto, es una ilusión, pero puede tener gran fuerza histórico-social en virtud de la relación que existe entre los procesos que definen la realidad y los que la producen. Una segunda consecuencia la constituye el fortalecimiento del tradicionalismo en las acciones institucionalizadas que así se legitiman, o sea, un fortalecimiento de la tendencia inherente de la institucionalización hacia la inercia 91 . La habituación y la institucionalización en sí mismas limitan ia flexibilidad de las acciones humanas. Las instituciones tienden a persistir, a no ser que se vuelvan "problemáticas". Las legitimaciones definitivas refuerzan inevitablemente esta tendencia. Cuanto más abstractas resultan las legitimaciones, menos probabilidad existe de que se modifiquen según las cambiantes exigencias pragmáticas. Si, de cualquier modo, existe una tendencia a seguir como antes, ésta evidentemente se fortalece al tener excelentes razones para que así suceda, lo que significa que las instituciones pueden persistir aun cuando, para un observador exterior, hayan perdido su funcionalidad o practicidad originarias. Ciertas cosas se hacer:
91 Sobre las legitimaciones últimas que fortalecen la "inercia institucional (la "fidelidad" de Simmel), compárese a Durkheim v Pareto.
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no porque resulta, sino porque son justas, es decir, justas en términos de las definiciones últimas de la realidad promulgadas por los expertos universales92. La aparición de elencos dedicados exclusivamente a la legitimación del mantenimiento de los universos también da lugar a conflictos sociales, algunos de los cuales se producen entre expertos y profesionales. Estos últimos, por razones que no hay por qué detallar, pueden llegar a resentirse por las grandiosas pretensiones de los expertos y los privilegios sociales concretos que las acompañan. Quizás ha de resultarles particularmente irritante que los expertos pretendan conocer la significación última de las actividades de los profesionales mejor que estos mismos. Dichas rebeliones por parte de los "profanos" puede que hagan surgir definiciones rivales con respecto a la realidad y que eventualmente aparezcan nuevos expertos encargados de las • nuevas definiciones. La antigua India aporta algunos de ¡ los mejores ejemplos históricos acerca de este punto. Los brahmanes, en cuanto expertos en la realidad última, consiguieron, en asombrosa medida, implantar sus definiciones de la realidad en la sociedad en general. Cualesquiera que hayan sido sus orígenes, el sistema de castas que se difundió durante un período de siglos hasta abarcar la mayor parte del subcontinente índico, se consideró una construcción | brahmánica, al punto de que, unos tras otros, los príncipes ¡ reinantes invitaban a los brahmanes a servirles de "ingeI nieros sociales" para establecer el sistema en nuevos terri; torios (en parte, porque el sistema se consideró sinónimo í de civilización superior y. en parte también, porque sin duda | los príncipes comprendieron su enorme capacidad de control social). El Código de Manú nos proporciona una excelente * idea tanto de los propósitos sociales de los brahmanes, como de las ventajas sumamen e mundanas que éstos acumularon a raíz de haber sido aceptados como los delineadores cósmicamente designados. Sin embargo, era inevitable que en tal i ocasión se produjese un conflicto de poder entre los teorii zadores y los profesionales. Estos últimos estaban repre; sentados por los chatrias, los miembros de la casta militar : y principesca. La literatura épica de la antigua India, el
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92 Precisamente es éste el punto más débil de cualquier interpretación funcionalista de las instituciones, ya que tiende a buscar practicidades que, de hecho, no existen.
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Mahabharata v el Ramayana, atestiguan con elocuencia este conflicto. No es accidental que las dos grandes rebeliones teóricas contra el universo brahmánico, o sea, el jainismo y el budismo, tuviesen su ubicación social en la casta de los chatrias. Huelga agregar que las nuevas definiciones de la realidad realizadas tanto por el jainismo como por el budismo, produjeron sus propios elencos de expertos, lo que probablemente también ocurrió en el caso de los poetas épicos que desafiaron el universo brahmánico de manera menos amplia y menos artificiosa 83. Lo anterior nos lleva a otra posibilidad de conflicto igualmente importante: el que puede surgir entre camarillas rivales de expertos. En tanto las teorías sigan teniendo aplicaciones pragmáticas inmediatas, la rivalidad que pueda existir resulta fácil de zanjar por medio de pruebas pragmáticas. Puede haber teorías en competencia acerca de la caza del jabalí, en las cuales tengan intereses creados las camarillas rivales de expertos de caza. La cuestión puede resolverse con relativa facilidad si se observa cuál teoría es la que da más resultado para matar más jabalíes. Esa posibilidad no existe en el caso de que haya que decidir, por ejemplo, entre una teoría politeísta y una teoría heno teísta del universo. Los teorizadores respectivos se ven obligados a sustituir la argumentación abstracta por pruebas pragmáticas. Dicha argumentación, por su naturaleza misma, no transmite la convicción inherente del éxito pragmático. Lo que es conveniente para un hombre puede no serlo para otro. En realidad no podemos culpar a esos teorizadores si recurren a respaldos más sólidos para el escaso poder de la sola argumentación, como podría ser, por ejemplo, que las autoridades empleasen la fuerza armada para imponer uno de los argumentos por encima de sus competidores. En otras palabras, las definiciones de la realidad pueden ser impuestas por la policía, lo que —dicho sea de paso— no tiene por qué significar que tales definiciones seguirán siendo menos convincentes que las que se aceptan "voluntariamente": el poder en la sociedad incluye el poder de determinar procesos decisivos de socialización y, por lo tanto, el poder de producir la realidad. De cualquier manera, las
Sobre el conflicto brahmán/chatria, compárese el trabajo de Weber sobre la sociología de la religión en la India.
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simbolizaciones sumamente abstractas (vale decir, las teorías muy alejadas de la experiencia concreta de la vida cotidiana^ son ratificadas por un apoyo más social que empírico 94. Puede decirse que de esta manera vuelve a introducirse un seudopragmatismo. Puede asimismo repetirse que las teorías son convincentes porque funcionan, o sea. funcionan en el sentido de que se han vuelto conocimiento normal, establecido, dentro de la sociedad de que se trate. Estas consideraciones implican que siempre existirá una base socio-estructural para rivalidades entre definiciones competitivas de la realidad y que el resultado de la rivalidad resultará afectado, si no determinado rotundamente en todos los casos, por el desarrollo de dicha base. Es muy posible que las formulaciones teóricas abstractas se fragüen en aislamiento casi total de los vastos movimientos de la estructura social, y en esos casos la competencia entre expertos rivales puede producirse en una especie de vacío societal. Por ejemplo, dos camarillas de derviches ermitaños pueden seguir disputando en medio del desierto sobre la naturaleza última del universo, sin que ningún observador exterior sienta el menor interés por la disputa. Sin embargo, no bien alguno de los dos puntos de vista encuentra eco en la sociedad circundante, serán principalmente los intereses extra-teóricos los que habrán de decidir el resultado de la disputa. Los diferentes grupos sociales tendrán afinidades diferentes con las teorías en competencia y, subsiguientemente, se convertirán en "portadores" de éstas 95. De esta suerte, la teoría derviche A puede resultar atrayente para las clases superiores y la teoría derviche B puede serlo para la clase media de la sociedad en cuestión, por razones muy alejadas de las pasiones que animaron a los inventores originales de dichas teorías. Las camarillas competitivas de expertos llegarán así a adherir a los grupos "portadores" y su destino posterior dependerá del resultado del conflicto, sea cual fuere el que indujo a esos grupos a adoptar las teorías respectivas. Así pues, las definiciones rivales sobre lá realidad se deter94 Sobre la convalidación social de proposiciones que resultan difíciles de convalidar empíricamente, cf. León F=stinger, A Theory of Cognitive Dissonance (Evanston, 111., Row, Peterson and Co., 1957). 95 El término "afinidad" {Wahlverwandschaft) deriva de Scheler y Weber.
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minan en la esfera de los intereses sociales competitivos cuya rivalidad, a su vez, se "traduce" en términos teóricos. La cuestión de si los expertos rivales y sus respectivos adeptos son "sinceros" o no en sus relaciones subjetivas con las teorías de que se trate, presenta solo un interés secundario para la apreciación sociológica de estos procesos. Cuando se produce una rivalidad no solo teórica, sino también práctica entre grupos de expertos consagrados a formular diferentes definiciones últimas de la realidad, la despragmatización de la teoría se subvierte, y la fuerza pragmática de las teorías involucradas se vuelve extrínseca. vale decir que una de las teorías se "demuestra" como pragmáticamente superior en virtud, no de sus cualidades intrínsecas, sino de su aplicabilidad a los intereses sociale> del grupo que se ha convertido en su "portador". Existe gran variabilidad histórica en la organización social de lo> expertos teóricos que surge de esto. Si bien resulta a todas luces imposible ofrecer aquí una tipología exhaustiva, ser.i conveniente analizar algunos de los tipos más generales. Ante todo, existe, quizá paradigmáticamente, la posibilidad de que los expertos universales ejerzan un monopolio efectivo sobre todas las definiciones últimas de la realidad er. la sociedad. Esta situación puede considerarse paradigmática porque existe una buena razón para pensar que resulta típica de las primeras fases de la historia humana. El monopolio aludido significa que una sola tradición simbólica mantiene al universo en cuestión. Estar en la sociedad inplica, pues, aceptar esta tradición. Los expertos en la tradición son reconocidos como tales virtualmente por todoIos integrantes de la sociedad y no tienen que vérselas co: ningún competidor efectivo. Todas las sociedades primitiva < que se ofrecen empíricamente a nuestra curiosidad parece;: pertenecer a este tipo, al que también pertenece, con ciertas modificaciones, la mayoría de las civilizaciones arcaicas 96 . Esto no significa que en esas sociedades no exista:. escépticos, que todos sin excepción hayan internalizado po: completo la tradición, sino más bien que lo que hay de escepticismo no se ha organizado socíalmente para presenta1. un reto a los sostenedores de la tradición "oficial" 97. 96 Sobre definiciones monopolistas de la realidad en las sociedades primitivas y arcaicas, compárese a Durkheirn y a Voegelin. 97 La obra de Paul Radin sugiere que el escepticismo puedf aparecer aun en esas situaciones monopolistas. 154
En tal situación, la tradición monopolizadora y sus administradores especialistas se sostienen gracias a una estructura unificada de poder. Los que ocupan posiciones decisivas del poder están preparados para usarlo con el fin de imponer las definiciones tradicionales de la realidad a la población que depende de su autoridad. Potencialmente, las conceptualizaciones competitivas del universo se liquidan tan pronto aparecen, ya sea porque se destruyan físicamente, ("el que no adore a los dioses debe morir") o porque se integren dentro de la tradición misma (los expertos universales sostienen que el panteón rival Y no es "en realidad" sino otro aspecto o nombre del panteón tradicional X ) . En este último caso, si los expertos consiguen imponer su argumentación y la competencia se liquida por medio de una "fusión de empresas"', podría decirse que la tradición se enriquecerá y se hará diferenciada. La competencia también puede aislarse dentro de la sociedad y en esa forma volverse inocua en lo que concierne al monopolio tradicional: por ejemplo, ningún miembro del grupo conquistador o gobernante puede adorar a los dioses del tipo Y, pero los estratos sometidos o inferiores pueden hacerlo. El mismo aislamiento protector puede aplicarse a los pueblos extranjeros o "huéspedes" 98. La cristiandad medieval (que ciertamente no puede considerarse primitiva o arcaica, pero que aun así constituye una sociedad con un monopolio simbólico efectivo) proporciona un ejemplo inmejorable de los tres tipos de procedimientos liquidadores. La herejía declarada debía ser destruida físicamente, ya fuera que se encarnase en un individuo (por ejemplo, una bruja), o en una colectividad (por ejemplo, la comunidad albigense). Al mismo tiempo, la Iglesia, como custodia monopolizadora de la tradición cristiana, tenía bastante flexibilidad como para incorporar dentro de esa tradición a una variedad de creencias y prácticas populares, en tanto éstas no cuajaran en desafíos heréticos y articulados al universo cristiano en cuanto tal. Nó importaba que los labriegos tomaran uno de sus antiguos ; dioses, lo "bautizaran" como santo cristiano y continuaran ¡ contando las viejas historias y celebrando las anticuas fiestas | dedicadas a aquél. Y había por lo menos ciertas definif 98 La expresión "pueblos huéspedes" (Gastvolker) deriva de ! Weber.
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ciones en competencia de la realidad que podían aislarse dentro de la cristiandad sin que constituyeran una amenaza para ésta. El caso más importante de esta clase es. por supuesto, el de los judíos, aunque también se produjeron situaciones similares cuando cristianos y musulmanes se vieron oblieados a vivir en estrecho contacto en tiempos de paz. Este tipo de segregación, dicho sea de paso, también protegió a los universos judío y musulmán contra la "contaminación" cristiana. En tanto las definiciones en competencia de la realidad pueden segregarse conceptual y socialmente como apropiadas para extranjeros e ipso fací o no relevantes para uno mismo, es posible sostener relaciones bastante amistosas con estos extranjeros. Las dificultades surgen cada vez que se franquea la "extrañeza" y aparece el universo desviado como habitat posible para la sociedad propia. En ese punto es probable que los expertos recurran al fuego y a la espada, o, como alternativa —en caso de no poder disponer de ellos— que entablen negociaciones ecuménicas con los competidores. Las situaciones monopolistas de esta índole presuponen un alto grado de estabilidad socio-estructural y son de por sí estructuralmente estabilizadoras. Las definiciones tradicionales de la realidad inhiben el cambio social; inversamente, las rupturas en la aceptación establecida del monopolio lo aceleran. No debería sorprendernos, pues, que exista una profunda afinidad entre aquellos a quienes les interesa retener las posiciones de poder establecidas y los elencos que administran las tradiciones monopolizadoras para el mantenimiento de los universos. En otras palabras, las fuerzas políticas conservadoras tienden a apoyar los reclamos monopolizadores de los expertos universales, cuyas organizaciones también monopolizadoras tienden a ser políticamente conservadoras. Históricamente, la mayor parte de estos monopolios ha sido, por supuesto, religiosa, por lo que es posible decir que las iglesias, entendidas como combinaciones monopolistas de expertos con dedicación exclusiva para una definición religiosa de la realidad, son inherentemente conservadoras una vez que han conseguido estabilizar su monopolio en una sociedad dada. Recíprocamente, los grupos gobernantes a los que preocupa el mantenimiento del statu quo político tienen una orientación religiosa esencial-
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mente eclesiástica y, por eso mismo, sospecharán de todas las innovaciones en la tradición religiosa " . Las situaciones monopolistas pueden no lograr establecerse o mantenerse por diversas razones históricas, tanto ''internacionales' 7 como "domésticas'". Por lo tanto, es posible que la lucha entablada entre las tradiciones que compiten v su elenco administrativo continúe largo tiempo. Cuando una definición particular de la realidad llega a estar anexada a un interés de poder concreto, puede llamársela ideología 1 0 °. Hay que ha-er notar que este vocablo tiene poca utilidad si se lo aplica a esa especie de situación monopolista que analizamos antes. Es casi un absurdo hablar, por ejemplo, de la cristiandad como ideología de la Edad Media —aun cuando tuviese usos políticos evidentes para las clases gobernantes— por la sencilla razón de que el universo cristiano estaba "habitado" por todos los que componían la sociedad medieval, tanto los siervos como los señores. En el período que siguió a la Revolución Industrial, sin embargo, se justifica hasta cierto punto que a la cristiandad se la llame ideología burguesa, porque la burguesía utilizaba la tradición cristiana y sus elencos en su lucha contra la nueva clase trabajadora industrial, que en la mayor parte de los países europeos ya no podía decirse que "habitaba" el universo cristiano 101 . Casi no tiene sentido usar el término si dos definiciones diferentes de la realidad se enfrentan mutuamente en contacto intersocietal; por ejemplo, si hablásemos de la. "ideología cristiana" de los cruzados y de la "ideología musulmana" de los sarracenos. Lo que dis99 Sobre la afinidad entre las fuerzas políticamente conservadoras y los monopolios religiosos ("iglesias"), compárese el análisis de la hierocracia realizado por Weber. 100 El término "ideología" se ha usado con tantos sentidos diferentes que parecería imposible darle un significado preciso. Hemos decidido conservarlo, en un sentido estrictamente definido, porque así resulta útil y es preferible a un neologismo. No tiene objeto que discutamos aquí las transformaciones de este término tanto en la historia del marxismo como en la sociología del conocimiento. Para un provechoso panorama general, cf. Kurt Lenk (comp.), Ideologie. 101 Sobre la relación de la cristiandad con la ideología burguesa, véanse Marx y Veblen. Un panorama útil del tratamiento de la religión por este último puede obtenerse en la antología Marx and Engels on Religión (Moscú, Foreign Languages Publishing House, 1957).
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tingue a la ideología reside más bien en que el mismo universo general se interpreta de maneras diferentes que dependen de intereses creados concretos dentro de la sociedad de que se trate. Con frecuencia una ideología es adoptada por un grupo en razón de elementos teóricos específicos conducentes a sus intereses. Por ejemplo, cuando un grupo de campesinos empobrecidos lucha contra un consorcio comercial urbano que los ha sojuzgado económicamente, tal vez se agrupe en tomo de una doctrina religiosa que sostenga las virtudes de la vida agrícola, condene la economía financiera y su sistema crediticio como inmoral y denuncie los lujos de la vida ciudadana. La "ventaja" ideológica de una doctrina semejante para los campesinos resulta obvia. Pueden hallarse buenos ejemplos ilustrativos a este respecto en la historia antigua de Israel. Sin embargo, • sería un error imaginarse que la relación entre un grupo de intereses y su ideología siempre resulta tan lógica. Todo grupo comprometido en conflictos sociales requiere solidaridad, y las ideologías generan solidaridad. La elección de una ideología particular no se basa forzosamente en sus elementos teóricos intrínsecos, sino que puede surgir de un encuentro casual. Por ejemplo, no se sabe a ciencia cierta si fueron elementos intrínsecos de la cristiandad los que la revistieron de "interés" político para ciertos grupos en épocas de Constantino. Más bien parece ser que la cristiandad (que originalmente era una ideología de clase media inferior, si es que algo era) estaba apareada con poderosos intereses para fines políticos que poco tenían que ver con su contenido religioso. Cualquier otra cosa podría haber servido igualmente; lo que ocurrió fue que la cristiandad estaba al alcance en esos momentos cruciales de decisión. Por supuesto que una vez que la ideología es adoptada por un grupo cualquiera (más exactamente, una vez que una doctrina particular se convierte en la ideología del grupo en cuestión), se modifica de acuerdo con los intereses que ahora debe legitimar, lo que entraña un proceso de selección y adición con respecto al cuerpo original de proposiciones teóricas. Pero no hay razón para suponer que estas modificaciones tengan que afectar a la totalidad de la doctrina adoptada. En una ideología pueden existir grandes elementos que no tienen mayor relación con los intereses legitimados, pero que el grupo "portador" sos758
tiene con vigor sencillamente porque está comprometido con la ideología. En la práctica, esto puede ocasionar que los detentadores del poder respalden a sus expertos ideológicos en escaramuzas teóricas que en nada atañen a sus intereses. La participación de Constantino en las controversias cristológicas de la época constituye un buen ejemplo ilustrativo para el caso. Importa recordar que la mayoría de las sociedades modernas son pluralistas, sentido éste que comparten un universo central, establecido en cuanto tal. y diferentes universos parciales que coexisten en un estado de acomodación mutua. Estos últimos tienen probablemente algunas funciones ideológicas, pero los conflictos abiertos entre las ideologías han sido reemplazados por grados variables de tolerancia o aún de cooperación. Dicha situación, provocada por una constelación de factores no teóricos, presenta agudos problemas teóricos para los expertos tradicionales. Para administrar una tradición que tiene pretensiones monopolistas inmemoriales, tienen que hallar las maneras de legitimar teóricamente la desmonopolización que se ha producido. A veces optan por seguir proclamando las viejas demandas totalitarias como si nada hubiera ocurrido; pero son muy pocos los que toman en serio estas demandas. Sea cual fuere la actitud de los expertos, lo cierto es que la situación pluralista altera no solo la posición social de las definiciones tradicionales de la realidad, sino también la manera en que éstas son consideradas en la conciencia de los individuos 102 . La situación pluralista presupone una sociedad urbana con una división del trabajo altamente desarrollada, una alta diferenciación concomitante en la estructura social y un gran superávit económico. Estas condiciones, que prevalecen evidentemente en la sociedad industrial moderna, existían al menos en ciertos sectores de las sociedades primitivas. Las ciudades del período greco-romano posterior pueden servir de ejemplo para el caso. La situación pluralista marcha a la par con las condiciones de un rápido cambio social y, en realidad, el pluralismo mismo constituye un factor acelerador, precisamente porque contribuye a minar la eficacia de resistencia al cambio que tienen las
102 Qf. Thomas Luckmann, Das Problem der Religión modernen Gesellschaft (Friburgo, Rombach, 1963). in der
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definiciones tradicionales de la realidad. El pluralismo fomenta tanto el escepticismo como la innovación y por ende, resulta inherentemente subversivo para la realidad ya establecida del statu quo tradicional. Resulta fácil simpatizar con los expertos en las definiciones tradicionales de la realidad cuando rememoran con nostalgia los tiempos en que dichas definiciones -retenían el monopolio en ese terreno. Un tipo de experto que tiene importancia históricamente, posible en principio en cualquiera de las situaciones que acabamos de examinar, es el intelectual, al que podemos definir como un experto cuya idoneidad no es requerida por la sociedad en general 1 0 3 . Esto implica volver a definir el conocimiento vis-á-vis del saber "oficial", o sea, algo más que una interpretación un poco desviada de este último. El intelectual es, pues, por definición, un tipo marginal. No nos concierne dilucidar aquí si al principio fue marginal y luego se convirtió en intelectual (como es el caso de muchos judíos intelectuales de Occidente en la actualidad). o si su marginalidad fue consecuencia directa de sus aberraciones intelectuales (el caso del hereje sometido al ostracismo) 1 0 4 . Del modo que fuere, su marginalidad social expresa su falta de integración teórica dentro del universo de su sociedad: aparece como la contraparte del experto en la cuestión de definir la realidad. Al igual que el experto "oficial", tiene un plan para la sociedad en general; pero, mientras el del primero está concertado con los programas institucionales, a los que sirve de legitimación teórica, el del intelectual se mueve en un vacío institucional, socialmente objetivado a lo sumo en una subsociedad de intelectuales colegas. La medida en que dicha subsociedad es capaz de subsistir depende evidentemente de las configuraciones estructurales de la sociedad en general; pero lo cierto es que un cierto grado de pluralismo resulta ser condición necesaria. El intelectual tiene a su alcance una cantidad de opciones
103 Nuestro concepto del intelectual como "experto no requerido" no difiere mucho de la insistencia de Mannheim sobre la marginalidad del intelectual. Si ha de hacerse de éste una definición útil desde el punto de vista sociológico, creemos importante distinguir claramente entre este tipo y el "hombre ilustrado" en general. 104 Sobre la marginalidad de los intelectuales, compárese el análisis de la "objetividad" del extranjero hecho por Simmel, y el de Veblen acerca del papel intelectual de los judíos.
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históricamente interesantes en su situación. Puede retirarse a una subsociedad intelectual, que entonces puede hacer las veces de refugio emocional, y (lo que es más importante aún) servirle de base -social para la objetivación de sus definiciones divergentes de la realidad. En otras palabras, el intelectual puede sentirse "en su casa" dentro de la subsociedad, como no le ocurre dentro de la sociedad más amplia, y al mismo tiempo ser subjetivamente capaz de mantener sus concepciones divergentes —que la sociedad más amplia aniquila—, porque en la subsociedad existen otros que las consideran realidad. Más tarde ese mismo intelectual desarrollará diversos procedimientos para proteger la realidad precaria de la subsociedad contra las amenazas de aniquilación desde el exterior. En el plano teórico, estos procedimientos incluirán las defensas terapéuticas de que ya hemos hablado. En la práctica, el procedimiento más importante lo constituirá la limitación de todas sus relaciones significativas a las de sus colegas de la subsociedad, evitando a los extraños, que siempre encarnan la amenaza de aniquilación. La secta religiosa puede ser considerada como prototipo de las subsociedades de ésta índole 105. Dentro del refugio que brinda la comunidad de la secta, hasta las concepciones más extraviadas asumen el carácter de la realidad objetiva. Recíprocamente, el retiro sectario es típico de situaciones en que las definiciones previamente objetivadas se desintegran, es decir, pierden objetivación en la sociedad global. Los detalles de estos procesos corresponden a una sociología histórica de la religión, aunque hay que agregar que las diversas formas secularizadas del sectarismo constituyen una característica clave de los intelectuales en la sociedad pluralista moderna. La revolución es, por supuesto, una opción de gran importancia histórica. En este caso los intelectuales emprenden la realización de sus designios para la sociedad en la sociedad. Es imposible analizar aquí las formas diversas asumidas históricamente por esta opción 106 , pero hay que destacar un punto teórico importante. Así como el intelectual
"•S Cf. Peter L. Berger, "The Sociological Study of Sectarianism", en Social Research, invierno de 1954, pp. 467 y sigs. 106 Compárese el análisis de Mannheim con respecto a los intelectuales revolucionarios. Para el prototipo ruso de estos últimos, cf. E. Lampert, Studies in Rebellion (Nueva York, Praeger, 1957).
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que se retira necesita que otros lo ayuden a mantener sus definiciones divergentes de la realidad en cuanto realidad, así también el intelectual revolucionario necesita de otros para confirmar sus concepciones divergentes. Este requerimiento es mucho más fundamental que el hecho evidente de que ninguna conspiración puede triunfar sin organización. El intelectual revolucionario debe conseguir otros que mantengan para él la realidad (vale decir, la plausibilidad subjetiva en su propia concienciad de la ideología revolucionaria. Todas las definiciones socialmente significativas de la realidad deben objetivarse por medio de procesos sociales. Consecuentemente, los subuniversos requieren subsociedades como bases de objetivación, y las contra-definiciones de la realidad requieren contra-sociedades. Huelga agregar que cualquier triunfo práctico de la ideología revolucionaria fortalecerá la realidad que posee dentro de la subsociedad y dentro de la conciencia de los integrantes de ella. Su realidad asume proporciones masivas cuando todos los estratos sociales se convierten en sus "portadores''. La historia de los movimientos revolucionarios modernos aporta muchos ejemplos de la transformación de los intelectuales revolucionarios en legitimadores "oficiales" tras el triunfo de dichos movimientoslc'7, lo que sugiere no solo que existe gran variabilidad histórica en la carrera social de los intelectuales revolucionarios, sino que también pueden efectuarse opciones y combinaciones diferentes dentro de las biografías individuales. En el análisis anterior hemos puesto de relieve los aspectos estructurales en la existencia social de los elencos para el mantenimiento de los universos, lo que ningún estudio sociológico genuino podría dejar de hacer. Las instituciones y los universos simbólicos se legitiman por medio de individuos vivientes, que tienen ubicación e intereses sociales concretos. La historia de las teorías legitimadoras siempre forma parte de la historia de la sociedad como un todo. Ninguna "historia de las ideas" se efectúa en el aislamiento de la sangre
107 La transformación de los intelectuales revolucionarios en legitimadores del statu guo puede estudiarse en su forma prácticamente "pura" en el desarrollo del comunismo ruso. Para una aguda crítica de este proceso desde un punto de vista marxista, cf. Leszek Kolakowski, Der Mensch ohne Alternative (Munich, 1960).
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y el sudor de la historia general. Pero una vez más debemos destacar que tal cosa no significa que estas teorías sean nada más que reflejos de procesos institucionales ''subyacentes" • las relaciones entre las '"ideas" y los procesos sociales que las sustentan siempre son dialécticas. Es correcto afirmar que las teorías se urden con el fin de legitimar las instituciones ya existentes. Pero también sucede que las instituciones sociales se cambian con el propósito de conformarlas a teorías que va existen, vale decir, de hacerlas más "legítimas". Los expertos en legitimación pueden operar como justificadores teóricos del statu quo; también pueden aparecer «orno ideólogos revolucionarios. Las definiciones de la realidad tienen poder de auto-cumplimiento. Las teorías pueden realizarse en la historia, aun aquellas que tenían un carácter sumamente abstruso cuando fueron concebidas por primera vez por sus inventores. U n ejemplo de esta posibilidad histórica y que ha llegado a ser proverbial es el de Karl Marx cavilando en la biblioteca del Museo Británico. Consecuentemente, el cambio social debe siempre entenderse como vinculado por una relación dialéctica a la "historia de las ideas"'. Las apreciaciones tanto "idealistas" como "materialistas'" de esta relación pasan por alto dicha dialéctica v de ese modo distorsionan la historia. La misma dialéctica prevalece en las transformaciones generales de los universos simbólicos que hemos tenido oportunidad de examinar. Lo que sigue siendo sociológicamente esencial es el reconocimiento de que todos los universos simbólicos y todas las legitimad'jnes son productos humanos; su existencia se basa en la vida de individuos concretos, y fuera de esas vidas carecen de existencia empírica.
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I I I . La sociedad como realidad subjetiva
1. I N T E R N A L I Z A C I Ó N D E LA R E A L I D A D a^ Sociali:ación primaria.
Va que la sociedad existe como realidad tanto objetiva como subjetiva, cualquier comprensión teórica adecuada de ella debe abarcar ambos aspectos. Corno ya sostuvimos anteriormente, estos aspectos reciben su justo reconocimiento si la sociedad se entiende en términos de un continuo proceso dialéctico compuesto de tres momentos: externalización. objetivación e internalización. En lo que se refiere a los fenómenos de la sociedad, estos momentos no deben concebirse como si ocurrieran en una secuencia temporal: más bien los tres caracterizan simultáneamente a la sociedad y a cada sector de ella, de manera que cualquier análisis que se ocupe solo de uno o dos de ellos no llena su finalidad. Lo mismo puede afirmarse del miembro individual de la sociedad, que externaliza simultáneamente su propio ser y el mundo social y lo internaliza como realidad objetiva. En otras palabras, estar en la sociedad es participar en su dialéctica. Sin embargo, el individuo no nace miembro de una sociedad: nace con una predisposición hacia la socialidad, y luego llega a ser miembro de una sociedad. En la vida de todo individuo, por lo tanto, existe verdaderamente una secuencia temporal, en cuyo curso el individuo es inducido a participar en la dialéctica de la sociedad. El punto de partida de este proceso lo constituye la internalización: la aprehensión o interpretación inmediata de un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado, o sea, en cuanto es 164
una manifestación de los procesos subjetivos de otro que, en consecuencia, se vuelven subjetivamente significativos para mí. Eso no significa que yo comprenda adecuadamente al otro: hasta puedo comprenderlo erróneamente. Puede estar riéndose en un ataque de histeria, mientras vo creo que esa risa expresa regocijo. Sin embargo, su subjetividad me resulta objetivamente accesible y ¡lega a serme significativa, haya o no congruencia entre sus procesos subjetivos y los míos. La congruencia total entre los dos significados subjetivos, y el conocimiento recíproco de esa congruencia presupone la significación, como ya se ha dicho. Sin embargo, la internalización en el sentido general que aquí le damos subyace tanto a la significación como a sus propias formas más complejas. Más exactamente, la internalización, en este sentido general, constituye la base, primero, para la comprensión de los propios semejantes y, segundo, para la aprehensión del mundo en cuanto realidad significativa y social1. Esta aprehensión no resulta de las creaciones autónomas de significado por individuos aislados, sino que comienza cuando el individuo "asume" el mundo en el que ya viven otros. Por cierto que el "asumir" es de por sí, en cierto sentido, un proceso original para todo organismo humano, y el mundo, una vez "asumido", puede ser creativamente modificado o (menos probablemente) hasta re-creado. Sea como fuere, en la forma compleja de la internalización, yo no solo "comprendo" los procesos subjetivos momentáneos del otro: "comprendo" el mundo en que él vive, y ese mundo se vuelve mío. Esto presupone que él y yo compartimos el tiempo en forma más que efímera y una perspectiva "comprehensiva", que vincula subjetivamente series de situaciones entre sí. Ahora no solo comprendemos nuestras mutuas definiciones de las situaciones compartidas: también las definimos recíprocamente. Se establece entre nosotros un nexo de motivaciones que se extiende hasta el futuro; y, lo que es de suma importancia, existe ahora una continua identificación mutua entre nosotros. No solo vivimos en el mismo mundo, sino que participamos cada uno en el ser del otro.
1 Nuestra concepción de "comprender" deriva tanto de Weber como de Schutz.
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Solamente cuando el individuo ha llegado a este grado de internalización puede considerárselo miembro de la sociedad. El proceso ontogenético por el cual esto se realiza se denomina socialización, y, por lo tanto, puede definirse como la inducción amplia y coherente de un individuo en el mundo objetivo de una sociedad o en un sector de él. La socialización primaria es la primera por la que el individuo atraviesa en la niñez; por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad. La socialización secundaria es cualquier proceso posterior que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad. Podemos aquí dejar a un lado la cuestión especial que se refiere a la adquisición del conocimiento acerca del mundo objetivo de otras sociedades distintas de aquella primera de la que llegamos a ser mieníbros. así como al proceso de internalizar ese mundo como realidad, proceso que demuestra, al menos superficialmente, ciertas similitudes con la socialización primaria y la secundaria pero que, no obstante, es estructuralmente distinto de las dos 2. Se advierte a primera vista que la socialización primaria suele ser la más importante para el individuo, y que la estructura básica de toda socialización secundaria debe semejarse a la de la primaria. Todo individuo nace dentro de una estructura social objetiva en la cual encuentra a los otros significantes que están encargados de su socialización 3 y que le son impuestos. Las definiciones que los otros significantes hacen de la situación del individuo le son presentadas a éste como realidad objetiva. De este modo, él nace no solo dentro de una estructura social objetiva, sino también dentro de un mundo social objetivo. Los otros significantes, que mediatizan el mundo para él, lo modifican en el curso de esa mediatización. Seleccionan aspectos del mundo según la situación que ocupan dentro de la estructura social y también en virtud de sus idiosincrasias individuales, biográficamente arraigadas. El mundo social aparece "filtrado" para el individuo mediante esta doble
2 Nuestras definiciones de la socialización y sus dos subtipos siguen de cerca el uso corriente en las ciencias sociales; solo hemos adaptado las palabras de conformidad con nuestra armazón teórica general. * Nuestra descripción en este punto se apoya, por supuesto, en gran medida sobre la teoría de la socialización de Mead.
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selección. De esa manera el niño de clase baja no solo absorbe ei mundo social en una perspectiva de clase baja, sino que lo absorbe con la coloración idiosincrásica que le h a n dado sus padres (o cualquier otro individuo encargado de su socialización primaria'). La misma perspectiva de clase baja puede producir un estado de ánimo satisfecho, resignado, amargamente resentido o ardientemente rebelde. Consiguientemente, el niño de clase baja no solo llegará a habitar en un mundo sumamente distinto del de un niño de clase alta, sino que tal vez lo haga de u n a manera completamente distinta que su mismo vecino de clase baja 4 . Resulta innecesario agregar que la socialización primaria comporta algo más que un aprendizaje puramente cognoscitivo. Se efectúa en circunstancias de enorme carga emocional. Existen ciertamente buenos motivos para creer que. sin esa adhesión emocional a los otros significantes, el proceso de aprendizaje seria difícil, cuando no imposible 5 . El niño se identifica con los otros significantes en una variedad de formas emocionales; pero sean éstas cuales fueren, la internalización se produce solo cuando se produce la identificación. El niño acepta los "roles" y actitudes de los otros significantes, o sea que los internaliza y se apropia de ellos. "Y por esta identificación con los otros significantes el niño se vuelve capaz de identificarse él mismo, de adquirir una identidad subjetivamente coherente y plausible. En otras palabras, el yo es una entidad reflejada, p o r q u e refleja las actitudes que primeramente adoptaron p a r a con él los otros significantes 6 : el individuo llega a ser lo q u e los otros significantes lo consideran. Éste no es un proceso mecánico y unilateral: entraña una dialéctica entre la auto-identificación y la identificación que hacen los otros, entre la identidad objetivamente atribuida y la que es subjetivamente
4 El concepto de "mediación" deriva de Sartre, el que, no obstante, carece de una teoría adecuada para la socialización. 5 La dimensión afectiva del primer aprendizaje ha sido puesta especialmente de relieve por la psicología infantil de Freud, aunque existen diversos descubrimientos de la teoría conductista sobre el aprendizaje que tenderían a confirmar este punto. Pero aquí no implicamos ninguna aceptación de los presupuestos teóricos de una u otra escuela psicológica. 6 Nuestra concepción del carácter reflejo del yo deriva tanto de Cooley como de Mead. Sus raíces pueden hallarse en el análisis del "yo social" hecho por William James (Principies of Psychology).
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asumida. La dialéctica, que se presenta en todo momento en que el individuo se identifica con sus otros significantes, resulta, por así decir, la particularización en la vida individual de la dialéctica general de la sociedad, que ya analizamos antes. Aunque los detalles de esta dialéctica tienen, por supuesto, gran importancia para la psicología social, excederíamos nuestras actuales consideraciones si rastreáramos sus implicaciones con respecto a la teoría socio-psicológica 7. Lo que más importa para nuestra argumentación presente es el hecho de que el individuo no solo acepta los "roles" y las actitudes de otros, sino que en el mismo proceso acepta el mundo de ellos. En realidad, la identidad se define objetivamente como ubicación en un mundo determinado y puede asumírsela subjetivamente solo junto con ese mundo. Dicho de otra manera, todas las identificaciones se realizan dentro de horizontes que implican un mundo social específico. El niño aprende que él es lo que lo llaman. Cada nombre implica una nomenclatura, que a su vez implica una ubicación social determinada 8 . Recibir una identidad comporta adjudicarnos u n lugar especifico en el mundo. Así como esta identidad es subjetivamente asumida por el niño ("Yo soy John S m i t h " ) , también lo es el mundo al que apunta esta identidad. Las apropiaciones subjetivas de la identidad y del m u n d o social son nada más que aspectos diferentes del mismo proceso de internalización, mediatizados por los mismos otros significantes. L a socialización primaria crea en la conciencia del niño una abstracción progresiva que va de los "roles" y actitudes de otros específicos, a los "roles" y actitudes en general. Por ejemplo, en la internalización de normas existe una progresión que va desde " M a m á está enojada conmigo Aunque este punto no podría detallarse aquí, ya se ha dicho bastante para señalar la posibilidad de una psicología social genuinamente dialéctica. Esta última tendría igual importancia para la antropología filosófica y la sociología En lo que respecta a la segunda, una psicología social semejante (fundamentalmente orientada según Mead, pero con el agregado de importantes elementos provenientes de otras corrientes del pensamiento científica-social) haría innecesaria la búsqueda de alianzas teóricamente insostenibles con el freudianismo o con el psicologismo conductista. 8 Sobre la nomenclatura, cf. Claude Lévi-Strauss, La pensée sauvage, pp. 253 y sigs. 168
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aflora" hasta "Mamá se enoja conmigo cada ve: que derramo la sopa". A medida que otros significantes adicionales (padre, abuela, hermana mayor, etc.^ apoyan la actitud negativa de la madre con respecto a derramar la sopa, la generalidad de la norma se extiende subjetivamente. El paso decisivo viene cuando el niño reconoce que todos se oponen a que derrame la sopa y la norma se generaliza como ''Uno no debe derramar la sopa", en la que "uno" es él mismo como parte de la generalidad que incluye, en principio, todo aquello de la sociedad que resulta significante para el niño. Esta abstracción de los "roles" y actitudes de otros significantes concretos se denomina el otro generalizado9. Su formación dentro de la conciencia significa que ahora el individuo se identifica no solo con otros concretos, sino con una generalidad de otros, o sea, con una sociedad. Solamente en virtud de esta identificación generalizada logra estabilidad y continuidad su propia auto-identificación. Ahora no solo tiene una identidad vis-á-vis de este o aquel otro significantes, sino también una identidad en general, que se aprehende subjetivamente en cuanto sigue siendo la misma, no importa qué otros —significantes o no— se le presenten. Esta identidad con nueva coherencia incorpora dentro de sí todos los diversos "roles" y actitudes internalizados, incluyendo, entre muchas otras cosas, la auto-identificación como no derramador de sopa. La formación, dentro de la conciencia, del otro generalizado señala una fase decisiva en la socialización. Implica la internalización de la sociedad en cuanto tal y de la realidad objetiva en ella establecida, y, al mismo tiempo, el establecimiento subjetivo de una identidad coherente y continuad La sociedad, la identidad y la realidad se cristalizan subjetivamente en el mismo proceso de internalización. Esta cristalización se corresponde con la internalización del lenguaje. Por razones evidentes, según nuestro análisis previo del lenguaje, éste constituye, por cierto, el contenido más importante y el instrumento más importante de la socialización. Cuando el otro generalizado se ha cristalizado en la conciencia, se establece una relación simétrica entre la realidad objetiva y la subjetiva. Lo que es real "por fuera" se
9 El concepto del "otro generalizado" se usa aquí totalmente en el sentido de Mead.
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corresponde con lo que es real "por dentro". La realidad objetiva puede "traducirse" fácilmente en realidad subjetiva, y viceversa. El lenguaje es, por supuesto, el vehículo principal de este proceso continuo de traducción en ambas direcciones. Hay que hacer notar, sin embargo, qjie la simetría entre la realidad objetiva y la subjetiva no puede ser total. Las dos realidades se corresponden mutuamente, pero no son coextensivas. Siempre hay más realidad objetiva "disponible" que la que se actualiza realmente en cualquier conciencia individual, sencillamente porque el contenido de la socialización está determinado por la distribución social del conocimiento. Ningún individuo internaliza la totalidad de lo que se objetiva como realidad en su sociedad, ni aun cuando esa sociedad y su mundo sean relativamente simples. Por otra parte, siempre existen elementos de la realidad subjetiva que no se han originado en la socialización, tales como la conciencia del propio cuerpo anterior a cualquier aprehensión socialmente entendida de aquél y aparte de ésta. La biografía subjetiva no es totalmente social. El individuo se aprehende a sí mismo como estando fuera y dentro de la sociedad 10. Esto implica que la simetría que existe entre la realidad objetiva y la subjetiva nunca constituye un estado de cosas estático y definitivo: siempre tiene que producirse y reproducirse in actu. En otras palabras, la relación entre el individuo y el mundo social objetivo es como un acto de equilibrio continuo. Las raices antropológicas de esto son, por supuesto, las mismas que las ya examinadas en conexión con la posición peculiar del hombre en el reino animal. En la socialización primaria no existe ningún problema de identificación, ninguna elección de otros significantes. La sociedad presenta al candidato a la socialización ante un grupo predefinido de otros significantes a los que debe aceptar en cuanto tales, sin posibilidades de optar por otro arreglo. Hic Rhodus, hic salta. Hay que aceptar a los padres que el destino nos ha deparado. Esta desventaja injusta inherente a la situación de hijo tiene la consecuencia obvia de que, aunque el niño no sea un simple espectador pasivo en el proceso de su socialización, son los adultos quienes
10 Compárese Georg Simmel sobre la auto-aprehensión del hombre como situado dentro y fuera de la sociedad. También atañe a este punto el concepto de ''excentricidad" de Plessner.
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disponen las reglas del juego. El niño puede intervenir en el juego con entusiasmo o con hosca resistencia, pero por desgracia no existe ningún otro juego a mano. Esto tiene un corolario importante. Como el niño no interviene en la elección de sus otros significantes, se identifica con ellos casi automáticamente. El niño no internaliza el mundo de sus otros significantes como uno de los tantos mundos posibles: lo internaliza como <•/ mundo, el único que existe y que se puede concebir, el mundo tout court. Por esta razón, el mundo internalizado en la socialización primaria se implanta en la conciencia con mucho más firmeza que los mundos internalizados en socializaciones secundarias. Por mucho que el sentido de inevitabilidad original pueda debilitarse en desencantos posteriores, el recuerdo de una certeza ya nunca repetida —la certeza de los primeros albores de la realidad—• sigue adherido al mundo primero de la niñez. De esa manera, la socialización primaria logra lo que (retrospectivamente, por supuesto 1 puede considerarse como el más importante truco para inspirar confianza que la sociedad le juega al individuo con el fin de dar apariencias de necesidad a lo que. de hecho, es un hato de contingencias y así volver significativo el accidente de su nacimiento. Los contenidos específicos que se internalizan en la socialización primaria varían, claro está, de una sociedad a otra. Algunos se encuentran en todas partes. Es, por sobre todo, el lenguaje lo que debe internalizarse. Con el lenguaje, y por su intermedio, diversos esquemas motivacionales e interpretativos se internalizan como definidos institucionalmente; por ejemplo, el querer actuar como un muchachito valiente y el suponer que los muchachitos se dividen naturalmente en' valientes y cobardes. Estos esquemas proporcionan al ; niño programas institucionalizados para la vida cotidiana; ,, algunos que le resultan de aplicación inmediata y otros que , le anticipan el comportamiento socialmente definido para * etapas biográficas posteriores: la valentía que le permitirá * sobrellevar un día plagado de pruebas de voluntad por , j parte de sus iguales y de muchos otros, y también la valentía l que se requerirá más adelante, al iniciarse como guerrero, | o cuando haya que comparecer ante el dios. Estos proI gramas, tanto el inmediatamente aplicable como el anticipa torio, establecen la diferencia entre la identidad propia y la de otros: niñas, niños esclavos, o niños de otro clan. 171
Por último, existe internalización de, por lo menos, los rudimentos del aparato legitimador: el niño aprende ''por qué'' los programas son lo que son. Hay que ser valiente, porque hav que hacerse un hombre de verdad: hav que realizar los rituales, porque de otro modo los dioses se encolerizarán; hay que ser leal al jefe, porque solo así los dioses nos ayudarán en momentos de peligro, etcétera. En la socialización primaria, pues, se construye el primer mundo del individuo. Su peculiar calidad de firmeza debe atribuirse, al menos en parte, a la inevitabilidad de la relación del individuo con sus otros significantes del comienzo. El mundo de la infancia, con su luminosa realidad, conduce, por tanto, a la confianza, no solo en las personas de lo» otros significantes, sino también en sus definiciones de la situación. El mundo de la infancia es masivo e indudablemente real n . Probablemente no podría menos de ser as: en esta etapa del desarrollo de la conciencia. Solo m,b adelante el individuo puede permitirse el lujo de tener, po: lo menos, una pizca de duda. Y, probablemente, esta necesidad de un protorrealismo en la aprehensión del mund< resulte pertinente tanto filogenética, como ontogenéticamente 12. De cualquier forma, el mundo de la niñez est.' constituido como para inculcar en el individuo una estnu tura nómica que le infunda confianza en que "todo est muy bien", repitiendo la frase que posiblemente las madre repiten con más frecuencia a sus hijos llorosos. El descu brimiento posterior de que algunas cosas distan de est.i "muy bien" puede resultar más o menos chocante segú; las circunstancias biográficas, pero en cualquiera de lrcasos es probable que el mundo de la niñez retenga su re.¡ lidad peculiar en la retrospección, y siga siendo el "muñe del hogar" por mucho que podamos alejarnos de él c: épocas posteriores, hacia regiones que no tengan nada (..• familiar para nosotros. La socialización primaria comporta secuencias de apre: dizaje socialmente definidas. A la edad A el niño del aprender X, y a la edad B debe aprender Y, y así sucesivamente. Todo programa de esa clase entraña cierto reconocimiento social del crecimiento y la diferenciación b: Compárese la realidad masiva del mundo infantil de Piae-' Compárese Lévy-Bruhl sobre lo filogenético análogo al ' r lismo"' infantil de Piaget.
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lógicos. Así pues, en cualquier sociedad todo programa debe reconocer que no es posible pretender que el niño de un año aprenda lo que un niño de tres. Asimismo, la mayoría de los programas tienen probablemente que definir las cuestiones en forma diferente, según se trate de niños o niñas. Ese reconocimiento mínimo lo imponen, por supuesto, a la sociedad los hechos biológicos. No obstante, existe más allá de esto una gran variabilidad histórico-social en la definición de las etapas del aprendizaje. Lo qvie todavía se define como niñez en una sociedad puede muy bien definirse como edad adulta en otra, y las implicaciones sociales de la niñez pueden variar mucho de una sociedad a otra: por ejemplo, en términos de cualidades emocionales, responsabilidad moral o capacidades intelectuales. La civilización occidental contemporánea (al menos la anterior al movimiento freudiano) tendía a considerar a los niños como naturalmente "inocentes" y "dulces"; otras los consideraban "pecadores e impuros por naturaleza", diferentes de los adultos solo en fuerza y comprensión. H a n existido variaciones similares en cuanto a la capacidad del niño para la actividad sexual, la responsabilidad criminal, la inspiración divina, etc. Esas variaciones en la definición social de la niñez y sus etapas repercutirán evidentemente en el programa de aprendizaje 13 . El carácter de la socialización primaria también resulta afectado por las exigencias del acopio de conocimiento que debe transmitirse. Ciertas legitimaciones pueden requerir un grado más alto de complejidad lingüística que otras para ser comprendidas. Podríamos calcular, por ejemplo, que un niño necesitaría menos palabras para comprender que no debe masturbarse, porque eso causa enojo a su ángel guardián, que para comprender el argumento de que la masturbación interferirá su ajuste sexual posterior. Los requerimientos del orden institucional general afectarán además la socialización primaria. Se requieren diferentes habilidades en diferentes edades en una sociedad por oposición a otra, o aun en diversos sectores de la misma sociedad. La edad en la que en una sociedad puede considerarse conveniente que un niño aprenda a conducir un
" Cf. Philippe Aries, Centuries Knopf, 1962).
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of Childhcod
(Nueva York,
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automóvil puede ser, en otra sociedad, aquella en la que se supone ya habrá matado a su primer enemigo. U n niño de clase alta puede enterarse de "los hechos de la vida" a la edad en que un niño de clase baja domina los rudimentos de la técnica del aborto. O también, un niño de clase alta puede sentir sus primeros estremecimientos de emoción patriótica más o menos a la edad en que su contemporáneo de clase baja experimenta por primera vez el odio a la policía v a todo lo que ésta representa. La socialización primaria finaliza cuando el concepto del otro generalizado (v todo lo que esto comporta) se ha establecido en la conciencia del individuo. A esta altura va es miembro efectivo de la sociedad y está en posesión subjetiva de un vo v un mundo. Pero esta internalización de la sociedad, la identidad v la realidad no se resuelven asi como asi. La socialización nunca es total, y nunca termina. Esto nos presenta otros dos problemas para resolver: primero, cómo se mantiene en la conciencia la realidad internalizada en la socialización primaria, y, segundo, cómo se efectúan otras socializaciones —las secundarias— en la biografía posterior del individuo. Examinaremos estos problemas en orden inverso. b) Socialización secundaria.
Resulta posible concebir una sociedad en la que no se produzca otra socialización después de la primaria. Dicha sociedad tendría, por supuesto, un acopio de conocimiento muy sencillo. Todo el conocimiento sería relevante en general, variando los diferentes individuos solo en lo referente a sus perspectivas de aquél. Esta concepción resulta útil para plantear un caso limitativo; pero no existe ninguna sociedad, dentro de las que conocemos, que no posea cierta división del trabajo y, concomitantemente, cierta distribución social del conocimiento, por lo que, mientras así ocurra, la socialización secundaria se vuelve una necesidad. La socialización secundaria es la internalización de "submundos" institucionales o basados sobre instituciones. Su alcance y su carácter se determinan, pues, por la complejidad de la división del trabajo y la distribución social concomitante del conocimiento. Por supuesto que también el conocimiento relevante en general puede estar distribuido social174
mente —por ejemplo, en forma de "versiones" basadas sobre la clase—, pero a lo que aquí nos referimos es a la distribución social del "conocimiento especializado", que surge como resultado de la división del trabajo y cuyos "portadores" se definen institucionalmente. Olvidando por un momento sus otras dimensiones, podemos decir que la socialización secundaria es la adquisición del conocimiento especifico de "roles", estando éstos directa o indirectamente arraigados en la división del trabajo. Existe cierto justificativo para una definición tan restringida, pero con eso no se ha dicho todo. La socialización secundaria requiere la adquisición de vocabularios específicos de "roles", lo que significa, por lo pronto, la internalización de campos semánticos que estructuran interpretaciones v comportamientos de rutina dentro de un área institucional. Al mismo tiempo también se adquieren "comprensiones tácitas", evaluaciones y coloraciones afectivas de estos campos semánticos. Los "submundos"' internalizados en la socialización secundaria son generalmente realidades parciales que contrastan con el "mundo de base" adquirido en la socialización primaria. Sin embargo, también ellos constituyen realidades más o menos coherentes, caracterizadas por componentes normativos y afectivos a la vez que cognoscitivos. Además los submundos también requieren, por lo menos, los rudimentos de u n aparato legitimador, acompañados con frecuencia por símbolos rituales o materiales. Por ejemplo, puede surgir una diferenciación entre los soldados de infantería y de caballería. Estos últimos recibirán un adiestramiento especial, que probablemente comportará algo más que aprender las habilidades puramente físicas que se necesitan para manejar caballos militares. El lenguaje de la caballería se volverá muy diferente del de la infantería. Se construirá una terminología referente a los caballos, sus cualidades y usos, y a las situaciones que surjan con motivo de la vida de la caballería, todo lo cual no resultará del todo relevante para el soldado de infantería. La caballería también usará un lenguaje diferente en más de u n sentido. U n infante enojado profiere blasfemias aludiendo a sus pies doloridos, mientras que el soldado de caballería tal vez mencionará el trasero de su caballo en circunstancias similares. En otras palabras, se construye un cuerpo de imágenes y alegorías sobre la base instrumental del lenguaje de la 175
caballería. Este lenguaje específico de un "rol" lo internaliza in toto el individuo cuando se adiestra para el combate ecuestre. Llega a ser un hombre de caballería no solo cuando adquiere las habilidades necesarias, sino cuando se vuelve capaz de entender y usar dicho lenguaje. Puede entonces comunicarse con sus compañeros de cuerpo en alusiones muy significativas para ellos, pero completamente ininteligibles para los soldados de infantería. Se da por sobreentendido que este proceso de internalización involucra identificación subjetiva con el "rol" y sus normas apropiadas: '"Soy un jinete", "Un hombre de caballería nunca permite que su enemigo vea la cola de su cabalgadura", "Nunca dejes de recordarle a una mujer el contacto de las espuelas", "Quien cabalga rápido en la guerra también es rápido en el juego", etc. Cuando haya necesidad, este cuerpo de significados será sustentado por legitimaciones que van desde las sencillas máximas, como las que hemos citado, hasta las más complicadas construcciones mitológicas. Finalmente, puede existir una variedad de ceremonias y objetos físicos representativos, como la celebración anual de la fiesta del dios-caballo, en la que todas las comidas se hacen a caballo y los jinetes recién iniciados reciben los fetiches de cola de caballo para lucir alrededor del cuello. El carácter de una socialización secundaria como la citada depende del status del cuerpo de conocimiento de que se trate dentro del universo simbólico en conjunto. Se necesita entrenamiento para conseguir que un caballo tire de un carro de abono o para luchar montado sobre él en el combate. Pero una sociedad que limita el uso de los caballos nada más que para tirar de los carros de abono no es probable que embellezca esta actividad con rituales o fetichismos elaborados, ni tampoco es probable que los encargados de realizar esta tarea se identifiquen con su "rol" de manera profunda; en esos casos las legitimaciones han de ser probablemente de índole compensatoria. Así pues, existe una gran variabilidad histórico-social en las representaciones que comporta la socialización secundaria. Sin embargo, en la mayoría de las sociedades la transición de la socialización primaria a la secundaria va acompañada de ciertos rituales 14 .
14 Compárense aquí los análisis antropológico-culturales de los "ritos de pasaje" relacionados con la pubertad.
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Los procesos formales de la socialización secundaria se determinan por su problema fundamental: siempre presupone un proceso previo de socialización primaria; o sea, que debe tratar con un yo formado con anterioridad y con un mundo ya internalizado. No puede construir la realidad subjetiva ex nihilo. Esto presenta un problema, porque la realidad ya internalizada tiende a persistir. Cualesquiera que sean los nuevos contenidos que ahora haya que internalizar, deben, en cierta manera, superponerse a* esa realidad ya presente. Existe, pues, un problema de coherencia entre las internalizaciones originales y las nuevas, problema que puede resultar más o menos arduo de resolver en los diferentes casos. Si se aprende que la limpieza es una virtud en la propia persona, no resultará difícil transferir esa misma virtud al caballo propio. Pero si se ha aprendido que ciertas obscenidades son motivo de represión en un niño de a pie, requerirá cierta explicación el hecho de que ahora resultan "de rigor" para un miembro de la caballería. Establecer y mantener la coherencia en la socialización secundaria presupone ciertos procedimientos conceptuales para integrar los diferentes cuerpos de conocimiento. En la socialización secundaria, las limitaciones biológicas se vuelven cada vez menos importantes en las secuencias del aprendizaje, el cual ahora llega a establecerse en términos de las propiedades intrínsecas del conocimiento que ha de adquirirse, o sea, en términos de la estructura fundacional de ese conocimiento. Por ejemplo, para aprender ciertas técnicas de la caza primero hay que aprender a escalar montañas, o para aprender cálculo matemático primero hay que aprender álgebra. Las secuencias del aprendizaje pueden también manejarse según los intereses creados de quienes administran el cuerpo de conocimiento. Por ejemplo, puede estar establecido que hay que aprender la adivinación por las entrañas de los animales antes que hacerlo por el vuelo de los pájaros, o que hay que obtener un diploma de la enseñanza media antes de poder inscribirse en una escuela para embalsamadores, o que se debe aprobar un examen de gaélico antes de poder aspirar a un puesto en la administración irlandesa. Esas estipulaciones son extrínsecas al conocimiento requerido pragmáticamente para desempeñar los "roles" de adivinador, embalsamador o empleado administrativo irlandés. Se han establecido ins177
titucionalmente para realzar el prestigio de los "roles" en cuestión, o para conformar otros intereses ideológicos. La preparación que da una escuela primaria puede servir perfectamente para cumplir el plan de estudios de una escuela de embalsamadores, y los empleados administrativos irlandeses pueden desempeñar sus tareas normales valiéndose del idioma inglés. Hasta puede ocurrir que las secuencias del aprendizaje así manipulado sean pragmáticamente disfuncionales. Por ejemplo, puede estipularse que se necesita el antecedente de una "cultura general" impartida por un college antes de aprender la carrera profesional de sociólogo investigador, aunque esta actividad podría realizarse realmente con mayor eficacia si no se tuviera el lastre de una "cultura" de esa índole. Mientras que la socialización primaria no puede efectuarse sin una identificación con carga emocional del niño con sus otros significantes, la mavor parte de la socialización secundaria puede prescindir de esta clase de identificado]: y proceder efectivamente con la sola dosis de identificación mutua que interviene en cualquier comunicación entre los seres humanos. Dicho más rudimentariamente, es necesaria amar a la propia madre, pero no a la maestra propia. L.< socialización en la vida posterior comienza típicamente ; adoptar una afectividad que recuerda la niñez cuando busc:' transformar radicalmente la realidad subjetiva del individuo Esto plantea problemas especiales que analizaremos un poce más adelante. En la socialización primaria el niño no aprehende a suotros significantes como funcionarios institucionales, sino como mediadores de la realidad tout court; el niño internaliza el mundo de sus padres como el mundo y no como perteneciente a un contexto institucional específico. Algunas de las crisis que se producen después de la socialización primaria se deben realmente al reconocimiento de que e; mundo de los propios padres no es el único mundo que existe, sino que tiene una ubicación social muy específica. quizás hasta con una connotación peyorativa. Por ejemplo, cuando el niño es más grande llega a reconocer que el mundo representado por sus padres, el mismo que él había tomado por establecido como realidad inevitable, resulta ser, de hecho, el mundo de los campesinos ignorantes y de la clase baja. En la socialización secundaria suele aprehen-
da
derse el contexto institucional. Huelga aclarar que esto no precisa necesariamente una comprensión sofisticada de todas las implicaciones del contexto institucional. Con todo, el hijo de los campesinos incultos, para seguir con el mismo ejemplo, aprehende verdaderamente a su maestro de escuela como funcionario institucional de una manera como nunca aprehendió a sus padres, y comprende el "rol" que desempeña el maestro como representante de significados instítucionalmente específicos, por ejemplo, los de la nación en oposición a la región, los del mundo de clase media nacional en oposición a su ambiente hogareño de clase baja, los de la ciudad en oposición al campo. Por consiguiente, la interacción social entre maestros y educandos puede formalizarse. Los maestros no tienen por qué constituir otros significantes en ningún sentido de la palabra: son funcionarios institucionales con la tarea formal de transmitir conocimiento específico. Los "roles" de la socialización secundaria comportan un alto grado de anonimato, vale decir, se separan fácilmente de los individuos que los desempeñan. El mismo conocimiento que enseña un maestro de tantos puede enseñarlo otro. Cualquier funcionario de su tipo podría enseñar ese tipo de conocimiento. Los funcionarios individuales pueden, por supuesto, diferenciarse subjetivamente de diversas maneras (porque sean más o menos simpáticos, o porque enseñen mejor o peor la aritmética, etc.) ; pero, por principio, son intercambiables. Esta formalidad y este anonimato se vinculan, por supuesto, al carácter afectivo de las relaciones sociales en la socialización secundaria. Como quiera que sea, su consecuencia más importante consiste en atribuir al contenido de lo que se aprende en la socialización secundaria una inevitabilidad subjetiva mucho menor que la que poseen los contenidos de la socialización primaria. Por lo tanto, el acento de realidad del conocimiento internalizado en la socialización secundaria se descarta más fácilmente (o sea, el sentido subjetivo de que estas internalizaciones tienen realidad, es más fugaz). Se necesitan fuertes impactos biográficos para poder desintegrar la realidad masiva internalizada en la primera infancia, pero éstos pueden ser mucho menores para poder destruir las realidades internalizadas más tarde. Además, resulta relativamente fácil dejar a un lado la realidad de las internalizaciones secun179
darias. El niño vive de buen o mal grado en el mundo tal como lo definen sus padres, pero puede dar la espalda con alegría al mundo de la aritmética no bien abandona el salón de clase. Esto posibilita el separar una parte del yo y su realidad concomitante como algo que atañe solo a la situación específica del "rol" de que se trata. El individuo establece, pues, una distancia entre su yo total y su realidad por una parte, y el yo parcial específico del "rol" y su realidad por la otra 15 . Esta importante proeza solo es posible después que se ha efectuado la socialización primaria. Expresado nuevamente en forma rudimentaria, al niño le resulta más fácil "esconderse" de su maestro que de su madre. Inversamente, puede decirse que el desarrollo de esta capacidad de "esconderse" constituye un aspecto importante del proceso para llegar a la adultez. El acento de realidad del conocimiento internalizado en la socialización primaria se da casi automáticamente; en la socialización secundaria debe ser reforzado por técnicas pedagógicas específicas, debe hacérselo sentir al individuo como algo "familiar". Esta palabra resulta sugerente, porque la realidad original de la niñez es el "hogar" y se plantea por sí sola en cuanto tal, inevitablemente y, por así decir, "naturalmente". En comparación con ella, todas las reaEl concepto de "distancia del «rol»" es desarrollado por Erving Goffman, particularmente en Asylums (Garden City, N. Y., Doubleday-Anchor, 1961); Internados —ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales— (Buenos Aires, Amorrortu Editores, en prensa). Nuestro análisis sugiere que esa distancia solo es posible con respecto a las realidades internalizadas en la socialización secundaria. Si se extiende a las internalizadas en la socialización primaria, nos hallamos en los dominios de lo que la psiquiatría norteamericana denomina "psicopatía", que implica una deficiente formación de la identidad. Otro punto muy interesante sugerido por nuestro análisis se refiere a los límites estructurales dentro de los cuales puede resultar viable un "modelo goffmaniano" de interacción social, a saber, las sociedades estructuradas de tal manera que los elementos decisivos de la realidad objetivada se internalizan en procesos de socialización secundaria. Esta consideración, d:cho .sea de paso, debe prevenirnos para no equiparar el "modelo" de Goffman (que, agreguemos, resulta muy útil para el análisis de importantes rasgos de la sociedad industrial moderna) con un "modelo dramático" tout court. Después de todo, han existido otros dramas además del hombre-organización contemporáneo empeñado en el "manejo de impresiones". 180
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lidades posterio"s son "artificiales". Asi pues, el maestro de escuela trata de hacer "familiares" los contenidos que imparte, haciéndolos vividos (o sea, haciendo que resulten tan llenos de vida como el "mundo hogareño" del niño), relevantes (o sea, vinculándolos con las estructuras de relevancia ya presentes en el "mundo hogareño") e interesantes (o sea, induciendo a la atención del niño a separarse de sus objetos "naturales" para fijarse en estos más "artificiales"). Estas maniobras constituyen una necesidad porque ahí ya se alza una realidad internalizada que persiste "en el camino" de nuevas internalizaciones. El grado y el carácter preciso de estas técnicas pedagógicas variará de acuerdo con las motivaciones que tenga el individuo para la adquisición del nuevo conocimiento. Cuanto más logren estas técnicas volver subjetivamente aceptable la continuidad entre los elementos originarios del conocimiento y los elementos nuevos, más prontamente adquirirán el acento de realidad. Una segunda lengua se adquiere construyendo sobre la realidad ya establecida de la "lengua materna". Durante largo tiempo cada elemento del nuevo idioma que se está aprendiendo se re-traduce continuamente a la lengua propia. Únicamente en esta forma puede empezar a cobrar alguna realidad la nueva lengua. A medida que esta realidad llega a quedar establecida por derecho propio, puede ir prescindiéndose poco a poco de "la re-traducción, para adquirir la capacidad de "pensar en" el nuevo idioma. Sin embargo, es raro que una lengua aprendida en la vida posterior alcance la realidad inevitable y auto-evidente que posee la primera lengua aprendida en la niñez. De ahí deriva, por supuesto, la cualidad afectiva que tiene la "lengua materna". Mutatis mutandis, las mismas características de construir sobre la realidad "familiar", relacionándose con ella a medida que el aprendizaje avanza y quebrando luego esta relación, pero muy lentamente, pertenecen a otras secuencias del aprendizaje en la socialización secundaria. Aquellos hechos de los cuales los procesos de la socialización secundaria no presuponen un alto grado de identificación y cuyos contenidos no poseen la cualidad de inevitables pueden resultar de utilidad pragmática, porque permiten aprender secuencias racional y emocionalmente controladas. Pero como los contenidos de este tipo de interdi
nalización poseen una realidad subjetiva frágil y no confiable, en comparación con la de la internalización de la socialización primaria, se hace necesario en algunos casos elaborar técnicas especiales para producir la identificación y la inevitabilidad requeridas. La necesidad de dichas técnicas puede considerarse intrínseca en términos del aprendizaje v de la aplicación del contenido de la internalización. o tal vez se presente a causa de los intereses creados de quienes administran el proceso de socialización de que se trate. Por ejemplo, un individuo que quiere llegar a ser un músico cabal debe sumergirse en su disciplina hasta un grado que es totalmente innecesario en el caso del que quiere ser ingeniero. La disciplina de la ingeniería puede aprenderse eficazmente a través de procesos formales sumamente racionales y emocionalmente neutrales. La educación musical, por otra parte, involucra típicamente una identificación mucho más elevada con un maestro y una inmersión mucho mayor en la realidad musical. Esta diferencia proviene de las diferencias intrínsecas entre la ingeniería y el conocimiento musical, y entre los modos de vida a que se aplican prácticamente estos dos cuerpos de conocimiento. Un revolucionario profesional necesita también un grado inconmensurablemente más alto de identificación e inevitabilidad que un ingeniero. Pero, en este caso, la necesidad proviene no de las propiedades intrínsecas del conocimiento mismo, que pueden tener un contenido muy sencillo y austero, sino del compromiso personal que se requiere de un revolucionario respecto de los intereses creados del movimiento revolucionario. A veces la necesidad de técnicas intensificadoras puede provenir de factores tanto intrínsecos como extrínsecos. La socialización de los elencos religiosos es un ejemplo de ello. Las técnicas aplicadas en esos casos están destinadas a intensificar la carga afectiva del proceso de socialización. En particular, involucran la institucionalización de un elaborado proceso de iniciación, un noviciado, en cuyo curso el individuo llega a comprometerse con la realidad que está internalizando. Cuando el proceso requiere una transformación real de la realidad "familiar" del individuo, llega a constituir una réplica lo más aproximada posible del carácter de la socialización primaria, como veremos un poco más adelante. Pero aun exceptuando esa transformación, la 182
socialización secundaria adquiere una carga afectiva hasta el grado en que la inmersión en la nueva realidad v el compromiso para con ella se definen institucionalmente como necesarios. La relación del individuo con el persona! socializador se carga correlativamente de "significación", cale decir que los elencos socializadores asumen el carácter de los otros significantes vis-á-iis del individuo que está socializándose. Este último se compromete, pues, ampliamente con la nueva realidad: se "entrega'' a la música, a la revolución, a la fe. no en forma parcial, sino con lo que subjetivamente constituye su vida entera. La prontitud para sacrificarse es. por supuesto, la consecuencia final de este tipo de socialización. U n a circunstancia importante que puede plantear una necesidad de dicha intensificación es la competencia entre los encargados de definir la realidad en diversas instituciones. En el caso del adiestramiento revolucionario el problema intrínseco reside en la socialización del individuo en una contradefinición de la realidad, vale decir, contra las definiciones de los legitimadores "oficiales" de la sociedad. Pero también tendrá que intensificarse la socialización del músico dentro de una sociedad en la que se ofrece amplia oportunidad de competir con los valores estéticos de la comunidad musical. Por ejemplo, puede suponerse que un músico en formación en los Estados Unidos actuales debe comprometerse con la música con una intensidad emocional que resultaba innecesaria en la Viena del siglo xrx, justamente porque en la situación americana existe la competencia poderosa de lo que subjetivamente aparecerá como el mundo "materialista" y de "cultura de masas" de la "lucha competitiva". Similarmente, el adiestramiento religioso en una situación pluralista plantea la necesidad de técnicas "artificiales" de acentuación de la realidad, técnicas innecesarias en una situación dominada por un monopolio religioso. Todavía resulta "natural" llegar a ser sacerdote católico en Roma, de una manera como no sucede en los Estados Unidos. Consecuentemente, los seminarios teológicos norteamericanos deben entendérselas con el problema del "deslizamiento de la realidad" e idean técnicas para que esa misma realidad "quede adherida". No es de sorprender que hayan descubierto el recurso evidente de enviar por un tiempo a R o m a a sus estudiantes más prometedores. 183
Variaciones similares pueden existir dentro del mismo contexto institucional, de acuerdo con las tareas adjudicadas a las diferentes categorías del elenco. Asi pues, el grado de compromiso con lo militar que se requiere en los oficiales de carrera es muv distinto del requerido en el caso de lo? reclutas, hecho que se refleja claramente en los respectivos procesos de adiestramiento. De manera similar, hay diferencias entre los compromisos para con la realidad institucional que se exigen a un director ejecutivo v al personal subalterr.o de las oficinas, a un psicoanalista v a un trabajador social en psiquiatría, y así sucesivamente. U n director ejecutivo debe ser "políticamente seguro", de una manera que no incumbe al supervisor de dactilógrafos, y al psicoanalista se le impone un "análisis didáctico"', cosa que solamente se le sugiere al trabajador social, etc. Existen, por lo tanto, sistemas sumamente diferenciados de socialización secundaria en las instituciones complejas, en ocasiones ajustados muy sensiblemente a los requerimientos diferenciales de las diversas categorías de elencos institucionales 1 6 . La distribución institucionalizada de tareas entre la socialización primaria y la secundaria varía de acuerdo con la complejidad de la distribución social del conocimiento. En tanto resulte relativamente sencilla, el mismo organismo institucional puede pasar de la socialización primaria a la secundaria y realizar, en gran medida, la segunda. En los casos de gran complejidad, tendrán que crearse organismos especializados en socialización secundaria, con un plantel exclusivo y especialmente adiestrado para las tareas educativas de que se trate. Fuera de este grado de especialización, puede existir una serie de organismos socializadores que combinen esa tarea con otras. En este último caso, por ejemplo, puede establecerse que a cierta edad un muchacho debe abandonar la choza de su madre para instalarse en los cuarteles de los guerreros donde será adiestrado como jinete, tarea que no entraña necesariamente la existencia de un personal educativo con dedicación exclusiva, porque los jinetes más veteranos pueden enseñar a los más jóvenes. El desenvolvimiento de la educación constituye, por supuesto,
18 Los estudios de la sociología de las ocupaciones, en particular los efectuados por Everett Hughes, ofrecen material interesante con respecto a este punto.
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un ejemplo inmejorable de la socialización secundaria, que se efectúa bajo los auspicios de organismos especializados. La consiguiente declinación de la familia como agente de socialización secundaria se conoce demasiado bien para que nos extendamos aqui en mavores detalles 1 7 . c • Mantenimiento y transformación de la realidad subjetiía.
Como la socialización nunca se termina y los contenidos que la misma internaliza enfrentan continuas amenazas a su realidad subjetiva, toda sociedad viable debe desarrollar procedimientos de mantenimiento de la realidad para salvaguardar cierto grado de simetría entre la realidad objetiva y la subjetiva. Ya hemos examinado este problema al referirnos a la legitimación. Nuestra atención se centra ahora sobre la defensa de la realidad subjetiva más que de la objetiva, sobre la realidad tal cual se aprehende en la conciencia individual más que como se define institucionalmente. La socialización primaria internaliza una realidad aprehendida como inevitable. Esta internalización puede considerarse lograda si el sentido de inevitabilidad se halla presente casi todo el tiempo, al menos, mientras el individuo está en actividad en el mundo de la vida cotidiana. Pero aun cuando este último retenga su realidad masiva y establecida in actu, estará amenazado por las situaciones marginales de la experiencia humana que no pueden descartarse por completo de la actividad cotidiana. Siempre existe la presencia obsesionante de las metamorfosis, las que realmente se recuerdan y las que solo se sienten como siniestras posibilidades. Existen también las definiciones en competencia de la realidad que pueden presentarse socialmente y que resultan una amenaza más directa. U n a cosa es que u n decoroso padre de familia sueñe con orgías indescriptibles en la soledad de la noche, y otra muy distinta ver que esos sueños se representan empíricamente por una vecina colonia de libertinos. Los sueños pueden aislarse con más facilidad dentro de la conciencia como "absurdos" que se hacen a un lado, o como aberraciones mentales de las que nos arre17 Cf. Applied posterior (Buenos
Talcott Parsons, Essays on Sociological Theory, Puré and (Chicago, Free Press, 1949), pp. 233 y sigs. Una edición ha sido traducida como Ensayos de teoría sociológica Aires, Paidós, 1963).
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pentimos en silencio: conservan un carácter fantasmal visa-vis de la realidad de la vida cotidiana. Una representación real se impone a la conciencia mucho más clamorosamente. Tendrá que ser destruida de hecho antes de poder dominarla mentalmente. Sea como fuere, es innegable que se puede al menos tratar de negar las metamorfosis de las situaciones marginales. El carácter más "artificial" de la socialización secundaria vuelve aún más vulnerable la realidad subjetiva de sus internalizaciones frente al reto de las definiciones de la realidad, no porque aquéllas no estén establecidas o se aprehendan como algo menos que real en la vida cotidiana, sino porque su realidad se halla menos arraigada en la conciencia y resulta por ende más susceptible al desplazamiento. Por ejemplo, tanto la prohibición de la desnudez, que afecta al sentido del pudor propio, internalizado en la socialización primaria, como los cánones de la vestimenta adecuada para diferentes ocasiones sociales, que se adquieren como internalizaron secundaria, se dan por establecidos en la vida cotidiana. En tanto no se cuestionen socialmente, ninguno de ellos constituye un problema para el individuo. Sin embargo, el desafío tendría que ser mucho más fuerte en el primer caso que en el segundo, para que se cristalizara como amenaza para la realidad establecida de las rutinas respectivas. Un cambio relativamente pequeño en la definición subjetiva de la realidad bastaría para que un individuo diera por establecido que se puede ir a la oficina sin corbata; pero se necesitaría un cambio mucho más drástico para conseguir que fuera, como cosa natural, sin ninguna ropa. El primer cambio podría mediatizarse socialmente solo por un cambio de trabajo, como por ejemplo, el pase de un colegio metropolitano a uno rural; el segundo comportaría una revolución social en el ambiente del individuo; se aprehendería subjetivamente como una profunda conversión, probablemente tras una intensa resistencia inicial. La realidad de las internalizaciones se halla menos amenazada por las situaciones marginales porque suele resultarles irrelevante. Lo que puede ocurrir es que dicha realidad se aprehenda como trivial justamente porque se pone de manifiesto su irrelevancia para la situación marginal. Así pues, es posible afirmar que la inminencia de la muerte amenaza profundamente la realidad de nuestras auto186
identificaciones previas como hombres, como seres morales, o como cristianos. En la misma situación, mi auto-identificación como subjefe de la sección mercería no resulta tan amenazada cuanto trivializada. Inversamente, puede decirse que el mantenimiento de las internalizaciones primarias frente a situaciones marginales constituye una buena medida para apreciar su realidad subjetiva. Esta misma prueba resultaría por completo irrelevante si se aplicase a la mayor parte de las socializaciones secundarias. Morir como hombre tiene sentido, pero casi no lo tiene morir como subjefe del departamento mercería. Asimismo, en casos en los que se da socialmente como probable que las internalizaciones secundarias tengan este grado de persistencia de la realidad frente a situaciones marginales, los procedimientos de socialización concomitantes deberán intensificarse y reforzarse de la manera aludida anteriormente. Los procesos militares y religiosos de socialización secundaria podrían citarse nuevamente a modo de ilustración. Es conveniente distinguir dos tipos generales de mantenimiento de la realidad: mantenimiento de rutina y mantenimiento de crisis. El primero está destinado a mantener la realidad internalizada en la vida cotidiana, y el segundo. en las situaciones de crisis. Ambos entrañan fundamentalmente los mismos procesos sociales, aunque deben anotarse algunas diferencias. Como hemos visto, la realidad de la vida cotidiana se mantiene porque se concreta en rutinas, lo que constituye l a esencia de la institucionalización. Más allá de esto, no obstante, la realidad de la vida cotidiana se reafirma continuamente en la. interacción del individuo con los otros. Así como la realidad se internaliza originariamente por un proceso social, así también se mantiene en la conciencia por procesos sociales. Estos últimos no difieren drásticamente de los de la internalización anterior, y reflejan el hecho fundamental de que la realidad subjetiva debe guardar relación con una realidad objetiva socialmente definida. En el proceso social de mantenimiento de la realidad es posible distinguir entre ios otros significantes y los otros menos importantes 1 8 . Fundamentalmente, todos o por lo
18 Hans H. Gerth y C. Wright Mills en Character and Social Structure (Nueva York, Harcourt, Brace and Co., 1953); Carácter y estructura social (Buenos Aires, Paidós), sugieren la expresión
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menos la mayoría de los otros que el individuo encuentra en la Vida diaria le sirven para reafirmar su realidad subjetiva. Esto ocurre aun en una situación tan "no significativa" como viajar en un tren local. El individuo tal vc¿ no conozca a nadie de los que viajan con él. ni hable cor: ninguno. Sin embargo, la multitud de pasajeros habituales reafirma la estructura básica de la vida cotidiana. Por su conducta general, sus habituales compañeros de viaje sacar, al individuo de la tenue realidad de su adormecimiento matinal v le proclaman en términos decididos que el mundo se compone de hombres serios que van al trabajo, de responsabilidades y horarios, del Ferrocarril New Haven y del Xew York Times. Esto último reafirma, por supuesto, las más amplias coordenadas de la realidad del individuo. Desde el pronóstico meteorológico hasta los avisos clasificados del periódico, todo le asegura que se encuentra, ciertamente, en el mundo más real posible. Concomitantemente. afirma el status menos que real de las visiones siniestras experimentadas antes del desayuno: la forma extraña de los objetos supuestamente familiares, al despertarse tras un sueño inquietante; el impacto que causa no reconocer la propia cara en el espejo del cuarto de baño; un poco más tarde, la sospecha inconfesable de que la propia esposa e hijos resulten misteriosos desconocidos. La mayor parte de los individuos susceptibles a tales terrores metafísicos consiguen exorcizarlos hasta cierto punto en el curso de sus rituales matinales, rígidamente ejecutados, de manera que la realidad de la vida cotidiana se establece al menos cautelosamente para cuando salen por la puerta de sus casas. Pero la realidad empieza a inspirar confianza total solamente en medio de la comunidad anónima del tren local, y llega a ser masiva cuando el tren se detiene en la estación terminal del viaje. Ergo sum, puede ahora murmurar el individuo para sí, mientras se dirige a su oficina, completamente despierto y seguro de sí mismo. Sería por lo tanto un error suponer que únicamente los otros significantes sirven para mantener la realidad sub"otros íntimos" en lugar de otros significantes dedicados al mantenimiento de la realidad en la vida posterior. Preferimos no usar esta frase debido a su similitud con la de Intimspháre, que se ha empleado mucho en la reciente sociología de lengua alemana y que tiene una connotación muy diferente.
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jetiva: pero lo cierto es que ocupan una posición central en la economía del mantenimiento de la realidad v revisten particular importancia para la confirmación continua de ese elemento crucial de la realidad que llamamos identidad. A fin de seguir confiado en que es realmente quien cree ser. el individuo requiere no solo la confirmación implícita de esta identidad que le proporcionarán aun los contactos cotidianos accidentales, sino también la confirmación explícita v emotivamente cargada que le brindan los otros significantes. En el ejemplo anterior, nuestro habitante suburbano buscará probablemente dicha confirmación en su familia v demás componentes particulares de su ambiente familiar (vecindario, iglesia, club y otros por el estilo). aunque también sus compañeros de trabajo pueden llenar esa función. Si además se acuesta con su secretaria, su identidad se confirma y se amplía, lo que supone que al individuo le agrada que se confirme su identidad. El mismo proceso corresponde para la confirmación de las identidades que al individuo pueden no agradarle. Hasta sus conocidos casuales pueden confirmar su auto-identificación como un fracasado irremediable, pero su esposa, sus hijos y su secretaria lo ratifican de modo terminante, sin dejar lugar a dudas. Este proceso que transcurre entre la definición de la realidad objetiva y eí mantenimiento de la realidad subjetiva, es idéntico en ambos casos. Los otros significantes constituyen, en la vida del individuo, los agentes principales para el mantenimiento de su realidad subjetiva. Los otros menos significantes funcionan como una especie de coro. La esposa, los hijos y la secretaria ratifican cada día solemnemente 'que,"o bien es un hombre importante, o bien es un fracasado irremediable; las tías solteronas, los cocineros y los ascensoristas apoyan eso en grados variables. Resulta muy posible, por supuesto, que exista cierto desacuerdo entre estas personas. En ese caso el individuo se halla frente a un problema de coherencia que puede resolver, en particular, modificando su realidad o sus relaciones para el mantenimiento de aquélla. Puede tener la alternativa, por una parte, de aceptar su identidad como fracasado, y por la otra, de despedir a su secretaria o divorciarse de su esposa. También le queda la opción de degradar a algunas de esas personas en su condición de otros significantes, y en su lugar recurrir a otros 189
para'que le confirmen su realidad significativa: su psicoanalista, por ejemplo, o sus viejos amigos del club. Existen muchas complejidades posibles en esta organización de las relaciones para el mantenimiento de la realidad, especialmente si se trata de una sociedad sumamente móvil y de "roles" diferenciados 19. La relación entre los otros significantes y el "coro" para mantenimiento de la realidad es dialéctica; o sea que interactúan unos con otros, así como con la realidad subjetiva que sirven para confirmar. Una identificación firmemente negativa por parte del ambiente más general puede llegar eventualmente a afectar la identificación ofrecida por los otros significantes: en el caso de que hasta el ascensorista omita al saludarlo la palabra "'señor", la esposa puede renunciar a identificar a su marido como hombre importante. Inversamente, los otros significantes pueden causar efecto eventualmente sobre el ambiente más general: una esposa ''leal" puede significar una ventaja en muchos aspecto? cuando el individuo trata de imponer una cierta identidad sobre sus colegas de trabajo. El mantenimiento y la confirmación de la realidad involucran, pues, la totalidad de la situación social del individua, aunque los otros significantes ocupen una posición privilegiada en esos procesos. La importancia relativa de los otros significantes y del "coro" puede apreciarse mejor si se examinan ejemplos de ¿¿^confirmación de la realidad subjetiva. Una acción disconfirmativa de la realidad por parte de la esposa tiene por sí sola mucho más fuerza que la de una acción similar por parte de un conocido casual, cuyas acciones tendrán que adquirir cierta densidad para poder igualar la fuerza que tienen las de la esposa. La opinión reiterada de mi mejor amigo en el sentido de que los periódicos no informan sobre hechos importantes que ocurren sin que trasciendan al público, quizá tenga para mí más peso que la opinión similar expresada por mi peluquero. Sin embargo, una misma opinión expresada sucesivamente por diez conocidos míos casuales puede llegar a contrarrestar la opinión contraria de mi mejor amigo. La cristalización lograda subjetivamente como resultado de estas definiciones diversas de
19 Compárese otra vez con Goffman sobre este punto, como también con David Riesman.
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la realidad será, pues, la que determine cómo será mi reacción al ver una mañana aparecer un apretado grupo de chinos adustos, silenciosos y provistos de porta-documentos en el tren local, vale decir, la que determine el peso que atribuyo al fenómeno en mi propia definición de la realidad. Para tomar otro caso ilustrativo, si soy católico creyente, la realidad de mi fe no tiene por qué sentirse amenazada por mis compañeros de trabajo no creyentes: pero es muy probable que se sienta amenazada por una esposa incrédula. Por lo tanto, en una sociedad pluralista es lógico que la Iglesia católica tolere una amplia variedad de asociaciones interconfesionales en la vida económica y política, pero que siga desaprobando los matrimonios mixtos. En general, en las situaciones en que existe competencia entre diferentes organismos definidores de la realidad, puede tolerarse toda clase de relaciones de grupo secundario con los competidores, en tanto existan relaciones de grupo primario firmemente establecidas dentro de las cuales una realidad se reafirma continuamente en oposición con sus competidoras 20. La manera como la Iglesia católica se ha adaptado a la situación pluralista existente en los Estados Unidos constituye un ejemplo inmejorable. El vehículo más importante del mantenimiento de la realidad es el diálogo. La vida cotidiana del individuo puede considerarse en relación con la puesta en marcha de un aparato conversacional que mantiene, modifica y reconstruye continuamente su realidad subjetiva 21. Diálogo significa principalmente, por supuesto, que la gente conversa entre sí, lo cual no implica que se nieguen las copiosas emanaciones de comunicación no oral que rodean al habla. Con todo, el habla mantiene una posición de privilegio dentro de todo el aparato conversacional. Importa destacar, empero, que la mayor parte del mantenimiento de la realidad en el diálogo es implícita, no explícita. El diálogo, mayor20 Los conceptos de "grupo primario" y "grupo secundario" se derivan de Cooley. Aquí seguimos el uso corriente en la sociología norteamericana. 21 Sobre el concepto del "aparato conversacional", cf. Peter L. Berger y Hansfried Kellner, "Marriage and the Construction of Reality", en Diógenes, 46 (1964J, pp. 1 y sigs. Friedrich Tenbruck, op. cit., analiza con cierto detalle la función de redes comunicativas para mantener las realidades comunes.
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mente, no define la naturaleza del mundo en una cantidad de palabras; más bien se efectúa con el trasfondó de un mundo que se da silenciosamente por establecido. De esa manera, un intercambio de frases como: "Bueno, es hora de que salga para la estación" y "Muy bien, querido, que tengas un buen día en la oficina", implica todo un mundo dentro del cual estas proposiciones aparentemente sencillas cobran sentido. En virtud de esta implicación, el intercambio confirma la realidad subjetiva de este mundo. Si esto se comprende, podrá advertirse claramente que la eran parte —cuando no la totalidad—• del diálogo cotidiano mantiene la realidad subjetiva; en realidad, esta última adquiere solidez por la acumulación y la coherencia del diálogo casual, diálogo que puede permitirse ser casual precisamente porque se refiere a las rutinas de un mundo que se da por establecido. La pérdida de la cualidad de casual indica una ruptura de las rutinas y, al menos potencialmente, una amenaza a la realidad establecida. Así pues. es posible imaginar qué efecto tendría sobre esa cualidad de casual un intercambio de frases como éste: "Bueno, es hora de que salga para la estación", "Muy bien, querido, no te olvides de llevar tu revólver". Al mismo tiempo que el aparato conversacional mantiene continuamente la realidad, también la modifica de continuo. Hay renglones que se suprimen y otros que se agregan, debilitando algunos sectores de lo que ya se da por establecido y reforzando otros. Así pues, la realidad subjetiva de algo de lo que nunca se habla llega a hacerse vacilante. Una cosa es realizar un acto sexual vergonzante, y otra muy diferente es hablar de él antes o después. Inversamente, el diálogo imprime contornos firmes o renglones previamente aprehendidos de manera fugaz e imprecisa. Se puede abrigar dudas sobre la propia religión; esas dudas se vuelven reales de manera muy diferente cuando se discute sobre ellas. Luego, al hablar, nos sumergimos en esas dudas, que se objetivizan como realidad dentro de nuestra propia conciencia. Hablando en general, el aparato conversacional mantiene la realidad recorriendo en el diálogo los diversos elementos de la experiencia y adjudicándoles un lugar definido en el mundo real. Esta fuerza generadora de realidad que posee el diálogo ya se da en el hecho de la objetivización lingüística. Hemos 192
visto cómo el lenguaje objetiviza el mundo, transformando el panta rhci de la experiencia en un orden coherente. Al establecer este orden el lenguaje realiza un mundo, en el doble sentido de aprehenderlo v producirlo. El diálogo es la actualización de esta eficacia realizadora del lenguaje en las situaciones "cara a cara" de la existencia individual. En el diálogo las objetivizaciones del lenguaje se vuelven objetos de la conciencia individual. De esta manera el hecho fundamental del mantenimiento de la realidad reside en el uso continuo del mismo lenguaje para objetivizar la experiencia biográfica en proceso de desenvolvimiento. En el más amplio sentido, todos los que usan este mismo lenguaje son otros mantenedores de la realidad. La significación de esto puede, además, diferenciarse en términos de lo que se entiende por un ''lenguaje común", desde el lenguaje idiosincrásico de grupos primarios, hasta los dialectos regionales o clasistas de la comunidad nacional que se define en términos de lenguaje. Existen correspondientes "retornos a la realidad" para el individuo que vuelve a los pocos qi'p entienden las alusiones de su grupo, al sector que corresponde a su acento, o hacia la gran colectividad identificada con una tradición lingüística particular, o, en orden inverso •—por ejemplo—, para quien retorna a los Estados Unidos, al barrio de Brooklyn y a la gente que concurrió a la misma escuela primaria. Para poder mantener eficazmente la realidad subjetiva, el aparato conversacional debe ser continuo y coherente. En cuanto se produce algún quebrantamiento en su continuidad y coherencia, se plantea ipso jacto una amenaza a dicha realidad. Ya hemos hablado de los recursos a que puede apelar el individuo para enfrentar la amenaza de la incoherencia. También existen diversas técnicas para los casos en que esté amenazada la continuidad. El recurso de la correspondencia epistolar para continuar el diálogo significativo a pesar de la separación física puede servir de ejemplo 2 2 . Los diálogos diferentes pueden compararse según la densidad de la realidad que producen o mantienen. En general, la frecuencia del diálogo realza el poder de éste como productor de realidad; pero la falta de frecuencia puede, a veces, compensarse con la intensidad del diálogo Sobre la correspondencia, cf. Georg Simmel, Soziologie, pp. 287 y sigs. 193
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cuando éste se realiza. Podemos ver al ser amado solo una vez al mes, pero el diálogo que entonces se produce tiene una intensidad suficiente para suplir su falta relativa de frecuencia. Ciertos diálogos pueden también definirse y legitimarse explícitamente en cuanto poseedores de un status privilegiado, como es el caso de los que se sostienen con el confesor, el psicoanalista o una figura de '"autoridad'' similar. En este caso la "autoridad" reside en el status cognoscitiva v normativamente superior que se adjudica a esos diálogos. La realidad subjetiva siempre depende, pues, de estructuras de plausibilidad específicas, es decir, de la base social específica v los procesos sociales requeridos para su mantenimiento. Puedo mantener mi auto-identificación como hombre importante solamente en un ambiente que confirme esta identidad: puedo mantener mi fe católica solamente si conservo mi relación significativa con la comunidad católica, y así sucesivamente. La ruptura del diálogo significativo con los mediadores de las estructuras de plausibilidad respectivas amenaza las realidades subjetivas de que se trata. Como lo indica el ejemplo de la correspondencia, el individuo puede recurrir a diversas técnicas para el mantenimiento de la realidad, aun en ausencia de un diálogo real; pero el poder generador de realidad de dichas técnicas es muy inferior a los diálogos "cara a cara" que pretenden reproducir. Cuanto más se aislen estas técnicas de las confirmaciones "cara a cara", menos probabilidades tendrán de mantener el acento de realidad. El individuo que ha vivido durante muchos años entre gente de distinto credo y que se encuentra aislado de la comunidad que comparte su propia fe, puede continuar identificándose él mismo como católico, por ejemplo. Mediante la oración, las prácticas piadosas y técnicas similares, su antigua realidad católica puede seguir siendo subjetivamente relevante para él; estas prácticas pueden, como mínimo, sustentar su auto-identificación continua como católico; pero, a pesar de eso, llegarán a vaciarse subjetivamente de realidad "viviente" a menos que se "revitalicen" por el contacto social con otros católicos. Es verdad que un individuo suele recordar las realidades de su pasado; pero la manera de "refrescar" esos recuerdos es dialogar con quienes comparten su relevancia M .
23 A este respecto resulta pertinente el concepto de "grupo de referencia". Compárese el análisis que de esto hace Merton
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La estructura de plausibilidEonstituye también la base social para la suspensión partar de dudas, sin la cual la definición de realidad en cuen no puede mantenerse en la conciencia. En tal caso lasiciones sociales específicas contra esas dudas desintegracs de la realidad se han internalizado y se reafirman tinuamente. Una de esas sanciones es el ridículo. Mient permanezca dentro de la estructura de plausibilidad. eldividuo se sentirá en ridículo cada vez que lo asalte ijetivamente alguna duda acerca de la realidad de que rate. Sabe que los demás se reirían de él si llegase a exjar sus dudas en alta voz. Puede reírse silenciosamente cí mismo, encogerse mentalmente de hombros v contar existiendo dentro del mundo así sancionado. Huelggregar que este procedimiento de autoterapia resultanucho más difícil si la estructura de plausibilidad ya está al alcance como su matriz social. La risa se harárzada y es probable que eventualmente sea reemplazacpor una expresión entre ceñuda y pensativa. En situaciones de crisis se uan esencialmente los mismos procedimientos que para nantenimiento de rutinas, excepto que las confirmacionee la realidad tienen que ser explícitas e intensivas. Con :uencia se ponen en juego técnicas de ritual. Si bien el lividuo puede improvisar procedimientos para mantenei realidad frente a una crisis, la sociedad misma estab procedimientos para situaciones que presenten recordó riesgo de una ruptura en la realidad. En estas situacic pre-definidas se incluyen ciertas situaciones marginales, ;ntre las cuales la muerte se destaca cómo la más impmte. Con todo, las crisis de realidad pueden presentaren una cantidad de casos mucho más numerosos que los iteados por las situaciones marginales y que pueden ser activos o individuales, de acuerdo con la índole del déo lanzado a la realidad socialriente definida. Por ejeo, los rituales colectivos para el mantenimiento de la rdad pueden ser institucionalizados para épocas de catáfes naturales y los individuales pueden serlo para épocde desgracia personal. O también, para -tomar otro ejeo, los procedimientos esen su Social Theory and Social ucture; sociales (México, F.C.E.). Teoría y estructura
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pecíficos para mantener la realidad pueden establecerse para competir con" extranjeros y su amenaza potencial a la realidad "oficial". El individuo tal vez tendrá que someterse a una complicada purificación ritual después de haber tenido contacto con un extranjero. La ablución se internaliza como aniquilación subjetiva de la realidad que. a modo de alternativa, representa el extranjero. Los tabúes, los exorcismos v las maldiciones contra los extranjeros, los herejes o los dementes llenan igualmente la finalidad de "higiene mental" individual. La violencia de estos procedimientos defensivos estará en proporción con la seriedad que se atribuye a la amenaza. Si los contactos con la realidad que se da como alternativa y con los que la representan se hacer, frecuentes, los procedimientos defensivos pueden perder su carácter crítico, por supuesto, y volverse rutinarios. Poi ejemplo, cada vez que me encuentre con un extranjero, deberé escupir tres veces, lo que haré sin pensar más en el asunto. Todo lo dicho hasta ahora sobre la socialización implica la posibilidad de que la realidad subjetiva pueda transformarse. Vivir en sociedad ya comporta un proceso continuo de modificación de la realidad subjetiva. Hablar de transformaciones, pues, involucra examinar los diferentes grados de modificación. Aquí enfocaremos nuestra atención sobre el caso extremo, en el que se produce una transformación casi total, vale decir, aquel en el cual el individuo "permuta mundos". Si los procesos involucrados en el caso extremo se clarifican, los de los casos menos extremos se comprenderán con mayor facilidad. En particular, la transformación se aprehende subjetivamente como tal, lo que, por supuesto, tiene algo de engañoso. Puesto que la realidad subjetiva nunca se socializa totalmente, no puede transformarse totalmente mediante procesos sociales. El individuo transformado tendrá al menos el mismo cuerpo y vivirá en el mismo universo físico. Con todo, hay ejemplos de transformaciones que parecen totales si se las compara con otras de menor cuantía: las llamaremos alternaciones 24 . >
O)
Cf. Peter L. Berger, Invitation lo Sociology f Carden City. N. Y., Doubleday-Anchor. 1963), pp. 54 y sigs.; Introducción a la sociología (México, Limusa, Wiley, 1967).
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La alternación requiere procesos de re-socialización, que se asemejan a la socialización primaria, porque radicalmente tienen que volver a atribuir acentos de realidad v, consecuentemente, deben reproducir en gran medida ía identificación fuertemente afectiva con los elencos socializadores que era característica de la niñez. Son diferentes de la socialización primaria porque no surgen c.v ni ¡alo v. como resultado, deben contender con un problema de desmantelamiento. al desintegrar la anterior estructura nómica de la realidad subjetiva. ¿Cómo puede lograrse esto? Una "receta"' para lograr la alternación tiene que incluir condiciones tanto sociales como conceptuales, sirviendo, por supuesto, las sociales como matriz de las conceptuales. La condición social más importante consiste en disponer de una estructura de plausibilidad eficaz, o sea. de una base social que sirva como ''laboratorio" de transformación. Esta estructura de plausibilidad será mediatizada respecto del individuo por otros significantes, con quienes debe establecer una identificación fuertemente afectiva. Sin esa identificación no puede producirse ninguna transformación radical de la realidad subjetiva (en la que se incluye, por supuesto, la identidad), identificación que reproduce inevitablemente las experiencias infantiles en cuanto a la dependencia emocional de otros significantes 25 . Éstos son quienes han de actuar como guías para penetrar en la nueva realidad: representan la estructura de plausibilidad en los "roles" que desempeñan vis-á-vis del individuo ("roles" que, en particular, se definen explícitamente en términos de su función re-socializadora) y que mediatizan ese mundo nuevo para el individuo. El mundo del individuo tiene ahora su centro cognoscitivo y afectivo en la estructura de plausibilidad de que se trate. Socialmente, esto significa una concentración intensa de toda la interacción significativa dentro del grupo que sintetiza la estructura aludida y par23 El concepto psicoanalítico de "transferencia" se refiere precisamente a este fenómeno. Lo que no comprenden los psicoanalistas que lo usan es que el fenómeno puede hallarse en cualquier proceso de re-socialización con su consiguiente identificación con los otros significantes encargados de ella, de manera que no corresponde sacar de eso ninguna conclusión con respecto a la validez cognoscitiva de las insights que se producen en la situación psicoanalítica.
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ticularmente en el elenco encargado de la tarea de re-socialización. El prototipo histórico de la alternación es la conversión religiosa. Las consideraciones antes expresadas pueden aplicarse aquí con la frase extra ecclesiam nulla salus. Al decir salus queremos significar en este caso ^pidiendo las debidas disculpas a los teólogos que pensaban en algo diferente cuando acuñaron la frase) la consumación empíricamente lograda de la conversión. Únicamente dentro de la comunidad religiosa, la ecclesia, puede la conversión mantenerse eficazmente como plausible. Con esto no se niega que la conversión pueda anticiparse a la afiliación a la comunidad: Sanio de Tarso buscó la comunidad cristiana después de su "experiencia de Damasco". Pero no reside en eso la cuestión. Pasar por la experiencia de la conversión no significa mucho: lo verdadero consiste en ser capaz de seguir tomándola en serio, en conservar el sentido de su plausibilidad. He ahí donde interviene la comunidad religiosa, para proporcionar a la nueva realidad la indispensable estructura de plausibilidad. En otras palabras, Saulo puede haberse convertido en Pablo en la soledad del éxtasis religioso; pero para poder seguir siéndolo necesitaba el contexto de la comunidad cristiana que lo reconociera como tal y confirmara el "nuevo ser" en que ahora se ubicaba esta identidad. La relación entre conversión y comunidad no constituye un fenómeno peculiarmente cristiano (a pesar de los rasgos históricamente peculiares de la ecclesia cristiana). N o se puede seguir siendo musulmán fuera del 'umma del Islam, ni budista fuera del sangha, y probablemente tampoco hindú en ningún lugar que no sea la India. La religión requiere una comunidad religiosa y vivir en u n mundo religioso exige afiliarse a esa comunidad 28 . Las estructuras de plausibilidad de la conversión religiosa han sido imitadas por los organismos de alternación seculares, cuyos mejores ejemplos se encuentran en las áreas del adoctrinamiento político y en la psicoterapia 27 .
26 A esto se refería Durkheim en su análisis del carácter inevitablemente social de la religión. Sin embargo, preferiríamos no usar su término "Iglesia" para referirnos a la "comunidad moral" de la religión, porque solo resulta apropiado para un caso históricamente específico en la institucionalización de la religión. 27 Los estudios de las técnicas del "lavado de cerebro" de los comunistas chinos son altamente reveladores de las pautas básicas,
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La estructura de plausibilidad debe convertirse en el mundo del individuo, desplazando a todos los demás mundos, especialmente a aquel en que el individuo "habitaba" antes de su alternación. Esto requiere que el individuo sea segregado de entre los "habitantes'" de otros mundos, especialmente los que ''cohabitaban'' con él en el mundo que dejó tras de si. Idealmente se requiere la segregación física: si por cualquier causa esto no es posible, la segregación se plantea por definición, o sea. por una definición de esos otros que lo aniquilan. El individuo alternalizado se desafilia de su inundo anterior y de la estructura de plausibilidad que lo sustentaba, si es posible, corporalmente, o si no. mentalmente. En cualquiera de los dos casos, ya no puede seguir "uncido con incrédulos'' y por lo tanto hay que protegerlo contra la influencia potencialmente destructora de la realidad. Dicha segregación resulta particularmente importante en las primeras etapas de la alternación (la fase del "noviciado'"). U n a vez que la nueva realidad ha quedado fija, pueden entablarse nuevamente relaciones circunspectas con extraños, aunque aquellos que solían ser biográficamente significantes todavía constituyen un peligro. Son los que podrán decir: "Deja eso, Saulo", y tal vez haya -momentos en que la vieja realidad que invocan asuma contornos de tentación. La alternación comporta, por lo tanto, una reorganización del aparato conversacional. Los interlocutores que intervienen en el diálogo significativo van cambiando, y el dialogó con los otros significantes .nuevos transforma la realidad subjetiva, que se mantiene al continuar el diálogo con ellos o dentro de la comunidad que representan. Dicho con sencillez, esto significa que hay que tener mucho cuidado de la persona con quien se dialoga. Las personas y las ideas que discrepen con las nuevas definiciones de la realidad deben evitarse sistemáticamente 28 . Como esto rara vez se logra del todo, aunque más no sea porque subsiste el recon respecto a la alternación. Cf., por ejemplo, Edward Hunter, Brainwashing in Red China (Nueva York, Vanguard Press, 1951). Goffman, en su Asylums, se acerca a la demostración del paralelo •—en cuanto a procedimientos se refiere— con la psicoterapia de grupo en Norteamérica. 28 Compárese nuevamente con Festinger respecto de la acción de evitar definiciones discrepantes de la realidad.
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cuerdo de la realidad pasada, la nueva estructura de plausibilidad aportará típicamente diversos procedimientos terapéuticos para tratar las tendencias "reincidentes". Dichos procedimientos siguen la pauta general de la terapia, como se explicó anteriormente. El requisito conceptual más importante para la alternación consiste en dispone- de un aparato legitimador para toda la serie de transformaciones. Lo que debe legitimarse no solo es la realidad nueva, sino también las etapas pollas que ésta se asume y se mantiene, y el abandono o repudio de todas las realidades que se den como alternativa. El aspecto liquidador del mecanismo conceptual tiene particular importancia dado el problema de desmantelamiento que debe resolverse. La realidad antigua, así como las colectividades y otros significantes que previamente la mediatizaron para el individuo, debe volver a re-interpretarse dentro del aparato legitimador de la nueva realidad. Esta re-interpretación provoca una ruptura en la biografía subjetiva del individuo en la forma de "antes de Cristo" y "después de Cristo", o "pre-Damasco" y "pos-Damasco". Todo lo que precedió a la alternación se aprehende ahora como conducente a ella (como un "Antiguo Testamento", por así decir, o como una praeparatio evangelii), y todo lo posterior como enamorado de su nueva realidad. Esto involucra una nueva interpretación de la biografía anterior in toto, según la fórmula: "Entonces yo creía . . . ahora sé". Esto incluye con frecuencia la retroyección al pasado de los esquemas actuales (cuya fórmula es: "Yo ya sabía entonces, aunque de manera vaga . . .") y motivos interpretativos que no estaban subjetivamente presentes en el pasado, pero que ahora se necesitan para volver a interpretar lo que sucedió entonces (cuya fórmula es: "Realmente hice esto porque . . . " ) . La biografía anterior a la alternación se elimina típicamente in toto colocándola dentro de una categoría negativa que ocupa una posición estratégica en el nuevo aparato legitimador: "Cuando yo todavía llevaba una vida pecadora", "Cuando todavía me hallaba preso en la conciencia burguesa", "Cuando yo todavía estaba motivado por esas inconscientes urgencias neuróticas". De esa manera la ruptura biográfica se identifica con una separación cognoscitiva entre la obscuridad y la luz. Además de esta nueva interpretación in toto, deben pro200
ducirse nuevas interpretaciones particulares de hechos y personas del pasado con significación pasada. Por supuesto que lo mejor para el individuo sería que olvidase por completo algo de esto. Pero olvidar por completo resulta notablemente difícil. Lo que se necesita, por lo tanto, es una re-interpretación radical del significado de esos hechos o personas de la propia biografía pasada. Ya que inventar cosas que nunca sucedieron resulta relativamente más fácil que olvidar las que sucedieron realmente, el individuo puede urdir e insertar hechos donde quiera que se necesiten para armonizar el pasado que se recuerda con el que se re-interpreta. Como ahora la nueva realidad, más que la antigua, resulta dominantemente plausible para él, puede ser perfectamente "sincero" al adoptar ese procedimiento: subjetivamente, no está contando mentiras con respecto de su pasado, sino alineándolo con la verdad que, por fuerza, abarca tanto el presente como el pasado. Dicho sea de paso, este punto tiene gran importancia si se quieren comprender adecuadamente los motivos que existen detrás de las falsificaciones y adulteraciones de documentos religiosos que registra la historia repetidamente. También las personas, en particular los otros significantes, se re-interpretan de manera similar. Los otros significantes se convierten ahora en actores de un drama cuyo significado les resulta necesariamente opaco: y no es de sorprender que rechacen típicamente semejante adjudicación. Ésta es la razón por la que los profetas sufren típicamente grandes fracasos en su ciudad natal, y en este contexto es como hay que entender la frase de Jesús cuando dijo que sus adeptos debían abandonar a sus padres y madres. Ahora no resulta difícil proponer una "receta" específica para la alternación dentro de cualquier realidad que se conciba, por inadmisible que resulte desde el punto de vista del espectador. Es posible prescribir procedimientos específicos, por ejemplo, para convencer a individuos de que podrán comunicarse con seres de otros planetas, siempre que guarden una estricta dieta de pescado crudo. Dejamos a la imaginación del lector, si es que se siente dispuesto para ello, el calcular los detalles de semejante secta de ict'ófagos. La "receta" entrañaría la construcción de una estructura de plausibilidad para ictiófagos, debidamente segregada del mundo exterior y equipada con el personal socializador
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y terapéutico necesario: la elaboración de un cuerpo de conocimiento para ictiófagos. suficientemente artificioso como para explicar por qué el nexo, evidente por sí mismo, entre el pescado crudo y la telepatía galáctica no se había descubierto antes: v las legitimaciones y liquidaciones necesarias para dar sentido al viaje del individuo hacia esta eran verdad. Si se observan cuidadosamente estos procedimientos, existirán grandes probabilidades de éxito una ve? que el individuo haya sido atraído o secuestrado por el instituto de lavado de cerebro ictiófago. En la práctica se dan. por supuesto, muchos tipos intermedios entre la re-socialización, como la hemos descrito, y la socialización secundaria, que sigue construyendo sobre las internalizaciones primarias. En estas últimas se producen transformaciones parciales de la realidad subjetiva o de sectores determinados de ella. Esas transformaciones parciales son comunes en la sociedad contemporánea en lo referente a movilidad social y adiestramiento ocupacionai del individuo -9. Aquí la transformación de la realidad subjetiva puede alcanzar grandes proporciones cuando e¡ individuo se convierte en un tipo aceptable de clase media superior o en un médico aceptable, y llega a internalizar los apéndices de realidad apropiados. Pero estas transformaciones en particular no alcanzan a lograr la re-socialización. Construyen sobre la base de internalizaciones primarias y, en general, evitan las discontinuidades abruptas dentro de la biografía subjetiva del individuo. Como consecuencia de esto, encaran el problema de mantener la coherencia entre los elementos anteriores y posteriores de la realidad subjetiva. Este problema, que no se presenta bajo esta forma en la resocialización —la cual provoca una ruptura en la biografía subjetiva y re-interpreta el pasado antes que correlacionarlo con el presente—, se hace más agudo cuanto más se acerca la socialización secundaria a la re-socialización, sin que por eso la primera se transforme realmente en la segunda. La re-socialización implica cortar el nudo gordiano del problema de la coherencia, renunciando a la búsqueda de esta última y reconstruyendo la realidad de novo. Los procedimientos para mantener la coherencia com29 Cf. Thomas Luckmann y Peter L. Berger, "Social Mobilit-. and Personal Identitv", en European Journal of Sociology, ^ pp. 331 y sigs., 1964.'
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portan también chapucería con el pasado, poro de una manera menos radical: un enfoque dictado por el hecho de que en esos casos suele haber una asociación continuada con personas o srupos que eran significativos antes, que siguen en las cercanías, dispuestos a protestar por las interpretaciones demasiado caprichosas y que tienen que convencerse de que las transformaciones efectuadas son plausibles. Por ejemplo, en el caso de las transformaciones que ocurren juntamente con la movilidad social, existen esquemas interpretativos ya preparados que explican a todos los interesados lo sucedido sin plantear una metamorfosis total del individuo de que se trate. Así pues, los padres de un individuo en movilidad ascendente aceptarán con seguridad ciertos cambios en el proceder y en las actitudes de aquél como acompañamiento necesario, y posiblemente aun deseable, de su nueva situación en la vida: "Por supuesto" —se dirán— Irving ha tenido que moderar su judaismo ahora que se ha convertido en un médico importante; "por supuesto" que ahora se viste y habla de otra manera; "por supuesto" que ahora vota por los republicanos; "por supuesto" se ha casado con una egresada de "Vassar", y tal vez ahora llegue a ser natural que venga solo de tanto en tanto a visitar a sus padres. Esos esquemas interpretativos, que ya se ofrecen hechos a medida en una sociedad de gran movilidad ascendente, y que ya están internalizados por el individuo antes de adquirir movilidad él mismo, garantizan la continuidad biográfica y suavizan las incoherencias que puedan surgir 30 . Procedimientos similares se adoptan en situaciones en las que las transformaciones son de índole bastante drástica pero que se definen como temporarias por su duración, por ejemplo, en el adiestramiento para un servicio militar de corta duración, o en casos de hospitalización durante un período breve 3 1 . Aquí la diferencia con la re-socialización total resulta particularmente fácil de advertir, comparando con lo que ocurre con el adiestramiento para el servicio militar de carrera o con la socialización de pacientes cróni30 Atañen a este punto el concepto de "dirección por otros" de Riesman, y el de "socialización anticipada" de Merton. 31 Cf. los ensayos sobre sociología médica de Eliot Freidson, Theodor J. Litman y Julius A. Roth en Human Behavior- and Social Processes, compilado por Arnold Rose.
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cos. En los primeros casos, ya se plantea la coherencia con la realidad e identidad previas (existencia como civil o como persona sana) mediante la suposición de que. eventualmente. se regresará a ellas. En términos generales, puede decirse que los procedimientos involucrados son de carácter opuesto. En la re-socialización el pasado se re-interpreta conforme con la realidad presente, con tendencia a retroyectar al pasado diversos elementos que, en ese entonces, no estaban subjetivamente disponibles. En la socialización secundaria el presente se interpreta de modo que se halle en relación continua con el pasado, con tendencia a minimizar aquellas transformaciones que se hayan efectuado realmente. Dicho de otra manera, la base de realidad para la re-socialización es el presente, en tanto que para la socialización secundaria es el pasado. 2. INTERNALIZACIÓN Y ESTRUCTURA SOCIAL La socialización siempre se efectúa en el contexto de una estructura social específica. No solo su contenido, sino también su grado de "éxito" tienen condiciones y consecuencias socio-estructurales. En otras palabras, el análisis micro-sociológico o socio-psicológico de los fenómenos de internalización debe siempre tener como trasfondo una comprensión macro-sociológica de sus aspectos estructurales 32 . En el plano del análisis teórico que intentamos en este lugar, no podemos internarnos en un estudio pormenorizado de las diferentes relaciones empíricas entre los contenidos de la socialización y las configuraciones socio-estructurales sa. Con todo, pueden hacerse algunas observaciones generales con respecto a los aspectos socio-estructurales del "éxito"
32 Nuestra argumentación implica la necesidad de un trasfondo macro-sociológico para los análisis de la internalización, o sea, de una apreciación de la estructura social dentro de la cual se produce la internalización. La psicología social norteamericana de nuestros días está muy debilitada por el hecho de que tiene una amplia carencia de dicho trasfondo. 33 Cf. Gerth y Mills, op. cit. También cf. Tenbruck, op. cit., quien adjudica un lugar prominente a las bases estructurales de la personalidad en su tipología de las sociedades primitivas, tradicionales y modernas.
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de la socialización. Por "socialización exitosa" entendemos el establecimiento de un alto grado de simetría entre la realidad objetiva y la subjetiva (junto con la identidad, por supuesto). Inversamente, la "socialización deficiente" debe entenderse en razón de la asimetría existente entre la realidad objetiva y la subjetiva. Como ya hemos visto, la socialización totalmente exitosa resulta imposible desde el punto de vista antropológico. Pero, al menos, la socialización totalmente deficiente es muy poco frecuente y se limita a los casos de individuos con los que fracasa aun la socialización mínima, debido a una patología orgánica extrema. Por lo tanto, nuestro análisis debe ocuparse de las gradaciones en un continuum cuyos polos extremos son empíricamente inaccesibles, análisis que resulta de utilidad porque permite algunas aseveraciones generales en cuanto a las condiciones y consecuencias de la socialización exitosa. El éxito máximo en la socialización probablemente se obtenga en las sociedades que poseen una división del trabajo sencilla y una mínima distribución del conocimiento. La socialización en esas condiciones produce identidades socialmente pre-definidas y perfiladas en alto grado. Como todo individuo encara esencialmente el mismo programa institucional para su vida en sociedad, la fuerza íntegra del orden institucional se hace gravitar con mayor o menor peso sobre cada individuo, produciendo una masividad compulsiva para la realidad objetiva que ha de ser internalizada. La identidad, pues, se halla sumamente perfilada en el sentido de que representa totalmente la realidad objetiva dentro de la cual está ubicada. Dicho con sencillez, todos en gran medida son lo que se supone sean. En una sociedad de esa clase las identidades se reconocen con facilidad, tanto objetiva como subjetivamente. Todos saben quién es cada uno y quiénes son los otros. Un caballero es un caballero, y un labriego es un labriego, tanto para los otros como para sí mismos. Por consiguiente, no existe problema de identidad. La pregunta "¿ Quién soy yo?" no es probable que aparezca en la conciencia, puesto que la respuesta socialmente pre-determinada es masivamente real desde el punto de vista subjetivo y queda confirmada consistentemente en toda interacción significativa. Esto de ninguna manera implica que el individuo se sienta satisfecho de su identidad. Probablemente nunca fue agradable ser labriego, 205
por ejemplo. Ser labriego entrañaba problemas de todas clases, subjetivamente reales, urgentes y que distaban mucho de acarrear felicidad; pero no entrañaba el problema de la identidad. Se era un labriego miserable, tal vez hasta rebelde, pero se era labriego. Las personas formadas en tales condiciones probablemente no se conciben ellas mismas como "profundidades ocultas"' en un sentido psicológico. Los yo de la "superficie" y de "bajo la superficie" se diferencian solo en cuanto a la extensión de realidad subjetiva que aparece ante la conciencia en un momento dado. y no en una diferenciación permanente de "estratos" del yo. Por ejemplo, el labriego se aprehende en un "rol" cuando castiga a su mujer, y en otro cuando se humilla ante su señor. En cada uno de los casos, el otro "rol" está "debajo de la superficie", vale decir que está desatendido en la conciencia del labriego. Pero ninguno de los "roles" que plantea como un yo "más profundo" o "más real"; en otras palabras, el individuo en esa clase de sociedad no solo es lo que se supone sea, sino que lo es de manera unificada, "no estratificada" s4. En tales condiciones la socialización deficiente ocurre solo como resultado de accidentes biográficos, ya sean biológicos o sociales. Por ejemplo, la socialización primaria de un niño puede disminuirse por causa de una deformidad física que lleva u n estigma social o un estigma basado en definiciones sociales 35 . El cojo y el bastardo constituyen prototipos de estos dos casos. Existe también la posibilidad de que la socialización se vea intrínsecamente impedida por inconvenientes biológicos, como en el caso de una debilidad mental profunda. Todos estos casos tienen el carácter de desgracias personales y no proporcionan el fundamento para la institucionalización de anti-identidades y de la anti-realidad. Por cierto que este hecho provee la medida de la desgracia existente en esas biografías. En una sociedad de esta clase, el individuo cojo o bastardo no tiene virtualmente una
34 La implicancia importante de esto consiste en que la mayoría de los modelos psicológicos, incluso los de la psicología científica contemporánea, tienen aplicabilidad histórico-social limitada. Además, está implícito que una psicología sociológica tendrá que ser al mismo tiempo una psicología histórica. 35 Cf. Erving Goffman, Stigma (Englewood Cliffs, N. J., Prentice-Hail, 1963). También cf. A. Kardiner y L. Ovesey, The Mark of Oppression (Nueva York, Norton, 1951).
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defensa subjetiva contra la identidad estigmatizada que se le atribuye. Es lo que se supone sea, tanto para sí mismo como para sus otros significantes y para la comunidad en conjunto. Es innegable que puede reaccionar contra su destino con resentimiento o con rabia pero se sentirá resentido o rabioso qua ser inferior. Su resentimiento y su rabia hasta pueden servirle como ratificaciones decisivas de su identidad socialmente definida como ser inferior, ya que sus superiores, por definición, se hallan por encima de esas emociones bestiales. Está aprisionado por la realidad objetiva de su sociedad, si bien a esa realidad la tiene subjetivamente presente como algo ajeno y trunco. Dicho individuo se habrá socializado deficientemente, o sea, existirá un alto grado de asimetría entre la realidad socialmente definida, en la que se halla preso de jacto como si estuviera en un mundo ajeno, y su propia realidad subjetiva, que refleja ese mundo apenas muy imperfectamente. Esta asimetría no tendrá, sin embargo, consecuencias estructurales acumulativas, porque carece de una base social dentro de la cual podría cristalizar en un anti-mundo con su propio grupo institucionalizado de anti-identidades. El mismo individuo deficientemente socializado está socialmente pre-definido como tipo perfilado", el cojo, el bastardo, el idiota, etc. Consecuentemente, cualesquiera que sean las auto-identificaciones opuestas que puedan surgir por momentos en su propia conciencia, carecerán de toda estructura de plausibilidad que podría transformarlas en algo más que fantasías efímeras. Las anti-definiciones incipientes de realidad e identidad se presentan en cuanto los individuos de esa clase se congregan en grupos socialmente durables, lo que pone en acción un proceso de cambio que servirá de introducción a una distribución de conocimiento más compleja. Ahora puede comenzar a objetivizarse una anti^realidad en el grupo marginal de los deficientemente socializados. Al llegar a este punto el grupo iniciará, por supuesto, sus propios procesos de socialización. Por ejemplo, los leprosos y los hijos de leprosos pueden ser estigmatizados dentro de una sociedad. Esa estigmatización tal vez se limite a los afectados físicamente por esa enfermedad, o puede abarcar a otros por definición social, por ejemplo, a los que nacieron durante un terremoto. Así pues, los individuos pueden definirse como leprosos de nacimiento, y esa definición puede afectar 207
seriamente su socialización primaria, por ejemplo, bajo los auspicios de una anciana desequilibrada que los mantenga vivos físicamente más allá de los confines de la comunidad y les transmita apenas un mínimo de las tradiciones institucionales comunitarias. En tanto estos individuos —aunque sean más de un puñado— no formen una anti-comunidad propia, sus identidades tanto objetivas como subjetivas se pre-definirán de acuerdo con el programa institucional que les confiera la comunidad. Serán leprosos y nada más. La situación empieza a cambiar cuando existe una colonia de leprosos suficientemente grande y durable para servir de estructura de plausibilidad a las anti-definiciones de la realidad, y del destino de ser leproso. Ser leproso, aunque sea en términos de adjudicación biológica o social, puede ahora considerarse tal vez como signo de una especial elección divina. Los individuos impedidos de internalizar totalmente la realidad de la comunidad podrán ahora socializarse dentro de la anti-realidad de la colonia de leprosos; vale decir que la socialización deficiente dentro de un mundo social puede ir acompañada de una socialización exitosa dentro de otro mundo. En cualquiera de las primeras etapas de ese proceso de cambio, la cristalización de la anti-realidad y la anti-identidad pueden ocultarse al conocimiento de la comunidad más general, que todavía pre-define e identifica continuamente a estos individuos como leprosos, y nada más. Se ignora que son "realmente" hijos especiales de los dioses. A esta altura un individuo ubicado en la categoría de leproso puede descubrir "profundidades ocultas" dentro de sí. La pregunta "¿Quién soy yo?" se vuelve posible simplemente porque se dispone socialmente de dos respuestas antagónicas: la de la anciana desequilibrada ("Eres un leproso" y la de los propios elencos socializadores de la colonia ("Eres hijo de un dios"). Como el individuo acuerda un status privilegiado dentro de su conciencia a las definiciones de la realidad y de sí mismo hechas por la colonia, se produce una ruptura entre su comportamiento "visible" en la comunidad más general y su auto-identificación "invisible'' como alguien muy diferente. En otras palabras, aparece una resquebrajadura entre "apariencia" y "realidad" en la autoaprehensión del individuo. Ya no es lo que se supone que sea. Actúa como leproso, pero es hijo de un dios. Si hemoc de impulsar este ejemplo un paso más adelante, hasta e. 208
punto en que la resquebrajadura se hac° visible a la comunidad no leprosa, no será difícil advertir que también la realidad de la comunidad resultará afectada por este cambio. Como mínimo, ya no será sencillo reconocer la identidad de nadie, porque si los leprosos pueden negarse a ser lo que se supone son. otros también pueden hacerlo, y quizá hasta uno mismo. Si este proceso puede parecer fantasioso al principio, se ejemplifica magistralmente recordando la definición que dio Gandhi a los parías del hinduismo: harijans, o sea, "hijos de Dios". U n a vez que en una sociedad existe una distribución más compleja del conocimiento, la socialización deficiente puede resultar de otros significantes diferentes que mediatizan realidades objetivas diferentes para el individuo. Dicho de otra manera, la socialización deficiente puede ser resultado de la heterogeneidad en los elencos socializadores. Esto puede ocurrir de muchas maneras. Pueden existir situaciones en las que todos los otros significantes de la socialización primaria mediatizan una realidad común, pero desde perspectivas muy diferentes. En cierto grado, por supuesto, todo otro significante tiene una perspectiva diferente de la realidad común simplemente en virtud de ser un individuo específico con una biografía específica. Pero las consecuencias que aquí tenemos en mente se producen solo cuando las diferencias entre los otros significantes corresponden a sus tipos sociales más que a sus idiosincrasias individuales. Por ejemplo, hombres y mujeres pueden "habitar" mundos sociales muy diferentes en una sociedad. Si tanto los hombres como las mujeres funcionan como otros significantes en la socialización primaria, mediatizan estas realidades discrepantes respecto del niño. Esto de por sí no provoca l a amenaza de socialización deficiente. Las versiones masculina y femenina de la realidad se reconocen socialmente y este reconocimiento también se transmite en la socialización primaria. Así pues, hay una supremacía pre-definida de la versión masculina para el niño varón y de la versión femenina para la mujer. El niño conocerá la versión que pertenece al otro sexo con el alcance que le han mediatizado los otros significantes del sexo opuesto, pero no se identificará con esa versión. Aun la distribución mínima del conocimiento plantea jurisdicciones específicas para las diferentes versiones de la realidad común. En el caso anterior, la versión feme209
nina se define socialmente como carente de jurisdicción sobre el niño varón. Normalmente esta definición del "lugar adecuado" para la realidad del otro sexo es internalizada por el niño, que se identifica "adecuadamente" con la realidad que se le ha adjudicado. Como quiera que sea, la "anormalidad" se vuelve posibilidad biográfica si llega a existir una cierta rivalidad entre definiciones de la realidad, que permita la opción entre ellas. Por una variedad de razones biográficas, el niño puede hacer una "elección equivocada". Por ejemplo, un varón puede internalizar elementos "inadecuados" del mundo femenino porque su padre está ausente durante el período crucial de la socialización primaria que administran exclusivamente su madre y sus hermanas mayores. Éstas pueden mediatizar las definiciones jurisdiccionales "adecuadas" para el niño a fin de que él sepa que se supone que no ha de vivir en un mundo de mujeres; sin embargo, el niño puede identificarse con él. Su "afeminamiento" resultante puede ser "visible" o "invisible"; en cualquiera de los dos casos, existirá asimetría entre la identidad que se le adjudica socialmente y su identidad subjetivamente real 36 . Es evidente que una sociedad proporcionará mecanismos terapéuticos para tratar esos casos "anormales". No tenemos por qué repetir aquí lo que ya se ha dicho con respecto a la terapia, salvo destacar que la necesidad de mecanismos terapéuticos aumenta proporcionalmente con la potencialidad estructuralmente establecida para la socialización deficiente. En el ejemplo citado, los niños socializados exitosamente ejercerán, como mínimo, cierta presión sobre los "equivocados". En tanto no exista un conflicto fundamental entre las definiciones mediatizadas de la realidad, sino únicamente diferencias entre versiones de una misma realidad común, hay buenas probabilidades de conseguir una terapia exitosa. La socialización deficiente también puede ser resultado de la mediatización de mundos agudamente discrepantes realizada por otros significantes durante la socialización primaria. A medida que la distribución del conocimiento se hace más compleja, los mundos discrepantes se vuelven
36 Cf. Donald W. Cory, The Homosexual in America (Nueva York, Greenberg, 1951).
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accesibles y pueden ser mediatizados por otros significantes diferentes en la socialización primaria. Esto sucede con menos frecuencia que la situación que acabamos de considerar, en la que las versiones del mismo mundo común se distribuyen entre el elenco socializador, porque los individuos suficientemente cohesionados como grupo (por ejemplo, un matrimonio) para asumir la tarea de socialización primaria, probablemente hayan urdido entre ellos alguna especie de mundo común. Esto sucede verdaderamente y posee eran interés teórico. Por ejemplo, un niño puede ser educado no solo por sus padres, sino también por un ayo reclutado de entre una subsociedad étnica o de clase. Los padres mediatizan para el niño el mundo de la aristocracia conquistadora de una raza. por ejemplo: el ayo mediatiza el mundo del campesinado sometido de otra raza. Hasta es posible que los dos mediatizadores empleen idiomas completamente distintos, que el niño aprende simultáneamente, pero que a los padres y al ayo les resultan mutuamente incomprensibles. En un caso semejante, el mundo paternal, por supuesto, tendrá la supremacía por pre-definicien. El niño será reconocido por todos los interesados y por él mismo como perteneciente al grupo de sus padres y no al de su ayo. Con todoj las pre-definiciones de las jurisdicciones correspondientes a las dos realidades pueden ser trastornadas por diversos accidentes biográficos, como en el caso de la primera situación que analizamos, pero haciendo la salvedad de que ahora la socialización deficiente entraña la posibilidad de la alternación internalizada como rasgo permanente de la autoaprehensión subjetiva del individuo. La elección potencialmente al alcance del niño ahora se perfila más, involucrando mundos diferentes antes que versiones diferentes del mismo mundo. Huelga agregar que en la práctica existirán muchas gradaciones entre las primeras y las segundas situaciones. Cuando los mundos agudamente discrepantes se mediatizan en la socialización primaria, al individuo se le presenta una elección entre identidades perfiladas que aprehende como posibilidades biográficas genuinas. Puede convertirse en un hombre como lo concibe la raza A o como lo concibe la raza B. Aquí es donde aparece la posibilidad de una identidad verdaderamente oculta, que no se reconoce fácilmente porque no concuerda con las tipificaciones objetiva211
mente disponibles. En otras palabras, puede existir una asimetría socialmente disimulada entre la biografía "pública" y la "privada". En cuanto a los padres se refiere, el niño ya está preparado para la fase preparatoria de la caballería. Sin que ellos lo sepan, pero sostenido por la estructura de plausibilidad que le ha proporcionado la subsociedad a la que pertenece su ayo, el niño mismo "solo está jugando a" este proceso de la caballería, en tanto que ''realmente-' está preparándose para ser iniciado en los más elevados misterios religiosos del grupo sometido. Discrepancias similares se producen entre los procesos de socialización en la familia y en el grupo de pares. Con respecto a la familia, el niño está preparado para egresar de la escuela secundaria: con respecto al grupo de pares, está preparado para su primera prueba seria de valor que consiste en robar un automóvil. Se da por sobreentendido que tales situaciones están preñadas de posibilidades de conflictos internos y de culpa. Es de suponer que todos los hombres, una vez socializados, resultan en potencia "traidores a sí mismos". El problema interno de esa "traición" se vuelve mucho más complicado si lleva apareado el problema adicional de cuál de sus "yo" es el traicionado en un momento dado, problema que se plantea tan pronto como la identificación con otros significantes diferentes incluye a otros generalizados diferentes. El niño está traicionando a sus padres cuando se prepara para los misterios y a su ayo cuando se adiestra para ser caballero, así como traiciona a su grupo de pares al ser un estudiante "modelo" y a sus padres al robar un automóvil. En cada traición existe una concomitante "traición a sí mismo" en cuanto a que se ha identificado con los dos mundos discrepantes. Ya hemos examinado las diversas opciones que se le ofrecen al analizar antes la alternación, aunque está claro que esas opciones poseen una realidad subjetiva diferente cuando ya se internalizan en la socialización primaria. Podemos presumir sin equivocarnos que la alternación sigue constituyendo una amenaza que dura toda la vida para cualquier realidad subjetiva que pueda surgir de un conflicto semejante, como resultado de cualquier opción que fuere; amenaza que se plantea de una vez por todas con la introducción de la posibilidad de una alternativa en la socialización primaria misma. 212
La posibilidad de ''individualismo" (vale decir, de una elección individual entre realidades e identidades discrepantes) se vincula directamente con la posibilidad de socialización deficiente. Hemos sostenido que esta última suscita la pregunta: ''¿Quién soy yo?" En el contexto socioestructural en el que se reconoce como tal a la socialización deficiente, surge la misma pregunta para el individuo exitosamente socializado cuando reflexiona sobre los deficientemente socializados. Tarde o temprano se enfrentará con esos "'yo ocultos", los "traidores", los que han alternado o están alternando entre mundos discrepantes. Por una especie de efecto de espejo, la pregunta puede llegar a ser aplicable a él mismo, en primer lugar de acuerdo con la fórmula: "Si no fuera por la gracia de Dios, ahí estaría yo" y, eventualmente tal vez, con la de: "Si están ellos ¿por qué no yo?" Con esto se abre la caja de Pandora de las opciones "individualistas", que eventualmente llegan a generalizarse, prescindiendo del hecho de que el curso de la propia biografía haya estado o no determinado por opciones "buenas" o "malas". El "individualista" surge como un tipo social específico que tiene al menos el potencial para peregrinar entre una cantidad de mundos disponibles y que, deliberada y conscientemente, se ha fabricado un yo con el "material" proporcionado por una cantidad de identidades disponibles. Una tercera situación de importancia que lleva a la socialización deficiente es la que aparece cuando existen discrepancias entre la socialización primaria y la secundaria. La unidad de la socialización primaria se mantiene, pero en la secundaria las realidades e identidades que se dan como alternativas aparecen como opciones subjetivas. Las opciones están limitadas, por supuesto, por el contexto socioestructural del individuo. Por ejemplo, es posible que quiera llegar a ser caballero; pero por su posición social esta ambición es absurda. Cuando la socialización secundaria ha llegado a diferenciarse hasta el punto en el que se hace posible la desidentificación subjetiva con el "lugar adecuado" que se ocupa dentro de la sociedad, y en el que al mismo tiempo la estructura social no permite la realización de la identidad subjetivamente elegida, se produce una manifestación interesante. La identidad subjetivamente elegida se convierte en identidad fantástica, que el individuo objef
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tíviza dentro de su conciencia como su "yo real". Puede suponerse que la gente siempre sueña con la realización de imposibles, y cosas por el estilo. La peculiaridad de esta fantasía particular reside en la objetivización, en el plano de la imaginación, de una identidad distinta de la conferida objetivamente y que ya se ha internalizado en la socialización primaria. Es evidente que toda distribución más amplia de este fenómeno introducirá tensiones e inquietud en la estructura social amenazando los programas institucionales y su realidad establecida. Otra consecuencia muy importante, en el caso de que exista discrepancia entre la socialización primaria y la secundaria, la constituye la posibilidad de que el individuo pueda tener una relación con mundos discrepantes, que sea cualitativamente diferente de las relaciones exis:entes en la situación que arábamos de analizar. Si en la socialización primaria aparecen mundos discrepantes, el individuo puede optar por identificarse con uno de ellos en oposición a los otros, proceso que, por ocurrir en la socialización primaria, tendrá un alto grado de carga afectiva. La identificación, la desidentificación y la alternación serán acompañadas por crisis afectivas, ya que dependerán invariablemente de la mediación de otros significantes. La aparición de mundos discrepantes en la socialización secundaria produce una configuración totalmente distinta. En la socialización secundaria, la internalización no tiene por qué ir acompañada de una identificación afectivamente cargada con otros significantes; los individuos pueden internalizar realidades diferentes sin identificarse con ellas. Por lo tanto, si un mundo aparece como alternativa en la socialización secundaria, el individuo puede optar por él de manera manipulativa. Aquí se podría hablar de alternación "fría". El individuo internaliza la nueva realidad, pero en lugar de ser ésta su realidad, es una realidad que ha de utilizar con propósitos específicos. Si bien esto entraña la realización de ciertos "roles", el individuo conserva una separación subjetiva vis-á-vis de ellos: "se los pone" deliberada e intencionalmente. Si este fenómeno llega a estar ampliamente distribuido, el orden institucional en conjunto empieza a asumir el carácter de una red de manipulaciones recíprocas ST.
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Queremos hacer notar aquí una vez más las condiciones socio-
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U n a sociedad en la que en general se dispone de mundos discrepantes sobre una base de mercado entraña constelaciones especificas de realidad e identidad subjetivas. Existirá una creciente conciencia general de la relatividad de todos los mundos, incluyendo el propio, el cual ahora se aprehende subjetivamente como "un mundo", más que como "<7 mundo"'. Se sigue que nuestro propio comportamiento institucionalizado puede aprehenderse como ''un «rol»" del que podemos separarnos en nuestra propia conciencia y que podemos "'representar" con control manipulativo. Por ejemplo, el aristócrata ya no es simplemente un aristócrata, sino que juega a ser aristócrata, y así sucesivamente. En ese caso, la situación tiene una consecuencia de mucho mayor alcance que la posibilidad de que los individuos jueguen a ser lo que se supone que no son. También juegan a ser lo que se supone son, cuestión ésta muy diferente. Esta situación resulta cada vez más típica de la sociedad industrial contemporánea, pero evidentemente trascendería nuestro propósito actual entrar en un análisis más detallado de esta constelación en sus aspectos socio-psicológicos y concernientes a la sociología del conocimiento 38 . Lo que habría que destacar es que no se puede comprender una situación semejante, a no ser que se la relacione continuamente con su contexto socio-estructural, que se sigue lógicamente de la relación necesaria entre la división social del trabajo ( c o i sus consecuencias p a r a la estructura social) y la distribución social del conocimiento (con sus consecuencias para la objetivación social de la realidad). En la situación contemporánea esto comporta analizar el pluralismo, tanto de la realidad como de la identidad, con referencia a las dinámicas estructurales
estructurales para la aplicabilidad de un modelo de análisis "goffmaniano". 38 Helmut Sctielsky ha acuñado la sugestiva expresión "reflectividad permanente" (Dauerrefíektion) para indicar el simil psicológico de "mercado de mundos" contemporáneo ("Ist die Dauerrefíektion institution-alisierbar?", Zeitschrift für evangelische Ethik, 1957). El trasfondo teórica de la argumentación de Schelsky lo constituye la teoría general de Gehlen con respecto a la "subjetivización" en la sociedad moderna. Fue posteriormente desarrollada por Luckmann según la sociología de la religión contemporáne? op. cit. 215
del industrialismo, en particular la de las pautas de estratificación social producidas por éste 39 . 3. TEORÍAS DE LA IDENTIDAD La identidad constituye, por supuesto, un elemento clave de la realidad subjetiva y en cuanto tal, se halla en una relación dialéctica con la sociedad. La identidad se forma por procesos sociales. Una vez que cristaliza, es mantenida, modificada o aun reformada por las relaciones sociales. Los procesos sociales involucrados, tanto en la formación como en el mantenimiento de la identidad, se determinan por la estructura social. Recíprocamente, las identidades producidas por el interjuego del organismo, conciencia individual y estructura social, reaccionan sobre la estructura social dada, manteniéndola, modificándola o aun reformándola. Las sociedades tienen historias en cuyo curso emergen identidades específicas, pero son historias hechas por hombres que poseen identidades específicas. Si se tiene en cuenta esta dialéctica se puede evitar la noción errónea de "identidades colectivas", sin tener que recurrir a la singularidad, sub specle aeternitaüs, de la existencia individual 40. Las estructuras sociales históricas específicas, engendran tipos de identidad, reconocibles en casos individuales. En este sentido, se puede afirmar que el norteamericano tiene una identidad diferente de la del francés, el neoyorquino de la del habitante del medio-oeste, el ejecutivo de la del vagabundo, y así sucesivamente. Como hemos visto, la orientación y el comportamiento en la vida cotidiana dependen de esas tipificaciones, lo que significa que los tipos de identidad pueden observarse en la vida cotidiana y que las aseveraciones, como las expresadas anteriormente, pueden ser verificadas —o refutadas— por hombres corrientes dotados de sentido común. El norteamericano
Cf. Luckmann y Berger, loe. cit. No es aconsejable hablar de "identidad colectiva" a causa del peligro de hípostatización falsa (o reificadora). El exemplum horribile de esa hípostatización es la sociología "hegeliana" de Alemania en las décadas de 1920 y 1930 (tal el case- de la obra de Othmar Spann). Ese peligro se halla presente, en mayor o menor medida, en diversas obras de la escuela de Durkheim y en la escuela de "cultura y personalidad" de la antropología cultural norteamericana.
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que dude de que los franceses son diferentes a él puede ir a Francia y comprobarlo en persona. A todas luces el status de esas tipificaciones no puede compararse con el de las construcciones de las ciencias sociales, ni tampoco la verificación y refutación se efectúan conforme con los cánones del método científico. Debemos dejar a un lado el problema metodológico respecto de en qué consiste la relación exacta entre las tipificaciones de la vida cotidiana y las construcciones científicas (un puritano sabía él mismo que lo era sin mucha deliberación y que como tal lo consideraban, por ejemplo, los anglicanos; pero el sociólogo que desea verificar la tesis de Max Weber sobre la ética puritana debe atenerse a procedimientos algo diferentes y más complejos si quiere "reconocer" los referentes empíricos del tipo ideal weberiano). El punto de interés en el presente contexto reside en que los tipos de identidad son "observables" y "verificables" en la experiencia pre-teórica y por ende pre-científica. La identidad es un fenómeno que surge de la dialéctica entre el individuo y la sociedad. Por otra parte, los tipos de identidad son productos sociales tout court, elementos relativamente estables de la realidad social objetiva (el grado de estabilidad, a su vez, se determina socialmente, por supuesto). En cuanto tales, constituyen el tópico de cierta forma de teorización en cualquier sociedad, aun cuando sean estables y la formación de las identidades individuales resulte relativamente no problemática. Las teorías sobre la identidad siempre se hallan insertas en una interpretación más general de la realidad; están "empotradas" dentro del universo simbólico y sus legitimaciones teóricas, y varían su carácter de acuerdo con esto último. La identidad permanece ininteligible a menos que se la ubique en un mundo. Cualquier teorización sobre la identidad —o sobre tipos específicos de identidad— debe por tanto producirse dentro del marco de referencia de las interpretaciones teóricas en que aquélla y éstos se ubican. Volveremos sobre este punto más adelante. Hay que destacar nuevamente que aquí nos referimos a teorías de identidad en cuanto fenómeno social, o sea, sin prejuzgar sobre su aceptabilidad por la ciencia moderna. En realidad, mencionaremos esas teorías como "psicologías", que abarcarán toda teoría sobre la identidad que aspire a explicar el fenómeno empírico de manera amplia, tenga o no 217
"validez" dicha explicación para la disciplina científica contemporánea de ese nombre. Si las teorías de la identidad siempre se insertan en las teorías más amplias sobre la realidad, esto debe entenderse en términos de la lógica que subyace a esta última. Por ejemplo, una psicología que interpreta ciertos fenómenos empíricos como posesión diabólica tiene como matriz una teoría mitológica del cosmos, y resulta inapropiado interpretarla dentro de un marco de referencia no mitológico. Simila "mente, una psicología que interpreta los mismos fenómenos según los trastornos eléctricos del cerebro tiene como trasfondo una teoría científica general de la realidad, tanto humana como no humana, y deriva su coherencia de la lógica que subyace esa teoría. Dicho sencillamente, la psicología siempre presupone una cosmología. Este punto puede ejemplificarse adecuadamente por referencia a la expresión "orientado a la realidad" 41 tan usada en psiquiatría. Un psiquiatra que trata de diagnosticar a un individuo cuya situación psicológica está en duda, le formula preguntas para determinar el grado de su "orientación a la realidad", lo cual es muy lógico: desde un punto de vista psiquiátrico, existe indudablemente algo problemático en un individuo que no sabe en qué día de la semana está o que admite con prontitud haber hablado con Los espíritus de los muertos. Por cierto que usar el término "orientado a la realidad" resulta útil en ese contexto. Pero el sociólogo tiene que formular una pregunta adicional: "¿Cuál realidad?" Dicho sea de paso, este agregado no deja de ser relevante desde el punto de vista psiquiátrico. El psiquiatra tomará, por cierto, en cuenta cuando un individuo no sabe qué día de la semana es, si acaba de llegar en avión de retropropulsión desde otro continente. Tal vez no sepa en qué día está, simplemente porque todavía tiene "otra hora", por ejemplo, la hora de Calcuta en vez de la hora oficial en el hemisferio oriental. Si el psiquiatra posee cierta sensibilidad para el contexto socio-cultural de las condiciones psicológicas, sacará conclusiones diferentes sobre el individuo que habla con los muertos, según sea que éste provenga, por ejemplo, de Nueva York o de la campiña
41 Lo que aquí está implícito es, por supuesto, una sociológica del "principio de realidad" freudiano.
crítica
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de Haití. El individuo podría estar "en otra realidad", en el mismo sentido socialmente objetivo con que el individuo antes citado estaba líen otra hora". En otras palabras, las cuestiones referentes a la situación psicológica no pueden decidirse sin reconocer las definiciones de la realidad que se dan por establecidas en la situación social del individuo. Para expresarlo más terminantemente, la situación psicológica está relacionada con las definiciones sociales de la realidad en general y. de por sí, se define socialmente i2. La aparición de las psicologías introduce una nueva relación dialéctica entre la identidad y la sociedad: la relación entre la teoría psicológica y aquellos elementos de la realidad subjetiva que pretende definir y explicar. El nivel de esa teorización puede variar mucho, por supuesto, como ocurre en todas las legitimaciones teóricas. Lo que se dijo antes sobre los orígenes y las fases de las teorías legitimadoras se aplica aquí con igual validez, pero con una diferencia que tiene su importancia. Las psicologías pertenecen a una dimensión de la realidad que posee la mayor y más continua relevancia subjetiva para todos los individuos. Por lo tanto, la dialéctica entre teoría y realidad afecta al individuo de manera palpablemente directa e intensiva. Cuando las teorías psicológicas alcanzan un alto grado de complejidad intelectual, existen probabilidades de que sean administradas por planteles especialmente adiestrados en este cuerpo de conocimiento. Cualquiera que sea la organización social de estos especialistas, las teorías psicológicas vuelven a introducirse en la vida cotidiana aportando los esquemas interpretativos para tratar los casos problemáticos. Los problemas que surgen de la dialéctica entre la identidad subjetiva y las adjudicaciones de identidad social, o entre la identidad y su substrato biológico (del que hablaremos más adelante), pueden clasificarse de acuerdo con categorías teóricas, lo que, naturalmente, constituye el presupuesto de cualquier terapia. Las teorías psicológicas sirven, pues, para legitimar los procedimientos establecidos en la sociedad para el mantenimiento y reparación de la identidad, proporcionando el eslabonamiento teórico entre la identidad y el
42 Cf. Peter L. Berger, "Towards a Sociological Understanding of Psychoanalysis", en Social Research, primavera de 1965, pp. 26 y siguientes.
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mundo, ya que éstos se definen socialmente y se asumen subjetivamente. Las teorías psicológicas pueden ser empíricamente adecuadas o inadecuadas, con lo cual no nos referimos a su ajuste de acuerdo con los cánones de procedimiento de la ciencia empírica, sino más bien en cuanto esquemas interpretativos aplicables por el especialista o el profano a los fenómenos empíricos de la vida cotidiana. Por ejemplo, una teoría psicológica que plantea la posesión demoníaca no es probable que resulte adecuada para interpretar los problemas de identidad de los intelectuales judíos de clase media en la ciudad de Nueva York. Esta clase de gente, sencillamente, no posee una identidad capaz de producir fenómenos que pudieran interpretarse de esa manera. Los demonios, si es que los hay, parecen evitarlos. Por otra parte, no es probable que el psicoanálisis resulte adecuado para la interpretación de los problemas de identidad en la campiña de Haití, mientras que alguna clase de psicología vudú podría proporcionar esquemas interpretativos con un alto grado de exactitud empírica. Las dos psicologías demuestran su ajuste empírico en su aplicabilidad terapéutica; pero con eso ninguna demuestra el status ontológico de sus categorías. Ni los dioses vudú, ni la energía de la libido pueden existir fuera del mundo definido en los respectivos contextos sociales; pero dentro de esos contextos existen realmente en virtud de la definición social y se internalizan como realidades en el curso de la socialización. Los campesinos de Haití están poseídos y los intelectuales de Nueva York son neuróticos. La posesión y la neurosis son, pues, constituyentes de la realidad tanto objetiva como subjetiva en esos contextos. Esta realidad resulta empíricamente accesible en la vida cotidiana; las teorías psicológicas respectivas son empíricamente adecuadas precisamente en el mismo sentido. En este lugar no corresponde ocuparnos de si existe la posibilidad de que las teorías psicológicas puedan desarrollarse, y de qué manera, para trascender esta relatividad históricosocial. En tanto estas teorías psicológicas resulten adecuadas en tal sentido, tendrán capacidad de verificación empírica. También aquí lo que está en juego no- es la verificación en el sentido científico, sino la prueba en la experiencia de la vida social cotidiana. Por ejemplo, puede sostenerse que 220
los individuos nacidos en determinados días del mes tienen probabilidades de ser poseídos, o que los individuos que tienen madres dominadoras es probable que sean neuróticos. Estas proposiciones resultan empíricamente verificables en la medida en que correspondan a teorías adecuadas, en el sentido antes mencionado. Esa verificación puede ser realizada tanto por los que participan como por los que observan desde fuera la situación social en cuestión. Un etnólogo haitiano puede descubrir empíricamente la neurosis de Nueva York, así como un etnólogo norteamericano puede descubrir empíricamente la posesión vudú. El presupuesto para esos descubrimientos consiste sencillamente en que el observador desde fuera está dispuesto a emplear el mecanismo conceptual de la psicología nativa para la indagación que se propone. Si está o no dispuesto a acordar a esa psicología una validez epistemológica más general, es una cuestión que no atañe a la investigación empírica inmediata. Otra manera de decir que las teorías psicológicas son adecuadas consiste en decir que reflejan la realidad psicológica que pretenden explicar. Pero si en esto consistiera toda la cuestión, la relación entre teoría y realidad aquí no resultaría dialéctica. La dialéctica genuina aparece a causa de la potencia realizadora de las teorías psicológicas. Puesto que las teorías psicológicas son elementos de la definición social de la realidad, su capacidad de generación de la realidad es una característica que comparten con otras teorías legitimadoras; sin embargo, su -potencia realizadora asume granees dimensiones, en particular porque se realiza por medio de procesos que sirven para la formación de la identidad y que tienen una carga emocional. Si una psicología llega a establecerse socialmente (o sea, si llega a ser reconocida en general como interpretación adecuada de la realidad objetiva), tiende a realizarse imperiosamente en los fenómenos que pretende interpretar. Su internalización se acelera por el hecho de que pertenece a la realidad interna, de modo que el individuo la realiza en el acto mismo de internalizarla. Asimismo, ya que una psicología pertenece por definición a la identidad, resulta probable que su internalización vaya acompañada de identificación y, por ende, es probable que ipso jacto pueda formar la identidad. Por este íntimo nexo entre la internalización y la identificación, las teorías psicológicas se diferencian mucho de otros tipos de teorías. 221
Como los problemas de la socialización deficiente resultan sumamente conducentes a este tipo de teorización, no es extraño que las teorías psicológicas posean mayor aptitud para producir efectos socializadores. Esto no es lo mismo que decir que las psicologías se auto-verifican. Como ya hemos indicado, la verificación resulta de confrontar las teorías psicológicas con la realidad psicológica en cuanto empíricamente accesible. Las psicologías producen una realidad que a su vez sirve de base a su verificación. En otras palabras, aquí se trata de dialéctica, no de tautología. El campesino haitiano que internaliza la psicología vudú se convertirá en poseído tan pronto como descubra ciertas señales bien definidas. Similarmente, el intelectual neoyorquino que internaliza la psicología freudiana se volverá neurótico tan pronto diagnostique ciertos síntomas bien conocidos. Ciertamente, resulta posible que, dado un cierto contexto biográfico, las señales o los síntomas sean producidos por el individuo mismo. En ese caso, el haitiano no producirá síntomas de neurosis, sino señales de posesión, mientras que el neoyorquino construirá su neurosis de conformidad con la sintomatología reconocida. Esto nada tiene que ,ver con la "histeria colectiva" y mucho menos con la enfermedad fingida, pero sí se relaciona con la impronta de los tipos de identidad societales sobre la realidad subjetiva individual de la gente sensata corriente. El grado de identificación variará con las condiciones de la internalización, como se estudió previamente, y dependerá, por ejemplo, de que se haya efectuado, o bien en la socialización primaria, o bien en la secundaria. El establecimiento social de una psicología, que también entraña la atribución de ciertos "roles" sociales a los elencos que administran la teoría y su aplicación terapéutica, dependerá naturalmente de una variedad de circunstancias histórico-sociales 43. Pero cuanto más se establezca socialmente, más abundarán los fenómenos que sirven para interpretar. Si planteamos la posibilidad de que lleguen a adoptarse ciertas psicologías en el curso de un proceso realizador, damos por implícita la cuestión de por qué surgen en primer lugar teorías todavía inadecuadas (como tendrían que serlo en las primeras etapas de este proceso). Dicho más sencilla43
Cf. ibíd.
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mente, ¿por qué una psicología tiene que reemplazar a otra en la historia? La respuesta general es que ese cambio se produce cuando la identidad aparece como problema, sea por la razón que fuere. El problema puede surgir de la dialéctica de la realidad psicológica y la estructura social. Los cambios radicales en la estructura social (como por ejemplo, los cambios provocados por la Revolución Industrian pueden desembocar en cambios concomitantes en la realidad psicológica. En ese caso, pueden surgir nuevas teorías psicológicas, en razón de que las antiguas ya no explican adecuadamente los fenómenos empíricos que se producen. La teorización sobre la identidad buscará entonces tomar conocimiento de las transformaciones de identidad que han ocurrido de hecho, y ella misma sufrirá transformaciones en este proceso. Por otra parte, la identidad puede volverse problemática en el plano de la teoría misma, vale decir, como resultado de desarrollos teóricos intrínsecos. En tal caso, las teorías psicológicas serán pergeñadas "antes del hecho", por así decir. Su establecimiento social subsiguiente y su potencia correlativa para generar realidad pueden producirse por una cantidad de afinidades entre los elencos teorizadores v diversos intereses sociales. Una posibilidad histórica es la constituida por la manipulación ideológica deliberada a cargo de grupos políticamente interesados. 4. ORGANISMO E IDENTIDAD Mucho antes de llegar a este punto hablamos de los presupuestos y limitaciones del organismo con respecto a la construcción social de la realidad. Ahora importa hacer hincapié en que el organismo continúa afectando cada base de la actividad constructora de realidad del hombre, y que el mismo organismo resulta, a su vez, afectado por esta actividad. Dicho rudimentariamente, en la socialización, la animalidad del hombre se transforma, pero no queda abolida. Así pues, el estómago del hombre sigue quejándose sordamente, aun cuando éste prosigue su tarea de construir el mundo. Lo que sucede en ese mundo, producto suyo, puede hacer que su estómago se queje más, o menos, o de diferente manera. El hombre es aun capaz de comer y teorizar al mismo tiempo. La coexistencia continuada de la ani223
malidad y la socialidad del hombre puede apreciarse convenientemente en cualquier diálogo de sobremesa. Resulta posible hablar de una dialéctica entre la naturaleza y la sociedad 44. dialéctica que se da en la condición humana y que se manifiesta nuevamente en cada individuo humano. Para el individuo se desenvuelve, por supuesto, en una situación histórico-social ya estructurada. Hay una dialéctica continua que empieza a existir con las primeras fases de la socialización y sigue desenvolviéndose a través de la existencia del individuo en sociedad, entre cada animal humano y su situación histórico-social. Externamente, consiste en una dialéctica entre el animal individual y el mundo social; internamente, es una dialéctica entre el substrato biológico del individuo y su identidad producida socialmente. En el aspecto externo todavía es posible decir que el organismo coloca límites a lo que resulta socialmente posible. Como han dicho los abogados constitucionalistas ingleses, el Parlamento puede hacer todo, salvo hacer que los hombres alumbren hijos. Si el Parlamento lo intentase, su proyecto fracasaría al chocar contra los hechos inflexibles de la biología humana. Los factores biológicos limitan el campo de las posibilidades sociales que se abre a todo individuo; pero el mundo social, que es pre-existente al individuo, impone a su vez limitaciones a lo que resulta biológicamente posible al organismo. La dialéctica se manifiesta en la limitación mutua del organismo y la sociedad. Un ejemplo destacado de la limitación que establece la sociedad a las posibilidades biológicas del organismo lo constituye la longevidad. La esperanza de vida varía con la ubicación social. Aun en la sociedad norteamericana contemporánea existe gran discrepancia entre la esperanza de vida de los individuos de clase baja y la de los de clase alta.
44 La dialéctica entre la naturaleza y la sociedad que aquí se estudia, no puede, en manera alguna, equipararse con la "dialéctica de la naturaleza", tal como la desarrolló Engels y más tarde el marxismo. La primera subraya que la relación del hombre con su propio cuerpo (como con la naturaleza en general) es, de suyo, específicamente humana. La segunda, en cambio, proyecta fenómenos específicamente humanos en la naturaleza no humana y luego procede a deshumanizar teóricamente al hombre considerándolo nada más que objeto de las fuerzas naturales o de las leyes de la naturaleza.
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Además, tanto la incidencia como el carácter de la patología varían según la ubicación social. Los individuos de clase baja suelen enfermarse con más frecuencia que los de ciase alta: asimismo, tienen enfermedades diferentes. En otras palabras, la sociedad determina cuánto tiempo y de qué manera vivirá el organismo individual. Esta determinación puede programarse institucionalmente en la operación de controles sociales, como en la institución del derecho. La sociedad puede mutilar y matar. En realidad, en este poder que posee sobre la vida y la muerte se manifiesta su control definitivo sobre el individuo. La sociedad también interviene directamente en el funcionamiento del organismo, sobre todo con respecto a la sexualidad y a la nutrición. Si bien ambas se apoyan en impulsos biológicos, estos impulsos son sumamente plásticos en el animal humano. El hombre es impulsado por su constitución biológica a buscar desahogo sexual y alimento. Pero dicha constitución no le indica dónde buscar satisfacción sexual ni qué debe comer. Librado a sus propios recursos, el hombre puede adherir sexualmente a cualquier objeto y es muy capaz de comer cosas que le causarán la muerte. La sexualidad y la nutrición se canalizan en direcciones específicas, socialmente más que biológicamente, y esta canalización no solo impone límites a esas actividades, sino que afecta directamente las funciones del organismo. Asi pues, el individuo exitosamente socializado es incapaz de funcionar sexualmente con un objeto sexual "impropio" y tal vez vomite cuando se le ofrece un alimento "impropio". Como ya hemos visto, la canalización social de actividades constituye la esencia de la institucionalización, que es el fundamento para la construcción social de la realidad. Por ello, puede decirse que la realidad social determina no solo la actividad y la conciencia, sino también, en gran medida, el funcionamiento del organismo. De esa manera, ciertas funciones biológicas intrínsecas como el orgasmo y la digestión se estructuran socialmente. La sociedad también determina la manera en que se usa el organismo en actividad; la expresividad, el parte y los gestos se estructuran socialmente. No nos concierne aquí la posibilidad de una sociología del cuerpo surgida a causa de lo que acabamos de 225
afirmar 45. La cuestión es que la sociedad pone limitaciones al organismo, así como éste pone limitaciones a la sociedad. En el aspecto interno, la dialéctica se manifiesta como la resistencia del substrato biológico a su amoldamiento social 46. Esto tiene máxima evidencia en el proceso de socialización primaria. Las dificultades que se presentan en principio para socializar a un niño no pueden explicarse sencillamente en los términos del problema intrínseco del aprendizaje. El animalito se defiende, por así decir. El hecho de que está destinado a perder la batalla no elimina la resistencia de su animalidad a la influencia cada vez más penetrante del mundo social. Por ejemplo, el niño resiste la imposición de la estructura temporal de la sociedad sobre la estructura natural de su organismo 4i . Se resiste a comer y dormir de acuerdo con el reloj más que con los reclamos biológicamente dados del organismo. Esta resistencia va doblegándose progresivamente en el curso de la socialización, pero se perpetúa como frustración en cada oportunidad en que la sociedad prohibe comer al individuo hambriento e irse a la cama al que tiene sueño. La socialización comporta inevitablemente esta clase de frustración biológica. La existencia social depende del sojuzgamiento continuo de la resistencia biológicamente fundada del individuo, lo que entraña legitimación, así como institucionalización. De esa manera la sociedad proporciona al individuo diversas explicaciones acerca de por qué debe comer tres veces por día y no cuando siente hambre, y explicaciones aún más enérgicas acerca de por qué no debe dormir con su hermana. En la socialización secundaria existen problemas similares para adaptar el organismo al mundo socialmente construido,
Para esta posibilidad de una disciplina "socio-somática", cf. Georg Simmel, op. cit., pp. 483 y sigs. (el ensayo sobre la "sociologia de los sentidos"); Marcel Mauss, Sociologie et anthro polo gie (París, Presses Universitaires de France, 1950), pp. 365 y sigs. (el ensayo sobre las "técnicas del cuerpo""; Edward T. Hall, The Silent Language (Garden City, N. Y., Doubleday, 1959). El análisis sociológico de la sexualidad aportaría probablemente el más abundante material empírico para esa disciplina. 46 Esto fue muy bien captado por Freud en su concepción de la socialización, pero muy desestimado en las adaptaciones funcionalistas de Freud, desde Malinowski en adelante. 47 Compárese aquí con Henri Bergson (especialmente su teoría de la duración), Maurice Merleau-Ponty, Alfred Schutz y Jean Piaget.
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aunque, por supuesto, el grado de frustración biológica resultará probablemente menos agudo. En el individuo totalmente socializado existe una dialéctica interna continua entre la identidad y su substrato biológico 4S . El individuo sigue experimentándose como un organismo, separado de las objetivizaciones socialmente derivadas de sí mismo y, a veces, en oposición a ellas. Esta dialéctica suele aprehenderse como una lucha entre un yo "superior" y uno ''inferior'', equiparados respectivamente con la identidad social y con la animalidad pre-social y, posiblemente, anti-social. El yo ''superior'' debe afirmarse repetidamente sobre el "inferior"', a veces en pruebas críticas de fuerza. Por ejemplo, un hombre debe vencer su temor instintivo a la muerte mediante el valor en el combate. Aquí el yo "inferior" es castigado por el "superior" hasta que se somete, afirmación de dominio sobre el substrato biológico que resulta indispensable si h a de mantenerse, tanto objetiva como subjetivamente, la identidad social del guerrero. Similarmente, un hombre puede obligarse a ejercer sus funciones sexuales venciendo la resistencia inerte de su saciedad fisiológica, con el propósito de mantener su identidad como modelo de hombría. Aquí también el yo "inferior" es obligado a prestar servicio en provecho del "superior". El triunfo sobre el miedo y sobre la postración sexual son otros tantos ejemplos de la manera en que el substrato biológico resiste y es dominado por el yo social interior del hombre. Huelga aclarar que existen muchos otros triunfos menores que se conquistan rutinariamente en el curso de la vida cotidiana, así como, por cierto, existen derrotas de poca y de mucha importancia. El hombre está biológicamente predestinado a construir y a habitar un mundo con otros. Ese mundo se convierte para él en la realidad dominante y definitiva. Sus límites los traza la naturaleza, pero una vez construido, ese mundo vuelve a actuar sobre la naturaleza. En la dialéctica entre la naturaleza y el mundo socialmente construido, el propio organismo humano se transforma. En esa misma dialéctica, el hombre produce la realidad y por tanto se produce a sí mismo.
48 - Compárese aquí con Durkheim, Plessner, y también Freud.
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Conclusión La sociología del conocimiento y la teoría sociológica
Hasta aquí hemos tratado de presentar una exposición general y sistemática acerca del papel del conocimiento en la sociedad. Es evidente que nuestros análisis no son exhaustivos, pero confiamos en que nuestro intento de desarrollar una teoría sistemática para la sociología del conocimiento servirá como estímulo para la discusión crítica y las investigaciones empíricas. Hay algo de lo que estamos seguros: la re-definición de los problemas y tareas de la sociología del conocimiento se había postergado mucho tiempo. Esperemos que nuestro análisis señale la senda que podrán proseguir con provecho otras obras. Gomo quiera que sea, nuestra concepción de la sociología del conocimiento también contiene algunas implicaciones generales para la teoría sociológica y para la empresa sociológica en general, a la vez que aporta una perspectiva diferente sobre una cantidad de áreas específicas de interés sociológico. Los análisis de la objetivación, la institucionalización y la legitimación resultan directamente aplicables a los problemas de la sociología del lenguaje, a la teoría de la acción y las instituciones sociales, y a la sociología de la religión. Nuestra concepción de la sociología del conocimiento nos lleva a la conclusión de que las sociologías del lenguaje y de la religión no pueden considerarse especialidades periféricas de escaso interés para la teoría sociológica en cuanto tal, sino que pueden aportarle contribuciones esenciales. Este discernimiento no constituye una novedad. Durkheim y su escuela ya lo tuvieron, pero se perdió por una variedad de razones que no fueron teóricamente relevantes. Esperamos haber dejado en claro que la sociología del conocimiento presu
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pone una sociología del lenguaje, y que una sociología del conocimiento sin una sociología de la religión resulta imposible (y viceversa). Además, creemos haber demostrado cómo las posiciones de Weber y Durkheim pueden combinarse en una teoría amplia de la acción social sin que se pierda la lógica interna de ambas. Finalmente, sostenemos que el eslabonamiento que hemos tenido que realizar aquí entre la sociología del conocimiento v el núcleo teórico del pensamiento de Mead v su escuela, sugiere una posibilidad interesante para lo que podríamos llamar una psicología sociológica, vale decir, una psicología cuya perspectiva fundamental derive de una concepción sociológica de la condición humana. Las observaciones anotadas en este punto señalan un programa que parece ser prometedor desde el punto de vista teórico. Más generalmente, sostenemos que el análisis del "rol" del conocimiento en la dialéctica entre individuo y sociedad, entre identidad personal y estructura social, proporciona una perspectiva complementaria crucial de todas las áreas de la sociología. Esto no significa negar que los análisis puramente estructurales de los fenómenos sociales resulten del todo adecuados para vastas áreas de investigación sociológica, que van desde el estudio de pequeños grupos hasta el de grandes complejos institucionales, como la economía o la política. Nada está más lejos de nuestras intenciones que el sugerir que en dichos análisis haya que intercalar en cierta manera un "ángulo" de sociología del conocimiento. En muchos casos ello resultaría innecesario para la meta cognoscitiva a que apuntan dichos estudios. Sugerimos, no obstante, que integrar los resultados de tales análisis en el cuerpo de teoría sociológica requiere algo más que el homenaje circunstancial que podría rendirse al "factor humano", por detrás de los datos estructurales descubiertos. Esa integración requiere una explicación sistemática de la. relación dialéctica entre las realidades estructurales y la empresa humana de construir la realidad en la historia. Al escribir este libro no nos ha guiado el interés polémico. Sin embargo, resultaría desatinado negar que nuestro entusiasmo por el estado actual de la teoría sociológica es decididamente restringido. En primer lugar, hemos tratado de mostrar, mediante nuestro análisis de las relaciones recíprocas entre los procesos institucionales y los universos simbóli
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eos legitimadores, por qué debemos considerar las versiones corrientes de las explicaciones funcionalistas en las ciencias sociales como malabarismo teórico. Además, confiamos en haber expuesto el fundamento de nuestra convicción de que una sociología puramente estructural está expuesta endémicamente al peligro de reificar los fenómenos sociales. Aun cuando comienza por adjudicar modestamente un status apenas heurístico a sus construcciones, con demasiada frecuencia termina confundiendo sus propias conceptualizaciones con las leyes del universo. En contraste con algunas modas de teorizar que prevalecen en la sociología contemporánea, las ideas que hemos tratado de desarrollar no plantean ni un "sistema social" a-histórico, ni una "naturaleza humana" a-histórica. El enfoque utilizado aquí es, tanto no-sociologista, como no-psicologista. No podemos aceptar que la sociología tenga por objeto la supuesta "dinámica" de los "sistemas" sociales y psicológicos, colocados post hoc en una relación dudosa (dicho sea de paso, el itinerario intelectual de estos dos términos es digno de estudio, como caso dentro de la sociología empírica del conocimiento). El discernimiento de la dialéctica entre la realidad social y la existencia individual en la historia en manera alguna constituye una novedad. Fue introducido con gran ímpetu, por supuesto, en el pensamiento social moderno por Marx. Lo que se necesita es hacer gravitar una perspectiva dialéctica sobre la orientación teórica de las ciencias sociales. Resulta superfluo aclarar que no tenemos en mente una introducción doctrinaria de las ideas marxistas en la teoría sociológica. Tampoco tiene objeto la mera aseveración de que la dialéctica mencionada, de hecho y en general, existe verdaderamente. Lo que se necesita es partir de esa aseveración para llegar a una especificación de los procesos dialécticos dentro de un marco conceptual acorde con las grandes tradiciones del pensamiento sociológico. La mera retórica acerca de la dialéctica, al estilo de la que cultivan comúnmente los marxistas doctrinarios, debe resultarle al sociólogo nada más que otra forma de oscurantismo. Aun así, tenemos la convicción de que únicamente la comprensión de lo que Marcel Mauss llamó el "hecho social total" protegerá al sociólogo contra las reificaciones distorsionantes que encierran el sociologismo y el psicologismo. Deseamos que nues
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tra obra se aprecie contra el trasfondo de una situación intelectual en la que este doble peligro cobra mucha realidad. Nuestro cometido ha tenido carácter teórico. Pero la teoría, en cualquier disciplina empírica, atañe necesariamente a los "datos'- definidos como pertinentes para esa disciplina en una doble manera: debe ser congruente con ellos y debe acoplarse a nuevas investigaciones empíricas. Existe una vasta área de problemas empíricos que se abre a la sociología del conocimiento. No es éste el lugar indicado para ofrecer una catalogación de los que consideramos más interesantes entre esos problemas, y mucho menos para proponer hipótesis específicas: Hemos dado algunas indicaciones de lo que pensamos en algunos ejemplos de nuestra exposición teórica. Solo quisiéramos agregar aquí que, en nuestra opinión, la investigación empírica sobre la relación de las instituciones con los universos simbólicos legitimadores contribuirá grandemente a la comprensión sociológica de la sociedad contemporánea. Los problemas que aquí se suscitan son muchos, y se obscurecen más, en lugar de aclararse, cuando se habla de la sociedad contemporánea en términos de "secularización", "era científica", "sociedad de masas", o, inversamente, de "individuo autónomo", "descubrimiento del inconsciente", etc. Estos términos no hacen más que indicar la inmensidad de los problemas que requieren aclaración científica. Puede admitirse de buena gana que los hombres de Occidente viven hoy en un mundo sumamente distinto de todos los que los precedieron. Con todo, lo que esto significa en términos de la realidad, objetiva y subjetiva, en la que los hombres desenvuelven su vida cotidiana y enfrentan sus crisis, dista mucho de haberse aclarado. La investigación empírica de estos problemas •—que se diferencia de la especulación más o menos inteligente— apenas acaba de iniciarse. Confiamos en que la clarificación de la perspectiva teórica de la sociología del conocimiento que hemos abordado aquí apunte a problemas propios del tipo de investigación que en otras perspectivas teórica? se pasan por alto con mucha facilidad. Para dar un solo ejemplo: el interés actual de algunos sociólogos por teorías que derivan del psicoanálisis tomaría una coloración muy diferente no bien estas teorías dejasen de ser consideradas •—positiva o negativamente— como proposiciones "científicas", y se analizaran como legitimaciones de una construcción de la reali
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dad muy peculiar y probablemente de gran significación en la sociedad moderna. Dicho análisis descartaría, por supuesto, la cuestión de ¡a "validez científica" de esas teorías y las consideraría sencillamente como datos para una apreciación de la realidad objetiva y subjetiva, de la cual surgieron y sobre la cual, a su vne, ejercen influencia. Nos hemos abstenido especialmente de rastrear las implicaciones metodológicas de nuestra concepción de la sociología del conocimiento. Hay que dejar en claro, sin embargo, que nuestro enfoque es no-positivista, si el positivismo se entiende como posición filosófica que define el objeto de las ciencias sociales de manera de alejarlas de sus problemas más importantes. Aun así, no desestimamos el mérito del ''positivismo", en su acepción más amplia, para volver a definir los cánones de la investigación empírica para las ciencias sociales. La sociología del conocimiento entiende la realidad humana como realidad construida socialmente. Como la constitución de la realidad ha sido, por tradición, un problema central de la filosofía, dicha apreciación tiene ciertas implicaciones filosóficas. En cuanto que ha existido una fuerte tendencia para que este problema —con todas las cuestiones que involucra— se vuelva trivial en la filosofía contemporánea, el sociólogo tal vez resulte ser, para sorpresa suya, el heredero de cuestiones filosóficas que a los filósofos profesionales ya no les interesa considerar. En diversas secciones de esta obra, especialmente al analizar los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana, y al examinar la objetivación y la institucionalización en sus vinculaciones con los presupuestos biológicos de la existencia humana, hemos hecho algunas indicaciones sobre los aportes que el pensamiento sociológicamente orientado puede prestar a la antropología filosófica. En resumen, nuestra concepción de la sociología del conocimiento implica una concepción específica de la sociología en general. Por cierto que no implica que la sociología no sea una ciencia, ni que su método debiera ser nada más que empírico, ni que pueda estar "libre de valores". Lo que sí implica es que la sociología se ubica junto a las ciencias que tratan del hombre en cuanto hombre; o sea, que en ese sentido específico constituye una disciplina humana. Una consecuencia importante de esta concepción
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reside en que la sociología debe desenvolverse en diálogo permanente con la historia y la filosofía, y si así no sucede, pierde su propio objeto de investigación. Este objeto es la sociedad como parte del mundo humano, hecho por hombres, habitado por hombres y que, a su vez, forma hombres en un proceso histórico continuo. No es el fruto insignificante de una sociología humanista volver a despertar nuestro asombro ante este prodigioso fenómeno.
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índice
Prefacio Introducción.
El problema de la sociología del conocimiento
I. Los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana
1. La realidad de la vida cotidiana
2. Interacción social en la vida cotidiana
3. El lenguaje y el conocimiento en la vida cotidiana
II. La sociedad como realidad objetiva
1. Institucionalización
a. Organismo y actividad Orígenes de la institucionalización Sedimentación y tradición "Roles"
Alcance y modos de la institucionalización
2. Legitimación
a. Oígenes de lus universos simbolicen
b. Mecanismos conceptuales para el mantenimiento de los universos simbólicos
c. Organización social para el mantenimiento de los universos simbólicos
III. La sociedad como realidad subjetiva
1 Internalización de la realidad
a. Socialización primaria
b. Socialización secundaria
c. Mantenimiento y transformación de la realidad subjetiva
2. Internalización y estructura social
3. Teorías de la identidad
4. Organismo e identidad Conclusión.
La sociología del conocimiento y la teoría sociológica
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UTOPIA - Tomas Moro - 1516
Cortesía de: Daniel Vargas
Introducción
Todo el mundo tiene referencias y habla de este librito, pero son poquisimos los que lo han leído.
Yo mismo lo desconocía hasta hace poco.
Vino a mis manos una edición española del año 1638, y su lectura me impresionó profundamente, y estoy seguro de que su difusión ha de hacer un gran bien entre todos los que andamos en " cosas" sociales.
Santo Tomás Moro publicó su "UTOPIA" en 1516, y Lutero dio el primer paso hacia la Reforma Protestante en 31 de octubre de 1517, al publicar sus 95 tesis en Wittemberg. Después, la Historia ha seguido su curso.
De estos hechos han pasado cuatro Siglos y medio, y hoy tenemos suficiente perspectiva para darnos cuenta de muchas cosas que nuestros antepasados no pudieron ver.
Ambos hechos se produjeron en los tiempos en que el poder espiritual y temporal de la Iglesia Católica habían llegado al máximo. En todo lo que hoy llamamos "Occidente" no existía más que una sola religión, bajo la autoridad suprema del Papa de Roma, al cual prestaban acatamiento todos los Príncipes.
Se habían constituido y consolidado casi todas las grandes naciones de Europa. El poder temporal de la Iglesia se había consolidado en dos aspectos:
1º Poder concentrado, constituido por los Estados Pontificios, en los que el Papa era soberano
absoluto, y
2º Poder diluido, formado por las posesiones, mas o menos feudales, de todos los dignatarios eclesiásticos en todos los países. Desde las Parroquias rurales a los grandes Arzobispados, pasando por todos los Obispados y las grandes (y pequeñas) Abadías y Conventos.
¿Y el pueblo? ¿Qué papel desempeñaba en todo esto el pueblo? Lo que hoy llamamos "pueblo" entonces se denominaba "los súbditos", "los vasallos", "los sujetos"..., nombres todos que indican netamente que la gente sin privilegios (el vulgo) eran, ante todo, los sometidos y los servidores de los poderosos;
La gente del pueblo no tenía "patria" (pasarían dos siglos antes de que se inventara), pero tenían Rey, al que tenían que servir lealmente. Y. esta era regla. A esto ahora lo denominaríamos "discriminación señorial": - los "señores" por una parte y los "siervos" por otra.
Este proceso del poder temporal empezó (para la Iglesia) con la conversión (o así) de Constantino y el Edicto de Milán en el año 313, y llegó a su máxima "perfección" en los tiempos que precedieron a la Reforma. La gente de Iglesia (excepto los Santos) estaba segura de que lo mejor era el estar aliada con los poderosos y él - ser poderosos ellos mismos; ya que el "pueblo" tenía que seguir el camino que sus "señores" le trazaban. Estoy seguro de que Aristóteles habría encontrado este proceder perfecto; también estoy seguro de que Jesucristo no podía bendecirlo.
Las guerras de religión. Puede afirmarse que el pueblo no intervino para nada en ellas, sino para recibir golpes y morir por su "señor", que seguía tan contento y divertido en su castillo. Fue una pelea entre los que habían acaparado el máximo poder por una parte (el Papa y el Emperador) y los Príncipes por otra. Con la Paz de Westfalia (1648) se terminó la hegemonía del Papado y el Imperio.
Es curioso observar (por lo que respecta al pueblo) que todos los que firmaron dicho Tratado de Paz estuvieron conformes con que los pueblos vinieran obligados a profesar la religión de sus Príncipes. Entonces empezó a funcionar la idea de "patria que alcanzó su máximo esplendor con Revolución Francesa, es cosa de hacer aquí un resumen histórico, que ya está suficientemente conocido y divulgado.
Lo único que quiero observar es que estos cuatro y medio han representado para la Iglesia progresiva de la hegemonía y del poder político y económico que había acumulado en los mil años anteriores, a partir de Constantino.
Los poderosos de antaño ya no existen. El bienestar de las naciones ya no se mide por el esplendor de unos. Cuantos privilegiados. La misma idea de "Patria" se va clarificando, y cuando De Gaulle preconiza una Europa de las patrias, encuentra cada vez menos adherentes. Hoy la religión se mira como una opción personal y libre, a la que a nadie le es lícito violentar. Frente a la división de la sociedad en "clases" se va cada vez con mayor firmeza hacia la "comunidad".
Considerando estos hechos (y otros que están en mente de todos) es cuando uno se percata del valor profético del libro de Santo Tomás Moro, que va a continuación. Teniendo en cuenta, sobre todo, cuando lo escribió todo el Occidente estaba unificado "brutalmente" en lo religioso y en lo civil, y nadie podía prever el proceso que iba a iniciarse al año siguiente.
Frente al "clericalismo" manifestado por la invasión de los eclesiásticos en todas las esferas de lo civil, él preconiza un Estado guiado fundamentalmente por el Derecho Natural. Frente a los privilegios de los poderosos, pone la igualdad de todos los ciudadanos, en una vida comunitaria. Sus atisbos sobre la "vocación profesional" son geniales.
Pero lo más extraordinario, a mi entender, es su defensa del "pluralismo" religioso, frente a la religión única obligatoria.
Lo más opuesto a "UTOPIA" es Jauja.
No dudo que habrá lectores que recorrerán las paginas que siguen como si leyeran una historieta absurda de ciencia ficción", que tanto gustan actualmente, o como una divertí da exposición del país de Jauja. Y no es esto. Ni mucho menos. En mi opinión es todo lo contrario. Es un libro para meditarlo. Sobre todo por los gire militarnos en las filas del catolicismo social.
Piénsese en que durante cerca de cinco siglos hemos dispuesto de un ideario racionalismo, plenamente de acuerdo con el Derecho Natural, y no le hemos hecho ningún caso, antes hemos aprovechado su mismo título, para inventar la palabra "utópico". En cambio, el marxismo, basándose en un-hombre-que-no-existe (esto sí que es utópico) en menos de cien años ha revuelto el mundo.
Comprendo muy bien que después de aquella situación de prepotencia universal (que culminó en los años de la aparición de "UTOPIA» y casi todos los católicos excepto los Santos) hayamos sido "conservadores". Ello es muy natural, aun que no tiene nada de sobrenatural. El resultado ha sido que en vez de ser "luz del mundo" y "sal de la tierra", hayamos sido en no pocos aspectos una rémora a la marcha providencial de la Historia.
Pero, gracias a Dios, estarnos asistiendo al fin de la era constantiniana.
Ha llovido mucho desde que se escribió "UTOPIA". Ello quiere decir que en algunos aspectos no es actual. Pero en muchos otros, sí. Algo parecido al Evangelio. Recuerdo ahora una anécdota catequística, ocurrida en Inglaterra recientemente. La catequista explicaba a las niñas la "Parábola de las Vírgenes Prudentes", y al terminar preguntó a una dé ellas qué consecuencia sacaba de lo que había oído. La niña, sin dudar un momento, respondió:
Es clarísimo. De esto se deducen las grandes ventajas del alumbrado eléctrico sobre los candiles de aceite.
Aquí el peligro está también en tropezar con lo anecdótico y perder de vista su sentido profundo.
Santo Tomás Moro escribió "UTOPIA" en latín. En un latín elaboradísimo y al gusto de aquella época; que dicen que es difícil dé traducir al español del siglo XVII, adaptando el castellano florido dé entonces, con su prosodia enrevesada, al lenguaje de hoy. Dudo mucho de la corrección de mi trabajo bajo el punto de vista literario, pero estimo que (en parte, al menos) he conseguido lo principal que buscaba, que era la claridad, y evitar que se hiciera pesado para el lector actual. Con es/a pretensión me he atrevido a darlo a la imprenta.
Lleva un prólogo de Quevedo, que he conservado intacto, incluso con su propia ortografía, además de las licencias pertinentes de la Santa Inquisición. También copio de dicha edición una breve biografía.
Espero Y deseo que esta edición pueda ser útil a muchos. El dormir durante unas horas es muy sano y conveniente; pero dormir durante siglos y siglos... ¿puede defenderse como cosa buena?
Enero de 1964.
ROVIROSA
NOTICIA, JUICIO Y RECOMENDACIÓN de la UTOPIA y de TOMAS MORO
por don FRANCISCO DE QUEVEDO VILLEGAS
Caballero del Hábito de Santiago
Señor de las Villas de Cetina, y la Torre de Juan Abad
La vida mortal de Tomás Moro escribió en nuestra lengua Fernando de Herrera, varón docto y de juicio severo; su segunda vida escribió con su sangre su muerte, coronada de virtuoso martirio; fue su ingenio admirable, su erudición rara, su constancia santa, su vida exemplar, su muerte gloriosa, docto en lengua latina y griega. Celebraronle en su tiempo Erasmo de Roterodamo y Guillelmo Budeo, como se lee en dos cartas suyas, impresas en el texto de esta Obra: llamóla Utopía, voz griega, cuyo significado es, no hay tal lugar. Vivió en tiempo y Reyno, que le fué forzoso para reprehender el gobierno que padecía, fingir el conveniente. Yo me persuado, que fabricó aquella política contra la tiranía de Ynglaterra, y por eso hizo isla su idea, y juntamente reprehendió los desordenes de los más de los Príncipes de su edad, fuerame fácil verificar esta opinión; empero no es difícil, que quien leyere este libro la verifique con esta advertencia mía: quien dice que se ha de hacer lo que nadie hace, a todos los reprehende: esto hizo por satisfacer su zelo nuestro Autor. Hurtos de cláusulas de la Utopía los mas Repúblicos Ragualbos del Bocalino: precioso caudal es, el que obligó, á que fuese ladrón á tan grande Autor. No han faltado lectores de buen seso, que han leído con ceño algunas proposiciones de este libro, juzgando, que su libertad, no pisaba segura los umbrales de la religión, siendo así que ningunas son mas vasallas de la Yglesia Católica, que aquellas, entendida su mente, que piadosa se encaminó á la contradicción de las novedades, que en su patria nacieron robustas, para tan llorosos fines. Escribió aquella alma esclarecida, con espíritu de tan larga vista, que como yo mostré en mi carta el Rey Chrlstianisimo, antevió los sucesos presentes asistiendo con saludable consejo á las cabezas de los tumultos.
El libro es corto, mas para atenderle como merece, ninguna vida seré larga; escribió poco, y dixo mucho: si los que gobiernan le obedecen, y los que obedecen se gobiernan por él, ni a aquellos será carga ni a estos cuidado. Por esto viendo yo á Don Gerónimo Antonio de Medinilla y Potres, que le llevaba por compañía en los caminos, y le tenía por tarea en las pocas horas que le dexaba descansar la obligación de su Gobierno de Montiel, le importuné á que hiciese esta traducción: asegurándome el acierto de ella lo cuidadoso de su estilo, y sin afectación; y las noticias políticas, que con larga lección ha adquirido. executandolas en quanto del servicio de su Magestad se le ha ordenado; y con gran providencia, y desinterés, en el gobierno que tuvo de estos Partidos. Quien fuete tan liberal, que en parte quiera pagar algo de lo que se debe á la buena memoria de Tomás Moro, lea en la Celta Dileflere de Bartolomé Zucchi de Monja la carta que escribió el Cardenal de Capua á Monseñor Marino, Cardenal y Gobernactor de Milán y verá quantos méritos tuvo su muerte para canonizar las alabanzas de su vida, y de su doctrina. En la Torre de Juan Abad 28 de Septiembre de 1837.
Don Francisco de Quevedo Villegas
TESTIMONIO DEL MAESTRO
Bartolomé Ximenez Patán
Catedrático de eloqúencia de Villanueva de los Ynfantes, y sus Partidos, y Notario del Santo Oficio, por orden, y comisión del
Tribunal de la Inquisición de Murcia
El Maestro Bartolomé Ximenez Patón, Notarlo del Santo Oficio, y con especial comisión dejos Señores Inquisidores, que residen en el Tribunal Apostólico de Murcia, para la expurgación de los libros, certifico, y hago fe, a los que el presente vieren, que el texto de la Utopía, que compuso Tomás Moro Inglés, y traduxo Don Gerónimo Antonio de Medinilla y Porres en Castellano (Caballero del Hábito de Santiago, Gobernador que fue en esta Villa, y sus Partidos, Caballerizo del Rey Señor nuestro, y su Corregidor en la Ciudad, y Provincia de Córdova, Señor de las Villas de Bocos, Rozas, y Remolino): no solo no está prohibido, pero si en algún tiempo tuvo alguna margen, que expurgar en otras impresiones, en la presente no la tiene, porque la he visto, y considerado una, y muchas veces, no solo por la expurgación del mas moderno Catálogo, y Expurgatorio, mas aun por la censura de los antiguos. Y por esto, y por las nuevas censuras que dicha traducción tiene, puede y debe imprimirse sin escrúpulo, ni sospecha de mala doctrina: antes su lección es de curiosidad christiana, y piadosa: y por ser así, en testimonio de esta verdad, lo firmé, y signé, en Villanueva de los Ynfantes, en 27 de Septiembre de 1637 años.
En testimonio de verdad
vera fides
El Mro. Bartolomé Ximenez Patón
UTOPIA
Relación que el excelente varón Rafael HITHLODEO hizo del feliz Estado de la
República de UTOPIA ordenada por TOMAS MORO
DESCRIPCIÓN DE LA ISLA Y SU AGRICULTURA
La isla de UTOPIA se extiende unos doscientos kilómetros, y por larguisimo espacio no se estrecha considerablemente, pero eN sus extremos queda reducida a unos cincuenta kilómetros. Dichos extremos están como torcidos, de manera que toda la isla tiene una forma parecida a la de la luna nueva.
Estas partes extremas, azotadas por el mar, distan una de otra unos once kilómetros.
Entre estos brazos se forma como a manera de un lago apacible, quedando un refugio muy bien acomodado, desde el que pueden mandar sus flotas a otras regiones y países.
Las gargantas que forma la entrada, que por una parte tienen bancos de arena y vados, y por otra parte escollos disimulados, ponen espanto al que pretendiera entrar como enemigo.
Casi en el centro de este espacio existe una gran roca, en cuya parte superior han construido un fortín, y en el que existe un presidio.
Hay muchos escollos ocultos (y por lo tanto muy peligrosos) de los que solamente tienen conocimiento los prácticos, de lo que resulta que muy raramente puede pasarlos ninguna nave extranjera que no esté guiada por uno de UTOPIA. Y si pretende entrar sin guiarse por ciertas señales que hay en la playa, cualquier armada enemiga embarrancará.
Dentro de dicho lago existe un puerto de mucho tránsito, con un desembarcadero natural muy bien acomodado, de manera que poca gente de guerra pueden poner en retirada a un ejército considerable.
Se cree (y el aspecto del lugar lo confirma) que aquel país antes no estaba totalmente rodeado por el mar. Pero Utopo, de quien tomó nombre la isla, por haberla conquistado, ya que antes se llamaba Abraxa, fue quien hizo que sus moradores, que eran rústicos y muy atrasados, vivieran de manera humana y civil. Fue él quien mandó formar un istmo de unos diez kilómetros, con lo que UTOPIA quedó separada de la tierra firme y convertida en una isla. Hizo que trabajaran en dicha tarea, no solamente los moradores antiguos, sino también los soldados, y con tan gran número de brazos el trabajo quedó realizado en muy poco tiempo, dejando admirados a los pueblos vecinos, que al principio se burlaban de ellos.
Hay en la, isla cincuenta y cuatro ciudades, todas las cuales tienen en común el idioma, las instituciones y las leyes; y puede decirse que todas ellas están construidas bajo un mismo modelo, en cuanto lo permite el terreno. La distancia media entre ellas es, de unos veinte kilómetros, y ninguna está tan apartada de la más próxima, que en una jornada un peatón no pueda desplazarse de una a otra.
Tres ciudadanos expertos y venerables de cada una de dichas ciudades acuden todos los años a Amauroto, ciudad que por estar en la parte central de la isla es fácilmente accesible a todas las demás y se considera, como la Capital, por ser donde se tratan las cosas comunes y la ordenación pública de todo. el país.
El término municipal de cada ciudad viene a tener el mismo contorno que las otras, unas más y otras menos, según lo apartadas que estén. Ninguna de ellas desea extender o ensanchar su distrito, por considerarse más como labradores usufructuarios de los campos que Señores de ellos.
Existen alquerías muy bien provistas de toda clase de utensilios para las labores agrícolas, y para el trabajo en estos cortijos se turnan los ciudadanos. Ninguna familia de una alquería agrupa menos de cuarenta personas, en las que se señala Padre y Madre de familias por edad y por costumbres venerables. Cada treinta alquerías forman una agrupación y se designa a una que se considera como cabeza y representante de todas las demás.
Por cada familia que está en el campo, cada año vuelven a la Ciudad veinte de sus miembros que han permanecido dos años en las tareas agrícolas, a los que sustituyen otros veinte familiares de la Ciudad para que se ejerciten en la Agricultura, de manera que los que ya son expertos por haber residido un año, amaestran a los recién llegados, los cuales a su vez instruirán, a otros al año Siguiente. Así todos los habitantes de la isla son expertos en los trabajos del campo, y se puede echar mano de todos ellos para las tareas de la recolección.
Y aunque esta manera de renovar el personal agrícola se ordena a que nadie lleve esta Vida dura por más tiempo de dos años, no por esto los que se complacen en la agricultura dejan de permanecer allí más años.
Los labradores cultivan el terreno, cuidan el ganado y demás animales, cortan leña y la conducen a la ciudad por tierra o por mar, según más convenga. Sacan con admirable artificio una infinidad de pollos, sin que los tengan que empollar las gallinas, ya que con calor proporcionado los incuban y después los hombres los abrigan y los cuidan. Crían pocos caballos, muy fieros, de los que únicamente se sirven para la guerra, ya que las labores de cultivo y acarreo las realizan con bueyes, que aunque sean más, lentos que los caballos son más sufridos y menos sujetos a enfermedades, además de que ocasionan menos gasto, y cuando pierden fuerzas se pueden comer.
Siembran solamente trigo. Beben vino de uvas y sidra, o agua pura, o cocida con regaliz, de la que disponen en gran abundancia. Y aunque producen todas cuantas vituallas se consumen en la Ciudad y en sus contornos, siembran bastante más para poder socorrer a otros países vecinos.
Todos los instrumentos de labranza se los proporcionan en la Ciudad por conducto del Magistrado, sin abonar nada por ellos. Muchos campesinos concurren todos los meses a las fiestas solemnes. Cuando llega el tiempo de la siega, los jefes de la labranza indican al Magistrado el número de los que han de enviar a segar, y acudiendo todos a una en tiempo sereno, casi en un día siegan todos los campos.
LAS CIUDADES; ESPECIALMENTE AMAROUTO
El que ha visto una de aquellas ciudades pueden decir, que las ha visto todas, tan semejantes son unas de otras, en cuanto la disposición del terreno lo consiente. Aunque es igual describir una que otra, voy a fijarme en Amauroto, por ser la principal y estar en ella el Senado; por ser la más ennoblecida y por ser la que mejor conozco, por haber residido en ella cinco años.
Está situada en la falda de un monte, siendo su forma cuadrada, extendiéndose suavemente desde lo alto de un collado en una extensión de un kilómetro hasta llegar al río Anidro, prolongándose un poco más al otro lado del mismo.
Este río nace unos cíen kilómetros más arriba de Amauroto, de una pequeña fuente, pero con el concurso de otros ríos que confluyen en él, especialmente de dos mediados, aumentan mucho sus aguas, de manera que al llegar a la Ciudad su lecho tiene una anchura de unos trescientos metros. Luego se va ensanchando más, hasta llegar al Océano. En todo el trayecto que va del mar a la ciudad, y hasta un poco más arriba, con la subida y bajada de la marea, el río modifica su corriente cada seis horas. Cuando sube la marea las aguas del mar penetran río arriba y las aguas quedan salobres, pero después queda el agua limpia y normal.
La ciudad se comunica con la ribera opuesta, no con barcazas o pasarelas de madera, sino con un magnífico puente con arcos de sillería, construido en la parte más apartada del mar, para que las naves puedan llegar sin dificultad a la zona central de la Ciudad.
Disponen de un riachuelo manso y apacible, que nace cerca de donde está la población, atravesándola y, juntándose luego al río Anidro. Los habitantes de la Ciudad canalizaron estas aguas desde su nacimiento hasta la población, disponiendo fortines y parapetos para que en caso de asedio, no les llegase a faltar el agua, la cual es conducida con tuberías de barro cocido a todas las fuentes, que hay con profusión. Y si en otras Ciudades de la isla la Naturaleza no da estas facilidades, entonces reúnen las aguas de lluvia en grandes depósitos, con lo que obtienen el mismo resultado.
Toda la Ciudad está amurallada con muros altos y recios, con muchas torres y parapetos. El foso es seco, pero profundo y ancho, muy intrincado, con zarzas y espinos, menos en la parte de la muralla que está juntó al río.
Las plazas, están abrigadas con pórticos, tanto para el buen servicio de los almacenes como para la comodidad de los habitantes. Los edificios son semejantes y muy bien cuidados, sobre todo en las fachadas. Las calles tienen veinte metros de ancho, y todas las casas están rodeadas de jardín. Las casas tienen una puerta principal y una puerta falsa, con cerraduras muy sencillas, que todos pueden abrir fácilmente, de manera que cualquiera puede entrar y salir por ellas, ya que nadie posee nada en particular.
Cada diez años todos cambian de domicilio por sorteo, y todos sienten emulación por dejar la casa lo más arreglada posible. Un cuidado especial ponen todos en sus jardines, en los que plantan cepas, árboles frutales, hortalizas y flores, con tanta hermosura y buena labor que jamás he visto cosa igual. Este cuidado no es solamente para su deleite, sino que además compiten entre ellos para ver quién tiene estos jardines más bonitos y mejor cuidados. Lo cierto es que no he hallado en ninguna ciudad nada que esté mejor acomodado, tanto para el provecho como para el deleite de los hombres. Parece que Utopo (el fundador) puso en esto el máximo cuidado, y es fama que dispuso los modelos y el trazado desde el principio, aunque en cuanto al adorno estableció que los venideros lo arreglaran como mejor les, acomodase, contando coa que los gustos varían con los tiempos.
Así se refiere en los Anales que tienen escritos y guardados religiosamente, en los que se contiene la historia de la isla desde que fue conquistada, abarcando un período de mil setecientos sesenta años. Por ello se comprueba que al principio las, cosas fueron parecidas a lo que ahora son pajares, una especie de cabañas y chozas, construidas con toda clase de maderas sin distinción, con muros de tapia y cubiertas de pajizo y retamas.
En la actualidad cada casa tiene tres pisos, siendo el exterior de los muros de piedra labrada 9 de ladrillo, y lo interior revocado con argamasa; las azoteas llanas y descubiertas se protegen con cierto betún que fabrican con productos molidos, de muy poco coste, pero es tan eficaz que el fuego no lo altera y que defiende del mal tiempo mejor que si fuera con placas de plomo.
Contra los vientos usan vidrieras en las ventanas porque en aquella tierra hay mucho vidrio, aunque a veces también se sirven de telas enceradas con aceite o goma, con lo que se resguardan de los vientos y reciben más luz.
LOS MAGISTRADOS
Todos los años cada grupo de treinta familias eligen un Magistrado, que en su idioma antiguo llamaban Sifogranto, y en el moderno Filarco. Cada diez de estos Sifograntos, de acuerdo con las familias, eligen otro Magistrado superior, que antes llamaron Traniboro, y actualmente denominan Protofilarco. Finalmente, todos los Sifograntos (que son en número de doscientos) hacen juramento de que elegirán por Príncipe, con voto secreto, a uno de los cuatro propuestos por mayoría de votos por el pueblo. Cada cuarta parte de la Ciudad elige un Senador.
La dignidad de Príncipe es vitalicia, a no ser que se venga en sospecha de que trata de tiranizar el Estado.
Los Traniboros se eligen por un año, y no los deponen sin causa justificada. Todos los demás Ministros y Oficiales también los eligen por un año.
Los Traniboros se reúnen con el Príncipe cada tres días, aunque si hay asuntos urgentes se reúnen con mayor frecuencia. En dichas reuniones tratan los negocios de la República, procurando resolver las disensiones entre particulares, si las hay, que siempre son pocas.
Cada reunión del Senado viene presidida por dos Sifograntos, que se turnan por orden; no consintiéndose que se acuerde ningún asunto de importancia para la República, sin haberse planteado tres días antes de tomarse la resolución.
Se considera como un, delito capital el tratar ningún negocio público fuera del Senado y de sus Juntas señaladas. Esto se hace con miras a que el pueblo no sea traicionado y oprimido por la violencia y las asechanzas del Príncipe y de los Traniboros. Por esta razón, todo lo que se considera de importancia se comunica a la Junta de los Sifograntos, y éstos dan parte a las familias que los eligieron, consultándose entre ellos, de todo lo cual dan noticia al Senado. A veces se tratan los negocios en las Juntas Generales de toda la Isla.
Es norma del Senado el que ningún asunto se resuelva el mismo día que se propone, sino que se difiera para la reunión siguiente, para que nadie, sin madurarlo, exponga lo primero que se le ocurre, y después quiera sostenerlo tercamente, mirando más a su amor propio que al bien público, ya que son muchos los que llevados por una necia vergüenza, para que no parezca que obraron a la ligera, prefieren que prevalezca su opinión antes que la salud del pueblo, en aquello que debían tener bien estudiado para poder hablar con más conocimiento y menos prisa.
EL TRABAJO
La Agricultura es la ocupación universal de hembras y varones, todos los cuales la conocen y la ejercitan sin distinción.
Esto se les inculca desde su más tierna edad; teóricamente, en la Escuela, y prácticamente en unos campos que están junto a la Ciudad, y no sólo mirando, sino empleando los niños en ello sus fuerzas corporales.
Además de la Agricultura, cada uno se ejercita en otro oficio distinto, como trabajar la lana o el lino, la cantería, la herrería, la carpintería y demás artes manuales
El vestido es igual para todos en toda la Isla, y en ningún tiempo se han introducido novedades, existiendo únicamente diferencia en los sexos, ya que las mujeres visten de una manera y los hombres de otra; y en los estados, pues no visten igual los casados que los solteros. Ello resulta agradable a la vista, acomodado al uso, y a propósito para defenderse del frío y del calor.
Cada familia se hace los vestidos a su gusto, pero ea los demás artes y oficios, tanto varones como hembras, cada uno aprende y se aplica en el que es de su elección.
Las mujeres se ocupan en trabajos menos pesados tales como el labrar la lana y el lino. Y los hombres en los más duros. En general, y el hijo sigue la profesión del padre, ya que casi siempre la naturaleza le inclina a ello; pero si alguno tiene inclinación decidida por otra profesión, pasa por adopción a otra familia que trabaje en aquella tarea a que se siente inclinado. En estos casos interviene no solamente el padre natural, sino también el Magistrado, cuidando de que el padre adoptivo sea hombre honrado y serio.
Si alguno se ha instruido bien en una Profesión y desea aprender otra, se le permite, y cuando las conoce bien se aplica a aquella que es más de su gusto.
Está al cuidado de los Magistrados Sifograntes el evitar que haya vagabundos, antes bien, cada uno esté bien ocupado en su profesión.
No comienzan su labor muy de mañana, ni trabajan continuamente, ni durante la noche, ni se fatigan con perpetua molestia como las bestias, porque es una infelicidad mayor que la de los esclavos la Vida de los trabajadores que han de estar a su tarea sin descanso, como ocurre en todas partes, menos en Utopía.
Dividen el día y la noche en veinticuatro horas, dedicando seis horas diarias al trabajo, tres por la mañana, al final de las cuales van a comer. Tienen una siesta de dos horas después de la comida, y una vez descansados vuelven al trabajo por otras tres horas, que se terminan con la cena.
Las veinticuatro horas empiezan a contarse a partir del mediodía. A las ocho se retiran a dormir durante ocho horas. En los intervalos de comer, cenar y dormir, cada uno emplea su tiempo con lo que mejor cuadra con su libre albedrío; pero no de manera que se disipe en excesos y holgazanerías, sino que libre de su trabajo se ocupe en algún ejercicio honesto de su elección.
La mayor parte de estas horas libres las dedican a los estudios literarios, ya que es costumbre que haya lecciones públicas antes del amanecer; a las que por obligación solamente asisten aquellos que están encargados y escogidos para cuidar del estudio. Además de éstos concurren voluntariamente gente de todo estado, tanto hombres como mujeres, a oír a los disertantes, cada uno según sus aficiones y según su profesión.
Estos tiempos libres, si alguno lo quiere emplear en su profesión, lo que les ocurre a muchos a Tos que su temperamento no les inclina a cosas de estudio, no se les prohibe, antes bien se les alaba por la utilidad que reportan a la República.
Después de la cena tienen una hora de recreo, que en verano transcurren en los jardines, y en invierno en las grandes salas que se emplean como comedores colectivos, donde se oye música o se hace tertulia.
Los juegos de dados y otros prohibidos, ni los usan ni los entienden. Lo que usan son dos clases de juegos parecidos al ajedrez. Uno de ellos es una batalla de tantos a tantos, en el que los de un bando despojan y saquean a los del otro; el otro juego consiste en una pelea de los vicios contra las virtudes en forma de escuadrones. En este juego se pone de manifiesto discretamente la oposición a los vicios y la concordia con las virtudes, así como qué vicios se oponen a las virtudes y les hacen guerra, y con qué pertrechos acometen a la parte contraria; y asimismo con qué armas defensivas las virtudes quebrantan y desbaratan a las fuerzas de los vicios, y los ardides con que inutilizan sus acometidas; y finalmente las trazas y mañas con que uno de los jugadores se alza con la victoria.
DURACION DEL TRABAJO
Conviene poner la atención en esto para no llamarse a engaño, pues podía imaginarse que con solamente seis horas de trabajo diario no podrán producirse los bienes cuyo uso es indispensable, lo cual está muy lejos de suceder, porque con este tiempo, no solamente basta sino que sobra para obtener en abundancia las cosas necesarias para la vida y aun las superfluas.
En los países en que casi todas las mujeres (que son la mitad del pueblo) trabajan y los hombres se dan al reposo, además del gran número de sacerdotes y religiosos que no producen nada con sus manos, ni los señores ricos y herederos (a los que el vulgo llama nobles y caballeros), incluyéndose en esta cuenta a toda la caterva de los que sirven a estos últimos de espadachines y truhanes, y a los mendigos que teniendo salud fingen enfermedad por holgazanería, hallaréis que son muchos, los que no producen nada; y entre los que trabajan hay una gran parte que no se ocupan en cosas necesarias, ya que donde todo se consigue con dinero es forzoso que haya muchas artes totalmente vanas, que sólo sirven al antojo y al exceso.
Si los pocos que trabajan se aplicaran todos en los menesteres necesarios a la vida humana, sin duda que bajarían los precios de las cosas, de manera que la vida resultaría mucho más fácil. Y si se juntaran a éstos todos los que viven en el ocio y en la holganza, y se ocuparan en trabajos provechosos para todos (contando con que los artífices de las manufacturas de lujo y los holgazanes consumen cada uno tanto como dos oficiales de trabajos útiles y necesarios) aquellas seis horas diarias bastarían y sobrarían para estar abastecidos abundantemente de todas las cosas necesarias para la vida y su comodidad" incluso para los, deleites verdaderos y naturales.
La experiencia nos da verdadero testimonio de ello en Utopía, donde en cada Ciudad y las aldeas de sus contornos apenas si se permite holgar (entre hombres y mujeres) con a quinientas personas fuerza y edad aptas para el trabajo. Entre éstos, los Sifograntes, que si bien las leyes les declaran exentos, no se excusan de trabajar, para estimular con su ejemplo a los demás.
Del mismo privilegio gozan los estudiantes, a quienes por acuerdo de los Sacerdotes y de los Magistrados el pueblo les concede por votos secretos, que solamente se ocupan en sus estudios; y si alguno no corresponde a las esperanzas que en él se pusieron, se le saca de los estudio, y se le dedica a trabajos manuales. Y por el contrario, sucede muchas veces que, un trabajador manual que aprovechó sus horas libres para el estudio, le sacan de su trabajo para que se aplique solamente a estudiar.
De los estudiosos proceden los Embajadores, los Eclesiásticos, los Magistrados Traniboros, y el mismo Príncipe, al que en la antigua lengua llamaban Barzanes, y en la moderna Ademo.
La demás muchedumbre que siempre trabaja y está ocupada en labores útiles, cuesta poco comprender cuánto llegarán a producir en pocas horas.
Además de estas cosas que he referido, hay que añadir que en los trabajos usuales necesitan menos esfuerzo que en otros países. Fijémonos, por ejemplo, en la obra de construcción o de reparación de edificios. En otros países es necesario que haya muchos dedicados a la reparación, porque lo que los padres construyen con gran trabajo, los herederos pródigos lo descuidan de manera que poco a poco se arruinan, así que lo que pudo repararse a poca costa, el sucesor tiene que edificarlo casi de nuevo.
En Utopía las cosas no ocurren así, porque estando todas las cosas y las Ciudades compuestas y ordenadas de una vez, raramente acontece que se elija nuevo sitio para fundar edificios, y no sólo acuden con brevedad a reparar lo que se deteriora, sino que lo previenen con tiempo, antes de que amenace ruina. Por esto sucede que los edificios duran mucho tiempo, y que los Maestros de Obras tengan poco en qué ocuparse, si no es en tener preparados maderos y sillares para que cuando la necesidad lo pida, puedan acudir con mas diligencia a las reparaciones.
LOS VESTIDOS
En cuanto a los vestidos, ya se ha visto la sencillez con que lo resuelven, ya que para el trabajo se cubren con pieles curtidas, que son resistentes y necesitan pocas atenciones, y que les duran siete años. Cuando salen en público se ponen encima otra ropa, que siempre es del color natural de la lana, y esto en toda la Isla.
De esta ropa de lana gastan mucho menos que en otras partes, además de salirles a mucho menor coste. Con el lino ocurre lo mismo, aunque se gasta y se usa más. En los lienzos lo que se aprecia es la blancura y en los paños la limpieza, sin hacer caso de que sea más o menos fino Y delgado. De aquí procede que si en otras partes no basta para una sola persona el tener cinco vestidos de diversos colores, unos de lana y otros de seda, y los más caprichosos no se conforman ni con diez, los de Utopía, están muy contentos con uno, que les dura dos años. No tienen \motivo para desear más ropa de la que tienen, porque con otra no estarían mejor defendidos del frío o del calor, ni por la finura les parecen más delicados y distinguidos.
Por estas circunstancias todos se ejercitan en profesiones provechosas, y aunque trabajen menos les basta para disponer de lo necesario con abundancia.
De donde resulta que, abundando en todas las cosas, sobra gente, y unas veces se destinan a la reparación de las calles y caminos públicos, y aun sin verdadera necesidad se ordenan obras públicas en las que todos se ocupan algunas horas.
Los Magistrados no emplean a los ciudadanos en trabajos inútiles y superfluos, ya que la institución y fundamento de la República se ordena principalmente a que, una vez satisfechas las necesidades públicas, se disponga del mayor tiempo libre posible para que todos gocen de libertad, y desarrollen sus valores espirituales, porque estiman que en esto consiste la verdadera felicidad.
RELACIONES HUMANAS
Vamos a exponer ahora la manera con que los ciudadanos de Utopía comercian entre sí, y cómo son sus relaciones.
La Ciudad se compone de familias basadas en el parentesco. Las mujeres, al casarse, van a la casa de sus maridos, formando parte de la nueva familia. Los hijos y los nietos varones viven en la familia bajo el gobierno y la obediencia del más anciano, y cuando la edad y los achaques lo exigen, le sucede el que le sigue en edad.
Para que no falte población en la Ciudad, y para que no aumente en demasía, tienen ordenado que ninguna de las 6.000 familias que integran la Ciudad pueda sustentar menos de diez menores ni más de 16. En cuanto a los adultos no hay ningún tope determinado.
Esto se logra pasando los niños que sobran de una familia a otra que les falten, para formar su cómputo. Si alguna vez se multiplican más de lo determinado y justo, con los que sobran se compensan las zonas despobladas de otras ciudades. Si en algún caso en toda la isla hay excesiva muchedumbre de moradores, hacen un padrón y en el continente fundan colonias sujetas a sus mismas leyes, convidando a los naturales de aquella tierra a que vivan en su compañía, si tienen gusto en ello.
Una vez que se han juntado con los que aceptan este trato, fácilmente se conforman con las costumbres y las leyes que son de utilidad para ambos pueblos. De esta suerte, con sus buenas ordenanzas hacen que se fertilice la tierra que antes era estéril y miserable; y a los que no se conforman con este trato los echan de los términos que han señalado para sí, y tienen por justo el hacer la guerra a los que se resisten.
Cuando algún pueblo prohibe a otro el uso y la posesión de terrenos que tiene vacíos y desocupados, de los que nadie se aprovecha, por ley y ordenamiento del Derecho Natural este otro pueblo puede vivir allí y trabajarlo, y apoderarse del dominio y del uso de aquella tierra. De esta manera, cuando en las ciudades de la Isla ocurre algún desastre de tal magnitud que con medios normales no se pueda reparar (lo cual, a lo largo de muchos siglos, ha ocurrido dos veces por calamidad y peste) entonces hacen venir de las colonias el número conveniente de ciudadanos, porque tienen por más acertado el conservar la casa propia que atender a la ajena.
Volviendo a la manera de vivir de los habitantes de Utopía, él más anciano preside la familia, las mujeres sirven a los maridos, los hijos a sus padres, y en general los de menor edad a los mayores.
Cualquiera de las Ciudades se subdivide en cuatro Distritos iguales, cada uno de los cuales tiene en su centro una plaza donde se hallan los almacenes generales comunes a todos. Hay lugares determinados donde se llevan los productos del trabajo propios de cada familia. Cada especie de alimentos se conservan en silos apropiados por cada clase.
De estos almacenes cada padre de familia saca todo aquello que necesita para sí y para los suyos, sin dinero ni nada que lo sustituya. ¿Por qué se le negará nada si allí hay abundancia de todo, y Sin temor a que nadie pida más de lo que necesita? ¿Y qué objeto puede tener el pedir con exceso cuando se está seguro de que no faltará nada de lo necesario?
Es cosa manifiesta que cuando no hay temor de que falte lo que se necesita, cesa la ambición de querer acumular aquella clase de bienes, y como esta ambición no se da en Utopía, viven perfectamente tranquilos.
Junto a las plazas centrales de las que se hecho mención, existen otras que llaman de Suministros, en las cuales se almacenan las hortalizas y las frutas, además del pan. Para el pescado, las carnes de pluma y de pelo, y cualquiera otros alimentos cuya vista y olor es poco atractivo, tienen sus almacenes fuera de la Ciudad, cerca del río, donde es fácil lavar las inmundicias. En tales lugares se disponen las reses muertas y limpias por obra de los esclavos, ya que no consienten que los ciudadanos se ocupen en degollar, cortar y desollar los animales, por considerar que estas prácticas inducen a los hombres a la fiereza, crueldad e inhumanidad, y temen que se atrofien los afectos de la piedad natural. Se prohibe que ninguna cosa inmunda, sucia o asquerosa entre en la Ciudad, cuya putrefacción corrompa el aire y provoque enfermedades.
COMEDORES Y HOSPITALES
En cada barrio hay un edificio público (separados los de unos y otros barrios por la misma distancia) que sirve de morada al Sifogranto, que es el representante de 30 familias, de las que 15 están a un lado del edificio y las otras 15 al otro, y las 30 familias se reúnen en dicho gran local para sus comidas.
Los despenseros de estos comedores colectivos se reúnen en la Plaza a horas determinadas, para pedir las provisiones, según el número de comensales que tienen asignados. Pero antes que a nadie, se atiende al cuidado de los enfermos, los cuales son atendidos en Hospitales Públicos, de los que hay cuatro en cada Ciudad (uno por cada Distrito) y están situados en las afueras, siendo tan capaces que parecen poblaciones pequeñas.
Ello permite que no estén amontonados en el caso de haber muchos enfermos, y si hubiere enfermos contagiosos pueden perfectamente, separarse unos de otros.
Estos Hospitales están tan bien dispuestos y surtidos de todas aquellas cosas que afectan a la salud, y servidos con tantas atenciones y cuidados por enfermeros y médicos doctos, que si bien no es obligatorio que se lleven allí a todos los enfermos, no hay nadie que al sentirse malo no prefiera pasar la enfermedad en el Hospital mejor que en su casa.
Cuando el despensero de los enfermos ha tomado lo que necesita según las órdenes y recetas de los médicos, se mira lo mejor que hay y se reparte en partes iguales a todos los Comedores Colectivos; aunque también se tiene en consideración lo que se pide para la casa 4e1 Príncipe, así como para los Prelados y para los Traníboros, e incluso para los Embajadores, si es que hay alguno (cuando los hay, también tienen su casa señalada y dispuesta).
Asisten a estos Comedores los Sifograntes con las 30 familias que cada uno de ellos representa, que se convocan al son de una trompeta cuando llega la hora de comer, con la excepción de los que están enfermos en sus casas o en el Hospital. A nadie se le prohibe que se lleve comida a su casa, pon estar persuadidos de que nadie es capaz de hacerlo sin necesidad. Y aunque es lícito a todos el quedarse a comer en sus casas, nadie lo hace porque no les parece decente, reputándose por cosa de poco juicio el tomar sobre sí un trabajo innecesario, pudiendo comer espléndida y abundantemente con los demás, con las máximas facilidades.
En los Comedores Colectivos se encargan a los esclavos todos aquellos trabajos que se tienen por serviles y menos decentes. El aderezo y guiso de las viandas, así como la disposición de las mesas, corre a cargo de las mujeres, por turno de familias.
El número de mesas es proporcionado al de los comensales. Los varones se sientan de espaldas a la pared y las mujeres en los bancos de fuera, con objeto de que si les sobreviene algún accidente (especialmente a las que están embarazadas) puedan acudir rápidamente a remediar la necesidad. Las que amamantan a sus pequeños comen en una pieza algo apartada, con cunas para los niños de pecho, donde siempre tienen provisión de lumbre y agua clara para poderlos limpiar y recrear.
Toda madre cría a su hijo, si no lo impide la muerte o alguna enfermedad. Cuando esto ocurre, la esposa del Sifogrante busca rápidamente un ama, que encuentran con facilidad, porque las que pueden hacerlo a ningún otro oficio acuden con más voluntad. Es cosa digna de alabanza el que todas estén dispuestas a esta obra de piedad, en la que el huérfano encuentra una segunda madre en la que le cría.
Hasta que han cumplido los cinco años, los niños comen en la misma sala donde están las madres lactantes. Los demás niños mayorcitos, así como los jóvenes y las mozas, todos los cuales, hasta que se casan, sirven en las mesas.
La mesa principal está en la cabecera, desde la cual se divisa toda la concurrencia. En el lugar preferente se sienta el Sifogranto con su esposa y a continuación los más ancianos, sentándose por t~ das las mesas de cuatro en cuatro. Si en aquel barrio hay Templo, el Sacerdote y su esposa se sientan junto al Sifogranto. Así se van acomodando los más jóvenes junto a los mayores.
De esta manera se distribuyen por toda la sala, y dicen que lo hacen así para que la reverencia y autoridad de los mayores contenga el barullo y jolgorio propios de la gente joven, siendo así que no pueden decir o hacer nada sin que lo oigan o vean los ancianos desde cualquier parte.
Se sirve primero a los más ancianos, administrándoles lo que está mejor aderezado, y luego van sirviendo por igual a todos los demás.
En la comida y en la cena se lee alguna cosa moral, con brevedad, para que no sientan fastidió. Después de la lectura los ancianos animan pláticas sabrosas y decentes, sin hacer largos discursos, sino que procuran que hablen los jóvenes, contando que con la licencia de la comida se manifiesta el natural y las habilidades de cada uno.
Las comidas son más breves que las cenas, porque éstas van seguidas de sueño y del descanso, y ~í creen que se hace mejor la digestión. En la cena suena la música, y como postre comen frutan secas. Se recrean con buenos perfumes que se queman en, pebeteros, y utilizan todas las cosas que pueden ser del agrado de los que asisten, porque están persuadidos de que son lícitos todos los deleites que no acarreen inconvenientes.
De esta manera, pues, se relacionan en la Ciudad. Los que acude al campé, cada cual se acomoda con su familia, no faltando a ninguno lo necesario, como corresponde a aquellos de quienes se sustentan las Ciudades.
Si alguno desea visitar a unos amigos que residen en otra Ciudad, o tiene simplemente el deseo de ver otra Ciudad, con facilidad obtiene la autorización de los Sifograntos y Traníboros, a no ser que hubiera alguna dificultad de carácter público.
Van acompañados, con salvoconducto del Príncipe, en el que consta la fecha de salida y la de regreso. Se le proporciona un carro y un esclavo para que cuide y guíe los bueyes. Al llegar a su destino, si no llevan consigo a su esposa, hacen regresar el carro para quedar más libres.
No llevan provisiones de ninguna clase, ya que en todas partes las encuentran, como si estuvieran en su casa. En cualquier lugar donde se detengan más de un día, trabajan en su profesión y sus colegas les tratan humanísimamente, obsequiándoles de muchas maneras.
Pero al que sale de sus términos sin licencia ni salvoconducto del Príncipe, le tratan con mucho rigor y afrenta, castigándose este atrevimiento con severidad, obligándole a regresar, y penándole con diversos servicios, como fugitivo.
VIAJES Y OTRAS COSTUMBRES. ESTUDIOS
Si a alguno le complace el pasear dentro del Término Municipal de su Ciudad, le basta con que su padre le autorice y su esposa no se oponga; en cualquier caserío que llegue, antes que nada ha de ganar su comida ejecutando la tarea que se le señale antes de sentarse a comer o a cenar, según sea el horario de trabajo en aquel lugar. De esta forma puede andar por todo el Término de su Ciudad; y es tan útil a la colectividad como si no hubiera salido de ella.
Todo está dispuesto para que en ninguna parte haya ocasión para estarse ociosos, ni pretexto alguno para vagabundear.
No hay tabernas, ni casas públicas de mujeres deshonestas, ni nada que dé lugar a la corrupción de las costumbres. No existen lugares donde esconderse, ni se permiten conciliábulos; así, el estar a la vista de todos hace que el trabajo honesto aparezca como forzoso, de lo que resulta una gran abundancia de bienes de la que participan todos, con lo que no hay posibilidad de que existan necesitados ni mendigos.
COMERCIO IMTERIOR Y EXTERIOR
En el Senado de Ámauroto (al cual, como se ha dicho, acuden todos los años tres delegados de cada Ciudad) cuando se sabe que de ciertos productos hay abundancia en ciertos lugares, mientras que en otros las malas cosechas han motivado escasez, se ordena que la carencia de unos se remedie con la abundancia de otros.
Esto se hace sin interés alguno, sin recibir nada en pago de aquellos a quienes se da. Incluso ocurre que cuando una Ciudad que antes estuvo en la abundancia y pudo socorrer a otra, cuando se encuentra en necesidad no pide nunca a las Ciudades que ella antes socorrió, para que no parezca que quieren cobrar, sino que se dirigen a aquellas que no ayudaron nunca. Así, toda la Isla es como una gran familia.
Después de que, con gran atención, se han provisto ampliamente de todo lo necesario (lo cual estiman que se ha logrado cuando tienen provisiones para dos años), lo que les sobra lo llevan a otros países, como trigo, miel, lana, lino, cochinilla, conservas de pescado, pieles curtidas, cera, sebo, ganado vivo, etc. La séptima parte de lo que llevan para vender lo reparten entre los pobres de aquella tierra, y lo demás lo venden a precios moderados.
A su regreso llevan a Utopía gran cantidad de oro y plata, con algunas mercancías que necesitan y que no se producen en la Isla, que son pocas, siendo la principal el hierro. Con estas exportaciones continuas, los metales preciosos abundan más de lo que se puede creer.
Por todo ello no tienen excesivo interés en vender sus mercancías al contado, y fácilmente las ceden con pago aplazado para un día señalado; ello hace que su caudal, en una parte muy importante, esté en forma de letras de crédito. Sin embargo, nunca abren crédito a los particulares si no viene avalado por la Ciudad en la que se hace la entrega. Cuando vence el plazo, el deudor entrega la suma al erario público de aquel país, donde produce intereses hasta que lo retiran los de Utopía, los cuales nunca retiran todo el capital, ya que no tienen por justo el privar de ello a los que lo han menester.
Fuera de esto, si las circunstancias aconsejan dar dinero prestado a algún otro pueblo, entonces movilizan los créditos de que disponen. O cuando han de hacer guerra, porque es con vistas a esta calamidad que guardan los metales preciosos en sus casas, ya que ordinariamente la guerra la hacen a base de soldados mercenarios, a los que pagan con esplendidez, pues de buena gana prefiere que corran el riesgo los extranjeros que los de su nación; Sabiendo, además, que el dinero puede hacer de los enemigos amigos.
LOS METALES PRECIOSOS
Por todas estas razones conservan y amontonan un tesoro enorme, pero con tal desprecio, que temo que no he de ser creído si lo refiero; y lo temo tanto cuanto más seguro estoy de su certeza. Si yo no lo hubiera visto con mis propios ojos, con dificultad lo creería si otro me lo contara, por lo que me parece muy natural que lo dude quien no esté bien informado de sus ordenanzas y de su género de vida.
Pero quien juzgue las cosas con buen juicio, cuando conozca y vea que sus leyes y costumbres son tan diferentes de las nuestras, se maravillará menos de que el trato que se da al uso del oro y de la plata se acomode a la mentalidad de los de Utopía y no a nuestras costumbres. Ellos, ciertamente, usan estos metales, pero los guardan para sucesos que pueden acontecer, o no.
Sea como fuere, ellos no aprecian el oro más que por su valor intrínseco, ya que, ¿quién no reconoce cuánto más necesario es el hierro para servirse de él (sin el cual los hombres no pueden vivir, siendo tan necesario como el fuego y el agua) que el oro y la plata? El hecho es que de la utilidad que la naturaleza ha dado al oro y a la plata, los hombres podemos privarnos sin quebranto alguno; si no hubiera ocurrido que la ignorancia de los hombres les ha inducido a dar más valor, no a lo que es mas útil, sino a lo que es más escaso.
La naturaleza, como madre próvida, dispuso que las cosas mejores fuesen abundantes y fáciles de conseguir, como el aire, el agua y la tierra; y las viles y de ningún provecho las escondió más que aquellas que ayudan poco.
Por todo esto, si tales tesoros se guardaran en alguna torre a disposición del Príncipe y del Senado, la sagacidad de la malicia del vulgo podría venir en sospecha de que trataban de engañar al pueblo para usarlo en su propio provecho. Por ejemplo, al llegar ocasión de acuñar moneda para pagar a los mercenarios en caso de guerra, tienen por cierto que los poderosos pondrían dificultad en que se fundieran las vajillas y las joyas preciosas que tendrían para su propio deleite.
Para descartar estos inconvenientes discurrieron algo que, si por una parte encaja perfectamente en sus costumbres es completamente contrario a las nuestras, que con tanta diligencia guardamos el oro y en tanta estima lo tenemos. Esto no lo podrán creer ni comprender más que las personas de mente clara y despejada.
Su vajilla es de barro cocido y de vidrio, y es le único que usan para comer y para beber. Con el oro y la plata, tanto en los edificios colectivos como en las casas particulares, hacen orinales y bacinillas para las necesidades más inmundas. Además de esto, con tales metales construyen grillos y cadenas gruesas, para castigo y prisión de los esclavos, y para castigar los delitos más infames cuelgan zarcillos en las orejas del delincuente, y les llenan los dedos de anillos de oro, y con el mismo metal les hacen gruesos collares para el cuello, y también con oro hacen unos bonetes con los que les cubren la cabeza, en castigo de su delito.
Así, por todos los medios, procuran envilecer e infamar la estimación del oro y de la plata. Con lo que sucede que estos metales tan codiciados en las otras naciones, son tan despreciados en Utopía que aún perdiendo todo el oro y la plata que tienen, les parece que no han perdido nada.
En sus orillas se crían perlas, y en algunas rocas diamantes y carbunclos. Aunque no los buscan, si se los encuentran, no los desprecian y los trabajan. Con ellos engalanan a los niños, que en sus primeros años están muy contentos con tales galas. Pero cuando se van haciendo mayores, y se dan cuenta de que tales juguetes no son más que para niños, sin que sus padres se den cuenta, corridos y avergonzados, los dejan de lado, de la misma manera que entre nosotros se dejan los aros y las muñecas,
Yo mismo no podía entender claramente cómo podía ser que estos sentimientos tan contrarios a los que todas las demás gentes, estuvieran allí tan generalizados, hasta que presencié la llegada de los Embajadores de los Anemolios.
Llegaron éstos a Amauroto estando yo allí, y en razón de que venían a tratar asuntos de gran importancia, habían venido también para recibirles tres Delegados de cada Ciudad de la Isla. Los demás Embajadores de los países vecinos, conocedores de las costumbres de Utopía y sabiendo que no tenían ninguna estima por los trajes suntuosos y que menospreciaban las sedas y joyas, y que más bien las tenían por afrenta, acostumbrando a presentarse siempre con un traje modesto.
Pero Anemolio es un país lejano que tenía poca comunicación con Utopía, y aunque habían oído decir que todos usaban trajes toscos y sencillos, no creyendo que lo hacían por razones superiores, sino por necesidad, con más arrogancia que buen sentido tomaron la resolución de presentarse deslumbrantes de esplendor y de majestad, con gran aparato en el vestir y en el adorno.
Se presentaron tres Embajadores con un centenar de acompañantes, todos vestidos de diferentes colores, los más de ellos de seda. Los mismos Embajadores, por ser de los más nobles en su tierra, iban recamados de oro, adornados con cadenas y sortijas de gran precio, con cintillas de inestimable valor con muchas piedras preciosas guarnecidas de perlas. Todo con aderezos de oro labrado, que es lo que en Utopía sirve de castigo a los malhechores o de juguete a los niños más pequeños.
Era impresionante observar el engreimiento de los embajadores cuando cotejaban sus atavíos con la sencillez de los habitantes de Utopía, que hablan acudido en gran número y llenaban la plaza principal de la Ciudad. Y en otro aspecto no era menor mi impresión al observar cuán burladas se hallaban sus esperanzas, y de cuán lejos estaban de provocar la estima y la veneración que esperaban.
Verdaderamente que a los ojos de aquellos de Utopía que no había salido nunca de su país (que eran casi todos, excepto algunos que habían viajado por otros países por causa justa) aquella hermosura y esplendor aparatoso les parecía cosa afrentosa, de manera que a los criados más humildes les tomaban por los señores y les saludaban con mucha reverencia, y juzgando que los Embajadores eran esclavos por las muchas cadenas, sortijas y oro que llevaban, les dejaban pasar sin hacerles cortesía alguna.
Qué más diré, sino que pude observar que unos niños que ya habían dejado sus dijes y adornos de pedrería, al observar la cabeza de los Embajadores con sombreros y gorras llenos de joyas, decían a sus madres, dándoles con el codo:
- Madre, mira a este tonto que va cargado de perlas y joyas como si fuera un niño.
Ellas replicaban, muy serias:
- Calla, que éste debe ser uno de los bufones de los Embajadores.
Otros hacían comentarios acerca de las cadenas de oro, diciendo que no eran de ningún provecho, ya que eran tan delicadas que el esclavo podía romperlas con extrema facilidad, y tan flojas que cuando quisieran escapar podrían desprenderse de ellas y huir de la prisión.
Los Embajadores estuvieron allí dos o tres días y pudieron advertir la gran abundancia de oro que había sin estimación alguna, y que allí lo despreciaban tanto como en su país lo estimaban, notando además que en las cadenas y grillos de un solo esclavo había más oro y plata que en todo el aparato de los tres Embajadores juntos; se avergonzaron de aquel orgullo que ostentaron con tanta arrogancia, especialmente después de que trataron con más familiaridad a los de Utopía y pudieron hacerse cargo de sus instituciones, sus costumbres y su modo de vivir.
Los de Utopía se maravillaban de que un hombre cuerdo pudiera arrobarse ante el vano resplandor de, una piedrecilla, pudiendo mirar la hermosura y belleza de los Astros, y aún del mismo Sol. O de que hubiera hombres tan vanos que se figuren que son más nobles porque vistan telas más finas y lujosas, cuando la verdad es que la más fina lana tuvo su principio y se crió en la oveja.
También se maravillaban de que en todas partes se tenga tanta estimación por una cosa que es tan inútil por su naturaleza, como el oro, de tal manera que hombres sin sentido, y malvados, y necios, que porque les cupo en suerte poseer mucho oro son honrados y respetados de todos, y aún tienen a hombres sabios y honrados como a servidores suyos. Y si se presenta un revés de fortuna, resulta que aquel hombre respetado y temido queda como un esclavo; y así el valor de los hombres se mide por el oro que poseen.
Además de esto, abominan mucho más la locura, de aquéllos que a los que saben son ricos (aunque no, les deban nada ni tengan obligación ninguna con ellos) les honran tanto que falta poco para que los reverencien como a dioses. Y esto ocurre aún sabiendo que son tan egoístas y avaros que de su gran tesoro jamás se verán socorridos en lo más mínimo, aunque se hallen en la mayor necesidad.
Estos criterios los han adquirido con la educación que recibieron por haberse criado en la República de Utopía, cuyas ordenanzas son tan diferentes de las de otros países que se basan en la ignorancia y en el error.
LOS ESTUDIOS
Aunque no son muchos los que en cada ciudad se dedican únicamente al estudio libres de los demás cuidados, con todo son muchísimos los que desde sus primeros años, por su buen natural, agudeza de ingenio, y ánimo inclinado al estudio, se instruyen en las buenas letras. Y no solamente los hombres, sino también las mujeres, durante el transcurso de su vida dedican al estudio gran parte de las horas libres de sus labores profesionales.
Toda la enseñanza se da y se recibe en su propio idioma natural, que interpreta sus sentimientos y estados de ánimo mejor que cualquier otro.
De todos los filósofos célebres en todo el orbe conocido por nosotros no tenían noticia, ni de ninguno de ellos les había llegado la fama hasta ahora, al llegar nosotros a la Isla. A pesar de esto, en la Música, en la Dialéctica, en la Aritmética y en la Geometría están prácticos, y con una suficiencia análoga a la de nuestros mayores.
En el curso de las estrellas y movimientos de los astros son muy prácticos, y han construido instrumentos de formas diversas con los que miden con exactitud los movimientos del Sol, de la Luna, y de las Estrellas en el horizonte.
No aprecian las conjunciones y oposiciones de los astros en relación con los acontecimientos felices o adversos, ni la astrología, ni las adivinaciones, que estiman engañadoras o burladoras.
Por la experiencia de muchos siglos conocen ciertos fenómenos que con anticipación les señalan los vientos, las lluvias y sequías, y demás mudanzas del tiempo. Pero acerca de las causas y orígenes del mundo y de sus fenómenos, los hay que dan razones parecidas a las de nuestros filósofos antiguos, y lo mismo que ocurría con aquéllos, hay opiniones para todos los gustos.
En cuanto a la Filosofía Moral tratan de los. mismos temas que nosotros referentes al hombre, pero su tema primero y principal consiste en examinar la felicidad del hombre, y si ésta estriba en una sola cosa o en varias. Se inclinan más de lo justo en creer que la felicidad del vivir consiste en el deleite, y se sirven para esto de la Religión, que para ellos es grave y severa.
Sus fundamentos son que el alma es inmortal, creada por la bondad de Dios para la bienaventuranza; que existen premios para la virtud y buenas obras de los hombres, así como castigos para las maldades. Aunque esto es lo que enseña su Religión, estiman que para creerlo, o no, hay que concordarlo con la recta razón.
Si no se tienen estos principios, afirman, que no habrá nadie tan necio que no busque su placer, aunque sea por medios injustos, advirtiendo solamente que un placer menor no sea impedimento para un placer mayor, o que lo ejecute y goce con él de manera que después no tenga que arrepentirse.
El seguir las dificultades y asperezas de la juventud huyendo de lo suave de la vida, abrazando voluntariamente las molestias y pesares que lleva consigo la justicia, afirman que es una locura si no se cree en el más allá. Porque, ¿qué sentido puede tener todo esto si una vez terminada la vida no hay ninguna recompensa?
Estiman que la felicidad no está en cualquier deleite, sino en los justos y honestos. Aseguran que nuestra naturaleza se deja llevar a este mismo deleite como sumo bien, por medio de la virtud. La virtud la definen diciendo que consiste en vivir según la Ley Natural, y que para esto fuimos creados por Dios; y que este camino lo sigue aquel que para tomar o dejar las cosas se ajusta a la recta razón.
Sienten finalmente que la razón inflama a los hombres en el amor y veneración a la Divina Majestad, a la que se debe el ser que tenemos, y el que seamos capaces de la propia felicidad, y que nos alienta para que pasemos la vida alegre y sin trabajos. A este intento hemos de mostrarnos agradecidos a la naturaleza ayudando a los demás para que gocen de lo mismo.
Porque no puede haber nadie tan severo defensor de la virtud y enemigo del deleite que enseñe a sufrir los trabajos, desvelos y pobreza de tal manera que llegue a aconsejar que no conviene que se remedien las necesidades y miserias. Antes bien, todos juzgan que debe alabarse, con nombre de "Humanidad", el que los hombres se consuelen, socorran y remedien unos a otros. ¿Quién duda de que la misma naturaleza inclina a los hombres a hacer con los demás igual que consigo mismo?
Pues si ello es así, no hemos de ser menos favorables con nosotros mismos que con los demás. Ni tampoco el querer ser bienhechor de los demás puede obligar a ser inhumano consigo mismo.
Siendo cierto que la proximidad convida a los hombres a que se ayuden unos a otros para poder gozar todos de una vida deleitosa y apacible, la misma naturaleza manda que no se atiendan tanto las propias conveniencias que se ocasione el malestar de los demás, porque en el linaje humano no hay ninguno tan superior que todo haya sido hecho para él.
Tienen por cosa muy importante no sólo que se cumplan los contratos que libremente se hacen entre particulares, sino también el cumplimiento de las leyes dictadas por un Príncipe justo, o que el pueblo no tiranizado ni engañado estableció de común consentimiento acerca de las comodidades de la vida; es decir: que todos disfruten de toda clase de beneficios y deleites. Si no se quebranta esta regla, se da por cierto que cada uno buscará su comodidad y el bien de los demás.
Pero si uno para hacer su gusto intenta privar a otro de su propio deleite, comete una verdadera injuria. Y al contrario: si uno se priva a sí mismo de algo bueno para darlo a los demás, es humanitario; y es cosa cierta que tal acción nunca priva de tanto bien como reporta, porque se compensa con el retorno de otros beneficios. Además de que el conocimiento de la buena obra, con el recuerdo de la gratitud de aquellos a los que se ha beneficiado, trae el ánimo un deleite mayor que el que habría experimentado con aquello de que se privó.
Finalmente, como la Religión enseña a los hombres que Dios premia con el gozo eterno la privación de placeres efímeros, esto les persuade en su creencia de que todas nuestras acciones, incluso las virtudes, tienden al deleite como a su último fin.
Llaman deleité al estado en que se hallan contentos con los gustos naturales, con firmeza del cuerpo y del ánimo. Con razón dan como compañero de la naturaleza al apetito; pero también la recta razón señala que debe ser sin molestia para otros, ni que sea motivo para perder un deleite superior; y que no conduzca a fatiga.
Consideran que son inútiles y nocivos para la felicidad aquellas cosas que los hombres tienen por agradables, pero que son contrarias al orden natural. Estos falsos deleites se van apoderando de la mente humana y la incapacitan para gozar de los deleites verdaderos. Así ocurre con los que se dejan llevar de la codicia, que por su propia naturaleza no es cosa suave y deleitosa, sino que origina amargura y pesar, y con todo, sus perversos atractivos seducen de tal manera que no solamente se ponen los motivos de deleite en la codicia, sino que se considera como el principal atractivo de la vida.
También tienen por personas que buscan falsos deleites a aquellas a que antes me referí, que creen que ir mejor vestidos que los demás les hace mejores que ellos, y en una sola cosa cometen dos yerros: el primero es que se engañan a sí mismos pensando que sus vestidos son mejores, ya que ¿qué diferencia hay entre una lana tejida con fibras más finas y otra con hilos más recios? Pero ellos, como si esto aumentara el valor de su persona, se envanecen con soberbia, y están seguros de que ello les ha de granjear mayor estimación, pretendiendo exigir, como cosa justa, que se les honre con acatamientos que no se atreverían a pretender si vistieran humildemente; y si no se hace caso de ellos se indignan.
El segundo yerro que cometen es que se, jactan da cosas vanas y superfluas, con gran falta de conocimiento. ¿Qué deleite natural y verdadero puede haber en que otra persona esté con la cabeza descubierta en tu presencia, o con la rodilla hincada? ¿Acaso la incomodidad del otro remediará el frenesí de tu cabeza, o curará la enfermedad de tus ojos?
En esta aparente y falsa imagen de deleite afectado se desvanecen aquellos que se presentan así mismos como nobles y poderosos por la sola razón de ser hijos de sus padres, cuyas riquezas heredaron (ya que la nobleza no es otra cosa que virtud y riquezas envejecidas), y se figuran que no son menos nobles que el que más, aunque sus mayores no les hayan dejado un céntimo, o hayan gastado malamente lo que les dejaron.
Incluyen también en esta categoría de personas que buscan deleites engañosos a aquellos que se dejan llevar por el brillo y la hermosura de las joyas y piedras preciosas, y se consideran felices cuando adquieren una de gran valor, de las que en aquel tiempo más se usen y estimen, ya que el aprecio varía según los tiempos. Cuando compran la piedra preciosa exigen juramento del que la vende de que es buena, porque ellos no saben distinguir la verdadera de la falsa. Son como ciegos, que han de guiarse por los demás.
También aquellos que guardan riquezas amontonadas, no para aprovecharse de ellas, sino sólo por deleitarse con su contemplación. ¿No es éste un fingido y falso deleite?
A estos gustos necios y deleites tan vanos, juntan otros cuya locura conocen de oídas y no por propia experiencia, como son los juegos de azar, y la caza de cetrería y montería. ¿Que deleite y gusto tiene el arrojar los dados en un tablero? ¿O el oír ladrar a los perros? ¿Qué mayor deleite puede proporcionar el ver correr un galgo tras una liebre, que un perro tras otro perro? Si el deleite consiste en ver despedazar y matar aquel animalejo, antes debería mover a piedad la liebrecilla fugitiva, tímida e inocente, al ser atormentada por el galgo feroz y cruel.
Por todas estas consideraciones los de Utopía tienen completamente prohibida la caza, como menester propio de carniceros; profesión que han relegado a los esclavos. Cuando se caza por la necesidad de la vida humana el cazador toma gusto en la muerte de la pieza, y esto - dicen - es propio de un ánimo dispuesto a la crueldad.
Estas cosas, y otras muchas, aunque el común de los hombres las tenga por deleites, ellos, viendo que no son conformes a la naturaleza, juzgan como cosa cierta que carecen de la suavidad del verdadero deleite. Aunque reconocen que estas cosas recrean los sentidos, no quieren renunciar a su opinión, afirmando que no consiste en la naturaleza de la cosa, sino en una estragada mala costumbre que ha degenerado en vicio, lo cual hace que las cosas amargas se tengan por dulces.
Dicen que lo mismo que a ciertas mujeres embarazadas se les corrompe el gusto del paladar y saborean la pez y el sebo como si fueran más dulces que la miel, así el juicio estragado y pervertido (ya sea por enfermedad o por mala costumbre) tampoco puede mudar la naturaleza de las cosas y, por tanto, su deleite natural.
En cuanto a los deleites que tienen por sanos y verdaderos, los subdividen en diferentes especies.
Como deleite del alma ponen el entendimiento y aquella dulzura, que procede de contemplar la verdad, juntando a ello la memoria de haber vivido bien.
El deleite del cuerpo lo dividen en dos aspectos: uno que recrea lo sensible y restaura la vitalidad que hay en nosotros fomentándose con la comida y la bebida, así como en otras ocasiones expulsando aquellas cosas de cuya abundancia está lleno el cuerpo, como evacuando el estómago o en la generación, o dando satisfacción a algún prurito, en cuyos casos se goza de un deleite natural. Hay otro deleite que no responde a ningún deseo de los sentidos, sino a una fuerza oculta que produce delectación, y es la Música.
La otra especie de deleite corporal es el que consiste en la quietud y el sosiego de un cuerpo sano y normal, no interrumpida por ningún achaque. Ello por sí mismo causa gran gusto, aunque no le venga del exterior ningún deleite y suavidad. Porque aunque no se manifiesta por los sentidos, como el desordenado apetito de comer o de beber, muchos sostienen que es el mayor de los gustos.
Por todo ello, los de Utopía sostienen que este deleite, además de ser grande, es la base y el fundamento de todos los demás, sin el cual no hay deleite alguno, ya que es el que hace agradable la vida y digna de ser deseada. Aunque no haya dolor, si falta la sanidad los deleites aparentes antes se pueden tener por estupor que por solaz.
La opinión de los que decían que la salud entera y perfecta no se puede considerar como un deleite, porque no puede afirmarse que existe si no se experimenta con algún movimiento exterior, ya hace tiempo que la tienen por incierta, habiendo disputado esta cuestión muy detenidamente.
Así ahora, por el contrario, todos afirman que la salud perfecta es el principal deleite, indicando que el dolor y la enfermedad es el principal enemigo del deleite. ¿Qué gusto puede haber donde la salud falta?
Imaginan que carece de importancia el dilucidar si el dolor proviene de la enfermedad o la enfermedad del dolor; porque ya sea lo uno o lo otro, lo cierto es que lastima y atormenta, y que a quienes tienen salud cumplida no puede faltarles deleite.
Dicen que cuando nos alimentamos con la comida se restaura la sanidad, que por el hambre empezaba a debilitarse, y al recobrar el vigor habitual experimentamos, el gusto del alimento, tanto más cuanto más robusta es la salud. Por todo ello estiman que es falsa la afirmación de que la sanidad no se siente, lo cual no puede acontecer en ninguna persona que no esté privada de sentido y, por consiguiente, que esté sana
Prefieren, antes que otros, aquellos deleites del ánimo, por estimarlos los principales, ya que se derivan de la virtud y de la buena conciencia, y hacen que la sanidad se tenga por el máximo solaz, que aventaja a los mayores deleites.
No quieren que se desee el manjar ni la bebida ni otros apetitos semejantes, sino para conservar la salud, ya que por sí mismas tales cosas solamente son agradables en cuanto ayudan a sostener, la vida. El que es prudente trata de conservar la salud más que de apetecer la medicina, y apartar los sufrimientos antes que buscar los deleites. Las medicinas y las distracciones sólo se justifican para conseguir el alivio de los males.
Si alguno con el deleite de las medicinas y de las distracciones se tiene por bienaventurado, tendrá que confesar que será tanto más feliz cuanto más perseguido se vea por el hambre, la sed y los pruritos, y ¿quien no ve que esto es miserable y asqueroso?
Estos son en verdad deleites ínfimos y bajos, pues no se refieren a sí mismos, sino que aparecen con la presencia de los dolores contrarios. El placer de la comida siempre va acompañado del hambre, aunque no con igualdad, ya que cuanto mayor es el hambre tanto más dura el dolor, aun antes del deleite, y no se acaba sino juntamente con él.
Por ello son de opinión de que tales deleites no se deben estimar sino cuando la necesidad los pide. Con todo, tienen gusto en ello y reconocen con gratitud que es un regalo de la naturaleza, la cual atrae con suavidad a los efectos de aquello que se hace a causa de la necesidad; ya que si los males de la sed, el hambre y demás que nos afligen, se tuvieran que remediar con purgas y con medicamentos amargos y desabridos... ¡con qué malestar y congoja se viviría!
De buen grado consideran como excelentes ciertos dones de la naturaleza, como son la hermosura, las fuerzas, la destreza... Y asimismo aprecian y buscan otros solaces que por medio de los sentidos pasan al ánimo, y que son propios del hombre, ya que ningún animal goza con la belleza del mundo, ni aprecia los dolores sino únicamente lo necesario para discernir su alimento, ni se deleite con las modulaciones del sonido.
En todas las cosas buscan la medida, para que un deleite menor no impida otro mayor, o que del deleite no provenga dolor, lo cual ocurre siempre que el deleite no es honesto. Pero el no hacer aprecio de la belleza, o descuidar las fuerzas, o derivar la habilidad en torpeza, o extenuar el cuerpo con ayunos, y cosas por el estilo, lo reputan (a no ser que se trate de salvar la República), como una, ceguera, y como algo que nace de un ánimo cruel e ingrato a la naturaleza, de la que rehusa los beneficios como si tuviera menos el serle deudor. Y de una manera especial si se hacen estas cosas por una vana sombra de virtud, o para estar preparados para una posible adversidad, que tal vez no llegara nunca.
Tales son sus opiniones acerca del deleite virtuoso, y están seguros de que la razón humana no podrá discurrir nada que sea más verdadero, a no ser que aparezca una Religión milagrosamente revelada por el Cielo que inspire a los hombres una cosa más santa. En cuanto a sí sus sentimientos son ajustados a la razón, o no, hemos de dilucidarlo nosotros, que únicamente nos hemos propuesto explicar su género de vida, pero no defenderlo. Sea ello como fuere, yo estoy persuadido de que en ninguna parte del mundo existe ningún pueblo que sea más floreciente ni más feliz.
CUALIDADES Y CULTURA
Su complexión y disposición corporal es ágil y robusta, con fuerzas proporcionadas a su estatura, que no es de pequeña talla.
Aunque el terreno es bastante árido y el ambiente no es muy sano, con la moderación de su vivir se conservan sanos, y con su trabajo vencen la esterilidad de la tierra, de manera que en ningún lugar habrá más copiosos frutos, ni animales domésticos mejor alimentados, ni los cuerpos humanos más vivaces y activos, y menos sujetos a achaques.
Ello es de tal manera, que no solamente los cultivos habituales de los labradores se ven cuidadosamente administrados, como es el mejorar las deficiencias del terreno con ciencia, solicitud y cuidado, sino que además se ven grandes selvas arrancadas de una parte y trasplantadas a otra, en lo que no solamente miran a la producción, sino también al acarreo, para que Ja madera se halle más cerca del mar, o de los ríos, o de la misma ciudad; ya que el grano y los frutos se transportan desde lejos por caminos con mayor comodidad que las maderas.
Son benignos y apacibles, amantes de la tranquilidad; son firmes en sus trabajos, de manera particular en los estudios, con los que adornan su espíritu. Habiéndonos oído discutir de la Filosofía y demás disciplinas de los griegos antiguos, es cosa notable el señalar con cuánta afición nos instaron a que se lo expusiéramos para poderse enterar de ello.
Con este objeto empezamos por exponerles los principios fundamentales, para que no les pareciese que rehuíamos el trabajo, e esperando gran aprovechamiento del mismo. Tan pronto como empezamos nos dimos cuenta de que no sería un trabajo en vano, ya que empezaron a escribir en griego y a pronunciar las palabras con gran facilidad, recordando y repitiendo con tanta prontitud y fidelidad que estábamos maravillados.
Una gran parte de ellos no lo hicieron solamente por un impulso de su voluntad, sino que por un acuerdo del Senado se dispusieron a aprender todas estas cosas. Los estudiantes se escogieron entre los que tenían un ingenio más excelente y de sazonada edad, de manera que en menos de tres años no ignoraron nada de lo que nosotros podíamos enseñarles.
Leían sin tropiezos los buenos autores si las erratas de la imprenta no b dificultaban. Me imagino que la razón por la que captaron con más facilidad las letras griegas que las nuestras es porque aquéllas son más parecidas a las suyas; yo supongo que este pueblo debe tener su origen en los griegos; ya que en su lenguaje hay muchas palabras griegas, sobre yodo en las que designan a los Magistrados y a los nombres de las Ciudades, aunque en lo demás hay una grande influencia persa.
Pude procurarles la mayor parte de las obras de Platón y muchas de Aristóteles; también las obras de Teofrasto sobre las plantas, aunque a este tratado le faltaban bastantes hojas, que bien lo sentí. Ocurrió que en la nave embarqué unos fardos de libros, y un mono amaestrado que iba a bordo cogió el libro de Teofrasto que yo había dejado descuidado, y empezó a jugar con él arrancándole hojas.
De los que escribieron Gramática sólo tienen a Constantino Lascan. No llevé conmigo ningún Diccionario, excepto el de Hesichio y Dioscórides. Tuvieron en mucha estima las obras de Plutarco, y celebraron en gran manera los donaires y gracias de Luciano. De los poetas estimaron Aristófanes, Homero y Eurípides. De los historiadores eligieron a Tucídides, Herodoto y Erodiano. En cuanto a Medicina, mi compañero Tricio Apinato llevaba consigo algunas obras de Hipócrates y el Epílogo de Galeno; de ellas hicieron un gran aprecio. Aunque no hay gente en el mundo que necesite menos que ellos del arte médico, lo tienen en verdadera veneración, ya que lo cuentan entre las partes más hermosas y útiles de la Ciencia, ya que con su ayuda penetran las cosas más íntimas y secretas.
En el conocimiento de todas estas cosas no solamente sacan un gran deleite, sino que además encuentran en ello motivo de gratitud al Sumo Hacedor de todo lo creado, al cual consideran como Supremo Artífice que nos dejó esta máquina del mundo para que el hombre la contemplara, ya que es el único ser creado que es capaz de este conocimiento. Están convencidos de que el Señor ama más a los que andan curiosos y solícitos tras estos conocimientos de sus obras, que los impulsan a admirarle más, que a aquellos otros que semejante a animales sin entendimiento ni conocimiento, desprecian tan grande y admirable espectáculo.
El talento de los de Utopía ejercitado en el estudio tiene gran facilidad para inventar artificios útiles para la comodidad de la vida; pero dos de ellos los deben a nuestra presencia allí, que fueron la imprenta y el papel.
Aunque a decir verdad se lo deben en gran parte a ellos mismos, ya que mostrándoles libros impresos por mi compañero Aldo Manucio, al hablarles de ello, más que explicándoles la manera de trabajar la pasta y formar el papel, así como el arte de imprimir (ya que entre nosotros no había ninguno que conociera completamente estas técnicas), ellos mismos, con gran brevedad y prontitud, lo conjeturaron todo, siendo así que antes solamente, escribían en un pergamino al que llamaban papiro.
Intentaron y consiguieron fabricar papel e imprimir letras en él. Es natural que los primeros intentos no salieron con primor, pero repitiendo los ensayos muchas veces, en poco tiempo consiguieron lo uno y lo otro, y con tan gran aprovechamiento que si hubieran tenido más originales de los griegos no les faltarían copias. Ahora no tienen más obras que las que he referido y todas las han impreso en ediciones muy extensas.
A cualquiera que sea persona culta y que haya viajado, si llega a la Isla de Utopía para conocer su modo de vida y sus instituciones, le acogen con benignidad, pues oyen con gusto lo que pasa en naciones lejanas.
A este país van con poca frecuencia los comerciantes, ya que solamente les interesa (a los de Utopía) el hierro y aquello que los comerciantes buscan con más empeño llevarse, que es el oro y la plata. Aparte de que ellos estiman que es mejor que sean ellos mismos los que vayan a comprar y a vender sus cosas al extranjero que esperar que otros vengan. Con lo cual adquieren mayor conocimiento de otros países y se perfeccionan en el arte de la navegación.
LOS ESCLAVOS
No tienen por esclavos a los que hacen prisioneros en la guerra, ni siquiera a aquellos que les atacaron injustamente, ni a los hijos de los esclavos, ni a ningunos otros que estén en servidumbre en otras naciones, aunque los pueden comprar.
Unicamente tienen como esclavos a aquellos que por algún delito han incurrido en la pena de esclavitud, ya sean naturales de Utopía, ya sean extranjeros, lo cual ocurre frecuentemente.
Les hacen trabajar duramente, y los tienen en prisiones, con trato riguroso, juzgando que son incorregibles y merecedores de más graves castigos ya, que habiendo sido educados tan cuidadosamente en la virtud, no se han podido abstener del vicio. También existe, allí otra clase de servidumbre, integrada por algunos extranjeros acostumbrados al trabajo, sin recursos y de baja condición, que se ofrecen para servirles. A estos les tratan benignamente, y les tienen por poco menos que como ciudadanos, aunque les dan trabajos más pesados. Si alguno quiere despedirse (lo que ocurre raras veces) no lo retienen contra su voluntad ni lo despiden sin galardón.
LOS ENFERMOS
A los enfermos los asisten con grandes atenciones y cuidados, no dejando de emplear ningún medicamento ni ningún régimen que sea útil para restituirle la salud que le falta. Si alguno padece enfermedad crónica, le hacen compañía, entreteniéndole con la conversación y prodigándole toda clase de cuidados para aliviarle.
Si la enfermedad es incurable, con, grandes y constantes dolores, los Sacerdotes y el Magistrado le visitan y confortan, tratando de persuadirle de que hallándose inepto para los actos de la vida, molesto a los demás y pesado a sí mismo, que no se rebele contra su pronto fin queriendo alimentar la maligna enfermedad. Que siendo su vida un tormento, no dude en morir, antes bien lo desee con la confianza de tan miserable estado, ya sea quitándose él mismo la vida o pidiendo que se la quiten, ya que al morir no dejará comodidades, sino la peor miseria.
Además de esto (siguiendo el consejo de los Sacerdotes, intérpretes de la voluntad de Dios) los que se dejen persuadir realizarán una obra santa y pía dejándose morir de inanición, o pidiendo que les quiten la vida mientras duermen. A nadie hacen morir contra su voluntad, ni les disminuyen los cuidados durante la enfermedad mortal, persuadidos de que ejecutan una ocupación muy virtuosa. Pero si alguno se mata sin el consentimiento de los Sacerdotes y del Magistrado, no le dan sepultura y arrojan su cuerpo a una laguna.
EL MATRIMONIO
Las mujeres no se casan hasta los doce años, y los hombres hasta los dieciséis.
Si antes del matrimonio son sorprendidos en actos de deshonestidad son castigados gravemente y privados perpetuamente del matrimonio; a no ser que el Príncipe, movido de piedad, les perdone el yerro con un fuerte castigo, previendo que pocos se casarían voluntariamente con la obligación de cohabitar con una sola mujer y tolerar las molestias del matrimonio, si se les consintiera (aunque fuera una sola vez) el comunicarse con ésta o con aquélla.
En la elección conyugal emplean un sistema que me pareció muy chocante, pero que ellos lo tienen por muy prudente. Una mujer mayor y de buena fama manifiesta a la doncella (o viuda) al futuro esposo completamente desnuda, y lo mismo hace un grave varón con el novio ante la novia.
Al criticarles yo esta costumbre por parecerme impropia, me respondieron que ellos se maravillaban de la locura de la gente que cuando compran un caballo, que al fin y al cabo es cosa de poco precio, van con tanto cuidado que lo quieren ver sin la silla de montar, para cerciorarse de que debajo de ella no existe ninguna matadura; y cuando eligen esposa que puede dar solaz o fastidio durante toda la vida, son tan negligentes que se contentan con verla toda cubierta y envuelta, sin conocer más que su rostro, en el que todavía podría esconder algún defecto que después le descontentaría de haberla elegido.
No todos son tan prudentes que atienden principalmente a las costumbres, sino que aun entre los matrimonios más instituidos y cultos los atractivos del cuerpo hacen más gratos los del ánimo. No hay duda de que existen imperfecciones que pueden esconderse debajo del vestido, y que pueden motivar que la mujer resulte odiosa al marido. Esto debe prevenirse por las leyes para que no haya lugar a engaño, ya que ellos entre las demás naciones hacen al matrimonio indisoluble, y no admiten el divorcio más que en caso de adulterio o por alguna otra intolerable molestia, o defecto. En tal caso, el Senado concede al inocente el derecho a volverse a casar, y el culpable queda infamado y privado del matrimonio por toda la vida.
No quieren que la mujer que no ha delinquido sea repudiada contra su voluntad, aunque cayese en alguna calamidad accidental del cuerpo, por parecerles crueldad que se abandone a la persona cuando necesita consuelo, y porque la vejez, que lleva achaques consigo, sería desdeñada del consorte.
Algunas veces sucede que cada consorte encuentra con quien vivir más suavemente, y entonces pueden los dos separarse y contraer nuevo matrimonio con permiso del Senado, que no admite el divorcio si primero no se conocen sus causas. A esto se accede con dificultad, para que nadie espera poder mudar de matrimonio fácilmente.
Castigan a los adúlteros con durísima esclavitud, y si ambos lo son, se les concede que se casen. Pero si el cónyuge ofendido ama tanto al ofensor que no quiere hacer divorcio, no le impiden que continúe en el matrimonio y comparta la esclavitud del condenado. Y muchas veces ha sucedido que el solicito sufrimiento del inocente ha obtenido la libertad del culpado. Pero si después de este perdón vuelve a reincidir en adulterio, es condenado a la pena capital.
PENAS Y CASTIGOS
A las otras culpas no les tienen señalados castigos, sino que según sea el delito se le impone la pena más o menos grave, a criterio del Senado.
Los maridos castigan a las mujeres y los padres a los hijos, a no ser que cometan un grave delito que deba castigarse públicamente.
Casi todos los delitos son castigados con servidumbre, lo cual es más proporcionado a la maldad y a la administración de la República que el quitarles la vida, ya que ayudan más con el trabajo que con la muerte, y con su ejemplo constante aperciben a los otros a guardarse de semejantes culpas. Pero si reducidos a esclavitud son inobedientes y perversos, como a bestias indómitas los matan.
Los que son sufridos no están fuera de esperanza si tolerando el trabajo y las fatigas manifiestan que les desagrada más el pecado que el arrepentimiento, les suelen liberar de la servidumbre, por autoridad del Príncipe o favor del Pueblo.
No castigan menos al que ha provocado a alguna persona a lujuria que si hubiese cometido d delito, pareciéndoles que la voluntad determinada a pecar, aunque no se lleva a efecto, es merecedora del mismo castigo.
Se divierten con los "bobos", pero a nadie le es lícito causarles daños o injuria. No se dan cargos a los que no gustan de sus chirigotas, temiendo que después los tratarían mal. No se permite escarnecer a los simples de espíritu, o a los bobos, por no parecerles puesto en razón la burla o la mofa de tales deficiencias que ciertos hombres padecen sin culpa suya.
Así corno tienen por negligencia y dejadez el no conservar la hermosura natural, igualmente condenan a quienes con afeites y aderezos procuran exageradamente el aumentarla. Tienen por cierto que la mujer es más grata al marido por la bondad de sus costumbres que por ninguna aparente belleza corporal.
No solamente se apartan de las maldades por temor al castigo, sino que son incitados a la virtud por lo egregio de los honores. En las plazas levantan estatuas a los ilustres varones que realizaron empresas provechosas para la República, para que se conserve la memoria de las obras insignes, y las nuevas generaciones se sientan exhortadas a la virtud.
Si alguno pone de manifiesto que desea algún cargo de mando, o de Magistrado, basta esto para que quede del todo privado de él.
Viven en unidad y amigablemente, porque los Magistrados no son engreídos. Se hacen llamar padres, y se portan como tales, por lo que el pueblo los respeta con agrado.
El Príncipe no se diferencia de los demás con diadema o corona; el único distintivo es que llevan delante de él un manojo de espigas. Al Pontífice lo acompañan con una antorcha.
- Tienen pocas leyes, y. abominan a los pueblos que llenan volúmenes y volúmenes con glosas, reglamentaciones, órdenes y disposiciones. Consideran como una iniquidad el obligar a los hombres con tantas leyes que no se pueden siquiera leer todas, y tan complicadas que no son inteligibles.
No admiten que haya abogados, porque quieren que ante los Tribunales cada parte exponga su razón, ya que de esta manera se habla menos y se llega mejor a la verdad cuando se expone sin exuberancia de palabras.
Los jueces despachan las causas con solicitud, y favorecen sistemáticamente a la gente sencilla contra los astutos y malignos.
Así ocurre que en Utopía todos son jurisconsultos, porque tienen pocas leyes, y todos están pendientes de la interpretación más sincera que se les pueda dar, ya que las deducciones sutiles no pueden ser entendidas por todos, lo cual sería contra la aplicación de las leyes, que se dictan para que a todos sean manifiestas.
Los pueblos vecinos que viven libremente (porque muchos han sufrido la tiranía), movidos por el ejemplo de Utopía, les piden Magistrados por un año, pero suelen estar cinco. Cuando han cumplido su cometido regresan honrosamente a sus casas, y vuelven otros. Con ello estos pueblos mantienen de una manera excelente la salud de su República, ya que el bienestar o la ruina de las naciones dependen en gran manera de las costumbres de los Magistrados. La elección de estos enviados es cuidadisima, y no se doblegan ante ningún interés. Además, como han de volver a la Patria, y no conocen a los que gobiernan, no es fácil que se les persuada para que actúen contra razón, o para que cometan injusticias. Cuando estos dos males: la pasión y la injusticia, se apoderan de los jueces, pervierten la autoridad y debilitan todos los órganos de la República.
Utopía tiene por aliados a aquellos pueblos a los que envía Magistrados, y por amigos a los que han hecho beneficios. No se unen en confederaciones y alianzas, como hacen otras naciones, que tan aficionadas son a pactarías y a renovarlas. ¿Por qué hemos de confederamos - dicen -, si basta la común naturaleza humana para conciliar a los hombres entre sí? Y si esto no basta, ¿podrán prevalecer las palabras? Aparte de que los tratados de paz y los convenios se observan poco fielmente entre los Príncipes de aquellos países.
En Europa, debido principalmente a la fe en Cristo, las alianzas se guardan inviolablemente, en parte por la rectitud y bondad de los Príncipes, y en parte por la reverencia y el temor a los Sumos Pontífices, ya que si se comete algún desmán que contravenga la Religión, ordenan a los otros Príncipes que mantengan su palabra y con la severidad de las censuras obligan á los contumaces a guardar la fe, teniendo como a vituperable desprecio el que no se observe la fe en las alianzas de los que a sí mismos se denominan fieles.
Pero en aquellos países tan distantes del nuestro, como distintos en las costumbres, como no pueden hacer las alianzas con tantas ceremonias y sacramentos, siempre se halla alguna ambigüedad en las palabras que las expone al artificio y a la interpretación, y por esta causa cualquier alianza que se haga siempre corre el riesgo de romperse al menor pretexto.
Yo estoy convencido de que los de Utopía no hacen confederaciones, no porque los Príncipes de aquellos países sean poco observantes de la palabra dada, sino por creer que aunque los tratados fuesen observados con toda puntualidad, no conviene hacerlos porque tales confederaciones convertirían en enemigos a pueblos limítrofes. Creen que no se debe tener por enemigo más que a aquellos de los que se ha recibido agravio; y que vale más la unión natural ante la injuria que las confederaciones, ya que los hombres se unen con más decisión y firmeza cuando los ánimos están dispuestos que a. base de palabras y de alianzas.
LA MILICIA
Abominan en gran manera la guerra como cosa bestial, ya que ni las fieras más fieras la hacen tanto como el hombre. Por ello, y al revés de lo que ocurre en todas partes, nada tienen por tan infame como la gloria adquirida por las guerras.
A pesar de dio, de ordinario se ejercitan en la disciplina militar en días y lugares señalados para este objeto, no sólo los hombres, sino también las mujeres, para que si se presenta la necesidad no les halle sin preparación.
Nunca emprenden la guerra inconsideradamente, sino sólo para defender sus fronteras o para ahuyentar a los enemigos de sus territorios, o para liberar de la servidumbre a algún país amigo y ponerles en libertad, haciendo esto movidos por la compasión, sin otro fin que la fidelidad a su sentido humanitario.
Aunque por agradecimiento socorren a sus amigos, no siempre se trata de guerras defensivas, sino que algunas veces quieren satisfacer y vengar injurias. Para que esto ocurra, antes de llegar a las armas se ha de proponer satisfacción, y si no la dan, hacen la guerra a los autores del agravio.
No solamente se deciden a hacer la guerra a los que invaden su territorio y saquean el país, sino también, y con más furor, cuando países ávidos y con pretexto de leyes injustas, quieren someter a otras naciones para despojarlas y reducirlas a servidumbre, con pretexto de que hacen una obra justa.
No tuvo otro origen y principio la guerra que los de Utopía hicieran contra los Alaopolitas en favor de los Neofologetas, poco antes de estar nosotros allí.
Deshacen valerosamente los agravios hechos a sus amigos, quizá más que por vengar los propios, aunque sea en materia de dinero. La razón es que si los pueblos amigos quedan despojados de sus bienes, los particulares quedan arruinados; pero las pérdidas de Utopía son d oro y la plata del común, con lo que no les falta nada de lo que tienen en abundancia en sus casas.
Parece que se avergüenzan cuando alcanzan victorias sangrientas, como si hubiesen pagado un precio exagerado, y tienen por mucho más glorioso el vencer al enemigo con ardides, artes o engaños. En tales casos hacen grandes demostraciones de triunfo y alegría.
Levantan monumentos a los que así vencen, porque consideran como mayor valor el vencer la fuerza del enemigo con el propio ingenio. Así como el hombre vence a los animales feroces no por la fuerza sino por ardides.
Como ejemplo de esto, cuando se ha declarado una guerra, mandan secretamente que se fijen en país enemigo muchos carteles autorizados con sus firmas, todos a un tiempo y en lugares públicos y destacados, por los cuales se ofrecen grandes sumas a quien dé muerte al Príncipe contrario. También ofrecen premios menores, aunque importantes, por las cabezas de los consejeros y jefes que fueron los promotores de la guerra. Los premios se ofrecen doblados si en vez de darles muerte los entregan vivos. Ofrecen una buena recompensa y su amistad a los que deserten y se pasen a su bando. De esta manera en poco tiempo todos se tienen por sospechosos y nadie se fía ni de sí mismo. Muchas veces ha sucedido que buena parte de ellos, y aun el mismo Príncipe, han sido entregados por aquellos de quienes más se fiaban.
Esta costumbre de sobornar y comprar a los enemigos la tienen por innoble otras naciones; pero los de Utopía se jactan y se honran con ella, ya que de esta manera hacen la guerra sin hacerla, evitando muchas muertes y ruinas, tanto de los suyos como de los enemigos, de los que tienen tanta conmiseración como de sí mismos, sabiendo que no van a la guerra espontáneamente, sino forzados por la soberbia de sus Príncipes.
Si esto no les sale bien, buscan la discordia fomentando la ambición de algún hermano del Príncipe enemigo, o de algún otro poderoso, dándoles esperanzas de reinar. Si falla esto en el interior; estimulan a otros Príncipes extranjeros, refrescándoles antiguas pretensiones que nunca faltan entre reyes, y les ofrecen socorros, dándoles grandes sumas de dinero, pero no soldados, ya que consideran de más valor a cualquiera de los suyos que al principal Príncipe extranjero.
En tales circunstancias no son escasos en distribuir el oro y la plata que atesoraron con este fin, ya que no habrá de hacerles falta para sustentar su vida, aunque lo dieran todo. Además del oro y la plata que tienen en sus casas, disponen de sumas enormes depositadas en otros países en pago de las grandes ventas de productos de Utopía, como ya indiqué antes. De esta manera pueden pagar soldados mercenarios, procedentes de todas partes, principalmente los Zapoletas.
Este pueblo dista de la Isla de Utopía unas 50 millas hacia el Oriente. Son gente hercúlea, rústica y feroz. Habitan en las selvas, habituados al frío, al calor y a toda clase de inclemencias, desconociendo totalmente la vida regalada, pues no se aplican a le agricultura ni hacen caso de los edificios, ni se cuidan de tejer; todo su cuidado lo ponen en criar ganado, viviendo además de esto de la caza y del robo. Parece que nacieron sólo para la guerra, cuyas ocasiones buscan ávidamente, ofreciéndose como soldados en cuanto tienen noticia de alguna. Pelean valerosamente y con gran fidelidad hacia quien les paga. Raras son las guerras en las que no hay soldados de estos en los dos bandos, acometiéndose como enemigos; olvidando que son de un mismo linaje se matan unos a otros sin haber sido provocados, sino por la única razón de ser mercenarios de diversos Príncipes. Les pagan poca soldada, y son tan codiciosos que si al terminar su contrato los de la parte contraria les ofrecen algo más, se pasan a ellos sin ningún miramiento. Así, aquellos dineros que adquieren con su sangre les son de muy poco provecho, ya que pronto los gastan pródigamente, dándose a los desórdenes y a los vicios.
Estos guerreros acuden ávidamente a Utopía contra cualquier otro país, ya que les dan mejor paga que en parte alguna. Por su parte, los de Utopía buscan a los mejores como amigos para todas las tareas humanitarias, y a los peores para una cosa tan criminal como es la guerra. No consideran como una pérdida el que mueran muchos de éstos, pensando que la humanidad habría de agradecérselo si fuesen poderosos para limpiar el mundo de aquella hez.
Además de éstos, se ayudan de aquellos países en cuya defensa los de Utopía tomaron las armas en ocasiones anteriores; y después de éstos, de los auxilios que otros amigos quieran mandarles. En último lugar convocan a sus ciudadanos, y entre ellos eligen al más experimentado y le nombran Capitán General, encargándole de la dirección de todo el ejército. A éste se le designan dos sustitutos, que mientras él vive actúan como soldados particulares, pero si le cautivan o le matan (lo que puede ocurrir por la variedad de acontecimientos de una guerra), uno de los dos le sucede, como en una herencia, y después de éste el tercero, para que no se amotine el ejército por falta de caudillo.
En todas las ciudades se alistan soldados voluntarios, y a ninguno se le hace ir a la guerra contra su voluntad, por estar seguros de que el hombre cobarde, además de no portarse valerosamente, desmoralizará a los que están con él. En caso de invasión del territorio tienen que luchar todos, y a estos cobardes les embarcan en las naves encuadrados con otros mejores, o les ponen en las murallas, en puntos donde no puedan huir; de esta manera por vergüenza ante los suyos y por tener el enemigo a la vista sin esperanza de poder escapar, muchas veces la necesidad extrema se convierte en virtud.
De la misma manera que a nadie se hace ir a la guerra contra su voluntad, tampoco se prohibe que vayan a día las mujeres que voluntariamente se presentan, y sirven de gran estímulo a sus maridos, padres o hermanos, porque tienen por gran afrenta que el marido vuelva sin, la mujer, o ésta sin el marido, o el hijo, o el hermano; y de dio se deriva que en las batallas dudosas, si pueden, perseveran todos hasta la muerte.
Precisamente porque no quieren ir a la guerra y, tratan de cumplir sus obligaciones con gente forastera pagada a su costa, cuando el ir a ella es inevitable y no hay más remedio que acudir personalmente a la batalla, aquello que prudentemente querían evitar les parece que es lo más lícito y lo emprenden intrépidamente. No Son feroces al principio; pero poco a poco se van embraveciendo con firmeza de ánimo, con tal tesón y coraje que antes perderán la vida que retirarse de la pelea.
La destreza de la disciplina militar a que se sometieron todos en tiempos de paz, les hace tener confianza en sí mismos. Finalmente, la buena opinión que tienen de la vida y de las instituciones de su República, comparadas con las de otros pueblos, les aumenta el brío y la decisión. Todo lo cual hace que no tengan por tan poco valor su vida que la expongan neciamente, ni tan neciamente la amen que cuando la honra pide que la expongan, traten de conservarla neciamente.
Fortifican con gran cuidado los lugares donde están, haciendo trincheras altas y hondas, parapetándose con la tierra que sacan de ella, no dejando este trabajo para los gastadores, sino que lo hacen los mismos soldados y todo el ejército, excepto aquellos que hacen guardia para evitar las sorpresas. De esta manera, al trabajar tantos con tanta decisión terminan en poco tiempo sus fortificaciones.
Utilizan armas muy firmes para parar los golpes de los contrarios, y no les estorban para cualquier movimiento, de manera que ni aún para nadar les son molestas, antes así armados acostumbran a nadar y. éste es uno de los primeros ejercicios que hacen en su instrucción militar. Para la lucha a distancia sus, armas ofensivas son las saetas, que manejan con gran valentía y destreza, no sólo la infantería sino también la caballería. Para la pelea cuerpo a cuerpo no usan espadas, sino unas hachas que cortan y punzan durisimamente, y cuyos golpes son mortales a causa de la agudeza de sus filos y de los grandes arcos que describen con ellas.
Inventan toda clase de máquinas de guerra y las encubren con el mayor secreto para que el enemigo no las conozca ni las entienda antes de que llegue la ocasión de emplearlas, ya que de lo contrario servirían más de burla que de provecho. Atienden en su construcción a que sean fáciles de mover y acomodadas a la necesidad.
Cuando conciertan treguas con el enemigo, las guardan inviolablemente, de tal manera que ni aún siendo provocados las quebrantan.
No saquean ni talan la tierra del enemigo, ni ponen fuego a los sembrados, antes procuran con todo cuidado posible que no se estropeen con el paso de los soldados y de los caballos, pensando que habrá de servir para su propio provecho. A nadie que este desarmado le maltratan, a no ser que se trate de un espía.
Las ciudades que se les rinden las amparan, y no saquean las que conquistan, excepto las casas de los que estorbaron la rendición, a cuyos dueños les quitan la vida y a los que la defendieron los hacen esclavos; pero a la muchedumbre no le hacen ningún dañó. A los que aconsejaron la rendición les dan parte de los bienes de los condenados y el resto lo dan a los soldados forasteros que luchan con ellos, ya que ninguno de los de Utopía tiene parte en la presa ni en el botín.
Al terminar la guerra no cobran los gastos a los amigos que ayudaron, sino que los cobran a los vencidos, parte en moneda (que guardan para otras ocasiones de guerra) y parte en heredades, cuyas rentas dedican al mismo fin. Al presente tienen bienes de esta clase entre muchas naciones, y han crecido de tal manera que las rentas son cuantiosísimas.
Si algún Príncipe, tomando las armas contra ellos, intentan entrar en su Isla, le salen al encuentro y le rechazan rápidamente fuera de sus tierras con grandes fuerzas. En ningún caso se han visto tan apurados que hayan tenido necesidad de que acudiera socorro alguno de sus amigos a su Isla.
LA RELIGION
Hay varias religiones en Utopía, no sólo en la Isla, sino también en cada Ciudad. Unos adoran el Sol, otros la Luna, otros alguna de las Estrellas; y aun algunos veneran por Sumo Dios a algún hombre de una gran virtud que existió en tiempos pasados.
Pero la mayor parte, que son los más instruidos, no reverencian ninguna de estas cosas, sino que creen que hay una divinidad oculta, eterna, inmensa e inexplicable, la cual interviene en este mundo más por afectó que por poder. A este Dios le llaman Padre, ya que en él reconocen el principio, el aumento, la mudanza y el fin de todas las cosas, y solamente a él rinden honores divinos.
Todos los demás, aunque adoren diferentes cosas, están conformes en que hay un Sumo Dios que lo ha creado todo y que con su providencia lo conserva; en su lengua le llaman Mitra.
Disienten unos de otros en que unos afirman que este Sumo Dios tiene su ser de una manera y otros de otra. Poco a poco, afirmando que este Ser Supremo a quien reverencian como Dios tiene el gobierno de todo, se apartan de las diversas supersticiones y se adhieren a aquella religión que más se conviene con la razón y con su género de vida. No cabe duda de que todos estarían ya en dicha religión, pero ocurre que cualquier desgracia que les sobrevenga al mudar de religión la toman como un castigo del cielo, y que la divinidad que intentaban abandonar se venga de su impiedad.
Pero cuando yo les prediqué el Nombre de Cristo, su doctrina y sus milagros, la constancia de tantos mártires que espontáneamente derramaron su sangre, y de cómo tantas naciones se han convertido, milagrosamente se inclinaron a ella, ya fuese por divina inspiración o porque les pareciera que este camino era semejante a sus creencias. Sea como sea, el caso es que muchos abrazaron la fe cristiana y recibieron las aguas del Altísimo, no pudiendo hacer otra cosa porque de los cuatro que allí estábamos ninguno era sacerdote.
Desean recibir los Sacramentos cristianos de que les di noticia, pero ya saben que únicamente los pueden administrar los Sacerdotes. Tuvieron discusiones entre ellos sobre si les era lícito nombrar Sacerdote a uno de ellos sin mandato del Sumo Pontífice, pero cuando yo salí de su tierra no habían decidido nada.
Los que no han admitido la religión cristiana no persiguen a los que se han convertido. Pero un recién bautizado se inflamó en su ardor, y aunque yo le amonestaba a que se callase, no se limitaba a exponer con entusiasmo su fe cristiana, sino que condenaba a las demás, llamando impíos a los que no querían adorar a la Santísima Trinidad, amenazándoles con el fuego eterno. Este tal fue preso, no tanto como violador de la religión del país, sino por ser causa de tumultos y de alborotar al pueblo, ya que la norma común es que cada uno profese con toda libertad la religión de su agrado.
Se cuenta en la Historia de Utopía que los primeros pobladores de aquel país combatieron entre ellos a causa de las diversas religiones que profesaban, con grandes males para todos, y finalmente habían decidido en sus leyes que cada cual pudiese profesar la religión que más concordara Con sus sentimientos, sin ser molestados por nadie Que si alguno deseaba convencer a otro lo hiciera con modestia y con razonamientos, no usando nunca de violencia ni injuria, castigándose con el destierro o con servidumbre a los contraventores
Estas leyes las hicieron no solamente por conservar la paz puesta en peligro por la desunión y el odio, sino también porque están persuadidos de que los diversos cultos son agradables a Dios y que por esto inspira a unos y a otros diferentes ritos, juzgando que no era conveniente que nadie intentara con violencias ni amenazas forzar a otro a creer aquello que uno tiene por verdadero.
Aún considerando que una de aquellas religiones fuese la verdadera, todavía les pareció que debía persuadirse a los ciudadanos con modestia, estando convencidos de que la verdad se abre paso y permanece, saliendo al fin victoriosa. Mientras que si estos asuntos se quisieran resolver con las armas podría ocurrir que unos hombres más feroces y supersticiosos oprimieran la verdadera religión, de manera semejante a como los buenos frutos vienen ahogados con las espinas y los abrojos. Por estas razones fue por lo que dejaran en libertad para que cada uno creyera lo que quisiera.
Lo único que se tenía por ilícito era el afirmar que las almas mueren con los cuerpos, o que el mundo viene gobernado por el azar sin intervención alguna de la providencia divina, por estimar que después de esta vida han de ser castigados los vicios y premiadas las virtudes, Los que negaban esto último eran tenidos por peores que bestias, y ni siquiera les hacían figurar entre el número de los ciudadanos, como seres que sin temor alguno al más allá no harán caso de ninguna buena ley ni sana costumbre.
A estos tales ni les conceden honores ni les dan cargo de responsabilidad, pero tampoco los castigan por considerar que no está en la propia mano el creer en la inmortalidad. Evitan el fomentar la hipocresía, ya que las amenazas conducirían a tener ocultos los propios sentimientos, fingiendo pensar como los demás. A éstos se les prohibe defender públicamente tales opiniones, particularmente ante personas poco instruidas, designando a algún Sacerdote prudente para que hable con ellos, con la esperanza de que tal absurdo tarde o temprano ha de ser vencido por la razón.
Los hay que creen en la inmortalidad de las almas de los animales, aunque con dignidad diferente de las de las personas, no estando destinadas a igual felicidad.
En tanto estiman la felicidad de las almas, que sienten pena por los que sufren, pero no por los que mueren, a no ser aquellos que de mal grado dejan esta vida, considerando esto como mal augurio, como si el alma que no espera bien alguno temiese ya el suplicio, atemorizada por la propia conciencia. Piensan que desagrada a Dios el caminar de aquel que, cuando es llamado, no corre voluntariamente, sino que se retira y rehusa. Si alguno muere en esta disposición sienten gran compasión por él y lo entierran sin pompa alguna, rogando a Dios que le perdone aquella flaqueza.
Ninguno llora a los que mueren contentos y con buena esperanza, sino que sus exequias son gozosas, encomendando sus almas a Dios. Con gran reverencia queman sus cadáveres, pero sin lamentaciones.
Colocan lápidas, donde se escriben las alabanzas del difunto, relatando su vida y alabando su muerte. Esto lo tienen Como una recompensa a la virtud y un agradable culto a los difuntos, ya que creen que los que murieron están presentes de manera in visible en tales conmemoraciones, ya que no serían felices si no pudieran estar donde les apeteciera; Y serian ingratos y desagradecidos si no quisieran estar con los amigos con los que estaban unidos por mutuo amor, ya que la caridad debe más bien aumentar en ellos que disminuir.
Creen que los muertos están presentes entre los vivos, viendo y oyendo lo que hacen y dicen, lo que les hace animosos en sus empresas al contar con tales ayudas, y sintiéndose representantes del honor de sus mayores se guardan en gran manera de todo lo que no sea honrado, ni Siquiera en secreto.
Hacen poco caso de las supersticiones adivinatorias, tan en boga en otros países. Veneran los milagros que ven sobre las fuerzas de la naturaleza, creyéndoles testimonios de la presencia divina. En las grandes calamidades organizan rogativas públicas para aplacar a Dios.
Piensan que la contemplación y el estudio de las cosas naturales, es un culto gratísimo a Dios. Los hay que movidos por sus sentimientos religiosos dejan las cosas propias, incluso la cultura y la contemplación de la naturaleza para darse totalmente a las buenas obras, tales como el asistir a los enfermos, reparar los caminos y los puentes, cortar árboles, etc., y como si fuesen esclavos se ponen voluntariamente a los trabajos más desagradable y groseros, fatigándose para que otros descansen, y no desdeñando a los que no viven como ellos.
Cuanto más éstos se portan voluntariamente como siervos, tanto más vienen a ser honrados y estimados de los otros. Los hay de dos clases: unos que viven en castidad y no comen carne, dejando de lado todo trato sexual, puesta su mirada en la vida futura viven sanos y contentos; - la otra clase de los que se dan al trabajo servir se casan para tener sucesión que sea útil a la República, y no huyen de aquellos entretenimientos que no les estorban en su servicio a los demás; comen carne por creer que este alimento les hace más fuertes y robustos para realizar sus duros trabajos.
El pueblo tiene a estos últimos por más prudentes y a los otros por más sabios.
Tienen solamente 30 Sacerdotes, de vida muy ordenada, para todas las Ciudades, según el número de sus Templos. Cuando van a la guerra no llevan consigo más que a siete de ellos, y no crean otros en su lugar hasta terminada la guerra, según el número de los que hayan muerto.
Los Sacerdotes, como los Magistrados, se eligen por el Pueblo por votos secretos, para no fomentar rivalidades. Se dedican únicamente al servicio divino y al cuidado de la Religión. Son los censores de las costumbres, y es vituperado aquel a quien ellos reprenden. Su oficio es amonestar a los delincuentes, así como el de los Magistrados es el de castigarlos. Solamente excomulgan a los obstinados, y es una gran tacha el estarlo. Si los excomulgados no se enmiendan, pasan a la jurisdicción de los Magistrados.
Estos Sacerdotes educan a la juventud especialmente en las buenas costumbres y en que tengan buenos criterios sobre todo en el deseo de ser útiles a la causa pública, para que cuando sean adultos estén dispuestos a defender la ordenación de su República, por lo cual no solamente los apartan de los vicios, sino también de las opiniones perversas.
Los Sacerdotes reciben por esposas a las mujeres más selectas del Pueblo, y nombran Sacerdotisas a las matronas, aunque solamente a las viudas, o de edad madura.
Los Sacerdotes son muy venerados, más que cualquier Magistrado. Si se hacen reos de algún delito nadie tiene autoridad para juzgarlos, sino que los dejan al juicio divino y a la propia conciencia, ya que no les parece justo que nadie ponga sus manos mortales en los que se consagran a Dios. Esta costumbre pueden observarla porque eligen como Sacerdotes a hombres de vida muy probada, con lo que es rarísimo que caigan en vicios. Y si sucede que pequen, porque la naturaleza humana es flaca, como son pocos y sin potestad de mandar, no se teme que puedan infestar la República. Nombran pocos Sacerdotes para que su dignidad sea más reverenciada; además de que creen que es difícil que pueda haber muchos que puedan merecer tal dignidad.
No solamente son muy respetados en Utopía, sino también en los países vecinos, lo cual (a mi entender) proviene de que cuando se producen hechos de armas, los Sacerdotes están separados de los que luchan, revestidos con sus ornamentos, de rodillas y con las manos en alto ruegan primeramente por la paz y después para que su pueblo pueda alcanzar la victoria sin derramamiento de sangre; y al vencer los suyos corren hacia los luchadores impidiendo que se remate a los vencidos, y nadie les hace daño alguno.
Tanta reverencia tienen a los Sacerdotes que ni se atreven a tocarles las vestiduras, y por esto les tienen también veneración las otras naciones, así, no solamente evitan que en las guerras los enemigos sean muertos por los suyos, sino también que éstos san pasados por las armas por los contrarios en caso de derrota. Algunas veces ha sucedido que siendo vencidos los de su campo y entrando a saco los contrarios, con la llegada de los Sacerdotes se ha dado fin a la matanza y se ha hecho una paz razonable. Y nunca se halló una nación tan feroz y salvaje que no los haya honrado como sacrosantos e inviolables.
FESTIVIDADES
Celebran con gran solemnidad los días primero y último de cada mes, e igualmente del año. Para los meses se guían por la Luna, y para los años por el Sol. Al primer día del mes le llaman en su lengua Cinemernos y al último Trapemernos, que es como si dijéramos primeras fiestas y últimas fiestas.
Tienen templos excelentes, no solamente por la magnificencia de la obra, sino también por su grandiosidad, ya que no ser pocos los que hay, conviene que quepan en ellos grandes muchedumbres.
En dichos templos no hay mucha luz, v no porque no sepan edificar, sino por consejo de los sacerdotes, ya que con poca luz se distraen menos, y se tiene mayor recogimiento y atención. Entienden que así se practica mejor la religión, ya que no siendo una sola sino varias, son de tal forma que todas van dirigidas al mismo fin, que es el culto a la Divina Naturaleza, aunque lo hagan de diferentes formas y por diversos caminos. Por esta razón nada se ve ni se oye en los templos que no cuadre a alguna de las religiones que se profesan.
Las cosas particulares de cada religión se practican en las casas particulares, pero los actos públicos se realizan de tal manera qué no molestan en nada a lo específico de cada una de ellas. Con vistas a esto en los templos no hay ninguna imagen, para que libremente cada uno pueda dar curso a su pensamiento y a sus sentimientos religiosos. Tampoco se pronuncian los nombres particulares de los dioses, sino únicamente el de Mitra, con el cual todos están conformes para designar a la Divinidad Suprema, cualquiera que ella sea.
Las oraciones que rezan en común están ordenadas de tal manera que cada uno puede pronunciarlas sin ofensa de su opinión.
En las tardes del día de fin de mes, o de año, todos acuden en ayunas a los Templos a dar gracias a Dios, y al día siguiente, que es el primero del mes, o del año, con alegría se juntan todos en el templo para pedir a Dios sucesos prósperos y felices para mes, o el año, que empiezan con aquella fecha.
En los días finales del mes o del año las mujeres se ponen de rodillas ante los maridos, y los hijos ante los padres, confesando que no se han portado tan bien como debían, y si hicieron alguna cosa indebida, o dejaron de hacer alguna obligación, piden perdón por estas faltas. De esta manera, si hubo algún principio de desavenencia doméstica, con esta satisfacción se deshace, para poder asistir a las funciones del templo con ánimo pacífico y sereno, ya que consideran como una gran maldad el ir al templo con el espíritu alterado. Por esta razón, si cualquiera se halla culpable de enojo o mala voluntad hacia alguno, no se atreve a asistir a los cultos religiosos, temerosos de que su maldad ha de atraerles grandes castigos, si antes no se reconcilian y limpian sus afectos.
- En el Templo los varones se ponen a la derecha y las hembras a la izquierda, de tal manera que todos los de una misma familia se ponen puntos y alrededor del más anciano, tanto los hombres como las mujeres. Los jóvenes no van en grupo, para evitar juegos y niñerías, sino que están junto a personas mayores y así van entrando en el temor religioso, qué es el único imperativo para andar por el camino de la virtud.
No sacrifican animales, porque no pueden llegar a persuadirse de que la divina clemencia se complace en ello, ya que dio la vida a todo cuanto la tiene para que gozase de ella. Queman incienso y otros perfumes aromáticos, y llevan delante muchas antorchas encendidas, no porque no sepan que estas cosas (así como las oraciones de los hombres) no añaden nada al ser de la Divina Naturaleza, sino que son actos de reverencia y de gratitud. Con tales olores y luces y las demás ceremonias, sienten que en cierta manera los ánimos se inflaman y elevan a Dios, aspirando a adorarle con mayor fervor.
Todos acuden al templo con túnicas blancas, y únicamente el sacerdote se viste y cubre con otros colores. Los ornamentos son admirables, pero en ellos no figura el oro, ni la plata, ni las piedras preciosas, sino a base de plumas de aves de diferentes clases y colores, labrado con tanto primor que ninguna materia, por preciosa que sea, puede igualarse a este arte.
Además de esto, en aquellas alas y plumas de las aves, en el orden y disposición con que están Colocadas tal como están repartidas en las vestiduras del Sacerdote, dicen que se contienen misterios secretos, que explican los que hacen el sacrificio, afirmando que todo ello les sugiere la grandeza de los beneficios divinos que han recibido, la piedad que han de tener con Dios y las obligaciones recíprocas que se tienen unos con otros.
En cuanto el Sacerdote sale de la Sacristía revestido de esta forma, todos a una se postran en tierra, con un silencio tan profundo que asombra al que lo ve por primera vez, como si estuviesen ante alguna deidad. Después, y a una señal del Sacerdote, se levantan todos y cantan alabanzas a Dios. La forma de hacerlo y los instrumentos de música con que se acompañan son diferentes de lo que se usa entre nosotros, excediendo en cuanto a suavidad y ajuste de voces, de tal manera imitan y manifiestan los afectos naturales acomodando el sonido y la melodía a la materia. Dispone, penetra y enciende los ánimos admirablemente, tanto si se trata de rogativas o de alegres acciones de gracias, o de profundas y sentidas peticiones de perdón.
Finalmente, el Sacerdote, juntamente con el pueblo, rezan unas preces solemnes con palabras que tienen Preparadas para ello, tan bien compuestas y 1 ordenadas que aquellas cosas que todos juntos dicen, cada uno las puede aplicar con facilidad a sí mismo en particular. En ellas cada cual reconoce a Dios como autor del universo y de toda cosa buena; y le da gracias por los beneficios recibidos y de una manera particular de haber nacido en aquella República que les hace gozar de aquella religión que confían es la verdadera. Piden a Dios en sus oraciones que si cometen algún error o si hay otra religión más verdadera y que más le agrade, que se lo manifieste, pues están dispuestos a seguir por el camino por el que Dios los encamine. Pero si su República es la mejor y su religión es la más recta, le piden que les dé constancia para perseverar y que traiga a los demás hombres a tal género de vida, a no ser que también sea del agrado de su inescrutable voluntad que haya esta variedad de religiones terminan suplicando que después de la muerte les lleve hacia Él, y que no sea muerte cruel ni trágica. Después de esta última oración vuelven a postrarse y levantándose pausadamente se van a comer, pasando el resto del día en juegos y ejercicios militares.
COMPARACIONES
He referido de la manera más exacta que me ha sido posible las cosas de aquella República que no solamente tengo la certeza de que son muy buenas, sino que estimo que únicamente ella puede llamarse República porque aunque en otras partes se trate verdaderamente del bien público siempre se atiende más al particular. Mientras que en Utopía todos miran preferentemente la utilidad común, dejando en segundo término el propio interés.
En otras Repúblicas, aunque sean prósperas y florecientes, y nadie tema morirse de hambre, procuran, no obstante, más sus comodidades particulares que la conveniencia pública; y aunque la necesidad obliga a veces a hacer estas cosas, no así en Utopía, donde todo es común, y por ello nadie teme morir de necesidad por estar llenos los almacenes públicos desde los que a todos se distribuye con equidad. No hay ningún pobre, porque nadie posee nada en particular, siendo todos ricos en común.
No se puede comparar la situación de otros países, ni siquiera de lejos, con la igualdad de esta República. ¿Cómo puede justificarse que un pobre, o un plebeyo que sea usurero, u otro cualquiera que no se ocupa en trabajo alguno o que toda su acción es poco necesaria a la República, pueda adquirir a base de tal ociosidad el vivir con esplendor y regalo, y que un trabajador, o un hombre del campo, tenga que trabajar día y noche con tanta fatiga que no la toleraría un animal, para granjearse escasamente su alimento, con menos comodidad que los brutos, que ni se cansan tan intensamente ni padecen por el temor de que les falten las cosas necesarias para la vida? ¡A éstos el trabajo de escaso provecho y poco fruto siempre les está aguijoneando, atormentándoles el pensar en la vejez mísera que les espera a todos aquellos cuyo jornal de un día es tan escaso que no les basta para el sustento de él, de manera que mal podrán poner de lado algo sobrante para los días malos de la senectud!
¿ No es ingrata e injusta aquella República que desperdicia grandes caudales en los que llama nobles, en los artífices de cosas vanas, en los bufones, en los inventores de deleites superfluos, y en muchos otros por el estilo, no teniendo el menor interés por el bienestar de los agricultores y toda clase de trabajadores, sin los cuales la República no podría subsistir? Se usa mal de aquellos cuyo trabajo es de gran provecho, desentendiéndose de sus desvelos; y cuando después de haber pasado muchos años se hallan necesitados de todas las cosas y con graves enfermedades, se les deja morir en extrema miseria, olvidando los grandes servicios que prestaron.
¿Qué diremos de los ricos que se quedan con el salario de los trabajadores, no solamente con violencia y engaño, sino con el pretexto de las leyes? Así, lo que antes se tenía por injusto, como era el no recompensar con agradecimiento a los que habían hecho algún bien y servicio a la República, ahora esta ingratitud y perversión la ensalzan y califican con el nombre de justicia, estableciendo leyes nuevas sobra esta base.
Estas invenciones de los poderosos, adornadas con los colores de la nación, se convierten en leyes; y los hombres perversos con codicia insaciable se reparten entre ellos los bienes que debían destinarse a la necesidad de todos. ¡Qué lejos está esto del bienestar de la República de Utopía!
En Utopía han desterrado totalmente la codicia del dinero no usando de él para nada, evitando así muchas pesadumbres y arrancando las maldades de raíz. Porque, ¿quién no sabe que los engaños, hurtos, robos, tumultos, alborotos, enemistades, motines, asesinatos, traiciones y venenos (que cada día son más frecuentes, porque los castigos no bastan para evitarlos), todo ello desaparece si se desprecia el dinero? ¿Y que la solicitud por el difiero es causa de continuas fatigas y desvelos para ahuyentar la pobreza, como si ésta solamente pudiera ser vencida con la riqueza?
Para que esto se vea con mayor claridad, piénsese en lo que ocurre en un año estéril y sin frutos, en el que muchos millares de personas mueren de hambre. Con toda crudeza me atrevo a afirmar que si al final de aquella carestía se abrieran los graneros de los ricos se hallarla tanto trigo que si se hubiera repartido entre las víctimas del hambre ninguno habría perecido por la esterilidad de la cosecha. Y con facilidad se hubiera podido proveer al sustento si aquel dinero (que con tanta excelencia fue inventado para que con su ayuda se abriera la puerta al remedio y al sustento) no hubiera sido el que cerró el camino y estorbó el remedio.
No tengo duda de que los ricos sienten y entienden estas cosas y no ignoran cuán mejor sería la condición de que no se careciese de nada necesario, más que abundar en cosas superfluas, y el librarse de muchos males más que el estar rodeados de grandes riquezas. Yo tengo por cierto que el verdadero gusto por una vida honrada y la autoridad de nuestro Salvador Jesucristo, el cual con su sabiduría y bondad pudo aconsejar aquello que era lo mejor para los hombres, hubiera conducido a todo el mundo a vivir de esta manera si no hubiera existido la soberbia, la cual no estima tanto los bienes propios como los males ajenos, deleitándose en afligir a los pobres, porque no mide y regula el bienestar por los provechos propios, sino, por los males de los demás.
La riqueza se levanta como diosa, a base de un mundo de miserables a los que pueda mandar y de quienes pueda triunfar, y cuyas desdichas la hagan resplandecer haciendo alarde de su poder y ostentación, con lo que se aflige y aumenta más la necesidad y la miseria.
Esta serpiente venenosa se enrosca en el pecho de los hombres y como si fuera el pez rémora los detiene y les hace volver atrás, impidiendo que sigan una feliz travesía de la vida; tan arraigada está en los hombres la soberbia que son pocos los que pueden arrancarla.
Me contento con que esta forma dé República (que ya quisiera yo que todas fueran igual) al menos haya podido realizarse en la Isla de Utopía, donde se ha seguido la forma de vida indicada, que no solamente tiene que durar y prosperar, sino que (en cuanto los hombres podemos conjeturar lo futuro) ha de permanecer para siempre. Ya que habiéndose extirpado de entre ellos el vicio de la ambición por una parte y la raíz de las sectas por otra, no hay allí peligro de discordia, que ella sola es capaz de arruinar las ciudades mejor fortificadas. Pero viviendo todos en concordia bajo instituciones humanísimas, nada podrá la envidia de los príncipes vecinos para deshacer aquel país, como ya se ha demostrado muchas veces.
DESPEDIDA
Hasta aquí habló Rafael Hithlodeo de lo que había visto y observado en Utopía, y ello hacía que acudieran a mi mente muchas otras cosas relacionadas con ello.
Sobre las leyes que se habían instituido en las costumbres de aquel pueblo, no sólo acerca de la manera de hacer la guerra, y de su religión y ritos divinos, y otras ordenanzas suyas, sino que pensaba sobre el principal fundamento de toda su institución, esto es su manera de vivir y sustentarse sin comercio de dinero, sin el cual toda nobleza y esplendor se destruye y aniquila completamente, siendo así que de ordinario se tiene esto corno el principal ornamento de la República.
Pero me daba cuenta dé que se había cansado con la relación tan extensa que me había hecho, y temía que llevara a mal que le replicara contra su opinión, pues sabía que a algunos lo había reprendido por haberlo hecho. Por ello alabé la forma de Vida de Utopía y lo que me había referido, y estrechando su mano le invité a cenar conmigo, diciéndole que más adelante, después de pensarlo yo bien, hablaríamos más despacio de todo lo que me había dicho, lo cual quiera Dios que podamos hacer en alguna ocasión.
Mientras tanto, no puedo dejar de estar conforme con todo lo que dijo, primero por tratarse de un hombre muy docto y conocedor del mundo, y después he de confesar llanamente que muchas de las cosas de Utopía, más deseo que confío llegarías a ver en nuestras Ciudades.
Tomás MORO
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RESUMEN
de la heroica vida y ejemplar muerte del Ilustre Tomás Moro, Gran Canciller de Inglaterra, Vizconde y Ciudadano de Londres, extractada de la «Historia Eclesiástica del Cisma de aquel Reyno», que escribió el P. Pedro de Ribadeneyra, de la Compañía de Jesús
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Entre los muchos mártires que han padecido y muerto en defensa de nuestra Santa y Católica Religión con motivo del cisma suscitado en el reinado de Enrique VIII, se cuenta Tomás Moro, varón de grande ingenio, excelente doctrina y loables costumbres.
Nació en Londres en 1478. Su padre se llamaba Juan Moro, y era de linaje más honrado que noble. Crióse bajo los principios de la Religión y de la Piedad Católicas, no sin aprovechamiento; tanto que el gran concurso de dotes corporales y bienes del alma le hicieron varón clarísimo y dieron verdadera nobleza a su familia.
Fue muy docto en todas las letras y elocuentísimo en las lenguas griega y latina.
Sirvió en diversas embajadas de su Rey. Tuvo grandes cargos y oficios preeminentes qué ejerció con aplauso, rectitud y desinterés; y a pesar de haber contraído segundas nupcias y haber tenido muchos hijos, no engrandeció su patrimonio. Su cuidado se centraba en amparar y defender la Justicia y la Religión, y resistir con su autoridad, doctrina y libros que escribió, a los herejes que venían secretamente de Alemania a propagar sus enseñanzas a Inglaterra. De tal manera que entre todos los ministros del Rey ninguno se destacó tanto en refrenarlos y dificultarles sus actividades, por cuya razón fue tan amado y reverenciado de las personas virtuosas como aborrecido y perseguido por los perversos.
Ejerció durante casi cuarenta años el gobierno del país, con tanto prestigio y autoridad que parecía que nada ni nadie podría derribarle. Pero por inescrutables designios de la Providencia empezó a eclipsarse su buena estrella, amenazándole a él y al reino una grandísima ruina. Pero para darse cuenta de todas estas casas sería necesario referir toda la historia, por lo que vamos a referirnos únicamente a lo principal, singularmente a lo que toca a Tomás Moro.
Hacía veinte años que Enrique VIII estaba casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, de cuyo matrimonio tuvo una hija. Pero como fuese viuda (aunque doncella) del Príncipe Arturo, hermano mayor de Enrique, éste se enamoró de Ana Bolena y para casarse con ella hizo el propósito de repudiar y apartar de sí a Catalina, pretextando que no podía ser su esposa la que lo había sido de su hermano, a pesar de que para ello había obtenido la dispensa del Papa Julio II.
Tomó Enrique varios pareceres sobre el caso, entre ellos a Tomás Moro. Este, a pesar de saber conque ansia deseaba el Rey separarse de su esposa para casarse con Ana Bolena, con santo temor de Dios respondió con firmeza y libertad cristiana que de ninguna manera podía parecerle bien el divorcio y apartamiento de la Reina.
Esta respuesta sentó muy mal a Enrique, por creer que Tomás Moro era adicto a su persona, pero de momento disimuló, ofreciéndole grandes beneficios y prebendas si apoyaba su resolución, y para que se decidiese le mandó que tratara este asunto con el Rector del Colegio Real de Cambridge, que fue el promotor de este asunto y gran adulador del Rey. Se entrevistaron ambos, y después de muchas y largas controversias, se afirmó más en su opinión, exhortando con tanta decisión, en adelante al Rey que no dejase a la Reina, que no se atrevía Enrique a hablarle de este asunto, aunque se servía de él más que de otro alguno en los asuntos graves del país, y decía claramente que más querría atraer a Moro a su voluntad que la mitad de su reino.
Estando tratándose jurídicamente en Inglaterra la causa del divorcio por los jueces que a instancia del Rey Enrique nombró el Papa Pablo IV, los recusó la Reina y apeló ante Su Santidad, y aunque dichos jueces no admitieron su apelación por consideración al Rey, el Papa, sabiendo lo que pasaba, la admitió y reservó para sí la causa, mandando a los legados que no intervinieran más en este asunto. Al saberlo la Reina, comisionó a Tomás Moro para que informase al Rey de lo que el Papa había mandado, cuyo encargo desempeñó sin respeto humano alguno.
Habiendo perdido su privanza el Cardenal Wolsey, principal autor del divorcio, el Rey nombre Canciller a Tomás Moro, pensando que con ello le atraería a su opinión.
Conservó esta alta dignidad durante tres años, al cabo de los cuales, previendo la terrible tempestad que amenazaba al reino con motivo de haber desconocido el Rey la potestad de los Legados del Papa, declarándose Cabeza Suprema de la Iglesia de Inglaterra, quiso Tomás Moro, junto con otros varones graves y cristianos que estaban en la Corte, acogerse con tiempo a puerto seguro, y pretextando su avanzada edad y grandes trabajos realizados, dimitió de su cargo de Canciller, dimisión que le fue aceptada por diversos motivos, principalmente porque no había respondido a los designios por los que se le había dado el nombramiento.
Enterado el Papa de cuanto ocurría en Inglaterra y del determinio del Rey de casarse con Ana Bolena, le escribió rogándole encarecidamente que no se dejase llevar por la pasión ni decidiera nada hasta que se resolviera en justicia lo de su primer matrimonio, amenazándole severamente con su autoridad apostólica bajo pena de excomunión. Pero Enrique, que ardía en las llamas de su pasión, no dejó su mal propósito y se valió de Crammer, a quien había nombrado Arzobispo de Cantorbery, el cual dio sentencia de divorcio y se casó con Ana Bolena.
Sabiendo los herejes que la nueva Reina era luterana en su corazón, acudieron en gran número a la Corte y comenzaron a esparcir libros y libelos llenos de impiedades contra las personas eclesiásticas, entre los cuales se presentó uno al Rey, titulado "Petición de los pobres mendigos", en el que se ponderaba la gran cantidad de éstos que había en el reino y su extrema necesidad, causada (según decían) por otros pobres robustos y ociosos eclesiásticos, los cuales, con artificios y engaños poseían más de la mitad de todos los bienes del reino, dejando morir de hambre a los verdaderos pobres, y se terminaba suplicando el remedio.
Ningún eclesiástico se atrevió a refutarlo, hasta que Tomás Moro escribió un libro muy docto y prudente, en el cual, después de rebatir las calumnias que contra el clero se decían en el libelo, mostró claramente que los bienes y rentas eclesiásticas no llegaban con mucho a lo que los herejes decían, y que no solamente aplicaban a fines piadosos, sino también necesarios, los que habían legado aquellos bienes a la Iglesia para que se conservara en ella perpetuamente el culto divino, sin el cual no puede conservarse la República, sino que las rentas, además de servir para el sustento de los clérigos y de los muchos seglares que de ellos dependen, servían para cobijo y refugio para toda clase de gente necesitada. Nadie se atrevió a refutar este escrito.
Pronunciada la sentencia de divorcio y coronada Ana Bolena como Reina, se mandó que todos jurasen que aceptaban el segundo matrimonio como legítimo, y que los hijos de él eran los verdaderos herederos del reino. Tomás Moro rehusó hacer tal juramento y por ello fue preso, con el mayor escándalo, junto con otros muchos que hablando mal del segundo matrimonio cayeron en la indignación del Rey.
Estando Tomás Moro en la cárcel, despojado de todas sus dignidades y bienes, nunca se vio en él señales de tristeza, pena o decaimiento, sino que con gran alegría decía que todo el mundo no es sino una cárcel y prisión, de la cual a la hora de la muerte cada uno es llamado para oír su sentencia, y que daba gracias al Señor porque su cárcel no era tan apretada como la de otros, ya que siempre que se presentan dos males hay que escoger el menor.
La prisión de este varón insigne tenía en gran expectación a todo el reino, y sabiendo el Rey su gran autoridad y la estimación que todos le tenían, para cambiarle de opinión le envió a muchos de sus privados. Pero viendo Enrique que con todo su poder y ardides no le podía vencer, empezó a dudar si le convendría más el dejarle con vida siendo el reprensor de su adulterio o quitársela y caer en la indignación de todo el reino.
Al fin se determinó por lo último, empezando por el Obispo Fisher, contra el que se enfureció más al saber que el Papa le había nombrado Cardenal estando en la cárcel. Pensaba que con la muerte del Obispo, que era gran amigo de Tomás Moro éste se podría intimidar y ablandar. Fisher fue condenado a ser arrastrado, ahorcado y desentrañado.
Fue avisado Moro de la muerte santa de su compañero, y temiendo que por sus pecados no merecía la corona del martirio, con el corazón lleno de amargura y el rostro de lágrimas, se volvió al Señor y lo dijo
- Yo confieso, Señor, que no merezco tanta gloria, pues no soy justo ni santo como vuestro siervo Fisher, al cual habéis escogido como varón conforme a vuestro corazón entre todos los de este reino, pero no miréis, Señor, lo que merezco, sino a vuestra misericordia infinita, y si es posible, hacedme participar de vuestra Cruz y Cáliz, y de vuestra Gloria.
Dijo esto con tanto sentimiento que los que no le entendían se figuraron que se enternecía con el temor de la muerte, y que ahora se podría ablandar e inclinar a la voluntad del Rey, y para moverle a ella volvieron a instarle muchos personajes, entre ellos su propia esposa, llamada Luisa, por orden del Rey, tratando de persuadirle de que no se dañara a sí mismo y a sus hijos. Díjole él a su esposa:
- Señora, a vuestro parecer, ¿cuántos años podré vivir?
- Veinte años, si Dios fuere servido - respondió ella.
-¿Pues queréis vos, señora - dijo él -, que por veinte años de vida pierda yo la eternidad? Si dijerais veinte mil ya seria algo, aunque tampoco este algo es nada comparado con la eternidad.
Viendo que con nada podían hacer mella en su ánimo, que estaba firme como una roca, le quitaron todos los libros que tenía y el recado de escribir, para que no pudiera tener trato con los muertos que escribieron los libros ni con los vivos. Antes de esto, y estando preso, escribió dos libros; uno titulado: "Consuelo en la tribulación", en inglés, y el otro en latín sobre la Pasión de Cristo.
Después de estar casi catorce meses en la cárcel, el día primero de julio de, 1535 fue llevado a la Torre de Londres, ante los jueces, y al ser preguntado por la ley promulgada mientras él estaba preso, en la que se quitaba la autoridad al Papa y se daba al Rey, respondió con gran firmeza, agudeza y constancia lo mismo que las otras veces.
Finalmente, acusado de haber escrito a Fisher. animándole contra dicha ley, fue condenado a muerte, cuya noticia recibió con gran alegría diciendo:
- Yo por la gracia de Dios, siempre he sido católico y nunca me he apartado de la comunión y obediencia al Papa, cuya potestad entiendo que está fundamentaba en el Derecho Divino, y que es legítima, loable y necesaria, aunque vosotros temerariamente la habéis querido abrogar y deshacer con vuestra ley" Durante siete años he estudiado esta materia, y hasta ahora no he encontrado ningún autor santo que diga que en las cosas espirituales que tocan a Dios ningún seglar ni Príncipe temporal puede ser Cabeza y Jefe de los eclesiásticos, que son los que han de gobernar. También digo que el decreto que habéis dado es contra el juramento que antes hicisteis de no atentar jamás contra la Iglesia Católica, que es una e indivisa, y por vosotros solos no tenéis autoridad para hacer leyes, decretos ni Concilios contra la paz y la unión de la Iglesia Universal. Esta es mi fe; este es mi parecer, en el que moriré, con el fervor de Dios.
Apenas hubo dicho estas palabras cuando todos los jueces, a grandes voces, empezaron a llamarle traidor al Rey, especialmente el Duque de Norfolk, que le dijo:
-¿Cómo podéis declarar vuestro mal ánimo contra la majestad del Rey?
Y él respondió:
- No declaro, señor, mal ánimo contra mi Rey, sino mi fe y la verdad. Porque en lo demás yo soy tan adicto al servicio del Rey que ruego a Dios que no me sea más propicio a mí, ni de otra manera me perdone, que como yo he sido fiel y afectuoso servidor de Su Majestad.
Entonces el Canciller replicó:
-¿Pensáis, pues, que sois más sabio que todos los Obispos, Abades y Eclesiásticos? ¿Que todos los nobles, caballeros y señores? ¿Que todo el Concilio, o por mejor decir: que todo el reino?
- Señor - respondí -, por un Obispo que vosotros tengáis de vuestra parte tengo yo ciento de la mía y todos los Santos; por vuestros nobles y caballeros tengo yo toda la caballería de los Mártires y Confesores, por un Concilio vuestro (que sabe Dios cómo se ha hecho) están en mi favor todos los Concilios que en la Iglesia de Dios se han celebrado de mil años acá; y por este vuestro pequeño reino de Inglaterra, defienden mi verdad los de Francia, Italia, España y todos los demás reinos, provincias y potentados amplísimos.
Oyendo estas palabras que había dicho Moro delante del pueblo, que había acudido a la novedad de una causa seguida tan sin razón ni justicia contra un hombre tan insigne en virtud, prendas y demás circunstancias, les pareció a los jueces que no ganarían nada, y mandándole apartar, confirmaron la sentencia de muerte.
Terminado el juicio le volvieron a la cárcel, y a su paso le salió al encuentro su hija Margarita, a la que amaba tiernamente, para pedirle su bendición y el ósculo de paz, que le dio con mucho amor y ternura.
Cuando llegó a la cárcel se entregó a la oración y contemplación, recreando en el Señor su alma santa con muchos y suaves consuelos divinos.
Antes de que le sacaran al martirio, escribió con un carbón (porque no tenía pluma) una carta a su hija Margarita, en la que le manifestaba el deseo grande que tenía de morir en el día siguiente y ver al Señor, por ser la octava del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro, ya que moría por la confesión de su primado y Cátedra apostólica, y en la víspera de la traslación del glorioso mártir Santo Tomás, que fue su abogado durante toda su vida.
Se hizo tal como deseaba, y el 6 de julio fue llevado al martirio. Al llegar allí puso por testigo al pueblo que estaba presente de que moría por la Fe Católica, encargando a todos que rogasen a Dios por el Rey, protestando que moría como fiel ministro suyo, pero más aún de Dios, que es el Rey de Reyes.
Presentó su cuello, y a impulso de la cuchilla quedó separada del cuerpo aquella cabeza de justicia, de verdad y. de santidad, causando tan vivo dolor en los que lo miraron que no cabiendo en los pechos se manifestó en los rostros con abundantes lágrimas y sollozos, considerando que no se había quitado la cabeza a Tomás Moro, sino a todo el reino.
Así acabó su preciosa y ejemplar vida el docto e ilustre Tomás Moro, autor de "Utopía", en cuyo libro quiso manifestar la perfección de gobierno a que podía llegar una República conduciéndose por las luces de la razón natural y prescindiendo de la divina Revelación. Por ello no es de extrañar que la presente con los extravíos propios de la razón humana cuando camina sin el auxilio de la divina luz.
EPILOGO
Me he decidido a editar este corto libro, entre otras cosas para reivindicar a Tomas Moro como precursor de la Ciencia Ficción, que tanto desprecia el retraductor de la obra.
En efecto, teniendo en cuenta su tiempo (cosa a lo que estamos acostumbrados los aficionados) nos presenta un modelo de sociedad en una isla, aunque podría ser perfectamente un planeta, como casi todos nuestros autores favoritos Clarke, Asimov, Heinlein, Sturgeon, Scott Card.... prácticamente todos.
Claro que hay una diferencia, la obra está escrita como un ensayo, y los ensayistas suelen ver el mundo como masas amorfas de gentes, mientras que actualmente preferimos conocer las circunstancias del individuo ante una sociedad determinada. ¿Qué sentían los habitantes de Amarouto?. No creo que fueran tan perfectos, y si lo fueran serian insoportables.
Aun así, pienso que, a pesar que los aficionados solemos ser una panda de descreídos, deberíamos considerar a Tomas Moro, como santo patrón de la Ciencia Ficción, y el 22 de Junio celebrarlo adecuadamente.
Al menos yo, así pienso hacerlo.
diaspar
INDICE
Introducción.
Noticia, juicio y Recomendación de la UTOPIA y de TOMAS MORO Testimonio del Maestro Bartolomé XIMENEZ PATON Descripción de la isla y su agricultura e Las ciudades, especialmente Amauroto Los Magistrados
El trabajo
Relaciones humanas
Viajes y otras costumbres. Estudios
Los, esclavos
La Milicia
La Religión
Resumen de la heroica vida y ejemplar muerte del Ilustre TOMAS MORO Epilogo
Informalismo Español
El Paso
El grupo artístico "El Paso" supuso en el momento de su aparición, a finales de los años cincuenta, una auténtica conmoción estética duradera con la introducción del informalismo, producto a la vez de una influencia de la actualidad plástica francesa y norteamericana y de una profunda relación con la tradición española. En las artes plásticas nada de lo que vino a continuación pudo dejar de tener en cuenta a "El Paso" aunque fuera para definirse en su contra. 1 Introducción:
La proyección internacional de los artistas de “El Paso” (1955-1964)
Por Genoveva Tusell García
«Las arpilleras de Millares son vestigios ceremoniales, particularmente de las corridas de toros —la elegancia de la vestimenta de los toreros, la almohadilla de los caballos rasgada por el ataque del toro»—. Con estas palabras describió Frank O'Hara, director del Programa Internacional del Museum of Modern Art, la pintura del canario Manolo Millares con motivo de la exposición por él comisariada New Spanish Painting and Sculpture, que tuvo lugar en Nueva York en 1960. Se trata sin duda de una afirmación ciertamente chocante y poco habitual en lo referente a su pintura, un tipo de manifestación que como otras muchas prueba cómo entonces en Europa y América aún se tenía una visión estereotipada de España y sus artistas, acudiendo al folclore español para explicar el color y los materiales utilizados en la pintura informalista [ver informalismo]. La imagen de la pintura española en el exterior fue cambiando a medida que se fue dando a conocer en el panorama artístico internacional, siendo recibida a veces con sorpresa dado que provenía de un país dirigido por una dictadura. Por eso queremos abordar aquí no sólo este cambio de actitud con respecto al arte abstracto [ver abstracción] español sino describir su presencia en el exterior en los años cincuenta y sesenta y estudiar los propósitos que guiaron a estos artistas a la hora de participar en la política cultural española. Tras el largo período de aislamiento internacional en que España se vio sumida tras el final de la guerra civil, en los años cincuenta pudo observarse por parte del régimen una apertura hacia el mundo exterior en el ámbito cultural así como una inequívoca voluntad de modernización. En estos años comenzaron a aparecer por vez primera muestras de aceptación e incluso de promoción del arte de vanguardia dentro de las instancias oficiales pues, además de la organización de importantes certámenes como las bienales hispanoamericanas de Arte —creadas por el Instituto de Cultura Hispánica—, el Ministerio de Asuntos Exteriores se encargó de organizar la representación española en las bienales de Venecia, Sao Paulo o Alejandría y presentó una serie de exposiciones que tuvieron lugar fuera de nuestras fronteras entre 1959 y 1964. Esta labor desempeñada por el régimen constituyó, en palabras de Luis González Robles, comisario de muchas de ellas, «la más importante y grandiosa empresa que jamás se haya realizado en todo nuestra vida artística, “colocando en órbita” el arte español, que posee unas cualidades genuinas de singular potencia creadora y de gran personalidad», llevando a cabo una campaña de exposiciones cuyo fin último fue «potenciar el arte español. No a éste o a este otro pintor, sino al arte español». La presencia española en certámenes artísticos de carácter internacional había pasado inadvertida en las diferentes ediciones a las que había acudido desde el final de la guerra civil. Tras la ausencia en la convocatoria de 1948 y en el momento cumbre de su aislamiento internacional, España volvió a participar en la Bienal de Venecia en los años cincuenta de manos de los Madrazo o Goya y de los más destacados representantes de la esfera oficial como Juan de Ávalos, José Aguiar o Fernando Álvarez de Sotomayor>. A pesar de todo ya en las ediciones de 1952, 1954 y 1956 se empezó a dejar paso ya a nuevos valores como Antoni Tàpies, Josep Guinovart, Francisco Farreras, Rafael Canogar, Luis Feito, Manolo Millares y Antonio Saura. Algo parecido ocurrió con las participaciones en las bienales de Alejandría o Sao Paulo, en las que junto a Vázquez Díaz, Cossío, Ortega Muñoz, Zabaleta o Redondela, estuvieron ya Luis Feito, Josep Guinovart, Rafael Canogar o Amadeo Gabino. En 1957 Luis González Robles se hizo cargo de la representación española en IV Bienal de Sao Paulo apostando decididamente por la nueva generación de pintores abstractos: seleccionó obras de Manolo Millares, Manolo Rivera Hernández, Antoni Tàpies o Luis Feito junto a las de Jorge Oteiza, que obtuvo el primer premio de Escultura. El pabellón español fue considerado como el mejor de la Bienal por parte de crítica y público, el Museum of Modern Art de Nueva York compró varios obras, no sólo de Oteiza sino de Millares y Rivera, y la concesión del premio al escultor fue recibida en nuestro país como el primer triunfo colectivo del arte español de la posguerra.
Sin embargo fue en la Bienal de Venecia de 1958 donde el pabellón español se consagró como la estrella indiscutible que sorprendió a artistas, intelectuales y críticos de todo el mundo por su modernidad e innovación: por primera vez se presentaban en el extranjero obras de nuestros informalistas capitaneados por los del grupo «El Paso». Hasta entonces la representación española, incluso contando con figuras notables, había carecido por completo de un orden lógico, pero a partir de ese momento contó ya con un programa definido por unas determinados pretensiones. «La selección de obras —se decía en un informe probablemente redactado por González Robles— debería estar hecha por quién o quienes conozcan perfectamente lo que se produce actualmente en Arte, en los diferentes países del mundo y especialmente los envíos de estos países a las bienales anteriores para no caer en repeticiones o incluso en algunos casos parodias de obras presentadas o premiadas en pasadas bienales y para calibrar, basándose en la experiencia de los anteriores resultados, las tendencias y artistas que podrían tener más posibilidad de éxito». Además proponía reorientar el pabellón español hacia la presencia de un menor número de artistas con respecto a convocatorias anteriores, ampliando el número de obras expuestas para que cada participante estuviera dignamente representado.
Junto a los abstractos, que constituían la mayoría, sólo tres representantes de la pintura figurativa: Pancho Cossío, Godofredo Ortega Muñoz y Josep Guinovart en un grupo denominado Expresionismo figurativo. Con la incorporación de tres figurativos González Robles dejó abierta la posibilidad de que el jurado decidiera inesperadamente premiar a éstos y no a los abstractos. La no figuración estuvo representado entre otros por Rafael Canogar, Manolo Millares, Antonio Saura, Antonio Suárez [ver Suárez, Antonio], Antoni Tàpies, Vicente Vela, Modest Cuixart, Luis Feito, J.J. Thàrrats, Francisco Farreras o Manolo Rivera Hernández. Junto a estos pintores un único escultor —Eduardo Chillida [ver Chillida, Eduardo ]— que obtuvo el primer premio de Escultura del certamen, mientras que Tàpies recibió el premio de Pintura de la Fundación David E. Bright.
Tras largos años de aislamiento o indiferencia hacia el arte que España presentaba en sus exposiciones oficiales en el exterior, el éxito en la Bienal de Venecia de 1958 marcó un hito decisivo en lo que a la imagen del arte español en el exterior se refiere, abriendo una etapa de protección oficial del arte abstracto que se manifestó en una serie de exposiciones celebradas en todo el mundo a partir de 1959. La Dirección General de Relaciones Culturales se propuso rentabilizar estos triunfos organizando una campaña de exposiciones que llevó al arte español a los más importantes museos y galerías de todo el mundo. Si en la primera de ellas, la muestra 20 años de pintura española contemporánea celebrada en Lisboa a mediados de 1959, se incluyó todavía en la variada selección de obras a Zuloaga, Fernando Álvarez de Sotomayor y Julio Moisés, o los pintores de la Escuela de Madrid Pancho Cossío, Álvaro Delgado [ver Delgado, Álvaro], Benjamín Palencia o Cirilo Martínez Novillo, poco a poco se fueron abriendo paso los abstractos hasta ocupar la totalidad de estas exhibiciones.
A los ojos de la Dirección General de Relaciones Culturales el primer enclave a conquistar fue París, donde en mayo de 1959 se celebró en el Museo de Artes Decorativas de París la exposición 13 Peintres Espagnols Actuels. Estos pintores no eran sino los jóvenes Canogar, Cuixart, Feito, Alfonso Mier, Millares, Lucio Muñoz [ver Muñoz, Lucio], Manolo Rivera Hernández, Saura, Antonio Suárez [ver Suárez, Antonio], Tàpies, Thàrrats, Vicente Vela y Manuel Viola. Según el comisario de la exposición, Luis González Robles, esta selección obedecía «al espíritu que marca el arte de Tàpies; es, a su manera, un homogéneo grupo con el mismo denominador común. Hoy en día el Mundo admira el arte de Tàpies y la primera salida, precisamente en París, tenía que ser con la tendencia de Tàpies, y a su alrededor un homogéneo grupo de jóvenes artistas».
Sin embargo el día de su inauguración los cuadros de Antoni Tàpies no formaron parte de la exposición, de la que el artista se apeó por motivos políticos. Ante tal situación unos días antes de su apertura González Robles convocó a los artistas participantes para explicarles la negativa de Tàpies. Según el comisario Antonio Saura manifestó sus recelos respecto a que la exposición había tomado un «carácter demasiado oficial», por lo que fue el único en «solidarizarse con Tàpies en el sentido de no participar más en exposiciones organizadas por Culturales», solicitándole que le retirara de las posteriores exposiciones oficiales. Junto a él —siempre de acuerdo a las palabras de González Robles—, Canogar y Millares eran también de opinión de que la ausencia de Tàpies se debía a motivos estrictamente políticos, si bien ambos expresaron «su sentimiento de no poder romper lo oficial por no estar aún vinculados a ninguna galería». El resto de artistas, entre ellos Feito, se dieron cuenta —según González Robles— del «juego de Tàpies, cuya única verdad era que no le apetecía exponer con los que él llama sus amigos y a los cuales detesta cordialmente». Esta compleja situación, que terminó con la sustitución de Tàpies por las obras de Pablo Palazuelo, se había producido según el comisario «porque ha faltado hasta ahora en España una política de las artes». A pesar de lo dicho por González Robles, Rafael Canogar no estuvo presente en la reunión mencionada pues se encontraba en Roma trabajando en la Galería L'Attico, lo que nos induce a pensar que ésta nunca se celebró.
En el catálogo de esta exposición la pintura española se calificaba de «atrevida, chocante, rabiosa», tan cercana a la de Burri como a la de Pollock, Kline o Mathieu, dentro de ese nuevo lenguaje internacional que era la pintura de gesto. La prensa francesa mostró su curiosidad ante el hecho de que estos artistas «que no se benefician de ningún favor oficial en España, sean en adelante utilizados por el gobierno español como "objeto de exportación" de sus fines propagandísticos. Por eso cinco de ellos prefieren vivir en Francia». A pesar de todo la exposición pareció cumplir sus objetivos a los ojos de las autoridades españolas pues con ella se había conseguido, según fuentes diplomáticas, «Entrar en París por la puerta grande», «Romper la muralla de China del Louvre» y «Que la prensa se ocupase de la exposición».
Las obras que habían constituido la exposición de París se tomaron como punto de partida para la organización de una muestra más ambiciosa que, incrementada de forma notable con nuevas pinturas, recorrería las principales capitales europeas. La exposición fue reorganizada aumentándose el número de artistas participantes de trece a diecinueve, uniéndose a la lista las obras de Eduardo Alcoy, Farreras, Guinovart, César Manrique, Enrique Planasdurá, Gerardo Rueda y Fernando Zóbel. El título de la exposición parisina se sustituyó por el de Joven pintura española contemporánea y la muestra fue exhibida en Friburgo, Basilea, Múnich, Goteburgo, Oslo y Santiago de Compostela.
Tras los problemas ocasionados con Antoni Tàpies y su consiguiente ausencia de la exposición de París, se decidió en un principio mantener la decisión tomada entonces: sustituir las obras de Tàpies por las de Pablo Palazuelo, que recientemente había obtenido el quinto premio en el certamen Guggenheim International Award celebrado en 1959. Sin embargo ante la insistencia del Museo de Friburgo por representar al que consideraban uno de los artistas más importantes de la pintura abstracta española, se decidió incluir en la exposición cuatro obras de Antoni Tàpies prestadas por la Galería Beyeler de Basilea. Esto significaba para el Gobierno español «no sólo un incremento del prestigio, sino una contramaniobra política para poner punto final el equívoco surgido en París». Los cambios producidos en la selección de obras así como la inclusión final de Tàpies podrían haber demorado la elaboración del catálogo pues debían cambiarse títulos y fotografías con respecto a la muestra parisina pero se llegó a una rápida solución: «Como en la abstracción los títulos de los cuadros no tienen un significado especial —indicó el director general de Relaciones Culturales—, las obras que fueron vendidas en París se reemplazarán por otras de los mismos pintores, que pueden ser presentadas bajo los mismos títulos. Ello significa que no habrá demora en cuanto a la redacción del catálogo».
Los problemas surgieron cuando Antoni Tàpies recibió «con gran sorpresa y con la natural indignación» el catálogo de la exposición en el que figuraban cuatro obras suyas prestadas por una galería de Basilea. Acto seguido, remitió una carta a la Dirección General de Relaciones Culturales denunciando la inclusión de su nombre en ella y pidiendo que en adelante prescindiera de incluir su nombre de todas las exposiciones que organizara. «Sé perfectamente —decía Tàpies— que legalmente no tengo derecho a oponerme a la exposición de obras que ya no son de mi propiedad, como ha sucedido en este caso, pero todos sabemos que en las relaciones humanas se actúa en muchos casos por simples motivos de honor o de amistad que pesan tanto como las más frías leyes». A resultas de todo esto Tàpies pidió no ser incluido en las demás exposiciones que se preparaban en varias ciudades europeas: «Con mi ausencia no hago daño a nadie, pero sí creo hacer un bien a mi carrera y al prestigio de la pintura española en general». Ante sus protestas el director general Ruiz Morales anunció a Tàpies que retiraría su nombre de estas exposiciones itinerantes una vez fuera clausurada la muestra en Basilea.
Junto a Tàpies de la misma forma Antonio Saura se retiró de la exposición por motivos políticos. Manolo Millares también era de la idea de que los artistas de «El Paso» debían desvincularse de la esfera oficial por idénticos motivos, como le manifestó a Rafael Canogar en una carta fechada en julio de 1959. «En realidad no sólo me retiro de estas exposiciones por la inclusión de ciertos elementos —escribió Millares a Canogar—. Mi retirada ya estaba prevista desde antes, por varias y hondas razones. Una de ellas —quizá la más poderosa— la política». A pesar de su decisión las obras de Millares estuvieron finalmente incluidas en todo el periplo de la exposición. También lo estuvieron las de Rafael Canogar, que por su parte se inclinaba a pensar que la lucha contra el régimen debía realizarse desde dentro, precisamente participando en este tipo de exposiciones y contribuyendo a ofrecer una nueva imagen de España fuera de nuestras fronteras.
Tras los éxitos conseguidos en Europa el siguiente paso lógico en la promoción de la pintura abstracta española fue darla a conocer en Hispanoamérica. España había sido asidua participante en las bienales de Sao Paulo obteniendo importantes premios, como los otorgados a Jorge Oteiza en 1957 y a Modest Cuixart dos años más tarde. Así pues, se organizó la exposición Espacio y color en la pintura española de hoy, compuesta por las obras españolas en la V Bienal de Sao Paulo de 1959 junto a otras tantas que llegaron de España hasta alcanzar las casi ciento cuarenta. Entre los treinta y tres artistas participantes en la exposición se encontraban Canogar, Cuixart, Farreras, Feito, Guinovart, César Manrique, Lucio Muñoz [ver Muñoz, Lucio], Ráfols Casamada, Manolo Rivera Hernández, Thàrrats, Vicente Vela, Joan Vilacasas, Manuel Viola y Fernando Zóbel. La exposición fue presentada en Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Perú y Colombia.
Al mismo tiempo progresaban las negociaciones para realizar una exposición de arte abstracto español en Estados Unidos iniciadas a raíz de la celebración en 1958 en Madrid de la exposición La nueva pintura americana, compuesta por una selección de obras del MOMA de Nueva York, en cuyo montaje participaron algunos miembros de «El Paso». Para entonces el director de su Programa Internacional, Porter McCray, había contactado ya con algunos pintores españoles para requerir su participación en la exposición, recibiendo una negativa inicial de Tàpies, Saura y Millares. Luis González Robles interpretó su decisión como una «postura disidente, ridícula y desagradecida de aquellos pintores a los que España había presentado al mundo y actualmente hacen pinitos de independencia artística y de otras clases», indicando que su rechazo debía interpretarse como una negativa al Gobierno español no al MOMA. El 23 de marzo de 1960 Frank O'Hara llegaba a Madrid para realizar la selección de obras de la exposición, visitando los estudios de Canogar, Chirino, Feito, Millares, Rivera Hernández, Saura y Viola en Madrid, y los de Chillida, Cuixart y Tàpies en Barcelona. El 20 de julio de 1960 se inauguró la exposición New Spanish Painting and Sculpture en las salas de la primera planta del MOMA. Las cincuenta y cinco obras expuestas eran de los pintores Canogar, Cuixart, Farreras, Feito, Lucio Muñoz [ver Muñoz, Lucio], Manolo Rivera Hernández, Antonio Suárez [ver Suárez, Antonio], Thàrrats y Manuel Viola, y los escultores Eduardo Chillida [ver Chillida, Eduardo], Martín Chirino, Jorge Oteiza y Pablo Serrano Aguilar, además de Millares, Saura y Tàpies, este último presente a través de tres lienzos de la colección del museo neoyorquino. Tras su clausura la muestra emprendió una gira de un año de duración por los Estados Unidos que comenzó en Washington y finalizó en Toronto (Canadá).
Cuando la Dirección General de Relaciones Culturales se encontraba organizando junto con el MOMA la exposición New Spanish Painting and Sculpture recibió una propuesta del Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York para realizar otra muestra de pintura española actual que incluiría un mayor número de artistas. A comienzos del mes de marzo de 1960 el director del Guggenheim, James Johnson Sweeney, viajó a España para organizar la exposición y visitar los talleres de los artistas que participarían en ella, aunque la selección final se realizaría de acuerdo con Luis González Robles. Se trataba de una propuesta muy importante para el Gobierno español pues ésta sería la segunda exposición especial de pintura celebrada en el museo desde su inauguración en octubre de 1959. Además para la Dirección General de Relaciones Culturales la celebración simultánea de ambas exposiciones no debía plantear ningún problema sino que sería más bien una ventaja pues serviría —en palabras de su jefe de Exposiciones— «para dar una lección indirecta a esos resbaladizos señores» del MOMA.
La exposición Before Picasso, after Miró fue inaugurada el 21 de junio de 1960 en el Guggenheim de Nueva York. Junto a las casi treinta obras de Isidre Nonell, presentado como antecedente del abstractismo español, se mostraban las de Canogar, Cuixart, Farreras, Feito, Juana Francés, Lucio Muñoz [ver Muñoz, Lucio], Millares, Hernández Pijuán, Manolo Rivera Hernández, Saura, Antonio Suárez [ver Suárez, Antonio], Tàpies, Vicente Vela, Juan Vilacasas, Manuel Viola y Zóbel. En el catálogo de la exposición Sweeney explicaba que el propósito de la muestra era el de ilustrar «la continua vitalidad de la pintura en España [...] En el siglo XX la creatividad en la pintura española no se ha limitado a dos o tres artistas internacional mente conocidos. Y hoy la obra de los jóvenes pintores augura una continuidad en su contribución a través de expresiones que son al mismo tiempo individuales, relativamente independientes de la influencia externa y variadas». La prensa neoyorquina recibió de manera entusiasta la presencia simultánea de dos exposiciones de arte abstracto español en la ciudad ya que la muestra del Guggenheim había sido inaugurada con anterioridad a la del MOMA. En el Guggenheim las pinturas estaban colgadas sobre las paredes blancas ampliamente iluminadas de la rampa central, mientras que en el MOMA se habían pintado las paredes de gris oscuro, los techos eran bajos y la luz de intensidad moderada. Para el crítico del «New York Times» la disposición de las obras les confería «un melancólico y a menudo siniestro aire», mientras que en el Guggenheim tenían «la elegancia constreñida de los mudos invitados en una institución en la que estamos acostumbrados a un comportamiento libertino». Dejando aparte los comentarios acerca de la obra de los artistas españoles, las alusiones políticas estuvieron presentes en la mayoría de las publicaciones neoyorquinas. La más implacable en su crítica fue «Art News», que se centró más en los aspectos políticos que en los artísticos, pues era de la opinión de que la nueva escuela pictórica española no era más que un medio de propaganda con el que se pretendía demostrar la liberalidad del régimen de Franco [ver Franco, Francisco contando con todo su apoyo. «Precisamente porque no hay libertad en esa sociedad —se decía en el artículo—, no hay poder de expresión en estas pinturas, porque la represión se ha convertido en un hábito. Se luchó y perdió una batalla en el actual proceso pictórico —esto explica las menciones frecuentes a plazas de toros, campo de batalla, sangre y violencia—. Pero las pinturas en sí mismas son ineficaces y decorativas». Por último se decía que la pintura española de posguerra no era «en absoluto un movimiento de vanguardia, sino una aberración provinciana. Está limitado por las condiciones de una dictadura, no existe el entorno de libertad necesario en cualquier movimiento genuino de vanguardia». En la prensa española se reprodujeron las palabras con las que el comisario James J. Sweeney explicaba el porqué del éxito cosechado por nuestros pintores: «El prodigio pictórico español consiste en que cuando lo abstracto se está anquilosando o agotando dentro de los países fundadores o precursores por falta de nuevos talentos, España los produce a chorros, y así es hoy España, no sólo por la cantidad, sino por la calidad y originalidad también, la primera potencia en pintura abstracta».
Los ecos de los éxitos españoles en el exterior habían llegado por entonces también a la prensa británica a raíz de la Bienal de Venecia de 1958, a la que el diario «Sunday Times» se refirió de la siguiente manera: «Hace dos años nos habría parecido increíble que incluso los visitantes franceses admitieran la superioridad del Pabellón Español sobre el suyo propio; esto es lo que ha ocurrido la semana pasada. El Pabellón Español, compuesto casi en su totalidad por trabajos realizados el pasado año, combina la absoluta modernidad de su expresión con las clásicas cualidades españolas: concisión, intensidad y un elevado sentido de dramatismo». También «The Times» se refirió a los éxitos conseguidos en este certamen que supuso la «resurrección en la pintura española, pues en él un grupo de desconocidos pintores recién llegados al campo del arte abstracto demostraron, para sorpresa de todos, que podían manejar el nuevo arte tan hábilmente como cualquier otro artista y, más aún, manteniendo sus caracteres nacionales en el proceso. Comenzaron entonces las negociaciones para presentar una exposición de arte abstracto español en Londres aunque el proyecto definitivo no llegaría hasta 1960. El retraso en su organización suponía un inconveniente para el director del Instituto de España en Londres, Xavier de Salas —uno de sus impulsores—, que era de la opinión de que «después de esta fecha [1961] no creo que el arte abstracto mantenga el interés que ahora ofrece: ni aquí ni en ningún lado. Pero esto es una cosa de criterio estrictamente personal, basada en las reacciones últimas de los críticos más agudos, y del creciente aburrimiento que en mí despiertan». La muestra se presentaría en la Tate Gallery, que puso como condición que ésta cubriera los cincuenta últimos años de pintura española, pareciéndose quizá a la que tuvo lugar en el MOMA de Nueva York, y su director, Sir John Rothenstein, visitó España en octubre de 1961 a fin de concretar algunos aspectos de la exposición y visitar los estudios de varios artistas. La exposición Modern Spanish Painting fue inaugurada el 5 de enero de 1962, abriéndose con cinco óleos de Isidre Nonell que, como ya ocurrió en la exposición del MOMA de Nueva York, se presentaba como claro antecedente de la pintura contemporánea española. Tras él ochenta y cuatro obras de veintiocho pintores, entre los que se encontraban Canogar, Cuixart, Farreras, Feito, Juana Francés, Guinovart, August Puig Bosch, Manolo Rivera Hernández, Gerardo Rueda, Eusebio Sempere, Antoni Tàpies, Thàrrats, Gustavo Torner o Zóbel. La crítica londinense dedicó sus más favorables críticas a los abstractos españoles coincidiendo en señalar como un acontecimiento sin precedentes la presentación simultánea de tres exposiciones españolas en Londres. Gran parte de la prensa definió la exposición con comentarios tan elocuentes como «No puede dejar de impresionar [...] Está espléndidamente montada y colgada: la Tate alcanza cada vez una mayor intensidad en sus exposiciones». A pesar de las excelentes críticas el componente político dejó entreverse en los comentarios de los más prestigiosos críticos ingleses. El diario «The Times» confesaba estar sorprendido por la profesionalidad y el saber hacer excepcionalmente altos de los pintores españoles, más aún por proceder de «un país con una larga historia de conservacionismo y provincialismo en arte moderno como España», ganándose un puesto distintivo en el arte contemporáneo. Por su parte el «Sunday Times» se preguntaba si la coincidencia de estas tres exposiciones era la confirmación de la existencia de una escuela española o más bien una maniobra político-financiera; pero a pesar de todo no debían dejar de visitarse las tres. «Resulta increíble —se decía en las páginas de la revista "Apollo"— que la escuela española, que a los ojos de otros europeos parece presentar una coherente y homogénea unidad, haya producido desde la guerra un considerable número de jóvenes pintores cuyo trabajo se ha convertido, estilísticamente y en cuanto a calidad se refiere, en una revelación».
La rentabilidad política y diplomática que el régimen supo sacarle a esta campaña de exposiciones constituye un hecho que aún no ha sido lo suficientemente estudiado y valorado por los analistas e historiadores del franquismo. En muchas ocasiones se ha acusado al régimen de haberse servido del arte de vanguardia para ofrecer en el exterior una imagen de modernidad y apertura que no se correspondía con la situación real del país pero con la que España se incorporó de forma definitiva al panorama artístico internacional. El acierto de la Administración española estuvo en que decidió encaminar su política cultural hacia lo que entonces se reclamaba en el exterior: la pintura abstracta. El informalismo representaba una apuesta segura en certámenes como la Bienal de Venecia, que en sus ediciones de 1958 y 1960 premió a artistas como Mark Tobey, Hans Hartung o Jean Fautrier. Esta labor realizada a finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta parece ser más bien la explotación de un éxito, la búsqueda de rentabilidad de los triunfos conseguidos en las bienales de Sao Paulo y Venecia, ya que la Dirección General de Relaciones Culturales se dio cuenta de que podía aprovechar el auge de su pintura abstracta para salir del aislamiento político y cultural en el que se encontraba desde el final de la guerra civil. El régimen aprovechó el momento para obtener una cierta rentabilidad política, es cierto, pero lo hizo una vez comprobó el éxito de los abstractos españoles, el empuje que tenían en el panorama artístico internacional, mostrando una total indiferencia hacia las tendencias políticas de los artistas seleccionados, que sólo se hicieron incómodas cuando éstos las hicieron públicas.
En un primer momento la mayoría de los jóvenes pintores seleccionados tanto para exposiciones como para la representación española en las distintas bienales se mostraron dispuestos a participar en ellas pues para ellos significaba una oportunidad de darse a conocer en el exterior. Pero muy pronto fueron desligándose de estas manifestaciones oficiales pues llegó un momento en que comenzaron a mostrarse avergonzados e incómodos ante la conciencia de ser «montajes culturales» del Gobierno de Franco [ver Franco, Francisco , tratando en lo sucesivo de desligarse de la tutela institucional del régimen. Así ocurrió con Antoni Tàpies, que por motivaciones políticas declinó participar en cualquier exposición organizada por el Gobierno español. Tras de él fueron apartándose progresivamente de la esfera oficial otros pintores como Antonio Saura o Manolo Millares, que encontraron otros cauces de proyección internacional. Todos ellos participaron en 1964, junto a Picasso, Óscar Domínguez [ver Domínguez, Óscar], Eduardo Arroyo o Agustín Ibarrola, en la exposición antifranquista España Libre, celebrada en Italia y organizada por distintas facciones del partido comunista. Como vemos los artistas de «El Paso» tuvieron una presencia abundante tanto en las iniciativas de corte oficial como en los certámenes antifranquistas. Los nombres de Rafael Canogar, Manolo Rivera Hernández o Antonio Suárez [ver Suárez, Antonio] estuvieron presentes en prácticamente todas las exposiciones a las que nos hemos referido. No en vano en la muestra New Spanish Painting and Sculpture, celebrada en el MOMA de Nueva York, de los dieciséis artistas representados nueve formaban parte de «El Paso»: Canogar, Feito, Millares, Rivera Hernández, Saura, Suárez, Viola, Chirino y Serrano Aguilar. Muchos de estos artistas resultaron beneficiados por esta nueva política cultural, más aún en un momento en que se hacía difícil salir al exterior si no era de mano de las instancias oficiales. Sin embargo poco a poco fueron desligándose de las exposiciones internacionales por motivos políticos y mostrando su disconformidad con el régimen. El primero en oponerse fue Antoni Tàpies, al que se unieron los artistas de «El Paso» Antonio Saura y Manolo Millares o Manuel Viola en momentos puntuales, mientras otros como Canogar o Rivera Hernández continuaron participando en las exposiciones oficiales. Por su parte resulta indiscutible que el régimen obtuvo una rentabilidad política gracias a esta labor cultural española en el exterior.
Al margen de todas estas cuestiones la campaña de exposiciones emprendida por la Dirección General de Relaciones Culturales significó la incorporación definitiva del arte abstracto español al panorama internacional, del que había permanecido relegado tras el paréntesis de la guerra civil. Manifestaciones como la de Porter McCray acerca de la pintura de Millares muy pronto dejarían de ser válidas pues a pesar de que los propios artistas de «El Paso» resaltaron en numerosas ocasiones la importancia de la tradición pictórica española en su obra, su influencia llegaría a exacerbarse en exceso en lo referente a la imagen que en el exterior se tenía de la pintura abstracta española. Por todo ello la opinión de Porter McCray acerca de la obra de Millares nos resulta inválida ante afirmaciones como las llegadas desde Gran Bretaña, donde la prensa se refirió al arte abstracto español presentado en la Tate Gallery calificándolo con las siguientes palabras: «Es valiente, ultramoderno y corta la respiración».
G. TUSELL GARCÍA, “La proyección internacional de los artistas de “El Paso” (1955-1964)”, en El Paso, Centro de Exposiciones y Congresos de Ibercaja (Zaragoza, del 29 de abril al 29 de junio de 2003), catálogo 107, Zaragoza, 2003, pp. 41-48.
El Paso
Grupo artístico español.
El Paso surgió en Madrid en febrero de 1957 impulsado por Antonio Saura, pero el manifiesto fundacional definitivo no fue redactado hasta el verano de ese mismo año, cuando apareció firmado por los artistas Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés de la Campa, Manuel Millares, Antonio Saura, Manuel Rivera Hernández, Pablo Serrano Aguilar, Antonio Suárez (ver Suárez, Antonio) y los críticos Manuel Conde y José Ayllón. Posteriormente Francés y Serrano abandonaron el grupo, y más tarde Martín Chirino y Manuel Viola se incorporaron a él.
El Paso nace como la reacción renovadora de un grupo de jóvenes artistas que, frente a la monotonía académica y oficialista reinante en la España de la época, se proponían, tal como afirman en su manifiesto, “crear un nuevo estado del espíritu dentro del mundo artístico español” dando a conocer las corrientes artísticas internacionales. Constituían un grupo de pintores y escultores muy heterogéneo, con personalidades y trayectorias diversas, desde la figuración estilizada y geométrica (así Suárez y Rivera), el cubismo (Feito), un cierto expresionismo hierático (Francés), las sugerencias primitivistas (Millares, Chirino) o el surrealismo (Saura). Sin embargo, y aunque afirmaban no identificarse con ninguna tendencia artística definida, compartían una misma visión sobre la función del arte. Englobados genéricamente en expresionismo abstracto o informalismo, los auténticos puntos de contacto existentes entre ellos fueron el afán de renovación y toda una serie de experiencias generacionales (actividades, amistades, lecturas) que artísticamente se traducen en un marcado compromiso estético y social, una visión concreta del pasado colectivo español que enlaza con la “España negra” y la pasión por la materia como vehículo expresivo fundamental. Coinciden asimismo en experimentar las influencias del París artístico contemporáneo —conocido por todos ellos de manera directa y definido por la obra de Fautrier, Dubuffet, Soulages y Mathieu entre otros— y de la pintura norteamericana de la época — Pollock, Kline, Rothko, De Koonig , influencias que, sin embargo, fueron integradas en una conciencia compartida por todos ellos de pertenecer a una tradición cultural propia y autónoma, la española, lo que representa el rasgo característico y definitorio de El Paso.
Desde su primera exposición en la sala Bucholtz de Madrid en abril de 1957, hasta su disolución en mayo de 1960, el grupo, definido en su propio manifiesto como “una actividad”, desarrolló un nutrido programa de actividades, conferencias, exposiciones y publicaciones (quince boletines publicados entre marzo de 1957 y mayo de 1960 bajo el título “Carta de El Paso”, con información sobre el grupo pero también acerca de las exposiciones individuales de sus miembros). A su actividad en España se sumaron los éxitos internacionales en las bienales de Sao Paulo y Venecia, en París, Roma y Nueva York, ciudad esta última donde la mayoría de los miembros del grupo participaron en exposiciones como New Spanish Painting and Sculpture y Before Picasso, After Miró, celebradas respectivamente en los museos de Arte Moderno y Guggenheim en el verano de 1960. Precisamente la difusión internacional del arte español posterior a la Guerra Civil fue uno de los grandes logros de El Paso, grupo expresión del cambio de tendencias en el arte español y, a la vez, hito significativo en la historia del arte de este país.
En una España que aún vivía una situación de posguerra,inmersa en el aislamiento internacional y sumida en una crisis social y política; una expresión de arte colectivo rompió la total atonía del mundo creativo español: El PASO, una propuesta que reuniría a pintores y escultores de muy diferenciada personalidad pero con una misma visión sobre la función del arte.
La sociedad artística en la que irrrumpe el grupo El PASO fue definida en su manifiesto fundacional, publicado en 1957. Sin adscribirse a ninguna tendencia artística definida y con la ambición de sumar a su propuesta a escritores, cineastas, músicos y arquitectos, los artistas que formaban El PASO comenzaban un capítulo nuevo en la historia del arte español: una vanguardia libre nacía después de dos décadas de silencio creativo y lo hacía con una idea clara de compromiso con su tiempo.
Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manuel Millares, Antonio Saura, Manuel Rivera, Pablo Serrano, Antonio Suárez, Manuel Conde y José Ayllón constituyeron la primera formación de El PASO, desde sus iniciales contactos en 1955; en los años siguientes Martin Chirino y Manuel Viola incorporarían sus nombres al grupo, mientras se alejaban definitivamente Francés y Serrano.
Todos ellos poseían una trayectoria previa individualizada, marcada por corrientes artísticas diferenciadas: figuración estilizada y geométrica (Suárez y Rivera), del cubismo (Feito), de un cierto expresionismo hiératico (Francés), de sugerencias primitivistas (Millares, Chirino) o del surrealismo (Saura). Aunque todos pueden agruparse bajo la tendencia del informalismo, no se trata de un grupo homogéno, pero tuvieron en común su entorno, su generación, todos leían los mismos libros y veían las mismas exposiciones. Todos realizaron el viaje a París, en el momento de Fautrier, Dubuffet, Wols, Mathieu o Stael. Dspués llegaría el conocimiento de la pintura norteamericana del momento: Pollock, Rothko, Kline, Still o De Kooning... que cada uno asimilaría a su manera.
Pero ninguna influencia exterior consiguió nunca eliminar la profunda sensación de pertenencia a una tradición propia. Los miembros de El PASO compartieron siempre una visión como herederos de la España negra, con Solana como referente imprescindible. Y, por supuesto, la materia como elemento definitorio y primodial del espíritu informalista. Su principal medio de expresión: la pincelada violenta y empastada, el arañazo al lienzo, el dripping, el empleo de la arpillera, la tela metálica, la arena, los objetos pegados... Pero quizá el elemento definitorio del grupo fue el compromiso: una actitud ética, moral y social que convertiría el lienzo en un campo de batalla.
A ojos de los sectores oficiales el grupo El PASO era un perfecto embajador de la cultura española. La novedad de sus obras ofrecía una imagen inédita y moderna del régimen de Franco. En ellos se volvían a hacer realidad los mitos de la pintura española: rojo y negro, tenebrismo, drama y violencia, religión y muerte.
Hoy, resulta difícil digerir esa imagen del PASO presentado como arte oficial del régimen franquista y es que el grupo no asustó al régimen; quizá porque no había una crítica explícita en las obras. Su compromiso político fual algo gradual. Sólo Viola y Chirino llegaron a afiliarse a un partido. Sólo con el tiempo fueron rechazando su condición de representantes oficiales de un régimen del que no eran partidarios.
Quizá no existió una complicidad consciente entre las instituciones del régimen y los artistas del PASO, pero sí que hubo un aprovechamiento mutuo.
No hay que condenas per se la instrumentalización del arte para unos fines determinados porque esta alianza entre arte y política es siempre fascinante. Es triste cuando esta utilización encumbra a artistas de forma inmerecida. Sin embargo, este no es el caso del grupo El PASO.
El informalismo supuso un punto y aparte en la historia del arte español y la calidad de sus artistas es indiscutible. Este grupo se disolvió diez años más tarde de su formación.
El Informalismo en España
Mientras en Francia y en otros países de Europa se iniciaba la profunda transformación que en el terreno artístico conduciría al informalismo, en España, a media dos de la década de los cuarenta, se vivían circunstancias extraordinariamente precarias. Tras la guerra civil, el estado de deterioro en que se encontraban la mayor parte de centros dedicados a actividades culturales era el reflejo de la terrible situación a la que habían de enfrentarse intelectuales y artistas. Sin embargo, el ansia de renovación era tan potente que, aunque lentamente, comen-zaron a esbozarse ciertas vías que permitían la penetración de nuevas modalidades artísticas. En ese sentido, hay que subrayar la importancia de Cataluña, como pionera en lanzarse a la investigación de comportamientos y manifestaciones novedosos en el terreno del arte. El hecho de que Joan Miró, artista que desde inicios de la década de los años veinte había permanecido en París, volviera a Barcelona en 1942, hizo que los jóvenes pintores y escultores catalanes que conocían sus actividades dentro del Surrealismo, tomasen el arte mironiano como punto de arranque para sus propias experiencias. Así pues, no resulta extraño que al fundar el grupo Dau al Set, en 1948, sus componentes se hallaran claramente influidos por la obra de Miró.
De todos modos, las vanguardias no penetraron masivamente, y hubo de transcurrir un tiempo para que pudiera llegar a advertirse su influencia. Hay que señalar que, en determinadas ocasiones, algunas personas, como el galerista Dalmaij, propiciaron que se conocieran las actividades de los artistas extranjeros en el país gracias a la realización de exposiciones de vanguardia.
Dau al Set fue posible gracias a la confluencia de personalidades que tenían inquietudes intelectuales similares y que se interesaban profundamente por unos mismos temas. El grupo fue fundado, en septiembre de 1948, por los pintores Joan José Tharrats, Antoni Tápies, Modest Cuixart y Joan Pont, y los escritores Joan Brossa y Arnau Puig. Pocos meses después, en enero de 1949, se adhirió al grupo el escritor Juan Eduardo Cirlot. El trabajo más significativo fue la publicación de la revista Da u al Set, cuyo primer número fue en setiem bre. A través de algunos ejemplares de Dau al Setes fácil detectar la influencia de las más avanzadas publicaciones de las primeras vanguar dias, fundamentalmente del Dadaísmo y del Surrealismo. También pueden establecerse importantes conexiones con la célebre publicación alemana del Expresionismo, el Almanaque de Der Blaue Reiter, sobre todo desde el punto de vista del contenido. En este aspecto, la revista Dau al Set constituye un claro ejemplo de integración de todas las artes. Siguiendo la idea de Kandinsky de que el almanaque debía incluir mani festaciones de arte infantil, popular, amateur y primitivo, Dau al Set abrió sus páginas a textos e imágenes del mundo del cine, del jazz, de las fiestas populares y tradicionales, además de, como es lógico, los textos de sus escritores y las ilustraciones de sus artistas.
Queda constancia asimismo del interés que los miembros de Dau al Set sentían por la música contemporánea, así como por el arte de vanguardia. Entre los artistas que más influyeron en los pintores del grupo cata-lán se hallan, en primer lugar, Joan Miró y Paul Klee; también Max Ernst, André Masson, o incluso cierta obra de Salvador Dalí.
Hablar de un arte Dau al Set es lícito siempre y cuando se considere globalmente como manifestación opuesta a la tradición imperante en el estado español desde que finalizara la guerra civil hasta la configu-ración del grupo, en 1948. En el seno de Dau al Set, Tharrats efectuó un tipo de obras bastante distintas a las del resto de los miembros; Pon, por su parte, había iniciado ya un lenguaje onírico surreal antes de incorporarse al grupo. Cuixart efectuaba dibujos y pinturas en las que afloraban a la superficie elementos propios de un mundo mágico, en tanto que Tápies realizaba obras en las que luces fosforescentes y colores cálidos se adueñaban de los extraños personajes que, indudablemente, remitían a una iconografía fantástico-surreal, propia del surrealismo tardío, gracias al cual los artistas pudieron adquirir conciencia de la necesidad de una ruptura con la tradición para poder iniciar algo verdaderamente innovador. Volvieron la mirada a París y comprendieron que el Surrealismo como movimiento pertenecía ya al pa-sado y que, en cambio, existían otras modalidades artísticas nuevas que respon-dían plenamente a la mentalidad de la época.
De ese modo, comenzaron progresivamente a situarse en el seno de la experimentación con nuevos materiales y técnicas que les llevarían a adoptar el lenguaje informalista que en aquellos momentos se hallaba vigente en Europa.
De todos los artistas de Dau al Set, Antoni Tápies (1923) fue quien inició, ya a fines del 1952, una trayectoria claramente adscrita al informa-lismo matérico. Las obras realizadas por él durante los años cincuenta y parte de los sesenta es-tán efectuadas empleando un procedimiento mixto que da lugar a unas materias densas con aspecto rugoso y áspero. Tápies las obtenía mezclando polvo de mármol triturado con aglutinante y pigmentos en polvo. Este empaste denso se colocaba sobre el soporte y después se trabajaba, utilizando la técnica del grattage o bien añadiendo algún elemento por collage. De ese modo, las texturas son extraordinariamente complejas y llegan a presentar una apariencia de relieves. En la obra del período estrictamente informalista, Tápies elimina todo elemento de carácter figurativo, y tan sólo se pueden observar ciertos signos, como la cruz en forma de «T» o de aspa, algunas extrañas e ilegibles grafías o bien manchas y goteados que se reparten por ciertas zonas de la pintura para convertirse en centros de atención.
Uno de los aspectos más característicos de la obra tapiana informalista es el cromático. Tápies siempre prefirió emplear colores afines a los tonos. de la tierra. El blanco sucio, que integra determinadas cantidades de ocre, beige o tonos salmón, es quizás el más característico de toda una época en la trayectoria del artista. Sin embargo, también existe gran cantidad de pinturas, las correspondientes a fines de los cincuenta, en las que el común denominador lo constituye el empleo del negro, que casi nunca aparece puro. Se trata más bien de diversas tonalida-des de gris con distintas intensidades. En el fondo, puede hablarse de una casi ausencia del color durante unos años en la obra tapiana, hecho que, sin duda, confiere al conjunto un carácter de marcada austeridad.
En torno a 1962-1963, Tápies comenzó a integrar en su pintura matérica elementos del entorno cotidiano, a pesar de que éstos quedan siempre supeditados al conjunto informal. Ese acercamiento progresivo a la realidad tuvo como resulta do el hecho de que la obra de Tápies llegase a apartarse, a fines de la déi2ada; de la estética informalista para aproximarse a otras modalidades como puedan ser el concep-tualismo o bien el propio Arte Povera. Comenzó entonces una etapa en la que el artista renunció al tipo de trabajo que siempre le había caracterizado y empezó a efectuar obras en las que lo esencial es el objeto descontextuali-zado. La manipulación y metamorfosis de tales objetos se produce al conju-garlos con materiales que, cada vez más, se convertirían en elementos constantes en la evolución del artista, como la paja, las sábanas y ciertos materiales de desecho -papeles, cartones, trapos, cuerdas, etc.- que remiten a los collages de la etapa previa a Dau al Set del propio artista.
Tras este período, bastante largo y en el que puede afirmarse que la reflexión impera sobre la ejecución, Tápies reemprendió su trayectoria pictórica a inicios de los años ochenta. En la pintura de esta etapa se aprecia cuán esenciales fueron sus logros de la época informalista, pues existen muchos aspectos, sobre todo el gusto por las materias con calidades texturales importantes, que vuelven a constituir un objetivo esencial para el pintor. Por otro lado, Tápies ha efectuado también en los últimos años varias incursiones en el ámbito de la escultura y ha realizado piezas en materiales diversos que, por el tratamiento a que han sido sometidos y por los signos que aparecen en ellas integrados, demuestran su vinculación a la obra pictórica del artista, sin duda la más significativa.
Otro de los miembros, Modest Cuixart (1925) comenzó a apartarse de la figuración surreal hacia 1955, tras una estancia en Lyon. De esa época datan una serie de pinturas en las que lo esencial es la materia de que están hechas, así como el trabajo de grattage efectuado en ellas. Al emplear la técnica de la encáustico, Cuixart obtenía unas materias bastante gruesas y de calidad lustrosa. Los colores se caracterizan también por su austeridad, pues prevalecen los neutros o las gamas oscuras. Muy poco después, el artista comenzó a integrar materiales heterogéneos extra-pictóricos, como tubos, cuerdas o elementos de plástico. Generalmente aparecen plenamente integrados en la pintura, embadur-nados de material y metamorfoseados.
Afines de la década de los cincuenta llevó a cabo una serie de pinturas efec-tuadas con la técnica del dripping (goteo directo del tubo), en las que los entrama dos lineales se distribuyen esencialmente en la zona central de la composición. Los fondos suelen ser oscuros y, en cambio, los goteos presentan brillos metá-licos, pues contienen purpurinas. Lentamente, desaparecen los entramados para dar paso a unas configuraciones más regulares que, a modo de discos, cubren detenninados puntos de la superficie. En esta época Cuixart no sólo utiliza tonali-dades oscuras para los fondos, sino que abre la paleta e integra rojos vivísimos, granates, azules, que contrastan vigorosamente con las zonas en las que se hallan los elementos metalizados.
En 1962, el artista comenzó a realizar osado-assemblages al adherir a sus pinturas muñecas rotas y quemadas, junto a otros materiales de desecho. Surgen o-bras de gran fuerza expresiva en las que los contrastes se acentúan al máximo. Tras este período, que duró dos años, Cuixart retornó a la figuración, abando-nando el informalismo matérico. Su actividad, durante los últimos años, se caracteriza por el hecho de que vuelve a emplear ciertos materiales que había utilizado en su etapa informalista, aunque no abandona del todo la figuración. 62 En cuanto a Joan Josep Tharrats (1918), su principal aportación a la pintura infor-mal en Cataluña fue descubrir y utilizar la técnica de la maculatura. Como su nombre indica, dicha técnica se basa en el empleo de la mancha como elemento esencial en la pintura. Las calidades logradas por el artista son realmente muy ricas y cambiantes. A ello contribuye de manera decisiva el hecho de que Tharrats siempre ha sentido gran interés por trabajar con amplias gamas cromáticas, influi do por las obras del modernismo catalán, y, en especial, por Gaudí. Tharrats sien te una especial atracción por el espacio, por los mundos desconocidos. Mucho antes de que se obtuvieran fotografías de otros planetas, el artista ya realizaba obras que semejaban paisajes de remotos lugares. La obra de Tharrats ha sido siempre no figurativa y, desde un punto de vista técnico, no ha experimentado demasiadas variaciones, motivo por el cual no se distinguen en su trayectoria etapas muy distintas.
Joan Pont (1927-1984) no abandonó nunca el lenguaje figurativo de tipo mágico que le caracterizaba. No llegó a verse influido por el informalismo europeo pues, en 1953, decidió marcharse a Brasil y no volvió a Barcelona hasta diez años más tarde.
Apartir de mediados de los años cincuenta fueron muchos los artistas catalanes que se adhirieron a las distintas modalidades del lenguaje informalista. La ten-dencia que contó con más pintores adeptos fue la matérica. Es importante seña-lar que, en la mayoría de los casos, los artistas realizaron obras con técnicas y materiales propios, hecho que les confería total independencia con respecto a las realizaciones de otros pintores extranjeros. La investigación se convirtió en un factor indispensable en el ámbito artístico. Así, surgieron obras realmente signifi-cativas en este terreno, dotadas, muchas de ellas, de gran inventiva. Uno de los artistas que, durante los años que van desde 1958 hasta 1965 aproximadamen te, realizó una de las obras más impactantes fue Josep Guinovart (1927). Em-pleando madera como soporte para sus pinturas-collage, Guinovart logró unas calidades texturales inigualables. Muchas veces utilizaba el fuego para quemar determinadas zonas de la superficie de los cuadros y, de ese modo, las enne-grecía. El carácter detrítico, por otra parte, llegaba mucho más lejos de lo que el propio Schwitters había conseguido.
Daniel Argimon (1929) también amplió enormemente las posibilidades del colla-ge al introducir todo tipo de telas y puntillas viejas en sus pinturas. Al mismo tiempo, el uso de una amplia gama cromático le apartaba de las soluciones de otros artistas matéricos. No pueden dejar de mencionarse joan Vilacasas (1920), con sus Planímetrías, y Amélia Riera (1934), que, aunque trabajó durante poco tiempo en el seno de la pintura informalista, cuando lo hizo se distinguió por su marcada austeridad al emplear sólo los negros y grises oscuros para elaborar sus materias.
La pintura gestual también contó con representantes en Cataluña. Entre ellos destaca Joan Hernández Pijoan (1931), que pintaba en grandes formatos con pinceladas muy amplias y perceptibles. Por lo general, su obra de este período, al igual que la de etapas posteriores, se distingue por su marcado sentido de austeridad, tanto en el empleo del color como en los restantes aspectos formales. Por su parte, Romá Vallés (1923) siempre se ha sentido atraído por la integra-ción de la pincelada gestual en fondos más o menos lisos, sobre los que destacan con gran vigor los trazos dinámicos. August Puig (1929) trabaja en la vertiente tachista. Su obra obedece a un peculiar modo de concebir la pintura, integrada por grandes manchas en las que se funden diversos colores para configurar superficies que semejan zonas de paisajes ignotos. La pintura especia lista se halla representada por Albert Ráfols-Casamada (1923), que realizó, entre 1959 y 1963, unas pinturas de formato bastante grande en las que se advierte la influencia de la concepción espacial y cromático de EEUU. Mark Rothko. Más tarde, se introduciría en un terreno absolutamente distinto, marcado por el contacto con la realidad, y surgirían una serie de pinturas-collage en las que integraba elementos del entorno. Tras este período, Ráfols-Casamada traba-jará dentro de una línea muy personal, lejos ya del lenguaje puramente informa-lista, y se preocupará fundamentalmente por cuestiones relativas a la composición y al color. Las tonalidades obtenidas por el artista revelan un dominio absoluto en la conjugación de gamas para obtener unos resultados cargados de lirismo.
Un artista muy distinto dentro de esta misma vertiente fue Joaquim Lluciá (1929-1973), cuya tarea se caracterizó por el empleo de materiales absolutamente nue-vos dentro del ámbito de la pintura, como el papel de plata o el latón. Traba jado por grattage, el primero produce, gracias a la reverberación lumínica, unos efectos cambiantes extraordinarios. En cuanto al latón, aparece siempre trabaja-do por percusión y contrastando con las superficies pintadas monocromáticamen-te en colores oscuros.
Existen otros muchos artistas que también deberían citarse, a causa del interés que presenta su obra, como los extranjeros afincados en Barcelona Will Faber, Norman Narotzky, Erwin Bechtold, Enrique Tábara o Hsiao Chin, quienes durante algún tiempo efectuaron obras plenamente informalistas. Este hecho corrobora la idea de que el informalismo se convirtió en el único modo de expresión para un buen número de artistas.
España fue, desde luego, un lugar muy apropiado para el desarrollo del Informa-lismo, pues no sólo hubo representantes significativos de dicha corriente en Cataluña, sino que, en otros lugares del estado, también aparecieron artistas que, de manera aislada o constituyendo grupos, adoptaron lenguajes en los que la materia, el gesto o el espacio eran los aspectos primordiales.
Hay que tener en cuenta que algo parecido a lo que ya se ha comentado en rela ción con Cataluña sucedió en el resto del estado español. Tras la guerra civil, el deterioro de las actividades relacionadas con el arte era evidente y el régimen franquista no favorecía precisamente la aparición de un arte rupturista. No obs-tante, interesaba que en el extranjero se creyera que el estado sí evolucionaba hacia vías de renovación artística y, por este motivo, se crearon premios y se dieron facilidades para que algunos artistas españoles importantes pudiesen participar en certámenes extranjeros.
Por otro lado, los artistas no se interesaban por el arte figurativo y tradicional, si-no por todo aquello que comportase innovación y supusiera una clara relación con lo que en aquellos momentos se estaba haciendo en otros lugares de Europa o de Norteamérica. En algunos viajes que los artistas españoles pudieron hacer, gracias a la concesión de becas como las del Instituto Francés, tuvieron la oportunidad de conocer de cerca lo que se consideraba como plena vanguardia en París. Fueron muchos los grupos que surgieron a partir de la experiencia ini-cial que llevaran a cabo los artistas de Dau al Set. Concretamente, en Madrid se fundó el grupo El Paso, en febrero de 1957. En el momento inicial, los miembros fundadores que firmaron el manifiesto en el que daban a conocer sus objetivos fueron los artistas Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Rivera, Pablo Serrano y Antonio Suárez, y los críticos Manuel Conde y José Ayllón. No obstante, pocos meses después, cuatro miembros abandonarían el grupo: Serrano, Francés, Suárez y Rivera.
Saura escogió el nombre del grupo en recuerdo del grupo expresionista alemán Die Brücke (El Puente). Una de las actividades que, desde sus comienzos, llevó a cabo El Paso fue la de organizar exposiciones, con objeto de dar a conocer sus manifestaciones artísticas y, de ese modo, contribuir a vigorizar el arte contem-poráneo en España, Una de estas exposiciones, en la que Canogar, Feito, Milla-res y Saura participaron junto a Tápies, Tharrats y Vilacasas fue organizada por la Sala Gaspar de Barcelona en 1957, bajo el título Otro Arte, cuya presentación correría a cargo del propio Michel Tapié. Al lado de las obras de todos los artistas mencionados podían verse las de algunos extranjeros, sumamente importantes y conocidos, como Pollock, De Kooning, Wols, Fautrier, Mathieu, Burri o Appel, en-tre otros. Esta exposición pasó más tarde a la Sala Negra de Madrid. Su eco fue realmente importante y, después de su celebración, pudieron comprobarse sus repercusiones. Muchos artistas que, en 1957, aún no se habían decidido a aban-donar la pintura figurativa, replantearon su trayectoria al contemplar la muestra de aquel arte absolutamente innovador.
Dos años después de la fundación de El Paso, la revista dirigida por Camilo José Cela, Papeles de Son Armadans, dedicó todo el número de primavera al grupo, integrando el manifiesto definitivo una biografía completa de cada artista y una presentación del crítico Juan-Eduardo Cirlot. Contenía, asimismo, numerosas ilus traciones efectuadas por los propios artistas.
Hay que advertir que, si bien la obra de los componentes de El Paso se sitúa claramente en el seno del informalismo, poco o nada posee en común con las realizaciones de los artistas catalanes. Prevalece en Madrid un lenguaje gestual, más influido por el Expresionismo Abstracto norteamericano que por el arte de los representantes de la escuela de París. Esto constituye, sin duda, un elemento diferencial significativo a la hora de valorar las distintas aportaciones del Informalismo en España.
El único artista que se decantó claramente, desde los inicios, por un tipo de manifestación matérica fue Manuel Millares (1926-1972), que se había instalado en Madrid en 1955, procedente de Las Palmas de Gran Canaria. Se dedicaba al arte desde hacía aproximadamente diez años y en Canarias había desarrollado una importante tarea al ser cofundador del grupo L.A.D.A.C. (Los Arqueros del Ar te Contemporáneo), además de fundador y director de la colección Los Arqueros en 1950. Mantuvo contacto constante con el crítico Eduard, o Westerdahl y participó en la apertura del museo de arte abstracto de Tenerife, que llevaba el nombre del citado crítico. A esta etapa corresponden una serie de pinturas, las denominadas Pictografías canarias, en las que Millares deja percibir la influencia de la obra de Klee y de Miró al realizar un tipo de obra abstractiforme en la que se ven determinados signos y esquematizaciones de personas y cosas. Utiliza colores vivos y contrastados que confieren a las obras un carácter plenamente vitalista. Su actividad dentro de El Paso nada tiene que ver con su obra anterior, pues Millares se decanta por la realización de unas pinturas sobre telas de arpillera recosidas, en las que los colores aparecen totalmente restringidos. Existen muchas obras en las que el artista canario sólo utiliza el negro con cierta cantidad de blanco, siempre puros. En otras obras integra algo de rojo o de anaranjado. Sus pinturas producen un desasosiego inmenso y responden a una visión desgarrada del mundo.
Lentamente va incorporando grafismos ilegibles en algunas zonas de las composiciones, a las que habitualmente pone títulos que, por uno u otro motivo, hacen referencia a la muerte.
Antonio Saura (1930) presentó sus primeras pinturas gestuales en blanco y negro en Madrid, en 1956. Desde hacía tres años residía en Paris y conocía la obra de los grandes representantes del informalismo europeo, así como la de los artistas americanos. En su pintura abstracta-informal del primer período, que na-da tiene en común con sus realizaciones de inicios de los años cincuenta en las que se percibe una clara influencia del Surrealismo, existe una marcada tenden-cia a restringir al máximo todos los elementos formales. Fundamentalmente el color, pues el artista sólo emplea el blanco y el negro sobre telas de gran for-mato. Poco a poco, Saura irá introduciendo ciertas gamas -ocres, beiges, rosas, malvas, azules- que, combinadas con los neutros, junto con el vigor gestual de las pinceladas, recuerdan ciertas obras de Picasso. Comienza a apartarse del informalismo estricto hacia 1962, cuando se decanta por realizar pinturas figurativas. Rostros de personajes, trabajados en serie, inundan las telas. De todos modos, Antonio Saura no dejará nunca de trabajar dentro de la vertiente del gestualismo, y se interesará también por la obtención de unos empastes de acusada textura en determinadas zonas de la pintura.
Una pintura gestual muy diferente a la de Saura es la ejecutada por Rafael Canogar (1935), cuya familia se instaló en Madrid en 1944, procedente de Tole-do. Desde muy joven se interesó por la pintura y entró a trabajar en el taller de Vázquez Díaz, recibiendo, al principio, una influencia clara de la obra de ese artista. Pronto se interesó por el lenguaje innovador de las vanguardias y en 1955 inició la trayectoria abstracta que le conduciría al lenguaje infonnalista. Canogar también trabaja en formatos grandes, pero sus pinceladas se hallan siempre mucho más cargadas de empaste que las de Saura y en sus pinturas se observan zonas mucho más elaboradas que otras, que suelen coincidir con las partes centrales de los cuadros. Al igual que sus compañeros de grupo, prefiere emplear los neutros -negro, blanco y gris- a otros colores, aspecto que, sin duda, confiere gran austeridad a su obra.
Luis Feito (1929) combina lo abrupto de densos empastes de materia con la energía de ciertas pinceladas gestuales en una obra que se caracteriza por el empleo de colores exaltados, como el rojo, junto al blanco y el negro. En ciertas pinturas, el color blanco se emplea casi en estado puro, aspecto que confiere una extraña luminosidad a estas composiciones.
Al poco tiempo de haberse constituido el grupo El Paso, se incorporó a él el escultor canario, amigo de Millares, Martín Chirino (1925), que se había afincado en Madrid poco antes. A inicios de los años cincuenta había efectuado numero-sos viajes por Europa, y había estudiado obras de arte de diversas épocas. Su obra escultórica más representativa está constituida por una espiral de hierro que data de 1959 y será, a partir de entonces, una constante en su trayectoria escul-tórica. En relación a Manuel Rivera (1927) cabe decir que su obra se halla dentro de la experimentación entre la pintura y la escultura, pues para su trabajo emplea redes metálicas, apoyadas mediante clavos sobre telas pintadas de distintos colores. Manuel Viola (1919), por su parte, desarrolla una actividad pictórica en la que gestualismo y tachismo se unen para dar lugar a unas obras en las que la intensidad y el aspecto cambiante del color proporcionan un extraordinario dinamismo.
El grupo El Paso se disolvió en 1960, pues los artistas que lo integraban creyeron que las metas esenciales que como grupo se habían propuesto ya se habían alcanzado. A partir de entonces debían abrirse camino como individualidades, buscando vías nuevas que les permitieran seguir con la investigación y la cons-tante experimentación.
El hecho de que tanto en Madrid como en Barcelona hubiese artistas importantes que trabajaban en el seno del Informalismo facilitó la aparición de nuevos grupos en otros lugares del estado español, cuya tarea se caracterizó por el hecho de seguir la senda abierta por los pioneros. Cada vez fueron más numerosos los artistas que, pese a las enormes dificultades con las que se enfrentaban para llegar a un público amplio, decidieron adoptar un lenguaje abstracto informal. No resultaba fácil, pues existían pocas galerías dispuestas a mostrar su pintura o su obra escultórica. Por otra parte, la crítica tampoco estaba, en general, demasiado a favor de un arte que no comprendía y que, en no pocas ocasiones, concebía como un auténtico fraude. Sólo algunos críticos defendieron el arte informalista, como Juan-Eduardo Cirlot (el más comprometido en esta defensa); pero también Alexandre Cirici, Cesáreo Rodríguez-Aguilera, José Corredor Matheos y José María Moreno Galván escribieron textos y artículos que ayudaron a difundir y a ir penetrando en el arte informalista.
El expresionismo alemán basa su primer principio en plasmar en el lienzo realidades no objetivas. El término «expresionismo» significa énfasis o distorsión de todos y cada uno de los elementos que componen una pintura o una escultura, sean tenidos en cuenta o no todos los aspectos a representar. De esta manera, el expresionismo distorsiona las formas, los rasgos, los colores que caracterizan estados de ánimo y además tiende, a medida que evoluciona, a plasmar la realidad subjetiva, personal, las vivencias atrave-sadas por la música y por diferentes estímulos que elabora la mente frente a cualquier otra representación del exterior. El expresionismo pretende ser lo opuesto al positivismo, es decir, que no sólo no se puede adscribir de forma exclusiva al mundo del arte, sino que es más una respuesta vital, una toma de conciencia, una ideología y una ética. El expresionismo en el arte se presenta como una protesta viva hacia los presupuestos sociales, políticos, éticos y filosóficos vinculados con el positivismo. Si para el artista del naturalismo o del impresionismo, la realidad seguía siendo algo que había que mirar desde el exterior, para los expresionistas era algo en lo que había que introducirse y vivir desde el interior. Contrariamente a otros movimientos, como el cubismo o el fauvismo, el expresionismo desde el primer momento no abarca sólo unas determinadas artes, sino que las integra en su concepto y fluye hacia todas hacia todas, la música, la poesía, la arquitectura... La meta del arte expresionista será la síntesis de todas las artes. La revolución en el arte debía traducirse para sus artífices en una nueva concepción de la vida, del existir que se sustentaban en tesis tan dispersas y distintas como las de Nietzsche o la literatura romántica. El primer grupo expresionista será «El puente» (Die Brücke), de 1905 «que se apoyará en experiencias psíquicas, primitivas o místicas, en la propia vida psíquica como estimulante de la vivencia existencial y estética. Posteriormente evolucionará hacia el expresionismo abstracto puro «El jinete azul» (Der Blaue Reiter), de 1911. Después del la 1a Guerra el expresionismo se desplegará en la vertiente utópico-visionaria, en el dadaísmo berlinés o en su polémico maridaje con el realismo de los años 201». El grupo «El puente» es contemporáneo a los fauvistas fran-ceses, pero lejos de buscar un equilibrio y una armonía, los alemanes intentan mostrar a través del color la cualidad emocional del cuadro. Identifican los colores con diferentes sentimientos y estados emocionales. De esta forma, los colores se desvinculan de su referencia y carga habitual. La línea adquiere un papel fundamental en el lienzo, los contornos, por ejemplo están también cargados de la energía o rabia interior que en esos momentos tiene el artista. «El jinete azul», que es fundado entre otros artistas por Kandinsky, entiende que el arte es espiritual, con lo que no hay una formulación formal fija que sirva de patrón, puesto que la forma es transitoria, muta, cambia, con lo que se ha de buscar la esencia de las cosas, en lo que no cambia. «La desvalorización de la forma como factor histórico deja el camino expedito a la intemporalidad del espíritu». Ibidem, pp. 98.
1 Cita extraída de: González García, A., Calvo Serraller, F. Marchán Fiz, S. Escritos de arte de vanguardia p. 96. Ed. Itsmo.1999 Madrid
2 .1 EXPRESIONISMO ALEMÁN
Die Brücke (El Puente) y sus componentes. - Der Blaue Reiter (El Jinete Azul). Kandinsky y su teoría. (I) 1/4
Concepción Lopezosa Aparicio. ISBN- 84-9714-058-3
En líneas generales el término expresionismo alude a aquellas manifestacio nes que propugnan la intensidad de la expresión sincera aún a costa del equilibrio formal. Precisamente por su carácter intemporal, dicho vocablo ha resultado válido tanto para calificar determinados períodos de la historia del arte, como para adjetivar un movimiento o tendencia, a un artista o a una fase creativa del mismo, o incluso obras concretas. En este sentido figuras como El Greco, la escultura románica o algunas creaciones de Goya, por citar algunos de los múltiples ejemplos que podríamos haber elegido, pueden ser calificadas de expresionistas, por la decidida actitud mostrada por deformar dramáticamente la realidad.
Fue a principios del siglo XX cuando el término expresionismo comenzó a utilizarse con un sentido y unas connotaciones muy determinadas. Los primeros usos se refirieron prin cipalmente al arte francés. En 1901 el pintor Julien-Auguste Hervé definió como expre sionistas unos estudios de naturalezas que fueron presentados en el Salón des Indépen-dants de París. El crítico Louis Vauxelles empleó el mismo calificativo para describir las obras de Matisse. En 1911 el término expresionista resultó de nuevo válido para clasificar las obras que los fauvistas y cubistas franceses, Braque, Dèrain, Van Dongen, Dufy, Vlamick y Picasso entre otros, presentaron en la XXII exposición de Berlín.
A partir de este momento el adjetivo expresionista se comenzó a utilizar con un sentido más amplio, manifestándose efectivo para definir el arte de van-guardia que, como el Fauvismo, Cubismo y Futurismo, presente en la exposición del Sonderbund de Colonia de 1913, rompió definitivamente con los postulados del agónico Impresionismo. Con ese sentido comenzó a difundir a través de distintas publicaciones periódicas como la revista Der Sturm.
A partir de 1914 el término resultó definitivamente concretizado, al dejar de ser emple-ado en sentido general como el adjetivo apropiado para calificar las manifestaciones artísticas más rupturistas del momento como el Cubismo, Fauvismo y Futurismo, para pasar a definir exclusivamente el arte experimental y contestatario surgido en Alemania a principios del siglo XX, que se convertiría con el tiempo en uno de los movimientos de vanguardia que mayor repercusión ejercería en el arte de la citada centuria.
Existe consenso al afirmar que el Expresionismo Alemán fue más una actitud ante la creación artística que un estilo propiamente dicho, un movimiento comprometido desde su origen que afectó a todas las esferas de la creación, arte, literatura, música, siendo en el campo de la narrativa donde alcanzó su mayor grado de compromiso.
El Expresionismo en tanto que movimiento de vanguardia surgió en Alema-nia hacia 1905, como respuesta y reacción al Impresionismo, del mismo modo que lo hicieron el Cubismo en Francia y el Futurismo en Italia.
La quiebra del lenguaje tradicional, el fin de la ilusión y referencia de los modelos de belleza tradicionales como consecuencia de la relativización del mundo clásico, así como el agotamiento de la idea de espacio convencional, estaticidad de las cosas y el cuestionamiento del arte basado en copia mimética de la naturaleza, favorecieron la aparición y consolidación de las denominadas vanguardias históricas.
Como el resto de los movimientos rupturistas y experimentales surgidos a principios del siglo XX, el Expresionismo se desligó definitivamente de los principios tradicionales referidos a la definición formal y uso del color, de la mímesis de la realidad como única fuente de inspiración y en definitiva con todos los principios del clasicismo fundamentados sobre ideales de proporción, belleza y perspectiva, supuestos que habían sufrido importantes ataques desde la segunda mitad del s. XIX.
El Expresionismo Alemán ha de relacionarse más con las vanguardias coloristas como el Fauvismo, que con los movimientos más interesados en la experimentación formal como el Cubismo y el Futurismo. El color se concibió como la principal herramienta, asumiendo el total protagonismo en la búsqueda por alcanzar la representación de las emociones internas, idea sobre la que los expresionistas fundamentaron la creación artística.
Sin embargo, frente al carácter sensual y atractivo de los colores empleados por los fauvistas, concebidos con un destacado sentido decorativo y armónico, los expresionis tas a partir de la utilización de colores fuertes, planos y arbitrarios, quisieron transmitir una visión intensa y trágica de la realidad, buscando la máxima expresión a partir tanto de la deformación del color como de las formas, experimentación formal no a la manera que lo hicieron cubistas y futuristas, sino para tratar de captar y transmitir lo misterioso que se escondía detrás de las apariencias y que había que desentrañar.
Cabe destacar que el Expresionismo Alemán fue político desde su origen, buscó un arte que incidiese en la sociedad, a partir de una profunda crítica a las costumbres y a lo contemporáneo, asumiendo un grado de compromiso completamente ausente en sus contemporáneos fauvistas. El activismo sería precisamente el rasgo que marcaría la diferencia con respecto a sus contemporáneos franceses.
Conviene señalar igualmente que el Expresionismo no fue un movimiento uniforme. Aunque surgió en Alemania, lugar tradicionalmente asociado en el terreno artístico con tendencias expresionistas, tal y como manifiesta la estética germánica decimonónica, tanto en pintura como en literatura, diversos fueron los focos y diferentes las ciudades donde el nuevo modo de expresión y en definitiva la novedosa manera de hacer arte arraigó con fuerza. Los principales núcleos en el desarrollo del Expresionismo fueron entre 1905 y 1910 la ciudad de Dresde, donde se gestó y llevó a cabo su actividad el grupo El Puente-Die Brücke y Berlín a partir de 1911. La ciudad de Munich se convirtió al tiempo en escenario de la segunda alternativa expresionista concretada en el grupo El Jinete Azul-Der Bauer Reiter.
A pesar de que ambos grupos mostraron un interés sin límites por el color y en consecuencia por la deformación formal, mientras que el grupo El Puente-Die Brücke desarrolló una posición más radical, crítica, dramática y comprometida ante la vida, que se tradujo en unas creaciones fundamenta-das en el anhelo por desentrañar lo que se escondía detrás de las formas vacías, sin contenido ni espiritualidad, El Jinete Azul Der Bauer Reiter se mostró más tendente a la exploración formal, manifestando unas inquietudes más dirigidas a la experimentación estética.
A partir de la Primera Guerra Mundial Die Brücke experimentó un grado de radicalización que se reflejó en un arte más dramático y tenso, caracteres que se acusaron aún más a partir de la derrota de Alemania en 1918.
Die Brücke constituyó el primer grupo expresionista surgido en la ciudad Alemania de Dresde en 1905. Sus creadores fueron cuatro jóvenes entusiastas y vigorosos estudiantes de arquitectura, Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff y Fritz Bleyl, que pronto abandonaron su formación inicial para dedicarse por entero a la pintura, concebida por todos ellos como el único y auténtico medio de expresión de sus ideales, sentimientos y emociones.
El ardor propio de la juventud, así como el grado de inconformismo, compromiso e ilusión sin límites que mostraron desde el principio fueron el ideario que les consolidó como Grupo, cuyo grado de rebeldía se puso de manifiesto en la propia denominación elegida.
A instancias de Schmidt-Rottluff se autodenominaron El Puente-Die Brücke, vocablo tomado de un pasaje de la obra Nietzsche, quien se convertiría en una de las principales referencias filosóficas del Grupo, Así habló Zaratustra: “La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso”.
Schmidt-Rottluff entendió que la palabra puente se prestaba a la perfección a los ideales del grupo, fundamentados sobre la convicción de que su arte serviría para romper con las convenciones establecidas y dictadas por la sociedad, de modo que, como auténticos pontífices, en el sentido metafórico de hacedores de puentes de la realidad que ansiaban, sirviesen de engarce entre el nuevo arte y la sociedad, mostrando un grado de compromiso y un activismo que en la práctica no fue extremadamente radical.
En 1906 Ernst Ludwig Kirchner elaboró el programa que dio coexistencia al grupo, en el que se dejó claro como nuevo acto de rebeldía e idealismo puro, que los destinatarios de sus creaciones debía ser la juventud, los únicos receptores dispuestos y convencidos a admitir y asimilar los cambios y rupturas que proponían contra lo establecido, no sin razón, puesto que la energía, vigor y frescura son los estímulos que dirigen las actuaciones durante esa etapa de la vida; Con fe en el desarrollo y en una nueva gene-ración de creadores y espectadores, hacemos un llamamiento a la juventud. Como jóvenes que llevamos el futuro en nosotros, queremos inventar para nosotros la libertad de vida y de movimiento, frente a las viejas fuerzas establecidas. Consideramos como uno de los nuestros a todo aquel que comunique con franqueza y autenticidad lo que le impulsa a la creación.
Ese mismo año se incorporaron al grupo Emil Nolde y Max Pechsteín.
El grado de compromiso que quisieron transmitir a los jóvenes beneficiarios de sus rebeldes propuestas, los auténticos capacitados para disfrutar sus modos de expresar, les llevó a inventar la figura del miembro honorario del grupo. A cambio de una asigna-ción de doce marcos anuales establecida a manera de cuota, recibirían cada año un carnet de socio, un almanaque realizado por los propios miembros de Die Brücke y una programación de las actividades del Grupo. Del mismo modo dicha práctica les permitiría finan-ciar las tareas desarrolladas a lo largo del año. El resultado de tan novedosa experiencia no fue sin embargo del todo exitosa. En 1907 contaban con veintinueve socios y en 1910 llegaron a reclutar un total de sesenta y ocho miembros.
Los ideales sobre los que cimentaron su actividad durante los 8 años que El Puente permaneció unido, se separaron en 1913, fue por una parte el entendimiento de la creación artística como una actitud empeñada en la búsqueda y consecución de las verdades internas del ser humano, a partir de la manifestación de los sentimientos más profundos, y por tanto el rechazo del academicismo como vía de formación y expresión artística, y por otra la censura y crítica manifiesta contra la sociedad en general y, en concreto, frente a los estamentos más acomodados y conservadores.
Partiendo de estos principios, entendidos como auténticos estímulos, se empeñaron ardientemente en la lucha por la creación de un mundo nuevo fundamentado en valores éticos, que sólo podría alcanzarse a partir de una actuación colectiva.
Convencidos de estos postulados, carentes de teorías pero ofreciendo grandes dosis de inquietud e impaciencia, Die Brücke inició su actividad conjunta en una vieja zapatería que Heckel convirtió en estudio. El Grupo se organizó como una auténtica comunidad de artistas, cuyas fuerzas se aunaron para tratar de alcanzar sus anhelos e ilusiones. Colaboraron colectivamente, aportando cada uno de los miembros de forma desinteresad sus conocimientos e inquietudes individuales en favor del grupo, anulando de ese modo cualquier interés de tipo personal.
Entendieron las creaciones como ejercicios colectivos. Esta nueva concepción, que justifica que el expresionismo no fue sólo un movimiento artístico sino una actitud ante la vida, llevó a Die Brücke a desarrollar un innovador método de trabajo basado en la realización de obras coordinadas, con las que lograron un grado total de entendimiento tanto en la definición formal en relación al experimentalismo desarrollado entorno a la aplicación de colores e investigaciones lumínicas.
Por ello la convivencia se convirtió para ellos en algo esencial, pues sólo a través de una vida en común podrían alcanzar el entendimiento y armonía total y absoluto que perseguían.
El carácter autodidacta de los componentes de Die Brücke, el único integrante del grupo que se había formado como pintor fue Kirchner, quien entre 1903-1904 estudió pintura y dibujo con Wilhelm von Debschitz y Hermann Obrist, les permitió asumir, e incluso poder elegir. las influencias y referencias generales en el campo de la creación que mejor se ajustaron a sus ideales y pretensiones.
Tanto los pensamientos de Nietzsche como la teoría filosófica de la empatía presente en los círculos intelectuales de la Alemania del momento, basada en la idea de que el hombre no podía expresar nada a partir del lenguaje, sino a partir de la proyección de la subjetividad, deformando el objeto, se convirtieron en referencias fundamentales para el grupo. En el terreno de la expresión artística se vieron notablemente influidos por Munch, considerado con su obra El grito como el auténtico precursor del Expresionismo, por la angustia y el sufrimiento que fue capaz de transmitir en sus creaciones.
Como no podía ser de otro modo El Puente encontró importantes soportes referen-ciales en la obra de Van Gogh y Gauguin, especialmente en las teorías desarrolladas por ambos en relación a los contrastes violentos y simultáneos de los colores, hasta el punto de convertirse en los artistas mejor valorados por los expresionistas.
Otro de los principales referentes para Die Brücke, como también lo sería para el resto de los movimientos de vanguardia, Fauvismo y Cubismo, fue la escultura de los pueblos primitivos en su totalidad, tanto la africana como la oceánica e incluso la desarrollada por etruscos o egipcios, así como las artes populares en general. En estas representaciones descubrieron algunas de sus máximas aspiraciones en el terreno de la expresión, manifestaciones que entendían y valoraban como resultado de la creativi-dad humana en estado puro, sin contaminar. La influencia de estas producciones se reflejaría en algunos de los aspectos formales más característicos de sus obras, tales como el esquematismo, la simplicidad compositiva, la preferencia por las angulo-sidades y la tendencia a emplear los colores primarios.
En Dresde, ciudad donde iniciaron sus actividades, la colección etnográfica del Zwinguer les permitió el primer contacto con las manifestaciones de los pueblos primitivos, a través de los objetos allí expuestos que identificaron con la forma de vida y el mundo que anhelaban. En la misma ciudad descubrieron las colecciones de arte, tanto de pintura y grabado que albergaban la Gemäldegalerie y el Kupferstichkabinett, donde admiraron las litografías de Toulouse-Lautrec adquiridas en 1900 por la citada institución. Del mismo modo prestaron gran interés por la colección de grabados de Federico Augusto II del palacio Brühl.
Como complemento perfecto a sus años de formación, en las galerías privadas de Dresde pudieron admirar importantes exposiciones del llamado arte progresista. En 1905 disfrutaron de Van Gogh en la galería Arnold que organizó la primera muestra del artista en Alemania. En 1906, en el mismo escenario entraron en contacto con los neoimpresionistas belgas y franceses, a partir de obras de Signac, Seurat , Gauguin y Valloton. En 1907, a instancias de la Asociación de Arte de Sajonia, pudieron contemplar un importante número de obras de Munch. En el mismo año pudieron ver algunas de las producciones de Monet, Sisley y Pisarro. En 1908 la galería Richter de Dresde organizó una nueva retrospectiva sobre Van Gogh. Ese mismo año y en el mismo escenario pudieron contemplar las producciones de los fauvistas franceses, Van Dongen, Vlaminck, Guérin y Friesz.
Todos estos descubrimientos tuvieron una fuerte repercusión para los componentes de El Puente, cuya producción artística a partir de tales experiencias se liberó definitivamente de las trabas que aún conservaban del modernismo, para emprender su auténtico camino en busca de la expresión subjetiva.
De todas las referencias la influencia de Van Gogh fue especialmente notable, cuya huella tuvo una implicación directa en el uso y disposición de los colores en el lienzo, que comenzaron a aplicar directamente del tubo, buscando la máxima energía en el acto creativo con el fin de alcanzar, a partir de la plasticidad de los materiales, la mayor pasión y efusividad.
Los integrantes de Die Brücke compartieron del mismo modo y en base a un fuerte sentimiento nacionalista, un entusiasmo y admiración por el pasado germánico y, con-cretamente, en el terreno artístico mostraron su interés por los maestros medievales y por figuras emblemáticas en la historia del arte alemán como Durero.
Desde 1906 los miembros de El Puente desarrollaron una estrecha colaboración y experiencias vivenciales comunes que se intensificaban durante los periodos estivales. Guiados por el instinto, conseguir la integración plena del hombre con la naturaleza se convirtió en el germen de la obra expresionista. En el espacio natural se empeñaron en la creación de la pintura en su más estricto sentido de la palabra, no a partir de una asociación racional de los colores, sino producto de la subjetividad y emociones interiores. El resultado de dicha experimentación fue una pintura fuertemente expresionista aunque tremendamente realista, conseguida a partir de la penetración dramática en la realidad de las cosas que se les presentaban ante sus ojos, investigando con la luz que les permitía fijar el objeto, reflexionando sobre la perspectiva deformada y el empleo de la línea recta.
Las islas del mar del Norte, del Báltico y los lagos cercanos a Dresde se convirtieron en los escenarios favoritos para llevar a cabo sus ejercicios colectivos, y fue allí donde desarrollaron una relación casi mística con la naturaleza.
En estos parajes se dedicaron a cultivar y reflexionar sobre uno de sus principales temas: el desnudo, argumento que se convirtió en uno de los asuntos más recurrentes en la obra de los expresionistas. Ahora bien, la novedad a la hora de encarar dicha temática, estribó en concebir y reflexionar sobre el cuerpo desnudo en plena libertad y comunicación con la naturaleza, lejos de una búsqueda de la belleza en sentido tradicional, ejercicio que era imposible desarrollar en el espacio tradicional del taller. Es por ello que los componentes de Die Brücke salían al campo en cuanto sus obligaciones se lo permitían Especialmente productivos en este sentido, fueron los veranos de entre 1909 y 1911 cuando algunos de los miembros del Grupo, Kirchner, Pechstein y Heckel se instalaron en los lagos de Moritzburg, donde tanto ellos como sus modelos adoptaron una forma de vida similar a la de los pueblos primitivos. El resultado de estas experiencias se manifestó en unas obras caracterizadas por el uso de colores fuertes, bien contrastados reflejo de los estados de ánimo y sentimientos más puros. En cuanto a la definición formal consiguieron unas imágenes duras, angulosas y quebradas.
DER BLAUE REITER.
ANTECEDENTES. DER NEUE KÜNSTLERVEREINIGUNG.
Los núcleos expresionistas alemanes no se redujeron a Dresde y Berlín. El otro foco importante de actividad y producción sería Munich, ciudad donde se gestó y desarrolló la segunda alternativa expresionista.
Munich era desde finales del siglo XIX una ciudad de gran actividad cultural. Desde 1892 contaba con una Secesión y se había convertido en el centro activo del movimiento Jugendstil.
Durante los primeros años del siglo XX, Munich se convirtió en escenario de una serie de exposiciones de gran interés. En 1903 se organizaron muestras sobre Marées, Munch y Hodler. Al año siguiente tuvieron lugar las retrospectivas sobre Cézanne, Gauguin, Van Gogh. Matisse se presentó en 1907. La Secesión anual de 1908 incluyó obras de Bonnard, Roussel, Vuillard y Vallotton.
La oferta oficial, más tradicionalista, se complementaba con las propuestas de las galerías privadas que, como Brackl, Zimmerman y Thannhauser, arriesgaban por planteamientos menos conservadores.
En 1909 y 1910 se pudieron admirar dos exposiciones sobre arte oriental, chino, japonés, coreano y musulmán que supusieron la toma de contacto con unas expresiones artísticas completamente ajenas de la concepción y tradición occidental.
En esta ciudad, convertida por esos años en un destacado hervidero cultural, fue donde, en 1909, un grupo de artistas, coincidentes en objetivos con los componentes del Brücke de Dresde, decidieron emprender la renovación de la anquilosada pintura alemana, a partir de una producción creativa basada en la expresión como única vía de trasmisión de las necesidades internas del individuo. El conjunto integrado por Wassily Kandinsky, Alesej von Jawlensky, Alexander Kanoldt, Marianne Werefkin, Gabriele Münter y Adolf Erbslöh, se agrupó en La Nueva Asociación de Artistas, Neue Künstlervereinigung, concebida como un esfuerzo conjunto de artistas rusos y alemanes, con el propósito de organizar conferencias, debates y exposiciones, tanto dentro como fuera de Alemania, para dar a conocer sus intenciones.
A diferencia del grupo El Puente, más provinciano y local los componentes de la Nueva Asociación de Artistas presentaban una más sólida formación como consecuencia de una mayor y más temprana conexión con el exterior. A esta agrupación no les unió la unidad estilística y de concepción que dio cohesión al grupo de Dresde, sino únicamente la pretensión común de mostrar su oposición, su rechazo, frente al arte oficial de Munich.
Kandinsky, el miembro más destacado de esta asociación de artistas, que en 1906 había estado en París donde había compartido con los franceses el interés por el uso y empleo de los colores brillantes, se convirtió en el presidente del Grupo.
Antes de cumplirse el primer año de su creación, se incorporaron al grupo Paul Baum, Karl Hofer, Vladimir Bechtejeff, Erma Bossi, Moissey Kogan y el bailarín ruso Alexander Sacharoff.
La primera exposición de la Neue Künstlervereinigung Müncher, cuyo cartel fue diseñado por Kandinsky, tuvo lugar en la galería Tanhauser de Munich el 1 de diciembre de 1909, desde donde inició un periplo por diferentes ciudades alemanas. Un año más tarde celebraron la segunda muestra que contó con la participación de cubistas y fauves franceses, Picasso, Braque, Rouault, Van Dongen, Vlaminck, Derain y Kubin entre otros.
En 1910 se incorporaron al grupo los artistas franceses Henri Le Fauconnier y Pierre Giraud.
Las exposiciones contaron con la crítica negativa tanto de prensa como de público. Como excepción contaron con las opiniones favorables de dos jóvenes creadores August Macke y Franz Marc, quienes enseguida se identificaron con los ideales del Grupo.
En 1911 organizaron la 3° exposición. Kandisky presentó para la ocasión su obra El juicio final, una producción de temática religiosa representada de forma completamente anticonvencional, que el jurado de la propia Asociación rechazó debido, según argumentaron, a su gran tamaño. El desacuerdo e irritación de Kandinsky por dicha acción le llevó, junto a Münter, Kubin y Franz Marc incorporado a la Asociación un año antes, a abandonar el Grupo y organizar, como alto de rebeldía, una muestra paralela que se exhibió días más tarde en la galería Tanhauser de Munich, constituyen-do lo que fue la primera exposición del Jinete Azul.
En diciembre de 1912 la Neue Künstlervereinigung München se disolvió definitivamente
DER BLAUE REITER. EL JINETE AZUL.
Der Blaue Reiter no fue ni una escuela ni un movimiento unitario como lo fue en origen Die Brücke, sino una reunión de artistas convencidos de la necesidad de lograr un arte expresivo reflejo de las inquietudes personales y espirituales.
El grupo encabezado por Franz Marc y Kandinsky se inauguró con la exposición organizada en la galería Thannhauser, Primera Exposición de los directores del Jinete Azul, concebida como oposición a la muestra que al tiempo y en el mismo lugar estaba celebrando la Nueva Asociación de Artistas.
La muestra constó de un total de 43 obras de gran diversidad, desde propuestas respresentantes del cubismo hasta la vanguardia rusa, Henri Rousseau, Jean Bloè, Eugen Kahler, Niestlè, Albert Bloch, los hermanos Burljuk, Elisabeth Epstein, Campendonk, Delaunay, Kandinsky, Macke, Münter y Marck. La exposición una vez clausurada en Munich recorrió diferentes ciudades alemanas entre ellas Berlín, donde en la galería Der Sturm se añadieron obras de artistas que aún pertenecían a la Neue Künstlervereinigung, lo que denota la propia ambigüedad surgida en torno al nuevo grupo.
En el prologó del catálogo de la primera exposición, Kandinsky explicó los objetivos que perseguían. No pretendían conseguir una unidad estilística ni formal como los chicos de Dresde, sino sencillamente dar respuesta a las inquietudes artísticas derivadas de la necesidad interior a partir del mantenimiento de estilos propios:
En esta pequeña exposición no intentamos difundir una forma específica o determinada. Lo que queremos es presentar, a través de las distintas formas aquí representadas, las diferentes maneras mediante las cuales se manifiestan los deseos internos del artista.
La 2° y última exposición de Die Blaue Reiter se inauguró en la galería Hans Goltz de Munich en marzo de 1912. Se compuso exclusivamente de obra gráfica y acuarelas. Esta muestra tuvo un carácter mucho más internacional, de tal forma que ofreció un recorrido por el panorama artístico europeo antes de la Primera Guerra Mundial. Contó con la participación de cubistas franceses, rayonistas, suprematistas y xilografía popular rusa, una importante representación de la Der Moderne Bund, un grupo de artistas suizos interesados en el expresionismo, entre los que destacó Paul Klee y de los miembros de El Puente.
Estos últimos, Kirchner, Heckel, Mueller y Pechstein enviaron una desta-cada selección de dibujos, aguafuertes, litografías, xilografías, grabados, dibujos y acuarelas.
EL ALMANAQUE DEL BLAUE REITER.
La actividad más importante llevada a cabo por el grupo de Munich, de gran repercusión posterior, fue la publicación del Almanaque, una obra concebida a manera de libro o anuario por Marc y Kandinsky para explicar pública-mente sus opiniones acerca de la concepción y creación artística entendida como obra de arte total, un proyecto en el que comenzaron a trabajar en abril de 1911.
La denominación Der Blaue Reiter- El Jinete Azul, título de un cuadro de Kandinsky realizado en 1903, fue elegida por Marc y Kandinsky. A ambos les apasionaba el color azul, y si Marc sentía especial predilección por los caballos, a Kandinsky le interesaban los jinetes, razón que les llevó a mostrarse completamente de acuerdo en la elección del nombre.
El Almanaque nació como manifiesto del grupo, la reivindicación de la tradición y reivindicación de la ausencia de límites y unidad de la expresión artística en general, a partir de una profunda reflexión sobre la armonía y conexión existente entre artistas antiguos y arte moderno, al tiempo que la comunión entre pintores y músicos, en base a la idea de obra de arte total, arte puro concebido como necesidad interior, subjetiva, sin correspondencia con el exterior, fruto al tiempo de la pureza de medios.
El libro se concibió como una serie de reproducciones, artículos y crónicas que explicasen la variedad de formas de expresión empleadas por los artistas contemporáneos, visibles en las exposiciones de El Jinete Azul, en definitiva la aceptación de la autonomía de los medios expresivos.
La obra se publicó en 1912 con la financiación de Bernhard Koehler y el apoyo del editor de Munich R. Piper.
Estaba compuesto por una serie de ensayos realizados por Kandinsky, Marc, Macke, Schönberg, David Burljuk y Roger Allard, sobre arte, música y teatro.
Marc reflexionó sobre las circunstancias del artista moderno y de las cualidades esenciales del nuevo arte. Kandinsky participó con un ensayo sobre el problema de la forma y con otro sobre la composición escénica, al tiempo que incorporó la pieza musical para teatro El sonido amarillo, concebida por él, con música de Schönberg, Berg y Weber.
Roger Allard elaboró un estudio sobre Los signos de renovación de la pintura, centrado fundamentalmente en el análisis del arte francés. A estos se unieron los estudios de Schönberg sobre música.
Como complemento se incluyeron más de 100 ilustraciones tanto de mani-festaciones modernas, las producciones de los miembros de El Jinete Azul, de El Puente, como las del presente más inmediato reflejado en las repro-ducciones de obras de Cézanne, Van Gogh, Rousseau, los contemporáneos franceses, Picasso, Matisse, Le Fauconnier, Delaunay y Girieud, junto con reproducciones del arte primitivo, artes populares, escul-turas medievales, dibujos infantiles, todo para dejar constancia de la intención aperturista del grupo, interesado por las esferas del arte preocupados por la identidad interior, con el fin de establecer las relaciones directas entre las formas primitivas de expresión y las empleadas por los artistas contemporáneos .
La concepción del Almanaque muestra probablemente la principal diferencia entre el grupo de Munich y el de Dresde. Mientras que los muchachos de El Puente, en su mayoría autodidactas y sin base teórica destacable, los componentes de El Jinete Azul se interesaron por establecer un sustrato teórico, tanto estético, a partir de una reflexión sobre las formas y color, como espiritual en base a la captación de la esencia, que justificase sus producciones. Nunca manifestaron la unidad estilística que si estuvo presente en los primeros años de El Puente, sino que los miembros del Jinete Azul mantuvieron desde su inicio, su auténtica personalidad creativa. Sus intereses eran comunes, no obstante, en la oposición manifestada contra la sociedad imperante y al impresionismo, el interés por el arte de épocas pasadas y el aprecio por otras disciplinas artísticas como la poesía y la música.
La guerra se encargó de impedir la segunda y siguientes publicaciones, a pesar de lo cual se convirtió en uno de los textos referenciales más importantes de principios de siglo, una declaración de las ideas de los creadores expresionistas.
Los textos de Marc, Los salvajes de Alemania, reflexión sobre los que consideraba los movimientos más importantes del arte alemán, Die Brücke, La Nueva Asociación y la Nueva Secesión, y Los bienes Espirituales, donde mostraba su interés por figuras como el Greco, Picasso y Cézanne, fueron reeditados en el periódico berlinés Pan. En 1914 se realizó una reedición del Almanaque, al que se incorporaron unas breves introducciones de los editores, sin embargo los intentos por continuar con la publicación fueron completamente vanos.
El movimiento Der blaue Reiter (el jinete azul), fundado por V. KANDINSKY en 1911, no es la segunda fase, no-figurativa, del Expresionismo del Brücke; en el ámbito cultural europeo de la época se considera en relación y antítesis con el Cubismo, del que reconoce su acción renovadora y del que refuta su fundamento racionalista e, implícitamente, realista.
VASILY KANDINSKY (1866-1944)
había abandonado Rusia en 1896. En el ambiente de la Secesión de Munich había tomado una posición preeminente, como jefe del grupo La Falange (1902) y, más tarde, de la Nueva Asociación de Artistas (1909). Der blaue Reiter es un grupo más restringido, sin programa concreto pero con una orientación decididamente espiritualista. Su finalidad es coordinar y sostener, mediante exposiciones internacionales cuidadosamente seleccionadas y escritos teóricos y polémicas, todas las tendencias por las que (como explica Kandinsky) la esfera del arte es completamente distinta de la esfera de la naturaleza y por las que la determinación de las formas artísticas depende exclusivamente de los impulsos interiores del sujeto. Las ideas de los artistas del avanzado grupo muniqués no son revolucionarias; en toda la Secesión había una tendencia simbolista y espiritualista que subordinaba el tema figurativo al desarrollo de armonías de color y cadencias lineales a menudo inspiradas en la música. La posibilidad de un arte no-figurativo, ya admitida en en el plano teórico, encontraba siempre una mejor justificación en el histórico. En 1908, un historiador y filósofo del arte, W. Worringer, ya había señalado la abstracción como una de las dos grandes categorías de las formas artísticas, precisamente, la propia de las civilizaciones nórdicas primitivas, cuya actitud frente a la naturaleza hostil es de segregación y defensa; la otra, la de la Einfühlung o identifición con el objeto (la naturaleza) es propia, en cambio, de las civilizaciones clásicas, mediterráneas. Otro estudioso, J. Strzygowsky, partiendo de las investiga ciones de Riegl sobre la ornamentación, intentaba invertir la perspectiva tradicional de la historiografía del arte: el origen del arte no estaba en las culturas clásicas, sino en las civilizaciones orientales, en un inmenso arco que iba desde Persia hasta las regiones árticas. El movimiento al que da vida Kandinsky, ruso de origen siberiano, es anticlásico no sólo porque niega todo fundamento naturalista al arte, sino también porque concibe la necesaria renovación del arte como la victoria del irracionalismo oriental frente al racionalismo artístico occidental y, por tanto, también frente al Cubismo, que se presenta como una revolución, pero como una revolución en el interior del sistema al que intenta, en definitiva, consolidar. ;Quiénes son los artistas que forman parte del Blaue Reiter o de su círculo? A. JAWLENSKY (18671941) es ruso, como Kandinsky. En París se entusiasma por la pintura de Matisse y sus am-plias extensiones de colores planos, pero se sirve de ellos para una simplificación icónica y una nueva consagración de la imagen que le llevan a la antigua pintura rusa y a los esmaltes bizantinos. A. KUBIN (18771959), austríaco, es un dibujante lleno de fantasía (ilustra obras de Hoffmann, Poe, Gogol y Ka-fka), quizás el prime-ro en explorar los dominios fascinantes y ambiguos de las imágenes oníricas. F. MARC (1880-1916) hace profesión de misticismo y practica el culto del arte oriental; sólo pinta anima les, pero no para estudiar su carácter sino por que sus movimientos espontáneos le revelan una naturalidad originaria que el hombre ya ha perdido. A. MACKE (1887-1914) es un visual puro, en relación directa con Delaunay y con el Futurismo; un artista, pues, que considera el Cubismo como un paso atrás, corno un retorno al orden clásico apenas disimulado con propósitos de renovación. El único que tiene la talla de Kandinsky es el suizo
PAUL KLEE (1879-1940).
Su concepción del arte, aunque en cierto sentido integra la de Kandinsky, representa en realidad su otra cara. Sin embargo, tienen un principio común que hoy podríamos enunciar en términos de estructuralismo lingüístico: la categoría del «significante» es mucho más extensa y cercana a la realidad de la existencia que la categoría de lo «racional». En otras palabras, los signos correspondientes a significados dados, es decir, los lenguajes representativos cuyas formas están lógicamente unidas a los objetos, son signos apagados, porque su comunicación está mediatizada por los objetos de la experiencia común (la naturaleza). En cambio, la comunicación estética quiere ser una comunicación intersubjetiva, que va directamente del hombre al hombre, sin la mediación del objeto o de la naturaleza.
En su escrito Sobre lo espiritual en el arte (de 1910), Kandinsky explica que toda forma tiene un contenido propio e intrínseco; no un contenido objetivo de conocimiento, sino un contenido-fuerza, una capacidad de actuación como estímulo psicológico. Un triángulo suscita movimientos espirituales distintos a los de un círculo; el primero da el sentido de algo que tiende hacia arriba, el segundo, de algo acaba do. Cualquiera que sea el origen de lo que podríamos llamar contenido semántica de las formas, el artista se sirve de ellas como de las teclas de un piano con las que, «ha ce vibrar el alma humana». Obviamente, los colores son formas, como el triángulo o el círculo; el amarillo tiene un contenido semántica distinto al del azul. El con tenido semántica de una forma cambia según el, color al que está unida (y a la inversa): «los colores., hirientes resuenan mejor en su cualidad cuando se dan" en formas agudas (por ejemplo, el amarillo en un triángulo); los colores profundos se refuerzan con las formas redondas (por ejemplo, el azul con el círculo)». Eso no quiere decir que las cualidades de un color y de una forma se tengan que reforzar mutuamente: el pintor puede valerse tanto de las escalas ascendentes como de las descendentes. Las combinaciones son infinitas; y una forma no sólo es significante porque tiene un significado, sino también porque lo asume, pero no se hace significante más que en la conciencia que la recibe,
En la primera exposición del Blaue Reiter (en 1911) se rinde homenaje a H. Rousseau, fallecido el año anterior; y el único participante francés que vive es Delaunay. Rousseau es el artista que supo prescindir de todo el aparato tradicional representativo llevando al grado cero el problema de la comunicación por imágenes. Delaunay es el artista que acepta el espíritu revolucionario del Cubismo pero rechaza, por contradictorio, el racionalismo «cartesiano» de su fase analítica. Lo «espiritual», para Kandinsky, no es en absoluto lo «ideal» de los simbolistas: el símbolo es también una forma a la que corresponde un determina. do significado, y como tal es rechazado. Lo «espiritual» es lo no-racional; lo no-racional es la totalidad de la existencia, en la que la realidad psíquica no es distinta de la física. El signo no preexiste, como una letra del alfabeto; es algo que nace del impulso profundo del artista y que, por tanto, es inseparable del gesto que lo traza. En su primera época no-figurativa, Kandinsky reacciona decididamente tanto frente a las rítmicas cadencias lineales y cromáticas de la Secesión como frente a la descomposición analítica según las coordenadas geométricas del Cubismo. Parece remontarse al primer estadio del, grafismo infantil, a la fase que los psicólogos llaman «de los garabatos»; en efecto, es precisamente en el ámbito del Blaue Reiter donde se radicaliza )al exigencia del «primitivismo», identificado con la condición de tabula rasa de la primera infancia. Evidentemente, Kandinsky quiere retraerse al estadio inicial de una pura intencionalidad o voluntad expresiva que todavía no se apoya en ninguna experiencia, visual ni lingüística. Las Improvisations son movimientos agregados de signos sin ningún soporte estructural ni ningún orden aparente. En el mismo cuadro hay signos de origen distinto que es imposible combinar en un discurso morfológica y sintáctica mente coherente: puntos, comas, zig-zags, curvas, rectas, manchas, nubes de color. Se puede descubrir el origen de alguno de estos signos en una remota experien-cia de la realidad; por ejemplo, un signo ondulado puede provenir de] movimiento rítmico de un caballo corriendo, pero ese signo no sirve en realidad para representar un caballo corriendo. De la realidad el pintor no ha recibido ni retenido más que imágenes débiles, parciales y deslavazadas, y no de objetos definidos sino de cosas quietas o móviles, puntiagudas o redondas, filiformes o dilata-das. Estas impresiones no sirven para reconocer los objetos y mucho menos para representarlos; interesan al sujeto, cu ya existencia, hecha también de quietudes y de movimientos, de tensiones y distensiones, se realiza en un ambiente igualmente constituido por quietudes y movimientos, tensiones y distensiones. Es, precisamente, la condición existen-cias que Worringer describe como típica del «primitivo», que de la realidad recibe sólo imágenes perceptivas «débiles e incoherentes» de las que fatigosa e hipotéticamente deduce ciertas «imágenes conceptuales» que podrán servirle, eventualmente, para orientarse en un «mundo de fenómenos» que, de todas formas, seguirá siendo agitado, caótico e incognoscible. Entre una realidad aún no objetivada y el individuo aún no subjetivado hay una indistinción absoluta, una continuidad realmente biológica. En este nivel, una impresión visual se traduce inmediatamente en estímulo motor, un estímulo del que nos podemos liberar reaccionando o expresando, es decir, traduciendo el movimiento interior en signos visibles. La tendencia a hacer del cuadro la expresión de una actividad subjetiva ya se daba en el Art Nouveau, en el E presionismo y en el Futurismo; Boccioni sostenía que un cuadro no es más que la expresión de un «estado de ánimo». Kandinsky va mucho más allá del episodio psíquico y toca el fondo de la condición primaria del ser: aquella en la que el ser no se da como saber ser sino como querer ser. ¿Cuál es, entonces, el significado de un cuadro? ¿Es un puro test psicológico falto de valor estético? Es fácil observar que la imagen, en una pintura de Kandinsky, aparece de sordenada pero no confusa, falta de lógica pero no insignificante. Indudablemente, la expresión gráfica de la condición primaria y esencial de la existencia es un modo de tomar conciencia de ella; se toma conciencia así de toda una realidad que escapa a la conciencia entendida como ordenación racional de los fenómenos. Es la categoría de los significantes, infinita mente más amplia que la categoría de los significados, es decir, de la naturaleza. El arte es, pues, la conciencia de algo de lo que no se puede tener conciencia de otra manera; no hay ninguna duda de que extiende la experiencia que el hombre tiene de la realidad y le abre a nuevas posibilidades y modalidades de acción. Y la con ciencia que se realiza en la operación artística ¿de qué da conciencia? Del fenó-meno en cuanto fenómeno. La conciencia «racional» asume el fenómeno en cuanto va-lor, pero en el mismo instante lo pierde como fenómeno. La intención última de Kandins-ky es llevar a la conciencia el fenómeno como tal, hacerlo ocurrir en la conciencia; y puesto que el fenómeno es existencia, lo que se lleva a la conciencia y se hace ocurrir en, ella es la propia existencia. Esta es la insustituible función del arte.
También es una función social. Si el arte es comunicación una obra de arte funciona sólo en cuanto que hace impacto en una conciencia. Es otro motivo de divergencia con respecto al Cubismo. Un cuadro cubista tiene un funcionamiento en sí mismo, perfecto y ejemplar, es un modelo de comportamiento que el espectador sólo puede imitar, intentando' repetir la operación «racional» realizada por el artista sobre la realidad. Un cuadro de Kandinsky es sólo un garabato incomprensible e insensato hasta el momento en que se pone en contacto con el tejido vivo de la existencia del «fruidor» y le comunica su propio impulso motor: no es un modelo, es un estímulo. No es solamente por el gusto de experimentar por lo que Kandinsky, en 1910, se libera de todos los aparatos y sistemas de representación de los que se había servido en su precedente actividad figurativa; está claro que lo que quiere es ponerse en la situación de quien no sabe nada de los procedimientos del arte, de quien no posee su código. El cuadro no es una transmisión de noticias, sino de fuerzas, es la existencia del artista que se une directamente con la de los demás. La pintura que Kandinsky ha-ce entre 1910 y 1920 no exige más que una cierta destreza, una capacidad para realizar el movimiento justo ¿No son éstas las cualidades que el trabajo industrial desarrolla, o debería desarrollar, en el individuo? La conciencia a la que Kandinsky dirige sus estímulos visuales no es una con, ciencia absoluta: es la conciencia típica del hombre moderno, y esta conciencia no reflexiona sobre lo ya hecho, sino que es acción consciente. Y se llega a la conclusión. El sensa-cional descubrimiento de Kandinsky consiste en haber eliminado el arte como disciplina o doctrina institucionalizada e histórica y en haber transformado la pura operación estética en modo estético, entendido como modo del existir y el actuar.
El período de las Improvisations se considera a menudo como el más libre, como el más felizmente creativo de la obra de Kandinsky; y el período siguiente, el de la enseñanza en la Bauhaus, como un período de recogimiento en el que el artista renuncia a producir el signo en su estado naciente y recurre a morfemas fácilmente reconocibles como círculos, triángulos, rectas, curvas, espirales. Es el consabido prejuicio romántico por el que donde hay un orden no hay arte. Ahora bien, esa búsqueda geométrica puede haber sido favorecida por el deseo de orden y claridad que invadió todo el arte europeo de los primeros años de la posguerra, pero de todas formas constituye la evolución necesaria de la poética de las Improvisations. De la fase de la tabula rasa, en la que todavía no hay forma ni imagen sino solamente una viva agitación de embriones sígnicos, Kandinsky pasa a una fase más adulta en la que la conciencia ya está llena de símbolos formales, que sin duda alguna han perdido su significado originario, pero que, precisamente por ello están disponibles como significantes La problemática de Kandinsky se hace cada vez más específicamente lingüística; no se crea de la nada un lenguaje cada vez que se tiene algo que decir, sino que la estructura del lenguaje cambia continuamente para que las palabras ya viejas e inexpresivas se puedan volver a tener en cuenta en el fluir de la existencia. Triángulos, círculos, rectas, curvas y espirales son «imágenes conceptuales» que se convierten en fenóme-nos en cuanto son dadas en ese tamaño, ese color, ese punto del cuadro y esa relación con los demás signos. Un lenguaje común, social, se convierte en individual y específico; los grandes símbolos o temas del ser se traducen en el «presente» fenoménico del existir.
También para Klee, como para Kandinsky, el arte es operación estética y la operación estética comunicación intersubjetíva con una concreta función formativo o edu cativa. Toda su obra se diría inspirada, incluso en sus evidentes aspectos lúdícos o de juego, en la idea de la educación estética como educación en la libertad, propugnada por aquel gran romántico que fue Schiller. También para Klee es fundamental el recurrir a la actividad gráfica de la infancia, que documenta los primeros actos de una autoeducación estética. Pero la educación de la primera infancia no es en abso-luto de total primitivismo y de inexperiencia, pues en cada nueva vida han dejado las huellas de sus experiencias muchas vidas vividas anteriormente. Klee fue, sin duda, el primer artista que se adentró por esos dominios interminables del inconsciente que Freud y Jung habían empezado, hacía poco tiempo, a investigar: esos dominios en los que nada se da como representación o concepto y todo se da mediante imágenes y signos. Considerada en conjunto (un conjunto que es más bien un continuo: miles de pequeñas pinturas al óleo, a la acuarela y al temple y una infinidad de dibujos, bocetos y grabados) la obra de Klee es una especie de diario de su vida interior, de todo lo que se quedó en el estado de impulso o motivo y no se tradujo en causa de determinados efectos, ni hizo historia. Como ocurre en Joyce con las palabras y las frases, en Klee las imágenes se descomponen, se recomponen y se combinan según nexos alógicos y asintácticos pero vitales y sensibles como manojos de nervios.
En su formación, como en la de Macke, de quien fue muy amigo, tuvo una gran influencia Delaunay con su estructuración de la imagen basada en la ley óptica de los contrastes simultáneos. Klee siempre admiró a Picasso -tan lejos de su carácter- por la extraordinaria facultad que poseía de explicitar la imagen, de hacer de ella una cosa viva en el espacio de la vida. El interés por la óptica de los colores, como por las técnicas del arte, no está en absoluto en con-traste con la concepción, tan firme en Klee como en Kandinsky, de la absoluta subjetividad de] arte. Su intención no es representar sino visualizar; la visualidad sigue las leyes de la percepción. Se representa algo que ya tiene forma en el mundo exterior o en la imaginación del artista; se visualiza algo que antes de ser visualizado no tenía existencia fenoménica. La operación artística, para Klee, es semejante a la del investigador que, recurriendo a ciertos medios técnicos, hace visibles (pero no representa) los microorganismos que ciertamente existen pero que, de otro modo, no serían visibles. Klee actúa sobre los microorganismos que pueblan las regiones profundas de la memoria inconsciente y que empiezan a existir como fenómenos sólo en el instante en que son revelados. De todas formas, lo que los revela no es una introspección penetrante sino la opera-ción artística, los cautos movimientos del ojo, del brazo, de la mano y de todo el ser del, artista que se hace sensible a los impulsos que llegan de lo profundo. Si estudia y practica todas las técnicas no es sino para poder suministrar a la imagen que se va tramando la materia más adecuada para que pueda hacerse real.
Esta ligazón intrínseca, casi física, de la imagen con la realidad de la vida vivida, explica cómo pudo Klee dedicarse con tanto empeño a la enseñanza en la Bauhaus (1920-1931), que era una escuela que intentaba comprometer el arte en la solución de los problemas concretos y prácticos de la vida social y, sobre todo, hacer de la educación estética el eje del sistema educativo de una sociedad democrática. En la Bauhaus transforma su poética en teoría y la teoría en método didáctico: la estructura de la forma no puede ser más que el proceso de la formación (Gestaltung). Su concepción del espacio como ambiente físico-psíquico de la existencia, íntimamente ligado a las perso-nas y a las cosas, se superpone fácilmente, sin trastocarlo, al espacio rigurosamente geométrico de la arquitectura «racional»: ¿qué son la geometría o la perspectiva, sino frágiles estructuras mentales que se traman en el espacio de la experiencia o de la vida? Las bolas luminosas con las que los técnicos de la Bauhaus conmocionan los sistemas tradicionales (y, en el fondo, naturalistas) de iluminación, tienen su precedente en ciertas formas que en las pinturas de Klee exaltaban la luminosidad de los colores. El más lúcido designer de la Bauhaus, Breuer, debe en parte a la enseñanza de Klee su famosa invención de la silla de tubo de acero cromado: construcción filiforme, de líneas en tensión, que se trama en el espacio en vez de ocuparlo, que anima la habitación con la agilidad de su ritmo gráfico y que sustituye la maciza consistencia del objeto por la casi inmaterialidad de la imagen.
Giulio Carlo Argan – El arte moderno – Fernando Torres Ediciones
LOS PROTAGONISTAS.
ALEXEJ VON JAWLENSKY.
1864 Torzhok – 1941 Wiesbaden
Iniciado en la carrera militar, donde llegó a ostentar la categoría de oficial de la Guardia Imperial, desde 1892 compaginó sus obligaciones castrenses con los estudios de arte en la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo. Su formación inicial estuvo ligada a la tradición realista practicada por Ylya Repin, considerado el pintor ruso más relevante e influyente del momento. En 1896 abandonó definitivamente su trayectoria en el ejército y se trasladó a Munich, donde se matriculó en la Escuela de Arte de Anton Azbe donde conoció a Kandinsky.
Desde sus primeras creaciones manifestó, reflejo de su carácter optimista, la preferencia por el color como medio para exteriorizar sus sensaciones y sentimientos más profundos, predilección que se afianzó aún más tras su primer viaje a París en 1903 donde descubrió la obra de Van Gogh, Gauguin y Matisse con quien tendría ocasión de trabajar en 1907. En 1905, Jawlensky participó en el Salón d´Automne punto de partida del movimiento fauvista. A partir de entonces, tal como manifestó, el color se convirtió en su principal herramienta expresiva, Reproducir las cosas que existen sin ser, revelarlas a los demás filtradas por mi entendimiento y la pasión que siento por ellas, es el objetivo de mi existencia artística. Para mí, las manzanas, los árboles, los rostros humanos, no son más que pistas de lo otro que debería ver en ellos: la vida del color, aprehendida por un amante apasionado, empeñándose en conseguir de forma armónica el equilibrio entre las sensaciones exteriores y los sentimientos interiores, más profundos del ser humano.
Naturalezas muertas, Naturaleza muerta con fruta, la figura humana, y especialmente los rostros, y paisajes como Casas amarillas o Soledad, constituyeron sus principales intereses temáticos, aunque sin duda los retratos coparon la mayor parte de su producción.
En un primer momento Jawlensky encaró la representación de la figura humana a partir de imágenes de corte convencional, tal como refleja Muchacha con peonias de 1909, para después evolucionar hacia la simplificación, centrando y dirigiendo su interés únicamente hacia los rostros en los que los ojos adquirieron el auténtico protagonismo como puede apreciarse en obras como Muchacha rusa, Mujer con abanido verde o Muchacha española con chal negro. En estas representaciones Jawlensky alcanzó la definición de un lenguaje propio avalado en la tradición rusa manifestada a partir de una acusada exageración de rasgos en la línea de los iconos y en las referencias francesas aprendidas, especialmente visible en el empleo de colores fuertes y en la simplificación de contornos como refleja su Retrato de Alexander Sacharoff, de 1913, lo que se tradujo en un estilo sensual de tono místico, caracterizado por el empleo de un color fuerte y brillante en la línea de los Fauves y los componentes de Die Brücke.
En 1909 fundó con Kandinsky la Neue Künstlervereinigung, donde permaneció hasta 1912, manteniéndose al margen de la escisión protagonizada por su compatriota y Marc para fundar El Jinete Azul. A pesar de no pertenecer nunca a Der Blaue Reiter mantuvo una estrechísima colaboración con el círculo capitaneado por su paisano, con quien fundaría en 1924, y en compañía de Klee y Feininger el Blaue Vier, los Cuatro Azules.
La guerra le obligó a retirarse a Saint-Prex en Ginebra. El impacto que le supuso el conflicto se dejó sentir en su producción, cargada, a partir de entonces, de angustia y completamente ajena a la sensualidad que caracterizó sus producciones anteriores al conflicto. La incertidumbre y desconsuelo se hizo patente en algunos de los retratos que realizó durante la contienda como Gran cabeza de mujer, de 1917, que poco a poco se hicieron esquemáticos, geométricos, reducidos a unos trazos mínimos como puede apreciarse en su obra Resplandor divino de 1918.
PAUL KLEE.
1879 Münchenbuchsee – 1940 Locarno-Muralto
Se educó en el seno de una acomodada familia de clase media con una importantísima tradición melómana, tanto su padre como su madre eran músicos, actividad en la que también fue instruido Klee que llegó a tocar con gran destreza el violín en la orquesta municipal de Berna.
Su formación polifónica despertó su interés por los aspectos formales de la música que, con el tiempo, se convertiría en uno de sus principales estímulos para la creación artística. En este sentido, del mismo modo que Kandinsky, Klee estableció vínculos precisos entre la creación musical y la creación artística.
Convencido de querer convertirse en pintor, inició sus estudios de arte en 1898 en Munich, bajo la enseñanza del pintor Heintich Knirr y desde 1900 de mano de Franz von Stück, quienes le instruyeron principalmente en la práctica y dominio del dibujo. Durante su permanencia en el estudio de Stück conoció a Kandinsky con quien entablaría años después una sólida amistad y fructífera colaboración.
En 1901 realizó su primer viaje a Italia donde descubrió con fascinación el Renacimiento, el Barroco y, en general, todas las manifestaciones del pasado. A su regreso se estableció en la ciudad de Berna donde inició la búsqueda de un estilo propio, dedicando buena parte de sus investigaciones al estudio de la literatura, materia por la que sentía pasión, y a la práctica del grabado, técnica, tan ligada a la tradición alemana, que tantas posibilidades expresivas ofrecía. Al tiempo mostró un claro interés por la pintura sobre vidrio, manifestación popular especialmente destacable por su carácter esquemático y la rotunda definición de contornos, cualidades que se mostraban claramente afines a sus inquietudes.
Entre 1901 y 1906 desarrolló una importante serie de aguafuertes, Virgen en el árbol, Dos hombres, suponiendo cada uno que el otro está en una posición superior se encuentran, Perseo, Victoria del Ingenio sobre el Sufrimiento, Manía de la Corona o Héroe con un ala, que temáticamente se mostraron como claro exponente del interés que Klee sentía por la literatura, especialmente por los escritores simbolistas franceses y Baudelaire. Al tiempo, estas obras, fruto de la instrospección y más pura subjetividad del artista, anticiparon algunos de los rasgos que caracterizarían su producción futura, destacando especialmente el equilibrio alcanzado entre definición y temática, entre forma y contenido, concebido a partir del equilibrio igualmente logrado entre realidad y fantasía.
Algunos de esos grabados fueron expuestos en Munich en 1906, fecha en que se instaló allí definitivamente.
Tras su primera etapa, caracterizada por su formación y consolidación como dibujante y grabador, en la ciudad alemana se inició en la práctica pictórica, cuyas primeras referencias fueron, como para el resto de los expresionistas, los impresionistas, postimpresionistas y especialmente las figuras de Van Gogh, Cézanne y Matisse. A partir de entonces, y como reflejo de la asimilación de influencias, convirtió la naturaleza en referente y fuente de inspiración de sus creaciones, empleando el color como recurso expresivo.
En 1911 se celebró en la galería Thannhauser de Munich la primera exposición individual de Klee, ocasión que permitió que sus obras fuesen admiradas por los miembros de la Neue Künstlervereinigung de entre los cuales Alfred Kubin se sintió especialmente atraído por sus creaciones, hasta el punto de introducirle en el círculo de Kandinsky y Marc, con quienes enseguida Klee se sintió identificado al compartir con ambos las teorías sobre la esencia espiritual del arte, el interés por el arte primitivo, por las creaciones artísticas populares y por los dibujos espontáneos e instintivos de los niños, afinidades que le permitieron en 1912 exponer en la segunda exposición organizada por el Blaue Reiter y a participar en el Almanaque, donde fue reproducido su dibujo Picapedreros.
Ese mismo año viajó a París con una carta de recomendación de Kandinsky para conocer a Delaunay, experiencia fundamental, como para resto de sus compañeros -Macke y Marc le visitaron unos meses más tarde- en la definición de su lenguaje. De él aprendió las posibilidades que permitía el libre empleo color, tal como refleja su obra Camino floreado, de 1913, en la que la influencia de Delaunay es claramente visible en el uso de planos prismáticos de color. Su admiración por Delaunay le llevó a traducir al alemán su obra Sur La Lumière. La reflexión sobre las posibilidades expresivas del color centró el interés de Klee desde ese momento, investigación que se vio culminada en 1914, durante su viaje a Túnez junto a Macke, El color se ha apoderado de mí para siempre. El color y yo somos uno solo. Soy un pintor. Su acuarela Vista de St. Germain, concebida durante el periplo tunecino muestra el definitivo protagonismo adquirido por la luz y el color en la obra de Klee.
A partir de entonces el estilo de Klee, sin abandonar nunca las referencias al Cubismo en su vertiente más lírica, cultivado por Delaunay como refleja su obra Viento del sur en el jardín de Marc, alcanzó una perfecta consonancia entre forma y color.
Sin abandonar completamente las referencias figurativas, si bien según fue consolidándose su estilo fueron cada vez más tenues, a partir de 1914 sus investigaciones se encaminaron hacia la abstracción, como reflejan sus obras de formas geométricas, claramente deudoras del Cubismo, concebidas desde la máxima intensidad expresiva a partir del uso y empleo del color.
En 1920, tras aceptar la invitación que le hizo Walter Gropius, se incorporó a la Bauhaus encargándose de las clases de vitrales y tejidos. Más tarde logró trasmitir sus experiencias e inquietudes artísticas a partir de un curso monográfico sobre teoría de las formas, cuyas reflexiones fueron editadas por la propia Bauhaus en 1925 bajo el título Libro de bocetos pedagógico.
Durante esos años sus producciones se concibieron en base a una variedad de referencias entre las que el Cubismo siempre estuvo presente, e incorporando otras como el Surrealismo como consecuencia del interés demostrado por Klee sobre el subconsciente tal como refleja su obra La magia de los peces de 1925.
En 1924 formó con Kandinsky, Jawlensky y Feininger el esporádico grupo Los Cuatro Azules.
En 1930 tras abandonar la Bauhaus se instaló en Düsseldorf donde siguió practicando la docencia hasta que tres años más tarde fue despedido por los nazis, tras lo cual se retiró a Berna.
HEINRICH CAMPENDONK.
1889 Krefeld – 1957 Amsterdam.
Sus inicios en el mundo del arte tuvieron lugar, a partir de 1905, en la Kunstgewerbeschule de su localidad natal, donde asistió a las clases impartidas por el diseñador de vidrieras ligado al Jugendstil, Thorn-Prikker. Desde sus años de aprendizaje manifestó una especial predilección por el color y por las artes populares que, posteriormente tendrían un notable influjo en su estilo, deudor de algunos de los arcaismos propios de tales manifestaciones, como la tendencia a exagerar los rasgos, una acusada frontalidad y una destacada rigidez formal.
En 1911 se incorporó a Der Blaue Reiter a petición de Franz Marc, por quien sintió una fortísima admiración, de tal modo que como reconocimiento a su talento, Campendonk realizó su obra Caballo saltando que fue incluida en el Almanaque.
Como el resto de sus compañeros de El Jinete Azul, sucumbió al Cubismo Órfico materializado en la obra de Delaunay, cuya fascinación se acrecentó tras el descubrimiento y estudio de la obra de Cézanne. Las reflexiones sobre su personal interpretación del experimentalismo formal en la línea de los cubistas tuvieron su reflejo en obras como Arlequín y Colombina de 1913, en la que simplificó las formas a planos geométricos, sin que ello supusiera en absoluto el abandono del color, principal referente expresivo de sus producciones.
En base a todas estas referencias logró definir un estilo propio que, sin abandonar la figuración puesto que consideraba fundamental el aspecto narrativo, determinado por su eminente carácter decorativo reflejo de sus primeros años de formación dio como resultado unas obras cargadas de poesía, concebidas como pasajes congelados, como si de inspiraciones idílicas se tratase, a lo que contribuyó la temática de sus obras, sencillas escenas campesinas, de granjeros, que se prestaban a ser transmitidas con un aire misterioso y mágico como manifiestan entre otras las obras, En el bosque o Escena Pastoral, de 1920.
En 1922 regresó a su localidad natal donde emprendió tareas de docente en la Escuela de Bellas Artes. Entre 1926 y 1933 disfrutó de un puesto en la Academia de Düsseldorf donde también fue expulsado por los nazis.
En ese momento se trasladó a Amsterdam donde continuó con su actividad como profesor en la Rijsakademie van Beeldende Kunsten. Murió en 1957.
GABRIELE MÜNTER.
1877 Berlín – 1962 Murnau
Inició sus estudios de arte en 1901 en la ciudad alemana de Düsseldorf; desde allí se trasladó a Munich, donde comenzó su aprendizaje bajo las enseñanzas del pintor Angelo Jank. En 1902 se matriculó en la Phalanx, convirtiéndose en una de las primeras alumnas de la escuela de arte fundada por Kandinsky, con quien de inmediato inició una relación personal que se prolongó hasta 1916.
Sus primeras producciones mostraron fuertes débitos con las prácticas impresionistas, especialmente en el modo de aplicar la pintura, que conoció directamente durante su es-tancia en Sèvres junto a Kandinsky en la primavera de 1906. Jawlensky, cuya influen-cia fue muy importante para Münter, como puede apreciarse en obras como Paisaje blanco con muro blanco, de 1910, le descubrió la pintura de Van Gogh, que se convertiría en otro de los principales soportes en la definición de su lenguaje, pero sin duda la influencia más fuerte en la concreción de su estilo la ejerció el propio Kandinsky.
En el verano de 1908 se trasladó junto con su compañero a Murnau, una pequeña localidad en los Alpes bávaros, cuya estancia le sirvió para concretar definitivamente su lenguaje y estilo, en cuyo proceso jugó un importantísimo papel el descubrimiento de las manifestaciones artísticas populares y especialmente la pintura popular bávara sobre cristal, una técnica que comenzó a practicar con gran soltura, cuyos contornos marcados adoptaría en su obra posterior, convirtiendo este rasgo en una de las cualidades definitorias de su lenguaje. Durante ese período de reflexión y experimentación su pintura evolucionó desde una manera impresionista de captar la naturaleza hacia la selección de determinados retazos de la misma, como expresión de un deseo interior, caracterizada principalmente por la yuxtaposición de manchas de colores brillantes y contornos negros muy marcados como refleja Vista del pantano de Murnau de 1908.
Los intereses temáticos de Münter fueron principalmente los paisajes y las naturalezas muertas, escenas por las que mostró una especial predilección. Su obra Naturaleza muerta con san Jorge de 1911 fue reproducida en el almanaque del Blaue Reiter, emblema del lenguaje de la artista alemana cuyo personal estilo, comparable con el resto de sus compañeros, fue calificado por el propio Kandinsky en los siguientes términos:
Posee los siguientes rasgos: Un dibujo delicado aunque muy definido, discreto y preciso, que se compone de malicia, melancolía y ensueño, rasgos típicamente alemanes... que se encuentran entre los antiguos maestros alemanes y se oyen en la música y la poesía populares alemanas. Un sistema armónico simple que consta de una cierta gama de colores serios que, a causa de sus tonos oscuros, compone un sereno acorde con el dibujo. Este tipo de armonía tonal se halla en antiguas pinturas alemanas sobre cristal y en las obras de los primitivos alemanes, como el Maestro de la Vida de María.
En 1909 fundó junto Kandinsky, Jawlensky y Kubin entre otros, la Nueva Asociación de Artistas de Munich, y en 1911 el grupo Der Blaue Reiter.
Su separación de Kandinsky en 1916 le sumió en una especie de letargo creativo tan acusado que abandonó definitivamente la pintura, práctica que recuperaría a partir de 1927 animada por el historiador de arte Johannes Eichner.
ALFRED KUBIN.
1877 Leitmeritz, - 1959 Zwickledt.
Nació en Bohemia en el seno de una familia de militares, actividad que Alfred Kubin emprendió siguiendo la tradición familiar. Tras una corta estancia en el ejército fue incapaz de continuar debido a las crisis nerviosas sufridas durante ese período, resultado quizás de los traumas vividos durante su durísima infancia marcada por la pérdida de su madre cuando aún era un niño, hecho que, incapaz de superar, le llevó al intento del suicidio en varias ocasiones.
En 1898 se estableció en Munich donde inició su formación en la Escuela de Bellas Artes de Schmidt-Reutte. Posteriormente se matriculó en la Academia donde dirigió sus intereses creativos hacia la práctica del grabado, una técnica que siempre le había interesado, tal como se desprende de la fuerte admiración que sintió por las litografías de Redón, a quien tuvo ocasión de visitar durante su estancia en París en 1905.
A pesar de que su obra se desarrolló fundamentalmente como grabador, dirigiendo su actividad por el camino de la ilustración, conviene señalar que se convirtió en el autor de la primera novela expresionista, escrita en 1909 Die Andere Seite, ello no fue obstáculo para ser cofundador junto con Kandinsky y Gabrielle Münter de la Nueva Asociación de Artistas y tras la escisión de la misma uno de los miembros destacados del Blaue Reiter.
Como resultado de su formación y trayectoria, fuertemente marcado por las vivencias de la infancia, ajeno al interés por el color herramienta de expresión fundamental para el resto de sus compañeros, la práctica del dibujo y del grabado le permitió el desarrollo de un lenguaje personalísimo caracterizado por el pesimismo, el desasosiego y la ironía, con el que creó un mundo fantasmagórico, onírico, grotesco e inquietante fundamentado en sus principales reflexiones temáticas: la muerte y el mundo femenino.
Sus creaciones se convirtieron en un referente importante para el Surrealismo. Murió en 1959 en Zwickledt.
LYONEL FEININGER
1871-1956
Aunque de origen alemán, Lyonel Feininger nació en Nueva York en el seno de una familia de músicos profesionales; su padre era violinista y su madre cantante. Con la intención de continuar la tradición familiar, tras haber demostrado sus condiciones para la música, en 1887 se trasladó a Hamburgo para formarse musicalmente, estudios que posteriormente abandonaría para dedicarse a la creación artística. No obstante, tal como manifestó, su cultura musical estaría presente como estímulo creativo a lo largo de toda su carrera, No me imagino como pintor sin la música.
Entre 1892 y 1893 estudió con el escultor italiano Colarossi y después se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Berlín que abandonó en 1894 para emplearse como caricaturista de diversos periódicos tanto americanos como europeos, como los semanarios satíricos Lustige Blätter y Ulk, el suplemento del diario Berliner Tageblatt o el Das Narrenschiff y Sporthumor, actividad con la que cultivó un notable éxito.
En 1905 sintió la necesidad de dedicarse por entero a la pintura, cultivando a partir de entonces el género paisajístico fruto de las sugerencias descubiertas en los parajes y escenarios naturales de Turingia y Weimar, donde se empeñó en la búsqueda de la esencia, tomando como fuente de inspiración la naturaleza. En 1906 se trasladó a París, estancia que se prolongó hasta 1908, donde entró en contacto con los pintores alemanes del círculo de Matisse como Purrmann, Moll y Levi. Tras su abandono de la ciudad parisina, visitó Normandía, la Selva Negra y el Báltico.
De vuelta a Berlín y hasta 1911 su obra, ligada en color a los Fauves, manifestó tanto formal como temáticamente la clara la huella de su dilatada experiencia como caricaturista, lo que dio como consecuencia la representación de escenas fantásticas compuestas por figuras y objetos de gran ambigüedad y tamaño, de formas extremadamente angulosas, caracterizadas por una cierta extravagancia infantil.
En 1911 regresó a París donde descubrió el Cubismo, movimiento por el que, como el resto de los artistas del Blaue Reiter, enseguida se sintió atraído. La concepción de sus pinturas a partir de 1912, tal como puede apreciarse en Carrera de Bicicletas, muestran la asimilación del movimiento, forma, perspectiva y color, en la línea del Cubismo Órfico desarrollado por Delaunay, en el que encontró los medios adecuados para poder expresarse a través de la pintura, para ser realmente un expresionista, que era como se sentía, siendo uno de los pocos artistas que no tuvo reparo en reconocerse expresionista, Cada obra individual constituye la expresión de nuestro estado de ánimo más íntimo en un momento determinado, así como de nuestra necesidad incoercible de liberarnos mediante un acto de creación: en el ritmo, la forma, el color y la disposición de ánimo de un cuadro.
Feininger entendió la creación artística desde planteamientos similares a los de Kandinsky, en el sentido de sentir las obras como fruto de la necesidad intrínseca de materializar una experiencia interior, con quien compartió además la fascinación por la música, afición que fue también la causa de su unión y entendimiento con Klee.
Franz Marc, con quien compartió la concepción del color como único recurso capaz de trasmitir lo más íntimo, la verdadera esencia de las cosas, le invitó a participar en El Jinete Azul, exponiendo con ellos en el Salón de Otoño de Berlín.
En 1912 Feininger conoció a los miembros del Brücke, entablando una fuerte relación tanto con Schmidt-Rottluff, quien le pidió que se uniera al Brücke, como con Heckel, aunque se mantuvo al margen del grupo de Dresde, lo que no supuso que no colaborara con ello en alguna ocasión.
En 1913 se trasladó a Turingia con el objetivo de encontrar la tranquilidad que le permitiese concretar su verdadero lenguaje, tras renunciar al desasosiego y dinamismo hasta entonces empleados como medio de expresión, Con el tiempo conseguiré probablemente alejarme cada vez más del tormento y la fragmentación. La forma definitiva sólo puede alcanzarse a través de la paz absoluta, búsqueda que se materializó en una calma total como refleja su obra Zirchow V de 1916, una paz que llegó a convertirse en opresora como en Bañistas II de 1917, probablemente como consecuencia de los dramáticos efectos que la guerra dejó en el alma de Feininger.
El recuerdo siempre presente en su obra de la ciudad de Nueva York, su experiencia como caricaturista, la influencia del Cubismo desarrollado por Delaunay, algunos rasgos del Futurismo y el contacto con El Jinete Azul configuraron los rasgos definitorios de su obra.
Desde siempre manifestó una especial predilección por los temas urbanos, de tal modo que la representación de la ciudad centró buena parte de sus composiciones, una urbe entendida como metrópoli moderna, constituida a partir de geométricas edificaciones de claros ecos neoyorquinos, a pesar de referirse a París o Berlín.
Sus mejores obras fueron sin duda sus personales representaciones de la arquitectura de corte medieval y del mar, claras evocaciones de las románticas imágenes de Friedrich. En 1913 realizó las tres primeras pinturas, de una serie de trece, de la iglesia rural de Gelmeroda.
En 1917 tuvo lugar su primera retrospectiva en la galería Sturm, lo que supuso su reconocimiento como pintor, convirtiéndose en el primero de los elegidos para incorporarse a Bauhaus de Weimar donde desarrolló actividad docente entre 1919 y 1933. En 1924 se empeñó, con Kandinsky, Klee y Jawlensky, en la constitución del esporádico grupo Cuatro Azules. Considerado degenerado por los nazis, en 1938 se estableció definitivamente en Nueva York.
LUDWIG MEIDNER
1884 Bernstadt (Silesia) - 1966 Darmstadt.
Inició su formación en 1903 en la Academia de Breslau, donde permaneció hasta 1905, momento en que se trasladó a Berlín. En 1906 viajó con una beca a París para estudiar en la Académie Julian, donde entró en contacto con la obra de Cézanne, Van Gogh y Manet a quien admiró profundamente, hasta el punto de considerarle el maestro más magnífico del último siglo. Durante su estancia en la ciudad parisina entabló una buena amistad con Modigliani, con cuyo retrato participó en el Salón d´Automne de 1907. Ese mismo año regresó a Berlín donde se mostró como un pintor apasionado, excéntrico y obstinado, casi obsesivo, pintaba día y noche. El resultado de tan frenética actividad fueron unas obras caracterizadas por la gran intensidad emocional contenidas, expresividad que se acentuó aún más tras el descubrimiento del Cubismo desarrollado por Delaunay y las claves del Futurismo, movimientos ambos que le aportaron nuevos mecanismos para dar rienda suelta a sus emociones.
En base a un lenguaje decididamente expresionista, definido por un febril empleo del color aplicado a partir de gruesas capas de materia, líneas marcadamente curvilíneas, deformación formal y perspectivas confusas e inquietantes, logró trasmitir una intensísima carga dramática a sus obras, reflejo asimismo de su tormentosa y casi enfermiza personalidad. En 1912 comenzó una serie de pinturas de temas catastrofistas que se prestaban de manera idónea a sus pretensiones.
Claro ejemplo de su estilo es Ciudad ardiendo, una escena en la que refleja el caos derivado del violento desplome de edificios, cuyos escombros atrapan dramáticamente a las figuras que se mueven en la composición presas de pánico. El trágico ambiente de la escena se acentúa aún más por la manera de emplear los colores, marrones y azules oscuros contrastados enérgicamente con brillantes rojos y verdes, a lo que se suma la distorsión perspectívesca. Existe en esta obra una clara inspiración en referencias futuristas, tanto en la repetición de las formas que componen el centro y la parte superior de la escena, como, sobre todo, en el carácter dinámico e impulsivo de la pintura. A la espera del juicio, Cólera, Paisaje apocalíptico y Yo y la ciudad, realizadas hacia 1912-1913, son del mismo modo escenas dominadas, en base a los mismos parámetros estilísticos, por la desesperación y el dramatismo, concebidas acaso como presagios del horror que traería la gran guerra con los ataques y bombardeos de ciudades, distorsiones apreciables en su propio Autorretrato de 1916, en el que, a partir de las tensiones lumínicas, la deformación formal y las impetuosas líneas ondulantes, consiguió reflejar la propia perturbación que padeció.
El concepto «cinético», se incorporó de una manera definitiva al ámbito artístico, para definir un tipo concreto de manifestación, en 1955; en esa fecha se celebró una exposición en la que se reunieron obras dotadas de movimiento, realizadas por artistas de procedencias muy diversas, co mo Tinguely, Agam, Bury, Calder, Duchamp, Soto, Jacobsen y Vasarely. Con ocasión de esta muestra en la galería Denise René de París, se publicó el Manifiesto amarillo en el que, en diversas ocasiones, aparecía el concepto «cinético», así como el de «plástica cinética». Des de luego, el hecho de que una serie de artistas se preocupase por introducir el movimiento en su obra no era algo absolutamente nuevo, pues en distintos momentos del siglo xx existieron pintores o escultores interesados por el dinamis mo. Ya los futuristas italianos habían dejado muy claro en sus manifiestos que el movimiento y la velocidad eran aspectos esenciales y que debían quedar integrados en la obra artística; y los hermanos Pevsner, Anton y Naum Gabo, que durante un tiempo actuaron en el seno del Constructivismo, redactaron en 1920 el Manifies-to realista en el que aludían a los «ritmos cinéticos». Si además se tie-nen en cuenta algunas obras concretas, como el Modulator Lichtrequisit, de Lasz lo Moly Nagy, se comprenderá hasta qué punto algunos artistas sentían un acusado interés por trabajar en obras de arte que tuviesen puntos de contacto con la experimentación propia de la ciencia. Otro de los artistas que también puede considerarse como un auténtico precursor del Cinetismo es Marcel Duchamp, quien, en los años treinta, realizó los llamados Rotorelíefs. Se trata de obras tridimensionales que tienen un motor que el observador puede poner en marcha gracias a un mecanismo. De este modo, la pieza constituida por un círculo, en el que están pintadas una serie de circunferencias concén-tricas, gira y genera una gran sensación dinámica. Al observar todas estas aportaciones se puede llegar a afirmar que, durante el s XX, una de las preocupaciones de ciertos artistas fue, sin duda alguna, el hecho de integrar el movimien-to en su obra. Sin embargo, también es cierto que hasta mediados de los años cincuenta este interés no se convirtió en la finalidad primordial. Sólo a partir de ese momento debe hablarse de Arte Cinético propia-mente dicho. Como se verá más ade-lante, dentro del grupo de artistas cinéticos sobresale Victor Vasarely, que, desde los años treinta, realizaba pinturas en las que la sensación de movimiento era el factor prioritario. Aunque tales realizaciones deben considerarse como precedentes claros del Cinetismo, no deben incluirse en esta tendencia, ya que son figurativas. El Arte Cinético es siempre abstracto, ya sea bidimensional o tridimensional.
Clasificación de las obras cinéticas
Debido a la gran diversidad de obras existentes dentro del Cinetismo, se ha reali zado una clasificación de las mismas para clarificar y diferenciar estas aportacio nes. En primer lugar, se encuentran las obras de carácter bidimensional o tridimensional con movimiento real. En general, con motores que permiten que toda la obra, o bien determinadas piezas de la misma, se mueva. Se incluyen dentro de esta tipología las realizaciones basadas en proyecciones lumínicas, pues se considera que el movimiento luminoso también corresponde a este grupo en el que el dinamismo es básicamente real. En segundo lugar, se consideran las obras bidimensionales o tridimensionales estáticas, pero que poseen efectos de carácter óptico. Esta tipología corresponde al denominado Op-Art (Optical Art).
Y, por último, las obras bidimensionales o tridimensionales transfor-mables, en las que se requiere el desplazamiento del espectador para ser aprehendidas en su totalidad, o bien la manipulación directa que éste pueda realizar sobre ellas, con la que se logra un movimiento que puede ser vibratorio, de vaivén, etc. La 2ª tipología apuntada, la que corresponde al Op-Art, es, sin duda, la que más adep-tos tuvo; y, no obstante, para ciertos sectores de la crítica de los años sesenta, no debía incluirse en el seno del Cinetismo, pues en sus obras el movimiento no es real sino ilusorio, ya que proviene de toda una serie de efectos derivados de la incapacidad de la retina humana para situar como estáticos determinados objetos que, por el modo en que están constituidos, dan la sensación de movimiento.
Aún así, según el historiador Frank Popper -el mayor estudioso del Arte Cinético- todas las tipologías mencionadas corresponden a esta tendencia artística, pues lo esencial es la sensación que se produce en el observador.
Dentro de la modalidad del Op-Art existen obras muy distintas, pues responden a diferentes tipos de ilusiones ópticas. Así, entre las piezas más significativas que generan ilusiones de carácter óptico pueden distinguirse dos grandes grupos: por un lado, las figuras de carácter ambiguo, formadas por un juego de figura-fondo o bien por un juego de perspectivas opuestas; y, por otro, las que suponen una agresión a la retina, creadas gracias a imágenes persistentes, al efecto de muaré o a la ubicación inestable de formas y colores.
Cuando al pop art le sucedió, como fenómeno periodístico, el op art, hubo una tendencia natural de los periodistas a buscar la mayor cantidad posible de artistas op. De allí que se incluyera en esta categoría a artistas cuyo interés en los efectos ópticos era en realidad muy marginal. Una distorsión más seria consistió en presentar al op art como algo que había hecho una súbita aparición en escena, casi como lo había hecho el pop. De hecho, la pintura óptica, como la abstracción "Hard edge", tenia profundas raíces en la tradición del Bauhaus, y es la consecuencia del tipo de experimentos que el Bauhaus alentaba en sus alumnos.
Si la pintura óptica de la posguerra ha de remontarse a una sola fuente, esa fuente incuestionablemente deberá ser Víctor Vasarely. Húngaro de origen y nació en 1908 .Primero estudió medicina, luego asistió a una escuela de arte convencional y finalmente, en 1928-9, fue estudiante de la academia Mühely, de Alexander Bortnyik, el Bauhaus de Budapest. Se afincó luego en Francia. Carac terísticamente, Vasarely señala que fue durante este período en el Bauhaus de Budapest, que "el carácter funcional de la plasticidad" le fue revelado. Empezó como artista gráfico, y no fue sino hasta 1943 que se volcó a la pintura.
Vasarely es un artista muy rico y complejo para ser considerado simplemente como un pintor óptico y de nada más. De hecho, su gran oeuvre de posguerra abarca todo un complejo de ideas interrelacionadas. Una de las más importantes era la idea de "trabajo", de arte como de actividad práctica. Eso lo hizo hostil a la idea de la abstracción libre, como lo señalo en 1950:
"El artista se ha vuelto libre. Cualquiera puede ponerse el título de artista, o inclu-so de genio. Cualquier mancha de color, dibujo o perfil, inmediatamente se procla ma como obra, en el sacrosanto nombre de la sensibilidad subjetiva. El impulso prevalece sobre el conocimiento. La honesta técnica artesanal se desecha a cambio de la azarosa improvisación".
Pero Vasarely estaba preparado para ir más lejos que la mayoría de aquellos que condenaron a la abstracción libre, proponiendo que miremos al artista simplemente como a un hombre que hace prototipos que pueden entonces reproducirse a voluntad: "el valor del prototipo no consiste en la rareza del objeto, sino en la rareza de la cualidad que representa". Vasarely siente que todas las artes plásticas forman una unidad y que no hay necesidad de dividirlas en categorías fijas, tales como pintura, escultura, gráfica o incluso arquitectura.
"Nuestro tiempo, con la intrusión de las técnicas, con su velocidad, con sus nue-vas ciencias, sus teorías, sus descubrimientos, sus materiales novedosos, impo-ne su ley sobre nosotros. Ahora, la pintura abstracta, nueva en su concepción, diferente en su enfoque, todavía está atada al mundo anterior, a la vieja pintura, por medio de una técnica común y una presentación formal que la retiene y lanza una sombra de ambigüedad sobre sus conquistas".
Uno lee esta declaración con respeto, debe decirse que Vasarely es, en muchas maneras, un artista curiosamente dividido, formalmente mucho menos inventivo que fértil en nuevas ideas y conceptos. Sus pinturas abstractas no-cinéticas, por ejemplo, deben mucho a la obra hecha unos cuarenta años atrás por Auguste Herbin. Vasarely reconoce específicamente una deuda con el vocabulario de "for-mas de color" de Herbin (formas relacionadas con el color, pero sin referencias naturalistas, que se usan como unidades en agrupamientos más complejos). Pretende que este vocabulario es empleado por él en nuevas formas, que se liberan de los métodos de composición de Herbin todavía tradicionales. Pero la diferencia no es siempre tan notable como él desearía hacernos suponer.
Es natural, entonces, fijar la atención en su exploración de los efectos cinéticos, fuente de sus creaciones más originales. Es fácil ver la influencia de tal obra en sus contemporáneos, por ejemplo el alemán Günter Frühtrunk. El cinetismo era importante para Vasarely por dos razones: una es personal, el hecho de que, según nos dice, "la idea del movimiento me ha perseguido desde mi niñez"; y la otra es la idea más general de que una pintura que vive por medio de efectos ópticos existe esencialmente en el ojo y en la mente del espectador y no simplemente en la pared -se completa a sí misma cuando se la mira-.
Ya he empezado a usar las palabras "arte cinético" y "arte óptico" casi indistinta-mente. De hecho, el primero me parece un término mejor. El arte cinético puede abarcar una buena cantidad de categorías de objetos.
Están ante todo, aquellas obras de arte que, a pesar de ser estáticas de hecho, parecen moverse o cambiar. Pueden ser de dos o de tres dimensiones. Vasarely, por ejemplo, se a dedicado a obras compuestas en planos separados y con pantallas y objetos tridimensionales. Las obras estáticas dependen para su cinetismo de la acción de la luz y de bien conocido fenómenos ópticos, tales como la tendencia del ojo a producir imágenes latentes al ser sometido a contrastes muy brillantes de blanco y negro, o la yuxtaposición de ciertos tintes.
Segundo, hay objetos que se mueven al azar, sin energía mecánica, tales como los móviles de Alexander Calder.
Tercero, están las obras accionadas mecánicamente y que usan luces, electroi-manes o incluso agua.
La necesidad de precisión en las obras de la primera categoría y el hecho de que las de segunda y tercera son en realidad máquinas, aunque sin embargo de un tipo muy simple, da al arte cinético un sobretono mecanicista. Parece estar en la frontera de un arte que es realmente producido por máquinas más que por hombres. Esto, sin embargo es una excesiva simplificación.
Bridget Riley, por ejemplo, quien es probablemente la más brillante de todos los artistas cinéticos que han trabajado en dos dimensiones, rechazará ciertamente la sugerencia de que sus pinturas no están destinadas a expresar o comunicar un sentimiento. Su obra está a menudo intrincadamente programada: las formas y su relación recíproca se ajustan a series matemáticas predeterminadas, pero se llega a las progresiones en forma instintiva. La señorita Riley trabajó anteriormente sólo en blanco y negro, pero ahora, habiendo pasado a través de una fase donde los colores se usaron en sordina, ha creado una serie de deslumbrantes cuadros llenos de coloridos, que exploran la forma en la que se puede hecr que cada color se vuelque en otro por medios ópticos; o la manera en que la totalidad de la superficie del cuadro pueda trasladarse de lo cálido a lo frío, a través de la progresión de matices.
En contraste con la obra de los pintores coloristas, la superficie no permanece inerte, sino que se ondula con energía muscular.
Muy pocos de entre los otros artistas ópticos han producido una obra tan com-pleja como ésta, aunque hay paralelos en la pintura del norteamericano Richard Anuszkiewicz, el italiano Piero Dorazio y el inglés Peter Sedgley. Sedgley sum-inistra aun otra variación al tema de los círculos concéntricos, el omnipresente modelo del blanco. Aquí el modelo se usa para producir potentes efectos de rece sión o proyección -algunos cuadros llevan al espectador hacia adentro, dentro de un túnel que siempre retrocede; otros parecen flotar hacia él saliendo desde la pared, en golpes de luz. Los cuadros de Sedgley, como los de la señorita Riley, sugieren la noción de que una gran cantidad de arte cinético y óptico pretende arrojar al espectador a un trance hipnótico, consiguiendo entonces por otra ruta el "desenfoque" recomendado por Cage.
La siguiente etapa en la pintura óptica está representada por obras que tienen un muy ligero relieve. A menudo esta dimensión adicional es usada para proveer planos de color, que se mueven a medida que el espectador cambia su posición en relación a ellos. Los "fisicromos" del venezolano Carlos Cruz-Diez son obras de esta naturaleza y también las del artista israelí Yaacov Agam. El principio empleado es casi como el que se podrá encontrar en algunos de los "cuadros sorpresas" hechos en la época victoriana, donde una imagen se remplaza sorpresivamente por otra, según el punto de vista que uno adopte.
Un artista más importante, que a veces hace uso de efectos algo parecidos, es otro venezolano, J. R. Soto. Las primeras influencias sobre Soto fueron las de Mondrian y Malevich. A principios de la década del cincuenta, hizo pinturas que creaban su efecto por repetición de unidades. Las unidades estaban dispuestas de manera tal que el ritmo que las unía llegó a parecer más importante al ojo que cualquier parte individual y la pintura era, por lo tanto, al menos por implicancias, no algo completo en sí mismo, sino una parte tomada de un soporte infinitamente grande que el espectador debía imaginar. Soto se interesó luego en efectos de superposición, como lo había hecho Vasarely. Dos modelos hechos sobre láminas de plexiglás fueron montados algo separados y parecían mezclarse en un nuevo espacio que oscilaba entre los planos frontal y posterior suministrados por las láminas. Más tarde, Soto empezó una serie de experimentos con pantallas forradas que tienen placas metálicas que se proyectan enfrente de ellas, o si no varillas metálicas o alambres libremente suspendidos frente a este campo vibratorio. La vibración tiende, desde el punto de vista óptico, a absorber y disolver los sólidos suspendidos o proyectados. A cada instante, a medida que el espectador mueve sus ojos, aparece una nueva ola de actividad óptica. La más intensa de las obras de Soto consiste en grandes mamparas de varillas colgantes. Suspendidas a lo largo de una pared, estas capas de varillas parecen disolver todo el costado de una habitación, tomando en cuenta todas las reacciones instintivas del espectador hacia un espacio cerrado. Relacionados con la obra de Soto, pero usando un principio algo diferente, están los relieves ejecutados por el argentino Luis Tomasello. Tomasello fija por un ángulo, sobre una superficie blanca, una serie de cubos huecos. Los mismos son blancos en la parte exterior, pero algo coloreados en la interior, y unas de las caras, invisible al espectador, se deja abierta. Por refracción, esto produce efectos trémulos y suaves de luz coloreada, sobre el plano que están fijados los cubos.
En el límite del arte cinético, pero ciertamente muy próximos a la obra de Tomasello, están los relieves y esculturas del brasileño Sergio de Camargo. Camargo usa, para cubrir la superficies de sus obras, pequeñas unidades cilíndricas colocadas al azar e inclinadas, de manera que el plano en el extremo del cilindro nunca está orientado frente al espectador. La obra en sí está generalmente pintada de blanco, de manera que cada pieza se convierte en un intrincado juego de reflejos y sombras. Aquí también, como en la obra de todos los artistas sudamericanos que he comentado, parece haber un deseo de disolver todo lo sólido, todo lo pesado, en favor de un juego etéreo de luz y color. Distancias, planos y formas se vuelven ambiguos. A pesar de ser físicamente masiva, la obra parece ligera y flotante. Un efecto similar se puede observar en la obra del artista alemán Günther Uecker quien usa púas o clavos para quebrar sus superficies, produciendo así un aspecto diáfano, una superficie que no es verdaderamente una superficie.
Podría pensarse que la ingravidez, como parte de la tradición cinética, nos retrotrae hacia Alexander Calder. Calder es un artista que, aun cuando aparenta ser de poco peso en casi todos los sentidos, resultó tener una poderosa influencia en el arte de su época. Calder exhibió sus móviles por primera vez en los años treinta -la idea original vino de un divertido y delicado circo de juguete que había construido, pero los móviles en sí, con sus costados brillantemente pintados, conectados por ejes y cables, parecen haber tomado una cantidad de ideas de las pinturas de Miró, hipótesis confirmada por la naturaleza- Miró de los dibujos de Calder.
Pero había una diferencia importante -la disposición de las formas en un móvil de Calder es siempre provisional, ya que cada chapa se mueve en una nueva relación con las otras. Las posibilidades del objeto son, por supuesto, gobernadas por factores tales como los varios puntos de equilibrio, el largo de los cables y el peso de las chapas. La caprichosidad organizada que produce este sistema es una cualidad extremadamente característica del arte cinético de posguerra. Además de hacer móviles, Calder construye lo que él llama estables, de los cuales algunos de los más grandes no incorporan ninguna parte móvil. Son un eslabón inesperado entre la obra de Calder y la de escultores como David Smith y Anthony Caro. Mientras tanto, Calder, aun en los móviles, permanece considerablemente más inventivo que otros artistas que hacen esculturas, empleando los mismos principios. Basta con comparar, por ejemplo, los móviles de Calder con las piezas mucho más complicadas de George Rickey.
En lo que concierne a la mayoría de la gente, son los objetos provistos de un motor los que parecen más nuevos y más fascinantes.
En realidad, las obras de arte accionadas por máquinas no son tan novedosas como parecen ser. Aun si es innecesario traer a la discusión cosas tales como las fuentes de Versalles, la escultura mecánicamente accionada es algo que se puede rastrear por lo menos hasta principios de 1920. Tiene ascendencia tanto constructivista como dadaísta. Ya en 1920, Naum Gabo hizo una escultura que consistía en una sola varilla vibrante. Duchamp y Man Ray, en el mismo año, produjeron el "rotorrelieve", una plancha de vidrio circular que, al girar, formaba un diseño ilusorio.
El arte cinético de postguerra ha tendido a reflejar esta doble ascendencia. Los me canismos desvencijados de Jean Tinguely evidentemente deben mucho a las "composiciones mecánicas" hechas por Picabia en la cumbre del período dada, en 1917/19 . Los dibujos de Picabia son parodias, elegantemente sardónicas, de planos convencionales de ingeniería, diseños para maquinas que nunca podrían funcionar. Uno está socarronamente dedicado "a la memoria de Leonardo Da Vinci".
Las máquinas de Tinguely funcionan, pero apenas lo justo. Gruñen y tiemblan y uno sospecha que a menudo tienen funciones y fallas que no fueron previstas por el autor cuando las ideo originalmente. De hecho han sido roturadas "pseudo-máquinas", porque se mueven sin una función. O a veces tienen funciones que implican un comentario satírico. Tinguely ha hecho máquinas que producen dibujos expresionistas abstractos, por ejemplo. Quizá la más famosa sea la máquina autodestructiva que hizo para el Museo De Arte Moderno de Nueva York en Marzo de 1960, y que provocó un famoso escándalo.
Desde las máquinas de Tinguely, algunas de las cuales en realidad se mueven por el piso, hay sólo un corto paso a cosas tales como los robots deliberada-mente desvencijados creados por Bruce Lacey y Nam June Paik. Por ejemplo, Lacey declara que pretende que sus robots simbolicen el compromiso humano en el moderno medio ambiente tecnológico. Muy diferente de Tinguely, a pesar de que a menudo se lo asocia con él, es el artista griego Takis. Allí donde Tinguely se burla de la torpeza de las máquinas y de las torpeza de los hombres al tratar con ellas, Takis intenta explotar nuevas posibilidades tecnológicas.
Algunas de sus obras más interesantes son aquellas que emplean los principios del magnetismo. En los Ballets magnéticos, por ejemplo, dos imágenes están suspendidas del techo por hilos.
En la base, un electroimán se conecta y desconecta con ritmo regular. Cuando está conectado, atrae al polo positivo de uno de los imanes y rechaza al polo negativo del otro. Cuando está desconectado, los dos imanes se atraen de uno a otro. Alternativamente, Takis usará un imán para mantener suspendida, temblando en el aire, una aguja. Lo que es nuevo en estas obras es que no existen como una forma , sino casi como una energía inmaterial. La función de las partes visibles no es ser interesantes en sí misma, sino demostrar el efecto de esa energía. El punto quizá se aclare más si no uno compara la obra de Takis con la del belga Pol Bury. Pol Bury pertenece tan firmemente a la tradición surrealista, como Tinguely pertenece a la tradición del dada. Sus máquinas tienen las partes móviles escondidas. Un crítico señaló el hecho de que la obra de Bury es "deliberadamente desconcertante".
Sus Máquinas se revuelven cautelosamente, más que moverse en una manera muy decisiva o positiva. Un conjunto de pequeñas esferas en un plano inclinado se entrechocan y se mueven hacia a arriba con tironcitos casi imperceptibles, en vez de rodar hacia abajo como uno podría esperar. Puñados de agujas o antenas ondulantes crujen al mismo tiempo. Sin embargo, el movimiento es sólo parte de lo que la obra tiene que decir. Los más lentos tienen una presencia formal que nos sorprende , aun antes de que nos demos cuenta de que, de hecho, se están moviendo. No ocurre lo mismo con cualquiera de las invenciones de Takis cuando se desconectan.
Dada esta inclinación hacia lo inmaterial, parece inevitable que Takis hubiese debido experimentar con luz. Sus famosas señales son luces intermitentes colocadas en los extremos de largas varas flexibles; otro medio de expresar la fuerza de la energía que mueve al universo.
En general, la luz a sido el medio favorito de muchos artistas cinéticos. La forma en la que se utiliza difiere ampliamente de un artista a otro. El alemán Heinz Mack, por ejemplo, usa una mecanización del principio Moiré. Un disco que rota debajo de una superficie de vidrio transparente y uniformemente ondulada hace ambigua a la propia superficie. No es tanto el movimiento en sí lo que retiene nuestra atención, sino la lenta interferencia de los rayos de luz que se reflejan hacia nosotros desde la parte de atrás; parecen atraídos hacia un vórtice, luego esparcidos hacia afuera de nuevo. Por otro lado, el norteamericano Frank Malina, hace cajas de luz donde plantillas coloreadas, constantemente cambiantes, se proyectan sobre una pantalla de plexiglás. El resultado es una mera extensión de la abstracción libre: un cuadro que nunca llega a su estado final porque está constantemente pasando por un proceso de metamorfosis.
Más imaginativa y más radical es la obra ofrecida por artistas tales como Liliane Lijn y Nicolás Schöfer, a pesar de que estos dos están en agudo contraste el uno con el otro. La señorita Lijn es una purista. Atrapa gotas de líquido bajo la tapa transparente de plexiglás de una mesa rotante. Sobre ésta, volviéndose en sentido contrario a la rotación, hay una esfera o grupo de esferas de plexiglás. El líquido atrapado en el disco está afectado por el movimiento de estos sólidos y se rompe en dibujos que recuerdan a los que forman las limaduras de hierro bajo la acción de un imán. Uno puede observar de cerca estos diseños ya que la obra está brillantemente iluminada.
Schöffer es un artista barroco. Su obra gira y destella, proyectando rayos de luz y refracciones titilantes. Combina el movimiento de una pieza de escultura cinética con proyecciones luminosas que extienden profundamente el movimiento en el espacio. La totalidad del volumen de aire que rodea la escultura se convierte en una entidad ambigua. Schöffer, a veces, ha ido más lejos al producir obras que reaccionan con la intensidad de la luz y con sonidos. También ha experimentado notablemente con combinaciones de luz, movimiento cinético y música en la torre de luz y sonido que construyó en la ciudad de Lieja (Bélgica), en 1961. Trabajos de esta clase parecen traducir a términos contemporáneos los experimentos del Siglo XVII; algunos emprendimientos de Schöfer son el equivalente actual de las máscaras ideadas por Ben Jonson e Iñigo Jones, para la corte de los Estuardo.
De hecho, el arte cinético parece tener dos tendencias que a la vez se oponen y refuerzan una a otra. Una es la tradición del espectáculo. Gran parte del arte cinético es "arte de exposición".
Sus ambiciones son ambientalistas. Pretende bombardear al espectador con nuevas experiencias. Los más grandes triunfos logrados por los artistas cinéticos han tenido lugar en grandes exhibiciones colectivas, tales como la de "Luz y Movimiento" que tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno en Paris en el verano y otoño de 1967. Aquí el mero número de artistas y la naturaleza espectacular de algunas de las obras expuestas, tendería a disfrazar la extrema limitación de muchas de las contribuciones individuales.
La otra tradición es la de la investigación científica o pseudo-científica, representada por el Groupe de Recherche d'Art Visuel, fundado en París en 1959, como gesto de desafío hacia la moda entonces triunfante de la abstracción informal. El grupo está en gran parte bajo la influencia de Vasarely y particularmente afectado por su dogma de que el artista debe ser lo más anónimo posible, de que la obra y no el individuo debe hablar. Yvaral, hijo de Vasarely, era miembro, pero los dos artistas más conoci-dos asociados al grupo eran, probablemente, el argentino Julio Le Parc, ganador del Gran Premio de la Bienal de Venecia en 1966, y el francés François Morellet.
Le Parc crea artefactos que pertenecen en parte al laboratorio y en la parte a la feria de diversiones. Son experimentos con mecanismos y también experimentos con la psicología del espectador. Espejos, lentes distorsionantes, bolas que ruedan por complicados laberintos -ha utilizado todas estas cosas. Le Parc es un minimista, en el sentido de lo que él hace jamás es demasiado riguroso o demasiado serio-. El espectador se torna colaborador; no es invitado a leer un significado en lo que ve, sino a reaccionar. En este sentido, Le Parc es el equivalente de Johns o Cage en Norteamérica.
Morellet es más severo. Su obra más conocida es la Sphére-trames (Esfero-Tramas), una esfera hecha con barras colocadas en ángulos rectos para formar una estructura celular que, por medio de sus múltiples perpesctivas, tiene extraños efectos sobre la luz. Una obra afín es el entramado de tubos fluorescentes, que parece disolver la pared detrás de él. Morellet también es un artista cuya obra está relacionada con la de los minimistas de Norteamérica.
La sutileza visual y psicológica del arte cinético, hasta ahora, está en marcado contraste con la simplicidad y aun la crudeza de muchos de los mecanismos utilizados. Algunos artistas, especialmente Tinguely, también hacen de esta crudeza mecánica un elemento integrante de sus obras.
Algunos otros han alcanzado a un muy respetable nivel de complejidad tecnológica, al trabajar en conjunto con organizaciones industriales. Schöffer creó la torre de Lieja en colaboración con la firma Philips NV.
Generalmente, sin embargo, el arte cinético ha imitado a la tecnología desde lejos. Las razones son dobles. Primero, los limitados recursos financieros del artista o, más exactamente, el hecho de que el artista cinético es el constructor-ejecutor de un "prototipo", en un campo preparado paras la producción masiva. Segundo, está el hecho de que casi todos los artistas tienen antecedentes científicos muy limitados, siendo la excepción Frank Malina, quien fue responsable del primer cohete de gran altitud lanzado por los norteamericanos en 1945, y que fue presidente de la Academia Internacional de Aeronáutica. Aun así, los principios mecánicos empleados en su obra no son complejos.
Cualesquiera que sean las razones para esta falta de sofisticación técnica, las pretensiones de los artistas cinéticos, en el sentido de que estaban produciendo "arte para la era tecnológica", deben ser tomadas con pinzas. Sería más justo evidentemente, decir que el repentino surgimiento del arte cinético en la década del cincuenta y a principios de la del sesenta, representaba una especie de nostalgia por la tecnología, más que una presencia de la tecnología en sí. Siguió luego un verdadero compromiso tecnológico, pero lentamente y con dificultad.
Ha habido uno o dos desarrollos más en las artes, que pueden considerarse en conjunción con el cinetismo, a pesar de que no llegaron a ser precisamente la misma cosa. Uno es la tendencia a comparar modelos científicos, macrofotografías y otros productos colaterales de la investigación científica, con la obra de artistas contemporáneos, y pretender que las frecuentes similitudes que allí se encuentran son argumentos para un parentesco entre las nuevas artes y las nuevas ciencias.
El problema está en que la similitud se encuentra más a menudo con los productos de los abstraccionistas libres, que con los de cualquier artista con una declarada dedicación a la ciencia. Lo que uno ve no es la influencia de la ciencia sobre el arte, sino la de los artistas sobre los científicos. Las más bonitas macrofotografías carecen a menudo de sentido desde un punto de vista estrictamente científico, y la razón para tomarlas es estética. El arte a enseñado al fotógrafo a mirar su tema de una cierta manera, ha hecho de su apariencia algo con significado para él. Una de las más prominentes características de la historia de la fotografía es la tendencia del hombre que está detrás de la cámara, a ser influido por cualquiera que sea el estilo de pintura dominante en ese momento. Es así como las fotografías tomadas por los fotógrafos del círculo de los prerrafaelistas, tienden a ser similares a las pinturas de Rossetti o Millais.
Otro aspecto de la relación entre el arte y la ciencia ha sido representado por el "arte de computadora", experimentos hechos para descubrir qué se podía programar en las computadoras para que éstas lo hiciesen, y también qué se les podía persuadir que hiciesen si ciertos elementos se introdujesen al azar en la programación. Hasta dónde una computadora puede realmente hacer arte es una cuestión en discusión. Una autoridad en la materia dice: "la computadora es usada como una herramienta para el espectador y artistas; no produce arte, pero es usada para manipular pensamientos e ideas que podrían llamarse arte". Lo que produce en el presente, ciertamente, en el campo de las artes visuales en oposición al de la música, tiende a ser sin interés.
El comentario del Dr. Johnson referente a una mujer predicando parece aplicable en este caso: no es que la computadora lo haga bien, sino que es sorprendente que lo pueda hacer.
Existe, sin embargo, la posibilidad de que el interés por las computadoras extienda eventualmente las capacidades del artista visual, al forzarlo a pensar de nuevas formas. Al analizar las ideas, de manera de que puedan alimentar a la Máquina, el artista está efectuando un proceso de pensamientos más rigurosos que aquel al cual quizás esté acostumbrado. Una vez programada, la computadora efectúa los procesos que se le han pedido que haga con una lógica sin falla.
Puede hacerse que la misma presente tantas alternativas diferentes como las que desee el usuario, y los análisis del producto terminado pueden almacenarse para su futuro uso. Como herramienta para ahorrar trabajo, la computadora abre un campo mucho más amplio en las operaciones en las que interviene el azar, simplemente porque trabaja mucho más rápidamente y con mucha más seguridad que la que el artista puede esperar de él mismo. En este sentido, puede decirse que la computadora extiende la idea de libertad, que se encontraba en la obra de artistas tales como Pollock y Louis, a la esfera intelectual así como a la física. Pero la totalidad de sus potencialidades no será probablemente comprendida hasta tanto el operador pueda sentirla como parte de una extensión de su propia mente, así Pollock consideró a la pintura y a la tela, trapos y pinceles, como extensiones de su propio cuerpo.
Estos contenidos pertenecen al libro "Movimientos en el Arte desde 1945" de Edward Lucie-Smith.
Op Art y Arte Cinético
por Paola Fraticola
Estos contenidos pertenecen al libro "Movimientos en el Arte desde 1945" de Edward Lucie-Smith.
Cuando al pop art le sucedió, como fenómeno periodístico, el op art, hubo una tendencia natural de los periodistas a buscar la mayor cantidad posible de artistas op. De allí que se incluyera en esta categoría a artistas cuyo interés en los efectos ópticos era en realidad muy marginal. Una distorsión más seria consistió en presentar al op art como algo que había hecho una súbita aparición en escena, casi como lo había hecho el pop. De hecho, la pintura óptica, como la abstracción "hard edge", tenia profundas raíces en la tradición del Bauhaus, y es la consecuencia del tipo de experimentos que el Bauhaus alentaba en sus alumnos.
Si la pintura óptica de la posguerra ha de remontarse a una sola fuente, esa fuente incuestionablemente deberá ser Víctor Vasarely. Húngaro de origen y nació en 1908 .Primero estudió medicina, luego asistió a una escuela de arte convencional y finalmente, en 1928-9, fue estudiante de la academia Mühely, de Alexander Bortnyik, el Bauhaus de Budapest. Se afincó luego en Francia. Característicamente, Vasarely señala que fue durante este período en el Bauhaus de Budapest, que "el carácter funcional de la plasticidad" le fue revelado. Empezó como artista gráfico, y no fue sino hasta 1943 que se volcó a la pintura.
Vasarely es un artista muy rico y complejo para ser considerado simplemente como un pintor óptico y de nada más. De hecho, su gran oeuvre de posguerra abarca todo un complejo de ideas interrelacionadas. Una de las más importantes era la idea de "trabajo", de arte como de actividad práctica. Eso lo hizo hostil a la idea de la abstracción libre, como lo señalo en 1950:
"El artista se ha vuelto libre. Cualquiera puede ponerse el título de artista, o incluso de genio. Cualquier mancha de color, dibujo o perfil, inmediatamente se proclama como obra, en el sacrosanto nombre de la sensibilidad subjetiva. El impulso prevalece sobre el conocimiento. La honesta técnica artesanal se desecha a cambio de la azarosa improvisación".
Pero Vasarely estaba preparado para ir más lejos que la mayoría de aquellos que condenaron a la abstracción libre, proponiendo que miremos al artista simplemente como a un hombre que hace prototipos que pueden entonces reproducirse a voluntad: "el valor del prototipo no consiste en la rareza del objeto, sino en la rareza de la cualidad que representa". Vasarely siente que todas las artes plásticas forman una unidad y que no hay necesidad de dividirlas en categorías fijas, tales como pintura, escultura, gráfica o incluso arquitectura.
"Nuestro tiempo, con la intrusión de las técnicas, con su velocidad, con sus nuevas ciencias, sus teorías, sus descubrimientos, sus materiales novedosos, impone su ley sobre nosotros. Ahora, la pintura abstracta, nueva en su concepción, diferente en su enfoque, todavía está atada al mundo anterior, a la vieja pintura, por medio de una técnica común y una presentación formal que la retiene y lanza una sombra de ambigüedad sobre sus conquistas".
Uno lee esta declaración con respeto, debe decirse que Vasarely es, en muchas maneras, un artista curiosamente dividido, formalmente mucho menos inventivo que fértil en nuevas ideas y conceptos. Sus pinturas abstractas no-cinéticas, por ejemplo, deben mucho a la obra hecha unos cuarenta años atrás por Auguste Herbin. Vasarely reconoce específicamente una deuda con el vocabulario de "formas de color" de Herbin (formas relacionadas con el color, pero sin referencias naturalistas, que se usan como unidades en agrupamientos más complejos). Pretende que este vocabulario es empleado por él en nuevas formas, que se liberan de los métodos de composición de Herbin todavía tradicionales. Pero la diferencia no es siempre tan notable como él desearía hacernos suponer.
Es natural, entonces, fijar la atención en su exploración de los efectos cinéticos, fuente de sus creaciones más originales. Es fácil ver la influencia de tal obra en sus contemporáneos, por ejemplo el alemán Günter Frühtrunk. El cinetismo era importante para Vasarely por dos razones: una es personal, el hecho de que, según nos dice, "la idea del movimiento me ha perseguido desde mi niñez"; y la otra es la idea más general de que una pintura que vive por medio de efectos ópticos existe esencialmente en el ojo y en la mente del espectador y no simplemente en la pared -se completa a sí misma cuando se la mira-.
Ya he empezado a usar las palabras "arte cinético" y "arte óptico" casi indistintamente. De hecho, el primero me parece un término mejor. El arte cinético puede abarcar una buena cantidad de categorías de objetos.
Están ante todo, aquellas obras de arte que, a pesar de ser estáticas de hecho, parecen moverse o cambiar. Pueden ser de dos o de tres dimensiones. Vasarely, por ejemplo, se a dedicado a obras compuestas en planos separados y con pantallas y objetos tridimensionales. Las obras estáticas dependen para su cinetismo de la acción de la luz y de bien conocido fenómenos ópticos, tales como la tendencia del ojo a producir imágenes latentes al ser sometido a contrastes muy brillantes de blanco y negro, o la yuxtaposición de ciertos tintes.
Segundo, hay objetos que se mueven al azar, sin energía mecánica, tales como los móviles de Alexander Calder.
Tercero, están las obras accionadas mecánicamente y que usan luces, electroimanes o incluso agua.
La necesidad de precisión en las obras de la primera categoría y el hecho de que las de segunda y tercera son en realidad máquinas, aunque sin embargo de un tipo muy simple, da al arte cinético un sobretono mecanicista. Parece estar en la frontera de un arte que es realmente producido por máquinas más que por hombres. Esto, sin embargo es una excesiva simplificación.
Bridget Riley, por ejemplo, quien es probablemente la más brillante de todos los artistas cinéticos que han trabajado en dos dimensiones, rechazará ciertamente la sugerencia de que sus pinturas no están destinadas a expresar o comunicar un sentimiento. Su obra está a menudo intrincadamente programada: las formas y su relación recíproca se ajustan a series matemáticas predeterminadas, pero se llega a las progresiones en forma instintiva. La señorita Riley trabajó anteriormente sólo en blanco y negro, pero ahora, habiendo pasado a través de una fase donde los colores se usaron en sordina, ha creado una serie de deslumbrantes cuadros llenos de coloridos, que exploran la forma en la que se puede hecr que cada color se vuelque en otro por medios ópticos; o la manera en que la totalidad de la superficie del cuadro pueda trasladarse de lo cálido a lo frío, a través de la progresión de matices.
En contraste con la obra de los pintores coloristas, la superficie no permanece inerte, sino que se ondula con energía muscular.
Muy pocos de entre los otros artistas ópticos han producido una obra tan compleja como ésta, aunque hay paralelos en la pintura del norteamericano Richard Anuszkiewicz, el italiano Piero Dorazio y el inglés Peter Sedgley. Sedgley suministra aun otra variación al tema de los círculos concéntricos, el omnipresente modelo del blanco. Aquí el modelo se usa para producir potentes efectos de recesión o proyección -algunos cuadros llevan al espectador hacia adentro, dentro de un túnel que siempre retrocede; otros parecen flotar hacia él saliendo desde la pared, en golpes de luz. Los cuadros de Sedgley, como los de la señorita Riley, sugieren la noción de que una gran cantidad de arte cinético y óptico pretende arrojar ala espectador a un trance hipnótico, consiguiendo entonces por otra ruta el "desenfoque" recomendado por Cage.
La siguiente etapa en la pintura óptica está representada por obras que tienen un muy ligero relieve. A menudo esta dimensión adicional es usada para proveer planos de color, que se mueven a medida que el espectador cambia su posición en relación a ellos. Los "fisicromos" del venezolano Carlos Cruz-Diez son obras de esta naturaleza y también las del artista israelí Yaacov Agam. El principio empleado es casi como el que se podrá encontrar en algunos de los "cuadros sorpresas" hechos en la época victoriana, donde una imagen se remplaza sorpresivamente por otra, según el punto de vista que uno adopte.
Un artista más importante, que a veces hace uso de efectos algo parecidos, es otro venezolano, J. R. Soto. Las primeras influencias sobre Soto fueron las de Mondrian y Malevich. A principios de la década del cincuenta, hizo pinturas que creaban su efecto por repetición de unidades. Las unidades estaban dispuestas de manera tal que el ritmo que las unía llegó a parecer más importante al ojo que cualquier parte individual y la pintura era, por lo tanto, al menos por implicancias, no algo completo en sí mismo, sino una parte tomada de un soporte infinitamente grande que el espectador debía imaginar. Soto se interesó luego en efectos de superposición, como lo había hecho Vasarely. Dos modelos hechos sobre láminas de plexiglás fueron montados algo separados y parecían mezclarse en un nuevo espacio que oscilaba entre los planos frontal y posterior suministrados por las láminas. Más tarde, Soto empezó una serie de experimentos con pantallas forradas que tienen placas metálicas que se proyectan enfrente de ellas, o si no varillas metálicas o alambres libremente suspendidos frente a este campo vibratorio. La vibración tiende, desde el punto de vista óptico, a absorber y disolver los sólidos suspendidos o proyectados. A cada instante, a medida que el espectador mueve sus ojos, aparece una nueva ola de actividad óptica. La más intensa de las obras de Soto consiste en grandes mamparas de varillas colgantes. Suspendidas a lo largo de una pared, estas capas de varillas parecen disolver todo el costado de una habitación, tomando en cuenta todas las reacciones instintivas del espectador hacia un espacio cerrado. Relacionados con la obra de Soto, pero usando un principio algo diferente, están los relieves ejecutados por el argentino Luis Tomasello. Tomasello fija por un ángulo, sobre una superficie blanca, una serie de cubos huecos. Los mismos son blancos en la parte exterior, pero algo coloreados en la interior, y unas de las caras, invisible al espectador, se deja abierta. Por refracción, esto produce efectos trémulos y suaves de luz coloreada, sobre el plano que están fijados los cubos.
En el límite del arte cinético, pero ciertamente muy próximos a la obra de Tomasello, están los relieves y esculturas del brasileño Sergio de Camargo. Camargo usa, para cubrir la superficies de sus obras, pequeñas unidades cilíndricas colocadas al azar e inclinadas, de manera que el plano en el extremo del cilindro nunca está orientado frente al espectador. La obra en sí está generalmente pintada de blanco, de manera que cada pieza se convierte en un intrincado juego de reflejos y sombras. Aquí también, como en la obra de todos los artistas sudamericanos que he comentado, parece haber un deseo de disolver todo lo sólido, todo lo pesado, en favor de un juego etéreo de luz y color. Distancias, planos y formas se vuelven ambiguos. A pesar de ser físicamente masiva, la obra parece ligera y flotante. Un efecto similar se puede observar en la obra del artista alemán Günther Uecker quien usa púas o clavos para quebrar sus superficies, produciendo así un aspecto diáfano, una superficie que no es verdaderamente una superficie.
Podría pensarse que la ingravidez, como parte de la tradición cinética, nos retrotrae hacia Alexander Calder. Calder es un artista que, aun cuando aparenta ser de poco peso en casi todos los sentidos, resultó tener una poderosa influencia en el arte de su época. Calder exhibió sus móviles por primera vez en los años treinta -la idea original vino de un divertido y delicado circo de juguete que había construido, pero los móviles en sí, con sus costados brillantemente pintados, conectados por ejes y cables, parecen haber tomado una cantidad de ideas de las pinturas de Miró, hipótesis confirmada por la naturaleza- Miró de los dibujos de Calder.
Pero había una diferencia importante -la disposición de las formas en un móvil de Calder es siempre provisional, ya que cada chapa se mueve en una nueva relación con las otras. Las posibilidades del objeto son, por supuesto, gobernadas por factores tales como los varios puntos de equilibrio, el largo de los cables y el peso de las chapas. La caprichosidad organizada que produce este sistema es una cualidad extremadamente característica del arte cinético de posguerra. Además de hacer móviles, Calder construye lo que él llama estables, de los cuales algunos de los más grandes no incorporan ninguna parte móvil. Son un eslabón inesperado entre la obra de Calder y la de escultores como David Smith y Anthony Caro. Mientras tanto, Calder, aun en los móviles, permanece considerablemente más inventivo que otros artistas que hacen esculturas, empleando los mismos principios. Basta con comparar, por ejemplo, los móviles de Calder con las piezas mucho más complicadas de George Rickey.
En lo que concierne a la mayoría de la gente, son los objetos provistos de un motor los que parecen más nuevos y más fascinantes.
En realidad, las obras de arte accionadas por máquinas no son tan novedosas como parecen ser. Aun si es innecesario traer a la discusión cosas tales como las fuentes de Versalles, la escultura mecánicamente accionada es algo que se puede rastrear por lo menos hasta principios de 1920. Tiene ascendencia tanto constructivista como dadaísta. Ya en 1920, Naum Gabo hizo una escultura que consistía en una sola varilla vibrante. Duchamp y Man Ray, en el mismo año, produjeron el "rotorrelieve", una plancha de vidrio circular que, al girar, formaba un diseño ilusorio.
El arte cinético de postguerra ha tenido a reflejar esta doble ascendencia. Los mecanismos desvencijados de Jean Tinguely evidentemente deben mucho a las "composiciones mecánicas" hechas por Picabia en la cumbre del período dada, en 1917-19 . Los dibujos de Picabia son parodias, elegantemente sardónicas, de planos convencionales de ingeniería, diseños para maquinas que nunca podrían funcionar. Uno está socarronamente dedicado "a la memoria de Leonardo Da Vinci".
Las máquinas de Tinguely funcionan, pero apenas lo justo.
Gruñen y tiemblan y uno sospecha que a menudo tienen funciones y fallas que no fueron previstas por el autor cuando las ideo originalmente. De hecho han sido roturadas "pseudomáquinas", porque se mueven sin una función. O a veces tienen funciones que implican un comentario satírico. Tinguely ha hecho máquinas que producen dibujos expresionistas abstractos, por ejemplo. Quizá la más famosa sea la máquina autodestructiva que hizo para el Museo De Arte Moderno de Nueva York en Marzo de 1960, y que provocó un famoso escándalo.
Desde las máquinas de Tinguely, algunas de las cuales en realidad se mueven por el piso, hay sólo un corto paso a cosas tales como los robots deliberadamente desvencijados creados por Bruce Lacey y Nam June Paik. Por ejemplo, Lacey declara que pretende que sus robots simbolicen el compromiso humano en el moderno medio ambiente tecnológico.
Muy diferente de Tinguely, a pesar de que a menudo se lo asocia con él, es el artista griego Takis. Allí donde Tinguely se burla de la torpeza de las máquinas y de las torpeza de los hombres al tratar con ellas, Takis intenta explotar nuevas posibilidades tecnológicas.
Algunas de sus obras más interesantes son aquellas que emplean los principios del magnetismo. En los Ballets magnéticos, por ejemplo, dos imágenes están suspendidas del techo por hilos.
En la base, un electroimán se conecta y desconecta con ritmo regular. Cuando está conectado, atrae al polo positivo de uno de los imanes y rechaza al polo negativo del otro. Cuando está desconectado, los dos imanes se atraen de uno a otro. Alternativamente, Takis usará un imán para mantener suspendida, temblando en el aire, una aguja. Lo que es nuevo en estas obras es que no existen como una forma , sino casi como una energía inmaterial. La función de las partes visibles no es ser interesantes en sí misma, sino demostrar el efecto de esa energía. El punto quizá se aclare más si no uno compara la obra de Takis con la del belga Pol Bury. Pol Bury pertenece tan firmemente a la tradición surrealista, como Tinguely pertenece a la tradición del dada. Sus máquinas tienen las partes móviles escondidas. Un crítico señaló el hecho de que la obra de Bury es "deliberadamente desconcertante".
Sus Máquinas se revuelven cautelosamente, más que moverse en una manera muy decisiva o positiva. Un conjunto de pequeñas esferas en un plano inclinado se entrechocan y se mueven hacia a arriba con tironcitos casi imperceptibles, en vez de rodar hacia abajo como uno podría esperar. Puñados de agujas o antenas ondulantes crujen al mismo tiempo. Sin embargo, el movimiento es sólo parte de lo que la obra tiene que decir. Los más lentos tienen una presencia formal que nos sorprende , aun antes de que nos demos cuenta de que, de hecho, se están moviendo. No ocurre lo mismo con cualquiera de las invenciones de Takis cuando se desconectan.
Dada esta inclinación hacia lo inmaterial, parece inevitable que Takis hubiese debido experimentar con luz. Sus famosas señales son luces intermitentes colocadas en los extremos de largas varas flexibles; otro medio de expresar la fuerza de la energía que mueve al universo.
En general, la luz a sido el medio favorito de muchos artistas cinéticos. La forma en la que se utiliza difiere ampliamente de un artista a otro. El alemán Heinz Mack, por ejemplo, usa una mecanización del principio Moiré. Un disco que rota debajo de una superficie de vidrio transparente y uniformemente ondulada hace ambigua a la propia superficie. No es tanto el movimiento en sí lo que retiene nuestra atención, sino la lenta interferencia de los rayos de luz que se reflejan hacia nosotros desde la parte de atrás; parecen atraídos hacia un vórtice, luego esparcidos hacia afuera de nuevo. Por otro lado, el norteamericano Frank Malina, hace cajas de luz donde plantillas coloreadas, constantemente cambiantes, seproyectan sobre una pantalla de plexiglás. El resultado es una mera extensión de la abstracción libre: un cuadro que nunca llega a su estado final porque está constantemente pasando por un proceso de metamorfosis.
Más imaginativa y más radical es la obra ofrecida por artistas tales como Liliane Lijn y Nicolás Schöfer, a pesar de que estos dos están en agudo contraste el uno con el otro. La señorita Lijn es una purista. Atrapa gotas de líquido bajo la tapa transparente de plexiglás de una mesa rotante. Sobre ésta, volviéndose en sentido contrario a la rotación, hay una esfera o grupo de esferas de plexiglás. El líquido atrapado en el disco está afectado por el movimiento de estos sólidos y se rompe en dibujos que recuerdan a los que forman las limaduras de hierro bajo la acción de un imán. Uno puede observar de cerca estos diseños ya que la obra está brillantemente iluminada.
Schöffer es un artista barroco. Su obra gira y destella, proyectando rayos de luz y refracciones titilantes. Combina el movimiento de una pieza de escultura cinética con proyecciones luminosas que extienden profundamente el movimiento en el espacio. La totalidad del volumen de aire que rodea la escultura se convierte en una entidad ambigua. Schöffer, a veces, ha ido más lejos al producir obras que reaccionan con la intensidad de la luz y con sonidos. También ha experimentado notablemente con combinaciones de luz, movimiento cinético y música en la torre de luz y sonido que construyó en la ciudad de Lieja (Bélgica), en 1961. Trabajos de esta clase parecen traducir a términos contem-poráneos los experimentos del Siglo XVII; algunos emprendimientos de Schöfer son el equivalente actual de las máscaras ideadas por Ben Jonson e Iñigo Jones, para la corte de los Estuardo.
De hecho, el arte cinético parece tener dos tendencias que a la vez se oponen y refuerzan una a otra. Una es la tradición del espectáculo. Gran parte del arte cinético es "arte de exposición".
Sus ambiciones son ambientalistas. Pretende bombardear al espectador con nuevas experiencias. Los más grandes triunfos logrados por los artistas cinéticos han tenido lugar en grandes exhibiciones colectivas, tales como la de "Luz y Movimiento" que tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno en Paris en el verano y otoño de 1967. Aquí el mero número de artistas y la naturaleza espectacular de algunas de las obras expuestas, tendería a disfrazar la extrema limitación de muchas de las contribuciones individuales.
La otra tradición es la de la investigación científica o pseudo-científica, representada por el Groupe de Recherche d'Art Visuel, fundado en París en 1959, como gesto de desafío hacia la moda entonces triunfante de la abstracción informal. El grupo está en gran parte bajo la influencia de Vasarely y particularmente afectado por su dogma de que el artista debe ser lo más anónimo posible, de que la obra y no el individuo debe hablar. Yvaral, hijo de Vasarely, era miembro, pero los dos artistas más conocidos asociados al grupo eran, probablemente, el argentino Julio Le Parc, ganador del Gran Premio de la Bienal de Venecia en 1966, y el francés François Morellet.
Le Parc crea artefactos que pertenecen en parte al laboratorio y en la parte a la feria de diversiones. Son experimentos con mecanismos y también experimentos con la psicología del espectador. Espejos, lentes distorsionantes, bolas que ruedan por complicados laberintos -ha utilizado todas estas cosas. Le Parc es un minimista, en el sentido de lo que él hace jamás es demasiado riguroso o demasiado serio-. El espectador se torna colaborador; no es invitado a leer un significado en lo que ve, sino a reaccionar. En este sentido, Le Parc es el equivalente de Johns o Cage en Norteamérica.
Morellet es más severo. Su obra más conocida es la Sphére-trames (Esfero-Tramas), una esfera hecha con barras colocadas en ángulos rectos para formar una estructura celular que, por medio de sus múltiples perspectivas, tiene extraños efectos sobre la luz. Una obra afín es el entramado de tubos fluorescentes, que parece disolver la pared detrás de él. Morellet también es un artista cuya obra está relacionada con la de los minimistas de Norteamérica.
La sutileza visual y psicológica del arte cinético, hasta ahora, está en marcado contraste con la simplicidad y aun la crudeza de muchos de los mecanismos utilizados. Algunos artistas, especialmente Tinguely, también hacen de esta crudeza mecánica un elemento integrante de sus obras.
Algunos otros han alcanzado a un muy respetable nivel de complejidad tecnológica, al trabajar en conjunto con organizaciones industriales. Schöffer creó la torre de Lieja en colaboración con la firma Philips NV.
Generalmente, sin embargo, el arte cinético ha imitado a la tecnología desde lejos. Las razones son dobles. Primero, los limitados recursos financieros del artista o, más exactamente, el hecho de que el artista cinético es el constructor-ejecutor de un "prototipo", en un campo preparado paras la producción masiva. Segundo, está el hecho de que casi todos los artistas tienen antecedentes científicos muy limitados, siendo la excepción Frank Malina, quien fue responsable del primer cohete de gran altitud lanzado por los norteamericanos en 1945, y que fue presidente de la Academia Internacional de Aeronáutica. Aun así, los principios mecánicos empleados en su obra no son complejos.
Cualesquiera que sean las razones para esta falta de sofisticación técnica, las pretensiones de los artistas cinéticos, en el sentido de que estaban produciendo "arte para la era tecnológica", deben ser tomadas con pinzas. Sería más justo evidentemente, decir que el repentino surgimiento del arte cinético en la década del cincuenta y a principios de la del sesenta, representaba una especie de nostalgia por la tecnología, más que una presencia de la tecnología en sí. Siguió luego un verdadero compromiso tecnológico, pero lentamente y con dificultad.
Ha habido uno o dos desarrollos más en las artes, que pueden considerarse en conjunción con el cinetismo, a pesar de que no llegaron a ser precisamente la misma cosa. Uno es la tendencia a comparar modelos científicos, macrofotografías y otros productos colaterales de la investigación científica, con la obra de artistas contemporáneos, y pretender que las frecuentes similitudes que allí se encuentran son argumentos para un parentesco entre las nuevas artes y las nuevas ciencias.
El problema está en que la similitud se encuentra más a menudo con los productos de los abstraccionistas libres, que con los de cualquier artista con una declarada dedicación a la ciencia. Lo que uno ve no es la influencia de la ciencia sobre el arte, sino la de los artistas sobre los científicos. Las más bonitas macrofotografías carecen a menudo de sentido desde un punto de vista estrictamente científico, y la razón para tomarlas es estética. El arte a enseñado al fotógrafo a mirar su tema de una cierta manera, ha hecho de su apariencia algo con significado para él. Una de las más prominentes características de la historia de la fotografía es la tendencia del hombre que está detrás de la cámara, a ser influido por cualquiera que sea el estilo de pintura dominante en ese momento. Es así como las fotografías tomadas por los fotógrafos del círculo de los prerrafaelistas, tienden a ser similares a las pinturas de Rossetti o Millais.
Otro aspecto de la relación entre el arte y la ciencia ha sido representado por el "arte de computadora", experimentos hechos para descubrir qué se podía programar en las computadoras para que éstas lo hiciesen, y también qué se les podía persuadir que hiciesen si ciertos elementos se introdujesen al azar en la programación. Hasta dónde una computadora puede realmente hacer arte es una cuestión en discusión. Una autoridad en la materia dice: "la computadora es usada como una herramienta para el espectador y artistas; no produce arte, pero es usada para manipular pensamientos e ideas que podrían llamarse arte". Lo que produce en el presente, ciertamente, en el campo de las artes visuales en oposición al de la música, tiende a ser sin interés.
El comentario del Dr. Johnson referente a una mujer predicando parece aplicable en este caso: no es que la computadora lo haga bien, sino que es sorprendente que lo pueda hacer.
Existe, sin embargo, la posibilidad de que el interés por las computadoras extienda eventualmente las capacidades del artista visual, al forzarlo a pensar de nuevas formas. Al analizar las ideas, de manera de que puedan alimentar a la máquina, el artista está efectuando un proceso de pensamientos más rigurosos que aquel al cual quizás esté acostumbrado. Una vez programada, la computadora efectúa los procesos que se le han pedido que haga con una lógica sin falla. Puede hacerse que la misma presente tantas alternativas diferentes como las que desee el usuario, y los análisis del producto terminado pueden almacenarse para su futuro uso. Como herramienta para ahorrar trabajo, la computadora abre un campo mucho más amplio en las operaciones en las que interviene el azar, simplemente porque trabaja mucho más rápidamente y con mucha más seguridad que la que el artista puede esperar de él mismo. En este sentido, puede decirse que la computadora extiende la idea de libertad, que se encontraba en la obra de artistas tales como Pollock y Louis, a la esfera intelectual así como a la física. Pero la totalidad de sus potencialidades no será probablemente comprendida hasta tanto el operador pueda sentirla como parte de una extensión de su propia mente, así Pollock consideró a la pintura y a la tela, trapos y pinceles, como extensiones de su propio cuerpo.
El artista húngaro Victor Vasarely (1908) ha sido considerado por la historiografía del arte contemporáneo como el padre del Arte Cinético. Llevó a cabo sus estudios en su país de origen, y su asistencia al «Mühely», fundado en 1928, permite afirmar la influencia de la Bauhaus en su formación. La escuela Mühely había si-do creada por el profesor Alexander Bortnyik en Budapest, y seguía el modelo de la escuela estatal alemana de la Bauhaus. Sin embargo, pese al interés de Bort-nyik por realizar una tarea similar a la de los alemanes, no pudo desarrollar la idea originaria en su totalidad, pues se enfrentó a graves problemas económicos. Por este motivo, su escuela acabó convirtiéndose en un centro dedicado esencial mente a las artes gráficas. A pesar de estas limitaciones, Vasarely aprendió allí todo lo relacionado con la organización de la obra según los principios geométricos, en los que destacan las leyes de proporción y ritmo creadas a través de elementos compositivos o por la manera de tratar el color. Vasarely siempre se interesó por la pintura de los artistas abstractos, de manera especial por la de Mondrian y Malévích, y tanto en su propia pintura como en sus escritos se puede de-tectar fácilmente hasta qué punto llegaron a influir en su pensamiento artístico. La idea de Malevich expresada en su célebre pintura Composición suprematista: blanco sobre blanco atrajo enormemente a Vasarely, que llegaría a afirmar que «ir más allá [de esa pintura] significa, en lugar de caer en la nada, introducir en la pintura dos nociones nuevas.- el movimiento y el espacio-tiempo».
En su larga trayectoria artística pueden distinguirse períodos bien diferenciados. Así, entre los años 1929 y 1939, Vasarely se dedicó a realizar dibujos destinados a la publicidad en los que constantemente recurría a emplear efectos ópticos, pese a que aún no se había decidido a seguir una trayectoria artística definida. Todas sus obras pictóricas efectuadas antes de trabajar en la abstracción cinética, lo que sucedió a partir de 1948, han sido situadas por Vasarely en lo que él llama «período cristal». De 1948 data su Homenaje a Malévich, pintura en la que sólo emplea los neutros -blanco, negro y gris- y en la que pueden verse dos cuadrados en perspectiva, en forma de rombos. En ella se encuentra claramente implícita la idea de dinamizar la forma del cuadrado empleada por el artista abstracto ruso. A partir de ese momento, la investigación llevada a cabo por Vasarely le conduciría a trabajar con el blanco y el negro, exclusivamente, durante un período bastante largo. Vasarely explicó los motivos esenciales de esta restricción al afirmar que el contraste blanco-negro es el que más afecta la retina humana y que, por otro lado, permite una mejor difusión en revistas y periódicos. Dentro del período «blanco-negro» pueden distinguirse tres tipos de realizaciones. En primer lugar se encuentran los fotografismos, obras basadas en el empleo de la fotografía. El artista realizaba pequeños dibujos constituidos por líneas perfectamente paralelas y después los aumentaba por procedimientos fotográficos. En segundo lugar aparecen las obras,,profundas cinéticas,>, que consisten en superponer dos o más fotografismos pintados en planchas de plexiglás, colocadas de manera que entre cada una de ellas quede un espacio de unos centímetros. En este tipo de obras, la sensación de movimiento se obtiene gracias al desplazamiento del espectador. Y, por último, se hallan las unidades plásticas blancas y negras, que son pinturas en las que configuraciones como el cuadrado y su forma dinámica, el rombo y el círculo con su correlato en perspectiva, la elipse, constituyen los elementos básicos de sus composiciones. A partir de 1959, y hasta mediados de los 60, la obra de Vasarely experimentaría una transformación profunda, puesto que el color comenzaría a convertirse cada vez más en protagonista de sus pinturas El artista ha llamado a esta etapa período del folclore planetario, que pone de manifiesto el creciente interés que Vasarely sentía por la ciencia. Según sus propias palabras, devoraba, «numerosas obras sobre la relatividad, la mecánica ondulatoria, sobre la cibernética, sobre la astrofísíca,
A partir de 1964 Vasarely intentaría escapar de la retícula habitual que configura sus obras anteriores introduciendo la figura geométrico del hexágono; de ahí surge la denominación del período: «homenaje al hexágono». Ampliaría así mismo la gama cromática empleada, recurriendo al juego de perspectivas opuestas para lograr la sensación de máximo dinamismo que se desprende de estas realizaciones. Uno de los períodos más interesantes, por su variedad, es el correspondiente a las series CTA, Vega y OND. La palabra CTA se utiliza en astronomíaa para identificar las señales que provienen de otras galaxias. En las obras CTA de Vasarely, el círculo es la base de la composición y se repite en un fondo dorado y plateado. En esta serie, Vasarely evita los contrastes acusados y recurre a las gradaciones tonales; realiza sombreados en las zonas de los bordes de las figuras, mientras que las zonas centrales aparecen iluminadas. La serie Vega (nombre de una estrella de la constelación de Lira) emplea el cuadrado como elemento base, pero sometido a deformación. Al dilatar el cuadrado base surge una figura convexa. En cambio, al encoger el cuadrado base surge una figura cóncava. Estas pinturas corresponden a la serie OND (palabra tomada de la mecánica ondulatorio). La obra de Victor Vasarely se encuentra reunida en gran parte en su propia fundación, en Gordes, una población del sur de Francia. El hecho de que Vasarely se instalara a vivir en París determinó que la capital francesa se convirtiera en el centro en el que se desarrolló el Arte Cinético.
Jesús Rafael Soto
De origen venezolano y afincado en París a partir de 1950, Jesús Rafael Soto (1923) inició sus estudios de arte en la Escuela de bellas artes de Caracas. En aquella época, en su país se conocían muy pocas cosas respecto a todo lo relacionado con las primeras vanguardias. Se estudiaban, sobre todo, los movimientos artísticos de fines del siglo mx, especialmente a los impresionistas y postimpresionistas. A su llegada a la capital francesa, Soto descubrió la pintura abstracta y comenzó a interesarse por la obra de Mondrian y por el Suprematismo de Malévich.
En 1953, inspirado por sus conocimientos de música dodecafónica, Soto inició su pintura de carácter serial, basada en el empleo de los tres colores primarios, sus complementarios, y el blanco y el negro.
A través de permutaciones con las series de puntos de colores pintados sobre la superficie, desarrolló un arte que ya poseía características cinéticas. La repetición de elementos origina una fatiga en la retina que da lugar a que se produzca un desplazamiento, de carácter ilusorio, en el campo visual.
Entre 1954 y 1955 investigó las posibilidades que le brindaba el empleo del plexiglás pintado, que, al ser transparente, proporciona toda una serie de efectos sumamente interesantes. Efectuó piezas tridimensionales, reuniendo, mediante varillas de acero, diversas planchas pintadas con puntos o líneas de colores distintos. De ese modo, cuando el espectador se desplaza ante sus obras, percibe aspectos siempre diferentes en la misma pieza. A partir de 1958 Soto realizó obras colgantes, en las que empleó varillas muy finas, metálicas o de materiales plásticos, que se mueven con el aire. Este tipo de obra conecta con otras realizaciones que Soto denomina «penetrables» y que constituyen auténticos environments en los que el espectador-participante puede llegar a introducirse y obtener múltiples sensaciones no sólo visuales, sino también auditivas y táctiles.
Durante los años sesenta Jesús Rafael Soto experimentó con otros materiales, sobre todo con planchas de acero pintadas con un finísimo rayado de muaré sobre las que disponía piezas clavadas en forma de cuadrados de colores puros. El contraste respecto al fondo es tan fuerte que agrede a la retina y se produce la sensación de que la obra se mueve.
Afines de esa década e inicios de la siguiente efectuó esculto-pinturas, como la pieza titulada Ana, en las que usó un plafón de madera como soporte. Sobre él pintaba las finas líneas paralelas en blanco que constituyen el fondo de muaré y después situaba en la parte superior un clavo del cual suspendía un hilo de nylon. En este hilo ensartaba varillas de aluminio pintado de color que pesan muy poco y que oscilan al mínimo soplo de aire. Incluso el mero hecho de pasar caminando ante este tipo de piezas genera el movimiento en ellas. Se trata de obras muy delicadas que exigen un montaje específico cada vez que se muestran en un determinado lugar. En los últimos años, Soto alterna sus estancias en París con temporadas en su país de origen.
Yaacov Agam
Nacido en Israel en 1928 y llamado Yaacov Gipstein, adoptó el apellido Agam en París, en 1953, cuando efectuó su primera exposición individual. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Israel. Su primer contacto con el arte se produjo en 1940, cuando, de manera autodidacta descubrió la obra de Van Gogh, y se apasionó por ella. Más tarde, descubrió a Rembrandt, Gustave Doré, Daumier y Soutine. En 1946 ingresó en la Academia de arte de Jerusalén, donde tuvo como profesor a Mordecai Ardon, que había estudiado en la Bauhaus de Weimar. Ardon, al descubrirlas posibilidades de su discípulo, le recomendó que ampliase sus estudios en Zurich, en la academia de Johannes Itten, el famoso profesor de la escuela de la Bauhaus que había desarrollado un método propio de enseñan-za y una teoría de los colores. Así, durante el año 1949, Agam asistió a los cur-sos impartidos por Itten y, además, frecuentó las clases de Siegfried Gideon. También estudió historia y composición musical en la universidad. Poco después viajó por Italia y Francia y, finalmente, en 1951, decidió instalarse en París '
En sus primeras pinturas se advierte la influencia de la música, al igual que en el caso de Soto. De 1953 son sus Pinturas polífónícas, en las que se aprecia su interés por el movimiento. En la década de los sesenta, Agam trabajó con planchas de aluminio que no poseían una superficie lisa, sino articulado, siguiendo un ritmo en zig-zag. Al pintar sobre ellas determinadas configuraciones geomé tricas en colores distintos y vi-vos, logró efectos extraordinariamente dinámicos. El espectador debe ir cambian-do su posición respecto a la pintura para llegar a asimilar todas las posibilidades que ésta le ofrece. Aparte de las obras pictóricas, Agam ha realizado importantes obras escultóricas en acero cromado como Tres tiempos, tres espacios, para una plaza de Nueva York, o bien Las cien pueilas, para la residencia del presidente de Israel, en 1972.
Su actividad como creador de ambientes resulta también muy interesante, y llegó a realizar un Salón Agam para el Pompidou en París. Se trataba de una habitación cuyas paredes eran de plexiglás pintado de colores; dentro de ella se tenía una noción espacial muy distinta a la de fuera. En otras piezas, Agam puso de manifiesto su sentido del humor, como en Sólo somos pompas dejabón, del año 1969. Esta pieza consiste en una plancha de aluminio que cuenta con un motor situado en la parte posterior y que va lanzando pompas de jabón sin parar. Es evidente que en algunas de las piezas creadas por los artistas cinéticos existe un deseo de resaltar el posible carácter lúdíco de la obra de arte.
El G.R.A.V.
Al iniciarse la década de los sesenta se fundó en París el G.R.A.V. (Groupe de Recherche d'Art Vísuel), formado por los artistas Sobrino, Stein, Yvarald, García-Rossi, Morellet y Le Parc. En muchas ocasiones crearon obras en equipo con un marcado carácter lúdico. Entre ellas destacan Laberinto, para la tercera Bienal de París en 1963, o Una jornada en la calle, de 1964. En ambos casos se trata-ba de crear unos ambientes en los que el espectador participase de modo activo, contribuyendo así a ampliar los posibles significados de los montajes realizados. El Laberinto consistía en una serie de zonas, distribuidas en un espacio interior, en las que se habían dispuesto elementos bidimensionales o tridimensionales que poseían distintas formas de movimiento. En algunos casos, estaban dotados de motores que el propio espectador ponía en marcha.
Más ampliamente y con mayor repercusión en un público global -no interesado forzosamente por cuestiones relacionadas con el arte cinético- tuvo la obra una jornada en la calle. Los artistas se situaron en lugares estratégicos de la ciudad -bocas de metro, paradas, plazas - e invitaban a participar en acciones lúdicas, para experimentar con el Cinetismo. A veces, trataban que los participantes se subieran a unos calzados especiales, dotados de muelles; en otras, consistía en probarse unas gafas rayadas que, al mover la cabeza, daban la sensación de que todo lo que se veía se encontraba en movimiento. En cierto modo, puede decirse- que eran auténticos happenings que intentaban obtener sensación de movimiento o bien experimentar el movimiento en sí, ligado a objetos artísticos.
Se efectuaron acciones en distintos momentos y lugares de Francia y, habitual-mente, los artistas del G.R.A.V. contaron con una amplia participación. De todos modos, no siempre estuvieron de acuerdo en el tipo de acciones a llevar a cabo, y por este motivo existieron desavenencias entre algunos de sus miembros. Finalmente, el grupo se disolvió en 1968 y cada artista continuó, por separado, experimentando en terrenos diferentes.
De todos los componentes del G.R.A.V., el que más fama tuvo, gracias a sus creaciones particulares, fue Julio Le Parc (1928), que llegó a París en 1958 procedente de Argentina, su país natal. En un 1er momento, entre 1958/60, Le Parc realizó sólo obras bidimensionales dentro de la modalidad del Op-Art. Pinturas en las que dispone progresiones de configuraciones geométricas simples -cuadrados, círculos, rectángulos, etc.-, distribuidas sobre el soporte según un ritmo preestablecido. El color se utiliza en acordes de una gama compuesta por catorce colores que incluyen tanto fríos como cálidos. Luego, desde 1960, experimentó con obras tridimensionales y efectuó también obras con proyecciones lumínicas, en ambos casos considerando la importancia del movimiento real.
Otro artista importante del Cinetismo es el húngaro Nicolas Shöffer (1912), que en 1936 se instaló en París para estudiar en la Escuela de bellas artes. Desde 1948 comenzó a desarrollar sus teorías sobre el «espacio-dinamismo. Las primeras esculturas en las que se aborda la problemática planteada en sus textos son de 1950. Resultan especialmente interesantes las obras lumínico-dinámicas, de fines de los 50, dotadas de movimiento por uso de motores.
Es innegable que París se convirtió en una auténtica meca para los artistas que se interesaron por el arte cinético. En esta ciudad no sólo desarrollaron sus actividades los pintores y escultores franceses, sino que por ella pasaron artistas procedentes de otros lugares, tanto de Europa como de Iberoamérica. Aparte de Soto, también residió en París otro venezolano, Carlos Cruz-Díez, que experimentó fundamentalmente con la creación de ambientes cromáticos y lurnínicos.
Algunos artistas españoles, como los que constituyeron el Equipo 57 -que funcionó desde 1957 hasta 1964 y que estaba formado esencialmente porjosé Duarte, Ángel Duart, Agustín ibarrola y Juan Serrano-, o Jordi Pericot y el propio Eusebio Sempere estuvieron trabajando en la capital francesa durante varios años. En todos ellos se percibe la influencia de la obra de Victor Vasarely, así como de la abstracción pura geométrico.
Eusebio Sempere (1923-85)
Estudió en la Escuela de bellas artes de San Carlos de Valencia. Viajó a París en el 48, por la obtención de una beca y allí tuvo ocasión de descubrir la obra de Wassily Kandinsky, que le influiría notablemente. Sus primeras pinturas, en las que ya se hace patente su interés por lo cinético, recuerdan ciertas composiciones abstractas de Kandinsky, tanto por su carácter como por los colores empleados. A partir de 1960, definitivamente instalado en Madrid, su obra se hace cada vez más compleja, y llega incluso a construir móviles tridimensionales. Entre sus ejecuciones destacan las obras que él denominó Collages, pinturas constituidas por finísimas láminas de cartulina corta-da a tiras que forman un entramado lineal y dejan ver los fondos vacíos.
Uno de los aspectos más interesantes de su pintura es, sin duda, el color. Sempe re no utilizó casi nunca colores primarios, ni siquiera secundarios, sino tonalidades de gran sutileza que muchas veces son colores pastel. Gracias a cómo los sitúa y conjuga tienen lugar los contrastes que producen sensación de dinamismo. Sempere realizó también obras escultórica s en acero cromado, como el famoso Móvil de las «eses» del año 1973. Se trata de un conjunto constituido por formas sigmoideas, ensartadas en una varilla horizontal, a las que se puede dar impulso y que, al girar sobre el eje, modifican por completo la percepción que se tiene de la obra cuando ésta se mantiene estática.
Otros artistas cinéticos
En Alemania se fundó en 1957, en Düsseldorf, el grupo Zero, en el que se encontraba Heinz Mack que trabajaba con piezas metálicas perforadas, movidas gracias a motores que el propio espectador podía poner en marcha.
En Inglaterra, Bridget Riley es la mejor representante del Op-Art más agresivo. Empleando de manera sistemática el efecto de muaré, consigue superficies que llegan a provocar sensación de mareo. En EE.UU. no hubo muchos artistas que pudieran inscribirse dentro de la tendencia del Cinetismo, pues su auge coincidió con el de la Nueva Abstracción y con los inicios del Minimal Art, de manera que los artistas que no se situaban en la línea del Pop se hallaban dentro de estas otras modalidades propiamente norteamericanas. No obstante, debe señalarse que una de las mejores y más amplias exposiciones que se hicieron sobre Arte Cinético fue la realizada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en 95,bajo el título, he Responsive Eye. Con ella se publicó un extenso y documentado catá-logo que permitía una aproximación a la mayor parte de obras eméticas.
Un artista americano que puede incluirse en el Cinetismo es Larry Poons, que trabajando sobre telas de grandes dimensiones, pintaba monocromáticamente las superficies y después disponía pequeños puntos idénticos de colores distintos que contrastaban con el fondo.
Vanguardia y conceptualismo.
¿Se trata de nociones meramente restrictivas, sin potencial teórico?
Por Fernando Fraenza & Alejandra Perié
Abstract
En los últimos diez años se ha renovado en la Argentina y en toda Latinoamérica un debate acerca de las conexiones entre las artes, la vanguardia y la política, fundamentalmente tras la museificación de la vanguardia de los sesenta y la recepción del arte activista de los noventa. Entre las nociones sobre las cuales se ha debatido, tal vez las más importantes, sobre todo porque atañen a las relaciones centro-periferia han sido “vanguardia” y “conceptualismo”; el siguiente artículo refiere al debate acerca de dichos términos.
Introducción
Como es bien sabido, en las últimas décadas ha tenido lugar una escena de reflexión y debate acerca de las conexiones entre bellas artes, obra de arte, vanguardia, post-vanguardia, saber del arte, democracia, activismo político y eficacia histórica efectiva de los proyectos artísticos.
Esto ha sucedido tanto en los ámbitos de la teoría crítica o la historia del arte globalmente consideradas, como también -especialmente- en una serie de encuadres o descentramientos particulares tales como pudieron darse en -y desde- los escenarios “periférico”, “del sur”, “mediterráneo”, “europeo del este”, “latinoamericano”, “rioplatense”, etc.
Por otra parte, toda reflexión sobre las vanguardias y los intercambios de la política con las artes -en un escenario como los es el argentino- inexcusablemente ha de enfocarse sobre los años sesenta y –tal vez- sobre las crisis del fin de siglo. Escenas en las cuales –con mayor intensidad revolucionaria o más recientemente- se pueden observar en toda su complejidad los cruces mencionados.
El análisis, la crítica y la valoración de aquellas manifestaciones artísticas que –en alguna medida- repiten, prosiguen, complementan o reconsideran los episodios más heroicos del fin de la historia del arte mueven –de un modo vinculante- a la discusión y a la redefinición de ciertas categorías teóricas imprescindibles para articular una comprensión de las sucesivas reinvenciones o recuperaciones de las poéticas propuestas –hace tiempo- con el fin de ver aumentada la efectividad del arte frente a la dominación política. Dentro del conjunto de categorías teóricas a ser revisadas, nos referiremos ahora brevemente, apuntando algunas ideas sobre los conceptos de vanguardia y conceptualismo, los que han sido objeto ya de reflexiones y reformulaciones recientes. Desde hace más de cincuenta años el sucedáneo posthistórico de las bellas artes está hecho casi por entero de prácticas del tipo “neo-algo” o “post-algo”, aún cuando no se las denomine de esa manera. Aconteciendo un período exclusivo de repeticiones y rupturas de diversa especie y autenticidad. Luego: ¿cómo distinguimos y cómo nombramos las especies? Este es un problema que atañe particularmente tanto al proceso que tiene lugar en el campo artístico rioplatense de los años sesenta como a la aparición de diversos grupos de arte activista sobre el fin de siglo. La pregunta es: ¿cómo conseguir que las acepciones en que tomemos dichos términos nos permitan hacer la diferenciaciones básicas? Para el caso, ¿cómo distinguimos (i) la restauración de formas no del todo profanas de arte que alientan tendencias –más bien- conservadoras en el presente, del (ii) retorno auténtico a una negación de la cultura experta concebida para analizar y desmontar los modos consuetudinarios del trabajo artístico sacro? De otro modo: ¿Cómo medimos la diferencia entre (i) la reproducción del dogma del arte y (ii) el contraejemplo cuya explicación tiende a cuestionarlo?. Cuando hablamos de restauración de formas no del todo profanas que reproducen el dogma del arte, pensamos inclusive en la incorporación fetichizada de conjuntos indiscernibles (como el puro activismo) al ritual institucional del arte. Entiéndase, aún cuando se trate de enunciados altamente inorgánicos (a veces de contenido político y de forma nada artística), las marcas de corrección o aceptabilidad artística se hallan en la participación de ciertas circunstancias de enunciación regulares y características del marco institucional (o del hábito artístico experto), y consisten a veces, en parecerse a determinadas formas de organización social o en ser aceptables en el cuadro de cierta politicidad correcta (como la custodia de los derechos humanos o la justicia en orden a los crímenes de la última dictadura en la Argentina). Todo esto como condición de artisticidad de un ritual en el que se funda hoy el reconocimiento de un conjunto, que en sí mismo como enunciado es alegórico en el sentido benjaminiano del término, como merecedor del tipo desigual de beneficios que se distribuye en nombre del arte.
Vanguardia
La utilidad del concepto de vanguardia para abordar la complejidad de fenómenos tales como las experiencias de los años sesenta y el arte activista de los años noventa ha sido discutida en un trayecto jalonado -primordialmente- por dos artículos: “Preguntas sobre la eficacia: vanguardias, arte y política” de Adrián Gorelik, y “La teoría de la vanguardia como corset. Algunas aristas de la idea de vanguardia en el arte argentino de los 60/70” de Ana Longoni. Ambos refieren de una manera u otra, al más influyente texto sobre este asunto, que sigue siendo aún con más de treinta años, la Teoría de la vanguardia escrita por Peter Bürger. Se trata de un poderoso estudio sobre las vanguardias históricas escrito ya en época de neovanguardias, de modo que es ineludible mencionar y considerar sus tesis así como algunas de sus más importantes objeciones. Tal vez la de Hal Foster en su artículo “¿Quién teme a la neovanguardia?”, la que más bien ha de comprenderse como el intento por mejorar dicha teoría en lo que se pueda, es decir, complicarla con sus propias y más valiosas ambigüedades, en particular, para explorar un intercambio entre las vanguardias históricas y los demás aspectos del arte que puedan juzgarse como sucedáneos de las mismas. Algunos de los desaciertos o lagunas de dicha teoría se han señalado con inusitada insistencia. Su descripción del fenómeno de la vanguardia es –para numerosos historiadores del arte- inexacta y su definición selectiva en exceso; porque supone que la vanguardia básicamente puede comprenderse en el proyecto de destruir la falsa autonomía del arte burgués y por lo tanto, tan sólo podría predicarse de unas pocas manifestaciones cuya radicalidad y pureza antiartística condiciona tanto su escasez como su fugacidad. Sin embargo, tales críticas son nada en comparación la incomodidad que causa su aparente menoscabo de la neovanguardia o las reactivaciones de la vanguardia en su conjunto. Si nos atenemos rígidamente a la letra de Bürger, no sería correcto suponer la existencia de otras vanguardias en el mundo luego del fracaso de los movimientos históricos. Contra esto, autores como Benjamin Buchloh o el propio Foster han argumentado que podemos retener en el arte de la posguerra, algunas manifestaciones –en parte artísticas y en parte no artísticas o anti-artísticas- que criticaron radicalmente el orden existente, y no únicamente el que bulle fuera del arte, sino al propio interior de la superviviente esfera del arte. Tales acciones y experiencias podrían interpretarse no como re-ediciones cínicas o ingenuas sino –más bien- como prosecuciones de los embates autocríticos más radicales las primeras vanguardias. Además, este aspecto de la radicalismo neovanguardista no sólo ni principalmente se circunscribiría a las experiencias anti-institucionales más patentes (en el sentido de rechazar el instituto burocrático o los circuitos de exhibición) sino a prácticas que, no siendo marginales en este aspecto, e instaladas en el museo, la galería, la universidad y la prensa especializada, fueron anti-institucionales en el aspecto de permanecer promoviendo una instancia de autocrítica de las condiciones de producción, recepción, así como de las expectativas sobre efectos sociales de la obra de arte. Asunto sobre el que volveremos luego de recordar y ponderar los aspectos más sobresalientes de esta idea “clásica” de vanguardia:
1) Crítica y motín frente a la institución arte (no sólo -ni principalmente- las “instituciones” u organizaciones particulares del campo del arte sino, más bien, los hábitos y los principios históricos de su existencia). Esto implica un ataque contra la existencia de la disciplina artística misma (las bellas artes).
2) Esto implica una ruptura terminante con la tradición, no referida especialmente a los recursos estilísticos y disposiciones temáticas de las formas de arte del pasado sino a todo lo que es pragmáticamente aceptable como arte, es decir, a las formas genéricas (inclusive del orden pragmático de su funcionalidad en la esfera de la acción) relativamente estables, de carácter cultural, que adoptan las obras de arte para circular en la sociedad.
3) La vanguardia consiste –si tenemos en cuenta sus intenciones manifiestas- en una autocrítica del estatuto de autonomía del arte, que intenta (i) en un nivel que no se dispara demasiado del consumo de su fulminante ideología burguesa, poner fin a su condición escindida del resto de la experiencia; o bien, (ii) en el nivel de autocrítica de su creencia (y no dejando escurrir su momento de verdad), poner fin a su promesa de felicidad, es decir, a su función afirmativa (Marcuse), o a su capacidad para captar y satisfacer necesidades residuales (Habermas). Así, se propone superar la carencia de función social a la que está sometido el arte burgués, la que se ha vuelto visible –por ende, criticable- desde el esteticismo.
4) Por lo tanto, la vanguardia consiste –si tenemos en cuenta ahora los efectos históricamente verificados según Bürger- en la instancia de desencantamiento de la esfera autárquica del arte, vale decir, en la destrucción de toda posibilidad de considerar valiosas a las normas suprahistóricas del arte, sean cuales fueren. Dicho en términos hegelianos: la muerte del arte, o mejor, el cumplimiento de su destino de conocimiento y libertad. Dicho en términos habermasianos: el consenso acerca del carácter heteróclito de la clase “obras de arte” y la historicidad del arte. Tal vez, a pesar de Bürger, esto último permanezca como el único criterio ulterior a la vanguardia histórica y todavía vigente por el cual se podría afirmar que una obra es “más avanzada” que otra. Como sostiene Hal Foster (1996), “históricamente superior” significaría más próximo al necesario linde de la historia del arte, o bien, más avanzado en el camino de desencantamiento de la creencia en el arte (sentido histórico del arte moderno).
El significado de la ruptura de la historia del arte provocada por los movimientos histórico de vanguardia, no consiste, desde luego, en la destrucción de la institución arte, aunque sí tal vez en la destrucción de la posibilidad de considerar valiosas a las normas estéticas. (Bürger, Op.cit., [pp.157-158].
En algún sentido, como sostiene Gorelik en el artículo arriba mencionado, el carácter crítico o, por el contrario, el carácter ideológico de relación entre arte y política -en una obra o en un conjunto de obras- pasa por una línea móvil que constantemente mueve o ensancha la frontera de lo que puede ser absorbido, no sólo por las instituciones (burocráticamente consideradas) o el mercado sino, más bien, por el hábito o las condiciones socio-políticas. En este sentido, “Ignorar esto hace que muchos artistas celebrados como contestatarios sean, en rigor, apenas el recuerdo ritual de lo que alguna vez provocaron.” (Gorelik, Op.cit.) “Celebrados” en el sentido de consagrados como artistas (por obra de la obra en cuestión). “Ritual”, en el aspecto del seguimiento de una serie de regularidades genéricas (a lo Bajtín) institucionalizadas que no marcan ya artefactos impredecibles e indiscernibles sino sus circunstancias de enunciación caracterizadas –a veces, a modo de ejemplo- por el tipo de celebración o adhesión política reclamada. ¿Qué fue “lo que alguna vez provocaron”? El efecto crítico, pre-democrático o –si se quiere- auténticamente emancipador de abandonar progresivamente los supuestos de fondo trascendentales para convertir las definiciones del arte (otrora religioso metafísicas) en idealizaciones que los sujetos capaces de lenguaje y acción efectúan. Lo “ideal”, auráticamente elevado y solidificado en un domino del “mas allá”, se fluidificó en las operaciones de este mundo de referencia. Y la pregunta por el arte escapó de su estado trascendente y se insertó no simplemente en el mero comercio (Bourdieu), sino en una suerte de trascendencia “desde dentro” (Habermas). Y esto es así porque en el cuadro de los intercambios que hicieron posible -para el mundo del arte (Danto)- establecer un consenso sobre el carácter heterogéneo de la clase obras de arte, es decir, en la búsqueda de un acuerdo útil sobre la representación correcta de aquello que nos sale al encuentro en tanto arte en el mundo (Peirce), las oposiciones debieron superarse “desde dentro”. Finalmente, lo que provocaron en algún momento fue una libertad confundida con verdad en el sentido hegeliano del término.
En su teoría –según críticos como Foster-, Peter Bürger habría estado condicionado por una suerte de evolucionismo residual cuyos efectos más problemáticos lo habrían llevado a presentar la historia como puntual y final a la vez. ¿Qué quiere decir esto? Pues que para Bürger, una obra de arte, o mejor aún, un deslizamiento en la comprensión o definición de lo que se entiende que el arte es, ocurriría todo de una vez, enteramente significante en su original momento de aparición, y sucede de una vez por todas. No es sino esta concepción de la historia -como puntual y final- la base de su relato sobre la vanguardia histórica como puro origen y sobre la neovanguardia como repetición o farsa. Repetir una vanguardia sería cancelar su crítica a la institución del arte autónomo; y más aún, sería invertirla hasta convertirla en afirmación misma del arte autónomo. De modo que, si la anti-obra inorgánica atacó y desorientó al público y al mercado, los gestos aún muy –o más- inorgánicos de algunos rituales neovanguardistas se adaptarían a ellos, pues los espectadores no están sólo preparados para tal impacto, sino identificados, distinguidos y beneficiados por su estimulación (inclusive en cuanto a lo políticamente correcto de su representación estatutaria ante los demás). Pero con esto, no se habría dicho todo acerca de la neovanguardia ni ésta terminaría ahí. Es más, por su tosquedad, esta forma de reconstruir la historia de los efectos de la interpretación de las obras de arte no alcanzaría siquiera para establecer el grado diferencial de inautenticidad –si la hubiera- entre la vanguardia argentina de los sesenta y el activismo artístico de los noventa. Ahora bien, se ha discutido bastante sobre el asunto, desde Martin Ludke hasta Foster y Buchloh, y tendríamos ya un incipiente consenso respecto cómo el proyecto de algunas obras de los años sesenta implica la prosecución del proceso de destrascendentalización del conocimiento del ente, en particular, en lo que a la institución o a la creencia en el arte se refiere.
La puesta de manifiesto de la realidad convencional o institucional de las artes –por obra del desarrollo mismo del arte y la lectura del filósofo crítico- no tiene por qué resultar empíricamente en la simultaneidad transparente (plural y desinteresada) de lo radicalmente dispar. Por el contrario, resulta (i) en la posibilidad de continuar la crítica institucional o bien, (ii) en el ocultamiento estratégico de dicha posibilidad, tal como se la juega en la disputa sociológica por el arte legítimo. Más que neutralizar la crítica institucional, la neovanguardia habría contribuido a ampliarla, produciendo nuevas experiencias artísticas con conexiones cognitivas e intervenciones políticas. Las nuevas aperturas a un arte insospechadamente inorgánico y cada vez menos artístico –como lo fueron las discusiones del Encuentro Ncional de Arte de Vanguardia (Rosario, agosto de 1968) y como lo fue Tucumán Arde (septiembre-noviembre de 1968)- constituyen otro criterio por el cual, inclusive hoy en día como en los sesenta, se puede afirmar que un arte continúa la crítica o el desmontaje impío de la institución misma.
Nada pierde su efecto tan rápidamente como el shock, porque su esencia consiste en ser una experiencia extraordinaria. Con la repetición se transforma radicalmente. […] Un shock de esta índole, casi institucionalizado, queda muy lejos de repercutir sobre la praxis vital de los receptores […] Lo que queda [si es que algo queda del proyecto de la vanguardia] es el carácter enigmático del producto, su resistencia contra el intento de captar su sentido. (Bürger, Op.cit. [pp.146-147])
Si el aporte al conocimiento del fenómeno arte del romanticismo tardío y las primeras vanguardias lo fue acerca de su contingencia e historicidad; en el caso de cualquiera de sus continuaciones legítimas, lo sería su intento por convocar a la crítica institucional. Lo mismo puede decirse tanto para la metrópoli como para los suburbios. Razón por la cual, Gorelik, mantiene que…
…para que aquella experiencia de vanguardia tuviera lugar [en la Argentina de los sesenta] no alcanzó con que la dimensión política engranara con las dimensiones artística e intelectual; fue también necesario que ese acoplamiento tuviera efectos sobre el trabajo de los artistas. Esos efectos fueron los que llevaron a la vanguardia a enfrentar y agotar, en un brevísimo tiempo, todos los dilemas que genera, en las propias obras, su relación con la política y la sociedad. (Op.cit.).
No alcanzó con que la dimensión política engranara con la dimensión artística porque, a fin de cuentas, las más de las veces, dicho cruce quedó limitado a los contenidos y a las intenciones manifiestas de las obras particulares. Fue necesario –dice Gorelik- que ese acoplamiento tuviera efectos sobre el trabajo de los artistas, el efecto de hacer crujir las soluciones religiosas al fundamental e irresuelto problema del arte en su relación con la política y la sociedad. La lógica y la dinámica propiamente antiartísticas(desplegadas en la misma esfera del arte, al margen de la identidad política de los actores empíricos) mostraron con renovada nitidez la ineptitud del arte para con la revolución.
Se podría entender, siguiendo a Adorno, que el principio [in]estructural de lo inorgánico es de por sí emancipador porque permite mostrar crudamente una ideología que está cada vez más ligada al sistema [porque habría dejado de ser promesa de libertad]”. (…) “Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el efecto político de la [anti]obra de vanguardia está limitado por la institución arte, que todavía constituye en la sociedad burguesa un ámbito separado de la praxis vital.” (Bürger, Op.cit., [p. 165])
¿Qué es esto sino el usufructo profano y consensuado de las capacidades –siempre limitadas- del arte contra la dominación política? ¿Qué mayor consecuencia política –de la acción artística- puede darse que el propio abandono del arte? Ya se entienda como crítica intra-institucional primero, o como cese efectivo de las acciones artísticas luego. Como sostiene Gorelik, la tarea política principal de la vanguardia argentina de los sesenta fue la subversión del marco institucional, a lo que debe añadirse su consecuente comprobación de la impotencia del arte ante la capacidad demostrada por dicho marco para neutralizar los desafíos más extremos. “…en esa comprobación, la radicalización encuentra su límite propiamente artístico y explica su autoconsumación (en el doble sentido, de perfección y extinción).” (Op.cit.)
¿Cómo pensar la efectividad de aquellas obras? (Gorelik habla de eficacia). Pues, si desde el punto de vista de sus objetivos manifiestos, no cabe otra que retener la frustración de los artistas en sus intenciones anti-institucionales más elementales (y a la vez, menos autocríticas); desde el punto de vista de una auténtica intentio operis, “…el abandono del arte tiene el sabor del sacrificio al que se autosomete el derrotado” (Gorelik, Ibid.) y constituye un auténtico saber así como una nueva dosis de libertad en un contorno, por cierto, contradictorio e inclemente. Leamos y sobreinterpretemos los dichos de Gorelik al respecto (a los que hemos añadido números entre corchetes para facilitar la referencia):
Es en la propia experimentación artística, entonces, donde es posible encontrar un nivel de eficacia política e intelectual [1]: en el momento vanguardista, la libertad de pensar y forzar los límites de lo dado rebalsa la mera búsqueda de originalidad del arte moderno e irradia hacia las otras esferas del conocimiento y la acción con una productividad imposible de encontrar en los discursos explícitos. [2] Así parece funcionar la eficacia vanguardista. Y, paradójicamente (si nos atenemos a sus propios términos), esa eficacia no muere en el museo. Una obra puede entrar al museo como documento de época (y eso no debería ser criticado, ¿acaso el museo de arte no es también un museo histórico?) o como obra de arte, pero cuando esto último ocurre es muy impactante la iluminación que se produce más allá del cambio de contexto o del paso del tiempo: la emoción y el conocimiento parecen incluso más intensos porque el tiempo ha comprimido en la obra sus diversas capas de sentido.[3] (Op.cit.)
[1] Un nivel de eficacia política, tal vez débil pero real, ha de buscarse en la propia experimentación artística de la vanguardia tardía en lo que esta capaz de poner de manifiesto respecto de la lógica del campo de las bellas artes (inclusive posauráticas y periféricas) y de su principio de existencia empírica.
[2] El desencantamiento de la esfera del arte le otorga una libertad por la cual la creación rebalsa la mera búsqueda de originalidad (en tanto último baremo de la artisticidad universal) e irradia –sin obligaciones ontológicas- hacia las otras esferas del conocimiento y actúa no siendo ya arte. Buena parte de tales empresas de conocimiento profano se dirigen –como cabría esperarlo- hacia la propia esfera ya sociológica del arte. Y lo hacen una productividad imposible de encontrar en los discursos artísticos aún no desembrujados del todo.
[3] ¿En qué consistiría la efectividad vanguardista?. Paradójicamente efectividad no cesaría en el museo (ni en los circuitos, por no llamarle ya, ociosamente, institución). Una obra inorgánica puede entrar al museo y con ello recrudece su momento de verdad (Adorno). Cuando esto sucede, impacta por la iluminación que en ella se produce: ha quedado al descubierto cómo, aún en una época en la cual cabría pensar que los imperativos inhumanos de la reproducción material del sistema económico ya no podrían ocultase tras el gradiente de racionalidad que se daba entre el ámbito de lo sacro artístico y lo profano de las demás esferas (práctica y teórica), la escenificación artística de lo inartístico se mantiene en su promesa de felicidad o completitud (como si aún se tratara del símbolo metafórico y orgánico). Ha quedado al descubierto cómo, aún en una época en la cual cabría pensar que los imperativos inhumanos. En este mismo aspecto, Gorelik parece sostener que las vanguardias argentinas –tardías en o cronológico pero auténticas en su modernidad- participarían de…
…una idea de modernismo diferente de la que han banalizado las críticas de las últimas dos décadas, reduciéndolo a mero instrumento de manipulación ideológica; una idea como la expresada canónicamente por Adorno que, testigo del fracaso de las vanguardias históricas, resaltó la capacidad de absorción de la industria cultural. (Op.cit.)
Vale decir, habrían tenido el papel político de transparentar particulares aspectos del tipo de alquimia simbólica en la que se basa la persistencia post-histórica del arte.
Esta idea de modernismo apuesta a la autonomía porque, en sus propios procedimientos, el arte construye estrategias críticas frente a la mercantilización de la sociedad capitalista y acumula una potencia revolucionaria a la espera de los actores y del tiempo en condiciones de descifrarla. (Ibid)
Otra vez, acumula un elemento de verdad a la espera del filósofo que sea capaz de retenerlo. Así, para Gorelik, se diferencian dos nociones de eficacia: (i) Una rehúsa la praxis, aún cuando cree firmemente que ésta anida en el contenido de verdad de la obra; esto sucede en casi todo el arte (aurático, posaurático, etc.) por su inutilidad característica y por no haber resuelto el problema de su relación con la realidad. (ii) La otra, que es más propia de la vanguardia y sus continuaciones, busca colisionar y transparentar la praxis en la producción de la obra y en sus efectos externos. A pesar de lo dicho, no cabe duda de que “…aquellos procedimientos, nacidos de la voluntad de subvertir la institución del arte, [ya en los veinte o en los sesenta] ya no están acompañados de una crítica a la absorción o la manipulación…” (Op.cit.) De modo que, más allá del lugar topográfico en el que se lleven a cabo acciones, intervenciones o instalaciones –si son en la calle, en un museo o en un parque monumental-, cuando los artistas hacen lo correcto, lo que de ellos se espera (inclusive en cuanto a su corrección política), lo adecuado en el orden sintagmático de su puesta en escena discursiva; cuando los artistas hacen todo lo posible para que su propuesta sea asentida por los destinatarios (institucionalmente) apropiados para una circunstancia dada; entonces, ¿Qué queda de su provocación? ¿Qué queda de su provocación cuando se espera de una obra de arte que, por lo menos, sea un “escrache” o un “girotondo”?
La institucionalización deja aquí de ser una metáfora o una referencia abstracta y afecta todo el sentido de la obra. El problema ya no es el ingreso en el museo o en la historia del arte; el problema es que se ha roto toda reflexión significativa sobre las relaciones entre la propuesta artística, la política y el marco institucional. (Op.cit.)
Conceptualismo
Como jamás se omite decir, es necesario recordar –antes que nada, y ahora para persistir en peculiaridad que ya hemos atribuido a la noción de vanguardia- que la expresión conceptualismo no refiere una tendencia artística determinada, y mucho menos a un estilo más o menos coherente sino de “…un giro radical y definitivo cuyo momento de inflexión puede ubicarse en los años sesenta pero cuyas consecuencias son indiscutibles en la producción y la teoría artísticas contemporáneas.” Mejor aún,
…hay que ser todavía más radicales y enfáticos en pensar dicho giro como un quiebre irreductible al arte que no puede restringirse a una mera cuestión de renovación estética ni explicarse en términos internos de la historia del arte. (…) los conceptualismos designan movimientos que impulsan (y son parte de) un ánimo generalizado de revuelta dentro y fuera del mundo artístico que marcó a fuego una época. (Longoni, 2008)
Con plural o sin plural, hablamos del arte conceptual sin referirnos privativamente al concept art neoyorquino o californiano de la segunda mitad de los sesenta o a las experiencias argentinas empíricamente reconocidas o no (por sus autores o mentores) como tales. Con dicha expresión nos referimos, antes que nada, a la conciencia del estado de después del arte. Entiéndase, a la constatación de que las artes han dejado de ser un medio aventajado de enunciar las predilecciones supremas del espíritu, aún cuando éstas estén del lado de la libertad y los mecanismos de formación democrática de la voluntad colectiva. Conceptualismo, inclusive en cuanto al alcance político del término, significa –más que ninguna otra cosa- una suerte de enajenación filosófica del arte (en el sentido hegeliano) a propósito del fin de la historia del arte. Cuando todas sus posibilidades han sido desplegadas hasta el límite de su autoconciencia. Las artes y las obras de arte se habrían convertido en el ejercicio de una subjetividad (Adorno) emancipada y carente de obligaciones respecto de toda universalidad objetiva. Ejercicio práctico ilimitado y desprovisto de vínculos necesarios u obligatorios con una talla o ley universal del rango artístico, pero limitado –eso sí- por las condiciones de una lucha interminable por un poder de consagración que ahora sólo puede obtenerse en la lucha misma (ya no en ningún tipo de saber objetivo). De manera que, aún en el estado gaseoso en que se encuentra desde hace décadas, el ejercicio conceptual en el mundo del arte todavía se compara sino con la razón objetiva, al menos con el conocimiento subjetivo, ya sea instrumental u orientado al entendimiento (Adorno, Horkheimer, Apel, Habermas, etc.), destinado a liberarnos de toda illusio y a suspender nuestra relación de complicidad (política) con el arte. ¿Qué mayor eficacia se le puede pedir al arte en cuanto a la lucha por la libertad y la democracia que una ciencia acerca de su contrato fiduciario construida a partir de la evidencia que aún pueden seguir aportando sus contraejemplos? Sobre todo en todas aquellas regiones del planeta en las que son aún legiones (de consumidores, de funcionarios, de académicos, de contribuyentes), los que mantienen la existencia física del arte, no tan sólo como problema teórico, tesauro o arqueología, sino –aún- como promesa falsa de algún tipo de publicidad que no sea su simple autoconciencia.
Tucumán Arde, un caso.
En agosto de 1968, en la Argentina, un grupo de anti-artistas de las ciudades de Rosario y Buenos Aires, en una fase ya avanzada del proceso de inflexión metalingüística y autocrítica institucional que acabamos de destacar, entiende que debe discutir, coordinadamente con sectores no artísticos de la sociedad tales como los más radicalizados centros de investigación (fundamentalmente sociológica, y filosófica) y sindicatos obreros, un nuevo tipo de emprendimiento colectivo. Aun cuando tales prácticas no se reconocen íntegramente como obra de arte, ni por sus procedimientos, por sus resultados; sus aspectos artísticos más institucionalizados llegarán a conocerse –sobre todo gracias a la historia del arte (de los años noventa)- como Tucumán arde. Será compactada como unidad de significado a través de estudios retrospectivos que no pertenecen precisamente a la crítica y el comentario artístico del momento, para los cuales permaneció dispersa. Pues en dicha experiencia el discurso se libera -aun cuando parcial y momentáneamente- de sus propios procedimientos de control, aquellos que, “ ... a título de clasificación, de ordenación, de distribución ...” están destinados a ejercer su control interno (Foucault, 1972). ¿Qué pudo decirse en Tucumán arde y en su entorno de discusión? En principio, no pudo tratarse -simple y directamente- de un discurso creador (simple e inocente) frente a otro que (siendo glosa viciada) se repite permanentemente como comentario de sí mismo (por las autoridades militares, por los medios, o por quién sea). Luego, los textos que allí rebrotan -como comentario de lo permanentemente dicho- debieron haber estado por entonces, completamente oscurecidos (e cuanto a las expectativas institucionales). Por otra parte, resulta difícil frente a Tucumán arde, disponer la búsqueda de una autoría con el fin de poder enfocar la coherencia y el sentido del acontecimiento. ¿Quiénes son sus autores? Por último, no hubo -por entonces- conjunto de métodos o proposiciones que, reunidos en una disciplina, puedan ayudar a reconstruir su origen indisciplinar. Por otra parte, la experiencia es reconstruida y reinterpretada luego de mucho tiempo por investigadores en ciencias sociales –y no con poca dificultad- pues de aquello solo permanece un archivo y no monumentos, fragmentos residuales y recuerdos vagos, además de algunos textos que requieren el ejercicio de una potente lectura. Como sabemos, la historia del arte que se construye –contemporáneamente- con el aflujo de la crítica propiamente artística tiende a confundir la experiencia inc1usive con las acciones que los artistas conciben -dentro de éste mismo proyecto- para generar condiciones de resguardo táctico-político: proyectos inexistentes o presentados mediante información falsa o incompleta, conferencias y artículos de prensa detallando versiones camufladas de las obras de arte con el fin de aprovechar las infraestructuras del subsistema de administración cultural, promoción de exhibiciones cuya denominación responde exclusivamente a la voluntad de distraer la atención de unos (autoridades de facto) y atraer la de otros (periodistas, críticos e historiadores del arte).
El motivo del proyecto acordaba con uno de los ejes principales del plan de lucha de los sindicatos obreros agrupados en la CGTA: el problema social en la provincia de Tucumán, permanente pero puntualmente agravado entonces por el cierre de ingenios azucareros. El gobierno militar de la Revolución Argentina, por entonces, llevaba a cabo una campaña pública de acción (destinada a promover inversiones de capital) y difusión (de los logros y consecuciones aparentes de tal acción). El proyecto Tucumán arde se planificaba entonces, como una suerte de contradiscurso.
La nueva obra a la que apuntaban debía instalarse por fuera del circuito artístico, de su público de élite, de sus convenciones y dispositivos, en una poco delimitada zona donde arte y política mezclaban sus procedimientos, donde los artistas definían sus acciones como arte de vanguardia y medían su eficacia en términos políticos. (Longoni & Mestman, 2000, II.8., p.147).
Tenemos aquí un proyecto de contrainformación desplegado en el tiempo y en el espacio, programado en fases. Dos viajes: el primero para establecer contactos y analizar el terreno; el segundo para recoger veladamente la información al tiempo que promocionaban -tanto en la prensa como en el subsistema de administración cultural- una verdadera obra de arte de vanguardia, avalada por los antecedentes legítimamente artísticos conseguidos en el circuito, especialmente en el Di Tella. Una última conferencia de prensa -estando aún los artistas en Tucumán- sirve para hacer público el real motivo del viaje: iniciar una red de comunicación “por abajo”. Desde luego, dada a conocer –y a la vez, concebida- en términos que hoy, desde el punto de mira de una analítca del discurso actualizada, podrían juzgarse un tanto limitados para dar cuenta de lo que “en realidad” ocurrió. Simultáneamente se desplegaron, en Rosario y Buenos Aires, campañas de propagación que anticiparon, con técnicas de agitación política vigentes por entonces. Así debería entenderse la exposición de los datos en aquella Primera Bienal de Arte de Vanguardia, denominación que no significaba otra cosa que el nombre opaco del salvoconducto que permitiría realizar la exposición-denuncia y hacerlo con determinadas expectativas del público y –además- cobertura medial, etc. Fachada legal y título a la moda, irónicamente tomado de aquello con lo cual se proponía romper: las instituciones modernizadoras del nuevo arte, más viscosas y permeables que los viejos salones y museos, habitualmente denominadas bienales [de Venezia, de Sao Paulo, Americanas (Kaiser) de Arte (en Córdoba), etc.]. Poco interesaba entonces que la futura historiografía del arte se viera en el trabajo de borrar o poner entre paréntesis dichas referencias. A pesar de lo dicho, con atención se leemos y con obstinación Glusberg escribe:
Casi al mismo tiempo [que el de Buenos Aires] , el Grupo de Rosario iniciaba en esa ciudad el Ciclo de Arte Experimental ( ... ) Cada quince días, los miembros del Grupo exhibieron sus propuestas individuales, que sentaron las bases para un arte crítico. Por fin, en noviembre, inauguraron la primera Bienal de Arte de Vanguardia, con una documentación -películas, fotografías, grabaciones, reportajes- sobre las condiciones de vida en Tucumán (1985, I1.3., p.91)
¿Se trata tan sólo de obras de arte de contenido crítico? ¿Tan sólo de una bienal de arte de vanguardia? O bien, ¿de una ilustración artística de la letra política que retorna –no sin cierto placer (o “espíritu falso”)- para un público conocedor de la moda del montaje y emparentada con los media? Otra vez el montaje, con el auxilio de las regularidades enunciativas en las que normalmente se produce y esta vez, en función de sus paratextos, se ha convertido en obra de arte. Entre estos paratextos hemos de contar inclusive la interpretación historiográfica de los setenta, por ejemplo, los volúmenes –tal vez- de mayor difusión entre los que reconstruyen estos hechos: Romero Brest (1969) y el mencionado Glusberg (Op.cit.). Una vez mas lo no-artístico ha sido comprimido, dando lugar a otro subgénero del arte visual, entre las demás “obras de arte de vanguardia”. Aún en este caso –mas bien extremo- de ausencia de datos artísticos, y casi como un error en el relato histórico, Tucumán arde se convierte en un arte de películas, fotografías y reportajes cuyo contenido social refiere –sencilla e inofensivamente- a las condiciones deleznables de la vida de algunos sujetos ( imaginamos que, con el consabido efecto afirmativo que todo esto tendría por ser artístico en términos de circuito artístico). Todo esto, con absoluta independencia del grado de inorganicidad de la obra que se expone (o circunstancialmente está envuelta) en dicho circuito. ¿Qué importancia tiene haber cargado tan afirmativo efecto a una bienal que no existió? Tal vez, la importancia de poner de manifiesto ciertas variantes en las que la práctica artística calla, y que son -sin embargo- más difíciles de notar que otras maneras más perceptibles o evidentes (y ya reconocidas) de silencio. Se admite con facilidad, cuando la “... experiencia estética no se da sino como negación de todos aquellos caracteres que habían sido canonizados en la tradición.” (Vattimo, 1980, III. [1990, p.53]), que la anti-obra más silenciosa niegue hasta donde sea posible “el placer de lo bello” (Ibid.) u otras condiciones filosóficas del arte. Por el contrario, no es tan fácil admitido cuando la característica canónica que niega la práctica artística es -como en el caso que comentamos- una característica meramente histórica o semiótica tal como su aptitud para desambiguarse como obra de arte (inclusive por selección circunstancial y de acuerdo a paratextos). Se niega algo más que su valoración estética: se niega su interpretación convencional o su valoración institucional. También se impide su reconocimiento, se tergiversa su candidatura a obra de arte, y se confunde la historia. Los procedimientos a partir de los cuales pudo articularse la experiencia Tucumán arde no fueron –por sí solos- suficientemente capaces de asegurar su propia interpretación como obra de arte. En términos generales, como sostienen Longoni & Mestman, ...
Tucumán arde es una obra procesual, temporal, espacialmente discontinua, que (...) destaca operaciones llevadas a cabo en diversos momentos y lugares. Al mismo tiempo en las muestras se concentran diferentes zonas de la obra hasta ese punto desarticuladas (la investigación sociológica, los viajes, la campaña). (2000, 1l.8., p.171)
Desarticulación que -inclusive- al comprimirse o corregirse, se lo hace en tanto acto político en el que se exponen y discuten los resultados en las sedes de la CGTA (desde el 3 de Noviembre en Rosario, desde el día 25 en Buenos Aires); sin embargo, en el plano del producto artístico (o, en el plano del producto artístico no-estético), la desarticulación no cesa. A la luz de la tradición (aunque breve y reciente), de lo que había sido hasta entonces una obra de arte, o una obra de arte inorgánica admitida, o una anti-obra de la vanguardia rioplatense, la desarticulación se mantiene: “…se parece más a un acto político que a una obra de arte.” (Ibid.).
Es cierto que el conjunto de los artistas que forman esta vanguardia de la que forma parte Tucuman arde, al irse retirando de las instituciones habituales había ya incorporado procedimientos propios de la acción política (sabotajes, copamientos, apagones, proclamas, división de tareas en comando, etc.). Ahora bien, con Tucumán arde se inaugura una nueva manera (en múltiples aspectos aún desconocida) de hacer arte: más colectiva y anónima, cuyo público y soporte institucional no pertenecen al campo del arte. El grupo que finalmente pone en marcha el operativo es absolutamente heterogéneo, sobre todo en cuanto a sus oficios y a las disciplinas de la cuales provienen. Se trata de “... una red compleja de relaciones y colaboraciones extra-artísticas que realizan una concepción de autoría que sostiene el anonimato y la elaboración colectiva, y que integra a artistas y no artistas en un pie de igualdad.” (Ibid.). Las tareas asignadas por la organización son muy diversas y en ellas se integran casi sin diferencias artistas y no artistas. En todo caso, las labores que demandan una formación profesional son -precisamente- tareas técnicas (de recolección de datos), científicas (de análisis y procesamiento de los datos), legales y -en todo caso- políticas; pero no tareas asignables a los profesionales del arte sino como colaboradores o aprendices. Algo que efectivamente sucedió, ya que algunos de estos artistas, cuando abandonaron el arte, lo hicieron en dirección a las ciencias sociales o a las acciones políticas directas. Todo esto ocurre con la participación activa de sectores de la política -principalmente sindical- y con el análisis del equipo de sociólogos del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales, ligados desde hacía tiempo a los proyectos del grupo, quienes preparan el paper “Tucumán arde, ¿por qué”, evaluación de los resultados de la investigación. “Si Tucumán arde puede confundirse con un acto político es porque fue un acto político. Los artistas habían realizado una obra que ampliaba los límites del arte hasta zonas que no les correspondían, que le eran externas.” (Ibid.).
No se trata ya de una operación de reintegración utópica del arte a la sociedad cuyo valor particular (y por esto, su momento de verdad) es haber sido concebida en un dominio históricamente desvinculado de la vida práctica. Tales operaciones habían fracasado hacía tiempo. En esta perspectiva, Tucumán arde representa el fin del arte como hecho específico en dos aspectos diversos: en el sentido becketiano y algo más. a la vez, No sólo fue puro silencio ante el triunfo de la cultura de masas (a secas), sino también, ante el triunfo de los mecanismos del mercadeo (simbólico institucional) que convierten el arte culto o experto en asunto (marginal pero prestigioso) de la industria cultural. Es decir, en primer lugar, (i) consistió en restricción -o ensayo de restricción- de todo elemento fruitivo de la obra, y a la vez, consistió en abandono -o ensayo de abandono- del campo del arte. El ya mencionado Jorge Romero Brest, en su influyente El arte en la Argentina (1969), explicaba que “... no proponían nuevas soluciones al problema de qué se puede crear” (p.98), refiriendo directamente a un suerte de institucionalización autónoma a toda prueba (o casi). A pesar de ello -continúa- “...al señalar situaciones cargadas de sentido social y político sirvieron como detonante para desarticular el movimiento artístico que con general beneplácito se venía imponiendo ...” (Ibid.). Valdría mejor, en casi idéntico sentido, haber hablado de situaciones descargadas de sentido artístico, ya por carencia de esteticidad (o envoltura cultural idiolectal) ya por aparecer fuera del mundo del arte (de toda envoltura circunstancial-paratextual). Silencio que no produce beneplácito y que escurre sin ser siquiera advertido por buena parte de dicho mundo. La clausura anticipada de la acción concebida para Buenos Aires por motivos tácticos políticos, no influye demasiado en el desaliento respecto del campo del arte que los artistas habían logrado al dejar de ser –como conjunto- una asamblea de feligreses (del arte y del “potencial emancipatorio del mismo”). Dicho de otro modo: dejando de actuar como gremio (o reunión de familia, a lo Kant) y constituyendo ahora una comunidad de discusión pública. Algo que en la historia del arte, empíricamente había sucedido en muy breves ráfagas, conduciendo -necesariamente- al silencio y al abandono del arte, o –nuevamente- a la institucionalización gremial. En este caso particular, nada que aún siguiera siendo arte superaría a Tucumán arde en sus propósitos de desncantamiento y entendimiento; luego, la práctica artística habría sido disipada en pura función política o acción revolucionaria. Motivo por el cual se generaliza en el grupo de artistas el abandono del arte. Algunos se volcaron directamente a la lucha política, algunos dejaron temporaria o definitivamente el arte.
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VATTIMO Gianni, La fine della modernità, Milano, Garzanti, 1985. Traducción castellana de Teresa Oñate, El fin de la modernidad, Barcelona, Gedisa, 1994.
VINDEL Jaime, “Los sesenta desde los noventa. Notas acerca de la reconstrucción historiográfica (en clave conceptualista) de la vanguardia argentina de los años sesenta”, en Ramona | revista de artes visuales, n. 82. Julio, 2008, Buenos Aires, págs. 9-18.
En lo que respecta al escenario rioplatense, viene bien mencionar, sin ninguna exhaustividad, los libros de LONGONI Ana & MESTMAN Mariano, Del Di Tella a “Tucumán Arde”. Vanguardia artística y política en el ’68 argentino (Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 2000), de FANTONI Guillermo (entrevistador), Arte, vanguardia y política en los años ’60. Conversaciones con Juan Pablo Renzi (Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 1998) y de GIUNTA Andrea, Vanguardia, internacionalismo y política. Arte argentino en los años sesenta (Buenos Aires, Paidós, 2001). Más recientemente, un dossier del número 82 de Revista Ramona reúne artículos de los investigadores Ana Longoni , Fernando Davis, Jaime Vindel (España) y Miguel López (Perú), en los que se discurre sobre los modos en que viene siendo recuperada la vanguardia periférica de los sesenta en la historiografía –sobre todo- argentina reciente. Los autores integran la Red de Investigadores sobre Conceptualismos Latinoamericanos, colectivo destinado a constituir una plataforma de pensamiento e intervenciones críticas para generar políticas de archivo e investigación alternativas al actual predominio de la lógica fetichizada en el sistema de arte global.
Por supuesto, no para el consumidor sino para el filósofo crítico de la ideología del arte, aquel que es capaz de no dejar escurrir junto a la felicidad ilusoria el momento de verdad de la obra de arte. Capaz de hacer visible la razón por la cual se ha vuelto necesaria una felicidad ilusoria; inclusive aquella que, como ya dijimos, representan dramatúrgicamente los oficiantes y los concurrentes del arte activista.
Si bien las vanguardias atañen a diversas artes (por que no existe “el arte”, porque dicho término arte se aplica a las artes sólo de un modo extensivo y contingente), y aunque este no sea el sitio apropiado para discutirlo, la intensidad, radicalidad, y especificidad de la vanguardia a la cual nos referimos se predica fundamentalmente respecto de la esfera de las bellas artes.
“…Los movimientos de vanguardia han transformado la sucesión histórica de procedimientos y estilos en una simultaneidad de lo radicalmente diverso. La consecuencia de ello es que ningún movimiento artístico puede ya hoy alzarse con la pretensión de ocupar, como arte, un lugar históricamente superior a [o más avanzado que] otro movimiento.” (Bürger, Op.cit., [p.123])
Programa de la Red de Investigadores sobre Conceptualismos en América (a la que pertenecen los autores de este artículo).
Probablemente el caso más destacable, y uno de los más escurridizos para la historia del arte, sea el de un grupo de artistas y no artistas -entre ellos Roberto Jacoby- que se vuelca a la investigación y cultivo de un fenómeno que seguramente observarían como Gesamkunstwerk revolucionaria ideal, al punto de haber sido espontáneo y no realizado por artistas ni por grupo circunscrito alguno; y que denominaron lucha de calles (cfr. ). En 1969, Jacoby -integrado en el equipo del Centro de Estudios en Ciencias Sociales (CICSO, de Rosario)- participa de la cobertura de la protesta conocida como el Viborazo en Córdoba, y colabora en la preparación de un informe sobre el asunto para el libro, coordinado Por Bebay Beatriz Balvé, Lucha de calles, lucha de clases (Buenos Aires, La Rosa Blindada. 1973).
En nuestra sociedad, las palabras pop, cultura popular, cultura de masas, movimientos pop, música pop, arte pop, suenan constantemente en nuestros oídos provocando imágenes vagas y un tanto confusas...
¿Qué quiere decir pop?
¿Significa en algún modo popular?
¿Qué vínculos unen lo pop con la sociedad de consumo?
¿Por qué el término pop es tan común en nuestros días?
¿Qué significa pop para Umberto Eco?
Creo que el arte pop, entendido en su sentido histórico elemental, tal como se ha manifestado a través de Lichtenstein, Oldenburg y otros, ha tenido un doble significado:
uno de orden lingüístico y otro más estrictamente estético. En lo que se refiere a su aspecto lingüístico, el arte pop ha actuado como lo que Lévi-Strauss califica de fusión semántica, algo así como el proceso de fusión nuclear en el que, del choque entre dos átomos surge un tercero. Es decir, en el arte pop un objeto de la sociedad de consumo que contiene significados concretos de reclamo comercial y de presentación funcional se reviste de un nuevo significado por el mismo hecho de presentar el producto tanto aislado como etiquetado, pero puesto siempre en evidencia según un procedimiento ya típico del dadá que hace que el objeto se cargue de significados secundarios en detrimento de los primarios, perdiendo así su contenido primario para asumir otro más vasto y genérico en el marco de la civilización de consumo. A través de una operación de este tipo se presume que los artistas pop han querido desarrollar una crítica irónica, tal vez amarga, de una civilización invadida por los objetos de consumo, es decir, una crítica de aquella sociedad fetichista analizada primero por Marx y más tarde, en nuestro siglo, por Walter Benjamin. Así es como se ha visto en Europa la operación pop.
Pero ha ocurrido algo que nos induce a sospechar incluso de la intención inicial de los artistas pop; se ha llegado a un punto en que, eligiendo como objeto de interés estético aquellos objetos banales que pasaban desapercibidos en la sociedad de consumo, el, arte pop nos ha permitido encontrar en ellos una cierta belleza. El arte pop ha iniciado un proceso que me recuerda una anécdota referida a Picasso: éste acababa de terminar el retrato de Gertrude Stein y alguien le objetó que no se parecía a su modelo. Picasso contestó: "Ya se le parecerá". Con ello no quería decir que Gertrude Stein envejecería o cambiarla para llegar a parecerse a su cuadro; quería decir que, desde aquel momento, los demás empezarían a ver a Gertrude Stein a través del filtro de su cuadro con lo cual las semejanzas se habrían establecido. Es decir, lo que para Picasso habían sido los rasgos más destacados de la fisonomía de Gertrude Stein, se conver-tirían a los ojos del mundo en los únicos, los verdaderos, los fundamentales; el resto, la realidad, carecería ya de sentido. En cierto modo, el arte pop ha puesto en evidencia ciertos rasgos de los objetos de la sociedad de consumo que han manifestado una nueva armonía, una nueva gracia, logradas probablemente al dar un nuevo énfasis a estos rasgos. Por ejemplo, el estilo de los comics se ha convertido en una estructura de tipo geométrico, muy agradable a la vista; ciertos grandes campos de color, debidos a la tinta tipográfica, que ocupan amplios espacios, parecen juegos casi abstractos. Esto se debe a que el objeto ha sido en cierta forma recortado, aislado, de modo que elementos secundarios del comic hayan resultado elementos fundamentales. Esto ha hecho que hayamos empezado a contemplar los comics, las máquinas de escribir, los perros calien-tes, las latas de sopa o los envases de ciertas bebidas a través del filtro de las o-bras de arte pop, encontrándolos tan interesantes que incluso a veces decidimos coger uno de estos objetos cotidianos y ponerlo sobre la mesa o en la librería, no sólo por simular una exaltación del pop, lo que seria un gesto de tipo camp, sino porque, nos resulta agradable. Ha ocurrido, pues, que, con la operación pop, los artistas de esta tendencia se han reconciliado, en parte, con la sociedad de con-sumo, al menos desde el punto de vista usual. Nos encontramos, pues, con un panorama que, en el fondo, es agradable y que contrasta plenamente con la hipó tesis inicial que quería o debía ser una critica irónica de la sociedad de consumo-
Así, pues, los movimientos pop, ¿apoyan o critican la sociedad de consumo?
He puesto ya en evidencia la contradicción del, arte pop: crítica e ironía por un lado, aceptación y amor por el otro. Debo añadir,- sin embargo -y esto no se comprende hasta que se vive en Estados Unidos- que esta contradicción existe sólo para los europeos. Los europeos somos incapaces de amar y criticar al mismo tiempo la sociedad de consumo. En el fondo, para Europa, para el intelectual europeo, la sociedad de consumo es algo que ha llegado cuando él ya habla crecido. Para el americano, la sociedad de consumo es algo así como para nosotros los árboles, los ríos, los prados o las vacas, es decir, pura Naturaleza. Los niños de la escuela primaria de Nueva York, según, una encuesta que hizo el alcalde Lindsay, creían que la leche era un producto artificial, como la Coca-Cola, porque no habían visto una vaca en su vida.
Consecuentemente, la actitud del, artista americano respecto a estos objetos es absolutamente distinta, puede amarlos y odiarlos al mismo tiempo. Quien haya participado o asistido en Estados Unidos a alguna reunión de estudiantes, de contestatarios de extrema izquierda, de militantes negros, de grupos yippies, habrá comprobado que mientras se distribuyen octavillas contra el capitalismo y el imperialismo americano, se destapan botellas de Coca-Cola. que los jóvenes celebran mitines políticos al son del último rock de moda y asisten a las reuniones políticas con camisas con la imagen de Mickey Mouse. Basta leer un libro como Do ¡t de Jerry Rubin, uno de los teóricos del movimiento yippy, para leer como entre sus amores figuran tanto Karl Marx como los hermanos Marx. En Europa, a un estudiante de izquierdas le parecería una contradicción instalar en la sede del propio partido una máquina automática de Coca-Cola, pero en Estados Unidos esto se asume como una contradicción. Creo incluso que un joven americano típico imagina una sociedad socialista como una sociedad en la que todos podrán tener discos de rock, botellas de Coca-Cola y camisas con la imagen de Mickey Mouse. Creo que hay que comprender este modo de ver la téc nica como Naturaleza, aunque la vivan artificialmente en el fondo, para compren der la actitud de los artistas americanos hacia el arte pop. No hay contradicción donde nosotros la vemos, aunque me parece natural que nuestra interpretación del problema sea distinta. Una obra de arte no tiene un valor absoluto, sino que cambia de significado según el contexto histórico en que se realiza.
Si pop, en principio, significa popular, ¿los movimientos pop son verdadera mente populares y democráticos o son una mera comercialización del arte y de los movimientos culturales?
Decididamente el arte pop ha producido una comercialización de si mismo. Pero, ¿qué corriente no la ha producido? En los dos o tres últimos siglos, se ha elaborado un concepto fetichista del arte. Se puede gozar de la obra de arte exclusivamente porque es única, antigua, costosa y tiene a su alrededor lo que Benjamin llama un "aura", un cierto carisma de ,absoluto"; prácticamente nuestra sociedad vive siempre la obra de arte como un valor kitsch. Una obra de arte es natural que se comercialice; casi añadirla que es un justo castigo para el que paga tantísimo dinero para obtenerla. Se vende un Rembrandt por un número elevado de millones, se compra por otra cifra elevada un Vermeer van Delft y se encuentra maravilloso hasta que se descubre que es de un célebre falsificador flamenco y entonces se tira. Hay que decir, sin embargo, que el arte pop ha provocado una mayor comercialización que la de cualquier otro movimiento porque ha sido muy fácil hacer el pop del pop, es decir, copiar un Lichtenstein o hacer el pop uno mismo: recortar un comic, ampliarlo y pegarlo en la pared, fabricando así posters pop al estilo Lichtenstein. Después de que Andy Warhol pintó las latas de la sopa Campbell, en el Village de Nueva York empezaron a venderse latas de Campbell's Soup de tamaño más grande. Esto significa que el pop debe verse, al igual que la práctica de los happenings y algunas otras formas de arte contemporáneo como aquéllas que en lugar del "hacer" han propuesto el "actuar". Sustituyen el to make por el to do y reinincian en principio, a la validez de la obra ya terminada entendiéndola,, en cambio, como un gesto susceptible de repetición. El hecho de que un cuadro de Lichtenstein o un objeto de Oldenburg cuesten millones hoy en día es un problema que genera el mercado del arte. Por otra parte, hay que tener en cuenta el hecho de que, mientras Lichtens tein sabe copiar mejor que yo un comic y Oldenburg construye una máquina de escribir en materia plástica mejor que y(yo puedo tomar una lata de sopa y decidir que es una escultura. Así, el arte pop nos ha invitado a hacer nuestro propio pop. Este paso del to make al to do es una de las características del arte postinformal que el pop ha sido el primero en explotar.
Además de comercializar obras de arte, el pop hace arte dentro de los objetos de consumo, por ejemplo, el diseño de Peter Max. ¿Debe considerarse como un diseño industrial normal o como arte incorporado a los objetos de consumo?
El pop ha significado también un violento retorno al arte figurativo tras el largo período de arte abstracto, es decir, ha sellado la reconciliación entre el arte de vanguardia y las masas; ha presentado un arte, al menos en apariencia, comprensible, acabando con este divorcio que impedía a grandes masas de público ir a ver ciertas exposiciones en las que no comprendían el significado de los cuadros; el pop ha logrado la vuelta al arte figurativo y ha conseguido también algo más: ha asimilado lo figurativo al arte de masas, ha elevado las manifestaciones de éstas a la dignidad de arte de vanguardia y arte de museo. Por tanto, ha desarrollado una acción positiva de reconciliación con ciertos aspectos del arte industrial que siempre ha creado comics de una cierta inteligencia y gracia, y con la música que, cuando ha sido de calidad, nos ha dado ritmos como el rock; nos ha revelado aspectos positivos de la comunicación de masas, por un lado, y, por otro, con su ambigüedad, nos ha inducido a reconocer como hermoso lo vulgar, a través precisamente de aquellos procesos que han sido arbitrariamente llamados pop, camp, etc. Se crean así peligrosas confusiones en cierto tipo de público que, incapaz de hacer este doble juego, se siente prácticamente reconfortado en sus propios gustos. Una vez más, el pop, nacido como juego sofisticado sobre la cultura de masas, ha tenido que aceptar su destino convirtiéndose en uno de los aspectos de dicha cultura. En este sentido no se puede ya distinguir de la cultura de masas porque la publicidad ha aceptado las técnicas pop, con lo que deja de existir una dialéctica entre pintura de vanguardia y pintura figurativa de masas como la que podía existir en los tiempos del cubismo o del arte informal. Todo ello implica que, en el interior de esta cultura de masas, podrían nacer otras modalidades de crítica y contestación que no fueran ya necesariamente las pop. Cuando el pop entra en la cultura de masas, produce films como El submarino amarillo, notable e interesante ejemplo de fenómeno de éxito artístico de las comunicaciones de masas. Sin embargo, no creo que, hoy en día, un artista pueda ponerse a hacer pop con la pretensión utópica de estar juzgando desde arriba la cultura de masas. Está dentro de ella.
¿Implica el pop una vulgarización del gusto y un menor nivel de refinamiento?
Al no tener el gusto un- valor absoluto sino histórico, diría que el pop ha señalado fatalmente lo que el gusto de ayer sentía como vulgar y lo ha convertido en refinado. Es decir, las señoras que hace diez años vestían según ciertos cánones de la moda burguesa, rechazando los productos de los grandes almacenes populares, hoy los aceptan porque ahora representan el buen gusto. Un ejemplo de esto es la moda actual de los pantalones tejanos descoloridos. El pop, la gran boga del pop, ha impuesto esta continua recuperación de lo vulgar como signo de distinción social.
Teniendo en cuenta que la contemplación de un cuadro de Leonardo produce sensaciones estéticas m疽 elevadas que la contemplación de una lata de sopa Campbell, si afirmamos que el arte influye sobre la manera de ser de la sociedad, ¿la influencia del pop no es en este aspecto negativa para nuestra sociedad?
Sí, pero hay que distinguir varias cosas. En primer lugar no debemos comparar nunca el efecto que nos produce una obra contemporánea con el que nos hace sentir una obra clásica; no sabemos cómo se interpretará dentro de 200 años la lata de sopa Campbell. Es posible que se interprete tal como nosotros interpre-tamos ahora ciertas pinturas cretenses o egipcias que quizá fueron igualmente pop en su tiempo, pero que hoy día están cargadas de connotaciones históricas que nos las hacen ver como manifestaciones sagradas porque sabemos que encierran un culto a los muertos, al rey o al emperador. Dentro de dos mil años es posible que nuestros descendientes sean capaces de ver en la Campbell's Soup una religión -y de hecho es una especie de religión- y puedan interpretar la sociedad de consumo como una gran manifestación de superstición. Si los egipcios ponían utensilios y comida en torno a sus muertos, nuestra sociedad siente la necesidad de rodear a sus vivos de objetos de consumo con lo que la actitud religiosa no se hace tan diferente. Por otra parte, he señalado hasta ahora la existencia de un aspecto negativo en el pop, pero demostrando que no se puede describir exclusivamente este aspecto ya que se trata de uno de los polos de una dialéctica típica de esta tendencia. Por último, es absolutamente cierto que la función de una obra de arte debe ser la de enseñarnos a percibir y a comprender las cosas que nos rodean de una manera distinta, pero hay obras de arte que se resisten a la asimilación y, en consecuencia, mantienen durante más tiempo esta actitud; otras crean inmediatamente una forma de pensar, gozar y comprender homóloga a su propia tesis. Esto es lo que ha ocurrido con el pop. Este ahora ya no nos sirve para comprender lo que nos rodea de otra forma. Si cuando nació era un metalenguaje que nos ayudaba a comprender el lenguaje de la sociedad de masas, en este momento es solamente un aspecto de esta sociedad y debemos afrontarlo con otros metalenguajes. Esta es una dialéctica fatal y necesaria.
¿Podemos distinguir una obra de arte de un bluff?¿Tiene algún sentido querer distinguir lo uno de lo otro?
Creo que hay que aceptar con valor y resolución la idea de que no existen valores absolutos para definir una obra de arte: los valores son históricos. Probablemente gran parte de las obras de arte del pasado que hoy admiramos fueron un bluff en su tiempo, pésimas imitaciones de otras desaparecidas. Es posible que la Victoria de Samotracia fuera una imitación pop de una estatua mucho más bonita que no hemos llegado a conocer. Evidentemente hay algunas características estables; la primera es, precisamente, la complejidad de las interrelaciones. Se puede sospechar que ciertos pasajes de los libros griegos compuestos de un verso o dos fueran un bluff, se puede dudar de ellos y admirarlos por una especie de ilusión óptico-arqueológica; en cambio es más difícil dudar de la Ilíada o de la Odisea porque la complejidad de la obra nos lleva a descubrir en su interior tales niveles y tantas interrelaciones que una parte de la obra nos sirve de control de la otra. La complejidad en este caso es estructural. Hay que aceptar, pues, la idea de que hay obras de arte que, además del nivel de valor estético, por así decirlo, tienen otro nivel de complejidad. No debemos decir que es mejor toda la epopeya balzaquiana que un pequeño soneto romántico, pero sin lugar a dudas, la epopeya balzaquiana es tan compleja que puede resistir mejor el tiempo. Las obras pop son demasiado lineales y, por tanto, serán destruidas más rápidamente, sobreviviendo solamente bajo forma de fragmentos ambiguos.
¿Podría decirnos cuáles son los otros componentes de los movimientos pop aparte del arte pop y de los "comics" ¿Deben incluirse como parte de los movimientos pop, el cine, la música, la publicidad, etc.?
Es un error confundir arte popular y arte pop; incluso diría que se trata de una confusión de tipo anglosajón porque en la tradición anglosajona se ha llamado siempre popular art a lo que nosotros hemos llamado "cultura de masas" y se hablaba de popular art incluso cuando se hacia una crítica aristocrática de la cultura de masas diciendo que el popular art no era arte. El pop art nació precisamente como un juego inteligente e irónico sobre el popular art, pero por su capacidad de identificarse con él ha llegado a ser lo mismo; los comics, por ejemplo, eran popular art, mientras que la imitación de los comics de Lichtenstein era pop art. Pero cuando los dibujantes de comics han empezado a imitar a Lichtenstein evidentemente estas diferencias han desaparecido y se ha vuelto a la situación anterior. El arte pop ha llegado a ser uno de los momentos, aunque sea el más crítico, de la cultura de masas. En cambio cuando con la expresión "pop" se alude, por ejemplo, a los muchachos que bailan el rock en Woodstock se hace referencia a productos que ya existían antes del arte pop y que simplemente han evolucionado, irónicamente o no. The Beatles o The Rolling Stones han creado productos musicales que probablemente permanecerán como testimonios de una época y serán preferidos quizá a ciertas composiciones de música culta contemporánea. Creo que es pertinente distinguir entre el popular art que existía antes del pop el pop art, y el nuevo popular art, posterior,,que resulta de una especie de integración dialéctica entre los dos. La naturaleza ambigua de la crítica pop es lo que dificulta la distinción; por una parte se ha integrado el arte popular, antes totalmente despreciado, pero que ha demostrado algunos caracteres de interés y, por otra, hasta los años sesenta, el llamado popular art, que nosotros denominamos cultura de masas, y que no era un producto del pueblo sino de grandes centros de producción que lo vendían. Aproximadamente durante el período de nacimiento del arte pop, y en los años sucesivos contestación, se ha vivido una especie de democratización del arte popular con el retorno de la folk music, con lo que el arte de masas, llamado arte popular, deja de ser un producto de elite. Evidentemente sigue pautas y modelos de la elite, pero a veces incluso la incita a comportarse de otra manera; por ejemplo, la folk music nació de la exigencia por parte de los jóvenes de cantar una música distinta a la que producían las casas discográficas. Luego, según la dialéctica de que hablábamos, las grandes empresas discográficas han producido folk music. El análisis del llamado arte popular también debe ser distinto del que se hacía hace veinte años a propósito de las comunicaciones de masas, de la cultura de masas clásica, pero quizás es todavía demasiado pronto para intentar comprender el alcance histórico de este fenómeno y decir si significa realmente una liberación parcial del dominio del consumo o es simplemente uno de sus aspectos aunque más nuevo y sutil.
Sin embargo, hay muchas cosas que aún existiendo antes, han sido transformadas por la cultura del pop y me refiero al cine underground, la televisión, la publicidad, la ciencia-ficción tal vez o el cine de terror... ¿Forman estas manifestaciones parte de la cultura pop?
No estoy muy seguro. Tengo la impresión de que interpretar todos estos fenómenos como un aspecto único de la nueva cultura pop es un acto de esnobismo intelectual. En la televisión falta el aspecto de autoironía del arte pop, falta la capacidad de manipulación por parte del público y por eso la televisión, que es un aspecto de la cultura de masas, no es también un aspecto de la cultura pop, sino del momento en que la industria puede poner en circulación unos blue-jeans con la imagen de una estrella de la televisión. Y esto es otra cosa. He subrayado este hecho porque, por ejemplo, veo a la televisión mucho más próxima al gran poder industrial, al gran poder político y, por tanto, hay que tomarla muy en serio. La publicidad es algo distinto, no es un producto de la cultura pop, es otro gran poder industrial que utiliza elementos de la cultura pop y los desvía hacia sus propios fines, aunque también es cierto que la cultura pop puede usar elementos de la publicidad. A pesar de todo, no veo a la publicidad como un elemento de este juego de ironía y autoironía. El cine underground contiene, a la vez, elementos de la cultura pop y de la vanguardia clásica; es un producto de las minorías hippies intelectuales. No tiene la misma capacidad de ser comprendido que la cultura pop; ciertos productos pop desde The Beatles a Peter Max pueden ser vividos, aunque de manera distinta, tanto por un obrero como por un intelectual. Por el contrario, el cine underground es un producto del intelectual para el intelectual y, por tanto, mucho más próximo al gran periodo que va del dad' al surrealismo, al abstracto, al informal, que al periodo pop, aunque pueda contener elementos pop. Finalmente las videocasetes y todos estos nuevos instrumentos de registro no se relacionan directamente con la cultura pop. Hay jóvenes que graban en videocasetes con fines políticos y están más influenciados por Brecht o Eisenstein que por la cultura pop. Las videocasetes no son un movimiento artístico, sino un nuevo hallazgo técnico, como el automóvil o el avión, que puede producir resultados muy dispares.
Naturalmente, los jóvenes que utilizan estas técnicas están influidos por todo un clima y son capaces de hacer un filme político con fondo musical de The Beatles. Esto ocurre porque existe un determinado paisaje cultural, pero ver todo esto como una especie de fiesta general, de atracciones de feria de la cultura pop me parece peligroso y quisiera restringir el término a unas concretas tendencias del arte y de la sociedad de consumo, aunque, como todas las tendencias que penetran a fondo en la sociedad, se pueda encontrar a otros niveles.
¿Cuál es el significado de la arquitectura de los signos? ¿Puede denominar a Las Vegas, ciudad pop?
Las Vegas existía ya tal cual es antes del pop. Luego éste copió a Las Vegas y desde entonces incluso los arquitectos de vanguardia han empezado a interpretar a Las Vegas como un fenómeno interesante de arquitectura pop. Este es uno de los efectos que ha producido la óptica pop al empezar a preguntarse si lo que en principio era despreciado como una modalidad comercial, podía constituir uno de los elementos de la arquitectura contemporánea. Finalmente se ha reconocido, por ejemplo, que una de las grandes obras pop es Disneylandia, quizá la mayor obra de arte de la cultura americana, que expresa su propia civilización mucho mejor que Hemingway o Lichtenstein. Hay dos aspectos a considerar: el primero consiste en ir a Las Vegas con la convicción de vivir una experiencia estética pop, pero esto puede también reducir mi capacidad crítica respecto a una ciudad de tipo ficticio que me paga so con signos externos y que hace una publicidad de sí misma, tras la cual en realidad no hay nada. En esto puede residir la función corruptora del pop que tiende. a reconciliarme con algo respecto de lo que debería, en cambio, mantener una tensión crítica. Una vez más hay que especificar si se habla de Las Vegas antes de que el pop se fijase en ella o después, y, en este caso, ¿que significa el hecho de que haya bastado una ojeada para cambiar todo el panorama de la civilización contemporánea? Significa o bien que esta mirada ha sido inmensamente penetrante o bien que todo el mundo estaba dispuesto a gozar de Las Vegas, la calle 42 de Nueva York y de Time Square, pero no tenla el valor de confesárselo y el pop ha sido precisamente un gesto de honestidad intelectual que ha desarrollado prácticamente el siguiente razonamiento: "A vosotros os gustan estas cosas, pero no tenéis el valor de decirlo porque pensáis que no son arte y que sólo el arte es una cosa seria; pues bien, ahora nosotros os decimos que todo eso es arte y así ya no estaréis avergonzados". Hubiese sido un hermoso acto de liberación haber perdido decididamente la vergüenza y haber dicho: "Las Vegas, los comics, el jazz me gustan porque me gustan". Sin embargo, la humanidad ha necesitado otro engaño y no se ha liberado de esta hipocresía por la que se asimila el arte a la religión y lo que no es arte a la técnica. Nuestra civilización vive prósperamen-te asentada sobre la técnica, pero para no avergonzarse de la misma se siente continuamente condicionada a creer que es arte.
Finalmente, ¿cuál cree que va a ser el futuro del pop? ¿Cómo va a evolucionar?
Profetizar sobre la evolución del gusto es un oficio de brujos o de retrasados mentales; yo, evitando ser lo uno o lo otro, no hago profecías. Por otra parte, basta un mínimo acontecimiento externo para cambiarlo todo. Los sociólogos de 1967 escribían libros sobre el futuro de la juventud en una sociedad de consumo en que todos llevarían el pelo cortado a cepillo, camisa blanca, se casarían a los 16 años, etc... Luego llegó el mayo de 1968 y los dejó en muy mal lugar. No me gustaría hacer el mismo papel que ellos hicieron entonces. Prefiero no profetizar.
Significado y origen del pop
Qué quiere decir pop y cómo nace
Pop, cultura pop, arte pop, música pop, movimientos pop... son expresiones habituales en nuestros días cuyo significado nos parece a veces confuso. Pop quiere decir popular. Cuando el arte no utiliza un lenguaje especial, sino que usa el común, cuando se difunde entre la gente, y a través del pueblo se conserva y se hace tradicional, se dice que es popular, que es pop. Por la definición misma de la palabra popular o de su apócope Pop, los movimientos pop debieran haber existido desde el origen del mundo. En efecto, desde el comienzo de nuestra civilización existen el arte, la literatura y la música populares, pero los movimientos pop son algo característico de nuestros días.
El pop se originó el día que a Oldenburg se le ocurrió presentar como obra de arte, en una exposición, una gigantesca hamburguesa; y Johns, por su parte, se puso a pintar banderas estadounidenses. A esto se le denominó pop art o arte pop, es decir, la entrada de elementos populares en el mundo elitista del arte.
Algo que debe ser tenido en cuenta en la consideración del nacimiento de los movimientos pop en nuestra época, es que vivimos en una sociedad de masas que produce una cultura del mismo signo. Antes, la música, la pintura, el teatro, eran sólo accesibles a ciertas minorías; ahora están al alcance de todo el mundo en forma de discos, ediciones y reproducciones baratas.
Pop es el arte de masas, la música de masas. Arte de consumo, música de consumo. En nuestros oídos suenan las vibraciones eléctricas de The Beatles, The Rolling Stones, The Who, Pink Floid, Traffic. A los festivales de Woodstock, Altamont, Wight han asistido centenares de miles de personas... Pero, ¿ cuántos espectadores asistían a los conciertos de piano de Liszt?
Las bases que originan los movimientos pop radican en la introducción de elementos populares y de consumo en el mundo elitista del arte, en la consideración artística de cualquier actividad usual, y en las características de nuestra sociedad de consumo, que produce un arte de masas.
Cultura popular, cultura de masas y movimientos pop
La creación de cultura como acto de personalización del entorno
Los movimientos, pop parecen haber intentado resolver la dicotomía estética formada por la cultura popular y el arte.
El arte se juzga por sus criterios estéticos, se destina a una minoría. La cultura popular se juzga a veces por los efectos psicológicos que produce sobre la masa.
Existe un concepto antroposociológico de la cultura que se opone al concepto humanista. Se trata de un concepto no selectivo que incluye todo lo que el hombre, a diferencia de los animales, ha conseguido, es decir, el progreso; por su parte, el concepto humanista es selectivo, normativo y evaluativo: incluye solamente aquello que llamamos arte. Sin embargo, ambos conceptos, tanto el antroposociológico como el humanista, coinciden en desear la persistencia de la sociedad a pesar de la atenuación de los significados culturales, la pérdida de sentido de los símbolos y la alienación en que tan fácilmente cae una sociedad de masas. Por tanto, en la lucha contra esa alienación, el hombre debe tratar de transformar lo instrumental e impersonal, lo físico y orgánico en un conjunto de significados personales evocadores y expresivos.
Si la cultura surge del proceso de adaptación que efectúa el hombre respecto a su ambiente, el resultado será la creación de un inundo de símbolos. Un mundo cuyos signos físicos más frecuentes sean capaces de proporcionar a los individuos que lo habitan un significado personal simbólico y distintivo.
El arte y el concepto humanista de la cultura se unen a la concepción del hombre individual; la cultura popular y el concepto científico de la cultura nos hablan del hombre social. En ambos casos, el acto primordial creador de cultura es la transformación de un medio ambiente impersonal en un entorno personal, en la creación de un mundo rico en significados personales.
Los movimientos pop, al introducir los elementos de consumo en el mundo del arte y tratar de crear a la vez una cultura de masas capaz de ser vehículo de realizaciones personales individuales representan uno de los intentos llevados a cabo con el fin de encontrar una solución a la oposición existente entre "arte-cultura de masas".
Evolución del concepto de cultura y aparición de la cultura de masas
"Las letras, al dispensar del ejercicio de la memoria, serán causa del olvido en el ánimo de quienes las hayan aprendido como aquellos que confiando en la escritura, recordarán por signos externos, no por ellos mismso decía, en Egipto, el rey Thamus. Pero en los siglos transcurridos desde entonces hemos comprobado que las cosas que deben ser sabidas han convertido a la memoria en instrumento de escasa utilidad, como único factor determinante del recuerdo. El invento de la escritura, como el de la imprenta, o también el modelo de hombre del Renacimiento, son ya hoy mitos del pasado. El hombre que vive en una sociedad de medios de comunicación, -radio, cine y televisión, que constantemente le bombardean con diferentes informaciones no puede ser ya el de la época de Leonardo da Vine¡, cuando la sociedad se dividía en hombres cultos y hombres excluidos de la posesión cultural. Aunque exista siempre una nostalgia por una época en que los valores culturales eran un privilegio de clases, en nuestra sociedad actual la noción de cultura ha cambiado. nuestro mundo -según nos dice Umberto Eco- nace con el acceso de las clases subalternas al disfrute de los bienes culturales y con la posibilidad de producir estos últimos mediante procedimientos industriales] Vivimos una sociedad de mass media (medios de comunicación de masas), y la situación conocida como cultura de masas se produce en el momento histórico en que éstas entran como protagonistas de la vida social.
Las masas han impuesto su lenguaje y su estética propios. Sin embargo, su manera de divertirse y su modo de vida no vienen de las capas inferiores de la sociedad, sino que proceden del código de modelos culturales burgueses. Que las masas sean luego capaces de discriminar sobre los modelos que le son ofrecidos es ya otro problema. De momento, no puede decirse que la cultura de masas provenga principalmente de las mismas; y los movimientos pop son un claro ejemplo de cómo la cultura y el arte de masas provienen de los modelos de la sociedad capitalista de consumo. puesto que el capitalismo es el que ha creado la sociedad de consumo que proporciona los elementos en los que se basan los conocimientos pop art.
Cultura de masas y arte de consumo
Nuestra civilización capitalista postindustrial se apoya en el consumo, y bajo este lema se halla cualquiera de sus manifestaciones' Modas y estilos discurren en cambio constante y se hacen efímeros para dar paso a nuevas tendencias. Las innovaciones provocan cambios permanentemente. La cultura, el arte, la ciencia se consumen casi como si 'se tratara de "comestibles". Las multiformes imágenes callejeras nos imparten constantes mensajes de cambio: el cine, la publicidad, la televisión, los aparatos electrodomésticos, los vestidos, la música, todo cambia y nos transforma. [Nuevas divinidades míticas aparecen dispuestas a hipnotizarnos día tras día; nuevas y efímeras superstars* se nos ofrecen sin cesar como modelos de imitación] Las imágenes se multiplican en series y un ejemplo de ello sería el mito recuperativo de Marilyn, pintado por Andy Warhol. lor otra parte, el cotidiano bocadillo o la-máquina de escribir -irónicamente transformados en obras de arte- son una muestra de cómo la cultura y el arte nacen del consumo
A mitad de los años cincuenta, una vez superada la crisis económica de posguerra, los teenagers* se encontraron por primera vez con dinero y con que no tenían nada propio: ni música, ni trajes, ni clubes, ni identidad; tenían que compartir su mundo con el de los adultos. Pero los hombres de negocios advirtieron que los teenagers se habían convertido en unidades comerciales independientes, con gustos y necesidades diferentes, y empezaron a ofrecerles cosas: tejanos, motocicletas, camisas, música. De ahí nacerían el primer establecimiento de modas de Mary Quant, el cine y el arte de Andy Warhol, y la música pop.
La cultura pop
La adopción del término pop en relación a este arte de consumo nacería con referencia a la expresión inglesa popular art, propuesta, en 1955, por Leslie Fiedler y Reyner Banham. La expresión aludía a un conjunto de imágenes populares integrado por la publicidad, el cine, la televisión, los comics, la fotonovela, los superstars..., todo ello producido, aceptado y consumido como la mejor cultura popular. El popular art carecía en un principio de sentido crítico, de la ironía que caracterizaría luego el pop, pero sin remitirnos a esa concepción romántica de "arte del pueblo". Ligado a un sistema industrial y de consumo, lo popular se arropa en un contexto sociológico y se relaciona en principio con una sociedad de masas en una cultura industrial urbana. Las imágenes de la cultura popular producidas por y para las masas, se distribuyen a través de los diferentes medios de comunicación, o mass media, y nacen en los años cincuenta, década en que aparece la sociedad de consumo en el mundo occidental. Esta sociedad invalida la alta cultura de la tradición, en la que los artistas imponían las normas artísticas producto de las convenciones de las clases dominantes. Aparen-temente, la cultura pop daría la impresión de haber invertido los términos de la cultura artística. Sin embargo, las convenciones artísticas siguen procediendo de la clase dominante y las imágenes de la cultura pop no son tan populares como pudiera parecer, ya que no responden a los intereses de la mayoría, sino que, generalmente, son una ficción de lo popular. El arte de las minorías se subordina a la presencia del arte de masas debido a la mentalidad de consumo de nuestra sociedad
Camp" y "kitsch"
Dentro de la cultura pop, producto de nuestra sociedad de consumo, se incluyen una variedad de categorías estéticas entre las cuales hemos de destacar los términos camp y kitsch. Ambos nos sugieren la imagen de un pasado reciente rebuscamos lo camp y lo kitsch en los desvanes de nuestros abuelos. Pero si lo camp es algo que se consideró como bueno en una época determinada, lo kitsch, en cambio, es algo que siempre se ha considerado malo
El estilo camp representa la lucha sistemática contra el mito de lo auténtico, es un esnobismo esteticista que no sólo rehuye lo vulgar, sino que también se complace en los placeres más comunes. del camp es amanerado y equívoco, extravagante y desmesurado] A la sensibilidad camp le gustan las ruinas artificiales y las porcelanas chinas se puede considerar camp al Art Nouveau, las lámparas Tiffany, la pintura prerrafaelista, las postales de los años veinte o la exageración femenina de Jayne Mansfield y mascidina de Victor Mature. En el límite del camp llegamos a descubrir que algo es bueno porque es horrible. Y, exagerando, nos encontramos con el kitsch. Kitsch en alemán significa cursilería, objeto de mal gusto. Su lema podría ser una frase de Marcel Duchamp: "El enemigo del arte es el buen gusto". Ejemplos de kitsch pueden ser: una bola de cristal con una torre Eiffel dentro, en medio de un paisaje nevado; los papeles pintados que imitan las vetas de la madera; las estatuas de cartón piedra; el cristal de Murano en forma de animalitos, o las flores de Plástico Kitsch (de mal gusto) se aplica tanto a los objetos como a los gozadores de los mismos, a los individuos "dotados de mal gusto" o Kitschmenschen.
Pero, si bien por un lado el kitsch es o puede ser denominado arte de mal gusto, por otro, nos retribuye con un ennoblecimiento de elementos que originalmente carecen de valor artístico.
Obviamente, el problema del kitsch se halla estrechamente vinculado al del arte popular, de masas, al propagado por los mass media, al arte pop que, ya sea en las artes visuales o en las musicales, adquiere, más que una importancia estética, cierta dimensión antropológica.
Movimientos pop
Existe una curiosa divergencia aparente entre el arte pop considerado como de minorías, de museos, y el arte pop -visual o musical- perteneciente a la cultura de masas. Lo que une a ambos, no obstante, es la introducción en el arte de elites de los elementos de consumo de masas. El mundo de las juke-box*, las pin-up*, las revistas ilustradas, las fotonovelas, los cantantes de música pop, los campeones deportivos, la publicidad, las superstars y la moda en el vestir se convierte en un conjunto de ¡conos utilizado por los artistas del llamado arte pop figurativo de la elite artística. Dice Giflo Dorfles: "
-Cómo no percatarse de que éstos son los «nuevos ¡conos» de nuestra sociedad, y que es esta iconología la que ha sustituido las aureolas de los santos y las banderas de los ejércitos? La famosa bandera estadounidense pintada «tal cual», pero «a mano», por Jasper Johns, constituye, por lo demás, la prueba".
Podemos hablar, con referencia a los movimientos pop, de un "buen gusto del mal gusto" característico de la época en Estados Unidos e importado después por Europa, del gusto de una determinada civilización cultural, de la que tales movimientos son uno de sus aspectos más importantes.
Consideraciones en torno a la época en que se originó el pop
La moda en los años cincuenta
La población estadounidense de los años cincuenta era una sociedad represiva de posguerra, pero que empezaba a recuperarse de las consecuencias bélicas para devenir en una sociedad de consumo. En estas condiciones de iniciación a la nueva sociedad, ligada aún a represiones, restricciones y falsedades, nacen los movimientos pop.
Era la época de Truman, de McCarthy con quien Nixon colaboraba- y de la caza de brujas que Arthur Miller reflejaría en su teatro. Epoca en que la Monroe se sentía insegura e indefensa ante una sociedad que la convertía en objeto sexual de consumo, sin posibilidades para desarrollar su personalidad fuera de este arquetipo. Grace Kelly se convertiría en la princesa de Mónaco, y miss Estados Unidos 1948, Be-Be Shop, coincidiendo con el Plan Marshall de ayuda a los países europeos, vendría a Europa a decir que los trajes de, baño franceses eran indecentes y que los "postizos" constituían una forma de engaño ilegitimo que las mujeres utilizaban para atraer falsamente a los hombres.
Los adolescentes de la época recuerdan un ambiente de tabúes y prohibiciones, de secretos y clandestinidades malsanas, de represiones y restricciones, de autoridad patriarcal y falsos respetos.
De la moda femenina de los años cincuenta recordamos georgette y gasas negras, telas brillantes plateadas o doradas, y lentejuelas; trajes estrechos que moldeaban un cuerpo falsificado con hombreras y postizos, sujetadores que oprimían el pecho configurándolo en formas antinaturales, faldas tubo a media pierna e incómodos zapatos con altos tacones aguja. La sociedad estadounidense caminaba hacia el risueño american way of life (estilo de vida típicamente americano) y, en su precipitada huida del demacrado rostro de la posguerra, trataba de integrarse en una sociedad consumiste.
Pero en los años cincuenta, los trajes, el estilo en el vestir, la moda, no eran aún el símbolo de la libertad como pretenderían ser en los sesenta, en la era de los blue-jeans (tejanos); la moda de los cincuenta era restrictiva, convencional, y aprisionaba en su intento de moldear los cuerpos a imagen de los mitos de la época.
Mitos
Los mitos eran las stars del cine, magnificadas en las vallas de los edificios en construcción; mujeres voluminosas que reunían el sex-appeal más obvio y elemental a una musculatura casi hombruna, y hombres primitivos de torso desnudo: Tarzán y Victor Mature, Marilyn Monroe y Jayne Mansfield.
Marilyn Monroe, cuyo verdadero nombre era Norma Jean Baker, y que murió en 1962, en la actualidad ha sido recuperada como mito sexual de la América de los cincuenta, como ejemplar arquetípico de la mujer estadounidense de la época que, a la vez, era un ser -como tantos- solitario, débil y atemorizado. Norma Jean Baker era un cuerpo incitante que olía a Chanel número 5, unos enormes senos, unas caderas cimbreantes, unos labios carnosos entreabiertos, una mirada provocativa. Su muerte, voluntariamente provocada, hizo interesarnos por su vida. Norma Jean estaba sola, tenía miedo, no se resignaba a, desempeñar tan sólo el papel de su cuerpo. Era guapa, rica, famosa, deseada y envidiada, pero en su vida, como en sus películas, sólo podía interpretar el papel de su cuerpo, de su sexo, de su objetividad. No estaba satisfecha, pero la sociedad de su época la obligaba a permanecer en su función de mujer objeto. "¿Quién mató a Norma Jean?" -cantaría años más tarde Bob Dylan. "La ciudad, la noche, el público, la gente, la madre, la prensa..." La muerte de Marilyn fue el ocaso de madame Bovary, de una época suave de sentimientos unívocos y fácilmente explicables. Marilyn es el símbolo de los años cincuenta, años de caza de brujas, de represión, de economía de posguerra, de inhibiciones y deseos inconfesados, del nacimiento de la sociedad de consumo y de la aparición de la cultura pop que magnificaría y elevaría a la categoría de arte todo lo anterior.
El cine y la música
Si tuviéramos que elegir una película que representara la década de los cincuenta, tal vez West Side Story podría ser su arquetipo. Comedias sonrosadamente sentimentales, besos al claro de luna, agresividad como juego, bandas de gángsters, policías y ladrones, música pegadiza. En West Side Story, la agresividad como estilo válido volvía en forma de brutalidad, como juego en las bandas de gángsters callejeros entre los que una pareja revivía cantando una imitación de Romeo y Julieta.
En la actualidad, los años cincuenta vuelven a estar de moda y el cine de nuestros días revive nuevamente este período. Una película de 1974 que mayormente los apoya es American Graffitti. Dirigida por john Lucas, sitúa unos jóvenes en la noche que precede a su ingreso en la universidad y explica el pavor que en ellos provoca la previsión de los múltiples posibles cambios por los que va a atravesar su vida desde ese momento, y sus escasas posibilidades en la rígidamente opresiva sociedad en que viven. Hamburguesas, drive-in*, rock'n roll, fiestas de teenagers, gasolineras, zapatos de tenis y camisetas de rugby, coches y juke-box...
La música de los juke-box -la que se oiría hasta la aparición del rock- era suave, cálida, sentimental, y se hallaba controlada por hombres de negocios sin ningún interés por cualquier tipo de cambio; sólo hacia la mitad de la década apareció el rock, lanzado por Bill Haley, I,ittle Richard y Elvis Presley, que hoy vuelven a estar de moda. A la música de ficción al estilo de Glenn Miller, al Only you de los Platters, sucedió el estallido de la música del rock'n roll, cuyos primeros precedentes se hallan tal vez en Johnnie Ray quien creaba una atmósfera de histeria maternal con sus canciones interrumpidas por sollozos convulsivos; pero la música no tenía aún nada de pop.
El exhibicionismo introducido por johnnie Ray, junto con la elaborada sentimentalidad del Country'n Western* y la fuerza primitiva y sexual del Rythm's Blues*, fueron los ingredientes que engendrarían la música pop. En abril de 1954, Bill Haley lanzó su Rock around the clock (Rock alrededor del reloj), del que se vendieron 15 millones de discos.
El Roll over Beethoven (Guarda a Beethoven) de Chuck Berry, pudiera haber sido el eslogan del rock. Las caderas de Elvis Presley moviéndose desenfrenada-mente nos enfrentan con algo físico: sexo. La ficción romántica al claro de Luna se acaba. -El rock'n roll es nuevo, ruidoso, repetitivo, agresivo, tiene la velocidad de james Brown, el dolor de Johnnie Ray, la energía de Little Richard, la sexualidad de Elvis Presley, la lírica incipiente de Chuck Berry... Diana fue quizás el arquetipo del disco pop: se vendieron 30 millones de discos en cinco años.
Todo sucedía en la década de los cincuenta.
El arte pop. Precedentes - Duchamp y Léger
En el dadaísmo de Duchamp y en Léger hallamos los primeros precedentes del arte pop. Se puede afirmar que cuando Marcel Duchamp puso bigotes a La Gioconda y Léger se interesó por el urbanismo de Chicago, el arte pop se hallaba ya en estado de gestación avanzada.
En efecto, aun cuando el arte pop deba su fuerza a la situación existente a principios de los años sesenta, es indudable que tanto Duchamp como Lèger contribuyeron en gran medida a crear un ambiente de opinión que permitiría el posterior desarrollo del pop. Los ready-made* de Duchamp en poco se diferenciarían de las denominadas más tarde pinturas pop o de los objetos de arte pop. En la pretendida ingenuidad "dadaísta", en su limpia mirada infantil hacia el mundo -irónica también, por cierto- hay mucho de esa finalidad del arte pop empeñado en desmitificar el concepto tradicional de obra de arte para, mirando a su alrededor con atención, convertir en algo artístico todo aquello que -por habitual en la vida cotidiana había parecido indigno hasta entonces. Por su parte, Lèger que, al igual que los dadaístas, ha sido generalmente considerado un "antiar-tista", manifestó insistentemente su interés por el aspecto de los ciudades estadounidenses y en particular por el de Chicago. Su comentario respecto a su película Le ballet mécanique, del año 1924, podría haberío sus-crito años mas tarde el mismo Warhol: "Aislar el objeto o una parte del objeto y mostrarlo sobre la pantalla en primer plano, al mayor tamaño posible. La ampliación gigantesca de un objeto o fragmento de objeto otorga al mismo una dimensión y perso-nalidad de las que antes carecía, convirtiéndolo en vehículo de una potencia lírica completamente nueva". Asimismo, podría también pertenecer al movimiento pop su afirmación de que "todos los días la industria fabrica objetos que tienen un indiscutible valor plástico. El espíritu de esos objetos domina nuestro siglo". En realidad, era una profecía del arte pop.
La confluencia de la concepción artística de Duchamp y la de Lèger prepararía el Clima que había de producirse hacia 1958, cuando las exposiciones de Rausc-henberg y Johns en Nueva York preludiarían ya de modo inmediato el arte pop.
La influencia de John Cage en el arte pop
Muchos críticos estadounidenses han designado a John Cage como el inventor del arte pop. Si bien la afirmación puede ser discutible, es evidente que tanto Rauschenberg como Johns estaban en íntimo contacto con Cage, a quien habían conocido en el Black Mountain College (California), en donde incluso habían participado en los primeros happenings* organizados por Cage y Allan Kaprow. La influencia de John Cage se ejerció a través de las conferencias organizadas, hacia 1952, en aquel College. La estética de Cage, derivada del arte Dadá y de la filosofía zen, contribuyó a abrir el panorama cultural y artístico estadounidense. Cage incitó a los artistas a borrar las fronteras entre el arte y la vida, atacando las opiniones preconcebidas sobre la función y la significación del arte y planteando preguntas como: "¿Puede afirmarse que el sonido de un piano en una escuela de música sea más musical que el de un camión que pasa por la calle?"
El realismo estadounidense y la identificación del pop · un neodadaísmo
Poco después, la Reuben Gallery, de Nueva York, se especializó en un "arte del desecho" que superaba al surrealismo por su contacto directo con la realidad industrial de las ciudades, que Lèger había comenzado a valorar. Allí se celebraron nuevos happenings en 1959 y 1960. Al año siguiente, la Galería Martha Jackson organizó dos exposiciones denominadas "Formas nuevas, medios nuevos" y "Entornos, situaciones, espacios", que divulgaron las obras de quienes más tarde serían considerados los maestros del arte pop. También en 1961 tuvo lugar la exposición "Arte de ensamblaje" en la que destacaban obras de Dine, Johns, Kineholz, M. Escobar y pinturas "combinadas" de Rauschenberg. La opinión del momento, respecto al arte pop, era identificarlo a un neodadaísmo. Sin embargo, dadaístas como Richter o Duchamp han negado tal relación. Es cierto que existe una similitud en el empleo del ready-made, del objet trouvé, de los fotomontajes, de los ensamblajes, etc. Pero por encima de las influencias reales aparecen diferencias significativas. En 1962, Duchamp decía: "En el neodadá emplean los ready-made para descubrir en ellos un «valor estético». Les lancé a la cara botellas y el orinal como una provocación y ahora los admiran como lo bello". Mientras Duchamp presentaba una desmitificación en forma de antifetiche contra el fetiche artístico tradicional, el pop instaura el "antifetiche" como valor en sí mismo, restando así fuerza al nihilismo dadaísta al mismo tiempo que demuestra mayor interés que los dadaístas por el arte en su sentido tradicional.
Pintura y arte pop
El pop no pretendía, como el dadaísmo, negar el arte, sino afirmar la calidad artística de la vulgaridad. - Los artistas pop ni siquiera se preocupaban por inventar imágenes o porque sus obras fueran originales. Warhol, al principio, pintaba a mano sus cuadros, luego empezó a utilizar la serigrafía comercial que le permitía confiar a otros la ejecución de sus obras.
Wesselmann utilizaba un carpintero para lograr un acabado industrial perfecto en sus construcciones, y Rosenquist empleaba técnicas de pintura industrial. La ejecución personal de la obra por parte del artista había perdido 'su relevancia. Sin embargo, el movimiento artístico fascinó rápidamente a los estadouni-denses cuya infancia se había visto alimentada por las mismas imágenes mentales: hot-dogs (perros calientes), pin-up, comics, latas de conservas, objetos en serie, enormes helados de fresa; imágenes desacreditadas tomadas de la cultura de masas, frías, a veces, de las que toda sátira social está ausente, o tal vez irónicas, que reflejan una falta de conciencia social.
Los artistas pop de Nueva York
El primer artista estadounidense que obtuvo gran prestigio en Europa, al serle concedido, en 1964, el -premio de pintura de la Éienal de Venecia, es Robert Rauschenberg, nacido en Texas, en 1925. Fijando obras tridimensionales sobre la superficie de sus telas, pretendía llenar literalmente el "foso que separa el arte de la vida". Estos objetos podían ser una cabra disecada, un neumático, una corbata, un aparato de radio, señales de circidación... En 1953, Rauschenberg compró un dibujo de De Kooning que borró y expuso con el título de De Kooning borrado por Rauschenberg. Otro elemento típico de Rauschenberg era el transporte de fotografías de prensa a la tela tratadas con un "frotamiento" a base de un bolígrafo sin tinta, pero cuando Warhol empezó a usar la serigrafía, Rauschenberg adoptó también este procedimiento de reproducción.
Jim Dine y Claes Oldenburg desarrollaron su arte en la atmósfera de los happenings de Cage y Kaprow, y así como Pollock había incorporado trozos de vidrio y pedazos de espejo a sus cuadros, Dine y Oldenburg incorporaron a sus obras los desechos de la sociedad de consumo. Nacido en 1929, Oldenburg realizó su primera exposición en 1959, a la que tituló La calle, debido a tratarse de un environment ambientación. En ella mostraba el modernismo y la vulgaridad de las ciudades estadounidenses en forma de objetos de yeso pintados de colores brillantes. "En vez de pintar objetos, los hago palpables, sustituyo los ojos por los dedos", dice Oldenburg.
Jim Dine, nació en Cincinnati, en 1935. Su primera exposición tuvo lugar en Nueva York, en 1959, simultánea mente a La calle de Oldenburg, y se denominó La casa. Sus obras tienen el intimismo frío e impersonal de las casas desalquiladas en donde los objetos organizan su espacio nuevo todavía virgen y capaz de cobijar la vida cotidiana. El tema de Dine es el mundo extraño de los objetos en ausencia del hombre. Lichtenstein y Rosenquist, a diferencia de Oldenburg y Rauschenberg, colocarán sus imágenes de gran tamaño sobre una superficie plana, como si se tratara de un primer plano cinematográfico.
Son característicos de Lichtenstein, nacido en 1923 en Nueva York, sus composiciones salidas directamente de las viñetas de los comics. En ellas se leen frases dramáticas que nunca comprenderemos, puesto que corresponden en cierto modo a un momento de una película de la e sólo vemos un instante-. Lichtenstein propone ante todo desalentar los modos tradicionales de exploración de la imagen. Al utilizar los comics con su técnica gráfica aumentada, nos permite comprobar que no se trata de seres ni de objetos reales, sino de mitos sociales. El rostro en éxtasis de la muchacha de Cubierta de un barco no se refiere a una mujer real, sino al estereotipo social sostenido por las imágenes populares de los comics. El objeto real, mediatizado por los estereotipos, deja de existir porque a Lichtenstein sólo le interesa -corno si de un cuadro abstracto se tratara- el lenguaje visual, no el contenido reflejado por la imagen.
Jean Rosenquist, nacido en Dakota, en 1933, empezó como pintor publicitario callejero, lo cual le hizo comprender las posibilidades que las grandes dimensiones ofrecían a la pintura. La pintura es, probablemente, más apasionante que la publicidad. ¿Por qué no ejecutarla con el mismo brío y la misma fuerza?, se dijo. A Rosenquist, el simbolismo de las imágenes no le interesa; sus obras se componen de fragmentos de objetos yuxtapuestos que no se relacionan entre sí y actúan directamente sobre el espectador. Su F-111 llenaba un espacio de 26 metros de longitud. La obra de Rosenquist es un ejemplo de la magnificación de la pintura en su sentido más literal.
Andy Warhol
Capítulo aparte merece la última gran figura del arte pop neoyorquino, Andy Warhol, quien, nacido en Filadelfia, en 1930, comenzó su carrera haciendo publicidad para una industria de calzado; ilustró tarjetas postales y decoró vidrieras. Sus primeras exposiciones individuales tuvieron lugar en 1962. Su personalidad es sumamente compleja y polifacético, y podemos afirmar que él mismo es su principal "obra de arte".
Entre sus obras destacan: la enorme amplificación de una lata de sopa Campbell, los almohadones plateados flotando en el espacio de una habitación o de un escenario en el que baila Merce Cunninham, o la serie de serigrafías titulada Muerte y desastre, una de las más vigorosas ilustraciones de la vida EEUU. en la pintura reciente. Utilizando fotografías de prensa contemporáneas repetidas múlti ples veces en la misma superficie, Warhol ha descrito fríamente el mecanismo de deshumanización que practican los modernos medios de comunicación de ma-sas. Como él mismo ha dicho: "Cuando vemos varias veces seguidas una fotogra fía macabra, acaba por no hacernos ningún efecto". En su iconografía, además de la sopa Campbell y los estropajos Brillo, figura una serie de rostros repetidos de Marilyn Monroe, de Jackie Kennedy y, a partir de 1972, de Mao Tse-tung.
Pero, además de su vertiente artística en el arte pop y de la cinematográfica que trataremos más adelante, lo que destaca por encima de todo en Warhol es el show que ha organizado de su persona. En el ambiente de los sesenta, en Nueva York, la Factory o "taller" de Andy Warhol era el local de moda. La Factory reunía el beautiful people o elite sofisticado, cuyo centro lo ocupaba la palidez de Andy Warhol. Amigos, amantes, relaciones más superficiales, superstars, coleccionistas de arte, modelos, críticos, intelectuales... Viva, Gerald Malanga, Ondine, Billy Linich... Constituía un conjunto de minorías satánicas de una clase ociosa decadente y de fascinantes y teatrales exhibiciones de sexualidad, como una sociedad contemplada a través de espejos deformados. Ahora, la Factory de la calle 47 ha desaparecido y el "local" Warhol está en el cuarto piso de un edificio de Union Square. Las parties* para la flor y nata de la sociedad continúan, el ambiente que en ellas se respira es la mística de la star, la obsesión necrófila por los mitos, la vida convertida en un show permanente. Andy Warhol no es la persona, sino el fenómeno Andy Warhol. Sin embargo, desde 1968 algo cambió. Valerie Solanas, cabeza visible del grupo feminista SCUM*, entró un día en el cuarto piso de Union Square, disparó contra Warhol y le hirió gravemente. Este no murió, pero el fenómeno Andy Warhol quedó más perfila-do como ejemplo del antihéroe.' El artista pop dijo: "No sé si estoy vivo o muerto. Antes no tenía miedo y habiendo muerto ya una vez no debería tenerlo ahora, pero sin saber por qué, tengo miedo".
Andy Warhol es, sin duda, uno de los mitos del pop... o tal vez su antihéroe, y su arte pop ha sido trascendido por el entorno mítico creado alrededor de su persona, de su núcleo, de su círculo.
El arte pop en California
La costa oeste americana, de características propias y muy diferenciadas del Este estadounidense, ha desarrollado una escuela propia de arte pop. En California se encuentran multitud de temas típicamente pop: gigantescos mercados de frutas; el mundo de Hollywood; Los Angeles, con sus coches de carrocerías excéntricas y sus colores "bombón", y Las Vegas, ciudad pop por excelencia y, por otra parte, la sede de los poetas beat* que serían los profetas de la cultura hippy relacionada con el mundo pop, especialmente en su vertiente musical. Entre los artistas del pop en California cabe destacar a Edward Kienholz y a Mel Ramos.
Edward Kienholz puede ser considerado un artista protopop, puesto que en 1955 ya realizaba obras en las que yuxtaponía objetos sórdidos, de los que se desprendía una emoción acusadora de las perturbaciones morales que supone la vida contemporánea en las grandes ciudades. Sus obras más importantes son enormes construcciones con personajes de bulto, de tamaño natural, y mobiliario y accesorios reales, con los que crea ambientes de fuerza obsesiva. Una de sus obras más famosas es el Roxy, descripción minuciosa de un prostíbulo de 1943, con un retrato de McArthur en la pared, poblado por "pensionistas" decrépitas y una patrona que tiene una calavera en el lugar de la cabeza. Kienholz ha reflejado todos los lugares comunes norteamericanos: el coche, utilizado como lugar de citas amorosas, tal El asiento trasero del Dodge 38; el sentimiento patriótico, como en El memorial de guerra portátil; los abortos clandestinos, etc.
Mel Ramos vive en Sacramento y pinta al óleo cuadros en los que representa a los héroes de los comics con la intención de gloúificarlos. Pinta también con realismo fotográfico a las Pin -up de los calendarios u otras figuras publicitarias, acompañadas de ampliaciones de marcas y productos comerciales famosos.
El arte pop en Europa
El arte pop nació a la vez en Gran Bretaña y en Nueva York. El cuadro del pintor británico Richard Hamilton, de 1956, titulado ¿Qué es lo que hace que los hogares de hay sean tan diferentes, tan agradables?, apoyaría la tesis del nacimiento del arte pop en Gran Bretaña. Esta obra es un collage fotográfico en el que se ve una habitación con los elementos típicos de la iconografía pop -televisor, tocadiscos, poster de comic ampliado- y en la que evolucionan un atleta de gimnasio y una pin-up. En su técnica, Hamilton mezcla el pincel -ya sea al óleo o al plástico- y el collage fotográfico, sobre soportes diferentes, desde la tela a la plancha de aluminio.
Otro pintor pop británico es Phillips, nacido en 1939 en Birmingham. Su obra, con alusiones a figuras eróticas de revistas baratas, forma extraños rompecabezas de objetos y fragmentos de éstos ligados entre sí por una rara lógica interna: aparatos eléctricos de juego, como "el millón" o el ping-pong de bar, luces de neón, marcas comerciales, piezas de coches, etc.
Finalmente, Allen Jones que nació en Inglaterra y vive en Londres, se puede considerar en cierto modo perteneciente también a los artistas del pop americano, puesto que residió largo tiempo en Nueva York y California. Pinta principalmente personajes femeninos a quienes muestra sobre todo fragmentariamente iluminados por colores ácidos y planos.
Aunque el arte pop sea un fenómeno anglosajón hay que tener en cuenta a diversos artistas de la Europa continental. Destaca entre ellos el grupo formado en París, en 1960, constituido por Raysse y Spoerri, y bautizado por el primero con el nombre de Nuevos Realistas. En sus primeras manifestaciones reivindicaron la herencia del dadaísmo y del surrealismo. Mientras su sentido del humor, áspero y amargo, los acerca al primero, el tratamiento de los objetos y su erotismo incisivo los aproxima al segundo. En este grupo se observan, también, ciertas influencias extrapictóricas, como las del nouveau roman, y las del cine de Alain Resnais y Michelangelo Antonioni. Spoerri, además, estudia las leyes del azar que dirigen el funcionamiento del mundo real, lo que le aproxima a los músicos contemporáneos que utilizan el cálculo aleatorio.
Fahistróm, de origen sueco, pero nacido en Sáo Paulo en 1928, une a los artistas estadounidenses con los del Nuevo ReaIismo. Su obra consiste, básicamente, en "pinturas variables" en cuya superficie están clava-das figuras e imágenes que pueden ser manipuladas por el espectador, para formar gran número de combina ciones. Intenta así que los elementos aislados no sean pinturas, sino mecanismos para pinturas, órganos de la pintura.
La Escuela alemana de Vostell y Schultz contiene un sentido crítico social e, incluso, a veces político que la diferencia de la atmósfera cool* del arte pop estadounidense. Vostell ha formado parte del grupo Décollage y ha organizado numerosos happenings. Gran parte de su obra consiste en superficies de carteles medio desga rrados que dejan ver trozos de otros pegados debajo; a esta técnica se la denomina décollage, en oposición al collage, que pega cuidadosamente sin desgarrar.
Entre los artistas italianos tal vez el más personal, dentro de una concepción amplia del pop, sea Valerio Adami. Trabajó en Londres y París y, hacia 1965, estuvo en Nueva York, hospedándose en el célebre hotel Chelsea, del Greenwich Village, donde expuso una serie de "momentos reales inmovilizados". En la actualidad, vive junto al lago de Como y desarrolla una obra narrativa influida por los comics, en la que intenta utilizar el vocabulario claro y preciso del arte publicitario. El clima de sus obras sugiere un surrealismo obtenido por procedimientos técnicos nuevos derivados de los comics y de la publicidad.
Para terminar esta exposición sobre el arte pop cabe citar una lista de adjetivos que según Richard Hamilton van ligados al término pop:
Popular (diseño para una audiencia de masas).
De transición (o- de solución a corto plazo).
Consumíble (fácil de olvidar).
De bajo coste.
Producido en masa.
joven (amado por la juventud).
Ingenioso.
Sexy.
Chistoso.
Lleno de glamour.
Algunos de estos adjetivos, unidos al término pop, pueden ser discutibles. En abril de 1974, el Whitney Museum, de Manha ttan, organizó una retrospectiva del pop de sugerencias nostálgicas. Las teorizaciones acerca de la democratización que el pop significaba dentro de la experiencia artística y sobre la unión en él de los conceptos de arte y vida, podrán quedar reducidas a un hecho objetivo: en el momento de esta exposición, una obra de Lichtenstein se valoró en 50.000 dólares.
El pop en la sociedad de consumo - El entorno
¿Nos damos cuenta de la importancia de las hamburguesas en la civilización, del bocadillo adquirido en un bar y que se come en la calle o en un rincón de la oficina?
¿Qué sería de la industria estadounidense sin la simplificación, unificación y masificación de la comida? ¿Cómo sería nuestro mundo sin masificación?
Evidentemente que, muy distinto a como es.
La industrialización y el desarrollo económico nos han masificado, especializado y fragmentado' El proceso industrial y el aparato burocrático producen una especialización, y fragmentación del individuo y la comunidad, cierta esquizofrenia que separa el intelecto y la acción de la emoción. El proceso industrial crea la sociedad de consumo, ésta crea la publicidad, la cual, a su vez, se convierte en arte, ¿arte pop ?
Hemos visto ya cómo el artista renuncia a un lenguaje especial y usa el de su alrededor. Oldenburg pinta hamburguesas gigantescas. Rosenquist, salchichones, y Johns pinta banderas estadounidenses. El arte pop, como la publicidad, emplea la cantidad, le repetición, el tamaño."¿Cómo librarse de el? ", se preguntará lonesco.
¿Están destinadas a su destrucción las obras de arte? ¿Desaparece el feudalismo artístico, el lenguaje es-pecial, la duración de la obra, el arte? Tal vez. depende de lo que uno entienda por arte de consumo; el consumo es el eje que mueve nuestra cultura.
En la sociedad de masas, la libertad y la identidad individuales se ven amenazadas. Culturalmente, los individuos están obligados a aceptar la producción en masa de la tecnología moderna; la felicidad suele provenir de la identificación del hombre con los bienes de consumo. El arte se convierte en un objeto comercial, la calidad se subordina a la cantidad, el contenido y el genio a la técnica.
El edificio más alto, la ciudad más grande, el libro más vendido, la mayor orquesta, la persona más rica: mayor, grande, alto, máximo, superlativo, se convierten en los adjetivos característicos de la sociedad de masas.
La maja de Goya y el Hermes de Praxíteles decoran los envoltorios de miles de millones de pastillas de jabón; los museos del mundo se dan cita en la galería de estatuas de Cæsar's Palace, de Las Vegas.
Antes, la música, el teatro, la pintura, la poesía, eran sólo asequibles a las minorías que asistían a las salas de espectáculos; ahora son asequibles a todo el mundo en forma de discos, ediciones y reproducciones baratas. La sociedad de masas produce la cultura masificada. La cultura pop, ¿es el arte de las masas? Todas hacen arte, todo es arte. ¿Desaparece éste? ¿Lo es la vida? ¿Cómo se separa el arte de la publicidad y del objeto de consumo? No se separa. ¿Es el automóvil una obra de arte? ¿Se puede comparar la importancia de Playboy a la que tuvieron en su día los libros de caballería o las novelas por entregas?
Playboy y pornografía. Separación del sexo y del amor. Carol Doda, Ivonne d'Angers y las inyecciones de silicona crearon el topless*. En el Broadway de San Francisco, el topless experimentó variantes y ampliaciones: bottomless* y all nude; en el Soho de Londres, y en Pigalle, en París, se ven espectáculos de non-stop strip-tease; en Amsterdam, Copenhague y Estocolmo la perversión sexual deviene espectáculo... "Nos visten a nosotros -dice McLuhan-; los espectadores del topless nos convertimos en extensiones de la piel de las chicas desnudas". Como afirma McLuhan en su libro la Novia mecánica, asistimos a la unión matrimonial del sexo y de la tecnología.
Según este autor, la imprenta desarrolló el sentido de la vista en perjuicio de los demás, y condujo a la separación de sentidos, funciones y emociones. Pero ahora estamos saliendo de la era visual para entrar en la era oral y táctil de la televisión. 'La era del topless, del arte pop, de los enormes anuncios publicitarios del Sunset Strip de Los Angeles, del Strip de Las Vegas: monumentos a la cultura pop de la repetición, de la cantidad, del tamaño y de la luz.
Los Angeles y Las Vegas, ciudades pop - Dísneyiandia, ciudad "kitsch"
Los Angeles es quizá la ciudad norteamericana por excelencia, el prototipo de la civilización de consumo, de la cultura del automóvil. En ella cabe todo el mundo, se acepta todo. Es la mezcla perfecta del Rolls Royce y de los hippies, de Frank Sinatra y de los Rolling Stones, de barrios como Beverly Hills, con residencias de artistas y millonarios famosos, y de ghettos* de negros y marginados. Todo ello unido y separado a la vez por interminables autopistas que recorren los 100 kiló metros de longitud de la ciudad. En el Sunset Strip de Los Angeles se mueve la generación de dieciséis a veinticinco años. ¿Fragmentación? ¿Separación? ¿Clasificación? Se acepta todo, pero hay que clasificarlo. Estratos de California: teenagers, "menores de veinticinco años", "no te fíes de nadie mayor de treinta años". La discoteca lt's Boss no admite a nadie mayor de veinticinco años. En el bloque de apartamentos SheriPlaza, de Hollywood, sólo vive gente de veinte a treinta años de edad. También hay apartamentos sólo para mayores de cincuenta años, para casados sin niños, para casados con niños pequeños, O para cualquier otro tipo de clasificación.
Los problemas reales se relacionan con el ambiente que los rodea y el futuro del nuestro depende de cómo resolvamos nuestros verdaderos problemas. ¿Vivir en Los Angeles, ciudad-autopista? ¿O en Nueva York, ciudad-rascacielos?
En la actualidad, nuestro escenario cultural puede ser el de Los Angeles, el de Las Vegas: escenario de luz, color, tamaño, magnitud. Uno de los profetas de esta cultura es McLuhan. ¿Fue alguna vez tan importante la comunicación televisiva, radiofónica, telefónica, cinematográfica, fotográfica, electrónica?
El hombre es atacado desde todas direcciones, a través de sus sentidos: ve, huele, oye, toca y saborea por el mero hecho de existir y sin intervención de la voluntad. Se podría decir que existe, luego siente. Está en el ambiente, en un ambiente hecho de toda clase de sistemas que nos transmiten mensajes y nos informan. Recibimos la información por medio de signos, los cuales, por medio de formas distintas, guían nuestro comportamiento. Hablar de signos es hablar de Las Vegas.
Las Vegas es The Strip, una línea de seis millas de luz multicolor en el desierto, en la carretera 91 de Estados Unidos, visible a varias millas de distancia. Este es un sitio por donde se pasa. Es la subcultura de la máxima movilidad. El movimiento es lo que importa, no el tiempo. La gente no anda de un casino a otro: conduce. Esto se debe a las características especiales de The Strip. Los vastos espacios entre hoteles piden gigantescos anuncios luminosos que los unan; los edificios de dos o tres pisos - La silueta de Las Vegas carece de árboles y de edificios: sólo tiene anuncios publicitarios, signos, torres de signos, montañas de estos, que se mueven, oscilan y cambian de forma. Los propietarios de hoteles, moteles, casinos, gasolineras, restaurantes y snacks no compran un anuncio que se adapte al edificio, sino que construyen un edificio adecuado para el mayor signo que puedan pagar. En Las Vegas hay bares en forma de paleta de pintor, piscinas como conchas, techos levadizos; todas las formas y colores se dan cita en esta ciudad. Es un nuevo mundo, sumergido e invisible durante siglos, que -reluciente, brillante, deslumbrante, resplandeciente, eléctrico y fantástico- ha emergido de las profundidades del plástico y el neón. Cada signo tiene un propósito y un mensaje a transmitir, es más que un mero anuncio luminoso: es un conglomerado de color, forma, diseño y movimiento que ejerce su función, informa, organiza y persuade. El público que va a Las Vegas pretende sumergirse en un mundo epicúreo, de placer, de juego. La vida también es juego, pasar del mundo cotidiano a otro de placeres interminables. Cada estilo sugiere un estado de ánimo. En Las Vegas se sustituye el buen gusto por el tamaño y la acción, la calidad por la cantidad. Signos que suben hasta el cielo. A cada lado del hotel Flamingo aparecen dos cilindros rosa de o-cho pisos cubiertos de anillos de neón en forma de burbujas de champaña rosado. El rótulo del Stardust nun ca está quieto: es el símbolo de la acción en su interior. El Cæsar's Palace, donde los museos del mundo se dan cita, nos ofrece reproducciones de la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, el David de Miguel Angel y quince famosas esculturas más por el módico precio de 60 dólares. Circus es la estimulación máxima, con sus hileras de fuentes y su carrusel de caballos que anuncian las atracciones del interior de esta cúpula de placer. Al acercarnos al edificio vemos el techo a rayas, rosa y blanco, iluminado por múltiples paneles de luz. Dejamos el coche para entrar en un vestíbulo de cristal, cuajado de espejos, de puertas enormes. Pero el espacio es oscuro e inagotable, como en Altarnira y Lascaux, donde el tiempo y el espacio no parecen tener límites.
En Las Vegas se pierde la noción del tiempo; allí debería ser siempre de noche. De día, la ciudad palidece y se adormece. Un arquitecto de California, Michael Christiano, proponía construir un enorme túnel que cubriera las seis millas de Strip, transformándolo en una estructura semicilíndrica dentro de la cual siempre hubiera luz, luz brillante, resplandeciente, centelleante, burbujeante. En nuestros oídos suenan miles de máquinas tragaperras que captan la atención de cuantos están en Las Vegas. En las mesas de juego parecen revivir escenas de los años treinta de The Untouchables (Los intocables) o de películas de Humphrey Bogart Quienes pasean por esta ciudad incluyen desde el mundo del Rolls Royce al de los pantalones tejanos. Ser nuevo rico no está mal visto en Las Vegas. Así como para la inauguración del casino de Montecarlo, en 1877, Sarah Bernard leyó un poema simbolista, para la inauguración de Las Vegas, en 1946, se alquiló a los cómicos Abbot y Costello. Esta es toda la diferencia. Las Vegas es la ciudad del pop, con su ironía, su vulgaridad, su repetición, sus grandes dimensiones, con todos los elementos de la cultura pop.
Estos mismos elementos, íntimamente entroncados con la dimensión estética de lo kitsch, (Cursilería, exageración que pa-sa a ser ostentación vacía, pomposo, excesivamente “Barroco”), los hallamos también en California, en Disneylandia, en esa ciudad de cartón piedra, imitación también del placer, donde a 100 millas de Los Angeles y por 10, 20 ó 30 dólares se puede vivir un día de ingenua Ficción.
Disneylandia lo reúne todo: desde la montaña con el pico del Cervino donde los yippies* colocaron simbólica-mente la bandera de la libertad, el cual es asequible en locas vagonetas conseguidas tras largas horas de cola, hasta un "viaje espa cial a la Luna", de sensaciones hábilmente simuladas, sin movemos de una buta-ca balanceante desde la que contemplamos extrañas y veloces proyecciones.
También podemos "sentir" nuestra reducción a molécula cristalizada, o penetrar en el blanco castillo -con aspecto de tarta de nata- donde nos espera la magia de las hadas, o viajar por el Missouri, luchar con los indios, pasear oyendo jazz por Nueva Orleans, percibir la jungla o descubrir América.
Las marcas de productos fotográficos se han ocupado de señalar los puntos exactos desde donde nuestras cámaras podrán eternizar este día de placer infinito. A nuestro alrededor, mezclados con las masas apretujadas que permanecen en las co-las interminables que les darán acceso a las atracciones, se pasean los héroes de Walt Disney, el más típicamente america-no de los dibujantes de comics. También los yippies intentaron liberar a Mickey Mouse, pero éste continúa paseándose junto a Goofy, tío Gilito, el Pato Donald y sus sobrinos, Daisy, Blancanieves y los siete enanitos, y los tres cerditos y el lobo. Para descansar y reparar fuerzas, Dísneylandia está llena de puestos de Coca-Cola, de hamburguesas, de perros calientes y de enormes helados de fresa o banana-split. A la salida, nos perderemos en un inmenso hangar de coches adecuadamen te señalizado y dividido en múltiples cuadrículas para, que podamos hallar nuestro vehículo que nos llevará a la autopista de Los Ángeles. Saldremos de la ficción del kitsch para sumergirnos nuevamente en la realidad.
La moda: 'El consumismo y Peter Max - Chelsea y Mary Quant.
El antígregarismo "hippy"
Peter Max, creador neoyorquino, une el arte pop y la sociedad de consumo a la moda. Después de que el arte pop introdujera elementos vulgares en el arte, Peter Max llevaría aquél a los objetos y, en un ansia de redecorar el mundo, lo cubriría de paraguas, sartenes, toallas, almohadones, jerseys, medías, corbatas, relojes, platos, vasos, cortinas y Posters con estrellas, flores y plantas, ángeles y visiones cósmicas. Es la imagen de la simetría y la repetición que utiliza asimismo Warhol; un arte al alcance de la sociedad y a su nivel; arte, además, que puede ser producido por alguien distinto de su creador. En la entrada de una de sus exposiciones celebrada en San Francisco, en 1970, podía leerse una nota en la que Peter Max reconocía que gran parte de su arte era posible debido a la producción en masa, y agradecía la colaboración de una serie de empresas norteamericanas. Los jerseys, foulards, camisetas y trajes de Peter Max invadieron en su momento las boutiques del mundo, Su estilo nos recordaba a la vez la película sobre The Beatles The yellow submarine (El submarino amarillo) y los modelos de Mary Quant.
Según Rubert de Ventós, la moda en nuestros días se ha convertido en estilo, puesto que responde a la necesidad de expresar una nueva perspectiva o contenido de la realidad cultural y social.
En efecto, en la actualidad, en vez de reflejar la diferencia entre las diversas clases sociales económicas, la moda se ha masificado y vulgarizado, y, al mismo tiempo que se incluye dentro de una determinada categoría artística, es reflejo de una concepción de la vida íntimamente conectada con la cultura pop y la filosofía hippy. La moda hippy y la pop se hacen ase-quibles a todo el mundo; ellas constituyen una industria producto de consumo, y luchan en un intento de poner "la imagi-nación en el poder" contra el gregarismo del traje gris y la corbata a rayas, característicamente simbólicos de la sociedad tradicional.
En los hippies de California se revela un gusto por lo extravagante. Son múltiples los lugares donde, por muy poco dinero, pueden adquiriese vestidos de la época de nuestros abuelos y bisabuelos, y vieja indumentaria de marinos y mili tares. Por las calles de los barrios típica mente hippies se ven los seres más diversos, desde el joven vestido a la federica a la chica con traje de mafia transparente y sin ropa interior, pasando por la túnica romana, el sari indio o el hábito religioso.
En Londres, si bien no hay quizá tanta extravagancia, la sofisticación es mayor. Es el imperio creado por Mary Quant, el estilo de Chelsea. Tal vez la minifalda, ideada por Mary Quant, sea uno de los símbolos más significativos de la cultura pop.
Mary Quant abrió su Bazaar del barrio de Chelsea en 1955, pero su impacto no se notó hasta la década de los sesenta. Decía: "Los beautiful people son anarquistas no violentos y constructivos. Comenzarán a romper con las costumbres tradicionales, pero lo que me preocupa es su manera de vestir".
Mary Quant impuso la minifalda, pero lo que impulsó más fue la inconvencionalidad, las actitudes permisivas; lo que descubrió fue la poca importancia que tenía la edad e, incluso, la belleza oficial. "La moda -continúa diciendo- debe hacerse para la época en que se vive, no para la edad de la gente. El rostro tiene muy poco que ver con la moda; los jóvenes son la gente para quienes no importa la edad. Sólo se es viejo cuando se deja de estar interesado por lo nuevo."
"El cuerpo es algo redondo. ¿Por qué hacemos vestidos con tejidos planos? Deberían ser de plástico hinchado como se infla el cristal. ¿Por qué los zapatos no pueden ser de plástico transparente? Los vestidos deberían ser como algo que nos envuelve..."
I\Ilary Quant, además de la minifalda, ha introducido el plástico -que luego usó también Courriges-, el metal -que también utiliza Rabanne-, los maquillajes exagerados que no tienden a imitar la belleza de un rostro sano, sino que simplemente lo decoran alegremente y que pronto serían también famosos a través de la firma Biba, asimismo de Chelsea. Mary Quant, que en la actualidad tiene 40 años, es una "jovencita", pequeña y dinámica, que concentra todas las tendencias de la moda de los sesenta: inconvencionalidad, arte pop, consumo de masas, distinta concepción de lo joven...
La importancia de la moda es un fenómeno propio de una sociedad de consumo. En nuestros días, la sociología de la moda ha adquirido una dimensión artística. En 1974 se han celebrado varias exposiciones artísticas como la de Londres, en el Kensington Palace, el antiguo palacio real victorioso: El Londres de Mary Quant, y la aparentemente insólita de Nueva York, en su museo más importante, el Metropolitan Museum of Art, junto a la cerámica griega, las esculturas hindúes, la pintura renacentista, el arte abstracto: The tens, the twenties, the thirties... Inventive Clothes. (Los años 10, 20, 30... Trajes creativos). Es que la moda, en nuestra cultura de masas, en la cultura del pop, ha adquirido una nueva dimensión y, formando parte del entorno, ha devenido una manifestación artística y cultural.
Literatura, cine y teatro pop - Literatura de la imagen
La literatura pop es la literatura de la imagen, el comic y la fotonovela. Nuestra economía de consumo ha producido una erosión de la imagen e, incluso, los posters políticos utilizan las técnicas de la publicidad para anunciar consignas o figuras políticas. Por otra parte, los artistas pop habían puesto ya de manifiesto la ineficacia de la imagen artística tradicional. La imagen gráfica se sale de la pared para ocupar el espacio; Lichtenstein hace enormes viñetas de comics, los cuales, sacados de su contexto inicial, se convierten en una forma literaria de la cultura pop en la que la letra deja gran parte de sus privilegios a la imagen.
La literatura de Tom Wolfe
Dentro del mundo de la literatura pop, pero completamente lejos del que se refiere a la imagen, cabe señalar al creador de un nuevo estilo periodístico a quien podríamos calificar de cronista de la cultura pop: nos referimos a Tom Wolfe. Los títulos de sus libros hablan por sí solos: The Kandy-Kolored, Tangerine Flake, Stream line Baby, cuya traducción sonaría a algo así como El coche colorado de color caramelo de gato de mandarina que corre locamente por ahí o El coqueto aerodínámico rock'n rol color caramelo de ron, que viene a ser lo mismo. Otros títulos son: The Electric Kool-Aid Acid Test y The Pump House Gang. Su temática abarca todos los temas pop de la época, desde el frenesí automovilístico a los senos de la figura californiana de la topless Carol Doda paseando por Las Vegas, el LSD, los "melenudos", los comics, la música y los mitos pop, y, en general, toda la iconografía propia de esta tendencia. La particularidad de Tom Wolfe es que, si bien no utiliza imágenes en su literatura, su sintaxis, más que dirigirse a una comprensión racional de lo que trata de narrarnos, se dirige a la percepción sensorial reflejada con toda clase de distorsiones, onomatopeyas, estilo fragmentado, sincopado y entre-cortado. Tal vez pudiéramos decir que se trata de una crónica impresionista de la cultura pop, o de imágenes repetitivas, trasladadas a un lenguaje distorsionado, de esta cultura.
Elementos pop en el cine
Al considerar el cine o el teatro como elementos integrantes de los movimientos pop, debemos hacerlo ateniéndonos a las circunstancias que los llevan a formar parte de los mismos, puesto que el término pop no se aplica generalmente como adjetivo que acompañe a los sustantivos cine o teatro, y raramente oiremos hablar de cine o teatro pop
Aunque Hollywood y la industria cinematográfica sean fenómenos propios de la cultura de masas y, el cine, un arte mayoritario, no, podemos afirmar que los productos cinematográficos salidos de Hollywood pertenezcan al mundo del pop. Aunque Marilyn Monroe, jayne Mansfield, Humphrey Boggart, Victor Mature y otros muchos actores de cine hayan sido calificados como mitos del cine pop.
Los elementos pop en el cine hay que buscarlos, de una parte, en la influencia que el arte pop ha ejercido en el comúnmente denominado cine underground*, que nos lleva a hallar personalidades que sobresalen tanto en el mundo del arte pop como en et. del cine underground, y de otra parte, en la existencia de filmes formal-mente basados en el comic, es decir, dibujos animados cuyo contenido ideológico se basa en la contra-cultura ligada al pop, y el arquetipo de los cuales pudiera ser El submarino amarillo.
Esta película es al mismo tiempo un relato para niños y un viaje psicodélico; sus imágenes caleidoscópicas producen un efecto psíquico liberador y su contenido reúne todos los símbolos, mitos y arquetipos del mundo fantástico-real de The Beatles. Es la historia de Pepperland (Pimientalandia), un país feliz lleno de flores, colores y música, donde la gente disfruta apaciblemente de su bienestar, pero que es invadido por los blue mea-nies (personajes de cerebro chato – Blue meanies: mentes-tristes), invasores representantes del miedo y la muerte, quienes mediante la violencia convierten Pepperland en un lugar literalmente gris (triste). El Sargento Pepper huye en el submarino amarillo y viene a nuestro mundo -tan gris como su paraíso perdido- a buscar a The Beades, los cuales, con su música, transformarán a los blue meanies en seres bondadosos y apacibles, y convertirán de nuevo Pepperland en un paraíso. La filosofía de la película es la filosofia hippy; su forma, la de los más maravillosos comics imaginables, y su música, la música pop por excelencia, la de The Beatles. De ahí que El submarino amarillo sea tal vez la única película que, de modo inmediato, se pueda denominar pop.
En cuanto al cine underground, uno de los elementos que lo vincula a los movimientos pop es que sus cine-astas le reconozcan los orígenes en Le ballet mécanique (El ballet mecánico) de Fedinand Léger y en Marcel Du-champ, prede-cesores del arte pop. El hecho de que Andy Warhol sea una de las principales personalidades tanto del arte pop como del cine underground establece un nuevo vínculo.
En su definición más general, un filme underground es uno realizado esencialmente por un solo individuo que trata de ofrecer a través de él una opinión personal, que es exhibida al margen de los circuitos comerciales normales, está hecha con muy poco dinero y difiere radicalmente en la forma, técnica y contenido del cine comercial. Ante la gran cantidad de películas de este tipo realizadas por infinitos directores, nos limitaremos a comentar brevemente el cine de Andy Warhol, Kenneth Angers, Jonas Mekas y Jordan Belson.
Andy Warhol, tras una etapa en la que trabajó como ilustrador de modas, se convirtió en artista del pop y, en 1963, compró una máquina de filmar y empezó su carrera cinematográfica. Su obra fílmica se divide en cinco etapas.
- En la primera pretende demostrar la cualidad cinematográfica capaz de manifestar el paso del tiempo y consta de películas como Empire, en la que, manteniendo la cámara fija, nos muestra el transcurso de ocho horas del edificio neoyorquino Empire State, y Sleep, donde el mismo proceso ocurre con un hombre que duerme.
- En su segunda etapa se hallan algunas películas con guión de Ronald Tavel, como Horse, Vinyl, Screen Test y The Life of Juanita Castro, en donde con algo más de movimiento -pero muy lento aún- o con cámara fija, intenta utilizar sus películas como un modo de atormentar intelectualmente a los espectadores, haciéndoles formar una nueva concepción del arte.
- La tercera etapa, aún con cámara fija, tiene influencias del cinéma-verité francés y consta de filmes como Beauty number two, confusa historia seudosexual, Prisoni Poor Little Rich Girl, MY Hustle-r y The Kitchen, en donde cuestiona el star-system de Hollywood.
- La cuarta etapa consta de películas que aparecen en doble imagen sobre la pantalla; la película más conocida de esta etapa es Chelsea Girls, que sugiere una serie de habitaciones del Hotel Chelsea, de Manhattan.
- La última etapa, desarrollada conjuntamente con Paul Morrisey, pertenece ya al cine comercial e incluye títulos como Trash, Heat, Flesh y LAmour. Warhol, con su estética cinematográfica, pretende destruir la estructura narrativa del cine y poner de manifiesto la ambigüedad del arte, aunque la mayor parte de las veces, y para la mayoría de espectadores, lo único que consiga sea aburrir.
Kenneth Angers, nacido en Califomia, se llama a sí mismo mago del cine; sus películas, de imágenes violen-tas, oníricas e imaginativas, se basan en gran parte en su sentido de la astrología y en una especie de sexua-lidad satánica. Aunque su obra es abundante, las películas que le han dado a conocer son, sobre todo, Fire-works y Scorpio Rising. La primera fue realizada, en 1947, en tres noches; Kenneth Angers interpreta en ella el papel de un adolescente que sueña que es golpeado por un grupo de marineros, a uno de los cuales -de ahí el nombre del filme-, en el momento de máximo clímax, uno de sus órganos físicos se le convierte en una bengala. Scorpio Rising, realizada en 1962, pretende plasmar el cambio de la humanidad desde la edad de Piscis a la era de Acuario, en que la astrología dice que entramos hacia 1962. El filme muestra la violencia, agresividad y fascismo de la época, al mismo tiempo que ataca las instituciones que permiten aquellas circuns tancias, todo ello ambientando por una intensa música de rock. En 1967, Angers realizó Lucifer Rising, en la que pretendía reflejar la guerra entre la era de Piscis y la de Acuario.
Jonas Mekas pertenece a la escuela denominada New American Cinema. Su cine tiende al documental, y su película más famosa es The Brigg -de técnica comparable al cinéma-vérite-, que transcurre en una cárcel y es interpretada por los miembros del Living Theatre.
Jordan Belson, integrante del expanded cinema realiza un cine que denomina cine cósmico" y que será describir técnicamente como cine cinético. Su técnica es minuciosa, complicada, y se basa mayormente en experimentos ópticos. El propósito de sus películas es expansionar la conciencia y ayudar a la meditación oriental. Su cine es muy comentado, pero raramente proyectado. Entre sus películas destacan: Mandala, Allures, Shamadi y Momentum. En este último filme podemos ver el Sol tratado como un átomo y desde un punto de vista alucinógeno, psicodélico y mágico. En todas las películas de Belson se manifiesta la influencia de la filosofía zen.
Elementos pop en el teatro
Los happenings, una de las manifestaciones pop del teatro, parten a su vez de las influencias del zen en John Cage, quien, junto a Allan Kaprow, es el iniciador de los mismos.
Por otra parte, el teatro abarca en sentido amplio toda interacción entre unos actores y un público. Según Schechner -director del Performance Group, de Nueva York-, la gama de posibilidades teatrales es la siguiente: "En el límite de la extrema izquierda están los acontecimientos callejeros de escasa organización, como manifestaciones o actos yippies; un poco más adentro se hallan los happenings de Kaprow; en el cen-tro, los intermedia events* -donde la organización es preclominante- y el environmental theatre*; en la extrema derecha se encuentra el teatro tradicional". Cabe añadir que el teatro radical se ocupa de las cuatro primeras manifestaciones. El teatro así concebido deja de ser un espectáculo minoritario, como lo fue durante una época, para convertirse en un espectáculo de masas que trata de unir los conceptos de arte y vida. Por otra parte, el empleo de los mixed media- es común a las experiencias de expansión del arte. Este ha creado ambientes pop, como La tienda de Oldenburg, ambientes cinético-lumínicos y psicodélicos o espacios lúdicos. Si en la creación de ambientes los objetos se convierten en elementos constitutivos de la acción, en el happening se amplía lo estético a elementos vulgares y cotidianas. El happening es la mezcla de los medios plásticovisual, musical y teatral. Así lo iniciaron, en 1960, Cage y Kaprow, quienes reconocen sus antecedentes en Ducharnp y Picabia; luego, la idea del happening se convertirá en algo más eminentemente teatral, debido a la importancia de la acción personal que desarrolla la idea. Según Kaprow, "la composición del happening se desenvuelve corno un collage de sucesos en ciertos tramos temporales y en determinados espacios". Pero en el happening se produce un enfrentamiento entre las visiones políticas y los modelos mentales artísticos. Estos tienden a una provocación poética comparable a la del arte pop o el cine underground, en cambio los primeros se inclinan hacia una provocación política. Según J. J. Lebel: "Todo acontecimiento percibido y vívido por muchas personas como una superación de lo real y de lo imaginario, de lo psíquico y social, podría ser calificado de happening", El mismo antes manifestó: "Tras analizar la situación histórica presente, encuentro repulsivo jugar con el viejo artefacto happening para divertir a las clases dirigentes... La vida real es el único lugar para crear el cambio". De esta idea partió en los años sesenta el teatro radical.
Este es el teatro de la contracultura, el cual se desarrolla en la época y en el ambiente de] pop, rechaza todo cuanto éste pudiera tener de elitista para luchar no ya irónicamente, sino de manera abierta contra todos los horrores de la sociedad de consumo.
No debemos buscar los elementos pop del teatro radical en las ideas de Grotowski o Peter Brook, ni en el modo de vida de grupos como el Living Theatre, el Open Theatre, el Bread and Puppet Theatre o el San Francisco Mirne Troup; además de en el happening, sólo podemos hallarlos en la existencia de actores -como Richard Gaflo- quienes al igual que Warhol, crean en torno suyo una personalidad que en sí misma es un espectáculo u obra de arte pop, o en los llamados grupos de teatro del ridículo, uno de cuyos autores -Ronald Tavel- forma parte también del equipo de cine underground de Warhol. En efecto, el teatro del ridículo entra en contacto con la estética pop al establecer su crítica contra la sociedad de consumo de un modo vulgarmente irónico y grotesco a través de una ridiculización de sus propios actores y su propio espectáculo. Pero, en cualquier caso, no se debe hablar de teatro pop, sino de elementos pop en el teatro.
La música, pop - Orígenes
En la primera parte de este libro nos hemos referido ya a los orígenes de la rnúsica pop en los años cincuenta, cuando al superarse la posguerra la industria comenz6 a considerar a los jóvenes como unidades económicas independientes y empezó a ofrecerles objetos de consumo, y, sobre todo, música.
La música, aun cuando en el panorama pop tal vez sea el elemento más representativo de las masas -por lo menos de la juventud-, sin embargo, no deja de estar sometida a una industria de la sociedad de consumo que la manipula y la explota. Si rock y comercialidad nunca han sido disociables, ahora que la fuerza de la contracultura -de la que la música pop era órgano de expresión- se ha debilitado, la música es, más que nunca, objeto de los intereses de la industria discográfica. Hasta 1962, aproximadamente, la música asumía la función de distraer. La producción creaba el objeto cultural y también el modo de consumo. Para que un LP sea rentable en Estados Unidos, se han de vender 8.000 ejemplares. Bíllboard cons-tituye una bolsa de valores de la canción que informa de éxitos y ventas. El volumen de negocios de la industria discográ-fica pasó dé 862 millones de dólares, en 1963, a 1.800 millones, en 1970. Las películas realizadas sobre concier-tos pop, como Woodstock, Gimme shelter (Altamont), Monterrey pop, etc., ayudaban a la buena marcha del negocio. Las salas, como el Fillmore East de Nueva York, y el Fillmore West, el Avalon y el Winterland de San Francisco, con la aplicación comercial del light show*, que creaba la ilusión de un espectáculo total, ayudaban a comercializar el producto. Su equi-valente en Londres lo representaban los conciertos en el Albert Hall. En la actualidad, de todos estos locales sólo conti-núa funcionando el Winterland de San Francisco; el mundo de la música pop ha decaído, pero la industria discográfica sigue en su máximo apogeo.
Pero la esencia de la música pop, por más que incluya la comercialización, fruto de una sociedad de consumo, no se halla en la industria discográfica, sino en ser una de las principales manifestaciones de la protesta contracultural.
La música pop, portavoz de la contracultura
Ringo: What's happening?
5º Beatle: You are happening. (¿Qué ocurre? TU ocurres.). En 1961, Bob Dylan debuta en el Gerde's Folk City en el Green-wich Village de Nueva York. En 1964, Joan Baez, durante las "sentadas" pro libertad de expresión, canta público We shall overcome (Venceremos). En la década de los sesenta, las "drogas", utilizadas desde hace siglos, se popularizan entre la juventud; Timothy Leary, profesor de Harvard, redescubre la LSD, y la combinación de la LSD y la marihuana con el rock, proporcionará el acid rock.
La contracultura nació, en 1965, en el barrio de Haight-Ashbury, en San Francisco. Era la plasmación física de un grupo de jóvenes, que cada vez se ampliaría y extendería más, que se habían dado cuenta de que los valores de la sociedad en que vivían no los hacían felices, los alienaban y envolvían en un engranaje del que ellos, como individuos, sólo eran una pieza más. Su propuesta consistía en una vida basada en el amor a todas las cosas y en el presente, sin hipotecas hacia el futuro. Eran los llamados flower children o niños de las flores. Sus ocupaciones eran los trabajos manuales, la artesanía, la agricultura, tomar el Sol, ingerir sustancias que expansionaban la mente y, sobre todo, componer música y escucharla.
Donde la música pop surge con mayor fuerza es en San Francisco, cuna del movimiento hippy, y en Londres. esta música nace paralelamente a la contracultura, de la que es su portavoz.
En 1967, la culminación del movimiento hippy, el verano del amor y de las flores, coincide con la exaltación de The Beatles. Es el verano de Revolver y de Sgt. Pepper.
Picture yourself ín a boat on a river with tangerine trees and marmalade skies. (Imagínate en un bote, en un río, con árboles de mandarinas y cielos de mermelada.)
... and the time will come
when you will see we're all one and life flows on itithin you and without you. (... y llegará el día en que comprenderás que todos somos uno y que la vida fluye en ti e independientemente de ti.)
Es el concepto contracultural de la vida cantada por The Beatles.
Luego, los hippies empezarán la lucha por la supervivencia frente a la soledad y a la hostilidad de la sociedad, en la calle, sin familia, hogar ni dinero. Comprobarán cuán difícil resulta ser una piedra que rueda, un rolling stone.
La mayor agresividad de The Rolling Stones se patentiza en la canción:
Summer's here and the time is right for fighting in the street;
summer's here and the time is right for dancing in the street.
(Está aquí el verano y es el momento de luchar en la calle; ha llegado el verano y es la ocasión para bailar en la calle.)
La música se convierte en una religión eléctrica en la que los músicos de rock reviven la función mágica del shaman de las antiguas tribus, transmitiendo a la comunidad el poder de sus experiencias a través del ritual de la música.
¿Quiénes han sido los shamanes de la nueva cultura? The Who; The Doors; Santana; Traffic; Crosby, Stills and Nash... La lista sería interminable, y no siempre los más comercializados y, por tanto, más conocidos han sido los mejores. Importancia indiscutible, desde un punto de vista positivo, ha sido la de The Beatles, The Rofling Stones y Bob Dylan. Distinta significación tienen Jimmy Hendrix y Janis jóplin. Entre los "ritos" celebrados sobresalen, por su magnitud, los festivales de Woodstock y de Altamont, cara y cruz de una misma moneda.
Bob Dylan
Come mothers and fathers around the land
And don't criticize wh.atyou can't understand.
Your sons andyour daughters are beyond Your command.
you-r old road is rapidly aging
.....
for the times they are a changin.
(Venid padres y madres de todo el país y no critiquéis lo que no entendéis. Vuestros hijos e hijas ya no están bajo vuestro control; vuestro sistema se está haciendo viejo (... ) porque los tiempos están cambiando.)
I-Iow does it feel, to be on your own
with no dírection home, a complete unknown
like a rolling stone?
(¿Cómo te sientes, independiente, sin dirigirte a tu hogar, como un desconocido, como una "canto rodado"?)
Bob Dylan (seudónimo de Bob Zimmerman), nacido en el Midwest estadounidense, de familia judía de clase media, es un muchacho que deambula por los caminos de Estados Unidos con su pantalón vaquero, su chaqueta beige, su armónica, su guitarra, su voz nasal y su poesía. Cuando en 1962, actúa en el Gerde's Folk City de Nueva York, su presencia no pasa inadvertida. Ya no es uno más entre los folk singers norteamericanos:
How many times can a man turn his head
and pretend that he just doesn't see?
The answer, my friend, Is blowing in the [wind..
The answer is blowing in the wind.
(¿Cuántas veces puede volver un hombre la cabeza simulando que no ha visto nada? La respuesta, amigo, te la dictará el viento... La respuesta está en el viento.)
En 1963, Blowing in the wind sería el hit número uno en Estados Unidos. En 1964, la revista Time le dedicaría cinco páginas. En 1965, su gira por Gran Bretaña con Joan Baez, a quien luego dedicaría su canción Just like a woman, constituye un gran éxito. Su triunfal carrera continúa hasta que, en 1968, aparece John Wesley Harding y, en 1969, graba Nashville Skyline, con Johnnie Cash. Participa en el festival de la isla de Wight, pero no en el de Woodstock que, sin embargo, por celebrarse cerca de su residencia, tiene algo de tributo a Dylan. Su última aparición -inesperada- fue en 1970 en el Madison Square Garden, en el festival pro Bangla-Desh. Publica su libro Tarántula y aparece en un programa educativo de televisión, Free Time, junto a Alien Ginsberg. Con The Beatles, es el testimonio musical más importante de la década de los sesenta.
The Beatles
En un principio The Beatles se denominaron The Quarrymen y luego The Silver Beatles: John Lennon, Stuart Stutcliffe, Paul McCartney, George Harrison y Pete Best. Stutcliffe moriría de un tumor cerebral y Best sería remplazado por Ringo Starr. Su manager, Brian Epstein, los ayudaría a llegar a la fama: cambiaría el aspecto sucio de unos jóvenes que fumaban y bebían en escena, los obligaría a componer temas propios, les busca-ría oportunidades. El día 4 de septiembre de 1962, The Beatles, con John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, entran en los estudios londinenses de Parlophone para grabar su primer disco. El día 5 de octubre de 1962, Love me do aparecía a la venta en Gran Bretaña. Era el principio de un mito. Le seguirían Please, please me; I saw her standing there; Ask me why; Do you want to know a secret; There's a place; Misery; Anna; Taste of honey, y la explosión de Twist and shout, una de las canciones más oídas en 1962 y 1963. Fue su primera época. Seguirían sus dos películas A hard day's night y Help, dirigidas por Les-ter; luego, el apogeo clásico de Revolver y Sgt. Pepper, discos que representaban la perfección en su estilo; el barroquismo de su disco blanco, de música ya más sofisticado, y, finalmente, su declive con Abbey's Road y Let it be. The Beatles se separaron en 1970, y siguieron caminos diversos, aunque esporádicamente y posiblemente por razones comerciales, se hable de nuevas grabaciones del grupo. Pero lo cierto es que The Beatles fueron los máximos exponentes de la música pop y el mito de esa época.
En el momento cumbre de la contracultura The Beatles cantaban I love to turn you on (Quiero extasiarse) y estaban metidos en el "viaje" de todos los jóvenes, quienes decían:
Let me take you too 'cause
I'm goin down strawberry fields
nothing is real.
There's nothing to get hung about
strawberryfields forever.
(Vente conmigo que me voy a los campos de fresas, nada es real, no hay nada que temer, campos de fresas para siempre.)
O cantaban:
Money, can't buy me love
(El dinero no me compra el amor)
y All you need is love
(Lo que necesitamos es amor).
Los jóvenes abandonaban sus hogares, como en su canción She's leaving home, y la soledad de nuestra sociedad alienada se traslucía en Eleanar Rigby y Nowhere man:
All those lonely people, where do they all comefrom?
All the lonelypeople, where do they all belong?
(Toda esa gente solitaria, ¿de dónde ha salido?; ¿adónde pertenece?)
He is a real nowhere man sitting
in his nowhere land making
all his nowhereplans for no one.
(Es un hombre de ninguna parte, sentado en su tierra de nadie, que traza planes vacíos, para nadie.)
En 1968, los códigos sanitarios, los traficantes de drogas nocivas, los rateros, los arrestos, las tiendas de baratijas y los autocares de turistas hicieron mella en los hippies. The Beatles en su disco blanco, de perfectas formas manieristas, cantaban:
I don't know why
they never told you
how to unfold your love.
I don't know why
they bought and soldyou...
I look at the love
that is there
and I see it is sleeping.
While my guitar gently weeps.
(No sé por qué nunca te han enseñado a desplegar tu amor. No sé por qué te compraron y vendieron... Veo el amor que tienes ahí, dormido, mientras mi guitarra solloza suavemente.)
Pero ya no era lo mismo. The Beatles nunca se convirtieron en hippies como éstos habían tratado de ser Beatles. La fusión fue sólo la apariencia de un verano. Más tarde, en Abbey's Road y Let it be, el mensaje era ya débil. Los jóvenes de la nueva cultura se enfrentaban a un ambiente cada vez más hostil; muchos esperaban que The Beatles les dieran la "respuesta", pero los problemas de arrestos y supervivencia no afecta-ban a The Beatles, protegidos por la muralla de los millones de libras que entre tanto habían ganado. El con-sejo tímido de Let it be era:
There will be an answer: let it be, let it be.
(Habrá una respuesta, dejad que se produzca.)
Cantaban a la vez, repetidamente:
Nothing's gonna change my world
(Nada cambiará mi mundo)
y se lamentaban:
It's been a long and winding road
that's leading up to your heart.
(Ha sido un camino largo y tortuoso que
conduce a tu corazón.)
Fue, tal vez, el fin de una era o de una ilusión. En 1966, The Beatles –cuatro bohemios de pelo largo- tocaban para jovencitas histéricas y chicos de pelo corto. En un concierto rock, de 1970, la mitad del auditorio tenía un aspecto tan idextraiío" como John Lennon. El mundo del rock, llevado de su mano, se convirtió en una comunidad sofisticado que se consideraba el centro social y estético de su tiempo. Esta música, provinciana cuando Elvis Presley empezó a cantar en Memphis, se hizo cosmopolita con The Beatles, y sería, en San Francisco, el foco de energía que impulsaría la nueva cultura. Cuando The Beatles abandonaron el escenario y los hippies dejaron las flores, en las calles sonarían detonaciones y estallidos; el underground se inclinó hacia la violencia cuando aún sonaban los últimos acordes; el foco iluminaría a The Who rompiendo guitarras y a The Rolling Stones.
The Rolling Stones
Mick Jagger, Keith Richard, Brian jones, Charlie Watts y Bill Wyman sobresalieron a partir de Satisfaction.
Vibraciones violentas de:
I can't get no satisfaction
I can't get no reaction
And I try, and I try! And I try!...
(No consigo satisfacción, no consigo reacción, y lo intento, y lo intento, y lo intento ... )
Satisfaction pudiera ser el mejor rock que se ha escrito. En él los Stones expresan esa alienación característica que está en el fondo de la sensibilidad del rock'n roll: una frustración profunda unida a un deseo de belleza. Es la sensibilidad de los que aguardan ante las puertas de la utopía.
La carrera del grupo comienza en 1962; Satisfaction llega al número uno de los hits estadounidenses, en julio de 1964. Hasta 1967, su éxito irá en aumento, pero en este aiío se abre un paréntesis. En 1969, Brian jones será hallado muerto en la piscina de su casa. Le sustituirá Mick Taylor. A Satisfaction seguirán Paint ¡t black; Ruby Tuesdoy; Yesterday's poner; Let's spend the night together; Under-my thumb; Sympathy for the devil; Street fighting mani Brown sugar; Get off of my cloud.. En la actualidad, voluntariamente marginados The Beatles y Bob Dylan, The Rolling Stones son la cúspide superviviente del mundo de la música pop:
You can't always get what you want but if you try some time,
you just might find you get what you need.
(No siempre se puede conseguir lo que se quiere, pero si se intenta a veces uno encuentra exactamente lo que necesita.)
The Rolling Stones, aunque pertenecientes a un mundo totalmente distinto del que constituye la juventud radical, expresan aún ecos de sus problemas.
You may be high, you may be low, you may be rich, you may be poor.
But when the Lord gets ready, you gotta move.
You see that woman, she walks the street,
you see the police on his beat.
Now when [the Lord gets ready, you gotta move.
(Estés "alto" o "bajo", seas rico o pobre, cuando llega el momento, hay que ponerse en acción. Mira a esta mujer, mira a este policía. Pero cuando llegue el momento, te pondrás en movimiento.)
Woodstock y Altamont
El festival de Woodstock, en septiembre de 1969, había sido la autoconfirmación de la nueva cultura. El rebelde de Nebras-ka, el disconforme de Alabama y el veterano de Califomia habían descubierto que aunque en sus pueblos libraban una lucha casi solitaria, el mundo estaba lleno de jóvenes que pensaban y deseaban lo mismo que ellos. Unos 400.000 jóvenes se pasaron tres días escuchando a Richie Havens; Janis Joplin; Crosby, Stills and Nash; Jefferson Airplane; The Doors; Grateful Dead; Jimmy Hendrix... incluso de noche, y bajo la lluvia, un sonido intenso, suave, lleno, a veces irreal y mágico, simbolizaba el mundo que los jóvenes querían habitar.
Tres meses más tarde, el 6 de diciembre, en Altamont, la nueva cultura empezaría a declinar; la Luna estaba en Cáncer; el ambiente era hostil... La sensación de violencia se haría comprensible aquel día a través de la música de The Rolling Stones.
Además de éstos participaban Jefferson Airplane; Grateful Dead; Crosby, Stifis and Nash, y Santana.
El aspecto del Altamont Speedway sugería la preparación del rodaje de una película de Cecil B. de Mille en que se fuera a filmar el Sermón de la Montaña. Emergiendo de detrás de las redondeadas colinas, escasa-mente cubiertas de hierba seca y amarillenta, fluían grupos de gente que se aproximaban al escenario donde había ya múltiples cuerpos tendidos, durmiendo en el suelo. El improvisado escenario, cubierto de altavoces y rodeado de torres metálicas que sostenían los focos y las cámaras de cine y televisión, se erguía como una imagen fantasmagórico que presidía el valle. Unas 300.000 perso-nas formaban el ambiente hippy a las doce del mediodía. Empezó el festival, pero, a pesar de la intensa calidad de la mú-sica, algo fallaba, la atmósfera era tensa. La presencia de los Hell's Angels* (Angeles del Infierno), contratados por los Sto-nes como "conservadores" del orden provocaría la violencia. En las seis horas que mediaron entre el inicio del festival y la actuación de los Stones, hacia las seis de la tarde, se habían producido ya varias peleas. La tensión llegó al límite cuando, mientras The Rofling Stones interpretaban Sympathy for the Devil, un joven negro que intentaba subir al escenario fue acuchillado y golpeado por los Hefl's Angels causándole la muerte; otras tres personas más fallecieron, víctimas de accidente o de exceso de drogas, y un centenar tuvieron que ser asistidas en los hospitales próximos al terminar el festival. Algo salió mal en Altamont, y el concierto gratuito de The Rolling Stones en Califomia señalaría el principio del fin de la era hippy. La acentuación de la desesperación la proporcionarían, en 1970, los suicidios de dos de las figuras más importantes de la música pop: Jimmy Hendrix y Janis joplin.
Jimmy Hendrix y Janis Joplin
Jimmy Hendrix había nacido en Seattle. En Londres, junto a Mitch Mitchell y Noel Redding, formaría una de las primeras bandas superenergéticas del acid rock: The Jimmy Hendrix Experience. En su primera gira por Estados Unidos dieron un concierto gratuito en el paseo central del Golden Gate Park, de San Francisco. La música, irresistible, obligaba a la gente a bailar, moverse, sentirse a gusto... Al cabo de cierto tiempo, ya famoso, jimmy Hendrix actuó en el Winterland; la gente fue a escucharle a tres dólares la entrada, el auditorio estaba separado de jimmy. En el parque, Jimmy Hendrix estaba con supúblico; en la sala de conciertos le pagaban para divertir a los espectadores.
Janis Joplin nació en Texas y marchó a san Francisco a los 17 años. Sus blues eran los más auténticos cantados por un blanco; en ellos se reflejaba toda la frustración y desesperación de los jóvenes:
I keep movin'on
but I neverfound out why.
(Sigo moviéndome, pero nunca he sabido por qué.)
Su voz erótica, fuerte, desgarrada, estaba cansada de vivir a los 27 años. Su estilo earthy, salvaje y primitivo, provocaba una catarsis colectiva. A través del cine, se pudo ver su actuación en el Monterrey Pop de 1967.
Pero, más tarde, Janis se separó de su grupo, Big Brother and the Holding Company, y, bajo la dirección del manager Albert Grossman, se convirtió en la máxima figura femenina del rock, llegando a cobrar 50.000 dólares por actuación.
Jimmy Hendrix tocaba maravillosamente la Guitarra eléctrica, hacía acrobacias, bailaba, irradiaba fuerza y energía, era un cantante, un compositor, un símbolo de energía erótica, un shaman, un héroe de la juventud. A los 24 años murió en Londres, víctima de un exceso de drogas...
Janis Joplin, la mejor y más cotizada cantante femenina de rock, se suicidó a los 27 años en un motel de Hollywood inyectándose un exceso de heroína.
El Festival de Woodstock fue una manifestación de la nueva cultura; pero Warner Brothers lo filmó e hizo una película comercial. Cuando Jimmy Hendrix estuvo en Berkeley, en el verano de 1969, le pidieron que diera un concierto a beneficio de los Black Panthers; Hendrix aceptó.... pero sus empresarios pusieron como condición que se filmará para convertirlo en una película comercial sobre la nueva cultura...
El concierto no se llevó a cabo.
Manierismo actual
En la actualidad, los vínculos de la nueva cultura con la música pop prácticamente no existen. Algunos de sus grupos, ya francamente comerciali-zados, sobreviven aún produciendo excelente música. Surgen nuevos grupos: Blood, Sweat and Tears; Emerson, Lake and Palmer, conjuntos cuya música busca la originalidad y la perfección no en la energía que se desprende de una fuerza vital ligada a una concepción del mundo, sino en un tecnicismo perfecto y manierista más propio de la música de laboratorio que de la viva de un concierto en que los espectadores vibren y se identifiquen con ella, como ocurría en 1967.
Supervivencia de los movimientos pop
"Cuando salí de Woodstock me di cuenta de que era un revolucionario cultural no un nacionalista cultural, ni un revolucionario político. La revolución cultural exige que la gente cambie de modo de vida. Soy un revolucionario cultural y quiero defender la nación de Woodstock... Woodstock fue un "viaje" hacia el futuro. Woodstock fue el primer intento de poner un hombre en la Tierra... y de dar la bienvenida a la era de Acuario." (Abbie Hoffman, elemento destacado del movimiento hippie.)
La contracultura y los movimientos pop han dominado la década de los sesenta. La música pop ha sido su mayor convergencia; ciertos aspectos de la moda y los comics pueden también considerarse comunes a ambas tendencias. El teatro radical y los happenings tienden más a la nueva cultura que al pop, y lo contrario ocurre con el cine underground (aunque como ya vimos, la película El submarino amarillo era a la vez contracultural y pop). Ni la arquitectura ni el arte pop apenas tienen nada que ver con la contracultura.
Tanto los movimientos pop como la nueva cultura se derivan de las circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales de los años cincuenta, y el ambiente que los enmarca en los años sesenta es el de la sociedad de ma-sas basada en el consumo. La contracultura ha atacado desde fuera el sistema de consumo y está siendo o ha sido ya asimilada por el mismo. Los movimientos pop critican irónicamente desde dentro a la sociedad de consumo y han sido generalmente tolerados, e incluso aprovechados, en favor de esta misma sociedad. A lo largo de toda nuestra exposición hemos vacilado al pretender discernir si el gusto pop era consecuencia de los gustos de las masas, adoptados por las clases superiores y las elites artísticas, o si bien se trataba de una maniobra más a sociedad a preindustrial para hacer consumir a las masas. a las que imponía sus" gustos pretendidamente propios. Una cierta dialéctica ha estado en juego. Es difícil pronunciarse acerca de la supervivencia de la contracultura y sobre el futuro de los movimientos pop. Lo cierto es que nuestra sociedad ha experimentado un cambio cultural importante durante la última década, producido por el desarrollo económico y las innovaciones tecnológicas ocurridas en los países capitalistas. Puesto que este cambio ha sido "presenciado" por los denominados movimientos pop, el resultado de los mismos deberá traslucirse de algún modo en las décadas venideras. Prever ahora, sin la perspectiva del tiempo histórico, cuáles serán sus consecuencias -afirmar si se trata de una moda de escasa importancia o del estilo de una época- es prácticamente imposible.
Lo único que podemos decir es que, por el momento, nuestra sociedad occidental se halla bajo sus efectos.
1900
La población mundial asciende a 1.608 millones de habitantes. En España, Eduardo Dato, es ministro de la Gobernación, promueve las leyes de accidentes laborales y la del trabajo de mujeres y niños. La compañía Eastman presenta una cámara que hace popular la fotografía. El 1 de Mayo, EE UU promulga la primera ley orgánica de Puerto Rico, que sin conceder la independencia establece un gobierno local nombrado en Washington. Se inaugura el 14 de abril la Exposición Universal de París que tuvo como protagonistas el art noveau y la electricidad. El día 25 de agosto fallece Nietzsche. Se edita 'La interpretación de los sueños’, de Sigmund Freud. Los boxer (nacionalistas chinos) se rebelan en Pekín contra el dominio extranjero, cercando las embajadas occidentales. La rebelión se sofoca en octubre. Fallece Oscar Wilde. El austríaco Karl Landsteiner descubre los grupos sanguíneos. Es reconocida la teoría de la genética de Gregor Mendel. Los segundos Juegos Olímpicos de la era Moderna se celebran en París. Ferdinand von Zeppelin hizo volar un dirigible de 128 metros de largo sobre el lago Constanza en Alemania. El LZ1 se elevó a 400 metros durante seis kilómetros.
1901
7 de marzo, el liberal Sagasta termina su vida política. El 14 de septiembre el presidente estadounidense William McKinley es asesinado por un anarquista polaco. Le sucede Teddy Roosevelt. El 5 de diciembre nace en Chicago Walt Disney. Fallece el 27 de enero en Milán el compositor Giuseppe Verdi. En junio se inaugura una muestra exclusiva sobre pintura de Vicent Van Gogh, muerto en 1890. En vida no consiguió vender un solo cuadro. Ceremonia de entrega de los primeros premios Nobel el día 10 de diciembre presidida por el rey de Suecia Oscar II. Fallece la reina Victoria de Gran Bretaña. Toulouse-Lautrec, pintor y cartelista de la bohemia parisiense de Montmartre, murió el 9 de septiembre de 1901, a los 36 años en el castillo familiar de Malromé (Gironde). Se estrena la zarzuela en un acto, El Bateo, de Fererico Chueca. Francesc Cambó y otras personalidades autonomistas fundan el partido Lliga Regionalista, que protagonizará la vida política en Cataluña durante 20 años.
1902
Huelga general en Barcelona, la primera en su género en Europa. Se proclama el estado de guerra. El 8 de mayo el volcán Montaña Pelada, en la isla caribeña de la Martinica entra en erupción y destruye la capital Saint Pierre con sus 25.000 habitantes. Triunfo del Modernismo: una exposición de la Sociedad de Bellas Artes de París muestra al mundo la nueva estética artística. Conan Doyle publica 'El perro de los Baskerville', una nueva entrega de la serie de Sherlock Holmes. El escritor polaco Joseph Conrad publica 'El corazón de las tinieblas'. Los estadounidenses que ocupan Cuba desde 1898, traspasan los poderes a Tomás Estrada Palma, que se convierte en primer presidente de la República. Se estrena la ópera de Debussy 'Pelléas et Mélisande'. Muere el novelista francés Emile Zola. Alfonso XIII llega a la mayoría de edad al cumplir 16 años. ese mismo día preside su primer Consejo de Ministros dejando claro que se reserva la política militar. El tenor Enrico Caruso, en disco. El ejército británico vence en Sudáfrica a la guerrilla de los boers o colonos holandeses, que se habían sublevado contra Londres. Sale a la luz la primera de las 'Sonatas' de Valle Inclán.
1903
En Uruguay José Batlle es elegido presidente. Inicia una política progresista, instaura el sufragio universal e impulsa el desarrollo económico. Fallecen dos representantes del Impresionismo francés Paul Gauguin y Camille Pissarro. La película de E. S. Porter 'Asalto y robo de un tren' inaugura el cine moderno por el abandono del cámara fija. La primera cocina eléctrica desplazó enseguida a las de gas. El matrimonio Curie recibe el premio Nobel de Física.
1904
La entente entre Gran bretaña y Francia se refuerza con la firma de un acuerdo para dirimir sus diferencias en el norte de África. Fracasan estrepitosamente los Juegos Olímpicos en San Luis. José Echegaray Premio Nobel de Literatura. La Academia quiso premiar en él la gran tradición dramátca española. Gozó de gran fama en su época por su dominio de los recursos teatrales. Premio Nobel para Ivan Pávlov por sus estudios del aparato digestivo.. El economista Max Weber publica 'Etica protestante y espíritu del capitalismo'. Fracaso en el estreno de la ópera 'Madame Butterfly', de Puccini en la Scala de Milán el 17 de febrero. El 8 de noviembre el presidente de los Estados unidos Teddy Roosevelt renueva el mandato presidencial en las urnas.
1905
Albert Einstein desvela a los 26 años la Teoría de la Relatividad. El 26 de abril se funda la Sección francesa de la Internacional Obrea (SFIO) de ideología socialista. El 7 de junio Noruega se separa definitivamente de Suecia, a la que estaba unida gozando de autonomía desde 1815, e instaura la Monarquía. Premio Nobel para Robert Koch, el descubridor de la tuberculosis. El poeta modernista Rubén Darío publica 'Cantos de vida y esperanza'. Auge del Expresionismo alemán; surge el grupo de artistas Die Bruck. El 25 de noviembre un grupo de militares asalta la redacción de la revista barcelonesa ¿Cu Cut! que publicaba un chiste ridiculizando al Ejército. Muere el escritor francés Julio Verne. El 15 de octubre se estrena La mer de Claude Debussy. Celebración del tricentenario de la publicación de la primera parte de 'El Quijote'.
1906
Gran terremoto de San Francisco, de intensidad 9 en la escala de Ritcher acaba con la vida de 700 personas y deja sin hogar a 250.000. El anarquista Mateo Morral arroja una bomba contra la comitiva de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg. El 29 de septiembre EE UU invade Cuba, tras haber provocado la dimisión del presidente Estrada Palma, y nombra gobernador a William Taft. Fin del caso Dreyfus. Sale en libertad el capitán acusado en Francia de espionaje. Trotsky es deportado a Siberia. Muere el pintor francés Paul Cézanne.
1907
El 1 de marzo, el Gobierno conservador deroga la ley del liberal Romanones en España. Esta ley permitía el matrimonio no religioso. Nace el Cubismo. Las señoritas de Aviñón, de Pablo Picasso, revoluciona el mundo del arte. El 15 de junio, en La Conferencia de Paz de la Haya, a la que asisten 44 países se rechaza el desarme obligatorio propuesto por España. El británico de origen indio Rudyard Kipling, autor de 'El libro de la selva', gana el Nobel de Literatura. El 31 de agosto, Gran bretaña y Rusia firman un acuerdo sobre intereses en Asia, que acerca a este país a la entente franco-británica. Más de un millón de muertos por peste en la India. El 6 de diciembre, Bégica se hace cargo del territorio del Congo, que hasta entonces formaba parte del patrimonio del rey Leopoldo II.
1908
Se crea en España el Instituto nacional de Previsión, embrión de la Seguridad Social. El 10 de marzo, Alfonso XIII viaja a Barcelona con el pretexto de visitar la escuadra austriaca, en medio de la indiferencia de la sociedad local. El primero de agosto se descubrió en Austria, a orillas del Danubio, una estatuilla de barro que representa a una figura femenina posiblemente un ídolo relacionado con la fecundidad y a la que se llamó la Venus de Willendorf. Muere el violinista español Pablo Sarasate. Isadora Duncan irrumpe en la escena de la danza. El 5 de octubre el Imperio austro-húngaro se anexiona definitivamente el territorio de Bosnia-Herzegovina, que administraba hasta ahora. Se inaugura el Palau de la Música Catalana. Nace Salvador Allende, la escritora Simone de Beauvoir, el novelista británico Ian Fleming, el director Herbert von Karajan, el escultor Jorge Oteiza y el actor James Stewart. El 3 de noviembre el republicano William Taft es elegido presidente de Estados Unidos. Un terremoto causa en Sicilia más de 100.000 muertos y deja sin hogar a cientos de miles de personas. La casa Ford presenta su coche Modelo T.
1909
El 31 de marzo, los reyes Alfonso XIII y Eduardo VII de Inglaterra se entrevistan en San Sebastián. Triunfa en el cine la actriz norteamericana Mary Pickford. Triunfo de los republicanos en las elecciones municipales de Madrid, Barcelona, Valencia, A Coruña y otras ciudades. Se publica en Francia el 20 de febrero el manifiesto artístico del futurismo liderado por Marinetti. Leo Baekeland inventó el plastico térmico o baquelita que no se derrite al calor. El Nobel de Medicina Paul Ehrlich descubre el remedio contra la sífilis. Richard Strauss estrena en Dresde (Alemania) la ópera 'Elektra'. Muere el mítico apache Jerónimo. Muere el compositor español Isaac Albéniz. Tras la Semana Trágica y los sucesos del Rif cae Maura y le sucede el liberal Moret.
1910
Barcelona fue la sede de la Primera Exposición de Aereonáutica de España. El Gobierno español autoriza a que las mujeres puedan estudiar en la Universidad. Hasta entonces sólo se había permitido en casos aislados. Muere Mark Twain, célebre autor de 'Tom Sawyer' y 'Huckelberry Finn'. El 6 de abril Jorge V es proclamado rey del Reino Unido al fallecer su padre Eduardo VII. El Gobierno español autoriza el culto público de cualquier religión, lo que causa un gran malestar en el clero católico. Japón anexiona a su imperio toda la península coreana, que había ocupado militarmmente en junio. Revolución popular en Portugal que acaba con la Monarquía. Se proclama la República. Muere Leon Tolstoi. Fallece el fundador de la Cruz Roja, Henri Dunant. Ramón Gómez de la Serna crea las greguerías.
1911
El 3 de enero se retiran en Nicaragua las tropas estadounidenses de ocupación. Fallece a los 50 años el compositor Gustav Mahler. El tesoro de los Andes: se descubre en Perú las ruinas de la ciudad incaíca Machu Picchu. Huelgas en toda España. La Federación Regional del trabajo se convierte en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de tendencia anarquista. El primer estudio de Hollywood: la productora Nestor film company construye la primera fábrica de sueños en la ciudad californiana. F.W.Woolworth decide construir el "Woolworth" un edificio de 60 pisos en el corazón de Manhattan, para celebrar un contrato que le convirtió en el rey de la venta al por menor americana.
1912
En enero es suspendido el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) en España por no haber presentado oficialmente los estatutos. El 22 de abril se publica en Rusia el diario Pravda, órgano de los comunistas bolcheviques y que se convertiría en el portavoz del Comité Central del Partido Comunista de la URSS. Gustav Jung publica 'La psicología del subconsciente' que revisa la teoría de su maestro Freud. La ropa se cerrará más herméticamente desde 1912, cuando el ingeniero sueco Gideón Sundback inventa el Hookless 2, conocido popularmente como cremallera. Los primeros en adoptar el invento fueron los marines estadounidenses que en 1917 descartaron los botones para sus impermeables. El Titanic se hunde la noche del 14 de abril en el mar de Terranova. El busto de Nefertiti, esposa del faraón egipcio Amenofis IV, es hallado en las excavaciones en Tell al-Armana. 'La Gioconda' desaparece del museo del Louvre durante dos años. El 14 de noviembre, Romanones forma Gobierno, tras el asesinato de Canalejas en la librería San Martín en la Puerta del sol de Madrid. El demócrata Wodrow Wilson es elegido presidente en estados Unidos.
1913
El escritor hindú Rabindranath Tagore recibe el premio Nobel de Literatura. El Papa Pio X decreta que no se proyecten filmes en las iglesias, como se hacía en algunas parroquias, y que no se rueden películas religiosas. El 2 de junio el escritor Guillaume Apollinaire se erige en defensor del cubismo y profeta del surrealismo con la publicación de Alcools, que resume su obra. El estreno de La consagración de la primavera de Stravinsky recibe el rechazo del público en París. Nace el escritor francés Albert Camus. Henry Ford introduce la cadena de montaje en la industria automovilística. El 24 de agosto se limita por real Orden la jornada laboral a 60 horas semanales en el sector textil español. Aparece el primer crucigrama de la historia en el suplemento dominical del Word de Nueva York. En diciembre aparece la Gioconda robada el 22 de agosto de 1911, los ladrones alegaron que se trató de un robo patriótico.
1914
Un hospital de Londres utiliza por primera vez una terapia de radio para tratar el cáncer. El 23 de marzo, José Ortega y Gasset pronuncia una conferencia sobre la situación política española en el teatro de la Comedia, que adquiere un gran impacto nacional. El asesinato en Sarajevo el 28 de Junio del archiduque Francisco Fernando se convierte en el detonante de la Primera Guerra Mundial. Fallece el Papa Pío X. El 3 de septiembre Benedicto XV es elegido nuevo papa en el cónclave celebrado en la Basílica de San Pedro. Nacen los escritores Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Octavio Paz y el antropólogo Julio Caro Baroja. Alexis Carrel realiza la primera operación de corazón abierto, a un perro. Edgar Rice Burroughs publica 'Tarzán de los Monos'.
1915
El 9 de febrero los británicos cierran el Canal de Suez al tráfico de cualquier barco ajeno a los aliados, aunque pertenezcan a países neutrales. El 21 de febrero con la participación de 45 países se celebra en San Francisco una Exposición Universal, abierta a todos los países, sean o no beligerantes en la guerra. Desde este año el remedio alemán contra el dolor de cabeza, la fiebre y las inflamaciones, es comercializado como aspirina, entra en las boticas de Europa y EE UU en frasco y pastillas. El 7 de mayo submarinos alemanes torpedean y hunden al transatlántico Lusitania, que transportaba pasajeros y armas para los aliados. Se estrena en Estados Unidos 'El nacimiento de una nación' de David Wark Griffith, considerada la primera superproducción de cine. El 5 de septiembre los socialistas europeos internacionalistas se reúnen en Suiza para tratar de poner fin a la guerra. Nacen Ingrid Bergman, Arthur Miller, Edith Piaf, Frank Sinatra, Orson Welles. Primera comunicación telefónica de larga distancia entre Nueva York y San Francisco. El 14 de noviembre el nacionalista checo Tomas Masaryk exige en Londres la creación de un Estado independiente de su país, separado del imperio austro-húngaro.
1916
El escritor Tristan Tzara bautiza como Dada un movimiento de vanguardia. Charles Chaplin firma un contrato millonario en la industria del cine. Ante el asombro de la Duma y la negativa de la emperatriz madre, Rasputín impuso a su candidato como presidente del Consejo. En este mismo año, un complot de personas allegadas al monarca le tirotean y echan su cuerpo a las heladas aguas del río Neva. El filósofo John Dewey publica 'Democracia y educación', una revolución de la teoría pedagógica. Muere el poeta nicaragüense Rubén Darío, y nacen Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, y el músico norteamericano Yehudi Menuhin. Fallece el compositor y pianista Enrique Granados, famoso por la ópera 'Goyescas'. Gandhi y Nehru se encuentran por vez primera en una reunión del Congreso Nacional Indio, en Lucknow, y deciden impulsar el proceso a la independencia.
1917
El 25 de octubre triunfa en Rusia la revolución bolchevique liderada por Lenin con el derrocamiento del zar. Carlos Gardel edita su primer disco de tangos, 'Mi noche triste'. Fallece el escultor francés Auguste Rodin, autor de 'El pensador y El beso'. Debuta en el cine el actor Buster Keaton con la película 'Fatty'. Ejecutada en Francia la bailarina Mata Hari, acusada de espionaje a favor de Alemania. La Original Dixieland Jazz Band edita el primer disco de jazz de la historia. Duchamp incluye un urinario firmado en una exposición en Nueva York, con el título 'Fuente'. El tractor Fordson, de Henry Ford, permitió a los agricultores americanos responder a la demanda agrícola que se había incrementado con la I Guerra Mundial. Creado en este año se fabricaban unas 80 unidades al día. El tractor pasó a Europa en los años 20. Nacen el novelista Anthony Burgess, J. F. Kennedy, e Indira Gandhi. Muere el pintor francés Edgar Degas. Estados Unidos se implica en la Primera Guerra Mundial. Se funda el diario El Sol auspiciado intelectualmente por Ortega y Gasset.
1918
Marcel Proust publica 'A la sombra de las muchachas en flor', segunda de las siete partes de su obra 'En busca del tiempo perdido'. En España se produce una huelga de Correos y Telégrafos. El Gobierno responde tres semanas después militarizando los servicios, primero, y disolviendo ambos cuerpos tres días más tarde. En Gran Bretaña se concede el sufragio a las mujeres. Huelgas generales en Alemania y en Viena. Las mujeres británicas acuden a las urnas por primera vez en la historia del país. Fallece el 10 de noviembre a causa de la gripe el poeta Guillaume de Apollinaire. El pintor austriaco Gustav Klimt muere a los 56 años en Viena. Finaliza la Gran Guerra con la victoria de los aliados. Los ancionalistas del PNV "en nombre de todos los vascos" envían un telegrama al presidente estadounidense Wilson para pedirle ayuda a que "Vasconia se desenvuelva libremente".
1919
El solcialdemócrata Friedrich Ebert, presidente de la República alemana. El arquitecto Walter Gropius funda la escuela Bauhaus, integral de las disciplinas plásticas. El 28 de junio se firma en París el Tratado de Versalles que da fin a la Primera Guerra Mundial. El 4 de marzo se funda la Tercera Internacional en Moscú, auspiciada por los dirigentes del PCUS, que tiene el objetivo de propagar la revolución mundial. España ingresa como miembro de la Sociedad de Naciones con sede en Ginebra. Francis Aston, un químico de una fábrica de cerveza, creó un aparato que permitía separar los isótopos de los elementos químicos: se trataba del espectógrafo. Gracias al invento se estableció la tabla periódica y se descubrió el isótopo 235 del uranio. Diversos actores, entre ellos Chaplin, o Samuel Goldwyn fundan la United artists frente al star-system norteamericano. Muere Auguste Renoir, pintor francés maestro del impresionismo.
1920
Se constituye el 16 de enero la Sociedad de Naciones. El 28 de enero se funda la Legión extranjera en África, al mando de la cual estarán el teniente coronel Millán Astray y el comandante Franco. El 15 de abril, nace el Partido Comunista de España (PCE) como una escisión del PSOE. Dolores Ibárruri es elegida miembro del primer Comité Provincial del partido en Vizcaya. Comienza la difusión y programación masiva de la radio. El 18 de agosto entra en vigor la 19 enmienda de la Constitución de estados Unidos, que concede el voto a las mujeres, al ser ratificada por 36 Estados de la Unión, el mínimo requerido. Agatha Christie publica 'El misterioso caso de Styles' con el que inaugura la serie del detective Hercule Poirot. Muere el sociólogo alemán Max Weber. Ramón de Valle Inclán publica varios dramas e instaura con 'Luces de bohemia' el estilo literario del esperpento.
1921
El 22 de febrero, el general Reza Khan da un golpe de Estado en Persia contra el Gobierno con el apoyo del sha Ahmed. Se le concede el Nobel de literatura a Anatole France. Nace el muralismo, una corriente pictórica liderada por los mexicanos David A. Siqueiros, Diego Rivera y Clemente Orozco. Se funda en la clandestinidad el partido comunista chino con el joven Mao Tsé Tung al frente. El 7 de marzo los marineros del buque de guerra soviético Kronstadt se rebelan para pedir elecciones libres, pero son reprimidos con dureza 10 días más tarde. Aparece el perfume Chanel número 5. Muere el cantante italiano Enrico Caruso. Fallece la escritora gallega Emilia Pardo Bazán. El filme 'El chico', con Charles Chaplin despierta reacciones entusiastas en Estados Unidos y lanza al niño Jackie Coogan.
1922
El 12 de febrero, el cardenal Achile Ratti, de 65 años, es el nuevo papa con el nombre de Pío XI. Sucede a Benedicto XV. El egiptólogo británico Howard Carter descubre la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. El fascismo se instala en Italia con la marcha de Mussolini y los camisas negras sobre Roma el 28 de octubre. Muere en París a los 75 años de edad el sociólogo Georges Sorel. Se publica en París el 1 de diciembre 'Ulises', la obra maestra de James Joyce. Albert Einstein recibe el premio Nobel de Física. Se inaugura el Tribunal de La Haya para dirimir conflictos entre estados. Alfonso XIII visita durante cuatro días las Hurdes extremeñas, la comarca española más aislada y atrasada. Le acompaña el doctor Gregorio Marañón. Muere el novelista Marcel Proust.
1923
El descubridor de los rayos X, Wilhelm Conrad Roentgen muere en Munich a los 77 años. Fallece la actriz francesa Sarah Bernhardt. El poeta alemán Rainer Maria Rilke finaliza su gran obra 'Elegías a Duino'. El 3 de marzo aparece por primera vez el semanario 'Time'. Hitler fracasa en su intento de golpe de Estado. El poeta irlandés William Yeats recibe el Nobel de Literatura. Se difunde el baile charlestón. El general Mustafá Kemal presidente de Turquía implanta un régimen laico.
1924
Ramsay MacDonald, jefe de Gobierno de Gran Bretaña. Es la primera vez que un laborista alcanza el poder. Surge el surrealismo: con el manifiesto publicado por André Breton y con Dalí como principal artista de esta corriente. Muere el 21 de enero Lenin y le sucede Stalin. La dictadura española destierra a Miguel de Unamuno a Fuerteventura, también fue destituido como rector de la Universidad de Salamanca. Se funda la productora cinematográfica Metro Goldwin Mayer. El nadador Johnny Weismülller brilla en los Juegos Olímpicos de París. Más adelante, revalidará su fama encarnando a Tarzán. Victoria electoral de Mussolini. George Gershwin estrena 'Rapsodia azul'. El líder pacifista Ghandi inicia una huelga de hambre de 24 días. Muere el novelista polaco Joseph Conrad y el compositor italiano Giacomo Puccini. Edward Morgan Forster publica 'Pasaje a la India', y Thomas Mann 'La montaña mágica.
Neoexpresionismo
Surge en Italia hacia 1977. Neoexpresionismo
"Los nuevos salvajes"
Pintura neoexpresionista
Surge en Alemania a mediados de los años setenta y alcanza su máximo desarrollo en los años ochenta.
El término "Die Neue Wilden" (los nuevos salvajes) fue utilizado por el director del museo de Aquisgran, Wolfgang Becker, para referirse a un grupo de pintores (entre ellos los alemanes Baselitz, Penck, Kiefer y Lüpertz) que estaban haciendo una obra figurativa con semejanzas formales con la pintura expresionista alemana de principios de siglo.
Por lo que supone de vanguardista, los "nuevos salvajes" representan en el arte de los ochenta lo que en su momento representó Der Blaue Reiter o Die Brücke, aunque con grandes diferencias. La principal es que el neo expresionismo no es un movimiento colectivo homogéneo sino una serie de personalidades con planteamientos estéticos propios que encuentran su inspiración en artistas del pasado, no sólo del expresionismo sino también de otros estilos y movimientos, incluso contradictorios.
Este carácter hetereogéneo no es exclusivo del neoexpresionismo alemán sino de muchos de los planteamientos artísticos nacionales desarrollados en Europa. Entre ellos destaca la transvanguardia italiana y la figuración libre francesa.
El desarrollo del neoexpresionismo alemán está representado por dos generaciones con planteamientos algo diferentes. La primera generación está formada por artistas nacidos durante la segunda guerra mundial, entre los que se encuentran los considerados como padres del movimiento. La segunda generación, casi toda ella nacida en los años cincuenta, es más radical y está formada por la llamada "Heftige Malerei" y por el grupo de la "Mülheimer Freinheit" (Libertad de Mülheim) que practican una pintura basada en una estética de lo feo y de la destrucción.
En EE.UU. el equivalente a las nuevas tendencias figurativo-expresivas europeas es la llamada "nueva imagen" así como la figuración gaffiti y el movimiento del pattern & decoration, que introducen planteamientos nuevos.
CARACTERÍSTICAS
- Retorno a las imágenes de tipo expresionista.
- Gusto por la fusión o combinación de elementos de tendencias anteriores.
- Yuxtaposición de elementos figurativos y abstractos: generalmente fondos a base de manchas o franjas de color sobre los que se disponen figuraciones contrastantes.
- Figuración (generalmente no imitativa) a base de formas esquemáticas de carácter emocional y expresivo.
- Representación de objetos de modo intuitivo y sin atender a su perspectiva dentro del conjunto de la obra.
- Ejecución de trazos amplios.
- Preferencia por el óleo, aunque es frecuente la combinación con otras técnicas (acrílicos, pinturas industriales, temple, acuarela, fresco).
- Preferencia por la pintura empastada, que puede ser mezclada con otros materiales (paja, arena, yeso, etc.).
- Temática amplia (mitologías individuales o de la cultura nacional, símbolos del poder, figuras heroicas, temas bélicos, dramáticos y satíricos, etc.) con predominio de la figura humana.
- Variedad de planteamientos expresivo-formales: abstractivo (Lüpertz), fauvista (Fetting), matérico (Kiefer), primitivista (Baselitz), sígnico (Penk).
INFLUENCIAS
De movimientos figurativo-expresivos de principios de siglo (simbolismo nórdico, expresionismo, fauvismo, nueva objetividad), del arte del pasado, de la cultura clásica y moderna, y de la tradición y cultura popular.
ARTISTAS
Padres del Neoexpresionismo alemán:
Georg Baselitz (1938), Ansel Kiefer (1945), Markus Lüpertz (1941), A. R. Penck (Ralf Winkler; 1939), Jörg Immendorff (1945).
Artistas de la "Heftige Malerei":
Rainer Fetting (1949), Helmut Middendorff (1953), Salomé (1954) y Bernd Koberling (1938).
Artistas de la "Mülheimer Freinheit":
Hans-Peter Adamski (1947), Peter Bömmels (1951), Walter Dahn (1954), Jiri Georg Dokoupil (1954).
A pesar de ser el neoexpresionismo un movimiento principalmente alemán, existen artistas en otros paises europeos cuya obra puede incluirse dentro de esta corriente. Algunos de los más interesantes artistas neoexpresionistas no alemanes son:
- En Austria: S. Anzinger, E. Bohartsch, J. Kern, A. Klinkan, A. Mosbacher, O. Oberhuber, etc.
- En España: Miguel Barceló (1957), Ferran García Sevilla (1949), José María Sicilia (1954), Rosa Nicolás, Chema Cobo, J.M. Broto, M.A. Campano, Navarro Baldeweg, Nanolo Valdés, etc.
- En Francia: Jean-Michel Alberola, Gérard Garouste (1946).
- En Italia: ver Transvanguardia.
- En Suiza: M. Diesler.
OBRAS DESTACADAS
Baselitz:
"Dormitorio (Elke y Georg)", 1975.
Óleo sobre tela, 350 x 250 cm.
Museum Ludwig, Colonia.
Baselitz:
"Die Mädchen von Olmo II" (Las muchachas de Olmo II), 1981.
Museo Nacional de Arte Moderno, Centro Georges Pompidou, París.
Kiefer:
"Der Ölberg", 1981.
Kiefer:
"Ways II", 1977.
Óleo sobre tela, 270 x 210 cm.
Aachen, Neue Galerie - Sammlung Ludwig.
Immendorff:
"Eterno recuerdo", 1981.
Barceló:
"Big spanien dinner", 1984. Colección particular.
M. Valdés:
"Retrato de una joven de la nobleza", 1992.
Óleo y arpillera, 185,4 x 114,3 cm.
Fetting:
"Bailarines III, 1982. Pintura en polvo sobre algodón, 224,8 x 280,7 cm. Anthony d'Offay Gallery, Londres.
A fines de los 60, artistas alemanes sufrieron un punto de inflexión en sus trayec torias que les llevó hacia un lenguaje muy particular y los convertiría en artífices y del Neoexpresionismo. El arte neoexpresionista se inició en los 70 y se afianzó en los 80, época en la que muchos artistas jóvenes decidieron ponerse en una lí-nea extraordinariamente agresiva e incluso brutal, tanto por lo descarnado de los temas como por el modo en que éstos eran tratados. Achille Bonito Oliva ve al fenómeno neoexpresionista como un modo más de Transvanguardia, en la medi-da en que puede entenderse como una actitud que no se circunscribe de manera exclusiva al ámbito germánico, sino que posee un carácter internacional. El he-cho de que la economía occidental haya tendido a crear una situación abierta en tre las distintas naciones implica, como consecuencia, y en el terreno artístico, la aparición de un lenguaje muy similar en lugares diferentes. Si se añade que en la actualidad la información en relación a un suceso es inmediata -a través de la televisión-, aún se incremento todavía más este fenómeno de trasvase.
No significa que los artistas estén creando el mismo tipo de obras en distintas par tes del mundo, pues hay, hechos diferenciales que, junto al peculiar carácter de cada creador, determinan que el arte presente también rasgos propios de cada lugar. La tradición desempeña una función importante en el desarrollo de un len-guaje con características propias y, aunque las primeras vanguardias se hallasen también bajo el signo de la interrelación, es evidente que el Expresionismo alemán desarrollado durante las 1as décadas del S XX posee, en el propio ámbito germánico, más peso y significado que en otros lugares de Europa. Si bien gran parte de los ele-mentos que constituyen el bagaje de los artistas actuales dentro de la corriente neoexpresionista parten de la modalidad iniciada en Dresde en 1905 por el grupo Die Brücke, también en las obras de fines del s XX se advierte toda una serie de planteamientos nuevos que nada tienen en común con aquel arte de comienzos de siglo. El despertar de la conciencia de los alemanes y el hecho de que en los 80 decidieran por fin hacer frente al terrible monstruo de ese pasado no muy lejano -de la 2ª guerra- ha provocado una transformación impor-tante en el terreno de la creación. Por 1ª vez, los artistas ale manes deciden en-frentarse a su pasado e incluso, en algunas obras, se advierten referencias ex plícitas al mismo -como en las pinturas de la serie Café Deutschland, de Immen dorff- para, de este modo, poder encaminarse hacia el futuro. La larga etapa que iniciaría en 1933 con la instauración del nacismo, supuso la huida de muchos artistas a otros lugares en los que podían trabajar en libertad y tuvo consecuen-cias nefastas en todos los campos, pero incidió de manera especial en el artístico. Alemania quedó al margen de las nuevas experiencias vincula das al arte informalista, ya que algunos de los principales pintores que adoptaron ese lenguaje -como Hartung o Wols- lo hicieron mientras se encontraban afincados en París. Salvo unos pocos casos aislados de artistas, cuya obra conectaría, más tarde, con el lenguaje de Pop, resulta obvio que en Alemania transcu-rrió un largo período en el que no se dieron demasiadas actividades artísticas. En el fondo, puede afirmar se que hasta que Joseph Beuys, junto con Fluxus, no inició el camino de la renovación, no existieron aportaciones significativas.
Sin embargo, lo paradójico es que durante el 1er tercio del S XX el arte alemán fue, en todos los ámbitos -pintura, escultura, arquitectura, diseño, cine, teatro, mú sica- enormemente innovador y creativo. Este hecho, sin duda, ha tenido que marcar decisivamente a los jóvenes artistas de fines de siglo, pues a pesar de que han de retomar la tradición de más de cincuenta años atrás, tie-nen en ella un auténtico punto de arranque para sus creaciones. Los artistas han buscado desesperadamente sus raíces y han podido hallarlas en la fuerza del lenguaje expresionista. No obstante, el Neoexpresionismo no sólo toma ele-mentos de esa vanguardia, sino que, como otras tendencias de la posmo-derni dad, no tiene inconveniente alguno en reciclar lenguajes del pasado. Así, Rubens, Rembrandt, o los manieristas en general, constituyen, con sus obras, un punto de partida para las nuevas concepciones.
Principales representantes
Georg Baselitz (1938),
de Deutschbaselitz, de donde tomó su apellido en 1958, puesto que su nombre real es Georg Kern. Vivió en su ciudad de origen hasta los 12 años, cuando su familia se trasla dó a Kamenz. Su interés por la pintura co menzó muy pronto, después de conocer a un pintor de la Neue Sachlíchkeit. Sus 1as obras fueron retratos de 1954, en los que representó a Wagner, Beethoven, Stalin y una serie de mujeres en éxtasis. A partir de 1956 estudió en distintas escuelas superiores de artes y oficios de Berlín Este y de Berlín Oeste. En esa época se interesó por la teoría artística de Malévich y Kandinsky. En 1958, la Hochschule a la que asistía organizó una expo sición de arte expresionista abs-tracto EE.UU. y Baselitz quedó muy impresionado por la obra de Pollock, De Kooning y Guston. Un año más tarde, visi tó el Stedelijk Museum de Amsterdam, donde pudo contemplar obras de Soutine y el Grand Verre, de Marcel Duchamp. En 1960 viajó a París, donde visitó el mu-seo de Gustave Moreau que le entusiasmó. Durante la 1ª mitad de los 60 se dedicó a pintar, interesado funda-mentalmente por el mundo de los objetos. Tras una estancia en Florencia en 1965, gracias a la obtención de una beca, su obra recibió una influencia decisiva del lenguaje manierista de Rosso, Pontormo, Parmigianino y Bronzino. A su regreso a Alemania pintó Díegrossen Freunde, obra que el propio artista consideraba «sana y divertida».
A partir de 1966 aparecerían en su obra los fragmentos que darían una nueva concepción de la pintura. Pintó las series de los Héroes. Luego, su obra sería conocida por las exposiciones individuales -una de las más importantes fue la de Munich, de la galería Heiner Friedrich, en 1970-.En Colonia, durante ese año, expuso por 1ª vez los cuadros con personajes invertidos, que sorprenderían al público por su osadía y provocación. Los temas son muy diversos: seres huma-nos, animales, árboles, objetos, comedores de naranjas, etc. Pero, el tema no es algo esencial en su pintura, sino un pretexto para dar rienda suelta a un lenguaje muy agresivo y, al mismo tiempo, dotado de un carácter trágico y angustioso de una pintura basada en la gestualidad de la pincelada. Los rastros del pincel, bruscos y violentos, interrumpidos en ciertas zonas, subrayados en otras por la acu-mulación de empastes, dan un tipo de obra realmente fuerte.
Seguro es que Baselitz conoce bien a sus antecesores, Munch, Kirchner, Heckel y Schmidt Rottluff, pero, su concepción va más allá de las propuestas expresio-nistas. Sin renunciar nunca a la figuración por lo abstracto, se ve que la abstrac-ción informal le ha interesado, y el tratamiento de sus obras parten del Gestualis-mo. El color es otro de los factores importantes para analizar sus cuadros, pues a través del empleo de gamas intensas de rojos y anaranjados, y tonalidades neu-tras de grises de distintos valores, logra contrastes acusadísimos que ya de por sí resultan intensamente provocativos. Baselitz diría de sí que quería realizar un tipo de obras que no tuvieran elementos anecdóticos. Y el invertir las figuras le permite enfrentarse a cuestiones puramente pictóricas. Esta postura, por extraño que pueda parecer, resulta muy similar a la que adopta Stella, por ejemplo.
A veces ha planteado que, al invertir las figuras, pretende hallar nuevos ornamen tos. Desde el punto de vista del espectador, es evidente que, al enfrentarse a determinadas imágenes en posición invertida –co-mo la serie que Baselitz titula Comedores de naranjas-, se halla un sentido orna-mental en los conjuntos, La figura, al estar al revés, pierde su significado como tal y pasa a ser aprehendida como un elemento ornamental cualquiera. En cierto modo, este planteamiento se aproxima mucho al de la propia pintura abstracta, pero Baselitz ha actuado de modo muy innovador con esta idea.
Tampoco es ir demasiado lejos plantear que Baselitz contacto con el Surrea-lismo. Y Baselitz se ha declarado admirador de el conde de Lautréamont.
Es importante resaltar que, al igual que pintores expresionistas o fauvistas, no ha querido trabajar sólo lo pictórico, sino también esculturas muy interesantes en los 80. En lo escultórico, aborda la figura humana y, cabezas de personajes. Elige la madera como material. Talla realmente agresivo y la madera sobrante es desga-jada a hachazos del núcleo, y da a sus piezas de una expresividad sorprendente. Con un primítívismo que no posee nada en común con las piezas del arte negro-africano u oceaniano. Este primitivismo proviene más bien de su actitud frente al mundo y su concepción de éste. En fin, los fragmentos de madera de sus series de Cabezas es similar a los de su pintura. A veces, pinta zonas de las esculturas con colores puros, sobre todo el azul, hecho que les da un carácter extraño, y las desligándolas de la realidad. Esas pinceladas en la madera no están para resaltar ningún rasgo, sino por la intervención del impulso creativo y destruir los efectos de acercamiento a la realidad. Creo que al colocar sus figuras invertidas es el mismo que la disposición de las zonas de color en sus esculturas.
A fines de 1988 Baselitz realizó sus 1ª xilografías, tituladas Ciao America, en homenaje al antropósofo Rudolf Steiner. Durante el siguiente año efectúa una serie de pinturas sobre paneles de madera de gran formato y, en los últimos tiempos, se dedica a trabajar tanto en obras tridimensionales como pictóricas.
Durante un período de los 60 fue discípulo de Joseph Beuys -que lo marcó profundamente-, se conecta con el Romanticismo alemán. En Kiefer se produjo una profunda transformación a fines de los 60, cuando se dedicó a viajar por dis-tintos lugares de Europa -Suiza, Francia, Italia- tomando fotografías de determina dos edificios, objetos o personas. Más tarde, manipularía este material fotográ-fico, añadiendo pintura o dibujos y configurando un tipo de obra muy especial y característica. Los temas de Kiefer, parten de sus propias experiencias vitales y, desde luego, enlazan con la tradición alemana. La historia de Alemania es revisa-da y reinterpretada por Kiefer, tanto en las series en las que trata temas relacio-nados con la mitología, como en las obras en las que simplemente representa paisajes. Los personajes protagonistas de sus pinturas tienen mucho que ver con la tradición específicamente germánica; son personas que, por motivos distintos, interesan al artista: Wagner, Caspar David Friedrich, Beuys, etc.
A inicios de los 70 pintó una serie de obras arquitectónicas. Técnicamente, esta-ban construidas según sistemas de composición que se tenían en cuenta un orden y alusiónes a un espacio de carácter tridimensional. Ciertas zonas estaban pintadas, como ocurriría posteriormente, con empastes densísimos, sobre los que se veían finas líneas de grattage que conferían una sensación de relieve a la superficie de los cuadros. En muchas de las pinturas de mediados de los años setenta y de la siguiente década Kiefer incluyó textos o bien frases que hacen referencia a la temática tratada. Estas referencias poseen un carácter crítico e incluso están dotadas de una cierta ironía. La pintura de Kiefer es muy directa y expresiva. Su tendencia a gamas cromáticas en las que integra el negro, hace que sus grandes pinturas tengan, a veces, un profundo sentido dramático.
La tradición nietzscheana es la base de muchas de sus obras. Tras haber pasa-do una etapa, en los 60, en la que refleja una influencia mixta del Constructivismo y del Expresionismo, Lüpertz se inclinó hacia una serie donde el objeto cobraba importancia. Se trata de grandes configuraciones imaginativas donde el volumen queda acentuado por una cierta perspectiva, y a través del sombreado. Desde 1974 se interesó por pinturas de ideología alemana, por ejem plo, Schwarz-Rot-Gold-dithyrambisch. Un año más tarde, se observa la tendencia a desembarazarse de la supeditación a temas determinados, y Lüpertz inicia a partir de entonces un período marcado por la presencia del carácter decorativo. A pesar de este período, en el que se percibe un lenguaje semiabstracto con muchos elementos sígnicos de tipo ornamental, Lüpertz volvería en la década de los ochenta, a tratar temáticas que abordan cuestiones vinculadas a la tradición espe cífi camente germánica. En algunas de sus obras son de tema político, como la serie titulada Faschismus. Pero, parezca lo contrario, Lüpertz no se mueve en el terreno de la realidad, sino que se interesa por lo imaginario y los mundos fantás-ticos. Quizá la serie Alice in Wunderland de más de 50 telas, dedicada la famosa novela de Lewis Carroll, permite apreciar mejor esta faceta del artista. Los motivos fantásticos aparecen en ella, entremezclados con elementos provoca-tivos e irónicos. Él busca que sus cuadros le diviertan a él y a los espectadores, y, a través de ellos, refleja, sus estados de ánimo.
A. R. Penck - (1939)
El nombre real de A. R. Penck es Ralf Winkler; su pseudónimo proviene de un científico del S XIX. En la obra de Penck puede verse la influencia de factores externos, sobre todo de los lugares donde ha trabajado. En 1980 dejó la RDA para instalarse en la R.F.A., donde su obra ya era conocida desde hacía bastantes años gracias a las exposiciones en las que había participado.
En la 2ª mitad de los 60 trabajó en una serie de obras, a las que genéricamente llanaba Reconstrucciones, y tomaba como referencia determina das pinturas de Rembrandt o Van Gogh. En estas obras se imponía un lenguaje basado en el esquematismo que, en ciertas ocasiones, recordaba incluso al de las pinturas rupestres prehistóricas. Más tarde, en los 70, su tarea se desarrolló en un sentido bastante diferente, ya que tuvo en cuenta aspectos determinados del mundo de la alta tecnología. Surgieron entonces las pinturas llamadas Stan-dard. En ellas se pueden observar elementos que conectan con el mundo de la cibernética, por el que Penck llegó a interesarse profundamente.
Apartir de estas realizaciones, durante los 80, la obra de Penck ha evolucionado hacia formulaciones mucho más libres en las que no faltan factores estéticos.
A pesar de la amistad de Immendorff con Penck, la concepción pictórica del 1º es muy distinta de la del 2º. En su obra (en la de muchos de los neoexpresionistas de su época) hay referentes políticos constantes que tienen mucho que ver con la historia más reciente de Alemania. Se destaca el 1966, cuando pintó Hórt aufzu maten! (¡Termina con la pintura!), finaliza una etapa dedicada a pintar, y comienza otra que, influido por Beuys, ligada al mundo de la performance.
A partir de 1975, Immendorff quiso entrar de lleno en el ámbito de la pintura con temáticas vinculadas a la política por la que pasó su país durante la 2º guerral. Dentro de esa línea destaca la serie de pinturas de gran formato que llevan por título Café Deutshland, que estuvieron influidas, desde el punto de vista de su concepción Renato Guttuso con «Café Greco», en la que no faltaban referencias al local situado en Roma. immendorff alude, en sus dieciséis pinturas dedicadas al Café Deutschland, a una discoteca que se encontraba en la parte antigua de la ciudad de Düsseldorf, su ciudad natal, y que era muy famosa tanto en los 60 co-mo en los 70. En ella se reunían los jóvenes a charlar y bailar; no se trataba, por tanto, de un lugar ligado a ningún hecho político, pero lo cierto es que las charlas habituales de la juventud durante aquellos años giraban en torno a temas estre-chamente relacionados con la política de su país. Por este motivo, no es extraño descubrir en algunas telas de la mencionada serie al propio Immendorff, acom-pañado por sus amigos, y, en el fondo de la sala, la cruz gamada, en clara alu-sión a la época de Hitler. Las reminiscencias del lenguaje expresionista de las pri meras vanguardias son también muy explícitas, tanto por la ironía con la que están tratados ciertos personajes, como por la atmósfera recreada por el artista. En el film de Robert Wiene, El gabinete del doctor Caligari, se podían ver unos taburetes, en la comisaría, muy similares a los que integra immendorff en sus obras. Las figuras de sus cuadros adquieren una presencia y un vigor más escultural que pictórico y, en ocasiones, recuerdan a algunos personajes de cómic
En Alemania surgieron, a fines del S XX, gran nº de artistas que retomaron el Ex presionismo más radical del 900. A veces son mencionados neoexpresionistas, sin las diferencias con respecto a los anteriores. Pero también circularon, a co-mienzos de los 80, con el nombre de Neuen Wílden retornando el concepto de wild, similar al fauve Francés. Se recordará que en el Almanaque del Jinete Azul (1912) tenía un texto de Franz Marc sobre los Wilden de Alemania. Por ello, no es extraño que el grupo de Berlín, con Fetting, Midendorf y Salomé, se conozca bajo esta denominación. Su arte se aproxima, por el empleo sistemático de unos colores fuertes y agresivos y por los temas, a una concepción muy cercana al primitivismo que también se estaba en determinados artistas de principios de siglo. Uno artista precursor directo de las manifestacio nes de los tres pintores ci-tados es Karl Horst Hödicke (1938), en cuya temática gira en tomo a la cotidia nidad, pero enfocada con un prisma muy personal. Las grandes ciudades y la aceleración que se vive en ellas es el tema de Hödicke, todo ello trazado con gran agresividad, en el que los colores son factores precisos a considerar. Su pin tura ha servido p/artistas jóvenes como Middendorf o Salomé, alumnos suyos. Rainer Fetting (1949), pasa largas temporadas en Nueva York y vive en Berlín, Estudió en la Esc. Sup. de Arte de Berlín. Fetting pintaba de niño con el apoyo pa terno, pues su padre era profesor de arte. Fetting reconoce que Baselitz y Lü-pertz son dos de los artistas que más le han atraído, desechando a Van Gogh, de quien conoce tanto sus obras como sus escritos. La temática es amplia e incluye paisajes y retratos hasta determinadas vistas de Berlín. Sin embargo, últimamen te ha pintado sobre todo personas desnudas, des cantándose por temas sexua-les o bien por que aparecen indios o danzas de tipo ritual. Su obra responde a su enorme interés por el pop, rock o punk. Emplea colores chillones -amarillos fluo-rescentes, de tonos ácidos, en contraste con rojos, verdes o azules- y los en-marca en gruesos trazos de color negro. Su pintura se distingue por la gran flui-dez que presenta el empaste, con superficies muy lisas.
Helmut Middendorf (1953) refiere a la gran ciudad, que aparece como trasfondo en sus pinturas de grandes dimensiones. Capta, con preferencia, escenas noctur nas en las que la oscuridad ambiental queda refle- jada a través de los tonos oscuros que utiliza para enmarcarlas. Pero, la oscuridad no logra atrapar a las superficies de sus cuadros, con gusto por los contrastes de colores violentos. A veces, se nota la atmósfera de las discotecas con sus láser en distintas zonas y seres. El lenguaje es fácil y directo, con gran efectismo. Igual que a Salomé, le apasiona la música rock y ello se advierte fácilmente en su obra pictórica.
Wolfgang Cilarz alias Salomé (1954), en pintura como en el grupo de rock donde toca, tiene una postura en el mundo del arte muy radical e con un rechazo hacia la tradición. Los temas elegidos se relacionan con el mundo que conoce, las discotecas. Luces, colores, sonidos y ruidos se evocan por medio de un lenguaje extraordinariamente agresivo y nada convencional. Últimamente hay otros mu-chos en Alemania, que por los temas o por el modo en que se hallan enfocados, puede incluirse dentro del Neoexpresionismo. Podría mencionarse también a Ina Barfuss, Georgiri Dokoupil, Albert Oehlen, Mar kus Oehlen y Volker Tannert, entre otros. Todos trabajan dentro de una trayecto ria figurativa, pero hay algunos que han preferido situarse en la tradición abs tracta. De todos ellos, el mayor. es Dieter Krieg, que está muy influido por el lenguaje informal, y su obra puede situarse en el tachismo. Peter Heisterkamp alias Blinky Palermo, trabajó creando ambientes de color puro, empleando habitaciones enteras para sus expe riencias. En su tarea no debe verse, según dice él, ningún deseo de evocar algo desde un punto de vista simbólico, sino simplemente formas primarias concretas. Esto es lo que ocurre en su obra titulada Das blaue Dreieck (La esquina azul).
NEOEXPRESIONISMO DE EE.UU.
Pintura neoexpresionista
Jean-Michel Basquiat (1960/88), de Brooklyn descendiente de portorriqueños y haitianos, comenzó pintando graffitis en el metro de Nueva York, y de ello deriva modalidades de su obra posterior. La agresividad de varias pinturas se combina con grandes dosis de humor e ironía. Sus cuadros, sobre soportes insólitos –puer tas viejas de autos, planchas abandonadas, marcos de ventana o cualquier otro material de desecho, combinan elementos pintados esquemáticos y directo con escritos en castellano o inglés. Su estilo es inconfundible y aflora un primitivismo muy interesante expresado en rostros o animales, con bocas entreabiertas, mos-trando los dientes. La palabra es muy utilizada para resaltar ciertas imágenes, igual que el color. Cambios cromáticos violentos, sin transiciones y tendencia a la mancha y el emborronamiento para distribuir colores. Pese a una composición he terogénea, su obra posee un carácter muy personal. Para efectuar sus pintu-ras, escuchaba música y la obra era resultado de una especie de performance.
Keith Haring (1958/90) tiene elementos de Paul Klee o las ornamentadas placas de madera de las puertas de los graneros de los Dogon. Allí se mezclan anima-les, -delfines, perros, etc.- o antropomórficas. Tienen elemen tos ornamentales que, con personajes de cómics (seres alados o bebés atómicos) dan un aspecto impactante. Aparte, el color es muy importante, por contrastes acusados de colo res vivos -rojos, azules turquesas, verdes, amarillos- sobre fondos neutros claros u oscuros, logra gran impacto visual. En ocasiones, empleó también colores fluo-rescentes. Su lenguaje ideográfico es similar al de los ordenadores. En una oca-sión, el artista llegó a afirmar que deseaba riva lizar con la propia televisión gra-cias al empleo de un lenguaje di recto que deriva tanto de su admiración por artis tas tan distintos como Léger, Matisse, Miró o Stella, como por su interés por la diseminación atómica -electrones, protones y otras partículas-, junto con el gusto por el decorativismo del arte maya o azteca. su pintura reúne elementos de un primitivismo absoluto con otros procedentes de las más sofisticadas tecnologías.
Mucho difieren las pinturas y collages de Julian Schnabel (1951), que puede ser el prototipo de la posmodernidad pictórica, ya que recoge en su obra elementos procedentes de estilos del pasado -desde el Renacimiento al Barroco, incluyendo el Manierismo y sin olvidar el mundo de la antigüedad clásica- que, conjugados con técnicas del presente, dan lugar a resultados cargados de expresividad. Lo fragmentario adquiere un significado muy específico, ya que el artista encontró un modo de expresión propio en la inclusión en la obra de trozos de platos rotos, coloreados con pintura y adheridos con cola a la superficie. Sus últimas obras tienen referencias a obras de artistas como Cy Twombly o a Joseph Beuys que, según él, son fuente de inspiración constante. La temática abordada por gira en torno a la mutación desde el tránsito de la vida a la muerte, cuestión que también preocupaba al desaparecido Beuys.
En cuanto a los materiales, no se contenta con trabajar con elementos propios del ámbito de la pintura, además de los fragmentos de platos, integra trozos de madera, algodón, etc. Con obras de gran formato efectuadas, en general, sobre soportes de madera, desea estar en contacto con el espectador x 1/2 de los mate riales. Para él, éstos son los elementos esenciales de su pintura y gracias a ellos intenta atraer la atención de los posibles observadores de su obra.
Jonathan Borofsky (1942) presenta una evolución en etapas bastante distintas. Desde sus primeras instalaciones, que poseían un marcado carácter conceptual, hasta las más recientes obras pictóricas, han transcurrido períodos, como en los 70, que reflexionó sobre varias cuestiones artísticas, sin ejecutar obra alguna. Sus obras de los 80 tienen temas relacionados con la figura humana, con un cier-to carácter irónico. Sus piezas presentan personajes en movimiento, casi siempre en posición de avanzar corriendo. Las actitudes y las posturas de sus personajes resultan un tanto forzadas y confieren a la obra su aspecto irónico.
Eric Fischl (1948) tiene profundo conocimiento de la tradición pictórica ame-ricana, representada por Winslow Homer, John Singer Sargent y Edward Hopper. Se sitúa en una línea realista, que destaca banalidad de temas planteados: referi das a situaciones de la pequeña burguesía americana, en muchas ocasiones, con una cierta acritud y rozando el sarcasmo. A inicio de los 80 realizó pintura erótica, como Bad Boy o First Sex, con figuras femeninas desnudas tratadas de un modo un tanto morboso.
David Salle (1952) Con una obra radicalmente distinta. A través de yuxtaposicio nes de elementos figurativos, abstractos, fragmentos a modo de citas, y por el uso de técnicas diversas, tuvo resultados en los que la heterogeneidad como factores dominantes. Por otra parte, Salle titula muy a menudo sus obras con enunciados que nada tienen que ver con lo que se plantea en ellas. Se trata de denominaciones arbitrarias que no hacen más que subrayar, en el fondo, la arbitrariedad inherente a tales composiciones .
Louisa Chase (1951) trabaja en una línea que recupera ciertos aspectos relacio- nados con el paisaje romántico. En sus pinturas, el factor cromático desempeña un papel fundamental ya que proporciona a sus visiones paisajísticas un carácter un tanto fantasmagórico, resultado tanto de la interacción de colores no demasia-do habituales -mezclas de rosas, rojos, anaranjados, violáceos y amarillos- como de la distribución de ciertos efectos lumínicos. Pintoras como Susan Rothenberg y Lois Lane son representantes de una trayectoria pictórica de imágenes dotadas de gran fuerza expresiva. Son muy conocidas las pinturas que representan obsesivamente, una y otra vez, el tema del caballo, y que, en el caso de Rothenberg, las resuelve monocromáticamente, acentuando la significación del contenido.
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Nueva imagen
(Neoexpresionismo americano)
Surge en EE.UU. a mediados de los años setenta y adquiere su máximo desarrollo durante los años ochenta.
Es el equivalente norteamericano a las corrientes figurativo-expresivas europeas como el neoexpresionismo alemán, la transvanguardia italiana, o la figuración libre francesa.
En 1981, la obra de los artistas europeos neoexpresionistas y transvan-guardistas fue ampliamente difundida en las galerías de Nueva York donde obtuvieron un gran éxito. Esos artistas europeos, especialmente los alemanes, dejaron una profunda huella y se convirtieron en ejemplos artísticos para muchos pintores norteamericanos. De este modo, la nueva corriente figurativa y expresiva que estaba surgiendo en EE.UU. se desarrolla rápidamente y adquiere el reconocimiento definitivo. Sin embargo, en los Estados Unidos los artistas desarrollan planteamientos estéticos con un tratamiento estilístico y una base de inspiración muy diferente unos de otros. Esto hace que su obra sea aún más heterogénea que en las corrientes europeas.
Modalidades de la corriente figurativo-expresiva surgida en Estados Unidos son la figuración gaffiti y el movimiento del pattern & decoration, que introducen planteamientos nuevos.
CARACTERÍSTICAS
- Retorno a las imágenes de carácter emocional y expresivo.
- Postura artística narcisista, exaltada, irónica, sarcástica y libre de convenciones.
- Gusto por la fusión o combinación de elementos del arte "culto" y el arte "trivial".
- Yuxtaposición de elementos figurativos y abstractos: generalmente fondos a base de manchas o franjas de color sobre los que se disponen figuraciones contrastantes (Salle).
- Representación de objetos de modo intuitivo y sin atender a su perspectiva dentro del conjunto de la obra (Schabel, Salle).
- Ejecución de trazos amplios.
- Preferencia por el óleo, aunque es frecuente la combinación con otras técnicas (acrílicos, pinturas industriales).
- Empleo del collage de materiales como fragmentos de platos y cerámicas (Schnabell).
- Temática amplia: símbolos y metáforas visuales, mitologías individua-les, motivos religiosos (Schabel), escenas eróticas (Salle, Fischl), escenas de violencia y destrucción (Longo). En general temática con predominio de la figura humana.
- Variedad de planteamientos expresivo-formales: matérico (Schnabel), realista (Fischl, Longo), sincrético (Salle).
- En general, composiciones con un gran despliegue de material y de instrumentos representativos.
INFLUENCIAS
El neoexpresionismo americano tiene influencias muy diversas: de las tradiciones artísticas americanas y del arte europeo, del expresionismo abstracto, de los planteamientos neoexpresionistas alemanes, de las pinturas simbólicas del arte culto y del mundo visual de los medios de comunicación, de los planteamientos efectistas del Barroco, del teatro y del cine, etc.
ARTISTAS
Susan Rothenberg (1945), Julian Schnabel (1952), Jonathan Borofsky (1942), David Salle (1952), Eric Fischl (1948), Robert Longo (1953), Robert Kushner (1949), Malcom Morley, Robert Zakanitch, etc.
D. Salle:
"Zeitgeist Painting núm. 4", 1982.
Acrílico y óleo sobre tela, 2 paneles, 396 x 297 cm.
Saatchi Collection, Londres.
J. Schnabel:
"The Student of Prague" ("El estudiante de Praga"), 1983, fragmento.
Óleo, platos y cola de huesos sobre madera, 294,6 x 579,1 cm.
Colección Spiegel, Nueva York.
E. Fischl:
"El perro del anciano y el bote del anciano", 1982, fragmento.
Óleo sobre tela, 300 x 400 cm.
Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich.
A.R. Penck
Galería Antonia Puyó. hasta el 25 de junio
La galería Antonia Puyó, nos presenta la obra de A.R. Penk (Dresde 1939 como Ralf Winckler). En su obra, destaca la dualidad entre el expresionismo y el símbolo 'no expresivo'. La intervención del significado en sus obras crea un carácter subjetivo que enaltece el discurso poético...
El criterio singular del neoexpresionismo
En origen, sobre todo para los fenómenos procedentes del área alema na, deberíamos distinguir el neoexpresionismo del nuevo expresio-nismo. Este último se genera tras el predominio de la abstracción como rechazo del arte nazi figurativo tras la Segunda Guerra Mundial que comienza a perder su absoluto predominio a comienzos de los sesenta. Dos ciudades, Berlín y Dusseldorf, encabezaron un reen-cuentro con la identidad alemana en respuesta a la supremacía EEUU. Hasta que llegó a concretarse en exposiciones como Pandemonium I y II (1961/62). A partir de aquí, los registros posteriores afines los citamos como neoexpre-sionistas [la distinción se toma de Azpeitia, Ángel: "Diccionario de arte contemporáneo y vocabulario de crítica actual", en prensa]. Todos los estilos o movimientos que incluyen en su denominación el
prefijo "neo", tienen un carácter deliberado y fundamentan sus características en las de un precedente histórico. "En este caso se alude a cualquier tendencia reciente, no antes de los 70, inspirada en el expresionismo del primer tercio del XX que le suministra elementos temáticos, formales y, en particular, coloristas. Se encuadra en la posmodernidad y alcanza su mayor difusión y éxito a partir de la Bienal de Venecia de 1980, la presentación en USA de los Nuevos Salvajes en 1981 y la Documenta de Kassel de 1982".
El simbolismo en el trabajo de Penck procede de lo particular a lo general. Cuando tuvo que responder a las acusaciones que tachaban su trabajo de incomprensible él repuso: "en cierta manera tienen razón. Creo que incluso podría subrayarlo. Si fuera de otra manera el interés desaparecería rápidamente. Misterio y codificación son esenciales. Una vez que has traspasado el umbral de la ingenuidad ese proceso codificador comienza automáticamente". En efecto, sus formas y figuras se transforman drásticamente. Es una obra de vida en estado primario donde las cosas fluyen y, por tanto, un objeto tiene allí capacidad de ser otro. Ante la pregunta de si hemos de contemplar una figura femenina precisa como la representación de la diosa Kali, la respuesta nunca aparece clara. En conjunto los personajes se asemejan a espíritus inocentes; la posible violencia que contemplamos proviene más de un tono dionisiaco que de un principio destructivo. Aunque el autor explote cierto primitivismo (ecos del "graffiti" o de las antiguas culturas artesanas), nos deja entrever altas medidas de sofisticación.
Fijémonos, por ejemplo, en la forma precisa en que Penck distribuye y compone los elementos sobre el soporte. "Como las profecías de la Sibila de Delfos la pintura de Penck no puede ser analizada a través de la lógica. Su significado debe sentirse" [Godfrey
, Tony: "The New Image", Phaidon Press Oxford, 1986, p.36].
Penck desnudo sobre la línea pictórica
Desmentida la espontaneidad inconsciente, dado que para quienes aprovechan este lenguaje con conocimientos técnicos deberíamos reservar el término ingenuismo (como actitud deliberada), sí que se descubre en Penck un carácter sacro o casi sacro del signo. Es bien conocida, sólo por poner un ejemplo, su figura "standart", especie de estereotipo humano como el que podríamos hallar entre los prehistóricos, aunque difiera el uso. Convive con otras imágenes simplificadas, de mayor o menor carácter icónico, como el óvalo-ojo, la flecha o lanza, la cruz o aspa, las aves y las cabezas zoomórficas. Siempre con un extraordinario impacto y un enorme poder de permanencia en la retina. El propio artista define que "un estándar es una estructura que con sus identidades y no-identidades representa una fenomenología elemental topológica".
Hombres, conflictos, águilas, pentágonos, diarios y retratos, templos destruidos, pseudogeometrías y peligros conviven dispares, se sitúan y dinamizan los espacios pictóricos. Las grandes enseñanzas sobre la personalidad de Penck las descubrimos en todas y cada uno de sus signos, lingüísticos o artísticos, ambiguos o definidos. Una vez escribió: "El ayer proyectado en el hoy /distanciado/ asediado por los hechos/ perseguido por las palabras/ desconfiando de su significado/ escéptico de las interpretaciones" ["Gestern ins heute projiziert/ entfremdet/ belagert von Fakten/ verfolgt von Worten/ mi§trauend ihrer Bedeutung/ skeptisch den Auslegungen". Penck, A.R.: "Dogma und Dialektik", Galerie Michael Schultz, Berlin, 1999, pp. 6ó7.]. Frases y pinturas directas, comunicativas, abiertas y ocultas que nos introducen hasta su inconfundible sentido de las cosas. Un arte que retrata al ser en el mundo y a los seres y experiencias que de él se nutren.
Pedro Pablo Azpeitia
Capítulos correspondientes al texto del catálogo de la exposición "A.R. Penck: el artista desnudo, salvaje y existencial que camina por la cuerda dialéctica".
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Sin título Walter Dahn 1974 Plástica
La libertad de expresión
Entre fines de los 60 y mediados de los 80, dos generaciones de artistas alemanes, hartos de la impersonalidad del pop y el arte conceptual, promovieron un retorno brutal al gesto, al lienzo y a la expresividad de la pintura. Oriundas de la colección Deutsche Bank, las casi 150 piezas que integran El regreso de los gigantes –la muestra que se exhibe en el Museo de Arte Decorativo– reconstruyen una coyuntura clave en la historia del arte contemporáneo.
POR MARIA GAINZA
Varias veces la habían dado por muerta, y aunque nunca nadie pudo encontrar su cuerpo, todos insistían en que estaba kaput. Pero la vieja dama regresó. Algunos dicen que avanzaba atronadora, con la potencia de un huracán que arrastra a su paso techos y ventanas. Otros, que estuvieron ahí, cuentan que el temblor se sintió primero en lienzos que se poblaron de rostros bravíos. Terminaban los setenta, y luego de los radicales procesos de desmaterialización del arte, la pintura reaparecía en todo el mundo. En Alemania, Italia, Francia, Estados Unidos, los artistas tomaron pinceles y telas y se pusieron a intentar una pintura impetuosa, desinhibida.
Ese retorno es el que registra El regreso de los gigantes, la muestra que reúne en el Museo de Arte Decorativo casi 150 piezas de la colección Deutsche Bank pertenecientes al período de resurgimiento y consolidación de la pintura en Alemania (1975-1985). Un movimiento que algunos denunciaron como un proyecto burgués, de regreso al orden, y otros como una tentativa de recuperar las imágenes perdidas. A casi veinte años de los hechos, sin embargo, la muestra produce sentimientos encontrados. En algunas obras hay algo que ya no palpita, cierta pérdida de intensidad a manos del tiempo, pero a la vez siempre produce un efecto refrescante ver la insolencia con que los neoexpresionistas alemanes se embarcaron en una empresa –pintar y pintar cuadros– que parecía un absurdo a los ojos de la época.
En una entrevista de 1979, el cineasta Werner Herzog decía: “Vivimos en una sociedad que ya no tiene las imágenes adecuadas, y si no las encontramos, nos extinguiremos como los dinosaurios”. Ese hambre de imágenes (como curiosamente se titularía después un libro fundamental sobre la nueva pintura alemana) llevó a los artistas a rebelarse contra la impersonalidad del conceptualismo y el pop, que por entonces se había vuelto el pasaporte diplomático del mundo del arte. Muchos vincularon el renovado interés por la expresividad con cierto espíritu alemán que trazaba un hilo entre las figuras de cuerpos retorcidos de Grünewald y los zombies espectrales de Munch. A lo que se sumó la necesidad germana de ponerse al día con el mundo y apretar el acelerador, luego de haber padecido tanto las consecuencias de la retrógrada política cultural nazi. Lo cierto es que las escenas –como se llamó a los princi-pales centros creativos del neoexpresionismo: Düsseldorf, Berlín, Colo-nia y Hamburgo– encarnaron aquel feroz modo de ver alemán que en los años ochenta ingresaría al circuito internacional poniendo quinta a fondo.
Grosso modo, el neoexpresionismo alemán agrupó a dos generaciones. La primera, sacudida por una guerra devastadora, comenzó a mediados de los sesenta a abandonar una postura neutral frente a la historia y a mirar hacia atrás, alentando una pintura más cercana a la tradición germana. Pero el “retorno” era sólo aparente: en realidad, la nueva pintura surgía de la necesidad de cuestionar el medio como un ejercicio complaciente. Es verdad que por esos años no todos lo entendían así, y que algunos incluso pusieron el grito en el cielo. En la Bienal de Venecia de 1975, Benjamin H.D. Buchloh dictaminó que, para fatalidad de todos, el mundo se encontraba frente a “un movimiento retrógrado y autoritario”, al que acusó de fomentar una mitología alemana decadente que se valía de imágenes obsoletas y medios anticuados. Pero los alemanes siguieron, firmes. La muestra incluye algunos nombres de esa camada inicial, los padres de la bestia: Karl Horst Hödicke, Jörg Immendorf, Georg Baselitz. Ahí están las águilas de Baselitz, tremendas y fatales, condensando en cinco pinceladas tanta historia alemana, tantas cosas que vinieron antes y tantas que vinieron después. A lo que el artista suma un gesto, simple pero contundente: colgar las imágenes patas para arriba, para preguntarse porla inercia de la convención: la idea de que el cielo esté arriba y la tierra abajo, ¿no será un acuerdo al que todos nos hemos acostumbrado, pero al que no necesariamente deberíamos aferrarnos?
Y –como en todo mar revuelto– a la primera ola siguió una segunda, estrepitosa y arrasadora: una generación integrada por lo que los slogans periodísticos calificaron como los “Nuevos Salvajes”. Un rejunte de artistas con menos mochila, con el fantasma del nazismo un poco más a la distancia, que tomó los pinceles para revolver en el presente y en lo personal. Ojo: la expresión seguía marcando el tono de estas imágenes, pero ya no se trataba de una remake del expresionismo histórico de Der Brücke o Die Blau Reiter, plagado de intenciones trascendentales e intentos de renovación del individuo y la sociedad. Los Nuevos Salvajes parecían ser a la pintura de los ochenta lo que los punks a la música; si bien les reconocían a las vanguardias el haber abierto las puertas hacia la subjetividad, estaban bien lejos de los sueños utópicos. Eran puro escepticismo y acidez. Por eso, aunque el nombre El regreso de los gigantes aluda a una obra de Rainer Fetting que retrata y homenajea a unos Gauguin y Van Gogh corpulentos y macizos, la desfachatez del retrato habla, más que de un respeto acartonado, de una sincronía emocional con aquellos artistas que Hitler había calificado de “degenerados”.
El camino ya estaba allanado cuando, hacia 1980, la pintura se extendió a Colonia y se encarnó en el Mülheimer Freiheit, un grupo más ligado al arte conceptual que contaba entre sus miembros con J.G. Dokoupil y Walter Dahn. Cerca de lo marginal, Dokoupil buscó una pintura ecléctica que se riera de sí misma, como si en el mismo instante de pintar presintiera lo absurdo del intento, mientras Dahn hizo unas caricaturas existenciales, temblorosas, de una fragilidad extrema, con figuras que se sostienen del papel con desesperación, como aterradas por la posibilidad de desaparecer. Durante los mismos años, pero en Berlín, un redactor de la revista Spiegel escribió: “Ha llegado el mundo de los graffiti diseñados en los baños públicos o los garabatos que trazamos mientras hablamos por teléfono. Francamente, entusiasmarse por la libertad que aquí se proclama sería pedir demasiado”.
El hecho es que los berlineses habían acuñado un nuevo término para aquellas imágenes que surgían de una ciudad traumáticamente dividida: las denominaban “pintura impetuosa” (Heftige Malerie). Sus defensores eran un grupo heterogéneo –Rainer Fetting, Helmut Middendorf, Salomé y Bernd Zimmer–, unidos principalmente por el interés en hacer una pintura subjetiva, satírica, con los ojos puestos en una metrópolis que hervía turbulenta como una cacerola sellada. La expresividad y la intensidad se erguían como valores supremos para estos jóvenes inspirados por la música new wave, las discotecas punk, los travestis del SO36 y un cóctel filo-literario de nombres como Whitman, Pound, Verhaeren y Nietzsche.
De las 50 mil obras que comprende la colección Deutsche Bank, la muestra del Museo de Arte Decorativo privilegió trabajos de formato pequeño y mediano, casi todos sobre papel: dibujos, acuarelas, gouaches, grabados. Algunos, incluso, son estudios preparatorios para obras posteriores como el Abrazo de la noche de Immendorf, un boceto de la pintura mural homónima para la Kunsthalle de Baden-Baden, que describe los enfrentamientos en las calles del barrio del Kreuzberg. Pero la muestra es despareja: hace brillar obras potentes como las de Walter Dahn y delata la debilidad de otras como las de Middendorf –que a través de los años parecen haber perdido ímpetu, aunque es interesante, por ejemplo, pensarlas en relación con las imágenes de un Pablo Suárez, ver dónde se unen y dónde se separan–, a las que el montaje, mustio y monótono, tampoco ayuda demasiado.
Cuando llega a Buenos Aires una muestra de buenos artistas pero de calidad desigual, uno queda como varado en un callejón sin salida:agradecido de la mera oportunidad de ver esas obras, pero al mismo tiempo frustrado, porque intuye que lo que llegó no es lo mejor que la colección tenía para ofrecer. Y la sensación se agudiza cuando se cae en la cuenta de que una muestra como ésta reduce las chances de que otra, compuesta por lo mismos artistas, acuda a estas latitudes en un plazo más o menos. Sigue siendo gratificante, de todos modos –llámenlo provincialismo o como quieran–, que lleguen exposiciones extranjeras a esta Argentina pesificada. En especial cuando se trata de obras de un período del arte alemán que, como decía el crítico del New Yorker, Peter Schjeldahl, fue al arte norteamericano de la época lo que los Mercedes-Benz a los Cadillacs: una versión más refinada, con mejor carrocería y mejor motor.
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Isaac-Dario Acosta
Curriculum Vitae
Lugar de nacimiento: México DF
SEMBLANZA
la abstracción en la pintura
La obra de ISAAC-DARÍO ACOSTA (Ciudad de México, 1978) a menudo es comparada con el arte aborigen australiano, un ejemplo de ello es; THE MEXICAN LAND AND ITS RURAL EDGE 2002, (publicada en la revista DOCUMENTA de Arte al Día Internacional edición No. 101), donde nos recuerda los ensueños representados por las leyendas míticas de estas tribus australianas. Sin embargo, sus influencias no son tan exóticas. En algún momento de principios de esta década, ACOSTA tomó un pequeño dibujo de la serie destellos de luz, y simplemente por un intento de renovarse, trato de representar una de éstas piezas, sobre un lienzo a gran escala, desarrollándolo meticulosamente durante varias semanas, hasta que finalmente resultó una obra innovadora, impactante y de gran belleza. ISAAC-DARÍO ACOSTA recrea más allá de la imaginación y del diálogo poético, todo lo que somos y todo lo que anhelamos, como individuos; la libertad absoluta. No sólo queda plasmada, sino que la exterioriza en un plano metafísico, entrando directamente por nuestros sentidos, es un arte surgido de la emoción que refleja estabilidad y orden.
Actualmente ACOSTA, tiene un estilo libre de los cánones establecidos, nos podemos dar cuenta por sus obras de formato medio donde interactúa con elementos primitivistas, constructivitas, dadaístas, etc., así hasta comprender el movimiento que marcó la historia del arte mundial; el Expresionismo Abstracto en América del Norte, principalmente EU, movimiento que irá cambiando de nombre, según lengua, nación y época (grupo Gutai en Japón, Ruptura en México, Abstraction-Création en Francia, grupo Cobra en Europa del Norte, grupo Madí en América del Sur, los Constructivistas en Rusia, el movimiento Merz de SCHWITTERS en Reino Unido, El arte neo-aborigen en Australia entre otros) como ACOSTA mismo dice,- es el arte que nació entre inestabilidad y violencia, y hoy día "para mí" es el arte que refleja equilibrio. El estilo del que ACOSTA se mantiene fiel, obedece a una sola causa que es la búsqueda de la estética por medio de las artes visuales. Nos proporciona composiciones policromas, ricas por el manejo de luz, que integra todos los elementos reducidos en un universo llamado lienzo. Composiciones nunca imaginadas. Al ver en vivo sus cuadros, me da una ligera sensación de ver el arte del barroco, no sólo por la magnífica factura y calidad gestual, sino por la religiosa concentración ecuánime, ya poco producido en la era moderna, donde nos lleva a un grado superlativo de reflexión, o de igual manera meditativo. La alegoría visual en su pintura, se expresa sin necesidad de palabras. La propuesta ACOSTANIANA, nos recuerda de igual forma a un paso del morisco ó arábigo-andaluza, cargado con toda la imaginería y las contradicciones que se producen cuando el fervor religioso emerge de las raíces y se inmiscuye en un presente que se es por demás hostil. ACOSTA un pintor mexicano, que siente cierta afinidad por las identidades mediterráneas, ya refleja en su obra más allá de un mestizaje hispano árabe, una huella nacionalista con un sabor judeocristiano, es decir su pintura es un recorrido por fronteras que reconoce o desconoce, muchas veces involuntariamente.
Sin embargo ACOSTA no ha renunciado a la herencia cultural, antes, se enriquece de esta universalidad, que consiste en reconocer lo propio en lo ajeno y viceversa, reconocer lo ajeno en lo propio, resultado de una identidad colectiva, es ahí donde se refleja el reto creativo de ACOSTA alejado de prejuicios raciales. Éste es el espíritu que encierra su abstracción en la pintura, al parecer es un mediador entre el espectador y la obra, de tal modo que no se identifica de entrada, con una cierta tendencia de moda, no en lo absoluto, si no que nos da la oportunidad, como dije anteriormente; de reflexionar.
Por supuesto que el autoría es inconfundible, pero no distrae de la fuerza profunda que las integra. La narrativa crítica de sus obras tiene un proceso creativo que lo da la pasta de color, de la textura del material, de los ladrillados que arma, como si los construyera con arcilla y adobe, nos plantea subirnos a un soporte bidimensional comparada con la arquitectura Mudéjar, ese ir y venir de técnicas arcaicas pero necesarias hoy día para la observación e interacción. A través de una metafórica ventana, se ven las horas, la ciudad, las cosas, la gente, el río de autos, los árboles, el tiempo. Y el artista lo ve, se detiene y lo hace todo a la ves, es como un filósofo con aires de poeta inmerso en nuestra vida moderna.
La técnica de estos gruesos empastes y remolinos al óleo de ISAAC-DARÍO ACOSTA, sin duda alguna parecieran ser un campo de siembra visto desde unas alas Delta ó viéndolo desde otra perspectiva, un pueblo lleno de callejuelas con iglesias, casas rodeadas de jardines y plazuelas, realmente tiene un aire de poblados pero al mismo tiempo muy rural, nos da la libertad de elegir cierta afinidad y adentrarnos en un mundo de color, en su búsqueda invita al espectador a meterse en la pintura, a vivirla, su visión ante la vida, ante al arte, es, un respeto profundo por el propio oficio, por el entorno donde uno se desenvuelve pero principalmente por el espectador.
Una pintura saturada, -comenta ACOSTA, resulta ser muy divertida, debido a que puedes armar tu propia historia dentro de la obra, de tal forma que siempre ves un cuadro distinto, es como tener varias conversaciones de temas diversos con la misma persona. Por supuesto la pintura de ACOSTA nos propone un enorme campo lleno de formas y elementos pictóricos, pero sin permitir que un solo elemento destaque sobre los demás, pues todos deben tener la misma importancia en color y forma, además sus obras son expansivas por que las líneas y áreas matizadas parecen continuar más allá de los límites del lienzo, como si hubieran sido interrumpidas por el marco y sólo la exquisitez del cuadro fuera lo enmarcado. ISAAC-DARÍO ACOSTA, rinde homenajes a elementos poco usuales, tales como la serie destellos de luz, realizadas en técnicas mixtas sobre papel algodón y polvo de cristal, Construcciones realizadas al óleo sobre papel madera, y actualmente a manifestaciones estilísticas que marcaron a más de una civilización como el arte Mudéjar, desarrollando un modo muy personal de interpretarlo, pero gran parte de su inspiración de este período Homenaje al Mudéjar realizadas al óleo sobre tela, se debe al recate y preservación haciendo referencia de un arte y culturas milenarias, así lo mismo expresan sus cuadros de Selvas, donde igualmente nos hace una buena y oportuna reflexión a la ecología y al cuidado de la misma como el único medio de armonía entre el hombre y la naturaleza: el arte mismo.
SAMUEL SCHLEMKER - crítico de arte
El neoexpresionismo abstracto, ante la globalización. por isaac darío acosta
Mucho tiempo me ha tomado para lograr un concretismo en mi obra plástica, no significa que he culminado con mi visión, al contrario es una búsqueda incansable ante lo finito que somos.
Si bien como pintor latino, me he enriquecido de mis raíces, de la milenaria cultura que tenemos como mexicanos, sin recurrir en un nacionalismo ficticio. El color y la geometría son los ingredientes primordiales para una composición visual, en este caso plástico. El neoexpresionismo abstracto, creo puede explicar un sin números de incógnitas para identificar fácilmente la corriente de mi obra, donde cabe también la libertad de expresión y criterios.
Ante un mundo cambiante y confuso, existe una vanguardia alterna, una posibilidad de anti-globalizarnos, es decir no participar en pro de un nuevo orden mundial, pero sí de universalizarnos, tomar como nuestras las distintas manifestaciones artísticas de otras latitudes, despojándonos del racismo y la discriminación, evocar a la tolerancia como única forma de subsistencia como especie humana.
El neoexpresionismo abstracto, viene, digamos a darme una directriz para el quehacer plástico, fusiona ideales, teorías, técnicas en fin un sin numero de cosas, en el cual encierro una universalidad atemporal
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La condición humana en la pintura de Reynaldo Fernandez Tefel
—MARIA DOLORES G. TORRES—
Managua
La última década del siglo XX se ha distinguido por el auge de la postmodernidad, inserta dentro de un mundo globalizado, donde la expresión artística no está condicionada por un estilo uniforme sino que está regida por una gran variedad de estilos en los cuales inciden tanto las transterritorializaciones culturales como una conciencia multicultural, donde la identidad se busca en la diversidad y la multiplicidad. En este sentido, la pintura de Reynaldo Fernández Tefel (1969) se caracterizó desde sus comienzos por una búsqueda de identidad personal y la proyección de sus reflexiones sobre la condición humana. Como consecuencia de una “existencia bicultural”, experimenta el reencuentro con su cultura de origen cuando regresa a Nicaragua después de diez y seis años de ausencia. El hecho de pertenecer a dos mundos opuestos –el norteamericano y el nicaragüense- le obliga a buscar un pasado irrecuperable y un presente relacionado con el extrañamiento producido por otra cultura.
De esa existencia bicultural, surge un vocabulario expresivo a través del cual explora el problema de la transculturación, por medio de un discurso artístico repleto de imágenes heterogéneas que nos hablan de una cotidianeidad solitaria, llena de experiencias existenciales. Las raíces de su estilo habría que buscarlas en el neoexpresionismo y la transvanguardia, en el mundo solitario de Edward Hopper o en las escenografías teatrales de David Salle, como fuente de sus imágenes contundentes, alusivas a la problemática humana. Desde sus comienzos, la pintura de Fernández Tefel mantiene una fidelidad al universo figurativo a través de un metalenguaje que posibilita múltiples lecturas, en una serie de cuadros caracterizados por la ausencia de títulos. Esto, lejos de ser una limitante, es un estímulo para la imaginación pues el espectador se ve obligado a pensar y descifrar un mundo lleno de significados.
En las pinturas de 1992 y 1993 nos relata una serie de historias sin una narrativa explícita donde predominan los grupos familiares y seres en posición fetal, ubicados en espacios equívocos y rodeados de utensilios de uso doméstico como sillas, mesas y bancas. A través de ellos, parece aludir a los pedazos sueltos de un mundo desintegrado situados en un espacio olvidado por la historia. Estos objetos parecen haber perdido su sentido exclusivamente funcional para adquirir una connotación simbólica al representar la ausencia, la soledad o la permanencia de lo material, dentro de un espacio donde se desarrolla el drama humano. En contraste, las imágenes solitarias de las personas crean una atmósfera atemporal y ambigua que nos remite nuevamente a la soledad o a la marginación.
En los cuadros de su última exposición, en noviembre del 2000, se evidencia la obsesión del artista por los espacios cerrados, por la conformación de un escenario claustrofóbico dominado por la presencia de sillas, camas vacías, almohadas, tableros de ajedrez y figuras infantiles, esquemáticamente dibujadas y superpuestas sobre los diferentes elementos que conforman el plano pictórico. Haciendo uso de una iconografía impactante el artista muestra las tensiones producidas por el miedo y la angustia, a través de figuras amenazantes como la sombra gigantesca pintada en color azul que se proyecta como telón de fondo sobre una mesa vacía y una silla situada en incómoda perspectiva delante de una pared rosada. La pintura como representación del drama humano está sustentada por la sombra alargada que se impone autoritariamente sobre los demás seres y enseres. Un laberinto en azul más oscuro, circunscrito dentro de esa figura amenazante, se traslapa con los dibujos de dos niños agarrados de la mano, los cuales parecen quedar absorbidos dentro de la intrincada red de un trayecto sin rutas ni final, donde los límites temporales y espaciales parecen haberse borrado. Los espacios teatrales se repiten en casi todos sus cuadros: las cortinas agitadas por el viento, los papeles que vuelan y los recintos cerrados se convierten en los protagonistas de un drama existencial, desarrollado en los territorios de la memoria. Su talento pictórico, expresado en el uso del color y la resolución de complejas composiciones, muestra la lograda manipulación de diversos medios como la pintura y el dibujo a través de los cuales conjuga los aspectos narrativos y secuenciales de sus cuadros. Al mismo tiempo, manifiesta la construcción simbólica de la identidad en los límites del mundo inestable en que vivimos, a través de inquietantes escenas que exploran las presencias y ausencias tanto físicas como psicológicas, relacionadas con los sujetos y sus entornos.
En sus obras se presenta la coexistencia de diferentes códigos producto de un multiculturalismo así como un estilo plural en el que convergen el barroquismo y el neoexpresionismo, donde los objetos encubren metáforas de lo cotidiano o el enigma de lo humano y lo temporal, recreado por medio de montajes cinematográficos, teatrales e intimistas. En la mayoría de sus cuadros, los dibujos cumplen un doble propósito: resaltar la presencia de la línea y destacar los contrastes cromáticos y el claroscurismo de estirpe barroca, para afirmar la monumentalización de lo pictórico. Esta combinación de dibujo y pintura conlleva también la doble propuesta de representar dos posibilidades narrativas simultáneas, a través de un repertorio de imágenes contundentes que imponen su presencia enigmática sobre un presente efímero y el recuento imaginario de sombras que sirven como referente ambiguo a un pasado que penetra por el túnel oscuro de los recuerdos, como en el mito de la caverna platónica.
Al lado de estas imágenes, las extrañas composiciones llenas de líneas diagonales, que cortan el espacio, y la intensidad de contrastes cromáticos convierten el plano pictórico en un territorio destinado a la reflexión y en un recuento imaginario del paso del tiempo. En algunas pinturas predomina la estrategia cubista de la composición, afin a los primeros “collages” de Braque y Picasso, evidente en el cuadro con varios papeles pintados, superpuestos y geométricamente ordenados, que establecen un equilibrio entre las formas abiertas –pintura- y las formas cerradas –dibujo- para definir la gama de los blancos y hacerla más concreta a través de la línea. Al mismo tiempo, las piezas de ajedrez dibujadas sobre el blanco representan un campo de combate donde el espectador puede visualizar la eterna lucha por el poder en la que reyes, torres, alfiles y caballos –símbolos de lo fugaz y lo inestable- caen y se derrumban como un castillo de naipes.
En otras pinturas el dibujo cierra elementos y organiza estructuras: una iglesia que simboliza la meditación y la espiritualidad frente a una silla roja, protagonista de la ausencia y el silencio, establecen el equilibrio entre la pervivencia del trazo espontáneo y lo vital, simbolizado por el ángulo de la pared llena de pinceladas gestuales que parece aludir a la eterna disputa entre la emoción y la razón. Por otro lado, la figuración y la abstracción conviven dentro de un mismo cuadro para expresar estados de ánimo y sensaciones, contenidos y valores formales, a través de una caligrafía donde el trazo y el color involucran al espectador, obligándolo a descifrar la realidad mostrada.
La pintura de Fernández Tefel es portadora de una rica iconografía y un notable colorido a través de los cuales plasma sus vivencias, descubre su coherencia interna, su identidad y sus experiencias existenciales, para presentarnos la problemática humana a través de sus encuentros y desencuentros con la realidad que le ha tocado vivir.
María Dolores G. Torres INVESTIGADORA, INSTITUTO DE HISTORIA. (IHN CA-UCA) Managua, marzo del 2000
Expresionismo Abstracto e Informalismo
El período en que se gestan los movimientos artísticos conocidos bajo la denominación de Informalismo y Expresionismo Abstracto norteamericano es el correspondiente a la 2ª guerra mundial. Se trata, por tanto, de una época de crisis, en la que se produce una profunda transformación de la Weltanschauung (concepción del mundo). El mundo se torna incomprensible y el artista necesita volcarse hacia su interior para poder hallar respuestas a las múltiples cuestiones que le preocupan y llegan a angustiarse. La inquietud, el temor y el desasosiego afloran en la pintura de esta etapa en la que la materia informe se adueña de las superficies de los lienzos. En ningún momento precedente, ni siquiera en el seno de la abstracción pura, el artista había otorgado tanta importancia a los procedimientos técnicos ni a los materiales. incansablemente, se lanza a la experimentación constante y realiza un tipo de obras en las que el proceso creativo se basa en la dialéctica ad ínfínitum entre construcción-destrucción.
Informalismo europeo
El Informalismo como tendencia aparece en el panorama artístico europeo poco antes de concluir la segunda guerra mundial. Se trata de una corriente abstracta cuyos elementos esenciales son los materiales y los procedimientos técnicos empleados para obtener la obra. Cualquiera de los aspectos formales restantes, ya sean compositivos o cromáticos se encuentran claramente supeditados a aquellos.
Fue el crítico francés Michel Tapié quien acuñó el concepto de Art Informel y lo puso en circulación en 1951, aunque también utilizó el térmi-no Art Autre para referirse a esta tendencia. Tàpie deseaba, ante todo, poner de manifiesto el carácter otro de la nueva modalidad artística, con objeto de diferenciarla netamente tanto del arte tradicional como de cualquiera de las manifestaciones de las primeras vanguardias. Ello, no obstante, no impidió que en sus escritos advirtiera que las raíces del Informalismo debían buscarse en Dadá, que, según él, actuaba como una auténtica tabula rasa, a partir de la cual fueron posibles estas experiencias innovadoras. Desde luego, resultan evidentes determina-das conexiones entre uno y otro movimiento. No en vano ambos surgieron durante un conflicto bé lico de enorme trascendencia y éste fue quizás uno de los motivos primordiales que llevó a los artistas a obsesionarse por hallar soluciones nuevas y a utilizar los más diversos materiales extrapictóricos. Sin embargo, los dada-ístas adoptaron desde un principio una actitud claramente nihilista no sólo frente al mundo, sino también en relación con la propia obra de arte. Sus realizaciones eran antiartísti-cas y, según Tristán Tzara,
Dadá jamás pretendió ser otra cosa que una mera provocación.
En esto advirtamos que los artistas que trabajaron en el informalismo nunca llegaron a constituir un grupo y, desde un punto de vista conceptual, jamás asu mieron una postura similar a la de los dadaístas. Para ellos sus obras eran artísti-cas y, aunque en ciertos casos planteasen una dura crítica a la sociedad a través de las técnicas de destrucción o metamorfosis que empleaban para construir sus pinturas, siempre quedaba expresada desde una posición estrictamente indivi-dual y no adquiría carácter de manifiesto colectivo.
Informalismo es un término complejo y un tanto ambiguo que sirve para designar obras de aspectos muy diversos que cabría agrupar en distintas tendencias o modalidades. Las más comúnmente aceptadas son la matérica, la gestual, la tachista y la espacialista, cada una de ellas con sus respectivos representantes. El lenguaje abstracto empleado por la mayoría de -ellos es el elemento que todas poseen en común. Debe señalarse, no obstante, el hecho de que los artistas que trabajaron en el seno del informalismo buscaron soluciones individuales y valo-raron la experimentación constante con técnicas y materiales nuevos por encima de cualquier otro factor. La huella del artista siempre está presente en la obra, confiriéndole un carácter plenamente individual.
A pesar de que el término Informalismo se halla compuesto por el prefijo «in» y el vocablo <,forma», no implica la negación de esta última, sino sólo la negación del valor tradicionalmente otorgado a la forma. Es cierto que la mayoría de obras in-formalistas se rebelan frente a las estructuras preconcebidas y racionales, pero, a pesar de ello, al observarlas no resulta demasiado difícil llegar a distinguir cier-to orden dentro del caos aparente. A veces se trata de formas indefinidas o sólo evocadas como en ciertas obras simbolistas. Los contornos no son nunca dema-siado nítidos, pero el artista resalta ciertas zonas empleando desde la acumula-ción de empastes hasta las incisiones en la materia pictórica. El inforrnalismo, como tendencia no figurativa, tuvo sus antecedentes en la abstracción. Desde luego no remitía a ninguna forma de abstracción geo métrico, sino a la modalidad más libre dentro de este movimiento, es decir, a las improvisaciones de Kandinsky, realizadas entre 1910 y comienzos de los 20, época en la que entró como profesor en la escuela de la Bauhaus. Aquellas primeras pinturas abstractas de Kandinsky refle jan un interés por la interacción de colores y las configuraciones libres que aparecen distribuidas sobre la tela a modo de manchas.
Es precisamente el sentido de máxima libertad lo que caracteriza la obra infor-mal, cuyos significados son múltiples y dependen, en gran parte, del bagaje intelectual con que cuente el espectador que se enfrenta a ellas. Las obras informa listas expresan sensaciones y emociones, estados de ánimo de sus autores. Globalmente, puede apuntarse que el desasosiego que causan a veces está provocado por una alusión a la destrucción que, pese a ser latente, se llega a percibir.
En determinadas obras de Fautlier, Dubuffet o Pollock se advierte la presencia de algo similar al gran hongo que formó la bomba atómica al estallar.
La base ideológica sobre la que se sustentan el Informalismo y el Expresionismo Abstracto -corriente paralela al arte informal europeo- es el existencialismo. Las teorías de Heidegger en torno a la nada van a constituir el arranque de la estética informal. El filósofo alemán apuntó en su obra El origen de la obra de arte que la esencia del arte sería ponerse en operación la verdad del ente, resaltando que el arte, hasta aquel momento, tenía que ver con lo bello y la belleza y no con la verdad. Esa verdad -anhelada por los artistas informalistas- no es otra que el cimiento «cósico”, de la obra, es decir, la materia. La materia constituía la preocu pación esencial para la mayor parte de ar tistas que trabajaban en el seno del informalismo. Del mismo modo, la filosofía heidegge-riana hace referencia a la idea de que el ser obra de la obra proviene del carácter de la «hechura». Esto queda patente, en las manifestaciones informa listas, a tra-vés de la adopción de las más diversas técnicas, como el collage, el grattage o el dtippíng, a la vez que se emplean materiales de todo tipo que no son habituales de la pintura.
Los pioneros de la tendencia informalista fueron los artistas franceses Jean Dubu ffet y Jean Fautrier. Ambos desarrollaron un tipo de manifestaciones, en torno a 1944, en las que los empastes densos y muy elaborados se convertían en prota-gonistas de las pinturas. A menudo se ha afirmado que el iniciador del Informalis-mo fue Jean Fautrier (1898~1964), quien a fines de la década de los veinte ya efectuaba unas obras que, aunque eran figurativas y se situaban en una línea que conectaba con el expresionismo, poseían como característica peculiar una textura de calidades exaltadas. Había iniciado su trayectoria en la época de la pri mera guerra mundial. Sin embargo, la obra de Fautrier alcanza su máxima expre-sividad entre 1943/44, momento en que inició la conocida serie de Otages, que expondría en la galería Drouin de París en 1945. Pese a que estas realizaciones son abstractas, puede llegar a apreciarse en ellas alguna referencia al mundo figurativo. Fundamentalmente, se trata de configuraciones de carácter biomórfico, constituidas por formas ovaladas irregulares que destacan sobre los fondos gracias al distinto tratamiento dado a la materia de la que están hechas. El fondo, trabajado con una capa más fina de empaste, contrasta vigorosamente con la otra zona, en la que pueden apreciarse surcos y arrancamientos de mate ria efectuados por el procedimiento del grattage. Asimismo, pueden observarse cúmulos de materia en determinadas zonas que producen la sensación de un relieve. La textura es abrupta y rugosa, similar a la de un terreno agreste. Por otra parte, la gama cromático empleada también sugiere una relación con ciertos paisajes, pues el artista emplea con frecuencia las tonalidades terrosas, ocres, beiges y anaranjadas, huyendo de los colores puros. En alguna ocasión, sin embargó, Fautrier utiliza pequeñas cantidades de rojo o amarillo para resolver un punto determinado de la composición.
Más tarde, entre 1950/55, Fautrier realizó la serie de Boites et objets, en la que se aprecia, ante todo, un deseo de estructurar la composición a través de tensiones de carácter centrípeto para conseguir que la obra se circunscriba a sí misma. En general, la obra de Fautrier se distingue por la gran capacidad del artista para conjugar elementos que podrían parecer inconciliables. En sus obras sorprende lo abrupto que puede llegar a resultar su lenguaje y, sin embargo, ello no le resta sutileza. Los tonos empleados son siempre resultado de las más auda ces mezclas, al igual que los empastes, que no sólo están integrados por pigmen tos y óleo, sino también por materiales extrapictóricos que les confieren densida-des inusuales en el ámbito de la pintura.
Es a Dubuffet (1901-1985), a quien verdaderamente se debe la gran ampliación de los materiales incluidos en el empaste pictórico. Este artista, que desde muy joven se interesó por el arte y que ya antes de concluir sus estudios escolares se matriculó en la Escuela de Bellas Artes, no se dedicó a pintar exclusivamente hasta bastante tarde, a partir de 1942.
Dubuffet dejó una importante serie de escritos en los que explica claramente sus ideas en tomo a las cuestiones artísticas. Acuñó el concep-to de Art brut, con el que designaba un tipo de manifestaciones que se caracterizaban por no estar realizadas sólo por artistas, sino por perso-nas de distintas procedencias, desde amateurs hasta niños o enfermos mentales. Por otro lado, en el Art Brut, los mate riales emplea-dos para configurar la obra constituyen el elemento esencial. Aparte de los propia mente pictóricos, habría que destacar la presencia de otros, como cal, arena, polvo de vidrio, virutas de madera, aserrín, partículas de metal, resinas, carbón triturado, etc. Dubuffet los amalgamaba con los pigmen-tos y los aglutinantes para obtener empastes densos y exaltados. Pre-cisamente, en tomo a 1944 comenzó a realizar sus célebres Hautes Pátes. A menudo se descubren elementos figurativos en su obra, ya sean rostros de personas o bien alusiones a paisajes, pero la exaltación de la materia es tan acusada que el elemento figurativo pierde práctica-mente toda su fuerza.
En sus escritos, Dubuffet llega a afirmar que sus pastas no están inertes y que, desde luego, informe no significa inerte. El trabajo de los materia-les dispuestos sobre el lienzo se efectúa, generalmente, por medio del grattage, arrancando ciertas zonas para conseguir que otras adquieran carácter de relieve en sobre-salido. Surcos y hendiduras se conjugan con elementos que surgen de la pintura a modo de auténticos cráteres, confiriendo a los conjuntos creados por el artista un aspecto áspero e irregular como el que puedan presentar determinados terrenos abruptos y pedregosos.
Durante casi 20 años, la obra de Jean Dubuffet cambió poco y el propio artista agrupó todas sus realizaciones de este largo período bajo la denominación global de L’bourloupe.
Otro artista que también trabajó en París en esta misma época es el alemán Wols, pseudónimo de Wolfgang Schulze (1913-1951). Sus años de formación transcurrieron en Alemania, donde mantuvo contacto con algunos artistas de la Bauhaus, especialmente con Paul Klee. Descon-tento de la situación política de Alemania, Wols se instaló en París en 1932. En 1941 inició una serie de grandes lienzos, en los que colores contrastados de óleo y esmalte recubren las superfi-cies y preconizan soluciones posteriores de carácter informalista. La etapa propia mente informal es la que cubre el período de 1946 hasta el final de su vida. La mayor parte de estas pinturas presentan un tipo de composición similar, pues en ellas destaca, por lo general, la zona central, en la que apare-cen las densidades de los materiales, obtenidas mediante la técnica del drípping (goteo). Wols emplea gamas cromáticas contrastadas. Así, los fondos suelen ser más o menos homogéneos, mientras que las zonas del centro, aparte de ser las más exaltadas en cuanto a grosor, presentan también importantes cambios de color. El dinamismo inherente a tales composiciones es un factor decisivo que hace que, en ocasiones, su obra se pueda inscribir en la línea sígnica-gestual del Informalismo.
En la pintura de Wols se advierte, además, una tendencia a estructurar las composiciones, ateniéndose a una simetría latente. Así, respecto a un eje vertical que divide la obra en dos partes aproximadamente igua-les, surgen los signos producidos por el goteo, que establecen tensiones centrífugas en la composición.
Georges Mathieu y Hans Hartung, artista de origen germánico como Wols, pue-den considerarse como artistas propiamente gestuales. Mathieu (1921) fue quien realmente introdujo en el ámbito europeo la tendencia que podría considerarse paralela a la Action Painting del Expresionismo Abstracto norteamericano. Utili-zando el drippíng como técnica esencial para la realización de sus pinturas, Mathieu valoró fundamentalmente la velocidad de ejecución. En uno de sus escritos más significativos, Au delá du tacbísme, Mathieu explica que, al introdu-cir en la estética occidental la noción de velocidad, no ha hecho sino res-ponder a la necesidad interna de los medios de la pintura, dirigida por su evolución inexorable. Este artista se revela como un acérrimo enemigo de la pintura abstracto-geométrica, y todo su trabajo, ya sea teórico o práctico, se halla dirigido a lograr imponer la denominada abstracción lírica.
A partir de 1947 se advierte cómo va afianzándose su lenguaje, basado tanto en los signos y los gestos como en la utilización de la mancha. Mathieu poseía, como los artistas norteamericanos de este período, una marcada preferencia por los grandes formatos. En la mayoría de las ocasiones, el artista seguía un pro-ceso similar para efectuar sus pinturas. Así, cubría la superficie del soporte con un solo color, en una capa lisa y homogénea. Después, manchaba determinadas zonas con elementos sígnicos irregulares, en tonalidades más oscuras que las del fondo. Finalmente, empleaba el dripping para obtener algunos puntos de empaste muy acusado que, a modo de extrañas caligrafías, aparecen situados preferentemente sobre las zonas manchadas. En general, y pese a la manifiesta irregularidad de los elementos de goteo o de las propias manchas, el artista seguía un orden en el momento de efectuar la composición. Queda patente, así, que informal no es sinónimo de caos y que, a pesar de la velocidad de ejecución de las telas, el artista persigue una finalidad estética determinada.
En cuanto a Hartung (1904-1989), que se instaló en París en 1935 y cuyos comienzos estuvieron marcados por la influencia de la obra abstracta de Kandinsky, se inició en la tendencia gestual informalista hacia 1946. Su obra se caracteriza por un sentido de gran simplicidad que conecta con la estética oriental. Sus composiciones presentan dos zonas principales: la del fondo, que se halla resuelta monocromáticamente y que suele ser lisa, y la de los gestos propios de las pinceladas. Éstas aparecen distribuidas un tanto al azar sobre la superficie y muestran claramente la trayectoria del pincel, provocando una gran sensación de dinamismo. Suelen ser de un color que contrasta con el fondo. Así, si éste es claro, las pinceladas gestuales serán oscuras y viceversa.
La nitidez de las pinceladas y el hecho de que no existan zonas de densidades acusadas por acumulación de grumos convierten el arte de Hartung en una peculiar aportación dentro del Informalismo
El Informalismo en Italia
La modalidad informalista que más importancia tuvo en Italia fue el Espacialismo, cuyo máximo representante fue Lucio Fontana (1899-1969). Nacido en Rosario de Santa Fe (Argentina), de padres italianos, Fontana estudió en Italia, pues su familia se instaló en Milán cuando él contaba cinco años. Volvió a Argentina a principios de los años veinte y a mediados de esa década tomó la decisión de de-dicarse a la escultura. Sus primeras obras se encuentran bajo la influencia de dos escultores tan distintos como Archipenko y Maillol. A su regreso a Italia, se matriculó en la Academia Brera de Milán, donde aprendería técnicas tradicio-nales. Fue a comienzos de los años treinta cuando, al abandonar la escultura de carácter figurativo, comenzó a experimentar con técnicas y materiales nuevos, como el hormigón y el hierro. En 1935 realizó una serie de piezas abstracto-geométricas muy interesantes que expondría en diversas muestras organizadas en Italia y en París.
De nuevo en Argentina, en 1940 se relacionó con un nutrido grupo de intelec-tuales y artistas como Larco y Romero Brest, con quienes fundaría la Academia de Altamira. Sus inquietudes en torno a la obra artística quedarían reflejadas en el llamado Manifiesto Blanco, publicado en 1946, que, en cierto sentido y tanto desde un punto de vista formal como por su contenido, remite a los manifiestos futuristas. Lucio Fontana volvió a Italia en 1947 y, tan sólo un año más tarde, redactó el Manifiesto espacial junto a otros artistas. En él propugnaban la necesi-dad de un arte nuevo que englobara distintas posibilidades de expresión. Muy poco después, en 1948, Fontana se introdujo de lleno en el ámbito de la pintura que él denominaría especialista. En sus primeras realizaciones se limitó a hacer orificios de tamaños distintos sobre la superficie de la tela, que aparece pintada casi siempre monocromáticamente. A medida que transcurría el tiempo, el artista se decantaría cada vez más por la pintura, aunque no abandonó por completo la obra escultórica.
La obras con perforaciones iban adquiriendo mayor complejidad, pues Fontana introducía elementos por collage, como pequeñas piedrecillas, vidrios, cuentas de colores, etc. En los cuadros con orificios predomina la noción de multiplicidad, sobre tocó en la primera época. Más tarde, cuando a inicios de los años sesenta prefirió efectuar rajas o cortes en la tela, restringiría considerablemente el número de perforaciones. Su obra tendía cada vez más a un rigor que preludiaba solu-ciones minimalistas, sobre todo si se tiene en cuenta que, en la mayoría de los casos, sus pinturas son monocromas. Emplea preferentemente tonalidades rosa-malva o bien colores vivos, como rojo, amarillo, verde, junto a pinturas plateadas y doradas. El peculiar modo de emplear la técnica del grattage para conseguir ori ficios o cortes de gran limpieza constituye una de las características esenciales de la obra de Fontana. En el fondo, las rajas o cortes, realizados con útiles cortan tes, son muy similares a las pinceladas gestuales de los artistas que trabajan en esa línea, como Hartung. El conjunto de la obra pictórica especialista de Lucio Fontana muestra hasta qué punto el artista logró evocar ese ansiado espacio tiempo informalista, tan distinto del tradicional. Huyendo de cualquier sistema ilusorio representacional, Fontana consiguió introducir, a través de los orificios, la tercera dimensión en el cuadro. Amediados de los años sesenta, Fontana realizó una serie de obras de técnica compleja, en las que combinaba la madera pintada con el esmalte y la pintura propiamente dicha; se trata de los Teatilni, que pueden considerarse como esculto-pinturas y en los que la noción espacial es el elemento fundamental. Un artista muy distinto es Alberto Burri (1915), cuya obra debe situarse en la tendencia matérica del Informalismo. Su obra se caracteriza por la presencia de materiales muy diversos, entre los que destacan las telas de arpillera, que apare-cen recosidas con grandes cuerdas y puntadas. En ocasiones, se trata de telas rotas en las que pueden verse determinadas zonas agujereadas. El artista combi nó estos materiales de desecho, a los que se suman maderas quemadas y cha-pas metálicas, con la pintura propiamente dicha. Ésta aparece distribuida por la superficie del cuadro a modo de manchas de carácter irregular. Las tonalidades empleadas por Burri se acercan a los colores de la tierra (ocres, castaños, beiges y negro). Es importante señalar que tanto la obra de Fontana como la de Burrí constituyen un punto de arranque para la estética del Arte Povera, surgido a fines de los años sesenta. Otros informalistas italíanos que cabe mencionar son Giuseppc Capo-grossi, Roberto Crippa y Emilio Vedova.
El Informalismo en España
Mientras en Francia y en otros países de Europa se iniciaba la profunda transfor mación que en el terreno artístico conduciría al informalismo, en España, a media dos de la década de los cuarenta, se vivían circunstancias extraordinariamente precarias. Tras la guerra civil, el estado de deterioro en que se encontraban la mayor parte de centros dedicados a actividades culturales era el reflejo de la terrible situación a la que habían de enfrentarse intelectuales y artistas. Sin em-bargo, el ansia de renovación era tan potente que, aunque lentamente, comen-zaron a esbozarse ciertas vías que permitían la penetración de nuevas modali-dades artísticas. En ese sentido, hay que subrayar la importancia de Cataluña, como pionera en lanzarse a la investigación de comportamientos y manifesta-ciones novedosos en el terreno del arte. El hecho de que Joan Miró, artista que desde inicios de la década de los años veinte había permanecido en París, volviera a Barcelona en 1942, hizo que los jóvenes pintores y escultores catalanes que conocían sus actividades dentro del Surrealismo, tomasen el arte mironiano como punto de arranque para sus propias experiencias. Así pues, no resulta extraño que al fundar el grupo Dau al Set, en 1948, sus componentes se hallaran claramente influidos por la obra de Miró.
De todos modos, las vanguardias no penetraron masivamente, y hubo de trans-currir un tiempo para que pudiera llegar a advertirse su influencia. Hay que señalar que, en determinadas ocasiones, algunas personas, como el galerista Dalmaij, propiciaron que se conocieran las actividades de los artistas extranjeros en el país gracias a la realización de exposiciones de vanguardia.
Dau al Set fue posible gracias a la confluencia de personalidades que tenían inquietudes intelectuales similares y que se interesaban profundamente por unos mismos temas. El grupo fue fundado, en septiembre de 1948, por los pintores Joan José Tharrats, Antoni Tápies, Modest Cuixart y Joan Pont, y los escritores Joan Brossa y Arnau Puig. Pocos meses después, en enero de 1949, se adhirió al grupo el escritor Juan Eduardo Cirlot. El trabajo más significativo fue la publicación de la revista Da u al Set, cuyo primer número fue en septiembre. A través de algunos ejemplares de Dau al Setes fácil detectar la influencia de las más avanzadas publicaciones de las primeras vanguardias, fundamentalmente del Dadaísmo y del Surrealismo. También pueden establecerse importantes cone xiones con la célebre publicación alemana del Expresionismo, el Almanaque de Der Blaue Reiter, sobre todo desde el punto de vista del contenido. En este aspecto, la revista Dau al Set constituye un claro ejemplo de integración de todas las artes. Siguiendo la idea de Kandinsky de que el almanaque debía incluir mani festaciones de arte infantil, popular, amateur y primitivo, Dau al Set abrió sus páginas a textos e imágenes del mundo del cine, del jazz, de las fiestas popu-lares y tradicionales, además de, como es lógico, los textos de sus escritores y las ilustraciones de sus artistas.
Queda constancia asimismo del interés que los miembros de Dau al Set sentían por la música contemporánea, así como por el arte de vanguardia. Entre los artistas que más influyeron en los pintores del grupo catalán se hallan, en primer lugar, Joan Miró y Paul Klee; también Max Ernst, André Masson, o incluso cierta obra de Salvador Dalí.
Hablar de un arte Dau al Set es lícito siempre y cuando se considere globalmente como manifestación opuesta a la tradición imperante en el estado español desde que finalizara la guerra civil hasta la configuración del grupo, en 1948. En el seno de Dau al Set, Tharrats efectuó un tipo de obras bastante distintas a las del resto de los miembros; Pon, por su parte, había iniciado ya un lenguaje onírico surreal antes de incorporarse al grupo. Cuixart efectuaba dibujos y pinturas en las que afloraban a la superficie elementos propios de un mundo mágico, en tanto que Tápies realizaba obras en las que luces fosforescentes y colores cálidos se adueñaban de los extraños personajes que, indudablemente, remitían a una iconografía fantástico-surreal, propia del surrealismo tardío, gracias al cual los artistas pudieron adquirir conciencia de la necesidad de una ruptura con la tradición para poder iniciar algo verdaderamente innovador. Volvieron la mirada a París y comprendieron que el Surrealismo como movimiento pertenecía ya al pa-sado y que, en cambio, existían otras modalidades artísticas nuevas que respon-dían plenamente a la mentalidad de la época.
De ese modo, comenzaron progresivamente a situarse en el seno de la experimentación con nuevos materiales y técnicas que les llevarían a adoptar el lenguaje informalista que en aquellos momentos se hallaba vigente en Europa.
De todos los artistas de Dau al Set, Antoni Tápies (1923) fue quien inició, ya a fines del año 1952, una trayectoria claramente adscrita al informalismo matérico. Las obras realizadas por él durante los años cincuenta y parte de los sesenta es-tán efectuadas empleando un procedimiento mixto que da lugar a unas materias densas con aspecto rugoso y áspero. Tápies las obtenía mezclando polvo de mármol triturado con aglutinante y pigmentos en polvo. Este empaste denso se colocaba sobre el soporte y después se trabajaba, utilizando la técnica del gra-ttage o bien añadiendo algún elemento por collage. De ese modo, las texturas son extraordinariamente complejas y llegan a presentar una apariencia de relieves. En la obra del período estrictamente informalista, Tápies elimina todo elemento de carácter figurativo, y tan sólo se pueden observar ciertos signos, como la cruz en forma de «T» o de aspa, algunas extrañas e ilegibles grafías o bien manchas y goteados que se reparten por ciertas zonas de la pintura para convertirse en centros de atención.
Uno de los aspectos más característicos de la obra tapiana informalista es el cromático. Tápies siempre prefirió emplear colores afines a los tonos. de la tierra. El blanco sucio, que integra determinadas cantidades de ocre, beige o tonos sal-món, es quizás el más característico de toda una época en la trayectoria del artis-ta. Sin embargo, también existe gran cantidad de pinturas, las correspondientes a fines de los cincuenta, en las que el común denominador lo constituye el empleo del negro, que casi nunca aparece puro. Se trata más bien de diversas tonalida-des de gris con distintas intensidades. En el fondo, puede hablarse de una casi ausencia del color durante unos años en la obra tapiana, hecho que, sin duda, confiere al conjunto un carácter de marcada austeridad.
En torno a 1962-1963, Tápies comenzó a integrar en su pintura matérica ele-mentos del entorno cotidiano, a pesar de que éstos quedan siempre supeditados al conjunto informal. Ese acercamiento progresivo a la realidad tuvo como resulta do el hecho de que la obra de Tápies llegase a apartarse, a fines de la déi2ada; de la estética informalista para aproximarse a otras modalidades como puedan ser el conceptualismo o bien el propio Arte Povera. Comenzó entonces una etapa en la que el artista renunció al tipo de trabajo que siempre le había caracterizado y empezó a efectuar obras en las que lo esencial es el objeto descontextuali-zado. La manipulación y metamorfosis de tales objetos se produce al conju-garlos con materiales que, cada vez más, se convertirían en elementos constan-tes en la evolución del artista, como la paja, las sábanas y ciertos materiales de desecho -papeles, cartones, trapos, cuerdas, etc.- que remiten a los collages de la etapa previa a Dau al Set del propio artista.
Tras este período, bastante largo y en el que puede afirmarse que la reflexión impera sobre la ejecución, Tápies reemprendió su trayectoria pictórica a inicios de los años ochenta. En la pintura de esta etapa se aprecia cuán esenciales fueron sus logros de la época informalista, pues existen muchos aspectos, sobre todo el gusto por las materias con calidades texturales importantes, que vuelven a constituir un objetivo esencial para el pintor. Por otro lado, Tápies ha efectuado también en los últimos años varias incursiones en el ámbito de la escultura y ha realizado piezas en materiales diversos que, por el tratamiento a que han sido sometidos y por los signos que aparecen en ellas integrados, demuestran su vinculación a la obra pictórica del artista, sin duda la más significativa.
Otro de los miembros, Modest Cuixart (1925) comenzó a apartarse de la figuración surreal hacia 1955, tras una estancia en Lyon. De esa época datan una serie de pinturas en las que lo esencial es la materia de que están hechas, así como el trabajo de grattage efectuado en ellas. Al emplear la técnica del encáustico, Cuixart obtenía unas materias bastante gruesas y de calidad lus trosa. Los colores se caracterizan también por su austeridad, pues prevalecen los neutros o las gamas oscuras. Muy poco después, el artista comenzó a integrar materiales heterogéneos extra-pictóricos, como tubos, cuerdas o elementos de plástico. Generalmente aparecen plenamente integrados en la pintura, embadur-nados de material y metamorfoseados.
Afines de la década de los cincuenta llevó a cabo una serie de pinturas efec-tuadas con la técnica del dripping (goteo directo del tubo), en las que los entrama dos lineales se distribuyen esencialmente en la zona central de la composición. Los fondos suelen ser oscuros y, en cambio, los goteos presentan brillos metá-licos, pues contienen purpurinas. Lentamente, desaparecen los entramados para dar paso a unas configuraciones más regulares que, a modo de discos, cubren detenninados puntos de la superficie. En esta época Cuixart no sólo utiliza tonali-dades oscuras para los fondos, sino que abre la paleta e integra rojos vivísimos, granates, azules, que contrastan vigorosamente con las zonas en las que se hallan los elementos metalizados.
En 1962, el artista comenzó a realizar osado-assemblages al adherir a sus pintu-ras muñecas rotas y quemadas, junto a otros materiales de desecho. Surgen o-bras de gran fuerza expresiva en las que los contrastes se acentúan al máximo. Tras este período, que duró dos años, Cuixart retornó a la figuración, abando-nando el informalismo matérico. Su actividad, durante los últimos años, se caracteriza por el hecho de que vuelve a emplear ciertos materiales que había utilizado en su etapa informalista, aunque no abandona del todo la figuración. 62 En cuanto a Joan Josep Tharrats (1918), su principal aportación a la pintura infor-mal en Cataluña fue descubrir y utilizar la técnica de la maculatura. Como su nombre indica, dicha técnica se basa en el empleo de la mancha como elemento esencial en la pintura. Las calidades logradas por el artista son realmente muy ricas y cambiantes. A ello contribuye de manera decisiva el hecho de que Tharrats siempre ha sentido gran interés por trabajar con amplias gamas cromáticas, influi do por las obras del modernismo catalán, y, en especial, por Gaudí. Tharrats sien te una especial atracción por el espacio, por los mundos desconocidos. Mucho antes de que se obtuvieran fotografías de otros planetas, el artista ya realizaba obras que semejaban paisajes de remotos lugares. La obra de Tharrats ha sido siempre no figurativa y, desde un punto de vista técnico, no ha experimentado demasiadas variaciones, motivo por el cual no se distinguen en su trayectoria etapas muy distintas.
Joan Pont (1927-1984) no abandonó nunca el lenguaje figurativo de tipo mágico que le caracterizaba. No llegó a verse influido por el informalismo europeo pues, en 1953, decidió marcharse a Brasil y no volvió a Barcelona hasta diez años más tarde.
A partir de mediados de los años cincuenta fueron muchos los artistas catalanes que se adhirieron a las distintas modalidades del lenguaje informalista. La ten-dencia que contó con más pintores adeptos fue la matérica. Es importante seña-lar que, en la mayoría de los casos, los artistas realizaron obras con técnicas y materiales propios, hecho que les confería total independencia con respecto a las realizaciones de otros pintores extranjeros. La investigación se convirtió en un factor indispensable en el ámbito artístico. Así, surgieron obras realmente signifi-cativas en este terreno, dotadas, muchas de ellas, de gran inventiva. Uno de los artistas que, durante los años que van desde 1958 hasta 1965 aproximadamen te, realizó una de las obras más impactantes fue Josep Guinovart (1927). Em-pleando madera como soporte para sus pinturas-collage, Guinovart logró unas calidades texturales inigualables. Muchas veces utilizaba el fuego para quemar determinadas zonas de la superficie de los cuadros y, de ese modo, las ennegrecía. El carácter detrítico, por otra parte, llegaba mucho más lejos de lo que el propio Schwitters había conseguido.
Daniel Argimon (1929) también amplió enormemente las posibilidades del collage al introducir todo tipo de telas y puntillas viejas en sus pinturas. Al mismo tiempo, el uso de una amplia gama cromático le apartaba de las soluciones de otros artistas matéricos. No pueden dejar de mencionarse joan Vilacasas (1920), con sus Planímetrías, y Amélia Riera (1934), que, aunque trabajó durante poco tiempo en el seno de la pintura informalista, cuando lo hizo se distinguió por su marcada austeridad al emplear sólo los negros y grises oscuros para elaborar sus materias.
La pintura gestual también contó con representantes en Cataluña. Entre ellos destaca Joan Hernández Pijoan (1931), que pintaba en grandes formatos con pinceladas muy amplias y perceptibles. Por lo general, su obra de este período, al igual que la de etapas posteriores, se distingue por su marcado sentido de austeridad, tanto en el empleo del color como en los restantes aspectos formales. Por su parte, Romá Vallés (1923) siempre se ha sentido atraído por la integración de la pincelada gestual en fondos más o menos lisos, sobre los que destacan con gran vigor los trazos dinámicos. August Puig (1929) trabaja en la vertiente tachis-ta. Su obra obedece a un peculiar modo de concebir la pintura, integrada por grandes manchas en las que se funden diversos colores para configurar super-ficies que semejan zonas de paisajes ignotos. La pintura especialista se halla representada por Albert Ráfols-Casamada (1923), que realizó, entre 1959 y 1963, unas pinturas de formato bastante grande en las que se advierte la influencia de la concepción espacial y cromático del norteamericano Mark Roth-ko. Más tarde, se introduciría en un terreno absolutamente distinto, marcado por el contacto con la realidad, y surgirían una serie de pinturas-collage en las que integraba elementos del entorno. Tras este período, Ráfols-Casamada trabajará dentro de una línea muy personal, lejos ya del lenguaje puramente informalista, y se preocupará fundamentalmente por cuestiones relativas a la composición y al color. Las tonalidades obtenidas por el artista revelan un dominio absoluto en la conjugación de gamas para obtener unos resultados cargados de lirismo.
Un artista muy distinto dentro de esta misma vertiente fue Joaquim Lluciá (1929-1973), cuya tarea se caracterizó por el empleo de materiales absolutamente nuevos dentro del ámbito de la pintura, como el papel de plata o el latón. Traba jado por grattage, el primero produce, gracias a la reverberación lumínica, unos efectos cambiantes extraordinarios. En cuanto al latón, aparece siempre trabaja-do por percusión y contrastando con las superficies pintadas monocromáticamen-te en colores oscuros.
Existen otros muchos artistas que también deberían citarse, a causa del interés que presenta su obra, como los extranjeros afincados en Barcelona Will Faber, Norman Narotzky, Erwin Bechtold, Enrique Tábara o Hsiao Chin, quienes durante algún tiempo efectuaron obras plenamente informalistas. Este hecho corrobora la idea de que el informalismo se convirtió en el único modo de expresión para un buen número de artistas.
España fue, desde luego, un lugar muy apropiado para el desarrollo del Informa-lismo, pues no sólo hubo representantes significativos de dicha corriente en Cataluña, sino que, en otros lugares del estado, también aparecieron artistas que, de manera aislada o constituyendo grupos, adoptaron lenguajes en los que la materia, el gesto o el espacio eran los aspectos primordiales.
Hay que tener en cuenta que algo parecido a lo que ya se ha comentado en rela ción con Cataluña sucedió en el resto del estado español. Tras la guerra civil, el deterioro de las actividades relacionadas con el arte era evidente y el régimen franquista no favorecía precisamente la aparición de un arte rupturista. No obs-tante, interesaba que en el extranjero se creyera que el estado sí evolucionaba hacia vías de renovación artística y, por este motivo, se crearon premios y se dieron facilidades para que algunos artistas españoles importantes pudiesen participar en certámenes extranjeros.
Por otro lado, los artistas no se interesaban por el arte figurativo y tradicional, si-no por todo aquello que comportase innovación y supusiera una clara relación con lo que en aquellos momentos se estaba haciendo en otros lugares de Europa o de Norteamérica. En algunos viajes que los artistas españoles pudieron hacer, gracias a la concesión de becas como las del Instituto Francés, tuvieron la oportunidad de conocer de cerca lo que se consideraba como plena vanguardia en París. Fueron muchos los grupos que surgieron a partir de la experiencia ini-cial que llevaran a cabo los artistas de Dau al Set. Concretamente, en Madrid se fundó el grupo El Paso, en febrero de 1957. En el momento inicial, los miembros fundadores que firmaron el manifiesto en el que daban a conocer sus objetivos fueron los artistas Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Rivera, Pablo Serrano y Antonio Suárez, y los críticos Manuel Conde y José Ayllón. No obstante, pocos meses después, cuatro miembros abandonarían el grupo: Serrano, Francés, Suárez y Rivera.
Saura escogió el nombre del grupo en recuerdo del grupo expresionista alemán Die Brücke (El Puente). Una de las actividades que, desde sus comienzos, llevó a cabo El Paso fue la de organizar exposiciones, con objeto de dar a conocer sus manifestaciones artísticas y, de ese modo, contribuir a vigorizar el arte contem-poráneo en España, Una de estas exposiciones, en la que Canogar, Feito, Milla-res y Saura participaron junto a Tápies, Tharrats y Vilacasas fue organizada por la Sala Gaspar de Barcelona en 1957, bajo el título Otro Arte, cuya presentación correría a cargo del propio Michel Tapié. Al lado de las obras de todos los artistas mencionados podían verse las de algunos extranjeros, sumamente importantes y conocidos, como Pollock, De Kooning, Wols, Fautrier, Mathieu, Burri o Appel, en-tre otros. Esta exposición pasó más tarde a la Sala Negra de Madrid. Su eco fue realmente importante y, después de su celebración, pudieron comprobarse sus repercusiones. Muchos artistas que, en 1957, aún no se habían decidido a aban-donar la pintura figurativa, replantearon su trayectoria al contemplar la muestra de aquel arte absolutamente innovador.
Dos años después de la fundación de El Paso, la revista dirigida por Camilo José Cela, Papeles de Son Armadans, dedicó todo el número de primavera al grupo, integrando el manifiesto definitivo una biografía completa de cada artista y una presentación del crítico Juan-Eduardo Cirlot. Contenía, asimismo, numerosas ilus traciones efectuadas por los propios artistas.
Hay que advertir que, si bien la obra de los componentes de El Paso se sitúa claramente en el seno del informalismo, poco o nada posee en común con las realizaciones de los artistas catalanes. Prevalece en Madrid un lenguaje gestual, más influido por el Expresionismo Abstracto norteamericano que por el arte de los representantes de la escuela de París. Esto constituye, sin duda, un elemento diferencial significativo a la hora de valorar las distintas aportaciones del Informalismo en España.
El único artista que se decantó claramente, desde los inicios, por un tipo de manifestación matérica fue Manuel Millares (1926-1972), que se había instalado en Madrid en 1955, procedente de Las Palmas de Gran Canaria. Se dedicaba al arte desde hacía aproximadamente diez años y en Canarias había desarrollado una importante tarea al ser cofundador del grupo L.A.D.A.C. (Los Arqueros del Ar te Contemporáneo), además de fundador y director de la colección Los Arqueros en 1950. Mantuvo contacto constante con el crítico Eduard, o Westerdahl y participó en la apertura del museo de arte abstracto de Tenerife, que llevaba el nombre del citado crítico. A esta etapa corresponden una serie de pinturas, las denominadas Pictografías canarias, en las que Millares deja percibir la influencia de la obra de Klee y de Miró al realizar un tipo de obra abstractiforme en la que se ven determinados signos y esquematizaciones de personas y cosas. Utiliza colores vivos y contrastados que confieren a las obras un carácter plenamente vitalista. Su actividad dentro de El Paso nada tiene que ver con su obra anterior, pues Millares se decanta por la realización de unas pinturas sobre telas de arpillera recosidas, en las que los colores aparecen totalmente restringidos. Existen muchas obras en las que el artista canario sólo utiliza el negro con cierta cantidad de blanco, siempre puros. En otras obras integra algo de rojo o de anaranjado. Sus pinturas producen un desasosiego inmenso y responden a una visión desgarrada del mundo.
Lentamente va incorporando grafismos ilegibles en algunas zonas de las composiciones, a las que habitualmente pone títulos que, por uno u otro motivo, hacen referencia a la muerte.
Antonio Saura (1930) presentó sus primeras pinturas gestuales en blanco y negro en Madrid, en 1956. Desde hacía tres años residía en Paris y conocía la obra de los grandes representantes del informalismo europeo, así como la de los artistas americanos. En su pintura abstracta-informal del primer período, que na-da tiene en común con sus realizaciones de inicios de los años cincuenta en las que se percibe una clara influencia del Surrealismo, existe una marcada tenden-cia a restringir al máximo todos los elementos formales. Fundamentalmente el color, pues el artista sólo emplea el blanco y el negro sobre telas de gran for-mato. Poco a poco, Saura irá introduciendo ciertas gamas -ocres, beiges, rosas, malvas, azules- que, combinadas con los neutros, junto con el vigor gestual de las pinceladas, recuerdan ciertas obras de Picasso. Comienza a apartarse del informalismo estricto hacia 1962, cuando se decanta por realizar pinturas figurativas. Rostros de personajes, trabajados en serie, inundan las telas. De todos modos, Antonio Saura no dejará nunca de trabajar dentro de la vertiente del gestualismo, y se interesará también por la obtención de unos empastes de acusada textura en determinadas zonas de la pintura.
Una pintura gestual muy diferente a la de Saura es la ejecutada por Rafael Canogar (1935), cuya familia se instaló en Madrid en 1944, procedente de Tole-do. Desde muy joven se interesó por la pintura y entró a trabajar en el taller de Vázquez Díaz, recibiendo, al principio, una influencia clara de la obra de ese artista. Pronto se interesó por el lenguaje innovador de las vanguardias y en 1955 inició la trayectoria abstracta que le conduciría al lenguaje infonnalista. Canogar también trabaja en formatos grandes, pero sus pinceladas se hallan siempre mucho más cargadas de empaste que las de Saura y en sus pinturas se observan zonas mucho más elaboradas que otras, que suelen coincidir con las partes centrales de los cuadros. Al igual que sus compañeros de grupo, prefiere emplear los neutros -negro, blanco y gris- a otros colores, aspecto que, sin duda, confiere gran austeridad a su obra.
Luis Feito (1929) combina lo abrupto de densos empastes de materia con la energía de ciertas pinceladas gestuales en una obra que se caracteriza por el empleo de colores exaltados, como el rojo, junto al blanco y el negro. En ciertas pinturas, el color blanco se emplea casi en estado puro, aspecto que confiere una extraña luminosidad a estas composiciones.
Al poco tiempo de haberse constituido el grupo El Paso, se incorporó a él el escultor canario, amigo de Millares, Martín Chirino (1925), que se había afincado en Madrid poco antes. A inicios de los años cincuenta había efectuado numero-sos viajes por Europa, y había estudiado obras de arte de diversas épocas. Su obra escultórica más representativa está constituida por una espiral de hierro que data de 1959 y será, a partir de entonces, una constante en su trayectoria escul-tórica. En relación a Manuel Rivera (1927) cabe decir que su obra se halla dentro de la experimentación entre la pintura y la escultura, pues para su trabajo emplea redes metálicas, apoyadas mediante clavos sobre telas pintadas de distintos colores. Manuel Viola (1919), por su parte, desarrolla una actividad pictórica en la que gestualismo y tachismo se unen para dar lugar a unas obras en las que la intensidad y el aspecto cambiante del color proporcionan un extraordinario dinamismo.
El grupo El Paso se disolvió en 1960, pues los artistas que lo integraban creyeron que las metas esenciales que como grupo se habían propuesto ya se habían alcanzado. A partir de entonces debían abrirse camino como individualidades, buscando vías nuevas que les permitieran seguir con la investigación y la cons-tante experimentación.
El hecho de que tanto en Madrid como en Barcelona hubiese artistas importantes que trabajaban en el seno del Informalismo facilitó la aparición de nuevos grupos en otros lugares del estado español, cuya tarea se caracterizó por el hecho de seguir la senda abierta por los pioneros. Cada vez fueron más numerosos los artistas que, pese a las enormes dificultades con las que se enfrentaban para llegar a un público amplio, decidieron adoptar un lenguaje abstracto informal. No resultaba fácil, pues existían pocas galerías dispuestas a mostrar su pintura o su obra escultórica. Por otra parte, la crítica tampoco estaba, en general, demasiado a favor de un arte que no comprendía y que, en no pocas ocasiones, concebía como un auténtico fraude. Sólo algunos críticos defendieron el arte informalista, como Juan-Eduardo Cirlot (el más comprometido en esta defensa); pero también Alexandre Cirici, Cesáreo Rodríguez-Aguilera, José Corredor Matheos y José María Moreno Galván escribieron textos y artículos que ayudaron a difundir y a ir penetrando en el arte informalista.
Expresionismo Abstracto norteamericano
Durante los años en que tuvo lugar la segunda guerra mundial, el arte de van-guardia en EE.UU. alcanzó su propia identidad. Los factores que contribuyeron a ello eran de índole muy diversa, pero el esencial fue, quizás, el deseo de los jóvenes artistas americanos de desvincularse de las influencias provenientes de Europa y crear, de ese modo, un lenguaje con características propias.
Para comprender el proceso que condujo a la configuración de ese lenguaje de-be tenerse en cuenta la situación artística norteamericana en los años que pre-cedieron al gran conflicto bélico. Había transcurrido ya mucho tiempo desde las primeras experiencias vanguardistas relacionadas con la exposición del Armory Sbow en Nueva York, en 1913. Las primeras vanguardias se conocían, en los años veinte, a través de publicaciones, o gracias a actividades destinadas especí ficamente a promover el interés por el arte contemporáneo, como las llevadas a cabo por la Société Anonyme, fundada por Katherine Dreier y Marcel Duchamp.
En 1929 se abrió en Nueva York el museo de Arte Moderno, bajo la dirección de Alfred J. Barr Jr. quien, a partir de ese momento, se interesó en dar a conocer no sólo los grandes representantes de las primeras vanguardias, sino también los últimos «ismos» del siglo pasado. El gran acierto de Barr estribó en comprender que sin hacer referencia a los precursores mal se podía entender el arte de las primeras décadas del siglo xx. Por otra parte, se preocupó también de que el nuevo museo contara con piezas decisivas de un artista que, en aquellos mo-mentos, gozaba ya de gran prestigio y reconocimiento en EE.UU.: Pablo Picasso. Así, no resulta extraño que en la obra de la mayoría de artistas jóvenes que iniciaron su trayectoria en los años treinta, se percibieran influencias de Picasso, tanto de la etapa cubista como de la posterior, en la que confluían elementos propios del esquematismo con otros procedentes de la revitalización de un lenguaje clásico, en el que formas y temas remitían al mundo grecorromano.
Uno de los factores que contribuyeron de manera decisiva a que las vanguardias se introdujeran plenamente en el ámbito artístico norteamericano fue el hecho de que muchos artistas europeos emigraran a EE.UU. durante la década de los treinta. Baste recordar que la famosa escuela de la Bauhaus en Alemania cerró sus puertas en 1933 con el advenimiento del régimen nazi. A partir de ese momento fueron muchos los arquitectos, pintores y escultores que, sin posibili-dades para salir adelante en su país, se trasladaron a Norteamérica. Cabría citar, entre los más significativos, a los arquitectos Walter Gropius y Ludwig Mies van der Rohe; al polifacético artista László Moholy-Nagy, que llegó a fundar en Chi-cago la New Bauhaus; y a los pintores Josef Albers y Hans Hofmann. La tare a docente desarrollada por todos ellos tuvo gran repercusión en la formación de no pocos artistas americanos. Hofmann, concretamente, había residido en París en los años anteriores a la primera guerra mundial y allí había entrado en contacto con numerosos pintores y escultores fauves y cubistas. En realidad, fueron sus enseñanzas, más que su propia pintura, las que influyeron en los jóvenes artis-tas. Por otra parte, además de los artistas alemanes, el pintor francés Fernand Lèger se trasladó a EE.UU. a inicios de los años treinta para dar diversas confe-rencias en distintas universidades americanas.
Cuando se declaró la guerra en 1939 y un año después París fue tomada por los alemanes, el grupo surrealista emigró a los Estados Unidos. Algunos se habían marchado incluso antes de la toma de la capital francesa.
Así, a inicios de los años cuarenta se hallan en EE.UU. artistas representativos de corrientes diferentes: Breton, Dalí, Ernst, Masson, Tanguy, Matta, surrealistas; Léger, Ozenfant y Mondrian, representantes de la abstracción; y los escultores de tendencia cubista, Lipchitz y Zadkine. Este traslado entrañó el traspaso de la capitalidad artística de París a Nueva York.
Las exposiciones de arte surrealista y abstracto que se llegaron a efectuar en Nueva York en la década de los cuarenta fueron realmente decisivas, pues con-tribuyeron a difundir el arte contemporáneo con relativa rapidez. No sólo las instituciones se encargaron de organizar muestras de ese tipo de arte, sino que comenzó a tener importancia la tarea de las galerías dedicadas a las vanguar-dias. La más significativa fue la que abrió Peggy Guggenheim, casada por aquel entonces con Max Ernst, en 1942. La llamaron Art of bís Century y en ella expusieron su obra artistas como Pollock, Baziotes, Motherwell, Rothko, Still y el propio Hofmann.
Antes de que el Expresionismo Abstracto comenzase a cobrar importancia como lenguaje artístico, existían en EE.UU. diversas corrientes en las que trabajaban artistas muy distintos. Durante los años treinta surgieron algunos artistas abstrac tos, entre los que destacaban principalmente Stuart Davis y Milton Avery. Ade-más, en 1936 se constituyó el grupo AAA (Artistas Abstractos Americanos) que, en total desacuerdo con las directrices surrealistas, desarrolló un tipo de arte un tanto ecléctico, en el que se percibían influencias muy heterogéneas. Entre los artistas admirados por el grupo se hallaban -aparte de Picasso, cuyo valor era reconocido por todos Kandinsky, Klee, Arp, Miró y Léger. Como quiera que sus aportaciones fueron bastante escasas, el grupo como tal desapareció pronto, en 1940, pues en esa época empezaban ya a perfilarse los nuevos valores.
Surgieron otros grupos, y, entre ellos, el que más trascendencia tendría, debido a los artistas que lo constituyeron, fue The Ten. Los fundadores, Mark Rothko y Adolfo Gottlieb serían, más tarde, dos de los grandes representantes de la corriente expresionista abstracta.
En otro grupo se incluyeron pintores como Stuart Davis, Arshile Gorky, Willem De Kooning, David Smith y John Graham. Este último, al igual que Hofmann, estaba muy interesado por el psicoanálisis y se dedicó a estudiar no sólo las teorías de Sigmund Freud, sino también las de Carl Gustav Jung. Estos conocimientos tuvieron amplia repercusión en otros artistas; así, a través de Graham, Rothko y, especialmente, Pollock se interesaron por el pensamiento junguiano. Por otra parte, este interés conduciría a Pollock a adoptar técnicas relacionadas con el automatismo surrealista.
No obstante, a pesar de la existencia de un buen número de artistas interesados por el lenguaje renovador de las vanguardias, la crítica no vio con demasiados buenos ojos las actividades de todos ellos. En el fondo, prefería la obra de uno de los artistas tradicionales con que contaba la pintura norteamericana, Edward Hopper, en cuyos cuadros figurativos y realistas aparecían escenas fácilmente identificables con la manera de comportarse de los propios americanos.
Algunos artistas, sin ser todavía claros exponentes del movimiento expresionista abstracto, pueden considerarse como precursores del mismo, puesto que en su trayectoria se operó una transformación similar a la que tuvo lugar en la pintura norteamericana que cubre el período de los años treinta y los comienzos de la década siguiente. Se produjo un proceso en el que las influencias procedentes del Cubismo y de la Abstracción se abandonaron, para adoptar un lenguaje basa-do en una simbiosis entre Abstracción y Surrealismo, El caso más claro de este tipo de evolución es el de Arshile Gorky (1904/48). En tomo a 1925, Gorky comenzó a pintar composiciones con un lenguaje tomado del Impresionismo, para, algo más tarde, inclinarse hacia la influencia de Cézanne. Ésta le condujo a valorar el Cubismo, especialmente la modalidad sintética. La obra de Picasso, Braque y Gris pasó a constituir un verdadero punto de referencia para Gorky. Más tarde, ya en la segunda mitad de los años treinta, recibió influencias de las composiciones bíomórficas de Miró, y también se sintió atraído por la obra automática de Masson y Matta.
Puede afirmarse que, hacia 1942, había conseguido un lenguaje totalmente pro-pio, caracterizado por la independencia del dibujo con respecto a las manchas de color que aparecen a modo de áreas irregulares. Las tonalidades son evanes-centes y cambiantes; a veces presentan calidades un tanto transparentes. En sus peculiares abstracciones, Gorky mezcla elementos provenientes de la naturaleza con otros imaginados, y logra crear un mundo absolutamente personal.
Por su parte, William Baziotes (1912/63) comenzó a utilizar la técnica automá-tica, hacia 1941, para pintar abstracciones de carácter biomórfico en las que, en ocasiones, se aprecian elementos propios de una iconografia mitológico, tal y como ocurre en su obra Cyclops. Muchas de las imágenes reflejadas por Baziotes en su pintura son un claro exponente de su gran interés por el mundo submarino, Tanto los extraños seres que aparecen en ellas como los colores y tonalidades empleados -verdes, azules y violetas- corresponden al mundo artístico.
Otro artista precursor del Expresionismo Abstracto es Mark Tobey (1890-1976), que había vivido durante un tiempo en Japón y estaba muy influido por la caligrafía oriental, así como por el pensamiento y la cultura zen. Sus obras cono-cidas bajo el nombre genérico de White Writings, que datan de 1942, anticipan, según Michel Tapié, el lenguaje informalista. En ellas la superficie de las tela se llena de signos filamentosos de carácter abstracto, en tonos blanquecinos que contrastan con los colores oscuros empleados para el fondo. El año 1947 puede considerarse como la fecha de inicio del Expresionismo Abstracto Norteamérica-no, cuando los representantes de este movimiento se liberan de influencias forá-neas para crear un lenguaje propio. No obstante, el período en que se gestó coincidió con el desarrollo de la segunda guerra mundial, igual que el informalis-mo en Europa. Por este motivo, ambas corrientes poseen muchos puntos en co-mún. Lo esencial es quizá su carácter marcadamente antropocentrista, que aflo-ra en todas y cada una de las obras de los artistas. En ese sentido, tanto una ten-dencia como otra se nutren de la tradición romántico-simbolista, y las o-bras que resultan poseen los rasgos de las personalidades que las crean. Así, el Expresio nismo Abstracto deja traslucir los estados de ánimo de los pintores y las obras se convierten en vehículo para expresar las más diversas sensaciones. La angustia, la rabia, el dolor aparecen muchas veces contenidos en los intensos goteos de Pollock o en los brochazos de De Kooning. El ser humano vuelve a vivir los horro res de una guerra. En ocasiones, sin embargo, se percibe una tendencia a esca-par de lo horrible para sumergirse en la tan anhelada espiritualidad kandins-kyana. Éste sería el caso de Rothko y su exaltación anímica a través del color.
Al igual que ocurriera con el informalismo europeo, el arte expresionista abstracto norteamericano partió de las experiencias de Wassily Kandinsky de los años en torno a la primera guerra mundial. La serie de obras conocidas como improvisa-ciones fueron realmente decisivas para la mayoría de artistas. Un año después de la muerte de Kandinsky, en 1944, el Museo de Arte Moderno de Nueva York organizó una muestra retrospectiva del gran artista abstracto. Además, se publi có en inglés su obra De lo espiritual en el arte (1911), en la que Kandinsky sos-tenía que toda manifestación artística provenía de una necesidad interior. En el fondo, esta misma idea era compartida por los informalistas y por los expresio-nistas abstractos. Si bien conceptualmente la obra de Kandinsky puede considerarse como un claro precedente de los movimientos mencionados, desde un punto de vista formal y técnico no resulta tan clara su influencia. En los años en torno a la guerra, Kandinsky había realizado numerosas pinturas abstractas, dotadas de gran libertad -muy distintas a las que más tarde efectuaría en el seno de la Bauhaus-, pero en ningún momento se sintió tentado a utilizar el collage o bien empastes gruesos que otorgasen a las superficies una textura importante. En cambio, para los artistas de las tendencias informalista y expresionista abstracta sí fue decisiva la incorporación de técnicas que permitiesen obtener calidades y grosores acusados. Se trataba, ante todo, de dejar bien patente la huella del artista. Las pinceladas, los chorreados y goteos se convierten, de este modo, en auténticas marcas que no sólo denotan la presencia del artista, sino que dejan traslucir incluso sus propias sensaciones y emociones. Sus pensa-mientos, sus pasiones, en suma, sus experiencias, pasan a configurarlas telas de un arte que puede no gustar, pero que jamás deja indiferente,
En EE.UU. aparecieron dos modalidades diferentes dentro del Expresionismo Abstracto, tal como sucedió en Europa con el Informalismo, que contó también con diferentes subtendencias. En América, los pintores actuaron principalmente en el denominado gestualismo y en la creación de las llamadas color-field-paintings (pinturas de superficie-color).
Fue en 1947 cuando Pollock (1912/56) realizó su primera pintura con dripping (goteo), y comenzó con ella su trayectoria expresionista abstracta. Lejos queda-ban ya sus estudios con Thomas Hart Benton en la Arts Students League de Nueva York, entre 1930 y 1932. Gracias a Benton, Pollock se interesó por los grandes maestros del pasado, y llegó a realizar copias de determinados artistas, como Miguel Ángel, El Greco o Rubens. Algo más tarde, empezó a familiarizarse con el empleo de nuevas técnicas -pistola, aerógrafo- y materiales sintéticos.
Toda su vida estuvo marcada por la adicción al alcohol y, ya en 1937, hubo de internarse en un sanatorio para llevar a cabo un tratamiento que le permitiera vencer el alcoholismo. Gracias a la terapia psiquiátrica, pasó épocas muy bue-nas, en las que su capacidad creativa alcanzó su punto culminante. A fines de los años treinta se interesó profundamente por la obra de los muralistas mejicanos, Orozco, Rivera y Siqueiros. Hay que tener en cuenta que este último había funda do, entre 1936 y 1937, un taller experimental en Nueva York, y que Diego Rivera había tenido una exposición muy significativa en el Museo de Arte Moderno, entre 1931 y 1932, y que tan sólo un año después había pintado un mural para el Rockefeller Center. En cuanto a José Clemente Orozco, había realizado un mural por esas mismas fechas para el Dartmouth College que fue muy visitado.
Así pues, Pollock conocía la obra de los artistas mejicanos, y la había visto directamente del natural. De todos modos, más que experimentar una influencia directa de los muralistas», relacionada con la iconografía por ellos representada, Pollock se interesó fundamentalmente por la composición, así como por los grandes formatos de sus pinturas. Entre 1942/47, Jackson Pollock realizó obras figurativas, en las que se rastrean sin dificultad influencias de distintas proceden cias. Por un lado, aparece un buen número de pinturas en las que se pone de ma nifiesto el interés suscitado por la obra de Picasso, tanto desde el punto de vista del esquematismo, como por el carácter libre y suelto de los trazos. Por otro lado, se advierten factores que conectan con la obra de Kandinsky, Miró y Masson, sobre todo por las gamas cromáticas empleadas. junto a este tipo de influencias, relacionadas con las vanguardias europeas, se pueden apreciar elementos que conectan con el arte primitivo de los indios navajos de América del Norte. El pro-pio Pollock diría que había visitado a los indios en sus reservas y les había visto efectuar sus célebres pinturas de arena. Esta actividad de los indios le atraía no sólo por los resultados obtenidos, sino también desde un punto de vista concep-tual. Para los primitivos, este tipo de acciones formaba parte de un ritual determi-nado y, por consiguiente, esas pinturas poseían una función específica en el se-no de su sociedad. Pollock intentaba crear asimismo un ritual, del que la o-bra for mase parte. De ahí surgiría su experiencia de la Action Painting, según la 81, 82, 83 denominaría el crítico Harold Rosenberg en ArtNews, diciembre de 1952.
La Action Painting implica estar literalmente dentro de la obra, pues el artista tra-baja siguiendo un sistema absolutamente novedoso. Pollock -a partir de 1947- co locaba en el suelo del taller grandes lienzos sobre los que vertía la pintura por go teo, empleando unos cubos que previamente había perforado. La febril acción gestual de su brazo, que efectuaba sobre la tela los movimientos de vaivén más diversos, daba como resultado un denso entramado de líneas, dotadas de gran libertad. En ese momento desaparecieron de su obra los últimos vestigios figura-tivos, a la par que el artista decidía eliminar toda connotación ligada a los títulos de las pinturas. Pasó a llamar a sus obras de manera muy simple: «composición nº X». De este modo, el espectador se enfrenta a la pintura sin ningún dato que pueda limitar su amplio significado. Pollock aspiraba a la crea-ción de un arte universal en el que se unieran las características propias del mundo occidental y las del oriental, fundamentándose en la creencia de que existe una religión universal. Esta creencia conectaba con su gran interés por el esoterismo y las ciencias ocul tas. Se ha señalado, en ocasiones, que el estilo all-over (superficie completamen te llena) podría derivar de estas concepciones.
Entre 1942/47 las obras de Pollock aludían a temas tempestuosos relacionados con la sexualidad animal, con los ritos nocturnos o las leyendas grecorromanas. Poco a poco, abandonó esas referencias y se concentró exclusivamente en el poder expresivo de las formas biomórficas,
En determinadas ocasiones, Pollock no empleó solamente pintura para realizar sus inmensas obras, sino que introdujo ciertas cantidades de vidrios triturados mezclados con el empaste. Otras veces, además de la pintura sintética, empleó esmaltes y pintura metálica para obtener calidades texturales distintas. La obra de Pollock sorprende al verla al natural, pues en ella el color adquiere, junto a los gruesos dropings, un protagonismo absoluto. Prefería utilizar colores primarios que contrastaban violentamente entre sí y que, junto a las calidades metálicas de los goteados de aluminio, creaban asociaciones realmente insólitas. Muchas veces se ha apuntado que la pintura de acción constituye un precedente de los Happenings e incluso del Body Art.
En 1953, Pollock abandonó la técnica del dripping, tras haber agotado literalmen-te todas sus posibilidades, y quedó sumergido en una depresión que casi le impe diría volver a pintar. Tres años más tarde moría, víctima de accidente de coche, a la edad de 44 años. La siguiente generación de artistas, la de los pops norteame-ricanos, lo consideraría siempre como el mejor de los representantes del Expre-sionismo Abstracto. La tarea de Pollock y su manera de trabajar se difundió en todo el mundo gracias a las fotografías y films realizados por Hans Namuth, que permiten apreciar la creatividad de la frenética acción pollockiana en tocla su potencia.
Una actividad muy distinta a la de Pollock fue la llevada a cabo por el pintor de origen holandés Willem de Kooning (1904), cuya obra anterior a 1 1948 no debe considerarse como expresionista abstracta, sino como una síntesis de soluciones cubistizantes y elementos tomados del Expresionismo. A diferencia de la mayor parte de artistas pertenecientes a la corriente del Expresionismo Abstracto, cuya obra carece de figuración, De Kooning siempre fluctuó entre la pintura abstracta y la figurativa. En los años treinta y comienzos de los cuarenta, el artista realizó una serie de obras en las que los temas eran figuras humanas o naturalezas muertas. A partir de 1942, empleó el automatismo para efectuar unas obras en las que determinadas configuraciones geométricas se asociaban a otras de carácter biomórfico.
El gestualismo de De Kooning era muy distinto al de Pollock, pues no empleaba el dripping, sino grandes brochazos mediante los cuales obtenía una acusada sensación de dinamismo. Algo más tarde, a comienzos de los años cincuenta, ini ció su serie de mujeres desnudas, en las que el elemento gestual sigue siendo muy importante. Las grandes figuras femeninas de De Kooning retoman la tradi-ción de las mujeres representadas por Picasso o por Chaim Soutine. Las figuras de de Kooning están formadas por violentos y fuertes trazos, con aspecto brutal y agresivo, y que presentan algunos puntos de contacto con las mujeres plasma-das por Karel Appel. Un artista significativo dentro del ámbito gestual es Franz Kline (1910/62), amigo de De Kooning, que trabajó casi ex clusivamente con blanco y negro. Sus trazos, gruesos y cargados de pintura, se reparten sobre las grandes superficies de las telas y logran transmitir la sensación de que se trata de alusiones a sus propias experiencias. Cabe mencionar también, dentro de este apartado del Expresionismo Abstracto, a artistas como james Brooks, Bradley Walker Tomlin y Philip Guston.
Otra de las tendencias del movimiento expresionista abstracto norteamericano es la conocida como color-fieldpainting. Los artistas que trabajaron dentro de esta línea querían, esencialmente, investigar hasta el límite las posibilidades del color: interacciones cromáticas, contrastes, yuxtaposiciones de tonos, asociaciones de colores no efectuadas anteriormente... Los artistas más representativos de esta tendencia fueron los tres amigos Mark Rothko, Bamett Newman y Clifford Still. Si se observa la evolución de los tres artistas, resulta prácticamente imposible determinar cuál de los tres fue el primero en realizar pinturas de campos de color. Con toda probabilidad, experimentaron influencias recíprocas. No obstante, el que permaneció más fiel durante toda su trayectoria posterior a los hallazgos efectuados a fines de los años cuarenta fue Mark Rothko.
Markus Rothkowitz (1903/70) había llegado a EE.UU. en 1913, procedente de Rusia, donde la vida resultaba extraordinariamente difícil para una familia judía. Tras graduarse y, al mismo tiempo, aprender música para tocar la mandolina y el piano, Rothko -nombre que adoptaría a partir del año 1940- comenzó sus estu-dios superiores en las ramas de literatura y arte. Llegó a matricularse en la universidad de Yale, pero no concluyó en ella sus estudios, probablemente debi-do a difícultades económicas. En 1924, en Portland, entró en contacto con Josephine Dilion, la que fuera primera mujer de Clark Gable, y estudió arte dramático en su compañía teatral. Sin embargo, su experiencia como actor fue muy corta.
Su trayectoria pictórica comenzó en los años veinte, de los que datan toda una serie de dibujos y acuarelas así como algunos óleos que corresponden a los años finales de la década. Pintó figuras humanas, escenas domésticas y vistas urbanas que poseen ciertos puntos de contacto con la estética expresionista. En 1933 realizó su primera exposición individual en Portland y muy poco después lo haría en Nueva York.
Rothko sintió gran interés, ya en su primera etapa, por la obra de Cézanne, sobre todo por la técnica de los passages, así como por la estructura de sus compo-siciones. A mediados de la década de los años treinta empezó a interesarse por las culturas primitivas, como la civilización prehelénica o el Próximo Oriente. Ya en algunas pinturas figurativas correspondientes a esa época, Rothko distribuyó la composición por zonas, similares a los registros de las estelas sumerias o de la pintura egipcia. Mark Rothko era un profundo admirador de músicos como Mozart, Schubert o Beethoven. Asimismo, se interesó por la filosofía de Nietzsche y de Kierkegaard, factores decisivos para valorar su pintura.
Hacia 1945, la pintura de Rothko se hallaba en una línea que reunía elementos propios del Surrealismo con otros procedentes de la Abstracción. Fue dos años más tarde, cuando, junto con Clifford Still, cambiaría totalmente su lenguaje y se decantaría por la total-abstracción. A partir de ese momento, su interés se centró en el estudio del color. Su obra, a diferencia de la de Pollock se ejecuta por medios tradicionales y prefiere el óleo a cualquier otro tipo de pintura. Un punto en común con los otros artistas expresionistas abstractos es el gran formato de sus lienzos, que casi siempre aparecen dispuestos verticalmente.
En realidad, la pintura de campos de color rothkiana se atiene a unos mismos principios desde 1948 hasta la fecha de su muerte. No se distinguen etapas; el artista varió tan sólo las gamas cromáticas con las que trabajaba. En alguna ocasión, al final de su trayectoria, empleó acrílicos y se decantó por soluciones monocromáticas.
En las pinturas de Rothko, el color aparece dispuesto por franjas y jamás queda limitado por líneas o encerrado en estructuras geométricas fijas. Por este motivo, quienes hacen referencia a Mondrian o a cualquiera de los constructivistas como precursores de su pintura no tienen en cuenta este factor que resulta claramente diferenciador. La pintura de Rothko va más allá de la pura abstracción y realmen te expresa una amplia gama de sensaciones y emociones. El color rojo era el que más le fascinaba, pues poseía, según él, una carga expresiva mayor que la de otros colo-res, especialmente por los valores simbólicos que se le asocian.
Su capacidad para relacionar colores que difícilmente pueden imaginarse juntos, como el rosa, el rojo y el anaranjado, resulta extraordinaria. Rothko diría que llegó a ser pintor porque deseaba elevar la pintura a un nivel semejante al de la música y al de la poesía. Tal aseveración se comprende al contemplar su obra. El espectador llega a sentirse inmerso en esos enormes campos de color creados por él. Los dos últimos años de su vida fueron terribles. En 1968 sufrió una aneurisma de aorta y la enfermedad lo deprimió mucho. Dos años después se suicidó.
Clifford Still (1904/80) comenzó a pintar paisajes del oeste americano en los años treinta. Ya en la década de los cuarenta se interesó por la o-bra de Turner, en la que la atmósfera queda reflejada mediante transparencias y veladuras de un modo inigualable. En ciertos paisajes del artis ta inglés, las formas se tornan tan evanescentes que se llegan a per-der en el seno de las manchas. Por otra parte, Still estudió el modo de pintar de Gauguin mediante el empleo de colores planos. Ello le conduciría a valorar la aportación de Matisse en relación a cuestiones cromáticas.
Entre 1948 y 1949, Still experimentó una profunda transformación; abandonó to-da referencia figurativa, para refugiarse en una serie de pinturas negras con un marcado sentido de austeridad que preludiaban sus series monocromas posteriores. En la siguiente década, Clifford Still amplió su gama cromático, trabajó con tonalidades más luminosas y efectuó obras de grandes dimensiones, en las que el único elemento desencadenante de sensaciones son las manchas de color situadas sobre fondos.
En cuanto a Barnett Newman (1905/70), partía de una serie de experiencias pictóricas que, en los comienzos de los años cuarenta, se halla-ban vinculadas al Surrealismo y a la Abstracción. Efectuó numerosas composiciones en las que se advierten elementos de carácter biomórfico que responden a los dictados del automatismo. En 1947 abandonó las influencias procedentes de las vanguardias europeas, para realizar un tipo de pinturas en las que pueden distinguirse elementos tomados de la iconografía de los indios de la costa del noroeste. Sin embargo, Newman permanecería poco tiempo dentro de esta trayectoria, ya que un año más tarde abandonó la figuración y se inclinó por la ejecución de grandes campos de color.
La obra de Newman es muy distinta a la de Rothko y a la de Still, ya que prefería la precisión de la línea recta para delimitar las zonas de color. Por otra parte, se decantó mucho mas que sus compañeros hacia el em-pleo del monocromatismo. Estos factores son decisivos para valorar su aportación durante los 60. A mediados de esa década surgirían toda una serie de artistas, los abstracto-postpictóricos, según la denominación de Greenberg, que tomarían la trayectoria de Newman como la de un predecesor. En el fondo, su lenguaje limitado y austero no hace más que preludiar soluciones de carácter minimalista.
Existen algunos artistas expresionistas abstractos cuya obra no se atiene, de manera estricta, a ninguna de las dos vías de actuación tratadas, como sucede con Robert Motherwell, Adolph Gottlieb o Ad Reinhardt. En algunos casos, podría hablarse de una simbiosis de gestualismo y pintura de campos de color. Robert Motherwell (1915/92) fue, además de pintor, un teórico que contribuyó a difundir el arte contemporáneo en EE.UU. Baste recordar la edición de textos dadaístas que efectuó en 1951, gracias a la cual numerosos artistas que en aquellos momentos estaban en su etapa de formación tuvieron la ocasión de leer en inglés toda una serie de significativos escritos de vanguardia que influirían en su propia trayectoria.
Motherwell se sintió muy pronto atraído por la literatura francesa de fines del siglo xix, especialmente por los autores que veneraban a los surrealistas, como Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé y Lautréamont. En 1949, llegó a poner el título de Voyage a una de sus pinturas, el mismo que el de un poema de Baudelaire.
Su contacto con los surrealistas exiliados se había iniciado en 1940 y, desde muy pronto, llevó a cabo actividades intelectuales junto a este grupo de artistas. En esa época se detecta en su obra la influencia del peculiar modo de entender el automatismo por parte de Matta. Su relación con los surrealistas fue decisiva en la valoración del arte simbolista. En la obra realizada por Motherwerll, dentro ya del Expresionismo Abstracto, se advierten elementos que lo separan de la concepción de los otros artistas del movimiento. Motherwell creía que la pintura era simbólica y correspondía a determinados sentimientos e ideas. Cuando en 1949 realizó la serie de pinturas titulada Elegías a la República española, el artista aclaró que no se trataba de una serie política, sino que sólo pretendía que las obras fueran metáforas del contraste existente entre la vida y la muerte, así como la de la interrelación existente entre ambas. En su manera de organizar las composiciones se perciben ciertas influencias de Matisse, Miró y Picasso.
La pintura de Adolph Gottlieb (1903/74) empezó a tener un carácter específico en torno a 1942. Durante ese año y los siguientes, Gottlieb realizaría la serie de las llamadas Pictografías en las que pueden verse elementos figurativos, distri-buidos en recuadros de distintos tamaños que recuerdan algunas composiciones de Klee o de Joaquín Torres García. Mucho más características, sin embargo, son las pinturas algo posteriores, en las que aparece un disco en la zona central superior. A modo de gran esfera solar, este elemento se repite una y otra vez en toda una serie de obras completamente abstractas que sugieren, no obs-tante, temas paisajísticos. Utiliza el dripping para resolver algunas zonas, mien-tras que otras se caracterizan por la presencia de gruesas pinceladas que contie-nen gran cantidad de empaste y que suponen un acusado contraste respecto a los fondos, trabajados en liso. El color es, desde luego, un factor esencial en la pintura de Adolph Gottlieb. Recurre a utilizar gamas amplias de color, pese a que en determinadas épocas tiende a limitarse al uso del blanco y el negro.
Ad Reinhardt (1913/67) estuvo muy influido durante los años treinta por el Cubismo y la Abstracción. Este hecho determinó, en parte, sus realizaciones posteriores. A partir de 1952, puede considerársele adscrito al movimiento expresionista abstracto. En esa época decidió restringir la gama cromático y empleó soluciones monocromas para resolver los fondos. Sobre ellos apenas destacan formas geométricas rectangulares, resueltas en tonos algo más oscuros. La concepción de su obra se acerca a la de los artistas que investigan la cuestión cromático. La obra de Reinhardt experimentó muy pocos cambios y cuando éstos se produjeron fue para acentuar el sentido de marcada austeridad que el conjunto de su obra posee.
El Expresionismo Abstracto norteamericano no finaliza en una fecha determina-da, sino que se debilita entre 1953 y 1956, año este último en que muere Pollock y que, además, señala el nacimiento del Pop Art. No obstante, no siempre debe ni puede trazarse una línea clara que marque los límites temporales de una corriente artística concreta, ya que si bien a menudo sus inicios pueden estar muy claros, es posible que no ocurra lo mismo con su final. Uno de los motivos que podría apuntarse en este sentido es el hecho de que algunos de los artistas adscritos al movimiento sigan realizando obras dentro de una misma trayectoria, como sucede con Rothko o Still. En ese sentido, su obra debe calificarse sien pre de expresionista abstracta, a pesar de que la corriente como tal haya desaparecido para dejar paso a otros movimientos.
“Historia Universal del arte – últimas tendencias”
Lourdes Cirlot
Directora en historia del arte de la Universidad de Barcelona
Editorial Planeta – Barcelona 1994
Abstracción pospictórica
por Paola Fraticola
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
...Hubo un estilo que mantuvo su lugar inmediatamente después del expresio-nismo abstracto y que, a pesar de deber algo al ejemplo de éste, tenía profundas raíces en el arte europeo de las décadas del veinte y del treinta.
La abstracción de "hard-edge" nunca murió del todo, ni aun en los días más florecientes de Pollock y Kline. Por "hard-edge" quiero significar el tipo de pintura abstracta donde las formas tienen límites netos, definidos, en lugar de los borrosos, favoritos, por ejemplo, de Mark Rothko. Carac-terísticamente, en este tipo de pintura, los propios tintes son planos e indiferenciados, de manera que quizá sea mejor hablar de áreas de color y no de formas.
Homenaje al cuadrado "curioso", 1963, Albers
Uno de los padres de este tipo de pintura en Norteamérica fue Josef Albers, quien ya ha sido mencionado a causa de su importancia como maestro. Albers estuvo estrechamente relacionado con el Bauhaus durante la década del veinte: de hecho, como estudiante y maestro trabajó allí con más continuidad entre 1900 y 1933, año en que fue cerrado, o sea un período de servicio más largo que el de cualquier otro Bauhäusler. Durante la década del treinta, cuando ya estaba viviendo en Norteamérica, Albers tomó parte en las exhibiciones anuales montadas en París por el grupo Abstracción-Creación.
En consecuencia, era completamente cosmopolita.
El molde intelectual de Albers es muy típico de la atmósfera del Bauhaus sistemático y ordenado pero también experimental. Estaba, por ejemplo, muy interesado en la psicología de la Gestalt y esto lo llevó a una ex ploración de los efectos de ilusión óptica. Más tarde fue atraído hacia el estudio de las maneras en que los colores actúan unos sobre otros. Los cuadros y grabados de la serie Homenaje al Cuadrado, que son los trabajos más conocidos de Albers, son experimentos planificados de color.
Albers es interesante no sólo por sí mismo, sino porque parece ubicarse en el punto en que convergen varias actitudes hacia la pintura. El elemento sistemático de su obra lo relaciona con la de dos artistas suizos, Max Bill y Richard Lohse, Bill también es un alumno, del Bauhaus y en su subsiguiente carrera se ha convertido en una especie de genio universal y al estilo de Miguel Angel ya que es al mismo tiempo pintor, arquitecto y escultor. El desarrollo seriado del color fue uno de sus objetivos a través de toda su carrera.
Bill y Lohse son generalmente mencionados como exponentes del "arte concreto" y Albers es incluido como el tercer miembro de este triunvirato. Por otro lado, el interés de Albers en la ilusión óptica lo relaciona con los así llamados artistas op, aun cuando su tratamiento particular de la forma lo lleva a relacionarse con lo que los críticos ahora han denominado "abstracción pospictórica".
Si uno busca una diferencia entre Albers y sus dos colegas suizos, ésta parece estar en el tratamiento de la forma. Los cuadrados de Albers son libres, inertes, sueltos, flotantes y es esta pasividad la que ha llegado a parecer particularmente típica de gran parte de la pintura expresionista pospictórica en Norteamérica.
La diferancia entre el "Hard-edge" y la abstracción pospictórica, es precisamente que en ésta no es lo neto del borde lo que cuenta, un color chocando firmemente contra otro, sino la calidad del color. No importa si el color se funde en un matiz vecino o se diferencia netamente de éste: el encuentro siempre es pasivo.
Los cuadrados de Albers son suficientemente vigorosos, pero no generan energía a partir de esta fortaleza de los contornos.
Pintura Roja, 1952, Ad Reinhardt
Otro pintor cuya obra tiene algo de esta cualidad, sin ser calificado como abstraccionista pospictórico en el sentido más estricto fue Ad Reinhardt, quien se hizo una fama como el no conformista profesional del mundo artístico de Nueva York durante la década del cincuenta y logró retenerla hasta su reciente muerte. Influido por el arte decorativo abstracto de Persia y el Medio Oriente, Reinhardt pasó en los años cuarenta a través de una fase en la que su obra se acercó a la caligrafía de Tobey. Pero estas marcas "escritas" se reunieron y se convirtieron en rectángulos que cubrieron toda la superficie del cuadro. Desde una orquestación de intensos colores, Reinhardt pasó hacia el negro. La pintura caracterís-tica de su última fase contiene colores tan oscuros y tan próximos en valor unos de otros, que el cuadro parece ser negro o casi negro, hasta que es estudiado detalladamente de cerca y entonces los rectángulos componentes emergen de la superficie.
Es interesante comparar a Albers y Reinhardt con los pinceles de "hard-edge", que tienen una actitud más convencional hacia la composición, pero todavía muy norteamericana. Entre éstos están Al Held, Jack Youngerman y Ellsworth Kelly. De éstos, Kelly probable-mente sea el más conocido.
Su pintura consiste en campos planos de color, rígidamente divididos uno de otro. A veces un color contiene completamente a otro, de manera que el cuadro consiste en una imagen colocada sobre un fondo. Generalmente, éstas son las obras más flojas de Kelly, especialmente cuando la imagen deriva de alguna forma natural, tal como la de una hoja. Otras veces parece como si la tela, ya muy grande, no hubiera alcanzado para acomodar la forma, que está arbitrariamente cortada por el borde, y continúa en la imaginación del espectador.
Como mecanismo para impartir energía e interés a la pintura es bastante exitoso, pero quizás hay algo de engaño y trampa en ello. También está el hecho de que la "energía" y el "interés" son conceptos pictóricos tradicionales que, en el sentido en que los acabo de usar, Albers, Reinhardt y los abstraccionistas pospictóricos parecen igualmente determinados a rechazar.
Lo que relaciona a Albers ya Reinhardt con los así llamados abstraccio-nistas pospictóricos es, en parte, la fascinación no de los medios pictóricos sino de la doctrina estética. La naturaleza doctrinaria de la abstracción pospictórica es sorprendente. Tal como los positivistas lógicos se han concentrado en los aspectos puramente lingüísticos de la filosofía, así los pintores que adhieren al movimiento se han preocupado de desprenderse de todo, excepto de un estrecho campo de considera-ciones estrictamente pictóricas. La crítica americana Barbara Rose señala que: "en el proceso de autodefinición, una forma artística tenderá hacia la eliminación de todos los elementos que no correspondan con su naturaleza esencial. Según este argumento, el arte visual será despo-jado de todo significado extravisual, ya sea simbólico o literario, y la pintura rechazará todo lo que no sea pictórico".
Partiendo de lo que Jacques Barzun, en una ocasión, describió como la naturaleza "abolicionista" del expresionismo abstracto (refiriéndose a su aparente deseo de suprimir el arte del pasado), el nuevo estilo rechazó estratagemas aun más enteramente que Albers y Reinhardt.
Omicron, 1961, Morris Louis
Los dos pintores que pueden considerarse como los verdaderos creado-res de este movimiento son Morris Louis y el veterano expresionista abstracto Barnett Newman, a pesar de que otros expresionistas tales como Jack Tworkov, también muestran algunas características de la abstracción pospictórica en sus trabajos tardíos, un ejemplo es el uso de pintura diluida, que da una apariencia plana a la tela.
Hacia 1950 -es decir, cuando el expresionismo abstracto estaba en la cúspide de su éxito- los objetivos de Newman ya estaban claros. Quería articular la superficie de la pintura como un "campo", más que como una composición -ambición que fue considerablemente más allá de Pollock. El procedimiento de Newman para conseguir el efecto deseado, era permitir que el rectángulo de la tela determinase la estructura pictórica. La tela está dividida, ya sea horizontal como verticalmente, por una o varias bandas. La línea de la división se usa para activar el campo, que es de color intenso, con algunas pequeñas variaciones de matices de un área a otra. El crítico americano Max Kozloff declara que, en la obra de Newman, "el color no se usa tanto para desbordar los sentidos como para impresionar a la mente con su curiosa mudez y sordera". Añade: "Newman, habitualmente, da la impresión de estar fuera de control, sin ser apasionado en lo más mínimo".
Ya sea que uno esté -o no- de acuerdo con esta afirmación, la mudez y la falta de pasión -lo "tranquilo" en el sentido vulgar del término-, cier-tamente habrían de ser la característica de la nueva fase del arte norteamericano.
Con Newman, sin embargo, todavía tenemos la sensación de que la tela es una superficie a la que se le ha aplicado pigmento.
Morris Louis difiere de esto en que no es tanto un pintor sino un teñidor. El color es una parte integral del material que ha usado el pintor y el color vive en la propia trama.
Más aún que los principales expresionistas abstractos, Louis fue un artista que llegó a su estilo maduro por medio de una repentina notoriedad. Esta irrupción es una de las cosas que deben tenerse en cuenta al discutir su obra. Louis no era neoyorquino. Vivía en Washington, y Nueva York era un lugar al que notoriamente rechazaba visitar. En abril de 1953, Kenneth Noland, otro pintor amigo, lo convenció de que hiciera el viaje, tanto para encontrarse con el crítico Clement Greenberg como para ver algo de lo que estaban haciendo entonces los artistas de Nueva York. Louis tenía entonces cuarenta y un años y no había producido más que trabajos de importancia menor hasta ese momento.
El viaje fue un éxito y Louis quedó especialmente impresionado, con una pintura de Helen Frankenthaler, Montañas y mar, que vio en su estudio. El efecto en su obra fue acercarlo tanto hacia Pollock como hacia Frankenthaler (conside-rándolos como influencias) .Siguieron algunos meses de experimentación, pero hacia el invierno de 1954 llegó súbitamente a una nueva forma de pintar. Un aspecto de la novedad era su técnica, que más tarde Greenberg describió de esta manera:
."Louis derrama pintura en una tela de lona de algodón gruesa, sin marco y sin preparar, dejando el pigmento casi en todos lados lo suficientemente diluido, sin importarle cuántas capas del mismo están sobrepuestas, para que el ojo sienta debajo la fibra y la trama de la tela. Pero "debajo" es una palabra incorrecta. La tela, estando impregnada con pintura, más que simplemente cubierta por ella, se vuelve pintura en sí, color en sí mismo, como género teñido; la fibra y la trama forman parte del color".
De hecho, Louis logró su originalidad, en parte a través de la explotación de un nuevo material, la pintura acrílica, que daba a sus pinturas un maquillaje físico muy diferente que el de los expresionistas abstractos. El proceso de teñido significó una reacción contra la forma, contra la luz y la sombra, en favor del color. Como señaló Greenberg: "Su reacción contra el cubismo fue una reacción contra lo escultural." Aun el espacio poco profundo que Pollock había heredado de los cubistas, sería de ahora en adelante evitado, dando énfasis al plano.
Una de las ventajas de la técnica del teñido, en lo que concernía a Louis, era el hecho de que podía poner color sobre color.
Sus primeras pinturas después de su irrupción son capas de cambiantes matices y tonos: no existe .la sensación de que las varias configura-ciones de color hayan sido dibujadas con un pincel. Evidentemente, Louis no "pintaba" incluso en el sentido de Pollock, sino que volcaba, inundaba y fregaba el color en la tela. Esta desviación del proceso de color fue reticente en ciertos aspectos. En experimentos posteriores, Louis habría de intentar y lograr recuperar algunas de las ventajas del dibujo tradicional aplicándolos a las manchas. Esto es particularmente cierto en la serie de telas llamadas Desplegamiento, que fueron pintadas en la primavera y verano de 1961.
Franjas irregulares de color, paralelas, aparecen ahora en diagonales como formando alas en los bordes de grandes áreas de tela que se dejan sin pintar. Michael Fried señala: "Los arroyos inclinados abren el plano del cuadro más radicalmente que nunca, como si mirando la primera señal viéramos por primera vez el vacío. El deslumbrante espacio de la tela sin tocar repele y al mismo tiempo subyuga alojo, como un abismo infinito, abismo que se abre tras la más mínima marca que nosotros hacemos sobre una superficie plana, o se abriría si innumerables convencionalismos tanto del arte como de la vida práctica, no restringiesen las consecuencias de nuestro acto dentro de estrechos límites".
El período final de actividad de Louis (murió de cáncer al pulmón en 1962) comprendió una serie de pinturas en franjas, donde las franjas de color, generalmente de ancho apenas diferente, están reunidas acierta distancia de los costados de las telas.. Fried piensa que éstas muestran, en comparación con los Desplegamientos que le precedieron, un refuerzo adicional del impulso que lleva a dibujar. Pero, en su estricto, inapartable paralelismo, las líneas de color pare-cen inertes y esto es cierto aun cuando, en tres pinturas de esta serie, las franjas cruzan diagonalmente a través de la tela. Inercia, estricto paralelismo e impulso constructivo (como se muestra en las pinturas con franjas diagonales), eran las características que Louis compartió con otros pintores abstractos postpictóricos.
El socio y amigo de Louis, Kenneth Noland, fue más lento en lograr su propio despegue y, en consecuencia, pertenece a una etapa posterior del desarrollo de este nuevo tipo de pintura abstracta. Noland, como Louis, adoptó la nueva técnica del teñido, más que pintado de la tela. Y, como Louis, tiende a pintar en series, usando un único motivo con distintas variantes hasta que siente que ha agotado sus posibilidades. El primer motivo importante en la obra de Noland tiene la forma de un blanco con anillos concéntricos en diferentes tonos. Los cuadros compuestos sobre este principio son de fines de los años 50 y principios de los 60. En ellos, la forma de un blanco fue usada, no como Jasper Johns la utilizó contemporáneamente, con una deliberada intención de aludir a su banalidad, sino como medio de concentrar el efecto del color. A menudo los blancos parecen girar contra el fondo de la tela sin marco, efecto producido por el teñido irregular en sus bordes. Señala Fried: 'la tela sin preparar en las pinturas de anillos concéntricos de Noland cumple en gran parte la misma función que los campos coloreados en los grandes cuadros de Newman de alrededor de 1950; pero generalmente parece que, en estas pinturas, Noland hubiese logrado cargar la totalidad de la superficie de la tela con una especie de intensidad perceptual que, hasta ese momento, sólo los pintores cuyas imágenes ocupan todo o casi todo el campo del cuadro -Pollock, Still, Newman, Louis habían podido conseguir".
Luz baja, 1965, Kenneth Noland
Después de experimentar con una forma elipsoide que ya no estaba, en todos los casos, en el exacto centro de una tela cuadrada, Noland comenzó, en 1962, una serie donde usó el motivo de los galones. Ésta fue la señal de una creciente preocupación por considerar a la tela simplemente como un objeto. El borde-bastidor comenzó a tener una importancia que, en conjunto, no se le había dado desde Pollock.
Al principio, Noland permitió a la tela sin preparar que continuase jugando su papel. Pero los galones sugirieron la posibilidad de un soporte de forma romboidal -una especie de pintura que sería totalmente color, sin áreas neutras, con bandas coloreadas adosadas a las bandas del bastidor. Estas telas, como las pinturas tardías en franjas diagonales de Louis, tienen relación con algunos cuadros de Mondrian, donde la tela está diseñada para ser colgada diagonalmente. La relación expresionista abstracta y la constructivista comienzan a reunirse aquí.
Después de un tiempo, los rombos de Noland se volvieron más angos-tos y más largos y eventualmente el modelo de galones fue abandonado por franjas que corrían horizontalmente sobre enormes telas, algunas de ellas de más de nueve metros de largo. El color se reduce así a su más simple relación, como en las pinturas tardías de Louis y es abandonada toda pretensión de composición. Estos cuadros tardíos muestran el extremo refinamiento de la sensibilidad de Noland al color. Comparado con sus primeras obras, el color es más pálido y más claro. Los tonos están muy próximos, lo que produce efectos de vibraciones ópticas, intensificadas por la cabal vastedad del campo, que envuelve y ahoga al ojo. No hay nada pictórico en la forma en que se aplica el color: no tiene ni siquiera la falta de uniformidad de los teñidos de Louis y las bandas de color se encuentran más firmes y decisivas que las franjas de éste. O mejor, casi se encuentran: examinándolas de cerca demuestran estar separadas por bandas infinitesimalmente estrechas de tela sin preparar, efecto que Noland puede haber tomado de las primeras pinturas de Frank Stella.
Sin título, 1968, Frank Stella
Stella, a pesar de que su trabajo está a menudo agrupado con el de Louis y el de Noland, es más estructuralista que abstraccionista pospic-tórico. Su preocupación no es tanto por el color como color, sino por la pintura como objeto, cosa que existe por su propio derecho y que es enteramente autorreferida. Su obra, sin embargo, tiene un vínculo directo con la de Barnett Newman.
Las pinturas que establecieron la reputación de Stella fueron aquellas que se exhibieron en la exposición .'Sixteen Americans" del Museo de Arte Moderno, de Nueva York, en 1960. Eran todas telas negras, modeladas con franjas paralelas de aproximadamente 6 cm de ancho, elegidas para repetir la de las tablas de madera utilizadas para el soporte del cuadro. Stella continuó ejecutando otras series de pinturas a franjas, en aluminio, cobre y pintura magenta. Con las pinturas de alumi-nio y cobre, Stella comenzó a usar soportes con formas. Éstos hicieron de las pinturas no sólo objetos para colgar en la pared, sino CosaS que activaban la totalidad de la superficie de la pared. Hubo entonces un período de experimento con pinturas donde las franjas eran de diferentes colores, seguido de uno donde las telas adaptadas se combinaban para formar composiciones seriadas. Más recientemente vinieron telas asimétricas pintadas en vívidos colores que segmentan las formas que ahora, a veces, están curvadas.
El efecto es casi como si alguien hubiese cortado y sistematizado las telas "órficas" de Robert Delaunay y también hay más que una insituación de los moldes del jazz moderno, lo que sugiere, eviden-temente, una relación con la obra más reciente de Roy Lichtenstein.
Si Stella pareció inclinarse a coquetear, tanto con el primer modernismo como con el pop art, otro pintor colorista, Jules Olitski, ha estado experimentando con lo que es esencialmente una crítica al expresio-nismo abstracto. Olitski cubre grandes áreas de la tela con manchas suaves; en su obra reciente, esas áreas manchadas a menudo contras-tan una pasada de empalagosos brochazos gruesos, reminiscentes no tanto de Pollock sino de un europeo como De Stael. Las pinturas en sí mismas son generalmente vastas. La paradoja en la obra de Olitski es el tamaño de la escala comparada con la limitación del contenido; los cuadros insinúan una posición estética con el fin de negarla. La dulzura y la hermosura son irónicas y, sin embargo, al mismo tiempo, verdadera-mente expresadas y sentidas. Más aún que en la obra de Noland y Stella, estas pinturas se dirigen a un público conocedor.
Lo mismo podría decirse sobre la obra de Larry Poons. A pesar de que Poons a veces ha sido llamado artista op, su típica obra no deja dudas sobre su verdadera ubicación. En esencia, sus pinturas consisten en un campo coloreado, con puntos de color contrastante, dis persos al azar. Se ofrece alojo observador una multitud de puntos de enfoque por los que la vista se desliza sin llegar a descansar. En las primeras obras de Poons, el efecto óptico está acrecentado por la selección del tono y del matiz. Los tonos están muy próximos entre sí; los matices, en agudo contraste, lo que genera una imagen latente en el ojo. Cuadros más recientes, sin embargo, tienden a mostrar que la conexión de Poons con el op-art fue accidental. Las formas ovales características han sido ampliadas hasta que llegaron a ser tan grandes, o más aún, que la pisada de un hombre; el color es barroso, la terminación deliberada-mente áspera. Las pinturas parecen ahora como plaquetas inmensamente ampliadas de microscopio, con bacilos alargados, y uno siente que el placer visual ha sido sacrificado a la característica aplicación estricta de una doctrina.
Es interesante notar que, mientras que tanto el expresionismo abstracto como el pop art obtuvieron triunfos muy considerables en Europa, la abstracción postpictórica no tuvo, ni medianamente, tanto éxito en el escenario del arte europeo. Cuando los parisienses hablan, a veces algo amargamente, del rechazo norteamericano hacia "nuestros pintores", están hablando del aparente dominio de la abstracción pospictórica en Nueva York. El único país donde sus ideas han ganado un considerable apoyo fuera de los Estados Unidos, es Gran Bretaña, y esto es algo que simboliza la transferencia de influencias sobre el arte británico.
Por ejemplo, John Hoyland, uno de los pocos artistas británicos con un dominio de la escala como el de los norteamericanos, está esencialmente en la tradición de Louis y Noland. Su uso del medio de la pintura acrílica es suficiente para afirmarlo. Pero Hoyland a veces obtiene hostil reacción por parte de los estudiosos norteamericanos por no ser lo suficientemente PUf sang, lo suficientemente reduccionista. Parece que le debe algo importante a Matisse y Miró, y sus pinturas no han abandonado claramente todas las ideas tradicionales sobre el tema de la composición. Uno puede incluso detectar referencias a De Stael, a quien Hoyland en una época admiró muchísimo.
Desarrollo, 1967, Robyn Denny
Las pinturas de Robyn Denny, a pesar de su estricta simetría bilateral, también son más complejas que la obra de su contraparte norteamericano. Los colores que usa Denny, ya sea sombríos o lechosos, no tienen la autoindulgencia que uno encuentra en Olitski, o en los abstraccionistas pospictóricos de la segunda generación, como Edward Avedisian.
Una de las cosas que parecen dividir a estos pintores ingleses de sus colegas norteamericanos, es el hecho de que los ingleses permanecen fascinados con la ambigüedad pictórica y continúan engañando con los efectos de la profundidad y perspectiva que son extraños al arte norteamericano del mismo tipo. La obra de pintores tales como John Walker, Paul Huxley, Jeremy Moon y Tess Jaray muestra esta controversia. La obra de la señorita Jaray aclara particularmente el punto, ya que una de sus fuentes son dibujos en perspectiva de arquitectura.
Jardín de Alá, 1966, Tess Jaray
La abstracción pospictórica es una moda comparativamente reciente. A pesar de que el éxito de Louis tuvo lugar a mediados de la década del cincuenta, casi toda la pintura que he discutido en este capítulo ha sido hecha en los últimos 10 años. En EE.UU. y Gran Bretaña, a pesar de todo, disfruta del status de una ortodoxia.
Esto ha tenido un resultado inesperado. Donde los partidarios del expresionismo abstracto ya hablaban de éste como de algo definitivo, un punto a partir del cual el arte no podía tener esperanzas de progresar, la abstracción pospictórica parece aún más definitiva. Ha comenzado a notarse que los artistas quieren encontrar su camino hacia adelante están ahora inclinados a abandonar la idea de la pintura como vehículo para lo que quieren hacer o decir. Esto no sólo ha significado un gran vuelco de la atención hacia la escultura sino, que ha llevado hacia un creciente número de experimentos con medios mixtos y al campo del arte cinético.
Expresionismo Abstracto I
por Paola Fraticola
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
El expresionismo abstracto, el primero de los grandes movimientos artísticos de posguerra, tuvo sus raíces en el surrealismo, que era el movimiento más importante del período inmediatamente anterior a la Guerra. El surrealismo había desplazado al dadaísmo en París a principios de la década del 20. Quizá sea definido más satisfactoria-mente por su figura principal, André Breton, en el Primer Manifiesto Surrealista de 1924.
SURREALISMO, n. Automatismo psíquico puro, por el que se hace un intento de expresar, ya sea verbalmente o por escrito, o de cualquier otra manera, el verdadero funcionamiento del pensamiento...
El surrealismo descansa en la creencia de la superior realidad de ciertas formas olvidadas de asociación, en la omnipotencia del sueño, en el desinteresado juego del pensamiento.
Tiende a destruir los otros mecanismos psíquicos y a sustituirlos en la solución de los principales problemas de la vida.
Su historia desde 1924, bajo la dirección del volcánico Breton, había sido de cismas y escándalos. los surrealistas estaban, especialmente, cada vez más preocupados por sus relaciones con el comunismo. La cuestión era: ¿podía reconciliarse el radicalismo artístico con la variedad política? Se perdió tanto tiempo y energía en controversias que, para la época en que llegó la guerra, el movimiento estaba visiblemente en declinación. Señala Maurice Nadeau en su autorizada historia del movimiento que: ."la adhesión a la revolución política requería la adhesión de todas las fuerzas surrealistas y, consecuentemente, el abandono de la especial filosofía que había formado el propio ser del movimiento en sus orígenes".
Para la época en que sobrevino la guerra, parecía que el surrealismo, el más vigoroso e importante de los movimientos artísticos del período entre las guerras, hubiese agotado su ímpetu. Pero la "especial filosofía". de que habla Nadeau estaba todavía bastante viviva cuando el movimiento surrealista llegó a Nueva York, casi en bloc, poco después del comienzo de la guerra.
Los exiliados incluían no sólo al propio Breton sino también a algunos de los más famosos pintores surrealistas: Max Ernst, Roberto Matta, Salvador Dalí, André Masson. Peggy Guggenheim, entonces casada con Ernst, proveyó al grupo de un centro para sus actividades al abrir en 1942 la Art of This Century Gallery. Muchos de los más importantes pintores norteamericanos de la década del cuarenta habrían de exhibir más tarde allí.
La situación de los exiliados surrealistas estaba gobernada por diversos factores. Por ejemplo, en la mitad del conflicto los viejos, desgastados argumentos políticos ya no eran relevantes. Nueva York ofrecía un territorio fresco y desafiante para sus actividades y empezaron a reclutar conversos entre los artistas norteamericanos.
Como ya he dicho, los Estados Unidos fueron siempre hospitalarios al arte avant-garde de los europeos. Nueva York tenía una tradición de avant-garde intermitente que se prolongaba hasta el Armory Show de 1913 y, más allá, a las actividades de pre-Primera Guerra Mundial de Alfred Stieglitz, quien presentó en una pequeña galería en el 291 de la Quinta Avenida, una serie de exhibiciones de artistas tales como Rodin, Matisse, Picasso, Brancusi, Henri Rousseau y Picabia. Durante la Primera Guerra Mundial hubo un activo grupo de dadaístas en la ciudad, entre ellos Marcel Duchamp, Picabia, y Man Ray. Pero la Depresión de los años treinta volvió al arte norteamericano hacia sí mismo. Los críticos norteamericanos, por ejemplo Barbara Rose en su clásico libro American art since 1900, subrayan el hecho de que este período de introspección y retiro fue crucial para los artistas norteamericanos.
Señalan al efecto, especialmente al Federal Art Project, institución con la cual, el gobierno norteamericano buscó dar alivio a los artistas que sufrían por las condiciones económicas imperantes. La señorita Rose sostiene que "al no hacer una distinción formal entre el arte abstracto y el figurativo", el Project ayudó a hacer respetable al abstracto, y ese esprit de corps creado por tal proyecto entre los artistas continuó hasta la década del cuarenta. Sin embargo, en 1939 el arte norteamericano contaba muy poco en cuanto concernía a la avant-garde europea, a pesar de que algunos distinguidos, tales como Josef Albers y Hans Hofmann, estaban preparando el terreno a través de sus enseñanzas, para el cambio que habría de sobrevenir. Albers enseñaba en el Black Mountain College de Carolina del Norte, Hofmann en la Art Students League de Nueva York y en sus propias escuelas de la calle Ocho, y la de Provincetown, Massachussets.
Pero no fueron éstos, sino los surrealistas recién llegados, los que
suministraron el estímulo decisivo. Sin su presencia en Nueva York, nunca hubiese nacido el expresionismo abstracto.
La figura del cambio, el más importante eslabón entre el surrealismo europeo y lo que habría de seguir, fue Arshile Gorky.
Gorky había nacido en Armenia en 1904 y no llegó a América hasta 1920. Sus primeros trabajos ( ejecutados en condiciones de la más amarga pobreza) muestran una sostenida progresión a través de los estilos modernísticos básicos, típica de un artista de un medio provinciano, que es consciente de su propio aislamiento. Absorbió la lección de Cezanne, luego la del cubismo.
En 1930, bajo el hechizo de Plcasso, ya estaba virando hacia el surrealismo. Llegó entonces la guerra y comenzó a explorar más vigorosarrrente. Básicamente, la tradición surrealista parecía ofrecer al converso dos opciones. Una era el estilo minuciosamente detallado de Magritte o Salvador Dalí. Aun en esos cuadros de Dalí donde las distorsiones son más violentas, los objetos retienen en cierta medida su identidad.
La Otra opción era el estilo biomórfico de artistas tales como Miró o Tanguy, donde las formas apenas sugieren una similitud con los objetos reales, usualmente partes del cuerpo humano, pechos, traseros, órganos sexuales. Gorky adoptó" este método y lo usó con creciente audacia. Harold Rosenberg habla
de la imaginería característica del desarrollado estilo de Gorky como ..."crecido en exceso con metáfora y asociación. Entre extraños organismos blandos e insidiosas ranuras y manchas, unos pétalos sugieren garras en una jungla de flojas partes de cuerpos, puños, intestinos, intimidades, múltiples pliegues de miembros."
El propio pintor, en una declaración escrita en 1942, dijo:
"me gusta el calor la ternura lo comestible lo sabroso el canto de una sola persona la bañadera llena de agua para bañarme debajo del agua. ..me gustan los campos de trigo el arado los damascos esos devaneos del sol. Pero por sobre todo el pan"
Gorky fue influido especialmente por el pintor chileno Roberto Matta, y su trabajo a menudo se acerca al que estaba siendo hecho por el veterano surrealista francés André Masson durante los años que este último pasó en Norteamérica. No llegó a tomar contacto con Breton hasta 1944, y esto completó su liberación como artista. Hacia el año 1947 había empezado a superar a sus maestros y el camino por el que los sobrepasó fue a través de la libertad con que usó sus materiales. La osadía de su técnica puede ser observada en la segunda versión de "El Compromiso", que data de 1947. La filosofía del arte que Gorky ofreció en una entrevista con un periodista ese mismo año, tuvo importantes implicancias para el futuro de la pintura norteamericana :
"Cuando algo está terminado, significa que eso esta muerto, ¿no es así? Yo creo en la perdurabilidad. Yo nunca termino una pintura: solamente dejo de trabajar en ella por un tiempo. Me gusta pintar porque es algo que nunca llego a termInar. A veces pinto un cuadro y luego lo despinto todo. A veces estoy trabajando en quince o veinte obras al mismo tiempof Hago esto porque quiero, porque me gusta cambiar mi opinión a menudo.
Lo que hay que hacer es empezar siempre a pintar, nunca terminar de pintar."
Esta idea de una "dinámica continua" iba a jugar una parte irnportante en el "expresionismo abstracto" y especialmente en la obra de jackson Pollock. El propio Gorky fue incapaz de continuarla. Después de una larga serie de infortunios, se suicidó en 1948. Fue quizás el más distinguido de los surrealistas que ha producido Nortearnérica.
Mucho menos "europea" era la obra de Jackson Pollock, a pesar
de que fue Pollock quien se convirtió en la estrella de la Art of This Centuty Gallery. Igual que Gorky, Pollock se desarrollo muy lentamente. Había nacido en 1912, y pasó su juventud en el Oeste, en Arizona, el norte de California, y (luego) el sur de California.
En 1929 Pollock dejó Los Ángeles y vino a Nueva York a estudiar pintura con Thomas Benton, un pintor "regionalista".
Durante la década del treinta, como muchos artistas norteamericanos de su generación, cayó bajo la influencia de los mejicanos contemporáneos. El entusiasmo de Diego Rivera por un arte público "perteneciente al pueblo" puede muy bien haber ayudado a desarrollar el sentido de la escala de Pollock. Más tarde cayó bajo l a influencia de los surrealistas, como le había pasado a Gorky, y la señorita Guggenheim lo contrató para su galería. Hacia 1947 Pollock había alcanzado el estilo por el que es más conocido: abstracción informal, libre, basada sobre la técnica de chorrear y embardurnar pintura sobre la tela.
Expresionismo Abstracto II
por Paola Fraticola
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
Ésta es la descripción del propio Pollock sobre lo que pasaba al trabajar sobre tales cuadros:
"Mi pintura no viene del caballete. Casi nunca estiro la tela antes de pintar. Prefiero afirmar la tela sin estirar sobre una pared dura o el piso. Necesito la resistencia de una superficie dura.
Sobre el piso me siento más cómodo. Me siento más cerca, más parte de la pintura, ya que de esta manera puedo caminar alrededor, trabajar desde los cuatro costados y estar literalmente en la pintura. Esto es similar a los pintores rupestres indios del Oeste. Continúo alejándome de las herramientas usuales del pintor, tales como caballete, paleta, pinceles, etc. Prefiero palos, cucharas, cuchillos y gotear pintura fluida o una densa pasta con arena, vidrio molido u otros materiales inusuales adicionados.
Cuando estoy en la pintura no me doy cuenta de lo que estoy haciendo. Sólo después de una especie de período «de acostumbramiento» ver, en lo que he estado. No tengo miedo de hacer cambios, destruir la imagen, etc., pues la pintura tiene una vida en sí misma. Trato de que ésta surja. Sólo cuando pierdo el contacto con la pintura, el resultado es una confusión. Si no, es pura armonía, un fácil dar y tomar y la pintura sale muy bien".
Compárese esto con las instrucciones de Breton sobre cómo producir un texto surrealista, tal cual se dan en el manifiesto de 1924:
"Haga que alguien le traiga materiales para escribir, luego de haberse ubicado en un lugar lo más favorable posible para que su mente se concentre en sí misma. Póngase en el esta-do más pasivo o receptivo que pueda. Olvídese de su genio, de su talento y del de todos los demás. Dígase a sí mismo que la literatura es el camino más triste que lleva a todo. Escriba rápido, sin un tema preconcebido, lo suficientemente rápido para no recordar y no tentarse de releer lo escrito".
Creo que está claro que, de muchas maneras, las actitudes de Pollock y Breton se corresponden. Es importante, por ejemplo, recordar que en la así llamada pintura "gestual'. o "acción' hay un, gran elemento de pasividad.
Una de las consecuencias más radicales del método de trabajo de Pollock, en lo que concierne al espectador, fue el hecho que cambió completamente el tratamiento del espacio. Pollock no ignora los problemas de espacio; sus pinturas no son planas. En cambio, crea un espacio que es ambiguo.. Reconocemos la superficie de la pintura, pero también el hecho de que casi toda la caligrafía parece estar suspendida algo más atrás de la superficie, en un espacio que ha sido deliberadamente comprimido y privado de perspectiva.
De esta manera, Pollock no sólo está relacionado con los surrealistas sino con Cézanne. Evidentemente, cuando pensamos en la perspectiva ilusionista usada por Dalí y aun Tanguy, quedará claro que éste es uno de los puntos en que Pollock difiere notablemente de sus mentores. Los ritmos alternantes que usa Pollock tienden a sugerir una progresión espacial a través de la tela" más que directamente hacia ella, pero este movimiento siempre está bajo control y al final vuelve hacia el centro, donde está el peso principal del cuadro. Como se verá por su propia descripción, estas características reflejan el método de trabajo de Pollock. El hecho de que la imagen fuera creada antes de que el propio límite de la tela hubiera sido establecido ( era recortada después, para adaptarse a lo que se había producido) tendía a enfocar la atención en el movimiento lateral. Este método de organización algo primitivo iba a tener consecuencias importantes.
Tanto por temperamento como por virtud de las teorías que profesaba éstas en su mayoría productos de su forma de ser Pollock era un artista subjetivo. Para él la realidad interior era la única realidad. Harold Rosenberg, el principal teórico del expresionismo abstracto, describe el estilo como un "fenómeno de conversión".
Llega hasta llamarlo un "movimiento esencialmente religioso".
Pero era un movimiento religioso sin mandamientos, como surge del comentario de Rosenberg de que "el gesto sobre tela" era un "gesto de liberación sobre el Valor, político, estético, moral".
Uno podría añadir que tanto en el caso de Pollock como en el de algunos otros, también parece ser un gesto de alejamiento de la sociedad. y sus exigencias. Frank O'Hara describe al artista como siendo "torturado por la propia duda y atormentado por la ansiedad".
Pollock, sin embargo, no habría hecho el impacto que hizo, primero en Norteamérica y luego en Europa, si hubiese estado completa-mente aislado como pintor.
La verdadera figura-padre de la escuela de pintura de Nueva York, durante los años de posguerra, fue probablemente el veterano Hans Hofmann, quien ejerció gran influencia como maestro, y cuyo estilo último muestra cuán fuerte era su simpatía hacia lo que estaban haciendo los hombres jóvenes. Hofmann era el producto típico de las cosas que forman la amalgama norteamericana. Había vivido en París desde 1904 hasta 1914, y estuvo en contacto con Matisse, Braque, Picasso y Gris. Admiraba especialmente la obra de Matisse, y esto era lo que podría pensarse como subyacente bajo la faz más decorativa de la pintura abstracta expresionista. El hecho de que los nuevos pintores no dejaban de tener raíces en el pasado es algo que puede juzgarse de la propia carrera de Hofmann. Comenzó a enseñar en los Estados Unidos en 1932, fundó el Provincetown Art School en 1934. Su última fase, en la que se embarcó cuando tenía más de sesenta años, era lógica tanto en el clima artístico de la época, como maravillosamente inesperada en términos humanos: un ejemplo de un talento desenvolviéndose finalmente en toda su extensión cuando se le daba la atmósfera correcta. Algunos de estos últimos cuadros son por lo menos tan atrevidos como la obra de hombres más jóvenes.
El "organizador" del movimiento expresionista abstracto, si es que éste tuvo uno, no fue ni Pollock ni Hofmann, sino Robert Motherwell.
Mortherwell es un artista cuyo intelecto y energías son vastos. Como pintor, empezó su carrera bajo la influencia de los surrealistas en particular, bajo la de Matta, con quien hizo un viaje a México. Efectuó su primera exposición personal en la Art of This Century Gallery en 1944.
Cuando surgió el movimiento de arte expresionista abstracto, el campo de actividades de Motherwell siguió expandiéndose. Fue coeditor de la revista "Possibilities" influyente, pero de corta vida, en 1947-48, y en este último año fundó una escuela de arte con otros tres pintores importantes: William Baziotes, Barnett Newman y Mark Rothko. En 1951 publicó una antología de la obra de los pintores y poetas dadá, que fué uno de los primeros signos de la llegada del "neodadaísmo".
Expresionismo Abstracto III
por Paola Fraticola
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
La variedad de estas actividades no impidió a Motherwell tener una gran productividad como pintor. Sus trabajos más renombrados son una larga serie de telas conocidas colectivamente como Elegías a la República Española. Estos cuadros sirven para rectificar algunas ideas erróneas sobre el expresionismo abstracto. Es significativo, por ejemplo, que el tema de Motherwell esté tomado de la historia reciente de Europa; reciente, pero no absolutamente contemporáneo. Motherwell tenía veinte años cuando empezó la Guerra Civil Española, y recordaba con nostalgia su juventud. Su elección del tema sugiere que la pintura «subjetiva" que floreció en Norteamérica hacia fines de la década del cuarenta y principios de la del cincuenta, no era de ninguna manera incapaz de trazar los acontecimientos históricos o sociales, pero había que acercarse a estos sucesos en términos personales e indirectos. Las Elegias son ciertamente más indirectas que Guernica. La nostalgia retórica de las pinturas de Motherwell, sostenida en pintura tras pintura, es reminiscente del tono que puede encontrarse en gran parte de la poesía americana de posguerra, en poetas tan diferentes uno de otro como Allen Ginsberg y Robert Duncan, por ejemplo. Es una disposi-ción de ánimo que tiene pocos equivalentes en la pintura de la Europa de posguerra y actúa como recordatorio tanto del carácter del estilo esencialmente norteamericano, como del hecho de que no era necesariamente el arte "instantáneo", con el que a veces los pintores europeos lo confundían.
En esencia, hay dos clases de pintura expresionista abstracta en lugar de una. La primera forma, representada por Pollock, Franz Kline y Willem de Kooning, es enérgica y gestual.
Pollock y de Kooning están muy comprometidos con la figuración. La otra, simbolizada por Mark Rothko, es puramente más abstracta y más
tranquila. La obra de Rothko, en particular sirve para justificar el uso por parte de Harold Rosenberg del adjetivo "místico" al describir la escuela Rothko, como tantos otros artistas norteamericanos de primera línea del período de posguerra. Gorky, de Kooning, Hofmann, nació en el extranjero; llegó a norteamérica desde Rusia en 1913, cuando tenía diez años de edad. Comenzó como impresionista, sintió la influencia de Matta y Masson y siguió las pautas habituales presentando una muestra en la Art of This Century Gallery en 1948.
Gradualmente su obra se volvió más simple y hacia 1950 llegó al punto en que el elemento figurativo había sido descartado. Unos pocos rectángulos de espacio están colocados en un campo coloreado. Sus bordes no están definidos y su posición espacial es, por lo tanto, ambigua.
Flotan hacia nosotros o se alejan, en un espacio estrecho, poco profundo, del tipo que también encontramos en Pollock; derivan, en esencia, de los experimentos espaciales de los cubistas. En las pinturas de Rothko, las relaciones de color -cuando interactúan dentro del rectángulo y dentro del espacio-, componen una suave pulsación rítmica.
La pintura se convierte tanto en foco para las meditaciones del espectador como en pantalla frente aun misterio.
La debilidad de la obra de Rothko, así como su fuerza del color es la sutileza, se encuentra en la rigidez y monotonía de la fórmula compósicional.
La audaz imagen central se ha convertido en uno de los símbolos de la nueva pintura norteamericana y es una de las cosas que la diferencian de la pintura europea.
Rothko es un artista de real brillo, aprisionado en un chaleco de fuerza; ejemplifica la estrechez de miras que muchos artistas modernos se han impuesto a sí mismos.
La lección se refuerza con la obra de un artista que en muchas maneras se parece a Rothko: Adolph Gottlieb. También está relacionado con Motherwell, en el sentido de que es un retórico; por "retórica" en pintura, quiero decir el uso deliberado de formas vagas, explosivas y generalizadas. El interés por Freud llevó a Gottlieb hacia
al arte que llenó deliberadamente con simbolismo cósmico.
La similitud entre el estilo más característico de Gottlieb y la pintura hecha por Joan Miró hacia fines de 1930, es algo que admite una investigación.
A Miró también le gustan los símbolos cósmicos, pero los pinta más ligera y firmemente, sin acentuar mucho sus significados profundos.
La obra de Gottlieb me hace sentir que me están pidiendo que acepte confiadamente un significado importante. Esta significación no está inherente en el color o en las pinceladas; uno debe reconocer el símbolo y hacer la relación histórica.
Las limitaciones que yo encuentro en la obra de Rothko y en la de Gattlieb, me parece que son compartidas por Phillip Guston y Franz Kline. Guston simboliza el aspecto amorfo del expresionismo abstracto.
Muy a menudo, sus cuadros no son más que un explosivo despliegue de pintura y colores cálidos; algo que induce a otra Tallulah Bankhead a señalar: "Hay aquí menos de lo que se ve". Kline, igual que Rothko, es un artista que va hacia extremos más bien estériles, y está impulsado en su camino por la doctrina expresionista abstracta.
A diferencia de Rothko, su obra es gestual, y su filiación técnica está con Pollock. Lo que hizo más frecuentemente, fue crear en la tela algo que parecía como un trazo chinesco, o parte de uno, enormemente ampliado.
Estos fuertes y ásperos ideogramas se apoyaban para su efecto en severas pinceladas sobre un campo blanco. La pintura parecía ser utilizada debido sólo a razones de holgura y escala; muy poco hay en la mayoría de las pinturas que no se podría haber dicho con tinta china y papel. Cuando, en los últimos años de la vida de Kline (murió en 1962), el color comenzó a jugar un papel más importante en su obra, los resultados no fueron generalmente felices porque nunca nos hace sentir que el color es esencial para el mensaje, que ya está siendo transmitido por el diseño. Sus propósitos son puramente decorativos.
Kline siempre fue muy reacio a admitir alguna clase de influencia oriental en su obra. Sin embargo, antecedentes de este tipo indudablemente han sido importantes en la pintura norteamericana desde la guerra. No Sólo hay un elemento de inercia que nace crecientemente poderoso con cada sucesiva revolución estilista -Rothko invita al espectador a la contemplación, Morris Louis colabora casi pasivamente con las exigencias de sus materiales, Andy Warhol acepta la imágen y se niega a corregirla, sino que las técnicas de los artistas orientales, así como sus filosofías, han hecho un impacto importante.
Es interesante comparar los grandes símbolos gestuales de Rothko con la obra de un artista que tiene un sentido de la escala muy diferente: Mark Tobey.
Mark Tobey no es, hablando estrictamente, un pintor expresionista. Por el contrario, ha seguido un desarrollo paralelo, modificado por un contexto y experiencias diferentes. La carrera de Tobey se focalizó no en Nueva Yok, sino en Seattle -esto es, antes de una reciente mudanza a Suiza. Ha viajado mucho y ha visitado el Cercano Oriente y México, además de hacer varias visitas a China y Japón. En este país estuvo durante un tiempo en un monasterio Zen y se convirtió al Budismo (anticipando una conversión similar por parte de uno de los más importantes poetas beat americanos, Gary Snyder). Los viajes de Tobey al Oriente fueron hechos con el específico propósito de estudiar la caligrafía china y tuvieron un confesado y decisivo efecto en su pintura. Él adoptó una técnica que denominó "escritura blanca", una forma de cubrir la superficie de la tela con una enmarañada red de signos que son como los pequeñitos jeroglíficos de Kline. De muchas formas, la obra de Tobey es una crítica ala de Kline y al expresionismo abstracto en conjunto. Lo que impresiona en las pinturas de Tobey, a pesar de lo tenues que parecen ser a veces sus esquemas formales, es el hecho de que lo que él produce siempre está completado en sus propios términos.
Los descubrimientos de Tobey reforzaron los de Pollock, en sus últimos trabajos, la tela o "campo" se articula de un lado al otro por las marcas rítmicas del pincel. Pero él, más que los verdaderos expresionistas abstractos, da al espectador un sentimiento de potencia. Uno siente que las marcas pueden re ubicarse en cualquier momento, pero retendrán un sentido de ordenada armonía. Esto no es un arte esforzándose contra sus propias limitaciones, sino que está explorando un medio de expresión recién descubierto e infinitamente flexible.
Expresionismo Abstracto IV
por Paola Fraticola
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
Sin embargo, sería un error suponer que el propio expresionismo abstracto era enteramente inflexible. La escuela era lo suficientemente
flexible como para incorporar el arte de Willem de Kooning, un artista que, en sus mejores cuadros, sigue a Pollock en fuerza y originalidad de talento. De Kooning nació en Holanda, y llegó ya adulto a Norteamérica. Su estilo tiende a enfatizar los componentes expresionistas del expresio-nista abstracto, en desmedro de la abstracción.
Trabaja con la fantasía que parece elevarse fuera de la textura de la pintura, y luego recae nuevamente al caos que momentáneamente le dio forma. Lo que lo aparta de los expresionistas europeos contemporáneos es el característico vigor norteamericano -incluso podríamos decir crudeza- y el sentido de la escala que emerge de sus Cuadros.
Cuando de Kooning se basa sobre imágenes tomadas del paisaje, la obra es tan vasta que parece como si hubiese descubierto una manera de usar ta pintura al óleo al igual que los más audaces pintores de la escuela china y japonesa usaban la tinta, a pesar de que su control sobre la fuente original de la imagen nunca se rompe por completo. Cuando pinta de una manera más directamente figurativa, como la series Cuerpos de Mujeres, toda la fuerza del impulso sexual está allí en la figura. Estas figuras a lo Kali corresponden al tipo de bajo que hizo Jean Dubuffet en su primer período y nuevamente las series Cuerpos de Mujeres de 1950. En consecuencia, la obra de Kooning es un importante punto de contacto entre el arte europeo y el norteamericano. Además sus figuras predicen ciertos aspectos del pop art. Las Mujeres de Kooning son las precursoras de la Marilyn de Warhol
El enorme éxito conseguido por el expresionismo abstracto iba a tener importantes consecuencias para el arte de ambos. lados del Atlántico. La leyenda de Pollock creció con tremenda rapidez en los años entre su primera muestra en Europa en 1948, y su muerte en un accidente de automóvil en 1956. Algunos de los efectos de este éxito eran fácilmente predecibles. Se hizo un intento de hacer del arte expresionista abstracto la única forma concebible del arte. Una rápida sucesión de aventuras más radicales y más nuevas parecieron refutar casi inmediatamente esta pretenslón. Curiosamente algo había en ello. El expresionismo abstracto miraba tanto hacia adelante como hacia atrás. A pesar de la gran escala en que trabajaban, Pollock y Kline parecen haber tenido una perfecta fe en la tela y en la pintura como medio viable para comunicar algo.
Esta fe ha sido cuestionada, y una razón para objetarla es el grado ei que los pintor expresionistas abstractos forzaron las tradicionales categorías del arte; nada se desarrolló a continuación de lo que ellos hicieron. Si uno compara el trabajo de un pintor tal como Clyfford Still con el trabajo superficialmente muy similar de Sam Francis, puede darse alguna idea de hasta donde el expresionismo abstracto estaba en su casa sólo en Norteamérica.
Francis, como norteamericano residente en París, introduce el elemehto europeo del "gusto", que inmediatamente compromete el rigor del estila y nuevamente, si uno compara la obra de uno de los pocos buenos expresionistas abstractos de la segunda generación, Helen Frankenthaler, con la de los pioneros, puede observar cuán difícil es trabajar sobre lo que alcanzaron los iniciadores.
El menos académico de los estilos hizo un sorprendentemente rápido descenso hacia el academicismo. El auge artístico de la mitad y fines de la década del cincuenta, creó una avalancha de famas efímeras.
El efecto del nuevo arte norteamericano en Europa no fue completamente feliz. Una razón para esto fue que los europeos lo interpretaron mal y trataron de usar criterios que ya habían sido superados.
En Inglaterra, por ejemplo, hay actualmente, una cierta amargura entre los defensores del expresionismo abstracto. El crítico-pintor inglés Patrick Heron, quien recibió muy generosamente a sus colegas norteamericanos cuando éstos aparecieron por primera vez, se queja ahora de su ingratitud.
Incluso llega a sugerir, que la monotonía de la heráldica imagen central, que se encuentra en muchas pinturas expresionistas abstractas, puede remediarse para componer el espacio del cuadro, recurriendo a métodos europeos más sofisticados. Esto muestra que su entusiasmo inicial estaba basado sobre una incomprensión, ya que tales métodos de composición eran exactamente los que a los norteamericanos más les había preocupado rechazar desde el comienzo, aun al precio de perder su libertad de evolución y desarrollo.
La importancia del expresionismo abstracto hace más a la cultura como un todo que a la pintura en particular. El éxito obtenido por la nueva pintura y su consecuente publicidad, atrajo la atención de escritores y músicos que estaban desencantados con sus propias disciplinas.
Earle Brown, uno de los nuevos compositores más radicalizados, pretende haber encontrado en la obra de Pollock fresca inspiración para su propia obra. Al principio, lo que contaba era el gesto de liberación más que cualquier otra similitud específica entre las disciplinas de las diversas artes. Los así llamados "medios mixtos" o "intermedios" habrían de llegar más tarde, en parte como resultado de experimento con el assemblage y el collage.
Expresionismo Abstracto
Introducción.
Hemos decidido entre los miembros del grupo abordar éste tema (expresionismo abstracto) en cuatro partes diferentes.
Una primera parte, comprendida por el arte abstracto. Es el principio del expresionismo abstracto y varios autores de éste movimiento pertenecieron luego a otros estilos artísticos.
Una segunda parte, donde se desarrolla plenamente el tema, con todas las características, autores, etc.; incluyendo el tachismo y el informalismo.
La tercera parte corresponde a los autores específicamente, a su vida y a sus obras, y como se relacionan con el expresionismo abstracto.
Y una última parte, con copias de cuadros de éste movimiento pictórico, para que se pueda apreciar lo que en éste práctico desarrollamos.
Luego invitamos al lector a realizar una actividad (sopa de letras), donde se demuestra que el objetivo de éste trabajo no es dar simplemente una clase más de la que luego todos se olvidarán, sino que la persona que escuche y/o lea atentamente éste trabajo gane un kacho de cultura, y recuerde lo básico.
El arte abstracto.
Es un estilo artístico que surgió alrededor de 1910 y cuyas consecuencias múltiples han hecho de él una de las manifestaciones más significativas del espíritu del siglo XX.
El arte abstracto deja de considerar justificada la necesidad de la representación figurativa y tiende a sustituirla por un lenguaje visual autónomo, dotado de sus propias significaciones. Este lenguaje se ha elaborado a partir de las experiencias fauvistas y expresionistas, que exaltan la fuerza del color y desembocan en la llamada abstracción lírica o informalismo, o bien a partir de la estructuración cubista, que da lugar a las diferentes abstracciones geométricas y constructivas.
Abstracción lírica.
La obra de Wassily Kandinsky ilustra la llamada abstracción lírica. Llegó, entre 1910 y 1912, a una abstracción impregnada de sentimiento, idealmente representativa de las aspiraciones de los artistas del grupo expresionista de Munich Der Blaue Reiter, del que él mismo formaba parte. En Francia, Robert Delaunay elaboró, desde 1912, a partir de las teorías de Chevreul sobre el contraste simultáneo de los colores, sus Ventanas y sus primeras Formas circulares cósmicas abstractas, mientras que Frank Kupka exponía en el Salón de Otoño de 1912 Amorfa, fuga de dos colores y en 1913 Planos verticales azules y rojos. En la misma época, en Rusia, Mijaíl Larionov y Natalia Goncharova llevaron hasta la abstracción pura su método de trascripción del fenómeno luminoso, al que denominaron rayonismo.
Abstracción geométrica.
La abstracción de Piet Mondrian se elaboró a partir de la retícula cubista, a la que progresivamente redujo a trazos horizontales y verticales que encierran planos de color puro. Por su simplificación, el lenguaje del neoplasticismo, nombre que dio a su doctrina artística, satisfacía las exigencias de universalidad del artista. En Francia, la abstracción de Fernand Léger (Contrastes de forme, 1913-1914) y la de Picabia (Udnie, 1913) utilizó formas cubistas sin renunciar a la intensidad cromática. En Rusia, tras haber sido el principal representante del cubo-futurismo, Kazimir Maliévich rompió radicalmente con todas las viejas concepciones del arte al pintar en 1915 Carré noir dando lugar al suprematismo. Paralelamente, Vladímir Tatlin creó con sus relieves abstractos una de las primeras formulaciones de lo que se llamaría el constructivismo. Alexandr Rodchenko, tras haber pintado sus tres monocromos (Amarillo puro, Azul puro, Rojo puro, 1918), y El Lissitzky, aprovecharon su conocimiento de la forma para ir avanzando hacia una concepción utilitaria del arte que triunfó también en la Bauhaus en Alemania bajo el impulso de artistas como László Moholy-Nagy o Josef Albers.
Otras formas de abstracción.
En paralelo a la abstracción constructivista se desarrolló una abstracción llamada biomórfica, que nació de las formas creadas por Jean Arp a finales de la década de 1910, retomadas por artistas como Joan Miró y Alexander Calder. En el periodo de entreguerras, Theo van Doesburg, después de haber sido uno de los principales defensores del neoplasticismo, renovó de manera decisiva el arte abstracto al mantener que la creación artística sólo debía estar sometida a reglas controlables y lógicas, excluyendo así cualquier subjetividad. El manifiesto del arte concreto, que publicó en París en 1931, dio lugar a la tendencia del mismo nombre que tuvo un gran desarrollo en Suiza con Max Bill y de Richard Paul Lose, en Francia con François Morellet, y en todas las formas de arte sistemático nacidas después de la guerra. Estas tendencias entraron entonces en competencia con las diversas corrientes tachistas y gestuales (Jean Bazaine, Alfred Manessier, Pierre Soulages y Georges Mathieu, entre otros) que el crítico Michel Tapié reagrupó bajo la denominación de arte informal.
La tradición abstracta conoció un importante renacer en Estados Unidos a partir de finales de la década de 1940 con el Action Painting (Jackson Pollock, Willem de Kooning, Franz Kline) y con el Colour-Field Painting (Barnett Newman, Mark Rothko, Clyfford Still). Estas tendencias fueron desbancadas a partir de 1960 por la aparición del arte minimalista, que marcó un nuevo periodo de interés por la geometría y la estructura mientras que en Europa y Latinoamérica el Op Art y el arte cinético conocían sus horas de gloria (Yaacov Agam, Jesús Rafael Soto, Victor Vasarely, Nicolas Schöfer y Bridget Riley, entre otros). El final de la década de 1960 vivió el desarrollo de una abstracción centrada en el análisis de sus propios componentes, con los grupos BMPT y Support(s) - Surface(s) en Francia, o bien orientada hacia los problemas de definición de la naturaleza de la imagen con Sigmar Polke y Gerhard Richter en Alemania. Las tendencias a la vez neoexpresionistas y neogeométricas que se pusieron de manifiesto durante la década de 1980 mostraron un nuevo periodo de interés por la abstracción, que siguen adoptando numerosos artistas inspirados por las más variadas motivaciones.
El expresionismo abstracto.
Fue un movimiento pictórico de mediados del siglo XX, cuya principal característica consiste en la afirmación espontánea del individuo a través de la acción de pintar. Existe una gran variedad de estilos dentro de este movimiento que se caracteriza más por los conceptos que subyacen en él que por la homogeneidad de estilos. Como su propio nombre indica, el expresionismo abstracto es un arte no figurativo y, por lo general, no se ajusta a los límites de la representación convencional.
Las raíces del expresionismo abstracto se hallan en la obra no figurativa del pintor ruso Wassily Kandinsky, y en la de los surrealistas, que de forma deliberada utilizaban el subconsciente y la espontaneidad en su actividad creativa. La llegada a la ciudad de Nueva York durante la II Guerra Mundial (1939-1945) de pintores europeos de vanguardia como Max Ernst, Marcel Duchamp, Marc Chagall e Yves Tanguy difundió el espíritu del expresionismo abstracto entre los pintores estadounidenses de las décadas de 1940 y 1950, que también recibieron la influencia de la abstracción subjetiva de Arshile Gorky, pintor que nació en Armenia y emigró a Estados Unidos en 1920, y de Hans Hofmann, pintor y profesor alemán nacionalizado estadounidense, que hacía hincapié en la interacción dinámica de planos de color.
El movimiento del expresionismo abstracto tuvo su centro en Nueva York formando la llamada Escuela de Nueva York. Aunque los estilos que abarca son tan diversos como los de los propios pintores integrantes, se desarrollaron dos tendencias principales, la de la Action Painting (pintura de acción) y la de los planos cromáticos.
Action painting.
Corriente pictórica abstracta de carácter gestual que adoptaron varios miembros de la escuela estadounidense del expresionismo abstracto. Desde el punto de vista técnico, consiste en salpicar con pintura la superficie de un lienzo de manera espontánea, es decir, sin un esquema prefijado, de forma que éste se convierta en un "espacio de acción" y no en la mera reproducción de la realidad. El término fue acuñado por el crítico estadounidense Harold Rosenberg en 1952 y se refiere principalmente a la obra de Jackson Pollock. También resulta válido, con ciertas limitaciones, para piezas o aspectos aislados de la obra de otros artistas, tales como Arshile Gorky, Hans Hofmann y Robert Motherwell. A veces se utiliza incorrectamente como sinónimo del propio expresionismo abstracto, aun cuando muchos de los artistas pertenecientes a esta escuela jamás emplearon dicha técnica.
El Action Painting tiene sus orígenes en las creaciones automáticas de los surrealistas; por ejemplo, los dibujos y pinturas de arena de André Masson. Sin embargo, la diferencia real entre ambos movimientos no es tanto la técnica como el planteamiento inicial: bajo la influencia de la psicología freudiana, los surrealistas mantenían que el arte automático era capaz de desbloquear y sacar a la luz la mente inconsciente. En consecuencia, atribuían a tales obras diferentes elementos simbólicos, e incluso figurativos, que desvelaban la psique del artista. Por el contrario, la estética del Action Painting ponía el énfasis en el propio acto de pintar, al margen de cualquier aspecto expresivo o representativo que pudiera poseer. Simplemente reflejaba un instante de la vida del artista, uno de sus actos y, por consiguiente, un elemento único de la biografía de éste. Era la expresión de la personalidad del creador de una manera muy primaria y básica. En el artículo "The American Action Painters" (ARTnews, diciembre 1952), en el que se utilizaba por primera vez la expresión Action Painting, Rosenberg describía tal actitud en los siguientes términos: "En un momento dado, un pintor estadounidense tras otro comenzaron a contemplar el lienzo como un campo de juego en el que actuar, más que un espacio en el que reproducir, rediseñar, analizar o ‘expresar’ un objeto, real o imaginario. Lo que había que plasmar en el lienzo no era una imagen sino un suceso". Consecuentemente, tales obras se entendieron a menudo en términos muy formalistas como el mero resultado del encuentro entre un artista y sus materiales.
Forzosamente, el Action Painting convirtió en redundantes ciertas prácticas artísticas tradicionales: por ejemplo, la idea de un boceto dejó de tener sentido ya que podría sugerir que el artista intentaba transferir una cierta imagen predeterminada a la obra final y definitiva. Este enfoque purista y crítico del Action Painting se vio, sin embargo, debilitado por la práctica artística. Pollock, por ejemplo, a veces confeccionaba esbozos antes de ejecutar un dripping y, posteriormente, retocaba las pinturas para obtener un resultado más acorde con sus intenciones. No obstante, la estética sugería la posibilidad de una ruptura radical respecto de la tradición artística europea por una vía que se les antojó liberadora a muchos artistas estadounidenses. De hecho, incluso llegó a ejercer influencia sobre muchos artistas europeos, generando movimientos paralelos como el tachismo, practicado por artistas como el francés George Mathieu. El Action Painting también afectó a otros aspectos del arte moderno, principalmente a la idea de que una obra de arte debía exhibir claramente la impronta de su proceso creativo.
Plano cromático.
Mark Rothko creó rectángulos colmados de colores vibrantes en sus obras, muchas de las cuales son ejemplos de primer orden de la pintura de planos cromáticos. Bradley Walker Tomlin, Philip Guston, Robert Motherwell, Adolph Got tlieb y Clyfford Still combinaron en sus obras elementos de las dos tendencias.
El expresionismo abstracto también floreció en Europa y su influencia se observa en pintores franceses como Nicolas de Stael, Pierre Soulages y Jean Dubuffet. Las manifestaciones del expresionismo abstracto en Europa son el tachismo (del francés tache, 'mancha'), en el que priman las manchas de color, y el arte informal, que niega la estructura formal. Ambas tendencias tienen grandes afinidades con la Action Painting de Nueva York. Entre los pintores tachistas se encuentran los franceses Georges Mathieu y Camille Bryen, el español Antoni Tàpies, el italiano Alberto Burri, el alemán Wols (seudónimo de Alfred Otto Wolfgang Schülze) y el canadiense Jean-Paul Riopelle.
Fue una corriente dentro de la pintura abstracta que se desarrolló hacia 1954.
Aunque el término "tachismo" aparece en principio como un intento de Pierre Gueguin, colaborador de la revista Art d’aujourd’hui, de ridiculizar las nuevas ideas estéticas del crítico Charles Estienne, rápidamente pasó a designar una forma de ser del color provocada al azar. Por lo tanto, según Charles Estienne, firme defensor y teórico de la abstracción, el tachismo exige el rechazo de una estructura premeditada y la confianza en las propiedades físicas del medio, es decir, unos criterios similares a los que podrían definir el arte informal o el expresionismo abstracto.
Esta tendencia, representada entre otros por los cuatro pintores agrupados bajo la Étoile scellée, muestra una abstracción radical, ni geométrica ni verdadera-mente gestual, que se centra en la difusión de la mancha de color. Al nuagisme (‘nebulosismo’) de los cuadros de Marcelle Loubchansky o a la dulzura del trazo aéreo ondulado de Jean Messagier (Chemin à procession II, 1963) se oponen los signos de Jean Degottex o las aristas de René Duvillier (Javelots et la mer - élévation, 1962), sin olvidar los cuadros de Hans Hartung. De hecho, la compo-sición de estos lienzos y la utilización desvaída del color recuerdan las primeras obras de este pintor o, si nos remontamos aún más en el curso de la historia del arte, a los cielos (e incluso las telas venecianas que rozan la abstracción) de Turner y a los sfumatos de Leonardo da Vinci.
Fue un movimiento pictórico europeo que tuvo gran aceptación en España, desa rrollado a partir de 1945 en paralelo al expresionismo abstracto estadounidense. El término informalista se adoptó para referirse a la abstracción lírica, opuesta a las tendencias más próximas al cubismo o al rigor geométrico (el neoplasticismo o De Stijl). Dentro de esta corriente artística se incluyen las obras de Wolfgang Wols, Jean Fautrier, Jean Dubuffet, Hans Hartung, o Alberto Burri, entre otros muchos. Los informalistas, que huyen del arte figurativo para entrar en el abstraccionismo, buscan la autenticidad de la pintura, del puro acto de pintar, esto es, la caligrafía, las formas, la mancha y las texturas. En definitiva, la expresión del mundo interior del artista. Aunque se ha utilizado con frecuencia como cajón de sastre donde incluir las más variadas tendencias, el pleno informalismo se introdujo en España a mediados de la década de los cincuenta de la mano de Juan Eduardo Cirlot y de los textos traducidos de M. Tapié. Se pueden localizar dos focos artísticos: Madrid, con un predominio del informalismo expresionista, y Cataluña, donde la mancha, las texturas, el relieve y los nuevos materiales darán lugar al desarrollo del informalismo matérico. En el núcleo madrileño se puede incluir la obra de artistas como Manuel Mampaso, los miembros del grupo de Cuenca (Fernando Zóbel,
Gustavo Torner y Gerardo Rueda), César Manrique, Salvador Victoria, Alberto Greco, Lucio Muñoz y algunos integrantes del grupo El Paso (Antonio Saura y Manuel Millares). En Cataluña destaca la figura de Antoni Tàpies, así como también algunas obras de Albert Ráfols Casamada, Juan Hernández Pijuán, Josep Guinovart y Manuel Hernández Mompó.
Autores
Kandinsky, Wassily (1866-1944),
pintor ruso cuya investigación sobre las posibilidades de la abstracción le sitúan entre los innovadores más importantes del arte moderno. Desempeñó un papel fundamental, como artista y como teórico, en el desarrollo del arte abstracto.
Nacido en Moscú el 4 de diciembre de 1866, estudió pintura y dibujo en Odesa, y derecho y economía en la Universidad de Moscú. Con 30 años se trasladó a Munich para iniciarse como pintor. Aunque sus primeras obras se enmarcan dentro de una línea naturalista, a partir de 1909, después de un viaje a París en el que quedó profundamente impresionado por la obra de los fauvistas y de los postimpresionistas, su pintura se hizo más colorista y adquirió una organización más libre. Murnau: la salida a Johannstrasse (1908) y Pintura con tres manchas (1914), ambas en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid (España), son dos de las obras que realizó en Munich antes de volver a Rusia tras el comienzo de la I Guerra Mundial. Hacia 1913 comenzó a trabajar en las que serían consideradas como las primeras obras totalmente abstractas dentro del arte moderno: no hacían ninguna referencia a objetos del mundo físico y se inspiraban en el lenguaje musical, del que tomaban los títulos.
En 1911 formó, junto con Franz Marc y otros expresionistas alemanes, el grupo Der Blaue Reiter (El jinete azul, nombre que procede de la predilección de Kandinsky por el color azul y de Marc por los caballos). Durante ese periodo realizó tanto obras abstractas como figurativas, caracterizadas todas ellas por el brillante colorido y la complejidad del dibujo.
Su influencia en el desarrollo del arte del siglo XX se hizo aún mayor a través de sus actividades como teórico y profesor. En 1912 publicó De lo espiritual en el arte, primer tratado teórico sobre la abstracción, que difundió sus ideas por toda Europa. Entre 1918 y 1921 impartió clases en la Academia de Bellas Artes de Moscú, y entre 1922 y 1933 en la Bauhaus de Dessau, Alemania.
Después de la 1° Guerra sus abstracciones se volvieron cada vez más geométricas, a medida que se alejaba del estilo fluido de su primera época para introducir trazos muy marcados y diseños claros. Composición VIII nº 260 (1923, Museo Guggenheim, Nueva York, Estados Unidos), por ejemplo, es un armónico conjunto de líneas, círculos, arcos y otras formas geométricas simples. En obras muy posteriores como Círculo y cuadrado (1943, colección privada) su estilo se hace más elegante y complejo, y logra, así, obras de un bellísimo equilibrio.
Fue uno de los artistas más influyentes de su generación. Como uno de los primeros exploradores de los principios de la abstracción geométrica o pura, puede considerársele uno de los pintores que sembró la semilla del expresionismo abstracto, escuela de pintura dominante desde la II Guerra Mundial. Murió el 13 de diciembre de 1944 en Neuilly-sur-Seine, en las afueras de París.
artista alemán nacionalizado francés que fue una figura fundamental tanto en el movimiento dadá como en el surrealismo. Se caracterizó por la utilización de una extraordinaria diversidad de técnicas, estilos y materiales.
Nacido en Brühl, en 1909 ingresó en la Universidad de Bonn donde estudió filosofía y psiquiatría. Se alistó en el ejército alemán durante la I Guerra Mundial. Cuando Ernst dejó el ejército ya había surgido en Suiza el movimiento dadá; atraído por la revolución dadaísta contra lo convencional, Ernst se instaló en Colonia y comenzó a trabajar en el collage. En 1922 se trasladó a vivir a París, donde comenzó a pintar obras surrealistas en las que figuras humanas de gran solemnidad y criaturas fantásticas habitan espacios renacentistas realizados con detallada precisión (L'eléphant célèbes, 1921, Tate Gallery, Londres). En 1925 inventó el frottage (que transfiere al papel o al lienzo la superficie de un objeto con la ayuda de un sombreado a lápiz); más tarde experimentó con el grattage (técnica por la que se raspan o graban los pigmentos ya secos sobre un lienzo o tabla de madera). Ernst fue encarcelado tras la invasión de Francia por los alemanes durante la II Guerra Mundial; en la prisión trabajó en la decalcomanía, técnica para transferir al cristal o al metal pinturas realizadas sobre un papel especialmente preparado. En 1941 emigró a Estados Unidos con la ayuda de Peggy Guggenheim, que se convertiría en su tercera esposa en 1942. En 1953 regresó a Francia y a partir de entonces sus obras gozaron de una notable revalorización. A lo largo de su variada carrera artística, Ernst se caracterizó por ser un experimentador infatigable. En todas sus obras buscaba los medios ideales para expresar, en dos o tres dimensiones, el mundo extradimensional de los sueños y la imaginación.
Hofmann, Hans (1880-1966),
pintor y profesor alemán nacionalizado estadounidense en 1941, conocido como el decano del expresionismo abstracto. Nació en Weissenberg, Baviera, el 21 de marzo de 1880, y estudió pintura en Múnich y París, Francia. Recibió influencias del fauvismo, del cubismo y del expresionismo alemán. En 1915 abrió una escuela de arte moderno en Múnich. En 1932 emigró a Estados Unidos y en 1933 inauguró una escuela en Nueva York. Después de 1940 su estilo, en el que se mezclan los planos cubistas con la brillantez de la paleta fauvista, como puede observarse en Fantasía en azul (1954, Museo Whitney de Arte Americano, Nueva York), comenzó a evolucionar hacia una pintura gestual. Durante esos años muchos pintores expresionistas abstractos acudieron a sus clases absorbiendo sus enseñanzas sobre el arte no representativo. En 1958 Hofmann abandonó la enseñanza para dedicarse a la pintura, con la que obtuvo reconocimiento internacional. Murió el 17 de febrero de 1966 en Nueva York.
Kooning, Willem de (1904-1997),
pintor estadounidense de origen holandés, perteneciente al expresionismo abstracto, que ha tenido una enorme influencia de ámbito internacional en los estilos artísticos posteriores.
Nació en Rotterdam, Países Bajos, y abandonó la escuela a la edad de 12 años para trabajar como aprendiz en una empresa de artistas comerciales y decoradores. También asistió a clases de arte en la Academia de Rotterdam. En 1926 se trasladó a Estados Unidos y trabajó durante una época como pintor de brocha gorda y, algo después, como artista comercial. Durante la década de 1930 pintó murales dentro del programa de arte de la administración federal, dando muestras de conocer profundamente a Picasso, más que cualquier otro artista de la época excepto Arshile Gorky. En 1948 expuso por primera vez en Nueva York una serie de obras abstractas realizadas en blanco y negro, lo cual le situó como uno de los creadores más significativos del expresionismo abstracto de la escuela de Nueva York. El término action painting se aplicó por primera vez a la obra de Willem de Kooning y hace referencia a sus trazos vigorosos, amplios y muy marcados. Dos de los lienzos más sobresalientes que se conservan de este periodo son Asheville (1948, Colección Phillips, Washington) y Excavación (1950, Instituto de Arte de Chicago).
En 1953, Willem de Kooning mostró al público un conjunto de seis obras denominadas Mujer, figuras demoníacas pintadas con colores violentos y gruesos empaste. Era una serie innovadora porque unía la pintura figurativa con el arte abstracto. A finales de la década de 1950 evolucionó hacia un estilo más abstracto en sus obras, que evocan formas paisajísticas y, desde entonces, alternó el estilo figurativo y el abstracto, combinándolos en ocasiones. Al mismo tiempo también hizo litografías y, desde 1969, esculturas figurativas en bronce. En 1980 ganó junto al español Eduardo Chillida el Premio Andrew W. Hellon en el Pittsburgh International. En el Museo Whitney de Arte Americano de Nueva York se celebró en 1983-1984 una exposición retrospectiva de su obra.
Gottlieb, Adolph (1903-1974),
pintor expresionista abstracto estadounidense. Entre 1941 y 1951 pintó una serie de obras, influido por el surrealismo europeo, a las que llamó pictografías, que consistían en dividir los cuadros en una serie de compartimientos que rellenaba con símbolos procedentes de la fantasía y del inconsciente. Ejemplo de esta serie es El retorno del viajero (1946, Museo de Arte Moderno, MOMA, Nueva York, Estados Unidos). Las obras de su serie Paisajes imaginarios (1951-1956) son composiciones parcialmente abstractas, que están divididas por una línea horizontal y en las que aparecen unos discos u ovoides que representan el Sol. Su última serie, Explosión (a partir de 1957), muestra unos estallidos de grandes esferas de color que recuerdan a cuerpos solares.
DJ GAITA
djgaita@hotmail.com
EL FAUVISMO
El protagonismo del color.
Henri Matisse y su papel en la pintura del siglo XX.
Dufy, Derain, Vlaminck, Marquet y Kees van Dongen.
La Singularidad de Rouault.
La escultura
Inmaculada Corcho Gómez
ISBN- 84-9714-062-1
1. Historia y desarrollo. El Salón de Otoño de 1905 y sus consecuencias.
v El término Fauvismo tuvo su origen en la palabra francesa fauves, que el crítico Louis Vauxcelles usó por primera vez el 17 de octubre de 1905 en un artículo de la revista Gil Blas, después de haber visitado el Salón de Otoño de aquel mismo año. El contraste que en la sala número VIl del Salón producía la presencia de un busto de marcado estilo clásico, el Retrato de Jean Baignéres (1905) realizado por Albert Marquet, al que rodeaban las exuberantes y coloristas pinturas de Henri Matisse, André Derain, Maurice Vlaminck y Georges Rouault, provocaron en el crítico francés la impresión de haber colocado a "Donatello en una jaula de fieras", como lo describió. El calificativo que le dió sería el que al año siguiente se le volvió a aplicar a la sala donde fueron expuestas las obras de Braque, Camoin, Dufy, Friesz, Manguin, Marinot, Valtat, Marquet, Vlaminck y Matisse. Como a otros movimientos artísticos del siglo XX, el nombre que se asignó fue en origen un califica-tivo peyorativo enunciado por la crítica, asumido por el público e introd.-cido después, ya sin connotaciones despectivas, en la historia del arte.
La presencia de las obras fauvistas en el Salón de Otoño de 1905 estuvo rodeada de controversia. El 18 de octubre de 1905, se abrió la tercera edición de la Sociedad del Salón de Otoño en el Gran Palais de París. El Salón recogía en aquella ocasión una exposición retrospectiva de Ingres y Manet, colgada bajo el tragaluz del Gran Palais, junto con 1.636 pinturas, esculturas y dibujos de artistas contemporáneos de todo el mundo, incluidos los rusos Kandinsky y Jawlensky que habían venido de Munich para la ocasión. El Salón fue fundado y presidido por Frantz Jourdain, bajo el patronato de destacadas figuras de finales de siglo XIX como Eugéne Carrière y Auguste Renoir.
v El Salón de Otoño tenía como precedente el Salón de los Independientes de aquel mismo año, al que Matisse, Marquet, Derain, Puy, Camoin y otros habían enviado obras y donde se les había calificado de "incoherentes". La presencia de sus cuadros en el Salón de Otoño puso en aprieto a sus directivos, que sin fundamentos para excluir las piezas "incoherentes", que, por otra parte eran defendidas por algunos de los miembros de la dirección como Desvalliéres y Rouault, decidieron agruparlas en una sala aparte. Los comisarios Arman Dayot y Léonce Bénédite eligieron la Sala VIl para confinar el trabajo de aquel grupo de pintores cuyas principales características eran el uso de brillantes y llamativos colores dispersos sobre los lienzos en puntos o manchas amorfas que configuraban escenas y formas grotescas. Estas pinturas fueron colgadas por orden alfabético del autor: Agay, Camoin, Cassis, Derain, Friesz, Manguin, Marquet, Matisse, Puy, Van Dongen, Valtat y Vlaminck. Los comisarios, así mismo, repartieron las esculturas participantes por las diferentes salas del Gran Palais, instalando en el centro de la sala VIl la pieza de Albert Marquet que propició el comentario del crítico Louis Vauxcelles.
La presencia de estas obras llegó a ser tan polémica que Emile Loubet, Presidente de la República, rehusó inaugurar el Salón para no compro-meter su posición ante las posturas más conservadoras e influyentes de la élite cultural francesa. Por su parte y de forma generalizada, los críticos fueron unánimes en condenar tales manifestaciones artísticas. Las alusiones en los periódicos se sucedieron, así en Le Fígaro, Camille Mauclair, citaba a Ruskin con relación a las obras: "Un puchero de pintura ha sido derramado sobre la cabeza del público". En el Journal de Rouen, una tal Nicolle escribió: "Aparte de los materiales usados, lo que aquí se presenta nada tiene que ver con el arte. Puntos de azul, rojo, amarillo, verde puro son colocados unos al lado de otros, aleatoriamente, como los primitivos e ingenuos juegos de unos niños que tratan de poner a prueba la caja de pinturas que se les ha regalado por Navidad".
La respuesta del público tampoco fue tolerante. Algunos visitantes enfurecieron ante la cara verde y amarilla de la Mujer con sombrero (1905) de Matisse, una de las obras más polémicas del Salón, que mostraba un retrato de la mujer del artista en la que los planos de colores chillones se asociaban para potenciar la expresión y la composición. Otros abuchearon la obra, incluso algunos trataron de agredir el lienzo.
Sin embargo, también hubo palabras de aliento para los "incompren didos" artistas, el historiador Elie Faure señaló en el prefacio del catálogo del salón:
"....Afortunadamente, han traído a los jóvenes talentos a quienes el problemático Salón Independiente fue incapaz de presentar de manera coherente. Los guardianes del arte francés establecido no han hecho mayor esfuerzo en los últimos treinta años...". Y añadía: ".... Debemos tener la libertad y el deseo de entender un lenguaje absolutamente nuevo...".
Y André Gide escribió el siguiente comentario en la Gazzette des Beaux-Arts: "Pasé mucho tiempo en la sala. Escuché lo que la gente comentaba y cuando oí a uno de ellos exclamar ante una obra de Matisse -¡Esto es una locura!-, tuve la necesidad de replicar -¡No del todo, al contrario, esto es el resultado de unas teorías!-". Pero aquellos que adoptaron esta opinión fueron pocos y dispersos. Dos años más tarde, Michel Puy, hermano del pintor fauvista Jean Puy, escribió acerca del movimiento: "Nunca vimos lo que realmente nos traían, los aplastamos bajo los parámetros del arte del pasado y la ideología de los tiempos, y la mayoría de los escritores los atacaron sin aviso".
Durante mucho tiempo después de su desaparición, el Fauvismo fue considerado un movimiento fugaz en la historia del arte, aunque para el público que pudo contemplar las obras en 1905 tuvo el efecto de una bomba. Los cuadros allí expuestos fueron tomados como la manifestación artística de unos jóvenes indisciplinados, anárquicos, más que como las creaciones vanguardistas de artistas con unas inquietudes comunes. Como en otros casos de la historia del arte, el reconocimiento de la crítica llegó después que la innovación plástica.
El movimiento se fraguó en torno a Henri Matisse, que se consolidó como líder de un grupo cuyos principales protagonistas fueron Charles Camoin, Henri-Charles Manguin, André Derain, Othon Friesz, Maurice de Vlaminck, Jean Puy, Louis Valtat, Georges Rouault y Kees Van Dongen, a quienes se unieron en 1906, George Braque y Raoul Dufy.
Matisse, Rouault, Camoin, Marquet y Manguin habían estudiado en el estudio de Gustave Moreau, cuyos métodos de enseñanza animaba a los jóvenes artistas a desarrollar sus propias capacidades expresivas y a utilizar subjetivamente el color como reflejo de sus emociones. Moreau les incitaba contándoles que él era el puente que ellos debían superar. Por su parte, Derain y Vlaminck, entre 1900 y 1901, compartieron estudio en Chatou, cerca de París, y allí investigaron las posibilidades expresivas del espacio y la composición, así como los estados mentales mediante el significado del color. Ambos grupos entraron en contacto cuando Matisse y Vlaminck se conocieron a través de Derain, en 1901, con motivo de la exposición de Van Gogh.
El Fauvismo fue un movimiento eminentemente francés y pictórico, que estableció un marco cronológico aproximado entre 1898 y 1907. Ya en 1898 Matisse y Marquet trabajaban en obras que anticipaban la plástica fauvistas antes de la gran revolución que produjo su presencia en el Salón de Otoño de 1905, como se puede ver en la obra de Matisse Estudio de desnudo en azul (1899-1900). Pero el año del florecimiento pleno de Fauvismo fue el 1906, definido principalmente por el triunfo de obras y artistas en el Salón de Otoño, en el que todos los componentes del grupo expusieron.
Se ha venido considerando el Fauvismo como el primer movimiento artístico del siglo XX, sin embargo, a los artistas a los que se les aplicó tal denominación no fue un grupo conscientemente definido, sino un grupo disperso, unidos en algunos casos por relaciones de amistad, y que terminaron aceptando el término por considerarlo coherente con la actitud violenta, subversiva con que se enfrentaron a los convenciona-lismos clásicos del arte de su momento. Reunidos bajo la bandera del Fauvismo estuvieron algunos artistas que ya habían compartido la experiencia de trabajar juntos y cuyos intereses e ideas sobre el arte eran similares, utilizando colores yuxtapuestos con total fuerza para crear espacio y luz, con el fin de expresar sentimientos personales. Estos son los elementos esenciales de la nueva estética, aunque tratados de manera diferente y personal por cada unos de los artistas. Pero sus principios artísticos sólo serían asentados de manera teórica después de haber dado por extinguido el movimiento (Notas de un pintor, que Matisse escribiría en Le Gran Revue del 25 de diciembre de 1908).
Sin embargo, el Fauvismo fue un movimiento breve pese a su intensidad y la importancia que su existencia tuvo en el arte posterior. La exposición retrospectiva que se celebró en memoria de Cézanne, en 1907, dentro del Salón de Otoño, favoreció el arranque del Cubismo e hizo a los fauvistas cuestionarse la viabilidad de un estilo basado solamente en el color saturado y en la línea expresiva. El apasionamiento que los fauvistas desarrollaron entorno a su experimentación cromática fue también parte de su fin, llevándoles a evolucionar hacia un arte más austero y reflexivo
Desde 1908, el Fauvismo deja de existir como estilo y como grupo. La última exposición fauvista importante fue la que tuvo lugar en el Salón de los Independientes en 1907. A partir aquí cada uno de los componentes siguió su propio camino. Pero además de las inquietudes personales de cada uno ellos, la causa principal de la desaparición del movimiento fue el agotamiento, tanta intensidad, tanta entrega como habían derrochado en sus creaciones hizo que pronto carecieran de recursos con los que incidir en el camino artístico que habían abierto:"... Sufría por no poder llamar más fuerte, por haber llegado al máximo de intensidad, limitado por los colores que me vendían ...." (Vlaminck).
Braque, que había sido el último en unirse al grupo fue también el primero en separarse, motivado por el estudio que realizó de la obra de Cézanne y el encuentro que tuvo con Picasso, le hizo dirigir su carrera hacia el establecimiento del cubismo, moderando su paleta y preocupándose por la forma más que por el color. También Matisse continuó desarrollando su arte en relación a la obra de Cézanne, especialmente tras adquirir la obra Tres bañistas, al marchante Ambroise Vollard, adaptando las estructuras de composición cezannianas a su propio sentido de la simplificación. Sin embargo, la creciente armonía y estructuración de las obras de Matisse no disminuyó en ningún caso la viveza de expresión y construcción por medio del color, factor que caracterizaría toda su obra. Su trayectoria artística tendió más a investigar nuevos materiales y nuevos métodos de ejecución que a la alteración de los recursos cromáticos y compositivos.
Una evolución paralela llevó a Dufy a realizar su obra En las flores, que anticiparía las obras que realizara más tarde en Le Havre y Sainte-Andrese, en 1908. Rouault se dejó llevar por sus preferencias temáticas religiosa y el uso restrictivo de una paleta donde el azul y el negro eran los colores preferentes, y se aleja así de la corriente principal del movimiento. Vlaminck también abandonó el uso de colores primarios brillantes. Y lo mismo hizo Derain, quien experimentó brevemente con el Cubismo, para volver en los años 20 a una pintura marcada por el clasicismo y la moderación.
2. Fauvismo versus Expresionismo
La aparición de Fauvismo en Francia en 1905 fue paralela a la que hizo en Alemania el grupo Die Brücke. La historiografía del arte se encargaría en 1911 de calificarlos a los dos de expresionistas para marcar una distinción con el impresionismo, apoyándose en que ambos movimientos marcaron la aparición del poder de la intuición y de lo emocional frente a la expresión plástica basada en el estudio calculado y teórico de la realidad. Pero aunque la estética pudiera parecer coincidente, hay algo que separa de manera destacada a los dos movimientos. A parte de la localización geográfica donde se desarrollan, la gran diferencia reside en el trasfondo filosófico de cada una de las tendencias. Los alemanes hicieron un uso intenso del color y de las formas más contundentes y expresivas para recubrir su inquietud metafísica y social, preocupaciones existenciales que se alejaban de los intereses meramente plásticos que movían a los fauvistas, cuyos temas eran intranscendentes.
El Fauvismo ha sido siempre considerado menos importante que el Expresionismo alemán, del que se supuso fue un insignificante precur- sor. Del mismo modo, el movimiento pareció menor al lado del Cubismo, que asumió la vanguardia a la temprana fecha de 1908.
3. Características. La estética fauvista y sus fuentes.
El Fauvismo no fue un movimiento teórico, careció de un manifiesto que lo definiera, su espíritu creador se apoyaba en las normas que les dictaba la propia sensibilidad plástica de sus artistas. Tampoco tuvo un estilo común que pudiera describirse racionalmente como pasaría con el Cubismo, por lo que los límites no eran nada nítidos; pero también es cierto, que no toda pintura de intenso colorido que se realizó entre 1904 y 1907 fue fauvista, muchos pintores, entre ellos, Picasso, se sintieron atraídos en esa época por las chillonas manchas de colores puros.
El Fauvismo fue un mosaico de aportaciones en el que cada pintor acometía sus obras como una experiencia personal cargada de espontaneidad y de frescura. La juventud del grupo pone de manifiesto un fuerte antiinformalismo que les hace rechazar las reglas y las normas, así como los métodos racionales establecidos para no encadenarse a ninguna teoría. Ello les hace desarrollar una estética violenta pero armoniosa. Apoyando su experiencia artística en los caminos de libertad que los artistas de finales del siglo XIX habían abierto, se dejaron llevar más por el instinto y la fuerza emocional del momento que por la percepción científica y estudiada de la realidad. Defendieron y practicaron la utilización del color en toda su potencia, construir por medio del color, aunque el Fauvismo no consistió solamente en una simplificación de la pintura. Inicialmente fue un intento de recrear, en una época dominada por la estética simbolista y literaria, una pintura con la misma libertad que había tenido el arte de los impresionistas, contando además con la yuxtaposición de los colores y la concepción subjetiva de la pintura que suponía la herencia post-impresionista.
Los fauvistas tuvieron en cuenta las teorías de Newton y Chevreul sobre los espectros y las propiedades ópticas de los colores, como anteriormente lo hicieron los impresionistas y los neoimpresionistas. La ciencia demostraba la existencia de una interacción recíproca entre ciertos colores colocados unos al lado de otros, de manera que los colores se disuelven y decoloran. Los avances científicos, especialmente aparición de técnicas como la fotografía que copiaban fielmente la realidad, despertaron en los artistas la inquietud por buscar nuevas vías expresivas que potenciaran sobre todo la subjetividad y la espiritualidad. Para los fauvistas, los colores no eran meros estímulos en la retina sino que podían expresar sentimientos. Aunque el Impresionismo defendió la imitación de la impresión visual, quedaron estancados en esta práctica, mientras que el Fauvismo nunca intentó copiar o interpretar la naturaleza, reteniendo del mundo visible sólo lo que les era útil a sus propósitos. Esta idea, aunque queda perfectamente legitimada al contemplarla con una perspectiva histórica fue difícil de aceptar en 1905.
Este pensamiento condicionó el acto físico de pintar, la ejecución de la obra respondía a la idea de transmitir los impulsos internos del artista que aplicaba los materiales en toques gruesos, toscos y sin mezclas, a veces directamente de los tubos de pintura, evitando matizar los colores, todo ello con la intención de expresar sentimientos personales y mostrar su particular visión del mundo. El dibujo era simple, líneas rítmicas, como arabesco decorativo, que el movimiento acompasado de la mano dejaba sobre la tela y que se materializaban en un grueso contorno que modelaba los objetos representados. Al contrario que los impresionistas, que diluían el dibujo hasta hacerlo desaparecer, los fauvistas utilizaban las figuras como elemento estructuradores del cuadro. Pero tanto el uso intenso del color como de la línea violenta e incisiva, respondían a una estructura compositiva que daba sentido a la obra. Pero no se trataba sólo de aglomerar sobre el lienzo los colores, como mantenía Matisse, los colores deben responder a una estructura y organización que revele las emociones del artista. Las creaciones fauvistas respondían a un claro ejercicio de sintetización, utilizando sólo aquellos elementos del lenguaje pictórico que les permitían obtener la máxima intensidad emocional conjugada con la máxima simplificación de elementos. Renunciaban, de este modo, a la utilización de la perspectiva clásica, al modelado de los volúmenes, al claroscuro, a todo aquello que los alejara de la síntesis más estricta. Estos fueron los elementos esenciales de la nueva estética, donde primaba el valor de lo espiritual y se avanzaba hacia la concepción abstracta del arte. Para transmitir este mundo de inquietudes internas eligen los colores primarios: rojos, azules y amarillos, que les acercaban al arte bizantino y a los primitivos franceses e italianos, así como a los artistas venecianos del siglo XVI.
Las fuentes de las que beben los artistas fauves incluían las obras de Manet, Cézanne, Gustave Moreau, Van Gogh y Gauguin, así como las de los neoimpresionistas, sin olvidar las estampas japonesas, los vitrales polícromos y las estatuas del arte africano, creaciones todas ellas que abrieron el camino a una forma de pintura libre de los convencionalismos pictóricos aceptados desde el Renacimiento. Las respuestas a estas influencias variarían, sin embargo, según el temperamento de cada artista.
Van Gogh y Gauguin son las personalidades que más intensamente marcó a este grupo de jóvenes. En 1901, se celebró una gran exposición de Van Gogh en París; en 1903 se pudo contemplar la obra de Gauguin en el Salón de Otoño; y en 1905 pudieron encontrar de nuevo la obra de Van Gogh en una gran retrospectiva celebrada en el Salón de los Independientes. De ambos artistas tomaron la ejecución libre y personal, impulsiva y pasional, a la vez que el uso armónico de los colores planos e intensos. De todos los fauves, Vlaminck fue el más influidos por Van Gogh. En Casa de Chatou (1905-1906) o Árboles rojos (1906-1907), la explosión de color aplicado de manera intensa, violenta, pesadamente trabajada, de golpe empastado y dinámico, reflejaba un temperamento tan desmedidamente apasionado como el de Van Gogh.
En la obra de Gauguin, los fauvistas descubrieron el exotismo de lo primitivo y salvaje que luego encontrarían en los museos y exposiciones de objetos exóticos y etnográficos, así asimilaron la estética de las estatuas y máscaras africanas, el esquematismo simbólico y bárbaro de culturas primitivas y salvajes que el mundo occidental en general contemplaba admirado. La deuda del Fauvismo a Gauguin es evidente en el caso de Matisse y Derain, quienes contemplaron sus obras en la casa del su albacea, Daniel de Monfried. En obras como Mujer en una terraza (1906) de Matisse, la influencia de Gauguin puede verse en el antinaturalismo y en el uso decorativo del color utilizado en campos cromáticos planos contorneados por una línea. El interés que desarrolló Gauguin por el simbolismo de las imágenes y su búsqueda de paraísos perdidos y espacios salvajes eran conceptos que también se descubría en la obra de Matisse. En el caso de Derain, la influencia de Gauguin es apreciable en obras como El puente de Charing Cross (1906), donde se revela la importancia de los valores formales que Gauguin desplegó en Visión después del Sermón (1888); en ambas obras se aprecia esa organización del espacio mediante masas de color que sintetizan las formas, delimitadas y reforzadas por un contundente perfil negro.
Derain y Matisse, aunque influidos por Gauguin como hemos visto, y por Van Gogh en menor medida, enlazaron su creación inicialmente a la de los neoimpresionistas, aunque no estuvieron especialmente interesados en las teorías científicas de la mezcla óptica del color o en la técnica puntillista de Seurat y Signac. Lujo, calma y voluptuosidad (1904-1905), ejecutado en compañía de Signac durante el verano de 1904, es uno de los trabajos más característico de Matisse donde se aprecia el seguimien to que hace de las ideas neoimpresionistas. Este lienzo, que se exhibió en el Salón de los Independientes de 1905, sería el que animara a Dufy a adherirse al grupo de las "fieras".
Pero Derain y Matisse se liberaron del neoimpresionismo y llevaron la exaltación de los colores saturados al extremo en Collioure, durante el verano de 1905. En obras como Collioure (1905) o Vista de Collioure con la iglesia (1905), Derain realizó una derivación de los puntos de color neoimpresionistas uniéndolos en bandas de intenso cromatismo que se disponen sobre el lienzo en una composición planeada cuidadosamente.
El impacto de Moreau, Van Gogh, Gauguin y los neoimpresionistas en las obras fauvistas se vio reforzado por la pintura francesa primitiva del siglo XV. Estas obras habían sido objeto de una exposición, Los primitivos Franceses, en 1904, en el Pabellón de Marsan y la Biblioteca Nacional de París. Una de las piezas más admiradas fue La Piedad de Avignon (1450), adquirida por el Louvre en aquellas fechas. En las obras de los primitivos los Fauvistas encontraron el fundamento histórico en el que apoyarse moralmente para desarrollar su estética, ya que veían como los maestros antiguos trataban el espacio sin recurrir a las perspectivas convencionales, usando planos saturados de color y un dibujo de carácter muy lineal y definidor.
Con estos precedentes y la idea generalizada entre los artistas del grupo de dar rienda suelta a la subjetividad, los pintores fauves establecieron un lenguaje artístico condicionado por el impulso vital que la contemplación de la realidad les inspiraba, con una ejecución de la obra rápida, instintiva, que dio como resultado un sintetismo y un simbolismo como el de las obras de los viejos maestros, además de una contundente fuerza visual, pero con la novedad de utilizar una ejecución y unos materiales más acordes con el tiempo que vivieron. A veces dejando que el lienzo blanco, sin cubrir aporte color y textura a la composición. La composición que tenía como finalidad obtener una imagen global que transmitiera lo que el artista piensa, supeditando a la globalidad el espacio, la perspectiva, la anatomía, los detalles, que quedan esbozados, sintetizados, en muchas ocasiones deformados en pro del ritmo y la armonía general de la obra.
Como ya hemos señalado antes, la carrera de los artistas que formaron el grupo fauvista se extendió antes y después de los años de pleno apogeo del movimiento. Las "fieras" habían empezado a formarse antes de 1900 en tres círculos diferentes; por una parte, Henri Matisse y sus compañeros del estudio de Gustavo Moreau y de la Academia Carrière: Albert Marquet, Henri Manguin, Charles Camoin, Jean Puy, y algo distante de estos, Georges Rouault; por otro, la pareja de Chatou: André Derain y Maurice Vlaminck; a ellos se unieron el grupo de Le Havre: Emile-Othon Friesz, Raoul Dufy y Georges Braque. Y de manera individual lo haría el holandés Kees Van Dongen. Siguiendo esta agrupación vamos a abordar la carrera de cada uno de estos artistas.
4. Los protagonistas
· Matisse y sus compañeros del estudio de Moreau: Rouault, Marquet, Camoin, Manguin y Puy.
En la Escuela de Bellas Artes de París, donde se formaron algunos de los integrantes del grupo fauvista, cada clase tenía su especialidad. Los estudiantes que soñaban con representar temas mitológicos, trabajaban bajo las directrices de Bouguereau; los que deseaban adiestrase en los que se venía llamando “grandes máquinas”, se acogían a las enseñanzas de Bonnat; los más intelectuales o los indecisos se inclinaban por atender la clase de Gustave Moreau que se había ganado la fama de ser liberar en sus ideas y amable con los alumnos.
Gustave Moreau incitaba a sus alumnos a que visitaran los museos y colecciones para copiar a los maestros clásicos, que fueran al Louvre para estudiar allí a los venecianos, Tiziano, Tintoretto, Veronés y Giorgione. Y les transmitía la idea de que los creadores debía tener un alto conocimiento del Arte y una fuerte consideración por él. Además animaba a sus discípulos a que transmitieran al lienzo la idea que tenían en su cabeza del objeto a representar: “Debeis buscar el color en vuestra imaginación. Si no tenéis imaginación nunca podréis hacer cuadros hermosos. Copiad vuestra imaginación. Eso es crear Arte”.
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Henri Matisse
El fauvismo es un movimiento contemporáneo al impresionismo (de 1910 a 1920). El color es el objetivo principal del cuadro, utilizan también la pasta desde el tubo sin necesidad de paleta, se inclinan por los colores vivos en formas de manchas planas. El color se independiza del objeto.
Los fauvistas eran un pequeño grupo de pintores que trabajaba en París a comienzos de siglo. Se les dio este nombre, que significa "animales salvajes", cuando expusieron en el Salón de 1905. El líder del grupo era Henri Matisse, y los demás miembros, entre ellos Derain, Vlaminck, Dufy y Braque, procedían de varios grupos distintos.
Tenían en común el interés por un color brillante y puro. Matisse, convaleciente de una enfermedad, comenzó copiando grabados en color. A partir de entonces se dedicó exclusivamente a estudiar la pintura. Su primera obra, de buena factura, estaba influida por Cézanne, a quien admiraba mucho.
Cuando Matisse suspendió el examen de ingreso en la Escuela de Bellas Artes, Gustave Moreau, un profesor y pintor de gran imaginación, lo acogió en su estudio. Allí el joven Matisse estudió las composiciones de Rafael, los maestros holandeses y Poussin, así como la decoración ondulante de Moreau, basada en el "arabesco", las líneas curvas y entrelazadas de follaje en el arte islámico.
Matisse se convirtió en un maestro de la línea curva. Podemos seguir su proceso en los firmes y sensitivos dibujos que ejecutó hasta la misma década de 1950. Sin embargo, lo que por encima de todo le gustaba era el color, y lo utilizaba para dar placer y no sólo para describir algo.
Matisse había experimentado varios estilos, pero en 1905, influido por la luz clara y el color brillante del paisaje del sur de Francia, encontró ya el suyo propio. Hoy en día nos sorprende que esta pintura fauvista fuese considerada salvaje. El color era brillante, pero la composición estaba muy organizada. Matisse utilizaba el color intenso porque era lo que mayor impacto producía, aunque el color no fuese siempre "correcto".
Cuando pensaba que con un color diferente lograría mejores resultados, lo utilizaba. Para sugerir el espacio, para indicar la luz y a menudo como simple decoración, recurría más al color que al claroscuro. Esta plena utilización del color está muy bien ilustrada en el retrato Madame Matisse con una franja verde.
El retrato es muy intenso y presenta al mismo tiempo una gran calma, lo cual podría parecer una contradicción. La posición de la cabeza y de los hombros es en la pintura bastante convencional, pero no lo son el modelado ni la formación de los rasgos.
¿Por qué ha pintado una franja verde que desciende por el centro de la cara? Si miramos el cuadro con los ojos medio cerrados e intentamos suprimir la franja verde, el retrato parece incompleto. Parece como si todo el modelado de la cara, las partes hundidas y prominentes de la piel sobre los huesos se hubieran condensado dando esa franja verde que recorre el centro y que equilibra las dos mitades de la cara y los intensos ojos. Sin ella, los ojos oscuros y las cejas destacarían excesivamente. Esta franja une el cabello oscuro al escote verde, y "mantiene" la cara relacionada con el vestido y el cabello. Conecta el rostro con el fondo, con las pinceladas verde y rojo vivo que componen el fondo y que se repiten en el vestido. La oposición de estos dos colores crea una deslumbrante vibración que no permite profundidad alguna; todo está en la superficie.
En esta pintura de tema pasivo suceden muchas cosas, y el efecto se consigue por la calculada utilización del color. El resultado no se debe a una teoría de los colores, como la de Seurat y la de los impresionistas, sino más bien a una afirmación personal de las cualidades vivaces y vitalistas del color. Y esto crea un retrato inolvidable.
Hacia 1908 el fauvismo había alcanzado su punto más alto.
Jóvenes artistas, a quienes quedaba toda una vida de trabajo por delante, habían llevado este movimiento a su límite. Sin duda, Matisse estaba consciente de la obra de los cubistas, y su propia colección de arte primitivo había sido uno de los factores que estimularon el interés de aquéllos por aquel arte; pero la exploración analítica de dichos artistas no se ajustaba a su temperamento, por lo que él continuó su propia trayectoria. Le impresionó enormemente la exposición islámica de Munich de 1910, y a continuación emprendió un viaje a Tánger. La combinación de orden y color del arte oriental ejercieron una gran atracción sobre él; y de nuevo se sintió entusiasmado por la luz intensa y clara del norte de África, como le había sucedido anteriormente en el sur de Francia.
Después, en la década de 1950 (cuando la artritis de sus manos le impedía pintar), hizo unos recortables en los que llevó a cabo su tendencia primera a la simplificación e intensificación, para sugerir las cualidades esenciales de un tema.
Recortaba el papel como un escultor talla directamente su obra. Mezclaba los colores, luego "dibujaba" sobre el papel coloreado utilizando las tijeras como un lápiz. El efecto era intenso e inmediato, a pesar de la simplicidad de medios.
Arte de Acción
Los inicios del Arte de Acción se sitúan, para algunos historiadores, es la propia actividad de Pollock con la Action Paínting.- Sin embargo, cuando se habla de Arte de Acción en un sentido más restringido se hace referencia principalmente a las actividades que se desarrollaron como happening. Se suele citar, como precursoras, las acciones que efectuaron, a inicios de los 50, el músico John Cage y el coreógrafo Merce Cunningham en la Black Mountain College (Carolina del Norte) Con un tipo de espectáculos en los que se solicitaba la intervención del público que contribuía a configurar el significado del acto.
Los antecedentes del happening pueden buscarse en el propio S XX, en las famosas «veladas» futuristas y, más aún, en las actividades llevadas a cabo por los dadaístas en el célebre «Cabaret Voltaire» de Zurich, aunque la intención de estas últimas se hallaba muy lejos de los happenings posteriores. Los actos dadaístas eran una provocación y el público reaccionaba al sentirse agredido, ya fuera verbal o físicamente. En las acciones de los años sesenta, la participación del público, en cambio, se establecía con total libertad. No han faltado autores que han visto una relación importante entre el teatro y el happening, aun cuando existan, como es lógico, aspectos diferenciadores entre una y otra actividad. Existe una clasificación del happening, efectuada en 1968 por Richard Costéelanetz, que diferencia cuatro tipologías. En primer lugar, los happenings puros, que transcurren según un esquema, pero en los que el participante tiene completa libertad para hacer lo que desee, y que no se desarrollan en un escenario de teatro, sino que pueden darse en espacios abiertos, lugares públicos (estaciones, parques, plazas, piscinas, o en toda una ciudad) -los happenings de Vostell serían de este tipo-. Considera después los happenings sobre un escenario, en los que los organizadores están separados de los participantes-espectadores y éstos pueden limitarse a observar -dentro de dicha tipología cabría situar algunas acciones del grupo Gutai. Otra tipología serían los happenings sobre escenario sin comunicación a través del lenguaje, en los que los participantes reducen el lenguaje a fragmentos aislados que no intentan establecer comunicación directa. Y, finalmente, distingue los environments cinéticos, planeados de antemano, puesto que se precisa el lugar y se determina la actividad de los participantes.
LOS ORÍGENES DEL HAPPENING
“El primer happenning data de1952, conocido como Event, en el Black Mountain College, donde John Cage dio una conferencia trepado a una escalera y Charles Olson recitaba versos en lo alto de otra y Rauschemberg jugueteaba por el suelo. Luego, en 1959, tuvo lugar ‘18 ha-ppenings in 6 parts’ en la Reuben Gallery, donde tampoco se aburrió na die. Allan Kaprow -maestro del género- combinó para la ocasión pelí-culas, diapositivas y collages mientras diversos protagonistas actuaban según un orden aleatorio.
Pero cabría preguntarse si la moda actual del happening, aparte de las farsas y bromas a que da libre curso, no está vinculado en primer lugar, en una América tradicionalmente puritana, al descubrimiento del cuerpo Pues prácticamente no hay un happening en el que no desfilen ante los participantes estupefactos las poco inquietantes desnudeces masculinas o femeninas de una juventud que come demasiado.
Por otra parte, el happening también tiene algo del juego de campo tan del gusto de los scouts y de las patrullas militares. En 1966 Allan Kaprow ha puesto en marcha a través de Long Island un happening bautizado con el nombre de Gas en el que los participantes, procedentes de diversos puntos y provistos de notas precisas sobre lo que tenían que llevar a cabo, maniobraron como un cuerpo de tropas. (...)
El happening también conoce en Europa una cierta moda. Las manifestaciones del grupo Fluxus en Wiesbaden, antes de 1966, son del mismo tipo. Y en París, Jean-Jacques Lebel organizó recientemente (1966) un happening en un teatro de la rue Fontaine. En él se vio a Lebel parado en una escalera orinando en frascos, a un hombre vestido de arquero de hockey sobre hielo y, por supuesto, desnudos más o menos bellos.(...)
En: Varios autores.- El arte del S. XX.- Salvat. Barcelona. 1990. Tomo 2.- págs 203
El término designa a la obra que no mira al objeto sino al evento. El artista parte de un proyecto de acción en la que implica activamente la presencia del público, que es así sustraído de su papel pasivo y situado en activa relación con el evento artístico. En general la acción no tiene lugar en el espacio cerrado de una galería, sino frecuentemente en distintos espacios de la ciudad, en los que imprevistamente irrumpe el artista con su gesto.
En efecto, el happening es un gesto de irrupción en el espacio cotidiano, planteado según ritmos y en lugares en los que no está prevista la presencia de la producción artística. Por tanto, el evento se desarrolla de acuerdo con una improvisación que rompe los hábitos mentales del espectador. Este parte de un entramado simple sobre el cual se sobreponen una serie de gestos breves y cotidianos, que consiguen implicar al público gracias a su sencillez. De este modo el tiempo, en tanto que duración real, entra en el arte. En efecto, la acción tiene lugar en un espacio y un tiempo definidos, en los que el resultado está constituido por la experiencia colectiva, y los signos que de ella quedan, las fotografías, son documentos de un tiempo vivido realmente.
El happening nace de la actitud interdisciplinar hacia el arte de John Cage, y desde 1958 en adelante se desarrolla con el trabajo de Allan Kaprow y Robert Whitman.
Textos: Michael Kirby, Happening, 1968.
Citado en G.C.Argán; El arte moderno. Ed. Akal. Madrid, 1992. Págs. 77-80.
Ante la imposibilidad de definir un happening, conviene establecer una serie de características que permitan llegar a comprender cuál es su esencia. En primer lugar, no se trata de una representación, sino de una «vivencia», en la que se resalta la relación constante y dialéctica entre el arte y la vida.
En contraste con el arte del pasado, los happenings, como afirma Jean Jacques Lebel, no tienen comienzo, medio, ni fin estructurados. Su forma es abierta y fluida. Con ellos no se persigue nada concreto y, por consiguiente, tampoco se gana nada salvo la certidumbre de un cierto número de situaciones, de acontecimientos, a los que se está más atento que de costumbre. Sólo se producen una vez y luego desaparecen para siempre. Son la más pura expresión del arte efímero.
En el S XX, el descubrimiento del ready-made por parte de Duchamp hizo posible que el objeto encontrado o descontextualizado llegase a formar parte del ámbito artístico. En los años sesenta, y como consecuencia de ese hallazgo, se intentó descontextualizar no un objeto sino un hecho. Ésta es la base del happening.
Uno de los hechos esenciales que se dan en el happening es poner de manifies-to su función mágica a través de ciertas acciones que conllevan aspectos rituales. El propio Mircea Eliade supo hallar, en los nuevos comportamientos artísticos, elementos que podían relacionarse con nuevos ritos y nuevos cultos. A menudo, en los happenings se hallan elementos relacionados con la sexualidad. Ésta, como afirma Eliade, ha sido siempre y en todas partes un acto integral y, por consiguiente, un medio de conocimiento.
La reconquista de la función mágica del arte se encuentra estrechamente ligada al deseo, por parte de determinados artistas, de erigirse en contra del acelerado proceso de industrialización y del triunfo de la civilización tecnocrática.
La pretensión inicial de todo happening es que interese al mayor número posible de personas, para que colaboren en su creación y ulterior desarrollo. Así pues, una de las conclusiones a las que se llegó es que un happening no debía entrañar nunca un grado alto de agresividad o provocación, pues éstas podían llegar a inhibir la actuación de los participantes. El crítico italiano Gillo Dorfles estableció un paralelismo entre los primeros happenings y las actividades que llevó a cabo el llamado Body Art, situadas ya en la década de los setenta. Para Dorfles, es evidente que el proceso de desmaterialización inherente al Arte de Acción de los años sesenta tiene una continuidad en las performances posteriores y en toda una serie de realizaciones que utilizan el cuerpo como punto de arranque para la experimentación. Así, el Arte Corporal, improvisado o no, implicaría unos planteamientos similares a los que en su día se dieron en los happenings
El grupo «Gutai» en Japón
A lo largo del siglo xx, el arte experimentó en Japón una evolución notable que só lo se puede advertir al estudiar el tema en profundidad. Es frecuente el hecho de que al hablar del arte japonés se aluda a la influencia que los artistas occidentales de vanguardia ejercieron sobre los japoneses.
Sin embargo, aunque es lícito hablar de un trasvase de ideas de Occidente a Oriente, antes de la segunda guerra mundial, en ese terreno, no lo es hacerlo en relación al arte posterior al 45, pues los artistas japoneses se esforzaron en hallar un lenguaje propio e independiente con respecto a soluciones europeas. Las primeras vanguardias tuvieron una pronta repercusión en Japón y, cuando en 1923 se creó el grupo Mavo, pudo advertirse cómo se habían asimilado las ideas inherentes al Dadaísmo. Por otra parte, en esa misma década se conocieron los textos y manifiestos surrealistas, traducidos al japonés, hecho que favoreció la adopción, por parte de los artistas vanguardistas japoneses, del lenguaje onírico que caracterizaba el surrealismo.
En los años treinta, la guerra con China y la segunda guerra mundial frenaron esos impulsos renovadores. Tuvieron que transcurrir bastantes años para que, en un Japón todavía no recompuesto del todo, se reemprendieran actividades innovadoras. De todas ellas, destaca la creación, en 1954, del grupo Gutai, en el que participaron diversos artistas de la región de Kansai, procedentes de las ciudades de Osaka, Kobe y Kioto. El fundador del grupo, Jiró Yoshihara, había comenzado su trayectoria como pintor surrealista a inicios de los años treinta. Contaba, por tanto, con una experiencia importante que contribuyó a configurar la ideología de Gutaí.
El carácter sin precedentes de las actividades llevadas a cabo por dicho grupo quedó recogido y se difundió gracias al boletín Gutaí, cuyos textos aparecían en japonés e inglés. En la primera exposición que celebró el grupo, en julio del 55, en un pinar cerca del mar de Ashiya, quedó patente el hecho de que los artistas habían encontrado un lenguaje propio, basado en la creación de ambientes al ai-re libre y en la expresión corporal. Ruidos y sonidos se conjugaban con luces co-loreadas, cortinas de humo, chorros de agua y actuaciones de los artistas para constituir auténticos happenings originales. Aunque entonces fueron pocos los espectadores y participantes que realmente se sintieron atraídos por el novedoso lenguaje, Gutai sirvió de punto de partida para numerosas experiencias, dentro de esta línea, efectuadas no sólo en Japón sino en otros lugares del mundo. Las insólitas realizaciones de Gutai pronto fueron conocidas. La revista Life publicó fotografías de la exposición de abril de 1956, con lo que las acciones de Gutaí die ron la vuelta al mundo. Uno ,de los críticos que más se interesaron por ellas fue el francés Michel Tapié, quien, tan sólo un año más tarde, se trasladaría a Japón para ponerse en contacto con los miembros del grupo. A partir de esa relación, los artistas japoneses fueron derivando hacia la pintura informalista.
Es indudable que en las acciones de Jiró Yóshihara, Sadamasa Motonaga, Kazuo Shiraga, Akira Kanayama, Saburo Murakami, Shozo Shimamoto o Atsuko Tanaka -por citar algunos de los miembros más significativos del grupo- puede apreciarse de qué modo llegó a afectarles la segunda guerra mundial y, especialmente, la atroz experiencia de Hiroshima y Nagasaki. El carácter aparentemente simple de algunas de sus acciones puede hacernos pensar, erróneamente, que se trataba de actos lúdicos sin más. No obstante, su carácter simbólico obligaba siempre a reflexionar en torno a cuestiones relacionadas con la vida y la muerte. La crítica a la sociedad tecnificada y a sus peligros se planteaba claramente en muchas de las acciones de Gutaí.
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El «environment» y el «happening» en EE.UU.
Ya se ha mencionado la importancia de las actividades realizadas por el grupo de artistas que trabajaron junto a John Cage en el Black Mountain College. Uno de estos artistas fue, precisamente, quien más tareas efectuó en el ámbito artístico del happening. Se trata de Allan Kaprow, que, además de llevar a cabo numerosas acciones, escribió una de las obras más significativas sobre esta temática, Assemblages, Environments and Happenings, publicada a mediados de los años sesenta, y en la que reunió gran cantidad de material fotográfico. El contenido del libro de Kaprow es un fiel reflejo de su título, pues el artista establece un sutil vínculo entre las tres modalidades artísticas citadas. Para Kaprow, resulta evidente que la transformación implícita en el Arte de Acción comenzó a plantearse en el momento en que se realizaron los primeros assemblages, que suponen una integración de fragmentos de la vida cotidiana en un contexto determinado, distinto del habitual. Más tarde, la realización de los llamados environments (ambientaciones) dio lugar a que se establecieran nuevas normas de conducta en el espectador de la obra artística, pues, en cierto modo, se le planteaba una obra abierta que requería su participación para que pudiera ser completada. Dentro de esta misma línea, fueron de extraordinario interés las propuestas efectuadas por los artistas que, luego, trabajarían en el seno del Pop, como Claes Oldenburg o Jim Dine. Aparte de los ambientes ya citados anteriormente, como La calle o La tienda, Oldenburg realizó varias experiencias dentro de lo que él llamó Ray Gun The atre, utilizando los objetos en su integridad, utilizando el arte para exaltar la vida.
Todas estas experimentaciones abrían nuevas vías artísticas y ampliaban la concepción tradicional de la escultura, fundamentando el desenvolvimiento del objeto plástico en el espacio y llegando a incluir al espectador dentro de la configuración artística. Se potenciaban así las capacidades sensoriales del tacto, del oído, y del olfato además de la visión. Entre el enviroment y la escultura existe un artista -Eduard Kienholz cuya obra es difícil de clasificar por presentar toda una serie de connotaciones que, si bien ligan con la estética pop –recuperación de objetos descontextualizados-, se sitúan en una línea individualizada.
«Happening» y «Fluxus» en Alemania
Tras la 2ª guerra, Alemania quedó sumida en un auténtico caos que afectó profundamente el ámbito artístico, hasta el punto de que hubo muy pocos pintores y es-cultores que, retornando las directrices planteadas por los expresionistas, decidieran crear un arte innovador. Si bien existieron algunos artistas que se adscribe ron al lenguaje abstracto-informal, en realidad existió un período vacío que corres ponde a los 50. No obstante, al concluir la década se percibían ya vestigios del cambio radical que no tardaría en producirse. Fue precisamente en el terreno del happening en el que algunos artistas alemanes iniciaron una trayectoria claramente novedosa y cargada de interés. Quizás uno de los motivos por los que el arte de acción arraigó de manera especial en el ámbito germánico fue la enorme importancia que, desde 1918 hasta 1933, tuvieron las actividades dadaístas y el teatro desarrollado en la escuela de la Bauhaus, sobre todo a raíz de las decisivas experiencias de Oskar Schlemmer.
Uno de los iniciadores de los happenings en Alemania fue Wolf Vostell (1932) que, desde 1950, había realizado numerosas obras fotográficas, pictóricas y trabajos en litografía. En 1954, Vostell tomó el término décollage (despegue, arranque, desencolado) de un artículo periodístico de Le Figaro sobre un accidente aéreo. El significado de la palabra le atrajo enormemente y, a partir de ese momento, el artista introdujo la técnica del décollage en la pintura, y con él creó sus mejores obras poco antes de iniciarse la década de los sesenta. Mantuvo contacto con los artistas del Nuevo Realismo francés y expuso su obra tanto en París co-mo en Colonia, su ciudad natal. Creó el slogan «Arte es vida, vida es Arte» y, par tiendo de él, efectuó numerosas realizaciones, de carácter ambiental o de acción. De sus happenings más significativos destacan: You, realizado en Nueva York en 1964; En Om, cerca de Ulm en torno a Ulm, también de 1964; Lechugas, en el que, durante el año 1970, unas lechugas estuvieron viajando en tren, dentro de unas cajas, de Colonia a Aquisgrán y viceversa; Desastres, desarrollado en Berlín en 1972; Energía, de 1973; y Fresas, del año siguiente..
El grupo «Fluxus»
Una modalidad específica dentro del happening la constituyeron las acciones efectuadas por el grupo Fluxus, impulsado por el norteamericano George Maciunas, quien en 1962 se trasladó a Europa organizando el primer festival Fluxus en Wiesbaden, en 1962. Este artista, pintor y compositor, tendió a rodearse de artistas que no sólo se interesasen por un tipo de manifestación artística concreta, sino que fueran también capaces de actuar en distintos sectores. En cierta manera, en el ámbito germánico siempre se ha valorado lo decisiva que resultó la idea de «arte total», retomada por Kandinsky a partir de las experiencias de Richard Wagner. El hecho de que en Fluxus participasen artistas que, además de, ser pintores o escultores, eran músicos, fue un factor importante a la hora de considerar sus actividades.
Las acciones Fluxus -como las denominaban los miembros del grupo- tenían, a diferencia de los happenings puros, una estructura previa sólida, de modo que el carácter imprevisible inherente a la improvisación se apartaba bastante de sus metas. El propio concepto Fluxus deriva de la raíz latina que alude a fluir. justamente, se trataba de dejar fluir las acciones durante un tiempo determinado.
La fama alcanzada por alguno de los miembros del grupo, como Joseph Beuys, determinó en gran parte qué las actividades desarrolladas en el seno de Fluxusse valorasen cada vez más. Un factor interesante lo constituye el hecho de que el grupo no era cerrado, sino que estaba abierto a cualquier artista que deseara participar, ya fuera de manera individual o junto a otros artistas. Por esta razón, resulta muy difícil dar una lista completa de todos los que, en un momento u otro, realizaron actividades dentro de Fluxus. Por otra parte, no sólo participaban artistas alemanes o residentes en Alemania, sino que se invitaba a personalidades de otros países para eliminar las fronteras y convertir el Arte de Acción en una manifestación internacional. Algunas acciones llegaron a planearse para que pudieran desarrollarse simultáneamente en diferentes países, con lo que se producía una evidente ampliación del espacio destinado al happening. Aparte de Beuys, otros artistas importantes que desarrollaron actividades en Fluxus fueron: Wolf Vostell, Alan Kaprow, john Cage, Yoko Ono, La Monte Young, Nam june Paik y el propio Maciunas.
ZERO DE ALEMANIA 1957-1966. Hoy También
ZERO es el nombre del movimiento artístico internacional, surgido en Düsseldorf a finales de los años cincuenta, que no sólo determinó el arte en torno a 1960, sino que marcó y revolucionó el arte del modernismo de posguerra en su conjunto. Desde una perspectiva actual, lo que ha convertido a ZERO en un acontecimiento de reflexión histórico artística en nuestros días es el contagioso espíritu de avance, el enfrentamiento a la industria del arte anquilosada, y sobre todo, la mezcla de medios artísticos, luz, movimiento, cuadros, dibujos, objetos, entornos referidos al espacio, trabajos en común, revistas, manifestaciones, acciones y películas, que hizo que este movimiento artístico destacara, de manera rotunda, de sus condicionales históricos y se mostrara como una de las fuerzas intelectuales más importantes y un destacado punto de inflexión del arte del siglo XX. En el entorno del movimiento ZERO se establecieron las bases para el happening, el minimalismo, el arte conceptual, el Op Art o el Arte Povera, y con implicaciones de amplias consecuencias con Fluxus y Land Art, todo ello expresiones artísticas que no se han discutido suficientemente ni son aún tangibles para una amplia opinión pública interesada en el arte contemporáneo.
Aunque gestado en Alemania, el movimiento ZERO encontró su realización plena en su expansión hacia el exterior, en la internaciona-lidad de una comunidad artística que se comunica en toda Europa, tal como reflejan el grupo holandés Nul, Zero de Italia, Zero de París, el Equipo 57 de España, el grupo japonés Gutai, Nove Tendencije de Zagreb, y otros muchos grupos y artístas individuales.
El Grupo Zero fue fundado en Düsseldorf en 1958 por un grupo de artistas internacionales que mantuvieron su actividad hasta 1966. Aunque los miembros de grupo variaron con el tiempo, el núcleo del grupo estuvo formado por Heinz Mack, Otto Piene y Günther Uecker.
Los parámetros artísticos en los que se movió el grupo van de la pintura monocromática al nuevo realismo y al arte objetual a través del arte cinético y lumínico, con el denominador común de que este grupo de artistas quería con ello superar e ir más allá del Tachismo, del Action Painting y el Arte informal de posguerra, unas tendencias marcadas fuertemente por el Existencialismo de los años 40 y 50. Retomando las ideas artísticas de los años 20, como Suprematismo o Constructivismo, esperaban encontrar nuevas formas de expresión que no reprodujeran un mundo pasado sino que se abriera a nuevas formas de percepción y de nuevos niveles de conocimiento.
La historia del grupo estuvo ligada a una publicación de su mismo nombre, de la que sólo se llegaron a realizar tres números (entre 1958 y 1961). El primer número, publicado el 24 de abril de 1958, contiene textos de Yves Kein, Heinz Mack y Otto Piene y un poema de Arthur Rimbaud. Su publicación coincidió con la séptima exposición realizada en el estudio de Mack y Piene.
El número dos de Zero, se publicó en Octubre de 1958, acompañando la exposición Vivration, que acogía obras de Oskar Holweck, Adolf Zillmann, Almir Mavignier, Mack y Piene, con obras que giraban entorno al tema del movimiento visual y que abrieron el campo a la arte cinético y lumínico.
En 1960, en el Festival de Arte de Vanguardia de París, tuvo lugar el primer encuentro de los artistas que configuraron el grupo, con la exposición Edition, Exposition, Demostration, en la Galería Schmela de Düsseldorf. La exposición fue seguida del tercer y último número de Zero, pero a partir de aquí, se celebraron más exposiciones del grupo, el Festival Zero y la presentación y muestra de exposiciones del grupo en otros países.
La última aparición del grupo tuvo lugar en el Städtisches Kunsmuseum de Bonn, en 1966, y finalmente una retrospectiva resumió la actividad del Grupo Zero en el Kunstmuseum de Düsseldorf en 1973.A lo largo de su trayectoria artística Zero se configuró como un movimiento que representó la energía y la imaginación, a través de sus obras, happening, instalaciones, representaciones y escritos, de una sociedad de posguerra que se abría a un mundo más bello y mejor. La naturaleza y la tecnología se unían armoniosamente en el arte del Grupo Zero, en unos años en los que una visión optimista en la de la vida apagaba los obstáculos políticos y sociales heredados de la Segunda Guerra Mundial.
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PERFORMANCES
BOCETOS PARA DEFINIR LO QUE HOY LLAMAMOS PERFORMANCES.
Iris Nava
El hombre a partir del Renacimiento centra su vida en si mismo y, con ello, da inicio a la era de la razón. Este período se extiende y refuerza con las últimas ideas iluministas: progreso y razón. Ambas se convierten en la vía para que el hombre alcance la felicidad. Y en 1914 con la primera guerra mundial, se hace manifiesta la crisis de la modernidad. Situación que se acentúa en 1945 con la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima. Los campos de concentración, las muertes masivas, el desarraigo, las crisis económicas, el desorden en las grandes ciudades, el retroceso, la destrucción, harán que el hombre se encuentre sin eje, sin unidad: la vida humana quedó, así, fragmentada.
El arte, consecuente con su tiempo, dará una lectura de ese mundo derruido. El dadaísmo y el surrealismo retomarán, el primero, una búsqueda por el origen, y el segundo, al inconsciente psicoanalítico. De esta forma, la tesis planteada por los dadaístas anula la distancia entre lo estético y lo real. Los artistas realizan obras, entre 1950 y 1958, que tratan de superar el arte tradicional, por John Cage quien, desde hace algún tiempo, utilizaba al azar los sonidos como objeto artístico en sus conciertos ejecutados en Black Mountain College, en 1952; y Alan Kaprov, en 1959, en la galería Reuben, de Nueva York realiza el primer happening llamado 18 happenings in 6 parts(1); el accionismo vienés de Herman Nitsch y Otto Mühl buscaban las formas rituales para poner en evidencia el carácter anárquico de la vida y liberar por medio de la agresividad los impulsos inconscientes reprimidos. Y, de esta manera, vemos en las acciones vienesas la relación con la teoría dual psicoanalítica, basada en los instintos: sexual y de agresión o destrucción. Las cuales provocan un shock en el espectador. Asimismo, el movimiento Fluxus esta-rá más atento a una renovación de la música que de las artes visuales y el teatro. Lo que los artistas del happening, Fluxus y el accionismo vienés buscaban romper, eran ciertas convenciones sociales, políticas y formales a través del arte. Para ello, recuperan las formas e ideas dadaístas. A partir de los años 60 y 70 el arte romperá con toda convención establecida hasta entonces, y surgirán, tanto nuevos comportamientos artísticos como manifestaciones; entre éstas encontramos algunas como la instalación, los ambientes, el collage, los ensambles, el arte póvera, el arte terrestre o ecológico, el arte de procesos, hasta llegar al performance.
El Performance, a diferencia del happening, el accionismo vienés y el movimiento Fluxus, que apuntaban todos sus movimientos físicos en el automatismo psíquico, entra su proceso de acción en la obediencia a un concepto preestablecido. Es por ello que lo categorizamos como arte conceptual; y queda ligado al dadaísmo sólo en sus antecedentes. Entonces, a partir de los 70, se nombra en EEUu e U.K., principalmente, como performance o performance art. Y de ahí, dicho nombre se difunde en los países de habla hispana. Su origen, de hecho, está en las artes visuales, pero retomará con el transcurso de los años, elementos de ruptura del teatro sobre todo experimental.
Este retorno a la experiencia corporal por parte de las artes visuales une al arte conceptual con lo que está ocurriendo en el teatro experimental. Éste retoma e investiga la experiencia vivencial de la corporalidad de Eugenio Barba; y recupera a Grotowski y la acción física y vocal del actor en el escenario. El teatro experimental, entonces, rompe con las convenciones establecidas por el teatro tradicional como lo es la cuarta pared, limitar la acción a recitar un texto y, por el contrario, experimenta más con el lenguaje corporal, reduciendo, así, el uso de la palabra; asimismo, introduce la danza contemporánea (técnicas desarrolladas por Martha Graham y José Limón) en el escenario. El performance utilizará no solamente estos puntos de ruptura teatral, sino, también, instrumentos tradicionales como el monólogo, la iluminación, la escenografía, el tiempo teatral - efímero e instantáneo-, el público o testigo y la acción humana en un escenario: puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio mientras otro observa y esto es todo lo que necesita para realizar el acto teatral (Brook, 5, 1969). En este sentido, el performance sería un acto teatral, pero a diferencia del teatro, no utiliza la ficción que genera un actor para interpretar su personaje - el cual ha sido creado por un dramaturgo y que, a su vez, es dirigido por un director - sino que tiende a ser una acción sintética. El performer toma, algunas veces, situaciones autobiográficas, utiliza su cuerpo para hablar de su experiencia, tanto cultural como del mundo, desde un punto de vista subjetivo. Dicha acción será expresada en director. El performance, por tanto, puede abarcar desde una serie de gestos íntimos hasta un montaje complejo. Es posible que dure minutos o días. Asimismo, suceder una o muchas veces. También, estar apoyado en un guión o no; utilizar la improvisión (2) o requerir de ensayos previos.
La relación del performance con las artes visuales proviene, primero, del recorrido histórico que hemos hecho del arte en párrafos anteriores. Es decir, cuando el performance se gestó como una de las manifestaciones que llevaba a la práctica artística muchas de las ideas y conceptos en acciones. Los gestos o acciones en vivo han sido armas constantes contra las convenciones que el arte ha establecido. El performance indica y tira categorías desde sus orígenes, pero, poco a poco, se ha convertido en una forma independiente y diferenciada de lo visual. En segundo lugar, utilizar algunos materiales de las artes visuales como son: pintura, lienzo, papel, fotografía, video; pero a diferencia de éstos, el performance, por su carácter efímero, no permanecerá debido a que éste siempre va ligado a la finitud y vitalidad de su creador. La acción está íntimamente ligada al performer, ya que éste se expresa ante un público o testigo accionándose y lo importante como suceso performático es el acto realizado. Por ello, el performance es un no objetualismo; es decir, no se puede poseer como un objeto ni ser trasladado ni exhibido permanentemente, ni comprado; aunque se pague a su realizador por el trabajo.
A modo de conclusión, el performance es un arte porque al igual que otras manifestaciones artísticas es un acto creador, si partimos de que crear es transgredir los límites de lo dado, de lo conocido. De ahí que la creación sea un acto de amor, un ir y volver de dentro hacia afuera y de afuera hacia dentro, más allá y más acá de lo que se conoce y de lo que es. (Seligson, 111: 1989)
En efecto, el performance es un arte de naturaleza transgresora: destruye la continuidad simple del tiempo encadenado, para construir un instante complejo, para unir sobre ese instante numerosas simultaneidades (Bachelard citado por Seligson; 112, 1989). Así muestra instantes y éstos son efímeros como los momentos de la vida humana. Por esto son irrepetibles. El performance al igual que todo acto humano tiene condición de suceder y no existe la posibilidad de repetir lo acontecido. Y esta conciencia efímera dada por el fin de siglo encuentra su mayor expresión artística en el arte del performance.
1 Se trataba de elementos combinados de los diferentes dominios del arte: construcciones de paredes, esculturas de ruedas, música concreta, monólogo, proyecciones de diapositivas, movimientos de bailes y un cuadro realizado durante la demostración. Se realizó al mismo tiempo en tres espacios y seis partes sucesivas. Así se produjo la estructura departamental en donde no existía un intercambio lógico entre las partes, sino que actuaban separadas. (Marchan, 194: 1994).
2. Existen dos formas de improvisar: una sin el conocimiento de los elementos con los que se trabajará, donde no hay una línea clara del discurso sino "ocurrencias"; y otra donde se conoce con anterioridad lo que va a acontecer en dicho suceso. En la primera es muy probable que se de un caos en las acciones y las ideas queden perdidas pro completo. En la segunda, por el contrario, el performer tiene estudiado el manejo de los elementos. Es muy probable que el espectador comprenda el suceso.
Bibliografía general
Archer, Michael, Art since 1960, Thames & Hudson, Singapore, 1997.
Brook, Peter, El espacio Vacío: arte y técnica del teatro, trad., Ramón Gil Novales, 4a edición, Peninsula Barcelona, 1944 (Col. Nexos, 17).
Carlson, Marvin, Performance: a critical introduction, Routlegdge, London-New York, 1996.
Goldberg, Rose Lee, Performance art: from futurism to present, Thames and Hudson, Slovenia. 1993.
Marchan, F., Simón, Del arte objetual al arte de concepto (1970-1974): epílogo sobre la sensibilidad "postmoderna", antología de escritos y manifiestos. 6a. Edición, Akal, Madrid, 1994.
Seligson, Esther, El teatro festín efímero, UAM. Méximo, 1989.
EL TERCER OJO – What’s Happening
Angel Luis Pérez Villén
Por falta de comprensión, todos eran políticamente sanos y fieles
George Orwell, 1984
Ensoñación, arte puro. El único. Y único en sí mismo: arte que está más allá de cualquier otro arte y salva de su lugar al artista, pobre prisionero observado.
Henry Michaux
Modos del dormido, modos del que despierta
Aunque no se trata de la primera ocasión en que su trabajo se muestra individualmente, Pausa y Tono constituye la aportación más elaborada, la que mayores implicaciones y pretensiones ha requerido de su autor, amén de ser una exposición concebida expresamente para el espacio que la acoge y desarrollar un discurso que se estructura atendiendo a los medios que le sirven de vehículo expresivo: vídeo y fotografía. Sendos soportes icónicos -electrónico y químico respectivamente- forman parte de una instalación que pretende elucidar el autismo que padece la sociedad en relación a los medios de comunicación social. El receptor, el espectador, eslabón último en la cadena de los medios, se ve inmerso en una desconcertante paradoja: el conflicto entre su ineludible competencia en el proceso comunicativo y su rol secundario como figurante en un escenario, en el que se perpetra su embrute-cimiento, su aniquilación como individuo crítico. Las utópicas funciones que del medio proclamara Cazeneuve (1) están muy lejos de la imagen cotidiana de un hombre cada vez más insociable, cada vez más incomunicado.
El argumento de Pausa y Tono en realidad es bastante simple, se trata de escenificar la imposibilidad del hecho comunicativo por excelencia -la televisión-, mejor dicho, de cuestionar su comunicabilidad, su función formativa y social. Sin embargo lo que a primera vista resulta de una obviedad apabullante que incluso llega a teñir como gratuito el discurso, posee un complejo entramado de significantes que traiciona cualquier aproximación sectorial como más adelante comprobaremos. Que la televisión es un aparato electrodoméstico de primera necesidad lo sabemos; que ha desplazado al hogar, al fuego sobre el que antaño se plegaba la familia, también; que más que formar e informar, deforma y desinforma es algo que sufrimos cotidianamente por más que Rudolf Arheim (2) nos alertara sobre ello en 1935. Pero no todo es simulación y espectáculo en este medio.
De hecho, en sus comienzos, la televisión se prodigaba como un medio de comunicación social con una herramienta poderosísima, la de la producción de imágenes en tiempo real, la del directo, la posibilidad de difundir instantáneamente cualquier eventualidad sin mediación de selección y montaje como ocurría por ejemplo en el cine, lo cual también implicaba un riesgo técnico que había que asumir. Con el paso del tiempo el diferido ha terminado por imponerse al directo, que como decimos entrañaba dificultades técnicas y no era susceptible de ser censurado. La comodidad y el control político determinaron un medio que reniega de sus orígenes, a los que vuelve sólo en ocasiones de trascendencia, quedando el directo para celebraciones y conmemoraciones estela-res o acontecimientos de suma actualidad.
Por otra parte y para marcar mayores distancias con respecto a la realidad, de la que se supone se nutre la televisión, habríamos de recordar cómo los teóricos de los mass-media insisten en la capacidad del medio para suplantar a la propia realidad, debido a la presión que ejercen las imágenes televisivas en el proceso perceptivo que experimentan los espectadores (3), incluso cómo el propio sistema de representación icónico está infectado por intereses políticos. En este sentido la vivencia cotidiana y doméstica de la Guerra del Golfo es la prueba irrefutable de cómo el medio cree necesario recuperar la práctica del directo en un acontecimiento bélico de primera magnitud, convirtiéndose el conflicto armado en una secuencia de imúgen es reales emitidas por las partes interesadas. La que para todo el mundo ha sido la primera guerra retransmitida en directo, es a la vez otra razón más que confirma la aseveración macluhaniana: el medio es el mensaje.
La práctica de la instalación, asumida en estos años como un género artístico más, se remonta originariamente a los años sesenta, en los que convergen una serie de factores que radicalizan la convención tradicional que se tenía del fenómeno artístico. En primer lugar deberíamos hablar de la creación de ambientes en los que se realiza la transposición del soporte plástico al entorno físico y espacial en que se desarrolla la intervención artística, Esta suele contar con el protagonismo del observador, que se convierte en sujeto activo en la configuración del ambiente, en el que coinciden valores plásticos, luminosos, sonoros, táctiles, etc...
La raíz procesual la hallamos en el ensamblaje de objetos del neodadaísmo, en el pop-art, pero también influye en la determinación del ambiente el op-art y el arte cinético, propiciando la resolución de la obra de arte total, en la que el individuo tiene la posibilidad de destilar una determinada experiencia artística mediante la percepción global de una serie de propuestas sensoriales y racionales. Como consecuencia de todo ello tenemos ambientes de una marcada índole psicodélica (el movimiento hippie, la contracultura, la música psicodélica); cinética (movimiento, luz y sonido); crítica (contra el racismo, el militarismo, el capitalismo, el consumismo) y popular.
El happening es la concitación a la obra de arte total, en la que interviene no sólo el autor y sus colaboradores, sino todo el público que se sienta interesado en participar de forma efectiva en la transformación plástica del espacio en que se desarrolla la actividad. Parten de la consideración de arte total en que desembocó el op-art y el arte cinético, de la unión de arte y vida que propuso el pop-art, pero cuentan, como nunca hasta ahora, con la actividad del sujeto -antes espectador- para realizar una serte de modificaciones en un ambiente determinado. El happening es como el collage cubista, pero en su caso no se solapan planos y papeles, sino que aglomera sensaciones y sucesos varios, de diferentes concepciones y procedencias, para involucrar en la percepción y la creación artísticas al individuo. El arte se transforma en una experiencia vital, efímera y fungible, no comercializable y por tanto alternativa al mercado artístico, polivalente, mística y mágica, según los casos.
En perfecta comunión con el happening está el performance o acción, que se caracteriza por la intervención directa del artista ante el público, pero sin la mediación de éste en la realización del evento artístico. Cuando dicha actuación tiene como soporte el propio cuerpo del artista o el de sus ayudantes, cuando la anatomía se convierte en objeto y material artísticos, estamos ante el body-art. Por otra parte, surgen las teorías de la comunicación, la teoría de la información, la semiótica, la cibernética, etc..., todas ellas tratando de desentrañar la funcionalidad del lenguaje, sus métodos, sistemas y aplicaciones. El estructuralismo y la irrupción de la filosofía analítica de Carnap y Wittgenstein -como sistema de aproximación a la realidad- herederos del positivismo inglés, completan el marco referencial e ideológico de la época.
El proceso autorreflexivo que atraviesa el lenguaje artístico en la década de los sesenta le lleva hasta el propio cuestionamiento de los límites del arte, su representación y explicitación, materialización y mercantilización, depurando progresivamente la actuación artística y conduciéndola al estado previo en que aún no se ha objetivado formalmente. Como consecuencia de todo lo anterior y ante la multiplicidad de estilos, el ensamblaje de técnicas y procedimientos artísticos, los autores comienzan a desvincularse de los medios de expresión que les son familiares y pasan a ser tránsfugos de nuevos lenguajes, como la música, el video, la danza, el teatro, el cine, etc.., entendidos como las piezas de un collage interdisciplinar al que acudir según las necesidades de expresión. Son años en que los medios de comunicación social adquieren pleno poder en los procesos de aculturación de las masas, y de esta forma se revisten de una nueva categoría: pasarán de ser instrumentos al servicio de la información a convertirse ellos mismos, intrínsecamente, en mensaje.
Arte conceptual, entornos y happenings
¿Qué quiere decir la gente cuando usa la frase "arte conceptual"?
Surgen dos significados principales:
Primero, el examen de lo que entendemos bajo el concepto "arte".
Segundo, el propio concepto como arte: modelos intelectuales separados de cualquier interés por la concreción.
En consecuencia, la respuesta es menos precisa que lo que uno querría, pero la dirección indicada es clara: hubo un cambio de la atención desde la concreción física hacia la "idea" del arte. A menudo se ha supuesto que la propia concreción ya no tiene gran importancia: unas pocas declaraciones en un pedazo de papel servirán del mismo modo que una obra producida por los métodos tradicionales y en materiales tradicionalmente aceptados.
Aun aquellos artistas que continúan haciendo escultura o pintura sobre tela han sido afectados por la nueva manera de pensar, ya que la obra de arte puede ser vista esencialmente como el plano de un proceso de pensamiento, una reseña visible de todos los pasos que han sido necesarios para lograr un determinado resultado final.
De aquí el uso frecuente de etiquetas como "proceso" y "sistema".
Quizá Tom Phillips sea el pintor más interesante que usó los métodos tradicionales para un nuevo propósito. La obra de Phillips es difícil de definir en términos de estilo, pues él intenta encontrar un tratamiento adecuado para la solución de cada problema a medida que éstos se van presentando. Su obra más conocida es una vasta serie de grabados y dibujos en la técnica "resaltada" derivada de William Burroughs, conocida colectivamente como Un humanomento.
Esta obra está inspirada en una novela victoriana poco conocida, Un Monumento Humano, de W. H. Mallock. En sus notas sobre el proyecto, señala: "Hasta ahora he extractado más de seiscientos textos y aún tengo que encontrar una situación, manifestación o pensamiento cuyas palabras no basten para atraparlo o cuyas frases deban ser modificadas para abarcarlo".
Pero la herramienta preferida de Phillips es la conjetura, y especialmente la reconstrucción conjetural de algo parcialmente borrado o destruido. Está fascinado, por ejemplo, por los cambios producidos por las reproducciones baratas en color, especialmente las de tarjetas postales, y ha creado muchos cuadros basados sobre la
imaginería empleada en éstas. Una serie completa se deriva de una sola tarjeta, mostrando el interior de una galería de arte (la Galería de Arte Mappin de Sheffield), de la que pacientemente reconstruye cada pintura exhibida en las paredes. Lo que le interesa aquí es la manera en que las representaciones de lugares comunes del arte victoriano se han vuelto "ya sea oscuras, crípticas o audaz y proféticamente abstractas".
La corriente principal del arte conceptual, sin embargo, trata de alejarse lo más posible de la idea establecida de cómo debe ser una obra de arte. Un dirigible plateado tamaño natural, obra de Panamarenko, llenó un gran salón en la Documenta de Kassel en 1972. Panamarenko está obsesionado con las máquinas voladoras, pero principalmente con aquéllas de los primeros días de la tecnología de la aviación. Inventa nuevas variantes de éstas, pero aparentemente sin la esperanza de verlas ir por los aires. Está contento con que sean presentadas al espectador como una fuente de experiencia estética. A menudo, parece sentir que los dibujos o planos pueden servir igual que el propio objeto.
En la misma exposición, un sistema de agua circulante consistía en un tanque, un rollo de manguera plástica, una bomba y un caño que producía un poderoso chorro. Era la corriente de líquido, más que el mecanismo usado para producirla, lo que constituía el centro de la demostración. El objeto de arte era en consecuencia inasible en el sentido más literal, y lo que tenía que ofrecer era simplemente la experiencia de presenciarla por un momento.
Podría sugerirse que esta demostración pretendía ser una especie de información sobre la energía de las fuerzas naturales; interpretación igualmente aplicable a una bien conocida pieza de "arte corporal'. de Dennis Oppenheim, en donde dos fotografías documentan el efecto de una quemadura de sol. Pero el hecho más evidente es que el arte, en ambos casos, se ha tornado en una demostración simplista de las leyes físicas, sin ninguna identidad propia especial.
Curiosamente, una de las rutas por la que los artistas han llegado a actividades de este tipo es a través de una exageración del tamaño físico y la presencia de la obra. No contentos con que el espectador revise lo que hacen en conjunto, desde una distancia elegida por sí mismo, han creado el entorno-que-todo-lo-abarca. El entorno, en su forma más simple y básica, está representado por las cuatro chapas de acero de Richard Serra, apoyadas sobre sus bordes como para dividir el espacio de una habitación grande. (La totalidad ilustrada en la foto no puede ser observada por nadie que esté en el cuarto.) Lo que hicieron fue modificar el espacio, de manera que no había ya ninguna posición desde donde éste se pudiese experimentar en su totalidad.
El Concepto del entorno es muy anterior a la década del setenta.
Quizá los más celebrados ejemplos en la historia inicial del arte moderno fueron las sucesivas Merzbauten (Construcciones Merz), creadas por el artista dadaísta alemán Kurt Schwitters, la primera de las cuales se hizo en su casa en Hanover desde 1920 en adelante.
Con la llegada del pop art, el medio ambiente tomó una nueva y especial importancia. Había varias razones para esto. Una era que el pop se especializaba en lo "dado", lo que llevó a los artistas a experimentar con la reproducción literal de la realidad. Las obras más ambiciosas de Edward Kienholz entran en esta categoría. Estaba, también, el gran interés de los artistas por los fenómenos de la cultura popular, entre éstos, experiencias como pasatiempos y espectáculos de parques de diversión; el "Túnel del Amor", por ejemplo. Pero lo más importante de todo era la creciente insistencia de que todos los sentidos del espectador debían comprometerse, que la obra de arte debía ser considerada no tanto como un objeto para ser tomado y retenido, sino como un mecanismo para producir una sensación particular, o una serie de sensaciones.
La cuestión ya no era más " ¿qué es?" sino " ¿cómo debo reaccionar ante esto?".
El énfasis se había alejado aun más de lo objetivo hacia lo subjetivo.
El proceso se aceleró cuando a los entornos se les unió lo que se llamó "happenings". El culto del happening creció súbitamente en el mundo del arte norteameriano de fines de la década del cincuenta y principios de la del sesenta. Pero también tenía raíces en el pasado. Schwitters, adicionalmente al Merzbauten, había imaginado un teatro Merz. y los dadaístas, como los futuristas rusos e italianos que les precedieron inmediatamente, habían canalizado mucha de su energía creativa en presentaciones teatrales.
El happening realmente comprendía la extensión de una sensibilidad "artística', o más precisamente una sensibilidad "collage-entorno" a una situación compuesta también por sonidos, duraciones de tiempo, gestos, sensaciones, incluso olores. Sus raíces permanecían en el estudio del artista y no en el teatro. No se suministraba al espectador un modelo de libreto y carácter; en cambio se lo bombardeaba con sensaciones que debía ordenar bajo su propia responsabilidad. Ésta era la esencia de una obra como El patio de Allan Kaprow. Aquí uno de los ejecutantes era un hombre que andaba lentamente en bicicleta, en círculos alrededor del espacio de la representación. Lo que usted elaborase con esto, si se encontraba allí, era cuestión suya.
Muchos artistas pop, incluyendo a Jim Dine y Claes Oldenburg, estuvieron mezclados con los happenings. Quizás el más recordado de todos los eventos de Nueva York en este período sea El accidente automovilístico de Jim Dine, que se representó en la Galería Reuben en noviembre de 1960. Las fases sucesivas (que duraron como veinte minutos en total) eran una alegoría de las palabras del título.
En los Estados Unidos, la moda de los happenings decayó, no sólo a causa de que los propios eventos perdieron su novedad, sino porque su papel les fue gradualmente robado por el teatro experimental o teatro-fuera-de-Brodway. Éste adoptó no sólo muchas de las técnicas, sino también el nuevo ethos que los happenings ayudaron a crear. En general, desde principios de la década del sesenta, la narrativa ha jugado una parte cada vez más pequeña en el teatro de avant-garde e igualmente ocurrió con la creación de carácter. Estos cambios brotan del arte contemporáneo.
Muy bien podría haber sido el mayor conservadorismo de las actitudes culturales en Europa el que hizo que, a pesar de que los happenings dejaron súbitamente de estar de moda en Norteamérica, hubiera un surgimiento del entusiasmo por ellos a través del Atlántico, donde se los describió generalmente como "eventos". Los países donde había quizá más actividad eran Inglaterra, Alemania y Austria. Fuera de Europa, se crearon eventos espectaculares en Japón.
Los espectáculos montados por los europeos diferían en muchas maneras de los happenings norteamericanos que les precedieron.
Eran más abstractos, menos específicos incluso que sus predecesores.
Gran parte de su energía iba a la exploración de situaciones extremas. A veces, evidentemente, los artistas que tomaban parte en ellos parecían concentrarse en una búsqueda desesperada de lo inaceptable, de algo que los devolviese a la posición de rebeldes y enemigos de la sociedad. Al mismo tiempo, estos eventos europeos eran marcadamente más intelectuales que lo que se había hecho en los Estados Unidos. Había menos disposición para considerar esta forma de actividad como un mero retozo en el mundo del arte.
En Inglaterra es típica la obra de Stuart Brisley, que combina imágenes de distanciamiento con otras que parecen preparadas para provocar rechazo o náusea. Al mismo tiempo, el artista está atado a varias limitaciones físicas. La actuación se vuelve algo que el participante debe forzarse a aguantar y el espectador, naturalmente, es
consciente de esto. Para un evento, Brisley pasó muchas horas casi sin moverse en un baño lleno de agua y vísceras de animales.
La obra aún más extrema, violenta y terrorífica pertenece a varios miembros del Grupo Viena en Austria; entre ellos Hermann Nitsch, Otto Muehl, Günther Brus y Rudolf Schwarzkogler. Muchos de sus eventos y acciones son irrefrenadas expresiones de fantasía sadomasoquista. Nirsch ha pretendido que toma sobre sí "lo aparentemente negativo, desabrido, perverso y obsceno, la pasión y la histeria del acto de sacrificio de manera que USTED se evita el desdoroso, vergonzoso descenso hacia el extremo".
Esto, válido o no, es un ejemplo de la aspiración hacia la intelectualidad, desconocida para los realizadores norteamericanos de happenings de principios de la década del sesenta.
El polo opuesto a la obra de este tipo estaba representado por el Estilo Bonito, la actitud estudiada, y las "performances" de los ingleses Gilbert y George.
Recientemente lograron una tremenda reputación con una pieza llamada Escultura cantante, que se repitió muchas veces en diferentes lugares. La presentación era en extremo simple, los dos ejecutantes, con manos y caras doradas, se paraban
en un pedestal y hacían mímica con una grabación de la canción de comedia musical "Bajo los arcos", La idea, si había alguna, era la preocupación por el estilo y la elegancia, El estilo era arrancado de su contexto y examinado como una entidad separada, Se escudriñaba también la noción de trivialidad, y, finalmente, se presentaba
la cuestión de la división, o la falta de ella, entre el creador y lo que creaba, Gilbert y George se describían a sí mismos como "esculturas vivientes" y hay más de una implicación en el hecho de que todo lo que hacen deba ser considerado como arte,
Un artista que parece tener un propósito muy similar al de estos dos ingleses, a pesar de que en otros aspectos es muy diferente, es el alemán Joseph Beuys. De todos los ejecutores de eventos y acciones, Beuys quizá sea el más discutido. Después de su actuación en la Segunda Guerra Mundial, como piloto de Stuka, fue estudiante de ciencias naturales y luego se dedicó al arte. Su actividad cubrió un amplio campo, pero apuntando gradualmente a la personalidad del propio artista. Desde trabajos emblemáticos, tales como Fetteke, o esquinas gordas, donde la energía plástica amorfa se casaba simbólicamente con la geometría de los ángulos, progresó en la creación de eventos que involucraban extraordinarias proezas de resistencia mayores que las realizadas por Brisley. En una de ellas el artista se paró sobre una caja durante veinticuatro horas seguidas, ejecutando varias acciones complejas al alcance del brazo, habiendo ayunado previamente varios días.
Sin embargo, Beuys no estaba satisfecho con el distanciamiento que esta clase de actividad le imponía. Por lo tanto, en 1967 formó una organización política radical, pero no comprometida: el Partido Estudiantil Alemán. Gradualmente, su principal forma de actividad artística empezó a ser la exposición de sus enfoques políticos, pero a menudo, todavía, con un museo como escenario. En 1972, cuando se lo invitó a tomar parte en una exposición en la Tate Gallery, pasó un día explicando sus puntos de vista políticos a una numerosa y atenta audiencia. En el mismo año, en Kassel, tenía una oficina especial abierta a todos los visitantes, en la planta baja de uno de los edificios de la exposición, y se enfrascaba en diálogos con cualquier visitante a quien le interesase discutir con él o interrogarlo.
En sus recientes contactos con el público, Beuys parece sugerir que el arte, y la intención de hacer arte, están fuera de lugar actualmente y son obstrucciones más que refuerzos para la comunicación de ideas.
El reemplazo del objeto por la idea a veces ha sido justificado con razones tecnológicas. Se ha argumentado, por ejemplo, que el video es el medio artístico del futuro y que la traducción del arte a términos electrónicos impone su propia marca de desmaterialización. De hecho, la experimentación en este campo ha tomado tres diferentes direcciones. En primer lugar, está lo que podríamos describir como el aburrimiento del video, una continuación de los experimentos hechos por Andy Warhol en algunas de sus películas.
Una pieza de Gilbert y George, Gordon nos emborracha, con las palabras del título repetidas indefinidamente en la banda de sonido, puede tomarse como ejemplo. En segundo lugar están las cintas grabadas que muestran la distorsión y transformación de la imaginería.
Éstas parecen ser el próximo paso hacia adelante del arte cinético y, en particular, de las cajas de luz de Frank Malina. Finalmente, hay una especie de video que se escapa de todas las emisiones estéticas y se presenta como una variante de los programas disponibles en la televisión "oficial", una plataforma para portavoces radicales y grupos minoritarios. Uno se pregunta por qué el video de este tercer tipo, que en realidad está comprometido con la polémica y con la información, desea rotularse "arte" y por qué las galerías de arte son lugares apropiados para exhibirlo. Pero entonces uno se pregunta también, por qué Beuys piensa que una galería de arte es un lugar apropiado, y por lo menos un eficiente mecanismo, para diseminar una nueva filosofía política.
El arte conceptual "puro", arte sólo de declaraciones, o arte donde se pide al público que encuentre su satisfacción siguiendo al creador paso a paso en su proceso de pensamiento, sin pedir a éste que tome una forma más concreta que palabras o diagramas en papel, parece también sufrir de esta forma de impropiedad en un grado aun más fuerte. Evidentemente, la naturaleza pública de una exhibición artística muy a menudo parece inadecuada para lo que está siendo hecho por el artista conceptual. Partiendo del uso deliberado de materiales y técnicas "inapropiadas", como en el caso
de Dubuffet, el arte del siglo xx ha progresado hasta un deliberado desajuste con los medios de expresión y con el marco dentro del cual existe.
En parte, por lo menos, esto parece una inevitable consecuencia de las transferencias de interés desde el objeto artístico hacia el artista. El artista moderno desea estacarse cada vez más como su mejor y más auténtica creación.
El ingenio que brilla en Soy un verdadero artista, por el conceptualista británico Keith Arnatt, parece ejercido a expensas de la profesión que ha elegido. Mientras propone
la cuestión de una definición válida de la realidad -como se pretende que haga-, propone más peligrosamente la cuestión de una válida definición del arte.
Si todos los valores residen en la personalidad del artista, que logra un momento de autorreconocimiento, y entonces le está permitido hacer cualquier demanda que desee al público, ¿entonces no podemos protegernos de la charlatanería? Éste es un temor que ha sido expresado miles de veces desde el comienzo del movimiento moderno, pero nunca ha parecido tan válido como ahora.
Hay culturas, por supuesto, en las que ciertos individuos tienen la cualidad, el mana, y no se les pide más que eso. Los filósofos budistas a menudo parecen tener justo ese tipo de relación con los que los rodean. Pero, en conjunto, esas culturas tienen poco tiempo para el "profesionalismo" como lo entendemos en Occidente.
Lo que ahora está en conflicto es la nueva visión que el artista tiene de sí mismo y la visión que el público tiene de él, y la lucha se hace más aguda por el hecho de que el arte de la extrema avant-garde, ahora se destaca por su casi total dependencia de la subvención gubernamental. Se ha escapado del mercado para lanzarse sobre la misericordia de la burocracia cultural. El atractivo público que tiene es el atractivo de la curiosidad. Puede ser radical en política, pero es profundamente elitista en sus actitudes para con el público.
Pero, aceptados estos defectos, uno debe reconocer que el artista moderno continúa explorando su propia humanidad y las posibilidades de la imaginación humana con admirable y aun heroica persistencia. Algunos artistas se inclinan a proponer un veredicto Completamente negativo sobre el futuro del hombre, pero la mayoría
todavía parece ver al arte Como expresión de fe en lo que le pueda suceder a la humanidad.
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
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Pero adentrémonos en la descripción de los elementos que componen Pausa y Tono. La sala primera está presidida por la ampliación fotográfica de un ojo humano como metáfora de la comunicación; flanqueando éste se sitúan los órganos fonéticos y auditivos, paradigmas respectivos de la emisión y recepción en el proceso comunicativo. El tamaño de las reproducciones fotográficas condiciona la percepción del espectador: en primerísimos planos se articula todo el desarrollo discursivo. El ojo ampliado crea un efecto de minimización-magnificación al alterar el tamaño relativo de la imagen y el del objeto representado. Este aumento de escala, esta imagen omnipresente, se contrapone a las imágenes fragmentadas de bocas y orejas, siendo éstas últimas las que en gran número aluden al espectador colectivo, al receptor anónimo, a la masa. La imposibilidad de la comunicación se plasma mediante las marcas, que literalmente tachan los órganos sensoriales.
No es la primera vez que Tete Álvarez asume la imagen corporal como marca y mapa simbólicos de una realidad otra a la que se acerca por medio de su trabajo. Lo que en tentativas anteriores fueron manos y figuras humanas desdibujadas ha dado paso a rostros, ojos, bocas y orejas, pero persiste la misma inclinación a considerar la fuente de dichas imágenes como el paisaje ideal a fotografiar, como la realidad circundante más atractiva: la televisión. En esto coincide con Muntadas, para quien la televisión constituye un elemento fundamental en su trabajo (4). Sin embargo lo que caracteriza su personal adicción al medio no es el potencial massmediático -como valora Muntadas- ni el símbolo que encarna la televisión en la cultura simulacionista y apropiacionista norteamericana, como la posibilidad que le brinda de transferir imágenes de un medio a otro (de la fotografía al vídeo y viceversa), de confundir diferentes categorías icónicas en una imagen sintética, una y múltiple como propugna Paul Virilio (5) y de extraer timbres cromáticos inusuales -en series anteriores a ésta- mediante la saturación, vibración, el barrido y la constante reconstrucción electrónica de la imagen en la pantalla de televisión.
Esta particular predilección por navegar en los límites de las imágenes es algo consustancial a los medios con los que opera: vídeo y fotografía. De todos es sabido que la diferencia entre la imagen fotográfica y cinematográfica la marca simplemente el movimiento de esta última como consecuencia de la sincronización rítmica de los fotogramas, pero la imagen de vídeo es por definición una imagen incompleta, una imagen que se regenera constantemente (6). Este paisaje electrónico incompleto es la realidad sobre la que trabaja la fotografía de Tete Álvarez, documentando la inmanencia de la imagen, pero también su relativa significancia, su aleatoria valencia iconográfica, fijando, eso sí, una de sus múltiples y posibles constituciones: la que se asocia indefectible-mente al tiempo de exposición necesario para atraparla. De este maridaje se nutre Pausa y Tono, de la connivencia entre imagen fija e imagen móvil, imagen única y cerrada e imagen incompleta y abierta, imagen opaca e imagen luminosa, impresión y proyección (7).
El segundo ámbito de Pausa y Tono alberga el fenómeno de la comunicación en su expresión más genuina. Con la muerte de lo escrito, el imperio de la imagen domina el ámbito de la comunicación de masas. La instalación se compone de un monitor de televisión frente a unas sillas vacías. Emisor frente a receptor. El proceso comunicativo se muestra de nuevo alterado por la manipulación de los roles asignados a ambos: el receptor -en su ausencia- se convierte en mensaje del emisor. El monitor de televisión reproduce imágenes pregrabadas de la sala y las sillas vacías en una cinta sin fin.
La experiencia televisiva del espectador hace que éste asocie la percepción de la imagen con el acto usual de la recepción del mensaje. Vemos la televisión como nuestra fuente habitual de imágenes e identificamos el icono representado con la realidad documental. La relación imagen-tiempo desempeña en la instalación un papel fundamental: la asincronía existente entre realidad física y realidad virtual convierte la percepción casi en una alucinación debido al desfase temporal entre la imagen actual y la imagen-tiempo transmitida por el monitor de televisión.
La cámara -en realidad el monitor de televisión-, "el ojo que mira el mundo, ante sí, se presenta como un faro que barre el espacio" (8) de la sala y cuyo movimiento funcional es análogo al usado en los circuitos cerrados de televisión cuya finalidad entre otras muchas es la vigilancia (Big Brother is watching you). Han sido muchos los artistas que han trabajado con circuitos cerrados de televisión -Dan Graham y Bruce Nauman entre otros- para distorsionar la experiencia del espectador al penetrar en la instalación, donde se producía un desfase temporal evidente entre la recepción de la imagen (la presencia del espectador en la sala) y su proyección (la reproducción desfasada de dichas imágenes), pero la singularidad de Pausa y Tono, es que rechaza la intromisión del espectador en el proceso de lectura y proyección de las imágenes que se emiten en el monitor, quedando de esta forma imposibilitada cualquier participación en el proceso comunicativo que se escenifica en la sala.
Este condicionamiento psicológico. que impide su protagonismo en la escena virtual y que motiva una doble frustración, pues cercena su mirada (voyeurismo) y su proyección (exhibicionismo). se refuerza, por silo anterior no fuera suficiente, con la imposibilidad de acceder al patio de butacas (las sillas están unidas y encadenadas haciendo imposible su uso). La comunicación versus incomunicación se explícita mediante una metáfora sonora: audio de una línea telefónica con el tono de ocupado. El tono y la pausa son el sonido de la comunicación que no se hace acto, sólo deseo reprimido. Esta situación trae a la memoria el mito de la caverna de Platón, donde se encuentran atrapados los esclavos sensoriales que sólo atisban a reconocer las sombras, lqs reflejos de la realidad proyectada desde fuera por el fuego. Pausa y Tono niega incluso esta benevolencia para con los espectadores -acostumbrados en otras instalaciones a intervenir activamente en la obra o cuando menos a sentirse parte integrante de ella-, que deben desembarazarse de los dictados del medio y elaborar un proceso comunicativo en el que tengan verdadero protagonismo.
Otra metáfora, la del ojo humano, conduce la lectura de Pausa y Tono, atrayendo al espectador desde el fondo de la sala e invitándolo a penetrar en la cámara oscura anexa donde inicia un proceso de débil percepción -que por más que le propicie la autorreclusión y reflexión- no verá culminada por las trabas antes descritas Sin embargo la asimilación del monitor de televisión con la reproducción ampliada del ojo humano de la sala anterior no es gratuita y viene a confirmar la disponibilidad del medio a recabar información sobre su incidencia social, no sólo a perturbar la libre disposición del ciudadano, sino a retroalimentar y fortalecer su penetración doméstica. El ojo televisivo no sólo emite sino que recupera la recepción de su mensaje (9).
Pausa y Tono no se cierra en una sola lectura, precisamente su potencial radica en la multiplicidad de lecturas e interpretaciones de las que puede ser susceptible. Por más que la experiencia del espectador pueda resultar dirigida no es deseo de su autor el erigirse en profeta social. La sugerencia. la pauta abierta a la reflexión sobre la comunicación y la invitación al pensamiento son el objeto de esta instalación. que participa de la estética de la recepción. como denomina José Luis Brea (10) a aquellas intervenciones creativas para las que es indispensable el concurso del receptor. Sin embargo. el espectador de Pausa y Tono no encuentra más que una proposición interrumpida, una estrategia de suspensión del discurso que debe recomponer a su medida (11). Construir su propio código idiomático, sus claves interpretativas, establecer las pautas de su comunicabilidad como alternativa a los sistemas imperantes que rigen los procesos comunicativos de los mass-media, esas parecen ser las sugerencias de Pausa y Tono.
1.-Cazeneuve: El Hombre telespesctador. Gustavo Gili. Barcelona. 1977
2.-"La televisión constituye una nueva y dura prueba para nuestra sabiduría. Si logramos dominar el nueevo medio servirá para enriquecernos. Pero puede hacer que nuestra inteligencia se adormezca". Rudolf Arheim. El cine como arte. Paidós. Barcelona.1986
3.-"La información presentada por la pantalla del televisor genera para su espectador una pseudorrealidad desectructurada, mosaico de fragmentos documentales inconexos y de opiniones, puzzle inorgánico en un gran sintagma heteróclito y en el que no siempre estádemasiado clara la frontera entre ficción y reportaje, entre fabulación y verdad, investido todo el magma audiovisual por las características de la banalidad y la efemereidad". Roman Gubern: La mirada opulenta. Gustavo Gili. Barcelona. 1987
4.-"La televisión es el paisaje de nuestro tiempo y utilizarla no es nada diferente a la utilización que hizo Duchamp de objetos ready-mades o a la utilización que hizo Warhol del bote de sopa Campbell. ¿Qué diferencia hay entre apuntar la cámara a una calle o a una imagen televisiva? Para mí, la televisión es simplemente un objeto más, parte del paisaje que nos rodea".Victor Ancona: Antonio Muntadas: From Barcelona to Boston. Videography. 1978
5.-"Creo que todas la imágenes son consanguineas. No hay imágenes autónomas. La imagen mental, la imagen virtual de la conciencia, no se puede separar de la imagen ocular de los ojos, ni se puede tampoco separar de la imagen corregida ópticamente de la imagen de mis gafas". Paul Virilio en El arte del vídeo. Rtve/Serbal. Barcelona. 1991
6.-"La imagen elctrónica es una imagen que nace, no por un proceso químico, sino por un proceso de barrido de un haz electrónico, sobre una superficie de una pantalla". Jose Ramón Pérez Ornia: El arte del vídeo. Rtve/Serbal. Barcelona.1991
7.-Jacques Aumont: La imagen. Paidós. Barcelona. 1992
8.-Jacques Aumont: Opus cit.
9.-"...Además es un sistema que transmite en ambas direcciones, pues los ratings y el feedback se encargan de notificar en todo momento a las fuentes el volumen de público y su reacción a la información recibida. En realidad, al mismo tiempo que vemos la televisión, se puede decir que la televisión nos observa, aprende sobre nosotros y, a si vez, se amolda a nuestras preferencias para persuadirnos". Luis Rojas Marcos: El ojo televisual. Diario El País. Madrid. 16-XII-1992
10.-Jose Luis Brea: Nuevas estrategias alegóricas. Tecnos. Madrid.1991
11"...estrategias que apuntan a la enunciación problemática de su misma suspensión y, por ende, a la mostración de su escena en estado de virtualidad. El procedimiento alegórico consistiría, aquí, en el silenciamiento, la interrupción de la enunciación, en su enmudecimiento, en su corte y suspensión" Jose Luis Brea. Opus cit.
ARTE CONCEPTUAL
Definición:
Actividad que requiere un aprendizaje y puede limitarse a una simple habilidad técnica o ampliarse hasta el punto de englobar la expresión de una visión particular del mundo. El término arte, deriva del latín “ars”, que significa habilidad y hace referencia a la realización de acciones que requieren una especialización. Sin embargo, en un sentido más amplio, el concepto hace referencia tanto a la habilidad técnica como al talento creativo en un contexto musical, literario, visual o de puesta en escena. El arte procura a la persona o personas que lo practican y a quienes lo observan una experiencia que puede ser de orden estético, emocional, intelectual o bien combinar todas esas cualidades.
En este fragmento de la introducción de la célebre historia del arte de E. H. Gombrich se analiza, con un estilo ameno, la relación entre el arte, los artistas y el espectador.
La traducción de esta edición es de Rafael Santos Torroella. Fragmento de La historia del arte.
Introducción.
No existe, realmente, el Arte.
Tan sólo hay artistas. Estos eran en otros tiempos hombres que tomaban tierra coloreada y dibujaban toscamente las formas de un bisonte sobre las paredes de una cueva; hoy, compran sus colores y trazan carteles para las estaciones del metro. Entre unos y otros, han hecho muchas cosas los artistas. No hay ningún mal en llamar arte a todas estas actividades, mientras tengamos en cuenta que tal palabra puede significar muchas cosas distintas, en épocas y lugares diversos, y mientras advirtamos que el Arte, escrita la palabra con A mayúscula, no existe, pues el Arte con A mayúscula tiene por esencia que ser un fantasma y un ídolo.
Pueden abrumar a un artista diciéndole que lo que acaba de realizar acaso sea muy bueno a su manera, sólo que no es Arte. Y pueden llenar de confusión a alguien que atesore cuadros, asegurándole que lo que le gustó en ellos no fue precisamente Arte, sino algo distinto.
En verdad, no creo que haya ningún motivo ilícito entre los que puedan hacer que guste una escultura o un cuadro. A alguien le puede complacer un paisaje porque lo asocia a la imagen de su casa, o un retrato porque le recuerda a un amigo. No hay perjuicio en ello. Todos nosotros, cuando vemos un cuadro, nos ponemos a recordar mil cosas que influyen sobre nuestros gustos y aversiones.
En tanto que esos recuerdos nos ayuden a gozar de lo que vemos, no tenemos por qué preocuparnos. Únicamente cuando un molesto recuerdo nos obsesiona, cuando instintivamente nos apartamos de una espléndida representación de un paisaje alpino porque aborrecemos el deporte de escalar, es cuando debemos sondearnos para hallar el motivo de nuestra repugnancia, que nos priva de un placer que, de otro modo, habríamos experimentado. Hay causas equivocadas de que no nos guste una obra de arte.
A mucha gente le gusta ver en los cuadros lo que también le gusta ría ver en la realidad. Se trata de una preferencia perfectamente comprensible.
A todos nos atrae lo bello en la naturaleza y agradecemos a los artistas que lo recojan en sus obras. Esos mismos artistas no nos censurarían por nuestros gustos. Cuando el gran artista flamenco Rubens dibujó a su hijo, estaba orgulloso de sus agradables facciones y deseaba que también nosotros admiráramos al pequeño. Pero esta inclinación a los temas bonitos y atractivos puede convertirse en nociva si nos conduce a rechazar obras que representan asuntos menos agradables. El gran pintor alemán Alberto Durero seguramente dibujó a su madre con tanta devoción y cariño como Rubens a su hijo. Su verista estudio de la vejez y la decrepitud puede producirnos tan viva impresión que nos haga apartar los ojos de él, y sin embargo, si reaccionamos contra esta primera aversión, quedaremos recompensados con creces, pues el dibujo de Durero, en su tremenda sinceridad, es una gran obra. En efecto, de pronto descubrimos que la hermosura de un cuadro no reside realmente en la belleza de su tema.
La confusión proviene de que varían mucho los gustos y criterios acerca de la belleza.
Y lo mismo que decimos de la belleza hay que decir de la expresión. En efecto, a menudo es la expresión de un personaje en el cuadro lo que hace que éste nos guste o nos disguste. Algunas personas se sienten atraídas por una expresión cuando pueden comprenderla con facilidad y, por ello, les emociona profundamente. Cuando el pintor italiano del siglo XVII Guido Reni pintó al cabeza del Cristo en la cruz, se propuso, sin duda, que el contemplador encontrase en este rostro la agonía y toda la exaltación de la pasión. En los siglos posteriores, muchos seres humanos han sacado fuerzas y consuelo de una representación semejante del Cristo. El sentimiento que expresa es tan intenso y evidente que pueden hallarse reproducciones de esta obra en sencillas iglesias y apartados lugares donde la gente no tiene idea alguna acerca del Arte. Pero aunque esta intensa expresión sentimental nos impresione, no por ello deberemos desdeñar obras cuya expresión acaso no resulte tan fácil de comprender. El pintor italiano del medioevo que pintó la crucifixión, seguramente sintió la pasión con tanta sinceridad como Guido Reni, pero para com-prender su modo de sentir, tenemos que conocer primeramente su procedimiento. Cuando llegamos a comprender estos diferentes lenguajes, podemos hasta preferir obras de arte cuya expresión es menos notoria que la de la obra de Guido Reni. Del mismo mo- do que hay quien prefiere a las personas que emplean ademanes y palabras breves, en los que queda algo siempre por adivinar, también hay quien se apasiona por cuadros o esculturas en los que queda algo por descubrir.
En los períodos más primitivos, cuando los artistas no eran tan hábiles en representar rostros y actitudes humanas como lo son ahora, lo que con frecuencia resulta más impresionante es ver cómo, a pesar de todo, se esfuerzan en plasmar los sentimientos que quieren transmitir.[1]
Ahora analizaremos pues, el arte de "concepto" y los aspectos conceptuales
Tras los abusos recientes de términos como arte de "concepto", conceptual, arte como "idea", etc., resulta bastante arriesgado seguir recurriendo a los mismos. Su aplicación indiscriminada puede dar lugar a numerosas confusiones.
Pero dejando a un lado los snobismos y las cargas semánticas inevitables de la moda y, sobre todo, abandonando las pretensiones maximalistas de toda tendencia declarada y convertida en "vanguardismo", es posible seguir utilizando estos términos. Por otro lado, la mayor información y conocimiento de estas diversas experiencias permite determinar algunos aspectos, en especial desde dentro de nuestras fronteras.
Determinación de términos
1. Las diversas acepciones y prácticas del "conceptual" han su-puesto un desplazamiento del objeto (tradicional y objetual) hacia la idea o, por lo menos, hacia la concepción. Esto implica una atención a la teoría y un desentendimiento de la obra como objeto físico, aunque ya veremos cuál es el significado de su carácter antiobjetual.
Importan más los procesos formativos, de constitución, que la obra terminada y realizada.
El arte conceptual es la culminación de la estética procesual. Des-de que la práctica artística abandonó el principio mimético de constitución a favor del sintáctico formal, se interesa por la reflexión sobre la propia naturaleza del arte.
Es notoria, a través de todo el siglo XX, la tendencia al autoconocimiento, los intentos de legitimar conceptualmente las diferentes prácticas.
Una nota común ha sido el proceso de autoconciencia de la propia naturaleza y funcionalidad significativa, la atención al proceso de constitución más que a lo constituido, el análisis de los diferentes elementos sintácticos. El arte contemporáneo, en general, podría llegar a definirse como un arte de reflexión sobre sus propios datos.
Cada tendencia ha intentado explorar una parcela peculiar, una definición de los datos formales, específicos de cada género. El arte conceptual ha tenido, en primer lugar, su estímulo en las tendencias constructivas que progresivamente abandonaron el objeto o se centraron en la constitución estructural del mismo. El principio de la pura instrumentalidad del objeto era formulado ya en el arte concreto desde Mondrian, Malevich, el elementalismo, M. Hill.
Desde una perspectiva más decisiva en la actualidad, el propio M. Duchamp considera el arte no tanto una cuestión de morfología como de función, no tanto de apariencia como de operación mental. La máxima objetualización en Duchamp inaugura al mismo tiempo la desmaterialización y conceptualización, la declaración de los objetos en arte a través de la operación del “ready-made”, como ha insistido el propio Kosuth.
Por su parte, Moholy Nagy, en los años 30, ordenaba telefónica-mente la realización de una serie de obras.
Sin embargo, la realización más directa ha sido con la “abstracción cromática”, la nueva abstracción y el minimalismo.
Desde Klein, Manzoni en Europa, y sobre todo, desde Ad Reinhardt se instaura el lenguaje proposicional del arte, se afianza la teoría textual, es decir, el análisis de los signos lingüísticos esta-blecidos como arte. Posteriormente, minimalistas como André, Judd, Dan Flavin, etc., desmitificaban progresivamente el objeto a favor del concepto.
Ya, en el año 1967 (Sol Lewitt), escribía
"En el arte conceptual la idea o concepto es el aspecto más importante de la obra".
Cuando el artista se vale de una forma de arte conceptual, significa que todo el proyecto y las decisiones se establecen primero y la ejecución es un hecho mecánico. La idea se convierte en una máquina que produce arte. La herencia más directa del minimalismo y de la nueva abstracción es la autorreflexión inmanente del arte.
J. Kosuth, la figura más definida del conceptualismo lingüístico, remite con frecuencia a los escritos de Judd, Sol Lewitt, etc., así como Art & Language lo hace a la obra de Ad. Reinhardt.
Las exposiciones más sobresalientes han sido:
- Conception, de Leverkusen, 1969;
- “Conceptual art, conceptual aspects”, del Cultural Center de Nueva Cork; cuando las actitudes devieforma, Berna, ambas de 1969; la muestra de CAYC de Buenos Aires 2.972.453, 1970, y Arte de sistemas, realizado por el mismo centro en 1971.
2. Determinaciones. La complejidad de manifestaciones, llama-das conceptuales, se determinan más por los presupuestos comunes y por lo que no son que por una definición exacta de lo que afirman.
Diversas aportaciones interdisciplinarias nos ayudan a esclarecer no sólo cuestiones nominales sino también determinaciones rea-les de estas prácticas. El arte “conceptual”, se ha denominado in-distintamente arte idea. Según Lalande y otros autores, el concepto remite a la acepción de la idea, entendida como objeto o acto del pensamiento, como algo abstracto, general o por lo menos susceptible de generalización. En la alianza del empirismo con el logicismo, llevada a feliz término por el neopositivismo, el concepto entendido cada vez más frecuentemente en sentido operativo.
El concepto, en la acepción filosófica más común y coincidente con la idea, es el resultado de un acto de generación de la mente en su alejamiento de la inmediatez de las impresiones sensibles y de las representaciones particulares, en su elevación a una significación universal. A esta acepción es a la que más parece adecuarse la obra de Kosuth desde 1966 “el arte como idea como idea”, y la del “conceptual” en sentido estricto, que descarta la materialidad física del objeto y tiende a provocar una dicotomía entre el objeto, entre el concepto y la percepción, recurriendo a la utilización del lenguaje lexical.
Pero existe una segunda acepción del concepto, entendido como una preconcepción en la mente de una cosa que hay que realizar e identificado con el proyecto o diseño preconcebido.
Entonces, pues, el concepto se identificaría con los proyectos (pro cesos-relaciones-juegos mentales-asociaciones, comparaciones, etc.), con lo denominado en ocasiones project art. En este sentido más amplio no se elimina la materialización, ya que el proyecto tiende a su realización y no se enfrenta a la percepción. Mel Brochner ha dicho: “Las connotaciones de una dicotomía fácil con la percepción son evidentes e inapropiadas”. Con el enunciado adoptado “arte de concepto y aspectos conceptuales” (adaptación casi literal de la exposición de 1970) haré referencia a las dos interpretaciones fundamentales del conceptual.
Desde las dos acepciones el “conceptual” se sitúa en la avanza-da del proceso de autoconocimiento y autorreflexión de la práctica artística de sus metodologías. Muchas de sus experiencias se han mantenido en el ámbito de una reflexión tautológica sobre su propia estructura y naturaleza, sobre todo la tendencia más estricta. Otras manifestaciones tienden a cuestionar también la práctica específica artística más amplia e incluso, algunas, intentan su inserción en el contexto histórico social.
El arte conceptual exalta la eliminación del objeto artístico en sus modalidades tradicionales. Pero, salvo en casos extremos de la vertiente lingüística, existe menos una eliminación que un replanteamiento y crisis del objeto tradicional. Igualmente, de lo que se trata, es de desplazar el énfasis sobre el objeto a favor de la concepción y del proyecto, de la conducta perceptiva, imaginativa o creativa del receptor. Incluso en los casos más extremos no puede darse una desmaterialización completa, pues las palabras escri tas u orales son también objetos culturales, perceptivos, a las que se les atribuye una significación. Es posible decir, pues, generalizando, que la obra conceptual carece de una realidad estética formal en el sentido tradicional de una pintura o de una escultura.
El arte conceptual, también exige nuevos métodos de elaboración. En esto es en donde ha habido mayores discrepancias y mayor imposibilidad de juicios formalistas.
Los medios de concreción pueden ser: fotografías, películas, cintas magnetofónicas, obras telefónicas (Art by Telephone Exhibi-tion, Chicago, 1969), documentos clavados en las paredes, entre-vistas, textos, proyectos presentados como documentos sin signifi cación formal, envíos de tarjetas postales (S. Brown, H. Of.mann), telegramas, premisas matemáticas, estadísticas (D. Burgy, Borry, T. Ulrichs), representaciones de actos públicos. Cada vez más, se inscriben en los nuevos medios: films, videos, etc.. No está claro el predominio del medio-estático o del dinámico. A veces parece que uno de sus campos preferidos es la investigación de la zona intermedia existente entre la imagen estática tradicional y la dinámica actual. Y en todo caso, se inserta con más o menos timidez en los nuevos modos productivos de comunicación visual y perceptiva en general. Sus resultados, fuera de etiquetas, podrían ser un autoanálisis serio de la estructura de los mensajes artísti-cos y comunicativos con implicaciones en las diversas dimensiones semióticas de las obras.
La actitud antiobjeto y antiformalista no debe confundirse con el carácter anti-arte. A. Kirirlli, señalaba en 1970: "Sería aplicar un esquema absolutamente erróneo pensar globalmente el arte con-ceptual en una relación bipolar: arte-antiarte". Tampoco es posible afirmar que en general su antiobjetivismo obedezca a razones críticas y sociales. Es verdad que ciertos artistas como A. Carlini, B. Demattio, K. Staek y otros han señalado que la negación del objeto lleva implícita la condenación y su concepción cosificada, deificada de los objetos. Los argumentos se han movido en la órbita marcusiana: el objeto estético reproduce el tipo que necesita el capital para su reproducción y su conversión en mercancía.
En general no subordinan su actividad antiobjeto a esta finalidad crítica, su renuncia no ha obedecido a presupuestos sociales o políticos. Esto no impide que una renuncia al objeto tenga consecuencias sociales inevitables, por templadas que sean, respecto a la mercantilización del arte. Por tanto, en cuanto, ataca o no cultiva el objeto tradicional, ha fustigado con más o menos con-ciencia su valor de cambio y la práctica unilateral del mismo. Aunque no es acertada la ecuación desmaterialización = desmercantilización, el 1er término incide en mayor o menor medida sobre el segundo.
Y en esta oposición se agudizó el debate en Kassel entre objetual-antiobjetual en 1972, entre el hiperrealismo y el arte “conceptual”. Últimamente ya no se defiende un antiobjetualismo a ultranza y se aprecia un retorno matizado al objeto en una dirección hacia los “nuevos medios”
El “conceptual” Lingüístico y Tautológico.
Actualmente la tendencia suele agruparse en dos grandes corrientes: la lingüística (o conceptual propiamente dicha, según algunos) y la empírico-medial (los aspectos conceptuales indicados).
Por nuestra parte, añadiremos una tercera modalidad, que algunos han denominado “conceptualismo” ideológico.
El arte “conceptual” lingüístico ha sido considerado como la faceta “conceptual” por antonomasia, para algunos la única.
La idea de arte se ha extendido más allá del objeto e incluso de toda experiencia perceptiva, en dirección a un área de investigaciones serias, filosóficas, sobre la naturaleza del concepto de arte.
Empleo analítico y tautológico del lenguaje.
Una serie de experiencias se han interesado por el uso analítico próximo al pensamiento del neopositivismo lógico y de la filosofía semántica, como se advierte en sus propias referencias a los escritos de Frege, Wittgenstein, Carnal, Ayer, etc.
El grupo inglés Art-Lenguage, por ejemplo, emplea el lenguaje de un modo analítico, sometido a un cambio de funciones. En vez, de presentarse como un elemento de una proposición de arte, se convierte en un instrumento sobre el análisis de las ideas sobre arte, en lenguaje-soporte: "Para nosotros el lenguaje es un modo de conservar nuestro trabajo en un contexto de investigación y cuestionamiento". El lenguaje deviene un modo de investigación del arte, una elaboración lingüística desde el punto de vista del arte y del lenguaje.
En más de una ocasión proclaman las construcciones teóricas como las únicas obras de arte o la "declaración" es definida como técnica para hacer arte.
El arte como idea en su sentido estricto provoca la mayor aproximación a un arte de abstracción ideativa, discursiva, con pretensiones epistemológicas hacia el concepto. J. Kosuth, ligado al Art Lenguage, es quien ha llevado a una mayor sistematización la tautología y el arte como idea como idea. Kosuth ha utilizado el lenguaje como medio para comprender su arte, como definición (de universal, mesa, mente, espejo, etc., catalizadores que desarrollan ideas, explicaciones etimológicas de arte desde 1967, etc), en sus famosas obras el Arte como idea como idea. En algunas otras ocasiones lo ha usado como objeto de su arte.
Kosuth está fuertemente influenciado por los filosóficos analíticos y lingüistas, sobre todo, por A. J. Ayer, Wittgenstein, I. A. Richards y otros. Su famosa frase “arte como idea como idea” no debe entenderse en cuanto procedimiento sistemático de abstracción de algo, no tanto como idea de un objeto (presente en ocasiones) como cuanto actitud analítica: "El arte, que llamo conceptual es tal, porque está fundado en una encuesta sobre la realidad del arte". Dado que es el principal representante de esta actitud lingüística y máximo exponente teórico, es oportuno resumir algunas de sus ideas:
Kosuth reacciona duramente contra el formalismo de las artes objetuales, estableciendo una separación completa entre estética y arte, apoyada en una escisión previa entre percepción y concepto, conduciendo de este modo el objeto a su máxima desmaterialización.
El arte conceptual, en consecuencia, no posee vinculación alguna de tipo referencial con el mundo y las cosas.
El arte es una función de sí mismo y de ninguna otra cosa. Se autolimita dentro de un proceso de análisis del lenguaje científico, lógico y matemático despreocupándose de los modelos prácticos y operativos.
Otros empleos del lenguaje.
El lenguaje ha sido utilizado de las más diversas maneras. Pero en general su apropiación no pretende definirse como un estilo ni parecerse a una práctica literaria o poética.
En general estas prácticas llevan a sus últimas consecuencias el objetivismo de la ciencia, reduciendo al máximo la ambigüedad semántica hasta conferir un sentido unívoco a sus proposiciones.
Dichas proposiciones, descubren estructuras de un hecho a nivel universal, no particular, y se unen entre sí según las leyes lógicas y las estructuras del lenguaje, negando la referencia a la realidad exterior.
Crítica.
Las proposiciones literaria, asociativa, evocativa y mucho más la descriptiva del lenguaje son rechazadas por los puristas del conceptualismo como algo contrario al "conceptual", precisamente debido a sus vinculaciones referenciales con el mundo exterior. La aversión de las prácticas analíticas y tautológicas hacia las nociones estéticas de la sensorialidad y la materialidad implica una superación de la estética de Kant y Schiller a favor del término noético. El conceptualismo lingüístico analítico tiende a la ruptura referencial del universo Kantiano trascendental e incluso del intencional de Husserl. Este conceptualismo estricto, tautológico, purista, acepta el lenguaje como única materia de investigación, próximo a la filosofía semántica del neopositivismo, tendiendo a eliminar la cuestión de la realidad. De un modo similar, los actuales neopositivistas del arte están interesados en la precisión de los enunciados artísticos que en el arte referencial les repugnan por indefinidos y ambiguos. Estas obras pretenden la participación activa del espectador.
Pero con frecuencia el despertar esta actividad es tan doloroso e insoportable, que provocan el aburrimiento y agotamiento.
Pero a su vez, el abuso lingüístico, precisa de amplios conocimientos interdisciplinarios, pero su oscurantismo y hermetismo llega a ser irritante.
En algunas ocasiones la naturaleza anti-objetual se ha identifica-do con la tendencia mística, propugnada por el propio Sol. Lewitt indicaba: 1) "Los artistas conceptuales son místicos más que racionalistas. Abocan a conclusiones que la lógica no puede aceptar". Este sentido místico afecta a una mística mundana, vitalista, manifiesta en declaraciones lingüísticas realizables sólo a nivel imagintaico, bastante en la línea de la propia evolución de fluxus, como pretendía ya desde 1963, Flynt.
Si relacionásemos esta mística mundana con el intuicionismo, el abandono al inconsciente, sería posible ampliar este conceptualismo místico a todas las experiencias, lingüísticas o empírico-mediales, que cifran todo en la espontaneidad creativa y en el subjetivismo más exacerbado. Sería la versión menos autor reflexiva, más distanciada de la práctica conceptual.
La vertiente empírico medial.
Numerosas prácticas no se han limitado a las especulaciones tautológicas o filosóficas sobre el arte, sino que han desbordado en inmanentismo y solipsismo neopositivista. Reivindican la relevancia alcanzada por la imagen, como factor de la inteligencia simbólica individual y colectiva, y de la percepción como forma de co-nocimiento y de apropiación de lo real. Realizan una verdadera investigación de la fenomenología de la percepción en sus variantes, así como de las dimensiones semióticas de la obra. Estas manifestaciones no son consideradas “conceptuales” por la ver-tiente purista y sus apologías y las antologías apenas se refieren a ellas.
Algunas notas y determinaciones:
Concepto y visualización
En oposición al conceptualismo lingüístico, sobre todo, al analítico y tautológico, esta segunda vertiente no sólo se opone a la materialización, sino que le proyecto tiende a su realización fáctica, empírica o mental. El propio Sol Le Witt es considerado el iniciador de la misma.
Las experiencias más frecuentes son las que acuden a los registros lingüísticos estrictos y a los visuales o perceptivos en general. El mismo Kosuth, por encima de su purismo ideológico no se liberado del carácter referencial en su explicación de conexiones, relaciones y analogías entre le lenguaje y la percepción visual. Su ejemplo más conocido One and three chairs, 1965, trata de eliminar toda ambigüedad y se ofrece a tres niveles:
1. presentación de un objeto cualquiera,
2. fotografía del mismo, y
3. definición extraída del diccionario. Kosuth, muy ligado aún a su tautología, pretende conseguir con ello la mayora univocidad e impedir todo sentido connotativo, asociativo, que no haga referencia a sí mismo. Los tres niveles afectan a la distinción entre realidad, definición y realidad del signo.
El conceptualismo empírico medial no sólo no rechaza la percepción o restablece su relación con el conocimiento, sino que reivindica y profundiza en el análisis de la percepción como fundamento del conocimiento. Frente al espíritu de la vertiente lingüística, se recuperan dos momentos.
En primer lugar, la recuperación de ka estética como ciencia de la lógica de la percepción, entendida en su naturaleza activa y crea-dora. El primado de la percepción, no enfrentada sino vincula da al conocimiento, es de larga tradición desde la propia fundación de la estética, desde la estética de la visibilidad hasta la teoría de la normatividad y fenomenología, por no hablar de las actuales aportaciones interdisciplinarias mencionadas. La percepción es presentada como conocimiento práctico y teórico, los sentidos como teorizados.
En segundo lugar, propugna salvar la distancia entre la experiencia vaga, confusa, de la realidad y su reducción a un orden y claridad en un proceso gradual, haciendo conscientes y analíticas las imágenes perceptivas.
Más allá de las tautologías y etiquetas.
Las prácticas examinadas se debaten aún en el horizonte del arte establecido, oscilando entre las tentaciones tautológicas y su superación. Sin embargo, sin formular aún propuestas demasiado explícitas, están en condiciones de desbordar las tautologías e instaurar una autorreflexión crítica en las propias condiciones de producción, no sólo en su sentido específico sino en general más amplio. De lo expuesto anteriormente se desprenden consecuencias o, al menos, pueden ofrecerse como propuestas a partir de las metodologías analizadas.
Hemos visto, cómo el “conceptual”, en líneas generales, abandona los medios tradicionales y se sirve de cualquier tipo de medios. Se apropia por lo tanto, de los nuevos modos productivos de comunicación, vinculándose progresivamente a los “nuevos me dios”. En gran parte, su investigación está medio camino entre los medios artísticos tradicionales y la teoría de los nuevos medios, en la zona intermedia entre la imagen estática y la dinámica.
Asimismo, esta tendencia, acentúa tal vez más que ninguna otra, la actividad del espectador, instaurando procesos. El arte deviene un proceso permanente. Los índices, ofrecidos por la obra, los elementos signaléticos, indicativos, lo inacabado, provocan e impulsan el proceso productivo de la recepción-creación. En lugar de los tradicionales objetivos, el “conceptual” instaura procesos artísticos, es decir, procesos comunicativos de un valor polifuncional, en los que el receptor, en vez de aceptar pasivamente lo da-do, protagoniza operaciones activas. La materialización puede considerarse como la documentación de un proceso mental o una ocasión, para que el receptor inaugure el proceso mental, cuya dirección se prescribe por la documentación, pero no se determina totalmente según su contenido. El arte conceptual, es ante todo un arte de documentación. La propuesta final sería la desaparición de los polos creador-espectador, del emisor-receptor, abogando por la socialización de la creación no sólo en el sentido de una reversibilidad sino de una reciprocidad.
Resumiendo, se cree que estas prácticas “olvidando etiquetas” están en condiciones de realizar análisis con implicaciones para las diversas dimensiones perceptivas y semióticas y convertirse en órgano funcional para la apropiación de la complejidad de lo real, sobre todo a través de la discusión de los modelos de comunicación social. Está, pues en condiciones de realizar síntesis Inter.-disciplinarias que desborden las tautologías y se inserten más decididamente en el sistema relacional social más amplio.
Más allá de la tautología
Esta necesidad se ha dejado sentir en diversos países, sobre todo en aquellos donde, tras una primera apropiación mimética de las tautologías y del colonialismo cultural, estas prácticas se están viendo sometidas a grandes tensiones.
Tensiones provocadas por las contradicciones sociales peculiares. En este sentido, España y Argentina son dos ejemplos de lo que un conceptualismo puro consideraría una versión degenera da del mismo, en especial si uno se detiene en sus propuestas. En Argentina se ha hablado de un conceptualismo ideológico.
Se trata de superar las prácticas tautológicas e inmanentistas, desarrollando sus virtualidades, apurando el propio proceso de autorreflexión. Una autorreflexión crítica, expansiva, sobre sus propias dimensiones, y sobre sus propias condiciones de producción en un sentido específico y general. En esto estribaría el sentido último de un movimiento que continuamos llamando “conceptual” en la perspectiva de práctica significante y social. El conceptualismo, así entendido, no es una fuerza productiva pura, sino social.
La actividad artística, por tanto, se convierte en uno de los modelos específicos de la apropiación práctica de la realidad.
Los medios, por cierto, como portadores de ideología, son hoy día tal vez, más condicionantes en la primera modalidad, que en la segunda. Y una autorreflexión, estará tan interesada o más, en desvelar la función real que la aparente; a no ser en los casos en que la función conativa del mensaje es manifiesta, como ocurre con la propaganda.
Entonces, resumiendo, diríamos que las propuestas del “conceptualismo ideológico” parecen orientarse a veces en esta dirección. Pero hasta ahora existen disociaciones entre las pretensiones y las experiencias concretas. Esperamos que sea sólo un fenómeno coyuntural propio de la superación y del crecimiento.
El arte conceptual, funcionó como una tendencia artística que se desarrollo a mediados de la década de 1960, en la que el concepto tomaba preferencia, frente al objeto real. En dicha época, diferentes artistas, coincidían con que este "arte conceptual", se basaba en el examen de la propia naturaleza del arte.
Dentro de este “arte conceptual”, podemos decir que los artistas intentaban llegar a un concepto de arte, o sea, que buscaban anteriormente, al concepto de este dentro del producto real, que al de la obra de arte en sí misma.
Si tomásemos como ejemplo de arte conceptual al portabotellas de Duchamp, se puede decir que se muestran dos grandes diferencias: la de Arthur Danto, que dice que dicho portabotellas con-forma una obra en cuestión y la que mantiene que no consiste en algo comercial sino en el acto o el gesto de proponerlo como una obra de arte. Diferentes artistas atribuyen que el acto de la propuesta depende de la naturalidad del objeto propuesto ya que con una mayor naturalidad se obtiene una mejor obra conceptual. Lo artístico no tiene que ver siempre con lo estético.
Respecto al portabotellas, se puede decir que los espectadores de ese happening tendrían que estar en ese momento para percibir el verdadero significado que se le ha querido aportar.
Si se quiere analizar a la obra de Duchamp, en base a una obra actual o moderna se podrían diferenciar varios aspectos, aunque los más significativos o contundentes serían los que marcan que la obra moderna es aquella en la que el ser humano, expresa lo material o ideal y crea en base a una copia o fantasía sin importarle nada más ni nada menos que lo que obtendrá como producto final. Por ello, anteriormente se perseguía al concepto de una obra de arte, y no al producto final ni real.
Trabajo enviado por
Celeste Fiori
elvuelo@ciudad.com.ar
Arte conceptual, entornos y happenings
¿Qué quiere decir la gente cuando usa la frase "arte conceptual"?
Surgen dos significados principales:
Primero, el examen de lo que entendemos bajo el concepto "arte".
Segundo, el propio concepto como arte: modelos intelectuales separados de cualquier interés por la concreción.
En consecuencia, la respuesta es menos precisa que lo que uno querría, pero la dirección indicada es clara: hubo un cambio de la atención desde la concreción física hacia la "idea" del arte. A menudo se ha supuesto que la propia concreción ya no tiene gran importancia: unas pocas declaraciones en un pedazo de papel servirán del mismo modo que una obra producida por los métodos tradicionales y en materiales tradicionalmente aceptados.
Aun aquellos artistas que continúan haciendo escultura o pintura sobre tela han sido afectados por la nueva manera de pensar, ya que la obra de arte puede ser vista esencialmente como el plano de un proceso de pensamiento, una reseña visible de todos los pasos que han sido necesarios para lograr un determinado resultado final.
De aquí el uso frecuente de etiquetas como "proceso" y "sistema".
Quizá Tom Phillips sea el pintor más interesante que usó los métodos tradicionales para un nuevo propósito. La obra de Phillips es difícil de definir en términos de estilo, pues él intenta encontrar un tratamiento adecuado para la solución de cada problema a medida que éstos se van presentando. Su obra más conocida es una vasta serie de grabados y dibujos en la técnica "resaltada" derivada de William Burroughs, conocida colectiva-mente como Un humanomento.
Esta obra está inspirada en una novela victoriana poco conocida, Un Monumento Humano, de W. H. Mallock. En sus notas sobre el proyecto, señala: "Hasta ahora he extractado más de seiscientos textos y aún tengo que encontrar una situación, manifestación o pensamiento cuyas palabras no basten para atraparlo o cuyas frases deban ser modificadas para abarcarlo".
Pero la herramienta preferida de Phillips es la conjetura, y especialmente la reconstrucción conjetural de algo parcialmente borrado o destruido. Está fascinado, por ejemplo, por los cambios producidos por las reproducciones baratas en color, especialmente las de tarjetas postales, y ha creado muchos cuadros basados sobre la imaginería empleada en éstas. Una serie completa se deriva de una sola tarjeta, mostrando el interior de una galería de arte (la Galería de Arte Mappin de Sheffield), de la que pacientemente reconstruye cada pintura exhibida en las paredes. Lo que le interesa aquí es la manera en que las representaciones de lugares comunes del arte victoriano se han vuelto "ya sea oscuras, crípticas o audaz y proféticamente abstractas".
La corriente principal del arte conceptual, sin embargo, trata de alejarse lo más posible de la idea establecida de cómo debe ser una obra de arte. Un dirigible plateado tamaño natural, obra de Panamarenko, llenó un gran salón en la Documenta de Kassel en 1972. Panamarenko está obsesionado con las máquinas voladoras, pero principalmente con aquéllas de los primeros días de la tecnología de la aviación. Inventa nuevas variantes de éstas, pero aparentemente sin la esperanza de verlas ir por los aires. Está contento con que sean presentadas al espectador como una fuente de experiencia estética. A menudo, parece sentir que los dibujos o planos pueden servir igual que el propio objeto.
En la misma exposición, un sistema de agua circulante consistía en un tanque, un rollo de manguera plástica, una bomba y un caño que producía un poderoso chorro. Era la corriente de líquido, más que el mecanismo usado para producirla, lo que constituía el centro de la demostración. El objeto de arte era en consecuencia inasible en el sentido más literal, y lo que tenía que ofrecer era simplemente la experiencia de presenciarla por un momento.
Podría sugerirse que esta demostración pretendía ser una especie de información sobre la energía de las fuerzas naturales; interpretación igualmente aplicable a una bien conocida pieza de "arte corporal'. de Dennis Oppenheim, en donde dos fotografías documentan el efecto de una quemadura de sol. Pero el hecho más evidente es que el arte, en ambos casos, se ha tornado en una demostración simplista de las leyes físicas, sin ninguna identidad propia especial.
Curiosamente, una de las rutas por la que los artistas han llegado a actividades de este tipo es a través de una exageración del tamaño físico y la presencia de la obra. No contentos con que el espectador revise lo que hacen en conjunto, desde una distancia
elegida por sí mismo, han creado el entorno-que-todo-lo-abarca. El entorno, en su forma más simple y básica, está representado por las cuatro chapas de acero de Richard Serra, apoyadas sobre sus bordes como para dividir el espacio de una habitación grande. (La totalidad ilustrada en la foto no puede ser observada por nadie que esté en el cuarto.) Lo que hicieron fue modificar el espacio, de manera que no había ya ninguna posición desde donde éste pudiese experimentarse en su totalidad.
El Concepto del entorno es muy anterior a la década del setenta.
Quizá los más celebrados ejemplos en la historia inicial del arte moderno fueron las sucesivas Merzbauten (Construcciones Merz), creadas por el artista dadaísta alemán Kurt Schwitters, la primera de las cuales se hizo en su casa en Hanover desde 1920 en adelante.
Con la llegada del pop art, el medio ambiente tomó una nueva y especial importancia. Había varias razones para esto. Una era que el pop se especializaba en lo "dado", lo que llevó a los artistas a experimentar con la reproducción literal de la realidad. Las obras más ambiciosas de Edward Kienholz entran en esta categoría. Estaba, también, el gran interés de los artistas por los fenómenos de la cultura popular, entre éstos, experiencias como pasatiempos y espectáculos de parques de diversión; el "Túnel del Amor", por ejemplo. Pero lo más importante de todo era la creciente insistencia de que todos los sentidos del espectador debían comprometerse, que la obra de arte debía ser considerada no tanto como un objeto para ser tomado y retenido, sino como un mecanismo para producir una sensación particular, o una serie de sensaciones.
La cuestión ya no era más " ¿qué es?" sino " ¿cómo debo reaccionar ante esto?".
El énfasis se había alejado aun más de lo objetivo hacia lo subjetivo.
El proceso se aceleró cuando a los entornos se les unió lo que se llamó "happenings". El culto del happening creció súbitamente en el mundo del arte norteameriano de fines de la década del cincuenta y principios de la del sesenta. Pero también tenía raíces en el pasado. Schwitters, adicionalmente al Merzbauten, había imaginado un teatro Merz. y los dadaístas, como los futuristas rusos e italianos que les precedieron inmediatamente, habían canalizado mucha de su energía creativa en presentaciones teatrales.
El happening realmente comprendía la extensión de una sensibi-lidad "artística”, o más precisamente una sensibilidad "collage-entor-no" a una situación compuesta también por sonidos, duraciones de tiempo, gestos, sensaciones, incluso olores. Sus raíces permanecían en el estudio del artista y no en el teatro. No se suministraba al espectador un modelo de libreto y carácter; en cambio se lo bombardeaba con sensaciones que debía ordenar bajo su propia responsabilidad. Ésta era la esencia de una obra como El patio de Allan Kaprow. Aquí uno de los ejecutantes era un hombre que andaba lentamente en bicicleta, en círculos alrededor del espacio de la representación. Lo que usted elaborase con esto, si se encontraba allí, era cuestión suya.
Muchos artistas pop, incluyendo a Jim Dine y Claes Oldenburg, estuvieron mezclados con los happenings. Quizás el más recordado de todos los eventos de Nueva York en este período sea El accidente automovílistico de Jim Dine, que se representó en la Galería Reuben en noviembre de 1960. Las fases sucesivas (que duraron como veinte minutos en total) eran una alegoría de las palabras del título.
En los Estados Unidos, la moda de los happenings decayó, no sólo a causa de que los propios eventos perdieron su novedad, sino porque su papel les fue gradualmente robado por el teatro experimental o teatro-fuera-de-Brodway. Éste adoptó no sólo muchas de las técnicas, sino también el nuevo ethos que los happenings ayudaron a crear. En general, desde principios de la década del sesenta, la narrativa ha jugado una parte cada vez más pequeña en el teatro de avant-garde e igualmente ocurrió con la creación de carácter. Estos cambios brotan del arte contemporáneo.
Muy bien podría haber sido el mayor conservadorismo de las actitudes culturales en Europa el que hizo que, a pesar de que los happenings dejaron súbitamente de estar de moda en Norteamérica, hubiera un surgimiento del entusiasmo por ellos a través del Atlántico, donde se los describió generalmente como "eventos". Los países donde había quizá más actividad eran Inglaterra, Alemania y Austria. Fuera de Europa, se crearon eventos espectaculares en Japón.
Los espectáculos montados por los europeos diferían en muchas maneras de los happenings norteamericanos que les precedieron.
Eran más abstractos, menos específicos incluso que sus predecesores.
Gran parte de su energía iba a la exploración de situaciones extremas. A veces, evidentemente, los artistas que tomaban parte en ellos parecían concentrarse en una búsqueda desesperada de lo inaceptable, de algo que los devolviese a la posición de rebeldes y enemigos de la sociedad. Al mismo tiempo, estos eventos europeos eran marcadamente más intelectuales que lo que se había hecho en los Estados Unidos. Había menos disposición para considerar esta forma de actividad como un mero retozo en el mundo del arte.
En Inglaterra es típica la obra de Stuart Brisley, que combina imágenes de distanciamiento con otras que parecen preparadas para provocar rechazo o náusea. Al mismo tiempo, el artista está atado a varias limitaciones físicas. La actuación se vuelve algo que el participante debe forzarse a aguantar y el espectador, naturalmente, es consciente de esto. Para un evento, Brisley pasó muchas horas casi sin moverse en un baño lleno de agua y vísceras de animales.
La obra aún más extrema, violenta y terrorífica pertenece a varios miembros del Grupo Viena en Austria; entre ellos Hermann Nitsch, Otto Muehl, Günther Brus y Rudolf Schwarzkogler. Muchos de sus eventos y acciones son irrefrenadas expresiones de fantasía sadomasoquista. Nirsch ha pretendido que toma sobre sí "lo aparentemente negativo, desabrido, perverso y obsceno, la pasión y la histeria del acto de sacrificio de manera que USTED se evita el desdoroso, vergonzoso descenso hacia el extremo".
Esto, válido o no, es un ejemplo de la aspiración hacia la intelectualidad, desconocida para los realizadores norteamericanos de happenings de principios de la década del sesenta.
El polo opuesto a la obra de este tipo estaba representado por el Estilo Bonito, la actitud estudiada, y las "performances" de los ingleses Gilbert y George.
Recientemente lograron una tremenda reputación con una pieza llamada Escultura cantante, que se repitió muchas veces en diferentes lugares. La presentación era en extremo simple, los dos ejecutantes, con manos y caras doradas, se paraban en un pedestal y hacían mímica con una grabación de la canción de comedia musical "Bajo los arcos", La idea, si había alguna, era la preocupación por el estilo y la elegancia, El estilo era arrancado de su contexto y examinado como una entidad separada, Se escudriñaba también la noción de trivialidad, y, finalmente, se presentaba la cuestión de la división, o la falta de ella, entre el creador y lo que creaba, Gilbert y George se describían a sí mismos como "esculturas vivientes" y hay más de una implicación en el hecho de que todo lo que hacen deba ser considerado como arte,
Un artista que parece tener un propósito muy similar al de estos dos ingleses, a pesar de que en otros aspectos es muy diferente, es el alemán Joseph Beuys. De todos los ejecutores de eventos y acciones, Beuys quizá sea el más discutido. Después de su actuación en la Segunda Guerra Mundial, como piloto de Stuka, fue estudiante de ciencias naturales y luego se dedicó al arte. Su actividad cubrió un amplio campo, pero apuntando gradualmente a la personalidad del propio artista. Desde trabajos emblemáticos, tales como Fetteke, o esquinas gordas, donde la energía plástica amorfa se casaba simbólicamente con la geometría de los ángulos, progresó en la creación de eventos que involucraban extraordinarias proezas de resistencia mayores que las realizadas por Brisley. En una de ellas el artista se paró sobre una caja durante veinticuatro horas seguidas, ejecutando varias acciones complejas al alcance del brazo, habiendo ayunado previamente varios días.
Sin embargo, Beuys no estaba satisfecho con el distanciamiento que esta clase de actividad le imponía. Por lo tanto, en 1967 formó una organización política radical, pero no comprometida: el Partido Estudiantil Alemán. Gradualmente, su principal forma de actividad artística empezó a ser la exposición de sus enfoques políticos, pero a menudo, todavía, con un museo como escenario. En 1972, cuando se lo invitó a tomar parte en una exposición en la Tate Gallery, pasó un día explicando sus puntos de vista políticos a una numerosa y atenta audiencia. En el mismo año, en Kassel, tenía una oficina especial abierta a todos los visitantes, en la planta baja de uno de los edificios de la exposición, y se enfrascaba en diálogos con cualquier visitante a quien le interesase discutir con él o interrogarlo.
En sus recientes contactos con el público, Beuys parece sugerir que el arte, y la intención de hacer arte, están fuera de lugar actualmente y son obstrucciones más que refuerzos para la comunicación de ideas.
El reemplazo del objeto por la idea a veces ha sido justificado con razones tecnológicas. Se ha argumentado, por ejemplo, que el video es el medio artístico del futuro y que la traducción del arte a términos electrónicos impone su propia marca de desmaterialización. De hecho, la experimentación en este campo ha tomado tres diferentes direcciones.
En primer lugar, está lo que podríamos describir como el aburrimiento del video, una continuación de los experimentos hechos por Andy Warhol en algunas de sus películas.
Una pieza de Gilbert y George, Gordon nos emborracha, con las palabras del título repetidas indefinidamente en la banda de sonido, puede tomarse como ejemplo.
En segundo lugar están las cintas grabadas que muestran la distorsión y transformación de la imaginería.
Éstas parecen ser el próximo paso hacia adelante del arte cinético y, en particular, de las cajas de luz de Frank Malina.
Finalmente, hay una especie de video que se escapa de todas las emisiones estéticas y se presenta como una variante de los programas disponibles en la televisión "oficial", una plataforma para portavoces radicales y grupos minoritarios. Uno se pregunta por qué el video de este tercer tipo, que en realidad está comprometido con la polémica y con la información, desea rotularse "arte" y por qué las galerías de arte son lugares apropiados para exhibirlo. Pero entonces uno se pregunta también, por qué Beuys piensa que una galería de arte es un lugar apropiado, y por lo menos un eficiente mecanismo, para diseminar una nueva filosofía política.
El arte conceptual "puro", arte sólo de declaraciones, o arte donde se pide al público que encuentre su satisfacción siguiendo al creador paso a paso en su proceso de pensamiento, sin pedir a éste que tome una forma más concreta que palabras o diagramas en papel, parece también sufrir de esta forma de impropiedad en un grado aun más fuerte. Evidentemente, la naturaleza pública de una exhibición artística muy a menudo parece inadecuada para lo que está siendo hecho por el artista conceptual. Partiendo del uso deliberado de materiales y técnicas "inapropiadas", como en el caso de Dubuffet, el arte del siglo XX ha progresado hasta un deliberado desajuste con los medios de expresión y con el marco dentro del cual existe.
En parte, por lo menos, esto parece una inevitable consecuencia de las transferencias de interés desde el objeto artístico hacia el artista. El artista moderno desea destacarse cada vez más como su mejor y más auténtica creación.
El ingenio que brilla en Soy un verdadero artista, por el conceptualista británico Keith Arnatt, parece ejercido a expensas de la profesión que ha elegido. Mientras propone la cuestión de una definición válida de la realidad -como se pretende que haga-, propone más peligrosamente la cuestión de una válida definición del arte.
Si todos los valores residen en la personalidad del artista, que logra un momento de autorreconocimiento, y entonces le está permitido hacer cualquier demanda que desee al público, ¿entonces no podemos protegernos de la charlatanería? Éste es un temor que ha sido expresado miles de veces desde el comienzo del movimiento moderno, pero nunca ha parecido tan válido como ahora.
Hay culturas, por supuesto, en las que ciertos individuos tienen la cualidad, el mana, y no se les pide más que eso. Los filósofos budistas a menudo parecen tener justo ese tipo de relación con los que los rodean. Pero, en conjunto, esas culturas tienen poco tiempo para el "profesionalismo" como lo entendemos en Occidente.
Lo que ahora está en conflicto es la nueva visión que el artista tiene de sí mismo y la visión que el público tiene de él, y la lucha se hace más aguda por el hecho de que el arte de la extrema avant-garde, ahora se destaca por su casi total dependencia de la subvención gubernamental. Se ha escapado del mercado para lanzarse sobre la misericordia de la burocracia cultural. El atractivo público que tiene es el atractivo de la curiosidad. Puede ser radical en política, pero es profundamente elitista en sus actitudes para con el público.
Pero, aceptados estos defectos, uno debe reconocer que el artista moderno continúa explorando su propia humanidad y las posibilidades de la imaginación humana con admirable y aun heroica persistencia. Algunos artistas se inclinan a proponer un veredicto Completamente negativo sobre el futuro del hombre, pero la mayoría todavía parece ver al arte Como expresión de fe en lo que le pueda suceder a la humanidad.
Estos contenidos pertenecen al libro Movimientos en el Arte desde 1945 por Edward Lucie-Smith.
HISTORIA DEL ARTE CONCEPTUAL
La exposición del MamBo titulada 90: Desplazamientos y un artículo de la revista El Malpensante reabren el debate sobre la validez del arte conceptual.
A finales de la década del 70, el artista Miguel Ángel Rojas sorprendió con una exposición en la galería Garcés Velásquez donde presentó una reproducción fiel de los baños del teatro Faenza, entonces punto de encuentro informal de homosexuales. Algunos consideraron que se trataba de un alarde innecesario de reproducción de la realidad y otros pensaron que simple y llanamente eso no era arte. Pero un grupo de artistas, curadores y galeristas lo vieron como un paso en la dirección del llamado arte conceptual.
Arte en movimiento, técnicas nunca antes usadas, el arte conceptual ha despertado controversia en la plástica colombiana desde su aparición. Caracterizado por el empleo de medios no convencionales, su difícil comercialización y su carácter efímero, géneros como el performance, la instalación, el videoarte y el arte en internet han cobrado tanta validez, que hoy las escuelas de arte le han abierto espacio a estas manifestaciones. Martha Morales, directora de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional, reconoce que aunque "en la actualidad los jóvenes están más interesados en el arte contemporáneo que, por ejemplo, en la pintura abstracta, el programa que ofrece la universidad guarda un equilibrio entre lo uno y lo otro".
"Al menospreciar de entrada la sabiduría obtenida al hacer la obra -y hacerla bien- los conceptualistas corren el riesgo de prescindir del todo de la esencia misma de la creatividad" David Thompson, crítico de arte y promotor musical
En Colombia, la década del 90 fue la del despegue del arte conceptual. A partir de propuestas de artistas como Bernardo Salcedo, María Fernanda Cardoso, María Teresa Hincapié, Roberto Sarmiento, Mario Opazo y Luis Fernando Roldán, entre otros, las galerías abrieron sus salas para montajes que se alejaban del arte convencional de los museos y hoy el panorama de los tres primeros años de este siglo indican que el arte conceptual registra niveles de aceptación. Una muestra de esto es la exposición del MamBo titulada 90: Desplazamientos, que constituye un repaso por las más interesantes propuestas de esa década, que fue considerada como de ruptura.
Pero mientras en el museo el arte conceptual atrae visitantes, en la edición 46 de la revista El Malpensante un artículo del crítico de arte y promotor musical, David Thompson, titulado La sinsalida del arte conceptual, augura su muerte: "Con toda la cultura popular y la historia del arte al alcance de sus manos, el artista conceptual se ve, con terrible ironía, cercado por la autocontemplación, mientras el conocimiento lo vuelve impotente. Al final, ¿qué queda? Un chiste, contado con sorna, riéndose de sí mismo".
El debate entre defensores y detractores del arte conceptual es de nunca acabar y la no existencia de algunas de las obras de la muestra 90: Desplazamientos parecería darles la razón a los segundos. Como algunas de ellas obedecen al llamado arte efímero y sólo pudieron ser vistas por poco tiempo -mientras se extinguían-, como las barras de hielo de María Elvira Escallón, que iban cambiando de forma a medida que se derretían, o performances que sólo existieron en su interpretación, el museo las exhibe a manera de registros en video.
Thompson asegura que "el dogma conceptual asume que nada de importancia se puede aprender durante la ejecución de la obra" y agrega que "al menospreciar de entrada la sabiduría obtenida exclusivamente al hacer la obra -y hacerla bien- los conceptualistas corren el riesgo de prescindir del todo de la esencia misma de la creatividad(...). Por su parte, el curador y crítico de arte Eduardo Serrano, director de Artes del Ministerio de Cultura, asegura que el problema del arte conceptual es que el público aun no se acostumbra a él y que eso no quiere decir que sea malo. "Si antes lo que preocupaba al artista era el uso de los colores -dice-, ahora es el manejo del concepto".
"El arte actual, gracias a Marcel Duchamp, atañe principalmente a la inteligencia y a las ideas por encima de la manualidad". Jairo Valenzuela, Galería Valenzuela y Klenner:
El debate sigue abierto y en él también tercia Jairo Valenzuela, dueño de la Galería Valenzuela y Klenner: "El arte actual, gracias a Marcel Duchamp, atañe principalmente a la inteligencia y a las ideas por encima de la manualidad; y su formalización responde en gran medida, a una época y contexto particulares". Pero Thompson insiste en que "lo que conduce al corazón de esta actividad que llamamos 'arte' es la interacción práctica, no la teoría académica".
El maestro Fernando Botero se alinea al lado de quienes atacan el arte conceptual: "El arte ha ido despojándose de expresión, de formas. De arte. Lo que ve uno es un proceso de pérdida que acaba con la pintura. Si Poussin dijo que Caravaggio vino al mundo a destrozar la pintura porque llevó a los lienzos a los campesinos de manos sucias y las vírgenes eran mujeres del pueblo, yo digo que Marcel Duchamp, cuando llevó un orinal a una exposición, hizo lo mismo. Con ese gesto inventó el ready made y la pereza en el arte. Acabó con todo" ( CAMBIO, junio de 1999).
El director de El El Malpensante, Andrés Hoyos, conocido coleccionista de arte y asiduo visitante de museos y galerías, asegura que antes de convertirse en detractor del arte conceptual asistió a muchas exposiciones y que al final se dio cuenta de que "el emperador estaba desnudo". Está convencido de que "buena par te del arte contemporáneo es un engaño". Pero Valenzuela contra ataca y asegura que, "para su (in)tranquilidad, las obras que responden a problemáticas actuales no se van a acabar, como tampoco se van acabar la pintura y la escultura academicistas". "Se trata de una discusión menor -sostiene Andrés Gaitán, director del departamento de Artes Visuales de la Universidad Javeria na-. Al arte no hay que buscarle significados, el arte es arte sin importar la etiqueta".
Como es posible que no haya acuerdo sobre si el arte conceptual tiene o no la misma validez que la pintura y la escultura que todos reconocen como arte, lo que es evidente es que el divorcio entre los dos tipos de manifestaciones ha hecho que, como dice Serrano, "los museos y los festivales sean el espacio para las formas tradicionales, mientras que las galerías y las bienales lo son para las de vanguardia". Las pugnas entre tradición y vanguardia son de siempre y no será esta la primera vez que se resuelva.
Técnica y concepto
CAMBIO consultó a artistas colombianos sobre la polémica que despierta el arte conceptual, técnica vs. concepto.
Luis Fernando Roldán (pintor)
"No creo en la disputa entre técnica y concepto porque una obra de arte debe estar tan bien hecha como bien pensada"
María Isabel Rueda (fotógrafa))
"Creo que la técnica es como un lenguaje, aprendes las vocales y las consonantes; luego armas palabras; luego estructuras oraciones y cuando menos te das cuenta, hablas. No existe tal enfrentamiento".
Juan Lear (instalación, performance)
"No creo que exista una pelea: existen un presente y un desarrollo que generan ideas y actitudes para enfrentar incoherencias. Así se formulan nuevas preguntas que siempre serán el motor de la cultura".
Vicky Neumann (pintora)
"El trabajo puramente conceptual, desprovisto de una técnica que seduzca y comunique, me parece árido. Pero asimismo no hay trabajo que se sostenga sin un concepto, una actitud o una búsqueda que lo estructure".
Adriana Arenas (videoarte)
"La idea artística existe primero, luego la técnica. La tecnología es una herramienta, no la razón de ser".
Ana Adarve (fotógrafa)
"En una obra de arte concepto y técnica coexisten independientemente pero conforman una unidad dentro de la cual no debería haber espacio para pugnas".
Catalina Mejía (pintora)
"No creo que el problema sea de técnica versus concepto, pues la técnica no es más que un instrumento. Son características distintas que se necesitan, algo así como el silencio y el sonido".
Los primeros pasos
La discusión sobre arte conceptual podría remontarse a Marcel Duchamp y los dadaístas de principios del siglo XX, pero sólo hasta después de la Segunda Guerra Mundial se percibe una ruptura clara con el concepto tradicional de arte. Primero se abandonó la composición pictórica convencional y las referencias al ámbito académico por artistas como Pollock de EU, Mathieu de Francia, Wols de Alemania y Appel y Jorn del Cobra Group, que al igual que Duchamp no sacrificaron el valor de la obra de arte.
Al mismo tiempo surgió el performance que hicieron artistas como John Cage, cuya teoría de los procesos al azar combina la filosofía occidental con la fenomenología oriental y libera el arte de sus preceptos convencionales. Introduce el azar en el arte como técnica para distanciar el arte del egocentrismo del arte desde el Renacimiento. En Japón surge el Gutai Group (1954), en Francia George Mathieu y luego Yves Klein, en Nueva York, que introduce el término happening (1959). Se trataba de desechar materiales y métodos convencionales, cargados de características culturales, sociales y políticas burguesas. La idea era desmitificar el valor del objeto de arte y poner el concepto de creatividad en contacto directo con la realidad.
A finales de la década de los 50 y principios de los 60 surgieron grupos gestores de nuevas ideas y soluciones, como American Pop y Brithish Pop, Les Nouveaux Réalistes, La Figuration Narrative y Fluxus que culminaron entre 1967 y 1972 en un grupo que creó el arte conceptual.
El arte conceptual como síntesis de las ideas y reflejos artísticos derivados de todos estos movimientos, indefinible en su estilo, material o forma, tiene que ver sobre todo con ideas y signifi-cados. Sus productores y defensores dicen que se trata de un arte vivo que se alimenta de los hechos y acontecimientos sociales, de un arte activo que obliga a participar y a opinar, de un arte que no deja a nadie impasible.
TOMADO DE LA REVISTA CAMBIO
C O N C E P T U A L
A partir de la década de los sesenta las artes plásticas dan un giro importante abandonando las poéticas de índole romántico-idealistas. A partir de este momento inciden sobretodo: la tendencia sintáctico-formal por una parte, la semántica-pragmática por otra, donde se presta menos atención a la sintáctica de las formas. Ambas alternativas sobrepasan las fronteras institucionalizadas de los géneros artísticos heredados de la tradición, y en una tercera tendencia se cuestiona el estatuto existencial de la obra como objeto,
Sin el arte tradicional predominaba el objeto sobre la teoría, en el modelo sintáctico-semántico, desde la abstracción, se da un equilibrio hasta pasar a situaciones límite donde la teoría es más importante que el objeto (arte conceptual). Tan necesario como percibir la obra concreta es actualizar los conceptos teóricos anteriores a la misma, sus presupuestos productivos y receptivos.
Anteriormente a lo que vamos a desarrollar hubo manifestaciones que ya preconizaban esta tendencia pero que en su momento no fueron admitidas o lo fueron tarde y por ello hay diversas facetas en el arte objetual que hoy nos ocupa. Las tendencias objetuales se refieren en sentido estricto a aquellas donde la representación de la realidad objetiva ha sido sustituida por la presentación de la propia realidad objetual, del mundo de los objetos. Parece claro que no se trata de enfrentamientos objeto-antiobjeto pues esto no lleva a ninguna parte ya que, no toda obra que utilice los medios tradicionales es desdeñable, ni lo conceptual se reduce a lo antiobjetual. Asistimos en este enfrentamiento más a un cuestionamiento del objeto artístico tradicional que a una superación absoluta del objeto. frente a un concepto estrecho del arte, ligado al arte del caballete casi exclusivo, se aboga por la expansión de los dominios del arte. Se trata de una recuperación teórica y práctica de aspectos extra artísticos, incluidos los antropológicos y los sociológicos.
Frente a la mentalidad optimista del arte tecnológico y su subordinación a la razón instrumental, se han afianzado las tendencias antitecnológicas. Y paralelamente a esta tendencia alcanza relevancia la noción del azar o lo casual como principio compositivo de una parte de estas manifestaciones. La recuperación del azar significa una vuelta a las fuentes de la vivencia, a la naturaleza. Y esta relación a la naturaleza es doble: a la del individuo y a la ambiental. Esta fue una tendencia que pretendía aliar la revolución con la utopía estética. Por otra parte la apropiación de la realidad como elemento artístico se realiza con todas las cargas de significantes del fragmento declarado arte. “La hostilidad al objeto artístico tradicional, la extensión del campo del arte, la desestetización de lo estético, la nueva sensibilidad en sus diferentes modalidades, se insertan en la dialéctica entre los objetos y los sentidos subjetivos, en la producción son solo de un objeto para el sujeto sino también de un sujeto para el objeto, y en la práctica teórica de los sentidos, reivindicando los comportamientos perceptivos y creativos de la generalidad”. Esto resumiría en que consisten las nuevas tendencia y sus objetivos.
Se pretende poner en cuestión el arte dominante, o mejor dicho su práctica. Hay una reacción antigalería, antimuseo, etc. y favorecer lo social, lo histórico, aunque para ello se cae constantemente en la utopía.
Dando un paseo por estas nuevas tendencias observamos los cambios que se efectúan y su dinámica social, así como sus orígenes y objetivos que son a grandes rasgos los que ya hemos enumerado.
El “collage” tiene sus orígenes en el cubismo, al que sustituyen. Esto significa que el objeto que quedaba excluido del concepto del arte quedaba aceptado como obra de arte, naciendo de esta manera el arte objetual independiente. Este es el inicio del “principio collage” que se extenderá a lo largo de todo el siglo XX. El “collage” restablece la identidad entre la representación y lo reproducido. Los materiales reales no son sólo objetos de uso que están subordinados a la obra de arte, sino que por si mismos poseen unos valores estéticos que anteriormente no poseían, y se les eleva a la categoría de arte.
Desde el punto de vista semántico, hay una alegoría, por medio de ésta el objeto pierde su sentido único para explorar su riqueza significativa.
Aunque hubo artistas como Picasso, Tatlin, … que iniciaron este paso a lo objetual, fue M.Duchamp quien dio el paso decisivo hacia el arte tanto objetual como conceptual. Su envío de la obra “Fuente” (bajo el pseudónimo de R.Mutt) y declarándola obra propia por el mero hecho de haberla elegido y haberla predispuesto para ser un pensamiento nuevo, según sus propias palabras. Esta acción supone en primer lugar la aproximación del arte a la realidad, es decir formula la fusión arte = vida. Y en segundo lugar Duchamp libera a los objetos de sus fines de utilidad y consumo recuperando su apariencia formal proclamando el principio de cualquier cosa puede ser motivo de una articulación artística.
Para Duchamp este gesto era una provocación artística contra el concepto y objeto del arte burgués. Y éste gesto de provocación es considerado como arte. Con ello crea una metamorfosis entre lo real y su apropiación por su creador. Duchamp es el pionero del arte “objetual” y del arte “conceptual”. Pues sostiene al mismo tiempo el polo físico de la permanencia y el mental de la elección y metamorfosis significativa.
Los dadaistas utilizaron el “collage” pensando que la utilización de objetos no artísticos desembocaría en un “anti-arte” a una superación de la frontera “arte-vida”.
Fue K.Schwitters quien conservó sus provocaciones dentro del arte y otro pionero del arte objetual neodadaista. Éste aprovechaba los materiales de deshecho encontrados, todo lo dado, como material para realizar sus obras “Merz”, cuyo objetivo era la creación de relaciones entre todas las cosas del mundo, con la pretensión de unir arte y no-arte en la imagen total “Merz”.
En el “Objet trouvé” el surrealismo continua la tradición antiburguesa y antiartística del dadaismo. Es más importante la transformación del espíritu, la provocación constante que la obra de arte.
En el “Objet trouvé” no hay un orden establecido, es el azar el que hace que varios objetos se relacionen, se encuentren y emerja algo que impacta en el espíritu del artista y lo considere su obra. Esta obra aparece por casualidad, nunca en el sujeto, en el artista no ha habido un fin preconcebido, la obra ha surgido del azar, en el momento que la unión o dispersión de objetos ha ocasionado el impacto espiritual del sujeto. El “objet trouvé” se convierte en algo encontrado y cambiado por casualidad en una elección promovida por estructuras psíquicas impulsoras de vivencias. Este retorno surrealista al azar implica una aproximación a la realidad y a la vida vivencial.
No quisiera convertir este trabajo en un resumen de las diferentes corrientes del arte objetual que nos ocupa. Por lo estudiado, todas ellas: “assamblege, ambientes, fluxus” etc., buscan un impacto social, por un lado quieren salirse del mercantilismo existente en el arte y en la sociedad, por otro no se conforman en que el arte no es sólo caballete sino que cualquier objeto cotidiano, real puede ser objeto de arte, incluso los sujetos, situados de manera casual en un ambiente forman parte de ese arte.
El arte objetual se basa en la provocación, en hacer que la gente despierte de su rutina y se enfrente a la vida de una manera diferente, no aceptando lo establecido. Cualquier gesto, cualquier objeto por inútil que parezca, puede ser utilizado para crear, sino belleza, algo diferente, algo que haga pensar que hay más de lo que nos presentan, que se sea el propio artífice de la propia vida, no de una vida alienada.
El arte objetual intenta que el sujeto no sólo sea espectador, sea parte de la obra, partícipe y, se aleje de los convencionalismos, para ello utiliza todo aquello que la vida, la naturaleza nos ofrece.
La acción transformadora del arte habitualmente se desarrollaba en el plano urbano, aunque por sus condiciones lo mismo se puede trasladar al mundo natural, a la propia naturaleza. El surgimiento de movimientos ecologistas, al observar los problemas reales que padece el mundo natural, hace que esta provocación a nivel urbano se traslade al exterior y se reivindiquen problemas también sociales que más tarde o más temprano repercutirán en la vida de los sujetos.
En un principio cabe pensar que lo que ocurre lejos o en un entorno que no comprendemos, no nos puede afectar, o no lo puede hacer tan directamente como lo que nos ocurre día a día, eso no es así y todo aquello que destruye la naturaleza nos afecta más directamente que otras más cercanas.
Pero estos problemas, este componente social ¿qué implicaciones estéticas tienen? ¿cómo podemos considerar arte lo natural y cómo lo podemos expresar? Unos pequeños apuntes nos vienen del “fluxus” en la que se dice o se proclama todo lo no artístico en artístico: el canto de un pájaro, un chaparrón, etc. Esta tendencia es una especie de anti-arte, cuyos objetivos son más sociales que estéticos, aunque como todos los demás busca la provocación y la salida de lo tradicional.
En el arte “Povera” encontramos otra implicación directa entre arte y naturaleza. En él los materiales son los protagonista principales de las obras: troncos, tierra, papeles, sacos, etc. En el arte “Povera” el artista trabaja junto al biólogo o ecólogo, investigando el crecimiento vegetal, las reacciones físicas y químicas, las propiedades de los minerales. Se acerca al reino natural para descubrirlo en alguna de sus potencialidades físicas y energéticas.
En Estados Unidos se acentúa más el lado procesual y se habla de la noción de “simbiosis” en la que se siguen los pasos de cambio y transformación de la naturaleza. El arte “Povera” o ecológico se expresa a través de las propiedades de sus materiales y su sentido se compone de todo el proceso cambiante, en cada momento del mismo.
Porque parece un arte poco comunicable debido a que su expresión simbólica se esconde en las propiedades de cada material utilizado, esto no quiere decir que no tenga connotaciones simbólicas. R.Morris lo expresa del siguiente modo: “Lo que está siendo atacado es algo más que el arte como icono. Lo atacado es la noción racionalista de que el arte es una forma de obra que resulta en un producto acabado. Lo que el arte tiene ahora en sus manos es materia mudable que no necesita llegar a un punto de tener que estar finalizada respecto al tiempo o al espacio. La noción de que la obra es un proceso irreversible, que desemboca en un icono-objeto estático, ya no tiene relevancia”. El arte “Povera” puede presentar como una reacción al mundo tecnológico, con una cierta vena romántica.
Esta clase de arte como otros más tecnológico o urbanos tiende a concienciar al espectador de la situación estética, social o ambiental de las cosas y provocar reflexiones y posiciones críticas ante ella. También comparte con otra tendencias el aprovechar cualquier ambiente o situación, cualquier objeto , por insignificante que parezca, para provocar la sensibilidad del espectador y hacer ver que el arte no tiene porque seguir los cánones tradicionales para ser arte.
Según Morris el arte “Povera” no se queda en lo físico, sino que sus fines y prioridades pueden ser intenciones y por tanto tiende a un arte conceptual.
Como culminación del arte “Povera” y abandonando el marco de los museos, galerías, etc. aparece el “Land-art”, que traslada sus obras al contexto natural donde son realizadas: la montaña, el mar, el desierto e incluso a veces la misma ciudad.
Su campo de acción es la naturaleza física en un sentido amplio, tanto al exterior natural, como la transformada industrialmente, convertida en material artístico de configuración.
Se trata este arte de que los mismos espacios naturales, a veces con retoques, sean objetos artísticos por ellos mismos. Es un retorno a la naturaleza en una acción transformadora sobre la misma, instaurando nuevas relaciones con ellas.
Hay artistas que no consideran a la naturaleza por sí misma, sino como medio y lugar de experimentación, sin embargo, otros han querido mostrar al espectador su inmensidad frente a él. La naturaleza es en sí misma. Hay una competencia entre la acción del hombre y la inmensidad de la naturaleza. Ésta es superior, condiciona la obra. El tiempo es una condición básica en estas obras: cambios de estaciones, erosión, …
El “Land art” rompe inicialmente con las ligazones tradicionales del objeto, con las galerías y los museos, pero continua apropiándose de la naturaleza de un modo estético y artístico, imprimiendo las normas de cada artista.
El problema que tiene el artista en el “Land art” es en mostrar su obra al público. Para ello recurre a la fotografía y a la televisión y vídeo, siendo estos últimos más útiles, porque permiten una toma completa del paisaje, así como la plasmación del tiempo en el proceso. La utilización de estos medios, como es normal, origina las preguntas de si realmente arte es lo mostrado o las técnicas empleadas para hacerlo. Sea como sea, el empleo de técnicas hace que no se contemple directamente la obra y por tanto nos lleva a un proceso mental, a un contexto metalingüístico.
El “Land art” ha ofrecido a nuestra percepción amplios fragmentos de la naturaleza. Con la elección de los escenarios naturales ha querido evocar una unión nueva con la naturaleza. Por tanto amplía el campo de aplicación de la actividad artística y además implica una sensibilidad en el sujeto para percibir estéticamente fenómenos naturales de la índole que sean.
Se le critica al “Land art” el mostrar sólo paisajes lejanos con una débil protesta a la artificialidad del paisaje urbano y no denunciar la violación y degeneración que sufre la naturaleza por medio de la polución y la acción directa del hombre. Ha perseguido más una apropiación visual de la realidad ecológica que la transformación de la misma.
En el “Land art” aún más que en el arte “Povera” se da el proceso conceptual, pues al ser la obra la misma realidad, hace que el espectador descubra cosas que le habían pasado desapercibidas y reflexiones sobre si los valores mostrados tienen un estatus artístico y por qué.
El arte conceptual es aquel donde el “concepto” prima sobre el objeto. Sus tendencias son tantas como las hay en el objetual: desde aquellas que eliminan totalmente el objeto haciendo del arte pura teoría, como el “conceptual” lingüístico y tautológico “el arte como idea como idea”, a aquel que sólo pretende desplazar la atención sobre el objeto hacia el concepto, el proyecto donde el receptor no sea tan pasivo y participe más activamente en la obra de arte. Se trata de procesos de autorreflexión, una autorreflexión crítica, constructiva frente a los sistemas sociales instaurados. Hacer despertar al receptor de su letargo, de su pasividad frente a la vida y se involucre en los procesos de cambio.
El arte conceptual intenta una emancipación de la práctica social actual, que no se acepte la realidad tal y como se nos presenta, sino que se participe de ella, se altere, en una palabra hacer que el arte sea igual a vida. No hay un artista y un receptor, sino que el arte sea un artista-receptor-espectador-emisor, sea el comportamiento, la intención más importante que lo realizado, que el objeto.
La pregunta que surge es: ¿qué implicaciones tiene el arte conceptual con la naturaleza, con lo natural? La respuesta es muy simple, si no hay un cambio radical de conceptos la naturaleza está perdida, y nosotros con ella. Podemos considerar lo natural muy estético, bello, pero no actuamos para que esto continúe así, nos limitamos a observar, mientras día a día se destruyen miles de hectáreas de bosques y selvas así como miles de especies animales. Si además de ecología, la política …conseguimos que por medio de la estética hacer ver esta destrucción de una manera más brutal y participamos en todo aquello que además de arte son conceptos nuevos de vida. Realizamos acciones no sólo para protestar y hacer ver i aceptar que el arte no son sólo cuadros esculturas o edificios sino que también es vida. Algo de lo que nosotros como actores activos también podemos participar y ayudar a cambiar. Ser los artistas de nuestra propia vida, con el entorno que queremos, no el que nos imponen desde el capitalismo y la mercantilización de todo objeto existente sea un cuadro o una flor.
Tanto el arte objetual como el arte conceptual nos infieren que el arte es vida.
BIBLIOGRAFÍA
Marchán, S., Del arte objetual al arte de concepto. Epílogo sobre la sensibilidad “postmoderna”, Ed.Akal, Madrid, 1990.
Arte conceptual - Pintura conceptual
El arte conceptual surge en EE.UU. en 1966 de la crisis que supuso el callejón sin salida de la estética minimalista y concretista.
En el arte conceptual lo que importa es la reflexión sobre la obra (el concepto) y el proceso creativo más que el objeto artístico y sus aspectos materiales.
Para presentar la idea de su obra los artistas conceptuales se sirvieron de métodos diversos: fotografías, vídeos, grabaciones, documentos escritos, realización de actos en público... siendo escasas las manifestaciones pictóricas. Entre éstas destaca la obra de Arakawa.
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ARTE CONCEPTUAL
Nos situamos en Francia a principios de los 50 y finales de los 60. Se da el informalismo que, radical en contenido, era un arte de autor y cuadro, en el que deja el rastro de su drama personal. Las obras mitifican al artista creador.
Europa reacciona a partir de la segunda mitad de los 50 pero es en Francia donde se produce primeramente con carácter mas serio y sistemático. En 1955 se hacen fuertes otras posturas menos subjetivistas e individualistas y que apelan a la colectividad y a lo social.
Es el paso del existencialismo al estructuralismo. El sujeto del existencialismo era el centro; en el estructuralismo el individuo desaparece. En la muerte del autor el autor es una mera función dentro del texto, el significado no está codificado en el sujeto.
Va a haber una reflexión en cuanto a los medios de producción en la sociedad contemporánea dentro del marxismo. Viene a dar cuenta de lo anacrónico y elitista de lo pictórico. La pintura no podría encarnar el espíritu de la época porque es un residuo. Así nacen los nuevos realistas.
Es la superación del informalismo europeo que había sido un canto de cisne del yo doliente narcisista preocupado por cuestiones estéticas.
En 1955 surge en Francia un replanteamiento del artista frente a la sociedad, se critican los medios de masas. El arte busca su campo de acción fuera de sí.
La relación arte-cultura va a ser más fluida. El artista se compromete con el análisis de la cultura. A ello le influye el estructuralismo, que niega el valor fundacional del sujeto dentro de la obra y el marxismo. Se separa la obra respecto a uno mismo para reflexionar sobre la cultura.
La pintura pierde su valor central como poética y artística. Ya no es capaz de analizar mejor lo que ocurre en el mundo. Se vuelve sospechosa de ser narcisista y se le ven los pies de barro.
ARMAN
Este neorrealista acumula objetos de carácter ruinoso y pasado de moda. Reflexiona sobre que no hay nada permanente. Hace una crítica sobre nuestro modo de relacionarnos con la vida.
“Limbo” acumula trozos de muñecas convertidas ahora en trozos de residuos, que es el destino de los objetos en la sociedad contemporánea.
Sus obras son de acumulaciones de ruinas que recoge de la cultura general. Arman no crea nada, se limita a recoger.
YVES TINGUELI
A través de trozos de la vida cotidiana monta unas especies de máquinas de lógica interna parodiando las máquinas del mundo moderno. Su existencia se justifica en el hecho de que funcionan. Tingueli siempre usa materiales de desecho. Algunas de sus máquinas es autodestructiva.
YVES KLEIN
Personaje enormemente controvertido. Fascinado por el zeng, la paella y los toros. Parte de una reflexión sobre el carácter específico de la cultura, por el modo en que funciona. Él pretende que el arte, a través de su magia, convirtiera al mundo en algo espiritual.
Hace una crítica de la sociedad de masas, sin embargo su crítica no es materialista de reclamar lo real sino que propugna una transformación espiritualista as través de los ritos mágicos que desempeña el artista.
Asume los mecanismos de la sociedad de consumo y los ritualiza para convertirlos en algo misterioso y mágico. También lo hace con el mundo del arte.
En 1955 inventa un color: el azul internacional Klein que para él representa lo eterno, la espiritualidad. Pretende transformar las obras en espirituales y eternas. El pretendía introducirse como un virus en los medios de consumo pero con presencia mediática.
Sus obras más famosas son las “Antropometrías de la época azul” de 1960. Klein extiende un lienzo enorme, embadurna de su azul internacional a tres amigas suyas a las que dirige con la sinfonía monótona y las hizo tirarse por el suelo. Reafirma el dripping de Pollock. Hace una pintura paródica y critica en clave de humor llegando a sancionar. No se sabe si está a favor o en contra. Se ríe de Michaux.
“El pintor del espacio se tira al vacío” es un fotomontaje. Su función era ocupar presencia mediática. Contrató una tirada de un periódico y puso esta foto como noticia. Tiene un punto de vista surrealista o dadaísta.
PIERO MANZONI.
Amigo de Klein. Interesado por la cuestión específica, el análisis y crítica de la sociedad de consumo. Hace una crítica materialista de la cultura y el arte. Crea su propia poética desde su época experimental. Sus obras son parodias de lo que hacía Klein.
“Mierda del artista” ofrece como obra de consumo una lata de mierda del artista. Obra heredera de Duchamp y crítica del mito del artista. Critica como cualquier gesto del artista se convierte en algo mítico o con valor.
Su radicalismo deriva de Lucio Fontana; anti-esteticista, rasga los cuadros y es anti-informalista.
“Pedestal” escultura a la que cualquiera puede subirse. Dos plantillas a los pies.
“Ácromos” pinta de blanco todo. Lo contrario de lo que hacía Klein. No otorga espiritualidad al objeto sino que elimina su objetualidad.
“Líneas” Vendía la obra de arte por metros.
El arte europeo de los 60 rechaza el modernismo y la pintura. Rechaza el arte más institucionalizado de EE.UU.
En la posguerra el arte romántico y la abstracción habían sido idealista y espiritual. La vanguardia exploraba sobre este lado espiritual del arte. Podemos hacer una línea desde Friedrich a los expresionistas.
¿Cómo se recupera la subjetividad y la emoción después de la II Guerra Mundial? Alemania siente un enorme vacío de identidad dentro de un país escindido. Tienen dos opciones: dejarse arrastrar por la modernidad buscando un pop que se base sólo en el presente o entrar en el bucle melancólico introspectivo buscando una espiritualidad cerrada en sí misma, que no se puede comunicar, muy intensa.
JOSEPH BEUYS
Este alemán se convierte en un héroe artístico, referente del arte contemporáneo hasta mediados de los 70. Sus ritos parecen ahora ridículos y fuera de lugar.
Su labor empieza tarde. Él pone como inicio de su vida el año 1943, cuando su avión es derribado en Crimea pero no muere; es acogido por unas tribus nómadas tártaras que le “devolverán” a la vida con fieltro y grasa. Beuys vio la luz y se dio cuenta de que la vida y el espíritu están ligados a materias básicas que transmiten el espíritu de la naturaleza.
La revolución Industrial lo había separado mediante innovaciones tecnológicas (el hombre y lo natural se separan).
Para él, artista es aquél que con su obra es capaz de volver a relacionar el hombre con el mundo. La relación está ya fuera de la conciencia humana. El artista tiene que reinstaurar la relación que es como un momento milagroso sólo posible a través del arte.
Él se convierte en ese artista adquiriendo un carácter tan esencial que se convierte casi en un héroe, como en un nuevo Prometeo.
Dio clases de arte en Dusseldorf, en época de las revueltas estudiantiles (primeros performance y happening). Se radicaliza el arte y cuando los nazis entran en las aulas Beuys vio que el arte protesta no era lo suyo.
1963-1964. Sus obras se hacen más herméticas. Su protesta se hace desde un punto de vista más introspectivo (carácter alegórico, metáfora).
“Baile Chamánico” entraba en comunicación directa con animales muertos. Todo esto era un performance.
“Silla cubierta de grasa” Se contrapone el material angular de la silla con la viscosidad de la grasa. Grasa, cera y miel son producciones culturales básicas. Los hombres deberán construir lo básico desde lo natural como las abejas.
“Como explicar el arte a una liebre muerta” performance en que cada cosa adquiere un significado distinto a través de la acción del artista. Beuys transmuta los significados y los hace trascendentes.
Su culto a su ego también es muy surrealista. “Coyote” fue otro performance. Llegó a colaborar con Warhol.
ARTE Y ACCIÓN
"Arte y Acción: Entre la Performance y el objeto, 1949-1979 es una exposición histórica concebida con la intención de ofrecer a los espectadores un claro conocimiento en torno a la relación entre acción, performance y proceso creativo, un complejo y fascinante vínculo centrado en la historia del arte de la posguerra. Abarcando tres décadas, desde los cuarenta hasta los setenta, la exposición presenta unos 150 artistas de EE.UU, Este y Oeste de Europa, Japón y Latinoamérica, cuyas obras han tenido un profundo impacto en el arte visual de la performance en la era de la posguerra. Arte y Acción muestra el resultado de las actividades performáticas de estos artistas de manera que recuerda y revela sus métodos creativos. Entre las importantes figuras incluidas se encuentran Joseph Beuys, Chris Burden, John Cage, Valie Export, The Gutai Group, Rebecca Horn, Allan Kaprow, Yves Klein, Milan Knízák, Bruce Nauman, Hermann Nitsch, Hélio Oiticica, Claes Oldenburg, Yoko Ono, Jackson Pollock, Robert Rauschenberg, Niki de Saint Phalle, Jean Tinguely y otros."
DE LA REVISTA CAMBIO
A partir de la década de los sesenta las artes plásticas dan un giro importante abandonando las poéticas de índole romántico-idealistas. A partir de este momento inciden sobretodo: la tendencia sintáctico-formal por una parte, la semántica-pragmática por otra, donde se presta menos atención a la sintáctica de las formas. Ambas alternativas sobrepasan las fronteras institucionalizadas de los géneros artísticos heredados de la tradición, y en una tercera tendencia se cuestiona el estatuto existencial de la obra como objeto,
Sin el arte tradicional predominaba el objeto sobre la teoría, en el modelo sintáctico-semántico, desde la abstracción, se da un equilibrio hasta pasar a situaciones límite donde la teoría es más importante que el objeto (arte conceptual). Tan necesario como percibir la obra concreta es actualizar los conceptos teóricos anteriores a la misma, sus presupuestos productivos y receptivos.
Anteriormente a lo que vamos a desarrollar hubo manifestaciones que ya preconizaban esta tendencia pero que en su momento no fueron admitidas o lo fueron tarde y por ello hay diversas facetas en el arte objetual que hoy nos ocupa. Las tendencias objetuales se refieren en sentido estricto a aquellas donde la representación de la realidad objetiva ha sido sustituida por la presentación de la propia realidad objetual, del mundo de los objetos. Parece claro que no se trata de enfrentamientos objeto-antiobjeto pues esto no lleva a ninguna parte ya que, no toda obra que utilice los medios tradicionales es desdeñable, ni lo conceptual se reduce a lo antiobjetual. Asistimos en este enfrentamiento más a un cuestionamiento del objeto artístico tradicional que a una superación absoluta del objeto. frente a un concepto estrecho del arte, ligado al arte del caballete casi exclusivo, se aboga por la expansión de los dominios del arte. Se trata de una recuperación teórica y práctica de aspectos extra artísticos, incluidos los antropológicos y los sociológicos.
Frente a la mentalidad optimista del arte tecnológico y su subordinación a la razón instrumental, se han afianzado las tendencias antitecnológicas. Y paralelamente a esta tendencia alcanza relevancia la noción del azar o lo casual como principio compositivo de una parte de estas manifestaciones. La recuperación del azar significa una vuelta a las fuentes de la vivencia, a la naturaleza. Y esta relación a la naturaleza es doble: a la del individuo y a la ambiental. Esta fue una tendencia que pretendía aliar la revolución con la utopía estética. Por otra parte la apropiación de la realidad como elemento artístico se realiza con todas las cargas de significantes del fragmento declarado arte. “La hostilidad al objeto artístico tradicional, la extensión del campo del arte, la desestetización de lo estético, la nueva sensibilidad en sus diferentes modalidades, se insertan en la dialéctica entre los objetos y los sentidos subjetivos, en la producción son solo de un objeto para el sujeto sino también de un sujeto para el objeto, y en la práctica teórica de los sentidos, reivindicando los comportamientos perceptivos y creativos de la generalidad”. Esto resumiría en que consisten las nuevas tendencia y sus objetivos.
Se pretende poner en cuestión el arte dominante, o mejor dicho su práctica. Hay una reacción antigalería, antimuseo, etc. y favorecer lo social, lo histórico, aunque para ello se cae constantemente en la utopía.
Dando un paseo por estas nuevas tendencias observamos los cambios que se efectúan y su dinámica social, así como sus orígenes y objetivos que son a grandes rasgos los que ya hemos enumerado.
El “collage” tiene sus orígenes en el cubismo, al que sustituyen. Esto significa que el objeto que quedaba excluido del concepto del arte quedaba aceptado como obra de arte, naciendo de esta manera el arte objetual independiente. Este es el inicio del “principio collage” que se extenderá a lo largo de todo el siglo XX. El “collage” restablece la identidad entre la representación y lo reproducido. Los materiales reales no son sólo objetos de uso que están subordinados a la obra de arte, sino que por si mismos poseen unos valores estéticos que anteriormente no poseían, y se les eleva a la categoría de arte.
Desde el punto de vista semántico, hay una alegoría, por medio de ésta el objeto pierde su sentido único para explorar su riqueza significativa.
Aunque hubo artistas como Picasso, Tatlin, … que iniciaron este paso a lo objetual, fue M.Duchamp quien dio el paso decisivo hacia el arte tanto objetual como conceptual. Su envío de la obra “Fuente” (bajo el pseudónimo de R.Mutt) y declarándola obra propia por el mero hecho de haberla elegido y haberla predispuesto para ser un pensamiento nuevo, según sus propias palabras. Esta acción supone en primer lugar la aproximación del arte a la realidad, es decir formula la fusión arte = vida. Y en segundo lugar Duchamp libera a los objetos de sus fines de utilidad y consumo recuperando su apariencia formal proclamando el principio de cualquier cosa puede ser motivo de una articulación artística.
Para Duchamp este gesto era una provocación artística contra el concepto y objeto del arte burgués. Y éste gesto de provocación es considerado como arte. Con ello crea una metamorfosis entre lo real y su apropiación por su creador. Duchamp es el pionero del arte “objetual” y del arte “conceptual”. Pues sostiene al mismo tiempo el polo físico de la permanencia y el mental de la elección y metamorfosis significativa.
Los dadaistas utilizaron el “collage” pensando que la utilización de objetos no artísticos desembocaría en un “anti-arte” a una superación de la frontera “arte-vida”.
Fue K.Schwitters quien conservó sus provocaciones dentro del arte y otro pionero del arte objetual neodadaista. Éste aprovechaba los materiales de deshecho encontrados, todo lo dado, como material para realizar sus obras “Merz”, cuyo objetivo era la creación de relaciones entre todas las cosas del mundo, con la pretensión de unir arte y no-arte en la imagen total “Merz”.
En el “Objet trouvé” el surrealismo continua la tradición antiburguesa y antiartística del dadaismo. Es más importante la transformación del espíritu, la provocación constante que la obra de arte.
En el “Objet trouvé” no hay un orden establecido, es el azar el que hace que varios objetos se relacionen, se encuentren y emerja algo que impacta en el espíritu del artista y lo considere su obra. Esta obra aparece por casualidad, nunca en el sujeto, en el artista no ha habido un fin preconcebido, la obra ha surgido del azar, en el momento que la unión o dispersión de objetos ha ocasionado el impacto espiritual del sujeto. El “objet trouvé” se convierte en algo encontrado y cambiado por casualidad en una elección promovida por estructuras psíquicas impulsoras de vivencias. Este retorno surrealista al azar implica una aproximación a la realidad y a la vida vivencial.
No quisiera convertir este trabajo en un resumen de las diferentes corrientes del arte objetual que nos ocupa. Por lo estudiado, todas ellas: “assamblege, ambientes, fluxus” etc., buscan un impacto social, por un lado quieren salirse del mercantilismo existente en el arte y en la sociedad, por otro no se conforman en que el arte no es sólo caballete sino que cualquier objeto cotidiano, real puede ser objeto de arte, incluso los sujetos, situados de manera casual en un ambiente forman parte de ese arte.
El arte objetual se basa en la provocación, en hacer que la gente despierte de su rutina y se enfrente a la vida de una manera diferente, no aceptando lo establecido. Cualquier gesto, cualquier objeto por inútil que parezca, puede ser utilizado para crear, sino belleza, algo diferente, algo que haga pensar que hay más de lo que nos presentan, que se sea el propio artífice de la propia vida, no de una vida alienada.
El arte objetual intenta que el sujeto no sólo sea espectador, sea parte de la obra, partícipe y, se aleje de los convencionalismos, para ello utiliza todo aquello que la vida, la naturaleza nos ofrece.
La acción transformadora del arte habitualmente se desarrollaba en el plano urbano, aunque por sus condiciones lo mismo se puede trasladar al mundo natural, a la propia naturaleza. El surgimiento de movimientos ecologistas, al observar los problemas reales que padece el mundo natural, hace que esta provocación a nivel urbano se traslade al exterior y se reivindiquen problemas también sociales que más tarde o más temprano repercutirán en la vida de los sujetos.
En un principio cabe pensar que lo que ocurre lejos o en un entorno que no comprendemos, no nos puede afectar, o no lo puede hacer tan directamente como lo que nos ocurre día a día, eso no es así y todo aquello que destruye la naturaleza nos afecta más directamente que otras más cercanas.
Pero estos problemas, este componente social ¿qué implicaciones estéticas tienen? ¿cómo podemos considerar arte lo natural y cómo lo podemos expresar? Unos pequeños apuntes nos vienen del “fluxus” en la que se dice o se proclama todo lo no artístico en artístico: el canto de un pájaro, un chaparrón, etc. Esta tendencia es una especie de anti-arte, cuyos objetivos son más sociales que estéticos, aunque como todos los demás busca la provocación y la salida de lo tradicional.
En el arte “Povera” encontramos otra implicación directa entre arte y naturaleza. En él los materiales son los protagonista principales de las obras: troncos, tierra, papeles, sacos, etc. En el arte “Povera” el artista trabaja junto al biólogo o ecólogo, investigando el crecimiento vegetal, las reacciones físicas y químicas, las propiedades de los minerales. Se acerca al reino natural para descubrirlo en alguna de sus potencialidades físicas y energéticas.
En Estados Unidos se acentúa más el lado procesual y se habla de la noción de “simbiosis” en la que se siguen los pasos de cambio y transformación de la naturaleza. El arte “Povera” o ecológico se expresa a través de las propiedades de sus materiales y su sentido se compone de todo el proceso cambiante, en cada momento del mismo.
Porque parece un arte poco comunicable debido a que su expresión simbólica se esconde en las propiedades de cada material utilizado, esto no quiere decir que no tenga connotaciones simbólicas. R.Morris lo expresa del siguiente modo: “Lo que está siendo atacado es algo más que el arte como icono. Lo atacado es la noción racionalista de que el arte es una forma de obra que resulta en un producto acabado. Lo que el arte tiene ahora en sus manos es materia mudable que no necesita llegar a un punto de tener que estar finalizada respecto al tiempo o al espacio. La noción de que la obra es un proceso irreversible, que desemboca en un icono-objeto estático, ya no tiene relevancia”. El arte “Povera” puede presentar como una reacción al mundo tecnológico, con una cierta vena romántica.
Esta clase de arte como otros más tecnológico o urbanos tiende a concienciar al espectador de la situación estética, social o ambiental de las cosas y provocar reflexiones y posiciones críticas ante ella. También comparte con otra tendencias el aprovechar cualquier ambiente o situación, cualquier objeto , por insignificante que parezca, para provocar la sensibilidad del espectador y hacer ver que el arte no tiene porque seguir los cánones tradicionales para ser arte.
Según Morris el arte “Povera” no se queda en lo físico, sino que sus fines y prioridades pueden ser intenciones y por tanto tiende a un arte conceptual.
[1] Fuente: Gombrich, Ernst Hans. La historia del arte. Madrid. Editorial Debate, 1997.